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Revista Estudos Feministas

Print version ISSN 0104-026X

Rev. Estud. Fem. vol.18 no.2 Florianópolis May/Aug. 2010

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-026X2010000200006 

ARTIGOS

 

Reflexiones sobre una etnografía feminista del Software Libre en Colombia*

 

Insights on a feminist ethnography of the Free Software community in Colombia

 

 

Tania Pérez Bustos

Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá

 

 


RESUMEN

El presente artículo muestra las reflexiones etnográficas de una investigadora que indaga sobre el rol de un grupo de mujeres dentro de la comunidad del Software Libre en Colombia. Particularmente se problematizan las maneras en que la práctica etnográfica, desde las perspectivas feministas, contribuye en la (re)construcción del género como una categoría analítica en las realidades sociales que estudia.

Palabras clave: etnografía feminista; comunidad del Software Libre; subjetividad feminista; tecnología de género; conocimiento situado.


ABSTRACT

The article presents the ethnographic insights of a woman researcher that investigates the role of a group of women inside the Free Software community in Colombia. Particularly the article questions how the ethnographic practice, from a feminist perspective, contributes to the (re)construction of gender as an analytical category on the social realities it studies.

Key Words: Feminist Ethnography; Free Software Community; Feminist Subjectivity; Technology of Gender; Situated Knowledge.Copyright © 2010 by Revista Estudos Feministas.


 

 

Coordenadas base para situarnos

"Es el primer día de las Jornadas de Software Libre en Medellín. El salón donde nos encontramos está más o menos lleno. Desde donde estoy alcanzo a contar unas 70 personas... El grupo está conformado por gente joven, la mayoría estudiantes universitarios, entre los cuáles no hay más de 8 mujeres conmigo. Me sorprende ver a tantas, pues en mi acercamiento a los otros espacios de encuentro de la comunidad la representación femenina es incluso menor..."

Diario de campo, Octubre 11 de 2007.

 

La comunidad de Software Libre en Colombia, conocida como Colibrí, se constituye en el nodo local de un movimiento que opera en la escala global y cuyo propósito principal es la libre circulación del conocimiento tecnológico, en este caso de tipo informático. El interés de la investigación social, por dar cuenta de las dinámicas de este colectivo, se ha centrado en comprender esta apuesta política deliberada por pensar y desarrollar la producción de conocimiento científico tecnológico de modos más democráticos. Al respecto la literatura ha subrayado la capacidad cooperativa de esta comunidad de hackers para construir, fortalecer y hacer más fiable sistemas operativos para dispositivos informáticos y aplicaciones de software, alternativos a los promovidos por monopolios como Microsoft.1 Junto con eso, también se ha hecho hincapié en cómo esta iniciativa de auto-organización cooperativa ha repercutido en la consolidación de movimientos que abogan por la libre distribución y acceso de otros tipos de conocimientos relacionados con el arte y la ciencia en general.2

A pesar de que Colibrí es 10 años más joven que la comunidad global de Software Libre, sus dinámicas sociales en relación con el género guardan grandes semejanzas con lo que ocurre en los escenarios macro, en dos sentidos al menos. Por una parte, a escala local también existe una baja representación de mujeres, asunto que es percibido como notorio por los y las integrantes del grupo y que es igualmente visible en la asistencia en los escenarios que los congregan, sean estos presenciales o virtuales. En relación con esto es de señalar que no existe un censo preciso sobre quiénes y cuántos son las personas que hacen parte de la comunidad de Software Libre en general. Esto ocurre tanto a nivel global como local y se explica en parte, pues estos desarrollos, principalmente, son promovidos por individuos y comunidades de usuarios no institucionalizadas, cuya interacción se da a través de listas de correo, blogs, canales de comunicación electrónica y de manera creciente a través de eventos presenciales organizados por la misma comunidad.

Para el caso colombiano, la investigación que es base de este artículo ha rastreado la presencia de mujeres en dos escenarios virtuales: las listas de correo de la comunidad3 y el wiki colectivo que Colibrí ha creado para recoger sus esfuerzos de documentación, y que también sirve de plataforma para comunicar eventos y reflexiones personales sobre el Software Libre.4 Y también en dos encuentros anuales que reúnen físicamente a Colibrí: uno, el Festival Latinoamericano de Software Libre,5 donde se congregan las comunidades de usuarios y desarrolladores locales para instalar Software Libre en los equipos de usuarios lego; y dos, las Jornadas de Software Libre en donde la comunidad se reúne para compartir el estado del arte de los proyectos en los que participan. La etnografía realizada en estos escenarios permite señalar que Colibrí tiene entre 350 y 500 miembros, la mayoría de ellos estudiantes universitarios de carreras tecnológicas. De este total el porcentaje de mujeres que asiste o se inscribe en estos espacios oscila entre el 5% y el 8% (entre 20 y 30 mujeres), lo cual es, en cualquier caso, superior a los estimados internacionales, que calculan que en la comunidad global hay sólo un 1,5% de participación femenina.6 Es de señalar que, para el caso colombiano, el porcentaje de participación visible de mujeres en estos espacios y eventos (enviar correos, colgar información en el wiki, hacer las veces de conferencista en los encuentros) es mucho menor al estimado internacional, no llegando al 1%.7

El énfasis de esta investigación etnográfica ha buscado dar cuenta de la participación femenina en la comunidad en diferentes niveles: (1) la reflexión conjunta sobre las experiencias de vida en torno a la popularización del Software Libre de 3 mujeres de Colibrí (a través del diálogo y acompañamiento en sus encuentros y en su espacio cotidiano), (2) entrevistas a profundidad a otras 6 mujeres sobre su papel en este colectivo, (3) entrevistas informales (algunas de ellas a través de medios virtuales) con otras 6 mujeres. En total se ha trabajado con 15 mujeres de Colibrí.

