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Revista Estudos Feministas

versión impresa ISSN 0104-026X

Rev. Estud. Fem. vol.18 no.2 Florianópolis mayo/ago. 2010

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-026X2010000200004 

ARTIGOS

 

Bajo presión: primera relación sexual de adolescentes de Trelew (Argentina)

 

Under pressure: first sexual relation of teenagers from Trelew (Argentina)

 

 

Daniel Eduardo Jones

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina (CONICET)

 

 


RESUMEN

El artículo analiza las expectativas y experiencias relativas a la primera relación sexual de adolescentes, a partir de entrevistas semiestructuradas individuales a 22 varones y 22 mujeres, de entre 15 y 19 años de edad, pertenecientes a estratos socioeconómicos medios y residentes en Trelew, una ciudad de 100 mil habitantes en la Patagonia argentina. Se centra en los papeles esperados y las vivencias de presiones para la iniciación sexual. Los papeles esperados para varones y mujeres reflejan expectativas de género asimétricas y pueden favorecer acciones coercitivas por parte de parejas y amistades. Estas coerciones pueden ser interpretadas a partir del tipo de vínculo con la persona con que debutan sexualmente y la influencia de las redes de pares en tanto público interesado en dicho evento. El análisis de los testimonios tiene a la teoría de los guiones sexuales como marco de referencia, y considera las dimensiones de género y edad de las y los entrevistados.

Palabras clave: sexualidad; adolescentes; primera relación sexual; presión.


ABSTRACT

The article analyses the expectations and experiences related to the first sexual relation of teenagers. The research is based on individual semi-structured interviews with 22 men and 22 women aged from 15 to 19 , belonging to the middle class layer from Trelew, a city of 100,000 inhabitants in the Argentinean Patagonia. The article focuses on the expected roles and experiences of pressure for sexual initiation. Desired roles for girls and boys regarding their first sexual relation reflect asymmetric gender expectations and can lead to coercive actions of partners and friends. These coercions can be interpreted considering the relations with the sexual partner and the influence of teenagers' networks as a public interested in the first sexual relation. The testimonies are analyzed within a sexual scripting theory, and considering gender and age of the interviewed actors.

Key Words: Sexuality; Teenagers; First Sexual Relation; Pressure.


 

 

La primera relación sexual es un acontecimiento significativo para las mujeres y los varones adolescentes, que lo esperan, viven y recuerdan con intensidad. "Los significados que se le atribuyen y las maneras en que tal evento tiene lugar en una cultura determinada son una expresión del tipo de valores y creencias asignadas a la sexualidad por esa sociedad".1

Este artículo analiza las expectativas y experiencias relativas a la primera relación sexual de adolescentes, a partir de entrevistas semiestructuradas individuales a 22 varones y 22 mujeres, de 15 a 19 años, de estratos socioeconómicos medios y residentes en Trelew, una ciudad de 100 mil habitantes en la Patagonia argentina, hechas en 2003 y 2005.2 La investigación que lo sustenta supone un aporte al campo de estudios sobre sexualidad de adolescentes en varios sentidos. Metodológicamente, por tratarse de un trabajo cualitativo, un enfoque crecientemente adoptado en este campo, frente a la tendencia cuantitativa hegemónica, al menos, hasta comienzos de 2000.3 En cuanto al sujeto de estudio, por focalizar en varones y mujeres de estratos medios, cuando la amplia mayoría de las investigaciones sobre sexualidad de adolescentes en América latina se ha centrado en las mujeres de los estratos más pobres de la población.4

Este artículo se concentra en los relatos de un varón y de una mujer presionados (por sus pares y por su pareja, respectivamente) para iniciarse sexualmente, pues condensan de manera paradigmática dinámicas y normas sexuales y de género que operan en la "primera vez".5 Así, por un lado, contribuye mediante una indagación empírica al debate mayor sobre los límites y las relaciones entre las categorías de género y sexualidad.6 Y, por el otro, aborda dos fenómenos poco explorados en los estudios sobre sexualidad, según revisiones recientes: la coerción en las relaciones sexuales entre adolescentes y la vivencia de varones que se iniciaron sexualmente sin desearlo.7

Con "primera relación sexual" las mujeres y los varones heterosexuales entrevistados se refieren al que es para alguien su primer encuentro sexual en el que se produce una penetración vaginal entre un varón y una mujer.8 Esta concepción coloca al coito vaginal como la práctica que define a una relación sexual heterosexual como tal, en consonancia con lo que registra la bibliografía especializada.9 Gran parte de los estudios sobre sexualidad se centra en la primera relación sexual, considerándola un momento decisivo en la vida de las personas como rito de pasaje hacia la adultez o inicio de su biografía sexual, desde perspectivas antropológicas y demográficas.10 Aquí analizo la primera relación sexual de las mujeres y los varones adolescentes como un acontecimiento guionado a nivel cultural, interpersonal e intrapsíquico, siguiendo la analogía dramatúrgica de la teoría de los guiones.11 Esto significa que existen razones socialmente aceptables para tener o no relaciones sexuales, así como papeles esperados para la iniciación sexual. En la puesta en escena de esta primera vez influyen tanto los públicos interesados en dicho acontecimiento como el tipo de vínculo entre sus protagonistas. Mi objetivo es analizar estos elementos que conforman (en el doble sentido de moldear y ser parte de) los guiones de estos y estas adolescentes relativos a la primera relación sexual. Estas dimensiones varían en dos sentidos. Por un lado, entre varones y mujeres, porque los guiones sexuales se construyen a partir de ciertas expectativas y relaciones de género que, a su vez, ellos mismos pueden reforzar. Por otro lado, según la clase de vínculo con la persona con que se inician sexualmente, dándose las principales diferencias entre el noviazgo y las restantes relaciones.

