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Psicologia: Teoria e Pesquisa

Print version ISSN 0102-3772

Psic.: Teor. e Pesq. vol.27 no.2 Brasília Apr./June 2011

http://dx.doi.org/10.1590/S0102-37722011000200011 

Experiencia subjetiva del tiempo y su influencia en el comportamiento: revisión y modelos

 

Experiência subjetiva do tempo e sua influência no comportamento: revisão e modelos

 

Subjective experience of time and its influence on behavior: review and models

 

 

Alejandro Vásquez Echeverría1

Facultad de Psicología - Universidad de la República, Faculdade de Psicologia e de Ciências da Educação - Universidade do Porto

 

 


RESUMEN

Diversos investigadores han intentado explicar desde inicios de la psicología, la experiencia temporal y su influencia en las cogniciones, emociones y comportamientos. Tratándose de una de las dimensiones más complejas e influyentes de la psique, ha sido abordado desde diferentes concepciones y sin contar con referentes comunes. Este artículo intenta contribuir a la sistematización de la psicología del tiempo ampliando un modelo de cuatro niveles, profundizando en la percepción del tiempo vital o tiempo III. Se han seleccionado trabajos relevantes en la historia de la psicología o con cierto índice de citación. Se ofrece un modelo explicativo del Tiempo III, que incorpora discusión y debate y pretende integrar diversos modelos existentes en la literatura.

Palabras clave: percepción del tiempo; self; reloj interno; memoria episódica; pensamiento futuro.


RESUMO

Pesquisadores têm tentado explicar, desde o início da psicologia, a experiência temporal das pessoas e sua influência nas cognições, emoções e comportamentos. Trata-se de uma das dimensões mais complexas e influentes da psique, que tem sido abordada a partir de concepções diferentes e sem uma estrutura consensual. Este artigo tem o objetivo de contribuir na sistematização da psicologia do tempo, ampliando um modelo de quatro níveis, aprofundando na percepção do tempo vital ou tempo III. Trabalhos incluídos foram selecionados segundo a sua importância na historia da psicologia ou índice de citação. Sugere-se um modelo explicativo do Tempo III, que inclui discussão e debate e visa integrar os diferentes modelos existentes na literatura.

Palavras-chave: percepção do tempo; self; relógio interno; memória episódica; pensamento futuro


ABSTRACT

Since the beginning of psychology researchers have tried to explain the subjective experience of time on cognitions, emotions and behavior. As it is one of the most complex and influential dimensions of the mind, it has been approached from different conceptions without a common consensual framework. This article attempts to contribute to the systematization of the psychology of time expanding a fourfold model, which emphasizes life-time perception or Time III. Publications were selected that were either relevant in the history of psychology or had a good citation index. An explanatory model of Time III is proposed that incorporates discussion and debate and which intends to integrate various existing models encountered in the literature.

Keywords: time perception; self; internal timer; episodic memory; future thinking.


 

 

El interés y peso del fenómeno temporal en la constitución del psiquismo ha atraído la atención y esfuerzos de los psicólogos desde inicios de la disciplina (e.g. James, 1890/1950). Sin embargo, es a partir de la segunda mitad del siglo XX que los estudios sobre la influencia de los fenómenos temporales en la conducta se disparan. Roeckelein (2000) encontró que el promedio de artículos y trabajos publicados por año asciende exponencialmente aun utilizando sólo percepción temporal (time perception) en bases de datos especializadas. Las esferas donde la naturaleza temporal de la conducta cobra relevancia explicativa es amplísima abarcando, entre otros, los trastornos psicopatológicos, la autoestima (Greenberg, 2008) y la asunción de conductas de riesgo (Boyd & Zimbardo, 2005). Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y numerosidad de publicaciones, la complejidad que presenta el estudio de la dimensión temporal en el comportamiento humano ha hecho que, en general, las investigaciones carezcan de un cuerpo teórico unificado que optimice la interpretación de los resultados y facilite la comparación con emprendimientos previos. Es frecuente encontrar artículos e informes de investigación que no dialoguen o refieran a trabajos similares. Puede considerarse a la investigación sobre el tiempo en psicología como una Torre de Babel. Quizás, la única excepción sea la investigación en psicología básica y psicofísica, que ha logrado establecer criterios de medición y teoría aceptados y compartidos.

De todos modos, bien se puede hablar de un campo de conocimiento en formación agrupado bajo la denominación de psicología del tiempo, que, como un campo en construcción, requiere de un mayor grado de sistematización. Algunos de los principales factores que determinan que este grado de sistematización sea aun escaso son, primero, la confusión que representa el término "tiempo" por su carácter polisémico y más aún cuando se intenta explicar su influencia en el comportamiento humano. Fraisse (1984), por ejemplo, propone distinguir entre noción y concepto de tiempo. Noción cuando se trata al tiempo en una dimensión amplia, ya que dicha palabra es más general que concepto, reservando esta última a la sucesión y duración temporal, propuesta que no ha sido muy recogida. Esta dificultad se manifiesta en la multiplicidad de conceptos, constructos e instrumentos los cuales se emplean indistintamente o se solapan en su uso. Segundo, la existencia de posturas reduccionistas en dos sentidos: (a) de la interacción mente-cerebro-cuerpo que conducen a considerar a todos los fenómenos implicados en la percepción y orientación temporal como cualidades básicas de la mente, dadas desde el nacimiento o por el contrario, remiten a la determinación infantil del fenómeno. Esto impide tomar en cuenta la modulación cultural y evolutiva del mecanismo y; (b) en cuanto a la predominancia de uno de los tres dominios temporales (pasado, presente o futuro) sobre el otro en la determinación de la conducta. Por ejemplo, Nuttin (1985) enfatizó la importancia de la perspectiva futura, mientras que los conductistas radicales en explicar la conducta en virtud de la interrelación de los contextos ambientales con los condicionamientos pasados; las anticipaciones y proyecciones son aprendizajes y se tratan en tanto estímulos internos (Skinner, 1985).

