SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.14 issue30El "aguante" y las hinchadas argentinas: una relación violentaGanhar jogo, pagar jogo e ganhar visita: prática futebolística em um bairro rural author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Horizontes Antropológicos

Print version ISSN 0104-7183

Horiz. antropol. vol.14 no.30 Porto Alegre July/Dec. 2008

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-71832008000200006 

ARTIGOS

 

La pasión según aldosivi. El "otro" y los combates por la identidad

 

 

Gastón Julián Gil

Universidad Nacional de Mar del Plata – Argentina

 

 


RESUMEN

A partir del concepto antropológico de identidad se intenta explorar la manera en que hinchas de fútbol de un equipo de la tercera división argentina elaboran sus propias teorías acerca de la pasión. En esas construcciones consiguen diferenciarse de sus rivales mezclando referencias de clase, de etnicidad, de género o actitudes hacia la violencia, quedando envueltos en disputas permanentes (muchas de ellas violentas) por sostener el honor grupal. En estos combates por la identidad las distintas representaciones en juego son manipuladas por los sectores de poder que generan "mercados de violencia" que luego rechazan desde lo discursivo.

Palabras clave: identidad, fútbol, reciprocidad, violencia.


ABSTRACT

This paper aim at analyzing the way the anthropological concept of identity operates among football supporters in a small team of the third division in Argentina, who elaborates their own theories about the passion. In these representations, they construct the difference with their rivals, mixing up class, ethnic and gender references and attitudes towards violence. Then, they are involved in permanent disputes (much of them are very violent) in the supporting of the group honor. In these combats for the identity, the representations are manipulated by groups of power that generate "markets of violence" but reject from the discourse.

Keywords: football, identity, reciprocity, violence.


 

 

Introducción

La identidad es una categoría analítica de importancia nodal en la teoría antropológica, pero también es una categoría nativa que implica una fuente de sentido y de experiencia. Es asimismo un concepto de extendido uso que no siempre es tratado con el rigor que se merece. Como sostiene Lévi-Strauss (1981) la problemática de la identidad termina oscilando entre el extremo de la "singularidad desconectada" y el de una "unidad globalizante" que no da cuenta de las diferencias. En este trabajo se intentará mostrar de qué manera opera este concepto entre hinchas de fútbol que se ven envueltos en cotidianos combates por la afirmación identitaria. Por lo tanto, se analizan los procesos que desembocaron en la construcción de las identidades futbolísticas de los dos clubes de mayor arraigo de hinchas en Mar del Plata. De esa manera, se presenta una idea de la noción de identidad para mostrar el modo en que los hinchas de Aldosivi se sitúan en el campo futbolístico, manejando dimensiones tan variadas como la pertenencia de clase, la sexualidad, la construcción de una masculinidad agresiva y la moral. Lo que se propone es poner en escena la teoría aldosivista de la pasión. Entonces, se desarrolla la forma en que los hinchas de este club se representan a sí mismos, a sus rivales y a sus amigos, ingresando en las complejas teorías nativas que, antes que la violencia, explican la pasión por los colores de su equipo. Por consiguiente, definen su propia identidad como un atributo esencial y presentan la red de amistades y enemistades como una consecuencia natural de modos de ser antagónicos.

Los distintos agentes del campo futbolístico presentan las rivalidades (y por consiguiente sus propias identidades) de una forma ahistórica, esencialista. Y la rivalidad que domina hoy al fútbol marplatense no sólo no es la excepción sino que confirma todos los lugares comunes de aquellos discursos que conciben los antagonismos deportivos como oposiciones naturales. Como asegura Carlos, socio vitalicio de Aldosivi, "con Alvarado somos como el agua y el aceite". Salvo para algunos –y muy pocos- hinchas expertos, plantear que las hinchadas de Aldosivi y Alvarado fueron amigas pocos años antes de iniciarse una rivalidad violenta, parece descabellado. En general se tiende a creer que se trata de una rivalidad que arrastra muchos años de enfrentamientos entre las hinchadas más numerosas del medio. La mayor parte de las personas suele explicar que la situación en que simplemente son los dos clubes "más populares" en toda la ciudad. Sin embargo, el análisis detenido de documentos periodísticos y el acceso a testimonios de informantes expertos nos lleva a otro camino, pese a que otros interlocutores, como Carlos, siguen insistiendo que "la rivalidad con Alvarado es desde siempre. Yo creo que es igual a Boca y River, que surgieron del mismo tronco, y nadie podría explicar ese antagonismo".1

De cualquier manera, esta etnografía no es puramente emic, aunque las descripciones presentadas guardan una simetría marcada con aquellas concepciones nativas sobre la identidad y la violencia. Se ha optado por respetar esas lógicas nativas sin caer en la ingenuidad de creer todo aquello que los informantes nos dicen. Tampoco se intenta aquí demostrar que los informantes mienten o que lo que normalmente dicen suele guardar notables diferencias con lo que hacen. Apenas se pretende penetrar en esos esquemas cognitivos que, como formas de narrar y juzgar los hechos del mundo, condicionan en sumo grado la agencia de actores que se encuentran perseguidos por diversas fantasías y representaciones que los pueden hacer comportarse de modo violento en diferentes circunstancias.

 

Hacia una noción de identidad

El eje conceptual de este trabajo es la identidad, es decir, las categorías de autoadscripción que los actores, en este caso hinchas de fútbol, utilizan para ubicarse en determinados colectivos que se resumen en los colores de un club. Como se decía más arriba, es este un concepto que necesita un desarrollo teórico preciso para encuadrar los datos de campo. Por ello es que, antes que nada, es necesario considerar a "la identidad en su aspecto relacional: la cuestión del Otro aparece como constitutiva de la identidad" (Lévi-Strauss, 1981, p. 15). Ruben (1988) ubica tres circunstancias en el pensamiento social occidental en el que la identidad asume un papel clave: la Alemania de finales del siglo XVIII (con Hegel y sus escritos políticos), en las primeras décadas del siglo XX en los Estados Unidos con las investigaciones de George Herbert Mead y, finalmente, los desarrollos antropológicos que toman a este concepto como una dimensión constitutiva en sus intentos explicativos.

En sus Escritos Políticos, Hegel analizó el concepto y lo ligó de manera directa con el espíritu humano, con el Geist, en la necesidad de que un Estado catalice ese espíritu nacional pensado en oposición a un otro interno que no comparte esos valores del espíritu del pueblo, sus tradiciones (Ruben, 1988). La identidad remite entonces a una irreductibilidad, como aquello que le permite a los alemanes reconocerse como idénticos y a la vez diferentes. Y la irreductibilidad será, para Ruben (1988, 1992), constitutiva desde las versiones clásicas de la identidad, ya que:

dentro de la teoría de la identidad, la idea de irreductibilidad funciona estableciendo, simultáneamente, la marca y los límites, socialmente elaborados, que permiten la reproducción de la sociedad, evitando una división entre esta y el individuo, es decir, la desagregación social. La irreductibilidad funciona como marca de sentido de la dimensión etnográfica (de lo real), elaborada social e históricamente y retenida en el interior del grupo, conciente o inconscientemente. Se trata de algo como una representación colectiva (en el sentido de Durkheim), escogida y privilegiada por el grupo para ser empleada como marca distintiva. (Ruben, 1988, p. 88, traducción mía).

A Hegel le preocupaban las diversidades culturales de los pueblos alemanes que operaban como realidades etnográficas diferentes e impedían de ese modo la agregación nacional. Así es que Hegel toma a la identidad como una condición universal para la unidad de cualquier sociedad y en este caso la falta de unidad política se mostraba incapaz de conducir a una sociedad relativamente homogénea. En Alemania había surgido la noción de Kultur, para denominar a los logros culturales de su pueblo, que se gestan en oposición a la idea francesa de civilización, concebida como una fuerza externa, utilitaria y que no responde a los valores nacionales (Dumont, 1985; Kuper, 2001). Esta Kultur, que es algo nacional pero también personal, alcanza lo artístico, lo intelectual y lo religioso, pero no los hechos políticos, económicos y sociales. Como contrapartida, el concepto de civilización francés sí los tenía en cuenta como una forma integral, omniabarcadora y progresiva que alcanzaría su punto clave de reconocimiento en la Revolución Francesa.

Mientras que en Hegel las diferencias se atenúan en el Estado, en George Mead (1972) hacen lo propio en la sociedad. Por ello, Ruben (1988, p. 83, traducción mía) sostiene que "ambas soluciones representan, pues, estrategias políticas instruidas por una teoría de identidad que, en este contexto original, se presenta como una teoría de la no-contradicción, como una teoría de la unidad, como una teoría de la no diferencia". De ahí que este autor trace una continuidad en las nociones clásicas de identidad y las actuales desarrolladas por la teoría antropológica a partir de la presencia del otro. La gran diferencia se da en que las versiones clásicas encuadran al otro como alguien diferente pero a la vez idéntico que es necesario para la construcción de una sociedad unificada. Por el contrario, la versión contemporánea descentraliza al otro de su propio universo y lo coloca fuera de los límites del grupo: es decir, otro "diferente, distante, único e irreductible" (Ruben, 1988, p. 86, traducción mía).