En el primer apartado describo los tipos de vínculos con sus parejas de iniciación y reconstruyo a partir de sus testimonios los papeles esperados para varones y mujeres en la primera relación sexual. Luego analizo los relatos de Eugenia y el Chueco sobre su primera vez, quienes cuentan cómo fueron presionados por una pareja (en el primer caso) o por sus pares (en el segundo) para tener relaciones sexuales. Sus experiencias reflejan muy ricamente las expectativas, sentimientos y presiones puestas en juego en la primera vez, y permiten dar cuenta de la importancia del tipo de vínculo con la persona con que se inician y de las redes de pares en tanto público interesado en dicho evento. Finalmente, presento qué sucede con el resto de las y los entrevistados en cuanto a las presiones en su debut sexual y sistematizo algunos aportes sobre las relaciones entre sexualidad y género que se desprenden del análisis previo.

 

Tipos de vínculos y papeles esperados

El noviazgo y la transa son dos tipos de vínculos sociosexuales que actúan como marcos posibles y frecuentes de la primera relación sexual de adolescentes, articulando de diferentes maneras dimensiones sociales, temporales, afectivas y sexuales.

Para estas y estos adolescentes el noviazgo por lo general implica un compromiso afectivo con la pareja (quererla y/o estar enamorado de ella) y un pacto tácito o presunción de monogamia, exclusividad sexual y fidelidad mutua. Aunque su duración es muy variable, el noviazgo supone una expectativa de continuidad de la relación. Es el vínculo sociosexual entre adolescentes que goza de mayor reconocimiento de los adultos, como ilustra la prescripción parental a las chicas de que en caso de tener relaciones sexuales sea con un novio. En comparación con los otros vínculos en la adolescencia, el noviazgo supone una mayor publicidad de la pareja y cierta aprobación familiar y social de la relación.12 También cuenta con legitimidad ante los pares como marco de interacción sexual, sobre todo para las mujeres.

Otro tipo de vínculo son las transas. El término proviene del verbo transar, que en este contexto refiere a besarse y acariciarse con una persona con distintos grados de intensidad. La transa es un vínculo que implica una interacción predominantemente sexual (desde besarse hasta tener relaciones sexuales), que no exige monogamia ni exclusividad: una persona puede tener más de una transa simultáneamente sin que esto suponga la posibilidad de romper estas relaciones. Por lo general la transa conlleva un bajo compromiso afectivo mutuo (por definición, menor que un noviazgo), aunque eventualmente se pueden tener sentimientos amorosos por la otra persona. Las transas difícilmente se dan a conocer a padres y madres, por el bajo compromiso afectivo entre los participantes y la ausencia de una perspectiva de continuidad. Esto torna al vínculo menos legítimo ante los adultos y la o el adolescente suele mantener discreción al respecto.

Partiendo de sus testimonios, reconstruí analíticamente los papeles esperados para varones y mujeres en su primera relación sexual, que reflejan expectativas y prescripciones de género tradicionales.13

 

 

Son papeles coherentes en sí y opuestos y complementarios entre sí, en cuanto a la iniciativa y la disponibilidad sexual que corresponden al varón, y la capacidad de rechazar o consentir las propuestas y la selectividad que corresponden a la mujer. Son coherentes en sí porque las dos expectativas relativas a cada papel se articulan estrechamente. La iniciativa del varón es esperable por su supuesta disponibilidad sexual permanente y, a su vez, le permite ponerla en práctica, es decir, buscar y aprovechar posibilidades de relaciones sexuales. En el caso de la mujer, puede ser selectiva en cuanto a su compañero de iniciación porque cuenta con la capacidad de rechazar las propuestas de relaciones sexuales o aceptarlas cuando se sienta segura. Por otra parte, estos papeles son opuestos entre sí: mientras que una mujer debería tener su primera vez con alguien "especial" y de quien estuviese enamorada, por la prescripción de selectividad, el varón tendría que aprovechar todas las oportunidades de relaciones sexuales, lo que puede implicar no ser demasiado selectivo en cuanto a su pareja de iniciación. Por último, son complementarios porque si las mujeres precisan ser selectivas en cuanto al compañero y conservan la decisión final de tener o no relaciones sexuales es, en gran medida, porque los varones siempre estarían con ganas de tener relaciones y tomarían la iniciativa, ya sea mediante avances corporales en un recorrido erótico y/o a través de una propuesta verbal. Bajo este razonamiento la mujer debería ser selectiva y ejercer su capacidad de rechazo porque no le faltarían ofertas masculinas. Esta perfecta complementariedad entre ambos papeles de género nos recuerda que en todo momento opera la presunción de heterosexualidad de y entre las y los adolescentes, no por silenciosa menos efectiva en su institucionalización:

La institución de una heterosexualidad obligatoria y naturalizada requiere y reglamenta al género como una relación binaria en que el término masculino se diferencia del femenino, y esta diferenciación se logra por medio de las prácticas del deseo heterosexual.14

Como apunta la teoría queer, el género no se puede reducir a la heterosexualidad jerárquica y su binariedad no se puede dar por un hecho fuera del marco heterosexual,15 de ahí que los papeles de género coherentes en sí y opuestos y complementarios entre sí que delinean las y los adolescentes en sus testimonios sobre el debut sexual presupongan (y refuercen) la heterosexualidad. A su vez, estos papeles esperados para varones y mujeres en su primera relación sexual reflejan expectativas de género asimétricas que, como analizo a continuación, pueden favorecer interacciones coercitivas.

 

Bajo presión

Dos adolescentes cuentan en las entrevistas cómo fueron presionados para tener relaciones sexuales, vivencias sobre las que comparten una evaluación negativa. Eugenia es una mujer de 17 años, que está concluyendo la escuela secundaria y vive con sus padres. Ella relata una experiencia de iniciación sexual, cuatro años atrás, fallida en varios sentidos:

Eugenia: [...] Entre estos hicos había uno del que estaba súper enamorada. Y bueno, nos fuimos un Día de la Primavera a Playa Unión. [...]

