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Horizontes Antropológicos

Print version ISSN 0104-7183

Horiz. antropol. vol.6 no.13 Porto Alegre June 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-71832000000100005 

ARTIGOS

 

Londres y Catamarca.1 La articulación rural / urbano en una localidad del no argentino a fines del S. XX2

 

 

Andrea Mastrángelo

Universidad Nacional de Misiones – Argentina

 

 


Resumen

¿Cómo organiza el espacio la expansión capitalista de fines del S. XX? A partir del análisis del caso de un emprendimiento minero en el noroeste argentino, este artículo realiza una revisión histórica de cómo se organiza, articuló históricamente y articula en la actualidad un centro urbano con unidades sociales mayores.

Palabras clave: 1990, ciudad moderna, expansión capitalista, Noroeste argentino.


Abstract

How does capitalist expansion manage space at the end of XXth Century? Beginning with a case study on a mining mega enterprise in argentinian NW, this article makes a historical revision on how did a little community survive and how did it managed and articulated with greater social units.

Keywords: 1990, argentinian NW, capitalist expansion, modern city.


 

 

Introducción

¿Cómo organiza el espacio la expansión capitalista de fines del S. XX?

Las descripciones más realistas nos muestran que buscando mercados de trabajo más baratos y la reducción de costos de producción, la fábrica de esta época se hizo global o difusa dispersando las etapas productivas entre puertos y periferias rurales, del mismo modo que, tratando de hacer frente a las crisis de sobreproducción redujo las superficies que ocupa eliminando los gastos de almacenaje con el sistema de producción just in time o zero stock. Esta estructura de producción generó cambios en las funciones de las áreas metropolitanas centrales, la ciudad con periferia industrial y reserva de mano de obra quedó atrás. Las grandes ciudades del centro Norte mutaron para acojer principalmente los llamados servicios de avanzada del sistema financiero: la bolsa y los consultores. La dispersión del proceso productivo generó alto nivel de demanda de servicios tecnológicos, especialmente los relacionados al transporte y las comunicaciones, lo que produjo una demanda importante de los espacios centrales de las ciudades que resultaron indispensables para que puedan cumplirse estas funciones. La gestión, planificación y control del sistema productivo planetario están concentradas en muy pocas regiones metropolitanas: las llamadas ciudades globales – Nueva York, Londres, París, Tokyo y Frankfurt – (Fernández Durán, 1993, p. 3).

La descentralización de la producción en algunos casos pone en contacto tradiciones diferentes en una misma realidad, articulando en una formación social3 específica los niveles local – desde el municipio a la provincia y las regiones –, nacional y transnacional de relaciones sociales con significativas diferencias de rol y desigualdades entre ellos.

Los estudios sobre las consecuencias territoriales de esta nueva fase de la economía han dado especial importancia a su repercusión sobre las áreas metropolitanas y los procesos industriales (crf Hall, 1986; Harvey, 1977), siendo poco explorada su incidencia sobre las localidades rurales que reciben el impacto de la descentralización productiva o de grandes inversiones para la explotación de recursos naturales.

Este trabajo trata de introducirse en el análisis de las consecuencias territoriales de la economía mundo sobre unidades sociales rurales. Para esto tomaré como unidad de estudio el Departamento de Belén en la Provincia de Catamarca, donde en 1997 ha comenzado a producir una empresa minera transnacional que, invirtiendo 1200 millones de dólares construyó un enclave minero que es el mayor consumidor de energía eléctrica de la Argentina.

Para construir esta explicación caracterizaré la relación de la localidad con unidades sociales mayores en tres momentos de la expansión capitalista:4 la conquista-colonización, la organización del estado-nación a fines del S. XIX y la actualidad.

Adentrándonos en la dimensión histórica buscamos desarmar presupuestos comunes sobre las pequeñas localidades, sobre todo la idea de la comunidad rural como totalidad integrada y homogénea y al mismo tiempo limitar el carácter trivial y novedoso que se atribuye procesos como la globalización y apertura de la economía.

La comparación histórica nos servirá también para reunir argumentos en favor de otra hipótesis: en su etapa actual el capitalismo avanzado diluye algunos diacríticos que permitían diferenciar nítidamente producción y relaciones sociales en áreas urbanas y rurales. Fenómenos relacionados con esta reestructuración espacial, como lo local como espacio del capitalismo global y la dualización entre espacios que cumplen funciones globales y espacios marginales descriptos como característicos de las áreas metropolitanas (Fernández Durán, 1994, p. 4), tendrían lugar también áreas rurales.

 

La aldea en la teoría social: de los estudios de comunidad a los procesos de articulación social

En los estudios de este siglo sobre la organización social del espacio, la Escuela de Chicago ha jugado un rol significativo. El contexto de surgimiento de estas teorías es la década de 1920, etapa en la que EEUU vivió un rápido proceso de industrialización. La industrialización fordista concentró grandes cantidades de mano de obra en las periferias urbanas haciendo que poblados pequeños con cabañas del S. XIX estuviesen convertidos en ciudades de 2 millones de habitantes al iniciarse el S. XX, la ciudad era el espacio receptor de personas de muy diferentes etnías y nacionalidades. La organización de este proceso de cambio en un continuum que iba desde las sociedades tradicionales rurales a las urbanas modernas fue el paradigma teórico que intentó inscribir intelectualmente esta transición (crf. Díaz Orueta, 1995, p. 60).

Para el estudio de las pequeñas poblaciones, dentro de esta corriente teórica G. Foster y R. Redfield desarrollaron el enfoque de los estudios de comunidad. Las comunidades de estos estudios son unidades aisladas, homogéneas y autosuficientes. El marco explicativo de esta teoría ubica a las poblaciones rurales en el extremo inferior de la escala donde las grandes ciudades son el estadío final del progreso, en la cúspide de la modernidad. Desde estos presupuestos teóricos, lo rural y lo urbano se recortan como unidades sociales distintas, con formas demográficas, políticas, culturales y productivas diferentes y sin puntos de contacto. Lo rural en tanto tradicional y pre moderno es una etapa a superar (Foster, 1974; Germani, 1971; Redfield, 1991).

