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Caderno CRH

Print version ISSN 0103-4979On-line version ISSN 1983-8239

Cad. CRH vol.30 no.80 Salvador May/Aug. 2017

http://dx.doi.org/10.1590/s0103-49792017000200008 

ARTIGOS

SAQUEOS EN LA ARGENTINA: algunas pistas para su comprensión a partir de los episodios de Córdoba - 2013

SAQUES NA ARGENTINA: algumas pistas para sua compreensão a partir dos episódios de Córdoba - 2013

LOOTING IN ARGENTINA: some clues for its comprehension based on the episodes of Córdoba – 2013

PILLAGES EN ARGENTINE: quelques pistes pour les comprendre avec l’exemple des épisodes de Córdoba – 2013

Adrián Scribano* 

Pedro Lisdero** 

*Universidade de Bueno Aires. Instituto de Investigaciones Gino Germani. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Uriburu 950, 6to Piso. Ciudad de Buenos Aires – Argentina. adrianscribano@gmail.com

**Universidad Nacional de Villa María. Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad(CIECS). Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Av. Valparaíso s/n, Ciudad Universitaria. Córdoba – Argentina. pedrolisdero@gmail.com

RESUMEN

Dando continuidad a una serie de reflexiones que se inscriben en el cruce entre los estudios de la acción colectiva, crítica ideológica y sociología de los cuerpos y emociones, este trabajo se propone tramar una explicación de los saqueos en Argentina, en tanto fenómenos asociados a unas políticas de las sensibilidades particulares. Para ello, revisa las maneras existentes para comprender a los saqueos; posteriormente reconstruye – a partir de diferentes fuentes secundarias – una aproximación a la “historia de los saqueos” en la Argentina, describiendo y estableciendo proximidades y distancias con el episodio ocurrido en Córdoba, en 2013. Finalmente desarrolla algunas posibles interpretaciones de este episodio en función del análisis de material cualitativo (observaciones y testimonios de actores). En las conclusiones, se enfatiza el modo en que los saqueos plantean la “sin razón” de unas prácticas del sentir particulares, que pueden describirse en la relación entre flujo, masa, bronca y vértigo. Desde aquí se sintetizan algunas pistas para análisis futuros.

Palabras-clave: Saqueos; Acción colectiva; Sensibilidades; Cuerpos; Conflicto

RESUMO

Dando continuidade a uma série de reflexões que se situam no cruzamento entre os estudos da ação coletiva, da crítica ideológica e da sociologia dos corpos e emoções, este trabalho se propõe a tecer uma explicação dos saques na Argentina como fenômenos associados a políticas das sensibilidades particulares. Para isso, revisa os modos existentes de compreender os saques; posteriormente, reconstrói – a partir de diferentes fontes secundárias – uma aproximação da “história dos saques” na Argentina, descrevendo e estabelecendo proximidades e distâncias com o episódio ocorrido em Córdoba em 2013. Finalmente, desenvolve algumas interpretações possíveis desse episódio em função da análise de material qualitativo (observações e testemunhos de atores). Nas conclusões, enfatiza-se o modo como os saques concebem a “sem razão” de algumas práticas de sentir particulares, que podem ser descritas na relação entre fluxo, massa, raiva e vertigem. A partir daí, são sintetizadas algumas pistas para análises futuras.

Palavras-Chave: Saques; Ação coletiva; Sensibilidades; Corpos; Conflito

ABSTRACT

Continuing with a series of reflections that are situated between the studies of collective action, ideological criticism and the sociology of bodies and emotions, this study proposes to explain lootings in Argentina as phenomena associated with policies of particular sensitivities. In order to do this, this study revises the different ways of understanding the lootings; later, it reconstructs – from different secondary sources – an approximation of the “history of the spoliations” in Argentina, describing and establishing proximities and distances with the episode that occurred in Cordova in 2013. Finally, some possible interpretations of this episode are developed due to the analysis of qualitative material (observation and actors’ testimony). In the conclusion, it is emphasized the way in which lootings conceive the “unreason” of some particular practices of feeling, which can be described in the relationship between flow, mass, anger and vertigo. From there, some clues are synthesized for future analysis.

Key words: Lootings; Collective action; Sensitivities; Bodies; Conflict

ABSTRACT

En poursuivant une série de réflexions qui se situent à l’intersection entre les études d’action collective, la critique idéologique et la sociologie des corps et des émotions, cette étude propose d’expliquer les pillages en Argentine, considérés comme des phénomènes associés à des politiques de sensibilités particulières. Pour ce faire, les moyens existants pour comprendre le pillage sont revus et ensuite, on reconstruit – à partir de différentes sources secondaires – une approximation de “l’histoire des pillages” en Argentine en décrivant et en faisant des rapprochements avec l’épisode qui s’est produit à Córdoba en 2013. On élabore enfin plusieurs interprétations possibles de cet épisode en fonction de l’analyse d’un matériel qualitatif (observations et témoignages des acteurs). Pour conclure, on souligne combien les pillages conçoivent la “déraison” de certaines pratiques sentimentales particulières, qui peuvent être décrites dans la relation entre flux, masse, colère et vertige, et quelques pistes sont indiquées de manière synthétique pour la réalisation d’analyses futures.

Key words: Pillages; Action collective; Sensibilités; Corps; Conflits

INTRODUCCIÓN

saquear. (De saco).

1. tr. Dicho de los soldados: apoderarse violentamente de lo que hallan en un lugar. 2.tr. Entrar en una plaza o lugar robando cuanto se halla. 3. tr. Apoderarse de todo o la mayor parte de aquello que hay o se guarda en algún sitio (Diccionario..., 2001).

“No hay robo si el consentimiento puede ser presumido o si el rechazo es contrario a la razón y al destino universal de los bienes. Es el caso de la necesidad urgente y evidente en que el único medio de remediar las necesidades inmediatas y esenciales (alimento, vivienda, vestido...) es disponer y usar de los bienes ajenos (cf. GS 69, 1) (Catecismo..., 2017)

[…] el botín conquistado fuera de Europa mediante el saqueo descarado, la esclavización y la matanza refluían a la metrópoli para convertirse aquí en capital (Marx, 2009, p. 142).

Los primeros días de diciembre del 2013 encuentran a la ciudad de Córdoba, Argentina, sumergida en el contexto de una huelga policial y un conjunto de saqueos, que, con el correr de las horas, se extendió a otros puntos de la provincia y fuera de ella. Para los argentinos, los saqueos tienen una resonancia muy especial en su historia reciente. Si bien no son muchas las explicaciones a nivel global sobre este fenómeno, se los suele asociar a efectos de los llamados desastre naturales (Baeza, 2010; Benjamin , 2007; Quarantelli et. al., 1970; Sadiq, et. al., 2012; Vázquez Lezama, 2012). Más allá de los últimos episodios, las ciencias sociales argentinas debemos redoblar nuestros esfuerzos para explicar por qué, en nuestro caso, los saqueos se conectan siempre a los resultados de prácticas sociales específicas y con contextos de “crisis”.

Nuestro objetivo aquí es avanzar, al menos parcialmente, en una explicación de los saqueos en tanto fenómenos asociados a unas políticas de las sensibilidades particulares.1 Para lograr dicho objetivo, hemos seleccionado la siguiente estrategia argumentativa:

  1. Revisamos, de modo parcial, las maneras existentes para comprender los saqueos en la literatura al respecto;

  2. Reconstruimos – a partir de diferentes fuentes secundarias – una aproximación a la “historia de los saqueos” en la Argentina, describiendo y estableciendo proximidades y distancias con el episodio ocurrido en Córdoba en 2013;

  3. Proponemos, a través de material cualitativo, posibles interpretaciones;2 y

  4. Sintetizamos, a modo de conclusión, algunas pistas que consideramos deben marcar futuras indagaciones.

El análisis que aquí presentamos se conecta con los trabajos que venimos realizando sobre acción colectiva, crítica ideológica y sociología de los cuerpos y emociones. Es así que debe inscribirse en la trama paradigmática que ofrece el realismo crítico dialectico, la teoría crítica y la hermenéutica crítica y, específicamente, se debe articular con nuestras indagaciones individuales y colectivas sobre la situación actual del capitalismo en el Sur Global (Lisdero, 2009, 2012; Scribano, 2005, 2009b, 2012a, 2012b; Scribano Boito, 2009; Scribano; Lisdero, 2009).

¿ QUÉ SON LOS SAQUEOS? UNA REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

De manera esquemática y global, podría observarse que la noción de saqueo ha sido problematizada alrededor de acontecimientos particulares como “fenómenos naturales”, esto es, terremotos, tsunamis, inundaciones, etc. En este sentido, hay todo un desarrollo y problematización de la relación entre riesgos y desastres (así llamados) “naturales” y la posibilidad de que existan saqueos.3 Al mismo tiempo, los saqueos han sido asociados a los procesos de guerras, de situaciones de beligerancia y de post-beligerancia, particularmente en Asia y África (Azam; Hoeffler, 2002; Cook, 2013; Hovil; Werker, 2005). Las vertientes teóricas que se encuentran aquí son Teorías de Sistemas Complejos, Procesos de Colonización, Formas Sociales de Resolución de Crisis, constituyendo, de esta manera, una visión pluriparadigmática. Finalmente, estos fenómenos han sido además problematizados y definidos desde el análisis de las protestas, disturbios y rebeliones. Tal es el caso, por ejemplo, de los aportes que realiza McDonald (2012) para comprender los “motines” y “disturbios” producidos en el mes de agosto de 2012 en diversas ciudades Inglesas. En el marco de la definición de los mismos como una acción colectiva, este autor reconoce que la extensión de este fenómeno (looting) condujo a instalar una discusión acerca de las herramientas teóricas para su comprensión. Así, mientras los “disturbios” de este estilo, hacia principio de los 80 o aún en el 2001, en Inglaterra, eran comprendidos en el marco de respuestas contra el racismo, la discriminación y la violencia policial, los sucesos más recientes – como los que aquí analizamos – exigen una reformulación de los marcos de comprensión.

