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História, Ciências, Saúde-Manguinhos

Print version ISSN 0104-5970On-line version ISSN 1678-4758

Hist. cienc. saude-Manguinhos vol.22 no.4 Rio de Janeiro Oct./Dec. 2015  Epub Mar 20, 2015

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-59702015005000007 

ANÁLISE

El "retorno de lo reprimido": el papel de la sexualidad en la recepción del psicoanálisis en el círculo médico chileno, 1910-1940

The "return of the repressed": the role of sexuality in the reception of psychoanalysis in Chilean medical circles, 1910-1940

Mariano Ruperthuz Honorato

1Psicólogo; investigador postdoctoral, Escuela de Psicología, Universidad de Santiago de Chile; editor de la revista Culturas Psi/Psy Cultures. Avenida Ecuador, 3560 Santiago de Chile - Chile mruperthuz@ug.uchile.cl

RESUMEN

Aborda la recepción del psicoanálisis en el circuito médico chileno a partir de la década de 1910. Los hallazgos permitieron reconstruir cómo el freudismo fue primeramente rechazado por la incipiente escena psiquiátrica local, acusándolo de pansexualista. En la década de 1930 este panorama cambiará, ya se apreciará una revaloración del psicoanálisis a nivel local, calificándolo precisamente como un saber especializado en la sexualidad. El realce del mecanismo de la "sublimación", estimado por su capacidad de hacer transmutar la peligrosidad del "ello" en productos culturalmente aceptados, será el hito que marcará este "retorno de lo reprimido" del factor sexual del psicoanálisis en Chile. Se discutirán las posibles variables sociales, políticas y económicas que influyeron en este fenómeno.

Palabras-clave: historia; psicoanálisis; Chile; círculo médico; sexualidad

ABSTRACT

This article discusses the reception of psychoanalysis in Chilean medical circles from the decade of 1910 onwards. The findings make it possible to reconstruct how Freudianism was initially rejected by the incipient local psychiatric milieu, accusing it of being pansexualist. In the 1930s, this situation changed, and a reassessment of psychoanalysis was made at a local level, describing it precisely as a branch of knowledge specialized in sexuality. The highlighting of the "sublimation" mechanism, esteemed for its ability to transmute the danger of the "id" into culturally accepted products, is a milestone that marked this "return of the repressed" of the sexual factor of psychoanalysis in Chile. The possible social, political and economic variables that influenced this phenomenon are duly discussed.

Key words: history; psychoanalysis; Chile; medical circles; sexuality

La historia del psicoanálisis como un problema de investigación

El presente artículo es parte de una investigación mayor que tiene como problema principal indagar la historia de la recepción de las ideas freudianas en Chile en el círculo médico local durante las primeras cuatro décadas del siglo XX. La evidencia muestra que dentro del campo de investigaciones que intenta abordar la historia del psicoanálisis existen modos bien definidos de encarar y pensar su historia, generando verdaderas tendencias historiográficas, perfectamente distinguibles. Estos "modos" o "estilos", según Plotkin (2003), son principalmente tres:

(a) Los trabajos centrados en la figura de Freud como único autor y creador del psicoanálisis. En este grupo de abordajes - dentro de los que se cuentan los trabajos del mismo Sigmund Freud (1996), Ernest Jones (1970), Peter Gay (1996) y Louis Breger (2001), entre otros - Freud es representado como un verdadero héroe solitario y sus descubrimientos no reconocen casi ninguna genealogía. La teoría freudiana sería una especie de creación ex-nihilo. Para ser más concreto, esta veta es inaugurada con el trabajo freudiano "Historia del movimiento psicoanalítico", de 1914, reforzándose posteriormente con otros escritos en los que Freud explicará, desde su particular punto de vista, el nacimiento del psicoanálisis. Ellos están plagados de significantes tales como "lucha", "causa", "resistencia", "incomprensión" y "rechazo", que circularán por largo tiempo caracterizando la historia y especialmente el origen del psicoanálisis.

Quiero agregar que el recurso del "héroe solitario" o el "genio", según ciertos autores, es una herramienta recurrente cuando se escribe la historia de la ciencia, pero, especialmente en el caso del psicoanálisis, ha reflejado un particular uso del pasado para lograr ciertos grados de auto legitimación. Vale decir, este uso del pasado pretende subrayar la originalidad del psicoanálisis - que la tiene por cierto -, pero desprendiéndose de cualquier antecedente o deuda intelectual (Plotkin, 2009a), generando con ello una especie de "genealogía vacía", que explica su creación como una especie de epifenómeno originado por un único creador, haciendo que sea imposible distinguir la historia del psicoanálisis de la biografía de Freud. De esta manera, estos elementos - a los ojos de algunos autores (Sulloway, 1992) - comienzan a configurar el "mito de origen" del psicoanálisis que tendrá interesantes consecuencias en varios ámbitos. Según esta mirada, el psicoanálisis siempre ha estado (¿y estará?) condenado a chocar con fuertes resistencias de parte de la sociedad y, especialmente, del mundo científico, ante la revelación de las verdades psicoanalíticas, ocultando así el sorprendente éxito y rapidez de diseminación de las teorías freudianas por los distintos países y espacios culturales (Zwettler-Otte, 2006). En este mismo sentido, aquellos que se apartaron de este camino fueron calificados como discípulos "disidentes", donde los casos de Carl Jung y Alfred Adler son históricamente significativos.

(b) Luego, el avance crítico sobre este estilo entendió que el nacimiento del psicoanálisis tenía directa relación con su entorno más próximo, dando paso a los abordajes contextualistas que analizaron cómo las condiciones específicas de la Viena de fin de siglo influyeron crucialmente en los descubrimientos de Freud (Carl Schorske, 1981; William J. McGrath, 1986; y Henri F. Ellenberger, 1970). Vale decir que la historia del psicoanálisis era vista como un entramado de vicisitudes que implicaron a la historia intelectual que rodeó a Freud y las condiciones sociales, políticas y económicas que influyeron. Entre ellas, se puede contar con el declive del sistema liberal vienés y la correspondiente reorganización del papel que los judíos ocuparían en dicha sociedad, lo mismo que la evolución de las teorías psicodinámicas en el campo médico-psiquiátrico y su influencia en la génesis del psicoanálisis.

(c) Por otro lado, en los últimos años, se ha abierto una nueva veta de investigación - de la cual esta propuesta intenta ser parte - sobre la historia del psicoanálisis: de los estudios que se preocupan sobre la circulación transnacional y de la apropiación de las ideas freudianas en ciertos espacios socio-culturales determinados (Damousi, Plotkin, 2009). Esta mirada considera al psicoanálisis como un cúmulo de ideas que tiene la propiedad de transitar, siendo recepcionado y utilizado de distintas formas, llegando inclusive a empapar varias capas de la sociedad en la que es recibido. El proceso de recepción es un fenómeno activo y destaca las distintas reapropiaciones y reinterpretaciones que los agentes locales hicieron de las ideas de Freud, haciéndolas compatibles con las tradiciones que dominaban la escena local. Está claro que este es un proceso activo donde los distintos agentes, en el momento de recepcionar las ideas, también las reinterpretan según las exigencias de la época. Este es un proceso activo y aleja la idea de la existencia de una supuesta manera "correcta" de leer los conceptos del psicoanálisis.

Estos antecedentes, sin duda, ayudan a pensar el problema de la historia del psicoanálisis en Chile desde otra perspectiva. Si el origen del psicoanálisis estuvo influenciado por variables histórico contextuales y no puede atribuírsele solo a una persona exclusivamente ¿cómo entender su difusión en varios lugares del mundo, con las profundas repercusiones sociales, sin tener que revisar la naturaleza misma del psicoanálisis como disciplina? En otras palabras, hay evidencia suficiente para decir que el psicoanálisis rebasó su proyecto original, ya lo decía Freud (2004, p.7) cuando afirmaba que "el psicoanálisis nació en un terreno estrictamente delimitado" y lo definía más que nada como: "El nombre, primero de un método para la investigación de procesos anímicos capaces de ser accesibles de otro modo; segundo, de un método terapéutico de perturbaciones neuróticas basado en tal investigación; y tercero, de una serie de conocimientos así adquiridos que van constituyendo una nueva disciplina científica" (p.30).

