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Lua Nova: Revista de Cultura e Política

versão impressa ISSN 0102-6445

Lua Nova  no.53 São Paulo  2001

http://dx.doi.org/10.1590/S0102-64452001000200010 

 

Contra-império, éxodo y ciudadanía global* (Sobre Negri e Hardt)

 

Contraempire, exodus, and global citizenship

 

 

Perla ZusmanI; Aída QuintarII

IPesquisadora da Universidad de Buenos Aires e da Universidad Autónoma de Barcelona
IIPesquisadora da Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina

 

 


RESUMO

Com base no contraste desenvolvido por Negri e Hardt entre o Império como "não lugar" e a reivindicação da cidadania global como construção de urn "novo lugar" como espaço de liberdade da multidão reconstroem-se temas básicos do livro Empire com especial referência às condições latino-americanas.


ABSTRACT

On the basis of the contrast developed by Negri and Hardt between the Empire as "no place" and the reivindication of global citizenship as the building of a "new place" as a space of liberty for the multitude basic themes of Empire are reconstructed with special regard to latino-american conditions.


 

 

"Whereas in the disciplinary era sabotage was the fundamental motion of resistance, in the era of imperial control it my be desertion.
Negri & Hardt

Las transformaciones políticas, económicas y sociales simbolizadas en la caída del Muro de Berlín demostraron, entre otras cosas, las limitaciones de las ciencias sociales para predecir el devenir mundial. Es esta cuestión la que está en el centro de preocupación de Antoni Negri y Michael Hardt1quienes, a la vez que llevan adelante un análisis crítico del orden actual, proponen alternativas para su radical transformación2. Estos autores en su obra Empire plantean al Imperio como el nuevo sujeto político que efectivamente regula el irreversible proceso de globalización de los intercambios económicos y culturales a los cuales estamos asistiendo en este siglo XXI.

A diferencia del Imperialismo – al que los autores definen como una extensión de la soberanía de los estados-naciones europeos más allá de sus fronteras – el Imperio que hoy gobierna el mundo, está compuesto por una serie de organismos nacionales y supranacionales unidos bajo una sola lógica de dominio. Esta nueva forma del poder soberano se caracteriza por ser un aparato de gobierno descentrado y desterritorializado que, en forma progresiva, incorpora dentro de sus fronteras abiertas y en expansión a la totalidad del reino global transformando la cartografía imperialista que caracterizó a la modernidad. En este proceso global de desterritorialización, de "no lugar", el papel del inmigrante aparece como la figura clave en quien se concentran las máximas paradojas del dominio global: por un lado, la represión y criminalización de esos "nuevos bárbaros", según ironizan los autores, que no respetan fronteras en la búsqueda de alternativas para sus vidas, y, por otro, el requerimiento de su fuerza de trabajo para que siga reproduciéndose la propia producción capitalista.

La multitud, como figura antagónica, opera en y contra ese "no lugar" que es el territorio del Imperio, a través del "éxodo" y el reclamo por la ciudadanía global reapropiándose del espacio que le fue expropiando el capital a lo largo de la modernidad y creando "nuevos lugares" como espacios de libertad. El presente trabajo está referido a esta temática y a la mirada que desde América Latina podemos aportar a este tipo de análisis.

 

DEL IMPERIALISMO AL IMPERIO

Negri y Hardt plantean que imperialismo e Imperio implican dos períodos diferenciados en la expansión del capital, dos formas de organización política en las que se verifica un significativo cambio en el papel del estado-nación surgido en la modernidad europea, a la vez que dos formas de organización diferenciada del espacio articuladas, en ambos casos, a los intereses políticos del capital.

A grandes rasgos, el período imperialista se caracterizo por el papel central otorgado al estado como figura jurídica en la organización de las relaciones internacionales y por la diferenciación de dos ámbitos territoriales, el de la metrópoli y el de la colonia. Desde el estado nación, centro del poder, se ejercía el gobierno sobre los territorios externos a través de un sistema de canales y barreras que, de forma alternativa, facilitaban u obstruían los flujos de producción y circulación (Negri y Hardt, 2000: xii). El poder se organizaba distinguiendo un centro y una periferia, un adentro y un afuera; diferenciación espacial que se adecua a los requerimientos en términos de recursos naturales y humanos del capital3.

