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Revista Latino-Americana de Enfermagem

On-line version ISSN 1518-8345

Rev. Latino-Am. Enfermagem vol.18 no.3 Ribeirão Preto May/June 2010

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-11692010000300024 

ARTÍCULO ORIGINALE

 

Inversiones en activos humanos de enfermería: educación y mentalidades para el futuro

 

 

Maria Auxiliadora TrevizanI; Isabel Amélia Costa MendesII; Alessandra MazzoIII; Carla Aparecida Arena VenturaIII

Escola de Enfermagem de Ribeirão Preto, Universidade de São Paulo, Centro Colaborador de la OMS para el Desarrollo de la Investigación en Enfermería, SP, Brasil:
IProfesor Titular Jubilado. E-mail: trevizan@eerp.usp.br
IIProfesor Titular. E-mail: iamendes@eerp.usp.br
IIIProfesor Doctor. E-mail: amazzo@eerp.usp.br. E-mail: caaventu@eerp.usp.br

Correspondencia

 

 


RESUMEN

El artículo analiza: cuestiones sobre educación, crisis y cambios bajo la perspectiva las tendencias del nuevo orden postmoderno; y, los esfuerzos a ser emprendidos a favor del capital humano, fuente de toda la energía para la concretización de los cambios. Teniendo como foco las universidades y las organizaciones, son discutidos cinco tipos de mentalidades priorizadas y apreciadas en las sociedades contemporáneas y del futuro, proponiéndose realizar inversiones en los activos humanos utilizando tácticas y tecnologías que garanticen la educación continuada durante toda la vida.

Descriptores: Educación; Educación Continua; Enfermería; Tecnología.


 

 

Educación, crisis y cambio

O concepto generalizado de Educación es la trasmisión y el aprendizaje de las técnicas culturales, o sea, las técnicas de uso, producción y comportamiento, por medio de las cuales una asociación de hombres se torna competente para “satisfacer sus necesidades, protegerse contra la hostilidad del ambiente físico y biológico y trabajar en conjunto, de modo más o menos ordenado y pacífico”(1). Tenemos así una sociedad humana que no puede continuar a existir si su cultura no es transferida de generación para generación. Los principios para concretizar y garantizar esa transmisión son dados por la Educación. Ese concepto generalizado de Educación se torna fundamental en las sociedades primitivas y en las sociedades civilizadas. Entre tanto, las modalidades de Educación en estas sociedades distintas no son diferentes en relación a su desarrollo, pero sobre todo difieren en relación a la actitud u orientación adoptada. En la sociedad primitiva la Educación busca asegurar la manutención de las técnicas de trabajo utilizadas, atribuyéndoles carácter sagrado y se propone transmitir las directrices comportamentales ya integradas en el grupo social, así  como busca garantizar su relativa inmutabilidad considerando profanación cualquier idea de innovación. Por otro lado la sociedad civilizada está convenientemente preparada enfrentar situaciones nuevas y para cambiar. De esta forma, en ese contexto es función de la educación tornar flexibles, corregibles y perfeccionadas las técnicas utilizadas, así como diseminar, a través de comunicación adecuada, el nuevo contenido. Vale resaltar que como no existe sociedad primitiva en estado puro, también no existe sociedad civilizada que favorezca el rápido y constante perfeccionamiento de las técnicas más delicadas, o sea, aquellas referentes al control de la conducta del individuo, así como de sus comportamientos mutuos. En la civilización, la propagación de las técnicas ya adoptadas posibilita su perfeccionamiento por medio de iniciativas de las personas. En consecuencia, la educación pasa a ser definida a partir del ponto de vista del individuo y no del ponto de vista de la sociedad, o sea, tiene por objetivo la formación del hombre, hacer madurar al individuo y el alcance de su forma completa como un camino gradual partiendo y recorriendo de la potencialidad al acto de la realización(1).