En segundo lugar, Colibrí también se asemeja a la comunidad global, al igual que otros colectivos locales,8 en que allí esta poca representación femenina es asociada con una baja participación de mujeres en la escritura de código fuente, es decir, en el desarrollo propiamente técnico de software.9 En este sentido, es interesante notar que esta asociación ha estado acompañada de una suerte de subvaloración hacia otras actividades que aportan a este desarrollo, como la documentación, la localización o la promoción del Software Libre, en las cuáles se encuentra una mayor participación de mujeres. Así, a pesar de que estas actividades tienen un carácter complementario a la escritura de código fuente, en tanto que sin ellas el desarrollo propiamente técnico del software pierde toda aplicación y uso, la tendencia de la comunidad global ha sido a dar más importancia a este último, por ejemplo en las discusiones que tienen lugar en las listas de correo o en los canales de comunicación virtual. Lo que me interesa resaltar, es que el hecho de que estas otras actividades sean invisibles en estos espacios, está en sí mismo generizado, no sólo por que ellas han sido asumidas en una mayor medida por mujeres, sino también por el estatus que se les ha conferido.10

En este panorama de baja representación y participación femenina en el desarrollo técnico del Software Libre, a escala global se han generado una serie de micro comunidades que tienen como propósito incentivar un mayor acceso de mujeres en este campo. Entre las más conocidas se encuentran LinuxChix, Ubuntu Women y Debian Women.11 Si bien algunas de estas comunidades tienen sus propios nodos locales (Chicas-Linux Brasil, LinuxChix-India, Debian-Mujeres), para el caso colombiano se ha podido identificar una reticencia a consolidar algo similar. Esto se explica, en parte, pues Colibrí considera que en Colombia no existe discriminación de género alguna, más aún, la comunidad se autoconcibe como muy amigable frente a las mujeres que de ella participan, e incluso ellas mismas no manifiestan rechazos como los que si son registrados en otros colectivos locales; lo cual no indica necesariamente que los rechazos no existan, sino que éstos pueden no ser percibidos.12

 

Cuestionamientos desde mi punto de partida

Mi acercamiento a Colibrí comparte la tendencia señalada de la investigación sobre la comunidad Global, por lo que mi premisa investigativa central ha sido que allí hay una apuesta política por la democratización del conocimiento tecnológico. Por su parte, mi enfoque etnográfico ha buscado entender cómo esta comunidad local, al insertarse en las lógicas de construcción colectiva de conocimiento en la escala global, configura ciertos tipo de subjetividades en relación con el género.

Situada en una reflexión feminista sobre la ciencia y la tecnología, cuyos supuestos teóricos serán presentados en el apartado que sigue, he abordado esa pregunta por el género a partir de la exploración de las experiencias de vida de algunas de las mujeres que hacen parte de la comunidad. Esta apuesta política por centrarme en una minoría, que a su vez está involucrada en actividades al margen de lo que es considerado como el corazón de la comunidad (la escritura de código fuente), no ha estado exenta de cuestionamientos metodológicos y epistemológicos. Es sobre estos en particular que se centra la reflexión aquí propuesta.

Comencemos por señalar que mi aproximación inicial a estas mujeres, o chicas, como me gusta llamarlas, compartiendo la propuesta de auto-denominación que han seguido los colectivos de mujeres dentro de la comunidad en la escala global y que ya fue explicada aquí, me permitió identificar inicialmente que también existían algunos hombres cuya postura frente al Software Libre y a la comunidad era diferente a la de la gran mayoría de colibríes. Su lectura del paraqué del Software Libre parecía ser muy armónica con lo que yo identificaba estaba pasando con las mujeres de la comunidad. En ambos casos encontré una mayor preocupación por la educación y la construcción de contenidos participativos que por el desarrollo puramente técnico del software, asuntos que para mi eran centrales en mi lectura de Colibrí como una iniciativa que abogaba por la democratización del conocimiento tecnológico no sólo entre usuarios expertos de software, sino abierta también a usuarios lego, es decir, a la comunidad en general.

A este descubrimiento se sumó la recurrente inquietud de mi directora de tesis, por cómo mi investigación podría peligrosamente reducir el género a "mujeres", sin contemplar lo que podría estar ocurriendo con algunos hombres de éste colectivo. En otras palabras, un reclamo por desarrollar una lectura de género que pusiera en contraste y diálogo lo que ocurría con ellas y ellos. Con el tiempo, sin embargo, fui dándome cuenta que entre estas mujeres y aquellos hombres se establecía una relación de poder desde la que potencialmente se invisibilizaba la situación marginal de ellas, en tanto que minoría cuyo aporte al colectivo parecía ser peculiar. En particular pude notar que mi descripción etnográfica enaltecía la posición de liderazgo privilegiada que estos pocos hombres ocupaban en Colibrí. La lectura de Rosi Braidotti fue de mucha utilidad en ese punto.13 Ella me permitió repensar cómo mi trabajo de campo y mi búsqueda inicial por hablar de hombres y mujeres en igualdad de condiciones me estaba llevando a desconocer lo que ocurría con las chicas de Colibrí, en su diversidad. En ese momento decidí optar por tensionar estratégicamente las diferencias de género presentes en los sujetos de mi investigación. Esto me implicó asumir política, epistemológica y metodológicamente que mi pregunta por la subjetividad se iba a enfocar en la subjetividad feminista, en las mujeres de la comunidad, y que mi apuesta etnográfica estaría en dar cuenta de su diversidad, de las diferencias que se configuraban entre ellas y al interior de cada una, en relación con la comunidad y su contexto social, respecto a la producción de software y con las apuestas políticas que tenían para consigo mismas.14

La decisión de enfocar la investigación etnográfica en mujeres ha sido producto de una reflexión sobre mi práctica etnográfica, que se ha visto tensionada por mis supuestos teóricos en relación con el género como configurador de la ciencia y la tecnología. Abogar por problematizar estos aspectos no ha sido una tarea fácil. Entre otras cosas pues ha implicado un cuestionamiento permanente de mi posición dentro de la comunidad como investigadora, por parte de algunas de las mujeres Colibrí, que han sentido que mi lectura es un llamado a reunirse y repensarse; pero también un cuestionamiento por parte de otras y otros miembros de la comunidad que no me reconocen como su interlocutora, por el sólo hecho de tomar la experiencia de vida de un grupo de mujeres como punto de partida de mi investigación.

