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Varia Historia

Print version ISSN 0104-8775On-line version ISSN 1982-4343

Varia hist. vol.35 no.67 Belo Horizonte Jan./Apr. 2019

http://dx.doi.org/10.1590/0104-87752019000100011 

ARTIGOS

Los rufianes de Buenos Aires: Prácticas de proxenetismo global en la Argentina, 1924-1936

The rufianes of Buenos Aires: Global Pimping Practices in Argentina, 1924-1936

1Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidad Nacional de Quilmes, Roque Saenz Peña 352, Bernal 1876, Buenos Aires, Argentina. patriciosimonetto@gmail.com

Resumen

El objetivo de este artículo es estudiar las prácticas, sentidos y trayectorias de varones consignados por el Estado como proxenetas entre 1924 y 1936. El texto estudia estos vínculos como una variable especifico dentro de las heterogéneas configuraciones de venta de sexo. Describe a sujetos que compartían un repertorio de prácticas que incluían la obtención de dinero de dos o más mujeres que vendían sexo, circulación de saberes y capital social a escalas locales, regionales y transnacionales de mediano o corto alcance, articuladas todas ellas con solidaridades recíprocas entre camaradas en la construcción de circuitos sexo comerciales. Para cumplir con este objetivo utiliza un corpus documental que incluye expedientes de expulsión de extranjeros, informes de la Liga de Naciones, el informe del investigador privado Paul Kinsie, entre otros.

Palabras clave proxenetismo; prostitución; Argentina; sexualidad; prácticas

Abstract

The aim of this article is to study the practices, meanings, and trajectories of men regarded by the State as pimps between 1924 and 1936. The text studies these relations as a specific variable of the heterogenous configurations of the sale of sex. It describes subjects who shared a repertoire of practices which included obtaining money from two or more women who sold sex, the circulation of knowledge and social capital at the local, regional, and transnational scale in the medium or short term, all connected through reciprocal solidarities between colleagues in the construction of commercial circuits of sex. To achieve this a documentary corpus is used including files on the expulsion of foreigners, documents from the League of Nations, and the report of the private researcher Paul Kinsie, amongst others.

Keywords pimping; prostitution; Argentina; sexuality; practices

En 1928, LR desembarcó en Buenos Aires y frente a las autoridades migratorias declaró ser un carpintero soltero.1 Migró a Sudamérica al igual que otros judíos que por la segregación sufrieron con mayor crudeza las consecuencias económicas de los conflictos bélicos. Entre 1880 y 1930, 100.000 israelitas llegaron a las costas del Río de La Plata (Nouwen, 2017, p.9). En 1935, fue expulsado por orden del Ministerio del Interior acusado de rufián, término con el que la burocracia local tipifico a los proxenetas inmigrantes.2

LR fue acusado de explotar sexualmente a su concubina Emma, una polaca de 25 años. Acorde a las recomendaciones del Comité Contra el Tráfico de Mujeres y Niños de la Liga de Naciones, el Ministerio del Interior lo deportó apelando a la Ley de Residencia (4.144).3 Normativa aprobada en 1902 que establecía la expulsión sin juicio previo de todo extranjero que perturbara el orden público, en particular anarquistas y comunistas (Suriano, 1988). Práctica contemplada desde 1913 por la legislación contra la trata de mujeres y niños impulsada por el diputado socialista Alfredo Palacios. En 1936, LR volvió sin papeles por la frontera uruguaya,4 un camino recurrente para quienes querían evitar la atención policial (Servais; Chaumont; Rodriguez, 2017). En 1937, solicitó el perdón de las autoridades argumentando que había “cambiado de vida” y tras constatar que se empleaba como carnicero, la policía recomendó otorgarle el permiso, lo que fue aceptado por el ministerio.5

La expulsión de LR se inscribió en un proceso clivaje para el Estado argentino frente a la venta de sexo en particular y la inmigración en general. En primer lugar, el cambio de actitud de las elites locales frente al arribo trasatlántico. Durante dos décadas se expandió una agenda en torno a los efectos perniciosos de los recién llegados, en especial de aquellos que provenían del este europeo y Medio Oriente. En la década de 1920, proliferó el temor sobre el crecimiento de los problemas sociales, la llegada de revolucionarios y el aluvión de rechazados tras la reforma migratoria estadounidense de 1923. En la década de 1930, sobre el declive del proyecto liberal, se asentaron preocupaciones con arraigo eugenésico que enfatizaron en la necesidad de poner barreras en vistas de mejorar el capital humano de la nación. Por ello, promocionaron una batería de medidas para afinar la selección de los llegados no siempre aplicadas (Bjerg, 2013; Devoto, 2001).

En segundo lugar, el juicio a una falsa sociedad de socorro judía en 1930 llamada Zwi Migdal, condensó temores nacionalistas que se articularon con los discursos de organismos internacionales. Las narrativas sobre la Trata de Blancas fueron un carril para las presiones de asociaciones civiles nacionales, grupos profesionales (médicos y juristas), la prensa y los organismos internacionales. El ciclo iniciado en 1875 con la regulación de los burdeles patentados, que prometía modernizar y regular la prostitución, fue limitado por los crecientes cuestionamientos sanitarios y los temores por el involucramientos del delito organizado internacional (Biernat, 2013). En esta dirección, el parlamento aprobó la Ley 12.331 en 1936, que entre un conjunto de medidas sanitarias, abolió la prostitución reglamentada y penó a quienes administrasen casas de tolerancia.

Desde 1980, la historiografía indagó la prostitución urbana restituyendo el papel de las mujeres (Gilfoyle, 1999; Guy, 1991; Walkowitz, 1982; Corbin, 1988). La proliferación de estudios amplió la temáticas: cuestionó las narrativas moralistas que permearon el discurso estatal del siglo XX (Bartley, 2000; Knepper, 2014), se concentró en la acción de vender sexo en las metrópolis (García; Meerkerk; Voss, 2016), reconoció nuevos actores como los proxenetas (Servais; Chaumont; Rodriguez, 2017), clientes (Laite, 2011; Simonetto, 2018) y varones que vendieron sexo (Révenin, 2005). La historiografía argentina estudió las modulación estatal y médica de la prostitución como una intervención sobre la sexualidad y la salud (Biernat, 2013; Miranda, 2012; Milanesio, 2005), analizó la circulación de mujeres a principio de siglo XX (Schettini, 2014), se remarcaron las capacidades de agencia femenina en relaciones de coacción y la ambigüedad de las categorías estatales para definir a la prostitución (Schettini, 2012), narró la acción de proxenetas y prostitutas judíos (Yarfitz, 2012), destacó el papel del crecimiento urbano y las prácticas de mujeres en los burdeles durante la reglamentación (Ben, 2012), y exploró su vida en zonas rurales (Linares, 2016).

Aunque la Zwy Migdal fue profundamente abordado por la historiografía como objeto de los discursos públicos, este artículo refuerza una tendencia que se propone reponer los sentidos, prácticas y experiencias de los proxenetas como actores parcialmente marginados por la historiografía (Fuentes, 2015; Yarfitz, 2012). Lejos de relegar la agencia de quienes ofrecieron servicios sexuales (Schettini, 2014), nos preocupamos por complejizar el mapa al reponer el papel de proxenetas, comisionistas y canflineros en la construcción social y cultural de los circuitos sexo-comerciales.