En este sentido, McDonald (2012) identifica, entonces, las siguientes fuentes teóricas relevantes y recurrentes en el análisis de los saqueos. En primer lugar, una vertiente retoma los aportes de Bauman (2011) en la crítica de la sociedad moderna, particularmente en lo que refiere a la expansión del consumismo. Rechazando las ideas de sugestión, revueltas, insurrección e incluso colapso moral, McDonald (2012 ) propone la noción de anomia tomada de Merton, interpretando los “disturbios” como el producto de la creciente “grieta” establecida entre la desigualdad social y la penetrante cultura de consumo masivo.4

Otra perspectiva teórica utilizada retoma los aportes de Collins (2008), interpretando los “disturbios” desde una mirada interaccionista, y señalando que estos sucesos establecen un tiempo y espacio particular, donde se constituye una zona de “moral holiday”. Los sujetos se sienten protegidos por la multitud, y toman coraje para realizar actos “normalmente” prohibidos. En este marco, los saqueos, lejos de constituir actos de codicia individual, son definidos como “formas espontáneas de organización social”. Contrariamente a la propuesta de Tilly (2003), quien considera a los saqueos como la degeneración de la acción colectiva hacia una búsqueda oportunista de ganancia individual, o del propio Bauman (2011), quien describe a los saqueadores como un intento fugaz de involucrarse en el consumo del que han sido excluidos, por su parte Collins (2008 ) insiste en que esta es apenas una dimensión de lo que ocurre, enfatizando una mirada en la que los saqueos constituyen una forma a partir de la cual los “disturbios” pueden constituirse como un tiempo y espacio particular, afectando la participación de las masas (McDonald, 2012, p. 19).

Por su parte, si volvemos la mirada a las investigaciones que en América Latina5 se han ocupado de este fenómeno, sin duda el llamado Caracazo ha sido una referencia para los estudios en la región, y de la emergencia de nuevos repertorios de la protesta en particular. En este sentido, algunas de las perspectivas identificadas por Vázquez Lezama (2012) son:

  1. Desde una mirada crítica a la historiografía contemporánea, se enfatiza el lugar del “acontecimiento” en el entendimiento de la realidad histórica;

  2. Desde una perspectiva que retoma los aportes de la “economía moral marxista”(E.P. Thompson), enfatizando la existencia de un “código implícito” que regularía las relaciones y expectativas entre grupos sociales, y cuya ruptura (interpretada en este caso de Caracazo por las medidas de ajustes anunciadas por el Presidente Carlos Andrés Pérez) desembocó en la sublevación de aquellos que se sintieron abandonados ante los actores del mercado;

  3. Complejizando la mirada acerca de la ambivalencia implicada en este fenómeno (valoraciones diferenciales acerca, incluso, de los propios actos de saqueos), otras investigaciones señalan la tensión que se juega en la inscripción de este fenómeno en la “memoria colectiva” como un momento donde el sufrimiento y la represión penetraron el espacio vital de los sectores populares, posibilitando la re-significación de “la rebeldía”;

  4. Finalmente, otra mirada interpreta las representaciones en el marco de cierta oposición entre “civilización” y “barbarie”, permitiendo comprender el sentido de la justificación de la represión en el marco de los procesos de dominación (los saqueadores, barbarizados, son reprimidos en búsquedas en un efecto civilizador que pone en relación el centro con los márgenes).

El trabajo puntual de Vásquez Lezama (2012) analiza y compara dos episodios de saqueos en Venezuela: en primer lugar, los saqueos asociados al llamado Caracazo (1989) y, en segundo, aquellos acontecidos en el estado de Vargas, casi diez años después (diciembre de 1999), después de un “desastre natural”. Así, esta autora encuentra que estos fenómenos se constituyen históricamente como una forma violenta del ejercicio del poder, pero también como una forma de resistencia, permitiéndole analizar, a través de los saqueos, las “[…] reglas de aceptabilidad de la violencia y de la represión en la historia contemporánea de Venezuela” (Vásquez Lezama, 2012, p. 7).

Por otra parte, los saqueos acontecidos en Chile y vinculados al terremoto que afectó la zona centro-sur en febrero de 2010 también han constituido otro momento relevante para comprender la producción teórica sobre estos fenómenos en la región. Así, Sanzana Calvet (2010) destaca dos perspectivas que se han ocupado de interpretar estos hechos: una que extiende una imagen de “explosión social”, generada por “jóvenes marginales” que aprovechan la situación para cometer delitos; y otra que interpreta los saqueos como una tensión con la imagen de un “Chile opulento”, marcando la continuidad de estos actos con la acción de sectores de trabajadores precarios. (Calvet, 2010, p. 147). Transversalmente, esta autora define a los saqueos como “[…] acciones disruptivas del orden social normal” (Calvet, 2010, p. 146).

Desde una mirada diferente sobre los mismos sucesos, aunque aun manteniendo cierta tensionalidad en la relación entre saqueos y orden social, Baeza (2010) acuña la expresión “carnaval perverso” para interpretar los saqueos en Chile. Problematizando la noción de anomia de Durkheim, retoma aportes de la antropología para analizar cómo se despliegan una serie de sucesos que pueden ser comprendidos como una especie de “válvula de escape” ante la fuerte normatividad y control social que una sociedad ejerce sobre sus miembros. Así señala que: “[…] la sociedad civil generó una reacción más saludable que logró re-posicionar valores sociales tradicionales en pleno escenario de precariedades creadas con motivo de la catástrofe.” (Baeza, 2010, p. 65-66).

Por su parte, en Argentina, desde la década del 80, se han producido algunos estudios particulares muy específicos sobre el saqueo como un fenómeno social. Los análisis disponibles se concentran en tres episodios “históricos” bien definidos: los saqueos acontecidos en los años 89-90; aquellos ocurridos sobre finales de 2001; y, de manera más escasa y reciente, algunas pocas indagaciones acerca de los saqueos producidos en diciembre de 2013. Sin intenciones de ser exhaustivos sobre este campo, algunas de las principales perspectivas podrían caracterizarse de la siguiente manera: 1) Una primera perspectiva, donde se inscriben los aportes del Grupo PIMSA, y, particularmente, los de Iñigo Carrera y Cotarelo (1997), se podría categorizar como materialismo histórico, que se vale de instrumentos de la sociología contemporánea como el análisis cuantitativo, encuestas, etnografía, etc. Así, estas investigaciones se ocupan del fenómeno a partir de un análisis más general sobre las luchas sociales. En la caracterización de las formas e instrumentos que las distintas clases, fracciones y capas sociales disponen para expresar su protesta, identifican a los saqueos junto a los “escraches”, ocupaciones de facultades, radios abiertas, ollas populares, concentraciones, etc. La particularidad del saqueo es definida en tanto esta acción expresa “[…] la imposibilidad, para una parte de la población, de obtener sus medios de vida dentro de la legalidad del sistema social vigente” (Iñigo Carrera; Cotarelo, 1997, p. 3). Así, realizan una distinción entre algunos saqueos que caracterizan como “revueltas”, donde los rasgos predominantes serían la “espontaneidad”, la dispersión de las acciones y la falta de antagonismo con las instituciones estatales, y “motines” donde el objetivo de apoderarse de la comida es reemplazado por “[…] el resentimiento u odio y el deseo de venganza contra los que tienen, la policía o alguna institución gubernamental” (Cotarelo; Iñigo Carrera, 2004, p 73); 2) Dentro de una segunda perspectiva desarrollada en Argentina, que también reconoce antecedentes comunes con lo que podríamos denominar “pensamiento crítico”, se inscriben los aportes de Gloria Rodriguez (una mirada antropológica del materialismo histórico). Particularmente, se ocupa de los saqueos acontecidos en 1989, los cuales son descriptos en el contexto de movilizaciones y protestas que caracterizó la contienda electoral argentina de ese año. Sitúa la emergencia de esos sucesos tomando como epicentro a la ciudad de Rosario, y define a los saqueos como

[…] un repertorio de formas elementales de la política a partir de comparaciones estratégicas con otros fenómenos contemporáneos. Lo encontramos relacionado con la situación de transición democrática de algunos países que venían atravesando profundas crisis políticas, económicas y sociales, como consecuencia de los condicionamientos políticos, expresados entre otros, por las deudas externas (Arias; Rodriguez, 1999, p. 55).

