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Horizontes Antropológicos

Print version ISSN 0104-7183

Horiz. antropol. vol.6 no.13 Porto Alegre June 2000

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-71832000000100010 

ARTIGOS

 

"De reunión en reunión". La observación participante en el conocimiento etnográfico de procesos políticos 'urbanos'1

 

 

Sabina Frederic

Universidad de Buenos Aires – Argentina

 

 


RESUMEN

Discuto la validez de hacer observación participante de reuniones entre gobernantes y gobernados para conocer procesos políticos 'urbanos' considerando mi investigación sobre las implicancias de la política facciosa en la producción de representaciones y acciones sobre la política municipal. En el campo, la experimentación de frecuentes y prolongadas "reuniones" entre los actores mencionados chocaba con el supuesto de que ellas debían representar el universo mayor de agentes que invocaban, que debían ser partes de una totalidad mayor: la comunidad política urbana - el barrio o la ciudad. Para trascender este supuesto y demostrar el carácter constituyente de las "reuniones" en dichos procesos muestro la importancia de priorizar el sentido indexical de la acción, desnaturalizar el concepto de sociedad y precisar el holismo antropológico en el estudio de mundos contemporáneos. El argumento valdrá para cuestionar estudios de antropología urbana que esquivan la reflexión sobre las implicancias del estudio etnográfico de "mundos nativos" al investigador.

Palabras clave: etnografía urbana, observación participante, procesos políticos.


ABSTRACT

As a result of a research on the consequences of the factional politics in the production of the actions on and the representations of the municipal politics, I discuss the reliability of the participant observation of reunions. Fieldwork experience of long and frequent "reunions" between rulers and subordinates refutes the assumption that they should represent the global universe of agents they invoked, and that they should be part of a larger totality: the urban political community -the barrio or the city. To transcend this assumption, and to demonstrate the constituent character of the "reunions", I remark the importance of giving priority to: the indexical meaning of actions, denaturalising the concept of society, and specifying the anthropological holism in the study of contemporary worlds. This argument will allow us a to discuss some studies of urban anthropology that have avoided the reflection on the consequences of the ethnographic study of researcher's "native worlds".

Keywords: participant observation, political process, urban ethnographic study.


 

 

I

En este trabajo discutiré un problema al que me enfrenté estudiando, en el diseño e implementación de un Programa de Descentralización de un Municipio del Gran Buenos Aires,2 los valores y acciones envueltos en la política facciosa. He tomado a este Programa como foco de expresión, porque en él las personas implicadas en la relación entre gobernantes y gobernados buscan su redención política.

Al cabo de dos años de investigación sobre las representaciones y prácticas políticas facciosas, el campo fue asumiendo para mi la forma de una sucesión de reuniones. Apenas inicie el trabajo de campo cada nueva persona o grupo de personas con la que entablaba relación, me invitaba a alguna reunión con la consigna de que allí vería "como son las cosas". Esas mismas "cosas" por las que yo preguntaba con insistencia. Tanto la organización y funcionamiento del propio Proyecto Barrancas,3 como la actividad de las agrupaciones provinciales peronistas: Liga Peronista Bonaerense y la Liga Federal, fue por medio de "reuniones" que pude introducirme en el mundo de la política local.

No quiero con esto decir que sólo de reuniones estuvo hecho mi trabajo de campo, también participé de inauguraciones, actos de lanzamiento de programas sociales, conmemoraciones de fechas patrias y peronistas. Si bien todas ellas fueron ocasiones para observar y conversar con la gente, "las reuniones" eran el dispositivo regular de organización de aquellas formas de encuentro, y de otro tipo de actividades estatales o partidarias. En muchas ocasiones los funcionarios o punteros de un barrio organizaban pequeñas reuniones para organizar reuniones más importantes con la presencia del Intendente o de algún funcionario municipal de alta jerarquía. Según la jerarquía de los presentes y el propósito del encuentro, las reuniones podían oscilar entre 20 y 400 integrantes. Las reuniones no solo eran recurrentes, también eran muy prolongadas extendiéndose siempre por mas de dos horas. Así este tipo de encuentros se sucedían día a día, y semana a semana; en los barrios y el Palacio Municipal; entre funcionarios, políticos y vecinos; evocando comunidades y definiendo: temas, problemas y conflictos; estableciendo jerarquías políticas; y resolviendo disputas; entre otros asuntos.

Entre mis propias dudas y las sugerencias de algunos colegas que me habían advertido sobre las dificultades e imposibilidades de investigar facciones, el modo en que yo iba construyendo el campo parecía poco relevante. Era fácil imaginar que la insistencia por conducirme a las reuniones sumado a la dificultad en conseguir entrevistas, era una estrategia nativa basada en el auto-interés de mis informantes, orientada a alejarme del conocimiento de "la política". Considerando que normalmente me confundían con una niña,4 habría aspectos que me dejaban mirar sabiendo que poco entendería, y lo realmente importante me lo negarían. No estarían dispuestos a perder mucho tiempo conmigo, y "lo relevante" se ocuparían de mantenerlo suficientemente lejos de quienes como yo no pertenecíamos a su mundo. Si bien para algunos yo era un poco miembro por haber sido agente municipal, esta condición no era suficiente.

Además, mi propia participación en las reuniones me conducía a aumentar el equívoco. Allí se hacía referencia a lo que pasaba fuera, y se identificaban adversarios, se definían conflictos entre vecinos o con funcionarios municipales por procedimientos relativos al acceso a recursos, por el derecho de ocupar ciertos espacios comunitarios, etc.; o se invocaban entidades o actores como si estuvieran dentro "la comunidad", "el barrio", "las instituciones" y se enfatizaban unidades que trascendían a los presentes. La misma participación en las reuniones me obligaba a pensar que en realidad lo importante sucedía fuera de estas formas de interacción; que la realidad política se desarrollaba más allá de este tipo de encuentros y sus características rozaban el oscuro terreno de lo prohibido, de esas prácticas a las que nunca podría acceder.