Es objetivo de este artículo contribuir al ordenamiento e integración de la producción sobre los fenómenos temporales en psicología, con énfasis en una concepción bio-cultural del psiquismo humano. Para ello se presentará un modelo de cuatro niveles, ahondando en el Nivel III, ofreciéndose, para los restantes, una breve descripción de sus componentes. La revisión se basó en artículos claves y con cierto impacto de citación y libros y capítulos de libros de relevancia en la historia de la psicología. Como criterio de selección, se incluyeron palabras clave y los estudios centrados en los aspectos temporales de la conducta o directamente relacionados con el mismo.

Identificación de niveles de análisis del tiempo psicológico

Para la consolidación de una Psicología del Tiempo es necesario clarificar los distintos niveles de análisis a los que se hace referencia cuando alguien se refiere al concepto de tiempo en las ciencias psicológicas. En este sentido, Laplanche (1996) realizó una propuesta de cuatro niveles con la intención de mapear las conceptulalizaciones psicoanalíticas al respecto. Aquí me propongo mantener los niveles descritos y la numeración original pero ampliando el alcance de cada nivel, ya que estoy parcialmente en desacuerdo con algunas de las terminologías empleadas y las extensiones conceptuales y teóricas, en su contexto original restringidas al psicoanálisis y la filosofía. La tipología cuádruple se presenta a continuación, manteniendo en primer lugar los nombres propuestos por Laplanche.

El tiempo cosmológico o Tiempo I, es el tiempo calendárico, objetivo, medible por ciclos naturales. Regula, en diferentes grados a los organismos vivos por los ciclos naturales: noche-día (nocturnidad/diurnidad), invierno-verano, etc. El tiempo perceptivo o Tiempo II, es el tiempo del ser viviente, de la conciencia inmediata, operativo y utilitario, definido como estimación interna del tiempo. Imprescindible para realizar operaciones en el espacio (conducir, cazar, no colisionar, etc.) y poder planificar acciones a futuro (desplazarse y llegar a tiempo, etc.). Aquí se ubican los estudios sobre el reloj interno (cf. Wearden, 2005). También incluye la percepción de "que pasa el tiempo". Se excluye, por tanto, la obsesión por el tiempo: la medición del tiempo y el tiempo como invento humano (la división de segundos, minutos y horas es parte del tiempo cultural). Tercero, El tiempo de la memoria y el proyecto o Tiempo III. Es el tiempo interno, subjetivo, historizable. Aquí se elabora una teoría del sujeto o narrativa del yo y es el lugar de los proyectos de Vida. A su vez, aquí se introducen los procesos inconscientes, que son atemporales. Se ubican en este tiempo las categorías conciencia del tiempo interna (velocidad con que se siente pasar el tiempo) y la perspectiva del tiempo interna, definida como la percepción subjetiva de cuán cerca se siente el pasado, el presente y el futuro. Por último, El tiempo de la historia, de las sociedades y la humanidad, el Tiempo cultural o Tiempo IV. Aunque Laplanche engloba aquí cosas muy diferentes entre sí (como el "tiempo de la humanidad", de millones de años, asimilable a un tiempo geológico) puede considerárselo, esencialmente, como el tiempo social y cultural. El tiempo de los modos de vida de los colectivos, que refiere, entre otros, al desarrollo artefactual, la vinculación con la naturaleza y la divinidad, los modos de producción, entre otras características etnográficas. Incluye la representación del tiempo de cada cultura, por ejemplo, las concepciones lineales, circulares o en espiral.

Estos niveles de análisis de la temporalidad no pueden ser entendidos de forma separada o como componentes atomizados. Representan cuatro niveles que se afectan mutuamente. Del I al IV, la forma de influencia es clara. Del IV al I, no lo es tanto aunque representan problemas psicológicos y culturales de gran relevancia y por eso denominaré aquí "vías de acción" a este tipo de fenómeno y merecerán atención detallada.

Tiempo I: la relación de los ciclos naturales con la psicología humana

El Tiempo I trata de las influencia de los ciclos naturales en la naturaleza humana. Aquí encontramos los estudios de cronopsicología respecto a los tipos circadianos de nocturnidad-diurnidad, el condicionamiento temporal y temporo-modal y los procesos psicológicos estacionales. La cronopsicología estudia las variaciones periódicas en el comportamiento que suceden por ellos mismos, especialmente en procesos psicológicos como la atención, la memoria o el razonamiento. La cronopsicología se basa en la cronobiología. En términos generales, las diversas investigaciones sobre los ritmos biológicos coinciden en señalar tres características: (a) son endógenos; (b) persisten en ausencia de señales de información temporales, aunque, a la larga, pueden modificarse; y (c) forman parte del patrimonio hereditario (Sánchez-López, 1999). Sin embargo, los ritmos biológicos no explican todo, y ha de encontrarse la variabilidad individual en factores como la personalidad, la motivación y las condiciones ambientales de desempeño de la persona. Un proceso psicológico básico muy susceptible a las frecuencias periódicas es la atención y el funcionamiento intelectual, que muestra un perfil de activación durante el día que llega a su máximo sobre media mañana desciende luego del mediodía y presenta nueva activación sobre media tarde. Los datos de las investigaciones en cronopsicología son relevantes para el diseño de turnos laborales y en la planificación escolar.