Mead (1972) escribe en un contexto sociopolítico muy particular en el que se estaba consolidando la sociedad norteamericana. La densidad de los flujos migratorios lo fuerza a pensar en la cuestión de la diversidad, por lo que formula un razonamiento opuesto al de Hegel. En su caso, si bien existía una forma de organización política, la diversidad cultural era tan grande que se hacía difícil pensar la identidad nacional. De cualquier manera, influido por la filosofía hegeliana, Mead se refiere a un otro generalizado que le permite concebir una sociedad organizada, como una sociedad sin grandes conflictos. Mientras que Hegel se refiere al Estado como un todo en el que se minimizan las diferencias y se racionaliza la unidad, para Mead el camino debe ser inverso ya que la presencia de ese otro generalizado (único y universal para todas las sociedades) reduce los conflictos, las diferencias y las desigualdades. El otro generalizado es una noción que permite la integración de cualquier sociedad porque establece una relación común de identidad. De ese modo, la integración de los las distintas subjetividades se logra a partir del reconocimiento de aquellos otros generalizados.

Sobre todo a partir de Lévi-Strauss y las investigaciones sobre grupos étnicos del antropólogo noruego Fredrick Barth, la moderna teoría antropológica va a poner su énfasis en la definición de las fronteras identitarias en oposición a un otro externo. Frente a la idea culturalista que concebía a las culturas en un proceso de permanente transformación, la primera concepción levistraussiana introduce el paradigma de la permanencia que reduce la identidad a una serie de atributos específicos que lindan con la esencialización de las sociedades. En esa línea, Héritier (1981) se refiere, basada en su trabajo de campo entre los samo, a una serie de atributos de la identidad de ese pueblo, que cumplen la función de precisar la identidad social y establecer un nexo entre el hombre mismo y el mundo extrahumano. De este modo, la identidad samo se muestra como una especie de hojaldrado, un agregado de componentes materiales e inmateriales para llegar luego "al punto esencial", aquel armazón sobre el cual la identidad se asienta y que es dado por la definición social. Por lo tanto, existe una regla social colectiva que le otorga la identidad al individuo, que obtiene así una determinada posición en el mundo a partir de una situación genealógica y cronológica. Entonces, "todo prueba que el individuo no tiene otra identidad que la dictada por la voluntad colectiva del grupo que le asigna su lugar" (Héritier, 1981, p. 74). Además, la identidad está ligada a una idea de permanencia, de puntos de referencia fijos que se mantienen constantes y que trascienden las modificaciones que sufre el sujeto.

Sin embargo, después de haber ejercido una notable influencia sobre sus estudiantes, el mismo Lévi-Strauss (1981) se opuso a ese sustancialismo dinámico y optó por considerar a la identidad como "una especie de fondo virtual" al cual es necesario referirse para explicar ciertos fenómenos que no tienen existencia real. En esa misma sintonía, el célebre antropólogo francés sostuvo que "quizás haya un común denominador entre la problemática de esas sociedades exóticas y la nuestra: se diría que la identidad se reduce menos a postularla o a afirmarla que a rehacerla, a reconstruirla, y que toda utilización de la noción de identidad comienza por una crítica de dicha noción" (Lévi-Strauss, 1981, p. 368). Por eso

la solución de la antinomia de la cual he partido y por la cual se acusa la etnología – diciéndole: "queréis estudiar sociedades enteramente diferentes pero, para estudiarlas, reducís a la identidad" – sólo existe en el esfuerzo y ver que su existencia es puramente teórica: es la existencia de un límite al cual no corresponde en realidad ninguna experiencia. (Lévi-Strauss, 1981, p. 369).

Barth (1969) parte del convencimiento de que la cultura es una forma de describir la conducta humana, y que está compuesta por grupos discretos de individuos. Según este autor las barreras étnicas no tienen que ver con la falta de interacción y aceptación social entre los grupos sino que precisamente se construyen sobre ese intercambio. De este modo, estaba interesado en la persistencia del contacto interétnico y en su interdependencia. Por ende, concibe a los grupos étnicos como categorías de adscripción que los actores fijan para sí mismos, generalmente sobre la base de un origen común, determinando así las formas de organización e interacción entre las personas. Ese origen común ofrece por lo general una interpretación particular de la historia que tiende a justificar, fortalecer y mantener esa identidad. Hacer referencia a la identidad (en el caso de Barth se refiere específicamente a la étnica) no significa, necesariamente, que los distintos grupos guarden diferencias reales porque aunque toda pertenencia identitaria sea el producto de una relación entre grupos -y no una propiedad esencial- las similitudes y diferencias culturales no son suficientes para determinar esas categorías de adscripción (Eriksen, 1993).2 Las identidades son vistas como status imperativos, en el sentido de que constituyen un principio de organización social. Es decir, tienen una alta incidencia en los patrones de conducta, en la autopercepción y en la manera en que la sociedad percibe a esos grupos, sean étnicos, religiosos, etc.

Dicho todo esto, es necesario plantear sobre qué ejes se concibe aquí la identidad. Por eso es que se parte de que los grupos humanos construyen sus referencias identitarias a partir de la dimensión espacio-temporal (Izard, 1981), debido a que los distintos colectivos (ya sean clanes, barrios o demás) se proyectan sobre ciertas territorialidades a partir de una construcción histórica. En ese mismo sentido, las narrativas de pertenencia local pueden ocultar deliberadamente versiones y datos de la historia frente a una historia oficial legítima que merezca ser contada y que se aplique al presente que se vive. La historia y la conciencia de los sujetos acerca de esa colección de narrativas gloriosas que, como veremos, poseen un alto contenido mitológico constituyen otros de los elementos que se conjugan para construir su propia identidad. Se trata de memorias de asentamiento que ayudan a superar los fenómenos de dislocación y desplazamiento en determinados momentos, tornando multivocales y multifacéticas a las pertenencias locales (Lovell, 1998). Uno puede considerarse parte de una localidad cuando habita un ambiente en el cual se compromete con las rutinas cotidianas. Pero también establece vínculos cuando encuentra mejor expresada su propia identidad. Determinados lugares, rutinas, valores, pueden representar en el imaginario ciertos modos de ser estereotipados, que en ocasiones determinan la identificación con un determinado espacio o práctica situada. Precisamente, el fútbol plantea la posibilidad de que se asuman diversas representaciones sin siquiera ser parte de alguno de esos relatos. En ese sentido, la pertenencia a una sola comunidad o a varias a la vez suele ser difusa y hasta contradictoria. Las personas pueden incluirse en una determinada localidad o experimentar un sentido de pertenencia multilocal (Parkin, 1998). Aquí tiene una gran incidencia su relación con el paisaje, que

provee sólo una herramienta entre otras a través de las cuales las interrelaciones entre los hombres en sociedad y las comunidades situadas son producidas y reproducidas. El paisaje, en este sentido, no permanece como un lugar geográfico absoluto conquistado una vez y para todos, y el asentamiento de la pertenencia es por eso constantemente reactualizada con el objeto de trascender (y simultáneamente permitir) los caprichos de la migración, del movimiento y de las incertidumbres existenciales. (Lovell, 1998, p. 10, traducción mía).

 

Identidad y rivalidad en el fútbol marplatense

La mencionada y antigua amistad entre las hinchadas de Aldosivi y Alvarado sorprende a aquellos hinchas convencidos de que, como se mencionó más arriba, la rivalidad entre estos dos clubes se debe a dos formas de ser distintas, dos categorías esenciales contrapuestas y eternas. Como se verá en detalle más adelante, esa rivalidad se dio bajo circunstancias precisas y claramente identificables. De cualquier manera, el dato certero es que recién a finales de la década del 80, se produjo la institución de la rivalidad de la hinchada de Aldosivi con la hinchada de Alvarado, La Brava. Miguel asegura que pese a algunos esporádicos enfrentamientos aun

no había bronca con la gente de Alvarado. Las hinchadas se podían agarrar en algunos partidos pero todavía no estaba impuesta una rivalidad, y mucho menos un clásico. Nosotros hemos viajado con gente de ellos sin problemas. La cosa no tuvo vuelta cuando ellos consiguen plata para hacer buenos equipos y nos disputan los campeonatos.

