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Revista Brasileira de Ciências Sociais

versão On-line ISSN 1806-9053

Rev. bras. Ci. Soc. vol.32 no.95 São Paulo  2017  Epub 26-Jun-2017

http://dx.doi.org/10.17666/329501/2017 

Conferência

RESISTENCIA, MOVILIZACIÓN Y MILITANCIA: TENSIONES Y RECONFIGURACIONES DE LA VIDA COTIDIANA*

RESISTÊNCIA, MOBILIZAÇÃO E MILITÂNCIA: TENSÕES E RECONFIGURAÇÕES DA VIDA COTIDIANA

RESISTANCE, MOBILIZATION AND MILITANCY: TENSIONS AND RECONFIGURATIONS OF THE DAILY LIFE

RESISTANCE, MOBILISATION ET MILITANTISME : TENSIONS ET RECONFIGURATIONS DE LA VIE QUOTIDIENNE

Mabel Grimberg1 

1Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires (UBA), Argentina. E-mail: mabelgrim@gmail.com.

RESUMEN

En los últimos nueve meses, la implementación simultánea de políticas neoliberales del gobierno de “Cambiemos” en áreas claves de la vida social, ha resultado en una drástica transferencia de ingresos a los sectores concentrados constituyéndose en una vertiginosa experiencia de precarización de la vida y pérdida de derechos para los sectores populares y, al mismo tiempo, en formidables demostraciones de resistencia y movilización social. A partir de un estudio etnográfico en co-labor, esta presentación explora los desplazamientos y realineamientos de agrupamientos y movimientos populares, las estrategias, recursos y modos de acción colectiva y las reconfiguraciones de la vida cotidiana en ese contexto, incluyendo nuestra inserción como antropólogos en estos procesos.

Palabras-clave: Resistencia; Movilización social; Militancia; Vida cotidiana; Acción colectiva

RESUMO

Nos últimos nove meses a implementação simultânea de política neoliberais do governo de “Cambiemos” em áreas chaves da vida social resultou em uma drástica transferência de rendimentos aos setores concentrados constituindo-se em uma vertiginosa experiência de precarização da vida e perda de direitos para os setores populares, e ao mesmo tempo, em formidáveis demonstrações de resistência e mobilização social. Com base em um estudo etnográfico em co-labor, essa apresentação explora os desenvolvimentos e realinhamentos de agrupamentos políticos e movimentos populares, as estratégias, recursos e modos de ação coletiva e as reconfigurações da vida cotidiana nesse contexto, incluindo nossa inserção como antropólogos nesses processos.

Palavras-Chave: Resistência; Mobilização social; Militância; Vida cotidiana; Ação coletiva

ABSTRACT

In the last nine months, the simultaneous implementation of neoliberal politics by the “Cambiemos” government in key areas of social life resulted in a drastic transference of the investments to concentrated sectors. This constitutes a vertiginous experience of precarization of life and loss of rights for the poorest sectors, but at the same time of formidable demonstrations of resistance and social mobilization. Based on an ethnographic study in co-labor, this presentation explores the developments and the rearrangements of political groups and popular movements, as well as the strategies, resources, ways of collective action and reconfigurations of the daily life in this context, including our insertion in this process as anthropologists.

Key words: Resistance; Social Mobilization; Militancy; Daily life; Collective Action

ABSTRACT

Au cours de ces derniers neuf mois, la mise en place simultanée de politiques néolibérales du gouvernement de « Cambiemos [n.t. Changeons] » dans des domaines clés de la vie sociale a entraîné un transfert de revenus dramatique vers des secteurs concentrés, constituant ainsi une expérience vertigineuse de la précarité de la vie et de la perte de droits par rapport aux secteurs populaires et, simultanément, en de grandes démonstrations de résistance et de mobilisation sociale. Basé sur une étude ethnographique en co-labor, cette présentation explore les développements et les réalignements de groupes politiques et de mouvements populaires, les stratégies, les ressources et les modes d’action collective ainsi que les reconfigurations de la vie quotidienne dans ce contexte, y compris notre insertion comme anthropologues dans ces processus.

Key words: Cour Suprême Brésilienne; Independence judiciaire; Pouvoir Judiciaire; Régime Militaire

Desde diciembre de 2015 la implementación simultánea de políticas neoliberales por parte del gobierno del presidente Macri en áreas claves de la vida social, ha resultado en una drástica transferencia de ingresos a los sectores concentrados constituyéndose en una vertiginosa experiencia de precarización de la vida y pérdida de derechos para los sectores populares; y, al mismo tiempo, en formidables demostraciones de resistencia y movilización social que impactan los espacios y temporalidades de la vida cotidiana de agrupamientos políticos y movimientos populares.

En esta presentación busco realizar un primer análisis y pensar una serie de problemáticas a partir del seguimiento de los primeros diez meses de gobierno de Cambiemos,1 en el marco de un estudio etnográfico en co-labor en sucesivas etapas desde 2011; pero, y esto cabe ser resaltado, realizándose en un contexto radicalmente diferente. En ese sentido, debo plantear una disculpa, ya que, de alguna manera, toda esta presentación está marcada por la provisionalidad y sobre todo, por una subjetividad que, para ser coherentes con nuestro lunfardo, diría es “una subjetividad al palo” que nos cruza a todos, incluidos por supuesto los investigadores. Una subjetividad marcada por la incertidumbre, el miedo, la desconfianza, el enojo, y en la que los aspectos emocionales no pueden ser dejados de lado.

El marco más amplio de este trabajo son las relaciones e interacciones entre Estado y sectores subalternos, focalizando en la vida cotidiana a partir de un enfoque antropológico político centrado en la categoría de hegemonía y los conceptos de experiencia, saber y tradición. Un punto de partida conceptual es considerar que la desigualdad y la precarización social deben ser entendidas al mismo tiempo como un proceso estructural y una experiencia subjetiva (Farmer 1997; Fassin, 2007, 2009; Pollak, 1990). En tanto experiencia subjetiva, dichos procesos se corporifican simultáneamente en una diversidad de padecimientos y modos de sufrimiento social, así como en modos de interpretar, actuar y resistir individual y colectivamente (Grimberg, 2013). Se trata, entonces, de registrar no solo la forma en que los sujetos padecen, sino el modo cómo describen, interpretan, explican y se organizan, demandan, confrontan, negocian en torno de ellos.

