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História, Ciências, Saúde-Manguinhos

Print version ISSN 0104-5970

Hist. cienc. saude-Manguinhos vol.20  supl.1 Rio de Janeiro Nov. 2013

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-59702013000400009 

ANÁLISE

Del milagro al sueño cumplido: retórica de la esperanza y reivindicación profesional en las noticias de prensa sobre trasplantes en España, 1900-1960

From miracle to dream come true: the rhetoric of hope and support for the medical profession in news items on transplants in Spain, 1900-1960

Alina Danet1 

1Técnica de investigación del Ciber Epidemiología y Salud Pública/Instituto de Salud Carlos III. Calle Melchor Fernández Almagro, 3-5 28029 – Madrid – España,alina.danet.easp@juntadeandalucia.es


RESUMEN

Estudia la construcción de la confianza social en los trasplantes por el análisis histórico-discursivo de fuentes periodísticas entre 1900 y 1960 en España. Manteniendo la ‘retórica de la esperanza’ como estrategia de representación periodística de los trasplantes, el repertorio discursivo inicial fue la imagen médica heroica que los modeló como prácticas milagrosas. Tras la estandarización quirúrgica de los implantes corneales, los trasplantes se conceptualizaron como un sueño cumplido gracias al conocimiento científico y técnico de médicos ‘expertos’. Desde las primeras noticias sobre trasplantes renales, la prensa auspició la ciencia como un futuro mejor pero, reflejando una postura médica más cautelosa y la confianza en la cuantificación de los resultados.

Palabras-clave: trasplantes; medicina; retórica de la esperanza; análisis histórico-discursivo; España

ABSTRACT

The article studies the building of public trust in transplants via a historico-discursive analysis of media sources from 1900 to 1960 in Spain. Maintaining the ‘rhetoric of hope’ as the journalistic strategy for representing transplants, the initial discursive approach involved the image of the doctor as hero, and transplants as miraculous events. After corneal implants became widespread, transplants were presented as a dream come true thanks to the scientific and technical skills of expert physicians. Since the first news of kidney transplants, the press stressed the promise of a better future through science but reflecting a more cautious medical position and confidence that results could be quantified.

Key words: transplants; medicine; rhetoric of hope; historico-discursive analysis; Spain

El punto de origen de los trasplantes de partes del cuerpo humano se podría establecer en 1905, cuando el oftalmólogo vienés Eduard Zirm (1989) realizó por primera vez un trasplante de córnea. Sin embargo, no fue hasta los años treinta cuando la intervención se consolidó con las aportaciones de Vladimir Filatov, oftalmólogo ruso que en 1931 trasplantaba por primera vez una córnea proveniente de un donante cadáver. En la misma década, un médico español, Ramón Castroviejo (1904-1987), formado como oftalmólogo en España, pero establecido en EUA desde 1927, aportó nuevas técnicas quirúrgicas a la tecnología del trasplante.

En paralelo a las investigaciones sobre trasplantes de córnea, en las primeras décadas del siglo, se generaron nuevas posibilidades de trasplantación gracias a los experimentos con animales y se iniciaron los implantes de venas y arterias en humanos. Alexis Carrel, cirujano francés, recibía el premio Nobel en 1912 por sus contribuciones sobre injertos de piel y en los años 1930 se realizaban los primeros intentos de trasplantación de órganos sólidos. La Segunda Guerra Mundial fue el escenario para la intensificación de los intentos de implantes humanos y en 1954 Joseph Murray llevó a cabo el primer trasplante renal entre gemelos idénticos. Aunque el rechazo inmunológico imposibilitó la celebración del éxito a lo largo de la primera mitad del siglo XX (Kahan, 2009), los acontecimientos científicos en el campo de los trasplantes insertaron esta práctica médica en el campo de la medicina tecnologizada cuyos diagnósticos, tratamientos y procesos de organización se basaban en sistemas tecnológicos, amparados por la omnipresencia de las máquinas, dando lugar a configurar una nueva forma de entender los padecimientos. Dentro de este “neomecanicismo en la interpretación de la salud/enfermedad” (Rodríguez Ocaña, 200?), que generó una nueva perspectiva sobre la enfermedad como “avería” (Lévy, 1991, p.250-251), los trasplantes surgieron como una “tecnología de transición” (Thomas, 1974), “diseñada para compensar la enfermedad o para posponer la muerte” (p.31).

El interés social por la medicina tecnologizada y por las personalidades médicas que la representaban fomentó la atención hacia los primeros trasplantes, no sólo en la prensa médica sino en la general, de manera que el papel de los medios fue primordial para la creación de la imagen simbólica de los trasplantes, así como para la presentación de los actores y eventos en el terreno público (Nathoo, 2009). 1

En el contexto español, el régimen dictatorial franquista, instaurado tras la Guerra Civil (1939), respaldó la investigación técnico-médica, al mismo tiempo que se apoyó en las disciplinas y comunidades científicas, con el fin de establecer nuevas modalidades para ejercer el control social (Huertas, 1998). Según muestra la historiografía reciente, desde los primeros años de franquismo, la ciencia y de modo especial la medicina respondieron, en gran medida, a la ideología e intereses tradicionalistas del Movimiento Nacional (Gómez, Canales, 2009; Redondo, 1999; Sánchez Ron, 1999).

En respuesta a este objetivo, uno de los pilares propagandísticos del régimen fue la manipulación de la prensa. La censura impuesta a partir de 1936 fue reforzada tras la finalización de la Guerra Civil, cuando la Falange institucionalizó oficialmente el control de la cultura a través de la creación del Servicio de Prensa y Propaganda (Graham, Labanyi, 1995). Pero el control de los medios no sólo se ejerció a través de fórmulas directas de vigilancia o censura, tal y como argumentan Hall et al. (1978). La prensa, actor social con importantes funciones políticas y culturales, participó en la producción de consenso sobre representaciones sociales y favoreció la identificación social y cultural colectiva, importando el propio lenguaje de las audiencias y devolviéndolo, “modulado por las connotaciones dominantes”, cargado de las definiciones, interpretaciones e inferencias de los discursos hegemónicos (Hall et al., 1978, p.61). En el caso de la dictadura franquista, tal y como documentan Rodríguez Tranche y Sánchez Biosca (2000), el Noticiario Cinematográfico Español (NoDo) actuó no sólo como instrumento de propaganda, sino como un canal para generar y transmitir todo un sistema de representaciones sobre el imaginario de la nación y sociedad española. La difusión de las noticias científicas no fue una excepción. En este sentido, Medina-Doménech y Menéndez-Navarro (2004), analizando la representación visual de las tecnologías médicas en NoDo, argumentan cómo el ámbito médico se configuró en un nuevo espacio para la legitimación del régimen y la representación de la adhesión popular a su máximo representante.