Actualmente nuestra civilización se encuentra en una convergencia de crisis afectando los sistemas familiares, urbano, político, de valores, de enseñanza y de salud. Considerando que las crisis representan una transición y que precisan ser encaradas como oportunidades de cambio, tenemos que adoptar una postura proactiva de modo a dirigir y estructurar esos cambios, tomando medidas prácticas para conducirlas. En consecuencia de este tipo de enfrentamiento deseable, la civilización emergente carga consigo una consciencia modificada y busca un sistema diferenciado de comportamiento fundamentado en la visión de la síntesis del todo. Con esta nueva óptica surgen formas específicas e innovadoras de concebir y usar el “tiempo, el espacio, la lógica y la relación de causa y efecto”, posibilitando directrices para la política del futuro(2).

Las tendencias de esa nueva orden posmoderna se reflejan el trabajo y servicios de enfermería y esfuerzos deben ser emprendidos para superar el status quo, una vez que la fuente de toda la energía para concretizar el cambio proviene del capital humano. Esto nos conduce a la responsabilidad social que las universidades y las organizaciones y servicios de salud, deben tener delante de los ciudadanos.

 

Universidad, organización y mentalidad del futuro

Howard Gardner, a través de la psicología, historia, antropología y otras disciplinas de las ciencias humanas, formuló una descripción de mentalidad asociada a un emprendimiento de valores humanos, teniendo en vista los tipos de mentalidad que las personas van a necesitar para progresar en tiempos emergentes. En otros términos, el autor especifica las funciones de las mentalidad que serán necesarias, recomendando su desarrollo frente a las nuevas capacidades que pasan a ser exigidas por la naturaleza del mundo interconectado en que vivimos, con sus mecanismos de búsqueda, herramientas digitales y diversos dispositivos computacionales(3).

Acreditamos que las universidades son instituciones propicias para atender a esa necesidad, capaces de desarrollar las habilidades cognitivas insertadas en los tipos de mentalidades, descritas por el autor, para la formación y para la educación de los ciudadanos, impulsadas por transformaciones en el campo de trabajo, producción de conocimiento y políticas públicas(4).

Así tenemos: la mentalidad disciplinada, la mentalidad sintetizadora, la mentalidad creadora, la mentalidad respetuosa y la mentalidad ética.

La primera se refiere al aprendizaje sobre como pensar de manera disciplinada. La mentalidad disciplinada habilita a la persona para una práctica profesional. En ese sentido, las iniciativas educacionales buscan el conocimiento disciplinar, hábitos mentales y patrones de comportamiento adecuados, con el objetivo de “erradicar formas equivocadas e improductivas de pensar y substituirlas por formas de pensar y hacer que sean marcas del profesional disciplinado”. Posibilita el desarrollo de habilidades de planificación, ejecución, crítica y evaluación. A través de la disciplina es posible entrenar para perfeccionar una habilidad. Puede también enriquecer la visión del individuo a través de la observación sistematizada y disciplinada.

Con la recepción de informaciones de diferentes fuentes, la mentalidad sintetizadora aprende y evalúa objetivamente esos datos y, en diferentes circunstancias, sintetiza el conocimiento actual, la incorporación de nuevos descubrimientos y el delineamiento de nuevos problemas y perspectivas que integran su campo profesional. El sintetizador tiene como objetivo focalizar lo que ya fue establecido de modo más útil y comprensible. Busca orden y equilibrio. El modo más ambicioso de síntesis ocurre en el trabajo interdisciplinar(3). De modo general, la integración de disciplinas produce una comprensión diferente de aquella obtenida por apenas una de ellas, posibilitando a los profesionales interdisciplinares una percepción más comprensiva de la realidad.

