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Revista Estudos Feministas

Print version ISSN 0104-026X

Rev. Estud. Fem. vol.17 no.2 Florianópolis May/Aug. 2009

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-026X2009000200004 

ARTIGOS

 

Migración, género y desigualdad social. La migración de mujeres bolivianas hacia Argentina

 

Migration, gender, and social inequality. The migration of Bolivian women to Argentina

 

 

María José Magliano

Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

 

 


RESUMEN

Este artículo se propone analizar los procesos de reproducción de desigualdades sociales en contextos migratorios a partir de la articulación de las dimensiones de género, etnia y clase social, centrando el estudio en la migración contemporánea de mujeres bolivianas hacia Argentina. Se pretende discutir como aquellas dimensiones condicionan las formas de inserción social y laboral de las mujeres migrantes en la sociedad de destino, partiendo del presupuesto que no pueden analizarse por separado sino conjuntamente, puesto que se refuerzan recíprocamente, profundizando las prácticas y discursos de exclusión que ha enfrentado históricamente un amplio conjunto de las mujeres bolivianas en este país.

Palabras clave: migración femenina; Argentina/Bolivia; desigualdad social.


ABSTRACT

The aim of this paper is to analyze the processes of reproduction of social inequalities in migratory contexts taking into account the gender, ethnic and social class dimensions, focusing on the study of the current migration of Bolivian women to Argentina. This article will discuss how those dimensions affect the social and economic incorporation of female migrants in the host society. The categories of gender, ethnicity and social class can not be considered separately but all together, because they reinforce reciprocally, intensifying the practices and discourses of exclusion that Bolivian women have historically faced in this country.

Key Words: Female Migration; Argentina/Bolivia; Social Inequalities.


 

 

Introducción

La migración de mujeres ha sido un fenómeno presente en todas las épocas de la historia aunque fue tradicionalmente invisibilizado hasta bien entrado el siglo XX, cuando los aportes de las investigaciones desde los enfoques de género y el fenómeno denominado 'feminización de las migraciones' cuestionaron aquella invisibilidad.1 En la actualidad, el aumento real de la intervención femenina en los movimientos de población y la apertura conceptual a la figura de la mujer migrante en el ámbito de las ciencias sociales permitieron recuperar a este sujeto del anonimato y redefinirlo como un actor central de los movimientos migratorios.2 En este marco, los estudios más recientes sobre género y migración subrayan que los procesos migratorios son en sí fenómenos determinados por las relaciones de género3 y que el género es un principio estructurante de la migración.4

El género como construcción social que constituye las expectativas y expresiones de lo 'masculino' y lo 'femenino' de una sociedad influye en la manera en que se reproduce la desigualdad social.5 Los estudios de género han jugado un rol central en la visibilización de estas desigualdades, poniendo en evidencia como la propia 'naturaleza' de las diferencias sexuales son dotadas de significado social, naturalizando y legitimando aquellas desigualdades.6 Como sostiene Comas, estas diferencias se convierten en desigualdades justamente porque el sistema social es jerarquizado y la diferencia es parte constitutiva de él.7 Esta situación ha generado experiencias comunes pero también distinciones entre las mismas mujeres y, por consiguiente, referirse a las 'mujeres' como un todo homogéneo se torna problemático en la medida en que es imposible desligar el género de las intersecciones políticas, culturales e históricas en que invariablemente se produce y se mantiene.8

Este artículo se propone analizar los procesos de reproducción de desigualdades sociales en contextos migratorios a partir de la articulación de las dimensiones de género, etnia y clase social, centrando el estudio en la migración reciente de mujeres bolivianas hacia Argentina. Se pretende discutir como aquellas dimensiones condicionan las formas de inserción social y laboral de las mujeres migrantes en las sociedades de destino, partiendo del presupuesto que no pueden analizarse por separado sino conjuntamente, puesto que se refuerzan recíprocamente, profundizando las prácticas y discursos de exclusión que ha enfrentado históricamente un amplio conjunto de las mujeres bolivianas en este país.

Estas mujeres, por su condición de mujeres y de migrantes, por su pertenencia de clase y su origen étnico, se han incorporado tradicionalmente en sectores específicos del mercado laboral, fundamentalmente en el mercado informal, tendencia que se hizo especialmente visible a partir de la adopción del paradigma neoliberal en los setenta. La flexibilización del mundo del trabajo como parte del recetario neoliberal ha significado que el empleo, principalmente el empleo femenino, se torne más irregular y precario y que el trabajo informal sea casi la única opción para hacer frente a las necesidades de supervivencia.9 Esto se explica no sólo por los beneficios económicos que se derivan del ahorro salarial que ofrecen las mujeres frente a los hombres, sino en gran parte por los estereotipos sexistas y la perpetuación de la división sexual del trabajo.10

Este estudio se sustenta en una metodología de carácter cualitativo, en especial entrevistas en profundidad a hombres y mujeres de origen boliviano que viven en la ciudad de Córdoba, Argentina, realizadas entre los años 2004 y 2007. El flujo migratorio boliviano hacia Córdoba, provincia ubicada en el centro de la República Argentina, se convirtió a fines del siglo XX en el más importante en términos cuantitativos según datos de los censos nacionales de población, siendo un destino de atracción para esta población migrante.11 Los migrantes bolivianos en Córdoba se concentran material y simbólicamente en un barrio de la ciudad, Villa El Libertador, ubicado al sur de la misma, siendo el lugar de referencia para esta población. La mayor parte de los entrevistados, hombres y mujeres, se movilizaron en contextos familiares y se insertaron en determinados sectores del mercado de trabajo cordobés. Un alto porcentaje de las mujeres bolivianas desempeñan sus principales funciones laborales en el servicio doméstico, la venta ambulante, la actividad agrícola en el cinturón verde de la ciudad - esto es el área agrícola que circunda la ciudad - y también en los cortaderos de ladrillos como parte de un trabajo familiar; mientras que la construcción, la agricultura y la fábrica de ladrillos resultan las tareas principales para los hombres.