 

II

Ahora bien, la dispersión de actividades, horarios, y lugares en los que realizamos nuestras tareas nos exige a muchos de nosotros establecer ciertas coordenadas temporo-espaciales para fijar puntos de encuentro. Las reuniones son una forma de interacción social, un campo de sociabilidad que trasciende con creces la política. En nuestro mundo contemporáneo, tanto en el ámbito universitario como en otros ámbitos abundan situaciones consensualmente definidas como reuniones. En cierta forma ellas están ligadas a la experiencia urbana, en donde se nos exige la determinación temporo-espacial colectiva del encuentro. La sociabilidad no está garantizada por los encuentros fortuitos, y si bien esto puede ser una verdad de perogrullo, cuando está en juego la co-residencia o la proximidad física como principio fundante de la relación política, su arbitrariedad permanece oculta, y naturalizada.

Aún en territorios acotados como el de un municipio o un barrio, los vecinos no se encuentran con regularidad más que quizá con aquellos que residen muy cerca, de modo que como en otras esferas de la vida urbana contemporánea, también aquí la fijación de estos puntos de encuentro se convierten en focos de organización de la sociabilidad.

Considerando que las reuniones no son una forma exótica de encuentro social pueden resultar muy obvias este tipo de aclaraciones, no obstante quisiera señalar a continuación cuales son las propiedades que las convirtieron en núcleos relevantes para el conocimiento de los procesos políticos en este campo de actividades.

De su extensión y recurrencia: el lado abierto de la política

La reunión era de las que se hacían dos veces por semana en la Secretaría encargada de implementar el Proyecto Barrancas. De ellas participaban los 24 coordinadores de las unidades descentralizadas llamadas Coc (Consejo de Organización de la Comunidad). El Proyecto había creado 57 Coc en todo el territorio municipal, los que antes que coincidir con los barrios, tendían a hacer de estos territorios más reducidos. Cada coordinador, un agente municipal rentado, estaba encargado de coordinar dos Coc. Coordinar significaba participar de las reuniones de Coc en cada barrio, mediar entre los miembros – los representantes de las instituciones vecinales –, canalizar las demandas y las respuestas y monitorear las elecciones de candidatos para cubrir los cargos directivos de la organización.

La metodología del Proyecto Barrancas esta basada en la idea de que los vecinos no pueden participar como tales del Coc porque no son representativos, pero sí pueden hacerlo a través de las instituciones. Para sus seguidores es igual a la idea de la Comunidad Organizada de Perón.5 La relación directa entre funcionarios y vecinos ya no va más porque es generadora de practicas asistenciales y clientelares, de carácter espurios basadas en un mero intercambio de mercadería por votos durante las elecciones. Ahora, explican los funcionarios todo es a través de los COC. "Imaginate –me decía una funcionaria municipal licenciada en Ciencias Políticas-: en una comisión directiva hay de una a doce personas más los cien o doscientos socios. La institución es representativa, el vecino solo no. Pero esto es muy difícil porque el municipio tiene 82 kilometros cuadrados y casi 700 mil habitantes." Este es justamente el fin último de los coordinadores, asegurar "la representatividad" y facilitar "la comunicación" entre gobernantes y gobernados.

Al cabo de cinco años de peregrinaciones por el Palacio Municipal "los coordinadores" de los Coc habían conseguido un lugar propio en el que reunirse. De esta reunión participábamos además tres personas que no pertenecíamos al grupo: un agente de una Organización No Gubernamental, una socióloga francesa pasante del Ministerio del Interior del Estado Nacional, y yo.

En ella los coordinadores y su directora trataron la implementación de Plan de Trabajo para la Familia Bonaerense,6 un programa destinado a entregar subsidios de entre 200 y 300 dólares a 3000 personas por 20 horas de trabajo semanal, para realizar tareas de mejoramiento de la infraestructura y el equipamiento urbano. Los temas de la reunión fueron los siguientes: que información se iba a dar al vecino, que familias había que anotar, como había que hacerlo, y fundamentalmente como habrían de protegerse contra los rumores sobre el cupo de subsidios de empleo para concejales y manzaneras.7 Como siempre sucedía con estas reuniones durante los cuatro meses de trabajo de campo en las que participé de ellas, duró más de dos horas.

A su término Marión se acercó a mi, comentamos nuestras respectivas investigaciones, y me dijo un tanto hastiada: "Duran demasiado tiempo las reuniones, no entiendo porque demoran más de una hora, si en quince minutos podrían resolver todo. A mi me parece que no tienen objetivos claros, ni pautas". Fue Marión, una extranjera, quien me ayudó a percibir la importancia política de este tipo de encuentro.

No solo era cierto lo de su prolongada duración, sino también lo de su recurrencia. Tanto los coordinadores como las autoridades y miembros de los Coc participaban de varias reuniones semanales en el Palacio Municipal y en los Coc, y a veces de más de una reunión por día. Uno de los temas discutidos en las reuniones de coordinadores era el cronograma de reuniones de los Coc con funcionarios municipales en todos y cada uno de ellos. Es decir el ordenamiento temporal y espacial de los encuentros.

Los problemas encontrados por coordinadores o autoridades de los Coc, así como las comisiones de coordinadores y de vecinos formadas para resolverlos, eran la fuente principal de multiplicación de las reuniones. Repentinamente un una reunión de coordinadores se hizo problema la seguridad, entonces se formó una comisión de dos coordinadores para organizar la reuniones que el Consejo de Seguridad, formado por las fuerzas vivas del partido, incluidos los comisarios, tendría con cada uno de los Coc.

