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Tempo Social

Print version ISSN 0103-2070On-line version ISSN 1809-4554

Tempo soc. vol.29 no.1 São Paulo Jan./Apr. 2017

http://dx.doi.org/10.11606/0103-2070.ts.2017.107321 

Artigos

La nación en la cancha: un diálogo comparativo entre los relatos nacionales argentinos y brasileros durante la Copa del mundo Brasil 2014

A nação no campo de jogo: um diálogo comparativo entre discursos nacionais argentinos brasileiros durante a Copa do Mundo de 2014

The nation at the stadium: a comparative dialogue between Argentine and Brazilian national during the World Cup 2014

NICOLAS CABRERA1  2  3 

1Licenciado em Sociologia pela Universidad Nacional de Villa María,

2especializando em Criminología na Universidad Nacional de Quilmes.

3Doutorando em Antropología na Universidad Nacional de Córdoba, é pesquisador bolsista do Conicet. Também foi bolsista doutorando sanduíche pela Faperj. E-mail: nico_cab@hotmail.com.

Resumen

En el presente trabajo buscaremos retomar el dialogo entre el fútbol y los nacionalismos desde una estrategia metodológica un tanto disímil en relación a nuestros antecedentes bibliográficos: pretendemos desplazarnos de la óptica naciocentrica. Para ello pondremos nuestro foco en los intercambios simbólicos dialogantes entre las narrativas nacionales construidas por los hinchas argentinos y los torcedores brasileros durante la Copa del Mundo Brasil 2014. El trabajo cuenta con dos apartados: en el primero intentaremos sistematizar algunas reflexiones pertinentes para pensar el fútbol y el mundial como terrenos simbólicos privilegiados donde leer la tensión local-global. En el segundo apartado nos adentramos al análisis de los cánticos desplegados entre los hinchas argentinos y los torcedores brasileros durante la Copa del Mundo Brasil 2014.

Palabras-clave: Fútbol; Nación; Identidad; Sociología

Resumo

Neste trabalho procuraremos retomar o diálogo entre futebol e nacionalismo a partir de uma estratégia metodológica um tanto diferenciada em relação à nossa história bibliográfica: pretendemos nos afastar da ótica nação-cêntrica. Para isso, colocaremos o nosso foco nas trocas simbólicas dialogantes entre narrativas nacionais construídas pelos hinchas da Argentina e os torcedores do Brasil durante a Copa do Mundo Brasil 2014. O trabalho apresenta duas seções: a primeira é uma tentativa de sistematizar algumas reflexões relevantes para pensar o futebol e a Copa como terreno simbólico privilegiado para ler a tensão local-global. A segunda seção é um deslocamento para a análise dos cânticos trocados pelos hinchas da Argentina e os torcedores brasileiros durante a Copa do Mundo de 2014.

Palavras-Chave: Identidade; Futebol; Nação; Sociologia

Abstract

In this paper we analyze the dialogue between football and nationalism from a somewhat dissimilar methodological regarding our bibliographic history: we not focus on the analysis of each nation separately. To do this we will put our focus on the symbolic exchanges between national narratives constructed by the Argentine and Brazilian fans during the World Cup Brazil 2014. This paper has two sections: the first attempt to systematize some relevant reflections to think football and world cup as privileged land where the global local-read tension can be study. In the second section we move to the analysis of the songs deployed between Argentine and Brazilian fans during the World Cup 2014.

Key words: Football; Nation; Identity; Sociology

El precalentamiento

Comprender las lógicas en las que las sociedades imaginan las naciones (Anderson, 1993) es tarea ardua. Pensar dichos procesos en el campo del fútbol resulta sencillamente problemático. Sin embargo, y en buena hora, una larga lista de autores ya se ha embarcado por esa desventura tan compleja como laberíntica. En el presente trabajo buscaremos retomar el dialogo entre el fútbol y los nacionalismos, pero guiados por una estrategia metodológica un tanto disímil en relación a nuestros antecedentes: pretendemos desplazarnos de la óptica naciocentrica. Para ello pondremos nuestro foco hermenéutico en los intercambios simbólicos dialogantes entre las narrativas nacionales construidas por los hinchas argentinos y los torcedores brasileros durante el mega-evento de la Copa del Mundo Brasil 2014. Se trata de detenernos analíticamente en las estrategias identitarias que unos y otros ponen en juego a partir de identificaciones, diferenciación es y jerarquizaciones simbólicas que se piensan relacionalmente. En un segundo nivel de análisis pretendemos aportar elementos para la discusión de viejos y vigentes tópicos teóricos de las ciencias sociales tales como la tensión entre lo local, lo regional y lo global; el lugar de los relatos y las culturas nacionales en el mundo transnacionalizado y massmediatizado de hoy; la pertinencia histórica del fútbol en tanto constructor de narrativas patrióticas; y la naturaleza de un mega-evento global como son las Copas del Mundo en el contexto del fútbol espectáculo contemporáneo.