LR es representativo de las trayectorias sociales y espaciales de un grupo de varones que subsistió económicamente de la apropiación del dinero de mujeres que vendieron sexo. Sujetos que compartían un repertorio de prácticas y nociones que combinaban tareas como la obtención de dinero de dos o más mujeres que vendían sexo, relaciones sociales y circulación de saberes de escalas locales, regionales y transnacionales de mediano o corto alcance, todas ellas articuladas con solidaridades recíprocas entre camaradas en la construcción de circuitos sexo comerciales. El objetivo de este artículo es reconstruir cómo estos actores construyeron, dieron sentido y experimentaron este medio de comercialización de la sexualidad como una configuración dentro de la heterogeneidad de relaciones posibles de intercambio de sexo por dinero que conectó escalas locales y globales.

Argumentamos que los actores analizados tomaron el dinero obtenido por dos o más mujeres mediante la venta de servicios sexuales, se involucraron en la administración de burdeles y desplegaron lazos correlativos (circulación de saberes, préstamos) con otros rufianes, canflineros o comisionistas, palabras con las que fueron nombrados por sus contemporáneos y aquí utilizamos como expresiones nativas. También, como los demuestra el caso de LR, sostenemos que ser rufián implicaba ingresar a una categoría estatal relacional no permanente, un estado transitorio adquirido por la explotación sexual de una mujer que podía mutar. Para cumplimentar este objetivo estudiamos un nutrido cuerpo documental. Primero, el informe de Paul Kinsie, investigador privado contratado por la Liga de Naciones en 1924, que contiene entrevistas a proxenetas y prostitutas de Latinoamérica y Europa.

Como destacaron los traductores, la fama de Buenos Aires como una de las capitales de la Trata de Blancas, alentada por investigaciones periodísticas como el popular libro de Albert Londres,6 propició que el investigador registrara una cantidad mayor de entrevistas simulando ser un rufián. Así, consiguió un informador clave, Motcho Goldberg, un neoyorkino inmigrado a Buenos Aires, que le permitió bucear por las líneas de desplazamiento a veces cortas y otras veces largas de estos varones y mujeres (Servais; Chaumont; Rodriguez, 2017, p.9-18). Kinsie trabajó bajo la supervisión de Bascom Johnson, miembro de la American Social Hygiene Association (ASHA), organismo financiado por la fundación Rockefeller, con explicitas intenciones de promover la abolición de la prostitución reglamentada. Sus informes como el de otros investigadores fue utilizado para la elaboración del informe de la Liga de Naciones de 1927 que generó numerosas controversias por la sobredimensión que se le otorgaba a los países latinos y eslavos como responsables del tráfico (Knepper, 2016). Por lo tanto, en su uso, debemos ser precavidos al señalar que sus anotaciones inéditas contrastaron con las historias oficiales de los gobiernos pero también del propio informe, al destacar por ejemplo que las mujeres que circularon mediadas por rufianes o proxenetas se involucraron previamente en la venta de sexo, sin que esto desmintiera las prácticas de jerarquización de los proxenetas sobre ellas (Servais; Chaumont; Rodriguez, 2017). Segundo, tomaremos como referencia el informe publicado por la Liga de Naciones en 1927, el que entendemos, generó tensiones entre los representantes latinos (Knepper, 2016).

Tercero, estudiaremos los registros secretos del Ministerio del Interior de Expulsión de 109 varones y mujeres acusados de proxenetismo entre 1930 y 1936. Al igual que otros autores, entendemos que la relevancia social de estos legajos demuestra que la Ley de Residencia no solo contra trabajadores izquierdistas, sino también, para atacar la circulación trasnacional de sujetos consignados como delincuentes (Galeano, 2016). Contemplamos el uso de estos documentos con cautela, puesto que, como se han señalado están mediados por un proceso administrativo que redujo una multiplicidad de vínculos a la categoría administrativa de proxenetismo y permiten observar más la lógica policial que la de los actores (Schettini, 2005). Sin embargo, considero que estos textos dan pistas sobre algunas formas de movilidad, prácticas y estrategias de supervivencia. Cuarto, en menor medida, incluiremos publicaciones periódicas, prensa gráfica, boletines de organismos internacionales, libros y artículos de galenos, funcionarios y políticos, para matizar nuestro análisis.

El artículo cuenta con tres apartados. El primero describe las trayectorias, los núcleos de sociabilidad y las distintas articulaciones en las que sustentaron las prácticas desplegadas por los rufianes. El segundo apartado describe los distintos sentidos, prácticas y clasificaciones que organizaron las experiencias del proxenetismo global en la Argentina. El tercero, estudia la circulación de proxenetas y prostitutas como un elemento de la profusa movilidad trasatlántica que marcó la primera mitad del siglo XX.

Más que amigos: el mundo social de los rufianes

Personajes de la Argentina finisecular, los rufianes captaron la atención de la prensa. Como el “paisano Díaz”, considerado un delincuente canónico. Definido como canflinero o panzón criollo por policías y periodistas, es decir, como un argentino encargado de introducir mujeres en los burdeles locales.7 Su seudónimo destacaba su criollismo frente al sobrenombre de los rufianes o caftens destacados como extranjeros, como “Mussolino”, un italiano descrito como un lujurioso amante de las prendas (Urbanyi, 1976, p.195-197).8 En la prensa los proxenetas fueron reseñados como sujetos afeminados obsesionados con su aspecto físico reunidos que disfrutaban de fiestas en las que los “maricones eran bastante visibles” (Urbanyi, 1976, p.80). Eran representados como muchachos lascivos que vestían pantalones de fantasía, sacos cruzados negros, pañuelos de seda y gemelos de plata. Se los presentó como ambiciosos “capaces de postergar su deseo sexual y conservar virgen a su esposa para ganar más dinero en la venta” (Urbanyi, 1976, p.197). El halo ficcional que sobrecargó a estas figuras destacó en su perversidad algunos aspectos maniqueos de la cultura melodramática: eran personajes materialistas, insensibles, racionalistas y ostentosos, que serían capaces de renunciar a una libido masculina aceptada en la época como incontrolable (Simonetto, 2018).

El rufián como personaje público se consolido en la pluma de periodistas, funcionarios y políticos que al igual que la elite en otras partes del globo participaron de la consolidación de las fronteras nacionales de los Estados modernos entre el siglo XIX y XX. El énfasis sobre las asociaciones delictivas internacionales canalizó las ansiedades generadas frente a una identidad que sentían perturbada (Galeano, 2016; Knepper, 2014). En los países sudamericanos, los relatos sobre el robo de mujeres coagularon preocupaciones sobre los efectos de la inmigración masiva y sus variadas interpretaciones ayudaron a definir la relación entre ciudadanía y nación (Schettini, 2012; Yarfitz, 2012; Devoto, 2001). La historiografía consensuó que el conjunto las campañas contra la Trata de Blancas fueron también una reacción a las transformaciones sexuales de la cultura occidental y a la globalización del mundo, que implicó el “acceso sexual” de varones de las periferias a las mujeres del occidente europeo. Por ello se destacó que la preocupación de los abolicionistas criollos por la imagen global de Argentina como país receptor de mujeres formó parte de un proceso de traducción local de los juicios morales de una cultura sexual europea en expansión (Stearns, 2017, p.105). Diferentes actores políticos y culturales fabricaron imágenes que impregnaron los documentos, exaltando o limitando la imaginación histórica sobre estos varones.