Tiempo II: percepción del tiempo físico

Estudios Clásicos sobre la adquisición de la noción de tiempo. Piaget (1992) postuló que el eje que atraviesa la adquisición de la noción de tiempo es el perfeccionamiento de la articulación de la información temporal con la espacial. En tanto no poseemos sistemas sensoriales para percibir el paso del tiempo, debe estructurarse intelectualmente mediante operaciones, i.e, supone una reestructuración por parte del sujeto cognoscente. Para Piaget son tres estadios que se suceden en la adquisición de la noción de tiempo. En el primero el tiempo está asociado a la acción y no se distingue claramente entre los 3 momentos temporales ni hay desarrollo de los conceptos de sucesión, duración y simultaneidad. En el estadio dos, caracterizado por la Intuición Egocéntrica (6-8 años), se deja la acción y se pasa a un momento de representación verbal, i.e., el tiempo comienza a poder ser manipulado por símbolos verbales. Es aquí que la utilización de referencias concretas sobre el tiempo (día, hora, etc.) puede utilizarse con cierta facilidad, pero los aspectos abstractos y objetivos del tiempo son aun dificultosos de aplicar prácticamente. En el estadio tres, el tiempo comienza a ser operativo (8 años en adelante). Es sobre el final de las operaciones concretas que el tiempo puede ser usado para entender los conceptos de sucesión y duración. Ya aquí se pueden coordinar los conceptos de distancia, velocidad y tiempo adecuadamente. Se adquiere la noción de tiempo universal (que engloba a todos los sujetos). Puede entender eventos que no han sido parte de su experiencia directa. Este periodo se cierra con la adquisición de la noción de tiempo objetivo y homogéneo. Fraisse (1963) en tanto, afirmó que el proceso de adquisición del tiempo se da fundamentalmente por descentración, esto es, por tomar en consideración el niño cada vez más aspectos perceptivos e intelectuales y no, como afirmaba Piaget, en referencia exclusiva a la velocidad. Por esto postula edades mayores que las ofrecidas por Piaget para la cabal adquisición de la noción de tiempo. Entonces, en actividades de estimación de la duración vinculadas a la acción (tiempo lleno) se obtienen mejores resultados desde edades más tempranas que las que implican un tiempo vacío. De todos modos, ambos manifiestan que previo a los 3-4 años los niños no tienen conocimiento de la duración per se, aunque si pueda haber estimación intuitiva basada en la acción.

La investigación cognitivo-evolutiva actual ofrece un panorama más completo. Droit (2000) señala que la estimación del tiempo en niños de 3 años y medio puede ser correcta en tanto se evalué a través de la fuerza física que realizan y no de procesos intelectuales. Los 5 años se muestran como una edad crítica. Hay un progreso sustancial en el desarrollo de la noción de duración y la distinción entre eventos pasados y futuros es posible (Freidman, 2005). Además, se establece la capacidad de planificación, hay un incremento en la capacidad de postergar la gratificación y viajar mentalmente en el tiempo (Atance, 2008).

Tiempo II: Proceso de percepción temporal a escala autobiográfica

Los procesos vinculados a la memoria autobiográfica inciden fuertemente en la percepción del tiempo, y en tanto implican una escala vital importante afectan la vivencia subjetiva del tiempo, constituyéndose en un tipo de vías de acción. Fraisse (1963) hace referencia a la percepción y estimación del tiempo vital a partir de la adultez afirmando que los años vividos se estiman en relación a los años pasados, esto es, los 55 suelen parecen más cortos que los 20. Las explicaciones de este fenómeno son: (a) la biológica, la disminución de las funciones vitales puede generar un desajuste del ritmo vivido; (b) la social, el anciano experimenta menos cambios porque vive más tranquilo en tanto el tiempo se percibe en función del cambio; y (c) la experiencial, el anciano observa menos cambios porque ya está demasiado habituado a ellos. Draaisma (2006), por su parte, explica la ilusión temporal de aceleración que se produce a partir de los 40 años por fundamentalmente dos razones: a) la ralentización de los relojes fisiológicos y b) el efecto de reminiscencia que se explica debido a la gran cantidad de indicadores temporales que se almacenan entre los 10 y los 30 años. Al ser más escasos los indicadores temporales en la mediana edad y la vejez, la velocidad subjetiva del tiempo se acelera, en tanto el lapso de tiempo "objetivo" entre en indicador temporal y otro es cada vez mayor. Esta explicación, está en consonancia con la hipótesis de que la estimación de la duración depende de los cambios percibidos (Fraisse, 1984). Si pocos cambios son percibidos a partir de la adultez media, pocos serán los indicadores temporales almacenados en la memoria, lo cual acelera la percepción del tiempo realizado en un juicio secundario.

Tiempo II: procesos perceptivos de duraciones breves

Para la percepción de duraciones breves la teoría de la expectativa escalar es dominante. Dicho modelo postula la existencia de un marcapasos universal que mediante la acción de un portón atencional pasan a un acumulador de pulsos que es retenido en la memoria a corto plazo, eventualmente comparado con la memoria a largo plazo para estimar la duración en unidades de tiempo objetivo y en función de ello se estima la duración. Si bien este mecanismo se presume permite estimar de forma correcta la mayoría de las veces la duración, otras tantas veces está sujeto a distorsiones siendo las variables más significativas la temperatura corporal, la estimulación repetitiva (acústica o visual) previo a la tarea temporal o los rostros manifestando expresiones emocionales (Wearden, 2005). Este fenómeno se explica porque la expansión subjetiva provee ventajas para procesar estímulos nuevos o importantes. Al expandirse la percepción del tiempo, se procesa mayor cantidad de información del estímulo (información más detallada) por unidad de tiempo objetivo.

El Tiempo Cultural

La noción de tiempo es particularmente sensible a la mediatización cultural. Aquí reseñaré, dado que el artículo se centrará en el Tiempo III, solo algunas características de la tradición occidental en relación al Tiempo IV y sus consecuencias en la subjetividad (vías de acción del Tiempo IV sobre el Tiempo III). En general, las preguntas que permiten visualizar esta vía de acción son: ¿Cómo constriñe/potencia al individuo la representación cultural sobre el tiempo y los tiempos de las instituciones sociales?; y ¿Cómo constriñe a un individuo el tiempo de las organizaciones (especialmente del trabajo) en la que está inmerso?

