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Horizontes Antropológicos

Print version ISSN 0104-7183

Horiz. antropol. vol.15 no.31 Porto Alegre Jan./June 2009

http://dx.doi.org/10.1590/S0104-71832009000100005 

ARTIGOS

 

Tránsitos: circulación de brasileñas en el ámbito de la transnacionalización de los mercados sexual y matrimonial*

 

 

Adriana Piscitelli

Universidade do Estado de São Paulo – Brasil

 

 


RESUMEN

En este artículo tomo como referencia la migración de brasileñas a Europa en el contexto de la trasnacionalización y la imbricación de los mercados del sexo y matrimonial. Basándome en investigaciones realizadas desde una perspectiva antropológica en Italia y España con el objetivo de comprender los aspectos políticos, económicos y culturales vinculados a ese tipo de migraciones, considero la noción de transnacionalismo presente en el debate sobre prostitución y en los estudios sobre migraciones. Prestando atención a las redes de relaciones accionadas durante el proceso migratorio y los grados de participación de esas personas en la vida social en los países de origen y de destino argumento que para comprender como las prácticas transnacionales operan en este tipo de desplazamientos es necesaria una perspectiva amplia que tome en cuenta los espacios de agencia de esas migrantes.

Palabras clave: industria del sexo, mercado matrimonial, migraciones, "turismo sexual".


ABSTRACT

In this paper I focus on Brazilian women' migration to Europe in the context of the transacionalization and imbrications of sex and marriage markets. The analysis is based on anthropological research studies carried out in Italy and Spain with the aim of apprehending the political, economic and cultural aspects associated with this type of migration. Taking as reference the social networks activated during the migratory process and these women's participation in the sending and receiving countries, I consider the notion of transnationalism present in the debates about prostitution and migration studies. I argue that in order to understand transnational practices in this type of migration it is necessary to focus on a broad approach that takes into account women's spaces for agency.

Keywords: marriage market, migration, sex industry, 'sex tourism'.


 

 

Introducción

En los estudios sobre industria del sexo se observa que las personas que trabajan en ese sector rara vez son contempladas en los estudios académicos sobre migración, a pesar de que desempeñan un papel importante en la creación de un espacio social transnacional. De acuerdo con Laura Agustín (2006), ese tipo de inmigrantes es incluido, sobre todo, en los estudios de criminología y en abordajes feministas en que las personas aparecen como víctimas.

Este aspecto es visible en parte de la producción brasileña que, reiterando percepciones hegemónicas en el debate público, tiende a confundir migración para trabajar en la industria del sexo con trata de personas. En esa confusión, el significado atribuido al término transnacional es básicamente el de organización de grupos criminales a través de las fronteras. Paralelamente, el transnacionalismo es un concepto que se ha impuesto en los estudios sobre migración, en el marco de intensas discusiones. Los abordajes difieren pero, más allá de las discrepancias, diferentes perspectivas, centrándose en los sujetos que viajan y prestando atención a todas las redes y a las diversas lógicas que accionan, posibilitan percibir las dinámicas y los efectos de las migraciones en las más diversas arenas de la vida social, ofreciendo elementos valiosos para comprender las migraciones en la industria del sexo.

En este texto considero la noción de transnacionalismo presente en ambas discusiones, tomando como referencia la migración de brasileñas a países del Sur de Europa a partir de contextos de la industria del sexo. Me baso en las trayectorias de veintidós mujeres analizadas en dos investigaciones realizadas con una perspectiva antropológica y un abordaje cualitativo, en Italia y España, con el objetivo de comprender los aspectos políticos, económicos y culturales vinculados a ese tipo de migraciones.

En la primera parte del texto realizo algunos comentarios metodológicos. Considero después las nociones presentes en ambos debates y localizo los estudios en los escenarios en que fueron realizados. Posteriormente analizo las redes de relaciones accionadas durante el proceso migratorio y los tipos y grados de participación de esas personas en la vida social en los países de origen y de destino. Finalmente, discuto la fusión que se hace entre ese tipo de migración y la trata de personas, argumentando que para comprender cómo operan las prácticas transnacionales en este tipo de desplazamientos es necesaria una perspectiva que preste atención a los diversos espacios de agencia de esas inmigrantes, situados en diferentes locales.

 

Etnografía y trabajos de campo

La etnografía, metodología central en los dos estudios, fue una herramienta poderosa para problematizar una serie de supuestos sobre los temas investigados que, de mi punto de vista, se materializan en medidas que limitan derechos, tantos sexuales como de libre tránsito a través de las fronteras. Me refiero a la inserción prolongada, durante varios meses, en el campo, a un trabajo en el que la observación directa es fundamental y en el que la intensidad de las interacciones interfiere en el material obtenido en las "entrevistas etnográficas" (Pack, 2006). Llevo en cuenta las críticas que se realizan al método, en el sentido de problematizar la idea de que a través de él sea posible acceder a la totalidad de las relaciones sociales o a los trabajos esenciales de la cultura en un lugar específico. Sin embargo, comparto la posición de los autores que consideran que, tomando como referencia localidades constantemente moldadas por fuerzas que están más allá de ellas, la etnografía tiene un valor inmenso para aprehender la naturaleza y los efectos de procesos políticos y económicos de amplia escala, (Comaroff; Comaroff, 2003).

En la primera investigación, acompañé las trayectorias migratorias de mujeres que partieron de un contexto de "turismo sexual"1 en] Fortaleza, una de las principales ciudades asociadas a esa problemática en el Nordeste del Brasil, con destino a la región Lombarda, en el Norte de Italia. Una parte de esas mujeres integró un grupo más amplio de entrevistadas/os en un estudio anterior sobre el impacto del turismo internacional en las elecciones sexuales y amorosas de la población nativa en Fortaleza (Piscitelli, 2004a, 2004b, 2004c, 2007a). Esas jóvenes dejaron el Brasil invitadas por extranjeros que conocieron en los circuitos turísticos.

El estudio con esas migrantes tuvo lugar durante dos meses en 2004, en Italia, y durante varias semanas, entre 2005 y 2007 en Fortaleza, donde reencontré parte de las personas entrevistadas (Piscitelli, 2008a). Los datos fueron obtenidos a través de observación, entrevistas en profundidad y análisis de diferentes fuentes. Realicé entrevistas en profundidad (registradas con grabadora) con doce brasileñas. Ocho migraron desde Fortaleza y cuatro brasileñas casadas con italianos, migraron desde otros contextos. Entrevisté también cinco esposos italianos y realicé entrevistas informales con dos brasileñas que hacían tránsitos estacionales entre Milán y Fortaleza y con dos "novios/clientes". Del conjunto de mujeres que migraron de Fortaleza, la mitad formó parte de mi universo de entrevistadas en la investigación ejecutada en esa ciudad y las demás integraban sus redes de relaciones. Las entrevistas se hicieron en diversos barrios de Milán y en ciudades próximas: Abbiategrasso, Voghera, Verona.2 Parte significativa del trabajo consistió en acompañar el cotidiano de las personas en Milán, así como en pequeñas ciudades de la región Lombarda, en sus casas y lugares de trabajo, salidas nocturnas y fiestas de amigos y de familia.

La segunda investigación, que envolvió 5 meses de trabajo de campo, fue realizada en España, en diferentes momentos, entre 2004 e 2008, con el objetivo de comprender cómo diversas marcas de diferenciación, con especial atención en la imbricación entre género, nacionalidad/etnicidad y "raza", atraviesan la organización y el consumo en la industria del sexo, y cómo las marcas de identidad son re-elaboradas por las brasileñas que trabajan en este sector (Piscitelli, 2006, 2007b, 2008b, 2008c). En este marco analicé las trayectorias de mujeres que migraron a partir de diversos contextos de la industria del sexo, en diferentes partes del Brasil, con el objetivo de trabajar como prostitutas en España.

El trabajo de campo fue desarrollado en Barcelona, Madrid y Bilbao. Incluyó observación en entidades que apoyan a trabajadoras/es del sexo, en espacios destinados a la oferta de esos servicios, en la calle, departamentos y clubes; entrevistas y conversaciones informales con cuatro propietarias/os de establecimientos destinados a la prostitución, entrevistas en profundidad con catorce mujeres y cinco "trans" que han ofrecido servicios sexuales en esas ciudades realizadas en diversos locales, "pisos" en los que ofrecen servicios sexuales, cafés, en bares "étnicos" brasileños, en momentos de ocio, y en sus propias casas; entrevistas con dos brasileñas insertas en las mismas redes de relaciones que las anteriores, pero que no trabajan en la industria del sexo, y con cuatro "clientes" españoles.3

Llamo la atención para estos aspectos metodológicos porque el trabajo etnográfico fue fundamental para acceder a la aprehensión de las perspectivas de las mujeres entrevistadas y a la comprensión de la relevancia de los diferentes espacios de agencia en los procesos migratorios.