En esta perspectiva, mi trabajo etnográfico aborda los procesos de reconfiguración de las relaciones entre Estado y sectores subalternos, entendiendo al Estado a la vez como producto cultural y productor de cultura, en un accionar que se despliega en rutinas y procedimientos burocráticos cotidianos, de construcción de representaciones que producen materialidad (Sharma y Gupta, 2006), y en una diversidad de prácticas y espacios que pueden ser mejor comprendidos desde sus “márgenes” (Das y Poole, 2004). Como una formación cultural que se desenvuelve en la historia, con múltiples alineamientos y realineamientos (Corrigan y Sayer, 1985), en la que las relaciones de hegemonía están en constante construcción y reacomodo.

En discusión con enfoques que analizan las políticas en términos de inclusión/exclusión; contención, sujeción o cooptación, y perspectivas que separan la acción política de los sectores subalternos de los procesos históricos y cotidianos, de tradiciones históricas y trayectorias sociales, interesa reconstruir las tramas de relaciones (Sigaud, 2000; 2008) a través de las cuales las políticas estatales se transforman en actividades, expectativas y sentidos que configuran procesos de demanda, organización y políticas populares (Grimberg et al., 2009; Grimberg et al., 2011; Manzano, 2013). En otros términos, entender en simultáneo el proceso de construcción y reconfiguración conjunta de modalidades de acción estatal y de actores sociales en los marcos más amplios de la construcción de hegemonías.

En este texto presento, en primer término, una serie de escenas etnográficas que considero hitos significativos para problematizar e intentar aproximarse a un proceso que va cobrando diferentes aristas, a la vez que múltiples y cambiantes perspectivas de análisis para concluir en lo que considero ser la constitución de un campo de disputa en movimiento, que no solo hace permanentemente presente en la década de los noventa, sino que nos desafía a analizar en profundidad rupturas y continuidades. Exploro a continuación, los desplazamientos y realineamientos de agrupamientos políticos y movimientos populares, las estrategias, recursos y modos de acción colectiva y las reconfiguraciones de la vida cotidiana en este contexto, incluyendo nuestra inserción como antropólogos en estos procesos.

Del desconcierto a la “bronca” y el dolor: el “aguante”2 en Plaza de Mayo

El domingo, 22 de noviembre de 2015, a partir de las 19h30, la Plaza de Mayo comenzaran a llenarse de jóvenes, de parejas, familias, grupos y agrupamientos que, con identificaciones kirchneristas, banderas partidarias o argentinas, comenzó a esperar los resultados de las elecciones presidenciales en segunda vuelta, junto a una pantalla en Bolívar y Diagonal Sur frente a Cabildo, por parlantes, radios y por la televisión en los bares de la zona.

Los resultados de las encuestas previas daban ganador a Daniel Scioli, candidato kirchnerista, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, a quien el triunfo en primera vuelta no alcanzó para llegar a ser gobierno. Pese a una serie de señales negativas en el “trabajo electoral” en los barrios y “villas”3 de la Ciudad de Buenos Aires, el Conurbano Bonaerense, y en algunas de las provincias y de un reconocimiento de “cierto desgano” durante la campaña, por parte de significativas organizaciones de militancia kirchnerista, el triunfo en segunda vuelta de Cambiemos (51,4%-48,6%) fue una sorpresa que confirmó una vez más una antigua “maldición sobre los gobernadores de la Provincia de Buenos Aires” que les impide alcanzar la presidencia.4

Con el transcurrir del tiempo y los avances de resultados parciales, el entusiasmo, los cantos, consignas y el redoble de tambores, dieron lugar a la incertidumbre, a las preguntas y a los comentarios, sobre todo, cuando los datos parciales mostraban diferencias a favor de Cambiemos en distritos o provincias en las que se descontaba el triunfo.

En el grupo en que yo me encontraba – una agrupación barrial – el entusiasmo había dejado lugar a una intensa actividad de búsqueda de información y de cálculo, que implicaba sumar, restar y multiplicar, armar cuadros en tablets, celulares y en papeles, hasta que se escuchó una brevísima aceptación de derrota y de felicitación al ganador por parte del candidato Daniel Scioli.

“Bronca” y desconfianza en algunos, certezas de fraude en otros, confirmación de cuestionamientos previos al candidato y al manejo de la campaña, desconcierto e impotencia en muchos, lágrimas en todos.

El tiempo de desconcentración fue largo y la vuelta penosa aun cuando, en el camino por momentos se escuchaban consignas cantadas como “Vamos a volver, vamos a volver” o “A pesar de las bombas y los fusilamientos, los compañeros muertos y desaparecidos. No nos han vencido, no nos han vencido” y otras. Como dijo Martin, militante de nivel medio de la agrupación kirchnerista Movimiento Evita, “este 22 de noviembre de 2015 pasará a la historia como el día en el que la derecha regresó al poder en la Argentina por el voto”. Mientras otro militante afirmaba “es importante estar acá hoy, mañana tendremos todos que ver qué se hizo, qué hicimos mal y empezar a trabajar para defender lo que se consiguió y ver como remontamos para el 17”.5

De la bronca al bajón:6 críticas, acusaciones y rupturas

La “derrota”, tal como distintas organizaciones definieron el resultado electoral en documentos internos y manifestaciones públicas, agudizó un proceso previo de tensiones y cuestionamientos al interior del gran arco del Frente para la Victoria.7 Tensiones, cuestionamientos y disputas que fueron intensificándose pese a los sucesivos intentos organizativos durante el gobierno de Néstor Kirchner, o la constitución de Unidos y Organizados8 en 2012 como modo de hacer entrar, encausar y evitar las disputas entre los distintos agrupamientos (peronistas y de otras procedencias) identificados con el Frente para la Victoria. Estas tensiones se manifestaron en las críticas al estilo de liderazgo de Cristina, al papel y poder dado a La Cámpora9 por el gobierno, a las “traiciones” y realineamientos de intendentes municipales de la Provincia de Buenos Aires y de gobernadores provinciales a partir de la ruptura y conformación del Frente Renovador en el año 2013.