Los trabajos de Arias; Rodriguez (1999), así como los artículos reunidos en la compilación realizada con motivo de los 10 años de este episodio de saqueos en Rosario,6 constituyen uno de los esfuerzos pioneros en escudriñar este fenómeno social; 3) En una tercer mirada sobre estos fenómenos, inscripta igualmente en la línea del análisis de la protesta, de la acción colectiva y el conflicto argentino, situamos a los trabajos de Auyero (2003). Los análisis de este autor se alejan bastante de la visión marxista de las perspectivas presentadas, sosteniendo un abordaje antropológico que incorpora elementos y discusiones de la denominada “Teoría de lo Contencioso Político” (en la línea de los aporte de Tilly y Tarrow). En esta dirección, el autor observa, particularmente en su análisis de los sucesos de 2001, que los saqueos constituyen “nuevas y poco convencionales formas de beligerancia popular”, que, junto a otras “acciones colectivas insurgentes” (barricadas, tomas de edificios, etc.), vienen a caracterizar y marcar un “nuevo ciclo” de movilizaciones de alcance nacional en Argentina (Auyero, 2003). Señala que estos han sido “acontecimientos colectivos”, donde la comunicación entre vecinos jugó un papel importante (aún más que los medios); además abona la perspectiva expuesta de que pueden identificarse ciertas secuencias y grupos (vanguardias) en los sucesos, y afirma la heterogeneidad en la composición de los “saqueadores”. Su abordaje transita desde el análisis del contexto de “miseria generalizada” hasta la indagación de las “oportunidades” para la violencia colectiva. Complementariamente, en otros trabajos, recupera la voz de los actores para indagar la multiplicidad de sentidos que interpreta principalmente en cruce entre cierta fenomenología sobre las atracciones morales y sensuales de los saqueos (retomando a Jack Katz) y cierto abordaje culturalista, que busca indagar el sentido de la “violencia colectiva” (Auyero, 2007, p. 51-52);7 4) Finalmente, desde una perspectiva que tensiona los desarrollos producidos en el campo de estudios de la acción colectiva y el análisis del conflicto social, con los aportes de lo que es el Realismo Crítico Dialéctico, la Teoría Crítica y la Hermenéutica Crítica, encontramos una serie de investigaciones desarrolladas en el marco del Programa de Estudios sobre Acción Colectiva y Conflicto Social (CIECS – CONICET y UNC),8 dirigido por Adrián Scribano. Particular relevancia para este trabajo, revisten los aportes de Cervio y Eynard (2014), quienes se abocan al análisis de los saqueos en la ciudad de Córdoba en dos momentos: el estallido hiperinflacionario de 1989 y la llamada “crisis del 2001”. Estos autores ponen en relación las condiciones de surgimiento con la configuración de estrategias comunitarias en los sectores populares, y definen a los saqueos como:

[…] la acción de despojar/robar/desvalijar/depredar, ‘poniendo en el saco’ el botín arrebatado y dejando prácticamente devastado el lugar que es objeto y escenario de esta acción. Dada su naturaleza, se trata de un hecho colectivo que se manifiesta fugaz y repentinamente. Sin embargo, más allá del carácter perecedero de su manifestación, los saqueos siempre tienen algún grado de organización, es decir, no son espontáneos sino obra de grupos que se los proponen como un objetivo. (Cervio; Eynard, 2014, p. 6-7)

[los saqueos son] la manifestación de ese instante expresivo de la necesidad de cuerpos con hambre, cansados de no ser vistos ni escuchados.(Cervio; Eynard, 2014, p. 13)

En resumen, es difícil trazar una mirada unívoca sobre el fenómeno de los saqueos: desde su asociación a los desastres “naturales” y situaciones de beligerancia, pasando por las diferentes aproximaciones desde su conceptualización como acción colectiva, hasta los diversos aportes realizados desde Latinoamérica y particularmente desde la Argentina. Sin saldar las tensiones encontradas en las definiciones que se relevaron (parcialmente), y en función de abordar los objetivos propuestos para este trabajo, a continuación, realizaremos un breve repaso de los diferentes episodios de saqueos en la Argentina.

LOS SAQUEOS EN ARGENTINA: EPISÓDIOS

Los “Saqueos Históricos” (89/90, 2001)

Aunque las bases de datos disponibles sobre el fenómeno en la Argentina difieren en la cuantificación del mismo, los datos agregados permiten asociar a los saqueos a tres “picos” de visibilidad transcurridos en 89-90, 2001-2002 y 2013. En este sentido, los registros de “Nueva Mayoría9” (2013) señalan que, para el período 1989 y 2013, han tenido lugar 3356 casos de saqueos, situando en el contexto del “estallido de la hiperinflación” (1989) unos 676 casos; en el “estallido de la convertibilidad” (2001) 875 casos;10 a los cuales se suman 151 saqueos ocurridos las primeras semanas de 2002. En el periodo posterior, los saqueos tienen baja frecuenta (2003: 14 casos; 2008: 9 casos; 2009: 5 casos; 2010: 26 casos; 2011: 11 casos) hasta diciembre de 2012. Ese mes, los saqueos se inician en Bariloche, extendiéndose a varias provincias, alcanzando un pico relativo de 228 casos. En 2013, el fenómeno adquiere nuevamente mayor magnitud, contabilizando un total de 1266 casos (superando los picos anteriores).

Respecto del primer episodio de saqueos (1989-1990), éstos se realizan en un contexto de crisis muy particular: el final de la década de los 80 presenta un escenario marcado por la hiperinflación, la crisis política que desembocó en la renuncia del primer presidente elegido democráticamente después del golpe de estado de 1976, y una grave situación social la cual encuentra expresión, entre otras, en las acciones de saqueos.11 Al respecto, Neufeld y Cravino (2007, p. 15) observan que los saqueos

[…] ocuparon sólo un período corto de tiempo: unos días de fines de mayo/principios de junio de 1989 y otros en 1990. A simple vista pueden ser tomados como un episodio más de protesta, sólo recordado por la magnitud (tuvieron lugar en casi todos los grandes conglomerados urbanos del país, aunque se manifestaron con particular fuerza en el Gran Rosario y el Gran Buenos Aires) y por la conmoción y miedo que provocaron en el ánimo de todos.

Sin embargo, consideramos que fueron mucho más que un episodio fugaz. Constituyeron un punto de quiebre en dos sentidos: por un lado, marcaron la antesala de la Reforma del Estado, ya que ésta se legitimó con el argumento de la crisis a la que los saqueos contribuyeron como imagen fantasmagórica de la hiperinflación; por el otro, los saqueos dejaron huellas que no quedaron sólo en la memoria como hechos singulares, sino que fueron el comienzo de la construcción de toda una trama organizativa barrial tendiente a la resolución de la vida cotidiana. Cuando finalmente los ansiados víveres llegaron a los barrios – producto de los saqueos o de los apresurados aportes de particulares y el Estado –, se organizaron una multiplicidad de ollas populares. Éstas se recuerdan como el origen de comedores y guarderías actuales.

Casi diez años después, en diciembre de 2001, se produce un nuevo pico de protesta social donde los saqueos vuelven a ser protagonistas. Efectivamente, las imágenes de grupos de personas ingresando por la fuerza a supermercados mostraban una estrecha relación entre los saqueos y su capacidad de “comunicar” acerca de los procesos de re-estructuración social. Tal como observan Cervio y Eynard (2014, p. 17):

[…] el hambre, la pobreza, la desnutrición y el desempleo se entrelazaban en la postal social de aquellos días con saqueos a comercios y supermercados, con escraches de pequeños ahorristas frente a los bancos que habían confiscado sus ahorros de toda la vida, con una intensa crisis institucional que se tradujo en el paso de cinco presidentes en tan solo doce días, con las tremebundas cifras del ‘riesgo país’ difundidas por los medios de comunicación al ritmo del ‘minuto a minuto’, con el grito que se vayan todos que aunaba las expresiones de protesta en las principales ciudades del país. Éstas y otras escenas que se repetían en aquel diciembre de 2001 (y meses sucesivos), expresaban – sin rodeos – la remoción de los umbrales de tolerancia y soportabilidad de miles de ciudadanos frente a la obscenidad de un modelo económico que, lejos de mostrar sus límites, estaba metamorfoseándose.

Las diferencias y continuidades entre estos episodios han sido problematizadas por distintos autores. Respecto a las primeras, Neufeld y Cravino (2007) observan, a partir de la información relevada en entrevistas realizadas a sujetos habitantes de barrios populares, que los saqueos del 89-90 surgían como un momento de confusión (“rumores, sensación de no saber quién es quién, etc.”), construcción (valoración positiva sobre el saldo en la organización de ollas populares, comedores, referencias a identidades colectivas), e unidad barrial (identidad que trascendía las pertenencias políticas, laborales, etc.). Por su parte, las imágenes que surgen de las entrevistas acerca de los saqueos de 2001 están vinculadas a la fragmentación.

Algunas otras diferencias relevantes destacadas por estos autores son:

  1. Diferente contexto macroeconómico: hiperinflación y estabilidad de precios, y alta desocupación;

  2. Actor colectivo sospechado de instigar los saqueos: en 2001, se hacía hincapié en una “conspiración política”, y se habla de la instigación de los “punteros”; en tanto que, en el episodio 89-90, uno de los sectores acusados eran activistas de izquierda. Finalmente, los autores destacan un factor común que atraviesa la experiencia de los sujetos en los dos episodios: el miedo. El mismo estaba asociado a rumores de ataques entre los barrios, “fijando” a las personas en su casa, y viendo al “vecino” como una amenaza (Neufeld; Cravino, 2007, p. 22-24).12

A continuación, se ampliará desde una mirada crítica la comparación de los diferentes episodios (incluyendo los saqueos de 2013).