Entender esta complejidad, a mi modo de ver, es uno de los núcleos más conflictivos para las aproximaciones que provienen desde "dentro" del "movimiento psicoanalítico", ya que alejarse del marco conceptual usualmente ofrecido por este esquema - que piensa que la historia del psicoanálisis se pesquisa a partir del momento en que se establece el ejercicio de cierta práctica clínica canonizada o la fundación de alguna institución oficial bajo ciertos estándares (Vezzetti, 1996) - no es para nada sencillo porque implica, al menos, la apertura de un problema que tendría más aristas de las que regularmente se le suponen. Los criterios tradicionales traen aparejada la suposición de la existencia de un "psicoanálisis verdadero" u "oficial", resguardando celosamente lo que merece ser calificado como "psicoanalítico" o "freudiano". Por eso, quedarse en este nivel es continuar historizando sólo las referencias acerca de "analistas, pacientes, teorías psicoanalíticas y asociaciones profesionales" (Plotkin, 2003, p.14), lo que implicaría seguir mirando exclusivamente lo que ocurre con el movimiento psicoanalítico.

¿Cómo definir entonces al psicoanálisis como objeto de estudio que tenga en cuenta su amplitud y al mismo tiempo lo haga delimitable y abordable? Las consideraciones anteriores lo caracterizan como un objeto extendido cuyas dimensiones no se restringen a ningún país particular, a una práctica clínica, ni a una teoría sobre la mente, con el aditivo de que en ciertos lugares ha llegado a convertirse en una herramienta que ayuda a muchos sujetos - dentro y fuera del movimiento psi - a interpretar el mundo, toda una Weltanschauung. Para ejemplificar esta afirmación se hace necesario referenciar el trabajo de Sherry Turkle (1979) quien analizó el papel del psicoanálisis en Francia post la revolución de mayo de 1968. Ella afirmó que el psicoanálisis logró rebasar su veta clínica-institucional y saltó a la vida cotidiana ofreciéndose como un marco de intelección. A esto Turkle (1979, p.191) lo llamó "cultura psicoanalítica", afirmando: "Hemos visto cómo la política psicoanalítica francesa fue llevada fuera del mundo de las sociedades psicoanalíticas y extendiéndose a otros mundos, poblados por el activista político, pacientes psiquiátricos, profesionales médicos, estudiantes universitarios y una intelectualidad burguesa, que tradicionalmente ha hecho una carrera por conservar lo nuevo. Pero la difusión social del psicoanálisis se extendió más lejos, profundamente en la cultura francesa popular. Libros, revistas, periódicos, radio, televisión, conversaciones se comunican usando ideas "psicoanalíticas" con muchos millones de franceses que nunca fueron y nunca estarán dentro de la consulta de un psicoanalista".

Siguiendo lo anterior, creo necesario enumerar cuáles son las características que tiene el psicoanálisis para generar una "cultura psicoanalítica". Plotkin (2009b) se pregunta "¿qué hace que un sistema de creencias pueda generar una 'cultura'? La respuesta apunta a las características intrínsecas a dicho sistema y que resume de la siguiente manera: su naturaleza transnacional; su capacidad para abordar problemas de la vida cotidiana; la posibilidad de generar un discurso fácilmente apropiable y con un aparato institucional y de un cuerpo de 'difusores' listos para diseminar la buena nueva en diferentes espacios culturales y desde diferentes espacios culturales". Estas características se pueden ver operando en los casos donde las ideas y conceptos del psicoanálisis lograron convertirse en un elemento central en ciertos espacios culturales y sociales. Así, lo ocurrido en la década del 1930 en EUA, Francia post la revolución de mayo del 68 y la Argentina, más específicamente lo que sucede en la ciudad de Buenos Aires, representa a cabalidad la materialización de estas características del psicoanálisis.

Con todo, y tomando en cuenta lo expuesto hasta acá, adhiero a la definición amplia - necesaria frente a los distintos frentes que el psicoanálisis tiene como disciplina - que entiende al psicoanálisis como un sistema de ideas y creencias de carácter transnacional, que genera y autoriza un cúmulo de prácticas y discursos, que se legitiman en una (real o supuesta) genealogía freudiana (Makari, 2008; Plotkin, 2003).

Pero, ¿qué implica que el psicoanálisis sea un sistema de ideas o creencias que tenga carácter transnacional? Un sistema de ideas o creencias es transnacional cuando circula, a través de fronteras nacionales y culturales; cuando sus unidades analíticas transcienden los límites culturales y cuando su centro de producción y difusión, igual que las lenguas, en las cuales es difundido, cambiaron a lo largo del tiempo y, por lo tanto, su desarrollo no está asociado con ningún espacio nacional o cultural específico (Plotkin, 2009a). Esto significa, entonces, que las ideas y conceptos del psicoanálisis han viajado por el mundo, sosteniendo que sus categorías, tales como el inconsciente, la sexualidad pulsional, el complejo de Edipo, y otros tantos, son universales y por lo tanto no dependen de algún espacio cultural específico.

La transnacionalidad del psicoanálisis, como sistema de ideas y creencias, me parece muy interesante como punto crítico para elaborar los posibles circuitos de recepción del psicoanálisis en Chile. Desde esta perspectiva, como afirma Plotkin (2003), la historia de los sistemas de ideas y creencias, como el psicoanálisis, es indistinguible de sus sucesivas apropiaciones, reformulaciones, utilizaciones y recepciones. Por lo tanto, la historia del psicoanálisis en Chile es un episodio tan importante como la historia del pensamiento freudiano en Viena, New York, Buenos Aires o Río de Janeiro. Así, la llegada del psicoanálisis a Chile, su recepción, difusión y circulación sería parte de un fenómeno transnacional de circulación, donde las ideas freudianas viajan a través de distintos canales y medios (publicaciones, personas, cartas etc.) siendo parte fundamental de cualquier estudio histórico sobre la circulación y recepción de las ideas (Briggs, Burke, 2007).

Finalmente, debo afirmar que en la actualidad "conviven" simultáneamente las "formas" o "estilos" de abordar la historia del psicoanálisis antes descritos, lo que no significa necesariamente que los modos "clásicos" - por nombrarlos de alguna manera - hayan sido "superados" por otros más abiertos. Por lo tanto, en el presente trabajo podría optar perfectamente por cualquiera de los "estilos" antes expuestos y trabajar con ellos. Así, por ejemplo, sería muy atractivo y original centrarse en la historia del movimiento psicoanalítico, enfocándose de lleno en la dimensión institucional del psicoanálisis chileno - que como se verá es casi la única forma de historización hasta la fecha -, profundizando en los eventos que llevaron a la creación de la Asociación Psicoanalítica Chilena (APCH) en 1949, manejándose, de tal modo, con las variables que este tipo de abordaje exige y restringe. Sin embargo, lo anterior ocluye la posibilidad de realizar un análisis que permita aproximarse históricamente al psicoanálisis como un artefacto cultural de amplio espectro. Con todo, intento participar del debate historiográfico acerca del psicoanálisis chileno aplicando la categoría de "recepción", reconfigurando con ello la manera tradicional de entender la historia de esta disciplina en mi país, acercándome a una especie de "estudio de caso" de la historia transnacional del psicoanálisis.

Estado actual de las investigaciones históricas sobre el psicoanálisis en Chile

Las referencias sobre la historia del psicoanálisis en Chile comparten algunas características: se identifican por ser estudios breves, generalmente onomásticos y univariables en el análisis histórico, privilegiando un costado preferentemente institucional (Whiting, 1980; Núñez, 1981; Arrué, 1991; Casaula, Columa, Jordan, 1991; Davanzo, 1993). Estos estudios se centran en los eventos que llevaron a la fundación de la Asociación Psicoanalítica Chilena en 1949. Este hito contabiliza el "momento cero" en la línea del tiempo desde donde se empieza a escribir la historia "oficial" del psicoanálisis en el país. Lo anterior a eso será, por lo tanto, prehistórico y los personajes influyentes de ese periodo recibirán el adjetivo de difusores o pioneros (que lo fueron) en contraposición con aquellos formados "oficialmente", mostrando como la institución psicoanalítica se considera como la variable privilegiada para contar la historia. En este mismo sentido, Hugo Vezzetti (1996), historiador del psicoanálisis y de la psicología en Argentina, muestra que en el vecino país también existiría el rasgo distintivo en los trabajos históricos, donde se acentúa el carácter inaugural y novedoso de la fundación de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), en el año 1942, descuidando las "condiciones previas" a su nacimiento.

Hasta ahora las referencias más comentadas sobre la llegada del psicoanálisis a Chile son las siguientes:

(a) La lectura del trabajo de Germán Greve Schlegel, en Buenos Aires: este médico chileno, oriundo de Valparaíso, leyó el trabajo "Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos" en la Sección de Neurología, Psiquiatría, Antropología y Medicina Legal del Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene, celebrado en Buenos Aires, en 1910. Se afirma que este trabajo fue la primera comunicación de las ideas de Freud en español en Latinoamérica. Greve comenta la aplicación del psicoanálisis para combatir los síntomas obsesivos, destacando su eficacia pero señalando la dificultad que tiene al aplicar su método al pie de la letra. Además, se esfuerza por hacer coincidir los sistemas de pensamiento de Freud y Janet. Este trabajo fue comentado por Freud dos veces, llamándolo como el colega "probablemente alemán". La historia señala que Greve no volvió con mayor profundidad sobre el psicoanálisis de manera pública.