Este artículo propone una meta-reflexión sobre el proceso de investigación etnográfica que se ha asumido hasta la fecha en esta búsqueda, particularmente de las relaciones de poder que se han configurado a la luz de mi posicionamiento político en relación al género. Los resultados sobre el tipo de subjetividades feministas que se han encontrado en este ejercicio hace parte del producto final de mi investigación doctoral y no serán desarrollados aquí. Iniciaré por presentar las apuestas epistemológicas que han orientado esta pesquisa, y luego me concentraré en desarrollar tres aspectos de mi práctica etnográfica que permitirán dar cuenta de algunas de las relaciones de poder que se configuran en la investigación, considerando la postura frente al género de quien investiga. Estos son, (1) la selección de los sujetos a investigar; (2) la forma como es leído mi lugar de enunciación y mis reflexiones sobre las mujeres de Colibrí y sobre la comunidad por ellas mismas; y (3), por último, la dimensión performativa que adquieren estas reflexiones en el devenir de Colibrí respecto a sus apuestas por consolidar un escenario alternativo de popularización del conocimiento tecnológico. Abordaré estos aspectos a la luz de mi trabajo de campo en estrecho diálogo y discusión con los planteamientos que sobre temas similares se han hecho desde los llamados post-feminismos y los feminismos del punto de vista.

 

¿Por qué situar la pregunta por la subjetividad y el género en las mujeres de Colibrí?

Siguiendo a Sandra Harding, tomar como punto de partida aquellas prácticas y epistemologías-en-lugar que se encuentran al margen de la producción hegemónica del conocimiento, como es el caso de la mujeres de Colibrí, ofrece un privilegio epistemológico en la comprensión de las relaciones de saber-poder que no puede alcanzarse si se toma como referente la perspectiva de quienes tradicionalmente han tenido el privilegio de ostentar el poder.15

Ahora bien, asumir este privilegio trae consigo la necesidad de mantener una mirada crítica y no romántica sobre estas experiencias al margen. En este sentido, las reflexiones situadas del feminismo16 plantean la importancia de que quien investiga asuma posturas móviles y flexibles que permitan aproximaciones a los márgenes desde su diversidad. Particularmente aquella diversidad que se expresa en el escenario cotidiano, en tanto que allí es propicio indagar por los modos en que se resemantiza el conocimiento hegemónico, o que éste es puesto en diálogo con otros sistemas de conocimiento.

Cabe señalar aquí que la teoría feminista desde diferentes frentes17 argumentará que en esa tarea epistemológica de la cotidianidad, el papel de las mujeres ha sido determinante, en tanto que culturalmente la responsabilidad sobre el espacio cotidiano ha estado asignada a ellas. Esta situación ha sido evidente en mi acercamiento a Colibrí, en donde se ha podido percibir cómo las mujeres de la comunidad, en especial aquellas cuyas voces aquí recojo, se han hecho responsables de manera deliberada de tareas relacionadas con el día a día de este colectivo, (desde cocinar en los encuentros que ocurren en sus casas, hasta propiciar estos espacios de reunión física antes que virtual, bien sean ellos a pequeña escala o como eventos macro), y han buscado que tales labores sean reconocidas por Colibrí como cruciales para la supervivencia de la comunidad.

A la luz de estos planteamientos, reconocer una postura epistemológica situada en las mujeres Colibrí como sujetos en el margen de la producción de conocimiento tecnológico tiene implicaciones políticas y éticas, las cuales me remiten a un compromiso expreso como investigadora con el reconocimiento crítico de los saberes que se producen en la trama cotidiana. Aquella que es habitada por la subjetividad feminista de estas mujeres, y su papel en los procesos de popularización del Software Libre.

En relación con esto, Haraway señala18 que dicha postura se constituye en una búsqueda por ir más allá de la reflexión acerca de la contingencia histórica y de los modos en que se constituyen los sistemas de poder (tanto a nivel micro como geopolítico) en torno a la ciencia y a la tecnología; más aún, en una apuesta epistemológica y política por encontrar y reivindicar formas de producción de conocimiento al margen del conocimiento hegemónico. Bajo estas consideraciones, los planteamientos feministas situados se han preocupado por comprender las posiciones marginales que ocupan las mujeres (en su diversidad) en la producción de conocimiento; indagando no sólo por su escasa participación en la comunidad científica y tecnológica, sino principalmente por los sesgos en relación con representaciones dominantes de género que están allí presentes. Ejemplo de ello es la feminización de ciertas actividades, como la educación y la popularización del conocimiento, que son consideradas de menor estatus cuando no subordinadas a un ejercicio "puro" de producción de ciencia y tecnología neutra, abstracta, imbatible, que reproduce estereotipos de una masculinidad hegemónica. Para el caso de Colibrí, esta masculinidad se caracteriza por promover una aproximación apolítica a la programación de software, desde la que prima la posibilidad de divertirse colectivamente, muy en la línea de lo que ocurre con los juegos de video,19 y que está poco preocupada por los paraqués o los dóndes de tal ejercicio.

Como señalaba, estas búsquedas de la teoría feminista situada se orientan bajo la premisa de que desde las experiencias cotidianas de las mujeres al margen de la producción de conocimiento hegemónico será posible comprender, en mejor medida, las relaciones de poder en que está inmerso este proceso.20 Ahora bien, es justamente esta pretensión de mejora la que lleva a esta postura teórica, a pensar en la necesidad de prácticas reflexivas sobre su propio quehacer, así como sobre el posicionamiento que se asume. En este sentido, cabe resaltar aquí que esta reflexión feminista sobre el conocimiento situado está implícita no sólo sobre el conocimiento del otro, sino también, y sobre todo, sobre el investigador en sí. Al respecto Dick Pels plantea que la reflexividad responsable, a la que se refieren los feminismos situados, tiene a su base un carácter performativo desde el que se construye la posición marginal del otro, el cual es necesario explicitar y sobre el que es preciso asumir una mirada crítica (del mismo modo que sucede con las experiencias que se toman como punto de partida de la investigación).21 En relación con esto, Pels advierte que de no asumirse esta mirada reflexiva-crítica frente al conocimiento situado, se corre el riesgo de retomar el panoptismo en torno al género que se intentaría reconstruir.22

Para retomar la manera como inicié este artículo, quizás la implicación política y metodológica más fundamental de asumir el conocimiento situado en el margen como eje conceptual de una investigación etnográfica sobre la producción de conocimiento consiste en explicitar la posición que se asume como investigador. Más aún, en reconocer los compromisos que se defienden, el espacio intermedio que se ocupa, y por tanto encarar la búsqueda de lo situado desde perspectivas móviles, inesperadas, extraordinarias. Búsquedas de la subjetividad feminista que no expresen identidades fijas, sino que den cuenta de sujetos contradictorios y que pueden críticamente interrogar las posiciones de éstos, así como las del propio investigador.23 Es en esta dirección que propongo las reflexiones metodológicas que siguen.