En un sentido más amplio, en el campo de los trasplantes, al igual que en otros ámbitos tecnocientíficos de la modernidad, la introducción de nuevas alternativas terapéuticas y la normalización del uso de tecnologías médicas sirvieron para fomentar el discurso sobre el progreso, definiéndolo como suma de actuaciones o medidas adoptadas que desplazan los límites de lo posible (Maynard, 2006) y abren nuevos horizontes para la renovación del cuerpo (Sharp, 2001). Paulatinamente, como ha señalado Lyotard (1986) en su análisis de la modernidad, el presente se redefinió como incompleto y el énfasis se situó en el futuro, percibido como la tierra prometida donde se haría realidad el sueño de la ciencia. Esta visión ‘progresiva’ sobre el papel de la tecnomedicina en los procesos sociales ha venido proporcionando históricamente un discurso expansivo que Mulkay (1993) denominó ‘retórica de la esperanza’ en su análisis de los debates parlamentarios y sociales de los años ochenta sobre la puesta en marcha de la fertilización in vitro en Reino Unido. Esta retórica consistiría en el despliegue de un abanico de repertorios discursivos, entendidos como hebras de discurso, que argumentan y justifican el uso sin restricción de artefactos y prácticas tecnológicas en base a los beneficios potenciales que la tecnología aporta a la humanidad, a la confianza acrítica en la responsabilidad moral de la comunidad científica, como garante del progreso social, y a las expectativas puestas en la perspectiva de un futuro que, desde esta retórica, se presenta como siempre mejorable gracias a la intervención tecnológica.

Según Mulkay (1993), la retórica de la esperanza naturaliza y normaliza la introducción de tecnologías, evita referirse a los cambios sociales y humanos que pueden interferir en el curso de su puesta en marcha y apuesta sin vacilaciones por la investigación como portadora de extraordinarias ventajas y adelantos para la humanidad. A través de la difusión pública, su poder reside también en generar estrategias de persuasión social − patrones de argumentos que, aunque predominan en etapas históricas concretas, pueden ser perceptibles a lo largo del tiempo con algunas variaciones. Esta persuasión se consigue también mediante la movilización emocional de las audiencias lectoras. Propiciando sentimientos como la esperanza, cargados de valores histórico-sociales muy vinculados a la modernidad, estos repertorios discursivos transmiten la necesidad imperiosa de alcanzar el progreso científico y consideran los medios tecnológicos como los suministradores de soluciones benéficas proyectadas en el futuro.

En relación a los trasplantes, el hecho de que España se haya situado a nivel mundial como uno de los países con mayor índice de donaciones y trasplantes de órganos procedentes de cadáver, puede ser interpretado como una muestra de la confianza social en los beneficios de esta tecnología médica. El objetivo de este trabajo es analizar las raíces históricas de la confianza en esta tecnología médica. Para ello hemos estudiado cómo la prensa española de la primera mitad del siglo XX construyó la imagen social de los trasplantes y difundió un mensaje de esperanza en torno a esta práctica médica mediante repertorios discursivos diversos y específicos. Los medios periodísticos seleccionados fueron el periódico ABC, La Vanguardia y el semanal Blanco y Negro, de los que se analizaron los artículos referidos a trasplantes, desde el año de inicio de las publicaciones (La Vanguardia en 1881, Blanco y Negro en 1891, y ABC en 1903) hasta 1960. Elegimos estas publicaciones por reflejar discursos variados, tanto a nivel geográfico como ideológico, y por compartir la característica de ser los periódicos más vendidos en la época, además de estar dirigidos a públicos algo distintos. Si bien La Vanguardia se dirigía a un público de clases medias catalanas abiertas a Europa, ABC y Blanco y Negro, en sus ediciones de Madrid y Sevilla, tenían como lectores potenciales un público más popular y conservador. 2

Aunque 47 artículos de los 63 analizados se publicaron en la década de los cincuenta, durante la primera mitad del siglo la prensa ya mostraba interés por informar acerca de este incipiente y, en apariencia, prometedor proceso médico-quirúrgico. Los primeros textos de inicios del siglo describieron los experimentos con animales, así como las posibilidades de trasplante óseo y corneal. En los años cuarenta, la prensa difundió los trasplantes de glándulas y venas, la consolidación del trasplante de córnea en humanos y destacó la figura de Ramón Castroviejo, cuya actividad científica se desarrolló en centros médicos estadounidenses pioneros en trasplantes de córnea. Durante los años 1950, las noticias sobre trasplante de córnea se constituyeron como eje principal del discurso periodístico sobre trasplantes, aunque, paulatinamente, aumentaron las noticias sobre implantes de venas y glándulas y, por primera vez, se mencionaron los trasplantes de riñón.

Gran parte de los artículos publicados sobre trasplantes eran extractos procedentes de revistas de medicina y, a menudo, se citaban literalmente. Las noticias internacionales sobre medicina fueron exclusivamente emitidas por la agencia informativa española Efe, agencia de noticias creada en 1939 (Olmos, 1997) por Ramón Serrano Súñer − personalidad política con importantes cargos en el régimen franquista y cuñado de Carmen Polo, esposa de Francisco Franco − al servicio de la ‘Nueva España’ que en los años inmediatos a la guera civil constituía el proyecto nacional del sector más autoritario del régimen. La temática médica también se difundía en la prensa a través de entrevistas a médicos y cirujanos, publicadas en secciones específicas. “Mano a mano” de La Vanguardia, cuyo responsable era el periodista y caricaturista Manuel del Arco o “La medicina y los médicos”, del periódico ABC, fueron secciones reservadas a la salud y medicina donde, con un lenguaje de fácil comprensión para el público general, se informaba sobre noticias y eventos científicos.

Como metodología para el análisis de la representación periodística sobre trasplantes, en la primera mitad del siglo en España, utilizamos el utillaje que provee el análisis crítico del discurso (Wodak, 2000) y, de forma más específica, el modelo de análisis histórico discursivo (Wodak et al., 1999). Este enfoque facilita la descripción de la situación en la que se generan las noticias de prensa, identifica su elaboración interna, los entresijos de su producción y difusión social y, por tanto, permite enmarcar las noticias sobre trasplantes en la realidad sociopolítica y cultural de España en las seis primeras décadas del siglo XX.