(b) La llegada de Fernando Allende Navarro desde Europa, en 1925 y la publicación de su tesis El valor del psicoanálisis en la policlínica: una contribución a la psicología clínica (1925) en la Universidad de Chile. Este médico chileno, según las referencias, fue el primer psicoanalista formado "oficialmente" que arribó al continente. Allende Navarro pasó largos años en Europa estudiando medicina en las universidades de Suiza, Bélgica y Francia. Se formó con personalidades como Constantino von Monakov, con quien se especializó en anatomía cerebral y el mismo Hermann Rorschach. De vuelta a Chile, validó su título de médico en la Universidad de Chile con una tesis que introduce a la práctica clínica del psicoanálisis mostrando la eficacia de su técnica con una serie de casos clínicos.

(c) La fundación, en 1949, de la APCH donde comienza la historia del psicoanálisis chileno con esta gesta encabezada por Ignacio Matte Blanco y sus colaboradores. Este evento refleja la consolidación institucional del psicoanálisis en nuestro país, año en que esta organización fue reconocida oficialmente por la Sociedad Internacional de Psicoanálisis en el Congreso Internacional en Zurich, ese mismo año.

Estos tres "hitos", tal como han sido referidos hasta el día de hoy, dejan sendos espacios de silencio donde, aparentemente, no habría sucedido nada relevante que mereciera ser recuperado y analizado en términos históricos. Esta mirada está plagada de categorías como "prehistoria", "precursores", "pioneros" y "oficialmente formados", centrándose en la veta clínica e institucional del psicoanálisis. Debo mencionar que en este último se han abierto las instancias para pensar la historia del psicoanálisis, por ejemplo, el trabajo que ha estado realizando Silvana Veto (5 mayo 2012) acerca del psicoanálisis en los tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet, específicamente la desaparición de Gabriel Castillo Cerna, médico psiquiatra, egresado del Instituto de Formación Psicoanalítica de la APCH.

Consideraciones metodológicas

Una investigación histórica sobre el psicoanálisis, como la presente, no puede ser separada de las condiciones específicas de aquellos lugares en los que fue recepcionado. Por lo tanto, aproximarse a la historia de la recepción del psicoanálisis es sinónimo de estudiar una porción de la historia social, política, intelectual y científica de Chile. Sigo en esto a Aróstegui (2003, p.150), quien define a la investigación histórica como aquellos trabajos "que tienen como objeto el comportamiento de las relaciones sociales en función de sus movimientos temporales (recurrentes o transformadores)". Se subentiende, entonces, que la llegada de las ideas freudianas a Chile impactó y autorizó la producción innovadora de discursos y prácticas que pueden ser detectadas y analizadas (estado social - acontecimiento [llegada del psicoanálisis] - nuevo estado social). El levantamiento de información de las fuentes históricas, más la aplicación del método historiográfico, definido como aquellos pasos necesarios para poder reconstruir cierto fenómeno o fenómenos sociales a partir de la elaboración de ciertas hipótesis de trabajo, permitirá que los datos encontrados puedan elaborarse para producir un relato histórico lo suficientemente argumentado que dé cuenta de la particularidad, en este caso, de la recepción del psicoanálisis en Chile. Por último, el presente trabajo correspondería a lo que este mismo autor define como un estudio sectorial, en sus dos dimensiones, ya que aborda la historia de una temática específica (el psicoanálisis) en un espacio territorial específico (Chile) y en una porción temporal determinada (1910-1949).

Periodización y supuestos

Tengo en cuenta que cualquier periodización en esta fase propositiva de una investigación es más bien tentativa y referencial. Sin embargo, su formulación se hace necesaria para considerar ciertos márgenes temporales en los cuales se enmarque la búsqueda, que, por supuesto, serán móviles y definitorios solo al final de la investigación.

Por ello - y apoyándome en lo referido anteriormente - ocuparé esos mismos márgenes temporales (1910-1949) para indagar en los espacios silenciosos, tratando de hacer emerger a la escena nacional los circuitos de recepción y apropiación múltiple del psicoanálisis, donde el presente trabajo se centrará en el campo médico. Entonces, el hito de la lectura de Germán Greve Schlegel, en 1910, y la fundación de la APCH marcarán el espacio de búsqueda y análisis, los que se sostienen en tres supuestos. A saber:

  • (a) Existen contribuciones significativas y relevantes de una serie de agentes locales que recibieron las ideas freudianas a través de rutas intelectuales bien definidas y los aplicaron al contexto local.

  • (b) Hasta el momento, la mirada que predomina acerca de la historia del psicoanálisis chileno invisibiliza dichos aportes ya que los considera como "capítulos previos" a lo que sería la historia "oficial" de la disciplina, contada desde una perspectiva exclusivamente institucional.

  • (c) Estos aportes pueden ser recuperados para evaluar su significación a través de una búsqueda reorientada que tenga en cuenta los beneficios de pensar al psicoanálisis de manera más amplia, definido como un sistema de ideas y creencias transnacional, íntimamente relacionado con las condiciones locales de producción intelectual.

Fuentes

Las fuentes son aquellos documentos, obras o materiales que sirven para obtener información del fenómeno estudiado siendo, como dice su nombre, la "fuente" de donde se alimentará la investigación (Dussaillant, 2006). Las fuentes serán consultadas, evaluadas, organizadas e interpretadas, permitiendo aplicar los elementos propios que la historiografía establece para este tipo de investigación.

Se contempla el uso simultáneo de fuentes y documentación primaria y secundaria. Entendiendo las primarias como aquellos materiales escritos (textos, cartas, diarios, informes, estudios, memorias, documentos oficiales, diarios de viaje o de vida, etc. que tengan relación con el tema), imágenes y sonido (iNLUtro fotográficos, fonéticos, grabaciones de todo tipo y fuentes iconográficas como pinturas u otras) u objetos (cualquier objeto relacionado directamente con el tema puede ser una fuente) producidos por las personas

o grupos directamente involucrados en los eventos considerados en la investigación como participantes o testigos (Kelleher, 2009). No se debe perder de vista que la significación de ese tipo de material solo puede ser entendido en su "contexto de producción".

Por otro lado, las fuentes secundarias son aquellos materiales que reflejan la acumulación de conocimiento, teorías y debates acerca de un tema específico sobre la historia del psicoanálisis en Chile (libros y artículos especializados que anteriormente ya hayan interpretado las fuentes primarias). La necesidad de consultar este tipo de fuentes radica en que permite detectar el debate actual en torno al trabajo de investigación.

Basándome en los estudios similares sobre la historia de la recepción del psicoanálisis en otras latitudes antes mencionadas, es posible desprender algunos supuestos que orienten la búsqueda de información de fuentes primarias y secundarias. Estos estudios muestran la existencia de ciertas "plataformas frecuentes de recepción" del pensamiento freudiano en los distintos contextos locales que, en el presente caso, serán confirmados al final de la investigación. Así la medicina, psiquiatría, la criminología, la cultura popular, la prensa, la educación, el mundo universitario, las escuelas de psicología, entre otros, son puntos de búsqueda que guiaron primariamente la investigación. Esta fase fue la más trabajosa y amplia, ya que como no existían estudios previos sobre el tema, el radio de búsqueda fue amplio.

Como el presente estudio se centra en la recepción del psicoanálisis en el campo médico chileno, la búsqueda de fuentes se generó a partir de un rastreo múltiple donde se revisaron, en el periodo de tiempo indicado (1910-1949), las principales publicaciones médicas de la época, cuyas referencias bibliográficas guiaron hacia otras, ayudando a completar un cúmulo de fuentes documentales que hacían relación directa o indirecta a la discusión local sobre las ideas de Freud. Esta fase ayudó a delimitar las fuentes pertinentes de análisis y medir su peso heurístico. Dentro de las fuentes primarias se encontraron (todas consultadas en distintas colecciones especializadas de la Biblioteca Nacional de Chile):

  • (1) Revistas especializadas: en medicina, psiquiatría, neurología, criminología, salud pública y medicina social.

  • (2) Actas de congresos de medicina, psiquiatría, criminología y medicina social.

  • (3) Tesis de grado: principalmente de medicina y leyes, las que en la época analizaron muchos de los aportes del psicoanálisis.