Ya en el Imperio, el estado nación pierde su protagonismo en favor del de los organismos supranacionales y transnacionales quienes son los nuevos responsables mundiales de las decisiones políticas y económicas. Desde el punto de vista espacial ello significa la organización del poder descentralizado, en forma de red, sobre la base de un espacio que no impone límites a la expansión del capital – un "no lugar" según los autores – y que, por lo tanto, barre con la diferenciación entre un adentro y un afuera.

Negri y Hardt plantean que con el inicio de la fase imperial también comienza su declinación porque al mismo tiempo que se desarrolla el capitalismo global se genera su figura antagónica encarnada en la multitud. A partir de sus propias necesidades y deseos la multitud se constituye en un sujeto activo que, con sus practicas colectivas, pone en cuestión el viejo orden y, a la vez, proyecta una nueva sociedad.

 

EL IMPERIO COMO "NO LUGAR"

Parte de la discusión de Empire se centra en caracterizar el pasaje de una producción industrial a la de una economía informacional. Este pasaje involucró implicó cambios también a nivel espacial, En primer lugar ello significó el abandono del modelo de concentración y de proximidad de los elementos involucrados en la producción para facilitar su transporte y comunicación. La ciudad fábrica fue abandonada en favor de la dispersión y la descentralización (Negri y Hardt, 2000: 295).

En segundo lugar, el modelo de producción en red ha desplazado al de la línea de ensamble, transformando las formas de cooperación y comunicación dentro de cada sitio y entre sitios productivos. Las tecnologías de la información hacen que trabajadores situados en lugares distantes puedan comunicarse y cooperar entre sí sin requerimiento de ningún tipo de proximidad o contacto físico. En este contexto las redes globales cumplen un papel clave en la medida que ellas actúan a la vez como sitio de la producción y de la circulación. Sólo así puede entenderse la competencia que se ha lanzado entre las empresas transnacionales por la consolidación de su dominio sobre el ciberespacio (Negri y Hardt, 2000:300).

Como consecuencia de esta reconfiguración productiva y, en tercer lugar, las relaciones de explotación capitalista se expanden por todas partes, ellas no se limitan a la fábrica sino que tienden a ocupar todo el terreno social. En la medida que las cualidades de la fuerza laboral (diferencia, medida, determinación) no pueden ser comprendidas, de forma similar, la explotación ya no puede ser localizada y cuantificada. En efecto, el objeto de la explotación y dominación, tienden a ser no actividades productivas específicas sino la capacidad universal de producir, esto es, trabajo social abstracto. Y este trabajo abstracto es también una actividad sin lugar: es la cooperación de cerebros y manos, mentes y cuerpos; es tanto la no pertenencia y la difusión social creativa del trabajo vivo; es el deseo y los esfuerzos de la multitud de los trabajadores móviles y flexibles; y, al mismo tiempo, su energía intelectual y la construcción lingüística y comunicativa de la multitud de los trabajadores intelectuales y afectivos.

Esta forma de producción descentralizada, en red, basada en la explotación del trabajo social abstracto se asocia al proceso de desterritorialización del capital. Esta quiebra con la propuesta espacial imperialista, actúa por encima y supera la diferenciación estatal nacional. Es más, hace tabula rasa con todo aquello que pueda aparecer como un obstáculo para su expansión, para la realización de las nuevas formas de producción y de flujos comerciales. Desde nuestra interpretación el Imperio aprovecha la experiencia acumulada en el proceso de formación estatal de países como Estados Unidos, Rusia y más tarde otros como los latinoamericanos, donde la expansión se dio sobre territorios contiguos y donde diferentes vanantes de la narrativa turneriana4 junto con la construcción de imágenes como espacios abiertos, "desiertos" (wilderness), vacíos, territorios despoblados, incentivaron y legitimaron su apropiación e incorporación a las nuevas lógicas económicas, políticas y sociales, barriendo con todas las formas de organización previas existentes.