Entrevistadora: Sabés que quería que me contaras qué te pasó a vos con este chico, porque se nos paró la grabación... y lo que me estaba contando Eugenia era que tuvo una historia donde el chico con el que estaba... ¿cómo era?

Eugenia: Yo tenía 13 años y el chico me apuraba mucho. Una noche nos fuimos y no pudimos [hacerlo] porque yo era virgen.

Entrevistadora: Claro, lo que nos contaba es que ella tuvo una experiencia con este chico, que él era un año más grande pero tenía mucha más experiencia que ella. ¿Y entonces qué pasó?

Eugenia: Él le dijo a todo el mundo que habíamos tenido relaciones sexuales. Y no le importó contarle a todo el mundo. Y sí, le dijo a todo el mundo que habíamos tenido relaciones. [...]

Entrevistadora: ¿Y qué recuerdos tenés de la primera vez?

Eugenia: No, la primera vez en serio fue cuando tenía 15 años, con el chico que era mi novio.

Eugenia relata cómo a los 13 años fue presionada para tener relaciones sexuales por un adolescente con más experiencia sexual, del que estaba enamorada y con quien tenía un vínculo de transa.16 De esta situación quiero analizar la presión que recibe, la influencia del tipo de vínculo con su compañero y las versiones contradictorias sobre si tuvieron o no relaciones sexuales. En primer lugar, Eugenia identifica una presión al señalar que este joven la "apuraba" mucho, es decir, que los avances en la interacción sexual iban más rápido de lo que ella deseaba, lo que implica que ésta no era totalmente consensuada. Con "apurar" Eugenia también referiría a la insistencia verbal de su compañero para tener relaciones, una práctica que puede ser un modo de coerción sexual, es decir, un intento de forzarla a participar en una conducta sexual contra su voluntad.17 Como registra una investigación sobre mujeres adolescentes del Área Metropolitana de Buenos Aires:

La mayoría de las entrevistadas es capaz de describir situaciones que constituyen coerción, [como] insistir en el tema de las relaciones sexuales. [...] No por ser verbal la insistencia es menos sentida como coercitiva ya que se apoya, según las adolescentes, en el hecho de que las mujeres son vulnerables cuando están enamoradas de un hombre.18

Esta idea subyace a la aclaración de Eugenia de que estaba muy enamorada de ese chico, que se complementa con su observación de que él tenía mucha más experiencia sexual, pues ambas circunstancias suponen una asimetría desfavorable para ella.19 Si a primera vista puede parecer poca la evidencia para afirmar que hubo coerción, cabe apuntar que la permanencia de ciertos guiones sexuales tradicionales dificulta reconocer situaciones coercitivas, tanto para quien las analiza como para sus protagonistas. Me refiero a guiones que establecen "que las mujeres deben adoptar como mínimo un papel pasivo e idealmente presentar resistencia a los avances masculinos, [y que] el rol de los varones implica la insistencia".20 La posible insistencia verbal del compañero de Eugenia es una respuesta acorde a la prescripción de iniciativa sexual masculina y, por ende, este joven (a quien no entrevisté) tal vez no la consideró un modo de presión, como sugiere un estudio sobre varones adolescentes del Área Metropolitana de Buenos Aires:

Ninguno de los entrevistados identificaba que la insistencia verbal fuera una forma de presión. Era como el punto de partida necesario e inevitable por el que tenían que pasar si querían tener relaciones sexuales. Esta presión era concebida como un "juego" dentro de la seducción entre varones y mujeres. Se daba por sentado que el varón debía convencer a la mujer para que accediera a tener relaciones sexuales. [...] [Entre] las líneas argumentales por la cuales justifican esta "pequeña" presión predomina la idea de que la iniciativa sexual debe ser tomada por el varón.21

Ante esta expectativa, acelerar los ritmos del recorrido sexual con su compañera y/o insistir verbalmente para tener relaciones puede no ser visto por los varones como presión, aunque así sea sentido por las mujeres que lo viven, un conflicto de percepciones señalado por otros trabajos. Según Hernán Manzelli, para los varones son confusos los límites entre el juego de insistencia y la coerción, y "cuando se compara sus conductas concretas de presión con lo que relatan adolescentes mujeres,22 lo que allí es reconocido como presión, aquí no es concebido como tal".23 En esta línea, Edith Pantelides concluye:

Los límites entre insistencia y coerción, frente a una negativa femenina que podría ser "protocolar" (dada las exigencias sociales a las que las mujeres deben acomodarse), son difíciles de establecer desde afuera. Incluso puede no ser clara para los participantes de la relación dado que la presión por parte del varón también es "esperable" socialmente.24

El tipo de vínculo de Eugenia con su compañero ayuda a entender tanto la dinámica de la situación relatada como la aclaración de que estaba enamorada. En una transa, la interacción es predominantemente sexual, lo que torna esperable el interés y la insistencia de su compañero por tener relaciones sexuales. En comparación con un noviazgo, hay menor compromiso afectivo y no existe un horizonte de continuidad de la relación. Por ende, son bajos los costos de presionar a una transa para tener relaciones: si rechaza los avances y/o se enoja, a lo sumo no seguirá un vínculo que, en principio, no implica profundos sentimientos mutuos, ni una historia conjunta previa, ni demasiadas posibilidades a futuro. Sin embargo, Eugenia destaca que estaba enamorada de ese chico como una forma de justificar la tentativa de iniciación sexual fallida con alguien que no era un novio, dejando en claro así que el amor fue el criterio de elección de su compañero. Según ella, el intento de tener relaciones sexuales no se concreta al no lograrse la penetración porque era virgen.