  • (4) Ediciones nacionales de las obras de Freud y otros autores relacionados con el psicoanálisis (a favor y en contra).

Por su parte, las fuentes secundarias dicen relación con aquellos trabajos que hacían referencia a la historia del psicoanálisis en la época.

El psicoanálisis y su factor sexual: una clave de recepción

Emparejar el psicoanálisis y sexualidad, históricamente hablando, ha tenido sus repercusiones. Desde sus primeros desarrollos, Freud se esforzó por afirmar que la sexualidad era un factor crucial en la aparición de las neurosis. Pero, a pesar de esta íntima vinculación inicial, la historia de la recepción del psicoanálisis en algunos países de Latinoamérica, específicamente Brasil y Argentina, mostró que la sexualidad, presente en la teoría, jugó un rol importante a la hora de marcar la manera en que el psicoanálisis fue leído.

En un caso y en el otro, el comportamiento de los agentes locales sobre el tema fue distinto y respondió a determinantes específicos. Los argentinos, quienes tuvieron una gran influencia francesa a la hora de leer a Freud, lo hicieron de manera "desexualizada", tratando de reconciliar sus trabajos con representantes de la escuela francesa, por ejemplo, con las ideas de Pierre Janet. Así, el psicoanálisis en Argentina, en sus comienzos, fue "tolerado" más como técnica que como "teoría". Por su parte, el caso brasileño tomó la dirección contraria, destacando el componente sexual del psicoanálisis para ligarlo con el ingrediente racial, propio de la "cuestión negra" y combinarlo con la teoría de la degeneración. Para algunos médicos brasileros, la población negra y mestiza traslucían su degeneración en su excesiva sexualidad, con la presencia de supuestas prácticas perversas, las que se acompañaban por la neuropatía e histerismo presentes en sus prácticas religiosas (Plotkin, 2009a).

Por su parte, la presencia del psicoanálisis en Chile se puede detectar muy temprano en el siglo XX, ligada al mundo médico, con la comunicación que el doctor Germán Greve Schlegel hizo de las ideas freudianas en el Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene, en Buenos Aires, en el año 1910. Este trabajo fue comentado directamente por Freud en su escrito "Historia del movimiento psicoanalítico", de 1914. El modo en que Greve presentó el psicoanálisis se convirtió en una especie de "hito común" en la historia del psicoanálisis de Chile y Argentina, mostrando, como se verá, un patrón de recepción que durará al menos una década.

Si bien el psicoanálisis era conocido por los médicos chilenos, el trabajo de Greve no tuvo mayor repercusión hasta mediados de la década del 1920. En esta época los conceptos psicoanalíticos fueron más discutidos y criticados por los participantes de la incipiente escena psiquiátrica local. Esta internalización mayor puede ser explicada gracias a la presencia del doctor Fernando Allende Navarro, quien había llegado de Europa - específicamente Suiza - donde se había formado "oficialmente". A su arribo a Chile, Allende Navarro testimonió cómo la óptica francesa había empapado a los médicos chilenos a la hora de referirse a las ideas de Freud. Las referencias galas rechazaban al psicoanálisis por considerarlo demasiado "sexual" y muchos de los médicos locales más prominentes, quienes se habían formado en Francia, siguieron esta tendencia.

Más tarde, en la década del 1930, el psicoanálisis aparece nuevamente en escena, esta vez ligado a un discurso médico-social. Las ideas de Freud ya no sólo eran patrimonio de la psiquiatría o la neurología. Los conceptos freudianos circularon por circuitos menos restringidos, llegando a ser, por ejemplo, parte de las estrategias de gobierno ante la lucha antivenérea y las campañas de educación sexual para la población chilena. El psicoanálisis, en esta época, fue visto como un saber pedagógico, preventivo, más cercano a la higiene mental y la eugenesia. Se destacan, en este sentido, los aportes del médico Juan Marín y del juez de menores de Santiago, Samuel Gajardo, entre otros.

Con estos antecedentes, el presente artículo intenta dilucidar el periplo que el factor sexual, propio de la teoría psicoanalítica, tuvo al momento de ser recepcionado por los médicos chilenos antes de su institucionalización en 1949. La construcción del argumento estará guiada por las siguientes preguntas: ¿qué entendían los agentes locales por psicoanálisis y cuál era su aporte específico? ¿qué fuentes alimentaron las discusiones en torno al tema? ¿qué componente del psicoanálisis les fue atractivo a los médicos chilenos y cómo lo combinaron con las tradiciones intelectuales que dominaban la escena nacional en la época? y ¿cómo participó el psicoanálisis dentro de este debate nacional sobre la sexualidad?

La presentación del psicoanálisis en Chile: la influencia francesa en la escena médico local

"Un médico de Chile - probablemente alemán - defendió en el Congreso Médico Internacional de Buenos Aires, en 1910, la existencia de la sexualidad infantil y encomió los resultados de la terapia psicoanalítica en los síntomas obsesivos" (Freud, 1996). Esta referencia hecha por Freud testimonia la recepción temprana que tuvo el psicoanálisis en tierras nacionales gracias al trabajo del doctor Germán Greve (1910) titulado Sobre psicología y psicoterapia de ciertos estados angustiosos. Esta referencia hecha por Freud, en 1914, tenía una predecesora de 1911 en la Zentralblatt für Psychoanalyse (Freud, 1991).

Sin embargo, la historia del encuentro de Greve con el psicoanálisis y, más específicamente, con Freud, se habría remontado seis años antes, en 1894, en el congreso de naturalistas y médicos alemanes, en Viena. Tuve la oportunidad de colaborar con un trabajo que Michael Molnar realizó sobre la fotografía de este congreso (n.1626 en el Catálogo Fotográfico del Museo Freud en Londres), contenida en el banco fotográfico del Museo Freud de Londres. Dentro de los asistentes, entre otros, se puede identificar a Sigmund Freud y a Germán Greve. Agradezco a la familia de Germán Greve Schlegel la amabilidad de facilitarme esta fotografía donde se identifican muchos de los participantes (Ruperthuz, 2008; Molnar, 2011). Germán Greve Schegel (1869-1954) había sido enviado a Europa, comisionado por el gobierno de Chile, para conocer e informar sobre los avances de la electroterapia y la construcción de manicomios. Su estadía de cinco años (1893-1898) le permitió recorrer diferentes clínicas y universidades de Alemania, Austria y Francia. Inclusive se afirma que habría trabajado en el laboratorio del fisiólogo Rudolf Virchow (Greve Silva, 1969). Estos aspectos poco conocidos del trabajo de Greve son útiles para conocer la rudimentaria escena psiquiátrica local - todavía ligada a la neurología - y, en consecuencia, aproximarse al contexto de recepción que tuvieron las ideas psicoanalíticas que este médico transportaría a Chile.

Hasta ahora, los autores que se han ocupado de Greve y los motivos de su alejamiento del psicoanálisis - se volcó a la práctica psiquiátrica privada, formó parte de la Asociación de Beneficencia Pública, fue director de la revista oficial de este organismo y se dedicó a temas de administración hospitalaria - han afirmado que dentro de las posibles razones se encuentra una supuesta personalidad conservadora, muy respetuosa de los cánones morales de la época (Whiting, 1980) o la falta de un soporte institucional psicoanalítico (Olagaray, 1990), ambas barreras le habrían impedido ejercer una función más "activa" en la difusión local de las ideas de Freud. A partir de esto, avanzo un paso más y retomo las ideas de Araya Ibacache y Leyton Robinson (2009) quienes explicitan el énfasis organicista de la escena neuro-psiquiátrica nacional, claramente influenciada por el pensamiento francés de Jean Martín Charcot y su método anatomoclínico. La cátedra de Neurología y Enfermedades Nerviosas y Mentales fue creada en la Universidad de Chile - único establecimiento público que impartía estas enseñanzas - en 1889 a cargo del médico chileno-francés Carlos Sazié, quien estudió en Francia, en La Salpetrière, con Charcot.

Sazié ocupó el cargo hasta 1891 - año en que se declaró una guerra civil en Chile en contra del gobierno del presidente Balmaceda, de quien Sazié era partidario, siendo reemplazado por Augusto Orrego Luco, uno de los fundadores de la psiquiatría nacional, de igual inspiración organicista. En 1882, Orrego Luco envió al "maestro parisino" un estudio sobre la histeria traumática, que fue publicado en la revista Iconographie de La Salpetriére. En esta misma línea lo harán sus sucesores Joaquín Luco, Oscar Fontecilla y Arturo Vivado hasta bien entrados los años 1940. Esta época estaría marcada por la búsqueda de las lesiones orgánicas que definieran y propiciaran los trastornos mentales. Este estilo "somático" circunscribía, además, alternativas terapéuticas entre las que se encontraban métodos como la cardiazolterapia, insulinoterapia y terapia electroconvulsiva o electroshock. Su presencia puede detectarse desde principios de la década de 1880 (Araya Ibacache, Leyton Robinson, 2009). La influencia de Orrego Luco como gran organizador de la escena médico psiquiátrica y, especialmente, su adhesión al marco de referencia francés hizo que el impacto de las teorías de origen germano, especialmente las relacionadas con las psicosis como fue el caso de Kraeppelin, encontraran cabida a partir de la década del 1920 (Roa, 1974, 1992).