La comisión es un tipo de institución multiplicada con el Proyecto Barrancas. Antes de él solo existían las Comisiones Vecinales o Entidades de Bien Público, pero a partir de él las comisiones directivas de esas comisiones vecinales integraron el Coc y pasaron a elegir anualmente a su comisión directiva. Luego cada Coc promovió la constitución de comisiones sobre temas correlativos al modo en que el municipio da solución a ellos. Las reuniones se multiplican a efectos de producir, y hacer funcionar las comisiones. De ellas se espera la definición y tratamiento en términos generales de las necesidades, pedidos y proyectos. A los miembros de las comisiones se les impone la necesidad de trascender "los problemas particulares y puntuales", no se puede hablar de "la lamparita" sino de los problemas de iluminación del barrio.

El cierre de estos momentos de las reuniones en los que se realiza el "trabajo de universalización" (Bourdieu, 1994),8 ya sea en el Coc o en el Palacio Municipal consiste en la lectura del libro de actas, y posterior pedido de firma a "las instituciones presentes", cada persona se aproxima al escritorio, firma el libro y coloca su sello. El sello es en esta situación la garantía última del Estado. Así se instituye el reconocimiento de un individuo, se imprime el reconocimiento, la institución y consagración de un individuo, que encarna una totalidad, como categoría social.

Cuando los funcionarios bajan al barrio, hacen una reunión en él, y entonces la situación se torna amenazante. Para ellos implica ir al encuentro de los problemas particulares, y su posible bifurcación dispersión respecto de lo general – universal. Lo que se convierte en problema a los ojos de los funcionarios es la propia capacidad de manipulación y control sobre la manifestación de los particularismos.

Cuando en Julio del 96' el intendente resolvió salir a la calle con el gabinete, realizando una gran reunión en cada Coc; en las reuniones de coordinadores se resolvía introducir el siguiente orden en ellas: "Eso si, – decía Liliana, la coordinadora de los coordinadores –, van a tener prioridad los Coc organizados, los que no para el final." Natalia, una coordinadora pidió que las reuniones fueran con instituciones y no con vecinos: "los vecinos van a plantear el tema de una lamparita, los tienen todo el tiempo y después nosotros no podemos plantear nada. El vecino no entiende sino está, y en lugar de aprovechar la reunión va a reclamar por reclamar. Y así, el gabinete se va, y perdemos la oportunidad." Liliana continuó: "Va a haber dos tipos de reuniones, las de la mañana y las de la noche. Trabajen de esa manera – dirigiéndose a los coordinadores – en las reuniones de la noche, y en las reuniones de la mañana sí pueden presentarse grupos de vecinos organizados, esa tarea es también de ustedes... Si hay alguna posibilidad organizan a los vecinos, sino nosotros mismos hacemos esa separación entre el Coc y los vecinos... Eso si, tienen que hacer el diagnóstico de las demandas para los temarios, el Coc que no lo tenga, no va a recibir el gabinete."

Existe una clasificación nativa de las reuniones, que cotidianamente delimita agrupamientos políticos, mediante la división del tiempo y el espacio. Si bien no constituye una clasificación sistemática, forma parte del universo de lo que ellos requieren saber manipular a efectos de conformar "la organización" y en consecuencia el reconocimiento del status político de esos mismos agrupamientos. Lo cierto, es que en el curso de estas reuniones del Proyecto Barrancas en los Coc y entre los coordinadores de la Secretaría encargada de su implementación, la vara para medir dicho status, estaba asentada en el mencionado trabajo de universalización.

Durante mi participación en las distintas reuniones del Proyecto Barrancas, había momentos en los que se sostenía la pretensión de la trascendencia de las peticiones, diagnósticos y formulaciones particulares. Quienes hablaban no eran entonces personas individuales sino colectivas. Esta ilusión era experimentada por ellos y por momentos se tornaba muy real. Pero por otro lado advertía que esta experiencia era en cierta forma ambigua y poseía otra cara. La universalización dejaba fuera a quienes no estaban entre las múltiples comisiones, pero a veces incluso también a ellos. En ellas los funcionarios, vecinos o comisionados pasaban de la unión a la división. Fui entonces participando del modo en que a caballo de la universalización se conformaba la competencia política, y definían adversarios.

Los intersticios de las reuniones y el lado sombrío de la política

Desde el comienzo del trabajo de campo fui incitada a participar de reuniones, no solo porque como dije estas abundaban, sino porque en aquellas instancias del trabajo de campo que no eran reuniones ellas también se convertían en foco de reflexión. Estas reflexiones me sometían a participar de ellas compeliéndome siempre a ponerme de algún lado, a practicar en ellas mi propia adhesión.

En el barrio de Villa La Rosa9 el Coc había estado presidido entre 1994 y 1996 por Carlos. Luego de su derrota electoral a manos de Ernesto, en marzo de este año, Carlos me advirtió: "Cuando vengas a las reuniones del Coc del barrio – cuyas autoridades eran sus adversarios – llamanos así nosotros te llevamos. ¿Es peligroso a la noche? – le pregunte. Si, pero además no son de confianza, por cualquier cosa llamanos".

Las múltiples reuniones del Coc fueron para mi el sitio casi obligado de encuentro con los dirigentes del barrio. Así fue que cada vez que yo procuraba una cita a solas en entrevista me encontraba haciéndolo antes de una reunión o después de ella, de lo contrario fracasaban. Cada reunión de la sucesión por la que transite en el trabajo de campo tenía una fase de preliminares y otra de disolución que prolongaba mi relación con ellos y su propia interacción. Es a este tiempo entre reuniones a lo que llamaré intersticios.10

Cómo se iba cada uno, quién lo acompañaba y la posesión de los presidentes del Coc – el anterior y el actual – de una camioneta, hacían del regreso a casa una instancia que ponía de manifiesto las divisiones y adhesiones tanto en el barrio como entre los políticos profesionales: secretarios municipales y concejales con los que estos guardaban lealtad. Al termino de las reuniones de Coc también yo me encontraba siempre negociando el regreso y con él mi propia adhesión: o en camioneta con Ernesto y sus más íntimos seguidores, el adversario de Carlos, o con Daniel uno de sus principales seguidores.