Identificados estas construcciones como enunciados constitutivos de los documentos analizados asumimos que los expulsados compartían características comunes. Los sujetos consignados por el Estado como proxenetas, eran mayores de 29 años que nacieron entre la última década del siglo XIX y la primera del XX. El 46% tenía entre 29 y 38 años, un 39% entre 39 y 48 años, un 14% entre 49 y 58 años y el resto entre 60 y 80 años. Ante las autoridades migratorias testificaron provenir de familias de trabajadores pobres cuyas malas condiciones de vida se acentuaron con las guerras. Declararon tener oficios como carpinteros, herreros, carniceros, agricultores, jornaleros y operarios. Como otros inmigrantes gestionaron la información brindada a los Estados para salir de su país de origen e ingresar a la Argentina. En el caso de Polonia, los inmigrantes podían consultar manuales en los que se explicaba la legislación, se daban consejos sobre cómo actuar en las oficinas y que oficios eran los buscados por los Estados.9 Unos proxenetas entrevistados en Cracovia, declararon que con cierta facilidad podía pagarse a la policía polaca para conseguir con mayor facilidad el pasaporte y las visas necesarias.10

Posiblemente los expulsados tuvieran un escaso margen de negociación con la policía, los deportados ya estaban inscriptos en los listados de proxenetas del Estado argentino. Durante las primeras décadas del siglo XX, aunque los policías se hicieron de mejores tecnologías como radios y autos, era una fuerza poco instruida y con bajos salarios, incapaz de satisfacer la demanda social de orden urbano (Caimari, 2012). En la década de 1930, la convergencia de nuevas tecnologías como la fotografía, la circulación trasnacional de manuales y de credenciales de delincuentes buscados se insertó en la proliferación de redes de cooperación policial en la región con la que buscó combatir al “crimen internacional” (Galeano, 2016).

En 1924, Motcho Goldberg, un proxeneta estadounidense que vivía en Buenos Aires e informante clave de Kinsie, le recomendó que debía cuidarse de ingresar al registro de rufianes, un listado con fotografías que dificultaba la libre circulación fuera del país.11 Ese mismo año, el jefe de identificaciones de la aduana se quejó por la ausencia de una legislación adecuada para perseguir a los rufianes y explicó que la policía los persuadía mediante redadas para que abandonaran el país o cambiaran su vida. Pero a su vez, destacó la formación de un prontuario de sospechosos de proxenetismo que reunió a 500 acusados.12 Posiblemente esta fue la base con la que el Estado organizó la expulsión que tuvo su punto máximo en 1932 y mermó hacia 1936 con la abolición de la prostitución reglamentada.

Las constancias de antecedentes informadas por las policías de los países de origen permiten constatar que los acusados de proxenetismo registraron delitos menores como hurto o juego ilegal en su país natal. El ingreso temprano a la cárcel o la sociabilidad callejera los pondría en contacto con otros varones al margen de la ley con los que compartirían prácticas de movilidad y de reciprocidad para apropiarse del dinero en la venta de sexo. Actividades que seguirían practicando en Argentina, así también como los crímenes por lesiones leves ocasionadas en las peleas a puñetazos tras la ingesta de alcohol o con clientes de sus mujeres cuando no abonaran la tarifa. Por su inscripción en el circuito de venta de sexo, los rufianes pasaban gran parte de sus días en bares, burdeles o apartamentos en los que reunían el dinero de las mujeres que explotaban. En el caso del grupo infiltrado por Kinsie, se reunían en el bar Havra y en un club social en el que intercambiaba información y hacían transacciones.13

Los informes de la policía adjuntos a la expulsión y las notas de Kinsie permiten afirmar que la edad y la posición social se interrelacionaban. Por la cantidad de mujeres o burdeles que tenían a cargo conjeturamos que eran proxenetas de baja monta o un rango medio, que a lo largo de su vida podrían convertirse: abandonar su tarea o acrecentar su capital, asociarse con más varones, tener más mujeres y encontrar más locaciones, como también que por su forma de vida, recibían ingresos más altos que la media de los trabajadores argentinos.

El caso de LR es elocuente tanto en la deportación como en el perdón que el Estado le entregó en 1937. Ser un rufián implicaba también ingresar a una categoría estatal relacional y coyuntural, es decir, remitía a una cualidad transitoria adquirida por una situación (apropiación de dinero de una prostituta) que podía mutar. Los indicios son fortuitos para señalar que la noción hermética de red es problemática. La profundización de este concepto nos permite desandar las nociones compactas generadas por los contemporáneos en torno a una única organización caracterizada por su pertenencia étnica (Zwy Migdal) y señalar lógicas de funcionamientos de relaciones horizontales jerarquizadas entre proxenetas.

Los lazos conjuntos entre varones de una misma nacionalidad era la marca de una sociabilidad inicial en la que un lenguaje común y la confianza. También era la referencia a un circuito de movilidad espacial y social en el que se establecían jerarquías y se socializaban saberes. Los rufianes articularon estos vínculos en un soporte étnico común, aunque una vez llegados al país estas fronteras se flexibilizaran, y lo cimentaron en relaciones intrafamiliares de pares (hermanos, primos o amigos) o dispares (hermanas o esposas que vendían sexo).

Motche Golderg entendía que su círculo de proxenetas era parte de “su gente”.14 Una diáspora que disponía de recursos para sus miembros, un conjunto de vínculos en el que se difundían saberes, como por ejemplo, cómo hacerse de un lugar en la venta de sexo porteña y que brindaba un apoyo económico a los recién llegados. Goldberg se dedicaba a comprar grandes casas que dividía en piezas y les alquilaba a las mujeres de una habitación para la venta de sexo. Según las disposiciones de la ciudad de Buenos Aires, sólo podía haber una prostituta por recinto por lo que Goldberg les entregaba a sus mujeres un certificado de administración de la habitación como arrendatarias y un certificado de Buena Salud a cambio de un pagaré en blanco firmado por las muchachas con el que se garantizaba que podía echarlas (Schettini, 2016). Para él, la mejor estrategia era que ellas abandonaran la habitación cada seis meses para evitar así problemas con muchachas que quisieran independizarse y se negaran a pagar la renta.15

La relación de Goldberg con otros proxenetas era social (un vínculo étnico) y económica (crédito). A los recién llegados les prestaba dinero para hacerse de una casa y les cobraba el 10% de sus ganancias hasta recobrarlo. También, pagaba sueldos a los carenciados para que fueran a las casas que regenteaba a cobrar las cuotas a las mujeres que atendían clientes o regentas.16 A su vez, oficiaba entre los varones un sistema de confianzas conjuntas con las que se garantizaban el acceso a estos recursos. Fue a través de la recomendación con Goldberg que Paul Kinsie pudo acceder a proxenetas en Paris, Florencia, Rio de Janeiro, Montevideo, Varsovia y Cracovia.17 Por lo tanto, era un universo de circulación de credenciales de confianza con las que regulaban los intercambios entre ellos y permeaban sus fronteras de potenciales intrusos.

El acceso a la propiedad fue central en la construcción de vínculos sexo-comerciales. La rápida expansión de Buenos Aires desde el siglo XIX hizo que el acceso a la casa propia fuera un problema y propició el hacinamiento de los trabajadores, formas de vivienda colectiva y el alto gasto en el pago de alquileres hasta llegado el peronismo (Aguilar, 2014). Era una desigualdad constitutiva de la configuración de la venta de sexo en la que la convergencia entre una normativa que exigía un hogar administrado por una mujer y la capacidad de algunos varones de acceder a las propiedades los colocaron en una posición privilegiada con la que obtener una porción del dinero obtenido en la venta de sexo. Esta situación no restringía la existencia de mujeres que lograron vender sexo en espacios privados o asociadas,56 situación que médicos y legisladores definieron como “prostitución clandestina” (Guy, 1991; Múgica, 2014). Goldberg señaló que las mujeres que vendían sexo en la calle buscaban la oportunidad de instalarse en un hogar para evitar las sanciones policiales.18 Situación que coincide con las altas tasas de detenciones por “escándalo” presentadas por la policía de la ciudad de Buenos Aires.