Volviendo a Greve (1895), los hallazgos de su viaje por Europa fueron publicados en la Revista Médica entre los años 1894 y 1895. La llamada Correspondencia Europea estaba dirigida precisamente a Augusto Orrego Luco, su contraparte, quien además de médico fue un destacado político e historiador, a quien informaba, en sendas cartas, sobre la aplicación de la electricidad en pacientes histéricos. Greve afirmaba que Charcot fue el impulsor de este tipo de intervenciones con pacientes histéricos - a quienes estimulaba con descargas eléctricas en las zonas del sistema nervioso donde se alojaban las "lesiones invisibles" - y que, debido a la dispersión e impresión del estado del arte sobre estas terapias, era oportuno aproximarse lo más acabadamente posible para que ocuparan un lugar dentro del mundo médico nacional.

Con todo, la influencia de una visión anatomopatológica, centrada en lo somático y con una fuerte presencia de la Escuela Francesa, podría explicar la ausencia de resonancia, en los círculos médicos chilenos, de las ideas freudianas traídas desde Europa por Greve a principios del siglo XX. Como veremos más adelante, al menos desde la psiquiatría, existiría una ambivalencia que trató de resolver: ¿Era el psicoanálisis parte de la neuropsiquiatría (posición "somática") o era una disciplina "especulativa" (posición "psicógena")?

Con lo anterior, no quiero desatender el estilo en que Greve "presentó" las ideas de Freud, tratando de hacerlas coincidir con los postulados de Pierre Janet sobre las neurosis y que trabajos, como los de Mariano Plotkin (1996, p.173), han puntualizado como una forma particular de recepción del psicoanálisis en la Argentina y que, en este punto, también se podría aplicar al caso chileno: "Freud sería leído en francés, tanto por simpatizantes como por detractores, y casi siempre a través de comentadores". Estas fuentes caracterizaban al psicoanálisis como una teoría pansexualista, de dudosa reputación científica por carecer de fundamentos concretos.

Esta hipótesis se confirma con las impresiones que tuvo el doctor Fernando Allende Navarro (1890-1981) en Chile. Oriundo de la ciudad de Concepción, viajó a comienzos de siglo a Europa, cursó sus estudios de medicina en la Universidad de Lausana (Suiza) donde se doctoró en 1920. Luego, participó como interno en los hospitales de La Biloque, en Gante, Bélgica. De retorno a Suiza trabajó en el laboratorio de Constantino Von Monakow en la Universidad de Suiza, en el Instituto de Anatomía Cerebral, fue el médico encargado de la División de Psicoterapia del Instituto de Fisioterapia y se desempeñó como médico neurólogo del Policlínico de Enfermedades Nerviosas de la misma Universidad. Allende Navarro (1969) se vinculó a Minkowsky, Mourge y Rorschach a quien cuidó hasta su muerte. Como alumno de Bleuler, se acercó al psicoanálisis, época en que decidió formarse como psicoanalista bajo los estándares oficiales. Realizó su análisis didáctico con Emil Oberholzer y al final del proceso ingresó a la Sociedad Suiza de Psicoanálisis. Antes de su regreso a Chile, en 1925, participó también como miembro de la Sociedad Psicoanalítica de París. Para algunos, fue el primer psicoanalista formado "oficialmente" en Latinoamérica (Etchegoyen, Zysman, 2005).

Una vez en Chile, Allende Navarro (1925) revalidó su título de médico en la Universidad de Chile con el trabajo El valor del psicoanálisis en la policlínica: contribución a la psicología clínica. En sus primeras páginas realizó una especie de diagnóstico de la recepción de las ideas psicoanalíticas tanto en Chile como en algunos países de Latinoamérica. Dejó claro la admiración que la escena médica local tenía por el mundo francés, que, en sus propias palabras, había levantado un "cordón sanitario" a las enseñanzas de Freud. Para Allende Navarro (p.43) "la mayor parte de los países latinos, admiradores de la ciencia francesa, han seguido dócilmente sus huellas". Regionalmente hablando, este autor reconoce algunas excepciones como eran los casos de Honorio Delgado, en Perú (Allende Navarro, 1934) - con quien estableció un estrecho lazo de amistad -, Gonzalo Enrique Lafora, en España y Juan Ramón Beltrán, en Argentina.

Finalmente, Allende Navarro (1925, p.27) afirma que las críticas al psicoanálisis se concentran precisamente en el papel que juega la sexualidad en la teoría: "Para la mayor parte del público medical o pagano, fuera de aquellos que han penetrado en las doctrinas psicoanalíticas, freudismo es sinónimo de sexualidad". En Chile, por lo tanto, se lee a Freud a través de comentaristas franceses, tales como Jean Laumonier (1925), con Le freudisme: exposé et critique, Emanuel Régis y Angelo Hesnard (1914), autores de La psychanalyse des névroses et des psychoses: ses applications médicales et extra-médicales y representantes locales del pensamiento de Pierre Janet, como el escritor y psicólogo Benjamín Subercaseaux (1927, p.8-9), quien de vuelta de sus estudios en Francia, donde fue alumno de Janet, dictó una serie de conferencias sobre las teorías de su maestro, auspiciado por la Sociedad Científica de Chile. Allí afirmaba que el psicoanálisis concertó la atención del público por su énfasis en la sexualidad, pero en realidad se trata de un conjunto de ideas "complejo, peligroso por sus divagaciones". Los críticos del psicoanálisis, afirmaban, además, que estas ideas podían ser un peligro social, ya que el concepto de inconsciente liberaba, aparentemente, de responsabilidad a los sujetos de sus actos, especialmente a los criminales. También se le imputaba que se trataba de un cuerpo teórico con poco sustento fisiológico, la metapsicología era imprecisa y poco exacta en sus formulaciones. Según algunos psiquiatras, el psicoanálisis pertenecía mucho más al mundo literario que al mundo médico. "Es sumamente fácil y extraordinariamente peligroso aceptar como explicación genética lo que no pasa de ser simples descripciones falaces más o menos literarias" (Fontecilla, 1937, p.54). Estas eran las observaciones a un trabajo de Allende Navarro de parte de Oscar Fontecilla, prominente psiquiatra local.

El mismo diagnóstico lo realizó Huberto Díaz Casanueva (1927), diplomático, poeta y, primariamente, educador y paciente de Allende Navarro, quien publicó el trabajo "Necesidad de preocuparnos de una nueva ciencia". Allí afirmaba que en Chile existía gran desconocimiento sobre el psicoanálisis y lo presentó como una disciplina que no era de exclusiva propiedad de la medicina, ya que había terrenos como la pedagogía - que será de gran interés en la década venidera - y el arte, específicamente el surrealismo, que ensanchaban el radio de acción de los postulados de Freud. Como educador, afirmaba que el psicoanálisis permitía llegar al fondo del alma del niño, facilitando la acción educadora. Reconoce, como fuente de lectura, los trabajos del psicólogo y educador suizo Pierre Bovet (1920) con su obra "La psychanalyse et l´éducation".

Dos circuitos: psiquiatría, medicina social y el retorno de la sexualidad

Pensando en el mundo médico, el psicoanálisis en Chile durante esta época circuló por dos vías que corrieron en paralelo: por un lado en la psiquiatría y por otro como parte del discurso médico-social, más ligado a una pedagogía masiva, destacado, particularmente, gracias a sus ideas sobre "la sexualidad" como piedra angular de su valorización social, lo que implica, a mi modo de ver, una especie de "retorno de lo reprimido". Ya veíamos las críticas que recibieron las ideas de Freud en Chile mediatizadas por su presentación "francesa". Al mismo tiempo, la presencia de la llamada declinación del paradigma positivista en América Latina (Plotkin, 2003), que sostenía, como veíamos más arriba, que las enfermedades mentales tenían relación con algún tipo de alteraciones cerebrales, se combinó en Chile, como otros países de la región, con la presencia de la teoría de la degeneración. Esta última, también de inspiración francesa, afirmaba que las enfermedades mentales y físicas se transmitían de generación en dosis cada vez más destructivas. Ejemplo es la tesis de medicina de Salvador Allende (1933), titulada Higiene mental y delincuencia.