Los Saqueos De 2013: Córdoba como Epicentro

Este último episodio de saqueos, acontecidos entre los días 3 y 4 de diciembre de 2013, comienza en Córdoba (particularmente en la ciudad capital, aunque también se registran saqueos en otras localidades), extendiéndose por varias provincias. De acuerdo a los datos publicados por el periódico La Voz del Interior a un año de los eventos13, puede realizarse la siguiente síntesis de los eventos:

- Se produjeron 485 saqueos: 82 saqueos grandes, 382 de menor escala, 21 intentos;

- Los mayores saqueos se concentraron en las grandes superficies de hipermercados y centros comerciales o locales de ropa o electrodomésticos de dimensiones importantes, en los cuatro puntos cardinales;

- 34 saqueos fueron llevados a juicio:

[…] el 41 por ciento de los imputados de las causas elevadas a juicio fueron detenidos durante saqueos en los cuales había uniformados. Hay dos grandes grupos de imputados: aquellos que fueron arrestados cuando cometían el robo dentro de los locales o que fueron aprehendidos en inmediaciones del lugar saqueado, acusados por robo (34 por ciento) o por hurto (ocho por ciento). El sector mayoritario: quienes fueron denunciados en forma anónima (en general, por vecinos que los vieron descargar la mercadería en sus casas) o a través de otros procedimientos (por ejemplo, su vehículo fue ubicado junto al supermercado asaltado) y los que, en las viviendas, tenían productos robados. En la mayoría de los casos, se agregó a la imputación el agravante calamitoso, ya que los delitos fueron producidos en el marco de un contexto de conmoción social (A Juicio..., 2014).

Hasta 2.12.2014, sólo tres juicios con condenas a saqueadores.14

Sobre este episodio, Korstanje (2013, p. 1) observa:

Entre el 03 y 04 de Diciembre de 2013, se suceden en la Provincia argentina de Córdoba, una serie de saqueos que terminan con varios detenidos, destrozos, un muerto y un estado de caos general en las calles como pocas veces ha visto la ciudad. La causa, una huelga de la policía local por demandas en el sueldo. Ante la negativa de la gobernación a los reclamos, la policía se auto-acuartela liberando las calles a grupos de delincuentes que saquean y roban a varios negocios.

Para ampliar la mirada acerca de la protesta policial, las 26 manifestaciones registradas en diciembre de 2013 se inscriben entre los puntos de mayor frecuencia en la historia de los últimos 20 años para este actor (en los años 89-90, se registran altos valores, 23 y 29 casos, respectivamente, amesetándose la frecuencia durante la década de los 90 y el primer decenio del nuevo siglo) (Nueva Mayoría: 2013),

En contraste con las “huelgas históricas” del sector policíaco en la Argentina (huelga policial de 1958 enmarcada en el proceso denominado resistencia peronista, o aún el llamado Navarrazo en 1974), las protestas más recientes se caracterizan por: reclamar sin armas de fuego; muchas veces, se protesta sin uniformes; los procesos de negociación son conducidos por mujeres, familiares y(o) abogados; se destaca la presencia de policías retirados y se recurren a repertorios tales como el corte de calle y quema de neumáticos. La particularidad de las protestas de 2013, que las posiciona como la mayor huelga policial en la historia, tiene que ver con su extensión: 21 distritos sobre 24 registraron protestas en una misma semana (Nueva Mayoría, 2013).

Las primeras lecturas sobre este último episodio de saqueos plantean algunas singularidades respecto de los anteriores. Al respecto, Nueva Mayoría establece que:

  1. no se corresponde a un contexto “de extrema crisis económica”;

  2. el disparador fue la protesta policial;

  3. adquieren protagonismos, además de “pobres e indigentes”, sectores de clase media baja;

  4. la composición del botín en varía, incorporándose significativamente electrodomésticos e indumentaria;

  5. las redes sociales han ocupado un lugar importante, para difundir y convocar, o para vender mercancía (Nueva Mayoría, 2013).

Korstanje (2013), por su parte, se aboca en entender la relación entre la huelga y la “desestructuración del orden social” a partir de tres dimensiones analíticas: la propiedad privada, la extorsión y la descomposición social. Cervio y Eynard (2014) observan que comprender este nuevo episodio exige “[…] pensar qué formas actuales podemos encontrar en las fronteras de la socio-segregación clasista de las ciudades, y la unificación mercantil deseante de todas las prácticas que nos definen como agentes sociales pero también, como aquello que vivenciamos – desde lo más ‘profundo del Ser’ – como ‘lo más nuestro’: la subjetividad.” (Cervio y Eynard, 2014, p. 22). En este sentido, Epoz (2013) presenta una serie de descripciones etnográficas, donde la mirada y el discurso de los medios tienen un lugar central, y en las cuales introduce una serie de situaciones con el objetivo de problematizar la “violencia urbana”. Allí se presentan, entonces, las barricadas de los estudiantes de Nueva Córdoba y algunos sucesos de linchamientos, los llamados de “solidaridad” de los comerciantes que convocaban a la defensa de sus negocios, el llamado de los periodistas a “quedarse en su casa y no salir”, gente armada y en la calle en otros barrios y su difusión por los medios, la solicitud de las autoridades de colaboración a la ciudadanía para identificar a quienes participan de los saqueos, imágenes de “lo saqueado” circulando por Facebook, entre otras.

Marcando algunas distancias y continuidades con las escasas interpretaciones disponibles, en el apartado siguiente señalaremos unas primeras lecturas preliminares de este episodio de saqueos, a partir de un ejercicio de comparación crítica con los “saqueos históricos”.

Una primer mirada comparativa

La primera observación que realizaremos remarca cierta diferencia acerca del contexto social en el que transcurren estos tres episodios de saqueos. En la definición de estos contextos, conviene tener presente las particularidades que adquiere el proceso de re-estructuración del régimen de acumulación y de dominación. En este sentido, la relación entre crisis y las variables que parecen configurarse son diversas, y, por lo tanto, debemos problematizar las formas de manifestación (síntomas) de estos procesos antes que comprarlos mecánicamente.

Otra diferencia relevante apunta a los actores protagonistas, no por su clase sino por el tipo de organización. En los sucesos de Diciembre de 2013, se pone en evidencia un proceso de desarticulación de los actores colectivos en territorio, que contrasta con las imágenes de los “saqueos históricos” (tal como se ha señalado a través de los aportes de Cervio y Eynard 2014 y Neufeld y Cravino, 2007). Sin embargo, esto no constituye un dato a favor de la hipótesis de “saqueos espontáneos”, sino que, en todo caso, se conforma en una mirada crítica sobre la forma y la densidad de organización que adquirieron los saqueos en sí mismos. En este sentido, podríamos preguntarnos: ¿Cuáles son las “formas” vinculadas a la organización de los actores? ¿Qué relación hay entre estas “formas” y las estructuras de relaciones sociales previas? En los apartados siguientes, avanzaremos en esta dirección.

Un tercer rasgo diferencial vinculado al anterior, interpela acerca de la “sorpresa”, obnubilación, congelamiento, coagulación de la capacidad de respuesta, que pareció invadir a muchas de las organizaciones, colectivos sociales y políticas, durante este último episodio. En contraste, si se analizan los saqueos de 2001 en Córdoba, se destaca la presencia de organizaciones sociales que, por ejemplo, “frenaban algunos desmanes” en el propio evento (Scribano, 2005). Queda en evidencia, en los sucesos de 2013, la imposibilidad de las organizaciones sociales y políticas territoriales de estar, de constituirse en ese espacio y tiempo particular del saqueo.

Por otra parte, una cuarta observación podría realizarse retomando las diferentes similitudes entre estos últimos saqueos y los “episodios históricos”. En este sentido, tanto en unos como en otros sucesos, cobran visibilidad mediática los sectores populares y las invisibilizadas clases medias (en tensión con algunas de las interpretaciones presentadas hasta aquí). A su vez, se destaca la ambigüedad de la presencia policial, no solamente en Córdoba (donde la huelga policial era extendida y la mayoría de los agentes se “retiran de la calle”), sino también en otros lugares del país. Otra similitud se da en la forma en que se organiza la percepción en término de amenaza de clases y de barrios – territorialidades. Esta cuestión se plasma en las frases “ahí vienen”, “me dijeron que los van a atacar a ustedes”, que son vehiculizadas por los medios de comunicación social, y las fuerzas represivas.