El comienzo de las reuniones de Coc del barrio, también era un momento de expresión de las divisiones en donde se comentaban los sucesos pasados con vistas a redefinir el adversario. El 13 de junio el intendente había dejado inaugurado un jardín de infantes en Villa La Rosa y con el reconocía una vez más el liderazgo de Carlos en el barrio. En el acto, el bando de Ernesto no estuvo presente. Horas mas tarde y antes de comenzar la reunión del Coc los seguidores más próximos de Ernesto, las autoridades del Coc, evaluaban a espaldas del conjunto de su propio bando, el estado de fuerzas. "Parece que la comunidad no estuvo en el acto" comentaron. Entonces Ernesto presidente del Coc y líder de este bando, por vez primera y luego que yo participara de cuatro reuniones y él evitara dos citas a entrevistas, se ofreció a alcanzarme en su camioneta al término de la reunión. Eso si no pude viajar en la cabina, allí era el quien designaba sus acompañantes, al menos el regreso de las siguientes dos reuniones la caja trasera de la camioneta fue mi lugar.

Poco tiempo después descubrí que mi incorporación y posicionamiento, lo mismo que la ansiedad experimentada por ellos sobre el resultado de las reuniones, fue fundamentalmente consecuencia del proceso de politización en el que todos estabamos envueltos.

La politización de un suceso

Luego de la muerte de un chico en el barrio, paulatinamente las reuniones del Coc se convirtieron en el foco de un proceso nativamente identificado como politización (Frederic, 1998). Se había politizado la muerte y las reuniones en el barrio eran las instancias fundamentales donde practicábamos nuestra adhesión. En esta situación Ernesto y su bando convirtieron en enemigos y responsables de la muerte del chico a: Carlos y su bando, y al municipio representado por los funcionarios de la Secretaría de Salud y el Intendente, todos parte del mismo alineamiento político.

El conflicto hecho público no dependió de la gravedad del hecho sino del modo en que durante las reuniones se fue definiendo la situación como competencia facciosa. Las reuniones se fueron convirtiendo en foco del proceso de competencia de bandos, multiplicándose de aquí en más a efectos de dar sentido al proceso político.

La Comisión Directiva del Coc de Villa La Rosa, lo que es igual que decir el bando de Ernesto, invitó al Director Municipal de Epidemiología a la reunión inmediatamente posterior a la muerte del chico. Ernesto lo presentó diciendo que iba a dar explicaciones a los familiares de la víctima y al barrio. El modo en que ellos consiguieron manipular la definición sobre las causas de la muerte fue lo que permitió definir en ese escenario a los victimarios. El chico se había muerto en la Unidad Sanitaria de la que Carlos era tesorero, y era alumno de la escuela en la que Carlos se desempeñaba como presidente de la cooperadora. De modo que sobre él pesaba la responsabilidad por los siguientes motivos: la ambulancia había llegado cuatro horas mas tarde, pero también porque la escuela estaba infectada como consecuencia del basural contiguo. Esta representación del suceso bastó para responsabilizarlo junto con las autoridades municipales.

La muerte del chico no era el problema, sino el medio para poner de manifiesto en el barrio una división producida por la búsqueda del reconocimiento del jefe político hacia la banda de Ernesto, la cual de momento no lo conseguía ni tampoco su consagración. Sobre el final de la reunión cuando solo quedaban algunas instituciones quedó expresamente formulado el problema. La secretaria de la Comisión Directiva del Coc le dijo a Ernesto, su presidente, que la señora Norma, subsecretaria de Acción Social y esposa del Intendente, había ordenado que solicitaran por nota toda reunión extraordinaria del Coc que se realizara en el Consejo Municipal de Desarrollo Social (Comudeso); un galpón de 2500 metros cuadrados sobre el que Carlos junto a otros funcionarios y el absoluto aval del Intendente, ideó un espacio para actividades de asistencia, recreativas y terapéuticas en el barrio Villa La Rosa, que luego paso a ser del Municipio.

"Están todos locos – dijo el presidente Ernesto enojado –, como vamos a tener que hacer una nota para pedir el galpón, ¿somos el Coc o no somos el Coc?. Si el Comudeso es municipal, y el Coc ¿no es de la municipalidad?. Si es así nos vamos a otro lado y listo". El vicepresidente preguntó, "están de acuerdo las instituciones en que busquemos un lugar." Y, entonces una institución dijo "pero hay que tener en cuenta que no sea la sede de ninguna". Todos quedaron de acuerdo en que buscarían un local neutral.

A partir de la incorporación de las interpretaciones situacionales, fui advirtiendo el modo en que los agentes se alineaban en el curso de estas reuniones, según la definición implícita de un contexto del que las mismas eran parte constitutiva. En tanto la definición estaba construida sobre la base de esas dos dimensiones de la política mencionadas: su lado abierto y sombrío, marco de significación por medio del cual las relaciones evidenciaban conflicto o cohesión. El lugar del barrio o del Palacio municipal en el que se desarrollaban las reuniones, quienes las convocan, quienes participaban de ellas, y el momento de ellas en el que se expresaba la rivalidad y se definía al enemigo, fueron algunos de los principales indicadores de la politización.

Así la politización se constituyó en un proceso que hizo pública la rivalidad entre bandos del barrio, la faz oculta de la política. Una rivalidad originada en una competencia por detentar el reconocimiento del jefe, y cuya permanencia en el tiempo amenazaba con publicitar también, el conflicto latente en el seno de las relaciones entre los capas superiores de la jerarquía política local.

La observación participante de una sucesión de reuniones: en distintas dependencias del Palacio Municipal y distintos lugares del barrio, me fue permitiendo comprender cuándo y cómo un suceso se convierte en político. En ellas pues, la construcción del adversario y oposición entre bandos antes relegada a los intersticios de las reuniones, al campo de la trastienda, se desplazó hacia lo público, al lugar antes ocupado fundamentalmente por el lado abierto de la política. La clave de este proceso residió en el pasaje de la expresión de las divisiones en los intersticios de las reuniones al centro mismo de ellas. El lado sombrío dejó de pertenecer al campo de lo privado para constituirse en parte de la escena pública, contaminando las reuniones. El lado abierto de la política, el de la realización de la unión por invocación del conjunto, cedió lugar en la reunión a la construcción situacional del adversario y a la manipulación de las divisiones. El énfasis recayó entonces en la identificación de "los de fuera", los adversarios convertidos públicamente en enemigos.

