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Varia Historia

Print version ISSN 0104-8775On-line version ISSN 1982-4343

Varia hist. vol.34 no.66 Belo Horizonte Sept./Dec. 2018

http://dx.doi.org/10.1590/0104-87752018000300009 

ARTIGOS

O Artilheiro (1837-1838) Un periódico de trinchera

O Artilheiro (1837-1838) A Newspaper from the Trenches

1Instituto de Literatura Hispanoamericana, Universidad de Buenos Aires, 25 de Mayo, 221, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1.002, Argentina. goriotlr@hotmail.com

Resumen

La publicación legalista O Artilheiro circuló en Porto Alegre entre 1837 y 1838, en los años de la Revolução Farroupilha, específicamente durante el segundo sitio que al que sometieron la ciudad las fuerzas insurrectas. El artículo aborda el periódico enfatizando ese contexto, ya que propone la hipótesis de que el papel, acérrimo defensor de la plaza sitiada, encontró su materia y fundó su estilo de escritura en la guerra de acecho. Por otra parte, analiza las representaciones que el periódico realizó del Río de la Plata y de sus habitantes. Dado que O Artilheiro tramaba su presente beligerante con las históricas rivalidades de españoles y portugueses en la América meridional y en la propia Península, la frontera trazada por las fuerzas sitiadoras se cargaba por momentos de sentidos regionales e, incluso, transatlánticos.

Palabras clave prensa riograndense del siglo XIX; Revolução Farroupilha; Río de la Plata

Abtract

The legalist publication O Artilheiro circulated in Porto Alegre between 1837 and 1838, in the years of the Farroupilha Revolution, specifically during the second siege of the city by the insurgent forces. In the article the newspaper is analyzed against this context, since the hypothesis proposed here is that the paper, staunch defender of the besieged city, found its material in and based its style of writing on the guerra de acecho (war of persecution). Also investigated are the representations that the newspaper made of the River Plate region and its inhabitants. Given that O Artilheiro built its belligerent present on top of the historical rivalries of Spaniards and Portuguese in South America and in the Iberian Peninsula itself, the frontier drawn by the besieging forces at times carried regional, and even Transatlantic, meanings.

Keywords Nineteenth Century Riograndense press; Farroupilha Revolution; River Plate Region

Fronteras en la América Meridional

En Contrabando no sul do Brasil, Guilhermino Cesar anota que, en el proceso criminal contra los farroupilhas, “o futuro Conselheiro Silva Pontes chama a atenção para os folhetos subversivos, em língua castelhana, espalhados por toda a província, os quais fizeram tanto mal à ordem monárquica” (Cesar, 1978, p.67).1 Si tenemos en cuenta que los impresos a los que refería el magistrado brasileño provenían de las repúblicas circundantes (la Banda Oriental y las provincias litorales, entre ellas Buenos Aires, que luego integrarían la Argentina), representadas por los monárquicos como espacios absolutamente anarquizados, se revela la porosidad de las fronteras políticas de la América meridional. Desde el punto de vista de los defensores de la integridad del Imperio de Brasil, la lengua del otro se correspondía con el gobierno otro, es decir, con la república, por lo que había que clausurar de inmediato todo tipo de flujo que proviniera de los Estados rioplatenses. En la economía de su pensamiento, el español parecía constituir per se un idioma peligroso, tal vez porque habilitaba a los “revoltosos” riograndenses a con-fabular con políticos y militares del Río de la Plata. La coalición conspirativa de voluntades se imaginaba, así, montada sobre una base lingüística; en consecuencia, la lengua devenía una variable esencial de la fricción entre las alteridades regionales.

La contagiosidad de la lengua y de las ideas enunciadas a través de ella no radicaba en su poder de transmisión oral. La ecuación peligrosa parecía cuajar, más bien, en su modalidad impresa, esto es, en el hecho de que lo que se distribuyera en español fueran folletos. Ciertamente, la imprenta conformaba, en la época, la tecnología más importante para el intercambio de ideas. La correspondencia era otro medio, pero su eficacia no podía compararse con la de la reproducción tipográfica, por lo menos en lo que a alcance de difusión de ideas se refiere. En el contexto global de expansión de idearios políticos que erosionaban las bases ideológicas de los gobiernos monárquicos, los impresos jugaron un rol fundamental. Es este hecho el que puede colocarse como trasfondo del llamado de atención que hizo Silva Pontes. Puntualmente en Río de Janeiro, en los años que precedieron y siguieron a la independencia (1821-1823), el clima de efervescencia política propició el surgimiento de publicaciones que ampliaron la esfera de poder más allá de los círculos restringidos de la corte y que elaboraron un primer esbozo de opinión pública (Neves, 1995; Lustosa, 2000; Morel, 2005). No sólo la prensa periódica adquirió una notable relevancia en ese escenario. La historiadora Lúcia Maria Bastos das Neves (Neves, 1995, p.127) pasa revista de los diferentes formatos genéricos a los que apelaban los letrados de la época para transmitir, entre un público amplio, el valor de la constitución y las críticas al despotismo. Refiere a la circulación de los llamados “folhetos constitucionais” (como la “Constitução explicada o Catecismo constitucional”), de textos en forma de diálogos (“Diálogo entre o corcunda abatido e o constitucional exaltado”, “O alfaiate constitucional, conversación entre un sastre y sus clientes”), de escritos que adoptaban la estructura de cartas entre compadres, de poemas farsescos, de parodias de textos religiosos (“Padre Nosso constitucional”).