Finalmente, si bien Eugenia considera que no tuvieron relaciones, su compañero hace público que sí las tuvieron. Estas versiones contradictorias son posibles porque la mayoría de los encuentros que pueden incluir relaciones sexuales, como éste, ocurre fuera de la vista de los no participantes directos, por lo que las audiencias están limitadas al testimonio de los protagonistas para saber qué sucedió.25 El relato de Eugenia refleja que el primer coito vaginal es la práctica que define la primera vez de alguien, como lo consideran el resto de las y los entrevistados heterosexuales. A pesar de este consenso, no es casual que se produzcan versiones opuestas entre ella y su compañero, ya que cada una ofrece ventajas para quien la sostiene. Con su versión de que no tuvieron relaciones porque no se concretó la penetración, Eugenia evita recordar y presentar a su primera vez como una experiencia negativa y socialmente desvalorizada, por haber sido en un vínculo poco legítimo para la iniciación sexual de una mujer, bajo presión y con un compañero que demostró ser inadecuado, por haberla "apurado" y luego hacer público que habían tenido relaciones. Eugenia reconoce una falla en su selectividad percibida a posteriori (como Chuby, una entrevistada de 16 años que se arrepiente de haber tenido su primera relación sexual con un novio que luego la abandonó), pero no una falta de selectividad, pues dicha experiencia fue con un chico del que "estaba enamorada". Con su versión de lo sucedido, Eugenia reserva su "primera vez en serio" para una relación sexual con un novio, lo que vuelve a su iniciación más legítima ante sus redes sociales. Por eso le molestó que al chico con quien tuvo esa experiencia "no le importó contarle a todo el mundo... que habíamos tenido relaciones", algo que afectaría su reputación ante pares: si Eugenia lo hizo en esa ocasión, su iniciación sexual no se enmarca en un compromiso afectivo, ni un vínculo con horizonte de continuidad. La versión de su compañero de que sí tuvieron relaciones, en cambio, lo deja a él bien posicionado ante sus pares: gana experiencia sexual, un capital valorado entre los varones como fuente de prestigio, y evita que circule el rumor sobre un mal desempeño sexual, por no haber podido concretar la penetración y desperdiciar así una oportunidad de tener relaciones. El hecho de que el compañero de Eugenia haga público que tuvieron relaciones sexuales (haya ocurrido o no) puede interpretarse en relación al tipo de vínculo entre ambos. Al ser una transa no existe un compromiso mutuo que implique tácitamente cierta discreción sobre la actividad sexual de la pareja, por ejemplo, para preservar la reputación de la mujer, por eso a él no le importó contarle a otros adolescentes que habían tenido relaciones.

Estas mismas redes de pares están interesadas en el debut del Chueco, un varón de 17 años, que está terminando la escuela secundaria y vive con su padre. El Chueco tiene un mal recuerdo de su primera relación sexual, un año atrás, por cómo fue presionado para hacerlo:

Entrevistador: Y hablando de relaciones sexuales, ¿qué opinás de tenerlas a esta edad?

El Chueco: Es una cosa nueva, muy diferente, porque vos pensás una cosa y después cuando te encontrás... no es tan lindo, tan importante como vos te lo imaginás.

Entrevistador: ¿A vos te pasó eso?

El Chueco: Sí, yo esperaba otra cosa. Capaz que la primera vez, con esa mina [chica], no fue la mejor... [...] Fue más por el tema de que te joden los chicos del barrio. Te joden: "Ahí va el boludo, el virgen", todas esas boludeces. [...] Te molesta. Ya llega un punto que te molesta mucho. Es como algo que lo tengas [que hacer] para sentirte más varón o algo así. [...]

Entrevistador: Y si tuvieras que decir qué recuerdo te queda de esa primera vez, ¿cómo fue?

El Chueco: Pienso que para mí no fue bueno. Porque para mí fue todo a presión, no fue algo que yo sentía.

Entrevistador: ¿Y cómo fue? ¿Te la presentaron?

El Chueco: Ella me conocía. Me jodía y yo no le daba mucha bola. Siempre me decía si quería salir con ella, que yo era re importante para ella, cosas así.

Entrevistador: ¿Era del barrio la piba?

El Chueco: No, no es de acá de Trelew. Tiene la abuela allá en mi barrio, y siempre iba.

Entrevistador: ¿Y cómo fue que tuviste relaciones? ¿La situación cómo fue?

El Chueco: Estábamos en el boliche [discoteca]. Primero tuvimos una fiesta, más tarde ahí en el boliche estuvimos hablando y jodiendo, y después fuimos a la casa de un amigo en mi barrio. Y ahí fue, ahí pasó.

Entrevistador: ¿Y no estaban los viejos [padres] de este amigo?

El Chueco: No, no estaban. Porque él vive con la vieja [madre] y la vieja estaba trabajando. Y ellos se quedaban abajo. Veníamos tres nomás, y se quedaron los dos abajo, jodiendo.

Entrevistador: ¿Y vos subiste con la piba?

El Chueco: Sí. Para mí fue algo... a mí no me gustó. Creo que fue muy rápido todo y fue algo que no lo disfruté, no sentí nada. Aparte, si lo hacés más tranquilo, mucho mejor.

De la experiencia del Chueco me interesan tres cuestiones estrechamente vinculadas: las presiones públicas para que se inicie sexualmente, la vigilancia de los amigos durante el encuentro sexual y la distancia entre sus expectativas y lo que sucedió en su primera vez. En primer lugar, el Chueco describe cómo antes de debutar sexualmente lo molestaban otros varones jóvenes de su barrio, tratándolo públicamente de "virgen" y "boludo". La asociación de ambos términos refleja cómo un varón que no ha tenido relaciones sexuales para los 15 años sufre una desvalorización de sus pares. Aunque ningún otro entrevistado relata una experiencia personal como la del Chueco, el Negro, un adolescente de 15 años, refiere a estas presiones sobre sus compañeros:

No creo que sea bueno que alguien tenga relaciones sexuales porque ejercen una presión contra él: "Tenés que tener [relaciones] porque tenés no sé cuántos años". [...] Sé de algunos pibes que los compañeros los presionaban así. Se lo decían como joda a esas personas, pero era presión, no era que se sentían preparados o algo así, era porque los otros les decían.