La esperanza en el milagro científico

A lo largo de las primeras tres décadas del siglo XX, los períodicos ABC, Blanco y Negro y La Vanguardia prestaron atención a las noticias relacionadas con los trasplantes de partes del cuerpo, incluso cuando sus perspectivas eran aún potenciales y el trasplante se mencionaba como una “idea” o “estudios realizados hasta el día para hacerla práctica” (Parrado, 3 nov. 1906). La “trasplantación de vasos sanguíneos y órganos de un individuo a otro”, uno de los “adelantos científicos que nos permiten realizar ciertas cosas consideradas siempre como imposibles”, apareció en la prensa de principios del siglo como un proceso milagroso. Por otra parte, los experimentos con animales eran enfatizados como “más grandes, más estupendos, más incomprensibles”. El mismo artículo de 1906 hacía referencia a las investigaciones científicas sobre trasplantes de riñón en perros, realizadas por el profesor Garré y presentadas en el Congreso de Medicina y Ciencias Naturales de Stuttgart. El periodista y escritor Antonio Palomero Dechado, bajo el seudónimo Gil Parrado, describía el “descubrimiento” como un “éxito absoluto” y avanzaba que “se realizará por tanto, la trasplantación de riñones en la especie humana, ya que ha resultado perfecta la operación de prueba”.

Desde los primeros años del siglo, décadas antes de que el trasplante se consolidase como una técnica efectiva – en términos de supervivencia de la persona intervenida –, la prensa familiarizaba a las audiencias con los ‘avances prodigiosos’ del ‘sabio y eminente trabajador’, proclamando como exitosos procedimientos puramente experimentales. Con el objetivo de informar al público lector sobre novedades científico-médicas atrayentes, la prensa española de la época transmitía mensajes triunfalistas cargados de expectativas sobre los resultados potenciales de los acontecimientos científicos. Las noticias científicas sobre trasplantes, muy impregnadas emocionalmente, se dirigían a audiencias populares para transmitirles la esperanza en ‘el prodigio’ de los trasplantes. Tal y como refieren Marchessault y Sawchuk (2000, p.2) en su trabajo sobre la representación mediática actual de la ciencia, estas noticias científicas sobre trasplantes podrían haber actuado, a la vez, como una pantalla donde proyectar esperanzas y miedos sociales.

En esta etapa, que se prolongó hasta los inicios del franquismo, la prensa presentó las noticias sobre trasplantes envueltas en un halo de misticismo y esoterismo, más propio del mundo sobrenatural que del científico. Este estilo quizá adecuaba las noticias a los gustos de las audiencias y probablemente reflejaba el estilo periodístico de los autores. Pero, también, ponía de manifiesto el carácter ‘prodigioso’ con el que aún se percibían los trasplantes. Informando sobre un trasplante de córnea efectuado por Ramón Castroviejo en EUA, el periodista Francisco Lucientes, corresponsal en Nueva York de la agencia Efe, decía que la cirugía se comparaba con lo que “uno ha leido en el Santoral o en las fábulas medievales de brujos” (Lucientes, 11 dic. 1943). La investigación sobre el remedio de la sordera o la ceguera se consideraba “el cumplimiento de la profecía bíblica… y los ciegos verán y los sordos oirán” (Jiménez Quesada, 8 sep. 1945). En su prosa, Jiménez equiparaba el poder médico al milagro bíblico y acercaba la ciencia a un mundo, quizá, culturalmente más familiar y comprensible para sus lectores.

El contexto de realización del trasplante de córnea adquiría en la prensa una resonancia mística, cargada de simbolismo y trascendencia, a través de metáforas, comparaciones y procedimientos léxicos más propios del estilo literario. Así quedó patente en un artículo de 1933 sobre Ramón Castroviejo, firmado por Adelardo Fernández Arias (5 ene. 1933), periodista y escritor, corresponsal en EUA durante la época: “aquella sinfonía en blanco del dolor humano, envuelta en el silencio augusto que pesaba en el ambiente, tenía algo de rito solemne”. La imagen del médico en la crónica lo mostraba con aire solemne, pero sereno y seguro del cirujano español, retratado en su laboratorio y a quien las tecnologías del microscopio y el carácter ceremonial de la bata blanca, investían de autoridad científica y social. El mismo periodista escribía sobre trasplantes de córnea usando adjetivos hiperbolizantes que contribuían a crear una imagen idealizada de esta técnica quirúrgica “perfecta”, que permite “operaciones maravillosas”, “un gran trabajo que, en perros y conejos, ya da resultados magníficos” (Fernández Arias, 5 ene. 1933). El mensaje guardaba un discurso catolizado, quizás muestra de los valores morales del autor, cuya actividad profesional se desarrolló durante la dictadura de Franco y que fue reconocido como periodista destacado de los primeros años de la dictadura (Mori, 1943).

Varias noticias en las primeras décadas del siglo reflejaron el generoso reconocimiento que los trasplantes experimentales tenían dentro del propio mundo científico y comentaban, como si de un espectáculo de magia se tratara, la “enorme sensación” (Parrado, 3 nov. 1906), la “gran curiosidad”, el “asombro del mundo médico” ante las maravillas del trasplante (Fernández Arias, 5 ene. 1933). Esta nueva técnica médica aparecía en la prensa como “centro de atención de todos” (Fernández Arias, 5 ene. 1933) y se le atribuía “gran importancia”, ya que “el funcionamiento orgánico de un cuerpo vivo a otro … constituye un tema del más alto interés científico” (Progresos…, 16 dic. 1934). Las noticias presentaban los “adelantos” en un tono triunfalista y alababan el cientifismo como una indudable fuente de conocimiento y de logro “imposible hace pocos años”. La mirada admirativa de la prensa hacia “los potentosos injertos de tejidos y de órganos” (El Dr. Gan Ricart…, 16 mar. 1941) depositaba, en el tiempo futuro, la esperanza de nuevas alternativas terapéuticas y quirúrgicas en las que la prensa y los científicos centraban toda su confianza. “Si se logra extender el radio de acción en esta rama de la medicina, se habrá dado un gran paso en la historia de la medicina”, se afirmaba en una noticia sobre “el interesante procedimiento de injertar en seres humanos el tejido de las glándulas tiroides y paratiroides”, presentado en una sesión del Colegio Norteamericano de Cirujanos (Progresos…, 16 dic. 1934).