Mientras los discursos públicos exaltaron el carácter eslavo y judío de los rufianes, los registros de expulsión de extranjeros presentan un escenario heterogéneo de relaciones primarias y secundarias de colaboración mediadas por lazos intrafamiliares e inter-étnicos. Además de los acusados polacos se encontraron también un importante número de franceses, italianos, uruguayos, europeos del este y españoles.19

En los manuales policiales se le informó a los agentes sobre la banda francesa Los Marselleses que creían tenían agencias de contratación de prostitutas en zonas rurales, Paris, Marsella y Burdellois.20 Los varones de este grupo se apropiaban de dinero de mujeres de nacionalidades periféricas en el orden global. Entre los legajos registramos a seis prostitutas de Argelia, colonia francesa hasta 1962, y de Egipto, colonia inglesa hasta 1936. El mediterráneo fue producto de una movilidad sin precedentes en el periodo de entreguerras, mujeres del medio oriente y el norte de África fueron parte de un flujo masivo de movimiento del que participaron trabajadores, marineros, viajeros y migrantes, por lo que se cuestionó la reducción de esta movilidad al tráfico de mujeres (Kozma, 2016).

La Primera Guerra Mundial aceleró las transformaciones de las sexualidades europeas: marcó una prolífera movilidad que generó ansiedades entre las elites por una aparente estabilidad entre los sexos. Las parejas se dividieron por un largo tiempo y las mujeres ocuparon el lugar de muchos varones en el mercado de trabajo. La guerra permitió nuevas experiencias sexuales que superaron fronteras de clase, edad, género y raza, como también, vivencias traumáticas como las violaciones masivas. En este contexto, durante la primera postguerra el miedo por las enfermedades venéreas como catalizador de angustias nacionales fue acompañado por las interrelaciones entre europeos/as y habitantes de las colonias que parecía amenazar el orden político y social de dominación supranacional (Herzog, 2008). Mientras las mujeres de las colonias entraron a estos agrupamientos para vender sexo y desplazarse al sur del continente americano, los varones mutaron en la reciprocidad con otros proxenetas y transformaron su propio estatus. Por ejemplo, Luis “Lulú” Migliario, un soltero de 33 años consignado como “un rufián de los Marselleses” fue registrado como un delincuente francés,21 aunque cuando entró por el puerto de Buenos Aires declaró ser un comerciante argelino.22

La base étnica de la sociabilidad entre pares se escenificaba también en las competencias inter-grupales. Goldberg le relató a Paul Kinsie que los altercados con la policía se originaron por las peleas a puños y algunos asesinatos entre rufianes franceses y polacos. La sociabilidad soportada en criterios étnicos como eje articulador de las fronteras de estos grupos quedó explicitada en sus testimonios. Goldberg señalaba que los franceses eran “tratantes de blancas” que maltrataban a sus mujeres y solían ser espías y, por ello, le recomendaba no relacionarse con ellos.23 Esta descripción es similar a las impresiones que el periodista Albert Londres recoge de los proxenetas franceses sobre los judíos.24

Posiblemente el uso de estos términos para diferenciar un grupo de otros articulara un doble nivel. Primero, consideraba su propia actividad como legitima, apropiada y en el marco de un mutuo favor hacia las mujeres de las que obtenía sus cuotas. Segundo, expresaba un cierto grado de adhesión al uso del término Trata de Blancas como una etiqueta negativa para catalogar ciertas actividades dentro de la compra y venta de sexo.

En síntesis, en este apartado describimos los núcleos de sociabilidad común que sustentaron los sentidos y prácticas que conformaron el mundo social de los rufianes. Por ello señalamos como los vínculos étnicos horizontales o económicos se articularon con relaciones desiguales (con las mujeres) para componer nodos de los incipientes mercados sexuales en Buenos Aires. En este sentido, destacamos que la condición de rufián fue una condición relacional y cambiante, para proponer, una perspectiva que trascienda estas categorías.

¿Qué y cómo vender? Prácticas y sentidos de los rufianes

Las lógicas de reciprocidad entre proxenetas estaban mediadas por formas de jerarquización horizontal y vertical. Los circuitos que interconectaban espacios y vínculos específicos de apropiación de dinero se construyeron en la división de tareas entre congéneres: rufianes, canflineros y comisionistas. La proliferación de escritos sobre el tema fabricó sentidos múltiples, la policía y los proxenetas manejaron definiciones convergentes y divergentes. En la prensa circulaban palabras para una actividad heterogénea: canflinero, caften, cafishio, chulo, souteneur, maqureau, hewreman, ricotaro, entre otras.25

Un manual de la policía de la ciudad de Buenos Aires definía al rufián como aquel tratante que se encargaba del comercio de mujeres y al canflinero como un explotador subordinado argentino cuya tarea era ejercer el control físico sobre las mujeres.26 Otra publicación de la fuerza reconocía a los rufianes como quienes contactaban dueños de prostíbulos y podían explotar a dos o tres mujeres, lo que se diferenciaba de quien solo explotaba a su concubina o conyugue - canflinero.27

Los canflineros eran famosos por ejecutar el llamado “amansamiento”, es decir, por reducir las resistencias de las mujeres que se negaran a vender sexo en las condiciones dispuestas por los proxenetas. Un periodista relevó la denuncia de una mujer italiana que lo definió como clamangiamento, lo que en su caso significó la violación grupal y la movilidad de un prostíbulo a otro.28 Para la prensa, los canflineros eran también los encargados de negociar con la policía,29 impresión general recogida también por la maestra comunista Angélica Mendoza (1933) en la cárcel del Buen Pastor en la que indicó que éstos negociaban con la policía para que la mujer no fuera detenida si infringía alguna norma urbana.30

Los varones definieron estos vínculos como relaciones comerciales en lo que ellos poseían el derecho unilateral a una porción del dinero obtenido por la mujer que vendía sexo, relación que eran capaces de “vender” o “intercambiar”. Los proxenetas no entendían a la “venta” de una mujer como el comercio de una propiedad sino como el permute entre pares del derecho de representar y la posibilidad de cambio de casa para la mujer.31 El término vender, tal como le explicó Goldberg, refería al intercambio entre varones de chicas que eran problemáticas o con las que no podían “llegar a un acuerdo”.32 Podríamos afirmar que para los proxenetas el vínculo con las mujeres no era una relación de propiedad sino una forma contractual en la que ellos se afirmaban mediante la administración de una vivienda como dueños del monopolio de representación. Madame Rue, una polaca que llegó con 16 años a Buenos Aires acompañada por su marido le relató a Kinsie que el cónyuge intentó “venderla” y entonces ella lo convenció de irse a Brasil dónde administrarían un burdel juntos.33 Afirmación que expresa la complejidad de este vínculo que se escurrías a las fantasías de época con las que se intentó clasificarlas.