También fue una reunión la que condujo a cerrar el estado público del conflicto faccioso, pero no el conflicto mismo. Después de dos semanas de reuniones a puertas cerradas, concejales y funcionarios del municipio acordaron una reunión a puertas abiertas en el Palacio Municipal. El objetivo fue la presentación de un Plan Piloto denominado de Saneamiento Escolar. Todas las instituciones del barrio fueron invitadas – incluidas las autoridades escolares. Allí por primera vez pude ver a los líderes de las dos bandos del barrio, Ernesto y Carlos, compartiendo un mismo espacio e incluso saludándose amablemente.

El Secretario Municipal encargado de la implementación del Proyecto Barrancas junto a la presidente del Consejo Deliberante anunciaron en el salón de los intendentes frente a unas treinta personas, las cámaras de la televisión y el periódico local, que el municipio iba a empezar un Programa de Saneamiento de los Edificios Escolares en Villa La Rosa.

La idea – dijo él – es abrir, y que toda la comunidad se entere. Poner el PIC – Programa de Infraestructura Comunitaria –, la Delegación y el Consejo Deliberante al servicio de las escuelas. Como un plan piloto...Nosotros queríamos iniciar una conversación con ustedes para ver qué inquietudes tienen. ¿A donde está la primer prioridad del tema?. Y ver, cómo avanzar en Villa La Rosa. Escucharlos. A ver qué opinión tienen sobre lo que hace falta...Tener una mesa de trabajo permanente. Nosotros queremos empezar por Villa La Rosa...El municipio no va a hacer nada sin el consenso – decía el Secretario Municipal.

El clima de consentimiento entre las partes fue posible gracias a la idea de la limpieza de zanjas y tanques, la desratización, y la forestación de las escuelas y sus alrededores. Así consiguieron devolver la neutralidad a ciertos espacios contaminados por la política facciosa; porque nadie pone en duda como señalaba insistentemente el Secretario que: "La escuela es un elemento de dignificación primaria...El intendente nos pidió que nos dediquemos a estos temas que importan como la educación."

Durante la reunión, las escuelas del barrio fueron libradas de la politización, y el Coc se convirtió en la idea central del trabajo de universalización: "Yo se que en ese barrio hay muchas necesidades – continuaba el Secretario Municipal, pero también se de la calidad de sus dirigentes...Para que no se produzcan luchas y que una institución se quede con el trabajo, gracias a la formación del Coc aunamos criterios." La reunión misma fue la realización práctica del trabajo de convertir lo particular – intereses, necesidades, problemas – en universal, de reconstituir el trabajo de universalización, limitar la política sombría y priorizar su lado abierto, un extenso horizonte moral compartido.

 

III

He tratado de mostrar el modo en que las reuniones conforman el vasto campo de la política local. No obstante permanece la pregunta de ¿por qué la observación participante de estas reuniones me empujaba a pensar que allí no sucedían las cosas, sino fuera de ahí?. Dos conjuntos de factores fueron los que a mi modo de ver determinaron esta visión metodológica del trabajo de campo.

C. Briggs analiza en la entrevista un fenómeno semejante al que evidencia dicha pregunta. El investigador afirma dicho autor, tiende a pensar que lo que "allí se dice es un reflejo de lo que en verdad esta 'allí fuera', más que una interpretación producida conjuntamente entre entrevistador e informante"(Briggs, 1986, p. 3). Esta mistificación de la entrevista se produce entre otras cosas, porque se trata de un evento metacomunicativo ubicuo al mundo del investigador. Por ende él supone la identidad entre las normas que gobiernan este evento en su mundo y las que lo hacen en otras esferas sociales, incluso en aquellos sitios en los que no exista como evento metacomunicativo. En consecuencia, tiende a interpretar el discurso vertido en ellas en virtud del contexto del que la situación que describe es parte, antes que por el conjunto de los rasgos que integran el contexto propio de la entrevista. El contexto debe ser pensado, continua el autor, como un marco interpretativo construido por los participantes en el curso de su discurso, no está dado a priori, antes que los eventos sucedan. Las teorías nativas del investigador sobre la comunicación y la realidad son las que lo llevan a privilegiar en la interpretación el sentido referencial, producido por la coincidencia entre "el contenido" de las expresiones y cierto estado de los asuntos en "el mundo real"; antes que el indexical, dependiente de ciertos rasgos del contexto en el que la expresión se formula. Si bien ambos sentidos están presentes en el curso de la entrevista, coincido con C.Briggs en que el reconocimiento del sentido indexical de los discursos es prioritario en el estudio de la propia sociedad del investigador, en tanto registra una mayor variación entre las clases, las etnias, las localizaciones geográficas y las situaciones sociales, que el sentido referencial.

Como la entrevista, las reuniones son también eventos ubicuos al mundo de la persona del investigador por ende también él tiende a transferir sus propios supuestos en la interpretación del contexto. En ambas situaciones se produce un fenómeno similar, el investigador participa de un evento en el que pareciera que lo que allí sucede no importa tanto. Lo que en verdad importa es lo que se diga sobre lo que transcurre afuera, precisamente porque lo que allí se dice y hace nos remite a una realidad externa.

Aún cuando en el curso de ambos eventos se designan entidades supuestamente existentes fuera de ellas, existe una diferencia entre las reuniones y las entrevistas a tener en cuenta. Las primeras no constituyen en si mismas un procedimiento de investigación sino una instancia propia del mundo cotidiano. Su mistificación está sujeta quizá más claramente que en la entrevista, a la comunicabilidad entre el mundo del investigador como "persona" socio-culturalmente situada y el de los actores.

