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Cadernos de Saúde Pública

versión On-line ISSN 1678-4464

Cad. Saúde Pública v.19 n.6 Rio de Janeiro nov./dic. 2003

http://dx.doi.org/10.1590/S0102-311X2003000600016 

ARTIGO

 

Prevalencia de Blastocystis hominis en vendedores ambulantes de comida del municipio Caroní, Estado Bolívar, Venezuela

 

Prevalence of Blastocystis hominis among food handlers from Caroni municipality, Bolivar State, Venezuela

 

 

Ixora Requena; Yessica Hernández; Mario Ramsay; Carmen Salazar; Rodolfo Devera

Departamento de Parasitología y Microbiología, Escuela de Medicina, Universidad de Oriente, Núcleo Bolívar. Av. José Méndez, Ciudad Bolívar, Estado Bolívar, 8001-A, Venezuela. rodolfodevera@hotmail.com

 

 


RESUMEN

Para determinar la prevalencia de Blastocystis hominis en una muestra de vendedores ambulantes de comida, aparentemente sanos, se realizó un estudio seccional con 415 personas que acudieron al Ambulatorio Urbano tipo III "Manoa" (Municipio Caroní, Estado Bolívar, Venezuela), Programa de Higiene del Adulto, a solicitar el certificado de salud para trabajar como vendedores de comida. Una muestra de heces obtenida por evacuación espontánea fue analizada mediante la técnica de examen directo y método de concentración de Willis. Se encontraron 150 personas parasitadas (36,14%), de ellas 107 (25,78%) con B. hominis. No se observó predilección por el sexo (p > 0,05), pero sí con relación a la edad, siendo las personas de 18 a 27 años las más afectados (c2 = 12,17; g.l. = 4). En el 71,02% de los casos se encontró como parásito único y en 28,98% de los casos asociados a otros parásitos, siendo el más frecuentemente asociado Giardia lamblia (2,41%). En la mayoría de las personas parasitadas (85%) el protozoario se observó en un número menor de cinco células por campo. Se concluye que B. hominis es un parásito frecuente en manipuladores de alimentos del Municipio Caroní, Estado Bolívar, Venezuela.

Palabras-clave: Blastocystis hominis; Prevalencia; Manipulación de Alimentos


ABSTRACT

A cross-sectional survey was conducted to determine the prevalence of Blastocystis hominis infection in a random sample of apparently healthy food handlers. A total of 415 individuals attending the Manoa Urban Outpatient Clinic (Caroní Municipality, Bolívar State, Venezuela) in the Adult Hygiene Program and who requested health certification to work as food handlers were studied. Stool samples obtained by spontaneous evacuation were examined by direct microscopy and the Willis concentration method. A total of 150 individuals were infected (36.14%), 107 (25.78%) of whom with B. hominis. There was no difference between males and females (p > 0.05), but there was a significant difference between ages (c2 = 12.17; g.l. = 4), with infection more frequent between 18 and 27 years. In 71.02% of the cases, B. hominis was the only parasite. Giardia lamblia was the parasite most frequently associated with B. hominis (2.41%). In the majority (85%) of infected individuals, less than five microorganisms per microscopic field were observed. We conclude that B. hominis is a frequent intestinal parasite among food handlers in Caroní Municipality, Bolivar State, Venezuela.

Key words: Blastocystis hominis; Prevalence; Food Handling


 

 