El texto representa un primer intento de abordaje para las problemáticas mencionadas anteriormente, por lo que las reflexiones aquí vertidas deben ser leídas en su carácter parcial, inacabado y procesual. El trabajo se estructura en dos grandes apartados: en el primero intentaremos sistematizar algunas reflexiones teóricas pertinentes para pensar el fútbol en general y el mundial en particular como terrenos simbólicos privilegiados donde leer la tensión local-global. Primeramente expondremos la relevancia histórica, social, política y cultural del binomio fútbol-nación para posteriormente inscribir dicha relación en los procesos globales contemporáneos.

En el segundo apartado nos adentramos al análisis empírico de los cánticos desplegados entre los hinchas argentinos y los torcedores brasileros durante la Copa del Mundo Brasil 2014. Indagaremos en los diálogos y las lógicas relacionales que producen y reproducen unos y otros en pos de articular relatos que tienen a sus naciones y al fútbol como eje aglutinador. Finalmente cerraremos el trabajo con algunas reflexiones finales que pretenden sistematizar conclusiones parciales y explorar futuros horizontes analíticos

El fútbol entre lo nacional y lo global

A lo largo de todo el siglo XX, en gran parte de américa latina, el fútbol ha sido un “operador de nacionalidad” (Alabarces, 2008, p. 27) fundamental. En torno a dicho deporte se han construido un sinnúmero de narrativas nacionales que lo han convertido en una fuente inagotable de relatos identitarios vinculados a “la patria”. El lazo indisoluble entre fútbol y nación parece responder a procesos multidimensionales que escapan a nuestros objetivos aquí propuestos, sin embargo estamos tan obligados como interesados en proponer una breve contextualización de dicha articulación.

En primer lugar debemos partir de la propia sociogenésis del deporte. Desde su nacimiento el “sport” en general y el “football” en particular asumieron un carácter civilizador (Elías y Dunning, 1995). Hijo de un imperio británico noble y cortesano, el fútbol fue un agente civilizador propio de una expansión imperial. No solo el deporte exportaba un prototipo de “ser humano civilizado” (“gentleman”) basado en el autocontrol de sus pulsiones y la internalización de normas y reglamentos, sino que también buscaba disciplinar socialmente y homogeneizar culturalmente en función de los nacientes estados-naciones en territorios americanos. Esto se puede ejemplificar cabalmente si indagamos en la función integradora que cumplió el fútbol y sus clubes para los primeros inmigrantes que arribaban a la Argentina entre el ocaso del siglo XIX y los albores del siglo XX. Además, la propia organización internacional del fútbol, impulsada por la Fifa (Fédération Internationale de Football Association) creada en 1904, período de pleno auge del nacionalismo europeo, replicó un esquema competitivo de encuentros internacionales entre “selecciones nacionales” que representaban a los países de origen – natural o nacionalizado – de los jugadores, estructura que se mantiene hasta nuestros días.

Pero el proceso civilizador fue tan desparejo como desigual. Es por eso que las razones que fundamentan la emergencia del fútbol en tanto metonimia de la patria y la nación parecen responder a cuestiones más locales. Siguiendo a Archetti (2003) podemos pensar al fútbol, dentro de las sociedades del cono sur, como una de las tantas “zonas libres” – al igual que la danza o el juego – en las que se producen y reproducen discursos significantes y relevantes que operan simultáneamente como “máscaras y espejos” (Archetti, 2003, p. 41), es decir, donde los sujetos pueden verse a sí mismos al mismo tiempo que son mirados por otros. Son espacios de creatividad cultural construidos diferencialmente a las instituciones públicas fundantes de los estados naciones como lo son la escuela, el servicio militar, las ceremonias religiosas, entre otros. El fútbol desnuda su especificidad en tanto gran maquina productora de identificaciones y alteridades que tienen al Estado y la nación como ejes vertebradores.

Por otro lado, y en sintonía con lo sostenido por el historiador Eric Hobsbawm (1990), observamos que el deporte en general y el fútbol en particular – el más “global” y popular de ellos – han servido como refugio de los nacionalismos modernos al poder reificar a la nación en un competidor o equipo que se enfrenta a otros de la misma naturaleza. Al mismo tiempo, el fútbol, vehiculizó la proliferación de una cultura de masas asociada a los avances tecnológicos, contribuyendo así a la configuración de una conciencia nacional en grandes capas de la sociedad:

Desde el inicio de la Copa del Mundo, es absolutamente cierto que cada habitante de un país que tiene acceso a un aparato de radio o a un televisor – ¿y quién no lo tiene desde la década de 1960? – ha desarrollado alguna forma de patriotismo, por lo menos si su país tiene un equipo de fútbol serio. (Hobsbawm, 2010, p. 321).

El fútbol recíprocamente ligado a la cultura de masas se convierte en el deporte más popular y masivo del capitalismo occidental, permitiéndose así construir sistemáticamente identificaciones y diferencias “al interior de un código que todos dominan y en una práctica a la que todos atribuyen valor, aunque sea desigual” (Guedes, 2009, p. 169). Este breve recorrido nos lleva a afirmar que desde hace más de un siglo hay una imbricación ineludible entre el fútbol en tanto “hecho social” y las narrativas identitarias, ahora bien, como en todo campo cultural estamos siempre hablando de lógicas conflictivas, disputadas, negociadas, históricas y relacionales. Dicha aclaración merece ser subrayada porque como veremos a lo largo del trabajo en los “relatos futboleros” abundan – saturan – los intentos esencializadores.