En este nuevo contexto, la idea de desierto y sus congéneres son recreadas en la del "no lugar": todos los lugares y ningún lugar. El "no lugar" es presentado como un espacio liso, que, en términos deleuzianos, no implica homogeneidad sino que enfatiza su carácter infinito, abierto o ilimitado, sin derecho ni revés, ni centro (Deleuze y Guattari ,1997: 485). El espacio liso permite el movimiento en una multiplicidad de direcciones sin impedimentos (Maskit, 1998: 274). El capital en su nomadismo5 se, constituye y va constituyendo, a la vez, el espacio liso. Un espacio en el que la historia parecería perder su razón de ser, de manera que el espacio liso también significa la eternización de los tiempos del Imperio.

El espacio liso se configura como tal a partir de la movilidad del capital. Sin embargo, las nuevas formas de organización estatal, los organismos transnacionales o supranacionales hacen del mismo un espacio estriado en la medida que la lógica de la libre movilidad no la aplican al movimiento de las migraciones y al cual justamente pretenden controlar. El nuevo estado, el Imperio, estría el espacio liso a favor de controlar la movilidad de la multitud. De manera que una propuesta antagónica a la del Imperio, que surja de la multitud, podría orientarse a incentivar el alisamiento de ese espacio estriado. Este poder de desterritorialización de la multitud es, según Negri y Hardt, la fuerza productiva que sostiene al Imperio a la vez que muestra la necesidad de su destrucción. Es entonces que adquiere importancia el poder de alisamiento de la multitud en la medida que este desafía las reglas de control de impuestas, por ejemplo, a las migraciones a favor del incentivo de un comportamiento nómade6, esto quiere decir que ella sea autónoma en la decisión de sus propios movimientos. La reivindicación de la ciudadanía global, implicaría para los autores de Empire, la posibilidad de reapropiarse del control sobre el espacio y, por lo tanto, de diseñar una nueva cartografía elaborada a partir de su deseo, su potencia y su conocimiento. La ciudadanía global permitiría un alisamiento del espacio, que, a diferencia de los alisamientos del capital contribuiría al desarrollo de la potencia liberadora de la multitud.

 

CIUDADANÍA GLOBAL

¿Por qué la reivindicación de la ciudadanía global implicaría, según Negri y Hardt, la construcción de ese "nuevo lugar" como espacio de libertad de la multitud? Al respecto, los autores afirman que el tercer mundo, que fue construido en el proceso imperialista es destruido cuando las viejas reglas de la disciplina política del estado moderno (y sus mecanismos de regulación geográfico y étnico de población) son sobrepasadas por el éxodo masivo, la transgresión de aduanas y fronteras. Negri y Hardt destacan la deserción de los estados-naciones por parte de los inmigrantes que llegan desde los países periféricos a los centrales en el actual pasaje al nuevo orden imperial. El Imperio no sabe cómo controlar las rutas del éxodo y los intentos por reprimir a la multitud móvil son paradojales, destacan estos autores, ya que a la vez que criminalizan a aquellos que transitan esas rutas no pueden obviar el hecho de que es la propia producción capitalista la que requiere de esos inmigrantes en tanto fuerza de trabajo.

La potencia de esos flujos humanos, afirman los autores, está dada por la creación de espacios en los que conviven trabajadores afectados por una fuerte precariedad laboral, social y cultural, con una multitud que se organiza y resiste la restricción de movilidad impuesta por los gobiernos. Las acciones de la multitud se tornan políticas cuando se reapropian del espacio, establecen nuevas residencias y, en esa movilidad, se constituyen en sujetos activos y libres.

En conjunto con las prácticas nómades Negri y Hardt reconocen en el mestizaje una manera de cuestionar las estrategias de control impuestas a la multitud. Se trata de otra forma de transgredir las fronteras impuestas por las nuevas formas de organización del poder donde la celebración de las diferencias ya no biológicas sino culturales (Stolcke, 1999) acaba significando el mantenimiento de las formas puras. El mestizaje implicaría la ruptura con el manejo y la jerarquización que el Imperio realiza de las diferencias.