Introducción

Los protozoarios constituyen un grupo numeroso e importante dentro de los parásitos intestinales, variando su prevalencia y patogenicidad de acuerdo a ciertos factores propios del agente o del hospedero (OMS, 1981). En los últimos años, con el advenimiento del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), nuevos protozoarios han ocupado muchas páginas de la literatura mundial, son los llamados patógenos emergentes o reemergentes. Sin embargo, otros, siempre han estado presentes, pero es sólo ahora cuando se les reconoce como causantes de enfermedad humana. Blastocystis hominis es uno de ellos, se trata de un microorganismo muy complejo, confundido por mucho tiempo con artefactos o quistes de otros protozoarios, del cual aún persisten muchas controversias e incógnitas (Boreham & Stenzel, 1993; Ponce-de-León et al., 1991; Zierdt et al., 1967). Se trata deun protozoario polimórfico del que se describen cuatro formas principales: forma de cuerpo central o vacuolada, granular, ameboide y el quiste. La primera es la más frecuentemente observada en heces constituyéndose por lo tanto en el estadio diagnóstico (Boreham & Stenzel, 1993; Singh et al., 1995; Zaman et al., 1995; Zierdt et al., 1967). Diversos autores han mostrado que el examen directo de heces es un método práctico, barato y eficaz para el diagnóstico de los estadios evolutivos del parásito (Devera et al., 1998a; Pérez-de-Suárez & Guzmán-de-Rondón, 1994; Pires-de-Mato et al., 1998), con excepción del quiste que, debido a su pequeño tamaño, requiere de técnicas especiales (Zaman, 1996).

Las pruebas experimentales de patogenicidad se apoyan en la inducción de diarrea en animales, la cual es similar a la que se produce en el hombre (Phillips & Zierdt, 1976) y más recientemente se verificaron efectos patogénicos en ratones BALB/c (Moe et al., 1998) y en cultivo de células (Walderich et al., 1998).

La enfermedad producida por el protozoario es conocida como Blastocistosis o enfermedad de Zierdt-Garavelli en honor a dos de los investigadores que más han estudiado al microorganismo (Boreham & Stenzel, 1993).

Los síntomas más frecuentes incluyen diarrea, dolor abdominal, anorexia y flatulencia. También se describen otros no específicos de infección gastrointestinal. Generalmente, no se encuentran leucocitos fecales y se ha observado eosinofilia en algunos casos (Boreham & Stenzel, 1993; Garavelli et al., 1989, 1991; García et al., 1984; Llibre et al., 1989; Sadek et al., 1997; Sheehan et al., 1986; Vannatta et al., 1985; Wang et al., 2002).

Blastocitosis es una infección cosmopolita y el hombre no es el hospedero exclusivo, pues se han descrito Blastocystis morfológicamente similares a B. hominis en muchos vertebrados (Boreham & Stenzel, 1993; Devera et al., 1999b), por lo que algunos autores la consideran una infección zoonótica, pero todavía se desconoce el rol de estos hospederos en la transmisión de protozoarios y si se trata o no de una especie única (Boreham & Stenzel, 1993; Devera, 1998; Salin et al., 1999). Se acepta como mecanismo de infección la vía fecal-oral (Boreham & Stenzel, 1993; Singh et al., 1995; Torres et al., 1992; Vannatta et al., 1985), similar a lo que ocurre con otros protozoarios intestinales. La ingestión de agua no tratada (Kain et al., 1987; Mejías, 1993; Torres et al., 1992) o de alimentos (Casemore, 1990; Garavelli & Scaglione, 1989) contaminados con formas parasitarias ha sido sugerida.

Diversos estudios han mostrado cifras de prevalencia variables según el área geográfica y la población estudiada (Boreham & Stenzel, 1993). En el estado Bolívar el estudio de grupos seleccionados de la población ha revelado tasas de prevalencias superiores a la media nacional que es en torno del 10% (Castrillo-de-Tirado et al., 1990; Devera et al., 1998b; Medrano & Volcán, 1996).

El comercio informal es una realidad en todas las ciudades de Latinoamérica, siendo la venta de diversos tipos de alimentos una de las más difundidas. La falta de control higiénico de los alimentos vendidos por estas personas constituye un importante obstáculo a salvar cuando se quiere implementar medidas de control contra las parasitosis intestinales, pues son una de las fuentes principales de diseminación de enteropatógenos. En el Estado Bolívar, como en el resto de Venezuela, el poco control existente sobre los vendedores ambulantes de comida se limita a la realización del llamado Certificado de Salud, que no es más que una evaluación clínica general y exámenes de laboratorio (pesquisa del virus de la inmunodeficiencia humana (HIV), despistaje de Sífilis mediante serología y un examen coproparasitológico). Este certificado tiene una validez de un año y es realizado en centros reconocidos por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social. Toda persona que manipule o venda alimentos en Venezuela debe poseer un certificado de salud vigente.