En la sociedad contemporánea la creatividad es muy valorizada y cultivada. La mentalidad creadora tiene la capacidad de romper barreras, presentar nuevas ideas, proponer cuestiones e implementaciones innovadoras, evocar lo desconocido, así como de revelar y resolver nuevos problemas. Para el autor, algunas de las mejores creaciones tienen origen en los intentos de síntesis. La mentalidad creadora es motivada por la incertidumbre y por el constante desafío. Sin prenderse solamente a reglas ya determinadas, persigue lo nuevo, lo inesperado. Este tipo de mentalidad busca mantenerse al frente de la última novedad en términos tecnológicos, profesionales y hasta mismo comportamentales. Se esfuerza en buscar nuevos conocimientos. No es una mentalidad común, ella es muy solicitada en los líderes. Sin embargo, cambios pequeños y constantes en la práctica profesional, pero que sean significativos, son muy deseables.

La mentalidad respetuosa tiene origen en la consciencia, en la comprensión y en el acogimiento de las diferencias entre los seres humanos. Este tipo de mentalidad reconoce la importancia de la diversidad y busca trabajar de forma eficaz con ella. Trata de percibir a las personas como ellas son, buscando transmitir y recibir confianza.

La mentalidad ética actúa en un nivel más abstracto que la mentalidad respetuosa, relacionándose al cumplimiento de las propias responsabilidades como trabajador y ciudadano. Dicho de otro modo, en el plano conceptual esa mentalidad determina la forma como los trabajadores cumplen sus responsabilidades superando el propio interés, y también establece como los ciudadanos pueden trabajar con el objetivo del bienestar común. La conducta ética presupone fuerza de carácter.

Conforme asevera el autor, las cinco mentalidades descritas son los tipos priorizados y valorizados en la sociedad contemporánea y en la sociedad del futuro; los primeros tres tipos de mentalidades cubren el espectro cognitivo y el emprendimiento humano, dado que son amplios y globales. Los otros dos tipos de mentalidad están circunscritos a nuestras relaciones con otros seres humanos.

 

Inversión en activos humanos

Habiendo abordado educación, crisis y cambio, recorrido las cinco mentalidades del futuro preconizadas por Gardner, comprendemos que en el seno de las Universidades es donde pueden ser mejor desarrolladas estas habilidades mentales para la formación y educación de ciudadanos, y también con el entendimiento de que las organizaciones también son ambientes propicios para el perfeccionamiento de las habilidades relacionadas a las cinco mentalidades del futuro, ahora, nos cabe apuntar estrategias para el alcance de esta meta.

En ese sentido, dos estrategias simultáneas se han mostrado satisfactorias para países que buscan sintonizar la educación a los cambios de contexto que la circundan. Esas estrategias se destinan a transformar la educación de hoy de dos maneras:

- facilitando al ciudadano educación continua a lo largo de la vida, a través de  institucionalización en redes;

- adoptando el sistema de educación a distancia y, así, distribuyendo oportunidades de acceso al aprendizaje.

Esta concepción de educación, contenida en estas dos estrategias, impone una reorganización de la escuela y de los procesos de formación, en la medida en que implica un proceso clave de ampliación, duración y amplitud: la nueva educación tiene por objetivo la inclusión de todos en todas las fases de la vida, permanentemente. Entendida así, esta nueva educación podrá responder a los desafíos impuestos por los cambios de la sociedad, como: globalización, revoluciones tecnológicas y científicas con la incorporación cada vez más veloz del conocimiento en todos los ramos de la actividad humana, respuestas sociales como reflexividad, socialización y transformaciones en el mundo del trabajo, generando, a su vez, demandas por el desarrollo de las competencias personales y profesionales del ciudadano(4).

Lo que moviliza estas fuerzas y los cambios consecuentes es que ellas “operan con inusitada energía no sólo porque atienden necesidades objetivas del sistema productivo, pero también porque están revestidas de gran legitimidad social y cultural. Surgen, de hecho, como fuerzas propias de la modernidad, como demandas provenientes de los grupos emergentes, como fuerzas identificadas con el conocimiento, con la sociedad de la información, con la globalización y con las funciones consideradas de más alto prestigio”(5).

