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Cadernos de Saúde Pública

On-line version ISSN 1678-4464

Cad. Saúde Pública vol.32  supl.1 Rio de Janeiro  2016

http://dx.doi.org/10.1590/0102-311xed01s116 

EDITORIAL

Cien años de Frederico Simões Barbosa: un caleidoscopio de recuerdos

Carlos E. A. Coimbra Jr.

"Nadie nace epidemiólogo. Cualquiera de ellos siempre tiene un pasado que ocultar, porque fueron médicos, biólogos, sociólogos, antropólogos, matemáticos, etc. ... [Ese pasado] pesa en la formación del epidemiólogo y orienta el tipo de actividad que desarrollará. Los ecólogos, naturalistas, humanistas, antropólogos tienen una visión más amplia del fenómeno natural, los sociólogos, frecuentemente, buscan sus 'explicaciones' en el nivel macrosocial y los matemáticos resuelven sus problemas en los niveles más altos de abstracción. Todos ellos sirven, a su manera, a la epidemiología, disciplina que constituye, en este momento, uno de los campos más amplios y fascinantes generadores de conocimiento en el área de la salud" 1 (p. 2).

El texto citado, titulado A Investigação Epidemiológica em Campo, se extrajo de un boletín informativo creado en el ámbito del último gran proyecto de cooperación internacional, coordinado por Frederico Simões Barbosa, el Programa Fieldlincs (Programa "Contactos de campo para intervención en estudios de control"). Llevado a cabo en los años 90, se financió mediante el convenio firmado entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz). Esas palabras sintetizan no sólo su visión, expresada en otros diversos documentos, sobre la construcción del campo de la epidemiología -interdisciplinaria por excelencia-, sino también, a la larga, trazan las perspectivas que dirigirían su trayectoria intelectual y profesional.

A lo largo de su carrera, que se prolongó durante seis décadas, Frederico, como prefería ser llamado, actuó, a veces simultáneamente, en áreas tan diversas como la zoología (entomología y malacología médica), microbiología, parasitología, medicina tropical, ciencias políticas y sociales, salud colectiva y epidemiología. Además de una prolífica producción científica, que incluyó centenas de artículos científicos, capítulos, libros e informes técnicos, estuvo directamente involucrado en el establecimiento y consolidación de centros de investigación y enseñanza en varias regiones del país. Siempre atento a lo que sucedía en el ámbito de los movimientos políticos y sociales más progresistas, Frederico fue un científico y pensador que también colaboró con diversos organismos internacionales, como la OMS, cuando esto todavía era relativamente poco común en el horizonte de la carrera profesional de un investigador brasileño.

No pretendo aquí exponer una biografía de Frederico, que se puede encontrar más detalladamente en otros diversos textos 2), (3. No obstante, algo de información general es relevante, con el fin de contextualizar. Frederico nació el 27 de julio de 1916 en Recife, Pernambuco, donde se graduó en medicina (1938). A continuación, se especializó en parasitología y en micología en la Universidad de São Paulo (1939), bajo la tutela de los profesores Samuel B. Pessôa y Floriano de Almeida, y concluyó su doctorado en medicina por la Universidad de Recife (1942). Un acontecimiento marcante de su formación académica fue su estancia en los Estados Unidos, donde obtuvo el título de Máster en Salud Pública (M.P.H.) por la Johns Hopkins University (1946). En esa época, eran rarísimos los brasileños que realizaban un posgrado, principalmente en el extranjero. Los primeros cursos de máster en salud pública en Brasil sólo surgieron décadas después. Más allá de la dimensión puramente académica, es verdad que esa experiencia fue determinante en la orientación teórica y metodológica que Frederico imprimió al campo de la epidemiología en el país, convirtiendo la esquistosomiasis en el objetivo principal de sus investigaciones.