A finales de los años 1930, la imagen que la prensa española difundía sobre las experiencias de trasplantación, utilizaba diversos elementos narrativos de lo que Mulkay (1993) ha deno- minado ‘retórica de la esperanza’. Según Mulkay, es frecuente encontrar entre los defensores de las nuevas prácticas científicas una falta de justificación sólida de sus potenciales beneficios, dando por hecho de forma incontrovertible, no sólo sus contribuciones, sino toda su posible potencialidad y autoevidencia de sus ventajas. Lo que analiza Mulkay, para contextos de validación científica cultural más recientes, parece cumplirse en relación a las noticias sobre trasplantes de órganos aparecidas en España en la primera parte del siglo XX. Su validez con frecuencia estaba naturalizada y no se dudaba que todo serían beneficios futuros. La simple reiteración de la posibilidad de alcanzar mayor felicidad y reducir el sufrimiento actuó como argumento para la presentación entusiasta y acrítica de los trasplantes.

En el caso español que analizamos, la retórica de la esperanza presente en el discurso mediático se desplegó mediante el uso de términos bíblicos o sobrenaturales que, por su carácter ‘milagroso’, no requerían de mayor grado de argumentación. Se avalaban así unos beneficios aún hipotéticos de los trasplantes, eliminando, tal y como sugiere Mulkay, la necesidad de probar su evidencia, utilidad o consecuencias. Así lo ejemplifica, por ejemplo, Parrado, en su artículo de 1906, en relación a un trasplante de riñón entre perros: “Todos estamos muy convencidos de los progresos de la cirugía y, por lo tanto, apenas nos asombran sus recientes maravillas”. Considerado “una verdadera sensación”, el trasplante se presentaba como el preámbulo de nuevas posibilidades quirúrgicas en humanos: “nos permite suponer que en breve tiempo podrá conseguir la raza humana un intercambio renal de que, en verdad, se halla muy necesitada” (Parrado, 3 nov. 1906). Desde esa retórica sobre el valor pluripotencial y omnipotente de la maravilla del trasplante, el traslado de resultados desde los animales a los humanos se presentaba de forma natural y carente de obstáculos. Mediante el proceso textual de una metonimia, se transmitía a los lectores, de forma desproblematizada, un mensaje esperanzador y positivo: el trasplante en sí era considerado un milagro.

Técnica revolucionaria, héroes médicos y pacientes confiados: el trasplante de córnea

La difusión de información sobre trasplantes de partes del cuerpo se intensificó en las décadas centrales del siglo XX cuando la prensa española trató los trasplantes de córnea en humanos, las primeras experiencias de trasplantes de venas, glándulas y, finalmente, del órgano renal. Las noticias sobre el trasplante corneal se centraron en los años cuarenta alrededor de los espléndidos resultados clínicos de la intervención y, en segundo lugar, en la figura ensalzada del cirujano español Ramón Castroviejo (1904-1987), cuyo seguimiento periodístico, personal y profesional fundamentó la construcción mediática de los trasplantes en estas décadas.

Aunque algunas noticias mantenían el repertorio discursivo ‘místico’ de las décadas anteriores, en los primeros años de la década de 1940, la prensa difundió la idea del trasplante de córnea como un “don célico” que “circula hoy también por la vida, a su modo, vistiendo blusón de médico” (Lucientes, 11 dic. 1943). Frente a las noticias de décadas anteriores en las que el objeto eran los trasplantes mismos, en un artículo como el de Lucientes, la figura médica aparecía ahora de forma destacada en las noticias sobre trasplantes. Lucientes adjudicaba a la figura del cirujano características divinas y lo presentaba como ejecutor de verdaderos “milagros”. Sin embargo, ante la evidencia de que “la estadística se engrosa,” porque “el doctor Castroviejo ha efectuado felizmente más de quinientos trasplantes de córnea”, la percepción del trasplante adquiría mayor tangibilidad y realismo, generando no sólo esperanza, sino también confianza social en un “prodigio” del cual, “por la calle cientos de gentes hablan, mostrándolo” y para cuyo logro parecía básica la experiencia práctica del profesional.

El trasplante de córnea se representaba, de esta manera, como el cumplimiento del gran sueño de la ciencia, en su intento de “liberar a la humanidad” de la “irremediable” y temida ceguera, enfermedad de resonancias bíblicas (Necrológica…, 4 sep. 1951). Así mismo, se proporcionaba una imagen positiva de la ciencia que había sabido responder a las necesidades de aquellos a quienes les “prometió curar” (La medicina…, 9 oct. 1951), “devolviendo la vista a centenares de pacientes” (Jiménez Quesada, 8 sep. 1945).

La figura del paciente intervenido cobraba protagonismo en las noticias de estas décadas, presentándose como principal beneficiario de “esta espectacular y dificilísima intervención” que “consiste en sustituir la córnea opaca enferma por un trozo de córnea trasparente … con un porcentaje de recuperación normal de la vista de un 90%” (Jiménez Quesada, 8 sep. 1945). “Ansiando recuperar la vista” y con la “emoción de gozosa confianza”, el paciente, cualquiera que fuese su condición, depositaba “su confianza” en la destreza del cirujano que quedaba caracterizado como un héroe arriesgado que “raspa, corta y zurce, en una faena tan de tiento y riesgo como lo de dividir a cuchillo el grueso de un papel de fumar” (Lucientes, 11 dic. 1943). La idea de la ‘confianza’ del paciente marcaba la pasividad del enfermo y minimizaba su presencia física durante el acto quirúrgico. En estos textos periodísticos, el paciente aparecía en una posición subordinada al buen hacer y saber de los médicos expertos, cuya supremacía cognitiva y tecnológica se defendía como restauradora de la salud y bienestar social. Desde esta prosa periodística se dibujaban unas audiencias lectoras como meras espectadoras, tan pasivas y confiadas en el periodista, como los propios pacientes en manos del cirujano.