Siguiendo los preceptos de este marco teórico, en la dinámica de las sociedades en transición (v.g. América Latina), urbanización, desarrollo y modernización son tres procesos conjuntos que despueblan el campo y concentran migrantes rurales en la periferia de las grandes ciudades. Urbanización es sinónimo de aglomeración urbana; desarrollo lo es industrialización sustitutiva de importaciones y modernización de participación política en la democracia de masas (crf. Germani, 1971).

Estudios más recientes sobre el modelo territorial de la fase productiva postfordista han sido enfocados también centrándose en el estudio de fenómenos urbanos. Para D. Harvey (1977) el modelo postfordista tiene como forma central de organización del espacio la región metropolitana. La idea de región no es ya la de una megaciudad con periferia industrial sino que se caracterizaría por una creciente dificultad para establecer límites claros entre áreas rurales y urbanas, producido por una mayor dispersión de actividades. Esta nueva forma espacial está relacionada con cambios en la manera en que se ejecuta la producción que permiten la descentralización territorial del proceso productivo y concentran servicios terciarios (sobre todo terciarios avanzados) en las principales regiones metropolitanas (en Fernández Durán, 1993, p. 10).

La descentralización productiva actuaría modificando las áreas rurales, mientras que un efecto de centralización de servicios y consumo transformaría las ciudades.

La dispersión territorial de las fases productivas busca mercados de trabajo más baratos o flexibles, donde es posible desarrollar la producción en ciertas condiciones de subterraneidad. En algunos casos, como el de Minera Alumbrera Ltd. en Argentina, la ubicación en zona rural está condicionada por la localización de recursos naturales no renovables (cobre, oro y molibdeno).

Las ciudades globales como centros de comando de la economía mundial ha sido objeto de planteamientos teóricos y estudios empíricos (Casariego Ramírez, 1995; Castells, 1990; Díaz Orueta, 1994; Sassen, 1992, 1996). Ellas han sido tomadas como el escenario de la economía mundo, siendo escasos los trabajos que han precisado la incidencia de esta reestructuración espacial a nivel de las regiones metropolitanas de la periferia y las localidades rurales.

En la década del 1970 en la antropología argentina, L. Bartolomé y E. Hermitte (1977) propusieron la comprensión de las zonas rurales periféricas del capitalismo centrándose en el estudio de los vínculos y la subsidiariedad de las poblaciones rurales respecto de las urbanas, argumentando desde una visión sistémica que es posible postular entre ambas una relación de articulación social.

En este trabajo el concepto de articulación social será aplicado en tanto nos permita comprender la relación entre unidades sociales menores (rurales o periféricas) y unidades sociales mayores (el estado provincial, la región, el estado nacional y los capitales transnacionales) como distintos componentes de un sistema social cuyo vínculo funcional en lo económico no implica necesariamente homogeneización cultural ni social (Bartolomé, 1980).

Metodológicamente retomaremos la contribución que otro contemporáneo ha hecho para resignificar los estudios locales en la investigación social. Clifford Geertz fue quien propuso que los estudios de pequeñas poblaciones no sean abordados como "estudios de aldea" sino como "estudios en la aldea". En sus palabras:

El lugar de estudio no es el objeto de estudio [...] Uno puede estudiar diferentes cosas en diferentes lugares, y en localizaciones confinadas se pueden estudiar mejor algunas cosas [...] En las más remotas provincias de Marruecos y de Indonesia me debatí con las mismas cuestiones con que se debatieron otros científicos sociales en lugares centrales. [...] Si uno va a ocuparse de la explotación de las masas tiene cierto valor la experiencia de haber visto a un mediero javanés trabajando la tierra bajo un aguacero tropical o a un sastre marroquí cosiendo caftanes a la luz de una lamparilla de 20 bujías. (Geertz, 1997, p. 33-34).

El trabajo del antropólogo en el caso de este análisis será precisar qué forma adopta la inscripción territorial del capitalismo avanzado en las relaciones sociales de la aldea. En este sentido, la búsqueda de este trabajo se orienta hacia el estudio y caracterización del contenido empírico de categorías teóricas como expansión capitalista y articulación social en el nivel microsocial.

En las secciones siguientes reseñaré las características que, en dos momentos históricos, han tenido los proyectos productivos y la ocupación del espacio en el Oeste catamarqueño, como modo acceder a la dinámica de creación y articulación de las unidades sociales de la periferia rural con centros urbanos. El esfuerzo se orienta a caracterizar la dinámica del poblamiento y urbanización de ese sector de la provincia desde la lógica que le han impreso los procesos de expansión del capitalismo. Para ello nos centraremos en el Departamento de Belén, que es el escenario donde se ha radicado el "caso muestra" de desregulación en la explotación minera promovida por el gobierno nacional argentino a partir de 1994.

 

Londres como centro
S. XVI al XVIII

Belén no es ni fue una comunidad aislada, homogénea ni autosuficiente. Fundada "por pobres y plebeyos" en 1678, está ubicada geográficamente en el desierto andino central y es parte del 70% de una provincia montañosa con escasa disponibilidad estructural de agua, que no reúne condiciones para cultivos anuales. Las limitaciones ecológicas transformaron en estratégica su ubicación en un nudo de caminos que van desde Santiago del Estero (Centro Oeste de Argentina) a Copiapó (Norte de Chile) y desde Bolivia hasta Cuyo (el único transitable sin transmontar serranía), lo que significó que históricamente el tráfico comercial de las provincias de La Rioja, San Juan y Mendoza con el Alto Perú, pasara por su plaza. La integración de las sociedades del Oeste catamarqueño a la economía colonial de eje potosino fue producto de acciones de conquista violenta y dificultosa.

La actual Belén pertenece a un grupo de localidades de fundación tardía. El asentamiento pacífico de colonizadores no pudo ser concretado hasta fines del S. XVII, como consecuencia de la resistencia guerrera que ofrecieron las parcialidades de indios capayanes, andacoles, famatinas, aimogastas, hualfines, palcipas, guachaschis, mallis, andalgalás e ingamanas. En la jurisdicción colonial de Londres, área que incluye el actual Belén, incluyendo la zona de valles situados al Oeste de las sierras del Aconquija y Ambato, existieron por lo menos treinta pueblos individualizados. En 1607 tenían una población estimada entre 8 mil y 10 mil personas, y 1913 varones prestando servicios en la encomienda, siendo el área más densamente poblada de la actual Catamarca.