Según este mismo informante,

los negritos ensuciaron el fútbol como ningún otro. Ellos están jodidos desde la médula, son delincuentes, no tienen límites, son lo peor que existe en el fútbol de Mar del Plata. Por eso yo me río cuando alguna gente pide que Alvarado esté en el mismo nivel para reeditar los clásicos. Nosotros no tenemos un clásico con ellos, para nosotros la cosa es con Talleres por historia, y después con San Lorenzo y Kimberley. A mí gustaría que se reeditara la rivalidad con alguno de ellos porque son clubes de verdad, con historia, no los inventó un diario.

De todos modos, Miguel reconoce que "en aquellos combates nunca éramos muchos más que 10 contra 10. Si nos venían a buscar nosotros no íbamos a correr. Por lo menos de nuestro lado ninguno se iba a pelear, pero el clima estaba. Cualquier cosa servía para iniciar una pelea y de última lo que hacíamos era defendernos". Por aquellos mismos días, las cúpulas dirigenciales de ambas instituciones comenzaron a favorecer el traslado de los muchachos, los pesados, para hacer presión en las reuniones de la Liga Marplatense.

A partir de ese momento, los enfrentamientos serían moneda corriente y, en los primeros años, Aldosivi no se llevaría la mejor parte. Aunque casi ningún hincha admite que la hinchada de Aldosivi se vio obligada a correr en un par de ocasiones en esos años, el grado de familiaridad que pude establecer con un par de informantes me permitió obtener algunas narrativas "prohibidas". En efecto, según Pucho, fueron esas ya "olvidadas" humillaciones las que generaron la necesidad de organizar una hinchada que se plantara y que aguantara contra "los negros de Alvarado". En ese sentido, Pucho considera que

la visagra fue cuando nos corrieron en el San Martín3 los de Alvarado una vez que jugamos tres finales contra ellos. La hinchada estaba bien organizada pero eran todos unos cagones de primera. En esa época estaban Pipo Sassone y el Gordo Cruz, que no eran malos pibes, pero no servían para nada. Cada vez que se armaba grossa rajaban primero. En uno de esos partidos, habíamos ido en un camión y cuando se armó la podrida Sassone le dijo al del camión que arrancara y quedamos casi todos abajo. Así que quedamos de frente a ellos, les hicimos frente los diez que nos quedamos y cuando se dieron cuenta de que éramos tan pocos nos vinieron a buscar, con una lluvia de piedrazos. Teníamos una desventaja tan grande que no nos quedó otra que correr.

Aquel episodio derivó en enfrentamientos internos de alto tenor, a tal punto que, rememora el mismo Pucho, "cuando pasó todo el gringo Navarro lo fue a cagar a palos al viejo Tito porque pensaba que él había dado la orden de subir al camión. Pero nada que ver porque Tito se había quedado con nosotros y entonces yo lo defendí. Ahí ya estaba la idea de que la hinchada no servía y que los de Alvarado nos iban a correr siempre". A la distancia, quienes son identificados por Pucho como los responsables de aquellos "bochornos" acostumbran narrar que "cuando estaban ellos en la hinchada esto, lo otro. Y yo me caliento y les dijo que eran unos cagones de primera. Nunca me cansé de decírselos".

Sobre el hincha de Alvarado se proyectan además fobias étnicas y de clase que se introducen dentro de la construcción imaginaria de los hinchas (no sólo los de Aldosivi). Marcos está convencido de que a la hinchada de Alvarado la reclutan "de la villa con un choripán". Tata reconoce que "ELLOS COMO SON MAS NEGROS NOS DAN MIEDO" (La Voz de la 12, 3-12-2000). Sin embargo, Tony se encarga de explicar esto en que "AL NO CONTAR ESTE EQUIPO CON UNA BANDA RESPETABLE QUE VAYA A LA CANCHA POR EL SOLO HECHO DE SABER QUE JUGABA SU EQUIPO, HIBAN A LAS VILLAS DE LA PERIFERIA MARPLATENSE Y SUBIAN GENTE A UN MICRO PAGANDOLES LA ENTRADA"4 (La Voz de la 12,5 30-10-2000). Incluso Tiburón aseguró que un periodista "recibe guita de la merca que venden los negritos", ya que Alvarado es "un cafe donde se vende merca, autos robados y las gitanas del barrio van a ofrecerce como putas" (La Voz de la 12, 19-6-2000). En otro mensaje, este asiduo visitante a una página reflexionó acerca de:

Que barrios selectos los tuyos no? los mayores indices de robos, asesinatos y violaciones estan en esos barrios. ¿De eso estas orgulloso?" (Tiburón, La Voz de la 12, 5-7-2000).

El hincha de Alvarado a quien iba dirigido el mensaje contestó invirtiendo la carga acusadora, viviendo la sumisión de clase y transformándola en una afirmación de la masculinidad del grupo de referencia:

...ES SIMPLE......QUE PREFERIS, CAMINAR POR 12 DE OCTUBRE CON LA DE ALVA A LAS 10 DE LA NOCHE O POR BARRIO BELGRANO, MONTE VARELA, REGIONAL O CENTENARIO CON LA DEL PUERTO SUCIO??????DONDE TENES MAS POSIBILIDADES DE MORIR???EL PUERTO NI MIEDO DA DE NOCHE....... A LOS BARRIOS DE ALVA DA PANICO Y SE RECOMIENDA NO ENTRAR CUANDO SE HACE DE NOCHE, SIN PALABRAS!!ALVA ES PASION, LOCURA Y AGUANTE!!! (La voz de la 12, Juancito, 5-7-2000).

Otro hincha de Alvarado que se introdujo en el libro de visitas de la página de Aldosivi concluyó: "ALVA EL EQUIPO DE LOS POBRES y ALDO EL EQUIPO DE LOS RICOS" (Claudio, La Voz de la 12, 30-3-2000). El discurso fanático construye un mundo en el que los rivales "están inventados", "bancados" por las estructuras de poder, en especial el periodismo, la política partidaria y los sindicatos. Esos otros no expresan jamás una genuina pasión y representan todo lo estigmatizado del campo futbolístico. Este enfrentamiento de lógicas constituye un asunto de permanente tensión entre Aldosivi y Alvarado, debido a las vinculaciones que este club siempre ha mantenido con las estructuras partidarias del peronismo local y provincial y del sindicalismo. Esta situación de inferioridad en la que se colocan los hinchas de Aldosivi (desde los integrantes de la hinchada hasta los dirigentes más influyentes) también abarca en la última década al periodismo, que "siempre nos pateó en contra", como aseguran reiteradamente sus hinchas. En este enfrentamiento por la posesión simbólica de la pasión, no se permiten dudas acerca de que la de Aldosivi es "la única hinchada de verdad".

Las rivalidades futbolísticas interbarriales e intraciudad acostumbran presentar un componente de clase muy marcado. Es decir, los clubes se asocian en el imaginario a clases sociales determinadas que presentan los enfrentamientos sobre la base de la oposición Ricos vs. Pobres. Por supuesto, esa oposición puede ir acompañada además por un componente étnico, como puede observarse en algunos casos en San Pablo y Río de Janeiro (Damo, 2002). Pese a que cualquier análisis riguroso da por tierra con esas asociaciones rígidas que esencializan las identidades futbolísticas ligándolas a un pasado mitológico, las antinomias de clase operan de manera contundente en las lógicas nativas de los hinchas de fútbol. Oliveira (1992) señala que categorías como las etnias y la clase no son hechos en sí mismos sino que se trata de relaciones sociales y no de grupos concretos cuyos límites se puedan establecer objetivamente. De ese modo, la relación de clase es una identidad eminentemente contradictoria ya que tiene que ver con la posición que los individuos ocupan en el proceso de producción. En este tipo de identidades se da además una autoadscripción o incluso una disputa por esas nominaciones de clase. En este caso etnográfico, los hinchas de Aldosivi resignificaron la pertenencia a los sectores sociales subalternos para extraer de ella atributos de mayor hombría y espontaneidad y alegría (Gil, 2004), tal cual se suele considerar desde el sentido común a los sectores populares. Pero con el tiempo, se opuso esa autoadscripción para diferenciarse de quienes aparentemente ni siquiera pueden ser incluidos en la pirámide social, por su condición de marginados, de lúmpenes a los que no se les reconoce una moralidad aceptable: los negritos, como llama Miguel (y tantos otros) a los hinchas de Alvarado. Sin embargo, esos mismos sectores estigmatizados por su condición de clase le disputarían los atributos de la masculinidad agresiva en otro orden discursivo, apropiándose de una nueva moralidad.6 Por ello, es importante buscar el modo en que los actores se identifican con distintas "'posiciones' a las cuales se los convoca; y que indique cómo modelan, estilizan, producen y 'actúan' esas posiciones, y por qué nunca lo hacen completamente, de una vez y para siempre, mientras que otros no lo hacen nunca lo hacen o se embarcan en un proceso agonístico constante de lucha, resistencia, negociación y adaptación a las reglas normativas o reguladoras con las que se enfrentan y a través de las cuales se autorregulan" (Hall, 2003, p. 33). Es decir, la cuestión es saber cómo se articula la relación del sujeto con las formaciones discursivas a las que adhiere.