Pues bien, desde hace algunas décadas ingresamos en un período de grandes transformaciones en lo referido a la construcción de las narrativas identitarias. Ya sea que utilicemos el epíteto de “globalización”, “mundialización” o “internacionalización” lo cierto es que los clivajes identitarios modernos clásicos están reconfigurándose vertiginosamente, la nación no queda eximida de dichas mutaciones. Esto nos lleva a repreguntarnos sobre los intersticios locales, regionales y globales que se dan entre el fútbol y las narrativas nacionales. Nos interpela sobre el alcance de las identidades nacionales en un fútbol espectacularizado, transnacionalizado, mercantilizado y massmediatizado como el de hoy.

¿Globalización, internacionalización o mundial(ización)?

El fútbol preexiste a la globalización, aunque nace con una fuerte impronta internacionalista en el sentido utilizado por Mauss (1972). La Fifa (Fédération Internationale de Football Association) se funda en 1904 y a partir de allí empieza un largo proceso de homogeneización reglamentaria. La primera Copa América se desarrolla en 1918 bajo el nombre de “Campeonato Sudamericano de Selecciones”. Y finalmente en 1930 se realiza la primera Copa del Mundo en Uruguay, fecha que coincide con la profesionalización de las ligas locales del cono sur1. En todas estas innovaciones se buscaba estandarizar las lógicas competitivas y fomentar intercambios deportivos – y comerciales – entre naciones. Es por lo dicho que no se puede reducir el fútbol al fenómeno de la “globalización”.

Ahora bien, es cierto que en las últimas décadas2 se vienen dando procesos de reconfiguración en el campo del fútbol que arrojan interrogantes sobre la tensión fútbol-nación. Fiengo Villena (2003) sostiene que el fútbol ha ingresado en una etapa de progresiva racionalización, transnacionalización, espectacularización y privatización de su organización, práctica, discurso y consumo. Uno de los resultados sería una “deslocalización de los “estilos” de juego producto de una creciente cientifización del fútbol” que nos lleva a pensarlo como “mercancía global desterritorializada” (Fiengo Villena, 2003, p. 261). Según el autor habría un debilitamiento de la histórica articulación entre fútbol y nacionalismos que aventurarían a pensar en una “era del fútbol postnacional” (Idem, p. 269).

Aquí no discutiremos punto por punto lo dicho por Fiengo Villena, solo retomaremos algunas de sus premisas para preguntarnos si en este escenario sigue teniendo sentido preguntarse por los procesos de producción de identidades nacionales en torno a un fútbol de las características anteriormente descriptas. Y para eso pondremos nuestro foco en el mega-evento de mayor densidad simbólica en el futbol contemporáneo: la Copa del Mundo

Más allá naciocentrismo

Existe una extensa bibliografía sobre las relaciones entre fútbol y patria, sin embargo muchas de ellas parecen gravitar en torno a un mismo recurso: el nacionalismo metodológico. Con lo dicho no pretendemos devaluar el estatus metodológico-empírico de los estados y sociedades nacionales, ya que creemos que ellas gozan de muy buena salud, pero sí queremos apuntalar la necesidad de empezar a indagar en procesos transnacionales donde entran en juego procesos identitarios y construcciones narrativas que siguen teniendo como eje fundamental “lo nacional”, pero siempre en tensión con otros relatos de naciones que operan como otredades. Se trata de asir los episodios entre-naciones como momentos constitutivos de los ethos nacionales. Pretendemos buscar espacios de interdependencia en los que se objetiven intercambios simbólicos entre narrativas nacionales. Las Copas mundiales de fútbol sin duda representan uno.

Para ello partiremos de dos antecedentes que servirán como cimientos para nuestra propuesta interpretativa. Por un lado lo sostenido por Gustavo Sorá (2002) que observa en las ferias-exposiciones – como por ejemplo la de Frankfurt – “eventos de competición simbólica sin igual; verdaderos potlachs de la modernidad que tornaban visibles un mundo de naciones” (Sorá, 2002, p. 133). Nosotros pretendemos leer la Copa del Mundo de Brasil 2014 como mega evento relativamente homologo. Buscamos leer “el mundial” como ritual global estructurado a partir de criterios de clasificación naciocéntricos en los que se ponen en juego prácticas y representaciones intra, entre y trans-nacionales y que contribuyen a imaginar las naciones. Por otro lado, retomaremos un fructífero dialogo iniciado por Pablo Alabarces (2014) y Simoni Lauhd Guedes (2009) – a su vez tributario de las clásicas obras de Eduardo Archetti y Roberto Damatta – sobre la comparación y el dialogo entre las narrativas sobre la identidad nacional de Argentina y Brasil por y desde el fútbol.