Bajo un tono de cargada, opera una presión pública para que los varones debuten sexualmente, que el Chueco considera una exigencia de sus pares para que reafirme su masculinidad: "Es como algo que lo tengas [que hacer] para sentirte más varón". La misma dinámica se da entre jóvenes del norte de Chile, donde "la presión social induce el inicio, castigando la virginidad masculina con la burla. Por ende, el acto sexual no es tanto una forma de expresar el erotismo, sino un modo de probar la hombría".26 El requerimiento de tener relaciones sexuales "para sentirte más varón" indica que a esta dinámica subyace la prescripción de heterosexualidad asociada a la masculinidad hegemónica27 y al papel esperado para estos varones: se supone determinado deseo "natural" (por las mujeres) y se incita un ejercicio de la sexualidad consecuente con él (disponibilidad e iniciativa sexual con ellas).28 Como observa un estudio sobre el debut sexual de adolescentes del sureste de México, "la presión social [de los pares] va de la mano con el imperativo heterosexual gravitando en torno a la imagen femenina como objeto de deseo y prueba confirmatoria de la virilidad".29 El Chueco responde a las presiones explícitas y prescripciones tácitas teniendo su primera relación sexual a los 16 años. Así, simultáneamente, reafirma su masculinidad y heterosexualidad ante los pares, y deja de transgredir el calendario para la iniciación sexual de un varón, que entre estos adolescentes marca los 15 años como edad deseable para el debut.

Pero la presión no sólo se da a través de comentarios públicos. También es muy palpable en las circunstancias que rodean a la primera vez del Chueco, a través de la vigilancia del encuentro por parte de sus amigos. Antes y durante el evento, "la presencia o ausencia de alters, sus características sociales, el tipo de lazos entre los actores y otras variables contextuales de tiempo y lugar, tanto como las características de las audiencias, determinan de manera conjunta si una actividad sexual ocurrirá y cuál".30 El Chueco conoció a una chica en el barrio y una noche participan de una fiesta junto a otros adolescentes. Salen a la discoteca y luego él, ella y dos amigos van a la casa de uno de éstos en el mismo barrio. Mientras que el Chueco tiene relaciones sexuales en la planta alta de la casa, los dos amigos se quedan abajo, en principio, no haciendo nada en particular. Esta situación casi lleva a la literalidad la metáfora dramatúrgica y su noción de audiencias interesadas en los encuentros sexuales: una parte del potencial público (compuesto por las redes de adolescentes) se torna un público muy real que acompaña a los protagonistas desde los preparativos de la obra hasta subir a escena y que espera a que concluya la función. Como los amigos del Chueco no pueden estar en el cuarto mientras que tienen lugar las relaciones sexuales, han vigilado desde abajo y serán garantes de lo sucedido ante los pares. Su debut sexual es "bajo el cuidadoso y persistente escrutinio de otros varones, [...] demuestra hombría para la aprobación de otros hombres",31 guardando un notable parecido con las iniciaciones con trabajadoras sexuales:

En aquellos hombres que tuvieron su iniciación con una trabajadora del sexo, [...] la presión del grupo jugó un papel considerable en esta práctica, en el sentido de que parecía estar dirigida a la confirmación de la identidad masculina y a la regulación de las prácticas sexuales del joven. [...] Entre quienes vivieron su iniciación en esta forma, la experiencia pareció producir una gran incomodidad, aun cuando la confirmación de la identidad de género que se pretendía fuese lograda.32

En esta línea, Norma Fuller sostiene que acudir a una trabajadora sexual en la sociedad peruana era el ritual informal a través del cual los varones demostraban frente a sus pares que eran sexualmente activos: "Se trata de una prueba pública en la que lo decisivo no es que se realice el acto sexual sino que los padrinos refrenden y confirmen que ha ocurrido".33 En la situación vivida por el Chueco, sus dos amigos actúan como los padrinos que acreditarán públicamente que debutó, pues, ante "el deseo de responder a las demandas sociales de mostrarse hombre, la garantía del nuevo estatus es provista por el reconocimiento de los pares".34 Así, la experiencia del Chueco reactualiza el rito de iniciación con una trabajadora sexual, en la medida en que se lleva adelante en una situación colectiva respondiendo a las expectativas de otros varones más que satisfaciendo un deseo personal.35

Por último, el propio Chueco subraya la distancia entre sus expectativas y cómo vivió la primera relación sexual. Mientras que esperaba algo más lindo e importante, señala que no lo disfrutó y no sintió nada porque fue todo muy rápido y no estaba tranquilo. En consonancia con los recuerdos sobre la iniciación sexual de jóvenes adultos brasileros,36 el Chueco da un lugar central en su evaluación al tiempo del acto y a sus sensaciones. Las presiones y presencia de pares no resultan menores en su intranquilidad y en la dinámica del encuentro sexual, pues, en gran medida, el Chueco lo tiene pensando en estas audiencias. Además, el tipo de vínculo con su compañera puede haber influido en el encuentro y en su apreciación posterior, ya que "la evaluación de la primera experiencia sexual está muy ligada a la persona con la cual se tuvo y al vínculo afectivo que los unía".37 El Chueco da a entender que no le atraía esa "mina", al mencionar que antes no le prestaba atención a sus propuestas, y no manifiesta sentimientos amorosos por ella.38

 