Goldberg consideraba que el uso de la fuerza física era ineficaz y generaba problemas con la policía, razón por la que aconsejaba demostrarle a la mujer que no habría otra forma de obtener dinero para enviarle remesas a sus padres.34 Efectivamente, las mujeres que ingresaron al mercado laboral en 1920 contaron con bajos ingresos (Queirolo, 2004). Una chica entrevistada en un burdel informó que no había “practicado la prostitución antes” pero que en Buenos Aires “todo es caro y pagan bajos salarios”, por lo que le pareció lo mejor vender sexo para vivir.35

El comisionista fue un actor destacado por policías y proxenetas que administraba una red de contactos que conectaba proxenetas y mujeres interesadas en desplazarse al cono sur. Cumplían un rol variado: podrían cobrarle a una mujer por encontrarle un burdel donde instalarse en Argentina o viceversa conseguirle a un proxeneta porteño una chica a la cual pagarle el pasaje para que llegara al país. Para un varón, entrar en contacto con ellos era complejo y ameritaba la recomendación de otro proxeneta de mayor jerarquía.36 Se destacó que muchas de las mujeres que Kinsie registró en el informe vendieron sexo antes por lo que recurrieron a los comisionistas para migrar evitando las restricciones que las autoridades habían puesto al ingreso de mujeres solas (Servais; Chaumont; Rodriguez, 2017). Esta experiencia previa no niega que las mujeres ingresaron a tramas construidas sobre relaciones jerárquicas y a veces violentas con las que perdían parte de sus ingresos por el pago de mediaciones masculinas. También oficiaron como nodo de contacto para rufianes o canflineros cuando estos se interesaban en burdeles del interior del país. En los registros de expulsión se detalló a personajes como Pedro y Alejandro, un francés y un italiano, que tenían “un gran conocimiento sobre los lenocinios del interior de la república” ofrecía contactos para desplazarse de un burdel a otro.37

Los comisionistas articulaban los circuitos de mujeres y proxenetas. Goldberg relató que cobraban unos 200m$n para hacer el contacto entre las mujeres y los varones.38 Los rufianes exigían ciertos criterios al comisionista centrado en prescripciones étnicas, etarias y de experiencia sexual previa. Las mujeres ingresaban a una casa para la cual debían firmar un pagaré en blanco con un valor de 1000$ y se insertaban en tramas con altos grados de jerarquización. Cuando la chica se iba, se rompía el papel. El procedimiento era la garantía frente a cualquier imprevisto. Por ejemplo, si la muchacha no quería salir, si había una disputa, o si el examen médico obligatorio acusaba alguna enfermedad Goldberg podía llamar a su abogado y echarlas. Según relató un proxeneta, el reglamentarismo argentino era “un sistema que demandaba intermediarios (…). Las chicas no tienen dinero; hace falta un hombre que arregle las cosas y pague”.39

Los rufianes administraron motes con los que se prestigiaron frente a otros varones y protegieron su identidad ante los agentes estatales. Los sobrenombres exaltaban la nacionalidad o peculiaridades físicas, como por ejemplo, el reconocimiento adquirido en Rosario por “El Tano”, al que se reconoció como un ser viril desagradable, en contraste con “Lulú” al que se caracterizó por una actitud más feminizada.40

La policía apeló al concepto de “amoral” para nominar tanto a homosexuales como a proxenetas (Simonetto, 2016). La referencia indicaba una ruptura de la condición moral ontológica adjudicada a lo masculino: la heterosexualidad y la actitud caballeresca frente a la mujer. Algunos investigadores de la época señalaron que en los burdeles manejados por estas redes se emplearon homosexuales como taberneros o proxenetas, tuvieron relaciones amistosas con las mujeres y que a veces establecieron contactos sexuales con los clientes (Urbanyi, 1976).

El rápido crecimiento de Buenos Aires funcionó como un imán también para aquellos en busca de grados de autonomía lejos del control familiar para desplegar sexualidades transgresoras (Ben, 2009; Simonetto, 2018). Los burdeles de Buenos Aires eran un espacio de reificación heterosexual pero también de sociabilidad para el deseo entre varones. Allí los homosexuales podían ser organizadores de encuentros festivos, como “La Renée”, una española que tenía una casa en la Avenida Corrientes al 200 que fue objeto de numerosos allanamientos policiales (Urbanyi, 1976, p.80). Aunque existan escasos registros, desde principios de siglo los periodistas y viajantes escribieron sobre la participación de varones pasivos en la venta de sexo. Algunos se ocupaban como mandaderos, cocineros, mucamos y ayudantes. Pero también, existían aquellos que vendían sexo para sobrevivir al margen de un mundo masculino que los relegaba. La figura del cocoto representó al varón que vendía sexo en los burdeles. Un médico legista español narró la vida de “La Teresita” quien se desplazó entre las capitales de América Latina expulsado de Buenos Aires, Chile, Bolivia y otros estados americanos, desembarcó en La Coruña en marzo de 1911”. Teresita tenía 30 años, era hijo de un antiguo comerciante, y se lo describía como “afeminado y no mal parecido” que “Disfrazado de mujer y vistiendo elegantísimos trajes, se dio maña para conquistar a no pocos americanos, recibiendo cuantiosos regalos. De esta manera, llegó a reunir un capital y se instaló con verdadero lujo. Durante la noche recorría las calles en carruaje, acompañado de sus más solícitos pretendientes”, por lo que “llegó a ser su sodomitismo escandaloso, que es fama que llegó a producir una crisis en el gobierno chileno, porque varios personajes políticos de alta categoría habían mantenidos relaciones con el efebo”. En Buenos Aires “se instaló fastuosamente en una calle de Belgrano y daba grandes fiestas y saraos, en los que se presentaba vistiendo trajes femeninos de un lujo escandaloso”.41

Las jerarquías que regulaban la disparidad vertical entre proxenetas y quienes vendían sexo se cimentó sobre coacciones materiales. Goldberg destacó que las mujeres de la calle estaban expuestas al control policial y eran incapaces de acceder al sistema reglamentario.42 Los límites legales a la permanencia de más de una mujer en cada hogar potenciaron que los varones remodelaran casas antiguas en las que podrían arrendar pequeños espacios a las mujeres.43 Con este mecanismo acumularon dinero que prestaron a otros varones para reproducir la relación de apropiación en forma de red.44

La elección de las mujeres por parte de los proxenetas variaba por distintos criterios que incluía el origen étnico, la disposición a mantener relaciones sexuales por vía oral, anal y vaginal. Goldberg fue enfático en que Kinsie evitara a las “chicas verdes”, mote con el que llamó a aquellas sin experiencias en la venta de sexo. La ley migratoria restringió la circulación de mujeres menores de 21 años, pero además porque consideraba que estas chicas demandaban “inversión” ya que no siempre se “ajustaban” a los requerimientos de los clientes. Solo recomendó chicas de este tipo cuando mediara un noviazgo que permitiese convencerla de las cualidades de vender sexo.45

Quizás por esta razón, los registros de deportados señalan que en la relación entre estos varones y “sus chicas” mediaron vínculos de jerarquía doméstica e intrafamiliar.46 El letargo al acceso a los derechos civiles de las mujeres - sancionados en 1968 - limitó algunas de las acciones de las mujeres en materia económica y, social, sin que esto negará las posibles acciones con las que ellas negociaron y forjaron su propio destino (Giordano, 2012).

En 1930, el diario Reflejos destacó que Sabina Heit denunció a su marido Isidoro Goldestein de 36 como miembro “miembro de la Zwy Migdal”.47 Sabina Heit de 22 años no hablaba castellano y fue asistida por un obrero polaco. Ella testificó que contrajo matrimonio en Chalesville (Polonia) y llegada a Rosario el esposo la forzó a hacerse de ingresos mediante la venta de sexo bajo “amenaza de muerte”, por lo que estuvo 14 días detenida en un café. Es factible que esta dupla exaltará en sus denuncias la presión ejercida por el rufián para construir un nuevo vínculo afectivo, pero más allá de las conjeturas, la regularidad de estos relatos expresa las interpretaciones y experiencias gestadas en torno a jerarquías violentas que mediaron la venta de sexo. Por ejemplo, Santiago Petijón, apodado “Henry Le Doight Copué” (el dedo cortado) era esposo de Victoria Jaudalat una pupila de un lenocinio ubicado en la calle Tucumán de la ciudad de Buenos Aires y el ruso Elías Tarnosky tomaba el dinero de su esposa Rossa Lapioker Weis; tanto como el polaco Nysel Neiman que explotaba a Cecilia Gelblum, el italiano Apuzzo José a su esposa Milena Olite o el francés Juan Pittarino a su conyugue Alce Gothier.48

Lejos de significar que las mujeres que vendieron sexo en Argentina fueran todas esposas engañadas, los relatos atestiguan un escenario en el que las instituciones legales convergieron con relaciones patriarcales que legitimaron la apropiación del dinero, aunque el hecho de que estuviese penado por ley, permitió a algunas de ellas destruir estos pactos. Contraer matrimonio significó para algunas mujeres pasar de un círculo de socialización familiar a uno regido por el marido. Para las migrantes, el traslado implicaba una ruptura que las colocaba en una nueva territorialidad lingüística y social.