 

Relaciones de poder en una etnografía de corte feminista

Quisiera iniciar este apartado retomando los planteamientos de Ensin sobre la praxis feminista de la etnografía.24 Particularmente me interesa situar mis reflexiones investigativas en lo que esta autora concibe como un ejercicio permanente por asumir una postura crítica frente al quehacer de la observación, la escucha, la escritura, con miras a generar espacios de encuentro e interlocución entre la teoría y la realidad que es interpelada. Para Ensin, así como para mí, la praxis feminista en torno al ejercicio etnográfico trae consigo un compromiso por dar cuenta de la realidad local desde su diversidad y sus propias contradicciones. Un compromiso que se asume a partir del diálogo polifónico que se establece con quienes se estudian, pero también con las propias premisas que yo, como investigadora, tengo en relación con estos sujetos que investigo. Premisas que me acercan a esa realidad de ciertos modos, pero que también, potencialmente, establecen distancias con los grupos sociales a los que estudio. Premisas que, al ponerlas en discusión, al situarlas, orientan mi ejercicio de observación, sus dóndes y sus cómos, que me hacen reflexionar sobre a quiénes y con quiénes observo, que definen la manera como soy aceptada y leída por estos sujetos, y que incluso llegan a (re)configurar la realidad en la que ello/as y yo nos encontramos.

 

La selección de los sujetos a investigar

Como señalé al comienzo del artículo, inicié mi acercamiento etnográfico a Colibrí con miras a identificar cómo esta comunidad estaba construida por el género, y lo hice asumiendo los planteamientos del punto de vista feminista como premisa metodológica de mi investigación. Una de las primeras tensiones que este punto de partida hizo evidente estuvo relacionada con esa decisión epistemológica de centrarme en mujeres de la comunidad, para desde allí describir a Colibrí y sus apuestas políticas en relación a la democratización del conocimiento tecnológico. En particular este cuestionamiento estuvo marcado por mis propias inquietudes sobre porqué la literatura en relación con el género y la tecnología a nivel internacional se centraba en el sujeto femenino. Así, me pregunté por la posibilidad y necesidad metodológica de que hubiese otros sujetos hombres en los márgenes de Colibrí que yo no estuviese considerando desde los que fuese posible complementar mi lectura sobre la popularización del Software Libre. No obstante, este abrir el espectro en relación a los sujetos a investigar me llevó a evidenciar que allí mismo, en esa lectura de los márgenes, peligrosamente se reproducía una dicotomía entre hombres y mujeres que esencializaba sus diferencias en términos de oposición.

Esa aproximación al género desde las contraposiciones me llevaba a pensar en las mujeres de la comunidad como diferentes de sus compañeros, a subrayar distancias desde las que los lugares de enunciación de las chicas de Colibrí se tornaban invisibles, respecto al posicionamiento político que tenían sus compañeros. En otras palabras, esta tensión inicial, este cuestionamiento metodológico sobre porqué centrarme solo en mujeres, que me llevaba a preguntarme por qué no mirar también lo que ocurre con los hombres de Colibrí, estaba generizado por mi interpretación de las diferencias entre ellos y ellas, las exacerbaba, desconociendo sus matices y reproduciendo una tecnología de género hegemónica en particular, la diferencia sexual como binomio.25

En mis conversaciones con las chicas de Colibrí me he encontrado con una referencia frecuente al papel que algunos hombres desarrollan en la comunidad y que ha sido inspirador o motivador para su propia vinculación a este colectivo... Uno de estos hombres es miembro activo y líder protagónico de lo que en sucede en Colibrí, al punto que se ha convertido en el filósofo del grupo a quienes todos escuchan y recurren cuando tienen inquietudes sobre el norte de la comunidad.

Diario de campo, Octubre 30 de 2007.

Volviendo a mis notas de campo encuentro que en mi primera reflexión sobre Colibrí mi referencia sobre los hombres de la comunidad aparece con mucha más fuerza que lo que digo sobre las chicas. ¿Hasta qué punto al intentar establecer relaciones de género entre ellos y ellas no estoy perdiendo de vista lo que es propio de Ellas, sus diferencias?

Diario de campo, Febrero 13 de 2008.

Aún creo que por ejemplo más o menos hemos logrado algunas cosas, pero aún no al nivel que debería ser, y creo que para eso todavía nos falta... por lo menos yo creo que no todas estamos en el mismo nivel de visibilidad en la comunidad... No tengo claro por qué ocurre eso [...] como que esas visibilidades también se necesitan y tu has ayudado con eso... nos has permitido pensar qué cosas pueden ser diferentes con nosotras, de qué cosas deberíamos estar ganando nosotras como nosotras.

Entrevista Marcela (35 años, estudiante doctoral en física). Mayo 17 de 2008.

Con miras a deconstruir ese binomio y reconocer otros niveles de diferencias de género más allá de las establecidas por las representaciones hegemónicas de lo femenino en contraposición a lo masculino, encontré preciso re-situar mi reflexión sobre Colibrí y sus relaciones de saber-poder en torno a la producción de conocimiento en algunas mujeres de la comunidad. Particularmente aquellas que estaban conformando un grupo de trabajo para generar propuestas educativas basadas en desarrollos tecnológicos abiertos. La apuesta en este caso ha estado por considerar los modos en que, desde este pequeño colectivo mayoritariamente femenino, se están tramitando ciertas subjetividades en relación con el género, en las que los discursos dominantes sobre la diferencia sexual que parecen caracterizar a Colibrí son apropiados y/o reconfigurados desde las diferentes mujeres que le conformaban; y de manera consecuente, en comprender que nos dicen tales negociaciones sobre la popularización del Software Libre en general.

