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Tempo Social

Print version ISSN 0103-2070On-line version ISSN 1809-4554

Tempo soc. vol.31 no.1 São Paulo Jan./Apr. 2019  Epub Apr 25, 2019

http://dx.doi.org/10.11606/0103-2070.ts.2019.137514 

Artigos

Revisitando la elección de Allende en 1970: Lo que revelan encuestas aplicadas en la época 1

Revisitando a eleição de Allende em 1970: o que as pesquisas aplicadas no momento revelam

Revisiting Allende’s election in 1970: what surveys performed at the time reveal

Oscar Mac-Clure* 
http://orcid.org/0000-0003-3905-4121

Manuel Antonio Garretón** 
http://orcid.org/0000-0002-7062-675X

* Universidad de Los Lagos , Chile .

** Universidad de Chile , Chile .

Resumen

La elección de Allende como presidente de Chile en 1970, cuyo gobierno fue derrocado tres años después por un golpe militar, es el tema de este artículo. Se estudia el período previo a la elección de Allende enfatizando en la perspectiva de la gente común, examinando por un lado la legitimidad del sistema político y por otra parte las percepciones sobre la justicia social. Se analizan las bases de datos de encuestas aplicadas en el período electoral por uno de los fundadores de la sociología en Chile. El análisis de esos datos permite una aproximación inédita a las aspiraciones de las personas frente a problemas del país antes de la elección presidencial. Al comparar el nivel micro o individual a partir de las encuestas, con el discurso político a nivel macro o societal, el estudio contribuye a reexaminar el período.

Palabras-clave: Salvador Allende; Chile; Legitimidad; Justicia social; Encuestas

Resumo

A eleição de Allende como presidente do Chile em 1970, cujo governo foi derrubado três anos depois por um golpe militar, é o tema deste artigo. O período anterior à eleição de Allende é estudado, enfatizando a perspectiva das pessoas comuns, examinando, por um lado, a legitimidade do sistema político e, por outro, as percepções sobre a justiça social. São analisados os bancos de dados de pesquisas de opinião feitas no período eleitoral por um dos fundadores da sociologia no Chile. A análise desses dados permite uma abordagem sem precedentes das aspirações das pessoas ante os problemas do país nos meses que antecederam a eleição presidencial. Ao comparar o nível micro ou individual a partir de pesquisas com o discurso político ao nível macrossocial, o estudo contribui a reexaminar o período.

Palavras-Chave: Salvador Allende; Chile; Legitimidade; Justiça social; Pesquisas de opinião

Abstract

The election of Allende as president of Chile in 1970, whose government was overthrown three years later by a military coup, is the subject of this article. The period prior to Allende’s election is studied, emphasizing the perspective of ordinary people, examining on the one hand the legitimacy of the political system and, on the other hand, the perceptions about social justice. The databases of surveys applied in the electoral period by one of the founders of sociology in Chile are analyzed. The analysis of these data allows an approach to the aspirations of people facing the country’s problems before the presidential election. When comparing the micro or individual level on the surveys, with the political discourse at the macro or societal level, the study helps to reexamine the period.

Key words: Salvador Allende; Chile; Legitimity; Social justice; Surveys

La elección de Salvador Allende como presidente en 1970 y su derrocamiento en 1973 por un golpe militar, que impactó fuertemente a nivel internacional, marca un antes y un después en la historia de Chile. Las dictaduras eran la norma en América Latina a fines de la década de 1960 e inicios de la de 1970, y Chile no fue una excepción (O’Donnell, 1978; Valenzuela, 2004). Hay suficiente evidencia sobre la acción encubierta del gobierno de Estados Unidos en el derrocamiento del presidente Allende y acerca de la forma como los grupos opositores, principalmente de derecha, deslegitimaron al gobierno y cuestionaron incluso su constitucionalidad.

Para entonces, en una relación estrecha y muchas veces crítica con la política, la sociología y las ciencias sociales en Chile y América Latina habían consolidado su etapa fundacional, estableciéndose como una “ciencia empírica” más allá de un “ensayismo” (Garretón, 2005; Jackson e Blanco, 2016; Moya, 2016). Su problemática central de teorización e investigación era el cambio social, el desarrollo y la estructura social, cultural, política y económica de las sociedades latinoamericanas, para lo cual se partía de teorías generales más que desde múltiples paradigmas sectoriales según el tema abordado. Uno de los iniciadores de esa “sociología científica” en América Latina fue Eduardo Hamuy, primer director del Instituto de Sociología de la Universidad de Chile (Fuenzalida, 1983). Enfatizando en metodologías de recolección y medición de datos empíricos, preferentemente datos cuantitativos y encuestas de opinión, buscó estudiar a los individuos y actores desde su propia realidad, en contraste con el enfoque de la sociología crítica predominante a fines de los años 1960 en Latinoamérica, que tendía a predefinir y caracterizar externamente a los actores sociales. Las encuestas aplicadas por Hamuy y su equipo (Sunkel, 1989; Huneeus, 1987; Navia e Osorio, 2015), proporcionan un modo de entender mejor lo que estaba en juego durante el período que culminó en el derrocamiento de Allende. Los resultados de esas encuestas no fueron objeto de publicaciones académicas, pero pueden ser examinados a partir de un análisis de las bases de datos que se conservan, como haremos en este trabajo.

Interesa revisar lo ocurrido desde una perspectiva que era ajena al horizonte temporal de los sociólogos, pues el devenir estaba fuera de la experiencia de los actores de la época. Más allá de la intervención norteamericana y de la estrategia conservadora del statu quo, que pueden ser considerados exógenos al gobierno de Allende y a los partidos políticos de centro e izquierda, se ha mantenido abierto un debate en Chile sobre qué actores y procesos internos favorecieron la crisis y cuáles eran las opciones para evitarla. En el ámbito académico, una de las tesis más aceptadas consiste en que ocurrió una progresiva deslegitimización de las reglas del juego político, que contribuyó a una crisis del régimen democrático (Valenzuela, 1978; Garretón e Moulian, 1983; Moulian, 2006; Torres, 2014). Desde esta perspectiva histórica, la legitimidad del gobierno de Allende, del sistema de poder en la sociedad chilena y vinculado a ello la legitimidad del régimen democrático, fue un asunto de central importancia histórica. Por ello, en este trabajo abordaremos el problema del otorgamiento de legitimidad, considerando dos aspectos interrelacionados: por un lado, el apoyo del orden establecido por parte de quienes ejercían autoridad – como los partidos políticos – y por otra parte, el apoyo atribuido por la población (Walker e Zelditch, 1993). La deslegitimación del sistema de poder preexistente se expresó a través de procesos políticos, actores políticos-sociales de diferentes tendencias y múltiples formas de acción colectiva. Fueron cuestionadas las instituciones formales del Estado y los mecanismos informales de ejercicio del poder, afectando finalmente la legitimidad de la democracia.

Pero ¿cuál fue el origen de ese cuestionamiento de la legitimidad y esa acción colectiva? ¿En qué medida y de qué modo estaban enraizados también en la gente corriente desde hacía un largo tiempo? En un sentido más amplio ¿cuáles eran las ideas y sentimientos de la gente común y corriente antes del drama que se desarrollaría con el golpe militar? Estas preguntas son importantes, porque una característica central del período del gobierno de Allende fue la amplitud de la participación política de la población y la masividad de sus expresiones en el espacio público, con diversas orientaciones sociales y políticas. En este trabajo nos interesa averiguar qué factores influían en las ideas, sentimientos y comportamientos de las personas en relación con la legitimidad del poder, utilizando la información empírica disponible, en el período electoral previo al gobierno de Allende.