El tiempo cultural ha cambiado sustancialmente desde la invención el reloj, acelerado y disparado los cambios en los modos de producción y en consecuencia, la construcción de la subjetividad. La revolución industrial marca un cambio fundamental en la vivencia subjetiva del tiempo del que tenemos herencia en refranes populares como "el tiempo es oro".

El trabajo se convirtió en el principal organizador social del tiempo, pero ¿porque el tiempo se volvió tan valioso en el nuevo modo de producción capitalista? Un analizador es lo que en las teorías marxistas se conceptualiza como subsunción que es el modo en que el individuo entra en el proceso de valorización capitalista a través de la venta de su fuerza de trabajo. Marx distinguió dos formas de subsunción. La primera es la subsunción formal en la que "(...) sólo se puede producir plusvalía recurriendo a la prolongación del tiempo de trabajo, es decir, bajo la forma de plusvalía absoluta" (1867, p. 56).

La segunda es la subsunción real, donde -tras la revolución industrial- el trabajador se convierte en apéndice de la máquina, no conoce todo el proceso de trabajo y no puede producir por sí solo. La revolución técnica de los mecanismos de trabajo permitió estas formas de extracción ampliada del plusvalor que llevó a Marx a denominarla plusvalía relativa por superar los límites temporales de las jornadas. Este es el punto de inflexión respecto al cambio de la representación social del tiempo: la extracción de plusvalor deja de ser una relación directa respecto del tiempo (más tiempo, más plusvalor), sino que se independiza de este. A partir de allí, en una misma unidad de tiempo (e.g. 12 horas) se podía extraer más plusvalía, con tal de ajustar el ritmo de los seres al de la máquina. Actualmente, autores neomarxistas postulan la existencia de una tercera forma, la subsunción híbrida, basada en las nuevas formas de inserción en el mundo del trabajo. Estos mecanismos son productores de una subjetividad acelerada, asociada al estrés y con la preocupación vital de aprovechamiento de la vida. Esta vía de acción del Tiempo IV sobre el Tiempo III es clave para comprender la organización de la temporalidad en los individuos.

Vivencia subjetiva del tiempo: marco teórico para el Tiempo III

Aquí se expondrán las principales líneas teóricas para entender de perspectiva temporal, según se definió al Tiempo III. Se propone que las dos primeras líneas teóricas, articuladas entre sí, son suficientes para dar explicación a la mayoría de fenómenos y datos conocidos, en tanto constituyen un marco sólido para avanzar en la investigación e integración conceptual.

Modelo de las 5 dimensiones de Elliott Jaques

En contraposición a modelos previos unidimensionales del tiempo (de tres dimensiones espaciales y una temporal: e.g. el de la flecha del tiempo), Jaques (1984) propone para el estudio de la conducta humana un modelo de 5 dimensiones de tres dimensiones espaciales (que son constitucionales) y dos temporales. Estas últimas son complementarias y distinguen, "el eje de la sucesión, de la reconstrucción histórica de lo anterior y lo posterior, (…), y el eje de la intención, de la simultaneidad de pasado-presente-futuro" (Jaques, 1984, p.124). El eje de la sucesión no tiene direccionalidad y solo admite sobre sí enunciados del tipo "y pasó antes que x". En cambio, en el eje de la intención, se fusionan pasado, presente y futuro, mediante la intención. La manifestación de la intención se materializa psíquicamente en la predicción de un suceso futuro que se desea realizar o la puesta en marcha de acciones relativas a ese propósito. La conducta dirigida a una meta, unidad de análisis esencial del eje temporal de la intención, incluye a las motivaciones conscientes e inconscientes de la conducta, que siempre es dirigida a una meta2. La misma se activa cuando se produce la sensación de que es preciso hacer algo, provocada por un estimulo exógeno (mecanismo explotado por la publicidad) o endógeno (e.g., motivadas por la introspección). Son sentimientos de malestar, provocados por una necesidad, un sentido de obligación o de deber y "puede ir de la vaga sensación de que algo falta hasta los fortísimos sentimientos de pena por la pérdida de alguien o de algo que, deseado con intensidad, nunca se podrá reemplazar" (Jaques, 1984, p. 145).

Este proceso es posible que haya hecho desarrollar nuestra capacidad como especie para actuar en el tiempo. Según Guyau, la conciencia de la duración se adquiere por la existencia de un intervalo temporal entre el momento del surgimiento de una necesidad y el de su satisfacción, es decir cuando el tiempo opone una resistencia (existencia de una oposición a nuestro deseo o intención y satisfacción): "Toda necesidad implica la posibilidad de satisfacerla: el conjunto de estas posibilidades es lo que designamos con el nombre del futuro" (Guyau, 1901, p. 53). Luego, el sentimiento de falta adquiere la forma de deseo, en tanto es algo que permite reemplazar la carencia o dar por finalizada la sensación de falta y malestar. Una vez formado el deseo se forma la imagen-meta, la idea general de lo que podría satisfacer el deseo. A posteriori comienza la conducta de orientación y tanteo del problema, que permite la elaboración de un plan. Queda entonces recorrer la vía planeada y superar los obstáculos que se presenten. Se pueden desagregar en ocho los momentos que componen la conducta dirigida a metas según Jaques: (1) hiato (sensación de falta y malestar); (2) la falta adquiere la forma de deseo; (3) formación de la imagen-meta; (4) conductas de orientación y tanteo; (5) elaboración de un plan; (6) ejecución del plan; (7) superación de obstáculos; (8) logro o fracaso3. Vale resaltar que muchas veces la sensación de falta no sigue este recorrido. Mayormente, no comienza la ejecución de la conducta dirigida a metas ya que son pospuestos los objetivos o abandonados luego de comenzados, pero aun así son medibles y pueden ser incluidos en el eje de la intención, ya que, si bien estén inactivos, influencian las cogniciones del sujeto. Por esto, Jaques propone la definición de presente activo compuesto por todos los episodios dirigidos a metas en el que el sujeto está empeñado simultáneamente. La organización según prioridades y la adecuada concatenación de las conductas dirigidas a metas en arreglo de fines mayores, son habilidades cruciales para el bienestar individual y buen desempeño del adulto.