Ahora bien, la selección de estas subjetividades feministas como horizonte y punto de partida en la etnografía no ha estado exenta de generar sus propias tensiones, ni de colapsar con las representaciones en torno al género que se han construido en (y que construyen) la comunidad de Software Libre. Como veremos en los siguientes apartados, pensar a Colibrí desde este grupo de mujeres, ha implicado, entre otras cosas, que algunos de los hallazgos alcanzados sobre la comunidad y sus dinámicas sean vistos como ajenos al género, o incluso que aquellos planteamientos que se han hecho sobre las relaciones de poder que se tejen entre hombres y mujeres y entre mujeres de este colectivo, desde los que se cuestionan las lógicas de colaboración y libertad, así como las posturas políticas que están a la base del Software Libre, parezcan para algunos irrelevantes justamente por el punto de partida que se ha asumido etnográficamente.

 

La percepción de quienes son investigados sobre el lugar de enunciación del investigador

A pesar de que mi punto de partida, mi lugar de enunciación, ha sido un grupo de mujeres dentro de la comunidad, mis reflexiones no se han quedado allí. Por el contrario, he buscado que ellas me digan cosas sobre Colibrí en su conjunto y sus apuestas por la democratización del conocimiento tecnológico. Como he señalado en otras partes,26 una de las primeras conclusiones que me ha dejado este acercamiento es que estas apuestas son excluyentes en términos de género. Ahora bien, pensar a la comunidad desde contradicciones como esta ha provocado reacciones o interpretaciones diversas.

Lo otro es de la comunidad hacia a ti... ha habido de todas las posiciones posibles y eso es normal, iba a pasar... sobre todo detractores absolutos '¿para qué el trabajo de Tania? ¿por qué está haciendo eso? eso no está bien ... está criticando sin conocerlo y lo hace bajo sus supuestos y esos supuestos no los acepto'...

Entrevista Marcela (35 años, estudiante doctoral en física). Mayo 17 de 2008.

Para algunos, la reflexión de género sobre Colibrí tiene que ver exclusivamente con la baja participación de mujeres en la comunidad. Desde esta percepción, mis planteamientos se constituyen en una manera de reivindicar políticamente el derecho de la mujer a participar en el fortalecimiento del Software Libre, pero no en una lectura de la comunidad de Software Libre en sí, no en un análisis de sus dinámicas sociales. En este sentido, mis planteamientos sobre como esta comunidad estaría definida por una serie de exclusiones sutiles hacia quienes no conocen de tecnología, y que tales exclusiones estarían afectando principalmente a las mujeres - dados sus niveles de socialización con estos desarrollos -, han sido rechazados enfáticamente por algunos sectores de la comunidad, que no se sienten representados y consideran que en Colibrí no hay discriminación de tipo alguno, o más aún que éste es un espacio en donde el género no se constituye en una dinámica definitoria de los modos en que se socializa, divulga y desarrolla el Software Libre. En otras palabras, que estos desarrollos tecnológicos, y por derivación quienes los promueven, serían neutrales en términos de género.

Yo diría que te refieres en este texto a un grupo muy, muy pequeño de mujeres dentro de la comunidad. Así mismo, y basado en tantas locuras de ciencia ficción y vistas futuristas del mundo, me hace pensar que la comunidad de Cultura libre no piensa en género y que además es tan reciente su nacimiento, que hasta ahora se están empezando a unir a ella muchas mujeres... Un amigo diría, los chicos llegaron a la red mundial de información y generaron comunidades primero que las chicas, dado que en ella encontraron la mejor manera de compartir porno. jejejejeje

Comentario de Antonio (23 años, estudiante de ingeniería de sistemas) a mis notas de campo, Febrero 16 2008.

Ese es mi problema con Antonio... yo siempre he discutido con él... en donde siempre entro a defender a Tania. No es por defenderte... él piensa que esto es feminismo. Por ejemplo una vez que nos reunimos en el bar después del concierto de Soda... y dijo Gabriel... ya que estamos en todo esto de la era feminista... Marcela dijo, 'no no no... nosotras no somos feministas'... no lo somos.

Entrevista Gina (26 años, ingeniera de sistemas graduada hace 1 año). Mayo 4 de 2008.

A la base de este rechazo hay una serie de discusiones que son muy cercanas a los planteamientos del llamado posfeminismo de los años 90.27 Por un lado, alguno/as integrantes de Colibrí señalan que las reivindicaciones entorno a la igualdad y la diferencia de género son anacrónicas, particularmente en relación al territorio de la producción de ciencia y tecnología, en donde sería preciso hablar de la configuración de subjetividades más allá del género. Pero por otro, también parece emerger allí una suerte de antifeminismo relativo, desde las propias mujeres de la comunidad con las que he estado trabajando, que es similar al encontrado por Hall y Salupo Rodríguez en su análisis de contenido sobre la literatura posfeminista.28 En relación con esto, las chicas de Colibrí consideran que sus planteamientos y propuestas en torno a la educación y la popularización del Software Libre lejos están de ser feministas y de apelar por algún tipo de reivindicación en este sentido, no tanto por que no los consideren necesarios o importantes - por el contrario, ellas se preocupan por la baja participación de mujeres en Colibrí, e incluso rechazan los estereotipos de los que a veces son objeto, así como los estereotipos de masculinidades banales, competitivas y asociales de sus compañeros -, sino más bien pues piensan que tal denominación las estigmatiza frente a la comunidad, al ubicarlas en contraposición a sus compañeros, subrayando diferencias entre unos y otras que desvían la atención sobre su aporte técnico, educativo, e incluso ideológico a la consolidación de Colibrí

Igual nosotras seguimos insistiendo que no hay tantas diferencias en términos de oportunidades o de espacios. Insisto en que sigo sin sentirlo, de que me cierren las puertas por que soy niña, que digan que yo no desarrollo, que yo no hago... o cosas así.

Entrevista Patricia (23 años, estudiante de ingeniería de sistemas). Junio 1 de 2008.