En relación a los trasplantes de córnea, el periodista Manuel del Arco (28 jul. 1958) hablaba de la total entrega y confianza del paciente “en manos del cirujano”. El propio Ramón Castroviejo explicaba en la entrevista con Manuel del Arco (20 abr. 1955) cómo la confianza que “brindaba el público americano e hispanoamericano” se traducía en una “aportación económica” para “llevar a cabo planes tales como la construcción de mi clínica en Nueva York”. Los textos periodísticos sugerían que la generosa donación de los cuerpos enfermos para la experimentación in vivo era un acto consentido y consciente de reconocimiento hacia la autoridad científica. La representación periodística de los pacientes como agentes sociales presentes, aunque no activos, confirmaba el poder de los científicos, concediéndoles un protagonismo único, no compartido, en los debates públicos sobre trasplantes. Ya desde 1935, en un reportaje fotográfico publicado en Blanco y Negro que presentaba las intervenciones de ‘cirugía estética’ llevadas a cabo por cirujanos especialistas de Praga, los pacientes y sus cuerpos operados eran expuestos como muestras irrefutables de los grandes beneficios de la medicina, sin embargo su presencia en el escenario quirúrgico no era sino un actor impersonal cosificado y silencioso.

La falta de voz de los pacientes en las noticias de esta época ha de entenderse en su propio contexto histórico (Schmidt, Frewer, 2007). El posicionamiento subordinado de los pacientes reflejaba la confianza de la población en los científicos, fenómeno que sólo después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, al amparo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, fue cediendo paso, en los años 1960, a un mayor protagonismo de los pacientes, cada vez más informados y movilizados en representación y defensa de sus propios intereses.

Este discurso periodístico que confería al cirujano libertad de actuación y potestad sobre el cuerpo de las personas intervenidas, contó con un otro argumentario facilitador: el énfasis en la clara separación entre el saber superior del colectivo médico y la ignorancia de la población. La proliferación discursiva de antítesis, entre “sabio y eminente” (Parrado, 3 nov. 1906), “genial especialista” (Jiménez Quesada, 8 sep. 1945) y “profanos” (Parrado, 3 de nov. 1906) o “vulgo” (Necrológica…, 4 sep. 1951), construyó un abismo relacional entre la figura del ‘hombre de ciencia’ y la del individuo común. Particularmente reveladora en este sentido fue la actitud del oftalmólogo español afincado en EUA, Ramón Castroviejo, quien, ejerciendo su labor como “ilustre profesor … que absorbe la atención científica mundial” (Primera…, 25 abr. 1947), adoptó una postura de distancia jerárquica entre la ciencia y lo que consideraba como banalidades mundanas. Así se expresaba el oftalmólogo español en una entrevista publicada en La Vanguardia: “Los hombres que nos dedicamos a la ciencia de verdad no podemos aparecer en los periódicos en forma de sujetos de exhibición. Quédese todo eso para las estrellas de cine” (Arias, 5 ene. 1933). Años después, también en La Vanguardia Española (nuevo nombre de la revista tras la Guerra Civil), el médico reiteraba su desacuerdo con la difusión científica en medios periodísticos comunes: “Aceptó la entrevista con la condición de que no le preguntaran por cuestiones de su especialidad, eso queda para las revistas científicas, dijo” (Del Arco, 20 abr. 1955).

Esta postura de rechazo a la difusión de noticias médicas en los periódicos no fue infrecuente entre algunos médicos destacados en la historia del pensamiento médico español. Figuras como Cesar Juarrós (1918, p.79) manifestaron, a principios del siglo XX, su disconformidad con difundir los debates científicos en periódicos no profesionales. En otros casos, especialmente a partir de la mitad de la centuria, se abogó también por una amplia receptividad científica dentro del colectivo médico: “Científicamente, nuestra obligación es enseñar lo poco que sabemos”, decía Joaquín Barraquer en una entrevista (Del Arco, 30 jul. 1957). Especialmente, a partir de los años 1950, la difusión de las actividades médicas en la prensa fue en aumento, publicándose con frecuencia noticas sobre la celebración de reuniones y congresos médicos que fueron configurando la imagen de la medicina como disciplina inherentemente comunicativa (Nathoo, 2009). Así, La Vanguardia Española citaba una conferencia italiana sobre la técnica del trasplante óseo (Ciclo…, 3 abr. 1930) o, en 1952, el periódico ABC difundía la celebración del Congreso Anual de Ortopedia y Traumatología en Italia (Congreso…, 8 oct. 1952).

El proceso de cohesión profesional alrededor de la cirugía de trasplantes se hizo especialmente patente en las noticias en torno a las visitas de Ramón Castroviejo a España. El oftalmólogo de reconocido éxito internacional inició en los años 1940 frecuentes visitas personales y profesionales a España. Estos viajes se convertieron en una manera de maximizar la difusión de información detallada sobre la comunidad científica nacional interesada en la práctica y difusión de los trasplantes y sus beneficios. En su primer viaje, en abril 1947, Castroviejo aprovechaba para dar una conferencia sobre la cirugía de la córnea (Primera…, 25 abr. 1947) en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y en 1951, durante el 29 o Congreso de la Asociación Hispanoamericana de Oftalmología, celebrado en Madrid, el oftalmólogo presentaba “maravillosas películas … sobre trasplante de córnea” (Cataluña…, 6 oct. 1951). Según detallaban las noticias, en los primeros años del franquismo, el mismo Castroviejo era partidario de una intensa colaboración y generosa enseñanza a otros miembros de la profesión. De hecho, así lo manifestó en una entrevista en 1955: “La característica más saliente que ha dirigido mi actuación ha sido el trabajo intenso y la total ausencia de egoismo en transmitir a los demás lo que haya podido aprender, incluyendo la admisión de equivocaciones, para que los otros las eviten” (Del Arco, 20 abr. 1955).

En relación al trasplante de córnea, la prensa de los años 1950 recalcó la difusión adquirida por esta intervención, además de presentar también noticias sobre las beneficio- sas y perfeccionadas novedades en el utillaje quirúrgico, “modernísimo instrumental” (El Dr. Castroviejo…, 13 mayo 1952) y “nuevos medios pre y post operatorios” (Lección…, 13 mayo 1952). En palabras de Castroviejo, el trasplante de córnea era “ya un término vulgar”, ya que “hoy son muchos los profesionales que practican la operación” (El Dr. Castroviejo…, 4 mar. 1950). Las noticias aseguraban también la mayor garantía que ofrecía la técnica del trasplante, resaltando cómo “la rapidez del acto quirúrgico, de la que tan pendientes se mostraban los oculistas de la generación anterior, se tiende ahora a sacrificar en aras de una mayor seguridad operatoria, obteniéndose con ello por cirujanos de mediana habilidad unas estadísticas más brillantes que las alcanzadas anteriormente por los más eminentes especialistas” (El Dr. Castroviejo…, 13 mayo 1952).