Este proceso también está sujeto a la confirmación o reconsideración. En la confirmación, se sigue el plan previsto. En la reconsideración se modifica la meta total o parcialmente en su contenido o acortando o alargando los plazos estimados. Para lograr la confirmación o la modificación debe haber reflexión y suspensión de las acciones hacia la meta. Las evaluaciones en base a la experiencia previa para retroalimentar su sistema de conducta actual, son constantes en los sujetos, pero este análisis está conectado con las intenciones de futuro. Una organización coherente del presente activo está muy ligada de la utilización activa de las experiencias pasadas, de la estimación de trayectorias probables del futuro y de la reflexión de las condiciones presentes. Por esto, el eje de la intención es un campo de tiempos, tan real como el tiempo físico (de la sucesión). Implica, asimismo, un fuerte y complejo componente cognitivo-reflexivo en la génesis de la conducta dirigida a metas y en su mantenimiento o re-evaluación. El presente activo, es el marco temporal en el cual vive el individuo. La coherencia en los lapsos que la persona se asigna, la consecución de los logros y la amplitud del marco temporal nos dan un indicio de su capacidad de organizar el presente de manera activa y provista de sentido. El análisis del marco temporal (horizonte temporal máximo, la tarea planeada a más largo plazo) junto con su presente activo (todos los episodios actuales dirigidos a metas que coexisten en la persona), proporcionan un indicador significativo de su capacidad intelectual.

Desde el punto de vista ontogénetico, Jaques propone la existencia de regularidades en el crecimiento del marco temporal de la infancia a la adultez y señala las ventajas de disponer de marcos temporales más amplios a más corta edad. De ser así, las experiencias psicoafectivas infantiles serán determinantes del dominio temporal que ese niño tendrá de adulto. Al respecto, Mischel, Shoda y Peake (1988) han mostrado como la capacidad temprana de postergar de la gratificación en preescolares contribuye a predecir habilidades cognitivas, sociales y de afrontamiento en la adolescencia. Los mecanismos que regulan estos procesos no están claros y constituyen valiosas preguntas de investigación.

La teoría temporal de Moffatt

Moffatt (1982) estudió de las implicaciones de la percepción temporal para los sujetos y cuál es la función del concepto vivencia de continuidad yoica, el cual añadido al modelo de 5 dimensiones proporcionará solidez al modelo teórico integrador propuesto para el Tiempo III. La vivencia de continuidad yoica es un importante logro evolutivo que ninguna otra especie comparte (Suddendorf & Corbalis, 2007). Por su intermedio, el humano genera y organiza una identidad y se proyecta y anticipa, haciendo el entorno más previsible. Siendo el presente psicológico breve, de dos segundos para Fraisse (1963), el resto es recuerdo, reflexión y proyección. Sin embargo, esto implica un costo psicológico alto: la conciencia de la muerte, elemento que debe considerarse conjuntamente.

Según Moffatt (1982, p. 8), "la continuidad del psiquismo (su identidad) no es un hecho dado, 'natural', sino que es el resultado de una construcción imaginaria humana, a esa construcción la llamamos tiempo". Que el tiempo, entendido como aprehensión de la sucesión, es una construcción ya fue analizado con anterioridad, al ver cuán costoso es en el desarrollo cognitivo la adquisición de dicha categoría. Pero a su vez, este proceso no puede estar separado de todo el proceso de simbolización: la cultura es un aliado fundamental para crear vivencias de continuidad yoica, i.e., para darle sentido a la existencia y protegernos de la ansiedad generada por la conciencia de la propia muerte futura que se intentan contrarrestar mediante defensas maniacas, las de negación y la racionalización, pero no son suficientes para detener la ansiedad. A nivel interindividual, la cultura otorga los sistemas de sostén e integración del yo (Moffatt, 1982). Los sistemas de sostén son sistemas organizados de secuencias estimulatorias. Los sistemas de integración yoica, ayudan a crear ilusión de sucesión y dan temas para la elaboración del proyecto de vida: sistemas religiosos, utopías, prestigio, etc. Estos postulados presentan múltiples coincidencias con los de la terror managment theory (Pyszczynski, Greenberg & Solomon, 1999), según la cual la weltanschauung de cada cultura provee de protección y defensa psicológica a la conciencia de la muerte surgida de la conciencia temporal. Los principales mecanismos que las culturas proveen para este fin radican en mecanismos que aseguran la trascendencia de los límites biológicos y físicos de la mera existencia individual -e.g. el respeto, el nomenclátor, mejor vida en el más allá, etc.- a través de adherencia a valores y significados compartidos. Investigaciones empíricas han comprobado estas ideas (cf. Greenberg, 2008).

Es de destacar el rol psicopatogénico de la desintegración de la trama de continuidad yoica; la enfermedad mental es la consecuencia de la pérdida de este sostén, disolviéndose la vivencia de existencia individual. La persona queda paralizada por el vacío y la restitución neurótica o psicótica se configura en una nueva trama de continuidad, pero esta vez no compartida socialmente. A nivel terapéutico, una tarea clave es reconstruir la historia, la continuidad perdida y junto con esto, elaborar un proyecto, en tanto el presente no es más que la historia pasada y el proyecto de vida planificado-imaginado de lo que vendrá. El sentimiento de futuro vacío es el disparador de las crisis y un desorganizador de la temporalidad. La teoría se basa en el supuesto de consciencia puntual, que propone que sólo existen presentes discontinuos. El ser humano en su proceso de filogénesis, para saldar la brecha angustiante producida por el hiato generado en la mente por el desarrollo de la función simbólica y la consecuente capacidad deseante y de reflexividad, creó la percepción del tiempo unitario y continuo, aunque el tiempo determina una sucesión de transformaciones del yo. En su historia vital, una persona es varias en tanto lidia con definiciones cambiantes del self: Es niño, adulto, viejo, un día cree en una religión, al otro se convierte, o cambia de doctrina política o científica: son diferentes yoes que se perciben con sentido de continuidad, bajo un formato narrativo o de relato como demostró Bruner (2003). ¿Pero cómo se mantiene la ilusión de continuidad y autopercepción unificada de un sistema en constante cambio? Moffatt argumenta que se produce a través de un sistema externo estable como son los sistemas socio-culturales y, dentro de ella, la capacidad de establecer vínculos emocionales.