 

Transnacionalismo, prostitución y estudios sobre migración

El gobierno brasileño ratificó el Protocolo de Palermo4 en marzo de 2004. En esta convención contra el crimen organizado transnacional se considera víctimas de trata a personas que, en alguna fase del proceso migratorio, fueron engañadas o sufrieron coacción para ser explotadas en cualquier actividad, sometidas a servicios forzados, servidumbre o situaciones análogas a la esclavitud, además de aquellas a las que se les extraen órganos.

El Protocolo, que enfatiza la noción de transnacionalidad, no considera trata de personas a la mera migración para trabajar en la prostitución, tampoco reduce a la trata a la explotación sexual, en el sentido de lucros obtenidos de la prostitución forzada, ya que considera como trata los servicios forzados desempeñados en cualquier sector de actividad. Pero el Código Penal Brasileño no es coincidente.5 En este último6 se considera trata la promoción o facilitación de la entrada en territorio nacional, de personas que vengan a ejercer la prostitución o la salida para que la ejerzan en el exterior. Las recientes modificaciones al Código Penal de 1940 fueron realizadas apenas en el sentido de ampliar el foco, anteriormente centrado exclusivamente en las mujeres, para personas, en un procedimiento que tiene particular impacto sobre las migrantes travestis que, en el pasado, no eran vistas como involucradas en este crimen (Teixeira, 2008), y en considerar la trata también en el ámbito nacional.7 Pero en las leyes brasileñas violencia, amenazas o fraude y fines de lucro no constituyen el crimen de trata, sino que son apenas agravantes. Cualquier tipo de ayuda otorgada a emigrantes que pretenden viajar al exterior para trabajar en la prostitución, leída como "facilitación", puede ser vinculada al crimen de trata de personas (Castilho, 2006).8

En Brasil, el tema adquiere relevancia en un debate público alimentado por nociones presentes en el Protocolo de Palermo, por la idea de fraude, coacción, violencia y esclavitud en la industria del sexo y de "mafias" transnacionales. Sin embargo, en términos legales, de acuerdo con el Código Penal, personas que no se encuentran en esas situaciones también son consideradas vinculadas al crimen de trata de personas (Piscitelli, 2008c), un aspecto que se torna evidente en los recientes análisis de procesos judiciales (Castilho, 2008; Oliveira, 2008). Y el debate público mezcla aspectos de ambas disposiciones legales en un procedimiento en el que la idea de transnacionalismo es vinculada al crimen organizado a través de las fronteras.

Esa noción incide en que se levanten sospechas sobre las redes sociales que viabilizan la migración, principalmente de personas pobres y de mujeres, inclusive sobre las relaciones más próximas, como las familiares, pues los integrantes de esas redes son considerados como potenciales asociados a grupos criminales organizados. La percepción de que el género incide en las redes a las que tienen acceso las/los emigrantes, presente en las discusiones académicas (Viruell-Fuentes, 2006), marca el debate público. Una de las consecuencias es que los vínculos afectivos y sexuales de mujeres, sobre todo de los sectores sociales más bajos, con extranjeros son considerados particularmente peligrosos. Los novios foráneos son vistos como señuelos utilizados por las organizaciones criminales para atraer personas vulnerables a la explotación sexual en el exterior (Brasil, 2006, 2007). La migración vinculada a diferentes segmentos de la industria del sexo, incluyendo el "turismo sexual" y los noviazgos y casamientos a ele asociados, es frecuentemente fusionada con la trata de personas en el marco de lógicas legales divergentes, de ciertas nociones de género y clase y, paralelamente, de la escasez de investigaciones empíricas.9

En los estudios de migración, el término transnacionalismo adquiere otras connotaciones y se ha convertido en el centro de una intensa batalla conceptual. La idea de que el análisis de la migración transnacional se centra en las interacciones sociales que los inmigrantes mantienen y construyen a través de las fronteras ha sido refinada, en el marco de esfuerzos para consolidar un nuevo campo de estudios (Glick Shiller, 1997). Paralelamente, se trató de dotar de contenido preciso a diversas nociones: espacios sociales transnacionales10, comunidades y prácticas transnacionales (Fouron; Glick Shiller, 2001; Glick Schiller, 2005; Levitt, 2001).

En ese proceso, una de las principales perspectivas que marcó el debate restringió el contenido del concepto, limitándolo a cierto tipo de ocupaciones o actividades económicas, políticas o culturales que, para ser implementadas, requieren contactos sociales regulares a lo largo del tiempo, a través de fronteras nacionales, desarrolladas por actores no institucionales (Portes; Guarnizo; Landoltt, 1999). En esta lectura, el transnacionalismo involucra grupos o redes de individuos organizados a través de fronteras nacionales que forman parte de empresas, se movilizan en acciones políticas y transforman el carácter de formas religiosas y culturales locales mediante intercambios continuos. En esta formulación, el transnacionalismo solo puede ser asociado a un número reducido de inmigrantes11 (Portes, 2001).

En los últimos años diversos aspectos de esta conceptualización han sido objeto de discusión. Algunas perspectivas la problematizan, considerando que restringe el fenómeno a inmigrantes de clase media, ignorando la fuerza de las redes que se articulan en otros sectores sociales (Agustín, 2005). Otras cuestionan aspectos centrales de esa definición, señalando que ni el desplazamiento ni la regularidad son prerrequisitos para la existencia de prácticas transnacionales. Más aún, consideran que esas prácticas pueden manifestarse en apenas una arena de la vida social (Levitt, 2001). Sin embargo, retienen algunos de sus elementos, observando que las prácticas transnacionales son más heterogéneas de lo que las formulaciones de Portes, Guarnizo y Landoltt (1999) permiten imaginar, variando en alcance e intensidad y sugiriendo la creación de nuevas tipologías para incluir esa diversidad.12

Las perspectivas feministas que analizan cómo el género opera en la inmigración valorizan esta lectura más amplia de las prácticas transnacionales porque contribuye a la reflexión sobre las acciones de las mujeres a través de las fronteras. Me refiero a prácticas que frecuentemente no están asociadas a ocupaciones económicas o políticas y tienen efectos significativos en aspectos centrales de las vidas femeninas: lo privado, las relaciones familiares, el afecto y las emociones (Aranda, 2003; Parreñas 2001; Viruell-Fuentes, 2006). Pero entre las perspectivas feministas que reflexionan sobre los flujos de población que circulan a través de las fronteras, hay lecturas más radicales que, lejos de limitarse a observar el alcance de los lazos creados a partir de redes femeninas o el abanico de espacios relevantes para las mujeres, cuestionan los supuestos presentes en diversos abordajes sobre migración.

En las formulaciones de Aiwah Ong (1999), la noción de transnacionalidad es utilizada para confrontar las lecturas sobre globalización que conciben este fenómeno como racionalidad económica vaciada de agencia social y también las que presentan lo global como macro-político y económico y lo local como situado, culturalmente creativo y resistente. Para la autora, la idea de transnacionalidad posibilita capturar la naturaleza horizontal y relacional de los procesos económicos, sociales y culturales contemporáneos que atraviesan los espacios, expresando como están entrañados en regímenes de poder configurados de maneras diferenciadas. De acuerdo con Ong el prefijo trans alude a los movimientos a través del espacio y también a la naturaleza en mutación de algo.13

En su formulación, la noción de transnacionalidad va más allá de sugerir nuevas relaciones entre estados naciones y capitales, pues alude también a los aspectos trans versales, transaccionales, de traducción y transgresión del comportamiento y la imaginación contemporáneos, incitados, posibilitados y regulados por lógicas, que van alterándose, de los estados y el capitalismo. Y si la transnacionalidad se refiere a la condición de interconexión cultural y de movilidad a través del espacio que se han intensificado en el marco del capitalismo tardío, el transnacionalismo, lejos de las restricciones impuestas en unos u otros estudios sobre migración, se refiere a las especificidades culturales de los procesos globales. Esta aproximación es particularmente fértil para analizar las prácticas de las mujeres con las que trabajé.

 

Escenarios

En los procesos migratorios, las mujeres de los países del Sur tienden a estar confinadas en algunas categorías ocupacionales. Sin embargo, no integran un contingente homogéneo. En el marco de las relaciones desiguales entre Norte y Sur, las diferencias entre ellas son frecuentemente traducidas mediante atributos que evocan fronteras etno-sexuales, trazadas en las interacciones entre nociones de sexualidad y etnicidad (Nagel, 2003). Las imágenes creadas en estos procesos mantienen relaciones con las actividades que se abren para ellas. Las imágenes (marcadas por el género) de la "brasileñidad" se alteran en diferentes contextos migratorios, en función de las relaciones históricas que han mantenido con Brasil y también varían de acuerdo con la clase social y el color de la piel de las inmigrantes (Piscitelli, 2008a). No obstante, en el flujo de brasileñas a países del Sur de Europa, la traducción cultural del lugar subalterno ocupado por Brasil en las relaciones transnacionales tiende a marcarlas como portadoras de una disposición alegre y natural hacia el sexo, en una combinación ambigua con otras nociones: una propensión igualmente naturalizada para el cuidado, la domesticidad y la maternidad. Con diferentes matices, estas ideas están presentes en Italia y España.

