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História, Ciências, Saúde-Manguinhos

Print version ISSN 0104-5970On-line version ISSN 1678-4758

Hist. cienc. saude-Manguinhos vol.23 no.4 Rio de Janeiro Oct./Dec. 2016  Epub Jan 26, 2016

http://dx.doi.org/10.1590/s0104-59702016005000005 

ANÁLISE

Un enigma llamado Agostino Gemelli: catolicismo, fascismo y psicoanálisis en la Italia de entreguerras

An enigma named Agostino Gemelli: Catholicism, fascism and psychoanalysis in Italy during the inter-war period

Mauro Pasqualini1 

1Investigador asistente, Centro de Investigaciones Sociales/ Instituto de Desarrollo Económico y Social/Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Calle Gascon 1744, 7A 1414 – Buenos Aires – Argentina. mpasqu2@gmail.com


Resumen

El padre franciscano Agostino Gemelli jugó importante rol en la articulación entre el mundo católico y el fascismo en la Italia de entreguerras. Gemelli fue también una figura central de la psicología italiana, especialmente durante las décadas de 1930 y 1940. El artículo enfoca sus estrategias de construcción profesional, con especial atención, la manera en que su vinculación con el poder político y eclesiástico permitió su creciente relevancia dentro de la psicología italiana. Tomando como ejemplo la vinculación de Gemelli con el psicoanálisis, se subraya la tensión entre su relativa apertura y su compromiso con ideologías e instituciones autoritarias y dogmáticas.

Palabras-clave: Agostino Gemelli (1878-1959); catolicismo y psicología; fascismo y psicología; historia del psicoanálisis en Italia; historia de la psicología en Italia

Abstract

The Franciscan friar Agostino Gemelli has been the subject of much research and debate. This is due to his important political profile and, above all, to the role he played in mediating between the Catholic world and fascism in Italy during the inter-war period. Gemelli was also a central figure in Italian psychology, especially during the 1930s and 1940s. This article is structured to focus in particular on the way that his connections with political and ecclesiastic powers allowed him to become increasingly significant within Italian psychology. Using the example of Gemelli’s relationship with psychoanalysis, this study highlights the tension between his relatively open-minded stance and his links to authoritarian, dogmatic ideologies and institutions.

Key words: Agostino Gemelli (1878-1959); Catholicism and psychology; fascism and psychology; history of psychoanalysis in Italy; history of psychology in Italy

Desde hace algunas décadas, existe un creciente interés por la historia de la psicología en Italia (Cimino, Dazzi, 1980, 1998; Marhaba, 1981; Mecacci, 1996, 2011). Esto ha permitido que salgan a la luz personalidades y experiencias que muestran las particularidades del desarrollo de la psicología en dicho país. Ejemplo de esto es el caso del padre franciscano Agostino Gemelli (1878-1959), quien fue una de las figuras centrales de la psicología italiana durante la primera mitad del siglo XX. De sólida formación científica y con estudios en medicina, psiquiatría, psicología y filosofía, Gemelli también protagonizó una ascendente carrera en la Iglesia católica. Al mismo tiempo, sus contactos con el mundo político lo situaron como un importante interlocutor del régimen fascista, a quien supo cortejar y extraerle importantes beneficios para sus emprendimientos académicos y profesionales. Su prestigio en el mundo científico y su capacidad de vinculación con el mundo eclesiástico y político lo convirtieron, entonces, en un poderoso protector y constructor de la psicología en Italia.

Existen múltiples estudios y abordajes sobre Gemelli, muchos de los cuales trascienden la historia de la psicología. A la hora de resumir su figura en pocas palabras, sin embargo, existen diferencias. Los trabajos más acabados y recientes sobre Gemelli buscan evaluar la manera en que combinó convicción y pragmatismo a la hora de vincularse con el poder político. De esta forma, un trabajo ya clásico define a Gemelli como un “clérico-fascista”, abocado a enfatizar la complementariedad entre el catolicismo y el régimen (Cosmacini, 1985, p.213). Si bien esto habla a las claras de su situación como figura importante en el acuerdo entre fascismo e Iglesia, un cuadro más completo merece enfatizar dos aspectos importantes. En primer lugar, que la lealtad principal de Gemelli fue siempre con la Iglesia, y que sus simpatías con el fascismo estaban subordinadas a la protección de los intereses del Vaticano. En segundo lugar, que Gemelli mantuvo siempre una posición modernizante dentro del espectro católico, interesado en conciliar ciencia y fe y tratando de combinar los principios del catolicismo con las necesidades del mundo moderno (Bocci, 2003; Hammond, 2010; De Grazia, 1992, p.10-11, 218). Esto se aplica especialmente a su papel en el mundo de la psicología, en donde se subraya que el dogmatismo y estrechez de sus posicionamientos ideológicos no le impidieron realizar aportes válidos al campo, tanto por su capacidad para interceder ante el gobierno en favor de la profesión, por haber estimulado el interés del mundo católico hacia la psicología o por sus contribuciones a la psicología aplicada (Marhaba, 1981, p.50-55, 94-95, 143-145; Mecacci, 1996, p.25-31, 37-51; Foschi, Giannone, Giuliani, 2013).

Las múltiples interpretaciones de la figura de Gemelli sugieren que el padre franciscano fue ciertamente una figura enigmática. De hecho, al repasar su trayectoria, los estudios resaltan dos tipos de tensiones. Una concierne a las orientaciones de sus acciones y decisiones, en donde nunca está claro si la motivación radica en convicciones o en un inescrupuloso oportunismo. En segundo lugar, nunca está clara su relación con la modernidad, puesto que su perfil a veces se nos sugiere como el de un dogmático tradicionalista y otras, como el de un modernizador cientificista. En las siguientes páginas, por consiguiente, trataremos de adoptar una perspectiva que contribuya a descifrar el “enigma Gemelli”. Nos centraremos para ello en el rol de Gemelli como un actor central en la construcción de la psicología en Italia; tarea que implicó una combinación de iniciativas propiamente académicas con otras de carácter político e ideológico. Este enfoque nos permite percibir los distintos factores que influyeron en muchas de sus decisiones y elecciones teóricas y rescatar la complejidad de una figura que mantuvo alianzas con los poderes más autoritarios de la entreguerras, a la par que buscaba integrar ciertas innovaciones en el mundo de la psicología.