La reforma migratoria de 1923 intentó controlar la “calidad” de quienes accedían a los puertos argentinos como una respuesta a la política de cuotas estadounidenses y a la proliferación de estos sujetos a las costas atlánticas del sur. Aunque los controles fueron flexibles, se prestó especial atención a las mujeres y a menores que viajaban solas a las cuales se les limitaba el acceso por la creencia de su enrolamiento en las redes de prostitución (Devoto, 2001). El Comité contra el Tráfico de Mujeres y Niños recomendó que las mujeres fueran solo aceptadas en condición de casadas.49 Paradójicamente estos límites pusieron en el abanico de posibilidades de las mujeres de zonas postergadas, la necesidad de encontrar un conyugue si querían buscar una nueva vida en el nuevo continente.

Otras relaciones familiares jerárquicas mediaron las prácticas de proxenetismo. Szmelko Markus, un polaco de 25 años, usufructuó las ganancias de su esposa Sara y de su hermana. El uruguayo Ramón Rama ingresó a una joven al país valiéndose de una cédula falsa obtenida en Montevideo con la partida de su hermana fallecida.50 Es decir, la apelación a vínculos parentales con los que se establecieron relaciones de poder sustentadas en las asimetrías de género. Por lo que podemos pensar, que estas formas de proxenetismo dialogaban con otras formas de apropiación masculina del trabajo o dinero de mujeres que trascendieron las fronteras de la compra o venta de servicios sexuales.

Los discursos xenófobos que se articularon en torno a las denuncias a la mutual judía no actuaron sólo sobre los rufianes. La potencia discursiva y sus capacidades de otorgar estatus mediaron el sentido con el que los clientes dotaron al sexo comprado y cómo lo valoraron. La condición de prostitutas y extranjeras operó como una combinación de isomorfismos de estatus y clase que intercedieron en su relación social y en su vida económica, tanto al estar limitadas para ejercer otra actividad como hacia el interior del propio sistema de lenocinio. La llamada “prostitución polaca” era una forma de identificar un sistema más barato para los clientes que el de las mujeres francesas. Esto era explicado porque el funcionamiento con cierto letargo de las redes polacas en comparación con las francesas los habría forzado a utilizar precios mínimos que los tornaran competitivos (Urbanyi, 1976, p.204).

Los proxenetas también adhirieron a las nociones dominantes sobre las cualidades sexuales de ciertas etnicidades. Goldberg recomendó a Paul Kinsie elegir mujeres francesas por sobre las judías polacas ya que para él tenían mayores libertades y prerrogativas en torno a su sexualidad, estaban dispuestas a practicar el felatio y el sexo anal. Destacó que cuando las mujeres experimentaban su periodo menstrual, las francesas solo perdían un día mientras que las judías se retiraban cuatro.51

Los relatos periodísticos también señalaron que las propiedades asociadas a la moralidad femenina intervenían en los precios de los servicios. Se creía que las mujeres vírgenes cotizaban más alto.52 De esta forma, la articulación de fantasías masculinas que indexaban la falta de experiencia sexual con la pureza y mayores grados de placer, como así también, la asumían como una condición moral, a un cuerpo sano y nunca ultrajado. Se creía que el acceso a una mujer virgen evitaría el contagio de enfermedades venéreas. De todos modos, esta lectura contrasta con los relatos de los proxenetas.

Algunas mujeres lograron ascender en la escala. La Zwy Migdal permitió la participación de mujeres y familiares en la estructura de funcionamiento (Yarfitz, 2012). Es posible que a medida que algunas de ellas fueran envejeciendo y por lo tanto perdieron su “valor”, tuvieran la chance de participar como inversoras o administradoras de los lugares donde se vendía sexo. Así fue el caso de las hermanas expulsadas Hana y Blanca de origen polaco. Con 50 y 47 años se dedicaron con el tiempo a ejercer como regentas y comisionistas.53

En suma, en este apartado analizamos la administración de sentidos y prácticas que articularon el universo social de los rufianes. Para ello describimos un conjunto de recursos comunes que definieron las fronteras (a veces permeables) y sus reglas de sociabilidad.

Cuando el mundo se hizo pequeño: la circulación global como práctica espacial

Los registros de expulsión permiten imaginar las trayectorias espaciales de proxenetas y prostitutas.54 Los itinerarios geográficos, los antecedentes policiales en otras latitudes, bosquejan finas líneas de movimiento que interconectaron escalas locales y globales. Circuitos yuxtapuestos que hablan en parte de las prácticas de asociación reciproca entre rufianes, pero también de los flujos de migración masiva del Atlántico que alteraron la interacción entre América y Europa.

En el continente europeo hubo desplazamientos transnacionales y regionales: de zonas rurales a ciudades y transcontinentales, de países centrales a periferias (Sudamérica) o centros (Estados Unidos). La crisis europea desplazó a millones de migrantes al continente americano entre quienes se encontraban mujeres que vendían sexo (Servais; Chaumont; Rodriguez, 2017). Las trabajadoras europeas ya habían experimentado un proceso similar durante las profusas transformaciones de la sexualidad en la cultura occidental con las configuraciones entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX. La migración femenina del agro hacia un mercado laboral que no ofrecía oportunidades para todas, los bajos salarios femeninos y la mano de obra masculina, generó una gran masa de mujeres disponibles para la venta de sexo (Stearns, 2017, p.86-87).

Una trama compleja de contactos, muchas veces efímeros, la circulación de saberes, la acreditación de confianza entre pares y los préstamos monetarios aceitaron el desplazamiento trasnacional para la venta de sexo. Las formas de contacto entre los proxenetas y mujeres con experiencia previa en el burdel eran múltiples. La policía local sostuvo que existían oficinas de colocación de empleo que ofrecían a las mujeres puestos como modistas, bailarinas, cantantes, educadoras, sirvientas o modelos.55 Con la misma premisa, la Sociedad de las Naciones sugirió medidas para controlar la circulación de mujeres abocadas a actividades artísticas, situación que derivó en un limité a la circulación de las trabajadoras del entretenimiento (Pereira, 2006).