Como administrador, estuvo al frente de laboratorios y dirigió facultades en varias instituciones brasileñas, incluyendo el Centro de Investigaciones Aggeu Magalhães (del cual fue su primer director), la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Brasilia (1975-1976) y la Escuela Nacional de Salud Pública Sergio Arouca (ENSP) (1985-1990). También presidió diversas organizaciones de representación en el campo de la salud, como la Asociación Brasileira de Educación Médica (ABEM), la Sociedad Brasileña de Medicina Tropical (SBMT) y la Asociación Brasileña de Salud Colectiva (ABRASCO), de la cual fue el primer presidente. En la ENSP, al comienzo de los años 90, Frederico creó el Departamento de Endemias Samuel Pessôa, bautizado en homenaje a su mentor intelectual, así como ideó y lanzó los Cadernos de Saúde Pública (CSP), de los que fue el primer editor, junto con Luiz Fernando Ferreira.

Este Suplemento de CSP homenajea la memoria de Frederico Simões Barbosa en el centenario de su nacimiento. Para los científicos sociales, los recuerdos son registros del pasado que, a la luz de contextos históricos y socioculturales específicos, consiguen configuraciones propias. Algunos pueden ser olvidados, mientras otros ganan preeminencia e incluso se transforman en eventos conmemorativos. Hay algunos que recordamos de memoria (literalmente la expresión en portugués, "saber de cor" significa saber mediante el corazón), no solamente por ser percibidos como importantes, sino también por contar con un significado profundo en la vida de aquellos que comparten esos recuerdos.

Los 11 trabajos aquí reunidos constituyen una especie de conjunto recuerdos memorizados con el corazón, pero no en el sentido habitual de la expresión en portugués. Lejos de ser un conjunto de recuerdos, lo que leemos (y con lo que nos emocionamos) compone un caleidoscopio de relatos de personas con la más variopinta procedencia, edad y perspectivas (científicas y personales) que, de una forma o de otra, tuvieron la suerte de interactuar con Frederico. A modo de reflejo de las múltiples facetas de nuestro protagonista, en estos destellos se incluye a: epidemiólogos, especialistas en Sanidad, parasitólogos, médicos de medicina tropical, así como, de forma significativa, a su primera hija, Constança, que, conviviendo con el padre, escogió desbrozar un camino por el que también había pasado su padre, además por cualquiera de sus variante: la investigación en esquistosomiasis. El hijo menor, Augusto, también se dedicó a la investigación científica (se especializó en genética molecular de protozoarios parásitos y hoy enseña en la University of Auckland, Nueva Zelanda). Incluso los científicos sociales que escriben en este Suplemento de CSP, cuyas narrativas son menos tendentes a reflejar estos recuerdos que las demás, y más centradas en analizar las contribuciones de Frederico en la epidemiología y salud colectiva, no están menos involucrados, pues están vinculados a instituciones, como es el caso de la Fiocruz, en las que nuestro protagonista desempeñó un papel central en la segunda mitad del siglo XX.

Yo mismo fui uno de aquellos "tocados" por la magia de Frederico. Estudiante de la Universidad de Brasilia, lo conocí en 1977, cuando comencé mis estudios de grado. Afortunadamente, la casualidad hizo que tuviera la oportunidad de poder acercarme a Frederico. Un amigo de mi padre, en la época como director del CNPq, cuando supo que había pasado en las pruebas de acceso a la universidad -y sabedor de mi interés por la investigación-, me dijo que necesitaba conocer a un eminente profesor de la universidad. Un día fui a buscarlo en el Núcleo de Medicina Tropical, incluso sin ni siquiera tener ninguna idea sobre lo que podría hacer. Frederico me recibió sin las formalidades al uso y aquel mismo día comencé a trabajar en prácticas en su laboratorio de malacología y esquistosomiasis. Poco tiempo después me animó a participar en el conocido Proyecto Planaltina, que en aquella época supuso una importante innovación en el ámbito de la salud comunitaria en el país 4. Mi trabajo consistía en realizar visitas a domicilio en la zona rural de aquella ciudad-satélite distante a unos 40km. de Brasilia, con el objetivo de conocer la distribución de parásitos intestinales en las comunidades e investigar ambientes acuáticos, donde fuesen encontrados moluscos potencialmente transmisores de la esquistosomiasis.