Gemelli fue de hecho activo y eficiente para renovar la psicología italiana, incorporando los desarrollos más recientes en otros países y destacando el rol aplicado de la disciplina por sobre las tradiciones que la reducían a los estudios de laboratorio. Sin embargo, esta tarea de renovación y de búsqueda de reconocimiento fue de la mano de un profundo involucramiento con el andamiaje político-institucional de la Italia de entreguerras. La generación de oportunidades profesionales para los psicólogos estuvo entonces relacionada con la prestación de servicios para el ejército, el establecimiento de relaciones cercanas con importantes dirigentes fascistas o la búsqueda de preminencia dentro del mundo católico. En situaciones extremas, Gemelli se relacionó incluso con importantes dirigentes nazis, de quienes copió algunas estrategias para ganar apoyo para sus iniciativas. Los proble- mas de esta modalidad de desarrollo profesional no son difíciles de percibir: los logros en materia de oportunidades profesionales fueron a costa de alianzas o compromisos con poderes, instituciones e ideologías que limitaban poderosamente el pluralismo, la apertura y la autonomía de la disciplina.

En las siguientes secciones enfocaremos distintos aspectos que sostienen esta imagen de Gemellicomo un importante, hábil e inescrupuloso arquitecto de la psicología italiana. En primer lugar, se desplegará un mapa general de la psicología en Italia durante los años del fascismo. Allí se buscará enfatizar los importantes obstáculos para el desarrollo de la disciplina, especialmente con relación a sus posibilidades institucionales. En segundo lugar, nos centraremos en la figura de Gemelli y sus estrategias de construcción profesional. Para ilustrar esto más concretamente enfocaremos en la reacciones de Gemelli ante el desarrollo del psicoanálisis. Si bien este es un tema frecuentemente abordado (David, 1990; Colombo, 2003; Desmazières, 2011), el estudiar este tópico en particular nos permitirá contribuir a los estudios ya existentes, además de apreciar más acabadamente algunos rasgos importantes de Gemelli. Especialmente, la constante tensión entre la necesidad de mantener una actitud de apertura hacia nuevos orientaciones teóricas y disciplinarias, sus prejuicios y su dogmatismo, y su vinculación con el poder político y eclesiástico en una época de creciente autoritarismo.

La psicología italiana bajo el fascismo

¿Cuál fue la relación entre el fascismo y la psicología italiana? Si bien una respuesta completa a este interrogante implicaría un abordaje de múltiples aspectos, en términos generales se podría plantear que durante los años del régimen, la psicología italiana sufrió de una constante limitación de oportunidades y posibilidades profesionales. La reforma educativa emprendida en 1923 por el primer ministro de educación del fascismo, Giovanni Gentile, ofrece un ejemplo importante de esto. Los historiadores de la psicología italiana, de hecho, se han referido con insistencia a las consecuencias negativas de la reforma para el campo (Marhaba, 1981, p.44-54; Mecacci, 1996, p.16-17; Cimino, 1998, p.42-43). La medida más clara en este sentido fue eliminación de la enseñanza de la psicología en la escuela media, lo cual fue un duro golpe para los psicólogos, que perdieron puestos de trabajo en la educación secundaria. Por otra parte, el cambio era indicativo del espíritu general de la reforma, que desacreditaba disciplinas prácticas y emergentes, en favor de otros más tradicionales. Se presentó así una fuerte división entre el estudio de temas clásicos y tradicionales, que fueron vistos como cuestiones más elevadas y que conducían a la educación superior, y los más técnicos o científicos, que se consideraron de menor prestigio. La filosofía y el aprendizaje del griego y latín, por ejemplo, tuvieron prioridad sobre temas como la economía, las lenguas modernas o la psicología (De Grand, 1978, p.175-216; Koon, 1985, p.33-59).

Uno de los aspectos más problemáticos de esta mentalidad fue que la misma no era una exclusividad del fascismo, y de hecho era compartida por muchos intelectuales y pedagogos de la época, incluso por muchos antifascistas (De Grand, 1978). Esto también explica por qué las facultades universitarias donde se habían abierto cátedras de psicología en los años anteriores no las renovaron, con excepción de la Universidad de Roma (Marhaba, 1981, p.48-50). Estudiantes y profesores orientados a las humanidades no estaban interesados en la defensa de cursos que habían sido creados como forma de expandir la formación de los psiquiatras de preguerra y que aparecían ante ellos como sospechosas de positivismo. Esta concepción dejó a la psicología con un anclaje muy débil en el sistema universitario.

Mientras que la psicología desapareció de la escuela media y de las facultades de filosofía y letras debido a la influencia del idealismo, entre los psiquiatras su relegamiento se debió a razones opuestas: la profundización del perfil organicista. Durante la década de 1920, de hecho, los cursos de psiquiatría tuvieron una orientación fuertemente neurológica, lo cual se evidenció con la reducción de cursos y horas dedicados a la psicología clínica (Babini, 2009, p.66-67; Guarnieri, 1998, p.596-597).1 De esta forma, hasta finales de la década de 1930, cuando una nueva reforma de la educación volvió a introducir la enseñanza de la psicología entre los futuros médicos, los estudiantes de psiquiatría italianos tenían conocimientos muy básicos sobre psicopatología. Lo paradójico de esta situación fue que esta reducción de horas en la especialización de los psiquiatras se daba en un momento en que la ocupación de los mismos aumentaba.

Los años fascistas, de hecho, fueron testigos de un incremento sostenido de la población de los manicomios: de sesenta mil pacientes en 1926, se pasó a 96 mil en 1941 (Peloso, 2008, p.34). Si bien no existen datos sobre el desarrollo de la cantidad de psiquiatras durante este mismo período, sí se sabe que en 1926 la relación médico/paciente era de 138 pacientes por médico en los manicomios estatales (Istat, 1928, p.106). Esto sugiere una situación en que un personal psiquiátrico, con escasa especialización en psicopatología, debía hacerse cargo de una cantidad desbordante de pacientes a los que no podía (ni sabía) someter a psicoterapias intensas y prolongadas y, probablemente, tampoco encontrar las condiciones adecuadas para investigar técnicas psicoterapéuticas novedosas. Aunque no está claro cómo el fascismo influyó en este proceso, es probable que su responsabilidad sea directa. El fascismo enfatizó la vinculación entre enfermedad mental y peligrosidad social, sancionando legislación que equiparaba al enfermo mental con el delincuente. Esta concepción reforzó al manicomio como una institución orientada a la custodia de una población problemática más que a la terapia y cura de la misma (Babini, 2009, p.94-95; Canosa, 1977, p.154-166).