Algunas mujeres que vendían sexo en Europa buscaron comisionistas para contactar burdeles latinoamericanos.57 Es difícil saber cómo operaron los comisionistas, quizás en los casos de aquellas mujeres que no tenían una experiencia previa en la venta de sexo y migraron con la esperanza de obtener alguno de los empleos prometidos. Existieron numerosos mecanismos con los que ajustar las expectativas de estas mujeres a la forma de vida de los proxenetas. Goldberg y otros rufianes le reiteraron a Paul Kinsie que resultaba inconveniente traer chicas “verdes”, pero también destacaron procedimientos para convencerlas de que esta situación les permitiría ganar más dinero que en el servicio doméstico para enviarle plata a su familia.58

El cruce de datos entre el origen nacional de los rufianes y de la prostitutas nos dibuja algunas de las desigualdades en la circulación. Aunque Goldberg le recomendó a Kinsie buscar solo francesas, los proxenetas franceses, ingleses, españoles e italianos podían contactarse con polacas, eslovenas, rusas o rumanas.59 La circulación de mujeres y varones, sus cruces, era también parte de las asimetrías de los efectos desiguales de la Gran Guerra sobre el viejo continente. Tanto en las capacidades económicas previas con la que las naciones afrontaron el conflicto, como también, en las debilidades de estados jóvenes y endebles que asociaron su dinámica de formación a los intentos por frenar la expansión de la Revolución Rusa con la promoción de consolidación de nuevas naciones independientes (Hobsbawm, 2012). El mapa de circulación tuvo también una dimensión simbólica que puso en juego las fantasías nacionales y estigmatizó a algunas de las ciudades consideradas foco de pecado (Schettini, 2014). La ciudad de Varsovia fue señalada como un foco de operaciones asociado a la Zwy Migdal, y como tal, condensó los temores internacionales ante el tráfico de personas. En el lenguaje popular se popularizó el término “polacas” para nombrar a mujeres que cobraban poco dinero por tener sexo (Urbanyi, 1976). Buenos Aires fue remarcada como el otro eslabón de la cadena y narraciones que la retrataron como la “capital del vicio”. En el Boletín del Patronato Real para la represión de la Trata de Blancas de España se indicaba que en la capital argentina “los hombres tienen demasiado dinero sobre el vicio y no hay opinión pública sobre la moral”.60

Aunque las representaciones imaginaron a la ciudad como el centro de la geografía sexual global (Schettini, 2014), el desplazamiento de proxenetas y prostitutas fue heterogéneo y no tuvo un carácter unidireccional. Los datos aportados por los registros de expulsados presentan una cartografía cambiante en las que intervinieron las capacidades de permear y flexibilizar las restricciones estatales, como también, los polos magnéticos movidos por los flujos económicos regionales.

Los intentos de deportar proxenetas no siempre resultaban efectivos. El caso que tomamos como punto de partida en este artículo de León Reiss, coincide con muchas de las impresiones destacadas por los informantes de Paul Kinsie y el informe posterior de la Liga de Naciones de 1927. Goldberg le indicó a Kinsie61 que los expulsados siempre podían volver, ya que, tenían un contacto que trabajaba como asistente en la oficina de la policía y que les informaba cuando las cosas podían complicarse para que asistieran a Montevideo. Lo importante era no ingresar al registro fotográfico de proxenetas lo que garantizaba una circulación sin mayores inconvenientes.62 Goldberg también le recomendó a Paul Kinsie viajar en primera clase para evitar el registro de las autoridades de migración.63

A su vez, los agentes del Estado argentino eran permeables a pagos ilícitos (como los de otros Estados). A modo de ejemplo, en el departamento de salud de la ciudad de Buenos Aires podían obtener un certificado por 100$,64 al igual que proxenetas de ciudades como Varsovia (Polonia) y Florencia (Italia) celebraron frente a Paul Kinsie que a cambio de un poco de dinero podían obtener pasaportes y visas.65 Es posible que estas locuciones fueran parte de una exaltación de sus capacidades frente a un recién llegado. Como también, esto debe registrarse en las tácticas generales con las que los migrantes se hicieron de papeles para desplazarse y que se ha caratulado en los estudios sociales como el “negocio de la inmigración” (Devoto, 2001).

Para viajar, Paul Kinsie dependió del visto bueno de Goldberg para desplazarse. En un contexto de fuerte movilidad geográfica y de ampliación de medidas para perseguir el proxenetismo, los vínculos entre pares articularon capitales sociales y credenciales que permitieron interacciones trasnacionales. La unidad no estaba dada por garantizar un negocio hermético con un centro, sino como artefactos de promoción que facilitaron la instalación de relaciones sexo-comerciales dispersas mediadas por rufianes.

Lejos de que las narraciones de circulación de proxenetas señalaran fallas de las agencias de control, confirman que para estas oficinas el ser rufián era una cualidad contingente y mutable. LR pudo birlar las fronteras de Montevideo para recuperar su carta de residencia. Este camino contó con cierta fama, el General Wegner, presidente de La Liga Contra la Trata de Blancas de Alemania, destacó en su visita a Sudamérica que algunos rufianes descendían por Montevideo para evitar controles al ingresar a la Argentina.66 También policía detalló la circulación de algunos de ellos hacia ciudades brasileñas como Rio de Janeiro, San Pablo o Montevideo. La revista uruguaya La Pluma reconocía como focos de esta práctica a Polonia y Francia, en el territorio europeo y a Buenos Aires y Montevideo en Sudamérica.67

El informe del comité de especialistas de la Sociedad de las Naciones (1927) destacó las rutas de interconexión entre los países de la región. El cruce en las ciudades fronterizas de Salto-Concordia fue señalado como un paso sin control preferente para los caftens. Allí informaron que en el paso desde Brasil a Argentina podían hacerse con documentos falsos que compraban a la policía de la Capital Federal. Aunque ambas informaciones fueran desmentidas por las autoridades en una carta a la comisión de especialistas, quedarían asentadas en dicha publicación. Israel Laperie, ruso de 40 años, ingresó en 1924 desde Brasil de donde habría sido expulsado por ejercer actividades ilícitas. En 1936 se lo expulsó de la Argentina por la explotación sexual de Magdalena, una española de 31 años, a la que se le adicionó el delito de corrupción y lesiones varias.68

Fonte: Report of the Special Body of experts on Traffic in women and children, Part two, 1927, p.15

Las entrevistas a proxenetas y prostitutas de Kinsie en Montevideo son elocuentes acerca de la interconexión entre ambas ciudades. En Salto, un bote nocturno podía cruzarlos evitando controles. A su vez, aquellos con documentación argentina podían eludir cualquier a los agentes de migración. Una muchacha le dijo a Kinsie que “venir acá desde Buenos Aires es fácil”, le relató que “En vez de ir a Buenos Aires en un bote de noche, las chicas toman el tren desde esta ciudad hacia Salto, luego cruzan el Río Uruguay a Concordia y cuando ya estás en Argentina podés ir a donde quieras”.69 En el caso de Rio de Janeiro la mujer señaló que debían pagarse importantes cuotas a los agentes de migración en los trenes.70 La circulación a Montevideo estaba asociada también a que en Argentina solo podía haber una mujer por locación, por lo que, muchas de ellas se desplazaban a la ciudad oriental o a las municipalidades del interior del país en las que posiblemente fuera más barato compartir un alquiler (Trochón, 2006).71 Albert Londres aseguró que las muchachas se bajaban en la banda oriental del Río de la Plata.72

También se registraron itinerarios entre Argentina y Chile, el periódico español El Extranjero registró la detención de 8 varones identificados con la Zwy Migdal que pretendían cruzar a Argentina con 40 mujeres de entre 14 y 40 años, a las que prometían emplear en teatros porteños, elemento que resalta el carácter multidireccional de estas rutas.73 Aunque las narraciones periodísticas crecieron en torno al temor nacionalistas frente a fronteras que parecían cada vez más porosas, es posible imaginar que estos datos señalaran posibles líneas de cruce y direcciones en las que circularán grupos mediados por diversas formas de entender y formular la venta de sexo.