Las referencias a los “burócratas del PJ” (Partido Justicialista), o a los “burócratas sindicales haciendo paros a Cristina” actualizaron antiguas categorías dicotómicas del peronismo, en especial “leales” y “traidores”, haciendo visibles las fragilidades y vulnerabilidades del armado político durante los años 2014 y comienzos de 2015. Estas tensiones se pusieron notoriamente de manifiesto en el período previo y posterior a las Paso (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias)10 durante la primera parte del 2015 para definir candidaturas y listas, sobre todo en relación a la candidatura presidencial y la definición de los candidatos en la provincia de Buenos Aires. Este proceso se agudizó luego con el triunfo de Cambiemos en la Provincia de BsAs y la necesidad de segunda vuelta.

Este estado de tensiones y “bajones” no impidió, sin embargo, la masiva despedida a Cristina en la Plaza de Mayo el 9 de diciembre de 2015; pero, como veremos, comenzó a cristalizarse en rupturas a partir del cambio de gobierno.

Hitos de un huracán

Coherente con la conformación del gabinete – todos los funcionarios de Hacienda y Finanzas, Economía, Producción, Energía, Transporte, Banco Central etc. son neoliberales ortodoxos relacionados con el sector financiero internacional o directores ejecutivos de empresas multinacionales –, el gobierno de Cambiemos inició un raid vertiginoso de medidas. Solo para contextualizar:

  • 1) Liberación del dólar y devaluación de la moneda de alrededor de 40%, impactando en los precios internos, produciendo un alza inflacionaria en aumento y favoreció a los sectores exportadores concentrados; 2) política de financiación a través de la emisión y suba de tasas de las Letras del Banco Central (LEBACs); 3) anulación o disminución de retenciones agropecuarias y mineras; 4) pago a los fondos buitres y la emisión de deuda para el pago.

  • Una agresiva embestida gubernamental directa fue una primera ola de despidos de trabajadores y trabajadoras del estado a nivel nacional y provincial. Según la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) habría unos 15.200 despidos si se suma los que se produjeron a nivel nacional, en distintas provincias y en municipios. En todos los casos, le siguió la contratación de cargos intermedios y de jefatura con altos sueldos. A esto se sumaron suspensiones y despidos en el sector privado de más de 140.000 trabajadores de distintas ramas de la industria. En su mayor parte se acompañaron de la desactivación o desaparición de áreas y programas estatales vinculados con las políticas sociales previas de inclusión como Agricultura Familiar, Prevención y Promoción de la salud, Programa de educación sexual integral (se despidió un tercio del personal), Prevención y protección de la violencia de género, Protección de testigos en las causas de lesa humanidad (derechos humanos), Procrear (créditos sociales para vivienda), Crecer (subsidios a la educación) etc.

  • En simultáneo, redujeron los impuestos de autos alta gama y camionetas 4x4 y se levantaron las protecciones a importaciones de productos suntuarios (perfumes cosmética) e industriales en los rubros textiles, calzados, electrónica, alimentos competitivos con la industria local.

  • A partir de marzo el “tarifazo”, es decir aumentos de las tarifas de servicios públicos de luz, gas y agua que volvió a incidir en la espiral inflacionaria, afectó el poder adquisitivo de los trabajadores, a distintos sectores de “cuentapropistas”, empresas pequeñas y medianas (Pymes) y comercios pequeños y medianos, incluido un gran sector de cooperativas a partir de empresas recuperadas y emprendimientos autogestivos de distintos tipos, que ya habían estado impactados por las medidas anteriores.

Estas medidas se constituyeron en una enorme transferencia de ingresos a los sectores concentrados.11 La inflación de más del 40% anual durante el primer semestre implicó una reducción del 12% en el salario real de los trabajadores registrados del sector privado, con lo cual, sin datos precisos, se presume que es mucho mayor para asalariados no registrados. La inversión cayó 4,2% y la fuga de capitales alzó a 5.885 millones de dólares en el primer semestre del año. La contracción del consumo privado, la inversión y la reducción de la obra pública en un 27,2% en términos reales y las exportaciones en un 2,6% en el primer semestre, especialmente de los bienes industriales, sumergieron a la economía argentina en una profunda recesión que continúa profundizándose (Cifra-CTA, ago. 2016).

Para finalizar este punto, me interesa destacar que este proceso se constituyó en una vertiginosa experiencia de precarización de la vida y pérdida de derechos para los sectores populares, y al mismo tiempo, en formidables demostraciones de resistencia y movilización social.

Iniciativas, ofensivas y resistencias

Sin embargo, no solo es una cuestión de una vertiginosa experiencia de precarización de la vida y pérdida de derechos, desde el inicio de su gobierno Cambiemos desplegó una serie de prácticas que pueden identificarse como violencia institucional sobre trabajadores del Estado, en especial de educación, salud, vivienda, agricultura familiar, ciencia y técnica; cooperativas de trabajadores informales generadas por programas de inclusión social como “Argentina Trabaja” y “Ellas hacen”; sectores campesinos organizados y comunidades y movimientos indígenas encuadrados en programas sociales; pequeñas y medianas empresas; trabajadores de medios de comunicación no concentrados; entre otros los principales.

Estas prácticas se acompañaron de un agresivo, violentísimo, discurso hacia el gobierno anterior centrado en “la pesada herencia” y la corrupción, en el “se robaron todo”, en un despliegue de denuncias mediáticas y judiciales contra funcionarios de distintos niveles y la ex presidenta. “El país vaciado”, “el país fundido”, “la mentira del bienestar”, fueron las principales apelaciones discursivas con que los funcionarios gubernamentales recorrieron los medios de comunicación.