Estas parcialidades de lengua cacana se desarrollaron en el Noroeste argentino en forma independiente al Tawantinsuyo5 hasta 1480. Garcilaso de la Vega refiere en sus Comentarios reales que el Inca Viracocha se hallaba visitando sus reinos y estando en Charcas cuando "vinieron embajadores del Reyno llamado Tucma, que los españoles llaman Tucumán [...] a informarle [...] que los curacas de todo el reyno envían a suplicarle haya por bien recibirlos bajo su imperio". La integración se pautó en términos económicos (circulación de bienes, mano de obra y servicios) y militares (protección de las incursiones de los guerreros lules desde el Chaco) (en Bazán, 1996, p. 30-32, 98).

Desde la entrada de Diego de Rojas en 1542 hasta 1630 el Valle Calchaquí hasta Ambato se sostuvo como una fortaleza inexpugnable. Desde Salta hasta Londres los repartimentos hechos por los gobernadores eran casi nominales pues los indios no pagaban tributo y tampoco acudían al servicio de sus encomenderos. Hasta 1627 los colonizadores se vieron obligados a sostener una convivencia pacífica con los pobladores nativos. Una etapa violenta se iniciará con el Gran Alzamiento6 del cacique hualfín Juan Chalimín en 1630 y durará 35 años.

En el período comprendido entre fines del S. XVI y fines del S. XVIII los grupos de población y los asentamientos de avanzada militar como reducciones y fortines tuvieron localización fluctuante producto de avances y retrocesos de los bandos en el campo de batalla. Administrativamente, la zona quedó integrada a la Gobernación del Tucumán dependiendo en lo político del Virrey del Perú y en lo judicial de la Real Audiencia de La Plata. Este parcelamiento territorial puso fin a las disputas entre los conquistadores procedentes de Perú y los de Chile, permitiendo que se consolidara la colonización de las áreas no indígenas del Tucumán con seis fundaciones.7.

En las áreas con población indígena como Belén la colonización se atrasó medio siglo. La hostilidad indígena en el Oeste catamarqueño desalentaba los empeños fundacionales. El derrotero de la fundación de Londres es ilustrativo. Londres de la Nueva Inglaterra fue fundada seis veces en distintas localizaciones (una de las cuales coincidió con la actual ciudad del Belén y otra con la capital de la provincia), siendo sitiada y destruida por incursiones indígenas y catástrofes naturales. Estas tensiones militares provocaban gran circulación de grupos de población nativa y conquistadora que respondían a lógicas diferenciables. Los emprendimientos militares y fundaciones de los españoles estaban asociadas al reparto de tierras y mitayos para la producción de bienes de intercambio en la ruta potosina. Las incursiones de indígenas a poblaciones españolas tenían como objetivo el saqueo, especialmente de arreos de mulas y caballos.

Los traslados de población aborígen eran como mano de obra de los encomenderos al Potosí8 o producto de grandes relocalizaciones planificadas como extrañamiento de los resistentes. Grupos hualfines fueron extrañados a Ingamana (La Rioja) en 1642 y a Córdoba en 1665. En la última incursión militar española del Gran Alzamiento (1667) trescientas cincuenta familias fueron distribuidas en La Rioja y el Valle de Catamarca; otras reducidas en fuertes y prisiones y los restantes entregados por piezas a capitanes y soldados (Bazán 1996, p. 98-111).

Unos años después de la fundación de Belén se tenía noticias de un reducido grupo de indígenas en la orilla izquierda del Río Belén, a la vera del cual fue fundado el paraje y se sabía que no eran oriundos del lugar sino naturales de Tinogasta (Hermitte, 1973, p. 10).

Para fines del S. XVII los indios reconocidos eran pocos pero su presencia en el Oeste no había sido menor. El quichua era todavía el idioma que más se hablaba y en 1691 el Cura Maestro Baltasar de Vargas Machuca fue trasladado de Belén porque "no sabe la lengua, el quichua, llamado lengua general, y con gran escándalo y perjuicio de las gentes se hacen las confesiones con intérprete" (Larrouy, A; Soria, M, 1921, p. 23).

Para el momento de la fundación de Belén (1678) se argumenta que el lugar hace 30 años que está "desierto, despoblado y sin dueño alguno" (en Hermitte, 1973, p. 3). La fundación tardía de esta localidad es sinómino de la integración de la economía local a un sistema de circulación de productos, viajeros y mano de obra hacia Potosí y Chile. El fundador Maestro Don B. de Olmos y Aguilera, entrega las tierras por enfiteusis con "obligación de los habitantes a contribuir con tributo y limosnas" (Hermitte, 1973, p. 5).9.

El sistema de tributación de la población urbana ligada a pequeñas parcelas y la articulación comercial con la mina de Potosí hicieron viable una economía local que no podía expadir su frontera agrícola. El arraigo territorial de la localidad y el completo sometimiento indígena había hecho posible esta formación social en este sector del desierto andino central, con un 70% de zonas montañosas donde sólo son viables algunos cultivos de monte como la vid, el olivo y el nogal.

Desde su fundación, el poblamiento por "pobres y plebeyos" significó que se debieran realizar tareas agrícolas para subsistir. La ausencia de población aborígen (para 1736 el único encomendero estaba del otro lado del río y los indios no eran naturales de allí ni encomendados sino incorporados a la corona) determinó que su economía no se estructurara en la exportación de mano de obra ni como resultado de cambios en actividad productiva de los indígenas. Fueron el activo tráfico de mulas, su cría e invernación en estancias del distrito y el transporte de mercaderías (hilados de algodón, llama y vicuña y especias) y personas los que estructuraron su articulación comercial (Hermitte, 1973, p. 12).

La crisis del S. XVII entre agricultores y productores industriales de la metrópolis y los consumidores locales hizo posible una incipiente industria textil local. Durante esa crisis se desarrollaron desde México hasta Argentina obrajes, viñedos y pequeñas industrias que cubrían el consumo regional. Al final de esa crisis, hacia 1650 la población regional había crecido tanto que las industrias pudieron afianzarse y, aunque a fines del S. XVIII España volvió a abastecer a América, para entonces muchos de estos mercados regionales estaban ya consolidados (Hermitte, 1973, p. 1). Belén fue un centro clásico de industria regional de ponchos, chales y chalinas de algodón y lana de oveja, llama y vicuña.10 Una medida de la importancia que alcanzó esta industria en la economía regional es el hecho que mientras en Potosí la moneda era la plata, el Cabildo de Catamarca estableció en 1710 el hilo de algodón como moneda corriente. Esta "moneda de la tierra" tuvo circulación incluso fuera de la provincia, y en ciertas épocas incluyó productos elaborados como tejidos y ají, con la que miembros de la élite belinista pagaban la educación de sus hijos en Córdoba (Bazán, 1996, p. 132).