A pesar de estos reveses, existió durante la década de los años 1920 y 1930 un desarrollo de la psicología italiana en sus distintas modalidades. Un ejemplo de esto tuvo lugar en la Universidad de Padua, donde el psicólogo Vittorio Benussi (1878-1927) y sus asistentes buscaron integrar las escuelas más recientes dentro del marco de la psicología experimental italiana (Sinatra, 1998). Estos fueron también los años en que el psicoanálisis en Italia comenzó a dar sus primeros pasos en torno a un reducido pero activo grupo de pioneros conformado al margen del sistema universitario o de las instituciones oficiales de salud mental. Liderado por el neurólogo triestino Edoardo Weiss (quien había estudiado medicina en Viena y mantuvo relaciones directas con Freud), un círculo de médicos, psiquiatras y psicólogos comenzó a reunirse en forma periódica para publicar la Rivista Italiana di Psicoanalisi, y organizar la Società Italiana di Psicoanalisi (SIP). A pesar de estos avances, los límites para el psicoanálisis dentro de la Italia fascista eran claros. En 1934, la Rivista Italiana di Psicoanalisi debió cesar debido a la censura establecida por el gobierno, aparentemente por causa de presiones de grupos católicos. Si bien esto no terminó con todas las actividades de la SIP, fue un golpe importante para limitar sus operaciones. De hecho, fue recién con las leyes raciales, establecidas a mediados de 1938, cuando el psicoanálisis italiano sufrió su golpe de gracia. Muchos psicoanalistas judíos debieron emigrar o perdieron sus cargos universitarios y profesionales, aparte de la posibilidad de publicar obras de todo tipo. Italia perdió así la pequeña cultura psicoanalítica que se había establecido en los años previos (Accerboni, 1988; David, 1990; Mecacci, 1996, p.12-22; Pasqualini, 2012, p.7-34). Esto agrega un ejemplo más de los múltiples problemas y obstáculos al desarrollo de la psicología y las ciencias de la salud mental en la Italia de entreguerras.

Padre Agostino Gemelli: catolicismo y poder en la Italia fascista

El futuro padre Agostino Gemelli nació como Edoardo Gemelli en el seno de una familia de clase media laica. Sus estudios universitarios fueron en fisiología en la Universidad de Pavía, donde trabajó con Camillo Golgi, un prestigioso investigador y futuro premio Nobel de medicina. Esos fueron también los años en que Gemelli se destacó como un comprometido y activo militante socialista, elección que combinaba sus preferencias políticas con el positivismo entonces de moda. Después de una profunda crisis espiritual a comienzos de siglo, sin embargo, Gemelli se convirtió al catolicismo, rechazó sus lealtades ideológicas y filosóficas anteriores y se ordenó como sacerdote. Esta elección coincidió con su vuelco hacia la psicología como su principal interés profesional. Tras iniciar sus estudios con Federico Kiesow (un discípulo de Wundt radicado en Turín), Gemelli recorrió las principales clínicas y laboratorios de la época, conociendo así a personalidades como Emil Kraepelin o Pierre Janet, pero sobre todo a Oswald Külpe, quien fue la principal influencia para Gemelli (Cosmacini, 1985, p.46-47, 102-130; Maiocchi, 2000, p.150-169).

La conversión de Gemelli al catolicismo reveló su perfil de ambicioso y talentoso organizador institucional. Aunque en un principio ejerció la mayor parte de su militancia intelectual y cultural a través de publicaciones creadas por él, como la Rivista di Filosofia Neo-scolastica (en 1909) y Vita e Pensiero (en 1918), su principal salto hacia la relevancia social se produjo en 1921, cuando Gemelli creó una universidad privada católica en Milán, una de las pocas en Italia fuera del sistema estatal. La Università Cattolica del Sacro Cuore (Universidad Católica del Sagrado Corazón) de Gemelli se convirtió en un bastión fundamental para la configuración de una clase dirigente católica y para iniciar un movimiento de “reconquista” de relevancia cultural por parte de los católicos. Esta iniciativa iba de la mano con la adopción, por parte de Gemelli, de la filosofía neo-escolástica, una corriente de pensamiento impulsada por el cardenal y rector de la Universidad Católica de Lovaina, Desiderio Mercier, que buscaba combinar la fe con la ciencia, aparte de impulsar el papel de los católicos en la vida cultural, los asuntos académicos y la política. Sus distintas iniciativas dotaron a Gemelli de un importante reconocimiento dentro del mundo católico, sobre todo cuando el papa Pío XI lo nombró presidente de la recientemente creada Academia Pontificia de las Ciencias, en 1937 (Mangoni, 1986; Miccoli, 2004; Cosmacini, 1985, p.102-120).

Además de su importante papel como organizador dentro de la cultura católica, muchos estudios sobre Gemelli se centran en las alianzas que estableció con el fascismo durante los años de entreguerras. En muchos discursos y declaraciones, especialmente a lo largo de los años de la década de 1930, Gemelli hizo evidente sus elogios a Mussolini y el fascismo como protectores del catolicismo en Italia. Más aun, el principal interlocutor de Gemelli dentro del régimen fue uno de los jerarcas más fanáticos del fascismo: Roberto Farinacci, cuyo antisemitismo fue conspicuo, incluso antes de que el régimen adoptara leyes en ese sentido. El apoyo de Gemelli hacia el régimen surgía de hecho de una mezcla de convicciones y oportunismo. Por un lado, Gemelli compartía el desprecio del fascismo por el liberalismo, el socialismo y el marxismo; simpatizaba con su intenso nacionalismo, adhería a los planteos corporativistas y profesaba nociones patriarcales de familia. Esto se puede apreciar en las reacciones de Gemelli frente a la Guerra Civil Española, episodio que incrementó visiblemente su alarmismo anticomunista, que lo llevó a celebrar la participación italiana contra los republicanos. Su apoyo al régimen como instrumento del catolicismo se evidencia también en su adhesión a la invasión de Etiopía y las políticas imperialistas del régimen, a las que celebró como una acción evangelizadora (Bocci, 2003, p.22-23; Cosmacini, 1985, p.213-234; Miccoli, 2004).

