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Acta Paulista de Enfermagem

Print version ISSN 0103-2100

Acta paul. enferm. vol.24 no.4 São Paulo  2011

https://doi.org/10.1590/S0103-21002011000400001 

EDITORIAL

 

Salud, riesgos e hiperprevención

 

 

Prof. Dr. Luis David Castiel

Investigador en Salud Pública de la Escuela Nacional de Salud Pública - Fundação Oswaldo Cruz - FIOCRZ, Rio de Janeiro (RJ), Brasil

 

 

Hay un énfasis moralista y normativa en las complejas sociedades modernas y su correspondiente preocupación con responsabilidad y culpabilización(1). Esta actual visión moralista se presenta especialmente en el campo de la promoción de la salud. Se fundamenta en raciocinios que buscan establecer riesgos de agravios preferentemente sustentados por la búsqueda de pruebas oriundas de investigaciones médico-epidemiológicas. De esta forma, se procura definir, localizar e intervenir en aquellos individuos considerados responsables por fallas en términos de prevención de riesgos a la salud.

La prevención – basada en el principio de que algo es seguro en cuanto no se demuestre peligroso, habiendo evidencias estadísticas que sustentan la noción de riesgo – se suma a la precaución, basada en el principio de que nada es seguro en cuanto no se demuestre ser inofensivo, cuando no hay tales evidencias de falta de riesgo. Juntemos la protección a esa díada – las medidas de control de la calidad y seguridad para la salud en relación al consumo de agua y alimentos, condiciones de moradia, saneamiento.

Ese conjunto es capaz de ocasionar lo que podría ser llamado de hiperprevención. Aqui, nos estamos refiriendo, bajo el punto de vista de una teoría crítica, a la institución de una normatividad prevencionista excesiva en el campo de la salud pública, en general, y de la promoción de la salud, en particular. Actualmente eso puede suceder frente a las amenazas catastróficas tanto en el ámbito colectivo como individual. Véase, por ejemplo, el ambiente de pánico inicial en relación a la gripe porcina.

En el caso de la prevención de los riesgos sanitarios, frente a tantas imponderabilidades que abarcan la determinación y la presentificación de agravios a la salud, aun tomándose las medidas preventivas, no tenemos la certeza de que los resultados de protección estén garantizados con las medidas tomadas. Convivimos, de modo general, con un estado de riesgofobia – el miedo por quedarnos a merced de riesgos que estarían en acción en un momento de descuido para amenazarnos.

Cabe resaltar que no se trata aquí de desconsiderar el indiscutible poder del conocimiento existente sobre riesgos, importante en las técnicas y conjuntos de prácticas con miras a la prevención de enfermedades de ámbito poblacional. Innegablemente, el cálculo de los riesgos, en términos de su orientación temporal futurológica, desempeña un importante papel en el sentido de viabilizar el delineamiento de regularidades y patrones hasta que se puedan ordenar las circunstancias de modo que se obtenga algún sentido de previsibilidad con miras al control y a la prevención.

Importa, sí, señalar los posibles efectos de exageraciones en su utilización y resaltar su vinculación con aspectos indeseables de una cultura de la ansiedad frente a la imposible gestión de todos los pregonados riesgos que nos amenazan.

Considerados de manera específica, los riesgos pueden tener origen inteligible. Pueden ser razonablemente descritos, explicados, anticipados y ser pasibles de control efectivo mediante intervenciones bien indicadas. Encarados como fenómeno acumulativo, los riesgos parecen ser menos razonables en términos de abordaje y contención. Vistos como fenómeno de carácter global complejo, los riesgos crean un ambiente apocalíptico resultante de la hibridación de riesgos reales e imaginarios de distintos tenores y provenientes de diferentes fuentes - ecológicas, meteorológicas, geológicas, biomédicas, sociales, militares, políticas, económicas, financieras e informacionales(2).

Cabe aquí la pregunta: ¿Será que, cada vez más, se va a concebir la idea de salud a partir de la noción de seguridad? ¿Y que ésta estará mediada por una pedagogía dirigida a la monitorización por medio de autovigilancia pasible de crear un ambiente propicio a paranoias y prácticas obsesivas de hiperprevención?

En suma, la actual promoción de la salud dominante puede presentar efectos colaterales en su perspectiva neo-higiénica, de fuerte contenido moral con miras a las pretensiones de la longevidad con vitalidad. De cierta forma, se pretende que nos mantengamos más tiempo saludables en el contexto individualista de la producción de riquezas y del consumo. Pero, al mismo tiempo, puede alimentar precariedades ambientales, sociales, políticas y económicas y elevar nuestras incertidumbres, ansiedades y miedos.

 

REFERÊNCIAS

1. Innerarity D. La sociedad invisible. Madrid: Ed. Espasa Calpe, 2004.         [ Links ]

2. Van Loon J. Risk and Technological Culture: towards a sociology of virulence. London: Routledge, 2002.         [ Links ]

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