Expectativas y coerciones

¿Qué iluminan estas experiencias de Eugenia y el Chueco sobre las relaciones entre sexualidad y género? ¿Qué sucede con el resto de las y los adolescentes entrevistados? A excepción de Eugenia, ninguna otra mujer señala haber sido presionada por su pareja ni por sus pares para iniciarse sexualmente.39 En la situación de coerción que ella relata, la insistencia verbal del compañero para tener relaciones sexuales y el acelerar los tiempos de la progresión sexual pueden interpretarse como respuestas acordes a la expectativa de iniciativa masculina que registré a lo largo del estudio. En este sentido, si "la coerción sexual en una relación heterosexual es una de las manifestaciones más claras de la asimetría de género",40 cabe pensar que los papeles de género esperados para la primera relación sexual refuerzan dicha asimetría. La experiencia de Eugenia refleja una versión más cruda de cómo operan las expectativas asociadas a estos papeles e indica que pueden llevar a interacciones sexualmente coercitivas:

El imperativo social de que los varones son los responsables de tomar la iniciativa sexual, sumado a una concepción esencialista de la sexualidad, coloca a estos adolescentes en un marco de acción en el que se hace difuso el límite entre el juego de seducción y el directo avasallamiento de los derechos sexuales de la otra persona.41

Así las cosas, los varones pueden no interpretar ciertas prácticas como coerciones a sus compañeras, aunque sean vividas de esta forma por las mujeres que las sufren (por ejemplo, la insistencia verbal). El resguardo que supone la capacidad atribuida a las mujeres de rechazar las propuestas masculinas muestra sus límites en circunstancias como la vivida por Eugenia, donde es dudoso que se respete su voluntad.

La experiencia del Chueco sugiere varias reflexiones sobre las coerciones recibidas por los varones. Al señalar que la presión de los pares fue lo que lo llevó a iniciarse sexualmente, pone en duda la voluntad constante de tener relaciones que se atribuye a los varones. Su situación indica que "los hombres no siempre toman la iniciativa, que no todos se conforman a los estereotipos masculinos dominantes y que algunos pueden ser - o sentirse - presionados para tener relaciones sexuales que no desean".42 Esta experiencia ejemplifica los riesgos para aquellos que superan la edad deseable de iniciación sexual: las presiones de sus pares no hubiesen sido necesarias si para los 15 años el Chueco ya hubiera debutado. Además, ilustra los mecanismos orientados a que cumpla con el papel esperado para un varón: las burlas, incitación y vigilancia de otros varones apuntan a que tenga relaciones sexuales, aprovechando una oportunidad que, dicho sea, ellos mismos le facilitan. Lo vivido por el Chueco muestra que las presiones para iniciarse sexualmente continúan siendo un instrumento eficaz de producción y control de la identidad de género y la sexualidad masculina. Ante ciertas demandas sociales, las manifestaciones de actividad sexual y particularmente la primera relación sexual con una mujer reafirmarían sentidos de masculinidad y corroborarían la heterosexualidad frente a los pares.43 Como sólo el Chueco menciona la presión de los pares como causa de su primera relación sexual44 y ninguno dice haber sido presionado por su pareja, cabe preguntarse si el resto de los varones no fueron presionados, si no percibieron algunas prácticas como presión o si omitieron intencionalmente mencionarlas. A la luz de sus testimonios y otros estudios, creo que difícilmente haya una sola respuesta. Por un lado, aunque continúa existiendo cierta presión a los varones por parte de sus pares para debutar más temprano de lo que quisieran o para mantener relaciones sexuales sin desearlo,45 entre los jóvenes de las nuevas generaciones hay un creciente respeto a la individualidad y una mayor conciencia del derecho a la autonomía.46 Por otro lado, muchos adolescentes no reconocen la insistencia del grupo de pares para que se inicien sexualmente como una coerción,47 al estar condicionados por el papel esperado para un varón en la actividad sexual. En esta línea, aunque ningún varón menciona presiones de su pareja para iniciarse sexualmente, parece difícil que en caso de que hubiese existido alguna presión (por ejemplo, mediante insistencia verbal) hubiera sido percibida o reportada como tal. El hecho de que un adolescente no interprete determinadas prácticas como modos de presión se vincula a la concepción de que un varón no puede negarse a tener relaciones sexuales ni desperdiciar oportunidades de hacerlo.

 

Conclusiones

En este artículo analicé expectativas y experiencias relativas a la primera relación sexual a partir de una investigación sobre varones y mujeres adolescentes residentes en Trelew, una ciudad de la Patagonia argentina. Me concentré en los papeles esperados y las vivencias de presiones para la iniciación sexual, dando cuenta de la importancia del tipo de vínculo con la persona con que debutan y la influencia de las redes de pares en tanto público interesado en dicho evento.

Los papeles esperados para varones y mujeres en su primera relación sexual reflejan expectativas de género asimétricas y pueden favorecer interacciones coercitivas. La disponibilidad permanente y la iniciativa masculina suponen a un varón sexualmente activo guiado por impulsos intrínsecos a su naturaleza, noción muy extendida en América latina.48 En cambio, a la selectividad y la capacidad de rechazar o aceptar las propuestas que definen al papel femenino subyace una concepción de la mujer como incapaz de expresar su deseo sexual, por timidez o temor al desprestigio social, y que puede controlar su deseo porque es más moderado que el masculino.49 Bajo estas expectativas, la única actividad de la mujer sería escoger correctamente al compañero sexual entre las proposiciones recibidas. Estos papeles refuerzan relaciones asimétricas y pueden conducir a interacciones sexuales coercitivas, como ilustra la situación vivida por Eugenia: lo que ella identifica como una presión de su compañero para tener relaciones sexuales, él puede considerarlo parte de su responsabilidad de llevar la iniciativa e interpretar la resistencia de Eugenia como esperable dentro del juego de seducción. Dichos papeles también permiten entender la presión recibida por el Chueco para iniciarse sexualmente, ya que las burlas, incitación y vigilancia de sus pares apuntan a que tenga relaciones, cumpliendo así con la prescripción de disponibilidad sexual permanente y reafirmando su masculinidad.