Considerando que la vía oro-fecal sea el principal mecanismo de transmisión de B. hominis y la alta frecuencia del protozoario en nuestra región, se diseñó un estudio para determinar la prevalencia de parasitosis intestinal, y en especial de B. hominis, en vendedores ambulantes de comida que solicitaron el Certificado de Salud en el Ambulatorio urbano tipo III "Manoa" en el Municipio Caroní, estado Bolívar, Venezuela, durante el periodo noviembre de 2000-abril de 2001.

 

Materiales y método

Universo y muestra

El universo estuvo representado por todas las personas adultas que solicitaron el Certificado de Salud en el Ambulatorio Urbano tipo III "Manoa", Programa de Higiene del Adulto, en el Municipio Caroní, durante el periodo noviembre de 2000-abril de 2001. La muestra estuvo formada por aquellas personas que declararon necesitar dicho certificado para ejercer el oficio de vendedores ambulantes de comidas.

Recolección de datos

• Recolección y análisis de las heces

De cada persona fue colectada una muestra fecal obtenida por evacuación espontánea. La muestra era dividida en dos porciones, una era analizada en el laboratorio de parasitología del ambulatorio mediante las técnicas de examen directo en solución salina 0,85% y lugol y el método de flotación en salmuera (Willis) (Melvin & Brooke, 1971). La otra porción era preservada en frascos adecuados conteniendo Dicromato de potasio al 2%. Estas muestras eran sometidas a las mismas técnicas en el Laboratorio de Diagnóstico Parasitológico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Oriente.

• Morfología y cuantificación de B. hominis

En aquellas muestras donde se observó B. hominis, se determinó la morfología del protozoario y también se realizó su cuantificación. Para ello se contaron diez campos con objetivo de 40x, estando distribuidos sobre la preparación de la siguiente forma: dos en cada una de las esquinas, para un total de 8, y dos en el centro de la lámina. Posteriormente se determinó un promedio de células del microorganismo observadas en esos campos, informándose el resultado como más de cinco células por campo o menos de cinco células por campo (Sheehan et al., 1986).

•Evaluación clínica

Además del examen coproparasitológico, cada persona fue sometida a una anamnesis orientada y un examen físico.

Análisis de los datos

Los resultados se analizaron mediante frecuencias relativas utilizando la distribución normal. La prevalencia se estimó según Morales & Pino (1987). Se aplicó la prueba chi-cuadrado (c2) con corrección de Yates, con un intervalo de confianza del 95% para determinar la relación entre parasitosis y edad (Morales & Pino, 1987).

Consideraciones éticas

Este trabajo fue aprobado por la Comisión de Tesis de la Escuela de Ciencias de la Salud, Universidad de Oriente, que evalúa factibilidad, pertinencia, rigor científico y aspectos éticos de cada proyecto sometido a consideración. Todos los participantes del estudio dieron su consentimiento por escrito. Además, los individuos que resultaron parasitados fueron tratados con drogas antiparasitarias específicas.

 

Resultados

Durante el período estudiado un total de 415 muestras de heces de igual número de personas fueron evaluadas, la edad osciló entre 18 y 72 años, con 260 del sexo femenino y 155 del sexo masculino. La prevalencia general de parasitosis intestinales fue de 36,14% al encontrarse 150 infectados por alguna especie de protozoario o helminto intestinal. En la Tabla 1 se muestran las prevalencias de los diferentes parásitos y/o comensales intestinales encontrados. Los protozoarios resultaron más frecuentes que los helmintos, siendo B. hominis el más prevalente con 25,78% (107/415), seguido de Giardia lamblia y Entamoeba coli con 2,40% cada uno. Entre los helmintos, apenas se diagnosticaron cinco casos (1,20%) de A. lumbricoides y cuatro (0,96%) de T. trichiura, resultando éstos los helmintos más frecuentes.