En este mismo sentido, en la década del 1940, médicos chilenos declaraban firmemente que la orientación de la psiquiatría nacional, a pesar de las críticas que los situaban en un campo especulativo, era "netamente fisiológica y aún experimental" (Vivado, Larson, Arroyo, 1940, p.160). Esta delimitación, como se verá, dejó poco espacio para el psicoanálisis clínico dentro del campo de acción, privilegiando tratamientos de orden somático. Así, el psicoanálisis era situado como un método "complementario" a los tratamientos psiquiátricos considerados más serios, por evidenciar un sustento fisiológico, como lo eran los servicios de insulino y cardiazolterapia, el de piretoterapia, el de fisio y electroterapia y el médico-quirúrgico (Matte Blanco, 1944). En esta misma línea se puede encontrar la obra del célebre fisiólogo alemán, radicado en Chile por varios años, Georg Frederick Nicolai (1953), titulada Análisis del psicoanálisis a la luz de la psicología fisiológica. Nicolai, quien fue nombrado miembro honorario de la Sociedad Médica, afirmaba que el psicoanálisis era uno de aquellos objetos que colman la curiosidad sexual del vulgo a partir de una serie de afirmaciones infundadas, poco científicas por su escasa evidencia y su arbitrariedad generativa.

Para otros médicos e investigadores, el psicoanálisis todavía se encontraba en una etapa de desarrollo donde había "suspendido" su relación con la neurología o la endocrinología - trabajo realizado por el connotado Alejandro Lipschutz (1958), pero que de todas formas respondía, gracias a esa vinculación, a todos los cánones científicos. Personajes como el mismo Allende Navarro, Ignacio Matte Blanco (1908-1995) - ambos fundadores de la Asociación Psicoanalítica Chilena - y Manuel Francisco Beca (1910-1958), gran difusor de las ideas psicoanalíticas en medios más conservadores ligados al catolicismo, combinarán y experimentarán tratamientos psicoanalíticos y somáticos en sus respectivas clínicas (Allende Navarro, 1938). Así, en un informe sobre Las Jornadas Sudamericanas de Medicina, Cirugía y Odontología de Montevideo en las que Allende Navarro (p.16) representando a Chile afirmó: "En una próxima publicación daremos a conocer nuestro estudio sobre la anatomía patológica de la esquizofrenia, lo mismo que nuestra comunicación sobre su tratamiento por el cardiazol". Estos experimentos databan, según Allende Navarro, desde septiembre de 1935.

Por otro lado, Beca, quien ocupaba la función de redactor de la Revista de Psiquiatría y Disciplinas Conexas, era el responsable de comentar los trabajos psicoanalíticos de la sección "Lecturas". En esta sección comentó, por ejemplo, los escritos de Angel Garma, Céles Cárcamo, Franz Alexander, Pichon Rivière, Eduardo Krapf, Honorio Delgado, entre otros. La mayoría llegados por fuentes locales como revistas especializadas argentinas, peruanas y uruguayas. Este tipo de convivencia se reflejó en los trabajos publicados en la Revista de Psiquiatría y Disciplinas Conexas, la que exhibía artículos de ambos registros, con la particularidad que las inclusiones sobre psicoanálisis apuntaban más a trabajos teóricos y aplicaciones psicodiagnósticas, preferentemente en criminales, del test de Rorschach y miokinético de Mira y López (Bucker, 1942a, 1942b). Emilio Mira y López, que en esa época residía en Argentina, fue nombrado miembro honorario de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Medicina Legal en la sesión del 17 de enero de 1941.

Inclusive, algunos de los fundadores de la APCH - que en su totalidad eran médicos - pensaron que la formación en psiquiatría debía ser un requisito para participar del entrenamiento psicoanalítico. Por ello, resuenan con interés las palabras de Matte Blanco (1944, p.31) - que había llegado recién de Londres donde se formó como psicoanalista en la Sociedad Británica de Psicoanálisis junto a personalidades como Ernest Jones o Hanna Seagal - cuando afirmaba en su trabajo "Electro-shock": "Estamos empezando una marcha épica por esta vía de progreso. Si bien es cierto que nuestras armas presentes son todavía imperfectas, contienen en sí los gérmenes de desarrollos futuros que transformarán nuestra primitiva psiquiatría actual en una disciplina organizada, capaz no sólo de modificar las neurosis y psicosis, sino de influenciar el desarrollo mental de los seres humanos".

Por otro lado y paralelamente, desde mediados de la década de 1920, la medicina social ocupó un lugar privilegiado en la escena nacional y posibilitó la apertura de un circuito de recepción y difusión de las ideas psicoanalíticas. Desde comienzos de siglo se viven tiempos de inestabilidad y profunda transformación social en Chile. Es una época donde no se abandonaron los principios de la ilustración y se intentó incorporar discursivamente a nuevos sectores sociales (clase media y populares) y étnicos que se han hecho visibles en el último tiempo. Esto trajo como consecuencia la reformulación de la idea de nación hacia un mestizaje de tintes biológico-culturales, proceso en que el Estado tuvo un rol protagónico. Se vive claramente un contexto de crisis y de cambios, denunciando las desigualdades sociales, especialmente de la clase trabajadora que vive en condiciones precarias en términos de salud, vivienda, educación, salario, alimentación, vestuario y obras de saneamiento (Allende, 1939) pero tratando de mantener la cohesión social.

Chile todavía tiene problemas limítrofes, así que un discurso de unificación nacional se hace muy necesario. De ahí que, con estos antecedentes, se diga que la idea-fuerza de esta época era el nacionalismo en sus diversas formas y expresiones. Este estado de la nación llamó a muchos a tomar nota del malestar interno, traducido en fenómenos, como por ejemplo, la "cuestión social". Las celebraciones del centenario del país, en 1910, tuvieron una tensa proclama al levantamiento a través de la fortificación de los miembros de la nación. Abundan las metáforas empapadas de darwinismo social, existe influencia neomalthusiana y circulan las teorías de Gustave Le Bon.

Concordante con esto, la categoría de "raza chilena" - que tendrá un peso específico en un tipo de lectura profiláctica del psicoanálisis - buscará contener aquellos sectores medios y populares que generalmente vivieron desclasados, siendo utilizada en diversas expresiones culturales. La mejora de la supuesta "raza chilena", biológica y psíquicamente considerada, fue un programa que permeó "no sólo los discursos sino también las políticas públicas de educación, salud y deporte en las primeras décadas" (Subercaseaux, 2007, p.32). La visión del futuro de Chile, sintetizada en la imagen del mundo infantil y de la juventud, fueron metáforas recurrentes para aunar esfuerzos preventivos. Las cifras de morbilidad y mortalidad así los justificaban y, en palabras de Labarca (2008), el Estado y sus diversas instituciones se hicieron cargo de las dolencias que diezmaban fuertemente a los chilenos con la firme idea de que la educación masiva era una herramienta crucial para lograr estos objetivos.

Lo interesante de esta mirada es que hasta la fecha, la teoría degenerativa dominaba la escena médico-social, dejando casi sin salida a la posibilidad de construir un proyecto nacional nuevo. El determinismo, que la herencia le imprimía a la repetición inevitable de las enfermedades de "transcendencia social" (alcoholismo, tuberculosis, enfermedades venéreas, mortalidad infantil y aborto clandestino), afectando a las generaciones venideras, hacía el panorama más sombrío. Por ello, algunos médicos, políticos e intelectuales criticaron las ideas de Lombroso y Ferri, que dominaban vastos sectores del mundo intelectual local, acercándose a enfoques neomalthusianos y a la eugenesia. Con todo esto, el psicoanálisis aparecía como una teoría alternativa a la hora de concebir al sujeto, se potencia el concepto de "psicogénesis" y el peso del ambiente en el desarrollo de la personalidad abre un mayor espacio de maniobrabilidad social. Juan Andueza (1937, p.509-510), profesor de medicina legal de la Universidad de Valparaíso, afirmaba refiriéndose al psicoanálisis: "Lejos estamos, así, del aforismo de Griessinger: 'las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro. Los procesos materiales no deben excluir, como antes, el estudio de la motivación psicológica. Y aun aquellos mismos procesos son inclusive analizados en sus dimensiones psíquicas'".