Parte de esta autoadscripción de clase se jugó en Aldosivi en términos de etnicidad. Por supuesto, los sistemas étnicos y de clase -a pesar de que influyen- no ocupan los mismos espacios sociales. Además de las estigmatizaciones de clase que operaron de manera muy potente en el puerto marplatense, los italianos del sur con los que se identifica en mayor grado a los gringos del puerto, encontraron en la Argentina el mismo patrón de discriminación que estaba presente en los propios regionalismos italianos (Armus, 2000; Devoto, 1992, 2003). Desde la misma formación del puerto y también mucho antes de que los pescadores fueran expulsados del centro de la ciudad, como representantes en gran medida de un oficio que había sido marginado y de un origen étnico que los colocaba cerca de la inmigración indeseable, aquellos gringos fueron quedando apresados en una perspectiva que los excluía de la definición legítima de lo marplatense, a la par de que el proyecto urbano oficial se volcaba definitivamente hacia el turismo (Gil, 2002). De ese modo, Aldosivi reivindicó un origen trabajador e italiano frente a los chetos7 del centro de la opulenta ciudad turística de la Argentina. Ese modelo de antagonismo que le sirvió durante mucho tiempo para hacer descansar, entre otros aspectos, su mayor masculinidad, se quebraría con la aparición de un club que en el imaginario se encontraba más abajo en la escala económico-social a la que se autoadscribía Aldosivi. En este contexto, los antagonismos interbarriales e intraciudad han sido los dominantes en el fútbol de Mar del Plata, ciudad a la que siempre le costó proyectar como adversarios presentes a otras ciudades, dentro y fuera de provincia de Buenos Aires. El surgimiento de Aldosivi como fenómeno identitario de masas se gestó sobre la construcción imaginaria de un club que representaba al pueblo trabajador del puerto frente al universo de clase media urbana de Kimberley y San Lorenzo. La aparición de Alvarado trastocó ese orden de cosas y colocó a Aldosivi ante la necesidad de fundamentar el antagonismo en otro tipo de atributos. Ya no se trataba de mostrarle el ambiente de pueblo a los chetos del centro, ahora se estaba frente a un club que reivindicaba aun más su pertenencia a sectores sociales subalternos y que le disputaba de manera directa los valores de la masculinidad agresiva. Si la importancia de los poderosos industriales pesqueros en la gestión de Aldosivi había pasado a un segundo plano ante la composición mayoritaria de sus hinchas, ahora la gente de Alvarado repondría ese dato antes ausente en lo discursivo. Como la visita de Esteban a una página web de Aldosivi quiso demostrar, "para ver de que barrio de oligarcas son" (La Voz de la 12, 10-5-2003).

Muchos hinchas de Aldosivi de larga militancia en el club, algunos de ellos dirigentes, reconocen que Aldosivi se ha ganado odio por ser "soberbio". Guillermo admite que "siempre nos diferenciamos del resto de alguna forma y a veces pretendimos hacer todo a fuerza de guita. Y la gente se ofende". La pujanza económica del puerto desde los sesenta permitió que los antiguos tanos pobres del puerto le mostraran a la ciudad sus nuevos logros económicos y Aldosivi fue, desde principios de los setenta, la cabeza de ese ascenso social que se estaba logrando. Como reprochó un hincha de Alvarado luego de una caída de Aldosivi:

TODAVIA ME ESTOY CAGANDO DE LA RISA. ESTO TE PASA POR ARROGANTE, POR NO SER HONESTO, POR COMOPRAR JUGADORES, POR MENTIR SISTEMATICAMENTE, POR SECTARIO, POR QUE FUERA DEL PUERTO NO TE QUIERE NADIE. [...] TE ESPERAN MOMENTOS MUY TRISTES TU TIEMPO YA PASO... Y TODO POR TU ARROGANCIA... VUELVE ALVA... VUELVEN LOS EXCLUIDOS Y MARGINALES. (La Voz de la 12, ¿ PUEDO REIRME ?, 11-5-2003).

A este tipo de acusaciones se suele responder con cuestionamientos a la moral grupal del rival, resaltando estigmas vinculados con el comportamiento sexual, la falta de hombría y la incapacidad de hacer una correcta lectura de la realidad:

SOY TERNERA SOY MUY FEA SOY MUY PUTA DE VERAS MI MAMA TRABAJA EN LA CALLE CHUPAPIJAS DE LOS GRINGOS MI PAPA HOY ES TRAVESTI HAY QUE LIO VIVO MIRANDO LA TELE MUCHA SERIE DE AVENTURAS SUEÑO ROBAR BANDERAS COMO NO PUEDO LAS COMPRO SOY MUY CARADURA ME REGALARON UN REVOLVER TIRO TIROS Y ME ESCAPO ME QUIERO DISFRAZAR DE GUAPO PERO NUNCA ME LA BANCO. (La Voz de la 12, Soy ternera, 25-10-2002).

Estos fragmentos discursivos permiten mostrar también que en estos combates por el honor, la mujer puede ocupar una posición visible. En este caso, el honor de la mujer gira en torno al modo en que lleva su sexualidad y por consiguiente, a cómo pierde su honra. En las representaciones dominantes, las mujeres del otro comprometen su moral con los hombres del nosotros, siempre listos para ejercer su sexualidad de una manera avasalladora y humillante. En definitiva, en estas disputas sobre el honor futbolístico, lo que se pone en duda es la respetabilidad (Mosse, 1985) de la mujer ajena, portadora de una moral denigrante a partir de prácticas sexuales que delatan una vida licenciosa y carente de dignidad personal y grupal.

En la misma línea de estas disputas por la moral grupal, la desaparición de dos barcos pesqueros en 1990 una de las tormentas más fuertes que se recuerden en la historia de Mar del Plata fue incluso objeto de una disputa simbólica en los cantos de las hinchadas de Aldosivi y Alvarado que cristalizaron las representaciones acerca de la división que se estaba generando entre Aldosivi (sectores populares trabajadores) y Alvarado (marginales delincuentes). La 12 cantaba:

Amapola y Angelito
orgullo de la ciudad,
se murieron trabajando
no por salir a robar

La hinchada de Alvarado recogió el guante e invirtió la acusación, transformando la participación en el mundo del delito en un sinónimo de la hombría:

Amapola y Angelito
no los pueden encontrar.
los tenemos en el matadero
que los vengan a buscar.

Como contraparte, la idea instalada entre los hinchas de Aldosivi es que Alvarado goza del apoyo de las principales instituciones de la ciudad, básicamente poder político y periodismo. Los ideales del aguante8 condenan la posibilidad de recibir ayudas sistemáticas, mucho más cuando esas colaboraciones proceden de las estructuras de poder más visible: la política y los medios de comunicación. De ese modo, se considera ilegítimo su nacimiento como fenómeno de masas y hasta se postula una imagen de copia degradada de lo que representa Aldosivi:

a estos que dicen ser LA BRAVA, creo que no entendieron bien. Ustedes son una copia nuestra y muy mala. Hicieron su hinchada copiando lo que fue LA PESADA. Cuando ustedes no tenian hinchada en los 70 su gente iba a ver a Aldosivi por que el verde es el club popular por excelencia, ustedes armaron todo despues, cuando salieron campeones y se pusieron la brava en honor a una camioneta chevrolet c-10 de esa epoca a la que llamaban asi (Mario, La Voz de la 12, 14-4-2003).

Kerosene está seguro de que "el quilombo con Alvarado fue todo culpa de Daddato,9 que los contrató a ellos para que hubiera lío. Igual ellos ya nos habían hecho alguna en un partido anterior, que nos cagaron con la tribuna que nos tenían que dar en el San Martín y después nos tiraron piedras a nosotros y a los jugadores de Aldosivi. Esas cosas nunca habían pasado". El suceso al que se refiere Kerosene motivó una amplia cobertura periodística frente a hechos relativamente novedosos para el fútbol marplatense. En aquella ocasión, mientras Aldosivi disputaba las finales –que perdió- ante Deportivo Norte, aparecieron haciéndole el aguante a este equipo un número importante de hinchas de Alvarado. Para él está claro que

la gota que colmó el vaso fue ese partido con Norte. Cuando voy a la platea me lo encuentro a Daddato rodeado de todos los de Alvarado, con Picki Back a la cabeza. Ahí lo agarré a Back y le dije: "juntá diez vos, yo traigo diez y nos cagamos a trompadas. Después nos comemos un asado". El me dijo que no, que no tenía nada que ver, que eran los guachos,10 que no los podían controlar y que bla, bla, bla. Yo le dije que era un traidor hijo de puta.