Si bien todos estos elementos lo empujaban a apoyar al fascismo, no es menos cierto que la vinculación de Gemelli con el poder político tuvo un objetivo claro: la defensa de los intereses de la Iglesia católica y de su universidad. Tenía muchas cosas que agradecer al fascismo en ese sentido. La reforma educativa de Gentile había reconocido a la Universidad del Sacro Cuore como una institución oficial, permitiéndole otorgar títulos reconocidos por el Estado. Más aún, la misma reforma había introducido la enseñanza religiosa en las escuelas. Más tarde, en el Concordato de 1929 entre el régimen fascista y el Vaticano (un acuerdo que fue cru- cial en la elaboración de los problemas no resueltos entre el Estado y la Iglesia) la Universidad Católica fue mencionada específicamente en una de sus cláusulas, en la que se le concedía autonomía del poder político (Cosmacini, 1985, p.183-186; Miccoli, 2004).

El apoyo al régimen por parte de Gemelli fue lo suficientemente visible para ponerlo en problemas después de 1945, cuando las autoridades aliadas, ocupando Italia, lo incluyeron en la lista de personas para purgar de la universidad.2 Esto provocó una momentánea pérdida de su cargo como rector de su universidad. A pesar de este traspié, Gemelli se las arregló para volver a su posición de influencia poco después. Esto fue claramente resultado de su política de contactos y alianzas que le permitió forjar una red protectora, incluso en los momentos más difíciles. También podemos relacionar este episodio con la actitud generalmente benigna con la que las autoridades pos-fascistas trataron a aquellas figuras que habían estado comprometidas con el régimen (Palmer Domenico, 1992; Israel, Nastasi, 1998, p.353-362). Pero junto con todos estos factores, su absolución también nos habla de que, a pesar de su posición de influencia, Gemelli supo mantener una distancia prudencial con respecto a algunas de las iniciativas del fascismo, así como desarrollar una habilidad especial para el doble juego.

Un caso concreto de esto es la manera en que Gemelli reaccionó a la política racista implementada por el régimen a partir de 1938. Aquí el fraile franciscano debió enfrentar una doble presión: por un lado, la del régimen, que buscaba la adhesión de Gemelli a sus políticas de “defensa de la raza”. Por otro lado, la del Vaticano, que discrepaba con el racismo implementado por el fascismo a partir de 1938 (Maiocchi, 2000). Gemelli atravesó esta situación manteniendo una línea doctrinaria clara, a la que matizó con oportunos acomodamientos. Por un lado, rechazó firmar el “Manifiesto de la raza” que buscó delinear la política racista del régimen y que fue avalado por otros científicos influyentes de la época. De la misma manera, mantuvo su distancia con principios racistas que él consideraba opues-tos a la doctrina católica (algo que ya había dejado claro años antes, en sus escritos sobre eugenesia). Sin embargo, esto no le impidió relacionarse con algunos de los principales ideólogos racistas del régimen, con quienes buscó mantener buenos vínculos, especialmente en los momentos en que estos gozaban del favor del poder (Israel, Nastasi, 1998, p.141-143; Gillette, 2002, p.68). De la misma manera, el rechazo del racismo por parte de Gemelli no evitó que en momentos claves pronunciara discursos claramente antisemitas o que sus revistas publicaran autores y concepciones de esa índole. Si bien estos estaban sostenidos en tradiciones católicas antes que en principios racistas, no dejaron de ser entendidos como guiños favorables a la legislación fascista al respecto. A pesar de esto, en momentos de dificultad, Gemelli desarrolló un rol protector de muchos profesionales y allegados judíos que perdieron sus trabajos o debieron emigrar (Maiocchi, 2000; Cosmacini, 1985, p.237; Bocci, 2003, p.417-520). Todo esto nos habla, ciertamente, de la complejidad del personaje Gemelli, retratándonos una figura que supo apoyar algunos aspectos del régimen y extraer beneficios importantes del mismo, pero siempre manteniendo una prudencial distancia que le permitió sobrevivir a su caída.

La manera en que Gemelli se relacionó con el poder político es un rasgo central de su figura. Su papel destacado en el campo de la psicología es otro de sus elementos definitorios. Sus habilidades en la obtención de favores por parte del Estado, la Iglesia y las elites allanó el camino a muchas oportunidades profesionales. Durante la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, Gemelli se convirtió en un consultor para el mando supremo de las Fuerzas Armadas. Sus esfuerzos se centraron entonces en el uso de la psicología para reforzar la obediencia de las tropas, aparte de administrar las pruebas para la selección de pilotos de la Fuerza Aérea, lo cual lo convierte en uno de los pioneros en el área de selección de personal en Italia (Cosmacini, 1985, p.155-157). Su posición en el mundo de la psicología italiana aumentó aún más después de 1924. Precisamente en el momento en que se estaba eliminando la enseñanza de la psicología en las escuelas y universidades, Gemelli fue nombrado profesor pleno (professore ordinario) de psicología experimental, así como el director del laboratorio de psicología en su propia universidad (Marhaba, 1981, p.50-52). Esto le permitió afianzarse como una figura de peso en la psicología italiana. Su nueva posición institucional le permitió impartir clases, formar discípulos, y consolidar líneas de investigación cuyos resultados podía publicar en las revistas creadas y dirigidas por él mismo. Las tareas desarrolladas en esas condiciones parecen haber sido efectivas en afianzar su carrera. Aparte de ser un pilar de la psicología italiana, Gemelli fue de hecho uno de los pocos psicólogos italianos con reconocimiento internacional (Dagfal, 2009, p.194-198; Boring, 1952, p.97-121).

Hábil para detectar líneas efectivas de construcción de la profesión, Gemelli se concentró en la psicología aplicada. Su interés consistía en el desarrollo de la psicología industrial y laboral, en las técnicas de selección de personal, en la orientación vocacional, así como en el estudio de las formas de mejorar la productividad en las fábricas (Cosmacini, 1985, p.219-225; Mecacci, 1996, p.27-30; Vito, 1959, p.387-392). La estrategia resultó eficaz para ganar cierto reconocimiento a la utilidad de la psicología, y así recuperar parte del terreno perdido en los últimos años. Los logros, sin embargo, no fueron inmediatos. Una primera victoria ocurrió en 1935, cuando, a instancias de Gemelli, el nuevo ministro de educación nacional, Cesare De Vechi, impuso la materia de “psicología experimental” como materia complementaria en las carreras de medicina, pedagogía, jurisprudencia y filosofía. Un éxito todavía más importante ocurrió en 1939, cuando Gemelli convenció al gobierno de crear un Comité para la Aplicación de la Psicología en el Consiglio Nazionale delle Ricerche (Consejo Nacional de Investigación, CNR), el instituto patrocinado por el Estado italiano para la financiación de la investigación en ciencia y tecnología. Cuando Italia entró en la guerra del año siguiente, el Comité desempeñó un papel central en la selección de soldados para el ejército. Finalmente, el tercer paso adelante se produjo en 1941, cuando Gemelli presentó planes para crear programas de postgrado especializados en psicología en algunas universidades italianas. Bajo su liderazgo, y en base a su énfasis en la psicología aplicada y a sus relaciones con el gobierno, los psicólogos italianos (empezando por el propio Gemelli) obtuvieron nuevas oportunidades laborales y profesionales (Marhaba, 1981, p.51-55; Mecacci, 1996, p.38-39, 2011, p.693-695). Si bien estos logros fueron modestos y tardíos, permitieron revertir una tendencia de ininterrumpidos reveses institucionales.