Dicho fenómeno no tan solo esta influenciado porque, dentro del mundo académico las reuniones abundan, sino porque nuestras propias presunciones sobre las reuniones atañen a ese otro mundo para nosotros tan próximo y distante a la vez, que es el mundo de la política. Tendemos a abordar este campo de actividad con ciertas ideas sobre la representatividad, la delegación, la participación política y la universalidad de los actos de gobierno. Y, precisamente en ellas, los actores invocan y evocan permanentemente una totalidad social, la comunidad de vecinos, las instituciones, el municipio, que no podemos observar.

El investigador como nativo, tiende entonces a no reconocer que este tipo de reuniones pueden constituir, en esta esfera de la vida social, eventos de sociabilidad, de transmisión de conocimiento, y de recreación de sentimientos comunes.11 Como investigadores del campo político nativo estamos implicados de tal manera que se nos hace casi imposible reconocerle dicho carácter. Portamos lo mismo que los sujetos estudiados un conjunto de certezas y presunciones sobre las funciones que deben satisfacer en el campo político, que nos conducen a valorar y privilegiar su status como entidades en donde reposa y se deciden los asuntos que conciernen a las mayorías. En cierto sentido las reuniones son los espacios que encarnan la "representación" e "imagen" de la comunidad de vecinos.

De modo que a diferencia de la entrevista, la mistificación de la reunión si nos induce a pensar que estamos en el lugar equivocado, porque en todas ellas esta la presencia de estos momentos en los que se invoca una totalidad que allí no está. Con lo cual a uno le queda siempre la impresión que no son "representativas", que los asuntos de la política en realidad se resuelven en otra parte. Es decir no es solo que en las reuniones lo que se dice refleja lo que esta afuera, como sucede con las entrevistas, es que en ellas también se invoca el afuera como si estuviera dentro. Y justamente esa totalidad no observada "la sociedad" a la que alude es la que debiera estar representada.

Mi depreciación de la observación participante12 de reuniones como procedimiento válido en el conocimiento de procesos políticos, es semejante a la que a menudo sustentan otros estudios etnográficos en ámbitos urbanos. Son frecuentes las reflexiones metodológicas en las que se recomienda el uso de encuestas y cuestionarios para completar los datos etnográficos producidos por la observación participante. O las recomendaciones sobre la selección de unidades de estudio adecuadas para representar partes del todo social: manzanas por barrios, barrios por ciudad, etc.(ver Gmelech et al., 1996).

Como traté de mostrar, tal visión ha dependido del lugar de la reuniones como eventos metacomunicativos en el mundo de la persona del investigador. Pero su particular naturaleza está sujeta a un segundo conjunto de supuestos que nos permitirán comprender en profundidad los fundamentos de este malentendido. Se trata de los que definen el lugar de "la política" en "la sociedad", los que constituyen otra de las vías en las que supuestos del mundo de la persona del investigador se filtran como principios teorico-metodológicos (Briggs, 1986). El problema reside en la aparente identidad entre la noción de "sociedad" que nos resulta teóricamente útil, y la que utilizan los políticos o nosotros como nativos.

La observación participante de las actividades del grupo estudiado, se torna relevante si y solo si la realizamos en contextos significativos, pero esto no es igual a decir "representativos". Quiero decir que la idea de representatividad es ambigua y en este universo puede nuevamente "contrabandear" los supuestos propios y nativos sobre la representatividad política. Cuando esto sucede la idea de sociedad es identificada con la totalidad y por ende buscamos como referente empírico aquellas partes que más se identifican con ella. Al hacer observación participante debemos garantizarnos que los actores sean partes representativas de la sociedad. De acuerdo con esta perspectiva, sí la totalidad social es la municipalidad, los Coc son las partes, si es la ciudad, las partes son los barrios. Pero aquí lo que existe es una confusión entre sociedad y totalidad y esto es lo que sugiero caracteriza a muchos estudios de antropología urbana. Los que han multiplicado la observación y estudio estadístico de las partes: por barrios, por manzanas, para hablar de una totalidad, que refleja mas su propia idea de la sociedad y de cultura como nativos, que alteridades significativas.

Como ha señalado F. Barth (1994) uno de los problemas de la antropología ha sido la ausencia de problematización de la concepción de sociedad. Su naturalización ha llevado implícitamente a dar como válido el modelo del Estado-Nación para toda sociabilidad humana organizada. Tendemos a pensar y buscar órdenes regulares, internamente cerrados y coherentes, y ponerles el nombre de sociedad, pero eso no es más que una invención. Es imprescindible reconocer que aquello a lo que se ha denominado sociedad es en realidad un sistema desordenado y abierto. Pues aún en las sociedades organizadas sobre la base de aquella idea, la comunidad cerrada nacional no da cuenta de las relaciones sociales sino que se relaciona conflictivamente con ellas, permite mas bien imaginarlas de un cierto modo13.

Precisamente para que el concepto de sociedad nos sea útil en la identificación, diferenciación y comparación de las variaciones en la organización de la vida debemos pensar lo social, sugiere F. Barth como procesos de interacción que generan convergencia. Las reuniones conforman un sistema que se va constituyendo por la estructura misma de los incidentes de la acción social. Esta noción prioriza los procesos de interacción que podrían generar un grado de convergencia que puede emerger como propiedad.

Tanto en la conversación como en otras modalidades de interacción, el acto y la respuesta seguirá uno al otro en rápida sucesión, suponiendo la necesidad de rapidez en la interpretación de los actos del otro. Sería auto evidente que cada paso de esa cadena de interacción proveerá particularmente útil información para la interpretación de los pasos subsiguientes, y por eso existiría la tendencia a una cierta convergencia de interpretaciones entre las partes a esas secuencias, aún cuando sus intereses permanezcan distintos. (Barth, 1994, p. 23).