Para los trabajadores y trabajadoras estatales de los niveles nacional, provincial o municipal, implementaron un formato de despidos sorpresivos masivos combinado con anuncios ambiguos sobre números variables de “personal excedente” y de no renovaciones de contratos. En este formato se incluyeron repertorios variados como llegar al trabajo, encontrar un guardia de seguridad que con una lista indicaba quiénes podían entrar y quiénes no, y luego recibir un telegrama de despido después de varios días de intentar sin éxito entrar o lograr información. O dejarlos entrar y al llegar a su oficina, encontrarse con telegramas de despido y computadoras abiertas.

Estas oleadas de despidos estatales fueron acompañadas de una ofensiva mediática en la que altos funcionarios de los distintos organismos públicos circulaban por programas de los medios concentrados argumentando y señalando a los trabajadores como: “ñoquis”,12 para sostener que “no trabajan”, “concurren pocas horas”, “hay exceso de personal para una sola tarea”, “no son trabajadores, son todos militantes”, oponiendo militancia y política al mérito propio, y cuestionando no solo las contrataciones, sino los concursos realizados por el gobierno anterior. Una célebre frase del ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay “hay que limpiar la grasa militante” produjo un escándalo mediático. Aclaro que grasa es un término muy connotado, muy despectivo, fue un término de los años 40s y sobre todo durante los dos gobiernos peronistas (1946-1952-1955) que usaron las clases medias y altas para referirse a los pobres, los “cabecitas negras” que venían del interior a buscar trabajo, en realidad los “grasas” eran los trabajadores que se identificaron con el peronismo y que Eva Perón transformó en positiva (“mis grasitas”).

Ahora bien, los despedidos no solo tuvieron que resistir al despido, sino confrontar violentos argumentos denigrantes y demostrar públicamente su mérito como trabajadores y trabajadoras, a la vez que defender las políticas de inclusión que gestionaban. Como parte de las respuestas, aquellos agremiados en la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) realizaron ocupaciones de lugares de trabajo, llamados a los medios de difusión; actos y marchas, recorridas por distintos medios TV y radios.

Más allá de las argumentaciones me interesa señalar aquí que las denuncias mediáticas de los trabajadores y trabajadoras incluían una exposición personalizada de sus temores, sus incertidumbres y su dolor, irrupciones de llanto y pedidos de disculpas explicativos como “me quebré”. Los cuerpos sufrientes, los sentimientos y las emociones se constituyen en un espacio desde el cual demandar, en términos de hablar y ser escuchado, en una forma de denuncia de y apelación al Estado, y al mismo tiempo, en una convocatoria a la solidaridad de los pares, de otros trabajadores y de organizaciones de distinto tipo (Das, Kleinman y Lock, 2002; Fassin, 2003; Grimberg, 2013; 2014). Un aspecto a destacar es que los procesos de resistencia y movilización involucran y ponen en juego el conjunto de las dimensiones de la subjetividad, incluyendo las emociones como dimensión clave que impregna y matiza los procesos de movilización y la conformación de nuevas demandas y colectivos (Fernández Álvarez, 2011). Por eso, más que discutir el papel de las emociones o abordarlas desde la preocupación por las motivaciones de la acción colectiva, considero de mayor aporte captar el conjunto, la multiplicidad y complejidad de recursos que sujetos y colectivos ponen en juego cotidianamente.

Resulta posible entonces, entender cómo la resistencia a los despidos requería, en este caso, una confrontación con construcciones que oponen trabajo a (y) política, trabajadores a (y) militancia con un claro sentido denigratorio y estigmatizante tanto de la política como de la militancia, bajo la nominación de “ñoquis”. Al mismo tiempo, reconocer que esta confrontación se realiza desde y también contra los marcos de un lenguaje, el lenguaje de la contienda, como propuso Roseberry (2007), de larga data, construido, apropiado y reelaborado a partir de los márgenes de las luchas y los límites e intersticios de procesos más amplios de construcción de hegemonía (Grimberg, 2009). La defensa del trabajo y la lucha contra los despidos se conforma así, en un primer eje unificador de sectores y agrupamientos constituyendo un campo de disputa en movimiento.

Rupturas, alineamientos y realineamientos

Una característica sustantiva de este campo de disputa es la emergencia de un proceso simultáneo de rupturas, alineamientos y realineamientos de fuerzas políticas y de “unidad en la calle”. Me refiero en particular a las rupturas en el espacio electoral K del Frente para la Victoria desencadenadas a partir del cambio de gobierno por gobernadores provinciales, jefes municipales, integrantes de bloques legislativos, que se alinearon con mayor o menor explicitación a las políticas de Cambiemos. Este proceso de ruptura es más visible en los bloques legislativos que han facilitado entre otras, la aprobación de leyes como el pago a los fondos de capital de riesgo o fondos de inversión libre (holdouts, “fondos buitres”) impulsada por el Poder Ejecutivo que autorizó la emisión de deuda por 12.500 millones de dólares y otras posteriores13, y un sin número de otras leyes como las de “blanqueo” de capitales, de presupuesto 2017 para nombrar algunas muy significativas.

En paralelo, la “unidad en la calle” fue cobrando cuerpo en la movilización. Enumero muy sintéticamente algunos hitos: el Primer Paro Nacional y Marcha del 24 de febrero de 2016 convocados por las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTAs),14 en la que participan sectores sindicales de trabajadores del sector privado integrantes de la CGT,15 y organizaciones políticas y sociales16 que agrupan a sectores de “economía popular”; la Marcha por San Cayetano, patrono del trabajo, el 6 de agosto organizada por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) con el acompañamiento de las dos CTA, gremios enrolados en la CGT, el PJ y sectores vinculados a la Pastoral Social de la Iglesia Católica; la Marcha Federal del 31 de agosto al viernes 2 de setiembre “para terminar con el tarifazo, los despidos y el ajuste” y en la que se destacó la participación de las Madres de Plaza de Mayo y de los organismos de Derechos Humanos. Parte de estos nuevos realineamientos es la movilización conjunta de sectores kirchneristas y agrupamientos opositores durante los gobiernos K como Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa, y otros grupos.