El proceso liderado por Allende es abordado generalmente a un nivel societal y de actores colectivos, enfocando aspectos sociopolíticos o bien organizaciones y grupos sociales. Sin embargo, el vínculo entre ese nivel “macro” y el nivel “micro” de los individuos y su interacción ha sido menos examinado. Estudiar las percepciones de los individuos en la época permitiría entender mejor fenómenos societales cruciales, particularmente la búsqueda de mayor justicia social en la sociedad chilena y la posterior deslegitimización del orden democrático.

Desde diversas perspectivas, cientistas sociales contemporáneos han destacado la centralidad de experiencias individuales que legitiman o deslegitiman el orden establecido y que justifican o critican las desigualdades sociales. En la sociología latinoamericana, autores como Lechner (2003) y Souza (2004) sostienen que las agudas desigualdades que caracterizan al continente, contrastan actualmente con su naturalización y aceptación en la vida cotidiana de las personas. En la sociología pragmática se sostiene que no hay una separación entre lo individual y lo colectivo, o lo micro y lo macro, por lo que resulta clave entender la forma en que los individuos emiten juicios y eventualmente convergen en una crítica a la situación existente (Boltanski, 2009). Un ámbito en que ese enfoque es relevante, gira en torno al vínculo entre la legitimidad de quienes ejercen el poder y la justicia social, prestando atención a las percepciones de la gente. Teóricamente, la injusticia genera deslegitimización del sistema de poder e inversamente la ilegitimidad produce percepciones de injusticia (Hegtvedt et al. , 2016). Pero también hay condiciones que favorecen la justificación y la aceptación del orden establecido: cuando hay adhesión a las reglas acerca del proceso a través del cual se distribuyen los bienes, los individuos tienden a percibir que prevalece la justicia, incluso si sus expectativas inmediatas no se satisfacen (Turner, 2007), de modo que la legitimidad de esas reglas posiblemente influye en atenuar las percepciones de injusticia (Cohen, 1986; Hegtvedt et al. , 2016). Considerando esta distinción entre la legitimidad del sistema político y la justicia social, así como sus interrelaciones causales, nuestro estudio puede contribuir a entender mejor el vínculo empírico y teórico entre un nivel macro y uno micro con respecto del tema analizado. Enfatizando en las percepciones subjetivas, nos interesa establecer si existía en la población un sentimiento generalizado de ilegitimidad del sistema político o bien de injusticia social, e incluso una combinación de ambos.

Abordaremos esta pregunta focalizándonos en el período de la campaña presidencial de 1970, disputada entre tres conglomerados políticos, de derecha, centro e izquierda, representados por los candidatos Alessandri, Tomic y Allende, respectivamente. Los proyectos socioeconómicos de centro e izquierda – y especialmente el representado por Allende – postulaban cambios socioeconómicos polarizados con respecto de la posición de la derecha, lo que podría constituir un indicio de la ilegitimidad del sistema imperante. En esa situación inicial, la finalidad de este trabajo es identificar qué factores influían en la representación social (Moscovici, 2000) de la legitimidad del poder político y de la justicia social entre la gente común y corriente. Con el objetivo de contribuir a responder esa interrogante, analizaremos las percepciones individuales antes de la elección utilizando los datos originales de las encuestas de Hamuy y su equipo, así como otras fuentes de información, lo cual también ofrecerá indicios para entender mejor lo que ocurrió posteriormente cuando Allende fue elegido presidente.

En una primera parte expondremos nuestro enfoque teórico y conceptual, distinguiendo entre el nivel societal y la interacción entre los individuos. En una segunda parte presentaremos los datos más relevantes de las encuestas aplicadas por Hamuy en la época, en relación con el tema estudiado. Enseguida, discutiremos los resultados de nuestro análisis empírico en un contexto más amplio, para finalmente contribuir a un reexamen del período previo al inicio del gobierno de Salvador Allende.

La elección de 1970 y la pregunta sobre la justicia social

El sistema de poder en la “matriz clásica” de la época se caracterizaba por una estrecha vinculación entre lo político y lo socioeconómico (Garretón, 2007), y en ese contexto, la legitimidad del régimen democrático se encontraba vinculada a las ideas y acciones orientadas a una justicia social. Ello significa que el régimen democrático gozaba de legitimidad aunque fuera instrumental, es decir, su apoyo por parte de los actores políticos y la población dependía de la capacidad del sistema sociopolítico de asegurar un orden socioeconómico justo.

En el período previo a la elección de Allende predominaba un consentimiento con respecto de las reglas del juego político, a diferencia de lo que ocurrió durante su presidencia, según ha sido ampliamente estudiado (Garretón e Moulian, 1983; Valenzuela, 1978; Pinto, 2005; Torres, 2014). La deslegitimación del régimen democrático o de la institucionalidad política era ajena al discurso de Allende y los partidos políticos de centro e izquierda2. Había una activa expresión de demandas sociales, pero, al mismo tiempo, el sistema político generaba aceptación en la acción y las ideas de la gente. Sin embargo, el sistema también era criticado, al ser acusado por algunos desde la izquierda de constituir un mecanismo político formal que impedía las transformaciones o inculpado por sectores de derecha como generador de “politiquería” e ingobernabilidad, pero se trataba de amenazas potenciales a la legitimidad del sistema político y el régimen democrático, lejanas a la crisis que sobrevendría posteriormente.

Por otro lado, a nivel de la gente común y corriente, la participación ciudadana en el proceso eleccionario de 1970 fue un indicador del funcionamiento del proceso democrático. A fines de la década de 1950, aumentó masivamente la cantidad de votantes, debido principalmente al derecho a sufragio otorgado a las mujeres. Entre la elección presidencial de 1964 y la de 1970 se experimentó un relativamente fuerte incremento de los votantes, que crecieron en un 17%. Esto tuvo origen en una reforma de la ley electoral en 1962 que hizo obligatoria la presentación de un certificado de inscripción en el registro electoral para realizar trámites en organismos públicos (Hamuy, 1967; Valenzuela, 1978; Nazer e Rosemblit, 2000), pero la consecuencia práctica fue un aumento de la participación político-electoral.

Fue después, durante el período entre 1970 y 1973, que perdió legitimidad el sistema de compromisos que se había ido construyendo en las décadas anteriores y se polarizaron las posiciones políticas. En términos exclusivamente politológicos, a la larga el centro político negó apoyo al gobierno y estableció una alianza con la derecha, la que cuestionó el funcionamiento del sistema democrático, con lo que el gobierno de Allende perdió respaldo en la opinión pública y esto facilitó la acción de los militares golpistas. La transición desde la legitimidad preelectoral del sistema democrático a la búsqueda de deslegitimización posterior del gobierno por parte de la derecha y la crisis del sistema de acuerdos democráticos durante el gobierno de Allende, es central desde una perspectiva histórica y plantea la interrogante sobre otras condiciones en el período previo. Si en el período de la elección presidencial de 1970 no hubo antecedentes directos de esa evolución posterior, la pregunta siguiente es si habían aspectos distintos a lo estrictamente ligado a la legitimidad política que pudieran haber incidido en su deterioro en los años siguientes, durante el gobierno de Allende. Esto nos redirige a la pregunta sobre la justicia social que abordaremos enseguida.