La migración brasileña en esos dos países no es particularmente relevante en términos numéricos cuando se la compara con la de ciudadanos de otras naciones latino-americanas. Sin embargo, en ambos adquiere aspectos significativos. En los dos, la comunidad de brasileños ha crecido en un ritmo intenso a partir de la mitad de la década del 200014 y está marcada por el predominio de mujeres.15 En ambos las brasileñas son consideradas un contingente relevante en la industria del sexo y también integran los principales colectivos nacionales extranjeros proveedores de esposas para los hombres nativos (Piscitelli, 2008a, 2007c).

Milán y varias ciudades próximas conforman una región en la que se han establecido brasileñas que viajaron a partir de contextos de la industria del sexo. En Italia, como en otros países de Europa, se considera que a partir de la década de 1990 hubo un aumento substancial de extranjeras que ofrecen servicios sexuales. Según los estudios sobre el tema, las prostitutas extranjeras, conjuntamente con bailarinas eróticas y esposas encargadas por correspondencia, inundaron la industria del sexo (Ambrosini, 2002; Campani, 1998; Leonini, 2004). Se considera que la explosión de extranjeras, añadiendo y diversificando la "oferta", estimuló el consumo de la prostitución por parte de clientes de diversas franjas de edad (Leonini, 2004, 1998). De acuerdo con esas investigaciones, en los primeros años de la década de 2000 parte significativa de esa actividad era desarrollada por transexuales y mujeres latinoamericanas y por mujeres nigerianas, albanesas, rusas, ucranianas, rumanas y húngaras (Ambrosini, 2002). Las brasileñas desempeñarían sus actividades predominantemente en espacios cerrados, considerados imposibles de cuantificar, situados en los niveles medios de prostitución (Campani, 1998).

Al mismo tiempo, los análisis de las migraciones observan que la práctica de contraer matrimonio con personas extranjeras ha aumentado en Italia. En 2000, los casamientos "mixtos", entre personas nacidas en Italia y en el exterior, representaron 7.1% del total de casamientos (Daphne Program, 2005). La mayor parte de esas parejas (71%) estaba compuesta por hombres italianos y mujeres extranjeras.16 Brasil aparece cel principal proveedor de esposas latino-americanas.17 Esto es significativo considerando que brasileñas y cubanas (el segundo país de América Latina en orden de importancia, en términos de esposas extranjeras) son, en lo que respecta a inmigrantes en situación regular/legal, numéricamente inferiores a mujeres de otros países de la región, como por ejemplo, Perú (Istituto Nazionale de Statistica, 2005).

En este marco, las entrevistadas componen un mosaico heterogéneo. Algunas, en un tránsito estacional entre Milán y Fortaleza, permanecen durante algunos meses en Italia, sin sobrepasar el tiempo de estadía permitido a los turistas, buscando "clientes" que conocieron en Brasil, regresando a casa con dinero, para retornar posteriormente a trabajar en Italia.

Otras, reiterando el patrón "artesanal" característico del "turismo sexual" en Fortaleza, visitan a sus "novios"/clientes en Italia, buscando alguna posibilidad de permanecer en el país a través de ellos. Cuando no lo logran, vuelven a Brasil trayendo consigo valijas repletas de ropas de marca, relojes, perfumes y celulares ultra sofisticados y retornan a los circuitos de "turismo sexual" en Fortaleza, procurando un nuevo novio extranjero que viabilice otra partida al exterior. La mayor parte de las entrevistadas, no obstante, permaneció en Italia y se casó con ex "turistas sexuales". Entre estas últimas, ninguna está hoy involucrada en la industria del sexo. Ellas son ejemplo de una de las paradojas ligadas a esa problemática: en algunos casos, el casamiento ofrece una puerta de salida de la industria del sexo, posibilitando, además, la migración a países del Norte. Las entrevistadas que se casaron con italianos pasaron un tiempo en situación migratoria irregular antes del matrimonio pero en la época de la entrevista todas tenían residencia legal, obtenida mediante el casamiento.

Las entidades que atienden trabajadoras/es del sexo y investigadores/as consideran que en España el perfil de la prostitución también se modificó a partir de la década de 1990, pasando a contar con una presencia importante de personas extranjeras (Agustín, 2001; Holgado Fernández, 2005; Pons, 2003; Solana Ruiz, 2003).18 Diversos informes de investigación señalan que la presencia de latino-americanas es significativa, particularmente en algunas regiones de España y consideran que las mujeres brasileñas están más concentradas en espacios cerrados, en pisos y clubes.19 Los relatos divulgados en la página web para clientes www.hotvalencia.com, parecen ratificar la relevancia concedida a la presencia (real o imaginaria20) de brasileñas en los pisos de ciertas partes del país.21 En lo que se refiere a los clubes, esa impresión fue corroborada por un representante de la Asociación Nacional de Clubes de Alterne (ANELA) en Barcelona.22 Según él, en 2004, en los establecimientos vinculados a la entidad en todo el país, 40% de las chicas serían de Europa del Este (rusas, rumanas, de la antigua Yugoslavia, checas). Las latino-americanas, sobre todo brasileñas y colombianas, integrarían otro 40%, contando también con la presencia de uruguayas, dominicanas y muy ocasionalmente alguna argentina. La presencia de mujeres africanas, mayoritaria en algunas partes del Sur de España (Junta de Andalucía, 2005) nítidamente desvalorizadas, sería menor. Según ese agente:

En los clubes hay alguna que otra nigeriana, pero muy pocas, porque quitan categoría a los lugares, son muy sin cultura. Hay dos o tres, porque siempre hay algún cliente al que le gustan las chicas más salvajes. Y en la calle ellas son las que cobran menos.

Las narrativas acerca de la prostitución producidas en los años posteriores continúan destacando la importancia de las brasileñas en esos establecimientos.23 Paralelamente, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (2007), en el marco del aumento de casamientos mixtos entre españoles y extranjeras, las esposas brasileñas ocuparon el segundo lugar entre las esposas extranjeras, inmediatamente atrás de las colombianas en 2006.24

Las mujeres que entrevisté en España trabajaron en diferentes sectores en sus trayectorias laborales en Brasil: como vendedoras ambulantes, en fábricas, empresas, en el comercio, como maestras o fueron propietarias de micro-empresas que quebraron. Después, trabajaron en la industria del sexo. Algunas lo hicieron de manera intermitente y otras, "profesionales", sobrevivieron exclusivamente de la prostitución antes de migrar a Europa.

Entre ellas sólo una pequeña parte (cuatro mujeres) obtuvo residencia legal mediante el casamiento, con clientes o con hombres que no lo eran, y apenas una de ellas dejó de trabajar en la industria del sexo. Entre las que están irregulares, varias luchan contra cartas de expulsión e iniciaron algún tipo de trámite, mediante abogados, lo cual ofrece cierta garantía para moverse dentro del país sin temor a la deportación inmediata. La mayoría de las entrevistadas ofrece servicios sexuales en en la calle, clubes y pisos.

Considerando las dos investigaciones en conjunto, las entrevistadas conforman un universo heterogéneo que comparte algunas características. Se trata de mujeres predominantemente jóvenes, en la faja de los veinte y treinta años, pero cuatro entrevistadas tienen más de cuarenta. Para mi sorpresa, descubrí que mujeres que consideraban que la edad redundaba en un menor valor de sus servicios en la industria del sexo en Brasil, encontraron un mercado para su trabajo, en la calle, en España. El tiempo de residencia en el país oscila entre uno y diez años.

El conjunto de las entrevistadas no dejó parejas en Brasil, pero tres de esas mujeres dejaron hijos y cuatro tuvieron hijos en el exterior, con parejas extranjeras. La mayoría cuenta con estudios secundarios incompletos o completos. Apenas una de ellas inició estudios universitarios que no llegó a concluir. Al dejar Brasil, la mayor parte integraba los sectores más bajos de los estratos medios, pero dos formaban parte de clases sociales inferiores. Los factores económicos son centrales en la conformación de los proyectos migratorios y en la opción por esta actividad, pero esto no significa necesariamente aludir a una condición miserable en Brasil. Para la mayoría se trata, sobre todo, de la falta de posibilidad que sienten para trazar un futuro, para ellas y sus familias. Las palabras de una de las mujeres entrevistadas en España sintetizan la percepción de la mayoría:

¿Salir de mi país para trabajar para comer? Comida tengo en mi país. No preciso estar lejos de mi familia para comer. En Brasil si plantas una mandioca, crías una gallina, comes. No es hambre. Es tratar de hacer algo… Siempre me preocupé por el día de mañana. Cuando tenga 60 años… Tengo un objetivo, quiero juntar dinero para mandar a Brasil y hacer las cosas… Y aquí, si fuera a trabajar en otra cosa, ¿en que sería? ¿Limpiando pisos? Eso no entra en mi cabeza porque se gana muy poco. Si ganase bien, barrería la calle, sin ningún problema. ¿Pero trabajar y ganar 800, 900 euros?