Es en este marco que un primer elemento de un programa político para la multitud global es el reclamo por el derecho a ciudadanía en el país en el que viven y trabajan. Así, a pesar de que las prácticas de estos nuevos sujetos políticos suele circunscribirse a ámbitos locales –regionales o nacionales – sus reivindicaciones tienen que ver con demandas de carácter global en las que la circulación se torna sinónimo de libertad y el espacio es transformado en un espacio de vida.

Desde una lectura que parte de tener en cuenta el poder antagónico y renovador de la multitud y su papel para reconfigurar un nuevo orden político, el reclamo de la misma por alcanzar la ciudadanía global7 sería expresión de un cuestionamiento al hecho de pertenecer a una nación, a una identidad, a un pueblo, o a cualquier otra instancia identitaria planteada por las previas condiciones de organización política. El éxodo en el Imperio es planteado, entonces, como deserción de la soberanía del estado-nación y el movimiento autónomo es lo que define el lugar propio de la multitud haciendo que los documentos legales sean crecientemente menos capaces de regular sus movimientos.

 

EL ÉXODO EN LATINOAMÉRICA

Los planteos acerca de los éxodos y las migraciones a los que se refieren Negri y Hardt se vinculan más a la historia reciente de los países africanos y asiáticos que a los latinoamericanos, donde ese tipo de movimientos tuvo particularidades que sería necesario no dejar de tomar en consideración si queremos acompañar las ricas reflexiones de Negri y Hardt desde estas latitudes8. ¿Cómo interpretar, entonces, las actuales experiencias de éxodos y migraciones que el proceso de crisis económica viene incentivando en los últimos años en América Latina y en Argentina, en particular? Si bien no será en este trabajo donde podamos responder a estos interrogantes creemos que es posible aportar á esa problematización planteando algunas cuestiones que, en el caso argentino acompañan este fenómeno. En efecto, en Argentina se aprecia en forma creciente la migración de jóvenes al primer mundo en busca de nuevas oportunidades laborales, revirtiendo el flujo por el cual sus ancestros llegaran a estas tierras guiados por las mismas necesidades y deseos de una mejor vida. Parte de la estrategia para evitar la situación de irregularidad a la cual los argentinos están recurriendo es la obtención de la ciudadanía española e italiana fundamentada en el principio jurídico de ius sanguinis sobre el que se construye el acceso a la nacionalidad en dichos países. Este artilugio jurídico, que puede parecer, en principio, como una acción burocrática destinada a superar el estriamiento que la Unión Europea ha conformado sobre el viejo mundo a partir de las leyes referidas a la migración, pone en cuestión también las formas sobre las cuales los países latinoamericanos han construido su comunidad imaginada, aquel proceso de homogeneización social –en este caso, la constitución de la nacionalidad argentina– sobre la base del llamado "crisol de razas", que ahora resurge, no através de un mestizaje sino como recuperación de los múltiples contenidos encerrados en "lo argentino". Sin embargo, es necesario destacar, por un lado, que el proceso de deconstrucción identitaria no motiva ni es simultáneo a las prácticas de recuperación de las nacionalidades de los ancestros, una acción, insistimos burocrática, una estrategia de encontrar un nuevo lugar en el "no lugar". Por otro lado, cabe señalar también, que sólo ciertos sectores sociales de la Argentina pueden hacer uso de este artilugio jurídico, generalmente, parte de la clase media, que puede demostrarse como descendientes de ciudadanos españoles o italianos9.

En la actualidad la forma de articulación de esta estrategia es individual o familiar, es decir que en la sociedad de origen la migración no adquiere ningún tipo de organización comunitaria. Recién en el punto de destino – Europa o Estados Unidos– algunos inmigrantes argentinos se suman a las prácticas de lucha contra las políticas de extranjería que vienen desarrollándose en dichos países.

Hasta el momento las corrientes contrarias a las políticas curopeas respecto a los inmigrantes extracomunitarios no llevan a un cuestionamiento social de las prácticas políticas que los propios países latinoamericanos llevan adelante con los habitantes provenientes de países vecinos. Un ejemplo ilustrativo de esto es que desde hace unas décadas se ha incrementado la migración boliviana y peruana a la Argentina. Ellos son objeto tanto de problemas de regularización jurídica como de discriminación social comparables a los que hoy en día se observan en Europa con respecto a los inmigrantes extracomunitarios. Al igual que la formación de la Unión Europea, la formación de bloques como MERCOSUR (Mercado de Comercio del Sur) u otros de mayor alcance como el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio para América), si bien proponen la libre circulación de los capitales y de las mercancías, restringen la movilidad de las personas a ciertos sectores empresariales, convirtiendo el espacio liso en un espacio estriado para las poblaciones que buscan un nuevo ámbito donde trabajar y conseguir un nivel de vida al cual todo sujeto tiene derecho a acceder.