Comparto con Barth la idea que el consenso social producido en la sucesión de este tipo de incidentes de la acción social, es el factor más poderoso en delinear y conformar los conceptos y la experiencia. El sistema social es entonces un resultado mas que una estructura preexistente hacia la que la acción debiera conformarse, dice Barth. Lo que no quiere decir que se compartan totalmente los mundos, vivir juntos no implica utilizar idénticos esquemas de significación.

El autor sugiere que al comienzo de la investigación no se pueden establecer y circunscribir unidades relevantes, y menos aún sociedades limitadas. Se comienza con los actores sociales y el trazado de sus actividades y redes, para establecer campos de actividades conectadas, pero los campos se cruzan, no coinciden de modo que no forman sociedades cerradas.

En este sentido la observación participante de las reuniones entre gobernantes y gobernados son para mi contextos o campos de actividad significativos para el conocimiento de los procesos políticos en tanto son instancias de interacción, cuya estructuración produce ese grado de convergencia que emerge como propiedad.

Los Antropólogos como dice Barth hemos sostenido una ficción de la sociedad que ha producido incluso confusiones y malos entendidos de aquellas realidades sociales a las que mas cómodo le venía el traje del estudio de la comunidad local. Lo curioso es que esta ficción de la sociedad se asemeja a la que los políticos del municipio estudiado utilizan. A mi modo de ver no se trata en materia de estudios etnográficos de criticar a los nativos (Augé, 1994; Escolar, 1996) por el uso de tales ficciones, sino de que nosotros usemos esa misma ficción no para lo que ha sido destinada sino con fines teóricos y metodológicos.

No por eso debemos descartar la noción de comunidad. A la luz de la concepción de sociedad esbozada, ella cobra un carácter particular. Como señala Geertz esta idea es, y ha sido, altamente relevante en antropología en tanto se refiera a la perspectiva holista, es decir a la pretensión etnográfica de "ver las cosas desde el punto de vista del nativo", para lo cual estudiamos "los sistemas simbólicos" o "modos de expresión de los nativos". Metodológicamente la idea de comunidad puede ser sustentada siempre que empíricamente exista una convergencia de datos. Dice Geertz (1994, p. 184):

Por datos convergentes entiendo aquellas descripciones, medidas, observaciones, lo que se quiera, que sean diferentes, incluso en un grado notable, y tanto en el tipo como en el grado de precisión y generalidad; hechos no estandarizados que, a pesar de que su recopilación sea oportunista y su descripción sea diversa, consiguen arrojar luz entre sí por la sencilla razón de que los individuos de los que constituyen descripciones, medidas u observaciones se hallan directamente implicados unos en las vidas de los otros; personas que en la maravillosa frase de A. Schutz, 'envejecen juntas'.

Este tipo de datos difieren de los obtenidos por encuestas y censos, tomados a individuos sin relación alguna. De modo que el interés por las "comunidades naturales" resurge. Se pueden reunir datos convergentes de esas comunidades porque las relaciones entre sus habitantes "no solo son típicamente intelectuales, sino también políticas, morales y abiertamente personales". Lo que es de interés antropológico son aquellas "comunidades de individuos múltiplemente conectados" en las que cualquier cosa que averigüemos sobre A nos dice asimismo algo de B ya que, al haberse relacionado durante tanto tiempo constituye un personaje en la biografía de los demás.

Entiendo que estas afirmaciones de Geertz son de un gran estímulo para pensar las supuestas limitaciones de un campo de problemas incomprensibles si solo son definidos como urbanos. Para el autor la consabida existencia de una comunidad es un requisito metodológico de todo estudio etnográfico, y lo es porque existe una fuerte asociación entre ella y la construcción de la perspectiva nativa, como conocimiento antropológico holístico. Sin embargo no se confunde con la idea de esfera de actividad (con la que sustituimos la de sociedad), sino que resulta altamente compatible. Ese es su soporte social.

 

IV

Comentarios finales. De la antropología urbana a la antropología nativa

Finalizando la primer parte de mi trabajo de campo pude apreciar lo que estaba delante de mis ojos. Lo sombrío de la política aquello que suele estar oculto y prohibido también se expresaba en las reuniones. Ya sea en sus intersticios o en el centro mismo de la escena, ellas evidenciaban el modo en que los bandos se definían a si mismos y a sus adversarios políticos. Las reuniones exhibían entonces las múltiples dimensiones de la política porque eran parte constitutiva de los procesos políticos entre gobernantes y gobernados en el municipio.

Orientadas usualmente a controlar los procesos políticos facciosos, acotando a un tiempo y espacio la inestable definición del enemigo; mantenían la ficción de la universalidad de todo lo que en ellas hacían. Tan solo en sus intersticios podía apreciar los conflictos facciosos, el lado sombrío de la política. As veces, sin embargo, esta expresión de la política se quebraba y estallaba la politización, un proceso que dejaba ver en plena reunión las divisiones locales del campo político, y las tensiones asociadas a las instancias de reconocimiento y consagración de las "representaciones" políticas de la vecindad.

En el curso del trabajo de campo es imprescindible identificar los contextos significativos, esos campos de actividad cuyo desarrollo produce convergencia de interpretaciones y la emergencia de sus propiedades sistemáticas. El reconocimiento de estas exige establecer el sentido indexical de los discursos y acciones de los partícipes, incluido el investigador. Justamente el contraste de estos sentidos es el medio para responder, desde la perspectiva del actor, las preguntas del investigador. El proceso político faccioso en este municipio Bonaerense lejos de representar, los conflictos de facciones, como partes de nuestra "sociedad", nos aproxima al modo en que apropiándose y produciendo indexicalmente sentidos públicos universalizables, los partícipes expresan, controlan y resuelven las disputas locales.

Las ideas del mundo cerrado y autosuficiente son en cierta medida compartidas en el campo por antropólogos y nativos, pero contra lo que señala M. Augé (1994) las semejanzas son mas aparentes que reales. La ficción que compartimos posee distintos usos, y muy posiblemente distintos significados. Como dice C. Briggs (op.cit) nosotros contrabandeamos supuestos sobre la realidad y los usamos con fines teórico-metodológicos.