La justificación nativa de la rivalidad con Alvarado realimenta el mecanismo de la vendetta. A partir de esa traición original, en la que el antiguo aliado quebrantó los códigos, todo va a estar permitido, lo que dará lugar a una ininterrumpida cadena de vendettas para restablecer un equilibrio original sobre el que ambos bandos discrepan. Las rivalidades futbolísticas asentadas en la vendetta son justificadas por los nativos sobre la base de una oposición de dos identidades esenciales y se sustenta en el mecanismo de reciprocidad negativa (Sahlins, 1972). Es decir, el otro (Alvarado) es el que ha ofendido y traicionado los códigos del fútbol, por lo que es necesario, para conservar el honor del nosotros (Aldosivi), cerrar el circuito de la reciprocidad. De acuerdo con Muir (1993), la vendetta puede constituirse en el modo más importante para resolver los conflictos, proporcionando además a las facciones involucradas un sentimiento de solidaridad colectiva. Como "narrativas de venganza" (Muir, 1993), pueden proveer un modelo de conducta a seguir y fundamentar la venganza, al evocar sentimientos y valores altamente apreciados por la colectividad, con un énfasis profundo en el honor colectivo (familiar, de clan, local, etc.). Según Xanthakou (1999, p. 179), el sistema de la vendetta permite la formación de identidades colectivas (por ejemplo los grupos de parentesco habitualmente involucrados en esta clase de intercambio) y en ciertas sociedades aparece no sólo como una forma de resolución de conflictos sino también, de manera paradojal, como una institución antiviolencia, es decir, como "un contrafuego opuesto a la incandescendencia letal de la "verdadera violencia", una violencia sin fe ni ley". Ya sea a través de medidas dirigenciales, enfrenamientos entre hinchadas, peleas callejeras, disturbios en los locales de diversión nocturna, Aldosivi y Alvarado colocarían a la vendetta como el mecanismo supremo para resolver los conflictos por la posesión simbólica de la ciudad, ante la incapacidad de las estructuras del fútbol local (la Liga Marplatense) o los distintos brazos del Estado (la policía y la Justicia) para resolverlas.

De cualquier modo, un dato clave es que ambos clubes comenzaron a disputarse, por primera vez en la historia del fútbol local, el predominio futbolístico marplatense. Luego de una rápida hegemonía establecida por Aldosivi en 1989, gracias al sustento económico que le aportaba el industrial pesquero Oscar Salerno, a partir de 1990 Alvarado consiguió el apoyo monetario (los dirigentes de Aldosivi sostienen que ese dinero siempre salió de la política partidaria del peronismo y de los sindicatos) para discutir el predominio deportivo que Aldosivi estaba empezando a encontrar en el fútbol local. Esta nueva rivalidad le permitió a los medios locales expresar un marcado entusiasmo por la cantidad de público en las canchas. Los choques entre ambos conjuntos llegaron a juntar cifras de entre 4 y 5 mil personas, algo que no se daba desde hacía más de una década en Mar del Plata. Ese predominio futbolístico de Aldosivi y Alvarado se mantuvo casi como una invariante durante toda la década del noventa y fueron estos dos equipos los que definieron todas las instancias importantes en el fútbol marplatense. Esas disputas deportivas estuvieron marcadas por sucesos que, al menos por su trascendencia mediática, jamás habían tenido lugar en los torneos locales: enfrentamientos de hinchadas, represión policial, presiones a los árbitros y acusaciones de irregularidades. Los hinchas de Aldosivi se consideran "robados" por aquellos años. El presidente del club llegó a emprender una serie de denuncias mediáticas en las que planteó explícitamente que los árbitros perjudicaron a su equipo. Salerno considera a la distancia que Aldosivi fue despojado esa temporada y que los árbitros no podían dirigir con "una pistola apuntándoles a la nuca", en referencia a un contexto de amenazas que según su óptica fue determinante en la resolución de esos torneos, en lo que fue "una etapa negra del fútbol marplatense".

Lo concreto es que por varios años Aldosivi vio frustradas sus aspiraciones de participar en los torneos regionales (que conducían a la Primera B Nacional) al perder las definiciones con Alvarado. Recién en 1993 el club del puerto revertiría la tendencia y se quedaría con los torneos locales de ese año, el siguiente y, sobre todo, la definición por la clasificación a la Primera B Nacional en 1996. Pero lo que estaba claro es que estos dos clubes estaban protagonizando una polarización identitaria como nunca antes había sucedido en el fútbol marplatense. Los medios se harían cargo de esa rivalidad y serían funcionales a la discusión en materia de popularidad en la que ambas instituciones estaban envueltas. Los medios de comunicación juzgaron pendularmente las consecuencias de esta rivalidad (Gil, 2002), dentro de la importancia que poseen como constructores sociales de lo real (Verón, 1992) y como transmisores de los caracteres identitarios, mitos, y esquemas normativos y valorativos de la sociedad en la que están inmersos. En este caso, cada vez que los partidos entre los dos equipos presentaban marcos importantes de público y no se registraban incidentes serios se hacía referencia al "renacimiento" del fútbol local. Pero ante cada suceso de violencia, aparecían comentarios tales como "le pegaron una patada al fútbol" (La Capital, 29 de julio de 1992). En aquella ocasión, la hinchada de Alvarado logró tomar el control de la tribuna rival en el Estadio Mundialista mientras un solitario hincha de Aldosivi defendía su bandera tomado del paravalancha. La imagen de los hinchas de Alvarado castigando a golpes de cadena a aquel hincha de Aldosivi recorrió los noticieros del país y puso al fútbol de Mar del Plata en la consideración nacional. La Capital calificó de "irracionales" a los responsables

porque no entienden que lo perjudican mucho y no benefician a nadie. Si buscaron una palmada en la espalda por la arrogancia de haber llegado a "afanar los trapos" del adversario, consiguieron el cometido [...] Correr a un tipo por la tribuna, sólo da puntos en la marginalidad que acerca a lo ilícito. Otorga "chapa de bravo", realizada en un triste metal endeble, que caerá al menor soplo [...] Le pegaron una patada a la racionalidad. Intentaron ser héroes ante los ojos de sus compañeros de tribuna y dieron una imagen increíble. Formaron parte de una estupidez. Habrá quienes logren reflexionar. Será como el arrepentimiento, que a veces llega. Pero, como siempre, tarde. (29 de julio de 1992).

En otra nota titulada "crónica de una herida al fútbol de Mar del Plata", en el diario La Capital se refirió a estos "tristes sucesos" que dejaron como "saldo, tres personas fracturadas, cuatro demorados que fueron alojados en la comisaría 3 y algunos policías golpeados [...] los inadaptados de siempre, fueron protagonistas de los hechos desagradables que sucedieron" (29 de julio de 1992).

Marcos cuenta como

aquella tarde se percibía un ambiente pesado. Se había armado problema con las entradas y no había mucha gente con la hinchada. Entonces un grupo grande de la 12 se quedó afuera y no entró. Ya ni me acuerdo en donde era que nos juntábamos todos. La cuestión es que ese día pagué la entrada y me quedé a un costadito y cuando los vimos venir a los negros de Alvarado nos cagamos hasta las patas y salimos rajando. El único que se quedó fue Cubilla, que así le decían. El tipo se aguantó él solo la bandera de Aldosivi atada al paravalancha y le dieron para que tenga cinco años. Yo creo que le debe estar doliendo todavía.

Cada vez que tuve la oportunidad de ahondar en ese episodio con distintos miembros de la hinchada de aquella época, ninguno admitió estar en ese lugar y, mucho menos haber corrido. Miguel dice que "la gente que manejaba la hinchada en ese momento no servía para nada", aunque es incapaz de mostrar alguna precisión sobre quien lideraba La 12. Después de estos sucesos, el torneo quedó suspendido. Incluso llegaron a la liga marplatense notas del Ministerio del Interior de la Nación instando a realizar mejores controles policiales. Las sucesivas derrotas de Alvarado (1991 y 1992) en las instancias finales de los torneos regionales permitieron que una vez más los torneos locales fueran el espacio propicio para la expresión de enemistades que ya se percibían como eternas y ahistóricas. Las burlas cruzadas comenzaron a ser una constante en las conversaciones entre conocidos, los graffiti, los trapos y otras formas de expresión de la pasión futbolística.