Proyectos innovadores de educación permanente en el trabajo de enfermería deben ir al encuentro de criterios y medidas que favorezcan la comprensión del individuo en el proceso de perfeccionamiento, posibilitando maneras creativas y reflexivas de pensar y hacer teniendo en vista el desarrollo personal, social y profesional del ciudadano-trabajador.

La educación permanente potencializa el desarrollo personal, por medio de la capacitación técnica, adquisición de nuevos conocimientos y conceptos, que deben traducirse en actitudes, manteniendo estrecha la relación entre el proceso de formación y el de trabajo. También, permite el desarrollo social como resultado de un aprendizaje constante del sujeto con base en sus relaciones. La educación es, por lo tanto, parte de la vida del individuo, en el ejercicio de su autonomía y capacidad de aprender, redundando, también, en el desarrollo del ciudadano en su contexto de trabajo(4,6-7).

En otros términos, es enfatizado que ese modo de hacer educación permanente debe buscar, sobre todo, el significado de aprender a aprender y que el sujeto adquiera plena consciencia de la importancia de esa educación permanente(8).

En esta perspectiva, la formación en salud, constituye importante herramienta de construcción y reconstrucción permanente de habilidades y competencias, posibilitando una comprensión más amplia del trabajo en salud, con el aumento de la capacidad de análisis e intervención en los diferentes procesos que de él provienen, incitando cambios de valorización y humanización en las relaciones entre los sujetos envueltos(9-11).

Siendo así, educación y salud son procesos interdependientes, son necesidades sociales que deben tener base en liderazgos institucionales, fuerza política y redes de cooperación que constituyen elementos estructurales para construcción de una base tecnológica para educación en salud(12-13).

En la cultura global, la velocidad aparece en todos los aspectos de la vida, siendo que el ser humano pasó a sentir una expectativa y un deseo creciente por velocidad en todo; para poder prosperar en este mundo acelerado precisamos usar el poder de la velocidad a nuestro favor(14-15).

En la área de la salud usar la velocidad que la tecnología trae significa que, por medio de ella, debemos valernos de cliques del mouse y de enseñanza a distancia (EaD) para desarrollar, perfeccionar e integrar sus recursos humanos - el bien más valioso que las sociedades disponen para cuidar, promover y educar en salud. De nada sirve la técnica, recursos financieros, poder, si no tenemos sistemas de salud que funcionen, que den garantía de accesibilidad gratuita con productividad, calidad, equidad y justicia social.

Nosotros, los enfermeros, integramos la profesión que es considerada la espina dorsal de los sistemas de salud no sólo por su representatividad mayoritaria (la fuerza de trabajo es mayor o igual a 75% entre los trabajadores de la salud), pero también por la necesidad de permanencia (24 horas) en los servicios, coordinando la asistencia y constituyéndose en el eslabón de unión entre el equipo de salud.

Usemos, entonces, la educación a lo largo de la vida y la tecnología en favor de esos valiosos recursos humanos, con metodología apropiada, porque durante toda la vida ellos deberán estar comprometidos con la educación permanente para que puedan ofrecer servicios de salud de calidad a la población que lo requiere y lo merece.

Por último, es relevante que la Enfermería pueda contar con profesionales que tengan familiaridad con habilidades mentales relacionadas a la disciplina, creatividad, respeto y ética; esos atributos orientarán sus conocimientos, su emprendimiento en el servir, así como sus relaciones con sus prójimos.

 

Referências

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Correspondencia:
Maria Auxiliadora Trevizan
Universidade de São Paulo. Escola de Enfermagem de Ribeirão Preto
Dep. EGE. Sala 115
Av. dos Bandeirantes, 3900. Bairro Monte Alegre
CEP: 14040-902 Ribeirão Preto, SP, Brasil
E-mail: trevizan@eerp.usp.br

 

 

Recibido: 21.7.2009
Aceptado: 16.4.2010

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