La elección de 1970 fue disputada entre tres conglomerados políticos equilibrados en fuerza y el resultado electoral no representó un gran giro a la izquierda en comparación con el porcentaje de votación obtenido por Allende en la elección presidencial anterior donde también fue candidato, ni expresó tampoco una radicalización del electorado; en cambio, las propuestas de su programa sí involucraban una mayor radicalización (Valenzuela, 1978; Angell, 2009; Torres, 2014). Allende fue elegido con sólo un 36% de los votos, pero agregando la votación del candidato de centro – Tomic – que también proponía realizar cambios socioeconómicos, ambos sumaron un 64% del electorado. El discurso programático tanto de Allende como del candidato demócrata-cristiano de centro izquierda (Tomic) consistía de modo central en una crítica del orden socioeconómico, caracterizado como injusto y que en lo sustantivo no permitía una verdadera democracia. En elecciones anteriores había habido un equilibrio entre tres tercios del electorado correspondientes cada uno a una tendencia de derecha, centro e izquierda, pero en 1970 el centrismo estaba más alineado en posiciones favorables a cambios de fondo, de modo similar e incluso competitivo con la izquierda.

Se había establecido y legitimado un mecanismo de compromisos sociopolíticos formales e informales, que contribuía a que las desigualdades fueran criticadas como injustas, pero toleradas y aceptadas a cambio de políticas sociales y reformas en beneficio de un sector social u otro. Esto fue transformándose a lo largo de los años sesenta en un discurso, cristalizado en el período preelectoral a 1970, que tenía como un tema central no sólo una crítica a las desigualdades como injustas, sino que además las declaraba intolerables e inaceptables. Una doble convicción sobre la injusticia del capitalismo y el diagnóstico de su ineficacia, era compartida por la izquierda, parte del centro político – incluyendo su candidato presidencial – y por significativos intelectuales del mundo académico, coincidiendo en una sensación de crisis del sistema (Moulian, 2006). Tomic, el candidato de centro, postulaba sustituir el agotado sistema capitalista y lo que denominaba el neo capitalismo a través de una “revolución chilena, democrática y popular” (Correa et al. , 2001) orientada a establecer un “socialismo comunitario”. Por su parte, la propuesta programática de Allende implicaba desplazar a las clases dominantes de sus posiciones de poder económico. El cuestionamiento apuntó en 1970 al orden socioeconómico en su conjunto, más allá de políticas sociales específicas como había ocurrido en la matriz clásica del siglo XX. Es importante destacar que la crítica radical a la inequidad del orden socioeconómico era paralela al consentimiento hacia el sistema político democrático, y la aceptación de los gobernantes elegidos democráticamente, como se manifestó en la elección de 1970.

Los resultados electorales fueron elocuentes en cuanto a expresar un rechazo consensual a la injusticia del orden socioeconómico. A la primera mayoría obtenida por Allende se agregaba la votación obtenida por el candidato de centro (Tomic), sumando ambos casi dos tercios de los votos. Al mismo tiempo, los resultados electorales visibilizaron un aislamiento de la tendencia conservadora en el restante tercio de los votos, obtenidos por el candidato de la derecha. Había un apoyo electoral mayoritario a realizar cambios en el sistema socioeconómico en su conjunto, que ya no era justificado, aceptado, ni tolerado.

Esa votación expresaba un principio de justicia distributiva. Los votantes juzgaban quién se beneficiaba de qué recursos y en cuál cantidad, pero teniendo presente la evolución en los años posteriores, surge la interrogante de si era algo más lo que estaba en juego para la gente. Esto implica examinar cuál era su propia perspectiva, más allá de lo expresado en los resultados electorales. Una pregunta relevante es si la crítica radical al orden socioeconómico en los discursos políticos de la época se correspondía o no con una percepción de injusticia social en la gente corriente que pudiera potencialmente deslegitimar el sistema político si éste no cumplía las demandas.

La evaluación de lo justo y lo injusto implica para la gente poner en una balanza dos aspectos, por un lado, las ideas, expectativas, deseos, criterios y principios de justicia, y por otra parte, la caracterización de situación a la cual se aplicarían esas ideas (Jasso e Wegener, 1997; Jasso, 2015; Jasso et al. , 2016; Liebig e Sauer, 2016). En este trabajo observaremos las aspiraciones que la gente común consideraba justas, frente a los problemas que percibía. Realizaremos un análisis comparativo de esas aspiraciones con el discurso político de la época, que criticaba fuertemente la injusticia social, a partir de un diagnóstico de las desigualdades sociales.

Aspiraciones de la población

El equipo de sociólogos encabezado por Hamuy asignó especial relevancia a incluir en los cuestionarios de las encuestas un ítem sobre los principales problemas del país, que formó parte de 20 de 28 encuestas aplicadas entre 1967 y 1970 de las que se conservan las bases de datos, más veces que cualquier otro ítem en las encuestas excepto datos sociodemográficos como sexo y edad. La forma habitual de plantearlo consistía en consultar a los encuestados “cuáles son los principales problemas que tienen los chilenos”, solicitando respuestas espontáneas. La mayor parte de las respuestas se referían a temas económicos, principalmente la inflación y el empleo, habiendo poca mención a políticas sociales prioritarias en la época o a la necesidad de cambios sociales, políticos y económicos de fondo.

Esas respuestas espontáneas y abiertas de los entrevistados se confirmaron en la encuesta de febrero de 1969, pero en esta ocasión Hamuy agregó por primera vez una pregunta cerrada en la que ofreció al encuestado cinco alternativas de solución a los problemas. Las alternativas incluían sólo las respuestas que habían sido más frecuentes en la serie de encuestas anteriores, descartando las restantes, lo cual permitiría establecer con precisión cuantitativa las prioridades de los encuestados. En especial, detener la inflación se había identificado como importante en los resultados de las encuestas anteriores y al incorporarla en una pregunta de alternativas, se haría viable establecer su prioridad para los encuestados con respecto de otros aspectos también relevantes y examinar su vínculo con las opiniones políticas, reforzando con esto último el aporte que habían hecho hasta entonces las encuestas de Hamuy.

La pregunta formulada se refería a cuál era en la opinión de cada cual el principal problema nacional, de modo similar a la pregunta abierta de las encuestas anteriores. Enseguida, el encuestado debía decidir entre las cinco alternativas formuladas en un sentido positivo, más como aspiraciones que como problemas.

Las dos primeras alternativas se referían a los problemas que predominaban en los resultados de las encuestas anteriores, expresándose ahora en la aspiración de “detener el alza del costo de la vida (inflación)” o bien de “asegurar trabajo a todos los chilenos”. Agregó un par de alternativas vinculadas a problemas que habían seguido en importancia cuantitativa a lo anterior, aunque en bastante menor proporción, apuntando en la nueva pregunta cerrada hacia las políticas sociales de “ofrecer más posibilidades de educación” y “solucionar el problema de la vivienda”. Una quinta y última alternativa postulaba la propuesta de “hacer la reforma agraria”.