Como ya sabemos desde Anderson (1993) las naciones no son esencias sino relatos, imágenes, estilos. Las sociedades se (re)conocen construyendo taxonomías, tipificaciones, clasificaciones y estereotipos. El fútbol es arena privilegiada para ello. Y estas construcciones son contrastivas. Se trata de “nosotros” y “otros”. Argentina y Brasil son máscaras y espejos constitutivos entre sí en lo que refiere al fútbol. A continuación veremos cómo se dio este juego relacional de diferenciación y jerarquización entre Argentina y Brasil en el contexto del mundial de fútbol 2014, para ello tomaremos actores ineludibles de las culturas futbolísticas nacionales e internacionales: los hinchas argentinos y los torcedores brasileros.

Brasil 2014: de héroes, villanos, mitos, hazañas y otras épicas

En los estudios sociales sobre fútbol, los “hinchas” o “torcedores” ocupan un lugar ambiguo y polisémico: sujetos esencialmente heteronómos producto del “opio de los pueblos” contemporáneo; auténticos centinelas de los valores amateuristas en peligro de extinción; “bárbaros” incivilizados guiados por un primitivismo tan salvaje como hedonista; consumidores empedernidos de la mercancía global por antonomasia; y así podríamos seguir hasta el hartazgo para describir la envergadura otorgada a un tipo ideal que resulta tan discutido como escurridizo. Es que la figura social del “hincha” como ser singular y esencializado es una de las tantas ficciones futboleras. De lo que se trata, por el contrario, es de situarlo, pluralizarlo y tratar de reconocer su justo lugar en el campo del fútbol.

Los espectadores de dicho deporte ocupan un rol fundamental en la producción y reproducción de las prácticas y representaciones del campo, porque el fútbol “se juega” con el cuerpo pero también “se imagina” con la palabra, y allí emerge el espectador. El fútbol es, como decía Alabarces, lo que se dice en torno a él. Y en eso los hinchas – junto con los medios de comunicación – ocupan un lugar fundamental. Es por eso que nosotros tomaremos como unidad de análisis los cánticos – ya que tornan público sistemas morales de clasificación, distinción y jerarquización – registrados por ciertos hinchas que alentaban a la selección argentina y ciertos torcedores que acompañaban a la selección de Brasil durante la copa del mundo 20143. Somos conscientes de la ambigüedad genérica de las nociones de “hinchas” y “torcedores” ya que parecerían sujetos desmarcados de cualquier clivaje social. Sin embargo, con algunos datos a mano podemos arriesgar una caracterización menos limitada, sociológicamente hablando, sobre los hinchas estudiados. Por el lado argentino sin duda estamos hablando de un perfil predominantemente masculino que, si bien condensaba una heterogeneidad de estratos sociales, no podríamos hablar de un conglomerado policlasista debido a los altos costos socio-económicos que demandaba el viaje, los ingresos y la estadía. Sabemos por crónicas y coberturas mediáticas que muchos sujetos de clases populares llegaron hasta Brasil, pero sin duda los sectores medios y altos predominaban entre la parcialidad Argentina. Algo similar podemos decir sobre el público Brasilero que inundo los espacios oficialmente reservados para la copa: estadios, fan fest, playas, entre otros. El proceso de elitización o “arenização” (Santos Simões, 2016) del fútbol brasilero – estadios convertidos en arenas, aumento exponencial de los ingresos, estatutos de torcedores, entre otros – parece haber encontrado en la Copa del Mundo su máxima expresión. A esto hay que sumarle la exclusión de estos espacios de muchos de los actores politizados que venían reclamando contra la Copa del Mundo: organizaciones de izquierda, movimientos de minorías, indígenas, entre otros.

Como ya dijimos, las estrategias de construcción identitaria proceden a partir de una diferenciación tajante entre una pluralidad de “nosotros” y “otros”. En ambas culturas futboleras, tanto Brasil como Argentina se oponen como alteridades radicales. Entre ambos espectadores se producen intercambios simbólicos que lejos de cristalizarse en un “hincha global” – prototipo tan deseado por la Fifa y sus famosos “parámetros” – “radicalizan al hincha como fenómeno local” (Alabarces, 2014, p. 56). Entonces, de los cánticos registrados en una y otra “nación”, emergen mecanismos de diferenciación y jerarquización que parecen girar en torno a dos ejes fundamentales: el héroe y el éxito deportivo.

El fútbol contiene narrativas de naturaleza épica: los mitos, las hazañas y los héroes son recursos discursivos cotidianos. Argentina tiene a Maradona desde fines de la década del 1970, Brasil a Pelé desde los 1960. Ambos son “héroes deportivos globales” (Rodriguez, 1998, p. 186) ya que parecen tener tres elementos en común: su imagen ha sido globalizada mediáticamente, han sido exitosos en términos deportivos con sus selecciones nacionales en competiciones internacionales y son representativos de cierta meritocracia asociado a los principios igualitaristas que subyace al deporte. En palabras de Rodriguez:

El éxito deportivo es definido básicamente por el mérito, exacerbado en el caso de los ídolos deportistas que explícitamente son representantes de la nación. Y si además estos personajes proceden desde posiciones de desigualdad y no dejan de reivindicar sus repertorios identitarios, estos atributos permiten ejemplificar, ampliados, los principios de igualitarismo y de meritocracia (Idem, p. 187).