Gemelli y el psicoanálisis

Debido a su situación estratégica en la construcción de la profesión de la psicología en los años de entreguerras, Gemelli jugó un papel complejo en la historia del psicoanálisis en Italia. La relación entre Gemelli y el psicoanálisis, de hecho, confirma una vez más lo enigmático de su figura. Prueba de ello es la variedad de interpretaciones que distintos historiadores y testigos han arrojado sobre la relación entre Gemelli y la influencia freudiana. Para algunos, por ejemplo, Gemelli actuó como una especie de verdugo del naciente movimiento psicoanalítico italiano. La razón es que, según algunas versiones, habría sido él el responsable de la censura a la Rivista Italiana di Psicoanalisi que, como se mencionó más arriba, el régimen de Mussolini instaló debido a presiones de la Iglesia. En esta misma línea, algunos historiadores vinculan el antifreudianismo de Gemelli con su antisemitismo, puesto que el fraile franciscano asociaría el psicoanálisis con la negativa influencia cultural del judaísmo (Accerboni, 1988, p.228-229; Cosmacini, 1985, p.234-235; Zaretsky, 2004, p.183; Colombo, 2003).

Una imagen más matizada del rol del Gemelli nos la ofrece el principal historiador del psicoanálisis en Italia, Michel David. De acuerdo con este investigador, Gemelli fue “tendencialmente antifreudiano”, dada sus influencias tomistas y aristotélicas que lo habrían llevado a recibir la obra de Freud como fuertemente mecanicista (David, 1990, p.100-101). Sin embargo, David no considera que esta oposición teórica se haya manifestado en el plano práctico e institucional de manera directa. Más precisamente, para David, Gemelli sencillamente “no hizo lo suficiente” en favor del psicoanálisis. Lo sorprendente de Gemelli sería entonces que, siendo un psicólogo serio y bien posicionado institucionalmente, no se habría ocupado de contener las reacciones más oscurantistas contra el psicoanálisis en el mundo católico. David identifica en esta actitud una combinación de oportunismo e indecisión paralizante, que habría llevado a Gemelli a mantenerse renuente a un pronunciamiento más acabado y conclusivo sobre el psicoanálisis, tanto a favor como en contra (p.128-129).

Otros historiadores han planteado también que la relación de Gemelli con el psicoanálisis parece evidenciar una suerte de inhibición y una imposibilidad de elaborar debidamente una postura clara. De acuerdo al psicólogo Leonardo Ancona (1960, 1963, p.215-221, 2003, p.20-30), quien fue un discípulo de Gemelli, heredó su cátedra de psicología y buscó reconciliar psicoanálisis y catolicismo, Gemelli habría evidenciado una fuerte “ambivalencia” con respecto al psicoanálisis: si bien no podía estar totalmente a favor del mismo, tampoco podía dejar de reconocer sus méritos y contribuciones. Los estudios más recientes, por parte de Daria Colombo (2003) y Agnés Desmazieres (2011, p.9, 35-39, 61-63, 129-136), refieren también a la “ambivalencia” y a las contradicciones e incluso incoherencias de Gemelli con respecto al psicoanálisis y enfatizan lo errático de su actitud. Esto no les ha impedido reconstruir algunas líneas generales de su relación con el movimiento freudiano. En grandes rasgos, se puede concluir que existió por parte de Gemelli un espirito más receptivo durante las décadas de 1920 y 1930, para luego caer en un paulatino dogmatismo y rechazo. La cúspide de este lado negativo de su ambivalencia habría tenido lugar hacia los años de 1950, cuando Gemelli escribió condenas abiertas al psicoanálisis, considerándolo irreconciliable con el catolicismo y vinculándolo a una concepción determinista y condicionante del ser humano que impedía concebir la libertad individual.

Hay buenas razones para concluir que Gemelli se relacionó con el psicoanálisis de una manera contradictoria, incoherente o titubeante. Sin embargo, si se leen sus posicionamientos, de cierta manera, se puede detectar una línea de acción más o menos clara, al menos durante el periodo de entreguerras. Una de las claves para entender la coherencia en las posturas de Gemelli (1926, p.42, 1927, 1934, p.14, 19-20) es tener en claro que sus referencias al psicoanálisis siempre proponían una división entre considerarlo como una teoría específicamente psicológica, o como una visión del mundo. Mientras que en el primer caso el psicoanálisis era entendido como una técnica válida para la terapia de casos patológicos; en el segundo se volvía un movimiento cultural más amplio, conteniendo una suerte de filosofía dedicada a explicar el origen de la religión, la moral o la civilización en general y con aplicaciones en la antropología o la pedagogía. Esta demarcación le permitía a Gemelli rescatar al psicoanálisis como un aporte a la psicología y la psicopatología y rechazarlo, sin ambigüedades, como movimiento cultural y una concepción filosófica, algo que consideraba peligroso para la moral y la religión, dado su supuesto materialismo y el rol predominante que atribuía a la sexualidad.

Si bien Gemelli mantuvo esta distinción constante a lo largo de sus escritos, lo que parece haberse mantenido cambiante es la línea separando la parte “rescatable” de la “repudiable”. Existen textos de Gemelli (1924, 1927, 1940) en los que sugiere que lo rescatable en el psicoanálisis es realmente poco, que lo bueno que hay en el mismo ya estaba anticipado por otros autores, que incluso como teoría psicológica no dejaba de estar condicionada por un problemático materialismo y evolucionismo o incluso desaconsejar cualquier terapia psicoanalítica. En estas ocasiones, Gemelli enfatizaba el alarmismo con respecto al psicoanálisis. Como concluía en uno de sus escritos, “destructivo de la religión, a la cual niega todo valor; en el ámbito político, el psicoanálisis orienta sus esperanzas hacia el comunismo” (Gemelli, 1940, p.573). Era claro entonces que para Gemelli el psicoanálisis era algo que debía manipularse con cuidado. Era esta “peligrosidad” del psicoanálisis lo que llevaba a otra de las ideas más constantes de Gemelli: la necesidad de que el psicoanálisis no circule entre un público profano o en ámbitos literarios o artísticos. Por el contrario, el psicoanálisis debía estar en manos de médicos o expertos en psicología (Gemelli, 1924, 1940).