A diferencia de lo que ocurría en otras áreas de los Andes, como el Alto Perú, ya en las primeras décadas de la fundación de Belén encontramos un sistema social dual clásico – indios y blancos – con grupos intermedios de color en formación. En el primer censo (1756) evidentemente los indios son omitidos en el recuento, pero en los posteriores de 1770, 1812 y 1869 son incluidos como categoría creciendo, incluso numéricamente durante el S. XVIII, probablemente atraídos por la posibilidad de integrarse como trabajadores. La diferenciación social se refleja en la composición de los hogares, que incorporan esclavos o agregados como mano de obra a los grupos domésticos. A mediados del XIX cuando se realiza el primer censo nacional, la exogamia de los grupos sociales había producido homogeneización, siendo numeroso el grupo de "mestizos, negros, mulatos e indios" (Hermitte, 1973, p. 11). Las guerras, el exterminio y los extrañamientos habían determinado la segmentación del mercado trabajo en este sector de los Andes.

Analizando los recuentos de población pueden hacerse visibles otros atributos de diferenciación en la comunidad, apareciendo a lo largo del S. XVIII una comunidad controlada por hacendados agrícolas, textiles y comerciantes y un amplio estrato que dependía del trabajo que ofrecía esta minoría. El cambio más significativo en la estructura de población aparece hacia el fin de la colonia. El censo de 1812 permite inferir que la importancia de la industria textil ha sido claramente establecida ya que para esa fecha Belén había logrado la estructura con predominio femenino que habría de caracterizar a las unidades domésticas de la comunidad. El índice de masculinidad se inclina notablemente en favor de las mujeres.

Es asimismo evidente cuando se analizan las pirámides de edad, que el aumento en el grupo de las mujeres de 20 a 29 años está indicando inmigración femenina. El alto grupo de mujeres en las categorías de edad clave para el trabajo refleja la atracción económica que la industria textil tenía para las trabajadoras de la región. (Hermite, 1973, p. 22).

En síntesis, si bien existía un pequeño excedente agrícola producido por varones que se comercializaba,11 han sido las mujeres, los textiles y su materia prima los que vincularon a Belén con unidades sociales mayores.

La ubicación de Belén alejada de los grandes mercados, determinó que el volumen de productos exportables, sean ponchos o cultivos comerciales, deba ser transportado en cantidades suficientes como para obtener márgenes de ganancia. La existencia de acopiadores y dueños de arreos es la primera marca de diferenciación social en este sistema económico. La organización de los viajes quedaba a cargo de una minoría propietaria de mulas capaz de alimentar los animales, pagar derechos y mantener el personal a cargo. Sólo un número reducido de "señores pudientes" podía dedicarse a armar estas expediciones. Estos hombres unían a su condición de comerciantes y terratenientes, la de patronos de una clientela integrada por peonas que hilaban y tejían vicuña y llama y jornaleros de labranza. El valor creciente del producto textil y su casi total comercialización fuera de la comunidad, contribuyeron a que sea la fuente primordial de ingresos, intercambio y riqueza (Hermitte, 1973, p. 34-35).

Este sistema alcanzó su apogeo durante la etapa colonial y las primeras décadas de la independencia, la consolidación del proyecto nacional centrado en la producción de productos primarios pampeanos a fines del S. XIX determinará su estancamiento.

 

Belén como periferia
S. XIX y XX.

La consolidación del proyecto del estado-nación a fines del S. XIX transformó a Catamarca y a Belén en zona de frontera, en periferia rural de la región metropolitana de Buenos Aires. A excepción de Tucumán y Mendoza, las economías regionales no pampeanas fueron relegadas en una periferia pasiva. En esta estructuración de centros y periferias, y de áreas urbanas y rurales fue determinante el trazado de las líneas ferroviarias.

El ferrocarril y la máquina de vapor eran conceptualizados como fuentes de civilización, riqueza y unidad nacional. El trazado de la línea Central Norte fue resultado de una negociación política entre las provincias del Noroeste y el gobierno nacional en Buenos Aires, en el que la élite política productora de azúcar de Tucumán supo imponerse.12 En 1876 fue inaugurado el primer ramal al Noroeste que llevaba "el progreso para los pueblos y la unidad para la República", el trazado pasaba de Buenos Aires a Rosario y por Córdoba a Tucumán. La llegada del ferrocarril consolidó la industria azucarera tucumana en apenas 8 años.13

Mientras tanto, la economía de Belén y el Oeste catamarqueño seguía dependiendo de recursos externos. La comercialización de la producción industrial artesanal a fines del S. XIX estaba complementada con venta de ganado en pie en los mercados de Huasco y Copiapó en Chile y emprendimientos mineros de inversión privada. Entre 1870 y 1880 las minas de Capillitas y Pilciao, próximas a Andalgalá, extrajeron y fundieron cobre que era trasladado a lomo de mula para su comercialización. Las arrías de mulas transportaban el mineral bruto cubriendo 18 leguas y las remesas de cobre en barras se mandaban por el mismo medio hasta la estación Córdoba del Central Argentino para su embarque en el puerto de Rosario.

En 1869 Catamarca era la provincia minera más importante del país. En 1880 la minería reportaba al país exportaciones por un monto tres veces mayor que el derivado de la agricultura. La abundancia de recursos naturales y la prosperidad económica de las explotaciones, llevaban a algunos contemporáneos a plantear la marginación en el proyecto nacional como un dilema:

¿Quién pone límite al producto de aquella estancia de seis mil leguas de montañas, que en lugar de vacas u ovejas en la superficie encierra en sus entrañas (...) el oro que vamos a buscar a Europa, la plata que nos llevan todos los días y el plomo con que nos matamos? (Sarmiento en Bazán, 1996, p. 272).