En esta noticia, el énfasis en la seguridad de la intervención, es decir, en sus resultados positivos y garantizados para el paciente, anunciaba un cambio en el discurso periodístico. La prensa, en su calidad de ‘intermediario ideológico’ (Brommaert, 1999), había depositado en los científicos la exclusividad del privilegio de expresión como portadores y conocedores de la verdad (Becker, 1967). Los mismos médicos tomaban protagonismo en la difusión de los resultados científicos, siendo cada vez más frecuentes sus intervenciones directas en los textos periodísticos, a través de entrevistas personales o citas textuales de sus comunicaciones científicas. Este protagonismo profesional en las noticias fue paralelo a otros cambios que se generaron a partir de finales de los años 1950, cuando la representación social de las artes médicas, hasta entonces inspiradas en el milagro, cedía paulatinamente el protagonismo a la maravilla técnica.

En la segunda mitad del siglo XX, manteniendo el tono triunfalista, la prensa buscó legitimar el éxito científico en base a sus resultados clínicos observables, cuantificables, seguros y repetibles, al aplicar una técnica conocida. Desde este nuevo enfoque sobre la práctica y la pericia quirúrgica, se destacaba no tanto la figura individual del cirujano experto y excelente, sino el rigor científico y el perfeccionamiento técnico logrado que permitía estandarizar su práctica. A través de sus resultados repetibles, las intervenciones de trasplantes ganaban objetividad y se avalaban científicamente. Este proceso se puede integrar en todo un fenómeno de estandarización de los procedimientos tecno-científicos que condicionó especialmente el curso histórico de la medicina 3 y que hoy día está íntimamente asociado a la objetivación de las prácticas médico-quirúrgicas o sanitarias (Tournay, 2007). En la España franquista, de forma específica, la validez demostrable y repetible de las investigaciones científicas creaba productos “susceptibles de ser aceptados e incorporados por todos” y configuraba en este sentido una ciencia “acumulativa” (Redondo, 1999, p.227). Así se garantizaba la difusión de los trasplantes como una técnica ya al alcance de todos los cirujanos y no sólo de los particularmente dotados.

La retórica de la esperanza continuó en los mensajes periodísticos de las décadas centrales del siglo XX. Pese a mantener ciertos elementos de la inicial presentación incuestionable, milagrosa, maravillosa y cuasireligiosa de principios de siglo, los repertorios discursivos de los años 1940 y 1950 incorporaron progresivamente una argumentación basada en datos científicos y cuantificables y técnicas realizables dado su grado de estandarización. Este proceso fue especialmente visible en relación a las noticias sobre trasplantes de riñón, aparecidas a partir de los años 1950.

Del milagro al éxito técnico y la reivindicación profesional: el trasplante renal

Desde las primeras noticias difundidas sobre trasplantes renales, el tono periodístico, aunque cauteloso, estaba cargado de expectativas, tal y como muestra esta noticia:

“Aún es pronto para cantar victoria en la operación de trasplante de riñón que le ha sido practicada al joven de 16 años, Marius Renard. Los médicos que han practicado la operación, entre los que figuran algunos de los más afamados cirujanos de Francia, han recibido orden de no dar a conocer el estado del muchacho, pues ha de pasar aún tiempo para saber si el riñón trasplantado funcionará. … Si la operación tuviese éxito será la primera de su clase en la historia de la medicina. Se calcula que habrá que esperar una semana todavía para poder decir si ha tenido éxito.” (Trasplante…, 6 ene. 1953).

La noticia describía el primer intento de trasplante de donante vivo emparentado, efectuado en París por los cirujanos Jean Vaysse y Nicolas Oeconomos. El uso del condicional – “si tuviese éxito” – mostraba cierta circunspección en la obtención de un resultado favorable y, de hecho, los mismos cirujanos franceses se referían a esta intervención como un “intento de trasplante renal”, abriendo las posibilidades de éxito pero, a la vez, resguardándose con el término “intento” de un posible fracaso (Michon et al., 1953, p.1419-1423).

La prensa española presentó cinco años después el fracaso del trasplante al joven francés que murió a los 35 días de la operación, en 1958, cuando informó sobre un trasplante renal practicado a una mujer estadounidense. A pesar del deceso del joven galo, el tono de la noticia era esperanzado en relación al trasplante norteamericano, “los médicos confían en salvarla” (Gran interés…, 25 abr. 1958). También en este caso la prensa omitió la muerte de la joven, cuatro semanas después de ser intervenida, a causa de las infecciones producidas por la inmunosupresión (Medicine…, 28 abr. 1958). Este patrón de relato periodístico de los trasplantes, en el que se transmitía la información pero se obviaba el desenlace, no era infrecuente en esta década. Incluso cuando, como en el caso republicado cinco años después, se informaba de la muerte del paciente, la noticia recalcaba la supervivencia de 35 días y no el fracaso del trasplante. El éxito del trasplante se planteaba en la prensa no en relación a la supervivencia del paciente trasplantado, sino en base a la posibilidad técnica de reemplazar el órgano. Esta operación discursiva o sinécdoque 4 de sustituir el todo por la parte (en este caso el órgano por el paciente en su conjunto) se convertía en un procedimiento retórico cuya utilidad residía en situar en un lugar secundario la vida del paciente para destacar, con un mero recurso estilístico, el éxito de la realización del implante.

Este no es el único ejemplo del uso de sinécdoques para transmitir una idea general, fundamentándola sólo en una parte de su argumento. A pesar de que en los años 1950 se realizaron numerosos intentos de trasplantar riñones, la prensa española prestó especial atención a los trasplantes con mayores éxitos, es decir, entre gemelos univitelinos. Así mismo, insistió en mayor medida en reflejar los trasplantes de venas y glándulas, que, una vez adquiridas las técnicas quirúrgicas necesarias, no toparon con las complicaciones causadas por el rechazo inmunológico relacionado al trasplante de órganos sólidos como el riñón.