Por esos años, sería moneda corriente la publicación de sucesos que involucraban a hinchas y dirigentes de Aldosivi en actitudes censuradas por la prensa, especialmente agresiones a periodistas y gestiones de dirigentes para hacer ingresar a la hinchada en los distintos estadios sin pagar la entrada. También los medios se encargaron de imponer de manera subyacente los estereotipos del aguante y la gallina en esta rivalidad, adoptando las representaciones dominantes en el campo futbolístico. Sin plantearlo directamente los medios locales justificaban las victorias de Alvarado en su actitud frente a los equipos de Aldosivi, siempre de mayor jerarquía futbolística. Marcos recuerda que "era muy frustrante porque nos ganaban siempre. Nosotros éramos mejores pero igual perdíamos". Aunque estos estereotipos no lograron cristalizarse de manera concluyente –como sí ocurrió en el básquet de Liga Nacional (Gil, 1996)-, las victorias de Alvarado y la forma en que las logró definieron durante estos años esas posiciones imaginarias. La hinchada de Alvarado también era considerada por los medios como la de mayor capacidad de movilización. Es decir, Alvarado reclamaba para sí los atributos de tener un equipo con huevos, y una hinchada con aguante, frente a un Aldosivi que arrugaba dentro (gallina) y fuera de la cancha (cagón, amargo).

Todo empezó a cambiar un poco a partir de 1993. El retiro parcial y temporario de Oscar Salerno del control total del fútbol del club permitió que un grupo de socios tomara la responsabilidad de llevar adelante la campaña luego de tres años de frustraciones constantes ante Alvarado. Aunque Salerno hoy lo niega enfáticamente –aun frente a quienes se responsabilizaron de esa campaña- varios de mis informantes aseguran haber participado en aquella experiencia y resaltan que el rol del presidente fue "mínimo". Aldosivi también era noticia por sucesos extradeportivos, pero esta vez no le tocó tanto a los miembros de la hinchada sino a plateístas con vínculos dirigenciales, denominados periodísticamente como allegados.11 De esa campaña se recuerda el campeonato logrado, la inauguración de La Cantera y la aparición de un trapo de enormes dimensiones que sigue siendo una de las imágenes identificatorias del club. Los hechos de violencia se siguieron sucediendo y en este 1993 la hinchada de Aldosivi tuvo su venganza de lo que había sucedido un año antes cuando sus pares de Alvarado tomaron el control de la tribuna enemiga. El saldo de aquel enfrentamiento, según La Capital, arrojó "dos apuñalados, 70 demorados, tras Alvarado-Aldosivi", más allá de que se haya aclarado que

durante el desarrollo del encuentro el sistema de seguridad funcionó a la perfección, impidiéndose que los hinchas se encontraran. Al término del mismo, los más agresivos "barras bravas" de ambas divisas se las arreglaron para encontrarse, produciéndose incidentes en distintos lugares de los alrededores del escenario deportivo. En uno de esos enfrentamientos recibió una puñalada que no le causó mayores daños a un hombre identificado como Francisco Vergara, de 27 años, perteneciente a la parcialidad de Alvarado. Instantes después, fue detenido cuando rompía vidrios de los automóviles estacionados sobre la Avenida de las Olimpíadas a 200 metros de la cancha, siendo imputado por "daño".

Leandro narra cómo

un chico llamado Cristian se hizo famoso por acuchillar a uno de Alvarado. En realidad no lo acuchilló sino que le metió un destornillador en el estómago. Cuando a los pocos días me lo crucé por el puerto, le pregunté al pibe por el tema. Y ahí Tito cortó todo y me "ya fue, ya fue". Ese día la pelea fue muy grande. Había un clima muy pesado y la onda era pelearse. La cosa fue que los Alvarado nos vinieron a buscar y los que llevaban las banderas las metieron en una casa, dieron la vuelta y los agarraron por atrás. Me acuerdo que algunos de los de la 12 agarraron a un pobre tipo en un auto que salía de la casa con la bandera de Alvarado y lo mataron a palos. Encima salió la madre y la putearon y terminaron amenazándola. Esa fue la pelea más grande que vi., había ensangrentados por todos lados.

Aunque los operativos de seguridad lograron disminuir en el futuro el tenor de los enfrentamientos en los estadios, cada vez con mayor frecuencia la rivalidad comenzó a ser expresada de modo virulento en otros espacios de socialización, como los boliches y las calles. Y a partir de la reestructuración de los certámenes regionales en 1995 que proyectaron a Aldosivi y a Alvarado como dos equipos nacionales al ser incluidos en una tercera categoría del fútbol nacional (el nuevo Torneo Argentino A), los enfrentamientos en la liga local desaparecieron. El ascenso de Aldosivi a la Primera B Nacional y el descenso de Alvarado al Argentino B y su posterior retorno a los campeonatos marplatenses eliminó casi por completo la posibilidad de que ambas escuadras definieran cosas importantes. La polarización de la ciudad que de alguna manera Aldosivi y Alvarado habían logrado en los últimos años, se profundizó en las temporadas siguientes y la imposibilidad de que ambos equipos se volvieran a enfrentar en la primera división local no disolvió la rivalidad. Si bien la Liga Marplatense se encargó de que ambas instituciones no volvieran a cruzarse en las instancias preliminares de las ligas locales, la rivalidad siguió viviéndose con la misma pasión fuera del contexto ritual del estadio y hoy domina el escenario futbolístico local, trasladada a la cotidianeidad de la calle, las escuelas, las discotecas bailables y las divisiones inferiores.

La consolidación de la rivalidad entre Aldosivi y Alvarado determinaría el inicio de una nueva etapa en el fútbol marplatense. Ambas instituciones lograrían un predominio –deportivo y en cantidad de público en las canchas- similar al conseguido por San Lorenzo y Kimberley dos décadas atrás, pero un nuevo ingrediente ingresaría al campo futbolístico local: la violencia organizada. El enfrentamiento de hinchadas entre Aldosivi y Alvarado generaría además una percepción ambivalente en la prensa local, entusiasmada por la importante movilización de público que lograban estos equipos pero alarmada ante los hechos de violencia cada vez con mayor presencia mediática e intervención policial que redundarían en un clima de alarma generalizada.

Este sostenimiento del honor masculino traducido en la búsqueda de la posesión simbólica de la ciudad se daría a un nivel jamás visto en el fútbol marplatense. Un clima en el que predominaron, de acuerdo con los registros periodísticos y los testimonios de los informantes, formas de violencia que crearon un contexto de interacción mutua en el que los distintos actores estuvieron implicados en una violencia que por momentos dejó de ser perfectamente recíproca y predecible. Marcos recuerda cómo los miembros de la hinchada sabían que en determinados lugares "se podía cobrar como en la cancha de San José. Había dos opciones, correr –como lo hacía yo- o quedarse a pelear". Además, la policía comenzó a ser un agente activo en estas luchas e indisociable de un contexto violento, tanto como impedimento para que ambas hinchadas se enfrentaran como en la represión. Inclusive hasta el eterno lugar común de la prensa acerca de que la violencia es generada por unos "pocos violentos que empañan la fiesta de todos" fue puesto en duda en las mismas crónicas periodísticas que describieron permanentemente un clima de violencia generalizada en el que también estaban involucrados dirigentes y jugadores. Esta rivalidad entre Aldosivi y Alvarado rompió definitivamente los límites de lo aceptable y lo normal. Ya no se trataría de condenar el "mal gusto" de los cantos o de hechos aislados sino una situación de amenaza permanente e inseguridad.

 