TABLA 1 Canciones de torcedores brasileros 

A B C
Mil gols, mil gols, mil gols, mil gols, mil gols… Só o Pelé, só o Pelé! Maradona cheirador! Se você é argentino, então me diga como é que é ter somente 2 copas, 1 a menos que o Pelé! Argentina, me diz como se sente; ver de longe 5 estrelas a brilhar. Te juro, ainda que os anos passem; você nunca vai me alcançar. 5 copas só eu tenho e sem trapacear, ‘mi papa’ não se drogou para jogar. Uma coisa mais te digo para nunca se esquecer; o Pelé tem mais copas que você!

TABLA 2 Canciones de hinchas argentinos 

A B C
Brasilero brasilero, que amargado se te ve, Maradona es más grande… es más grande que Pelé! Y ya lo ve, y ya lo ve, somos locales otra vez! Brasil, decime qué se siente tener en casa a tu papá… Te juro que aunque pasen los años, nunca nos vamos a olvidar… Que Diego los gambeteó, el Cani los vacunó, están llorando desde Italia hasta hoy… A Messi lo vas a ver, la Copa nos va a traer, Maradona es más grande que Pelé!

Maradona proviene de Villa Fiorito, un enclave urbano al sur del Gran Buenos Aires caracterizado por la pobreza y la falta de servicios básicos. Pelé además de tener una infancia como “limpiabotas” pertenece a la población brasilera afrodescendiente. En ambos casos, “el pobre” o “villero” y el “negro” han triunfado, eso, entre otros rasgos, los convierte en portadores de una épica de movilidad social ascendente. Éxito, mérito y reconocimiento hace que tanto Maradona como Pelé asuman rasgos de heroicidad y se conviertan en iconos simbólicos que traspasan los limites futbolísticos y devienen en auténticos portadores de un ethos nacional. Hipotéticamente, animamos a arriesgar, que ambos casos recuperan cierto imaginario popular y plebeyo del fútbol por el cual éste es apropiado por los sectores populares en oposición a las clases hegemónicas (Alabarces, 1998). Al mismo tiempo ambos relatos operan como una supuesta materialización de dos procesos sociales truncados y fundantes de cada sociedad: la movilidad social ascendente de los sectores populares urbanos en Argentina y el ascenso y la inclusión social de los negros en Brasil. Aquí la relación futbol y patria también aparece mediada por experiencias de clase y etnia.

Hasta aquí las similitudes, ya que las canciones más que buscar coincidencias entre ambos héroes, intentan diferenciarlos, y aquí es donde se desnudan más claramente las especificidades “nacionales”. Desde Brasil los recursos distintivos por antonomasia parecen ser dos: el éxito deportivo de Pelé como jugador individual en detrimento de la escases de títulos de la selección argentina en tanto colectivo; y una estigmatización de Maradona por sus adicciones a los estupefacientes. En la canción “A” la polarización de los héroes deportivos puede leerse en clave corporal/moral: Pelé representa la corporalidad deportiva propia del proceso civilizatorio moderno, detrás de los “mil goles” hay un cuerpo atleta, ascético, eficiente, saludable, recto, entrenado, disciplinado e individualizado. Detrás del “Maradona cheirador” hay una corporalidad hedonista, transgresora, insalubre, inmoral, viciosa, corrompida, indisciplinada. Por su parte en la canción “B” el éxito deportivo se piensa en términos de un individuo (“Pelé”) versus un singular colectivo (“argentino”). Finalmente la canción “C” – que surge como respuesta a un cántico de los argentinos que se popularizó masivamente – reproduce lo dicho en las otras dos pero con el agregado de impugnar la supuesta “paternidad” de Argentina sobre Brasil a partir de una burla sobre la adicción de Maradona y la “trampa” realizada por el mismo en el célebre gol con la mano frente a Inglaterra en México 86. Es decir, nuevamente se moraliza la práctica deportiva para incurrir en categorías descalificantes que se piensan en términos de nación.

Por su parte, los hinchas argentinos también construyen estrategias de diferenciación y jerarquización a partir de héroes nacionales y del éxito deportivo. La dicotomía Maradona versus Pelé – con las figuras periféricas de Messi y Caniggia (“Cani”) – y una supuesta superioridad de Argentina sobre Brasil producto de la eliminación en la Copa mundial Italia 1990 son fácilmente identificables. Pero hay algo más. Las estrategias identitarias de los hinchas argentinos no parecen responder a la lógica del proceso civilizatorio moderno como en el caso de Brasil, sino por el contrario a una matriz simbólica tan propia como arraigada en la cultura futbolística argentina: el aguante (Alabarces, 2004). Éste último es entendido como un conjunto de prácticas y representaciones sobre el cuerpo, el género, el territorio y ciertos consumos culturales en donde el fútbol emerge como vehículo privilegiado para la afirmación de una identidad de hombres adultos heterosexuales.