Se bien el alarmismo con respecto a la influencia cultural era fuerte, Gemelli reconocía méritos y aportes importantes en el psicoanálisis. Gemelli (1926, 1927, p.42, 1934, p.13-14, 1937, p.310-311) era claro en que el psicoanálisis era una de las corrientes que habían enriquecido a la psicología contemporánea, que había ayudado a sacar a la psicología de los laboratorios y a enfocar en el hombre desde un punto de vista más realista. Esto se vinculaba con que el psicoanálisis (tanto de Freud como de sus discípulos disidentes Carl Jung y Alfred Adler) enfatizaba una concepción “funcional” de la psique, lo cual le permitía estudiar los procesos más complejos de la mente sin reducirlos a sus condicionantes biológicos o sus procesos más simples y básicos (Gemelli, 1926, p.66-67, 1932, p.62, 1934, p.18-19). Se hacía de esta forma un aporte para el estudio de “la oscura vida de los instintos” y la manera en que los mismos afectaban la vida consciente (Gemelli, 1926, p.66-67). De la misma manera (Gemelli, 1934, p.13-14, 21-24) era claro que los estudios e investigaciones psicoanalíticas sobre el inconsciente eran uno de los grandes aportes a la psicología. El fraile franciscano estaba de acuerdo en que la psique era más extensa que la consciencia, y que una noción de inconsciente y la elaboración de un método para su estudio eran herramientas cruciales para expandir los horizontes de la psicología (Gemelli, 1932, p.49-63). Si bien Gemelli no ocultaba su desdén por lo que consideraba incrustaciones positivistas y materialistas de Freud (sugiriendo una preferencia por Adler o Jung), su reconocimiento era claro (Gemelli, 1934, p.13-14). Para él, una psicología avocada al estudio de la consciencia era una psicología estrecha asociada a una noción estática de la mente. El gran aporte de Freud era entonces haber contribuido a sacar a la psicología de preocupaciones y estudios demasiado limitantes.

Se podría argumentar que estos reconocimientos eran fragmentarios y demasiado introductorios, que se contradecían con los pronunciamientos negativos sobre el psicoanálisis del mismo Gemelli, y que no dieron lugar a mayores investigaciones. Sin embargo, no deberíamos ignorar algunos efectos prácticos de los posicionamientos de Gemelli. En el plano académico, por ejemplo, Gemelli nos sorprende por ser uno de los pocos psicólogos que incluían el psicoanálisis en sus cursos universitarios, tal cual revelan los programas de la época (MPI, 1925-1945). Pero más importante aún, a veces Gemelli aparecía como un tenaz defensor del psicoanálisis en sus polémicas con otras corrientes médicas y antropológicas. En conferencias públicas y en distintas publicaciones, Gemelli se erigió en un crítico tenaz de las recientes escuelas de caracterología surgidas en Alemania e Italia, que buscaban explicar el carácter humano como el resultado de la constitución física, por lo tanto, como un rasgo estático y hereditario. Se trataba de un interés en expansión dentro de la psiquiatría, la medicina social y la eugenesia, con una creciente aprobación de parte del poder político (Israel, Nastasi, 1998, p.139-143, 288-289; Gilette, 2002, p.47-49, 95-99; Cassata, 2011; Mantovani, 2004, p.228-232).

Gemelli (1930, p.185) rechazaba firmemente los postulados del constitucionalismo sobre la caracterología y, al hacerlo, no titubeaba en señalar que “la vía a seguir para construir una caracterología útil nos ha sido mostrada por Sigmund Freud”. Según esta consideración, el desarrollo de un estudio psicológico del carácter debía desentenderse de los postulados biológicos y hereditarios y centrarse en la manera en que las circunstancias de la vida de un individuo constituían su personalidad. Si bien Gemelli (p.181-186) se definía como ajeno al movimiento psicoanalítico, incluso exponía críticas al mismo, no dejaba de señalar que la perspectiva psicoanalítica (incluyendo sobre todo los aportes de Adler) permitía estudiar la formación del carácter en el marco de cómo un individuo persigue fines, procesa frustraciones y busca adaptarse en el marco de sus relaciones con otros. Gemelli no limitó este reconocimiento a su debate teórico con los constitucionalistas. Sus escritos sobre criminología, de hecho, reproducen los mismos términos. Combatiendo la influencia que la obra de Cesare Lombroso todavía ejercía sobre los criminalistas (que consideraban la delincuencia como un atavismo hereditario), Gemelli (1936, p.85-116) no dudaba en rescatar al psicoanálisis como una aproximación más psicológica y por ende con mejores perspectivas para ser aplicada al estudio del comportamiento delictivo y su corrección. Esto nos hace pensar que lejos de ser una enumeración formal de méritos en obras teóricas, las posiciones de Gemelli en la entreguerras propiciaban un mayor reconocimiento profesional al psicoanálisis, incluso en áreas que suscitaban importantes debates en la época o que implicaban la articulación entre la ciencia y el Estado.

Relaciones peligrosas

Reconstruir la manera en que Gemelli elaboró y procesó sus posicionamientos sobre el psicoanálisis nos permite ver que, en el seno de enunciados contradictorios, parece haber habido algunos elemento coherentes: división del psicoanálisis entre sus aportes a la psicología y su peligrosa influencia filosófica, cultural y política; consecuente cautela con respecto a su circulación y apropiación por el público profano; rescate del mismo frente a las posturas más biologizantes; reconocimiento de la necesidad de estudiar el inconsciente; preferencia por los discípulos disidentes de Freud. Reconstruir estos aspectos, sin embargo, son solo una parte de la historia de Gemelli y el psicoanálisis. El cuadro se completa si agregamos algunos ejemplos de la forma en que la construcción profesional de Gemelli lo llevó a establecer alianzas e involucrarse con instituciones y proyectos que contradecían las condiciones para un desarrollo profesional abierto y plural. Referir a estos ejemplos nos ayuda también a retratar las realidades de la relación entre la psicología como disciplina y el poder en el marco de la Italia de entreguerras.