Lo que encuentro paradójico es que esta suerte de rechazos respecto a una lectura feminista (por negación o desacuerdo) conviven con una percepción positiva, por parte de las mujeres con las que trabajo, en relación a lo que ellas consideran son los aportes claves que hace mi reflexión respecto a su búsqueda por posicionarse en la comunidad. En este sentido, estas mujeres Colibrí señalan que los diálogos y conversaciones que hemos sostenido sobre sus propuestas educativas, su papel en la comunidad y la forma como este colectivo se relaciona con quienes no saben de Software Libre, les han permitido pensar a fondo su quehacer, dimensionar sus implicaciones, tanto como ser reconocidas por sus compañeros. Sin embargo, este papel como observadora participante de sus encuentros que se pregunta por sus motivaciones y propuestas educativas parece ser para ellas disonante con mis inquietudes por cómo esas apuestas están construidas por el género. Para las mujeres de Colibrí, estas últimas inquietudes no siempre estarían mediando mis reflexiones críticas sobre su quehacer, por el contrario, se ubicarían en un lugar de enunciación diferente desde el que ellas no se estarían sintiendo reconocidas.

Esta suerte de percepción pendular en la que la comunidad de Software Libre en Colombia ubica mis reflexiones (entre la descalificación y la relevancia, pasando por el desconocimiento), sumado a mi propia búsqueda por realizar una etnografía desde los bordes - cuestionando mis supuestos y sus supuestos, dando cuenta de sus contradicciones (y las mías) y tratando desde allí de identificar los modos en que se configuran las subjetividades feministas -, ha tenido un carácter performativo dentro de la comunidad. Sobre esto me referiré a continuación.

 

El carácter performativo de las reflexiones etnográficas

La pregunta por las implicaciones que tiene la práctica etnográfica desde una epistemología feminista del punto de vista sobre las realidades que se estudian es simple ¿es acaso posible situarse como observadores participantes en la vida de otros y no afectar esos devenires?, sin lugar a dudas no lo es.29 Para el caso particular que convoca este artículo, el trabajo de campo con un grupo de mujeres de Colibrí, a pesar de los desencuentros al interior de la comunidad para conmigo respecto a lo que implica una reflexión entorno al género, ha contribuido a reactivar la discusión sobre el papel político de este colectivo y sus apuestas educativas en torno al Software Libre. Antes de entrar en detalle acerca de los modos en que se han generado estos espacios de discusión, quisiera llamar la atención sobre cómo éstos no se han constituido de manera independiente a mi lugar de enunciación, a mi punto de partida investigativo. Por el contrario, las reflexiones críticas que he planteado en torno a la popularización del Software Libre están estrechamente ligadas a mi posicionamiento feminista, así como al tipo de relaciones que desde allí he establecido (de solidaridad, diálogo, acompañamiento) con las mujeres a quienes estudio. Particularmente pues tal posicionamiento investigativo ha estado atravesado por una premisa política explícita: la problematización de las relaciones de poder en torno al género que han configurado y configuran los modos en que se populariza el conocimiento tecnológico.

Ahora bien ¿qué tipo de dinámicas se han generado en Colibrí a la luz de estas búsquedas? En especial mis reflexiones se han enfocado en los planteamientos que Colibrí se hace sobre su relación con los públicos legos, aquellos que no saben de Software Libre y particularmente han contribuido a movilizar una discusión sobre la relación entre legos-expertos, bajo la premisa de que ésta se encuentra generizada. Allí, el trabajo de campo con las mujeres de este colectivo ha permitido cuestionar las dinámicas contradictorias que parecen sostener la comunidad, subrayando como la cooperación opera a través de la competitividad, la meritocracia a través de la primacía del individualismo, el software con sentido social y la participación del usuario lego al mismo nivel del experto a través del uso de unos códigos comunicativos y de comportamiento encriptados y excluyentes, que sólo permiten a usuarios expertos hacer parte de la comunidad. Estas contradicciones, por su parte, parecen operar bajo la misma lógica binaria en que se escribe el software,30 pero incluso la misma lógica en la que se sustenta la diferencia de género como binomio que fue discutida anteriormente.

Esta tensión entre opuestos que se hace evidente a la luz del trabajo de campo situado en un grupo de mujeres, ha permitido que la comunidad misma se problematice. Particularmente, ha implicado un cuestionamiento sobre el hecho de que su relación con el otro que no sabe pueda estar funcionando bajo premisas de inclusión-exclusión, en donde los legos son reconocidos pragmáticamente en la popularización de estos desarrollos tecnológicos como una estrategia para masificar el uso del software, pero no siempre incluido políticamente y/o epistemológicamente para consolidar procesos de construcción colectiva de conocimiento

[Refiriéndose e mi investigación]... hay un punto de vista como muy claro que da luces sobre cómo estamos conformando el grupo de trabajo que tenemos, cómo estamos manteniendo las preguntas que nos hemos hecho y los cuestionamientos que hemos estado mirando, igual hay un fuerte sentido sobre cómo entra la construcción de comunidad, la colaboración, como no traicionarnos dentro de lo que estamos diciendo, por que es algo sobre lo que generalmente no se discute. En ningún otro lado, con ningún otro trabajo hacemos esa tarea de sentarnos a pensar sobre lo que estamos haciendo, más allá de lo pragmático...

Entrevista virtual Marcela (35 años, estudiante doctoral en física). Mayo 23 de 2008.

Lo interesante de esto es que estas reflexiones que se han hecho han movilizado discusiones internas sobre el para qué y los cómos de la comunidad. Discusiones que han desbordado los espacios virtuales de encuentro, llegando a permear las conversaciones informales de mujeres y hombres de Colibrí, sembrando inquietudes en relación a lo cerrado que puede llegar a ser este colectivo, pero también abriendo espacio para pensar en cómo transformar esta realidad. Aquí el pensar en transformación se constituye en toda una puesta en escena.