Sin embargo, así como los papeles esperados para la primera relación sexual reflejan prescripciones de género tradicionales, también registré disidencias frente a éstos. El Chueco, al explicar que se inició por la presión de los pares, cuestiona la supuesta voluntad constante de los varones de tener relaciones sexuales: su debut no está motivado por un deseo natural, sino por un grupo de amigos que lo incita y vigila. En cuanto a la iniciativa para tener su primera relación sexual, algunas y algunos adolescentes la tomaron de manera conjunta con su pareja, lo que disuelve una separación clara entre iniciativa masculina y consentimiento femenino y denota cierta adhesión a un modelo más igualitario de interacción sexual. Estas y otras experiencias identificadas en el estudio,50 que van en un sentido contrario a las expectativas tradicionales, suponen una modernización parcial de sus guiones relativos a la primera relación sexual. Con modernización me refiero a un proceso orientado hacia la secularización de los valores sexuales, la flexibilización de las normas de género, una mayor igualdad en las relaciones sociales e interacciones sexuales, cierta individualización de los comportamientos y una creciente reflexividad del agente. Se trata de un proceso fragmentario y por momentos contradictorio pues, como sugiere esta investigación, coexisten valores y experiencias tradicionales y modernas en las y los adolescentes. Señalar que la modernización de sus guiones sexuales es parcial implica subrayar la permanencia de relaciones de género asimétricas que informan ciertas prácticas de estos varones y mujeres.

 

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[Recebido em março de 2009 e aceito para publicação em agosto de 2009]

 

 