La Teoría de la Discontinuidad de Zimbardo (1999) es otro desarrollo coincidente con la Teoría Temporal del psiquismo. Postula que ante diversas vicisitudes de la experiencia que violen las expectativas vitales en áreas valoradas por el sujeto, tendrá lugar la emergencia de ansiedad y otros estados emocionales negativos. Se disparan a punto de partida de esto, mecanismos cognitivos y sociales para comprender la causa de esta discontinuidad que, si fallan, pueden dar lugar a la locura. Si entendemos a las discontinuidades como ataques a la vivencia de continuidad yoica y a las fallas en los mecanismos para dar explicación a la discontinuidad como crisis no resueltas, el modelo de Moffatt puede ampliarse en los desarrollos posteriores de Zimbardo.

Modelos recientes sobre la influencia de la dimensión temporal en la conducta

Teoría de la Selectividad socio-emocional

Desarrollada por Carstensen y cols. (Carstensen, Isaacowitz & Charles, 1999) postula que la perspectiva del tiempo vital remanente en la vida juega un rol determinante en la motivación humana en general y en la selección y la ejecución de las metas y proyectos del individuo, en particular. Esto es, cuando el tiempo es percibido como ilimitado, como suele suceder en la adolescencia y adultez joven, los objetivos sociales basados en la búsqueda de conocimiento y experiencias noveles son prominentes. En cambio, cuando el tiempo remanente es poco y percibido como escaso, dominan los motivos emocionales (la regulación de los estados emocionales por la vía del contacto con otros). La elección de motivos sociales, que son divididos en estas dos categorías generales (relativos a la búsqueda de conocimiento/experiencias noveles y emocionales), aparecen según estos resultados de investigación, como función del tiempo percibido como faltante.

Investigación sobre perspectiva temporal de Zimbardo

A Zimbardo puede considerárselo uno de los autores de un modelo teórico sobre la perspectiva temporal más influyente. Desde la observación de los cambios comportamentales y cognitivos derivados por la inducción hipnótica de una perspectiva presente en los sujetos, derivó su investigación al desarrollo de una escala de muy buenas propiedades psicométricas (el ZPTI). Zimbardo y cols. también hacen acuerdo con la idea que la visión que tenemos de nosotros mismos, del mundo esta filtrado por procesos cognitivos de base temporal. El concepto de perspectiva temporal es el constructo desarrollado para entender este funcionamiento del psiquismo. El concepto de perspectiva temporal es entendido como la forma por lo general no-consciente y subjetiva en que cada individuo se relaciona con el tiempo y el proceso por el cual el flujo continuo de experiencias sociales e individuales es codificado en distintas categorías temporales para dar coherencia y sentido al cúmulo de experiencias. Si una de las perspectivas comienza a predominar, se considera que se ha convertido en factor disposicional, o una variable inter-individual (Boyd & Zimbardo, 2005).

Teoría de la perspectiva temporal futura de Nurmi.

Derivado de enfoques cognitivo-motivacionales, Nurmi (1989) ofrece un modelo para comprender y medir la orientación hacia el futuro. Dicho modelo se compone de 3 elementos: (a) Motivación, los motivos, intereses y metas que el sujeto planea a futuro y que serían fuente fundamental para la regulación de la conducta. La distancia temporal de dichos proyectos (tiempo estimado para su cumplimiento) varía según los sujetos; (b) Planificación, compuesta de establecimiento de metas, construcción de planes y ejecución de los mismos; y (c) Evaluación prospectiva, control que el sujeto percibe sobre el logro de sus acciones, la afectividad puesta en el futuro y las atribuciones causales anticipadas de los proyectos. Nurmi señala que la orientación futura no sólo se establece por factores individuales sino que las expectativas sociales para cada periodo evolutivo y las posibilidades que ofrece cada sociedad para el futuro (e.g. promedio de expectativa de vida, desarrollo social) son también factores que la constituyen.

Ansiedad futura: desarrollos de Z. Zaleski

La ansiedad futura es definida como el estado de incertidumbre, miedo, preocupaciones de cambios desfavorables que puedan tener lugar en el futuro personal del sujeto basados en representaciones cognitivas de estados o eventos negativos del futuro. La intensidad de la preocupación está relacionada con la importancia del cambio negativo anticipado, probabilidad de ocurrencia y control percibido (auto-eficacia). Según Zaleski (2005), el desarrollo de la ansiedad futura se debe a factores de personalidad, experiencias personales vitales y las tendencias históricas y sociales. Algunas de las principales causas declaradas de ansiedad futura pueden ser la polución, el calentamiento global, las enfermedades incurables, la muerte de alguien cercano, etc. Las consecuencias de la ansiedad futura en el plano cognitivo son de 2 tipos:

(a) una reducción en las expectativas del sujeto de obtener resultados positivos de sus acciones, lo que reduce la probabilidad de éxito; y (b) focalización de la atención en el presente o en el pasado seguro, limitando ambos casos el espacio temporal del sujeto. A nivel conductual implica una disminución de las actividades con cierto monto de novedad y riesgo en pro de las repetitivas, conocidas y seguras, el uso de mecanismos de defensa regresivos y la utilización de las relaciones sociales para asegurarse un futuro no tan negativo. La Ansiedad Futura tiene correlaciones con otros comportamientos. Por ejemplo, predice el estilo de autoridad utilizado con subordinados, la expectativa de los padres sobre la protección futura que le brindarán los hijos, etc.