 

El Estado nacional y la migración boliviana: prácticas y discursos de exclusión

Argentina ha sido definida históricamente como un país receptor de población migrante. Hacia fines del siglo XIX, la migración y el migrante eran sinónimo de progreso y las corrientes de población que arribaron desde Europa fueron definidas como un componente decisivo del desarrollo económico, social, cultural y demográfico del país. Paralelamente a estos flujos migratorios, ingresaron a la Argentina, aunque en menor medida, migrantes de los países de la región sudamericana que si bien se los puede rastrear desde el siglo XIX, cuando se dirigían hacia las provincias argentinas fronterizas para realizar tareas de tipo estacional, adquirieron verdadera visibilidad en los últimos decenios del siglo pasado.

En particular, la corriente migratoria boliviana ha sido tradicionalmente un movimiento de carácter laboral impulsado por las reiteradas crisis sociales, políticas y económicas que sufrió Bolivia a lo largo de su historia. La proximidad geográfica entre los dos países y la demanda de mano de obra en determinados sectores del mercado de trabajo argentino estimularon la continuidad de este flujo.12 A pesar de la diversidad de trayectorias migratorias existentes, una gran proporción de las mujeres bolivianas que desplazaron hacia la Argentina lo hicieron en contextos familiares, como parte de un proyecto que involucra a toda la familia, desempeñando un rol central en los ámbitos económicos, familiares y sociales. Hasta la década del sesenta, esta corriente se encaminó principalmente hacia las regiones de frontera, sobre todo Salta y Jujuy, siendo la agricultura y la minería los rumbos principales para los hombres, y la agricultura, el comercio y el servicio doméstico para las mujeres. A partir de aquel decenio, se inicia un proceso de urbanización que orientó este flujo hacia las principales ciudades del país, en parte debido a las crisis de las economías regionales y la mayor mecanización de las mismas, y en parte debido a la demanda en determinados sectores del mercado de trabajo urbano, mayoritariamente en empleos precarios e informales.13

La invisibilización de esta población hasta bien entrado el siglo XX consolidó la visión que los inmigrantes en Argentina sólo descendían de los blancos. Como sostiene Grimson, los migrantes de los países vecinos no eran socialmente considerados como tales, sino que eran incorporados al conjunto de los 'cabecitas negras', en especial paraguayos y bolivianos, concepción utilizada para referirse a los migrantes internos que se movilizaron hacia Buenos Aires durante las décadas del cuarenta y cincuenta.14 De esta manera, el Estado nacional, en su papel de interlocutor, cumplió un rol central dando forma al 'otro' interior y exterior por su capacidad de interpelación,15 siendo un actor clave en la producción y reproducción de prácticas y discursos de exclusión. Junto con el Estado, la escuela, el mercado de trabajo y la familia, jugaron también un papel significativo en la construcción social y cultural de aquellas prácticas y discursos, proporcionando el marco de referencia para formar organizaciones específicas que a través de la tradición, la costumbre o el apremio legal, tienden a crear patrones duraderos y rutinarios de comportamiento,16 naturalizando y legitimando desigualdades sociales.

Los procesos de exclusión, al moverse en un doble plano, material y simbólico, comprenden tanto las prácticas discriminatorias como las actitudes y discursos que las justifican. Por lo tanto, los factores estructurales que dan forma a las desigualdades de género, etnia y clase social operan y a la vez son legitimados a partir de una construcción simbólica.17 El 'otro/a' boliviano se fue conformando social y culturalmente como portador de una diferencia irreductible, en la cual subyace desde siempre una connotación de inferioridad,18 desvalorizando la etnicidad como dimensión a partir de la cual distinguir grupos. Los miembros de colectivos étnicos poseedores de normas culturales diferentes a aquellas concebidas como parte de la 'cultura nacional' se convirtieron en 'diferentes', identificando la diferencia con la inferioridad.19

El Estado nacional ha sido un actor fundamental en la construcción de las representaciones de los diversos grupos sociales que residen dentro de sus fronteras jurídico-políticas. Si a través de la definición de 'nacional' y 'extranjero' el Estado desarrolla diversas políticas de inclusión y exclusión que condicionan los modos de inserción social, política, económica y cultural de los migrantes, dentro del conjunto de 'extranjeros' se establecen también diferencias a partir del proyecto político-ideológico hegemónico que determina quiénes son 'deseables' y quiénes no. Los modelos de representaciones sociales dominantes en Argentina, entendidos como creación de discursos desde una mirada del mundo que producen significados y al mismo tiempo son producidos, se constituyeron a partir de una imagen homogeneizada y europea del 'nosotros', estableciendo barreras entre los migrantes 'deseables' y 'no deseables', entre los orígenes preferibles - españoles e italianos católicos principalmente - y los que no lo eran, negando e invisibilizando todo aquello que se alejaba de estos postulados. Hacia mediados del siglo XX, los migrantes limítrofes no eran todavía considerados 'inmigrantes', pues según la Ley de Inmigración y Colonización de 1876 - vigente aunque con reformulaciones en aquel momento - inmigrante era quien llegaba al país cruzando el océano. En tal sentido, el migrante boliviano continuaba siendo invisible, formando parte de los 'otros' internos negados, excluidos y discriminados. Como sostiene Pérez Vichich, a diferencia de lo ocurrido en el proyecto liberal con las migraciones europeas, no hubo formas sustantivas que recogieran al migrante boliviano como categoría social diferenciada del conjunto de los trabajadores hasta avanzado el siglo XX.20