 

Retomando los cuestionamientos iniciales

Cuando comencé a interesarme por abordar la pregunta por la ciencia y la tecnología desde una perspectiva de género, una de las primeras cosas que noté era que la mayoría de estudios parecían asociar la reflexión de género con un enfoque en las mujeres. Pude percibir también que ese lugar común estaba compuesto de una diversidad de enfoques en relación a estos sujetos de la investigación. Muchos de ellos partían del supuesto de que existía una condición de mujer homogénea que se contraponía y a veces subordinaba a una noción de masculinidad igualmente estereotipada; las mujeres aparecían allí como excluidas del territorio de la ciencia o a veces como haciendo importantes aportes al desarrollo de estos campos del conocimiento, en todo caso siempre legitimando una suerte de oposiciones universales.31 Por su parte, otros enfoques parecían preocuparse por dar cuenta de lo que ocurría con las mujeres y la producción de conocimiento en contextos muy específicos, haciendo énfasis sobre sus condiciones de localización, sobre su lugar de enunciación. Aunque se podría decir que mi trabajo está más cerca de esta segunda corriente que de la primera, no puedo dejar de señalar que lo que aquí se ha planteado pretende también dialogar con aquellas preguntas que indagan por las diferencias establecidas entre hombres y mujeres.

Hacer esta salvedad en este punto es útil, pues me permite recoger uno de los cuestionamientos que estuvieron en el corazón de mis acercamientos etnográficos a Colibrí, y con el que inicié estas discusiones ¿por qué volver a la pregunta por las mujeres en los estudios sobre ciencia y tecnología? ¿no está acaso saturada la investigación en este tema? Quizás los principales cuestionamientos que se han producido desde la teoría social en relación con este tipo de enfoques que indagan por la subjetividad y la tecnociencia han hecho énfasis en la necesidad de superar la reflexión sobre el género como categoría analítica, por considerar que a la base de ésta existen peligros de esencialización. Lo que ocurre con estos planteamientos es que de algún modo se han distanciado de lo que ocurre con las realidades que se estudian, y hasta cierto punto han hecho caso omiso a cómo cierto tipo de reivindicaciones en relación con la igualdad, con la diferencia, con la heterogeneidad en torno al género, en torno a las mujeres (en su diversidad) siguen estando vigentes. Desde allí la pregunta por los sujetos que construyen conocimiento y son construidos por éste no puede hacerse de manera autónoma a los modos en que el género les atraviesa, incluso por que a veces esta transversalidad reproduce nociones esencialistas sobre lo que significa ser mujer u hombre, tanto en la cotidianidad de quienes investigamos, como en la puesta en escena de nuestra propia práctica etnográfica. Algunas reflexiones en relación con esto fueron aquí elaboradas.

En este sentido, volver a la pregunta por las mujeres en la configuración social de la ciencia y la tecnología es no sólo una apuesta estratégica y un pretexto metodológico, sino también un horizonte político que marca la investigación. Implica reconocer las tensiones que están presentes en la pregunta por el género en el plano teórico y metodológico, y en sus diálogos con las percepciones que sobre estos temas se tejen en las realidades sociales que estudiamos.

Este artículo buscó recoger algunas de estas tensiones a la luz de tres dimensiones de mi práctica etnográfica. En primer lugar, los modos en que fui asumiendo una postura feminista en torno a la lectura de género de la comunidad, y cómo ello definió la selección de las mujeres con las que he trabajado. Por otra parte, cómo esta decisión epistemológica y política fue a la vez deslegitimada y reconocida por diferentes sectores de la comunidad. Y por último, cómo mi diálogo permanente con mujeres y hombres de Colibrí, respecto a la validez de investigar a este colectivo enfocándose en las experiencias de vida de algunas mujeres allí, tenía un carácter performativo, particularmente pues permitía poner el acento sobre los modos en que se estaban tejiendo relaciones incluyentes o no respecto a la producción y del Software Libre en nuestro contexto, y a la popularización de éste como parte central de dicha producción.

El principal desafío metodológico que trae situarse en esa frontera (entre la teoría y la práctica, entre las percepciones y lecturas de la realidad que compartimos o no con quienes estudiamos, entre el reconocimiento de la igualdad en las diferencias), sobre el cual giraron los planteamientos aquí desarrollados, consiste en establecer un ejercicio reflexivo permanente por parte de quien investiga, en tanto que es desde allí que potencialmente pueden emerger preguntas sobre el para qué y los cómos de las reflexiones feministas. Preguntas pertinentes a los tiempos híbridos, a los contextos estructuralmente heterogéneos en los que vivimos. Preguntas sobre cómo la construcción de conocimiento científico y tecnológico se sitúa en los escenarios cotidianos de quienes lo popularizan y sobre cómo tal posicionamiento está mediado por el género, estableciendo o deconstruyendo jerarquías y oposiciones entre sujetos, configurando relaciones de poder entre quienes saben y no, desconociendo y/o reflexionando sobre cómo este entramado potencialmente legitima formas más incluyentes de conocer el mundo. Preguntas que me han permitido comprender lo que ocurre con la comunidad de usuarios y desarrolladores de Software Libre en Colombia, pero que también son válidas para cuestionar cómo estamos asumiendo una reflexión feminista y cómo estamos construyendo conocimiento social en torno al género en nuestros contextos.

 

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[Recebido em novembro de 2008 e aceito para publicação em agosto de 2009]

 

 