Error o injusticia recién en 1886, luego de arduas negociaciones parlamentarias, el tren llegó a 65 km. de la capital catamarqueña, sin solucionar el problema de fondo: dar vagones a la producción que estaba detrás del condón montañoso de Ambato y que circulaba en arrías. En 1895, acediados por deudas e impedimentos de toda índole habían dejado de producir los dos yacimientos mineros.

En la Argentina de 1880 el ferrocarril había creado una nueva frontera,14 que fundaba pueblos en zonas desérticas y condenaba a la decadencia o a la extinción antiguas comunidades productivas.

Unos años después, un arquéologo, Samuel Lafone Quevedo, que había sido propietario de la mina de Pilciao describía el proceso en el diario de Catamarca:

El ferrocarril central a Córdoba abrió nuevos horizontes a las Provincias del Interior, pero ni ellas mismas se daban cuenta de lo que estaba por suceder [...] Lo primero que se produjo en Catamarca fue el divorcio del comercio de las Sierras del Alto y Ancasti del de la Capital y la emigración paulatina de una buena parte de su población. Enseguida se notó que los arrieros [...] dueños de tropas de mulas cargueras o las vendían o entraban en un negocio de carros activo en el trabajo de la línea (ferroviaria), lo que de golpe redujo a la mitad el número de mulas con que se contaba [...]

La vía férrea era costeada por la Nación y al favorecer a la zona habilitada, desheredaba a las que quedaban atrás.Como era muy natural las industrias de Catamarca, todas empezaron a languidecer. Los ingenios de Tucumán escasos en brazos y que reconocían el valor del peón catamarqueño, dieron principio a ese sistema de enganche que ha despoblado todo el Oeste de nuestra Provincia. Sin arrieros, sin peones, sin caminos, sin recursos ¿cómo es posible que prospere industria alguna? (Lafone Quevedo, 1894, p. 1).

El éxodo catamarqueño se había iniciado. En el primer censo nacional (1869) Catamarca tenía más habitantes que Jujuy, La Rioja, San Juan y Mendoza. En 1895, cuando había empezado su decadencia económica, aparece superada por Mendoza y San Juan. Una secuencia de normativas proteccionistas fue haciendo del subsuelo propiedad pública, identificándolo como "el reaseguro de la soberanía nacional", e impidiendo la explotación de las minas en Catamarca, al mismo tiempo que otro conjunto de leyes consolidaba la industria azucarera en Tucumán y transformaba a esa provincia en el principal destino de los migrantes varones catamarqueños. En 1914 había 21.782 catamarqueños radicados en Tucumán.

Este éxodo tuvo continuidad durante todo el siglo, agudizándose hacia 1970. En el período intercensal 1960-1970 el crecieminto vegetativo fue de sólo 4000 habitantes, mientras 85.000 catamarqueños tenían residencia habitual fuera de la provincia. Los lugares de destino de los migrantes eran las ciudades de Tucumán, Córdoba, Buenos Aires y Comodoro Rivadavia (Bazán, 1996; Hermitte, 1973; Hermitte; Herrán, 1977). Catamarca era una provincia expulsora de población, con un crecimiento poblacional ínfimo. A partir del período intercensal 1980-1991 esta dinámica demográfica se modifica. La población en ese período aumentó en 50.000 habitantes, creciendo sobre todo en densidad el área metropolitana de la capital provincial. Este crecimiento es explicado en base a la expansión del sector público en la economía. Desde 1970, los gobiernos provinciales han hecho crecer en forma notable la estructura burocrática, a modo de subsidio de desempleo indirecto. En 1967 la planta de personal público de la administración provincial era de 5.500 agentes; en la actualidad ronda los 25 mil en la administración pública provincial y aproximadamente 9 mil en los gobiernos locales. El empleo público aparece como la solución conjunta al éxodo y la desocupación, en el censo de 1991 sobre una población activa de 94.400 personas había sólo 4.844 desocupados. (INDEC, 1994; Secretaría de Programación Económica, 1997).

Belén reproduce a escala reducida las características generales de dependencia externa y del sector público del resto de la provincia.15 Pero posee una característica singular. Entre los tres departamentos que rodean el enclave minero del Bajo de la Alumbrera es el que más ha crecido reteniendo población rural entre 1980 y 1991.16 Este significativo proceso ha tenido lugar sin que en ese período se estableciera ninguna política de promoción ni desarrollo.17

Esta dinámica poblacional es particularmente significativa si tenemos en cuenta que la provincia de Catamarca se caracteriza por la combinación de altos indicadores de marginalidad con severas limitaciones ecológicas para la expansión de la economía agraria que la han llevado a expulsar población activa y concentrarla en núcleos urbanos en los últimos 30 años (cfr. Bazán, 1996; Hermitte, 1973; INDEC, 1994).

Esta particularidad nos permite suponer que actualmente la exportación de industria textil artesanal y un pequeño excedente agrícola, a través de patronos acopiadores vinculados a los centros urbanos, continúa operando de forma más o menos eficiente. Este sistema productivo se caracteriza por el importante rol que juegan las instituciones intersticiales (parentesco y compadrazgo) y está centrado en la relación de patronazgo social, económico y político entre productoras y acopiadores18 (crf. Hermitte; Herrán, 1970, 1977 y up supra).

Desde los proyectos desarrollistas originados en la Alianza para el Progreso en la década de 1960 las políticas públicas nacionales para la región fueron planteadas en términos de "integración territorial", "fomento de pueblos lejanos y pequeños" y "desarrollo de las zonas más atrasadas de la Argentina". En 1994 la desregulación19 de la actividad minera que permitió la explotación del Bajo de la Alumbrera también fue enunciada en esos términos.

El Bajo de la Alumbrera es un sector de sierras de la era terciaria en el distrito Hualfín, Departamento de Belén. Este yacimiento fue descubierto por Abel Peirano un técnico tucumano, en la década de 1950, quien lo empadronó a su nombre y a su muerte lo legó a la Universidad Nacional de Tucumán. Esta donación provocó un conflicto jurisdiccional con el Gobierno de Catamarca que estalló en 1958 con movilizaciones populares y en el que fue llamado a mediar el gobierno nacional. Finalmente se otorgó la propiedad en forma conjunta a la Provincia y a la Universidad, conformándose el ente Yacimiento Mineros Agua de Dionisio – YMAD.