De este modo, entre las alternativas no se incluyeron las grandes opciones del discurso político de la época como “hacer la revolución” o “superar el neocapitalismo”, lo que había sido escasamente mencionado por los encuestados en sus respuestas espontáneas a la pregunta abierta de la serie de encuestas anteriores, sino que se les solicitó priorizar aspiraciones que tenían como antecedente lo recurrentemente detectado como más frecuente en esas encuestas previas. Solamente una de las alternativas de la pregunta cerrada se refirió a un tema de intenso debate en el escenario político, la reforma agraria, que al igual que otros asuntos similares, había sido mencionado por una pequeña proporción de los encuestados en la serie de estudios anteriores, por lo que este ítem puede ser entendido una opinión sobre un tema político álgido que permite hacer comparaciones, a modo de variable de control, con las opiniones vinculadas a la experiencia de vida cotidiana.

Las opciones ofrecidas al encuestado se referían a aspiraciones más que a expectativas, pues no se le consultaba sobre si estimaba posible lograr lo que deseaba en caso de ser elegido un candidato específico. Consistían en preferencias de los individuos basadas en sus deseos y creencias acerca de la trayectoria que debería seguir el país en el futuro.

Así, el análisis de las bases de datos de las encuestas nos permite una aproximación inédita, con precisión cuantitativa, a las aspiraciones de las personas frente a los principales problemas que percibían en el país, las que reflejaban sus sentimientos e ideas de justicia con respecto esos problemas. La pregunta de alternativas cerradas referidas a aspiraciones se aplicó en seis encuestas en Santiago durante el período preelectoral de 1969–1970 (Gráfico 1), a muestras aleatorias que oscilaron entre 406 y 886 individuos. Además de la capital, la pregunta fue aplicada en dos encuestas en Valparaíso y Viña del Mar3, con similares resultados, por lo cual la información basada en Santiago puede estimarse en alguna medida representativa de las principales ciudades del país. Pero en rigor los datos no permiten generalizar al conjunto del país más allá del diseño muestral circunscrito a ciudades específicas, por lo cual complementariamente utilizaremos otras fuentes de información.

Fuente: Encuestas CEDOP, 1969-1970, Santiago.

GRÁFICO 1 Aspiración Principal, 1969-1970, Santiago.¿Podría indicarme cuál de estos problemas es más importante? (100% de la población de 18 años o más) 

Detener el alza del costo de la vida – la inflación – constituía la aspiración más importante para una amplia proporción de los encuestados, en promedio un 45% del total de los entrevistados de la serie de encuestas. Le seguía el anhelo de mejorar las oportunidades de empleo, con un promedio de 34%. Este orden de preferencias se repitió en una tras otra encuesta de Hamuy, excepto en una donde ambas aspiraciones estuvieron más equiparadas. En cuanto a la priorización en el empleo por una parte importante de los encuestados, debe tenerse presente que la tasa de desempleo era relativamente moderada, cercana a un 6% (Meller, 1998), por lo que posiblemente se referían de un modo general tanto a la cantidad como a la calidad del empleo. Comparativamente, las principales políticas sociales y la transformación de la propiedad privada agrícola, constituían las aspiraciones de un proporción baja de los encuestados – residentes urbanos –, en promedio inferiores a diez puntos porcentuales.

La relevancia asignada por las personas a la inflación era justificada: durante la década de los años 1960 se experimentó un aumento generalizado de los precios de los bienes y servicios en el mercado y en 1970 el índice de precios se elevó en un 30% (Braun et al. , 2000). La disminución del poder adquisitivo convertía a la inflación en la aspiración principal de las personas, mientras en contraste, la confrontación a quienes concentraban el capital económico, las compañías norteamericanas dueñas de las minas de cobre, los grandes empresarios y los terratenientes – “latifundistas” –, constituía un foco central del programa gubernamental de Allende. Estos sectores resultaban directamente identificables como oponentes de características particularistas, “culpables” de los problemas de acuerdo a dicho programa (Unidad Popular, 1969). Los discursos políticos y específicamente los discursos programáticos de los tres candidatos presidenciales, establecían un vínculo entre problemas socioeconómicos a nivel de la sociedad, con un otro generalizado y opuesto, los grupos dominantes – o en el caso de la derecha, la culpabilización atribuida genéricamente a la “politiquería” –, lo que hacía difícil para la gente común comprender y juzgar la naturaleza compleja de fenómenos como la inflación.

A diferencia de la prioridad que para los encuestados tenía la disminución del alza de precios, el efecto distributivo de la inflación recibía una atención poco relevante en el programa de Allende, ésta era categorizada de modo general como un fenómeno “humano” en el programa de centro de Tomic (PDC, 1969)4 y como una situación que “empobrece a todos” indistintamente y “no favorece a las empresas” según el programa de derecha de Alessandri (Alessandri, 1970; Partido Nacional, 1970)5. El programa de Allende indicaba que la inflación “obedece a causas de fondo relacionadas con la estructura capitalista de nuestra sociedad” y en consecuencia postulaba que enfrentarla era un asunto que “se decide esencialmente con los cambios estructurales”. En el discurso programático de los candidatos presidenciales estaba lejos de establecerse un estándar, por ejemplo, acerca de lo que sería justo en cuanto al sistema de precios.

De este modo, la acción política y el discurso sobre la justicia social a nivel nacional eran relativamente independientes de lo que los individuos percibían como problemas directos y vividos cotidianamente, la inflación y el empleo en una medida algo menor, que constituían sus aspiraciones. Como consecuencia, a nivel de los individuos más que una crítica radical a esas injusticias experimentadas cotidianamente, se abría camino una resignación y aceptación de las desigualdades asociadas a esos problemas centrales para las personas.

Aspiraciones, elección presidencial y desigualdades sociales

Hasta aquí hemos examinado de un modo general las aspiraciones de los encuestados, pero más allá de un promedio, es importante preguntarse qué estaba en juego para diversos sectores de la población y nuevamente, tanto los resultados electorales como las encuestas permiten aproximarse a una respuesta.

Comenzando por los resultados electorales, en el contexto de una sociedad marcada por valores tradicionales y donde una pequeña proporción de las mujeres realizaba actividades laborales remuneradas, no es de extrañar que hubieran marcadas diferencias de género en las preferencias políticas de la época. Los resultados de la elección presidencial 1970 en el Gran Santiago por sexo muestran que un 41% de los hombres votó por Allende, mientras los demás candidatos obtuvieron porcentajes menores entre los votantes de sexo masculino. En cambio, entre las mujeres la votación por Allende fue bastante menor, sólo un 29% de ellas. Sumando las votaciones de Allende y el candidato de centro (Tomic), en forma agregada obtuvieron más apoyo entre los hombres que entre las mujeres. Esto parece correlacionarse con un mayor grado de conservadurismo con respecto del rol de las mujeres. En una encuesta aplicada por Hamuy en 1970, ante la pregunta de si la mujer debe participar en política o dedicarse a sus labores de dueña de casa, esta segunda alternativa fue la respuesta de un 54% de las mujeres y la opinión de los hombres no difería demasiado6.