En tal sentido construimos sociedades cerradas de un tipo similar a la de los políticos pero a diferencia nuestra ellos las usan con fines prácticos, performativos. Las nociones de comunidad, barrio, ciudad, institución, sociedad facción, entre otras, nos pueden servir para entrar como nativos al mundo de la política en nuestra sociedad, pero sólo la reflexividad consciente del investigador en el campo nos permitirá comprender el sentido diferencial que cobran para los nativos.

La paradoja de los autodenominados antropólogos urbanos ha sido pretender detentar el estudio de la diferencia por excelencia, atendiendo ya sea: a los puestos de avanzada de la modernidad, cuya expresión máxima sea quizá la noción de "no-lugar", o a la búsqueda del mundo primitivo en la ciudad moderna; cuando como he tratado de mostrar la "diferencia" se cuela en las situaciones mas ordinarias. En lugar de pensar sus principales problemas como el efecto del estudio de mundos de los que el antropólogo es nativo, se dedico en gran medida a buscar contrastes de escala, exotizando sin mediaciones a partir de lo que fue el estudio del mundo primitivo.

Sugiero por último que se torna fundamental evitar la confusión de la noción de totalidad como comprensión holística, e integración de significaciones de la realidad (cultura), con la de campo de actividad (en cambio de sociedad) en la cual tales aspectos se expresan. Más bien se trata de identificar esos contextos significativos en los que la interacción social crea esos campos de actividad y sociabilidad, donde existe una grado alto de convergencia en el entendimiento. En esta dirección quizá sea posible problematizar esos ámbitos de la vida aparentemente más parecidos a nuestro mundo. Los estudios de antropología en la ciudad no solo exotizarían lo urbano por opuesto a lo rural, o lo moderno por opuesto a lo sobremoderno y posmoderno, para conectarse con los problemas derivados de conocer antropológicamente la diversidad en la proximidad.

 

Referencias

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1 Una versión de este articulo fue presentada a las Jornadas de Etnografía y Métodos Cualitativos, realizadas del 2 al 4 de junio de 1998 en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) Buenos Aires. Agradezco a los integrantes del Grupo Taller de Trabajo de Campo Etnográfico del Centro de Antropología Social del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES); por las discusiones y comentarios que desde hace seis años han enriquecido mi conocimiento de las múltiples aristas del trabajo de campo etnográfico. En especial a Rosana Guber cuya inspiradora coordinación nos alienta permanentemente. También a Mauricio Boivin y Norma Giarraca por sus respectivos aportes.
2 El Gran Buenos Aires corresponde al área metropolitana, e incluye a las ciudades de la provincia de Buenos Aires cuyo crecimiento estuvo signado por el del centro económico y político de la Argentina: la ciudad puerto de Buenos Aires.
3 Proyecto Barrancas es el nombre que le dan los nativos al Programa de Descentralización Municipal. Barrancas es aquí el nombre ficticio mediante el que sustituiré el nombre original, ya que coincide con el del municipio estudiado.
4 Esta confusión no era parte de su estrategia, sino una imagen reflejada por mi persona, destacada incluso, por miembros de ámbitos ajenos al campo.
5 La comunidad organizada es el título del libro en el que se publicara la disertación que el General Peron pronunció en el Congreso de Filosofía de Mendoza del año 1947. Representa para sus seguidores un modelo de organización política humanista.
6 Este programa fue anunciado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde en junio de 1997 luego del aumento abrupto del índice de desempleo, producto de lo que se conoció como "el efecto tequila".
7 Manzaneras es el nombre dado a las mujeres dedicadas a dar leche en su propia vivienda a las madres embarazadas o con hijos menores de seis años que viven en su misma manzana y/o en las proximidades. Su trabajo es voluntario y está organizado por el Plan Vida, un plan de refuerzo alimentario dirigido por la esposa del gobernador Eduardo Duhalde.
8 El trabajo de universalización es para Bourdieu "...el funcionamiento de esa extraña institución llamada comisión, un conjunto de individuos investidos con la misión del interés general e invitados a trascender sus intereses particulares en orden de producir proposiciones universales, los servidores públicos constantemente tienen que trabajar, sino sacrificar sus particulares puntos de vista a favor del "punto de vista de la sociedad", al menos para constituir sus puntos de vista en legítimos, como universales, especialmente a través del uso de la retórica de lo oficial" (1994, p. 17).
9 Villa La Rosa es un barrio de 18.000 habitantes tan distante del centro del municipio de Barrancas al que pertenece, como de la ciudad de Buenos Aires.
10 Entiendo por intersticios aquello que V. Turner (1974) denominó intervalos seculares del ritual, los que expresan principios de organización social conflictivos y su manipulación.
11 En "Las formas elementales de la vida religiosa" E. Durkheim se refiere a la importancia que los ritos poseen al conseguir la "reunión" de los individuos, y por ello la experimentación común de los sentimientos, y la expresión de esos sentimientos en actos comunes. "Las disposiciones mentales que debe suscitar el rito depende del hecho de que el grupo se encuentre reunido, y no de las razones especiales por las que ha tenido lugar esa reunión." (1993, p. 607).
12 Por observación participante entiendo aquí un procedimiento de investigación flexible e indeterminado propio del trabajo de campo etnográfico caracterizado precisamente por la fuerte dependencia del contexto estudiado. Parafraseando a R. Guber (1991) el investigador no puede definir anticipadamente ni unilateralmente que tipo de actividades es necesario observar y registrar, sino en el curso del propio trabajo de campo.
13 Si bien no lo discutiré aquí la teoría sobre la lucha de facciones está fuertemente imbricada con esta idea naturalizada de la sociedad. Justamente porque los autores han tendido a buscar distintas maneras de pensar la facción como una parte de ese todo que es la sociedad – de Nicholas (1969) a Palmeira y Heredia (1995).

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