En 1953, La Vanguardia Española anunciaba el primer éxito de trasplante renal entre gemelos (Importante…, 20 oct. 1953). Un año después, ABC recogía la noticia de que “los médicos informan que los hermanos mellizos Ronald y Richard Herrick se encuentran en estado satisfactorio después de haber sido trasplantado un riñón del primero al segundo”, destacando la dificultad y especialización de la “operación que duró cinco horas” y en la que “intervinieron veinte doctores” (Trasplante…, 26 dic. 1954). En 1958, el mismo periódico definía el trasplante entre gemelos como “éxito rotundo … ya que se ha podido salvar la vida a la operada, una joven de 27 años de edad” (Se realizó…, 23 mayo 1958). También en 1958, ABC informaba sobre el éxito de dos intervenciones diferentes. En la primera se daba a conocer el funcionamiento “a la perfección” de la glándula paratiroide trasplantada a “la señora Marion Maliar, de 58 años de edad, ama de casa norteamericana” quien, “a los pocos días de la operación, mostró un avance en la superación de su dolencia, desapareciendo todos los síntomas de la enfermedad que padecía” (Trasplante…, 4 dic. 1958). La segunda noticia comentaba el trasplante de aorta a un niño de 6 años: “En las cinco horas y media que duró la operación, los cirujanos hicieron una profunda incisión en el pecho del niño, … como resultado de la intervención quirúrgica, la sangre del niño está circulando normalmente por primera vez en su vida” (Trasplante…, 2 ene. 1958).

Tal y como también ha destacado Nathoo (2009) para el caso inglés, las intervenciones médicas con resultados favorables fueron, en los años 1950, noticias adecuadas para presentar los éxitos de la tecnomedicina. También fue el caso de la representación mediática de la salud pública norteamericana en el contexto de posguerra, como muestra otro estudio (Berridge, Loughlin, 2005). En ambos casos, el énfasis se hacía en la imagen de la medicina como disciplina humana y, a la vez, avanzada tecnológicamente, capaz de curar enfermedades a través de la investigación y su aplicación. En el caso que analizamos en este artículo, la prensa española celebró los éxitos como un paso importante en el cumplimiento del gran sueño de la cirugía de trasplantar órganos sólidos, presentándolo como “uno de los mayores avances en el campo quirúrgico del trasplante de órganos vivos” (Trasplante…, 4 dic. 1958).

La retórica de la esperanza vertebró los discursos periodísticos y médicos sin alterar la dinámica emocional optimista de estos textos con mensajes negativos o preocupantes. Al contrario de lo que sugiere Mulkay (1993), al analizar los debates parlamentarios sobre fertilización in vitro en Reino Unido, en el caso de las noticias españolas sobre trasplantes anteriores a 1960, la prensa no reflejó voces disidentes o cuestionadoras en algún aspecto de la técnica. Estas diferencias deben contextualizarse temporal, técnica y políticamente. En primer lugar, los elementos propios de la retórica del miedo, que Mulkay identificó en su análisis, surgieron en un contexto democrático, dentro de un proceso de legitimación legislativa de una nueva tecnología relacionada con la natalidad, proceso con importantes implicaciones socio-culturales y demográficas. Por el contrario, la representación de los trasplantes de órganos en la prensa española anterior a los años 1960 se realizó en un contexto dictatorial, que concentró los años más férreos de censura y control socio-político en la España del siglo XX. En segundo lugar, los textos que analiza Mulkay recogieron las opiniones de expertos y políticos, mientras que los posicionamientos reflejados por la prensa española provenían principalmente de médicos, cirujanos y científicos que se configuraron como principales actores visibles en el escenario mediático y público generado alrededor de los trasplantes.

Pese a que el posicionamiento profesional médico fue, en el contexto de los trasplantes renales, cada vez más cauteloso, la esperanza en las posibilidades futuras encauzaba la línea discursiva, reafirmando la importancia de mantener e intensificar la labor investigadora y experimental en este campo y evidenciando la alta capacitación y motivación médica. El “doctor Merril, director de la Sección de Investigación Renal del Hospital Peter Bent Brigham” de Massachusetts, explicaba la causa del fracaso en el trasplante por el rechazo biológico, sin cuestionar el éxito técnico posibilitado por las competencias profesionales del cirujano: “Los trasplantes de tejidos entre personas distintas han fallado, mientras que seis de cada ocho trasplantes de riñones entre mellizos idénticos han tenido completo éxito … Durante el proceso de trasplante, si no se adaptan las composiciones químicas del paciente y donante, falla el injerto de tejido” (Estudios…, 11 feb. 1958). De estas forma se externalizaba la responsabilidad en el fracaso de la técnica, al atribuirse a razones biológicas del propio paciente y del órgano. Además, se reformulaban las noticias sobre trasplantes fallidos en términos de posibilidades futuras, situando al personal científico bajo una luz positiva y desplazando el centro de la noticia desde el fracaso de facto hacia el éxito potencial: “Pronto se realizarán trasplantes entre humanos, una vez que se avance en el conocimiento sobre el rechazo”.

En torno a las intervenciones oftalmológicas, como ya mencionamos, la figura del médico, definida en las décadas iniciales del siglo como “restaurador humano” dedicado a “esculpir en cuerpos vivos” (E. de los R., 27 oct. 1935), se empezó a fundamentar, a mediados de la centuria, en base a su labor de investigación y perfeccionamiento de técnicas que se iban estandarizando, fruto de “varias semanas de intensos preparativos e investigaciones” (Se realizó…, 23 mayo 1958). El prestigio de los cirujanos aparecía vinculado al conocimiento y habilidades en el manejo de tecnologías, materiales, fármacos e instrumentos que posibilitaban no sólo efectuar trasplantes de órganos, sino también cuantificar los resultados. La información sobre el número de trasplantes que realizaba el oftalmólogo Castroviejo constituía, en sí misma, el fundamento del éxito. Así, el paso desde los “quinientos” trasplantes realizados hasta 1943 (Lucientes, 11 dic. 1943) a los “más de mil” en 1945 (Jiménez Quesada, 8 sep. 1945) y los “más de mil quinientos” en 1952 (El Dr. Castroviejo…, 13 mayo 1952) se expresaba en la prensa como una muestra clara de la solidez científica que avalaba los excelentes resultados quirúrgicos. Se construía, así, como argumento, una tautología, una repetición obvia como argumento del éxito. Las tecnologías y técnicas estandarizadas aparecían en estos textos periodísticos no sólo como fórmulas para objetivar los criterios de éxito o fracaso científico, sino como herramientas imprescindibles en el desenvolvimiento normal de la medicina y garantía del éxito o fracaso de toda intervención médica.