Las agudas desigualdades sociales en la época se expresaban también en diferencias en el espacio territorial de la ciudad, donde los sectores sociales marginalizados habitaban principalmente en un anillo urbano alejado del centro. A partir de una distinción de zonas de residencia en la ciudad de Santiago según la composición socioeconómica en la época (Gómez, 1999), es posible distinguir tres estratos, medio-alto, medio-bajo y bajo, al interior de los cuales los resultados de la elección presidencial de 1970 fueron marcadamente diferenciados. Entre los habitantes del sector bajo, un 44% de los votantes apoyó a Allende, mientras los demás candidatos obtuvieron votaciones bastante menores. A la inversa, su votación entre quienes residían en el sector medio-alto fue de solamente un 23%, pero la disputa era más equilibrada entre quienes habitaban en el sector medio-bajo. Considerando la suma de las votaciones de Allende y el candidato de centro (Tomic), de modo agregado obtuvieron un 71% de los votos en el sector bajo, decreciendo en el estrato medio-bajo y alcanzando sólo un 48% en el medio-alto. Había por lo tanto una correlación entre la votación y la estratificación social.

Más allá de los resultados electorales, las encuestas del equipo de Hamuy ofrecen la posibilidad de conocer mejor la relación entre aspiraciones, votación presidencial y desigualdades sociales. Las preguntas abiertas en los años anteriores acerca de aspiraciones de la población habían mostrado una y otra vez que las respuestas de los encuestados se centraban en asuntos de su experiencia de vida cotidiana, más que en políticas sociales o en el debate político sobre cambios socioeconómicos de fondo, de acuerdo a lo registrado en las bases de datos de esa serie de encuestas. Por lo tanto, creemos que al convertir la pregunta abierta en una de alternativas cerradas, lo que buscaba el equipo de Hamuy no era descubrir la relevancia de las aspiraciones cotidianas en comparación con los discursos políticos, sino establecer con precisión cuantitativa si habían diferencias en las opiniones de los encuestados dependiendo de sus características socioeconómicas.

Las encuestas aplicadas por Hamuy permiten estudiar más a fondo las aspiraciones y preferencias electorales de los individuos, en el contexto de las desigualdades sociales existentes en la época. Utilizamos para ello específicamente la base de datos de la encuesta de agosto 1970, altamente confiable en cuanto a las preferencias de voto, pues en los resultados electorales posteriores se registraron votaciones muy similares para los candidatos en la ciudad de Santiago7. Analizamos los datos utilizando la técnica estadística del análisis de correspondencias múltiples, que en la época todavía no se había desarrollado, el cual permite resumir una gran cantidad de datos de tablas de frecuencia8. A partir de ese entrecruzamiento de datos, el análisis de correspondencias múltiple en el Gráfico 2 nos permite identificar la forma en que se asocian la aspiración principal y el candidato presidencial por el cual votará el encuestado, vinculando esto además con características socioeconómicas centrales de cada uno; es decir, dos individuos encuestados se parecen si tienen casi las mismas respuestas a esas preguntas y similares características socioeconómicas.

Fuente: Encuesta Cedop ago. 1970, Santiago.

GRÁFICO 2 Elección Presidencial 1970, Santiago: Análisis de Correspondencias Múltiples Según Aspiraciones, Preferencias Electorales y Características Socioeconómicas 

El análisis de correspondencias múltiple aplicado a la encuesta de agosto de 1970, cuantifica las respuestas de los encuestados a los diversos ítems del cuestionario que son nuestro objeto de estudio, a través de puntos en el Gráfico 2 que representan atributos referidos a las variables sexo, edad, estrato socioeconómico y preferencia por un candidato presidencial.

El estrato social medio-alto y medio-bajo de los encuestados se correlaciona marcadamente con la variable referida a una aspiración en particular, sea ésta educación o disminución de la inflación, como puede visualizarse a través de la cercanía entre los puntos referidos a ambas variables en el gráfico. Además, el estrato social se correlaciona fuertemente con la preferencia por algunos de los candidatos.

Las diferencias más acentuadas corresponden a los puntos más alejados del centro del gráfico y se sitúan en mayor grado en el eje horizontal (dimensión 1), consistiendo principalmente en desigualdades entre estratos sociales y en menor medida diferencias según niveles educacionales. Estas diferencias socioeconómicas entre los entrevistados se entrecruzan con diferentes aspiraciones, que en el Gráfico 2 se discriminan en el eje vertical (dimensión 2).

Lo anterior permite observar cuatro tipos de encuestados, que en el gráfico se distinguen con líneas entrecortadas. Un primer tipo estaba conformado por integrantes del estrato medio-alto y en una alta proporción se trataba de personas que respondieron la encuesta señalando que ante todo valoraban la educación, pero entre ellos había un bajo consenso en cuanto a la preferencia por uno u otro candidato. Un segundo tipo de encuestados, más jóvenes y heterogéneos en cuanto a su posición socioeconómica, era cercano al candidato de centro-izquierda (Tomic) y asignaba mayor importancia relativa a ampliar las posibilidades de empleo y a la reforma agraria. En tercer lugar, quienes integraban el estrato medio-bajo, especialmente mujeres en su mayoría dueñas de casa y personas de 41 o más años de edad, priorizaban la solución del problema de la inflación y tendían a preferir al candidato de derecha, Alessandri.

Un cuarto tipo de encuestados, integrantes del estrato bajo y con bajo nivel educacional, no asignaba especial relevancia a una u otra aspiración particular, diferenciándose en esto del estrato medio-bajo. En comparación con este último estrato, un elevado porcentaje también consideraba que disminuir la inflación era su anhelo principal, pero en forma menos marcada. El mayor apoyo a la candidatura de Allende se situaba precisamente entre estas personas residentes en zonas de estrato bajo, predominantemente sectores urbanos pobres o marginales, con aspiraciones generales más que particularistas, al mismo tiempo que eran más lejanas a su candidatura la clase media-baja y las dueñas de casa.

En resumen, había una relación entre características socioeconómicas de las personas, las aspiraciones para el futuro del país y sus preferencias electorales, lo que se expresaba de manera diferente entre tipos de encuestados. La clase media-alta coincidía en asignar especial importancia a ampliar la educación, pero su apoyo electoral estaba dividido entre los tres candidatos; esto último es consistente con la afirmación de que la confrontación política tenía lugar sobre todo entre élites, con un discurso común que apelaba a la transformación y modernización aunque con significados diversos y opuestos (Martínez e Díaz, 1995), lo que como vemos ocurría en un estrato medio-alto de nivel educacional superior que estaba dividido en su apoyo a los candidatos. Mejorar el empleo era especialmente relevante para los más jóvenes y para los votantes del candidato de centro. Los encuestados de clase media-baja, principalmente dueñas de casa, aspiraban sobre todo a detener la inflación y tendían a votar por el candidato de derecha.

Como hemos señalado, los más desposeídos eran la principal base de apoyo de Allende y sus anhelos tenían un carácter menos particularizado, es decir menos vinculados a los problemas específicos de su condición, si los comparamos con otros estratos sociales. Esa adhesión política puede interpretarse, así, como el resultado de años de vínculo de los partidos de izquierda con sectores populares, lo que habría cimentado en éstos una confianza en que su candidato presidencial se haría cargo de sus demandas. En ese sentido una prolongada historia de vínculo entre la izquierda y las demandas sociales generaban confianza suficiente para el apoyo a ideas generales de justicia y cambio social, lo que hacía innecesario un discurso político en torno a ciertos temas de interés particular en el caso de sectores populares, lo que era más problemático en el caso de la clase media baja.