La théorie définitoire de Thiébaut

Preocupado por dar coherencia a las divergencias e incluso contradicción de resultados obtenidos en la historia de la utilización del concepto de perspectiva temporal, Thiébaut (1998) se propuso dar validez a un modelo teórico definitorio de la perspectiva temporal. De los resultados de su investigación se desprende que la perspectiva temporal está definida por cuatro elementos: (a) la afectividad, la valencia emocional que despiertan los planos temporales; (b) la densidad, la cantidad de proyectos buscados en un momento dado; (c) la nitidez, o sea, la claridad con que se perciben los proyectos a futuro y el futuro en sí mismo; y (d) la continuidad temporal, la correspondencia que el sujeto establece entre lo que va a ser su futuro en relación a sus experiencias pasadas y presentes. Como se aprecia, elimina como componente a la extensión temporal. Esto se debe a que, según Thiébaut, la estimación de la extensión temporal es una función de la tarea experimental y a que las personas con ideas o planes a futuro vagos pueden dar extensiones temporales futura más largas que alguien con contenidos a futuro más precisos. En todo caso, afirma, la extensión sería parte del componente nitidez de la perspectiva temporal futura. La perspectiva temporal futura permite hacer disponibles contenidos que no están en la vida mental del sujeto y que juegan un rol en la construcción de la conducta intencional, siendo un mecanismo adaptativo que varía en un caso basado en la anticipación y en otro basado en las situaciones o eventos que son vividos. El primer caso corresponde al par asimilación y el segundo a la acomodación.

La consideración de las consecuencias futuras

El constructo teórico de consideración de las consecuencias futuras fue propuesto por Strathman y cols (1994) y definido como el grado en que las personas piensan las consecuencias futuras de sus acciones y el nivel de influencia que esos pensamientos tienen en su comportamiento. Los estudios psicométricos han mostrado que es un constructo válido, confiable y permanente que diferencia a las personas que tienen muy en cuenta las consecuencias futuras de sus actos y poco las consecuencias presentes y vice-versa. Los estudios de validación muestran que este concepto es capaz de predecir una serie de fenómenos como la asunción de riesgos, de hábitos saludables, los logros académicos y profesionales, el comportamiento agresivo y el compromiso social. Recientemente se ha propuesto un modelo integrador para explicar el funcionamiento del procesamiento de las dediciones comportamentales en arreglo a las consecuencias futuras. Este incluye las relaciones con otros conceptos tales como la auto-eficacia, el locus de control y la postergación de la gratificación, entre otros. Esta propuesta carece, a mi juicio, de una explicación de la motivación humana esto es, de las razones que llevan a actuar de uno u otra forma a los sujetos hacia el futuro más distante o hacia la inmediatez y el hedonismo y las razones que hacen que se modifiquen en determinados individuos especialmente frente a crisis vitales y otros factores socio-culturales. Igualmente, se trataría de un buen indicador de personas con una organización temporal extensa y nítida.

Integración conceptual para el Tiempo III: Revisión

Son tres las instancias psíquicas que permiten estudiar la dimensión temporal III del sujeto en sus tres tiempos simultáneamente: (a) las conductas intencionales; (b) la vivencia de continuidad yoica; y (c) la imaginación. Estas se complementan en un único modelo en función de que la motivación para el establecimiento de conductas dirigidas a metas varía en función de componentes sociales, de la experiencia previa del sujeto (su pasado) mecanismos auto-regulatorios presentes y en suma, del surgimiento de un componente deseante. Estos proyectos se regulan en función de un fuerte interjuego con la imaginación, en tanto es la que regula la intensidad de la prosecución de los objetivos, el rendimiento, y se tiene lugar a partir de rasgos de la personalidad, por ello, también articula los tres tiempos (Laplanche, 1996, Oettingen & Thorpe, 2006). Estos dos primeros componentes se articulan en un todo integrado del yo que es la vivencia de continuidad yoica con estructura narrativa. Esto es, el conjunto de conductas dirigidas a metas va en arreglo de motivos que dan homogeneidad al yo, en un conjunto estructurado que marca un origen, explica un estado actual y establece el deseo de devenir, el estado futuro a alcanzar, imaginado en todos los casos, sentido más o menos vividamente o más o menos realista. Si falla esta integración posiblemente estemos ante estados psicopatologógicos.

De la articulación de estos tres grandes componentes se desprende la vivencia subjetiva del tiempo y se pueden dar cuenta de los diferentes modelos desarrollados para investigar el tiempo, en algunos casos por superposición y redundancia y en otros por complementariedad. Hemos presentado los principales modelos, la mayoría derivados de la investigación empírica, que dan cuenta de la influencia del tiempo en el comportamiento, la cognición y la afectividad humana. La propuesta de Thiébaut tuvo el mérito de incluir la continuidad como un componente principal de la perspectiva temporal, a la vez que trabajó también conceptos ya vistos por Jaques como la densidad, la afectividad. El concepto de nitidez es en cierto grado novedoso, aunque la determinación de alejar la extensión temporal del estudio de la temporalidad parece un poco arriesgada ya que todos, intuitiva o profesionalmente, podemos apreciar que las distintas personas tienen su futuro más organizado o no y tienen metas para horizontes temporales más lejanos o próximos. De todos modos, acordamos con sus advertencias por las complicaciones que la extensión temporal implica para las investigaciones cuantitativas. El modelo de Carstensen muestra con claridad los cambios en la motivación derivados por la cercanía de la muerte. Sus datos se alinean con la propuesta de Moffatt y de la Terror Management Theory en tanto cuando la vivencia de continuidad yoica se ve atacada, por la proximidad del fin de la vida, cambian los principios motivacionales que guían al sujeto, en búsqueda de nuevos sentidos existenciales. En cuanto a los ancianos, algunos procesos de expectativa social están presumiblemente implicados en los cambios motivacionales hacia objetivos de corte emocional. Es sabido que los prejuicios sociales hacen que las trayectorias vitales de los ancianos sea pre-determinada; se espera que cumplan con ciertos roles y tengan ciertos comportamientos. Esto implica ver la orientación de los objetivos vitales no solo como variables intra-individuales, sino tener en consideración los lugares sociales de los grupos considerados.