Esta “grafomanía” no estuvo ausente en Rio Grande do Sul aunque su desarrollo fue posterior habida cuenta de que la primera imprenta llegó a la provincia recién en 1827. Podría decirse que, si Porto Alegre no participó del entusiasmo gráfico del vintismo brasileño, algo distinto aconteció en otro de los momentos clave de la actividad tipográfica del período. En efecto, durante la etapa regencial, que comenzó en 1831 tras abdicación de d. Pedro I, se multiplicaron nuevamente los impresos en circulación, no solo en la corte sino también en ciudades del interior (Morel; Barros, 2003; Lima, 2008; Barbosa, 2010). En el caso de Rio Grande do Sul, ese proceso se vio acicateado por los conflictos que empezaron a desarrollarse entre ciertos sectores del liberalismo y la corte carioca, que derivaron, en 1835, en la Revolução Farroupilha, en la separación del parte del territorio provincial del Imperio y en su constitución como unidad política autónoma bajo el nombre de República Rio-Grandense. La “Relação” de Abeillard Barreto (1986) acerca de las publicaciones aparecidas en la provincia entre 1827 y 1850 muestra que, además de periódicos, el novel espacio público sulino era surcado por una gran variedad de impresos, tales como correspondencias,2 diálogos, manifiestos, proclamaciones, discursos y relaciones. Pero el comentario de Silva Pontes que recupera Cesar ilumina un aspecto del fenómeno que no siempre es tenido en cuenta y que está relacionado con la circulación de publicaciones más allá de las fronteras lingüísticas de la América meridional y de los por entonces muy incipientes límites nacionales. ¿Qué lugar habrá tenido en la agitación impresa de Rio Grande do Sul la presencia de publicaciones provenientes de ciudades del Río de la Plata? Si bien no hay estudios específicos al respecto, sí existen investigaciones acerca de las redes de contacto entre letrados farrapos e integrantes de la generación romántica rioplatense, redes que encontraron en la prensa periódica un dispositivo material de suma importancia (Marani, 1985; Scheidt, 1999; 2007; Betria, 2013). Un caso ejemplar es el de O Povo, periódico oficial de la República Rio-Grandense, que constituyó una plataforma de despliegue de esos lazos intelectuales. Al buscar poner de manifiesto la filiación del movimiento farroupilha con la Revolución de Mayo de 1810, el órgano de prensa liberal fomentó la relación con publicaciones porteñas y montevideanas a través de la reproducción parcial o completa de sus artículos traducidos al portugués.

Esa composición de afinidades que los farroupilhas veían como elemento importante para cimentar una nueva sociabilidad americana basada en valores republicanos era lo que la prensa pro-imperial no estaba dispuesta a reconocer o, mejor, estaba apurada en negar. Los escritores públicos que defendían la integridad territorial brasileña y que conformaban la oposición a la secesión farrapa llevaron adelante la operación ideológica contraria a la de la prensa oficial republicana. Así, en vez de evocar confluencias entre la historia política de Rio Grande do Sul y la del Río de la Plata, enfatizaban el pasado de guerras que separaba a los riograndenses de sus vecinos castelhanos. En esa retórica belicosa, se inscribe O Artilheiro, periódico aparecido en Porto Alegre el 22 de julio de 1837, durante el segundo sitio que sufrió la ciudad a manos de los liberales insurrectos. Lo interesante de este papel es que devanaba una compleja trama de vínculos entre lusobrasileños e hispanoamericanos que, por momentos, se dislocaba del presente beligerante de la Revolução para remontar un pasado lejano. En efecto, las representaciones que ofrecía del Río de la Plata se recortaban sobre el trasfondo de una larga historia de enfrentamientos entre España y Portugal producto de la conflictiva demarcación de los límites territoriales entre las posesiones de cada reino en el extremo sur de América (Tejerina, 1996; Kühn, 2010). Esta historia, a su vez, reenviaba a las rivalidades que durante siglos tensionaron la relación de ambos pueblos en la propia Península Ibérica (Ponsen; Feros, 2017). El rechazo de cualquier comercio e intercambio con los hispanos-rioplatenses constituía, además, un signo elocuente del tipo de frontera a partir del cual O Artilheiro fue tomando forma: un cerco militar, que separaba a los habitantes de Porto Alegre de las fuerzas sitiadoras y sobre el cual había que ejercer una vigilancia absoluta para evitar eventuales contrabandos de personas e informaciones.

Son pocos los análisis que dan cuenta en términos discursivos de los elementos que distinguieron la voz enunciadora de O Artilheiro en el concierto de los papeles públicos de la época. Los historiadores de la prensa gaúcha se dedicaron fundamentalmente a construir inventarios de periódicos, muy útiles, por cierto, por la cantidad de datos que aportan (Vianna, 1977; Barreto, 1986; Silva; Clemente; Barbosa, 1986; Macedo, 1994). Por su parte, Moacyr Flores publicó en Caderno de Sábado una serie de artículos sobre esta hoja en los años 70, pero que, aunque son muy útiles a la hora de contextualizar su momento de aparición, resultan por momentos demasiados descriptivos y muy apegados al contenido del periódico.3El historiador Álvaro Klafke fue el primero en desarrollar un enfoque más analítico acerca de O Artilheiro. En su libro sobre la prensa riograndense del período 1831-1845, se centra fundamentalmente en las publicaciones legalistas e incluye en su corpus el periódico que nos interesa. Sus valiosos análisis lo ponen en red con otras publicaciones de la época, también defensoras de la integridad y centralismo del Imperio, y revelan, hacia el interior de la facción legalista, segmentos enfrentados por discordancias ideológicas, que muchas veces se traducían en diferentes elecciones de estilos de escritura pública. Nuestro texto también hace énfasis en lo discursivo pero teniendo en cuenta aspectos literarios y culturales que pasaron desapercibidos en el enfoque historiográfico de Klafke (Klafke, 2011). Por un lado, asumimos la incógnita que existe acerca de la identidad del autor de la hoja, incógnita que nos sirve para plantear una reflexión acerca del problema más general de la construcción de la autoría en el período. Por otro lado, analizamos la manera en que la voz del papel se fue tallando a partir de una ficción de escritura que consistía en adjudicar su redacción a un soldado de trincheras. A su vez, la representación de la ciudad desde los límites que imponía el sitio - trincheras, baterías, fortificaciones - se tramaba con la representación de otra frontera; de ahí que indaguemos las figuraciones que el periódico ofrece del Río de la Plata y de sus habitantes y las filiaciones que pueden trazarse entre la hoja brasileña y ciertos impresos platinos.