 

Viajes

Los análisis de migraciones vinculadas a la industria del sexo prestan especial atención a las maneras de viajar porque se considera que ofrecen elementos privilegiados para detectar redes criminales organizadas (Brasil, 2006, 2007). Los relatos del conjunto de las entrevistadas indican que, en esos viajes, los estilos de desplazamiento son diversificados y remiten a diferentes contactos y redes sociales.

En las narrativas se vislumbran cuatro tipos de viaje. Dos de ellos no involucran deudas y accionan un número comparativamente reducido de contactos. Son los viajes intermediados por novios extranjeros y los desplazamientos realizados de manera autónoma. Las deudas aparecen como elemento constante en una tercera modalidad, que abarca redes más amplias de personas, con diversos intermediarios. Son los viajes financiados por los clubes de España. Finalmente, el cuarto tipo, que aparece frecuentemente en los relatos de las entrevistadas, es el de viajes realizados mediante redes informales, involucrando un número reducido de personas, alguna amiga, conocida o pariente. Este tipo de desplazamiento puede implicar la obligación de devolver el dinero invertido en el viaje y también puede no hacerlo.

Las brasileñas que partieron desde un contexto de "turismo sexual" en Fortaleza viajaron a través de las relaciones con turistas extranjeros que conocieron en la ciudad.25 Entre esas jóvenes, el patrón migratorio presenta aspectos análogos. Trabajaban en los sectores turísticos, estableciendo sucesivas relaciones con extranjeros con el objetivo de mejorar de vida y, frecuentemente, también con el fin de viajar al exterior.

Fortaleza es una capital con más de 2.000.000 de habitantes, en la que apenas una parte reducida de la población migra a diversos lugares del mundo. La ciudad está lejos de remitir a la idea de una comunidad transnacional como las que integran otras ciudades brasileñas con ciertos municipios en el exterior (Levitt, 2001). Sin embargo, los circuitos turísticos asociados al consumo de sexo están atravesados por un "clima" transnacional, creado por las relaciones que se establecen entre extranjeros, incluyendo turistas ocasionales, residentes estacionales (con casas y negocios en la ciudad), turistas que retornan varias veces por año y chicas que se encuentran entre si y con sus "novios" foráneos, en Fortaleza y en el exterior. En ese marco, los proyectos migratorios son estimulados por el éxito aparente de otras mujeres que, después de haber migrado, continúan manteniendo lazos estrechos con el lugar de origen. Las redes femeninas de amigas y conocidas operan estimulando los sueños de partir y, extendiéndose por varias ciudades y países europeos, ofrecen elementos de comparación para evaluar los mejores destinos en el exterior.

En Fortaleza, algunas de esas entrevistadas ofrecían servicios sexuales. Otras tenían trabajos estables, con sueldos bajos,26 en el sector de servicios y, a pesar de mantener relaciones con extranjeros mediadas por la búsqueda de beneficios materiales, no consideraban que hacían "programas" (el intercambio de dinero por servicios sexuales). En ese universo, los "novios" italianos proveyeron los pasajes, el dinero para el pasaporte y las recibieron en el país de destino. En las narrativas que circulan en la ciudad, hay relatos que remiten a casos de malos tratos e inclusive a cárcel o restricción de la libertad. A pesar de ello, las invitaciones de novios extranjeros son altamente valorizadas. En los casos analizados, permitieron a las entrevistadas dejar el Brasil e insertarse en un nuevo contexto en un marco relativamente seguro y libre de obligaciones, en el sentido de tener que pagar deudas. Parte de esas relaciones dieron lugar a casamientos que podrían ser integrados en la categoría de marriage migration, en que mujeres del "Tercer Mundo" se desplazan para casarse con hombres de países del Norte (Roca, 2007). El relato de una joven de 24 años, trabajadora sexual en el circuito turístico de Fortaleza, describe cómo fue su salida de Brasil:

Cuando él [cliente italiano que pasó un período de vacaciones en Fortaleza] se fue me mandó un e-mail… Empezamos a hablar varias veces por día. Me dijo que nunca había vivido algo como lo que vivió conmigo. Él estuvo en Fortaleza en abril. En un mes pagó las deudas que yo tenía en Brasil. Me mandó dinero para que comprase mis cosas, para que hiciera la documentación… Y compró mi pasaje… Yo llegué a Italia en junio y me casé en septiembre… Él me dijo que quería casarse conmigo. Le pedí dos meses para pensar. Y pensé. Hice lo que tenía que hacer, porque si no me casaba tenía que volver al Brasil… Y funciona así. Si una brasileña conoce un extranjero, tiene que casarse porque si no, no deja la vida de allá. Porque si vuelve al Brasil, dice que no vuelve [a la prostitución], pero termina volviendo.

Ocasionalmente, chicas ya residentes, casadas, reciben por breves períodos de tiempo a alguna hermana, prima o antigua compañera de trabajo que llega para probar su suerte con un "novio" italiano o bien está involucrada en trabajo sexual estacional en Milán y Fortaleza. Estos apoyos son resistidos por los maridos italianos que tratan de alejar las esposas de un ambiente social asociado a la prostitución. Ocasionalmente, también, alguna chica casada indica una posible candidata a un amigo del marido, viabilizando la formación de una pareja "mixta" que redunda en una nueva migración para casarse con un italiano. No obstante, en este universo, como en los casos de desplazamientos a partir de otros contextos, las redes migratorias involucran sobre todo integrantes de la familia que quedó en Brasil (madre, hija, algún hermano), sin ninguna vinculación con la prostitución.

Los relatos de mujeres que migraron con el objetivo de trabajar en la industria del sexo en España delinean un panorama diferente. Algunos remiten a procesos enteramente mercantilizados, en viajes financiados por propietarios de clubes. Estos relatos muestran la articulación de diversos agentes, en Brasil y en el exterior, implicando la intermediación de extranjeros y brasileños en contacto con propietarios y empleados de establecimientos destinados a la prostitución en Europa. En algunos casos, las mujeres fueron contactadas en Brasil. En otros, ellas invirtieron tiempo y energía para obtener los contactos necesarios. Las narrativas de mujeres que migraron desde diferentes ciudades brasileñas, Río de Janeiro, Natal y San Pablo, aluden a esas intermediaciones.

Soy de Belo Horizonte, pero trabajaba en Río de Janeiro. Un argentino entró en contacto conmigo para que viniese a Bilbao. El problema es que él quiso ganar mucho dinero conmigo. A través de él vine directo para el club, en Bilbao.

Yo iba siempre a una discoteca… Y había un taxista, que era conocido nuestro. Y me dijo: ¿nena, no quieres ir a trabajar al extranjero? Invitó también a una amiga y a una prima mías… Dijo que se ganaba muchísimo. Le dijimos que sí. Fue con nosotras para que sacáramos el pasaporte. Y un día llamó avisando que íbamos a viajar… Nos dieron el pasaje en el aeropuerto, fuimos a San Pablo y ahí tomamos otro avión. Vinimos por París… Teníamos que venir a Bilbao en tren, donde nos esperaba un hombre… Cuando nos encontramos, nos llevó a tomar café y después a la casa de él, para descansar y después nos llevó al club… y dijo, ahora tenemos que hablar… Ellos pagaron el pasaje, la deuda fue un poco más de 3000 euros…

En San Pablo las chicas no pasan información una a la otra, he tardado mucho para descubrir cómo venir a Europa, más de un año… Había una amiga mía que conocía otra, que conocía otra… Y así conseguimos la información, en una agencia de viajes que tiene contactos con clubes de Andalucía… "Es que yo quería información sobre el club de Andalucía…" Tú tienes que preguntar por el sitio específico… [Ellos responden] "No, es que no hacemos esto". Pero si tú sabes del sitio específico, club de José o de María, pues bien, te damos la información, te ponemos en contacto con la persona. Fui primero a un club de Almería… No era un lugar muy bueno. Pero yo tengo una amiga y ella tenía contactos con una chica de Barcelona que había trabajado en un club y era muy amiga de la dueña. Al final la dueña de ese club de Barcelona nos ha enviado el dinero para pagar nuestra deuda y para venir hasta Barcelona… [Cuando llegué a Barcelona], me quedaban 800 euros por pagar, pero en la primer semana tuve suerte porque he cobrado 1700 y pagué y me quedó dinero para enviar a mi país y ya.

En los relatos, sin embargo, este tipo de viajes da origen a otro estilo de desplazamientos para trabajar en la industria del sexo, involucrando parientes y amigas que viajan de manera autónoma o recibiendo el pasaje de regalo. En la narrativa de la entrevistada de San Pablo:

Tengo una amiga brasileña que todavía no decide si viene a España o a Inglaterra, pero viene pagando su billete… Mi hermana está haciendo una carrera en Brasil, en diciembre acaba y como no hay trabajo, ella viene a España y pagaré yo el billete. Está intentando venir con contrato de trabajo. Eso se consigue en Brasil en el consulado de España. Podría trabajar media jornada en trabajo normal, en el área de ella, ella hace tecnología de producción en Brasil, trabajar en esto y la otra media jornada en la prostitución… que es donde se gana el dinero.