Los resultados de las encuestas puestos en contexto

Hacia fines de la década de 1960, prevalecía en país un clima de agitación social y política (Correa et al. , 2001), aumentando las huelgas de trabajadores urbanos (Pizarro, 1986) y de campesinos (Affonso et al. , 1970; Klein, 1973; Kay, 1978; Huerta, 1989; Gómez y Echenique, 1991; Bengoa, 2016), así como los movimientos reivindicativos de pobladores urbanos (Garcés, 2002), en comparación con los años previos. Sin embargo, esa movilización era en parte conducida por partidarios de los candidatos de izquierda y de centro, sin ser considerada una amenaza para el régimen democrático y el sistema político establecido (Valenzuela, 1978; Álvarez, 2010), involucrando especialmente a los más activos al interior de amplios conglomerados de individuos como los representados en las encuestas.

Los resultados de las encuestas en la capital del país posiblemente se extendían a las demás ciudades, pero en algunas zonas los problemas y aspiraciones de la gente eran de otro tipo. En zonas rurales y agrícolas, una ley sobre sindicalización campesina dictada en 1967, conjuntamente con la ley sobre reforma agraria, permitió la constitución de sindicatos y la presentación de demandas, expresando aspiraciones que antes no habían sido planteadas. Así por ejemplo, en las zonas rurales de las provincias de Osorno y Llanquihue, se constituyeron sindicatos en casi todas las comunas de esas provincias y la mayor parte de las demandas que se plantearon en 1969 y 1970 estuvieron focalizadas en problemas laborales y salariales, más que en la propiedad de la tierra agrícola (Klein, 1973). Estas demandas campesinas, de orientación distributiva y de cambio en las relaciones de trabajo, más que de transformación de la propiedad agrícola, fueron inesperadas y estaban fuera del debate político nacional. El programa gubernamental de Allende no hacía mención a ellas, sino a la necesidad de una reforma agraria que terminara con las grandes propiedades agrícolas – los “latifundios”. En todo caso, la votación de los candidatos de centro e izquierda en las comunas rurales de Osorno alcanzó al 61% – en mayor proporción para el candidato de centro –, un porcentaje superior al que obtuvieron en la ciudad de Osorno, que indicaría una cercanía de la población campesina y rural con esos candidatos.

Lo anterior constituye un indicio de que en 1970, diversos sectores de la población ponían en tela de juicio la distribución de los beneficios en el marco del orden socioeconómico, pero eso ocurría de modo fragmentado, en espacios específicos de interacción social y en forma relativamente desconectada entre un grupo y otro. Por ejemplo, en las zonas agrícolas y rurales, donde los campesinos tenían una escasa capacidad de consumo de bienes producidos en zonas urbanas, fueron puestas en cuestión las relaciones de trabajo con los propietarios agrícolas, mientras en las ciudades la disminución de la inflación era la aspiración más relevante para las mujeres dueñas de casa, quienes veían amenazada su capacidad de consumo.

Adicionalmente, algunos de los segmentos sociales involucrados en problemas específicos, como las dueñas de casa con respecto de la inflación y las mujeres en general, así como los sectores urbanos pobres o marginales y los campesinos, eran escasamente reconocidos y valorados como actores dentro del orden socioeconómico de la época (Mattelart e Mattelart, 1968; Garretón, 1989; Kirkwood, 1986; Gómez e Echenique, 1991). Sus aspiraciones asociadas a los problemas que experimentaban cotidianamente, eran tematizadas como secundarias en el discurso programático de los actores políticos a nivel nacional, sin proporcionar una interpretación de esas aspiraciones en torno a los principios centrales de justicia social que se declaraban.

A pesar de esa desconexión de lo que era experimentado en la vida cotidiana en comparación con los discursos programáticos, la adhesión a un candidato u otro y a partidos políticos indica que la gente esperaba que sus representantes darían satisfacción a sus aspiraciones. De un modo más general, resulta útil considerar la distinción entre dos tipos de apoyo político (Easton, 1975), uno difuso orientado hacia valores y en el largo plazo, en contraste con un apoyo de tipo específico, orientado hacia asuntos concretos e inmediatos. El apoyo de los electores para Allende y el candidato de centro, era la expresión de un apoyo difuso más que un apoyo específico orientado a la satisfacción de expectativas ligadas a su experiencia personal e inmediata. El léxico del “socialismo” o la “justicia” en el discurso de los candidatos presidenciales de centro e izquierda convertía en fines últimos las aspiraciones más concretas de uno u otro sector de la población. Sin embargo, aunque había un aparente ajuste con los discursos ideológicos, estas aspiraciones permanecían latentes desde hacía ya varios años y posiblemente continuarían subyacentes en el tiempo venidero.

Lo examinado hasta ahora permite aproximarnos a responder la interrogante de si en 1970 había una crisis de consentimiento en torno a las reglas del juego político y si el orden socioeconómico había dejado de ser justificado. La legitimidad política y la justicia social estaban relacionadas de un modo que es resumido en la Tabla 1 y en ello incidía no sólo lo que ocurría a nivel macro o societal, sino que esto se interrelacionaba con el nivel micro de los individuos y sus relaciones sociales. La experiencia individual y grupal de desigualdades sociales que generaban aspiraciones pero sin que éstas fueran directamente representadas como injusticia social a nivel societal, moderaba una crítica del orden socioeconómico. Ese orden era en alguna medida criticado por la gente, pero por razones diferentes a los discursos formulados por parte de los conglomerados políticos y en forma fragmentada en diversos focos. Debido a que había una identificación de aspiraciones focalizadas, pero sin referencia a creencias colectivas sobre lo injusto, las desigualdades involucradas tampoco eran categorizadas como injusticias sociales que determinaran poner en tela de juicio el orden socioeconómico ni que erosionaran la legitimidad de las reglas del juego político. Estas últimas no sólo eran toleradas, sino que gozaban de una fuerte aceptación por parte de los individuos, como se manifestaba en la creciente participación electoral. Posiblemente, la expectativa difusa de soluciones desde el sistema político con respecto de aspiraciones socioeconómicas específicas, reforzaba la legitimidad de las reglas del juego político, al mismo tiempo que su legitimización atenuaba la representación de injusticias sociales con respecto de los problemas y aspiraciones en la vida cotidiana de las personas.

TABLA 1 Legitimidad Política y Justicia Social en 1970, a Nivel Macro y Micro 

LEGITIMIDAD POLÍTICA JUSTICIA SOCIAL
NIVEL SOCIETAL Aceptación (consentimiento) de reglas del juego político-electoral Crítica del orden socioeconómico
INDIVIDUOS Y GRUPOS Aumento de participación en elecciones Aspiraciones específicas y fragmentadas

Los resultados obtenidos del estudio sobre la interrelación entre lo macro y lo micro en la legitimidad y las representaciones de lo (in)justo durante el período previo a la elección de Allende como presidente en 1970 son interesantes desde el punto de vista sociológico considerando que la mayor parte de los estudios acerca de la época se focalizan en el escenario político del período y en la acción colectiva tendiente a transformar la situación existente. La reflexión sobre el pasado debe situarse en el contexto del lenguaje de la época, siguiendo a Kosseleck (1993), pero esto frecuentemente circunscribe el análisis histórico al discurso predominante en ese momento. Al incluir también otras voces, como las mujeres dueñas de casa y las personas corrientes, se aprecia la relevancia de fenómenos como la inflación, frente a la cual no había respuesta natural y directa en la episteme de las corrientes políticas de ese tiempo, desde la derecha a la izquierda. Esto se ve confirmado por otro de los casos mencionados previamente, el de los campesinos, entre quienes las reivindicaciones laborales tenían gran relevancia e incluso predominaban por sobre la distribución de la tierra que estaba en el centro de los programas políticos (Affonso et al. , 1970; Klein, 1973; Kay, 1978; Huerta, 1989; Gómez e Echenique, 1991). Lo que ocurría en la gente común era distante de los discursos políticos del período, a pesar de lo cual su voto se inclinó por los candidatos que podrían dar satisfacción a sus aspiraciones al proponer cambios orientados a una mayor justicia social.