O Artilheiro y los peligros de la autoría

En la Porto Alegre del primer lustro del siglo XIX, los años más prolíficos en términos periodísticos fueron los del cuatrienio 1833-1836, con la circulación de 11, 18, 14 y 12 publicaciones respectivamente (Macedo, 1994). La mayoría de ellas, producto de conflictos entre grupos políticos antagónicos, tenían las mismas características que distinguieron a la prensa del Brasil de las regencias: altamente violentas, estaban repletas de insultos, burlas y amenazas contra los adversarios políticos.4 Como ya indicamos, O Artilheiro salió a la luz el 22 de julio de 1837, con un poco de rezago respecto del cuatrienio mencionado y en el contexto del segundo sitio que los farroupilhas impusieron a la capital de la provincia.5 Junto a otros periódicos aparecidos ese año en la ciudad, pasó a engrosar la pila de impresos “legalistas”, que defendían la política imperial y censuraban la secesión farrapa. En ese conjunto textual, O Artilheiro se destacó por la beligerancia de su escritura, que lo ligaba a un campo de la política en el que, según la retórica de la época, predominaba la radicalidad. Ese estilo intemperante le valió la clausura en julio de 1838. No todos los historiadores de la prensa riograndense del período coinciden en la identificación de su redactor. Esta situación difusa respecto de la autoría no está desligada de lo antes dicho: en años en los que pululaban las escrituras públicas exaltadas y en los que las palabras volaban del papel como si de proyectiles se tratara, asumir la responsabilidad de la escritura de una hoja de combate suponía exponerse a ciertos riesgos.

Si la identidad del redactor de O Artilheiro no es evidente, sí lo es la de su editor e impresor, un francés llamado Claude Dubreuil, cuya trayectoria está asociada con el período inaugural de la historia de la cultura impresa y del periodismo gaúchos. Dubreuil arribó a Porto Alegre en 1827 en calidad de tipógrafo para imprimir el primer periódico de la provincia, el Diário de Porto Alegre, que salió de la prensa de la Tipografia Rio-Grandense, la primera imprenta del estado. Barreto señala la importancia que tuvieron los emigrados franceses en el desarrollo de las artes gráficas brasileñas, influencia de la que la región meridional del Imperio no escapó (Barreto, 1986, p.12). En efecto, ciudadanos de esa nacionalidad llegaron a los más importantes centros poblacionales de Brasil, sobre todo a Rio de Janeiro, convirtiéndose en transmisores de saberes técnicos relativos a la impresión. Pero, claro, el ignoto Dubreuil estaba muy lejos de alcanzar la glamorosa altura de un Pierre Plancher, comerciante parisino arribado a la corte imperial en 1824, con prestigiosos antecedentes como impresor y librero en la “Ciudad Luz” (Morel, 2002a, p.13). De ser cierto que, antes de desembarcar en Porto Alegre, Dubreuil formó parte de las tropas argentinas del general Carlos María de Alvear que pelearon en la Guerra del Brasil (Porto, 1937; Barreto, 1986), su perfil parece acercarse más al del mercenario europeo reclutado para las guerras intestinas sudamericanas que al del experto en haute typographie.

Teniendo en cuenta cómo era el negocio tipográfico de la época, la incursión de Dubreuil en ese rubro consolida sus rasgos de aventurero. Francisco Rüdiger afirma que, gracias al comercio de impresos, muchos artesanos urbanos ascendían a condición de pequeños empresarios, por lo que la fundación de una tipografía se veía como un negocio rentable cuyo éxito podría traer aparejado el ascenso social. Dubreuil siguió la trayectoria, entonces, de muchos asalariados de la ciudad que “sabendo tirar proveito das circunstâncias, montaram seu próprio negócio e lançaram seus próprios periódicos, em várias cidades da Província” (Rüdiger, 1993, p.17). El francés abandonó rápidamente su trabajo en la Tipografia Rio-Grandense como impresor del periódico ministerial y, en 1828, estableció su propio taller junto al profesor Tomaz Ignácio da Silveira. Tres años después, se desligó de este en malos términos y rebautizó el establecimiento como Typ. de Cláudio Dubreuil & Cia. Partícipe desde la primera hora en las disputas políticas locales, el francés publicó en Porto Alegre más de una docena de periódicos.6 El último de ellos, O Pharol, circuló hasta octubre de 1851, fecha en la que el impresor fue expulsado del Imperio.

En una representación dirigida al Vice-Cónsul de Francia en 1838 en la que le solicitaba protección debido a un ataque que había sufrido su tipografía, Dubreuil asumió de manera explícita su carácter de editor e impresor de O Artilheiro. Aunque en la primera parte del siglo XIX sudamericano el término editor no había adquirido todavía su sentido moderno y refería habitualmente al redactor del periódico, la asunción del francés no implicaba necesariamente que él fuese el responsable de la escritura del papel. En sus respectivos catálogos de prensa riograndense decimonónica, Louviral Vianna (1977) y el ya mencionado Barreto (1986) lo señalan solo como impresor de O Artilheiro. En cambio, según los artículos de Flores, Dubreuil era el escritor del jornalzinho. Silva, Clemente y Barbosa (1986) también hacen recaer la responsabilidad de la redacción en el francés basándose en lo dicho por este en la representación al Vice-Cónsul francés ya referida. No obstante, habría que hacer una precisión respecto a la manera en que Dubreuil usó el término “editor” en aquel texto. Mientras empleó esa palabra para aludir a sus compromisos con O Artilheiro (en el mismo sentido recurría a “director”), identificó a Joseph Girard,7 supuesto responsable del ataque perpetrado contra su imprenta, como “redactor-editor” de un periódico titulado Campeão da Legalidade.8 ¿El hecho de que Dubreuil haya necesitado de esas dos palabras para referirse a la labor de Girard no induce a pensar que el término “editor” por sí solo no englobaba necesariamente la actividad de redacción de una hoja periódica? Por un lado, enfatizar la calidad de redactor de su enemigo le permitía eliminar cualquier duda acerca de su responsabilidad sobre los textos publicados en el Campeão (que incluían amenazas contra sus bienes y persona); por otro, determinaba que su asumida condición de editor de O Artilheiro no implicase adjudicarse la redacción de aquella hoja.

La construcción de la autoría en la prensa del siglo XIX fue un fenómeno de gran complejidad. En Letras gauchas, Julio Schvartzman analiza la anonimia en las primeras flexiones del género gauchesco. Vincula ese rasgo con un fenómeno mayor, que afectaba de manera general la circulación de impresos, y que asocia con “el lento proceso histórico de consolidación de la autoría vinculada con la firma” (Schvartzman, 2013, p.194). En palabras de Schvartzman, el abordaje que hizo Michel Foucault de la categoría autor permite conceptualizar dicho proceso de una manera renovada puesto que separa la noción “de un mero o presunto principio individuado (lógico o cronológico) del discurso, para pensarla en términos de proyección […] de una determinada textualidad sobre un nombre propio” (Foucault, [1969] 2010; Schvartzman, 2013, p.194). Esta operación relega la situación empírica de la escritura como elemento definitorio, lo que redunda en el hecho de que se pueda atribuir un autor a un texto sin importar que aquel haya sido o no su productor empírico (los “negros” del siglo XIX que escribían a pedido de literatos populares de París, como Dumas y Willy, constituyen un ejemplo paradigmático de cómo la historia de la literatura está plagada de nombres de autor en cuya construcción tuvo escasa gravitación quiénes fueron los escritores reales de los textos que se les atribuye); solo basta que el nombre opere en relación al discurso, esto es, que permita reagrupar una serie de textos, oponerlos a otros, relacionarlos entre sí.