Ahora bien, puede considerarse a los movimientos migratorios de argentinos a países centrales o de latinoamericanos a Argentina como un tipo de comportamiento nómada que, desde la perspectiva de Negri y Hardt, pone en cuestión los intereses del estado por controlar la multitud. Sin embargo, en la Argentina actual se observan otros tipo de actuaciones tendientes a cuestionar el estado neoliberal y sus políticas de ajuste estructural y que, por tanto, representarían también prácticas nómades. Estas acciones provienen de organizaciones de base que bajo reivindicaciones diversas nuclean a distintos sectores de la población y cuyo número se ha incrementado en los últimos años. Un ejemplo de ello sería comparar su representación en las marcha de repudio en conmemoración de los 20 años de dictadura militar con aquella efectuada a los 25 años, el 24 de marzo pasado. Mientras que en la primera los diarios consignaron la participación de alrededor de 150 agrupaciones políticas, estudiantiles, barriales, sindicales y culturales, en la segunda estuvieron representadas alrededor de 203 organizaciones de índole similar (Diario Página 12, 25 de marzo del 2001).

Negri y Hardt proponen la articulación de este tipo de instancias que en distintos lugares del mundo se han conformado o están conformando a fin de cuestionar las formas de organización política existentes y de crear nuevas formas comunitarias. La aproximación entre estas instancias se daría a partir de la comunicación de sus singularidades. Ello permitirá ir creando el espacio liso de la multitud, el nuevo lugar dentro del "no lugar".

Por último, nos gustaría señalar que la escisión que se observa entre procesos de formación identitaria y ciudadanía, acaba poniendo en cuestión, ahora desde el punto de vista simbólico, los procesos de constitución de los estados nacionales. La discusión de la relación entre términos tales como estado nación, identidad única y ciudadanía, delante de los procesos políticos y culturales que estamos viviendo hoy son aspectos que precisan ser objeto de una particular reflexión. La esencialización de cada uno de estos términos y la construcción de vínculos lineales presenta, por un lado, una connotación de carácter intelectual que es la de hacer caso omiso a las nuevas formas políticas y sociales emergentes en la medida que somos participes de procesos de constitución de supraestados que contienen estados cuyos territorios albergan habitantes de distintos orígenes identitarios y, algunas veces, con varias nacionalidades. Por el otro lado, este tipo de postura presenta una connotación de carácter política en la medida que ayuda a reforzar los argumentos discriminatorios, a consolidar las fronteras para los movimientos de población y, en la medida que contribuyen a reasegurar el orden mundial actual, a agudizar las diferencias sociales.

 

BIBLIOGRAFIA

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Fuentes periodísticas: Diario Página 12 , 25 de marzo del 2001.         [ Links ]

 

 