La invisibilización histórica de la población boliviana por parte del Estado comenzó a modificarse a partir de los ochenta y, especialmente, durante los noventa. Las características de los flujos migratorios que ingresaron a la Argentina en las últimas décadas del siglo pasado cuando los países limítrofes se constituyeron en los principales orígenes de la población migrante, el incremento de los debates globales y la implementación de políticas multiculturales enfatizando la cuestión del reconocimiento, el cambio en el régimen de visibilidad en el país, pasando de una situación de 'invisibilización' de la diversidad a una creciente 'hipervisibilización' de las diferencias,21 y las transformaciones sociales, económicas y políticas en Argentina implicaron modificaciones en la percepción que desde el Estado y la sociedad se tuvo del fenómeno migratorio. Esta mayor visibilidad no supuso, sin embargo, variaciones en los procesos de exclusión, discriminación y marginación que constantemente ha afrontado este sector social en Argentina. La persistente estigmatización y desvalorización se reflejó en la construcción y reproducción de estereotipos respecto a estos 'otros', asociada a conductas, comportamientos y costumbres que han justificado el desarrollo de aquellos procesos.

La heterogeneidad que caracteriza a esta corriente migratoria, fundada en las múltiples realidades étnicas y regionales presentes en Bolivia, se redefine en el nuevo lugar de residencia. Si bien muchas de las diferencias tienden a diluirse, otras se reconstruyen, fenómeno que Grimson denomina 'neobolivianidad',22 reuniendo las especificidades del mapa étnico boliviano bajo una misma marca identitaria que en determinados contextos resume lo étnico y lo nacional. En ocasiones, lo étnico, como categoría que define la existencia de una comunidad de sujetos que se sienten iguales a sí mismos y diferentes a otros a partir de criterios culturales,23 y lo nacional se confunden en el nuevo lugar de residencia. Esto se vislumbra en las segundas y terceras generaciones de argentinos hijos de bolivianos, quienes en circunstancias determinadas se definen y a la vez son definidos como 'bolivianos', aunque nacieron en Argentina, revelando el peso de los modelos de representación dominantes en el país que se traducen en prácticas y discursos de exclusión. Así lo expresa una argentina hija de migrantes bolivianos:

Yo no nací en Bolivia, soy nacida acá (Córdoba), pero por el trabajo de mis papás que es constante con la colectividad y porque me siento culturalmente boliviana, yo siempre digo (que) mis amigos creen que yo nací allá, en Bolivia, y cuando voy allá, me dicen 'ahí viene la gauchita' (...) (Mi hijo) tiene 11 años y todos sus amigos saben que es boliviano, en realidad que es boliviana la familia y yo sé que él hace la salvedad, que yo a veces ni la hago, yo no nací allá, pero la mayoría de mis amigos cree que yo nací allá, a veces hago la salvedad, a veces no, como que no importa mucho. En el caso de mi hijo, es una carga. En los niños, decir 'boliviano' y en los adolescentes es una carga. Entonces yo lo tengo que trabajar con él, es decir estoy alerta a lo que puede pasar porque imagináte, él está en plena identificación (...) Pero sabe muy bien en el grado que como ser negro, morocho, como una desventaja, también (lo es) ser boliviano. Existe y yo no puedo agarrar al grado de él y darle una conferencia de lo que es Bolivia. (Testimonio de Estela, argentina, hija de migrantes bolivianos, 45 años)

El ser definido como 'boliviano/a' habiendo nacido en Argentina, lo que aparece muchas veces como una 'carga' y una 'desventaja', y el sentirse 'culturalmente boliviana' en Argentina - no así en Bolivia - manifiesta la 'doble otredad' de esta población: por su origen étnico son 'otros' en su lugar de nacimiento y por su origen nacional son 'otros' en el lugar de nacimiento de sus padres. Esto, como señala Grimson, posee consecuencias relevantes en la visibilidad étnica, pues implica que las posibilidades de desmarcación étnica progresiva entre generaciones, que eran tradicionales en la Argentina, no funcionan para esta población que es interpelada a partir de identificaciones estigmatizadas de sus padres y abuelos.24 En este marco, ser boliviano en Argentina no supone solamente la necesidad de reconstruir un espacio de familiaridad y condiciones de reproducción adecuadas sino la de enfrentarse, en tanto bolivianos, a un orden social y un sistema de relaciones que los discrimina en todos los sentidos.25