En este sentido, más allá de haber escrito o no las hojas de las que era editor o de haberlas escrito en un porcentaje que, claramente, resulta hoy indeterminable, podría pensarse a Cláudio Dubreuil como un nombre de autor, es decir, como un principio de clasificación o una firma (la traducción al portugués de “Claude”, su nombre de nacimiento, resultaba, en efecto, una especie de firma comercial) que mantiene unidos un número de elementos de discurso e imprime en ellos una orientación interna, incluso aunque presenten entre sí contradicciones.9 De hecho, los periódicos de Dubreuil, como tantos otros de su época, a pesar de su anonimia, poseían los rasgos que definen, según Foucault, a los discursos portadores de la función autor. Eran objetos, por un lado, de apropiación comercial, que les permitía a sus propietarios (otro término que funcionaba como equivalente al de “editor” y “director”) obtener ganancias por la venta de las hojas; por el otro, eran objetos de una apropiación de naturaleza penal, que implicaba, para los dueños de los periódicos, la posibilidad de ser castigados en caso de que su contenido transgrediese las normas de libertad de prensa vigentes.

En relación con las sanciones y castigos a los que se expone un autor, Foucault enfatiza que el discurso ha sido históricamente “un gesto cargado de riesgos” (Foucault, [1969] 2010, p.234). Los contornos riesgosos que caracterizaban las publicaciones portoalegrenses de aquellos años se diseminaban en sesgos diferentes (políticos, económicos e incluso tecnológicos). Según Rüdiger, durante las primeras décadas del siglo XIX, el negocio tipográfico en Rio Grande do Sul no suponía grandes inversiones de capital ya que se podía montar un taller con tecnología rudimentaria no demasiado costosa (Rüdiger, 1993). Ahora bien, sí dependía para su subsistencia de los contactos políticos que tuviese el dueño del establecimiento, puesto que de ellos se derivaba el número de papeles que le encargarían publicar (Rüdiger, 1993). Para el caso de la región vecina del Río de la Plata, Claudia Roman sostiene de manera coincidente que, durante casi todo el siglo XIX, el periodismo se sostuvo económicamente a través de una estrecha vinculación con agrupaciones políticas y/o con el Estado (Roman, 2014). Esta dependencia respecto de un campo político cuyas coyunturas estaban marcadas por un violento dinamismo determinó que los papeles periódicos se caracterizaran por el signo de lo efímero y de la precariedad. Roman apunta también los riesgos que suponía en el siglo XIX devenir escritor de papeles públicos (Roman, 2014) y, más generalmente (agregamos), introducirse en el mundo de la prensa desde algunos de los roles que se conjugaban en la hechura de un periódico. Riesgos económicos, culturales, políticos que pueden completarse con el panorama que describe Rüdiger para el sur brasileño: “Os homens de imprensa levavam uma vida perigosa, sujeita às violências dos adversários políticos e às pressões policiais. Os processos criminais, a condenação a penas de prisão, os atentados à bala, o empastelamento de jornais e a destruição de tipografias tornaram-se por isso característicos do processo de formação do jornalismo no Rio Grande do Sul” (Rüdiger, 1993, p.22).

Con variaciones, estos peligros conjugaron, en el siglo XIX, el perfil de letrado con el del aventurero para dar lugar a la figura del editor-impresor. Cláudio Dubreuil parece colmar muy cómodamente ese modelo por su procedencia extranjera (desde Francia se había aventurado a un lejano confín americano) y su ligazón oscilante entre las facciones políticas que convivieron tensamente en la escena pública de la Porto Alegre de la primera mitad del ochocientos.

Los sonidos de un periódico de trinchera

Una vez comenzada la Revolução Farroupilha, en septiembre de 1835, Porto Alegre cayó en poder de los rebeldes. Dubreuil abandonó la ciudad y se trasladó a Río de Janeiro, de donde retornó en junio de 1836, cuando las fuerzas imperiales recuperaron la capital. Un año después (mayo de 1837), los farroupilhas cercaron la ciudad y dieron comienzo a un sitio que se prolongaría por nueves meses (hasta mayo de 1838). O Artilheiro, periódico defensor de la Legalidade, apareció casi tres meses después de que se iniciara el cerco.

“Nada de susto, Camaradas! Suas merces ha perto de 3 mezes acostumados a ouvir roncar o bronze, e agora espantarem-se do Artilheiro?”,10 saludaba el periódico a los lectores en sus primeras líneas. Desde el inicio, la escritura del papel de Dubreuil estuvo tramada con los sonidos de la guerra. La gaceta se segmentaba en secciones estridentes que llevaban por título “Bomba”, “Bala raza”, “Bala ardente”, “Metralhada”, “Exercicio de fogo”, “Lá vai granada!” y que eran coherentes con la identidad militar de la voz que se proponía como enunciadora. Su ficción de escritura giraba en torno a la figura del artillero y sentaba las bases de una retórica de la confrontación bélica que permeaba toda la escritura. Esa preferencia por un universo léxico ligado a los conflictos armados no fue privativa de la publicación de Dubreuil. Constituyó un discurso común, por ejemplo, en la prensa de aquellos años de la vecina Montevideo, involucrada también en cruentos enfrentamientos civiles. En 1839, durante el “gran sitio” de esa ciudad, salió a la luz El Lancero en Campaña y, dos años más tarde, El Artillero de la Línea. Así, la violencia se simbolizaba en la figura de los regios combatientes que le daban título a las hojas o también en nombres que referían a las armas usadas en los combates, como es el caso del montevideano Estrella o Cañón de la Libertad (1839).