 

 

La infección por B. hominis fue más común en el grupo de edad de 18 a 27, con 48,60% de los casos, siendo esta diferencia estadísticamente significativa (c2 = 12,17; g.l. = 4). No hubo predilección por el sexo (p > 0,05), resultando parasitados el 57,94% de las mujeres y 42,06% de los hombres (Tabla 2).

 

 

De los 107 casos de infección por B. hominis, en 91 (85,00%) se observaron menos de cinco células del protozoario por cada diez campos de 400X y apenas 16 (15,00%) con un número mayor a cinco células por campo. La única forma identificada fue la vacuolar.

El protozoario se identificó principalmente como parásito único (71,00%) y en los 31 casos (29,00%) donde estuvo asociado a otras especies parasitarias y/o comensales la asociación más frecuente fue con G. lamblia (Tabla 3).

 

 

El 42,00% de las personas estaba asintomático y 58,00% sintomático.

 

Discusión

Aunque considerado durante mucho tiempo un comensal inocuo del intestino, B. hominis es actualmente un parásito intestinal de prevalencia creciente del cual aun se desconocen muchos aspectos epidemiológicos (Boreham & Stenzel., 1993; Ponce-de-León et al., 1991; Sheehan et al., 1986). Algunos autores han sugerido que el mecanismo de transmisión es la vía fecal-oral (Boreham & Stenzel, 1993; Senay & MacPhearson, 1990; Singh et al., 1995; Torres et al., 1992); además, los estudios de prevalencia han mostrado resultados muy variables (Boreham & Stenzel, 1993). En el presente estudio se determinó la prevalencia de parasitosis intestinal y particularmente la de B. hominis en manipuladores de alimentos. Un total de 415 personas adultas que acudieron a solicitar el Certificado de Salud para desempeñarse como vendedores ambulantes de comida fueron evaluados coproparasitológicamente. Todos asistieron a la Consulta de Higiene del Adulto del Ambulatorio Urbano Tipo III "Manoa" en el Municipio Caroní, en el estado Bolívar, Venezuela. Se determinó un relativo alto índice de parasitosis intestinales (36,14% – 150/415) así como una mayor prevalencia de protozoarios (33,01% – 137/415). Estos resultados son alarmantes si se considera que se trata de un grupo de alto riesgo de transmisión debido a las actividades de manipulación de alimentos que realizan. Hallazgos similares han sido señalados en otros estudios (Amin, 1997; Benetton et al., 1999).

Se estimó una prevalencia de B. hominis de 25,78% la cual es mayor a la determinada en otros grupos de la población tanto en el estado Bolívar (Devera et al., 1998a, 1998b; Medrano & Volcán, 1996) como en otras localidades de Venezuela (Castrillo-de-Tirado et al., 1990; De Abreu et al., 1990; Pérez et al., 1996).

El grupo de adultos jóvenes (18-27 años) resultó el más afectado, declinando la prevalencia conforme aumentó la edad de los evaluados. Algunos autores sostienen que los adultos son los más afectados (Ashford & Atkinson, 1992; Boreham & Stenzel, 1993; Doyle et al., 1990) aunque otros estudios han mostrado que los niños también presentan elevadas tasas de prevalencia (Devera et al., 1999a; Ponce-de-León et al., 1991). Esto no pudo ser verificado en el presente estudio pues todos los evaluados eran adultos. Con relación al sexo, no hubo diferencia estadísticamente significativa entre hombres y mujeres parasitadas por el protozoario, coincidiendo con otros autores (De Abreu et al., 1990; Devera et al., 1998a, 1998b; Ponce-de-León et al., 1991; Torres et al., 1992; Wang et al., 2002).

Cabe resaltar la asociación de B. hominis con G. lamblia con la cual pudiera compartir igual mecanismo de transmisión y algunos sugieren hasta un sinergismo y mecanismos patogénicos similares (Ponce-de-León et al., 1991). Esta asociación ha sido señalada previamente (Castrillo-de-Tirado et al., 1990; Devera et al., 1998b; Ponce-de-León et al., 1991; Torres et al., 1992).