En quinto lugar, hay una serie de lógicas donde los puntos entre diferencias y semejanzas transitan por bordes muy finos. Un ejemplo de ello deviene de la reflexión acerca de los objetos del saqueo. En cuanto a los “puntos y lugares” del mismo, se observa que transcurren tanto en las grandes superficies de concentración de alimentos como en el supermercado pequeño. Asociado a esto, la mirada sobre “qué se lleva o saquea”, debería reconocer que la imagen ampliamente difundida acerca de que, en los últimos episodios (2013), “no se saqueaba comida sino elementos tecnológicos” debería problematizarse. Al respecto, cabe aclarar que los elementos tecnológicos siempre fueron objetos de los saqueos en el país, y que resulta significativa la imagen de que los primeros condenados por la justicia Cordobesa asociados a estos hechos habían saqueado “latas de conserva y paquetes de yerba”.15

También, en este borde de diferencias y semejanzas, un capítulo especial reviste la propia represión de los saqueos. En este sentido, más allá de la ambigüedad y la ausencia de la policía o del tipo de inserción policial que reprimió este último episodio, parece claro que, en estas situaciones, se acepta el hecho represivo como normal (incluso la demanda de represión es un elemento recurrente en las crónicas de esos días). Si bien podría pensarse esto como similitud o continuidad entre los diferentes episodios, resulta, por otra parte, interesante co-bordearla desde las diferencias a partir de las particularidades que han tenido el proceso de policiamiento de los militares y la militarización de la policía en el país, y en Córdoba particularmente en la última “década” (Scribano, 2014; Scribano Zanin, 2012). Desde esta mirada crítica, no resulta similar la represión si se la interpreta en el cruce de las relaciones entre las fuerzas de seguridad, la represión organizada y la criminalidad organizada.

A continuación, trazaremos varias pistas analíticas para ampliar y complejizar algunas dimensiones de las interpretación hasta aquí introducidas.

HACIA UNA(S) INTERPRETACIÓN(ES) POSIBLE(S)

Retomando las discusiones desarrolladas hasta aquí, en este apartado presentamos una serie de lecturas en función de dos fuentes que confluyen en dar testimonio de la experiencia de los sujetos en el contexto de los aludidos sucesos en la Ciudad de Córdoba. La primera fuente remite a una serie de anotaciones etnográficas realizadas en ocasión de un “intento de saqueo” el día 4 de diciembre de 2013. La segunda, a entrevistas periodísticas realizadas y publicadas por el diario La Voz del Interior (principalmente en la serie de notas editadas como suplemento a cumplirse un año de los sucesos). Ambos caminos interpretativos convergen en la posibilidad de una mirada particular acerca del estado de las relaciones sociales.

Los tiempos y espacios del saqueo: cuando el cuerpo dice “Sin Hablar”

Nota de campo 1:

A dos cuadras de un gran centro comercial situado en un barrio céntrico de la ciudad de Córdoba, vienen tres niños en un carro (tirados por un caballo). El mayor de ellos no ha de superar los 13 años. Las calles muestran un paisaje atípico para un miércoles a la mañana: no circulan vehículos… ningún negocio abierto. La ciudad está desierta, como si fuese un domingo… (N. de C., 4 dic. 2013).

El Centro Comercial pinta una postal en el mismo tono que el resto del barrio: ni un vehículo en el siempre infestado estacionamiento… Desierto. En los alrededores, contrastan en el paisaje algunos curiosos que, guarecidos en las sombras ante el calcinante sol de las 11, miran atentos a un no sé qué. Quizá lo convocante es ver precisamente esa nada, en un lugar donde a estas horas pasa todo. En verdad, a mí también me sorprendió el paisaje desolador: las luces apagadas, la ausencia de movimiento en un lugar que siempre es un hormiguero (N. de C., 4 dic. 2013).

Los niños del carro vienen charlando bajito, como matando el tiempo, o mejor diría, como remontando otros tiempos. El tranco de cansino animal no supera el mío, y las voces de los jóvenes se me imponen en el inmenso silencio. Risueños, indiferentes, casi como comentando el clima, dice uno: una remerita aunque sea… No importa el talle: si no me va, la vendo…” (N. de C., 4 dic. 2013).

El momento de saqueo se configura con un tiempo-espacio particular, donde parece operar una ruptura del código implícito que configura las condiciones necesarias para el mantenimiento de las situaciones cotidianas. Se trama como un momento donde el aire parece paralizarse, y aquellas mediaciones de y para la acción tan desapercibidamente centrales comienzan a cobrar ciertas asperezas. Hace mella en el continuo fluir de la normalidad.

Sin embargo, en tensión con esta aparente ruptura, el consumo como lógica de estructuración de tiempo y espacio deviene nuevamente organizador del momento del saqueo. Así, lejos de constituirse en su antítesis, el saqueo es atravesado en sus medios y fines: la propia práctica de saquear se constituye en una excusa para incorporarse en los procesos metabólicos del intercambio mercantil (“aunque sea para venderla”). Así, la quietud, que imponía la imagen del desierto, no es parte de aquel tiempo que busca destituir el capricho de la organización impuesta por la reproducción del capital. En su lugar, el tiempo de saquear también nos habla acerca de la penetración de la lógica del consumo en los propios deseos de los sujetos.

Nota de campo 2:

Cuando me acerco al ingreso de la playa, aparece raudamente un móvil policial (raro espécimen en estas horas), del cual se bajan agitados dos uniformados. El móvil bloquea la puerta de ingreso del centro comercial, y, en seguida, uno de los policías se acerca a los transeúntes, que ya éramos tres… ¿Todo bien oficial?, pregunta un hombre parado junto a mi… No, todo mal. Yapeyú y Pueyrredón16 vienen para acá, responde. Y agrega: Así que si tienen algo para defender, vayan a buscar. Otro joven, de entre los curiosos, dice: Pero y ¿cómo podemos ayudar?, a lo que el policía responde: Y si tenés… desde una gomera hasta lo que sea. Cuando se vienen es muy difícil pararlos (N. de C., 4 dic. 2013).

Cuando regresé al Centro comercial, la convocatoria policial había tenido un magro éxito en comparación con la de los vecinos y comerciantes auto-convocados y decididos a la defensa del shopping… Unos 30-40 vecinos rodeaban la manzana (en la parte trasera, están los portones de acceso a los depósitos). Los que estaban apostados sobre el frente, cruzaron unas camionetas 4x4 sobre las puertas secundarias, y blandían palos, cadenas, barras de tiro para remolque... Auxiliando la cruzada, los vecinos acercaban agua fresca, e indignación solidarizante (N. de C., 4 dic. 2013).

Tal como da cuenta la bibliografía, el rumor del “ataque desde otros barrios” es también, en este episodio, sembrado por las fuerzas de seguridad. Neufeld y Cravino (2007) observan la funcionalidad de este rumor, vinculada a la necesidad de las autoridades de impartir miedo para que los sujetos permanezcan inmóviles (dentro de sus casas) y, así, poder restaurar el orden – flujo interrumpido. Sin embargo, en el caso de los saqueos de 2013, el rumor y el accionar de “la fuerza” parecen remitir a una nueva lógica, más vinculada a las formas que ha adquirido el policiamiento de la sociedad, el devenir de la represión en Córdoba y la segregación racializante que estructura las relaciones sociales en esta ciudad.

En el análisis de los saqueos en Londres, McDonald (2012, p. 22) observa que la caracterización de la policía como antagonista implica, más precisamente, su identificación como “símbolo del orden” para los saqueadores, y, en este sentido, debe comprenderse que, para muchos jóvenes, es la propia policía la principal institución a través de la cual ellos se “encuentran” con la sociedad. En el caso cordobés, la presencia, que implicaba la ausencia de la “fuerza en la calle”, no componía una imagen del orden distante para aquellos que sufren los procesos de segregación urbana. En este sentido, la aparente “excepcionalidad” de los hechos es puesta en tensión a partir de la continuidad de ciertas prácticas represivas e ilegales, en las que tanto saqueadores como fuerzas del orden no ocupan lugares ni roles diferente a los de su cotidianeidad.

Por otra parte, resulta interesante retomar una observación de Vázquez Lezama (2007) respecto del objetivo de la represión en ocasión de los saqueos en Venezuela. Esta autora destaca un desplazamiento desde la posibilidad de impedir los saqueos, hacia la acción punitiva contra aquellos que guardaban cosas saqueadas en sus viviendas. Incluso, en el caso que observa (saqueos de 1999 al producirse una tragedia), se vale de la noción de Tilly (2003) de “oportunismo” vinculada a la “política de violencia colectiva” para explicar las desapariciones de presuntos saqueadores y aún de las detenciones de aquellos “predispuestos” a saquear, mostrando que, además, la represión siguió un patrón selectivo y letal. En la misma dirección, las imputaciones legales de los arrestados vinculados al saqueo en Córdoba (muchos de los cuales fueron detenidos en sus casas, denunciados por vecinos por conservar “mercancías saqueadas”), tanto como la premura con que la justicia operó, son indicadores de este “nuevo estado del consenso” sobre la aceptación y ejercicio de la violencia.

Nota de campo 3:

[…] si anda en moto, tiene malas intenciones… Ningún civil va a salir a pasear en moto un día como hoy, así que en algo andan, dijo una vecina cercana al grupo de los comerciantes, mientras miraba fijo a la cara de dos jóvenes que pasaban en una moto de baja cilindrada… Encima si uno los mira, le dan vuelta la cara, agrega otro vecino de la misma ronda, asintiendo el desprecio que se corola con un grito (casi en acorde) de negros de mierda… (N. de C., 4 dic. 2013).