De una manera muy lograda, el ritmo del enfrentamiento bélico se tramaba con la escritura de O Artilheiro. Su nombre y los de las secciones identificaban como lugar de enunciación los puntos de defensa de la ciudad: las fortificaciones, las trincheras y las baterías. El cuerpo del soldado se entrelazaba con el cuerpo discursivo del periódico y ese entrelazamiento marcaba la tónica del papel. La virulencia de los escritos crecía de manera proporcional a los padecimientos del artillero en el ejercicio de la vigilancia:

O mau humor, de que algumas veces se acha o Artilheiro coopera alguma coisa para ás veces fazer fogo de mais, e com a Peça de maior calibre; mas ponha-se cada hum no lugar do Artilheiro, e verá se elle tem razão, ou não. Com effeito meter uma sentinella em hum tempo destes por duas horas, huma noite frio, que corta, outra chuva, que aborrece, não pode por certo fazer bom cabello, nem bom humor.11

Entre otros cercos, la historia de la región meridional americana tiene en su haber el ya mencionado “gran sitio” que sufrió Montevideo entre 1843 y 1851.12 La primera “bomba” que lanzó O Artilheiro (recordemos que el primer número es de julio de 1837) refería justamente al conflicto uruguayo entre blancos y colorados que algunos años más tarde derivaría en ese prolongado asedio de la ciudad oriental. Especialmente, hacía alusión a la densa red de alianzas que se tejían y destejían entre las facciones enfrentadas en el lado hispano de la región (no solo en la Banda Oriental, sino también en Buenos Aires y las provincias litorales argentinas) con aquellas que combatían del lado brasileño. La Cisplatina, como se porfiaba en llamar a Uruguay el jornalzinho de Porto Alegre (a pesar de que habían pasado ya diez años de la proclamación de su Independencia),13 era un centro medular de la política regional del momento. Para el caso de Rio Grande do Sul, el desenvolvimiento del conflicto que atravesaba la provincia estaba condicionado en parte por el enfrentamiento entre el entonces presidente de Uruguay, Manuel Oribe, líder de la facción blanca, y el caudillo colorado Fructuoso Rivera, uno de los principales proveedores de armas de los farrapos. La primera descarga del Artilheiro se abría entonces a un espacio regional: el redactor, basándose en información aportada por los passados, denunciaba que, como Oribe había cortado el tráfico de armas a los insurrectos riograndenses, estos recibían municiones de Santa Catarina, con la vergonzosa anuencia de su presidente, que había sido designado por negligencia del gobierno central.

Son muchas las escrituras que encontraron lugar y fundamento en el sitio dilatado que padeció la capital uruguaya. Los casi nueve años durante los cuales oribistas y rosistas rodearon la ciudad dieron materia para una pequeña novela de Alexandre Dumas, Montevideo ou une nouvelle Troie (1850), que dio resonancia internacional al conflicto. Pero, además, en el hic et nunc de la hirviente Montevideo de aquellos años proliferaron hojas sueltas de toda clase y periódicos que enseñaban las marcas del acoso militar. Hilario Ascasubi publicó allí, en 1843, su tercer periódico gauchesco, El Gaucho Jacinto Cielo, defensor aguerrido de la plaza sitiada. El poeta argentino explotó también, en esas circunstancias, las posibilidades propagandísticas de los formatos no seriados. Entre los múltiples papeles sueltos que sacó, se destaca el folleto Paulino Lucero, cuyo título daría nombre, más de veinte años después, al libro en el que recogió gran parte de las composiciones gauchescas que escribió e hizo circular durante el asedio. Como el Diario histórico del sitio de Montevideo en los años 1812-13-14 de Francisco Acuña de Figueroa, que registró entre otras informaciones las composiciones cantadas al pie de las murallas de la Montevideo sitiada por las fuerzas porteñas y artiguistas, el Paulino Lucero, si bien no bajo el modo del registro, compiló múltiples voces, cantos y escrituras que remitían, a través de sesgos diversos, al nuevo cerco que la ciudad atravesó treinta años después.

Los periódicos de Ascasubi y sus papeles sueltos, las hojas de los románticos argentinos antirrosistas (como Muera Rosas!, El Grito Arjentino y El Corsario), la serie de periódicos riveristas que aludían de manera explícita al asedio a través de sus títulos (El Artillero de la Línea, El Tambor de la Línea, El Telégrafo de la Línea) son algunas de las múltiples escrituras públicas que apresaron desde el propio teatro de operaciones los pormenores de una conflagración que transformó de cabo a rabo la cotidianeidad de Montevideo. El periódico legalista brasileño puede filiarse con ese conglomerado de textualidades ya que registró también el día a día de una ciudad sitiada y modeló sus formas a partir de la materia que le brindaba la guerra de asedio, a la vez que estuvo atento a los avatares de la política regional, de los que dependía, en cierta medida, el desarrollo del conflicto en Rio Grande do Sul. Desde esta perspectiva, lo interesante es que la historia que fue tramando O Artilheiro en torno a la situación bélica de su presente tenía un alcance diferente a la que tejieron los escritos del Río de la Plata. Si en los textos hispanos la guerra que narraban coincidía con el nacimiento de la patria, por lo que su relato solo podía tener la profundidad de unos escasos veinte años, en el papel de Dubreuil la historia de la patria y de sus guerras empezaba mucho antes de la Independencia de Brasil. Los versos de Os Lusíadas que llevó como epígrafe durante sus primeros veintisiete números tienen, en este sentido, mucha relevancia: “Alguns vão maldizendo, e blasfemando / Do primeiro, que guerra fez no mundo. / Outros a sede dura vão culpando / Do peito cobiçoso e setibundo”.14 La herencia cultural que reivindicaba la cita de Luís de Camões - en cuya epopeya se narraban, precisamente, los actos heroicos del pueblo portugués - era signo del lusitanismo del periódico y de su posicionamiento bajo la impronta de las tendencias restauradoras del Brasil de la época.15 Pero, además, los versos del poeta portugués, revisitados una y otra vez con cada nuevo número, tiraban del largo hilo de la historia de lides entre portugueses y castellanos que había tenido lugar en la Península, lo que generaba resonancias con las luchas del presente que confrontaban a los descendientes americanos de las dos naciones ibéricas. Así, O Artilheiro refería a la situación política de su actualidad bajo la luz del pasado legendario luso, esto es, bajo un horizonte de sentido ligado a la tradición, que dislocaba las luchas presentes del proceso de construcción de una modernidad política para reinscribirlas en una línea de temporalidad anclada en la idiosincrasia mítica e inalterable del pueblo portugués. Como si la historia lusa estuviese tramada a partir de la misma y única batalla contra enemigos también inalterables, la presencia de Os Lusíadas en O Artilheiro trazaba una línea de unión entre los ambiciosos castellanos que aparecían en el relato épico de Camões (a ellos refería los versos citados del poeta portugués) y los castellanos del presente (los rioplatenses), a cuya perniciosa influencia se atribuía la secesión farrapa.16

