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Mana

versão impressa ISSN 0104-9313versão On-line ISSN 1678-4944

Mana vol.22 no.2 Rio de Janeiro mai./ago. 2016

http://dx.doi.org/10.1590/1678-49442016v22n2p519 

Artigos

CONSTRUYENDO LA VASQUIDAD: DE ESTÍMULOS, CONVIVENCIAS Y LÍMITES LINGÜÍSTICOS

CONSTRUINDO A BASQUIDADE: SOBRE ESTÍMULOS, CONVIVÊNCIAS E LIMITES LINGUÍSTICOS

CONSTRUCTING BASQUENESS: STIMULUS, CONVIVIALITY AND LINGUISTIC LIMITS

Adriana María Villalón1 

1Universidade de Campinas, Campinas/ SP, Brasil


Resumen

Este artículo analiza prácticas de promoción del conocimiento y uso del euskera (lengua vasca) en el País Vasco, España, para mostrar la complejidad de formas en que un gobierno local, con ambiciones de estado, define límites y accesos al mundo euskaldun (vascohablante) y no euskaldun. Así, se describen interacciones y desencuentros entre el hacer institucional, que busca generar ciertas adhesiones lingüísticas, y las prácticas desplegados por la población local. Se muestra cómo se aplica a la práctica linguística la construcción de la convivencia, categoría que interpela otros ámbitos, como el escolar, las políticas migratorias y el actual proceso de paz vasco.

Palabras-clave: euskera; conocimiento y uso; espacios; convivencia; límites

Resumo

Este artigo analisa práticas de promoção do conhecimento e uso do euskera (língua basca) no País Basco, Espanha, para mostrar a complexidade das formas como um governo local, com ambições de Estado, define limites e acessos ao mundo euskaldun (dos falantes de basco) e não euskaldun. Assim, são descritas interações e desencontros entre o fazer institucional, que busca gerar certas adesões linguísticas, e as práticas empregadas pela população local. Mostra-se como a prática linguística se aplica à construção da convivência, categoria que interpela outros âmbitos, como o escolar, as políticas migratórias e o atual processo de paz basco.

Palavras-chave: Euskera; Conhecimento e uso; Espaços; Convivência; Limites

Abstract

This article analyses practices of promoting the knowledge and use of euskera (Basque language) in Spanish Basque country. It aims to show the complex ways in which the local government, which seeks recognition as a state, defines the limits of, and access to, the euskaldun (Basque-speaking) and non euskaldun world. It describes interactions and disagreements between institutional policy seeking to generate linguistic adherences, and the local population's practices. Moreover, it also shows how linguistic practice is applied to the construction of conviviality - a category that brings other spheres, such as the school, migratory policies, and the Basque peace process, into question.

Keywords: euskera; knowledge and use; spaces; coexistence; limits

Presentación: promoviendo el conocimiento y uso del euskera

"La lengua nacional podía ser todo menos pragmática y tranquila. Para ellos, la lengua era el alma de la nación y el criterio crucial de nacionalidad" (Hobsbawm 1990: 116).

El "servicio de euskera" (lengua vasca)1, de un municipio de la Comunidad Autónoma Vasca (CAV)2, España, unos años atrás, decidió emprender una nueva técnica de promoción del euskera, los mintzodromos (lugares de habla).3 Iniciativa que se debe, según explicaban la prensa y una entidad que promueve esa lengua, a que:

Muchos de los alumnos que aprenden euskera se encuentran con un problema común: no pueden ponerlo en práctica porque su entorno, sus amigos o familia no son euskaldunes [vascohablantes].4 El mintzodromo ofrece la posibilidad de reunirse con gente que se encuentra en una situación parecida y practicar el idioma (web Bai Euskarari, 2015; El Diario Vasco 25-5-2010).

Esta convocatoria de vascohablantes y estudiantes para hablar en euskera generándoles espacios concretos, animándolos a usarlo y sacarlo de sus casas e institutos de enseñanza responde a una cuestión nativa que advierte la existencia de un desequilibrio en la relación entre conocimiento y uso de ese idioma, además de una baja presencia (visual y auditiva) en el espacio público. Es así que esta relación desigual se ha naturalizado como un problema a resolver.

Con la intención de resolver esta problemática, en los últimos 30 años se han aplicado en el País Vasco infinidad de estrategias de fomento del euskera, desde su oficialización en los 80 (Ley 10/1982 BOPV) junto al castellano. Se trata de un trabajo institucional y militante incesante para lograr una retroalimentación sociolingüística que no precise de estímulos y que genere un "efecto de lugar" (Bourdieu 1999) que transmita vasquidad. Con ese fin, agentes del Gobierno y promotores impulsan mediciones de hablantes reales y potenciales y emplean diversas técnicas de marketing (uso de jergas juveniles, ofertas de productos para la vida diaria en euskera, atención a tipografías en textos bilingües),5 además de fomentar investigaciones, para diversificar su valor de uso más allá del mundo laboral, entre otras acciones.