Es importante destacar la característica indexical de la acción represiva. De ahora en más la aspereza que tensionó el flujo cotidiano no se disolverá del todo, agregando una nueva torsión a las sensaciones involucradas. El sujeto que anda en moto17, cuya predisposición a la valoración negativa estaba ya instalada en la muy promocionada figura de “moto chorro”18, pasará a ocupar el lugar de un fantasma que viene a encarnar una nueva vuelta en la configuración elíptica de la violencia y los procesos segregacionistas.

Incluso, la propia figura del “saqueador” vuelve a tensionar la ambivalencia que lo constituye.19 En los nuevos episodios, el saqueador legítimo, heredero de la imagen fantaseada de los “saqueos históricos”, se disuelve detrás de la hipótesis del “golpe instigado”, de tal manera que los sujetos comienzan a cobrar nuevamente la forma de “delincuentes”, “moto chorros”, etc… Lo importante a remarcar aquí, como línea analítica, es la conexión entre el establecimiento de un nuevo “margen de aceptabilidad de la violencia colectiva”, la reconfiguración de los sujetos que personifican a “los perjudicados”, “los responsables”, “los execrables”, y el lugar que ocupan los actores colectivos en esta tensión.

Nota de campo 4:

Al caer la tarde, miles de golondrinas vienen hacia mi barrio, forman una mancha negra que va bajando casi acompañando al sol, y, de un momento para el otro, como si alguien les dijese ¡ahora!, los pájaros descienden a un árbol… Cuando lo vi por primera vez, paseando por casualidad frente al árbol de destino, me preguntaba muchas cosas, pero principalmente: ¿Qué son esas aves? ¿Por qué vienen todas de esa manera, y por qué sólo a ese árbol? Con el tiempo, y muchas tardes de observación, pude ir detectando algunas cuestiones… Pareciera que la mancha tuviese una punta: un grupo de aves que iban adelante, como cortando el aire, y las que la seguían se deslizarían por los surcos que las primeras dejaban. El descenso hacia el árbol no era improvisado: sino que se conformaba en una especie de danza tramada pragmáticamente, donde las primeras golondrinas eran empujadas por las acompañantes, formando figuras claramente identificables. Al principio, la figura era una especia de manto negro sobre el cielo, tejido de vuelos lineales, pero discontinuos, aparentemente anárquicos, pero finamente planificados. Después, una especie de remolino, cuyas paredes parecen uniformes, pero encerrando cierta tensionalidad que lo convierte en una especie de resorte: con una punta bien definida sobre el extremo inferior. En el último momento, al invadir el árbol, son una especie de túnel, donde la fina danza parece perder su sutileza en una forma lineal… Hoy, a pocas cuadras de donde descienden las golondrinas, me encontraba allí ante la danza del saqueo. (N. de C., 4 dic. 2013)

Es difícil sostener la difundida imagen de los saqueos espontáneos.20 Pero, además, resulta igualmente relevante hacer críticos los fantasmas de los “saqueos organizados“: detrás de las hipótesis que sobredimensionan el peso de los policías como instigadores y organizadores de los episodios de Diciembre de 2013, la oportunidad y la disponibilidad de recursos políticos como explicación mecánica de la acción, o las interpretaciones que sensuMelucci (1994) intentan “explicar la acción sin el actor”; detrás de estos análisis se ponen en juego ciertas imposturas vinculadas a la definición de los sujetos individuales, los actores colectivos y, principalmente, la lógica de constitución de dicha acción.

En este sentido, tal como ocurre con la danza de las golondrinas, es preciso estar alerta ante algunas señales específicas de este fenómeno que nos permitan encontrar las formas emergentes. Nuestra propuesta radica aquí en poner la atención en el hecho de que los cuerpos hablan más acá de los discursos (políticos, o aún de las llamadas demandas sociales).21 Así, nos proponemos analizar las prácticas de sentir que despliegan estos cuerpos dispuestos en situaciones particulares, como una vía relevante para comprender el fenómeno. En el apartado siguiente, indagaremos, entonces, las sensaciones de los sujetos vinculados a los saqueos, para constituir algunas pistas y mensajes de su análisis.

La pornográfica estructura de unas prácticas del sentir

Las ciencias sociales en general y la sociología en particular han analizado, desde hace tiempo ya, el conjunto de acciones que se performan en contextos de des-estructuración social. Contextos que se caracterizan por la pérdida momentánea, resignificación y (o) reemplazo del valor coactivo de las normas sociales. Los eventos de un proceso de des-estructuración pueden tomar diversas formas22 – cambios sociales, revoluciones, ciclos de protestas, modificaciones tecnológicas –, para citar solo las más recurrentes y estudiadas en los últimos siglos. Es en este contexto que una de las aristas de los saqueos es su rasgo de fenómeno de des-estructuración social, donde adquieren para los sujetos un estado evidente de contradicción, paradoja, estructura vincular las prácticas del sentir que forman parte de una economía política de la moral.23

En este apartado, recurrimos a narraciones antagónicas sobre lo sucedido de sujetos que ocuparon distintas posiciones en el proceso: primero dos adolescente, uno de 17 y otro de 14 años, que saquearon; dos dueños de locales que fueron saqueados; y un vecino testigo de un tercer lugar de saqueo. Somos conscientes de la estructura precaria de los testimonios y de la fuente, pero, sin duda, nos permiten, en el contexto de dichas limitaciones, avanzar sobre algunas pistas de comprensión del fenómeno.

Fue un momento en el que te sentís feliz. Después pasa todo y te preguntas: ¿Cómo pude haberlo hecho?(Javier – Diario La Voz del Interior).

Todos corrían, gritaban que estaban saqueando al súper chino de acá a la vuelta. Después me dijeron que iban a un Cordiez, en barrio Los Paraísos, y ahí fui con mis hermanos.”

Sentís como una adrenalina que te agita. Ves que todo pasa rápido, sacas las cosas de la góndola a mil. Saqué la mercadería que necesitaba y me fui.

Vamos, vamos antes que se lleven todo. Primero te sentís mal porque sacas para gente que ya tenía y no dejas nada para los otros, pero, en algunas partes, uno se siente bien pero, alguna mal, porque vos sentís bien porque podes sacar cosas y ya en la mal no porque gente que se pelea… (Manuel - Diario La Voz del Interior).

Lo que no te mata fuerte te hace…Aquella noche fue algo muy triste… Muy doloroso, va a quedar para la historia de todos… Fue entregado… Fue pueblo de nadie, fue entregado… Todos contra todos… Una guerra civil, era gente que yo conocía, gente que venían de otro lado (Dueña de peluquería saqueada, Diario La Voz del Interior).

Vecino del frente, vecino del lado, acá nos vinieron a robarnos no tan solo los oportunistas, vinieron muchos clientes a robar… El gobierno nunca nos dio nada nos ofreció un crédito para compensar la negligencia de ellos ante dejarnos solos y desprotegidos ante la barbarie de la gente… (Dueño de librería, Diario La voz del interior).

Cuando volví de trabajar ya se notaba la tensión, estaba todo quieto… Se empezaba a juntar gente… Vinieron con todo levantaron el portón y rapiñaron … Tipo 10 de la noche… Como que se fue la guardia (gendarmes) y dijimos todos a sus casas… Yo me encerré en mi casa… Esto fue hasta la madrugada, fue tétrico… No había… Ni una mosca volaba… (Vecino de Mercado Chino saqueado, Diario La Voz del Interior).

Como es posible advertir, la sensación compartida por todos es de sorpresa, del encontrarse frente acontecimientos que hacían evidente esa faz/banda de lo social, cuando irrumpe con toda la fuerza de su materialidad, sensación de estar frente a un evento “natural”, que no se explica, solo se vive. En consonancia con lo anterior, la paradoja de saber qué es lo social vuelto ímpetu arrollador, pero vivirlo desde el frágil punto que implica la individualidad que toma decisiones desde la voluntad. Bien y mal, miedo y seguridad, vecino y extraño se redefinen en función de las posiciones que se ocupan en las torsiones y estados de la “bifurcaciones”24 que se experimentaban.

Las narraciones arman una red compresiva que puede ser descripta hilvanando tres cursos interpretativos: la presencia del vértigo, la experiencia del flujo de agua y el de la masa o locura

El Vértigo – Parafraseando lo sostenido por Roger Caillois (1986) en su ensayo sobre el vértigo, lo que se vivencia “durante-el-saqueo” es la sensación de atracción irresistible al vacío más acá de las evidentes consecuencias de la acción. “Todo se da como si no hubiese forma de contenerlo”. Esta es la vivencia de estar ante el vacío, ante el abismo, palabra que proviene del griego kháos, kháüs, caos.

El flujo de agua (metáfora hidráulica) – Siguiendo las intuiciones de Gabriel Tarde (2011) sobre la opinión pública y las masas, es posible comprender que el saqueo se experimenta como la ruptura del flujo ordinario de curso de agua. Desborde, salirse del cauce y desmadre son el conjunto de sensaciones que estructuran las política de las sensibilidades de los saqueos.

La Masa, locura – Tal como lo apuntará Le Bon (1983) en los primeros estudios sobre acción colectiva, los saqueos se pueden entender como vivenciados entre la acción “ciega” de la masa y el estado de insania colectiva. La posición opuesta y anverso solidario de la luz de la voluntad racional de la espera y la paciencia hecha cuerpo como virtudes cívicas.