Este énfasis en la tecnología que permitía ocultar los problemas reales aparecía también en la noticia publicada en 1958 en el periódico ABC que presentaba el caso del paciente norteamericano John Keefe, al que se le había extirpado el riñón derecho y que lamentaba que “hasta tres días después de la operación, ... no se miró por rayos X a Keefe … y se vio que no tenía riñón izquierdo ... Keefe vivió con un riñón artificial hasta ... que los médicos encontraron un riñón humano adecuado ... Once días después [del trasplante] murió Keefe” (Le extirparon…, 9 mayo 1956). El artículo no ponía el énfasis en las dificultades para lograr con éxito el trasplante o en el error médico, sino en cómo los rayos X podrían haber sido una tecnología salvadora para evitar la muerte del paciente por el error médico. Por otra parte, el riñón artificial aparecía como un segundo elemento tecnológico salvador, capaz de mantener en vida al joven. La operación de trasplante, aunque sin éxito definitivo, era representada como un éxito al haber aportado 11 días de supervivencia extra. En todo caso, el fracaso se atribuía a un fallo humano, no tanto a los límites de los procedimientos tecnológicos disponibles. Además, el propio fallo quedaba ocultado en la prosa periodística que enfatizaba las posibilidades del éxito.

Consideraciones finales

La prensa española construyó, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, un discurso sobre los trasplantes que puede enmarcarse en lo que ha definido Mulkay (1993) como ‘retórica de la esperanza’. En este sentido, las noticias de prensa de la primera mitad del siglo contribuyeron a perpetuar la construcción de un imaginario científico abierto a los trasplantes como realidad tecnomédica exitosa, sin mostrar ningún aspecto crítico con esta tecnología.

En la progresiva construcción del valor social de los trasplantes en la prensa española, se observan tres etapas con tres repertorios discursivos diferentes. Aunque temporalmente no fueron totalmente excluyentes, pues, en forma más o menos matizada, pervivieron a lo largo del tiempo, estos repertorios discursivos se adaptaron a la variación histórica en la ejecución de los trasplantes y al prisma desde el cual el colectivo médico relataba y objetivaba los resultados de los implantes en los medios escritos.

En la primera etapa, correspondiente con el tercio inicial del siglo, predominó la presentación de los experimentos de trasplantación animal y los primeros implantes corneales en humanos como prácticas milagrosas. Los científicos y cirujanos que los realizaban aparecían enaltecidos como figuras heroicas, casi mitificadas, lo que facilitaba la desproblematización de los trasplantes y enfatizaba sus ventajas, presentadas como evidentes por sí mismas y descritas desde la retórica de la maravilla y la esperanza.

La consolidación de los trasplantes de córnea y la realización de los primeros implantes de tejidos en humanos, inaugurados a partir de los años cuarenta, generaron la segunda etapa, que introdujo una nueva imagen de los trasplantes de órganos como el cumplimiento del gran sueño de la ciencia. En esta etapa, la prensa fomentó un clima social de confianza en el trasplante de córnea, basando el mensaje en su fundamentación científica, en la cuantificación de trasplantes realizados, en el clima colaborativo de una recién constituida comunidad científica y en la legitimización de un sistema social jerárquico donde la hegemonía era ejercida por el científico y el paciente ocupaba un lugar pasivo y agradecido ante las ventajas de la técnica. En relación a los primeros trasplantes de venas, glándulas o riñón, aún en estado experimental, la prensa mantuvo en sus relatos la retórica de la esperanza, enfatizando persistentemente su potencialidades futuras.

Durante esta etapa, los médicos participaron activamente en el proceso de difusión social de sus conocimientos científicos con el objetivo doble de aumentar su prestigio profesional, dando una imagen de expertos y transmitiendo seguridad y confianza en los resultados de sus procedimientos científicos, cuya facilidad de puesta en práctica quedaba garantizada más por la estandarización de la técnica que por la excelencia individual del cirujano. La retórica periodística de la esperanza en los trasplantes quedó, por tanto, íntimamente anudada con los intereses profesionalizadores de la clase médica. Pero, además, la estandarización de las tecnologías, asociadas a la realización de trasplantes, anunciaba un proceso de consolidación científica de la medicina que quedaba objetivada a través de resultados cuantificables e intervenciones tipificadas y repetibles.

En un tercer repertorio discursivo, iniciado a partir de los años 1950, en relación al trasplante de riñón, la prensa introdujo el componente tecnológico como principal fundamento para su legitimización. Condicionada por el rechazo inmunológico, la práctica del trasplante de riñón impuso la necesidad de completar los argumentos de la retórica de la esperanza con elementos de la retórica de defensa profesional, basada en mostrar la capacitación técnica y preparación científica del colectivo médico. Una vez abandonada en la prensa de esta época la visión heroica, los cirujanos aparecían en las noticias como expertos técnicos, respaldados por datos científicos cuantificables. Este nuevo imaginario científico se reprodujo en la prensa mediante un posicionamiento precavido de los médicos ante el trasplante renal, por medio del énfasis en los trasplantes exitosos (trasplantes renales entre gemelos univitelinos o trasplantes de venas y glándulas), del camuflaje de los trasplantes renales fallidos y de un progresivo incremento del protagonismo de los elementos tecnológicos empleados.

AGRADECIMIENTO

A Rosa Medina por ser guía, inspiración y apoyo y por todas las veces que ha revisado este trabajo.

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NOTAS

1 El análisis del papel de la prensa escrita en crear la imagen de la ciencia ha recibido atención histriográfica reciente para el contexto español. En este sentido, merece destacar el trabajo de González Silva (2005) acerca de la construcción del discurso público sobre genes y enfermedad durante las últimas décadas del siglo XX.

2 Para una revisión de la historia y trayectoria ideológica de los periódicos, consultar Huertas (2006) y Pérez Mateos (2002).

3 Gradmann y Simon (2010) estudian cómo la estandarización de ciertos tratamientos para difteria o tétano, a partir del siglo XIX, configuró la relación entre historia de las enfermedades infecciosas durante la modernidad y el curso de la industria farmacéutica actual. Timmermans y Almeling (2009) revisan la relación de la objetivación, mercantilización y estandarización de las prácticas clínicas con la puesta en marcha de la medicina basada en la evidencia, en las últimas décadas del siglo XX.

4 La definición y uso de este recurso estilístico, desde la perspectiva del análisis crítico del discurso, se resume en Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls (1999).

Recibido: Septiembre de 2012; Aprobado: Abril de 2013

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