En definitiva, instituir otra lengua oficial - de forma que sea sabida, hablada, aceptada, consumida y que ocupe el espacio público - entre una población diversa en cuanto a prácticas lingüísticas, procedencias, adhesiones políticas, identidades y posibilidades de aprendizaje y utilización, no es algo lineal ni automático. Se trata de una tarea que involucra varias dimensiones entre las que se cruzan y superponen políticas, identidades, agencias, sentimientos y procesos de construcción de límites territoriales y sociales.

Todo esto continúa el largo proceso de consolidación administrativa, cultural y lingüística - al mejor estilo de construcción de Estados nacionales - iniciado en los años 80 al oficializarse la CAV. Fruto de una nueva Constitución pos dictadura franquista (1939-1975) que, en 1978, sancionaba un Estado español descentralizado en 17 autonomías divididas por criterios lingüísticos, étnicos, políticos, históricos y nacionales.6 Desde esa base legal, el Gobierno vasco creó sus instituciones de hacienda y una policía propia (Ertzaintza); instituyó la lengua vasca, que era principalmente oral, como padronizada (euskera batua), propia, minorizada, moderna; su conocimiento certificado pasó a ser requisito para acceder al empleo, principalmente, público; registró el número de hablantes y no hablantes de euskera, a través de mapas sociolingüísticos y censos, visualizando un sentido de comunidad nacional (Hobsbwam 1990, Urla 1993, Herzfeld 1987); definió su política lingüística, con derecho a usarlo en entidades públicas, educativas y en tribunales; escolarizó en ella a las generaciones nacidas con el nuevo Gobierno, al tiempo que formó maestros y capacitó funcionarios en ese idioma. Así, incorporó el euskera a gran parte de la administración pública, lugar ideal de materialización del diferencial nacional (Habermas 1989) y de disputas por su gestión.7

La institución de la CAV y la oficialización del euskera, como coronación de un largo trabajo previo que se remonta a comienzos del siglo XX, marcó una verdadera mudanza sociopolítica y lingüística. Se trata de un proceso complejo, que no sólo envuelve aspectos técnicos y promocionales, sino también diversas representaciones, intereses y agentes que actúan en un campo jerarquizado.8 En este sentido, el euskera, se personaliza y cobra vida como: encarnación de lo euskaldun, propio, no-indoeuropeo, nacional, materno, primitivo, segunda lengua, primordial, minorizado, en situación de diglosia, politizado, conflictivo, difícil, discriminatorio hacia los castellanohablantes, entre otros. Estos conceptos, a su vez, aluden al castellano, la otra lengua oficial, que se coloca como un idioma consagrado, como el inglés o francés, que ha logrado tanto su neutralidad y dominio sobre otras lenguas (Bourdieu 1985) como la omnipresencia con que han sido incorporados ciertos nacionalismos (Billig 1995, Benei 2008).

En este sentido, entre las cuestiones que los promotores y agentes vascos del Gobierno tuvieron y tienen para resolver está la de cómo superar la tensión entre destacar su autenticidad (vasquidad, bretonidad, quebecosidad, catalanidad...) y, a la vez, consagrarse en la esfera pública (Heller 1998) con naturalidad. En otras palabras, "[...] uma vez consolidada a escrita fonêmica, seu sucesso na alfabetização seria consequência de sua naturalidade", como indica Franchetto (2008: 39) para el campo lingüístico brasileño.9

De ese modo, fue construyéndose una esencialización de identidades y pertenencias vitales concebidas en oposición valorativa mutua entre las lenguas personificadas y las prácticas de los hablantes, que, a su vez, "tienden a reproducirse en el pensamiento y el lenguaje bajo la forma de oposiciones constitutivas de un principio de visión y división" (Bourdieu 1999:120). Y ello sin descartar que, actualmente, estas narrativas y construcciones de límites coexisten con otro campo de relaciones, ahora construidas desde la interculturalidad, donde se tornan más ambiguas y se recrean los usos lingüísticos en nuevos usos y articulaciones.