Si la dimensión étnica y de clase - teniendo en cuenta que la mayoría de estos migrantes pertenecen a los estratos sociales bajos - resultan aspectos clave para comprender la reproducción de desigualdades sociales, la dimensión de género es un factor más que profundiza los procesos de exclusión y las formas de dominación. La construcción del 'nosotros/otros' es sobre todo una construcción social en función de relaciones de poder en la medida en que lo que está detrás de los sistemas de representación dominantes de género, etnia y clase, interpretados como modos de organizar, agrupar, arreglar y clasificar conceptos y de establecer relaciones complejas entre ellos,26 son relaciones desiguales de poder. Las múltiples discriminaciones que ha soportado un amplio conjunto de las mujeres bolivianas en Argentina, por su condición de mujeres y de migrantes, por su pertenencia de clase y origen étnico se debe no sólo a la invisibilización y estigmatización del 'población boliviana' en general en una estructura social jerárquica y desigual sino también a la invisibilización y estigmatización de la figura de la 'mujer migrante'. De este modo, la mujer como 'otro' queda heterodesignada, construida y ocultada tras dónde y cómo aparece el 'otro'.27

Las primeras referencias acerca de las mujeres en las migraciones han estado determinadas por la dicotomía 'público/privado' y, en relación a esto, la mujer aparece como un ser social y privado, mientras que el hombre como un ser económico y público,28 consolidando la noción de la mujer migrante como dependiente del marido o de la familia a la hora de comprender sus trayectorias migratorias. Si bien en la actualidad no se discute la presencia de las mujeres en los flujos migratorios, no se superaron aún ciertas visiones estereotipadas sobre el rol femenino en los procesos sociales y, por ende, en las migraciones internacionales. Como señala Agrela, las mujeres migrantes son continuamente (re)presentadas desde la debilidad, como sujetos frágiles, proclives a la exclusión y marginación social.29 Estos postulados no se alejan de la visión que predomina en los discursos, prácticas y políticas del Estado argentino respecto a la 'mujer migrante', figura que se encuentra todavía asociada a la pasividad, a la dependencia y a la vulnerabilidad, reforzando relaciones sociales asimétricas.30 En contraposición a esta concepción, las mujeres bolivianas migrantes despliegan diversas estrategias que cuestionan aquellas representaciones.

Por otra parte, los atributos y estereotipos sobre los y las bolivianas en Argentina no forman parte exclusivamente del repertorio del discurso dominante nacional, son además naturalizados y legitimados por los propios actores como consecuencia de la preservación y reproducción de procesos de dominación históricos que tienen lugar en ambos extremos del proceso migratorio. Es por esto que la construcción y definición del 'nosotros/otros' en el país de origen repercuten también en las dinámicas migratorias de quienes se desplazan. La consideración del lugar de partida adquiere relevancia pues, como asegura Gregorio, las relaciones y roles de género son fruto de un determinado sistema cultural y no pueden ser examinadas sin tener en cuenta el contexto histórico, económico, político, religioso, en el que surgen.31 En Bolivia, como bien sugiere Barrios, los desgarramientos de la situación colonial no fueron resueltos en el proceso de construcción del Estado y sólo una elite reemplazó a los representantes de la corona española sin alterar la naturaleza discriminatoria, segregadora y opresiva del poder.32 Las transformaciones y rupturas sociales, políticas y económicas que se desarrollaron a lo largo del siglo XIX y XX en ese país no modificaron ese modelo, invisibilizando y excluyendo a importantes sectores sociales en cualquier proceso que se gestara. Esto revela la raíz profundamente antidemocrática de la estructura organizativa de la sociedad boliviana en contra de las comunidades indígenas o nativas de las identidades culturales 'bolivianas', constituyendo un conflictivo fenómeno de homogeneización cultural a partir del paradigma de ciudadano occidental, propietario, cristiano e individuado.33 En tal sentido, según señala Rivera Cusicanqui, un significativo porcentaje de las mujeres en Bolivia, sobre todo las que pertenecen a partir de su origen étnico y su posición social a los estratos más bajos, ocupan nichos marginales y degradados del mercado laboral, en los que se reproduce y eterniza su asociación 'natural' con las labores 'reproductivas', fortaleciendo los sesgos patriarcales de toda la estructura de oportunidades laborales.34

Este relato no se aparta de la situación que afrontan muchas de las mujeres bolivianas en Argentina y, a pesar de la visibilidad que cobra la 'mujer' como actor social relevante en los últimos decenios del siglo XX, situación que ha permitido rediscutir ciertos roles y estereotipos de género, esto no condujo a un cuestionamiento profundo de la tradicional división sexual y social del trabajo. En nuestros días, se bien no se discute la presencia femenina en la esfera 'productiva', el espacio 'reproductivo' - esto es el ámbito doméstico - se ha mantenido bastante al margen del debate. Lo que ilustra este escenario es que ha habido concesiones atravesadas por prerrogativas de clase, pero no un cambio radical del orden social, económico, político y cultural hegemónico que consolidó una 'ideología de la domesticidad' que definió al hogar como el lugar 'ideal' de las mujeres y, aunque las representaciones de género han sufrido modificaciones a lo largo del siglo XX, aquella ideología no ha perdido aún vigencia en el imaginario social.35 Esto refleja el carácter heterogéneo de la dimensión de género y la necesidad de pensar a la 'mujer' en relación a otras dimensiones sociales. La interrelación dinámica entre el género, la etnia y la clase social permite comprender los procesos de construcción de desigualdades sociales, dando cuenta que las modificaciones en estos procesos demandan transformaciones que involucren a la estructura social en su conjunto.