El desamparo de los saqueados, la expectación de los saqueadores, el desaliento de los saqueados y la euforia de los saqueadores elaboran esa banda mobesiana25 de prácticas del sentir que se manifiesta en los saqueos.

Esta red comprensiva, entre el vértigo, el flujo y la masa, podría, a su vez, constituirse en pista para comprender al saqueo en el marco de una historia social de la bronca.

El tejido de segregación racializante al cual se ha visto expuesta la sociedad debe comprenderse no solo a partir de las estructuras de expulsión, de marginalización y de segregación espacial, sino también desde las estructuras de resentimientos de clase. Esta mirada transciende la lógica de “la huelga desestabilizadora” como causa natural y naturalizada de la acción, y exige realizar una historia de los mecanismos de soportabilidad social y de los dispositivos de regulación de las sensaciones que han ido configurando el “por qué” hay sujetos dispuestos a “saquear” y otros dispuestos a “linchar” a los “saqueadores”. Aquí sería además interesante tensionar de manera crítica aquellas miradas que esquematizan los espacios sociales en juego en estos fenómenos: tanto aquellos que establecen una dualidad en la caracterización de espacios y sujetos antagonistas, como de quienes establecen la definición de una zona de “indefinición”.

Vinculado a lo anterior, otra arista de esta historia de la bronca guarda relación con los procesos de expulsión y de la creación de muros mentales a partir de lugares por donde los sujetos transitan y no transitan en la ciudad. Una mirada analítica transversal al hecho de que el objeto de captura en los saqueos fue “el televisor LCD”, así como el objeto-medio de la acción fue la moto, arrojaría que ambos podrían reunirse como símbolo y expresión material del consumo “promocionado” en esta última década. En el contexto de lo que venimos observando respecto de los procesos segregacionistas, ambos objetos (moto y TV-LCD) pueden interpretarse en el sentido de que “sirven” para irse de los bordes, para salirse, atravesar esos muros mentales. Resulta entonces interesante que, junto a segregación, está la configuración de la misma y de la racialización. La “idea” de quien no accede al consumo es alguien que pertenece a un otro execrable, y, por lo tanto, una historia del consumo compensatorio debería ser parte de la historia de la bronca.

Además, sin duda, otro componente de esta historia tiene que ver, tal como venimos observando, con los procesos de represión y su vinculación con el Estado. La “promocionada” ausencia del Estado habla de la forma de la presencia del Estado Represivo y, a su vez, de una historia de represión que está acumulada a través de esa ausencia. En este sentido, una de las dimensiones más representativas que muestran los saqueos es que esta historia social de la bronca tiene que ver con la disponibilidad de los objetos.

Finalmente, esta historia de la bronca debe ser atravesada por una lógica crítica para pensar a los sujetos y vectores que configuran las clases sociales en nuestras sociedades. La imagen tan difundida por los medios de comunicación de “un sujeto en una costosa camioneta llevándose artículos de electrónica…”, y su correlato interpretativo como “el saqueo de las clases medias”, o aún la expresión “es mentira que saqueen por hambre” deben ser puestas en perspectiva con una dimensión que historice los procesos de consumo compensatorio, es decir, la premisa que parece orientar la acción y que se resume en “a mí no me importa que pase nada en lo colectivo; mientras yo pueda consumir está todo bien”.

Vértigo, masa, flujo y bronca son prácticas del sentir que se asocian a los saqueos y se disocian del “orden de los cuerpos”. Bronca, flujo, masa y vértigo se yuxtaponen en los saqueos como momentos donde las políticas de las emociones irrumpen en tanto se resquebrajan. Flujo, bronca, vértigo y masa se cristalizan en posiciones para posibilitar las vivencialidades adecuadas “en-saqueo”, donde la economía política de la moral es la única clave hermenéutica posible.

CONCLUSIÓN

Tal vez a modo de cierre sea pertinente retomar algunas de las frases que abren el presente escrito. La primera pista que sabemos queda pendiente: es el sistemático saqueo de los bienes comunes por parte de unos pocos. Saqueo que justamente implica la fuerza policial o militar como brazo represor que acompaña el brazo recolector. Un paréntesis, la sincronización de ambos brazos produce un “desarme” parcial que interrumpe el saqueo cotidiano.

Los saqueos plantean la “sin razón” de unas prácticas del sentir, donde la relación entre flujo, masa, bronca y vértigo se instancian como “rasgo de clase”. No es el robar lo que caracteriza al saqueo: es la irracionalidad de la bronca, donde el quitarle al otro deviene flujo de energías que se invierten, desmintiendo la fuerza del orden y el vértigo de una vivencialidad sin reglas. El saqueo es una estructura vincular de (un) “sin-razones”.

En este sentido, no hay saqueo que no sea político, más allá de nuestras propias convicciones sobre lo político. El saqueo es parte de la trama de una política que encuentra, en él, su lugar fundante: el imponer el orden. El saqueo es la contingencia devenida estructura.

Estas pistas o ejes nos desafían a seguir pesquisando, continuar la búsqueda de las voces que debemos escuchar para dibujar de modos cada vez más adecuado la pintura del mundo social. Entre la estigmatización espontaneísta y la condescendencia miserabilista, se opta por seguir indagando los procesos de estructuración social que contextualizan los saqueos.

Fuente: Centro de Estudios Nueva Mayoría.

Grafico 1 – Saqueos (2989-2013) 

Fuente: Centro de Estudios Nueva Mayoría.

Grafico 2 – Huelgas policiales 1986-2013 

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1 En diversos lugares, hemos abordado las conexiones entre sensibilidades, emociones, cuerpos y acciones colectivas (Scribano, 2008, 2009a, 2009b, 2012a, 2012b, 2014, Scribano e Boito, 2009, Lisdero 2012). Esta perspectiva busca hacer evidente cómo se conectan los procesos de estructuración social, las modificaciones en la economía política de la moral y las políticas de las sensibilidades. La política de las sensibilidades se entiende “[...] como el conjunto de prácticas sociales cognitivo-afectivas tendientes a la producción, gestión y reproducción de horizontes de acción, disposición y cognición.” (Scribano, 2017, p. 244). Dichos horizontes refieren: la organización de la vida cotidiana; las informaciones para ordenar preferencias y valores; y los parámetros para la gestión del tiempo y espacio.

2 Se presentarán y analizaran datos que, desde diferentes fuentes, dan testimonio de la experiencia de los sujetos en el contexto de los saqueos producidos en la Ciudad de Córdoba (diciembre de 2013): 1) notas de campo, etnográficas, realizadas por los autores el día 4 de diciembre de 2013 ante una manifestación de saqueo; y 2) entrevistas periodísticas realizadas y publicadas por el diario La Voz del Interior. Acerca de la posibilidad y potencia del análisis secundario de datos cualitativos, ver: Scribano y De Sena, 2009.

3 Algunas notas acerca de los saqueos en Chile, en ocasión del terremoto en 2010, pueden observarse en los textos de Vazquez Lezama (2012) y Baeza (2010); sobre el caso de Haití (2010), puede consultarse Sadiq, A. A. et al. (2012); sobre los sucesos asociados al huracán Katrina en EEUU, ver Benjamin (2007). Por otra parte, Quarantelli et al. (1970) comparan explícitamente la relación entre lo que conceptualizan como dos patrones de saqueos: “natural disasters and civil disturbances”.

4 Retoma, así, la noción de “consumidores defectuosos” de Bauman para interpretar lo que denomina “el ir de shopping con una barreta” (“shopping with a crowbar”) como una especia de “producto patológico de la sociedad moderna” (McDonald, 2012, p. 18).

5 Una mirada exhaustiva de las investigaciones sobre saqueos escapa a los objetivos de este estudio. Cabe retomar aquí la observación de Arias y Rodríguez (1999, p. 55 y 69) acerca los tempranos antecedentes de análisis (además del aludido Caracazo) sobre los saqueos de Sao Pablo (Brasil) en 1983, donde 30 mil personas abarcaron 200 mil negocios, o la referencia al movimiento de los “quebra-quebra”, en alusión a la acción de romper los molinetes de acceso de la Estación Central para, posteriormente, saquear una zona de Rio de Janeiro (Brasil); los sucesos en Guadalupe, colonia francesa del Caribe en 1985; en Haití en 1986; entre otros episodios referidos.

6 Aquí se hace referencia a la compilación de Osvaldo Aguirre, Gabriela Aguila y Cristina Viano; Gloria Rodriguez y Nora Arias; Edith Cámpora; De Zorzi, Francescutti y otros; Luis Baggiolini; Sandra Valdettaro; Ruben Naranjo; Alicia Salinas, titulada “A 10 años de los saqueos en Rosario. Crisis Social, Medios y Violencia”, editado por CECYT, CEHO y CEA-CU (UNR), 1999.

7 El autor resume los múltiples sentidos de acción encontrados en las entrevistas de la siguiente manera: la experiencia del saqueo es utilitaria (en función a los objetos saqueados), pero también moral (se constituye en una acción que brega por ciertos estándares morales); los saqueos son posibles por las “oportunidades creadas”; y desde la experiencia, la violencia sobre la propiedad es suprimida (Auyero, 2007, p. 59).