* Este artículo se inscribe en el marco de una investigación doctoral sobre la popularización de la ciencia y la tecnología en países periféricos, financiada por el programa de Apoyo a Doctorados Nacionales de Colciencias-2006.
1 Olivier BLONDEAU, 2004; y Dawn NAFUS, James LEACH y Bernhard KRIEGER, 2006.
2 Cipriano BARRIO ALONSO, 2008, BLONDEU, 2004; Emmanuel RODRÍGUEZ y Raul SÁNCHEZ 2004; y Charlotte HESS y Elinor OSTROM, 2007.
3 http://listas.el-directorio.org/cgi-bin/mailman/listinfo/colibri
4 http://el-directorio.org
5 Flisol - http://es.wikipedia.org/wiki/Festival_Latinoamericano_de_Instalaci%C3%B3n_de_Software_Libre
6 Gregorio ROBLES, Hendrik SCHEIDER, Ingo TRETKOWSKI y Niels WEBER, 2001; Rishab GHOSH y Ruediger GLOTT 2002; y NAFUS, LEACH y KRIEGER, 2006. Si bien estas estadísticas no son muy recientes, considerando la alta movilidad del mundo digital, es importante considerar que el grado de informalidad que caracteriza la comunidad de Software Libre dificulta la consecución de información demográfica de carácter confiable, más aún en escala global. En relación con esto, cabe aclarar que estas fuentes aquí citadas son usadas por otras investigaciones recientes sobre esta comunidad.
7 Estos porcentajes refieren todos a la comunidad de Software Libre en general. Cabe aclarar también que ellos recogen tanto a usuarios como desarrolladores de software, más considerando que estas comunidades construyen una idea de usuario como futuro desarrollador.
8 Ywein LIN, 2005.
9 La escritura del código fuente constituye la tarea principal de quienes programan o desarrollan software, sin importar si éste es libre o privativo. Para su desarrollo es preciso tener conocimientos del lenguaje de programación específico en que el software está construido y de la tecnología para la cual se realiza el software. Linux, el sistema operativo libre más conocido, está escrito en su mayor parte en lenguaje C. Quienes escriben código fuente deben conocer las reglas de escritura del lenguaje de programación (una competencia comunicativa básica: conocer la gramática y la sintaxis de la escritura), pero también deben tener un conocimiento matemático y en algunos casos un conocimiento computacional avanzado que les permita comprender la lógica en la que opera el software sobre la tecnología para la que están trabajando, de modo que puedan contribuir en su consolidación, haciéndolo más eficiente, más confiable, más flexible, de modo que pueda adaptarse a diferentes plataformas (equipos) y más versátil, desarrollando diferentes programas que le permitan al usuario hacer diferentes tareas, como por ejemplo escribir este documento. Propio del Software Libre es que este código está abierto para que cualquier otro con el conocimiento necesario pueda contribuir con la consolidación del mismo.
10 LIN, 2005, NAFUS, LEACH y KRIEGER, 2006; y Margarita SALAS, 2006.
11 Vale la pena resaltar aquí que la comunidad de mujeres en Linux ha adoptado la denominación de Chix, a pesar de la connotación peyorativa del término en el inglés, como una apuesta política por reconocerse sujetos sexuados en una comunidad que ha preferido invisibilizar su género. Para el caso latinoamericano el nombre adoptado ha sido Chicas (Chicas Linux). Contrario a lo que podría pensarse, esta autodenominación no hace referencia a una minoría de edad sino a una suerte de camaradería y confianza entre ellas que se constituye en la base de la comunidad.
12 Al respecto LIN, 2005, argumenta que entre los principales aspectos que contribuyen con la baja participación femenina en el Software Libre están el uso de lenguaje excluyente tanto offline como online, la interacción en ambientes competitivos y meritocráticos en los que se ha tendido a privilegiar la voz de hombres blancos, y la poca consciencia (o miedo) de las propias mujeres para discutir y/o reconocer abiertamente que la comunidad tiene sesgos de género.
13 BRAIDOTTI, 2000.
14 Me refiero en particular aquí a lo que Braidotti, 2000, denomina como la necesidad política de desarrollar investigaciones sociales desde las que se tensionen estratégicamente las diferencias de género, para centrarse en las mujeres en si (y su diversidad), concibiendo e intentando comprender e interpretar su subjetividad no como producto de la oposición con lo masculino. Para ello Braidotti propone la lectura de una triada de diferencias como estructurantes de la subjetividad de mujeres concretas: diferencias en el plano discursivo, diferencias entre mujeres y diferencias al interior de cada mujer. El interjuego de estas diferencias y las contradicciones que ellas conllevan en el proceso reflexivo de devenir cotidianamente sujeto mujer es a lo que yo he denominado una subjetividad feminista (Tania PÉREZ BUSTOS, 2008c).
15 Sandra HARDING, 1991, p. 59.
16 Donna HARAWAY, 1991/2004; HARDING, 1991, 1998 y 2004; Chela SANDOVAL, 1991/2004; y Chandra MOHANTY, 1988 y 2006.
17 Hilary ROSE, 1983/2004; Maria MIES y Vandana SHIVA, 1993/2004; y Ivonne VIZCARRA BORDI, 2005.
18 HARAWAY, 1991/2004.
19 Luz GABRIELA ARANGO, 2006.
20 Esto bajo la consideración de que estas experiencias están marcadas por la diversidad y la complejidad histórica y cultural de la multiplicidad de escenarios cotidianos - no por un esencialismo respecto a la categoría "mujer" (MOHANTY, 2006).
21 PELS, 2001/2004.
22 En el campo de la ciencia y la tecnología las reflexiones de género se han centrado en indagar los porqués detrás de la baja participación femenina en este territorio. Algunas de estas aproximaciones, conocidas como empiristas, han sido poco críticas frente a los modos en que el género configura la ciencia y la tecnología en sí, con lo que tienden a neutralizar e invisibilizar las relaciones de poder presentes en el propio conocimiento. Así mismo se ha podido encontrar que estas reflexiones tienden a reproducir una lectura del género desde la que se esencializa una suerte de dicotomía entre hombres y mujeres. Allí la pregunta por el género parece traducirse en una comparación o contraste entre mujeres versus hombres o mujeres y hombres, desde donde se invisibilizan posibles configuraciones subjetivas particulares para un género u otro, en dónde la diferencias entre hombres y mujeres son sólo una dimensión del análisis. Como ya lo he señalado, es en esta dirección que he retomado las reflexiones de Braidotti para pensar las subjetividades de las mujeres con las que trabajo como feministas.
23 PELS, 2001/2004; HARAWAY, 1991/2004; HARDING 2004; MOHANTY, 2006.
24 Elizabeth ENSIN, 1994.
25 Theresa DE LAURETIS, 2004.
26 PÉREZ BUSTOS, 2008a y 2008b.
27 Elaine HALL y Marnie SALUPO RODRÍGUEZ, 2003; Pamela ARONSON, 2003; y MISHA KAVKA, 2002.
28 HALL y SALUPO RODRÍGUEZ, 2003, p. 882-883.
29 Nancy NAPLES, 2000.
30 Esta lógica opera bajo la tensión entre opuestos, negación-afirmación, falso-verdadero. Ver http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%B3gica_binaria
31 DE LAURETIS, 2004.

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