 

Las múltiples desigualdades de las mujeres bolivianas migrantes en Argentina: identificaciones de género, etnia y clase

Las identificaciones de género, etnia y clase repercuten en las dinámicas migratorias de las mujeres bolivianas en Argentina, estableciendo el marco de referencia de todo análisis de los mecanismos que constituyen desigualdades sociales. Estas identificaciones, como sugieren Henrietta Moore36 y Verena Stolcke,37 están conformadas por un conjunto de ideas y representaciones sociales y, por lo tanto, se encuentran orientadas una con la otra, repercutiendo en la división sexual y social del trabajo. Este fenómeno social, que 'organiza' actividades de modo jerárquico, resulta un ámbito propicio para interpretar los modos en que se legitiman, naturalizan y materializan las prácticas de exclusión.

La 'portación' de determinados atributos sociales y culturales por parte de las y los migrantes bolivianos en Argentina ha posibilitado que se los perciba como mejor capacitados para el desempeño de funciones específicas, en general estigmatizadas, invisibilizadas socialmente y mal pagadas, revelando los procesos a la vez de 'etnización y generización' del mercado de trabajo. El hecho de que el y la migrante boliviana - y sus descendientes - y no otros sean los más 'aptos' para ocupar nichos laborales concretos donde las condiciones de trabajo son verdaderamente precarias, no hace más que reforzar su explotación y discriminación social. Las representaciones en torno a la figura del migrante boliviano/a como 'trabajador', 'sumiso' y 'dócil', reproducidas no sólo por quienes los contratan sino también por los propios migrantes, manifiestan esta situación. Los relatos de los migrantes así lo indican:

(El boliviano) siempre busca el cuentapropismo. Por ejemplo, el hecho de cuanta gente que ha venido a los cortaderos de ladrillo, y ahí han estado un tiempo, aprendieron la fabricación de ladrillos, toda la elaboración y al cabo de un año más o menos, se buscaron un terreno por allí, alquilaron y trabajaron por su cuenta en la fabricación de ladrillos. Y en esa fabricación de ladrillos participan las mujeres y los hijos, a lo mejor llevando en pequeños tachos el agua, para que esa familia boliviana tenga los ladrillos. Y que ocurre, hay momentos que por la lluvia, el mal tiempo, el criollo, el cordobés no trabaja, no tiene ladrillo en algún momento, pero el boliviano si está trabajando con la llovizna, con el mal tiempo, con ayuda de toda su familia, y si se buscan ladrillos en ese lugar, en ese cortador del boliviano, consiguen ladrillos. Por otro lado, lo encuentran a un precio más bajo de lo que lo venden los cordobeses, entonces es también otra forma de competencia que tienen. (Testimonio de Roberto, migrante boliviano, 71 años)

Nosotros no quitamos el trabajo a nadie, tomamos el trabajo que no quieren los argentinos, o sea en los cortaderos de ladrillos, en las obras de construcción, en las quintas, como tenemos una práctica de trabajo, una cultura de trabajo. (Testimonio de Enrique, migrante boliviano, 52 años)

Entre quienes los contratan, que muchas veces son los mismos bolivianos que han podido reunir un capital, la posesión de estos 'atributos' los convierte en mano de obra 'deseable':

En estas quintas trabajan hombres y mujeres, hasta niños, viven familias completas, en malas condiciones generalmente y todos trabajan. Mayoritariamente se contratan bolivianos porque son más dóciles y trabajadores (...) Hubo un caso de un argentino que trabajaba en las quintas y le hizo a un quintero juicio por un accidente de trabajo, eso no ocurre entre los bolivianos. (Testimonio de Omar, migrante boliviano que vive en Córdoba desde 1986, es quintero)

Esto mismo es señalado por una representante del Sindicatos de Trabajadoras Domésticas en Córdoba, actividad que concentra a un importante número de mujeres bolivianas, quien sostuvo que "las empleadoras piden bolivianas y peruanas porque son más trabajadoras". El desempeño de un alto porcentaje de trabajadoras migrantes en labores concebidas como 'femeninas', relacionadas con el ámbito doméstico y de cuidados, refuerza los estereotipos culturales y valorativos presentes en la sociedad que favorecen la discriminación. Asimismo, el hecho de que esta ocupación se caracterice por su informalidad intensifica la vulnerabilidad de las mujeres que se dedican a esta tarea.

La 'aptitud' al trabajo presente en los testimonios de los propios migrantes y de sus empleadores refleja la naturalización y legitimación de las diferencias étnico-nacionales que 'culturalizan' la desigualdad social, reproduciendo procesos de dominación socio-históricos. La posesión de determinados atributos socio-culturales a partir del origen étnico y de clase que los transforma por 'naturaleza' en los más capacitados para realizar ciertas tareas, explica también la sobrerrepresentación de gran parte de las mujeres bolivianas en ciertas actividades laborales como la venta ambulante, el servicio doméstico y de cuidados, el trabajo agrícola y textil, todas ellas caracterizadas por la desvalorización, informalidad y explotación.