También es importante contextualizar las encuestas analizadas en la evolución posterior, cuando Allende fue elegido presidente. Desde el primer momento, la derecha inició una estrategia de deslegitimación del gobierno, que culminó en el quiebre de la democracia en 1973. Al mismo tiempo, la elección de Allende como presidente acentuó la expresión de aspiraciones sociales, amplificando un ciclo de acción colectiva que incluyó la ocupación de fábricas por sus trabajadores, terrenos urbanos por los sin casa y propiedades agrícolas por parte de campesinos e indígenas. La multiplicación de ideas y sentimientos de injusticia a nivel de individuos y grupos se agregó al proceso político. Las expectativas de mayor justicia social pusieron a prueba la legitimidad del sistema político establecido. Gradualmente, se intensificó una ideologización y una polarización entre dos posturas políticas, que a la larga serían utilizadas por la derecha para justificar el golpe militar de 1973 pretextando la ilegitimidad del régimen democrático (Valenzuela, 1978; Garretón e Moulian, 1983; Moulian, 2006; Torres, 2014).

Lo anterior constituyó un giro en gran medida posterior a la elección de Allende: como hemos mostrado a partir de los datos arrojados por las encuestas aplicadas antes del gobierno de Allende, problemas socioeconómicos concretos se expresaban en aspiraciones específicas y fragmentadas entre un grupo social y otro, sin ser considerados como injusticias a nivel societal. Pero en el nuevo período los problemas y aspiraciones fueron representados por muchos como injusticias sociales que requerían rápida solución, con una u otra orientación política. Este giro, así como el desarrollo del plan opositor, son parte de otro análisis histórico, pero los resultados de las encuestas aplicadas en el período electoral previo a la elección de Allende, dejan interrogantes abiertas. Por un lado, qué ocurrió con las aspiraciones subyacentes en la gente durante el período electoral y por otra parte, cómo surgió ese cambio hacia mayores y nuevas aspiraciones de justicia social entre la gente común y corriente, considerando que antes de la elección estaban legitimadas las reglas del juego político y si bien habían aspiraciones concretas, éstas no eran representadas claramente como injusticias sociales. Este trabajo ha mostrado que complementariamente al conocimiento existente sobre los procesos sociopolíticos y actores colectivos a nivel macro en el período del gobierno de Allende, también sería relevante estudiar las percepciones de la gente corriente durante ese período gubernamental.

Discusión y conclusión

Los resultados del análisis de las encuestas permiten examinar cómo contribuyen al conocimiento sobre la época, específicamente acerca de la situación en el período previo a la elección de Allende.

Este estudio ha permitido responder la pregunta acerca de cuáles eran las ideas y sentimientos entre la gente común y corriente, acerca de la legitimidad del poder político y la justicia social, y qué factores influían en esas representaciones subjetivas. La legitimidad del sistema político no era puesta en cuestión y tampoco surgía un cuestionamiento basado en ideas y sentimientos de injusticia referido directamente a aspiraciones individuales, pues aunque el discurso político nacional con mayor apoyo electoral era crítico a la injusticia social, entre las personas encuestadas había una percepción de problemas y aspiraciones cotidianas que no se representaban subjetivamente de un modo claro como injusticias. Esto se observa al considerar las encuestas del equipo de Eduardo Hamuy como una serie de varios años de duración, partiendo de una pregunta abierta hasta que se seleccionaron finalmente las opiniones más frecuentes de los encuestados, para establecer cuantitativamente cuáles de ellas eran las principales.

Nuestros resultados sobre la situación específica analizada aportan a la discusión teórica sobre si el razonamiento de los individuos para evaluar lo (in)justo es predominantemente inductivo o normativo, referido a una escala micro o macro (Guibet Lafaye, 2014; Liebig e Sauer, 2016). Los resultados obtenidos admiten dos líneas de interpretación, la primera con énfasis en el nivel micro de las aspiraciones individuales y la segunda poniendo el acento en el nivel macro y la política como articuladora de esas aspiraciones.

Una primera interpretación consiste en que había una distancia entre aspiraciones individuales y principios de injusticia expresados en los discursos políticos a nivel nacional, que no permitía expresar dichas aspiraciones como injusticias. Por un lado, como hemos expuesto, aspiraciones socioeconómicas específicas como detener la inflación y mejorar las oportunidades de empleo eran consideradas importantes para el país por los individuos encuestados antes de la elección de Allende. En forma recurrente, la gente anhelaba una solución a estos problemas concretos y su aspiración se refería ante todo a una situación socioeconómica que afectaba negativamente a sus hogares en su vida cotidiana, sin ser evaluada contraponiéndola a una idea o estándar sobre lo justo a nivel societal. Los discursos políticos a nivel nacional en sus propuestas programáticas no ofrecían a la gente referentes normativos concretos acerca de sus aspiraciones, por ejemplo, cuál debería ser una tasa de inflación aceptable. Tampoco comunicaban a cuáles expectativas de empleo podrían aspirar las personas, especialmente los menos calificados, quienes eran los que más resentían subjetivamente una falta de oportunidades en el mercado de trabajo, de acuerdo con los datos analizados. La ausencia de esos puntos referenciales acerca de qué era o debería ser lo justo, dificultaba comparar aspiraciones individuales o colectivas con esos estándares de justicia.

Además, las aspiraciones cotidianas no eran representadas claramente como injusticias debido a la heterogeneidad de esas aspiraciones. Nuestro análisis de los datos de la encuesta de agosto de 1970 muestra que las creencias sobre la importancia relativa de una aspiración u otra, variaban según si correspondían a mujeres dueñas de casa, trabajadores manuales hombres, grupos de edad más jóvenes o profesionales universitarios. Además, sabemos que algunos de estos segmentos de la sociedad constituían agregados de individuos más que actores sociales; por ejemplo, las mujeres en esa época no tenían una voz en el espacio público o al menos ésta era limitada. En otros casos, la ausencia de una acción colectiva que postulara un criterio de justicia frente a problemas socioeconómicos específicos, muestra que otros segmentos como los sectores urbanos pobres o marginales constituían agregados de individuos más que grupos sociales con intereses e ideas propias, que sólo esporádica o parcialmente eran representados por movimientos sociales como el de pobladores. Así, cuando no existía una identidad grupal como en el caso de las mujeres dueñas de casa o ésta era limitada como en el caso de los sectores urbanos marginales, se carecía de referentes comunes para evaluar lo justo o lo injusto en la sociedad. La heterogeneidad social y por ende de las aspiraciones particulares de cada agregado de individuos, contribuye a explicar por qué no surgía una idea compartida de injusticia basada en sus inquietudes.