En dicho sentido, vemos que en la canción “B” se expone la dimensión territorial del aguante en donde las espacialidades ajenas son un botín simbólico a conquistar, invadir, “copar”, penetrar, poseer. De ahí que los argentinos se proclamen “locales” en latitudes brasileras debido a la gran cantidad de hinchas que irrumpieron en Brasil. En las canciones “A” y “C” se condensa todo un universo nativo que proclama una fuerte identidad de género masculina, adulta y heteronormativa. Garriga Zucal (2007) ya expuso como todas las metáforas referidas a “lo grande” (canción “A”) en el campo del fútbol – como así también “lo fuerte”, “ancho”, “duro” etc. – son metonimias de una afirmación masculina. Archetti (1985), por su parte, demostró que el fútbol opera como constructor de una identidad de hombres heteronormativos y adultos a partir de la identificación de tres alteridades radicales: las mujeres, los hombres homosexuales y los niños. En la canción “C” Argentina es semantizado en el lugar de la autoridad adulta-paternal mientras que Brasil es infantilizado por su condición de “hijo” y por la práctica del llanto (“estas llorando desde Italia hasta hoy”). Además Argentina “vacuna” a Brasil lo cual remite a una nueva relación asimétrica expresada en roles sexuales donde al primero se le asigna un rol “activo” y al segundo uno “pasivo”.

Los estilos nacionales en juego: hinchas aguantadores y torcedores modernos

Los torcedores e hinchas a partir de sus canciones “imaginan” sus naciones construyendo “estilos” futbolísticos propios en tanto relatos de distinción. Tanto Alabarces (2014) como Guedes (2009) sostienen que ciertos paralelismos socio-históricos entre ambos países invitan a pensar estilos propios, tanto de Brasil como Argentina que, a pesar de sustanciales diferencias, tienen algunos elementos en común como el hecho de diferenciarse radicalmente del estilo esgrimido por el fútbol europeo, principalmente del inglés, aunque Brasil también incorpora como alteridad estilística al Italiano después de su derrota en 1982. Por un lado quedaba configurado un “fútbol máquina” o “futbol fuerza” inglés o “futbol defensivo” italiano, ambos de naturaleza pragmático, táctico, formal, disciplinado, científico, racional, eficiente y colectivo. Propio del proceso civilizador y la modernidad europea industrial. Por el contrario en Argentina se desarrollaba un “estilo criollo” (Archetti, 1985) y en Brasil un “estilo tropicalismo” (Guedes, 2009) en el que se compartía una identidad futbolera entendida como artística, libertaria, gambeteadora, individual, creativa, espontanea, propio de la “viveza criolla” o del “malandragem”. El famoso “futbol-arte” o “jogo bonito” que para el caso argentino estaba pensado a partir del prototipo gauchesco y en Brasil a partir del mulato.

Ahora bien ¿Cuánto de estos grandes estilos que acompañaron la articulación entre fútbol y nación en Argentina y Brasil durante gran parte del siglo XX podemos registrar en las canciones analizadas anteriormente? ¿Qué elementos de dichas narrativas perduran, se resignifican o son abolidos en las narrativas nacionales circulantes duran el mundial Brasil 2014?

En el caso Brasilero parece darse una mixtura entre su clásico estilo tropicalismo y el otrora estilo antagónico ingles europeo, esto podemos ejemplificarlo a partir de la dicotomía Pelé/Maradona. Por un lado los torcedores mantienen el imaginario de la figura deportiva en tanto héroe individual – propio del tropicialismo y el estilo criollo – y no de una individualidad cualquiera, sino de un negro de origen subalterno que llego a convertirse en “o rei do Brasil”. Ahora bien, frente a la figura de Maradona, Pelé no es revalorizado ni por sus “gingas” ni su “malandragem” sino por su atletismo corporal, su eficiencia deportiva y su disciplina moral. Pelé es resignificado como emblema de un fútbol civilizado y moderno ¿a qué se debe dicha mutación del “estilo brasilero? Obviamente aquí nos adentramos al empantanado terreno de las conjeturas. Jesica Montanhini de Souza (2014) sostiene que la Copa del mundo 2014 no solo implicaba la posibilidad de reafirmar a Brasil como “país do futebol” debido a su vastos logros deportivos o la oportunidad para redimir el fantasma del “maracanazo” de 1950, el mundial 2014 – y posteriormente las olimpiadas Río 2016 – era, sobre todo, la posibilidad de Brasil para ser reconocida internacionalmente como “país efetivamente moderno” (Montanhini de Souza, 2014, p. 206). Una comunidad internacional expectante – motorizada por la Fifa – sumado a sectores nacionales siempre ávidos de promesas eurocéntricas, daban lugar una virulenta exigencia de un país organizado en torno a los parámetros “del primer mundo”: “pacificacion de zonas violentas”, “refuncionalización de espacios obsoletos”, “modernización de los estadio de fútbol” o “recepción de grandes inversiones extranjeras” fueron todos argumentos esgrimidos en pos de rediseñar una imagen for export acorde a los cantos de sirena que llegaban desde afuera.