Psicoanálisis sexual: preventivo y educacional para huir de la degeneración

En contraste con lo ocurrido, a mediados de la década del 1920, los años 1930 reflejan una amplia circulación de las ideas psicoanalíticas dirigidas al público masivo, enmarcadas en la génesis de un proyecto nacional que venía incubándose desde comienzos de siglo. Padres, pedagogos y médicos, gracias a las enseñanzas de Freud, podrían llegar a conocer mejor el alma infantil evitando con ello males futuros. Así, por ejemplo, la Revista de Educación Nacional - órgano de la Asociación de Educación Nacional para los Educadores y los Padres de Familia - fue una publicación muy receptiva a las ideas freudianas aplicadas al mundo de la escuela. Durante esa época se publicó una serie de trabajos que hacían alusión a la teoría de Freud y su aplicabilidad en el trabajo con los niños, entre los que se contaban los aportes de Pierre Bovet - ya mencionado -, Domingo Barnes, Stanley Hall, entre otros. La educación nacional, en esa época, se había impuesto la misión de ser un instrumento de transformación de la ciudadanía, impulsando un modelo integral de chilenidad que reforzaría el cuerpo y el alma de la población. Ideas como la importancia de la primera infancia en el desarrollo de la personalidad del adulto, el dinamismo psíquico (especialmente la sublimación) y la detección de la influencia de elementos inconscientes en la conducta eran vistos con especial consideración por los pedagogos chilenos. El psicoanálisis era valorado como un instrumento que ofrecía una salida al pesimismo reinante en las teorías deterministas que afirmaban que problemas como el crimen, la prostitución, el alcoholismo y las desviaciones sexuales - que tenían mucha incidencia a nivel local - eran la manifestación de una herencia degenerada y corrompida. Si la neurosis, parafraseando a Mauro Vallejo (2012), gracias al aporte freudiano ya no era el resultado exclusivo de la herencia, se podía comenzar a hablar de buenos o malos hogares en términos formativos. De ahí la importancia, a mi modo de ver, de las pautas de crianza y la psicologización de la familia.

De ningún modo se puede llegar a afirmar que el freudismo sustituyó a las teorías degeneracionistas, sino que convivió con ellas produciéndose las más interesantes combinaciones de parte de los distintos agentes locales. Vale decir, en esta época la aplicación y utilización de las ideas freudianas en Chile ocurrió en círculos que fueron más amplios que el restringido círculo médico, quienes en un comienzo rechazaron los postulados de Freud y estaban influenciados fuertemente por la mirada francesa que lo rechazó por su excesivo énfasis en la sexualidad y por carecer de sólidas bases científicas.

En el país reinaba la percepción de que se experimentaba una fuerte crisis que diezmaba fuertemente a la nación y especialmente a la "raza chilena". Por ello, la elite nacional, desplegó mucho de sus esfuerzos en lo que Salazar y Pinto (2010) denominan "el proyecto de orden y unidad nacional" que consistía en hacer esfuerzos por fortalecer al pueblo para que estuviera apto para trabajar por el progreso del país. Se buscó, entonces, sensibilizar a la población para que no malgastara sus energías en vicios y derroches y colocara sus energías en el trabajo. Se construyeron, de este modo, imaginarios de lo que debía ser un buen niño chileno. Un ejemplo de esto era el "Un código moral para los niños", presentado por el educador William J. Hactchins (1921, p.9) en la Revista de Educación Nacional - adaptado a la realidad nacional chilena a partir del código del Instituto Nacional de Educación Moral de Washington - que declaraba, entre otras cosas: "Los niños que son buenos chilenos y las niñas que son buenas chilenas se esfuerzan para hacerse vigorosos y útiles, a fin de que nuestro país sea cada días más grande y siempre mejor".

Figura 1: Carta que Sigmund Freud envió al médico chileno Juan Marín (11 oct. 1938). (Biblioteca Nacional de Chile, Archivo del Escritor, colección Legado Juan Marín, cajas 1 y 2.) 

Declaraciones como la anterior iban acompañadas del fomento de la eugenesia como un marco ideológico que apoyaba científicamente los propósitos que se deseaban conseguir. Así lo manifiesta el pedagogo Luis Berríos (1921, p.31) en su discurso titulado "¿Para qué educarnos?":

Hay dos problemas profundos y terribles que azotan a esta patria querida y que están diezmando esta raza que, según el decir de muchos hombres de ciencia, ha sido una de las más fuertes de América. El alcoholismo y las enfermedades, llamadas sociales, repletan nuestros hospitales, llenan los manicomios y los hospicios y no dejan descansar a los sepultureros. ... Tenéis pues el deber de luchar a brazo partido, para que el hogar chileno sea el santuario venerado de todas las esperanzas y el fuego de los más altos ideales.

Frente a este escenario, el psicoanálisis era visto con un exagerado optimismo y con esperanza para la construcción de la utopía nacional. Esta visión empapó muchas de las declaraciones que la elite nacional realizaría al respecto, lo mismo que alimentó varias de las estrategias que se aplicaron, especialmente en el campo de la medicina social y la educación. El inconsciente era apreciado como la fuente potencial de las riquezas y, al mismo tiempo, de los más cruentos vicios para la raza chilena. Inclusive para el profesor Tancredo Pinochet (1926) los profesores autoritarios son aquellos que están dominados por los impulsos violentos que están en el inconsciente y que afectan a sus alumnos. Dice Pinochet:

Es el subconsciente, que acumula en ellos todo un pasado tenebroso de luchas bárbaras contra la naturaleza bruta y contra la furia salvaje de la fiera. Es ese acerbo ancestral, no controlado por el sentido de la realidad y de las necesidades imperiosas de la infancia, lo que, actuando en numerosos maestros de la escuela tradicional detiene al niño el amplio desarrollo de toda su plenitud, en aras de una disciplina que hoy debemos considerar anacrónica (p.67).

En este mismo sentido, la psicología infantil debía ser un recurso fundamental en la vida de los padres de la época - afirmaba el juez de menores de Santiago, Samuel Gajardo (1894-1959) - a la hora de criar a sus hijos. Para Gajardo (1937, 1949), quien fue un gran partidario del psicoanálisis difundiéndolo a modo de cursos, artículos en revistas de todo tipo e inclusive novelas, la crianza solo debía ser ejercida desde una perspectiva científica, lo que obligaba a que el Estado le entregara herramientas primero a los padres para que trataran de una manera eficaz a sus hijos e hijas. La representación social de la infancia, más específicamente la del niño, incorporó la categoría del perverso polimorfo descrita por Freud. El niño quien es un ser primitivo, quien estaba más allá de toda moral. Por lo tanto, la formación de la personalidad iba a ser una idea que circularía mucho en la época. Afirma Gajardo (1955, p.22): "Algunos autores como Lombroso y Freud, consideran al niño como un pequeño salvaje. La observación es muy cierta, pues los niños tienen cualidades manifiestamente antisociales que los conducen a la mentira, la simulación, el hurto, el robo, las agresiones, la crueldad; actos que en el adulto constituirían graves delitos". Gajardo, además, se dedicó a promover la educación sexual como un elemento altamente necesario a nivel social, siendo reconocido como experto en la materia. Sus afirmaciones explicitaban la necesidad de reconocer la sexualidad infantil como elemento para ser trabajado dentro del proceso civilizador y por ello fomentaba que los niños recibieran instrucción de acuerdo al ciclo vital en que se encontraran.

Gajardo, junto con un equipo médico, participó de los llamados Centros de Educación Familiar, estrategia del Departamento de Higiene Social, los cuales implementaron cursos de educación sexual a padres, profesores y médicos. Él era responsable de impartir las clases sobre la "teoría sexual de Freud" (Bahamonde, 1937). La misma opinión tenía el médico Gustavo Vila (1940) al planear su proyecto sobre el "problema asistencial de la infancia y juventud", donde manifestaba la necesidad que los padres y profesores recibieran orientación educativa para que el niño neurótico fuera ayudado por un profesor que supiese psicología infantil, neuropsiquiatría y psicoanálisis.

En este mismo sentido, el médico de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile, Carlos Nassar Gattar - quien sería uno de los baluartes en la creación del Instituto de Psicología de la Universidad de Chile -, al realizar un recuento sobre el estado actual de la psiquiatría infantil, afirmaba que los hallazgos del psicoanálisis se habían recibido más y mejor en ese campo que en psiquiatría general. Reflejo de esto fue la visita que Telma Reca - pionera de la psiquiatría infantil dinámica en Argentina - realizó a Chile donde concedió cinco charlas, siendo nombrada miembro honoraria de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía en septiembre de 1946 (Nassar, 1946).