Los estudios de factibilidad y prospección insumieron varios años. En 1973, con apoyo del gobierno nacional entró el producción una mina de manganeso, plata y oro: Farallón Negro. Este yacimiento de propiedad íntegramente pública dio origen a una villa obrera. Recién luego de veinte años y en un contexto normativo de desregulación fiscal comenzó a considerarse la posibilidad de explotar el yacimiento del Bajo de la Alumbrera.

El Bajo de la Alumbrera es un yacimiento de cobre/oro porfídico, cuya factibidad fue estudiada entre 1995-1996 y entró en producción en manos de una empresa trasnacional en octubre de 1997. La planta en actividad produce el 1% del Cu mundial y es el mayor depósito de oro de Sudamérica.20 Al inicio de la producción, las reservas totales de mineral se estimaron en 694 millones de tn. Las dimensiones del socavón de la mina al finalizar la extracción, en 20 años, serán de 2 km. de diámetro por 480m de profundidad.

La producción planeada es de 60.000 tn de roca molida por día para una producción de concentrado de 1200/1500 tn diarias fletadas al ferrocarril. Esto equivale a una producción exportada de 190.000 tn/año de Cu y 23 tn/año de Au. Por su inversión y productividad Minera Alumbrera Ltd. es el primer proyecto minero de la Argentina y el tercero en el mundo (le anteceden Collahuasi Copper en Chile y Pinguo Alluminium en China). La exportación del concentrado aumentará las exportaciones de la Provincia de 24,1 millones en la actualidad a 388 millones a fines 1998. Estas cifras modificarán drásticamente los valores del PBG provincial que hasta 1995 representaba apenas un 0,7% del PBI nacional.

El emprendimiento minero si bien está radicado en Catamarca se encuentra vinculado con Tucumán por el abastecimiento de energía eléctrica (tendido de 202 km.) y por un mineraloducto. Para salir del país el mineral es transportado hasta la planta de filtrado en Cruz del Norte en la provincia de Tucumán mezclado con agua a través de una cañería que recorre 245 km. Allí se le quita el agua y se lo carga en vagones de ferrocarril hacia el Puerto Alumbrera en Rosario, desde donde se embarca a clientes en Japón, Alemania, Finlandia, Canadá, Brasil, India, España y Corea del Sur. Sólo 10 tn de un tipo de mineral – oro doré: 85% de Au y 15% de Ar – se funden en el yacimiento y salen de la mina en forma de lingotes.

El estudio de impacto socioeconómico encargado por la compañía minera (Piésold, 1995) estructuró su diagnóstico oponiendo el "mayor desarrollo" de Tucumán a las carencias de Catamarca. Representa a Catamarca como mucho más rural (2,6 hab/Km2 contra 50,7 hab/Km2 en Tucumán ), con menor desarrollo relativo (PBG de Catamarca 7% del total regional; el de Tucumán 37%), con menos infraestructura "falta de recursos hídricos, y una deficiente infraestructura de energía, transporte y comunicaciones", escasas condiciones sanitarias, un nivel de vida más bajo que el resto de la Argentina y con un porcentaje promedio del 37% de NBI (Piésold, 1995, p. 4,6,10,11). Sin desestimar la capacidad explicativa de estos indicadores y teniendo en cuenta que el informe fue solicitado para la toma de decisiones en Minera Alumbrera Ltd, la consecuencia directa fue que para montar sus oficinas de recursos humanos la empresa eligió el camino más corto: invirtió donde había más infraestructura y mejores servicios: la ciudad de San Miguel de Tucumán.

Las empresas propietarias21 tienen también oficinas en Buenos Aires, encargadas de la administración financiera.

En el enclave cercano viven 400 personas entre mineros, personal administrativo y gerentes.22 En Hualfín, la población local más cercana, residen 786. La población ocupada en la mina trabaja 12 hs. diarias durante 7 días en el yacimiento por 7 días libres en su lugar de residencia habitual. En los períodos de descanso los empleados son transportados de y hacia la mina con ómnibus o un avión propio a S.M. de Tucumán, Belén, Santa María, Salta, Córdoba y Buenos Aires.

Hacia el Norte, a escasos kilómetros de la planta de proceso, en la planicie de Campo del Arenal, la administración de la mina tiene un aeropuerto propio. Sus sistemas informáticos están conectados en tiempo real con Tucumán, Buenos Aires y Australia y los diarios se leen por Internet.

La empresa y organizaciones no gubernamentales de Catamarca realizaron estimaciones del impacto en la economía local que el proyecto tendría a partir de la demanda de servicios, la participación regional en el PBI y la demanda de mano de obra. Las expectativas de generación de empleo eran, en 1994, de 160 puestos de empleo indirecto por cada 100 en la mina. Las expectativas de la población local y regional al respecto no eran menores; a octubre de 1996 se habían presentado 20.000 solicitudes de empleo (Alvarez, 1996; Panorama Minero, Octubre 1996, p. 53-56).

Actualmente, para los funcionarios de la Provincia de Catamarca y los pobladores de la región el "desarrollo" fue un proceso fugaz del pasado reciente (1993-1996). En Santa María dicen que los beneficios fueron para Belén, en Belén para Andalgalá y en Andalgalá y San Fernando del Valle que la mejor parte la tiene Tucumán. Minera Alumbrera Ltd. es considerada en Belén "un reino aparte" que produce y funciona "sin necesidad de apoyo del mundo exterior".

Sin embargo, la interacción entre la población local y la mina existe, aunque no se ajusta a las expectativas del programa nacional de desarrollo que lo promovió. Se esperaba que el proyecto Alumbrera retuviese varones activos, pero su impacto demográfico fue otro, aumentó la natalidad. Los niños surgidos de las uniones circunstanciales entre lugareñas y trabajadores reciben el apodo de "chicos T" (letra inicial de la empresa constructora).23 Los pobladores locales denuncian abundancia y abusos: el "andar con más plata en el bolsillo" ha significado también que "los de la 4x4 o te pisan o te roban la novia". Del mismo modo, la escasa participación de mano de obra local hizo visible consecuencias de la pobreza: gran parte de la población potencialmente activa está afectada por enfermedades parasitarias (mal de Chagas, bruselosis) y las deformaciones óseas asociadas a la desnutrición resultaron obstáculos insalvables de los exámenes pre-ocupacionales. (Mastrángelo, 1998).