1 Ana AMUCHÁSTEGUI, 1996, p. 138.
2 Este artículo forma parte de mi tesis doctoral Sexualidad y adolescentes. Prácticas y significados relativos a la sexualidad de adolescentes residentes en Trelew (Chubut), realizada con una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina y con apoyo del Centro Latinoamericano de Sexualidad y Derechos Humanos, defendida en septiembre de 2008 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
3 Mónica GOGNA, 2005, p. 34.
4 Edith PANTELIDES y Hernán MANZELLI, 2003, p. 74.
5 Para referirme a la primera relación sexual con coito vaginal entre un varón y una mujer uso las expresiones "primera vez" (la más frecuente entre adolescentes), "iniciación sexual" (la más recurrente en la bibliografía) y "debut sexual".
6 Gayle RUBIN, 1989 y 1996; Richard PARKER, 1991; Sonia CORRÊA, 1996; y Judith BUTLER, 2001 y 2006.
7 GOGNA, 2005, p. 41; y MANZELLI y PANTELIDES, 2007, p. 147.
8 Este encuentro puede ser la primera relación sexual para uno, una o ambos participantes. No abordo las relaciones sexuales de los dos únicos varones gays entrevistados, porque difieren notablemente de las de los entrevistados heterosexuales en las dimensiones aquí analizadas. Ninguna entrevistada declara haber tenido su primera relación sexual con una mujer.
9 Edward LAUMANN, John GAGNON, Robert MICHAEL y Stuart MICHAELS, 1994, p. 321; Michel BOZON, 1998, p. 234; Maria Luiza HEILBORN, 1999, p. 43 y 51; Michel BOZON y Osmo KONTULA, 2003, p. 39; Itzel SOSA, 2004, p. 137 y 209; y Jaime BARRIENTOS y Jimena SILVA, 2006, p. 136.
10 AMUCHÁSTEGUI, 1998, p. 116; Norma FULLER, 2001, p. 211; BOZON, 1998, p. 234; Elina HAAVIO-MANILA, Osmo KONTULA y Anna ROTKIRCH, 2002; Rosa GELDSTEIN y Marta SCHUFER, 2002, p. 6; Mara VIVEROS, 2002a; y BARRIENTOS y SILVA, 2006, p. 152.
11 John GAGNON y William SIMON, 2005. Si bien la analogía dramatúrgica y los términos del teatro han sido esenciales en el discurso sociológico desde los años treinta (el mundo entendido como escenario y los sujetos como actores que cumplen papeles), desde los setenta dicha analogía se aplica sistemáticamente y de un modo constructivo (es decir, ya no en el sentido peyorativo de "fingir" con que se usaba otrora) (Clifford GEERTZ, 1994, p. 40). Ésta es la etapa en que surge la teoría de los guiones sexuales.
12 Varios de los rasgos que las y los entrevistados asignan al noviazgo son registrados por otros estudios sobre adolescentes en América latina. Por ejemplo, aún hoy en Brasil "un noviazgo implica una relación de exclusividad entre dos compañeros y es objeto de comunicación para amigos y familiares" (HEILBORN, 2006, p. 35). El equivalente al noviazgo entre adolescentes en Chile supone la expectativa de continuidad: "Para ellos el enamoramiento tiene sentido de continuidad, aunque pueda durar dos semanas" (José OLAVARRÍA, 2002). En Perú, "la relación de enamorados está caracterizada por el sentimiento de amor y una mayor 'estabilidad' en el tiempo. [...] Las y los adolescentes valoran positivamente la relación de enamorados porque le asignan cualidades tales como el respeto mutuo y el amor, además de la aceptación social, que no cuestiona este tipo de relación" (Tanya CASTILLO, 2003, p. 62-65). Entre adolescentes de la ciudad de Buenos Aires, "el noviazgo significa un vínculo formal frente a otros integrantes del medio social, como el grupo de amigos y, luego, la familia. Comprende un compromiso afectivo que implica una serie de obligaciones determinadas por reglas explícitas o implícitas frente a la otra persona, acerca de lo que se debe y lo que no está permitido hacer. [...] Muchas veces incluye actividad sexual genital, o la posibilidad de la misma" (Alejandro VILLA, 2007, p. 107).
13 Con la idea de tradicional designo a una concepción jerárquica y asimétrica de las relaciones de género, así como a nociones de sexualidad y normatividades para la actividad sexual rígidamente diferenciadas para varones y mujeres, que en América latina abrevan del catolicismo, el discurso patriarcal y el machismo.
14 BUTLER, 2001, p. 56.
15 BUTLER, 2006, p. 32.
16 Cuando Eugenia cuenta este incidente se había acabado la cinta de grabación, por lo que la entrevistadora intenta dar pie para que repita la historia y, simultáneamente, reconstruye ella lo dicho (hablando ante el grabador y escribiendo lo que recordaba al finalizar la entrevista). Según la reconstrucción, Eugenia estaba enamorada de un chico que tenía más experiencia sexual que ella y que no era su novio. Por la interacción que describe se puede clasificar a este vínculo como una transa. Que Eugenia no utilice dicha palabra para referirse a él, aunque su relato permite pensar que se trata de este tipo de vínculo, ilustra lo desvalorizado de la transa como pareja de iniciación sexual para una mujer. Más allá del uso específico sobre cuestiones sexuales, este término remite a ilegalidad y clandestinidad: por ejemplo, una transa es un acto de corrupción y el transa es un vendedor de drogas, entre otras acepciones frecuentes en este contexto.
17 Adopto una definición de coerción sexual que incluye a la insistencia verbal: "Coerción sexual es el acto de forzar (o intentar forzar) a otro individuo por la violencia, las amenazas, la insistencia verbal, el engaño, las expectativas culturales o las circunstancias económicas, a participar en una conducta sexual contra su voluntad" (HEISE et al., 1995, citado en Edith PANTELIDES y Rosa GELDSTEIN, 1999, p. 46).
18 PANTELIDES y GELDSTEIN, 1999, p. 52.
19 El mismo estudio sobre mujeres adolescentes indica que "entre los factores que hacen a las que se iniciaron más jóvenes más vulnerables a la coerción estaría su falta de experiencia [sexual]" (PANTELIDES y GELDSTEIN, 1999, p. 51).
20 PANTELIDES, 1996, p. 248.
21 MANZELLI, 2005, p. 127-128.
22 PANTELIDES y GELDSTEIN, 1999.
23 MANZELLI, 2005, p. 137.
24 PANTELIDES, 1996, p. 248.
25 LAUMANN y GAGNON, 1995, p. 196.
26 BARRIENTOS y SILVA, 2006, p. 157.
27 "La masculinidad hegemónica no es un tipo de carácter fijo, el mismo siempre y en todas partes. Es, más bien, la masculinidad que ocupa la posición hegemónica en un modelo dado de relaciones de género, una posición siempre disputable" (Robert CONNELL, 1997, p. 39).
28 La iniciación sexual con una mujer no es la única práctica de estos varones que corrobora y construye su heterosexualidad: los insultos en público a varones homosexuales se orientan en el mismo sentido (Daniel JONES, 2008).
29 Ramfis AYÚS y Esperanza TUÑÓN, 2007, p. 320.
30 LAUMANN y GAGNON, 1995, p. 195.
31 Michael KIMMEL, 1997, p. 54.
32 AMUCHÁSTEGUI, 2001, p. 371.
33 FULLER, 2001, p. 211-213.
34 HEILBORN, 1999, p. 45.
35 AMUCHÁSTEGUI, 2001, p. 371.
36 HEILBORN, 1999, p. 44.
37 VIVEROS, 2002a.
38 Si bien el término "mina" para referir a una mujer posee diversas connotaciones en Argentina, el uso del Chueco parece reforzar la idea de que no tenía ninguna relación afectiva con su compañera sexual. Como sugiere un estudio sobre jóvenes varones chilenos, para aquellos "que aluden a las mujeres con quienes se iniciaron sin un calificativo especial que indique algún tipo de vínculo con ellas, [...] éstas sólo han sido un medio o un 'objeto' para iniciarse, [...] predominando expresiones que apuntan a ese carácter de 'mujer-objeto' como la 'mina'. [...] Esta forma de denominar a la mujer con quien se ha tenido el primer encuentro sexual revela [...] que no existe un vínculo afectivo con ella" (BARRIENTOS y SILVA, 2006, p. 156).
39 Los sentimientos amorosos por su compañero - en su amplia mayoría novios - y la confianza en él son las razones que dan las otras entrevistadas para haber debutado sexualmente.
40 PANTELIDES y GELDSTEIN, 1999, p. 46.
41 MANZELLI, 2005, p. 141.
42 GELDSTEIN y SCHUFER, 2002, p. 25.
43 HEILBORN, 1999, p. 45; Carlos CÁCERES, 2000, p. 79; AMUCHÁSTEGUI, 2001, p. 375; Gabriela RODRÍGUEZ, 2001, p. 54; GELDSTEIN y SCHUFER, 2002, p. 6; VIVEROS, 2002a; BOZON, 2004, p. 28-30; SOSA, 2004, p. 222-223; y Ivonne SZASZ, 2004, p. 72.
44 Las razones de los otros varones entrevistados varían según el tipo de vínculo con su compañera: cuando la primera vez es con una transa prevalecen las motivaciones eróticas como la excitación y la curiosidad, ya que este vínculo supone una interacción predominantemente sexual y escaso compromiso afectivo; en cambio, quienes tienen su primera relación sexual con una novia mencionan al amor como principal motivo del encuentro.
45 Graciela INFESTA DOMÍNGUEZ, 1996.
46 CÁCERES, 2000, p. 40.
47 MANZELLI, 2005, p. 139.
48 VILLA, 1996; AMUCHÁSTEGUI, 1998; FULLER, 2001; VIVEROS, 2002b; Tania SALEM, 2004; y Maria Luiza HEILBORN, Cristiane CABRAL y Michel BOZON, 2006.
49 CASTILLO, 2003; BOZON, 2004; y HEILBORN, 2006.
50 Como la ausencia de razones religiosas para no haberse iniciado sexualmente.

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