* Trabalhos apresentado no II Colóquio Internacional de Geo Crítica. Barcelona, maio de 2001.
1 Antonio Negri es filósofo, escritor e investigador independiente – actualmente preso político en la Cárcel de Rebibbia, Roma. Desde fines de los años cincuenta y hasta fines de los setenta combinó su producción intelectual con su militancia en el "operaismo italiano". Entre su cuantiosa producción teórica, en los últimos años se destacan: Fin de siglo (1992); La anomalía salvaje. Ensavo sobre poder y potencia en B.Spinoza (1993); El poder constituyente. Ensayo sobre las alternativas de la modernidad (1.994) y en conjunto con Michael Hardt Labor of Dionysus: A Critique of the State form (1994) e Empire (2000). Michael Hardt es profesor Asociado de Estudios Literarios en la Universidad de Duke, Estados Unidos. Sus intereses intelectuales en relación a la obra de Deleuze (Gilles Deleuze: An Apprenticeship in Philosophy (1993) y sus inquietudes políticas lo han aproximado a Antonio Negri con quien escribió las dos obras ya mencionadas. Actualmente está trabajando sobre los escritos y los films de Pier Paolo Pasolini, en tanto parte de sus investigaciones sobre el modernismo y el realismo del siglo XX.
2.A partir de la teoría del poder constituyente elaborada por Antonio Negri como una alternativa radical a la modernización capitalista en la historia del mundo occidental, este autor en conjunto con Michael Hardt destacan que la profundización del desarrollo capitalista debe ser interpretada como el producto resultante de las distintas estrategias aplicadas por el capital para contener y dominar el avance de la multitud (Negri, 1992). En ese concepto de multitud en tanto poder constituyente se condensan un conjunto complejo de nociones que aluden por un lado a la idea de una potencia liberadora definida como democracia absoluta, por el otro a la fuerza de una subjetividad colectiva que nos remite a la idea spinosiana de nociones comunes y que, siguiendo a Deleuze, podemos definir como encuentro y composición de fuerzas (cuerpos y almas) en circunstancias concretas según que sus relaciones sean o no convenientes. Además el concepto de multitud contiene la noción de Marx de trabajo vivo como principal figura antagonista del capital. En ese marco, para Negri y Hardt hoy la multitud que expresa la fuerza antagónica básica del orden y dominio capitalista se encarna en la figura del proletariado social cuyo trabajo trasvasa las paredes de la fábrica convirtiendo a toda la sociedad en la fábrica que produce y reproduce la vida social. Con la formulación de esta postura los autores se inscriben en una corriente crítica, alternativa al modelo hegemónico de la modernidad occidental, planteada en el pensamiento de Maquiavelo, Spinoza y Marx, en los aportes de Nietzsche y en los de sus contemporáneos Foucault, Deleuze y Guattari.
3 En suma, según estos autores, la modernidad se acompañó de la configuración del poder imperialista bajo un vínculo desigual creado entre el estado nación europeo y sus colonias. Si fuera así podríamos suponer que esta modernidad, que concluye con la caída del Muro de Berlín, aparece como una larga duración "braudeliana" que no contempla las particularidades del proceso de descolonización desencadenado en el siglo XIX y que da origen a estados-nacionales sin proyectos de expansión colonial. Frente a este tipo de periodización basada en la historia política de Europa y Estados Unidos nos surge la duda acerca de la visión que tienen Negri y Hardt sobre otras formas de organización política no reducibles a la relación estado nación – colonias, tal el caso de los estados naciones latinoamericanos. ¿Será que, a pesar del estatus jurídico de estados naciones que tienen nuestros países, los autores no los incluyen como tales porque buscan dar cuenta de los nuevos vínculos de dependencia creados con la constitución de los países latinoamericanos y los centros de poder, particularmente Inglaterra primero y Estados Unidos después?
4 En el año 1893 el historiador Jackson Turner formula una interpretación particular de la conformación del nacionalismo norteamericano que pone el énfasis en la existencia de espacios libres y abiertos que permitieron el avance hacia el oeste. Ello contribuyó a la constitución de una sociedad norteamericana nueva y democrática, diferenciada de la europea. Negri y Hardt reconocen la importancia que el espacio abierto de la frontera estadounidense adquirió en tanto "terreno conceptual para la democracia republicana (...) La declaración de libertad tuvo sentido en un espacio donde la constitución del estado fue vista como un proceso abierto, una autorealización colectiva. Más aún, este terreno americano estaba libre de las formas de centralización y jerarquías típicas de Europa" (Negri y Hardt, 2000:168). La idea de avance sobre supuestos espacios abiertos y el carácter descentralizado del proceso de