Conclusión

Se ha intentado presentar aquí un caso etnográfico en el que dos identidades en pugna desembocaron en procesos de violencia generalizada que se sostienen en diversas autoafirmaciones (de género, moral, clase social) y en la reciprocidad negativa que ofrece un mecanismo para resolver, en apariencia, los antagonismos. Gran parte de lo expuesto puede aplicarse a cualquier rivalidad futbolística (o también de otros deportes), caracterizada por la manera en que los hinchas construyen al otro como un depositario de todos los atributos infamantes de la conducta y por cómo buscan permanentemente la humillación del rival. Sin embargo, este enfrentamiento en el fútbol de Mar del Plata ofrece algunos elementos extras que complejizan los intentos explicativos de fenómenos relacionados con la violencia. La manera en que las nominaciones legítimas postergaron en Mar del Plata a todo lo que no tuviera que ver con el imaginario turístico generó tensiones que aquellos descendientes de los gringos postergados pudieron escenificar a través de Aldosivi. Los triunfos del equipo gracias a la pujanza económica del puerto generaron el ambiente propicio para que pudieran reivindicar su condición subalterna (italianos y negros laburantes) y resignificarla en valores de la hombría que confirmaban contra los chetos del centro. Esos mismos chetos que no se la bancaban ni podían demostrar la pasión verdadera, incapaces de defender el honor grupal cuando las estructuras oficiales (policía, liga marplatense, medios de comunicación) no pudieran salir en defensa de ellos. Sin embargo, el surgimiento de Alvarado como fenómeno de masas puso en duda por primera vez las imágenes y fantasías de masculinidad que los hinchas de Aldosivi sentían como exclusivas e indiscutibles. Los patrones habituales que guían las rivalidades locales (por ejemplo, la oposición Rico vs. Pobre) se hicieron trizas para colocar frente a frente a dos clubes que representaban imaginarios parecidos en un momento particular de sus historias futbolísticas. De ese modo, las dolorosas derrotas que se propinaron mutuamente provocaron enormes frustraciones entre los hinchas de ambos equipos, cuyo antagonismo fue alimentado por sus respectivas élites, al manipular los sistemas de representación del campo futbolístico, generando "mercados de violencia" (Elwert, 1999). Esos "mercados de violencia" definieron arenas de interacción violenta en las que una cantidad importante de actores utilizó la violencia como una estrategia de negociación del poder y como forma de obtención de beneficios materiales. De esta manera, cobraron importancia aquellos líderes o incluso élites que manipulan concientemente a otros actores sobrecargándolos emocionalmente para que ejerzan la violencia de forma instrumental.12 Esos mismos dirigentes que reclutaban hinchadas cada vez más numerosas para mostrarle al rival su capacidad de movilización y de aguante, pero después se sentaban a transar las entradas de favor. Los mismos que llegaron a considerar la posibilidad de fusionarse institucionalmente con apoyo municipal para dar paso a un equipo que aspirara a representar a todo el fútbol de Mar del Plata (Gil, 2002).

Esto es muy claro porque se trata de una rivalidad relativamente nueva, que destruyó viejas alianzas y relaciones previas, pero que rápidamente fue percibida por los hinchas de ambos equipos como una oposición esencial, ahistórica e irreversible, como todas aquellas que caracterizan al fútbol argentino. En definitiva, se consolidó una violenta rivalidad en la que las nuevas generaciones asumieron con entusiasmo la obligación de humillar en la cotidianeidad a ese otro que, por supuesto, es un enemigo y, por lo tanto, un puto porque no aguanta y es "amigo de la policía". Paradójicamente, los mismos sujetos que condenan la violencia abiertamente apoyan sistemáticamente formas de violencia y desprecio sobre el otro que no están dispuestos a rotular como "violentos". Se trata en general de sectores dirigentes que manipularon las ideológicas (Augé, 1975), es decir, los sistemas simbólicos de referencia, las normas de apreciación de las prácticas de los actores. Por ideológica se entiende a la lógica de los diversos órdenes de las representaciones, que posibilita la formación de una reja a través de la cual los actores pueden descifrar y traducir su ambiente (Terray, 1978) y que permite acceder a "un sistema ordenado de referencias para la comprensión de los hechos" (Augé, 1975, traducción mía). Además, la ideológica goza de una coherencia virtual y se muestra en todas las dimensiones de lo social y sólo existe para un observador que puede reconstruirla, ya que es un discurso teórico de la sociedad sobre sí misma. De ese modo, "la función interpretativa de la ideológica implica una expansión de sus poderes: gobierna no sólo los discursos sino también a la acción" (Augé, 1975, p. 127, traducción mía). La ideológica es entonces un esquema interpretativo a priori, que define posiciones estratégicas y el lugar que ocupan los individuos, reglamenta el derecho a la palabra en beneficio de los privilegiados. (Terray, 1978).

Por todo ello, la violencia no es explicada aquí como una consecuencia de la "cultura del aguante" como opuesta a una "cultura de la fiesta" (Alabarces, 2004). Tampoco la violencia se considera casi exclusivamente como el resultado de las lógicas agonísticas del honor masculino ni de la apelación a ciertos atributos identitarios de sectores sociales específicos. Aunque estos últimos dos aspectos tienen su peso relevante en la concreción de algunos comportamientos violentos, se ha tratado de poner énfasis en este trabajo en las lógicas institucionales de los clubes, es decir, la violencia ejercida desde arriba (Romero, 1994), es decir, por los sectores de poder. Por eso es que se ha intentado mostrar que la violencia en el fútbol puede ser percibida también como un juego en el que los líderes planifican estratégicamente mientras que quienes cometen los diversos actos de violencia no son más que peones que renuncian a una reflexión sin compromisos en favor de una acción sobrecargada emocionalmente.

 

Referencias

ALABARCES, P. Crónicas del aguante: fútbol, violencia y política. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2004.         [ Links ]

ALABARCES, P. et al. Aguante y represión: fútbol, violencia y política en la Argentina. In: ALABARCES, P. (Org.). Peligro de gol: estudios sobre deporte y sociedad en América Latina. Buenos Aires: CLACSO-ASDI, 2000. p. 211-230.         [ Links ]

ARCHETTI, E. Masculinities: football, polo and the tango in Argentina. Oxford: Berg, 1999.         [ Links ]

ARMUS, Diego. Mirando a los italianos: algunas imágenes esbozadas por la élite en tiempos de la inmigración masiva. In: DEVOTO, F.; ROSOLI, G. (Ed.). La inmigración italiana en la Argentina. Buenos Aires: Biblos, 2000. p. 95-104.         [ Links ]

AUGÉ, M. Théories des pouvoirs et idéologie. Paris: Hermann, 1975.         [ Links ]

BARTH, F. Introduction. In: BARTH, F. (Ed.). Ethnic groups and boundaries: the social organization of cultural difference. Boston: Brown and Company, 1969. p. 9-38.         [ Links ]

DAMO, A. S. Futebol e identidade social: uma leitura antropológica das rivalidades entre torcedores e clubes. Porto Alegre: Editora da Universidade, 2002.         [ Links ]

DEVOTO, F. Movimientos migratorios: historiografía y problemas. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1992.         [ Links ]

DEVOTO, F. Historia de la inmigración en Argentina. Buenos Aires: Sudamericana, 2003.         [ Links ]

DUMONT, L. O individualismo: uma perspectiva antropológica da ideologia moderna. Rio de Janeiro: Rocco, 1985.         [ Links ]

ELBAUM, J. Apuntes para el "aguante": la construcción simbólica del cuerpo popular. In: ALABARCES, P. et al. (Comp.). Deporte y sociedad. Buenos Aires: Eudeba, 1998. p. 237-244.         [ Links ]

ELWERT, G. Markets of violence. In: ELWERT, G; FEUCHTWANG, S.; NEUBERT, D. (Ed.). Dynamics of violence: process of escalation and de-escalation in violent group conflicts, sociologus, supplement I, Berlin: Duncker & Humblot, 1999. p. 85-102.         [ Links ]

ERIKSEN, T. H. Ethnicity & nationalism: anthropological perspectives. London: Pluto, 1993.         [ Links ]

GARRIGA ZUCAL, J.; MOREIRA, M. V. El aguante: hinchadas de fútbol entre la pasión y la violencia. In: MÍGUEZ, D.; SEMÁN, P. (Ed.). Entre santos, cumbias y piquetes: las culturas populares en la Argentina reciente. Buenos Aires: Biblos, 2006. p. 55-73.         [ Links ]

GIL, G. J. Rebotes de identidad: el básquet en la cultura urbana del interior. Tesis (Licenciatura en Ciencias de la Comunicación)–Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1996.         [ Links ]

GIL, G. J. Fútbol e identidades locales: dilemas de fundación y conflictos latentes en una ciudad "feliz". Buenos Aires: Miño y Dávila, 2002.         [ Links ]

GOBELLO, J. J. Nuevo diccionario lunfardo. Buenos Aires: Corregidor, 1994.         [ Links ]

HALL, S. Introducción: ¿quien necesita "identidad"?. In: HALL, S.; GAY, P. du (Comp.). Cuestiones de identidad cultural. Buenos Aires: Amorrortu, 2003. p. 13-39.         [ Links ]

HÉRITIER, F. La identidad samo. In: LÉVI-STRAUSS, C. (Comp.). La identidad. Madrid: Petrel, 1981. p. 53-74.         [ Links ]

IZARD, M. A propósito de la identidad étnica. In: LÉVI-STRAUSS, C. (Comp.). La identidad. Madrid: Petrel, 1981. p. 341-347.         [ Links ]

KUPER, A. Cultura: la versión de los antropólogos. Barcelona: Paidós, 2001.         [ Links ]

LÉVI-STRAUSS, C. La identidad, Madrid: Petrel, 1981.         [ Links ]

LOVELL, N. Introduction. In: LOVELL, N. (Ed.). Locality and belonging. London: Routledge, 1998. p. 1-22.         [ Links ]

MEAD, G. H. Espíritu, persona y sociedad, Buenos Aires: Paidós, 1972.         [ Links ]

MOSSE, G. Nationalism & sexuality: respectability & abnormal sexuality in modern Europe. New York: Howard Fertig, 1985.         [ Links ]