8 Además de la bibliografía mencionada hasta aquí, puede consultarse puntualmente: Scribano, A. 2005, 2009b; Scribano et al, 2009; Cervio y Eynard (2014); entre otros.

9 Somos conscientes de las dificultades analíticas que implica usar datos secundarios para realizar caracterizaciones, pero, en nuestro caso, la pluralidad de fuentes nos autoriza a tensionar y aceptar la diversidad que adviene de dicha pluralidad.

10 Por su parte, Cotarelo y Iñigo Carrera (2004) presentan que, para los días 13 y 22 de diciembre de 2001, registran 584 saqueos, los cuales se concentran principalmente en supermercados de barrio (29,3%), hipermercados (25,3%), comercios chicos (14,2%), entre otros.

11 Sobre este primer episodio, Arias y Rodríguez (1999, p. 57).mencionan: “Este estallido social fue consecuencia de un profundo deterioro en el modo de vida de los habitantes argentinos. La población tenía hambre”.

12 Un elemento común identificado en ambos episodios es la relación de los saqueos con el surgimiento de comedores populares. Al respecto, Cervio y Eynard (2014, p. 14) .observan, para la ciudad de Córdoba: “A dos meses de los saqueos (2001), alrededor de 160 ollas populares se distribuyen en distintos barrios de la ciudad, estimándose que unas 20 mil familias recurren a esta modalidad comunitaria para cubrir, al menos, una comida diaria”.

13 Las fuentes consultadas por el periódico son: la Cámara de Comercio de Córdoba, el Centro de almaceneros, Ministerio de Desarrollo Social, Fiscales y Sistema de Información del Poder Judicial.

14 A) “Los hermanos Giménez”, condenados a tres años de prisión y dos años y seis meses de cárcel; B) Miguel Ángel Moyano, condenado por robo calamitoso a cuatro años de prisión (ratificada por el Tribunal Superior de Justicia); C) Maximiliano Tomás Rodríguez (26), que fue sentenciado a tres años de cárcel en suspenso (A Juicio..., 2014).

15 En Córdoba, dos hermanos de 34 y 24 años fueron los primeros condenados, imputados por “robo calamitoso”, con pena de tres años y dos años y medio respectivamente. Los hermanos se habían llevado ‘latas de conservas, seis paquetes de yerba y tres botellas de aceita” de un supermercado (Dos Hermanos..., 2014)

16 Hace referencia a nombres de barrios de la ciudad de Córdoba.

17 Hace referencia a los sujetos que utilizan ciclomotores.

18 “Moto chorro” es una expresión cuya visibilidad mediática ha ido acrecentándose en los últimos años, y remite tanto a sujetos que cometen delitos transportándose en ciclomotores, como a una modalidad delictiva.

19 Diversos autores han señalado las valoraciones encontradas sobre la propia figura del saqueador (Arias; Rodríguez, 1999; Auyero, 2007; Vázquez Lezama, 2012). Sobre la idea de “legitimidad” de los saqueos, Arias et al. articulan la demanda de “derecho al alimento”, en el que inscriben cierto consenso de la comunidad (Arias; Rodríguez, 1999, p. 57).

20 McDonald (2012, p. 19), por ejemplo, describe la organización de los saqueos de la siguiente manera. En primer lugar identifica a una pequeña elite al frente de la multitud, que usualmente abre paso, facilita el saqueo (rompe vidrios, abren las rejas, etc.); un grupo dispuesto a “dejarse llevar”; y un gran grupo de “espectadores”.

21 A propósito de los “disturbios” en Inglaterra, McDonald (2012, p. 22) observa: “[…] it is not surprising that the riot does not possess a social or political project but is instead an embodied event in which the different logics at work appear to undermine each other and leave the participants in a situation captured by the masked man who says with such intensity: ‘I can’t explain it’. Desde nuestra perspectiva: los “cuerpos en situación de saqueo” comunican de manera singular acerca del estado de las relaciones en estas sociedades.

22 Existen también otros fenómenos como el genocidio, hambrunas y guerras que también implican procesos de des-estructuración social y que deberían ser considerados como “parámetros” comparativos de las “lógicas del saqueo”

23 Desde la perspectiva que aquí se sigue, la posibilidad de centrarse en ciertas “prácticas del sentir” tiene que ver con identificar un plexo de emociones tendientes a decir y hacer sentir que el mundo es de una manera y, no de otra. Estas constituyen el conjunto de prácticas ideológicas que adquiere sistematicidad en una economía política de la moral particular e histórica (Scribano, 2009a).

24 Hacemos alusión aquí al sentido que el término adquiere en la teoría de las catástrofes en tanto ramificación que designa tipos “[…] de metamorfosis o reorganizaciones cualitativas de diversas entidades, resultantes de un cambio en los parámetros de los que dependen.” (Arnold, 1987, p.19)

25 La expresión remite a la una utilización metafórica y sociológica de la figura proveniente de la geometría cualitativa, para viabilizar la exposición de los procesos sociales en cuestión. Particularmente permite la visualización de momentos de corrido-recorrido, de pliegue y despliegue, de mirada transversal que se necesitan para no duplicar lo real en la mera representación de un espacio binario. Así, desde la perspectiva que se propone los procesos sociales se abren-cierran como las bandas de una cinta de moebio que, al cortarlas, se multiplica en una banda otra. Desde dicha perspectiva este “espacio geométrico” social: a) transforma las visualizaciones de las proximidades y distancias entre fenómenos; b) actualiza una mirada al sesgo, evitando la especularidad de una mirada lineal; c) permite identificar las obturaciones de los procesos al cualificar las torsiones producidas en los mismos. Por esta vía, aparece la importancia de una mirada al sesgo en términos de seguir las torsiones que producen las proximidades y distancias entre los fenómenos, en este caso, las prácticas de sentir aludidas (Scribano, 2013).

Erratum

Caderno CRH – Volume 30, Número 80, Maio/Ago. 2017, p. 333-351, http://dx.doi.org/10.1590/S0103-49792017000200008

Na página 333, no título:

Onde se lia:

“SAQUES NA ARGENTINA: algumas pistas para sua compreensão a partir dos episódios de Códoba - 2013”

Leia-se:

“SAQUES NA ARGENTINA: algumas pistas para sua compreensão a partir dos episódios de Córdoba - 2013”

Na página 351, no título:

Onde se lia:

“LOOTING IN ARGENTINA: some clues for its comprehension based on the episodes of Codoba – 2013”

Leia-se:

“LOOTING IN ARGENTINA: some clues for its comprehension based on the episodes of Córdoba – 2013”

Received: August 08, 2015; Accepted: August 05, 2017

Adrián Scribano – Doutor em Filosofía pela Universidad de Buenos Aires, Professor do Instituto de Investigaciones Gino Germani, Universidade de Bueno Aires, Coordenador do Programa de Estudios sobre Acción Colectiva y Conflicto Social (CIECS – CONICET y UNC), Director del Grupo de Estudios sobre Sociología de las Emociones y los Cuerpos (IIGG – UBA), Director del Centro de Investigaciones y Estudios Sociológicos, desenvolvendo pesquisas na área de Sociología de los Cuerpos y las Emociones. Suas mais recente publicações, são: Scribano, A. (2016) Sociología de las emociones en Carlos Marx. Contracorriente, Nothr Carolina.

Pedro Lisdero – Doutor em Ciencias Sociales de América Latina pela Universidad Nacional de Córdoba. Investigador del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS), UNC y CONICET. Profesor de la Universidad Nacional de Villa María, Co-director del Programa de Estudios sobre Acción Colectiva y Conflicto Social (CIECS – CONICET y UNC), Director de Estudios Sociológicos Editora (ESEditora – CIES), desenvolvendo pesquisas na área de Sociología de los Cuerpos y las Emociones, acción colectiva y conflito social, sociologia de trabajo. Suas mais recente publicações, são: - Gandía, C.; Vergara, G.; Lisdero, P. Quattrini, D.; y Cena, R. (Comp.) (2017) “Metodología de la investigación: Estrategias de indagación I”. Buenos Aires: ESE: Estudios Sociológicos Editora. ISBN 978-987-3713-24-8. formato e-book: Número de páginas: 345. 2017. Referato; Robertt, P. (UFPel), Rech, C.(URGS), Lisdero, P. y Fellini Fachinetto, R. (URGS) (orgs.). “Metodologia em ciencias sociais hoje. Perspectivas epistemológicas, reflexões teóricas e estratégias metodológicas”. Pp. 356. Paco Editorial, Sao Paulo – Jundiaí. 2016. ISBN 978-85-462-0384-0. Referato. 2016; Robertt, P. (UFPel), Rech, C.(URGS), Lisdero, P. y Fellini Fachinetto, R. (URGS) (orgs.). “Metodologia em ciencias sociais hoje. Práticas, abordagens e experiências de Investigação”. Pp. 332. Paco Editorial, Sao Paulo – Jundiaí. 2016. ISBN 978-85-462-0374-1. Referato; Robertt, P. (UFPel) y Lisdero, P. “Epistemología y metodología de la envestigación sociológica: reflexiones crítica de nuestras prácticas de investigación”, Sociologias, ano 18, n° 41, jan/abr Porto Alegre, 2016. ISSN impresso: 1517-4522 / ISSN on-line: 1807-0337. pp. 54-83. Disponible

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