Finalmente, otras mujeres viajaron de manera autónoma, pagando su pasaje, con apenas algún contacto para insertarse en la industria del sexo en Europa, moviéndose libremente entre clubes y el trabajo en la calle. De acuerdo con una mujer de 47 años que ofrece servicios sexuales en las calles de Barcelona:

Trabajaba en San Pablo. Y oía a las mujeres que llegaban de España decir que aquí era muy bueno… Compré el pasaje con mi dinero. Llamé a dos chicas para que vinieran conmigo. Me habían dado una dirección aquí… en La Coruña, solo que en un club. Y una mujer como yo, con más edad, no gana dinero en los clubes. Traje U$ 800,00… Vinimos para Barcelona. Empecé a ganar dinero en la calle San Ramón.

Una vez instaladas, ellas financiaron el viaje de amigas y conocidas de Brasil para viabilizar su inserción en la industria del sexo en España, en experiencias que, involucrando deudas, son a veces consideradas frustrantes.

Me instalé, después traje otras chicas, traje cinco. Pero ahí ayudas, compras el pasaje, prestas dinero. Cuando llegan, todo cambia. Te miran mal, no quieren pagarte. Es un gran problema.

Considerando las nociones presentes en los debates sobre prostitución, el conjunto de relatos remite a estilos de viajar en los que apenas una parte está vinculada a redes organizadas a través las fronteras para la obtención de lucros en el mercado del sexo. Teniendo en cuenta el concepto de trata presente en el Código Penal Brasileño, una parte importante de esas mujeres podrían ser vistas como involucradas en el crimen de trata ya que, como cualquier otro/a inmigrante, contaron con algún tipo de apoyo para viajar e insertarse en el exterior y algunas inclusive "facilitaron" los desplazamientos de otras migrantes para trabajar en la industria del sexo. Sin embargo, de acuerdo con el Protocolo de Palermo, varias de estas modalidades de viaje estarían fuera de la vinculación con ese crimen.

En los casos analizados, las relaciones con novios extranjeros remiten a viajes libres de obligaciones y/o al casamiento y, en la mayoría de los casos, a la salida de la prostitución. Y en lo que se refiere a la migración con el objetivo de trabajar en la industria del sexo en el exterior, las redes sociales que se destacan son articulaciones informales que no remiten a la idea de grupo criminal organizado.27 Este estilo de migración acciona y crea redes sociales análogas a las utilizadas por otros inmigrantes latino-americanos para trabajar en diferentes sectores. La especificidad consiste en que se trata de redes básicamente femeninas en que amigas, conocidas y vecinas se suman a las mujeres vinculadas por lazos familiares. Como observé antes, viajar a través de esas redes sociales informales no significa necesariamente estar libre de deudas. En estos casos, la anticipación del dinero necesario para viajar que, a veces, involucra intereses, la oferta de lugar en un "piso" por el que se paga un valor más elevado de lo que tiene y el apoyo para insertarse en un lugar de trabajo, suelen ser leídos como "ayuda". Y este tipo de ayuda no se restringe a inmigrantes brasileños ni al trabajo en la prostitución (Oso Casas; Ulloa Jiménez, 2001).28

En las narrativas, los viajes financiados por propietarios de clubes son los que más se aproximan a la idea de grupos organizados transnacionalmente, de acuerdo con el Protocolo de Palermo. Sin embargo, los relatos de las entrevistadas no remiten a coacción, restricción de la libertad o trabajos forzados, ni a engaño sobre la actividad a ser realizada en el exterior, elementos que integran la definición de trata de personas. El principal aspecto que aproxima este tipo de viajes a la idea de engaño es no saber el valor de la deuda contraída hasta llegar a destino. Las redes accionadas en este tipo de viaje también parecen acercarse al concepto de transnacionalismo formulado en el marco de los estudios sobre migración, en el sentido que Portes, Guarnizo y Landoltt (1999) atribuyen a ese concepto, en la medida en que remiten a agentes sociales que desarrollan una actividad que requiere contactos sociales regulares a través de las fronteras.29 Sin embargo, ambas acepciones resultan reductoras al ser confrontadas con las prácticas y conceptualizaciones de las entrevistadas.

 

¿Vivir en dos países?

Parte de las entrevistadas circula entre Brasil y el país de destino, en tránsitos con diferente regularidad e intensidad. Uno de los aspectos que incide en la movilidad es el estatuto migratorio, pues la irregularidad limita las posibilidades de retornar a Europa. A ese aspecto se suman las condiciones económicas. Las mujeres que están en la fase inicial de ahorro de dinero para invertir en Brasil restringen el número de viajes para poder acumular recursos. En los relatos, los desplazamientos más frecuentes están vinculados a la circulación estacional de algunas trabajadoras sexuales. No obstante, esto no significa que ese movimiento sea realizado durante un período prolongado de tiempo ni que trabajen en la industria del sexo en los dos países. De acuerdo con la entrevistada de Natal.

Pagué la deuda en un mes, decidí quedarme [en el club en Bilbao] hasta completar los tres meses. Volví a Brasil. Pero cuando volví, mirando el cambio, me di cuenta que no compensaba más hacer "programa" allá. Dejé pasar los tres meses necesarios y volví a España. Llamé al club y pedí que me enviasen un pasaje, que quería volver para trabajar. Y en una semana estaba de vuelta.

La mayoría de las entrevistadas con estatuto migratorio regular retorna al Brasil una o dos veces por año. En esos viajes, alimentan relaciones afectivas, principalmente con la familia, y reflexionan sobre inversiones económicas y actividades que ofrezcan lucro, frecuentemente asociadas con la idea de retorno a medio o largo plazo.

Planeo volver. Tal vez tarde diez años, pero quiero comprar unas casitas, pequeñas, de R$10.000,00 o R$ 15.000,00 alquilarlas y vivir del alquiler. Digamos que compre cuatro casitas baratas, y las alquile a 100, 200R$, ahí tienes un dinero fijo, sin hacer nada. Y, al mismo tiempo, puedes tener un negocio. Digamos que tienes 6.000 euros, y si aquel negocio no va bien estás arruinado. Pero todavía tienes el alquiler de las casas.

De hecho, la inversión económica más recurrente es en inmuebles. Cinco entrevistadas compraron casas o pisos en Brasil, utilizados en las vacaciones (alguno es alquilado ocasionalmente) y una de ellas compró tierras y ganado en un proceso en que el trabajo en la industria del sexo en España está directamente relacionado con inversiones que ya dan algún lucro en Brasil.

Todo el dinero que gano aquí, lo invierto en Brasil, porque en dos o tres años quiero estar allí. Quiero estar aquí tres meses y tres meses en Brasil con mi familia. Tengo tierras, tengo vacas, en Rondônia. Mis hijos están en Rondônia, entonces mi hijo cuida de estas cosas… Voy enviando dinero para mejorar, para no tener que trabajar más en un par de años. Mando más o menos 1500 por mes para Brasil. Por eso, siempre di valor a lo de aquí. Tengo paciencia con los [clientes] viejos porque sé que con los 20 euros que me dan por veinte minutos, pago cuatro días un peón, allá, en el campo. Hay que tener una visión de las cosas. Yo quiero que mis vaquitas estén cagando dinero por ahí. Ya tengo mucho. Mi hijo está sacando 100 litros diarios de leche. Pero quiero arreglar para tener una renta de R$ 5.000 por mes y quiero tener unas diez casas para alquilar y punto. Ya tengo mi jubilación.

Sin embargo, las inversiones regulares en la tierra natal son relativamente independientes de la frecuencia de los viajes. Los estudios que analizan la feminización de las migraciones contemporáneas tienden a ver este proceso como parte de estrategias familiares (Anthias, 2002). Los proyectos migratorios de las entrevistadas confirman esta idea, pero también muestran trazos de estrategias individuales. Estas introducen una cierta tensión en las relaciones familiares porque conducen a rechazar parcialmente las obligaciones atribuidas a las relaciones de parentesco en los sectores sociales de los que esas mujeres forman parte en Brasil. De acuerdo con una ex chica de "programa" que, en el momento de la entrevista, estaba iniciando su trabajo como mesera en un bar de Milán:

No hago como muchas brasileñas. Tengo una prima que vive en Paris que manda todo el dinero que gana para la madre… Yo vivo mi vida… Es que tengo un hermano. Hay seis personas en la casa. Estar todo el tiempo mandando, manteniendo seis personas, es imposible. Hoy le decía eso por teléfono a mi mamá, como ahora tengo trabajo, voy a pagar la luz, el teléfono, el agua, en la cuenta automática del Banco de Brasil. Sólo eso.