Zimbardo y cols, han contribuido significativamente al estudio de la temporalidad y muchos de sus resultados de investigación (especialmente con el ZPTI) correlacionan con otros conceptos. Sus desarrollos muestran en qué medida los tres tiempos contribuyen a la organización de la conducta intencional y de cuál de los tres tiempos surgen las principales orientaciones del comportamiento, mostrando que las fuentes principales suelen cambiar según los sujetos. Señalemos que estos aportes son un buen complemento al modelo de tres componentes aquí propuesto. En tanto, el modelo de Nurmi complementa el trabajo de Jaques; los componentes de planificación y evaluación prospectiva aparecen bajo la forma de cumplimiento de los objetivos propuestos y acciones destinadas al cumplimiento de los objetivos. Los componentes motivacionales pueden asimilarse al contenido de los objetivos y la extensión temporal, ambas presentes en Jaques. Dado que la preocupación de Nurmi se limita al futuro, no se puede analizar la influencia del pasado en la constitución de la vivencia subjetiva del tiempo. Sus aportes son numerosos, destacándose la delimitación de áreas de influencia de la temporalidad en el comportamiento, con énfasis en el adolescente. Por último, el concepto de Ansiedad Futura tiene fuertes componentes imaginarios y narrativos, en tanto las preocupaciones futuras suelen asociarse a escenarios poco probables que producen arousal, despiertan el miedo a la muerte y atacan la vivencia de continuidad yoica. La ansiedad futura se asocia a la ansiedad por la conciencia de la propia muerte futura que se ve activada frente a pensamientos de diversa índole. Se desprende del modelo aquí presentado que los sujetos con buena integración narrativa, con buena tasa de logros y menores niveles de imaginación y fantaseo presentarán menores niveles de ansiedad futura.

 

Reflexiones Finales

La adquisición de la noción de tiempo implica complejos derroteros a seguir; recién cuando el niño es capaz de realizar operaciones intelectuales, ya entrados los 7 años y en adelante. El manejo de la línea del tiempo está estrechamente ligado al adecuado manejo de las series causales, la adquisición de la reversibilidad y la memoria. Este es el eje de la sucesión, en el modelo de Jaques. Otro fenómeno sucede en el ser humano a la vez que se va adquiriendo la correcta noción del Tiempo II: realiza elaboraciones de ese tiempo homogéneo hacia futuro. Es el eje de la intención, donde se coloca la planificación y el proyecto de vida. Sobre la base del Tiempo II, se apoya el Tiempo III. El ser humano hace historia y liga esos recuerdos a una identidad personal creando la vivencia de continuidad yoica, que Bruner (2003) lo ha definido como una creación narrativa del yo, dirigida por factores internos (memoria, sentimientos, valores, creencias) y externos (interlocutores, modelos culturales disponibles de narrativas del yo). También se proyecta, desea, intenta hacer previsible el futuro, que por un lado lo hace más seguro, pero por otro le hace consciente de la propia muerte. En este contexto, es crucial la atribución de sentido con los proyectos de vida (que si bien pueden generar la ilusión de ser independientes siempre están más o menos apoyados en tramas culturales) y las aspiraciones culturalmente dirigidas. El Tiempo Cultural regula fuertemente los plazos que los sujetos se dan en el Tiempo III4, fenómeno que se conoce como tiempo social. Las crisis tienen una fuerte correlación con las desorganizaciones en el Tiempo III, que de no ser tramitadas de adecuadamente conducen hacia formas psicopatológicas.

Este trabajo intenta ser una introducción a las principales dimensiones implicadas en el estudio psicológico de la temporalidad humana, organizadas en cuatro niveles, con énfasis en la vivencia subjetiva del tiempo (Tiempo III). Por tanto, lo aquí expuesto pretende ser una contribución hacia la reorganización y diálogo entre los diversos avances en la Psicología del Tiempo a la vez que organiza la presentación de los distintos niveles de influencia del tiempo en el comportamiento humano. La temporalidad es una de las principales dimensiones existenciales de las personas por lo cual es vital poseer herramientas conceptuales para poder brindar ayuda profesional. Tengo como expectativa que este trabajo permita organizar la exposición de reflexiones provenientes de los campos aplicados de la psicología y no sólo de la investigación básica o experimental. Por último, advertir que la investigación en campos similares es profusa y no siempre tiene como base los procesos temporales, aunque si importante consecuencias para el desarrollo de teoría sobre el mismo. Su inclusión será trabajo futuro a la vez que constituye una limitación del presente estudio.

 

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Recebido em 11.08.2009
Primeira decisão editorial em 19.07.2010
Versão final em 02.08.2010
Aceito em 06.08.2010

 

 

1 Endereço para correspondência: Facultad de Psicología, Universidad de la República. Tristan Narvaja 1764. Montevideo, Uruguay. CP 11300. Fone +598 27088760. E-mail avasquez@psico.edu.uy
2 La definición del logro (consumación de la meta) también es intra-psíquica y de orígenes psicodinámicos muy variados: puede ser objetivable, (e.g. obtener un título deportivo o académico) o no (e.g., calmar un estado de angustia interno).
3 La explicación de las diferencias inter-individuales en la génesis de hiatos, en el compromiso en conductas dirigidas a metas, en el grado de concordancia de la metas entre sí y en la tasa de "logros" es un problema aun irresuelto aunque interesantes trabajos empíricos se han abierto (e.g. Riediger & Freund, 2004).
4 Las desigualdades que el género y la clase social imponen al empleo del tiempo, son un fenómeno que es investigado de forma recurrente en la sociología actual, pero no pueden ser abordadas aquí por exceder las dimensiones de este trabajo.

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