Desde el comienzo mismo de la conquista, la larga historia peninsular de aproximaciones y enfrentamientos entre castellanos y portugueses ganó un nuevo escenario: el de la América meridional. La Cuenca del Plata fue el epicentro de las tentativas de la corona portuguesa (y luego de Brasil) de avanzar sobre los territorios españoles. Durante las primeras décadas del siglo XIX, la significación del Río de la Plata como territorio liminar fue central: el río era el lugar de cruce y roce entre las alteridades que surcaban la región y que atravesaban las unidades políticas que iban perfilándose. Por ello no es casual que, en un periódico receloso del influjo rioplatense en la política de una provincia brasileña, los lugares fronterizos ocuparan un lugar destacado. Los márgenes de la urbe constituían zonas clave que había que vigilar, ya que eran puntos porosos del tejido urbano, lugares de deserción, fuga, contrabando y circulaciones peligrosas.

El espacio urbano portoalegrense que describe O Artilheiro se caracterizaba, debido al sitio, por su racionalización militar. La ciudad era protegida por una línea fortificada con trincheras de más dos metros de profundidad, que había sido construida en el siglo XVIII contra los españoles y que, por tanto, traía los ecos de la rivalidad histórica entre los pueblos ibéricos por la ocupación de los territorios meridionales fronterizos al Río de la Plata. Sobre esa línea, los legalistas habían dispuesto un sistema de baterías que, además de ser puestos ofensivos y defensivos entre las fuerzas sitiadas y sitiadoras, constituían zonas de pasaje, por lo que podían ser aprovechadas para el comercio sigiloso de civiles con los enemigos (para las prácticas del espionaje, la infiltración y la conjura). Las baterías eran, paradójicamente, el lugar del ruido atronador de las armas, y también una zona regida por la lógica del silencio y de las sombras. El cruce de informaciones prohibidas se realizaba, según denunciaba el periódico, a través de las portarias (patifarias las llamaba O Artilheiro) que otorgaba el Gobierno y que funcionaban como salvoconducto para pasar al otro lado.

Acaso ignorais, que um escravo se peita por quatro mil reis, e que levando um aviso, de cujo segredo depende uma victoria, tudo fica perdido? Cessem de uma vez essas portarias, cessem de uma vez essas comunicacões, que ha nos pontos, e não se permita a pessoa alguma, inda da mais reconhecida probidade, a sahida para fora da cidade, d’outro modo seremos vendidos, e atraiçoados constantemente.17

Las correspondencias que revelaban los planes de las fuerzas de la legalidad llegaban a las manos enemigas a la vez que las comunicaciones de los farrapos ingresaban clandestinamente a la ciudad, como “as proclamações assignadas pelo gaúcho Netto” que, según denunciaba O Artilheiro, habían sido distribuidas en agosto de 1837 por las calles de Porto Alegre y fijadas en la puerta de la Iglesia Matriz.18

El calificativo gaúcho que la hoja legalista hacía pesar con predilección sobre el General Antonio de Sousa Netto (el segundo líder farroupilha más importante luego de Bento Gonçalves, proclamador de la República Rio-Grandense y, por entonces, comandante del sitio) muestra que en la frontera militar de la Porto Alegre sitiada gravitaban tanto sentidos locales como regionales. Así como la tierra en la que se extendía el confín luso-español había sido y seguía siendo objeto de prácticas territorializantes por parte de los Estados que la circundaban, el término gaúcho, referido al sujeto trashumante que encontraba su lugar de acción en ese espacio fronterizo, también era objeto de territorializaciones. El calificativo asociaba a los farrapos los sentidos negativos que la palabra tenía en el portugués de la época - lejos todavía de conformar el gentilicio regional - y que circunscribían al habitante de la pampa al ámbito de la ilegalidad: gaúcho era sinónimo de ladrão, vagabundo, contrabandista, coureador (Meyer, 1957). Este vínculo, por un lado, reforzaba la caracterización de las fuerzas pro-imperiales como “legalistas”. Por otro lado, identificaba a los farroupilhas con la práctica de una errancia ajena a las demarcaciones nacionales y, también, con las montoneras del Plata y sus caudillos, con quienes los líderes rebeldes habían tenido o tenían fluidas conexiones (Guazelli, 2010). Así, el nombre gaúcho horadaba la pertenencia nacional de los insurrectos haciendo pesar más sus conexiones con el Río de la Plata y sus repúblicas que los lazos con la nación luso-brasileña. En O Artilheiro el uso de la palabra gaúcho asociado con los liberales riograndenses generaba, entonces, resonancias múltiples que iban más allá de la tradicional remisión a la ilegalidad y al carácter trashumante de los sujetos de la pampa y que conectaba con el caudillismo, el republicanismo, la lucha contra el poder despótico, es decir, con una serie de complejos fenómenos ligados al advenimiento de la política moderna. En este sentido, el pedido del cese de las comunicaciones con el territorio que estaba más allá de los límites que imponía del sitio adquiría un sesgo regional puesto que también era una declaración de la necesidad de clausurar las fronteras políticas meridionales por las que, para los legalistas, se infiltraban los elementos disruptores del orden monárquico. Se expresaba así una concepción de territorialidad dominada por una voluntad nacionalista en ciernes que buscaría, durante el resto del siglo XIX y a través del hilo tenso de la frontera, desarticular la historia de contactos, flujos y contaminaciones entre los españoles y portugueses del extremo sur americano.