Aunque más de la mitad de las personas refirieron síntomas, se debe recalcar que ellas acudieron a una consulta de personas aparentemente sanas a solicitar un certificado de salud; además, la mayoría de los síntomas fueron de índole general e inespecífica que no necesariamente obedece a la infección por B. hominis. Por otra parte, el 85,00% de los parasitados presentaron menos de cinco células del protozoario por cada diez campos microscópicos de 400x observados, lo cual puede explicar la escasez de manifestaciones clínicas y hasta la inespecificidad de los síntomas. Se ha informado que las personas con cargas parasitarias elevadas son las que presentan mayor sintomatología (De Carli & Rott, 1994; Devera et al., 1998a; Doyle et al., 1990; García et al., 1984; Kain et al., 1987; Ponce-de-León et al., 1991; Sheehan et al., 1986; Vannatta et al., 1985).

En Venezuela no se conoce cuáles son las cifras de prevalencia de B. hominis entre manipuladores de alimento, siendo pocos los estudios realizados a ese respecto. Díaz et al. (1996) en Maracaibo, al occidente del país, evaluaron cien expendedores de alimentos que laboraban en las cantinas escolares de los colegios públicos y privados de esa ciudad obteniendo una prevalencia de 53,00%, mayor a la determinada en el presente estudio. Estos autores determinaron una prevalencia de parasitosis muy elevada (76,00%) y como en nuestro trabajo, los protozoarios predominaron en la muestra estudiada. Se sabe que la transmisión de los protozoarios se realiza principalmente por vía hídrica y alimentos contaminados, resultando más afectados los adultos (OMS, 1981).

En otros países el problema de los manipuladores de alimentos como potenciales diseminadores de enteroparásitos también ha sido poco estudiado. En Brasil, se evaluaron 264 individuos que manipulaban alimentos en 57 escuelas de la ciudad de Uberlândia, destacando la baja prevalencia de parasitosis y la ausencia de B. hominis (de Rezende et al., 1997). Estos autores emplearon la técnica de sedimentación espontánea que se sabe utiliza agua corriente, la cual lisa las formas vacuolares de B. hominis (De Carli & Rott, 1994; Devera et al., 1999a; Melvin & Brooke, 1971).

También en Brasil, Benetton et al. (1999) encontraron una elevada prevalencia de 80% para B. hominis entre manipuladores de alimentos en ferias libres, cifras éstas bien mayores a la determinada por nosotros. En Egipto, Sadek et al. (1997) realizaron un estudio dirigido específicamente a determinar la prevalencia de B. hominis en 1.700 manipuladores de alimentos del sexo masculino, verificando que el 8% estaba parasitado por el protozoario, lo cual representa una prevalencia tres veces menor a la señalada en el presente estudio. En Arabia Saudita, Amin (1997) determinó una prevalencia de parasitosis intestinal de 36,00% en 250 manipuladores de alimentos mayores de 21 años, que también es una cifra menor a la determinada por nosotros, sin embargo, la prevalencia de B. hominis en ese grupo fue mayor (22,20%).

En conclusión, se determinó una elevada prevalencia de infección por B. hominis entre vendedores de comidas ambulantes del municipio Caroní en el estado Bolívar, Venezuela. Por lo tanto, este debe ser un grupo prioritario a ser considerado cuando se realicen medidas de control de estas parasitosis en la población. Recomendamos realizar un seguimiento y control de cura parasitológica, después del tratamiento específico, y no expedir el Certificado de Salud hasta que se demuestre la ausencia de formas parasitarias en las heces de estas personas. Finalmente, otros estudios son necesarios para evaluar los factores epidemiológicos determinantes de la elevada prevalencia de blastocistosis en este grupo de personas.

 

Agradecimientos

A la Lic. Mireya León y a todo el personal del laboratorio del Ambulatorio Urbano Tipo III "Manoa" por su colaboración.

 

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Recibido el 25 de noviembre de 2002
Versión final presentada el 18 de junio de 2003
Aprobado el 31 de julio de 2003

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