En estos meses de resistencia y movilización se han actualizado y reelaborado estrategias y recursos como la Marcha Federal que fue realizada por la CTA en el gobierno menemista, los corte de calle (piquetes), las ocupaciones de espacios públicos (acampes). A su vez, se han transformado acciones como los “cacerolazos” y sus connotaciones de clases medias, en los “ruidazos” simultáneos en distintos lugares contra el aumento de tarifas de servicios públicos, o la puesta de 1000 ollas populares simultáneas en todo el país. Quizás lo más novedoso es la masificación de campañas de firmas por medios digitales, los pedidos de adhesión por mail y las acciones de amparo judicial – cautelares – realizadas estas últimas contra el “tarifazo” que lograron volver atrás los aumentos indiscriminados de gas y luz. Otro recurso importante es la invitación a las pequeñas y medianas empresas a participar en acciones contra el “tarifazo, la desactivación de las áreas y programas sociales del Estado o la baja de aranceles a la importación.

Si bien el crecimiento de la resistencia a las políticas neoliberales del gobierno de Macri ha estado acompañada de un significativo aumento de la violencia institucional, esta se manifestó desde su inicio en diciembre de 2015, con la detención de dirigentes y militantes de la organización Tupac Amuru que efectuaban un acampe en la plaza de Jujuy en reclamo de las partidas para los proyectos de vivienda que se estaban desarrollando. La detención de Milagro Sala y de otros militantes comenzó como uso del espacio público y alteración de orden, delitos excarcelables, para pasar luego a la apertura de causas por uso indebido de fondos, a partir de allanamientos filmados por los medios de comunicación en los que “aparecen” bolsos de dinero en efectivo.

Estas prácticas se han prolongado con los ataques a militantes y a locales de agrupaciones, la persecución y tortura de jóvenes de barrios y villas, amenazas y “aprietes” a grupos o personas como médicos, maestros, periodistas que acompañan las demandas y acciones de resistencia, el espionaje de computadoras y papeles de los empleados del Estado, la conformación de un centro de información con teléfonos, mails y demás datos, y la implementación a nivel de escuelas de búsqueda de información encubierta por sistemas de evaluación. Esta violencia institucional cotidiana, las incertidumbres, las “pérdidas”, la experiencia de desigualdad impactan de maneras diversas en la subjetividad, corporificándose en padecimientos y variados modos de sufrimiento social (Das, Kleinman y Lock, 2002).

Estrategias de vida, reconfiguraciones de la vida cotidiana y militancia

Abordo por último, una serie de transformaciones significativas en la vida cotidiana en este contexto, incluyendo nuestra inserción como antropólogos. La simultaneidad, intensidad y continuidad de nuevas medidas han modificado los tiempos y espacios de la vida cotidiana, incluyendo en ésta la cotidianeidad de las prácticas políticas.

Algunos de los cambios son el despliegue de nuevas estrategias de compra y consumo relacionadas con la pérdida de poder adquisitivo de trabajadores asalariados y sectores de clases medias, visibles en los movimientos y circulaciones en el espacio barrial. Entre estas estrategias familiares se encuentran: comprar solo en días de ofertas, realizar recorridos más extensos “buscando precios”, programar compras familiares en el Mercado Central. Al mismo tiempo se han actualizado la organización de compras colectivas entre vecinos al Mercado Central o en mercados y ferias del Gran Buenos Aires, que caracterizaron los “rebusques”17 de la crisis de los noventas. A estas estrategias se suman organizaciones políticas que implementan sistemas de compras en algunos casos, y reparto de bolsones en otros.

Diferentes organizaciones políticas han reabierto sus comedores de la década de los noventa, cerrados entre 2004 y 2005, o han generado nuevos. Ha aumentado drásticamente el número de niños en comedores escolares del sistema de educación pública. Se han multiplicado los comedores de iglesias y ONGs en los que resulta notorio el aumento del número de familias.

Otro aspecto que reactualiza la crisis de los noventas es el cambio en el paisaje cotidiano en barrios de clase media; me refiero al cierre permanente de comercios de todo rubro, afectados por la baja del consumo y los aumentos de tarifas, que impactan en la iluminación y el movimiento de gente en las calles, imponen cambios en los horarios de salida y regreso, a la vez que generan sensación de inseguridad y construcciones de miedo.

Para los sectores militantes además de los aspectos comunes, estos diez meses significaron cambios sustanciales en su vida cotidiana, para quienes estaban incorporados a áreas del Estado, implicó despidos, no renovaciones de contrato, buscar nuevos trabajos, enfrenar construcciones estigmatizantes. Para otros, la “derrota” y “pérdida” constituyeron categorías de discusión y uso cotidiano en el análisis y la práctica política, la obligación de enfrentar el dolor y la bronca para sostener espacios o grupos.

Independientemente de la inserción y los grados de compromiso político, para una mayoría entre la que me incluyo, se ha instalado y se mantiene, una continua actividad cotidiana de participación en concentraciones y marchas, de adherir a algún reclamo, difundir una solicitud de firma o convocatoria, realizar una denuncia, ya sea por estar afectados directa o indirectamente por el despliegue de estas políticas, o por ir acompañando a los sujetos con los que realizamos nuestras etnografías. Es un tiempo de estar pendientes y tener que leer, escuchar, trasmitir y “poner el cuerpo”. En este sentido, el espacio y el tiempo de trabajo familiar, pasan a ser espacios y tiempos de resistencia y movilización. Más que ir a una marcha, tendríamos que hablar de estar en movimiento, recuperando la noción de política en movimiento para mostrar cómo sectores subalternos se desplazan y re-crean espacios para la acción política propuesta por Manzano (2011), a la vez que activan experiencias y tradiciones históricas y cotidianas, y aprendizajes de la lucha colectiva (Grimberg et al., 2011).