La mayoría de las entrevistadas reconoce y honra las obligaciones vinculadas al parentesco. Esto vale para mujeres "jefes" de familias transnacionales30 (Parreñas, 2001), cuyos hijos permanecen en Brasil a los cuidados de alguna hermana o abuela pero no se limita a ellas. La noción de familia, dependientes y obligación abarca madres, hermanos menores, inclusive sobrinos que permanecen en Brasil. Las obligaciones familiares, inclusive entre las que se casaron y tuvieron hijos en el exterior, involucran gastos de compra o reforma de casas en Brasil, mensualidades que jamás fallan, además de remesas extraordinarias en ocasiones especiales, para tratamientos médicos, material escolar, el ajuar de un nuevo bebé.

Mi marido prometió que enviaría dinero para mi hija, en Brasil, todos los meses. Y no falla. Cada día 15 envia 200 euros. Eso es suficiente en Fortaleza. Juntamos dinero durante dos años. Cuando viajamos, teníamos 2800 euros. Llevamos 2000 para comprar una casita para mi mamá. Compramos. Preciso 800 más para hacer la cocina y el baño. Es para que vivan mi mamá, mi hija y mi hermana, que tiene la misma edad que mi hija. Puse la casa a nombre de mi hija. Entonces, ellas no pagan alquiler. Con el dinero que mando, más la beca-escuela, más el auxilio gas [auxilios dados por el gobierno], viven bien. Mi hermana está embarazada. Y me llamó por teléfono, llorando, que no tenía nada para el bebé. Le conté a mi suegra, ella juntó 50 euros, la hermana de mi suegra, otros 50, y se los mandé. Mi hermana se puso superfeliz porque eso da 300 reales en Brasil. Con eso compró la mamadera, el ajuar entero del bebé.

Mi mamá vivía en una casita de barro, en Natal. Hice la casa de nuevo, con cinco ambientes y patio con cerámica. Heladera, televisión, armario, todo, todo lo que hay en la casa, desde la cuchara al plato, los compré yo. Les quise dar a mis hermanos cosas que yo no pude tener, compré una bicicleta para cada uno. Ellos son como hijos míos. Todos los meses mando 100 euros, puede ser más si hay algo urgente.

Mi familia, mi mamá, mi papá, ya murieron. No tengo hijos. En Río tengo hermano, sobrinos. Mando dinero todas las semanas. Tengo la sensación de que toda la familia vive con ese dinero.

En estos relatos, la diferencia más significativa consiste en que los valores enviados por las mujeres que están trabajando en la industria del sexo son más elevados. En las palabras de una entrevistada que ofrece servicios sexuales en pisos en Barcelona:

Mando dinero todos los meses. Mantengo todos los gastos de la casa, donde viven mi mamá, mi papá, mi hermana. Aparte de eso pago una casa [que compré]. Como mínimo, mando 800 euros. 600 para mantener el alquiler, los gastos de ellos, esas cosas, 200 euros para la casa que compré, son cuotas muy pequeñas.

En algunas perspectivas de los estudios sobre migración se considera que los envíos de dinero y los regalos a los integrantes de la red de relaciones de parentesco no representan indicios de transnacionalismo. En los términos de Portes, Guarnizo y Landoltt (1999, p. 219), esos envíos no configuran una actividad u ocupación y, en ocasiones, no presentan la suficiente regularidad. No obstante, otras lecturas consideran que esas remesas pueden remitir a prácticas transnacionales, inclusive involucrando personas que no migraron pero cuyas vidas sociales y económicas dependen y son moldeadas por los recursos, las personas y las ideas que llegan del país receptor. Por ejemplo, la abuela que, conjuntamente con sus hijas/os emigrantes, es responsable por la generación de ingresos y por criar a los nietos a través de las fronteras (Levitt, 2001, p. 199). Esta percepción de transnacionalismo es interesante, porque concibe el ámbito doméstico/familiar, fundamental para la reproducción social, como espacio social con peso equivalente al ámbito económico/laboral.

En los relatos de las entrevistadas, los envíos de dinero y de regalos forman parte de una circulación continua de bienes materiales y simbólicos que, a través de remesas y contactos telefónicos, ofrece recursos a los integrantes de redes transnacionales de parentesco en uno y otro país. Esa circulación provee la principal fuente de respaldo material para los que permanecieron y contribuye a sustentar la vida emocional de las mujeres que partieron, suministrándoles recursos afectivos y referencias identitarias. Al mismo tiempo, sus narrativas remiten a relaciones y efectos más amplios.

Los grados de integración de las entrevistadas en las sociedades de destino son diferenciados. Estatuto migratorio, tiempo de permanencia, estado conyugal y continuar o no trabajando en la industria del sexo inciden en las redes de relaciones establecidas en el exterior. Las mujeres que dejaron este sector de actividad, al casarse en el contexto migratorio, son las más afectadas por el aislamiento, inclusive las que se integraron en el sector laboral formal, desempeñando otras actividades (trabajo en supermercados, bares). Ellas sienten racismo en los lugares de empleo. Evitan las amistades con mujeres del país de destino para esquivar preguntas sobre su pasado y protegerse de relaciones que consideran atravesadas por una combinación entre sospecha y desdén, asociado al hecho de ser inmigrantes del Tercer Mundo y a la sexualización que tiñe la brasileñidad, particularmente cuando se trata de mujeres de sectores sociales más bajos. Los encuentros con otras brasileñas suelen ser restringidos por los maridos, en relaciones conyugales en las que algunos de los atributos ambiguos asociados a la "brasileñidad" se vuelven contra ellas, incidiendo en celos y vigilancia constante. En este marco, en el que incorporar las reglas para soportar e navegar por esos nuevos mundos (Ong, 2003) puede tornarse particularmente duro, las redes sociales en el exterior suelen limitarse al ámbito familiar

Los relatos de las entrevistadas que trabajan en la industria del sexo remiten a redes con diversos alcances y densidades. Las que están en situación irregular están en contacto con otras compañeras de trabajo, principalmente brasileñas, pero, asustadas por la posibilidad de deportación, tienden a restringir sus movimientos. Las narrativas de las restantes remiten a un mayor grado de libertad de movimientos y a relaciones con un abanico amplio de personas, incluyendo clientes, novios, amigos, compañeras de trabajo y mujeres dedicadas a otras actividades, brasileñas y también de la sociedad de destino. Además, entre esas entrevistadas, varias mantienen algún tipo de contacto con organizaciones no gubernamentales de apoyo a trabajadoras sexuales. Estas mujeres no están necesariamente libres del racismo. No obstante, tienen mayor margen para utilizar instrumentalmente los atributos asociados a la "brasileñidad". En sus percepciones, la idea de ser, al mismo tiempo, sensuales, cariñosas y "calientes" les concede cierto valor en el mercado del sexo.

Parte de las entrevistadas frecuenta espacios "étnicos", en Italia y en España, restaurantes y bares brasileños, en los que, escuchando música, bailando y encontrando otros brasileños recrean una valorización positiva de la etnicidad. Pero, como para mujeres de otras partes del mundo y que desempeñan cualquier actividad (Viruell-Fuentes, 2006), particularmente para las entrevistadas más aisladas, los llamados telefónicos, que llegan a ser diarios, son las principales fuentes de amparo emocional y de valorización de su origen. Paralelamente, esos llamados constituyen el camino más utilizado para interferir en la vida familiar del otro lado del océano. A través de ellos las entrevistadas forman parte de la trama de la vida cotidiana en el lugar de origen.

Me refiero a la interferencia regular en las vidas de las personas vinculadas a ellas por relaciones de parentesco, a las que "ayudan". La circulación de bienes a través de las fronteras también tiene efectos políticos, ampliando los espacios de influencia de esas mujeres. Apoyadas en la fuerza adquirida en sus vidas en el exterior, las entrevistadas (ocupadas o no en la industria del sexo) toman una diversidad de decisiones. Los aspectos que resuelven desde el exterior involucran aspectos que van desde la compra de ropas e, inclusive, comidas, mudanza de casa o reforma del inmueble, poseer o no teléfono, visitas al médico o dentista hasta el estado conyugal de los integrantes de la familia que se quedaron. En el relato de la entrevistada que compró una casa para que su madre, su hija y su hermana vivan juntas:

Mi mamá se juntó con un hombre más joven que ella. La obligué a echarlo de la casa. Yo compré la casa!!! Y le dije, un día él se va a despertar, te va a mirar, que ya eres vieja, y va a mirar a mi hermana o a mi hija, que son jovencitas, ¿y qué va a pasar? ¿A quién él va a querer?

Esa fuerza se expresa también en los casos en que la "ayuda" es negada, con un cierto sabor de venganza. En las palabras de una de esas mujeres:

No veo a mi papá hace unos tres años. Mi hermana me pidió R$ 350,00 para hacer su jubilación. Pero le dije que no, ¡si él decía que me iba a convertir en una prostituta!