A modo de conclusión: la doble pertenencia

O Artilheiro se inscribe en el marco de la prensa regencial brasileña. En términos de estilo de escritura, exhibía la misma intensidad en el debate político que muchas otras hojas de la época y, a la vez, era producto de la efervescencia gráfica de un período caracterizado por una fuerte disputa de poder, que se tradujo, entre otros fenómenos, en una serie de rebeliones provinciales contra el centralismo de la corte carioca. Pero también el periódico de Dubreuil estaba indisociablemente unido a ciertos avatares regionales que se recortaban sobre la base de un tejido político relativamente autónomo respecto de las divisiones nacionales que por entonces se perfilaban. Como sostienen las historiadoras brasileñas Heloisa Reichel y Ieda Gutfreind, Rio Grande do Sul fue parte de un territorio fronterizo, al cual denominan região platina, que en tiempos coloniales había funcionado como una unidad económica, social y cultural, determinada en gran medida por ser la producción pecuaria su principal actividad económica. La fragmentación de esa unidad se suscitó por desfasajes en los sistemas productivos y se intensificó en el siglo XIX con el inicio de la conformación de los Estados nacionales. No obstante, las autoras sostienen que los intercambios humanos, comerciales y de ideas que se realizaron durante el período colonial dejaron marcas profundas en la sociedad que perduraron más allá de las independencias (destacan, en este sentido, las similitudes en lo que respecta a la cultura popular) (Reichel; Gutfreind, 1996). Durante la revolución farrapa y en los años que la precedieron, esta persistencia se volvió evidente. “Antigas amizades suplantavam os intereses de Estado, mesmo que contrariassem abertamente as ordens do presidente da província […]”, afirma Cesar Augusto Barcellos Guazzelli refiriéndose a los fuertes lazos que unían a los líderes liberales de la provincia brasileña con los caudillos del Río de la Plata (Guazzelli, 2010, p.98).

Entonces, si se piensa la inscripción de O Artilheiro en el universo de las hojas públicas de las Regencias, también es válido inscribirlo en la “guerra de papeles” del Río de la Plata que llenó de discursos impresos los espacios públicos de ciudades como Buenos Aires y Montevideo, sumidas ambas en largos conflictos civiles. Especialmente, el entrelazamiento se podría construir a partir de los periódicos que se escribieron durante el sitio de Montevideo habida cuenta de que el papel riograndense también fue producto de un cerco militar. Esto habilitaría regionalizar la lectura de la prensa decimonónica porteña, uruguaya y riograndense del período conformando una serie periodística que incluiría O Artilheiro, las gacetas gauchescas de Ascasubi (lo que tendría el importante significado adicional de incluir la forma literaria y cultural más aglutinante de la región: la literatura gauchesca), publicaciones riveristas como El Artillero de la Línea y otros papeles que circularon por ambas capitales en la difícil coyuntura del sitio.

O Artilheiro fue un periódico de frontera, de frontera con las fuerzas sitiadoras de Porto Alegre. Pero, dado que en su lectura del conflicto con los liberales subyacían las disputas históricas entre España y Portugal, que se habían desplegado tanto en el territorio peninsular como americano, el enemigo inmediato adquiría un espesor histórico de carácter regional (e incluso de índole transatlántica), cuyos sentidos quedaban vibrando en el uso de la palabra gaúcho con que no solo el redactor de este papel, sino otros escritores públicos de la misma tendencia apodaban a los farrapos. En cierto sentido, esa voz funciona como factor aglutinante de la región platina -para usar el término que emplean Reichel y Gutfreind - puesto que en torno de ella se recogerían en un futuro cercano procesos históricos y culturales que le son constitutivos a la zona meridional americana, como la conformación de la identidad regional riograndense y las articulaciones identitarias nacionales de Argentina y Uruguay.

1Rodrigo de Souza da Silva Pontes (1799-1855) estudió derecho en Coimbra y ocupó varios cargos: fue Desembargador, Consejero de Estado, Diputado, Presidente de las provincias de Pará y Alagoas. Murió en Buenos Aires, ciudad a la que se había trasladado para desempeñarse como Ministro Plenipotenciário do Brasil. Según anota Abeillard Barreto (1986), fue uno de los redactores del periódico Correio Official da Província de Sao Pedro (1834-1835).

2Se llamaba así a las hojas sueltas que se distribuían generalmente con las publicaciones de circulación regular. El texto referido de Barreto es parte de su catálogo de prensa Primórdios da imprensa no Rio Grande do Sul. BARRETO, 1986.

3“O Artilheiro. A imprensa da Revolução Farroupilha”, Moacyr Flores. In: Caderno de Sábado - Correio do Povo (Porto Alegre). S/p, 24 nov. 1973; 1, 15 dez. 1973; 18, 25 mai. 1974; 1, 8, 15, 22, 29 jun. 1974.

4Para una caracterización de la prensa de la época regencial, véanse MOREL, 2003; LIMA, 2008.

5Durante la Revolução Farroupilha, Porto Alegre fue sitiada en tres oportunidades por el ejército rebelde: el primer sitio se extendió de junio a septiembre de 1836; el segundo, de mayo de 1837 a febrero del año siguiente (este es el que configura el contexto de O Artilheiro); el tercero, de julio a diciembre de 1840. BENTO, 1989.

6Según el catálogo de Barreto, en el taller tipográfico de Dubreuil vieron la luz quince hojas periódicas. Si bien no hubo homogeneidad ideológica entre los periódicos que salieron a la luz en el establecimiento de Dubreuil (O Mestre Barbeiro, por ejemplo, puede filiarse con el Partido Restaurador, mientras que O Pharol era de tendencia liberal), por lo que no se puede presumir que tuviese compromisos políticos con alguna facción, lo cierto es que, durante los años más intensos de enfrentamiento civil en la provincia, todas las hojas que publicó fueron contrarias a los farroupilhas y, en general, producían sus intervenciones desde el espectro político más retrógrado.

7Al igual que Dubreuil, era originario de Francia. No hay información sobre la fecha de su llegada a Brasil. Sí se sabe que vivió en Rio de Janeiro antes de establecerse en Porto Alegre, donde instaló una tipografía. Entre 1836 y 1839, publicó allí varios periódicos, como la Gazeta Mercantil y el Campeão da Legalidade. Involucrado en las lides políticas de la provincia, se hizo de varios enemigos en la ciudad. Murió asesinado a puñaladas en 12 de julio de 1839.