La Provincia ha entrado en disputas con el Estado Nacional por las regalías, cuestionándose las normas a las que debe atenerse la empresa. Alrededor de la apropiación o el reclamo de las regalías también se dirimen alianzas políticas locales y las autoridades nacionales se relacionan con el capital trasnacional (crf. Clarín, 23/11/97, p. 1-3; El Ancasti, 3/5/98, p. 4).

Ante el ruido de las detonaciones de 50 mil kilogramos diarios de explosivos que mueven la montaña y el resplandor de la planta de proceso en el horizonte nocturno, nos cabe la misma perplejidad que a un viajero inglés que visitó la mina de Pilciao en 1867, Ross Johnson describió:

Es extraordinariamente curioso el efecto sorprendente que produce la contemplación de esta grande y progresista industria emergiendo del corazón de esos bosques primitivos. Por el ruidoso pero sistemático bullicio, el orden y la industria desplegados, podía muy bien imaginarse que uno se había trasladado de improviso a Birmingham o Lieja. (Ross Johnson, 1943).

 

A modo de conclusión
La articulación rural/urbano en Belén

La escasez de productos y recursos y la distancia que separa a Belén de los centros de consumo han traido como consecuencia, para hacer viable su economía, una alta dependencia de mercados urbanos externos.

La acumulación económica y la diferenciación social en Belén estuvo estrechamente relacionada con la articulación a centros urbanos desde el S. XVI. Hacia Potosí circularon principalmente textiles y en menor medida productos primarios y mano de obra; a Córdoba "moneda de la tierra" que pagaba la educación de los hijos de la élite belenista y cargaba en el ferrocarril el cobre producido a fines del S. XIX; a Tucumán mano de obra estacional para la zafra; a Buenos Aires los textiles comercializados por acopiadores o migrantes familiares.

En la actualidad, la instalación de un enclave minero transnacional "desregulado" en Bajo de la Alumbrera, introduce cambios en la escala social y económica de la producción. Concentra mano de obra de migrantes nacionales (de Salta, Córdoba, Tucumán, Catamarca) e internacionales (de Brasil, Bolivia y Perú) junto a técnicos de identidad transnacional – bichos de obra24 – de origen indio, australiano y alemán en un régimen de explotación intensivo.

La oposición conceptual entre espacios rurales y urbanos fue producto de la urbanización asociada a la industrialización del S. XIX. Pero la industrialización urbana no era el único polo de expansión. La especialización regional de producciones agrarias de caucho, café, azúcar y té, transformaba a regiones enteras en plantaciones de azúcar, té, caucho y café. En esa especialización frente al desarrollo de los ingenios azucareros tucumanos, Catamarca fue periferia proveedora de mano de obra masculina. En la actualidad, a partir de la explotación intensiva del Bajo de la Alumbrera, Belén es el centro que atrae mano de obra. En este sentido, los cambios sociales que el enclave minero causa en la población local, la reorganización de relaciones sociales y pautas culturales dentro de la región pueden ser comparados a los efectos causados por las plantaciones de agricultura comercial, las fábricas rurales y otras inversiones concentradas de capital en el campo realizadas durante el S. XIX (crf. Wolf, 1994, p. 380-388, 435).

En el Belén actual, la porción de territorio que ocupa Minera Alumbrera es una localidad rural del capitalismo global. En forma paralela al enclave, la economía industrial textil tradicional basada en mano de obra femenina y estructurada en relaciones patrono-cliente continuaría siendo viable.

La instalación de la empresa minera transnacional provoca una profunda restructuración estableciéndose un dominio de lo Global sobre lo Local y actuando lo Local como espacio del capitalismo Global .Es claro que no toda la región que contiene la inversión se articula con el sistema mundial. La transformación ocurre en el enclave, las localidades aledañas son

sectores del territorio dejan de importar son un "resto" o "sobrante" creándose una fuerte dualización entre aquellos espacios que cumplen funciones globales y los espacios marginados, abandonados o simplemente periféricos. (Keil y Liesser en Fernández Durán, 1993, p. 4).

Estudiando la inscripción territorial de la postmodernidad en las ciudades E. Soja también ha dado cuenta de esta acentuación de los contrastes en espacios relativamente próximos. Al caracterizar los "Procesos de mixtificación espacial" metropolitanos describe:

las nuevas concentraciones que son [...] más bien amorfas y que algunos han dado en llamar outer cities desafían la subdivisión regional clásica urbano-suburbano-rural, provocando [...] neologismos como technopolis, technoburb, urban village [...] estos y otros procesos han inyectado un peculiar equívoco en el cambiante paisaje geográfico, una combinación de oposiciones que desafía la simple generalización categórica. Nunca antes la espacialidad de la ciudad industrial capitalista o el mosaico del desigual desarrollo regional, ha llegado a ser tan caleidoscópico, tan alejado de las ataduras del S. XIX. (Soja en J. Casariego Ramírez, 1995, p. 893; énfasis del autor).

Es nuestro desafío a futuro dar cuenta de las formas de articulación social entre estos dos tipos de relaciones sociales de producción obligadas a convivir cotidianamente en 12.945 Km2.

 