conformación de los Estados Unidos son elementos que muestran, que es en el proceso de constitución de dicho país que aparecen algunos de los antecedentes de la conformación del nuevo orden imperial. Cabe señalar que la teoría turneriana con la carga democrática y nacionalizados tuvo un importante impacto no sólo en la construcción de la comunidad imaginada norteamericana sino también latinoamericana. Algunos políticos llegaron a afirmar que la ausencia de tierras libres eran causantes de los males sociales existente en ciertos recortes estatales nacionales como el peruano (Hennessy, 1978). Para aproximarse a la influencia de la teoría turneriana en el desarrollo de la propuesta nacionalista liderada por la elite cafetera de San Pablo en la década de 1930, ver Zusman, 1997.
5 Para Deleuze y Guattari el espacio es objeto de un continuo devenir que implica desterrilorializaciones y reterritorializaciones: algunas veces las viejas estrías son sustituidas por nuevas, otras veces aquello que estaba severamente estriado se torna liso, y aquello que era liso se torna estriado. Mientras que el espacio estriado es el espacio del Estado, el de las leyes y de los principios, de los mapas y los caminos, el espacio liso es el espacio nómada, en que el movimiento no es canalizado, dirigido, sometido a las restricciones de la razón instrumental (Maski, 1998: 270-274).
6 Siguiendo a Deleuze y Guattari, Negri y Hardt reservan el término de sociedades nómades para aquellas que viven fuera del estado. La multitud sólo logrará ser autónoma en sus decisiones rechazando su control. De manera que para los autores de Empire la multitud debe tender a comportarse en forma nómade. La refutación de la normativa estatal puede realizarse no sólo a través de la migración, sino también a través de acciones de resistencia al disciplinamiento social en el lugar en que se vive.
7 .En Empire, el Imperio Romano es el contrapunto de muchas de las reflexiones apuntadas por los autores. Las semejanzas con el mismo pueden encontrarse en su constitución híbrida entre las tres formas de gobierno señaladas por Polibio para el caso del Imperio Romano: unidad monárquica del poder y monopolio global de la fuerza, articulaciones aristocráticas a través de las corporaciones transnacionales y estados nacionales; y comités de representación democrática (ONGs, organizaciones medias y otros organismos populares). Sin embargo la diferencia fundamental estaría dada por el hecho que el Imperio actual no tiene Roma, es decires decentral izado, "el cuerpo de la monarquía es en sí mismo multiforme y espacialmente difuso" (Negri y Hardt. 2000: 317). La idea de ciudadanía global es remitida también al Imperio Romano en la medida en que Negri destaca que este fue un derecho obtenido por sus habitantes durante la gestión de Caracalla (Guerra. 2000: 91).
8 .Ya desde el comienzo de la colonización ibérica se registra el éxodo de indios americanos y de africanos trasplantados como esclavos a la selva o las montañas en busca de espacios de libertad. (Argumedo, A. 1996; Moura, C. 1981). Sin duda, para esas poblaciones latinoamérica mostraba un rostro muy diferente al que vinieron buscando los inmigrantes que llegaron de Europa o Asia hacia fines del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX. En electo, durante esos años América Latina recibió a grandes contingentes poblacionales que escapaban de las persecuciones religiosas y/o políticas o del hambre al que los condenaba el sistema político y económico en sus países de origen. Y mientras que en el primer caso el éxodo tenía por objetivo encontrar lugares inexpugnables desde donde defenderse de la esclavitud y el genocidio que les reservaba la América Latina "civilizada" por el capitalismo colonial, en el imaginario de los migrantes europeos y asiáticos que llegaron hacia fines del mil ochocientos, estas tierras aparecían como el lugar en el que los pobres y perseguidos del mundo podrían finalmente volver a anclar. Sin embargo, un siglo después la tendencia del flujo comienza a revertirse y los antiguos países expulsores se tornaron en los principales receptores de los movimientos migratorios.
9 .La diferenciación entre ciudadanos con vínculos con países europeos y de aquellos que no los poseen puede interpretarse como otra forma en que en el contexto actual se "celebran" las diferencias. Parafraseando a Negri y Hardt (2000: 199). el Imperio no crea las diferencias sino toma lo dado y trabaja sobre ello. El vínculo sanguíneo –una diferenciación construida históricamente y que en el momento actual aparece como dada en la medida que algunos pueden gozar de sus beneficios y otros no – puede ser leída desde el punto de vista de los intereses de los países centrales como criterio de selección y jerarquización entre aquellos considerados más apios para adquirir la ciudadanía europea.

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