Uno de estos ejemplos gira en torno a la censura de la Rivista Italiana di Psicoanalisi a fines de 1933. Tal cual mencionamos anteriormente, la censura a la Rivista fue uno de los primeros límites al desarrollo del psicoanálisis en Italia. Más aún, para algunos historiadores el rol negativo de Gemelli con respecto al psicoanálisis se relacionaría con su responsabilidad frente a este episodio. De hecho, la documentación es bastante clara en que las presiones para la censura provinieron de la Iglesia católica. Como la investigación más reciente ha demostrado (Desmazières, 2011, p.34-41), después de la segunda edición del libro de Edoardo Weiss, Elementi di psicoanalisi (1932), muchos sacerdotes italianos influyentes dentro del Santo Oficio del Vaticano se alarmaron por el auge del psicoanálisis en Italia y promovieron una condena del libro así como del psicoanálisis en general. Tras escuchar las voces más favorables a una condena, el papa Pío XI consultó entonces a Gemelli para pedirle consejo.

Desafortunadamente, no existen registros claros de la posición de Gemelli, excepto que poco después de su intervención, el gobierno fascista prohibió la revista de Weiss, mientras que el Vaticano suspendió el proceso de condena. Esta evidencia sugiere un acuerdo entre las diferentes tendencias dentro del mundo católico: el más recalcitrante contra el psicoanálisis no insistió en la condena a cambio de un lobby ante las autoridades fascistas contra el grupo de Weiss (algo que quizás también funcionó como un mensaje a los psicoanalistas en el extranjero). Si bien no está claro cuál es el papel exacto que Gemelli jugó en esta iniciativa, el episodio es un recordatorio de que a pesar de su supuesto perfil académico y científico, Gemelli participaba de un entorno cultural que no dudaba en utilizar métodos autoritarios para imponer sus puntos de vista.3

Claramente, la búsqueda de Gemelli por generar una cultura académica y científicamente plural en el seno del mundo católico de entreguerras no estaba exenta de tensiones. Algo parecido se puede decir de sus iniciativas en los años álgidos de las políticas racistas del fascismo italiano. En este caso, la fórmula de Gemelli parece haber consistido en colaborar con algunas iniciativas para sacar beneficios en favor de su disciplina y su profesión. Esto también le permitía erigirse en protector de psicólogos en apuros (Foschi, Giannone, Giuliani, 2013). Un ejemplo claro de esto es su participación como coautor del libro Antropologia e psicología (1940), junto con el psicólogo Ferrucio Banissoni y el antropólogo Guido Landra (nada menos que el redactor del “Manifiesto de la raza” que impulsó la legislación racista a partir de 1938). El libro trazaba un mapa de la psicología italiana, destacando sus múltiples escuelas, tendencias e instituciones. Lo más significativo, sin embargo, es que en el libro se mencionaban las investigaciones de Cesare Musatti, sobre el psicoanálisis, como una parte legítima del campo (Landra, Gemelli, Banissoni, 1940, p.422-424). El hecho es relevante puesto que para esa época Musatti (uno de los psicólogos más importantes y pionero del psicoanálisis en Italia) estaba siendo perseguido por su ascendencia judía. Mencionarlo en el contexto del libro parecería ser una manera de darle un apoyo oficial a sus estudios. De hecho, Gemelli se había erigido como protector de Musatti cuando fue apartado de la universidad debido a las leyes antisemitas. Iniciativas similares parecen haber tenido lugar en defensa de otros psicólogos psicoanalistas italianos judíos (Bocci, 2003, p.517-519).

Nos damos una idea más clara de las actitudes institucionales y programáticas de Gemelli hacia el psicoanálisis al centrarnos en sus estrategias de creación de la profesión durante los años 1940s. Como se ha mencionado antes, en enero de 1939 Gemelli se convirtió en el presidente del Comité para la Aplicación de la Psicología del CNR. Debido a su interés en la psicología aplicada, comenzó a colaborar en la selección de personal para el ejército, a través de un centro de psicología dirigido por Banissoni. Debido a estas posiciones de influencia, tanto Gemelli como Banissoni se convirtieron durante estos años en actores cruciales de la psicología italiana. Una de sus primeras estrategias fue la de establecer vínculos con los psicólogos alemanes, país que en el contexto de la guerra se había vuelto un aliado de la Italia de Mussolini. La cumbre de estos esfuerzos llegó en junio de 1941, cuando el CNR organizó un congreso en Roma y Milán, con el objetivo de crear lazos de amistad y cooperación mutua entre los psicólogos alemanes e italianos (Marhaba, 1981, p.95-96). Uno de los participantes más importantes del congreso fue Matthias Heinrich Göring, el primo del mariscal Herman Göring y el director de la Sociedad Alemana de Psicoterapia, institución oficial que se había convertido en la versión “aria” del psicoanálisis después de que los nazis destruyeron el movimiento psicoanalítico freudiano en Alemania (Cocks, 1997).

Durante el segundo período de sesiones del congreso, Göring explicó a los italianos que los países de habla alemana habían alojado al psicoanálisis a lo largo de muchas décadas, pero que los orígenes judíos de este movimiento lo volvieron inaceptable en la Alemania nazi. La solución pasó entonces por “purificar” el movimiento, purgando su componente judío y manteniendo sus aspectos valiosos. Por lo tanto, decidieron asimilar al psicoanálisis bajo el término más general de “psicoterapia”, expresión que así “tomó el lugar del psicoanálisis, con todas las observaciones científicas y los métodos de investigación que constituyen el alma de la verdad del movimiento psicoanalítico y que no debe perderse, ya que constituyen un método valioso en la lucha contra la neurosis” (transcripto en Pizzutti, 1941, p.766). Una vez que convencieron a las autoridades nazis que la psicoterapia era libre de sus asociaciones judías, pudieron empezar a ganar favores financieros e institucionales del gobierno y ampliar su práctica y relevancia en Alemania. La sesión en la que Göring explicó las bases de la “psicoterapia” nacional-socialista al público italiano terminó con muestras de una recepción entusiasta. Los italianos de hecho discutieron las posibilidades de aplicar la misma idea en Italia e inmediatamente se aprobó una propuesta para crear una Sociedad Italiana de Psicoterapia, cuyos estatutos fueron aparentemente escritos por Gemelli (Pizzutti, 1941, p.769).