Por último, existía también un desplazamiento al interior del territorio nacional. En los registros de expulsados se detalla que algunos de los canflineros viajaban a ciudades como Mendoza, Rosario, Córdoba y San Luis, ciudades que ofrecían un mercado importante de clientes. Rosario resultó ser un sitio paradigmático, la segunda ciudad portuaria del país, que concentró en el barrio Pichincha gran parte de los prostíbulos en los que estas mujeres fueron explotadas (Múgica, 2014). Algunos periodistas destacaron también que los proxenetas circularon desde Buenos Aires a Tucumán, San Juan y Bahía Blanca (Urbanyi, 1976). Como sostuvimos, el carácter municipal y provincial del régimen reglamentario promovió que muchas mujeres se desplazaran a ciudades en las que, por ejemplo, se permitió compartir un hogar a varias y en las que el Estado y la prensa no ejercían tanta presión sobre la venta de sexo.74

En este apartado, analizamos el desplazamiento de actores relacionados con la venta de sexo como parte de los prolíferos influjos trasatlánticos de la primera mitad del siglo XX. Aquí destacamos algunas de las posibles rutas de desplazamiento como caminos multidireccionales lo que nos permitió entender a la circulación global de proxenetas como una práctica disponible para algunos migrantes.

Conclusión

Este artículo es un aporte al estudio de los proxenetas como actores históricos. Una respuesta a los esfuerzos por recolocar el papel de los varones en la construcción de circuitos del sexo comercial como mediadores, consumidores y algunas veces como vendedores, sin relegar por ello las acciones y estructuras que intercedieron en las vidas de las mujeres que vendieron sexo de las formas más diversas.

El argumento de que el ser rufián constituyó un estado histórico especifico, por lo tanto variable, relacional y mutable, permite penetrar en los discursos que impregnaron los documentos para conjeturar las variables formas sociales y culturales que constituyeron a estos sujetos. Siempre con los recaudos de trabajar con fuentes documentales complejas y en la búsqueda de las matices, las zonas grises, bosquejamos perfiles, sociabilidades y prácticas que conformaron el universo social de los rufianes, canflineros y comisionistas.

Más allá de las publicidades estruendosas que adquirieron asociaciones como la Zwy Migdal, describimos como se configuró una forma específica del intercambio de sexo marcada por la apropiación del dinero de dos o más mujeres que vendían sexo mediante el empleo de la coacción física y caracterizada por procesos de movilidad transnacional. Describimos la circulación de saberes, capitales sociales, solidaridades y rivalidades reciprocas, como también, formas de entendimiento con la que ordenaron su experiencia y la definieron frente a otros.

Por último, lejos de reducir este mundo a una totalidad hermética, intentamos describir algunas de las conexiones que la tornaron porosas y que dialogaron con formas de la vida social y cultural más amplia. Para entonces interconectar sus rutas de circulación y sus prácticas globales con los flujos e influjos de un mundo complejo y móvil.

1Base de Datos del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos - CEMLA.

2Archivo General de la Nación (AGN), Caja 29, n. 143.

3Boletín de la Sociedad de Naciones (BSN), 1 mayo 1927.

4AGN, Caja 29, n. 143.

5AGN, Caja 29, n. 143.

6LONDRES, Albert. El camino a Buenos Aires. La trata de Blancas. Buenos Aires: El zorzal, 2007 [1927].

7Entre 1875 y 1936 funcionó en Argentina el sistema de burdeles regulados por los municipios.

8Pablo Urbanyi nació en Hungría en 1939, migró a la Argentina a los siete años y se nacionalizó. Periodista de La Opinión, presentó el libro El Mercado de Eros como una de las revisiones y compilaciones más completas de fuentes periodísticas y policiales sobre los proxenetas en 1930.

9Archiwum Urzad Wojewodzki Katowice, Fondo 9358, “Wiadomosci dla emigrantow”, 1930-1938.

10KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations. vol. 2. Ginebra: ONU, 2017 [1924]. p.42.

11KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations. vol. 2. Ginebra: ONU, 2017 [1924]. p.36.

12KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.48.

13KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.33.

14KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.36.

15KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.36-40.

16KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.37.

17KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations.

18KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.44.

19PAREJA, Ernesto. La prostitución en Buenos Aires. Buenos Aires: Editorial Tor, 1937.

20PAREJA, Ernesto. La prostitución en Buenos Aires, p.124.

21AGN, Caja 29, n. 143.

22Base de Datos del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos - CEMLA.

23KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.44.

24LONDRES, Albert. El camino a Buenos Aires. La trata de Blancas. Buenos Aires: El zorzal, 2007 [1927]. Investigación periodística popular publicada primero en francés en 1923 y traducida al español en 1927. Su obra cumplió un papel relevante en la promoción de la idea de que Buenos Aires era el centro global de la actividad de los proxenetas. YARFITZ, 2012.

25BARRÉS, M. El hampa y sus secretos. Buenos Aires: Edición del autor, 1934.

26PAREJA, Ernesto. La prostitución en Buenos Aires. Buenos Aires: Editorial Tor, 1937.

27PINAZO, M. Delitos y delincuentes (el trasplante siniestro). Buenos Aires: Imprenta Cúneo, 1918.

28JOZAMI, M. ¡Vendida! Memorias íntimas de Cosia Zeilon (La Zwi Migdal vista por dentro). Buenos Aires: Thor, 1930.

29BARRÉS, M. El hampa y sus secretos. Buenos Aires: Edición del autor, 1934.

30MENDOZA, Angélica. La cárcel de mujeres. Buenos Aires: Claridad, 1933.

31KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.30-31.

32KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.46.

33KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.86.

34KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.36.

35KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.29.

36KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations.

37AGN, Caja 29, n. 143.

38KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.34.

39KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.34.

40AGN, Caja 29, n. 143.

41Bembo, M. La mala vida en Barcelona. Cataluña: Editorial Manucci, 1912.

42KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.34.

43KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.32.

44KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.33.

45KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.46.

46AGN, Caja 29, n. 143.

47Reflejos, 25 mayo 1930.

48AGN, Caja 29, n. 143.

49Boletín de la Sociedad de Naciones (BSN), 1 mayo 1927

50AGN, Caja 29, n. 143.

51KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.44.

52JOZAMI, M. ¡Vendida! Memorias íntimas de Cosia Zeilon (La Zwi Migdal vista por dentro). Buenos Aires: Thor, 1930.

53AGN, Caja 29, n. 143.

54AGN, Caja 29, n.143.

55PAREJA, Ernesto. La prostitución en Buenos Aires. Buenos Aires: Editorial Tor, 1937.

56Boletín de la Sociedad de Naciones (BSN), 1 ago. 1927.

57KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.34.

58KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.34-46.

59AGN, Caja 29, n. 143.

60Boletín del Patronato Real para la represión de la Trata de Blancas, 1914, p.66.

61KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.43.

62KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.44.

63KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.50.

64KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.39.

65KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.42.

66Boletín del Patronato Real para la represión de la Trata de Blancas, 1907, p.12, 13.

67La Pluma, 1 jul. 1930.

68AGN, Caja 29, n. 143.

69KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.63.

70KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.64.

71KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.73.

72LONDRES, Albert. El camino a Buenos Aires. La trata de Blancas. Buenos Aires: El zorzal, 2007 [1927].

73El Extranjero, 10 mar. 1933.

74KINSIE, Paul. The Paul Kinsie reports for the League of Nations, p.56.

Agradecimientos

Agradezco los comentarios de Pamela Fuentes, Carolina Biernat, Dora Barrancos, Mario Pecheny y Paulo Drinot. También a los evaluadores de la revista.

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Recibido: 29 de Junio de 2018; Revisado: 17 de Octubre de 2018; Aprobado: 31 de Octubre de 2018

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