En este sentido, la cultura, siguiendo a Balibar,38 puede funcionar como una naturaleza, especialmente como una forma de encerrar a priori a los individuos y a los grupos en una genealogía, una determinación de origen inmutable e intangible. Siguiendo este supuesto, las representaciones sociales que conciben a los y las migrantes bolivianas en Argentina como 'sumisos', 'disciplinados', 'dóciles', 'trabajadores' y 'silenciosos', entre otras, se sustentan en un origen cultural determinado y no en relaciones de dominación que forman parte de una estructura de poder excluyente y desigual. Es esta 'culturización' de relaciones de dominación históricas la que permite definir a la comunidad boliviana como 'sumisa', 'disciplinada', 'dócil', 'trabajadora' y 'silenciosa', representaciones que 'ocultan' los efectos de un sistema social, político, económico y cultural que los ha continuamente marginado y discriminado. Esto simboliza, siguiendo a Scott, que los sujetos no preexisten a las categorías que los definen como tales sino que son dichas categorías las que, al clasificar a los individuos en función de una cierta concepción del mundo, los constituyen como sujetos históricos.39

Al mismo tiempo, son estas representaciones las que también 'abren' el camino para la inserción laboral de este colectivo migrante en Argentina, evidenciando cómo la 'inserción' se produce a partir de la 'exclusión', que es material y simbólica. La reapropiación que los migrantes hacen de las representaciones sociales que sobre ellos se construyen no implica que los procesos de identificación sean aconflictivos, al contrario, son también objeto de disputa, tensiones y contradicciones. Las marcas identitarias, como rasgos identificatorios que hacen miembro de un grupo a un individuo operando como sistema de regulación y control de las subjetividades, no son estables sino que son modificadas, rearticuladas y refuncionalizadas por los individuos en un movimiento permanente de construcción subjetiva y a la vez colectiva.40 Son estas marcas las que, por un lado, permiten la incorporación en el mundo del trabajo en el nuevo contexto de residencia, que resulta el principal objetivo de una corriente predominantemente laboral y, por otro, refuerzan la discriminación social. El 'uso' que los y las migrantes hacen de ellas no es uniforme. Si en determinadas circunstancias se reafirman ciertas identificaciones, por ejemplo para poder insertarse en sectores del mundo del trabajo étnicamente definidos; en otros se intenta 'despegar' de esas mismas identificaciones para así 'confundirse' con los 'otros' internos y atenuar las prácticas de exclusión. Como expresa una migrante:

En general hay mucha discriminación, eso es lo que más sufre el boliviano, se sufre bastante y algunas veces para no sentirse discriminado, quiere confundirse, ya no dice que es boliviano, sino que es del norte, que es de Salta, de Jujuy, para integrarse en la sociedad argentina. (Testimonio de Emma, migrante boliviana que vive en Córdoba desde 1991)

Esto manifiesta las distintas estrategias que desarrollan los propios migrantes para asegurar su propia supervivencia. Si bien, como sugiere Morokvasic, las y los migrantes se estructuran mediante jerarquías de poder que no pueden elegir, como la clase, raza, etnia, nacionalidad, género, etc., y que determinan su forma de pensar y de proceder, despliegan distintas estrategias que, aunque no transformen radicalmente esas jerarquías, sí pueden flexibilizarlas.41 En este sentido, las identificaciones que ponen en juego los y las migrantes no sólo se constituyen según los discursos hegemónicos sino también a partir de discursos alternativos de resistencia y oposición.42 Es por esto que, sin dejar de reconocer el peso de los estereotipos y representaciones que se constituyen y reproducen alrededor de este colectivo migrante, es importante subrayar, como señalan Lurbe y Santamaría,43 el papel de los propios migrantes en los escenarios sociales y en las formaciones sociales en las que están insertos. Desde esta perspectiva, las representaciones que éstos elaboran respecto a la sociedad de destino y las relaciones sociales que mantienen con diferentes sujetos sociales, dan cuenta de la complejidad que supone la relación 'nosotros/otros' y 'otros/nosotros'. En esta línea, la 'culturización' de la desigualdad que subyace a los procesos de incorporación social y laboral de las y los migrantes, 'ocultando' relaciones de dominación, es internalizada y a la vez recuperada por estos actores, redefiniendo su 'lugar' en el lugar de llegada, lo que no necesariamente entraña cambios en los escenarios de marginación y explotación.

En el caso de las mujeres bolivianas, estos escenarios se profundizan porque además de los mecanismos de exclusión en esferas laborales a partir de la triple identificación de género, etnia y clase, enfrentan relaciones sociales asimétricas en espacios familiares debido a la persistencia de roles y estereotipos de género. Estos ámbitos no se encuentran separados, por el contrario, la reproducción de relaciones desiguales de género al interior de la unidad familiar, condiciona y está condicionada por las formas de inserción social y laboral. Como señala Barrére-Maurisson, no se puede disociar el estudio del lugar que hombres y mujeres ocupan en la producción del lugar que ocupan en el mundo de la familia pues se remiten constantemente uno a otro.44 En este contexto, un amplio conjunto de mujeres pertenecientes a los sectores sociales bajos - donde se concentra mayoritariamente esta población migrante - ha sufrido tradicionalmente una 'doble presencia',45 debiendo cumplir simultáneamente con las funciones productivas y reproductivas, siendo el espacio doméstico competencia exclusiva de la mujer. Esto sugiere una continuidad de roles de género que pueden ser subsanados a partir de ciertos privilegios de clase, en la medida en que las mujeres de los estratos medios y acomodados pueden 'escapar' de la 'doble presencia', pues tienen mayores posibilidades de 'descargar' en otras mujeres el trabajo reproductivo, en ocasiones esas 'otras' mujeres son migrantes en el marco de la 'etnización' de estas funciones,46 pero no un cambio en los valores y prácticas sociales y culturales: la mayor participación y visibilidad de las mujeres en el ámbito productivo en las últimas décadas no supuso una redefinición de tareas en la esfera reproductiva, éstas siguen siendo patrimonio femenino.47 La 'doble presencia' parece ser una característica compartida por las mujeres de esta colectividad que se desplazan fundamentalmente en contextos familiares. Esto es bien relatado por las propias migrantes:

La mujer argentina es trabajadora, dinámica, movediza y la mujer boliviana también, de la misma manera o quizás con más empeño porque la mujer boliviana se dedica a atender la familia, la casa, al esposo y a trabajar. Y trabaja de la madrugada hasta la noche, puede estar con los hijos al lado pero no deja el trabajo. Y su trabajo es un aporte directo a la familia. (Testimonio Alina, migrante boliviana que vive en Córdoba desde 1974)

Las mujeres de mi país son muy admirables, honestamente te digo, diría que son las mujeres que llevan prácticamente el hogar, hacen aportes con su trabajo a la economía para prosperar su hogar, hacen aportes en la educación de sus hijos y a la vez son esposas, como te digo manejan el hogar, esperan a los maridos con la comida, llevan el hogar en pleno y también aportan a la economía de su hogar (...) Que en el hogar manda el hombre, si bien la mujer cumple un papel importante en la educación de los hijos o con el trabajo, el que manda es el hombre. (Testimonio de Malena, migrante boliviana que vive en Córdoba desde 1968)

A partir de estos testimonios es posible advertir, en primer lugar, las múltiples 'presencias' de estas mujeres al intervenir en el ámbito productivo y, junto con ello, ser las máximas responsables del espacio reproductivo, siendo el cuidado y la atención de los 'otros' sus funciones principales pues ellas 'llevan el hogar' y lo 'manejan', lo que no significa poner en entredicho el poder simbólico del hombre; en segundo lugar, la continuidad de la noción tradicional de 'trabajo', asociado al ingreso monetario. El trabajo 'reproductivo' se da por supuesto, es parte del 'natural' rol de madre, de esposa, de mujer, el cual no es definido y percibido como un 'trabajo', apareciendo lo doméstico como inevitable. Esto indica que, pese a las discusiones en torno a la concepción clásica de 'trabajo', una gran parte de las funciones reproductivas aún permanece social, económica, cultural y políticamente invisible, lo que se traduce en las múltiples 'presencias' de estas mujeres, fortaleciendo la división sexual del trabajo. Es importante resaltar la persistencia de relaciones desiguales de género en los espacios familiares porque, como señala Parella, las relaciones primarias de subordinación/dominación se sitúan en la esfera reproductiva, en el plano de la familia y se proyectan, después, sobre las relaciones sociales fuera del hogar.48

En este contexto, el análisis de la articulación de las dimensiones de género, etnia y clase social es un factor relevante para comprender la reproducción de desigualdades sociales. El examen de la migración de mujeres bolivianas hacia Argentina permite avanzar en esta dirección, pues es a partir de tener en cuenta estas dimensiones que es posible desentrañar los procesos que producen y profundizan aquellas desigualdades.

 

Reflexiones finales

La reproducción de desigualdades sociales en los fenómenos migratorios asume diversas modalidades determinadas por cuestiones vinculadas a la nacionalidad, la etnia, la clase social y el género. Estas categorías, al constituirse recíprocamente, refuerzan la exclusión social que padecen las mujeres en las migraciones internacionales. En Argentina, aquellos que por su origen étnico y nacional han permanecido fuera del 'nosotros', como proyecto político-ideológico hegemónico, han afrontado diversas prácticas y discursos de exclusión social. A su vez, el análisis de la migración femenina boliviana al país permite discutir críticamente la tradicional división 'nosotros/otros' en la medida en que, al emerger como constructos homogéneos, invisibilizan la heterogeneidad que les cabe a ambos. Es por esto que las representaciones sociales sobre este sector de la población, atravesadas por identificaciones de género, etnia y clase social, 'historizan' procesos de dominación que se vienen reproduciendo, no sin cambios, incluso desde antes del período de conformación del Estado nacional.

En este sentido, la imbricación de estas identificaciones resulta central para comprender la producción y reproducción de desigualdades sociales. La persistencia de relaciones asimétricas de género, concebidas como relaciones desiguales de poder, que mantienen inalterable los fundamentos más profundos del 'orden' de género en esferas sociales, laborales y familiares, no hacen más que intensificar la explotación y segregación de un amplio conjunto de las mujeres migrantes. En base a esta premisa, pensar en modificar las desigualdades sociales que enfrentan estas mujeres supone no sólo disputar y redefinir formas de construcción de alteridad, sino también repensar los modos de socialización diferenciadas para hombres y mujeres que condicionan la división sexual y social del trabajo. Esto simboliza una transformación radical de la estructura social, política, económica y cultural que ha instaurado y perpetuado la exclusión y subordinación femenina en diversos ámbitos de la sociedad, lo que implica desnaturalizar aquellas formas de socialización, esto es, las relaciones de género, para así visibilizarlas, cuestionarlas y deconstruirlas.