Todo esto en el marco de una retórica nacional e internacional de un Brasil como “potencia emergente” que se cristaliza en su participación en el Brics4 y en el rol geopolítico y económico ocupado en la región durante los últimos años. Todos estos factores convergían para leer en el mundial “una luta estratégica por reconhecimento da “nova” condição brasilera” (Idem, p. 205) basada en los parámetros de la modernidad capitalista occidental y europea. Y estas exigencias mellaron en lo deportivo y en la representación nacional sobre el fútbol y la selección

As qualidades desejadas para a seleção parecen fundadas em outro quadro de referencia, demandando a obediencia a uma outra hierarquia de valores. O que se cobra da seleção é organização, preparação, disciplina, trabalho, legalidade na distribuição dos recursos, visão de longo prazo para a administração de capital humano, crítica á “sangría” dos talentos, demanda por racionalização no sentido mais consistente da palabra (Idem, p. 208).

El “nuevo” marco de referencia para construir un “estilo” propio será la pretendida modernidad brasilera, que obviamente no se pensara con exactitud a la profesada desde Europa. Sera una alquimia donde resabios de un tropicalisimo arraigado se mixturan con una modernidad civilizatoria, y el campo semántico para dicha operación simbólica será el eterno ídolo deportivo global Brasilero: Pelé, “la perla negra”.

En el caso argentino también parece darse cierta mutación del histórico estilo criollo pero con menor intensidad si lo comparamos con el caso brasilero. Alabarces (2008) sostiene que desde los orígenes el fútbol argentino está vinculado a la “picardía” y “la viveza criolla”, la enemistad simbólica con los ingleses5 y desde la década del 60 una violencia asociada al honor masculino. Si analizados detalladamente las canciones transcriptas anteriormente podemos ver la coexistencia de los tres elementos señalados.

La viveza criolla condensa elementos narrativos de la épica heroica individual, la lucha del pobre contra el poderoso, la picardía devenida en astucia y la astucia resultante en trampa, la transgresión, irreverencia, el carisma del “pibe”, la formación en el “potrero”, etc. Maradona es el máximo exponente de dicho recurso. Pobre, tramposo, astuto, pícaro – para jugar y declarar –, gambeteador, exitoso, insolente y formado en los “potreros” de Villa Fiorito. Y, como si lo anterior no bastara, el auge picaresco sucede contra los ingleses6. La combinación de todos elementos posiciona a Maradona como el icono nacional por excelencia, de ahí su identificación con la patria. Sumado – al igual que Pelé – a su extraordinaria destreza corporal y sus bastos éxitos deportivos. Todo esto hace que para los argentinos “Maradona sea más grande que Pelé”, no en términos de competencia deportiva – Maradona consiguió un campeonato y un subcampeonato mundial con la selección argentina en mundiales, Pelé conquisto tres veces la copa del mundo – sino en tanto símbolo de patriotismo y nacionalidad. En otras palabas, Maradona es más representativo del “estilo” propiamente “argentino” de lo que es Pelé del brasilero.

Ahora bien, el estilo criollo desde la década del 60 en adelante convive con la matriz estructuradora de todas las prácticas y representaciones del fútbol argentino: la cultura del aguante. Esto nos lleva a pensar el fútbol en clave de asimetrías y violencias físicas y simbólicas. Aquí Argentina – o Maradona – “tiene más aguante” que Brasil – o Pelé – por eso lo subordina sexualmente – “lo vacuna” –, lo conquista territorialmente – “lo copa”, lo burla corporalmente – “lo gambetea” – lo supera generacionalmente – “lo paternaliza” – y lo doblega emocionalmente – “lo hace llorar”. La lógica del aguante se inscribe en la clave de la dominación. Inclusive, si leemos los consumos de Maradona desde la óptica del aguante, veremos que esto no afecta en lo más mínimo su heroicidad ya que en la cultura del aguante los consumos de alcohol y ciertas drogas – como la cocaína – son valoradas positivamente, o al menos legitimadas, en tanto prácticas corporales afirmativas de masculinidad (Cabrera, 2013).

Reflexiones finales

A lo largo del trabajo hemos procurado rediscutir tópicos teóricos de vasta tradición en las ciencias sociales a partir de un caso empírico específico. En última instancia, nos preguntamos por el sentido y la pertinencia de seguir pensando narrativas nacionales en un mundo en el que se augura “la liquidez” de dichas fronteras. Creemos que las Copas del Mundo de Fútbol exponen algunos núcleos semánticos que invitan a repensar varios axiomas reificados como verdades naturales.

En primer lugar podemos afirmar que el fútbol sigue siendo una arena privilegiada donde leer prácticas y representaciones constructoras de narrativas nacionales. La nación continúa relatándose con la pelota. Sin duda, y como creemos haber expuesto con los casos de Brasil y Argentina, los “estilos” nacionales no están inmaculados de reconfiguraciones permanentes producto de un fútbol globalizado, massmediatizado, radicalmente mercantilizado y espectacularizado. Ahora bien, estas transformaciones no habilitan a pensar un debilitamiento de la histórica articulación entre futbol y nacionalismos. En algunos casos, la inherente internacionalización del fútbol – nunca hay que olvidar el origen imperialista y civilizatorio del deporte – es confundida con su progresiva transnacionalización, error que decanta en aporías teóricas tales como la mentada “era del fútbol postnacional” (Fiengo Villena, 2003, p. 269). Por el contrario, aquí esperamos haber demostrado que el lazo indisoluble entre fútbol y patria no solo late sino que presagia una larga vida.