Así como otras modalidades de migración desde regiones pobres del mundo, los viajes de brasileñas a partir de contextos vinculados a la industria del sexo remiten a desigualdades estructurales, atravesadas por el género. La estrategia de dejar el Brasil no significa que las entrevistadas no ocupen posiciones sociales inferiorizadas en sus nuevas vidas en el exterior. Pero estas migraciones les posibilitan escapar de las tramas de desigualdad en Brasil y este es un aspecto altamente valorizado.

Los estudios feministas sobre relaciones de trabajo llaman la atención sobre los efectos de la mundialización, que torna los empleos más precarios y vulnerables, inclusive en Europa: inestables, con bajos salarios, desvalorizados, sin ofrecer posibilidades de ascensos y con derechos sociales limitados o inexistentes. Y esas características afectan particularmente a las mujeres y a las/os inmigrantes (Hirata, 2006). En este marco, mujeres latino-americanas y, entre ellas, brasileñas, que pertenecen a los estratos medios en los lugares de origen, inclusive con estudios universitario, se sujetan a empleos desvalorizados en países del Norte (Maia, en prensa). En el proceso migratorio, esas mujeres pertenecen a dos categorías sociales diferentes de acuerdo con su inserción en el país de origen y de destino. Sin negar la relevancia de esos abordajes creo que es necesario prestar atención a las perspectivas que los informan, frecuentemente vinculadas a lecturas feministas globales desde un punto de vista "Occidental", que muchas veces ignoran las realidades vividas por esas "otras" trabajadoras. En este sentido, vale la pena recordar la observación de Ong (1999) sobre la relevancia de prestar atención a la interconexión de procesos materiales y simbólicos en los sistemas de género translocales.

Las entrevistadas aquí consideradas son mayoritariamente originarias de estratos medios bajos. En Brasil, sus actividades ya eran precarias, de escasos rendimientos y altamente estigmatizadas. Para ellas, sus ocupaciones en el exterior, fuera o dentro de la industria del sexo, son "mejores", en términos de la relación entre la energía invertida y los rendimientos que obtienen. En sus percepciones, el estilo de vida obtenido en Europa está en un escalón superior. Este es un punto central en la permanente comparación que establecen con Brasil.

Considerar la posición social de estas mujeres en las jerarquías múltiples que operan en uno y otro territorio (Mahler; Pehsar, 2001), posibilita percibir cómo esta movilidad social a través de las fronteras incide en las posibilidades de agencia social de las entrevistadas. Esas posibilidades influyen en la valorización e, inclusive, en la envidia que suscitan en los ámbitos de los que partieron. En el contraste permanente entre espacios trazado por las entrevistadas, la percepción que tienen de sus trayectorias migratorias está vinculada, sobre todo, al lugar conquistado por ellas en Brasil. Ese lugar es construido mediante prácticas transnacionales mediadas por el poder económico, teñidas por el prestigio adquirido por vivir en Europa.

 

Conclusión

El conjunto de trayectorias analizadas permite afirmar que los desplazamientos femeninos a partir de contextos de la industria del sexo en Brasil conforman un movimiento migratorio que involucra diversos tipos de viaje, con destaque para el apoyo de redes informales. Estos flujos diversificados, que siempre involucran ayuda y algunas veces deudas, no pueden ser fundidos automáticamente con la noción de grupos criminales organizados trasnacionalmente. Al contrario, el trabajo etnográfico revela la urgente necesidad de problematizar las narrativas generalizadoras que consideran las migraciones a partir de estos contextos efecto de la operación de ese tipo de grupos y sinónimo de trata de personas. Más aún, conduce también a cuestionar las definiciones que consideran a la migración con ayuda para trabajar en la industria del sexo como trata. Los itinerarios de las mujeres contempladas en las dos investigaciones muestran estrategias de ascensión social, a veces cuidadosamente planeadas, a través de la migración y, en varios casos, también mediante el casamiento con extranjeros, y la mejoría concreta en sus condiciones de vida y en las de los familiares que dejaron en Brasil. Estos aspectos solo son aprehensibles cuando se consideran los desplazamientos en contextos de la industria del sexo como en una modalidad de migración.

Paralelamente, las narrativas de las entrevistadas sobre la experiencia de vivir entre dos países conducen a reflexionar sobre las conceptualizaciones de transnacionalismo presentes en los estudios sobre migración. Esos relatos apenas ocasionalmente remiten a la idea de actividad empresarial a través de las fronteras. Sin embargo, la mayoría de esas mujeres está involucrada en prácticas que se manifiestan en la participación en la rutina de reproducción social y tienen efecto en la organización del cotidiano en dos países, dando sentido al proyecto migratorio, alimentando emocionalmente a las migrantes y estimulando la creación de redes informales que apoyan nuevas migraciones. Ellas se manifiestan con mayor vigor en las redes de conexiones a través de las que mantienen lazos familiares y, en este sentido, son análogas a las de mujeres que trabajan en cualquier otro sector. Pero el sentido en el que esas trayectorias están inmersas en el transnacionalismo es mucho más amplio.

Racionalidad económica y creatividad se mezclan en las prácticas de esas mujeres. En los procesos migratorios, ellas accionan las configuraciones culturales que expresan la posición desigual que ocupan, en diferentes escalas, en el Brasil y en el exterior pero que, simultáneamente, las tornan atractivas en la industria del sexo y en el mercado matrimonial de esos países del Sur de Europa. Y en los desplazamientos que realizan a través de fronteras nacionales y sociales traducen, incorporan y recrean las cualidades y estereotipos que se les atribuyen en un y otros lados de las fronteras, re-organizando sus identidades personales y étnicas y transgrediendo el destino social trazado para ellas en su país de origen.

 

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Recebido em: 29/10/2008
Aprovado em: 28/01/2009

 

 