 

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[Recebido em junho de 2007 e aceito para publicação em setembro de 2008]

 

 

1 Este artículo se desprende de un estudio desarrollado en el marco del Doctorado en Historia en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, y de las investigaciones llevadas a cabo en el Grupo de Investigación Multiculturalismo, Migración y Desigualdad en América Latina del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, y del Grupo de Investigación Consolidado Multiculturalismo y Género de la Universidad de Barcelona, España. La participación en el Grupo Consolidado Multiculturalismo y Género de la Universidad de Barcelona, España, fue posible gracias a la obtención de una Beca de Formación Permanente de Fundación Carolina, convocatoria 2007, realizada entre los meses de marzo y mayo de ese mismo año.
2 Laura OSO, 1998, p. 39.
3 Catherine DONATO, Donna GABACCIA, Jennifer HOLDAWAY, Martin MANALANSAN y Patricia PESSAR, 2006, p. 3.
4 Marina ARIZA, 2000.
5 Pese a que hay coincidencia en los estudios de género respecto a la consideración de esta dimensión como construcción socio-cultural, esta noción no simboliza un determinismo ni una visión pasiva de los sujetos como receptores de una ley cultural inexorable (Judith BUTLER, 2001, p. 41).
6 Verena STOLCKE, 1999.
7 Dolors COMAS, 1995, p. 43.
8 BUTLER, 2001, p. 35.
9 Patricia BIFANI, 2002, p. 64.
10 Liliana SUÁREZ NAVAZ, 2004, p. 308.
11 Si bien desde la década del sesenta del siglo pasado el Área Metropolitana de Buenos Aires ha sido el principal lugar de asentamiento de esta corriente, Córdoba se ha transformado en un destino de atracción para los migrantes bolivianos, siendo la comunidad migrante más significativa, en términos cuantitativos y cualitativos, de la ciudad. Según cifras del último censo nacional de población del año 2001, la población de origen boliviano en Córdoba alcanza los 8000 habitantes, aunque estos datos son desestimados por las organizaciones de migrantes que sostienen que este número no representa la magnitud de este flujo.
12 En Argentina, de acuerdo a los datos del censo nacional de población del año 2001, la cantidad de migrantes de origen boliviano superaba los 230 mil, de los cuales aproximadamente la mitad son mujeres. La migración boliviana, al ser fundamentalmente de tipo familiar, ha mantenido una relativa paridad entre hombres y mujeres a lo largo del siglo XX.
13 Para un análisis de la evolución de este flujo migratorio en Argentina en la segunda mitad del siglo XX ver: Jorge BALAN, 1990; Roberto BENENCIA y Gabriela KARASIK, 1995; Adriana MARSHALL y Dora ORLANSKY, 1983.
14 Alejandro GRIMSON, 2003, p. 145.
15 Rita SEGATO, 1999, p. 164-165.
16 Naila KABEER, 1998.
17 Sonia PARELLA, 2005, p. 114.
18 María Luisa FEMENÍAS, 2007, p. 10.
19 Elizabeth JELIN, 1996, p. 193.
20 Nora PÉREZ VICHICH, 1988, p. 451.
21 GRIMSON, 2003, p. 143, énfasis en el original.
22 GRIMSON, 1999.
23 Cristina BLANCO, 2000, p. 97.
24 GRIMSON, 2006, p. 78.
25 BENENCIA y KARASIK, 1995, p. 41.
26 Stuart HALL, 1997.
27 IRIGARAY, 1974, citado por FEMENÍAS, 2007, p. 109.
28 Carmen GREGORIO, 1998, p. 33.
29 Belén AGRELA, 2006.
30 Aunque en los últimos años, a diferencia de otros momentos históricos, la relación género/migración ha cobrado mayor relevancia en el ámbito político nacional, esta dimensión no ha sido aún suficientemente considerada en las políticas migratorias. La normativa actual sobre migraciones, vigente desde el año 2003, no logra romper con la histórica invisibilidad de género, desconociendo los itinerarios migratorios diferenciados de hombres y mujeres, y preservando una 'aparente' neutralidad de género, que no hace más que intensificar la desigualdad social que enfrentan las mujeres en la migración. Para un análisis crítico de la política migratoria argentina desde una perspectiva de género ver: María José MAGLIANO y Eduardo DOMENECH, en prensa.
31 GREGORIO, 1997, p. 164.
32 Raúl BARRIOS, 1993, p. 156.
33 Silvia RIVERA CUSICANQUI, 1993, p. 124.
34 RIVERA CUSICANQUI, 2004, p. 28.
35 La noción de 'ideología de la domesticidad' para hacer referencia al discurso que se constituyó a lo largo del siglo XIX en torno a los roles de género ha sido desarrollado en diversos estudios. Para profundizar sobre este tema ver: Cristina BORDERÍAS y Cristina CARRASCO, 1994; Soledad MURILLO, 2006; Mary NASH, 2003.
36 MOORE, 1994.
37 STOLCKE, 1999.
38 Etienne BALIBAR, 1991, p. 38.
39 Miguel Ángel CABRERA, 2006, p. 247.
40 FEMENÍAS, 2007, p. 80.
41 Mirjana MOROKVASIC, 2007.
42 FEMENÍAS, 2007.
43 Katia LURBE y Enrique SANTAMARÍA, 2007, p. 62.
44 Marie-Agnes BARRÉRE-MAURISSON, 1999.
45 Laura BALBO, 1994.
46 PARELLA, 2003.
47 Esta situación se observa también en gran parte de las mujeres de los sectores populares en Argentina. En ocasiones, las mujeres de los sectores sociales bajos comparten con otras mujeres de su propia familia las tareas reproductivas en sus hogares.
48 PARELLA, 2005, p. 102.