La ignorancia frente a los temas sexuales, los que incluían la reproducción, los problemas de los órganos genitales y las enfermedades venéreas y sus formas de contagio, estaba representada en todas las capas sociales y afectaba no sólo a los niños, sino que también a sus padres. Como lo muestra Mauro Vallejo (2008), Freud y los miembros de la Sociedad Psicoanalítica de Viena ya habían discutido el papel del develamiento sexual en la infancia y sus posibles efectos pedagógicos. Así, para la mayoría de los autores de la época, la batalla contra las enfermedades venéreas, por ejemplo, debía consistir en dos grandes tipos de estrategias: una lucha directa (medios curativos) y otra indirecta (medios preventivos). Dentro de los primeros se encontraban la multiplicación de los centros de tratamiento, la gratuidad y obligatoriedad del mismo, la identificación precisa de los enfermos a través de un certificado de sanidad y la génesis de un centro de estadísticas. Por otro lado, los medios preventivos buscaban crear conciencia de problema y de solución en todas las clases sociales. Así, la educación sexual a los niños, jóvenes y adultos fue la herramienta por excelencia para superar de una vez por todas "la conspiración del silencio y los prejuicios de las enfermedades vergonzosas" (Banderas Bianchi, 1935, p.531). El aporte de Freud, según el psiquiatra Manuel Francisco Beca (1940), fue el reconocimiento del potencial instintivo en el niño y la necesidad correspondiente de educarlo a fin de llevar esos impulsos a fines superiores. Con esto se suponía que los futuros hombres y mujeres tendrían una conducta sexual más responsable, disminuyendo significativamente las probabilidades de contagios venéreos, embarazos no deseados y conductas sexuales arriesgadas.

Se impulsó, en consecuencia, la noción que estas ideas debían pertenecer al acervo de conocimientos que la población tenía que poseer. La sexualidad instintiva - o pulsional, si se quiere - era reconocida como uno de los motores más importantes de la conducta y de ella se podían derivar las cosas más nefastas como las obras más sublimes (Bahamonde, 1937). Waldemar Coutss (1930), médico con una activa participación en la creación del Instituto de Criminología, que funcionaba dentro de la Penitenciaría de Santiago y que tenía la misión de estudiar las "particularidades del delincuente chileno", llegó a afirmar, con el apoyo de Samuel Gajardo, que la sexualidad era uno de las causales centrales en la mayoría de los crímenes, presentándose de manera explícita o velada.

Por ello, la sublimación se presentó como un mecanismo fundamental para construir la sociedad humana, llevando a los individuos a la supuesta normalidad. La capacidad de transformación psíquica de las fuerzas del inconsciente, del ello hacia productos más elevados (como el arte, la religión, el trabajo y el deporte), hizo que este mecanismo fuera uno de los más atractivos para los agentes locales y que se destacara como la piedra angular de la lectura del psicoanálisis en Chile. Esta época, desde lo político, se reforzaba la idea de que la educación era la piedra angular para la superación social. La consiga del gobierno del presidente radical, Pedro Aguirre Cerda (1938), era "gobernar es educar", lo que se podría precisar desde esta mirada, "gobernar es educar las pulsiones". La fuerza pulsional era un torrente que debía ser dominado y sólo así se podían cambiar las cosas. Lo afirmaba también el radical, masón y jefe de campaña del Frente Popular - coalición de partidos de izquierda que apoyó a Aguirre Cerda para llegar al poder - Héctor Arancibia Laso, quien ocuparía cargos ministeriales y legislativos:

Ahora bien, la actitud de quien procede a cambiar las cosas desde sus fundamentos no es la resultante de la influencia de una tesis, más o menos industriosa sobre su entendimiento, sino más bien la resultante de una propensión innata del espíritu. De ordinario, se quiere el cambio, es claro, porque se le justifica con algún razonamiento; pero, primordialmente, se le quiere para satisfacer cierto instinto de superación que viene desde el fondo mismo del subconsciente (Arancibia, 1937, p.5).

Quiero destacar que un cambio que se implantó a partir de las ideas psicoanalíticas es que todos los individuos tenían un inconsciente, por lo que la presencia de un componente peligroso ya no residía exclusivamente en algún tipo de personas con ciertas características, como era el caso del criminal nato, por ejemplo, que tenía antecedentes familiares comprometedores. Esta era una especie de "democratización del mal" donde todos "potencialmente" podrían llegar a ser criminales o viciosos si es que se privaban de la acción benéfica y transformadora de la educación. El psicoanálisis era visto como una salida ante lo que Fernández (2009) llama "el fantasma de la degeneración", y el determinismo lo que generaba hasta ese momento hondos sentimientos de decaimiento y pesimismo.

Por su parte, Juan Marín - médico, escritor, poeta y diplomático y gran difusor de las ideas freudianas a través de distintas obras (Swain, 1971) - señalaba:

En la cumbre de esta escala aparece la razón humana capaz de sublimar los impulsos ancestrales - a lo Freud - o de elevarse sobre los planes inferiores de la propia personalidad mediante un proceso que la psicología contemporánea tiene ya perfectamente esclarecido. Uno de los méritos del ilustre psiquiatra vienés es el haber demostrado que el alma es capaz de perfeccionarse y experimentar modificaciones positivas (Marín, 1937, p.14).

Marín (1938, p.41) visualizaba al psicoanálisis emparentado con la higiene mental quien, en sus propias palabras, permitía "imaginar una humanidad sin locos, ni neuróticos". Este médico fue un gran partidario de los conceptos freudianos para reconceptualizar el papel de la mujer y sus derechos sobre sí misma al participar, junto con otros médicos, en el llamado grupo vanguardia médica, quienes solicitaban al gobierno, en el año 1936, legalizar el aborto a causa del gran número de abortos clandestinos (Del Campo, 2008). Estos procedimientos causaban muertes y graves secuelas a las mujeres que se los practicaban, evidenciando una desregulación y enajenación de sus propios cuerpos a título de su desconocimiento de medidas preventivas de embarazos no deseados. Estos, muchas veces, llenaban las casas de hijos e hijas y no contaban con las condiciones higiénicas adecuadas para desarrollarse, aumentando considerablemente las cifras de mortalidad infantil. Marín, inspirado en las obras de Bertrand Russel y Sigmund Freud, llama a la necesidad de implantar una "nueva moral sexual" que le permitiera a la mujer ejercer su sexualidad en pleno derecho y propiedad, pudiendo educarse sexualmente y abortar si lo desease. Para este médico, Chile debía seguir el ejemplo de Rusia donde el Estado había instalado clínicas abortivas para las mujeres que deseasen interrumpir su embarazo en un ambiente médico de primer nivel. Por aquella época, Marín escribirá uno de los pocos libros insignes dedicados exclusivamente al psicoanálisis, titulado Ensayos freudianos (1938). Este trabajo reunía una serie de escritos de variadas temáticas que apoyados en un marco referencial psicoanalítico abordaban y explicaban al público los fenómenos propios de los movimientos históricos, médicos y artísticos. Declaraba Marín (1938, p.35): "Hemos querido reunir en este libro algunos trabajos dispersos sobre temas médicos, históricos o artísticos que - en su mayoría - tienen alguna relación con el freudismo. No pretendemos ser originales sino en mínimo grado: es nuestra obra, más que nada, un intento de difusión de contenidos culturales". Visto así, el psicoanálisis no era sólo una práctica terapéutica especializada, sino que era entendida como una grilla interpretativa para comprender los diversos fenómenos culturales. Por tal motivo, era urgente que el amplio público chileno pudiera acceder a este saber.

Finalmente y reflejo de este ánimo, las obras de Freud fueron publicadas por varias editoriales nacionales - aparte de la traducción de Luis López Ballesteros de las Obras completas, de manera masiva a partir del año 1922, con varias reediciones y a bajo costo - para garantizar un acceso fácil - en sellos como Zig-Zag, Pax, Ercilla, Prometeo y Cultura. Varias de estas editoriales expresaban el deseo de impartir las ideas de Freud como un ejemplo de obras que aportarían a la educación sexual "científica" de la población.

Del mismo modo que en otros países de Latinoamérica (Plotkin, 2003), se editó en Chile la colección llamada "Freud para todos", del doctor J. Gómez Nerea, seudónimo del poeta peruano Alberto Hidalgo Lobato, ejemplificando el estatus de este tipo de obras en el medio local. Su promoción respondía al valor que el conocimiento científico - campo al que pertenecían las ideas psicoanalíticas - tuvo en esa época como "luz" para despejar la "oscuridad" que invadía al vulgo, lleno de prejuicio y dogmas.

AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer el apoyo en este trabajo de mi colega Jorge Olagaray Otero (fallecido en 2010), de mi colega y amigo Javier Caro Valdés, de mi tutor Mariano Ben Plotkin y de mis ayudantes de investigación, Joaquín Carrasco Bahamonde y Camila Berrios Molina.

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Received: March 2013; Accepted: June 2013

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