* Este texto está basado en trabajos de campo etnográficos apoyados por la Guggenheim Foundation y por la Capes (Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior/Brasil) y está vinculado al proyecto temático "Gênero, Corporalidades", apoyado por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo. Agradezco a Luisa Leonini, Mônica Schpun, Giovanna Campani, a los funcionarios de la Universitá degli Studi de Milano, de los Consulados de Brasil en Milán, Barcelona y Madrid, particularmente Gelson Fonseca, Cónsul General del Brasil en España, a Dolores Juliano, Verena Stolcke, Isabel Holgado, Bea, Constancia, Carla, Justine, Cristina Garaizával, Lurdes Perramon, Beatriz Espejo, y a las demás integrantes de los grupos Licit, Genera, Ambit Dona, Hetaira, del proyecto Carretera en Calella, Coletivo de Transexuales de Cataluña y, especialmente, a Laura Agustin y a diversos integrantes, en diferentes países, de la red on-line Indústria del Sexo, el apoyo, material bibliográfico y contactos. Agradezco también el apoyo de Durval Ferraz, Marco Aurélio Garcia y Cristina Bellelli y las sugestiones de Kamala Kempadoo, Mariza Corrêa, Ana Fonseca y los/las comentaristas anónimos/as de Horizontes Antropológicos.
1 Esta expresión está siendo cuestionada en la producción académica. Estudios realizados durante los últimos veinte años en diversas partes del mundo muestran que el interés suscitado por el turismo heterosexual incidió en que diversas modalidades de viajes en busca de sexo de homosexuales fueran ignoradas (Luongo, 2000). El tipo de turismo que tiene lugar en diversos países de África y del Caribe, en el que las mujeres del Primer Mundo que buscan sexo superan en mucho a los hombres, se contrapone a la idea generalizada de que el "turismo sexual" involucra a hombres del Primer Mundo, generalmente viejos, que viajan a los países en desarrollo en busca de placeres sexuales no disponibles, por lo menos por el mismo precio, en sus países (Mullings, 1999; Pruitt y Lafont, 1995). Finalmente, esas investigaciones rebaten la de la utilización de la idea de prostitución, concebida en términos de servicios sexuales remunerados, indiscriminados y emocionalmente neutrales, para pensar en las relaciones que surgen de esos encuentros sexuales (Cohen, 2001; Oppermann, 1999). Al progresivo abandono del término "turismo sexual" en la academia se contrapone su creciente difusión en el debate público, en el que se ha convertido en una categoría émica. En Brasil está asociado a la prostitución heterosexual, básicamente al consumo de sexo ofrecido por mujeres y adolescentes nativas de las clases más bajas.
2 La investigación también incluyó: visitas a organizaciones no-gubernamentales dedicadas a trabajar con prostitución y tráfico de personas; entrevistas semi-estructuradas con ocho personas clave relacionadas con esas instituciones y con representantes del Consulado Brasileño de Milán; entrevistas informales con cuatro italianas con algún conocimiento sobre parejas "mezcladas" así como la recolección de fuentes secundarias y de datos en la Universitá degli Studi en Milán.
3 Durante esa investigación también fueron realizadas entrevistas en profundidad con veintiocho agentes vinculados a diversas entidades de apoyo a migrantes y/o a trabajadoras del sexo, al Consulado de Brasil en Barcelona y en Madrid, al representante legal de la Asociación Nacional de Clubes de Alterne (Anela), en Barcelona y a la Comisaría de Extranjería. La investigación ha incluido también el análisis de fuentes y de material secundario, datos estadísticos sobre migración, investigaciones académicas e informes sobre prostitución, material de los medios y de una página web española destinada a clientes de prostitutas.
4 Protocolo Adicional a la Convención de las Naciones Unidas contra el Crimen Organizado Transnacional relativo a la prevención, represión y punición de la trata de personas, en especial, mujeres y niños.
5 Vale observar que en Brasil el ejercicio de la prostitución que involucra personas mayores de 18 años no es considerado crimen. De acuerdo con el Código Penal (capítulo 5 artículos 227 a 231) lo que es considerado crimen es su explotación o lenocinio.
6 Cap V, Art. 231, incisos 1, 2 e 3.
7 La ley nº 11.106, del 28 de marzo de 2005 alteró ese capítulo del Código Penal, considerando la trata internacional de personas (y no sólo de mujeres) y adicionando disposiciones relativas a la trata interna (en el ámbito del territorio nacional).
8 Según la promotora de justicia Ela Wiecko V. de Castilho (2006) el término "facilitar" presente en el Código Penal incluye medios como la entrega de dinero, documentos, pasaporte, compra de ropas o utensilios de viaje. De acuerdo con la autora, si una persona brasileña que ejerce la prostitución en el exterior contó con la ayuda de alguien para comprar el pasaje, ella no practicó un crimen, pero quien le prestó el dinero, sabiendo da la finalidad del viaje, practicó el crimen de trata
9 Los estudios sobre esas problemáticas todavía son escasos en Brasil. Sobre "turismo sexual" vale mencionar los estudios de Silva y Blanchette (2005); Bessa Ribeiro y Sacramento (2006); Dias Filho (1998), Carpazoo (1994) y Piscitelli (2004a, 2004c); sobre trata de personas, los estudios de la Secretaria Nacional de Justiça (Brasil, 2006, 2007), la lectura crítica del Grupo da Vida (2005), y los trabajos de Sodireitos/GAATW REDLAC (2008) e Illes, Timóteo e Pereira (2008). Sobre migración para trabajar en la industria del sexo europeo hay varios trabajos en curso, aún no publicados, ver también Mayorga (2006); (Piscitelli, 2006, 2007b).
10 Se considera que estos espacios son creados cuando las personas emigran, se instalan lejos de casa, y desarrollan redes de conexiones a través de las que mantienen lazos (familiares, económicos, religiosos y políticos) con los lugares de origen que se extienden más allá de las cadenas de relaciones sociales y parentesco específicas a cada persona localizada en esos campos sociales. Los "transmigrantes" mantendrían esos lazos a pesar de incorporarse a otro país, invirtiendo en el país de origen, enviando dinero y regalos a la familia, participando en festividades locales y en la renovación de ciudades. Vivirían en dos países. (Fouron; Glick Shiller, 2001, p. 539; 543).
11 Algunas investigaciones, inclusive, sugieren que el transnacionalismo está relacionado a status económicos y legales más seguros, por ejemplo, los empresarios transnacionales tendrían mayor nivel de educación y éxito económico que empresarios locales o personas asalariadas (Portes, 2001).
12 Distinguiendo, por ejemplo, cómo se involucran de manera diferenciada los viajeros frecuentes, los que se mueven periódicamente y los que permanecen en algún lugar. Y, en lo que se refiere al alcance de las prácticas transnacionales, entre centrales (core) y expandidas (más ocasionales); entre comprehensivas y selectivas (Levitt 2001, p. 198).
13 Agradezco al/a parecerista anónimo/a de Horizontes Antropológicos las sugestiones para enriquecer esta discusión.
14 En España, de acuerdo con agentes consulares, la comunidad atendida por los Consulados de Brasil en Barcelona y Madrid, creció significativamente a partir de 2004. En era estimada en aproximadamente 70.000 personas. Agradezco la gentil colaboración de los agentes consulares.
15 Estudios sobre migración de brasileños indican que en Italia, en los primeros años del 2000, las mujeres en la franja de los 20 y 30 años eran la mayoría (72%) (Bogus; Beosso Bassanezi, 2001).En España, dacuerdo con informaciones divulgadas por el Instituto Nacional de Estadística sobre personas empadronadas, en 2006 la razón de sexo indicaba que 62% del total de brasileños eran mujeres. Esa razón aparece más equilibrada en Madrid, pero las mujeres superarían el 70% en regiones como Navarra, el País Vasco, Extremadura y Asturias (Instituto Nacional de Estadística, 2007). Agradezco a Durval Ferraz las informaciones relativas al material estadístico.
16 Según investigaciones sobre migración en Lombardía, solamente 8,3% de los hombres de Latinoamérica que viven en la región tienen una pareja italiana, mientras 32,4% de las mujeres de Latinoamérica tienen un compañero italiano (Osservatorio Regionale per l'Integrazione e la Multietnicitá, 2003).
17 De acuerdo con el análisis del censo de 2001, esos países son, por orden de importancia, Alemania, Francia, Rumania, Polonia, Brasil, Gran Bretaña, España, Albania, Cuba y Suiza (Istituto Nazionale de Statistica, 2005, p. 5).
18 No obstante, es importante observar que estos cambios en la nacionalidad de esas personas es considerada análoga a la que ha tenido lugar en otros sectores: servicio doméstico, pesca y agricultura.
19 En el debate sobre prostitución, la atención suele centrarse en mujeres que ofrecen servicios sexuales y, eventualmente, víctimas de trata. Sin embargo, la información proporcionada por organizaciones no gubernamentales y corroborada por mi observación indica una significativa incidencia de "trans" brasileñas, algunas muy jóvenes, en la calle, en espacios considerados más difíciles y duros, como el Campo del Barça en Barcelona y la Casa de Campo, en Madrid, y en pisos.
20 Digo esto considerando – y esta es una información que me fue brindada por Laura Agustín en comunicación personal – que las nacionalidades con las cuales las/os trabajadoras/es del sexo se presentan no son necesariamente auténticas. Algunas "trans" afirman que la "brasileñidad" es un valor en el mercado del sexo y por ese motivo "trans" de otros orígenes nacionales afirman ser brasileñas.
21 En los intercambios de mensajes de los usuarios divulgados en ese site en mayo de 2006, de los registros sobre 280 mujeres, 132 se refieren a brasileñas y 59 a mujeres de otros países de América Latina. El resto alude a mujeres de la Comunidad Europea, del Este de Europa, de África y Asia.
22 En el momento en que fue realizada la investigación se consideraba que alrededor de 10% de los clubes formaban parte de esa organización.
23 De acuerdo con informaciones de la Civil correspondientes a 2005, en ese año las brasileñas habían integrado el principal colectivo nacional en clubes españoles dentro de su jurisdicción, superando a las rumanas y duplicando al siguiente colectivo latino americano, que eran las colombianas (Policía Judicial, 2005).
24 Según los datos de ese Instituto, en 2005 fueron registrados 1310 casamientos involucrando un cónyuge brasileño y uno español, la mayoría integrados por brasileñas con hombres españoles. En 2006, serían 1978 casamientos, apenas 270 con hombres brasileños. En ese año, las colombianas (1725 casamientos), ocuparon el primer lugar, seguidas por las brasileñas (1708 casamientos). Es importante observar que el colectivo migratorio colombiano es altamente superior, en términos numéricos, al brasileño.
25 Es importante recordar que, en este tipo de escenarios, las relaciones con visitantes internacionales extrapolan la prostitución, involucrando mujeres que desempeñan diversas actividades en el sector de servicios turísticos.
26 El salario mas elevado en la época en que fue realizada la investigación era US$ 250 mensuales.
27 Vale recordar que, de acuerdo con la Convención de Palermo (artículo 2°), un grupo criminal organizado está estructurado por tres o más personas, existe durante un período de tiempo y actúa con la finalidad de cometer uno o más crímenes graves, o infracciones, con la intención de obtener, directa o indirectamente, beneficios económicos u otros beneficios materiales (Bittencourt, 2005).
28 Analizando los procesos migratorios de trabajadoras del sexo en Galicia, Oso constata la existencia de un sistema de tráfico de pequeña escala, alimentado por individuos particulares o dueños de pequeños clubes y, por otro lado, de una migración de mujeres fundamentalmente apoyada en redes migratorias. Son mujeres que migraron de manera más autónoma, empleándose en clubes o pisos (Oso Casas, 2005).
29 Los relatos de las entrevistadas sobre esta modalidad de viaje sugieren la existencia de contactos regulares entre uno y otro país, establecidos en torno a una actividad económica que evoca la desarrollada por los empresarios transnacionales que, en el siglo XIX, organizaban/inducían "migraciones laborales" (Portes; Guarnizo; Landoltt,, 1999, p. 219, 226).
30 Pensadas como núcleos domésticos cuyos miembros viven en por lo menos dos estados naciones y en las que la madre trabaja en otro país mientras que alguno o todos los que dependen de ella viven en otros (Parreñas, 2001, p. 361).