8Barreto señala que los redactores del Campeão fueron el abogado Pedro Rodrigues Fernandes Chaves (en la época Jefe de Policía de la ciudad) y el Promotor Público David José de Estrela. Dicha hoja y O Artilheiro eran de tendencia legalista, es decir, defendían la causa del Imperio y eran contrarios a los farrapos. Sin embargo, la gradación de su oposición respecto de los insurgentes era distinta: mientras el papel de Dubreuil no admitía ninguna componenda, el Campeão mostraba una actitud más tendiente a la conciliación (por lo que era tildado por O Artilheiro de meia-cara o de farrapo encapotado). Aparentemente, la suspensión de O Artilheiro se debió a la violenta polémica que mantuvo con el Campeão. Desde su número 41, el papel de Dubreuil hizo públicas las amenazas que recibía por parte del periódico de su compatriota (desde sus páginas y a través de dichos de sus responsables). En el número 45, luego de un extenso artículo contra su enemigo periodístico, publicó una denuncia contra su redactor-editor, Girard, en la que lo acusaba de ser el responsable de los destrozos y del robo de 15 libras de tipos que había sufrido su imprenta (de ahí la representación que hizo ante el Vice-Cónsul de Francia, publicada en el número 49). Prometió continuar el escrito contra el Campeão en una publicación extraordinaria, que finalmente no salió. En el número 52, relata que, en aquella ocasión, había decidido cesar la polémica por pedido expreso de una persona de quien no quería dar el nombre, pero que, dado que el Campeão no había parado las agresiones, iba a retomar el artículo que había quedado incompleto. Ese fue el último número de O Artilheiro, que vio la luz el 21 de julio de 1838.

9Béatrice Fraenkel, en un ensayo sobre la función de la firma, sostiene que este signo, constituido entre el dibujo y la letra, contribuye a mantener la coherencia del universo escrito. Frente a los riesgos de alteración, “la firma se revela en su densidad histórica y simbólica y, sirve para mantener juntos y unidos elementos esenciales para el correcto funcionamiento de los escritos” (FRAENKEL, 1995, p.78). Los efectos de la firma son, en ese sentido, semejantes a los que produce la función autor, a la cual Foucault también le adjudica un cometido ordenador :“La función autor está ligada al sistema jurídico e institucional que encierra, determina, articula el universo de los discursos” (FOUCAULT, [1969] 2010, p.237). Firmar un texto supone la realización material de la atribución de una autoría y la consecuente inclusión del escrito en un mundo discursivo ordenado y controlado.

10Citamos O Artilheiro conservando su ortografía y puntuación originales. O Artilheiro, n.1, p.1, 22 jul. 1837.

11O Artilheiro, n.2, p.1, 29 jul. 1837.

12Montevideo fue sitiada en el marco de lo que la historiografía uruguaya llama Guerra Grande (1839-1851). El conflicto se desató cuando Fructuoso Rivera, que había sido presidente constitucional de Uruguay entre 1830 y 1834, derrocó a su sucesor Manuel Oribe, líder del Partido Blanco. Oribe consiguió el apoyo del gobernador de Buenos Aires, el líder federal Juan Manuel de Rosas, quien estaba interesado en debilitar el poder de Rivera debido a la cercanía del caudillo colorado con sus opositores. La alianza entre blancos y rosistas se extendió por más de diez años. En febrero de 1843, fuerzas al mando de Rosas y Oribe cercaron la ciudad y se instalaron en el cerro, y de ahí encabezaron el autodenominado “gobierno del Cerrito”; Rivera instauró en Montevideo el “gobierno de la Defensa”, que pudo resistir el avance de las fuerzas sitiadoras gracias al apoyo por mar de Francia e Inglaterra.

13En el marco de la historia de avances y retrocesos de los portugueses sobre los territorios hispanos de la América meridional, las fuerzas luso-brasileñas ocuparon en 1817 la Banda Oriental, territorio que en 1821 fue anexado formalmente al Reino de Portugal, Brasil y Algarve bajo el nombre de Província Cisplatina. Los ocupantes fueron expulsados del territorio uruguayo en 1825 gracias a la llamada “Cruzada Libertadora de los Treinta y Tres Orientales”.

14A partir del número veintiocho (3/2/1838), el epígrafe de Camões desapareció y las secciones del periódico sufrieron cambios: ya no aludían con sus títulos al sitio, sino que se identificaban con las divisiones características de las publicaciones de la época: bajo los nombres de ciudades (“Porto Alegre”, “Rio Grande”, “Mina Gerais”) aparecían informaciones relativas a esos lugares; se sumaron secciones bautizadas “Edital”, “Annuncios”, “Variedades”, “Anécdotas”. Estas transformaciones coincidieron con la finalización del sitio de la ciudad, lo que refuerza la hipótesis de que el nacimiento de O Artilheiro y sus primeros números encontraron su lógica y materia en la guerra de acecho que iniciaron las fuerzas farroupilhas contra la capital de Rio Grande do Sul.

15El restauracionismo fue analizado por Marco Morel en “O Partido Caramuru e os agentes políticos no Brasil Império”. El historiador enfatiza la heterogeneidad de elementos agrupados bajo ese manto semántico, a su vez que vincula ese sector del espectro político con el deseo de recomponer el pacto social tradicional, deteriorado por las transformaciones socio-económicas y el proceso de estructuración del Estado brasileño. Puntualmente, en el año que salió a la luz O Artilheiro, se produjo una rearticulación de esa tendencia. Los caramurus, la facción que había adquirido mayor visibilidad en el arco restauracionista, se acercaron a los moderados, lo que dio como resultado la conformación del llamado partido do Regresso, durante cuyo gobierno los aspectos más descentralizadores del Ato Adicional de 1834 fueron reinterpretados por leyes más conservadoras. MOREL, 2002b.

16Los versos estampados en el cabezal de O Artilheiro pertenecen al Canto IV de Os Lusíadas, en el cual el navegante Vasco de Gama relata al Rey de Melinde la batalla de Aljubarrota (1385). En ella, los portugueses derrotaron a la corona de Castilla, que ambicionaba quedarse con el trono de Portugal, y consolidaron a Juan I como su rey, el primero de la dinastía de Avís. Los “alguns” de la cita son “alguns castelhanos”, esto es, castellanos sobrevivientes que se retiraron abatidos del campo de combate maldiciendo la codicia de su rey, quien los había conducido a la guerra para saciar una ambición ilegítima sobre el reino vecino. CAMÕES, 2008.

17O Artilheiro, n.5, p.4, 19 ago. 1837.

18O Artilheiro, n.4, p.2, 12 ago. 1837.

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Recibido: 27 de Abril de 2018; Revisado: 24 de Junio de 2018; Aprobado: 11 de Julio de 2018

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