En este contexto, el carácter político de la vida cotidiana cobra no solo visibilidad, sino cuerpo, una materialidad concretada en “poner cuerpo, sangre y saliva”, remitiendo a un cuerpo presente, en movimiento, y a hablar, discutir, convencer, sostener los sentimientos y las emociones de diverso carácter: el miedo, la “bronca”, el “bajoneo”. Desde esta perspectiva el cuerpo no solo emerge como producto de formas históricas de vida y de trabajo, o como objeto disciplinario, de normalización y control de políticas, sino como principal agente de la experiencia cotidiana (Csordas,1994) y en este sentido de la política y las prácticas políticas (Grimberg, 2013).

Para entender algunas aristas de la militancia haré una pequeña recuperación histórica. A partir de mediados de los noventa la militancia se articuló en torno al problema del trabajo desarrollando Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD) de distintas orientaciones y tradiciones políticas y comedores barriales, en el marco de “políticas focalizadas” que respondían a líneas de créditos de organismos internacionales. Los fondos de estos “programas” estaban gestionados por los niveles municipales y, en menor medida, por los gobiernos provinciales. A través de fuertes movilizaciones, gran parte de estos movimientos y comedores lograron comenzar a gestionar programas y fondos a finales de 1999. Estos programas requerían formular proyectos a partir de modelos standarizados de programación y control, prever ciertas contraprestaciones de trabajo y tareas diversas, explicitar ciertos dispositivos de “capacitación” de las organizaciones, así como mecanismos de tramitación periódica de reasignación de beneficiarios etc.

Si bien estas políticas estatales moldearon tanto los objetos de la demanda como los caminos a transitar, la gestión de estos programas se constituyó en principal motor de crecimiento de las organizaciones y en impulso sostenido de los procesos de movilización social. Un aspecto a tener en cuenta es que estas prácticas combinaron procesos de movilización, de demanda y negociación de “planes” con los distintos niveles del Estado, con múltiples actividades de sostén de la vida cotidiana en áreas como trabajo, salud, educación etc, a la que acompañaron con construcciones discursivas que hacían eje en el “trabajo digno” y la “dignidad social”, y en la vinculación simbólica entre movilización y logro, entre “lucha” y “conquista” que permitió configurar tanto el objeto como el medio de la demanda en derecho político.

Cabe resaltar entonces, que en torno de estos programas se configuró un campo de disputa que permitió el despliegue de una multiplicidad de prácticas como capturar recursos, apropiar y reelaborar significados frente a las estrategias políticas gubernamentales, desarrollar ciertas iniciativas propias, extender la capacidad de gestión de áreas claves de la vida social. En este sentido contribuyó a fortalecer el arraigo territorial, la experiencia en gestión de recursos y la capacidad de negociación de los movimientos y organizaciones políticas con los distintos niveles del Estado.

El gobierno de Kirchner inauguró una etapa de crecimiento de la economía cercana al 8% anual, que estuvo acompañado de una recuperación de la participación de los trabajadores en el PBI basada en el crecimiento del empleo. A la implementación de políticas económicas activas se sumaron líneas de créditos para microemprendimientos y para cooperativas de empresas recuperadas, en el marco de programas orientados a promover “formas asociativas y de trabajo autogestivo” para la generación de empleo. En este contexto, se rediseñaron las modalidades de intervención estatal vinculadas al gasto social, con la expansión de la cobertura previsional y la implementación de la Asignación Universal por Hijo para Protección Social.

Ahora bien, a partir del año 2004 el gobierno de Kirchner convocó a militantes y movimientos sociales a incorporarse a organismos del Estado para el desarrollo y ejecución de diversos programas sociales. Esta incorporación generó posiciones contrapuestas, fraccionamientos y la emergencia de un marco opositor que afirmó su autonomía. Es en este marco que a partir del 2005 comienza a emerger un discurso que hace eje y recupera el papel de la militancia, en especial joven, para la “construcción de un proyecto nacional”. Así, mientras perdían visibilidad los movimientos de trabajadores desocupados, fueron creciendo organizaciones políticas fundamentalmente incorporando jóvenes.

El proceso iniciado entró en confrontación con históricas construcciones simbólicas. Durante los años setenta la palabra militancia presentaba diferentes sentidos en tensión que la oponían a “trabajo”; en los espacios universitarios aparecía como opuesta a “estudio” y a la “carrera” académica o profesional; en otros espacios se redefinía en oposición a la familia y a los hijos. En cualquiera de los sentidos remitía a “sacrificio”, “disciplina” etc.

A partir del gobierno de Isabel Perón (1 de julio de 1974 a 24 de marzo de 1976) y luego con la dictadura cívico-militar (24 de marzo de 1976 a 10 de diciembre de 1983) la militancia fue constituyéndose en un “otro peligroso”, equiparada con el “terrorismo” y los sujetos identificados como “delincuentes subversivos”. Estos sentidos se mantuvieron durante el gobierno de Alfonsín (10 de diciembre de 1983 -8 de julio de 1989) que homogeneizó Terrorismo de Estado con militancia bajo la “teoría de los dos demonios”. Durante el gobierno de Menen comienza a cobrar sentido positivo en el marco de la crítica a los políticos, la corrupción, el clientelismo etc.

Desde los sucesos del 2001 y el proceso posterior de constitución de asambleas populares entre el 2002 y el 2003, las tensiones de sentido separan a asambleístas/vecinos y “militantes de partidos”. Se afirman, sin embargo, sentidos positivos que abren otras dimensiones como: los procesos de transformación de los sujetos a través de la militancia, la formación de valores como los de la solidaridad, el sacrificio, la valentía; la construcción de colectivos, la militancia como forma de lucha y de conquista.