Para estudiar la relación entre fútbol y nación nos parecía fundamental desplazarnos de la mirada predominantemente naciocentrica que prima en el campo, entendiendo a esta como aquella operación metodológica que piensa a las sociedades o estados nacionales como mónadas esencializadas, ensimismadas y abstraídas de todo contacto con un “afuera” constitutivo. En este sentido nos parecía que el mega-evento del mundial se presentaba como una oportunidad para abordar intercambios simbólicos entre productores y reproductores de discursos patriotas que funcionaban simultánea y recíprocamente como “máscaras y espejos”. Pero lo paradójico es que para desplazarnos de la mirada naciocentrica acudimos a un ritual global que instituye a la nacionalidad como criterio de clasificación dominante. En otras palabras, para desterrar el naciocentrismo nada mejor que eventos naciocentricos, porque es allí donde las naciones se imaginan a la par y en relación con otras. Es en el concierto de las naciones donde cada una desnuda su especificidad.

Es por eso que no podemos dejar de pensar la mutua constitución entre lo local y lo global. Porque lo “nacional” en el contexto del “mundial” no parece ser otra cosa más que un intento de universalizar particularismos. Y así llegamos a la vieja premisa antropológica que sostiene que lo universal solo se torna asequible desde lo particular, y más aún, en los casos del fútbol brasilero y argentino donde predominan fuertes tradiciones futbolísticas locales. Pero éstas solo cobran entidad en el escenario internacional cuando encuentran en otros “estilos” nacionales a sus alteridades constitutivas. Ayer y hoy Maradona y Pelé, tal vez mañana Messi y Neymar, lo cierto es que hasta el héroe deportivo más globalizado y mercantilizado difícilmente pueda ser desterritorializado del todo. Los gurúes y profetas de la globalización parecen olvidar – u omitir – que los mitos, las hazañas, las catástrofes, los héroes y los villanos construidos en torno a una pelota tuvieron, tienen y seguramente tendrán a toda una patria como espectador.

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1. Argentina se profesionaliza en 1931, Uruguay 1932, Chile 1933 y Brasil, aunque tuvo procesos disimiles a nivel regional, fue abandonando progresivamente el amateurismo entre la década del 1930 y el 1940.

2. Resulta más que problemático proponer un quiebre temporal global de dicha lógica, pero de modo hipotético podríamos pensar en la década del 70 con la introducción de la televisión vía satélite para que en los 80 y 90 el fútbol quede definitivamente espectacularizado, es decir, transnacionalizado y massmediatizado.

3. Los registros fueron realizados en la ciudad de Río de Janeiro y Belo Horizonte a partir de una estadía personal de 20 días en algunos de los escenarios donde cobraba mayor visibilidad las performance de hinchas y torcedores durante la copa del mundo: estadios y sus alrededores, Fan Fest, vía pública, plazas, bares y playas.

4. Los Brics son un bloque político conformado por las llamadas “economías emergentes”. Su nombre deriva de las iniciales de sus países constitutivos: Brasil, Rusia, India, China y Sudafrica. Desde principios del siglo XXI, estos países han tenido un gran impulso económico, político y cultura, y en gran parte se debe a la organización de mega- eventos deportivos: Olimpiadas 2008 en China, Copa del mundo 2010 en Sudafrica, Copa del mundo Brasil 2014 y Juegos Olimpicos Río de Janeiro 2016 y la próxima Copa del Mundo 2018 que se disputa en Rusia. Evidentemente no se trata de una coincidencia. Resta a las ciencias sociales profundizar en el sólido lazo histórico entre mega-eventos deportivos y el desarrollo capitalista nacional, regional e internacional

5. Los cánticos contra los ingleses son moneda corriente entre los hinchas argentinos. Durante Brasil 2014 pude registrar los siguientes: “ole ole/ ole ole/ el que no salta, es un inglés” y “Esta la banda loca de la Argentina/ la que de las Malvinas nunca se olvida/ la que deja la vida por los colores/ la que le pide huevos a los jugadores/ para ser campeones”. Un tema tan interesante como desoído en las ciencias sociales es la “malvinización” de la rivalidad deportiva entre argentinos e ingleses.

6. En el mundial que Argentina gana en México 1986 – cuatro años después de la guerra de las Malvinas–, Maradona convierte dos goles muy particulares contra Inglaterra en un partido de cuartos de final. El primero es la denominada “mano de dios” en donde Maradona convierte un gol ilícito con la mano pero que es convalidado por el árbitro. Posteriormente realiza una magistral jugada desde la mitad de la cancha en donde traslada el balón solo y elude a seis rivales ingleses para finiquitar la jugada con la pelota dentro del arco. Las crónicas periodísticas reeditan permanentemente el mito de un Maradona que gana el partido “solo” a partir de una combinación extraordinaria de picardía y habilidad individual contra “nuestros” históricos rivales.

Received: November 10, 2015; Accepted: October 9, 2016

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