De este modo, al nivel micro de las personas y su interacción durante el período electoral, se atenuaba la representación de injusticias sociales que vincularan sus aspiraciones cotidianas y particulares, con el discurso político nacional crítico hacia la injusticia social en un sentido generalizado. Lo analizado empíricamente a partir de encuestas aplicadas en la época podría interpretarse como una disociación entre un nivel micro y un nivel macro, entre aspiraciones individuales no representadas como injusticias y el discurso político nacional sobre injusticias sociales, lo que aportaría a un reexamen del período previo a la elección del presidente Allende.

Una segunda línea de interpretación consiste en que las aspiraciones individuales se subsumían en el discurso político nacional crítico a la injusticia social y en proyectos colectivos a nivel de la sociedad. La prueba de esto se encuentra en la votación obtenida por los dos candidatos presidenciales favorables a los cambios sociales y por Allende en particular. Esa votación muestra que el discurso político nacional nombraba de un modo general las aspiraciones individuales, dando cuenta de ellas. La política articulaba las aspiraciones de los individuos, diferenciándose de cada una de ellas en particular. Las candidaturas presidenciales evitaban representar esas aspiraciones en forma fragmentada; al generalizarlas y articularlas evitaban una escisión entre un nivel macro y un nivel micro. La concordancia entre esas aspiraciones que hemos analizado empíricamente y el triunfo de la candidatura Allende, indica que entre el nivel micro y macro había sólo una aparente disociación.

En el contexto de la época, esa articulación se veía favorecida por un sistema en el cual las aspiraciones de la gente y en especial las demandas de quienes eran más activos, eran articuladas y mediadas por movimientos sociopolíticos como el de pobladores y por dirigentes políticos de base o de nivel intermedio, entre quienes tenía respaldo una candidatura como la de Allende. Además, en la época los discursos políticos nacionales en sus propuestas programáticas buscaban dar cuenta de las aspiraciones de la gente a un nivel general más que como una suma de compromisos electorales y en torno a esas propuestas las personas definían sus preferencias electorales.

Los resultados de las encuestas – continuando esta segunda línea interpretativa – muestran precisamente el tipo de aspiraciones que la gente descubría en la candidatura presidencial de Allende, incluyendo enfrentar la inflación y mejorar el empleo. La menor asociación de su candidatura con las mujeres dueñas de casa y con la clase media-baja – en comparación con otros candidatos – dependía de opciones políticas generales en mayor medida que de un discurso político nacional referido más específicamente a la inflación u otras aspiraciones.

En síntesis, la primera línea de interpretación se refiere a una incapacidad de percibir subjetivamente las aspiraciones individuales como representaciones de lo justo en la sociedad, mientras la segunda pone de relieve una capacidad de la política de unificar esas aspiraciones en un proyecto de justicia social más allá de una simple suma de compromisos electorales. La primera línea se focaliza principalmente en un nivel micro de los individuos y su relación con los más cercanos, mientras la segunda tiene su foco preferente en un nivel macro de la política a escala nacional. Desde un punto de vista teórico, estas dos líneas de interpretación coinciden en ofrecer evidencia de que las representaciones sociales sobre lo (in)justo pueden presentar diferencias marcadas entre un nivel micro y un nivel macro en la sociedad, guardando ambos niveles una relativa autonomía durante un período específico, pero manteniendo una interdependencia.

Desde un punto de vista empírico, nuestro trabajo aporta resultados de interés para ambas interpretaciones. Nuestros resultados muestran una menor asociación de la candidatura de Allende con las mujeres dueñas de casa, el estrato medio-bajo y la población de mayor edad, quienes aspiraban sobre todo a que disminuyera la inflación, lo cual de acuerdo a una primera línea de interpretación, sugeriría que su opción electoral se veía en alguna medida influenciada por el grado en que esa candidatura se hacía cargo de dicha aspiración referida a un aspecto específico de la vida cotidiana de las personas. En cambio, los resultados sobre la mayor asociación de la candidatura de Allende con los trabajadores manuales, las personas de menor nivel educacional y de estrato socioeconómico bajo, independientemente de sus aspiraciones específicas, sugieren que su apoyo electoral en esos sectores sociales dependía de opciones políticas generales – la segunda interpretación – en mayor medida que de un discurso político nacional referido más específicamente a la inflación u otras aspiraciones. Así, lo considerado justo por la gente corriente se explica por factores que empíricamente diferían entre un grupo social y otro.

Adicionalmente, la eficacia explicativa de cada una de esas líneas de interpretación podría evaluarse empíricamente desde la perspectiva histórica que nos otorga conocer actualmente los hechos posteriores, a lo que Bourdieu (2012, p. 219) se refirió como “un posible realizado”. En relación con la evolución posterior a la elección presidencial, hemos planteado que fue después de la elección que se multiplicaron las expectativas orientadas a una mayor justicia social, al mismo tiempo que se erosionó el sistema sociopolítico de compromisos formales e informales de las décadas anteriores. Las causas de esto requieren estudiar ese período continuando el análisis de aspectos abordados en este trabajo. Sin embargo, los hechos posteriores muestran que la pérdida de legitimidad del régimen político democrático fue sobre todo resultado de la acción de la derecha, que se planteó como objetivo principal y estratégico deslegitimar al gobierno y las reglas de la democracia, para permitir y estimular un golpe.

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1. Este trabajo contó con el apoyo de Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), Chile, proyecto Fondecyt Regular 1150808.

2. En este trabajo nos referimos específicamente al discurso político basado en argumentos formales y racionalizantes, más que en recursos argumentativos como la ilustración, la analogía y el uso de símbolos. Esto último ha sido analizado con respecto de la “fuerza de las palabras” en el discurso público de Allende (Roldán, 2011).

3. Encuestas Cedop de junio y julio 1970 en Valparaíso y Viña del Mar.

4. Declaración política y bases programáticas , aprobadas por la Junta Nacional del PDC el 15/8/1969.

5. El programa de Alessandri no incluía una política de liberalización de precios orientada a frenar la inflación, como ocurrió durante la dictadura militar a partir de 1975. Expresaba un antiestatismo respecto del discurso socialista y demócratacristiano, pero sin negar el papel del Estado en la economía de la época, a diferencia del modelo neoliberal establecido posteriormente (Valdivia, 2008).

6. Encuesta Cedop mayo 1970, Santiago, N = 679.

7. Las diferencias entre la encuesta (Cedop ago. 1970, N = 721) y los resultados electorales para los dos candidatos con mayor votación fueron -1,0 y -1,2 puntos porcentuales y para el tercero +2,2 puntos.

8. La técnica estadística del análisis de correspondencias fue desarrollada en 1973 por Benzécri en Francia y se hizo conocida en sociología a través de los trabajos de Bourdieu. Adicionalmente, realizamos análisis estadísticos de regresión multinomial y de regresión logística binaria para analizar la asociación entre las variables.

Recibido: 30 de Agosto de 2017; Aprobado: 21 de Marzo de 2018

OSCAR MAC-CLURE es profesor del Centro de Estudios del Desarrollo Regional y Políticas Públicas (CEDER) de la Universidad de Los Lagos, Chile. E-mail: oscar.macclure@gmail.com.

MANUEL ANTONIO GARRETÓN es profesor del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. E-mail: magarret@uchile.cl.

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