No fue por casualidad que Frederico me dirigió a trabajar con el tema da esquistosomiasis, ya que constituía uno de los principales desafíos intelectuales al que se dedicó a lo largo de su carrera. Frederico conoció el drama de la esquistosomiasis todavía joven, como estudiante de medicina, en sus andanzas por el interior de Pernambuco. Me acuerdo que él siempre se refería a lo que denominaba "miserabilidad" humana asociada a la esquistosomiasis.

Para Frederico no bastaba intervenir únicamente en la dimensión biomédica de la enfermedad, sino que eran necesarios cambios estructurales que llevasen a la plena ciudadanía a las poblaciones rurales, significando esto el acceso a la educación, salud, vivienda, saneamiento y relaciones de trabajo dignas (una referencia a la vida en los cañaverales y periferia de las ciudades nordestinas). En varios de sus textos, Frederico encapsuló su visión sobre la determinación socioeconómica de las "grandes endemias", expresión que prefería a "enfermedades tropicales". En un trabajo publicado en 1983 escribió: "Esperamos que llegue el día en que no tendrá más sentido la expresión de un periodista que, al recorrer las calles de una capital brasileña (Recife), de tan 'dulce paisaje ... la tuberculosis y la esquistosomiasis mansónica, despreocupadas, van provocando sus muertes' " 5 (p. 204).

Como con seguridad se acuerden todos aquellos que convivieron con Frederico, él era una persona extremadamente amable y cándida en el trato personal. No es fortuito que, en las diversas fotos que ilustran los artículos que componen este homenaje, él se encuentra circundado por muchas personas. Al mismo tiempo, tenía una personalidad intelectualmente inquieta, poco (o nada) conforme con situaciones de autoritarismos y de desigualdades sociales. Para él, la ciencia era al mismo tiempo que una vía para comprender el mundo, una posibilidad de buscar la justicia social. En este sentido, dejo a los lectores con las inspiradoras palabras de Frederico donde, al referirse a la epidemiología, alude al campo de la Salud Colectiva como un todo, un campo que ayudó a construir en Brasil: "...la Epidemiología va más allá de un simple instrumento de análisis. Penetra profundamente en el núcleo de los problemas más relevantes de la vida humana. En ese sentido, se convierte, como las ciencias sociales, en un instrumento valioso de transformación social. Lo que sitúa la Epidemiología como un instrumento transformador es exactamente su macrovisión de los problemas de salud, lo que sólo fue posible con su intromisión en terrenos hasta hace poco considerados independientes y aislados" y concluye: "El papel transformador de la Epidemiología se sitúa ante todo por su capacidad de ... proponer medidas transformadoras que mejoren el estado de salud y bienestar de una determinada sociedad" 6 (p. 139).

REFERENCIAS

1. Barbosa FS. A investigação epidemiológica em campo. Informe Fieldlincs 1992; 1:2. [ Links ]

2. Coimbra Jr. CEA. Uma conversa com Frederico Simões Barbosa. Cad Saúde Pública 1997; 13:145-55. [ Links ]

3. Garrafa V. Saudação ao Professor Frederico Simões Barbosa por ocasião da outorga do título de professor honoris causa. Brasília: Universidade de Brasília; 1995. [ Links ]

4. Barbosa FS. Programa Integrado de Saúde Comunitária: uma história de caso. Brasília: Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico; 1980. [ Links ]

5. Barbosa FS. A atuação dos serviços de saúde no controle das doenças endêmicas. Saúde no Brasil (Brasília) 1983; 1:198-204. [ Links ]

6. Barbosa FS. A epidemiologia como instrumento de transformação. Cad Saúde Pública 1985; 1:137-9. [ Links ]

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