MUIR, E. Mad blood stirring: vendetta & factions in Friuli during the Renaissance, Baltimore: John Hokins University Press, 1993.         [ Links ]

MURRAY, B. The olf firm: sectarianism, sport and society in Scotland. Edimburgh: John Donald Publishers, 1984.         [ Links ]

OLIVEIRA, R. C. de. Etnicidad y estructura social. México: Ciesas, 1992.         [ Links ]

PARKIN, D. Foreword. In: LOVELL, N. (Ed.). Locality and belonging. London: Routledge, 1998. p. x-xiv.         [ Links ]

PIMENTA, C. Torcidas organizadas de futebol: identidade e identificações, dimensões cotidianas. In: ALABARCES, P. (Comp.). Futbologías: fútbol, identidad y violencia en América Latina. Buenos Aires: CLACSO-ASDI, 2003.p. 39-55.         [ Links ]

ROMERO, A. Los barras bravas y la "contrasociedad deportiva". Buenos Aires: CEAL, 1994.         [ Links ]

ROMERO, A. ¿Madero Central Soccer vs. Huergo Fóbal Clú?: apuntes sobre los orígenes del Superclásico. Buenos Aires: BP, 2004. (Informes del Sur: Cuadernos de Divulgación).         [ Links ]

RUBEN, G. Teoria da identidade: uma crítica. Anuario Antropológico: Editora Universidade de Brasilia, v. 86, p. 75-92, 1988.         [ Links ]

RUBEN, G. A teoria da identidade na antropologia: um exercício de etnografia do pensamento moderno. In: CORRÊA, M.; LARAIA, R. (Org.). Roberto Cardoso de Oliveira: homenagem. Campinas: Unicamp, 1992. p. 79-97.         [ Links ]

SAHLINS, M. Stone Age economics. New York: Aldine de Gruyter, 1972.         [ Links ]

TERRAY, E. L'idéologique et la contradiction. A propos des travaux de Marc Augé. L'Homme, v. 18, n. 3-3, p. 123-138, 1978.         [ Links ]

TOLEDO, L. H. de. Lógicas no futebol. São Paulo: Hucitec: Fapesp, 2002.         [ Links ]

VERÓN, E. Interfaces, sobre la democracia audiovisual avanzada. In: FERRY, J.-M. et al. El nuevo espacio público. Barcelona: Gedisa, 1992. p. 124-139.         [ Links ]

XANTHAKOU, M. Violence en trois temps: vendetta, guerre civile et désordre nouveau dans une región grecque. In: HÉRITIER, F. (Org.). De la violence II. Paris: Odile Jacob, 1999. p. 171-189.         [ Links ]

 

 

Recebido em: 28/02/2008
Aprovado em: 23/06/2008

 

 

1 Precisamente, Amílcar Romero (2004) ha desarrollado una investigación sobre la rivalidad de Boca y River que contradice todos los clichés más difundidos de la mitología oficial del fútbol argentino. Este investigador muestra cómo en la Boca se reprodujeron ciertos patrones culturales genoveses y se dio un enfrentamiento típico de la historia argentina: católicos (en este caso judíos conversos) y masones. River (masón, con fundadores de clase media y escasa incidencia de la etnicidad genovesa) terminará abandonando un lugar en el que siempre fue extranjero: La república de la Boca. Romero describe además la rapidez con que ese antagonismo se fue nacionalizando en un país que jamás tuvo un verdadero campeonato nacional de fútbol.
2 Barth sostenía la postura de que a veces las fronteras étnicas son el único fundamento de las propias fronteras y determinan las formas de interacción. De todos modos, una de las cuestiones claves es determinar no cómo se instalan las identificaciones primordiales sino porqué esas identificaciones se establecen sobre la base de vínculos de cierto tipo.
3 El primer estadio importante en Mar del Plata fue construido en 1952, el Estadio "General San Martín", en cuyo terreno se construyó en los noventa un hipermercado
4 Estos testimonios tomados de internet se han trascripto textualmente para que permanezcan las >marcas características de los discursos aparecidos en la red y conservar así las formas de expresión >originales de quienes dejan sus mensajes allí. También son destacables los rasgos orales de esos >mensajes, todos ellos marcados por un uso coloquial del lenguaje como el que se utiliza en los >contextos futbolísticos.
5 Libro de visitas de la página web www.lacantera.com.ar debe su nombre a que la hinchada de >Aldosivi se autodenomina La 12.
6 Eduardo Archetti (1999) encuadra la moralidad en torno a cómo narramos y le damos forma y sentido a nuestras vidas y cómo discutimos esas narrativas. Los discursos morales de los actores sociales "crean una escena en la cual están disponibles símbolos y narrativas históricas, nuevas experiencias relacionadas con situaciones dadas, imágenes y resultados deportivos, nuevas preguntas, respuestas a esas preguntas y juicios acerca de la corrección de todas esas respuestas mezcladas entre ellas" (Archetti, 1999, p. 125).
7 Gobello (1994, p. 67) define al cheto como "joven que tiene o simula tener gran capacidad de consumo, alardea de muy moderno y desprejuiciado y merodea el mundo de la drogadicción". Este término es apócope de concheto que, en realidad, deriva de concheta y que con el tiempo fue perdiendo totalmente cualquier referencia al mundo de la drogadicción, en donde tuvo su origen, para definir a los jóvenes procedentes de familias acomodadas (sectores medios altos y altos).
8 El aguante puede ser definido como un atributo esencial consistente en "el arte de no escapar" (Elbaum, 1998). Entonces, es eminentemente defensivo, implica soportar "lo que venga". De todas formas, el aguante es una categoría nativa que puede ser utilizada de distintas maneras según la perspectiva que se adopte. Mientras que para la hinchada cada vez más el aguante es vinculado con la confrontación física, para el resto de los hinchas se enfoca más hacia la actitud y persistencia para alentar, es decir, el fervor. El aguante es un imperativo moral que tiene en el honor masculino a uno de sus principios organizadores más relevantes pero que también incorpora un sentido agonístico propio de cualquier competencia deportiva y que exceden a las invariantes del género masculino. Algunos autores ligan el aguante de manera más directa con una masculinidad agresiva (Alabarces, 2004; Alabarces et al., 2000; Garriga Zucal; Moreira, 2006), por lo que el aguante se disputaría solamente en la lucha y la resistencia al dolor y que los enfrentamientos o combates.
9 Oscar Daddato era el presidente de Deportivo Norte, que durante 1988 disputó las finales del torneo >local con Aldosivi.
10 El término guacho pertenece al dialecto lunfardo rioplatense y remite a una situación de orfandad >o de filiación ilegítima. También puede hacer referencia a un "sujeto vil" (Gobello, 1994) pero en el contexto aquí analizado se vincula a la adolescencia, la juventud y, por ende, la inexperiencia. En relación a la creciente participación juvenil en las hinchadas, para el caso brasileño, Pimenta (2003) define a la juventud como la "materia prima" del movimiento de las torcidas organizadas. Toledo (2002) trabaja con la categoría conducta de riesgo para referirse a las actitudes que toman aquellos que se involucran en la violencia, fruto de los procesos de fragmentación y desinversión en las instituciones populares, por lo que se opone a considerar una utilización instrumental de la violencia, ya que se trata de subjetividades específicas ante los nuevos contextos sociales.
11 La figura del allegado tiene gran importancia en el campo futbolístico debido a los múltiples usos que se le suele dar desde la prensa y los dirigentes de los clubes. Figura cuya visibilidad es difusa y que puede representar tanto a sujetos que supuestamente ponen dinero en el club como a personas importantes sin cargo concreto que se mueven con privilegios en los estadios. Son figuras comodines sobre las que se apoyan también secretos o actos que se pretenden encubrir al gran público.
12 Un caso interesante en el que también se manipularon las representaciones colectivas para construir una fuerte rivalidad (Murray, 1984) es la protagonizada entre los clásicos rivales escoceses en la ciudad de Glasgow: el Celtic y al Glasgow Rangers. Como estandartes de los antagonismos religiosos entre católicos (El Celtic, además con su impronta irlandesa) y protestantes (Rangers), los directivos de ambos clubes explotaron comercialmente la rivalidad desde las últimas décadas del siglo XIX para promocionar los enfrentamientos y así conseguir grandes afluencias de público. A tal punto que la prensa bautizó a este clásico como "Old Firm", para poner en tono sarcástico a la intensa programación de partidos que se llevaban a cabo ente los dos equipos, aprovechando la enorme y nunca vista capacidad de congregar espectadores. Pese a los enconos que despertaban, ambas instituciones mancomunaron esfuerzos en oposición a los demás clubes de Escocia para imponer cambios en la liga, como la aceptación del profesionalismo.