Referencias

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1 Londres y Catamarca es el título de un libro del arqueólogo Samuel Lafone Quevedo publicado en 1888. Londres es una ciudad de Catamarca fundada en la época colonial que debe su nombre en homenaje al matrimonio de María Tudor con Felipe II. Elegimos este nombre, considerando que ilustra metafóricamente el vínculo con la economía mundial que han tenido estas pequeñas poblaciones rurales desde el S. SVI. La actual Londres se ubica en el Depto. de Belén, al Sur de la ciudad cabecera y residen en ella 1851 habitantes.
2 Este artículo fue presentado como trabajo final en el seminario de antropología urbana del Magister Antropología Social, Universidad Nacional de Misiones. Agradezco al Dr. Fernando Díaz Orueta sus valiosos comentarios.
3 Bartolomé (1980, p. 282).
4 cf. Wolf (1982).
5 Denominación nativa del Imperio Inca.
6 Se toma como detonante de la sublevación que inicia las Guerras Calchaquíes el maltrato sufrido por la comitiva compuesta por sus hijos y 200 indios que el cacique envió a Santiago del Estero a rendir homenaje en la asunción del Gobernador Albornoz (Bazán, 1996, p. 35, 82).
7 Se fundaron San Miguel (1565); Talavera (1567); Córdoba (1573); Salta (1582); La Rioja (1591) y San Salvador de Jujuy (1593) (Bazán, 1996, p. 51).
8 La mina de plata de Potosí fue descubierta en 1545 y durante más de dos siglos fue el polo económico del Virreinato del Perú que incluía a la Gobernación del Tucumán. La mina era explotada con mano de obra indígena en servicio de mita. La ciudad tenía en 1611, 150.000 habitantes y era el centro de acuñación de moneda de plata, lo que la transformó en el mercado más importante de hispanoamérica (Bazán, 1996, p. 131).
9 Los pobladores que recibieron las cuadras quedaban obligados a pagar un canon anual de dos pesos a la Virgen y una limosna de 4 reales al sacerdote que dijera las misas durante el novenario. Los mayordomos de la cofradía eran los responsables de la recolección del tributo (Hermitte, 1973, p. 6-7).
10 Esta industria está centrada en el hilado a mano y el telar criollo. Entre cardado, hilado y tejido un paño se teje a menos de 20 cm. por día.
11 La agricultura es una tarea predominante de los varones. Los productos agrícolas tradicionales en Belén fueron el algodón y las especias (pimiento, comino y anís).
12 Es notable en este período la presencia en número y la alternancia de políticos tucumanos en cargos de los poderes ejecutivo y legislativo nacional y en organizaciones de propietarios de ingenios azucareros. Los casos más notables son la ocupación de la Presidencia de la Nación por el Gral. J.A. Roca (dos períodos) y Nicolás Avellaneda (cfr. Campi, 1996; Mastrángelo, 1996).
13 La producción de caña pasó de 1200 toneladas en 1872 a 9000 en 1880 (Campi, 1996).
14 Un ministro del presidente Mitre sostenía que "la mejor frontera es la del hierro; esas dos líneas paralelas que llevan a todas partes la civilización y la vida" (en Bazán, 1996, p. 274).
15 41,7% del total de la población ocupada lo está en el sector público (INDEC, 1994).
16 Los tres departamentos más próximos a la explotación son: Belén (22.204 habs.), Andalgalá (15.242 habs.) y Santa María (18.578 habs.). La localidad más próxima al yacimiento es Hualfín (786 habs.).En Belén el 57% de la población total reside en localidades de menos de 2000 habitantes, estas localidades crecieron un 23,5% entre 1980 y 1991. Los otros departamentos con los que limita el Bajo de la Alumbrera son Andalgalá y Santa María. Santa María es el Departamento que más creció en población total entre 1980 y 1991 (29%), ese crecimiento estuvo altamente concentrado en zonas urbanas (80,7%). Andalgalá tiene sólo el 33% de población rural, y en el período intercensal 1980-1991 las población urbana creció un 31% (INDEC, 1994, p. 16).
17 En 1989, con la crisis hiperinflacionaria cesaron las promociones impositivas industriales, que aunque tuvieron vigencia en Catamarca beneficiarion sobre todo a los departamentos aledaños a la Capital y no a los del Oeste. No fue sino hasta 1992 que comenzó a plantearse la desregulación de la minería como alternativa productiva para el Bajo de la Alumbrera.
18 El sistema de patronas y clientas que estudió E. Hermitte se habría consolidado sobre esta diferenciación social, a mediados del S. XIX y estaría compuesto por tres categorías: las menos privilegiadas son las tejedoras que trabajan para otros realizando una o varias de las tareas necesarias en el proceso textil (no tienen acceso a las materias primas por falta de capital y el problema de la comercialización no existe porque no son dueñas del producto). El segundo grupo está compuesto por una amplia categoría de artesanas que incluye a las que tienen acceso a mano de obra dentro de su grupo doméstico y pueden obtener la materia prima y comercializar a través de parientes o allegados. No obstante ello el grueso de la producción la venden a acopiadores. El tercer grupo son las "teleras empresarias". (Hermitte, 1973, p. 39).
19 La desregulación es contemplada en un conjunto de leyes ampliamente liberales sobre los recursos mineros sancionadas en la década de 1990. Por ellas la propiedad minera es gratuita, otorgada por el Estado sin exigir contraprestaciones. El ingreso que prevee al erario es el 3% del valor del mineral en boca de mina. La Ley Nacional 24.196 establece la estabilidad impositiva por 30 años y otorga exenciones impositivas sobre el Impuesto a las Ganancias y a los derechos de importación de bienes de capital. La Ley Nacional 24.402 establece el financiamiento y devolución anticipada del Impuesto al Valor Agregado a las obras de infraestructura física minera (tanto la planta productiva como caminos y campamentos).
20 340 millones de 0,5% cobre y 0,62 gr/tn oro, esto supone, en una zona cercana a la superficie 40 millones de toneladas de roca con 1,00% de Cu y 1,5 gr/tn de Au.
21 Minera Alumbrera Ltd. es una Unión Transitoria de Empresas entre YMAD y MIM. YMAD (Yacimientos Mineros Agua de Dionisio) es una empresa interestadual de derecho privado integrada por la Provincia de Catamarca, el Estado Nacional y la Universidad Nacional de Tucumán propietaria del mineral que se beneficia con el 20% de las ganancias de la explotación.MIM es una empresa privada de capitales australianos que aportó la tecnología de desarrollo. Propietaria de la tecnología y los derechos sobre el yacimiento, MIM captó inversores de varios lugares del mundo para la construcción y explotación de la planta de proceso.
22 Estos datos corresponden al personal de Minera Alumbrera Ltd. En el enclave reside también personal de empresas proveedoras de la minera (de catering, mantenimiento, neumáticos y dos empresas constructoras).
23 Una informante vinculada al registro de estadísticas vitales estimó que hasta 1994 Andalgalá registraba un promedio de 350 nacimientos al año y que de enero a julio de 1997 hubo 350 nacimientos.
24 Esta categoría fue introducida por Gustavo Lins Ribeiro en su estudio del proyecto hidroeléctrico de Yacyretá (Lins Ribeiro, 1991).

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