Las políticas kirchneristas reforzaron este sentido positivo proponiendo “el trabajo militante” por un proyecto político que se presenta como receptor de las demandas populares; serían entonces los militantes, principalmente jóvenes, quienes deben llevar adelante y garantizar la efectivización de esas políticas. En este sentido, las prácticas y apelaciones diluyen las diferencias entre políticas estatales y militancia. Así, en las principales empresas estatizadas, en los cargos políticos importantes y en la gestión de programa de distintas áreas, se incorporaron organizaciones o militantes a nivel individual, en distintas responsabilidades.

Esta emergencia de la militancia se ha expresado de manera particular en los ámbitos universitarios, a través de la creación de espacios político militantes entre docentes-investigadores y organizaciones o movimientos sociales, a partir de prácticas de co-labor en procesos de demandas y construcción de derechos con una multiplicidad de colectivos. Estas prácticas visibilizaron las capacidades y aportes de las ciencias sociales en la resolución de una diversidad de problemáticas afrontadas por grupos migrantes, movimientos indígenas, empresas recuperadas, sectores de economía popular, entre otros, a la vez que fortalecieron demandas de asesoramiento, peritajes y otras modalidades de transferencia por parte de movimientos, organizaciones sociales y áreas del Estado.

Ahora, durante los últimos años, el Estado fue el principal empleador de graduados en ciencias sociales, ya sea por la apertura de universidades o nuevas sedes en el Conurbano Bonaerense y en el interior del país, que permitieron su incorporación en un número elevado, ya por la creación o ampliación de programas sociales de nivel nacional, provincial y municipal que supuso una puerta de entrada en áreas como justicia, salud, educación, vivienda, agricultura familiar, etc. Al mismo tiempo, los aumentos presupuestarios permitieron becas para los posgrados y subsidios a la investigación que promovieron el crecimiento de equipos y la formación de recursos humanos, y en el caso del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) una sostenida oportunidad de ingresar a la carrera para aproximadamente ochocientos investigadores por año. Todo ello resultó en la producción de una masa crítica altamente formada con una significativa experiencia de “activista”

Durante el 2016, estas puertas se cerraron al desactivarse áreas y programas estatales, despedir personal de planta, no renovar contratos, no ejecutar partidas presupuestarias y aprobarse un presupuesto que redujo un 35% en el monto general de Ciencia y Técnica respecto del presupuesto aprobado para 2016 que ha dejado fuera al 60% de ingresantes a la carrera de investigador del Conicet aprobados por las diferentes instancias evaluadoras del organismo, y sumado una lucha específica a la que ya venían realizando las distintas organizaciones de becarios e investigadores durante este año.

Consideraciones finales

Muy brevemente como una primera reflexión, considero que estamos frente a un tipo de neoliberalismo cuya lógica empresarial no se agota en los directores de empresas multinacionales en el cargo de ministros y secretarios de estado, sino en una gubernamentalidad neoliberal que despliega dispositivos tendientes a reforzar normas de competencia y mérito en todos los ámbitos de la vida social, como un principio ordenador y disciplinador que impone una dinámica de exclusión social, polarización social y aumento de la desigualdad, en un marco de sistemática intensificación de la violencia institucional y la inseguridad social.

Ahora, en estos diez meses del gobierno de Cambiemos cobraron visibilidad una variedad de formas de resistencia y movilización social de una multiplicidad de sectores y colectivos. En este proceso se reactualizaron modalidades de acción y repertorios de tradiciones políticas que pueden rastrearse desde finales de los sesenta, así como la emergencia y generalización de formas de denuncia y convocatoria a través de medios de comunicación independientes y comunitarios, así como o de redes online.

Al mismo tiempo, se visibiliza una agudización de tensiones y rupturas que se expresan en un escenario de alineamientos y realineamientos de fuerzas políticas y una simultánea confluencia de “unidad en la calle”. Más importante resulta destacar que estos procesos de demanda, los cortes, ocupaciones y movilizaciones sociales, se traman con actividades laborales y sociales que intentan responder de manera colectiva a necesidades cotidianas de la vida. En esta perspectiva considero que tampoco estos procesos pueden ser mirados solo en términos de resistencia u oposición a políticas gubernamentales, una mirada de conjunto permite reconocer relaciones e interacciones con el Estado, demandas, vínculos, negociaciones en un móvil proceso de transacción, según momentos y políticas, a través del cual se moldean demandas y estrategias colectivas, a la vez que se reconfiguran políticas y acciones estatales.

Por último, una reflexión sobre los desafíos de una etnografía en co-labor. Además del estar ahí etnográfico, en una interacción continuada, participando de la cotidianeidad de la vida de sujetos y grupos, esta modalidad de investigación posibilita construir una relación entre pares, avanzando en modos de análisis conjunto con organizaciones y agrupamientos de distinto carácter que fortalecen sus demandas y estrategias de acción.

Desde un punto de vista teórico, posibilita, ir más allá de las propuestas de los enfoques de acción colectiva o de movimientos sociales que tienden a homogeneizar discursos y prácticas o centrarse en el papel de líderes, militantes o especialistas. En esta línea, desplazar la mirada de la organización de la acción, de los momentos de conflicto y movilización permite captar en profundidad la trama de relaciones cotidianas entre distintos actores y la dinámica de tensiones, disputas, fracturas y alianzas del campo político y social.

Aporta a cuestionar interpretaciones reduccionistas y complejizar los procesos y relaciones en estudiar, salir de visiones normativas sobre los sectores subalternos como las encerradas en los conceptos de autonomía/heteronomía, cooptación. Al mismo tiempo dimensiona la vida cotidiana como espacio en el que se entretejen relaciones sociales y compromisos, se configuran y confrontan lealtades, se despolitizan y politizan problemas, se separa y “reunifica” vida y política, en otros términos, se traban los procesos de hegemonía y se despliegan múltiples procesos de resistencia.

En este línea creo que se afirma la potencialidad de enfoques relacionales que recuperen y articulen en el análisis las modalidades de prácticas sociales y políticas históricas y las experiencias de vida cotidiana, de manera a entender procesos sociales y subjetivos, y en particular, tanto la multiplicidad como la fragmentación de acciones y sentidos simultáneamente comprometidos en un campo más amplio de disputa y transacción. Y, sobre todo, generar un conocimiento que, además de dar cuenta de las problemáticas, nos permita como protagonistas la construcción de herramientas de control y transformación de nuestras condiciones de vida.