Aunque importante en muchos sentidos, la cumbre entre los psicólogos italianos y alemanes no era un nuevo comienzo para las posiciones de Gemelli sobre el psicoanálisis ni de sus estrategias de expansión profesional. Como vimos al repasar sus ideas sobre el psicoanálisis, Gemelli se había manifestado desde temprano en favor de algún tipo de filtrado que permitiera separar la validez terapéutica de sus peligrosos efectos culturales. La forma en que el nazismo transformó el “psicoanálisis” en “psicoterapia” parece haberle dado una idea clara de cómo proceder. De hecho en los años anteriores al congreso italo-alemán, Gemelli ya había llevado a cabo iniciativas similares. En 1938, cuando el psiquiatra y psicoanalista Marco Levi Bianchini perdió su posición de director de manicomio, debido a la legislación antisemita, Gemelli tomó el control de su publicación, el Archivio Generale di Neurologia, Psichiatria e Psicoanalisi. La revista eliminó la palabra “psicoanálisis” de su título y lo reemplazó por “psicoterapia”, convirtiéndose así en el órgano oficial del CNR (David, 1990, p.104). Algo similar ocurrió durante 1941, cuando Gemelli diseñó un proyecto para la obtención de títulos de posgrado en psicología para médicos de su universidad y de la Universidad Estatal de Milán. En la búsqueda de la aprobación del Ministerio de Educación, Gemelli defendió la necesidad de profesionalizar la psicología y vincularla a los estudiantes de medicina. Su argumento era que, dado que la psicología no se enseñaba en la universidad, la psicoterapia no estaba regulada, con la consecuencia de que los psicoanalistas estaban entrenando a muchos no médicos para convertirlos en profesionales (Gemelli, 9 dic. 1941). Aunque se trataba de una exageración (ya que el psicoanálisis había sido destruido en Italia para entonces) el comentario resume lo que parece haber sido una de las principales estrategias de Gemelli en sus iniciativas para el psicoanálisis: la enseñanza de los elementos “válidos” de las teorías freudianas en un contexto institucional oficial, desalentando, por todos los medios posibles, la propagación de un movimiento psicoanalítico independiente, no regulado oficialmente y que en el contexto de la Italia nazi-fascista era considerado política y culturalmente sospechoso.

Consideraciones finales

El valor del caso Gemelli para la historia de la psicología italiana es claro. Su experiencia nos remite a algunas de las vicisitudes de la disciplina en los tiempos del fascismo y nos permite percibir una modalidad de construcción de la profesión signada por tres tipos de tensiones. En primer lugar, el compromiso de Gemelli por desarrollar una psicología profesional y de excelencia en el marco italiano. Esto le hacía imposible cerrarse a la influencia de corrientes de creciente aceptación en otros países, como el psicoanálisis, la escuela de la Gestalt o el behaviorismo. Más aún, sus propias inclinaciones teóricas no dejaban de acercarlo a algunos aspectos de estas escuelas, como vimos para el caso del psicoanálisis. En segundo lugar, la manera en que Gemelli debió procesar esta aceptación con sus propios prejuicios (como su antisemitismo o su conservadurismo en cuestiones de moral sexual) y con las imposiciones y presiones de grupos corporativos como la Iglesia católica, o el gobierno fascista. En el caso del psicoanálisis, esto lo llevo a desarrollar estrategias de apropiación selectiva que excluyeran los elementos que consideraba revulsivos, o a “rebautizarlo” y purgarlo de sus asociaciones con el judaísmo para así poder volverlo presentable frente a las autoridades políticas del momento. Finalmente, la forma polémica en la que Gemelli desarrollaba sus intervenciones profesionales. Gemelli elaboraba sus decisiones teóricas en el seno de disputas con otras corrientes médicas y filosóficas. Algunos de sus posicionamientos más favorables sobre el psicoanálisis, de hecho, se enmarcaban entonces en el seno de contiendas con corrientes biologicistas que reducían lo psicológico a lo fisiológico. Frente a estos enfoques, Gemelli aparecía como un defensor de las corrientes que adjudicaban mayor relevancia a la dimensión psicológica por sobre la somática.

Explorar los distintos factores que dirigen el accionar y las decisiones de Gemelli contribuye ciertamente a dimensionar la complejidad del personaje. Se trata sin duda de una figura contradictoria, en donde conviven tendencias ilustradas y de apertura, con prejuicios y dogmatismos discriminatorios y oscurantistas, matizados por un agudo sentido de la oportunidad y un talento para la vinculación con áreas sensibles del Estado y el poder eclesiástico. Pero a la par de retratar la complejidad del personaje, la experiencia de Gemelli durante la entreguerras nos sirve también como aproximación a las modalidades de construcción profesional en el marco de proyectos autoritarios. También en este aspecto las conclusiones presentan una interesante tensión. De hecho, se podría representar a Gemelli como una experiencia exitosa en su defensa de la profesión frente a obstáculos institucionales de largo plazo. Gemelli aparece así como un iniciador de la psicología aplicada a cuestiones laborales y productivas, el pionero en vincular a la psicología con el ejército, o el responsable por abrir cursos universitarios de grado y especialización luego de años de ostracismo académico. Pero incluso este record de logros se oscurece al observar el costo que esto implicó en términos de alianzas con poderes, ideologías e instituciones que minaban la autonomía del campo y la libre circulación de autores, ideas, e influencias culturales. En esta perspectiva, las limitaciones de la experiencia Gemelli son claras. Su caso confirma la imposibilidad de una construcción profesional sólida en el marco de un mundo crecientemente represivo y discriminatorio. Un mundo del que Gemelli fue una parte activa y privilegiada.

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1Un curso en “psiquiatría clínica” había sido introducido en 1896. Junto con el curso en “neurología” constituían el eje de la especialización en psiquiatría. Durante los años de 1920, estos dos cursos se transformaron en uno solo, llamado “clínica de las enfermedades nerviosas”.

2 El principal cargo contra Gemelli era haber denunciado las actividades políticas de dos estudiantes, que luego fueron detenidos. La comisión de enjuiciamiento, en voto dividido, concluyó que no había pruebas suficientes y Gemelli fue sobreseído (Cosmacini, 1985, p.248-253; Bocci, 2003, p.373-390).

3 Una de las principales evidencias para pensar que Gemelli estuvo detrás de la censura a la Rivista emerge de una carta de Edoardo Weiss (30 jun. 1956) a Ernest Jones, en la que el primero culpa a Gemelli por la prohibición. Sin embargo, no habría que dejar de señalar que Weiss se contradijo pocos años después. En una entrevista con Paul Roazen (2005, p.35) mencionó sus dudas sobre el rol de Gemelli en la censura y lo describió como un católico relativamente abierto en comparación con otros curas de la época.

Recibido: Febrero de 2014; Aprobado: Noviembre de 2014

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