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1 “Cambiemos” es una alianza entre Propuesta Republicana conocida por su sigla PRO, conformada en 2015 con la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica con la que ganó las elecciones presidenciales por medio de balotaje y las gobernaciones de tres provincias (Buenos Aires, Jujuy y Mendoza). Cabe aclarar que en 2007 y 2011 el PRO ganó la Jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, con la candidatura de Mauricio Macri.

2 Utilizaré las categorías en uso entre comillas. “Bronca” en los sectores populares de Argentina y en la militancia se usa como enojo muy intenso, rabia, ira. En 1970 el dúo rockero Pedro y Pablo (Miguel Cantilo y Jorge Durietz,) compusieron “La marcha de la bronca” contra la dictadura autodenominada “Revolución Argentina” (1966-1973). “Aguante” es un término popular proveniente del futbol, usado por la militancia para explicitar apoyo, sostener, acompañar, “bancar” un/a dirigente, una política etc.

3 Villas en Argentina son modalidades de hábitat autoproducidas por los sectores populares desde 1930 en adelante aproximadamente, frente a las imposibilidades de acceso al suelo y la vivienda en áreas metropolitanas. Se constituyeron en un emblema de resistencia y lucha por la permanencia en la ciudad enfrentando sistemáticas políticas de erradicación. A partir del proceso de recuperación de derechos políticos y sociales iniciado en 1983, las políticas fueron cambiando, muy lentamente, hacia la radicación, la urbanización (servicios, apertura de calles, construcción de viviendas) y la regularización dominical. Hasta hoy el proyecto exitoso de urbanización ha sido solo Villa Palito en La Matanza, bajo gobiernos kirchneristas.

4 En efecto desde la etapa de organización estatal a partir de 1880, jamás un gobernador de Buenos Aires llegó a presidente.

5 En 2017 se realizarán elecciones parlamentarias.

6 “Bajón” tiene muchos usos, aquí está utilizado como tristeza.

7 El Frente para la Victoria es el armado político constituido por distintas organizaciones peronistas, socialistas, comunistas, radicales y otras, identificadas con las políticas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

8 Unidos y Organizados se funda en el año 2012 a partir de una convocatoria realizada por Cristina Fernández de Kirchner en un acto conmemorativo del Día Internacional de los Trabajadores. Fue integrada entre otros por agrupaciones como La Cámpora, el Movimiento Evita, La Corriente Nacional de la Militancia, el Partido Comunista, la Juventud Peronista, Nuevo Encuentro, el Frente Transversal, M.I.L.E.S., Kolina, el Partido Comunista (Congreso Extraordinario), el Peronismo Militante, La Martín Fierro, el Partido Humanista y otras.

9 La Cámpora es una organización fundada durante el kirchnerismo, fundamentalmente integrada por jóvenes, entre los que se encontraban entre otros, Máximo Kirchner (hijo mayor de Néstor y Cristina Kirchner), Mariano Recaldeex, presidente de Aerolíneas Argentinas, Axel Kiccilof, ex ministro de economía.

10 Las Paso fueron creadas en el 2009 por la Ley Electoral n. 26.571. En ellas se definen los partidos habilitados a presentarse a las elecciones nacionales (deben reunir el 1,5% de los votos válidamente emitidos en el distrito) y la lista que representará a cada partido político.

11 Esta puede ser vía transferencias directas – financiadas por el Estado a través de emisión monetaria o modificación de la política de recaudación y gasto fiscal – y como transferencias indirectas – desde los sectores de ingresos fijos hacia el sector empresario vía shock inflacionario. Durante los primeros cinco meses del gobierno de Cambiemos la transferencia de ingresos alcanzó los 281.106 millones de pesos, equivalente a casi 19.383 mil millones de dólares actuales. Esta suma equivale a 1.762 dólares por trabajador ocupado; 451 dólares por habitante y 160 millones de dólares por día. Al comparar el monto de la transferencia con el Presupuesto anual para 2016 de la Administración Pública Nacional, se observa que es 75% superior a la partida anual destinada a Obras Públicas (inversión real directa más transferencias de capital); más que duplica el Presupuesto Nacional destinado a Educación y Cultura (destinado principalmente a financiar el funcionamiento de las Universidades Nacionales) y supera en un 9% al Presupuesto Nacional de Educación y Cultura, Salud, Vivienda, Ciencia y Técnica y Agua Potable y Alcantarillado en su conjunto. Cifra – CTA, ago. 2016.

12 “Ñoquis”: trabajadores formales que no cumplen con su trabajo, sobre todo se utiliza para trabajadores estatales.

13 Mientras el 15 de marzo se desarrollaban movilizaciones frente al Congreso contra este proyecto de ley, la Cámara de Diputados lo aprobaba con el apoyo de 17 diputados que rompen con el Frente para la Victoria, otro tanto ocurrió luego en el Senado con la separación y apoyo de 26 de los 42 legisladores.

14 La CTA se conforma en 1996 disconforme con la posición negociadora de la Confederación General del Trabajo frente al gobierno de Carlos Menem. A partir del 2010 se separan en CTA y CTA autónoma, por diferencias frente al gobierno kirchnerista.

15 Entre otras delegaciones de la Unión Ferroviaria, del Sindicato de Aceiteros, del Neumático, Aeronáuticos, de los hospitales públicos, telefónicos, gráficos, metalúrgicos.

16 Entre ellas: Movimiento Evita, Barrios de Pie, el Movimiento Político Los Pibes, del partido MILES-FTV, el MST, el MAS, el Movimiento Octubre, el Movimiento Martín Fierro, el Peronismo Militante.

17 “Rebusques” y “rebuscárselas” en este caso: ingenia

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Conferência proferida no 40º Encontro Anual da Anpocs, Caxambu, MG, 27 out. 2016.

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