Con base en lo anterior, a través de tres ejemplos que luego describo, este artículo pretende, por un lado, analizar la complejidad de formas en que un Gobierno local, con ambiciones de Estado, efectúa esa tarea incesante de construcción de límites y accesos entre, en este caso, lo que se ha objetivado como mundo euskaldun y no euskaldun. Es decir, intento acompañar las ramificaciones del trabajo de ingeniería social de la promoción del conocimiento y uso del euskera, mostrar las interacciones y desencuentros entre el hacer institucional y la diversidad de prácticas, percepciones, intereses, agencias y sentimientos desplegados por la población local ante esas políticas. Por otro lado, trato de mostrar cómo se objetivan categorizaciones diversas relativas a las adscripciones de los hablantes que esencializan esos mundos asociados a la vida en euskera y a la vida en castellano, al tiempo que ensayan generar adhesiones lingüísticas. Por último, busco articular lo anterior con las actuales tácticas gubernamentales que incorporan a la promoción del euskera la construcción de la convivencia, categoría que interpela otros ámbitos, como el escolar, las políticas migratorias y el actual proceso de paz vasco.

Para graficar estas ideas, escogí, entre varias otras posibles, las siguientes tres situaciones: a) las prácticas gubernamentales y civiles que apuestan a crear y delimitar espacios que funcionen en euskera, que revelan principios de inclusión y exclusión; b) una investigación financiada por el Gobierno vasco que aspira a descubrir e inculcar sentimientos y actitudes de adhesión hacia esa lengua, buscando, a su vez, trasladar hablantes al espacio del euskera; y c) una campaña publicitaria actual animada por ese Gobierno que promociona el euskera en nuevos términos, intentando suavizar divisiones existentes y mostrando una buena convivencia entre las lenguas oficiales de la CAV y sus hablantes, lo que connota otras tensiones locales.

Antes de continuar, quiero comentar que parte de los contenidos de este texto se desprenden de mi investigación de doctorado. Ésta fue realizada en el País Vasco, y estuvo orientada a describir la construcción de fronteras sociales y territoriales relacionadas a la institucionalización y construcción de la vasquidad, en el campo del nacionalismo vasco. La misma estuvo centrada, por un lado, en el estudio de instituciones de enseñanza del euskera; de especialistas (funcionarios, intelectuales, cargos políticos, militantes...) que formulan e implementan políticas, categorías y proyectos (lingüísticos, territoriales y étnicos), además de en la observación participante y en entrevistas en internados de euskera (con profesores y estudiantes) y convivencia con "familias euskaldunas". Por otro lado, acompañé diversas actividades de un movimiento que articulaba cargos políticos en municipios nacionalistas vascos, abarcando también la zona vasco-francesa, que aportaban otros ejemplos de construcción de límites y contenidos de la vasquidad, donde la definición de espacios en euskera era esencial. Por último, incorporé los efectos y transformaciones vividas en el campo escolar por la llegada de alumnado inmigrante, atendiendo a cómo se tensaba la interculturalidad con la afirmación nacional. Este trabajo también es producto de mi investigación de posdoctorado10 focalizada en la construcción del actual proceso de paz, guiado por conceptos de convivencia y reconciliación. En este trabajo, entonces, integro ejemplos y datos obtenidos en todos estos años de investigación que evidencian la continuidad y las transformaciones que caracterizan estos procesos complejos.

La construcción de espacios en euskera o los límites de la vasquidad

"Mediante la colocación o la fijación ceremonial de los mojones o de los límites [...], una agrupación determinada se apropia de un determinado espacio del suelo, de tal manera que penetrar siendo extranjero, en ese espacio reservado, es cometer un sacrilegio a idéntico título que penetrar, siendo profano, en un bosque sagrado, un templo etc." (Van Gennep 2008 [1969]:31).

Cuando comencé mi investigación en el País Vasco hacia el año 2000, desde un inicio me llamó la atención la expresión nativa necesitamos crear espacios en euskera. Se trata de una demanda, sostenida en el tiempo, que busca corporificar ámbitos de exclusividad o mayoría lingüística en ese idioma y neutralizar la influencia de otras prácticas sociolingüísticas que coexisten, demanda justificada en una discriminación positiva para compensar su situación minorizada. Esa valoración proviene tanto de entidades oficiales del Gobierno vasco y ONG (Organizaciones No Gubernamentales) que trabajan en su normalización legal, como de ciudadanos comunes. Es un modo de garantizar que los euskaldunes ejerciten sus derechos lingüísticos y puedan hacer una vida en euskera que normalice una cotidianeidad comunicativa en su lengua materna.

Uno de los trazos fundamentales de la construcción de la vasquidad es el requerimiento de crear espacios propios (expresados en territorios, en prácticas y en usuarios); que se expresen y proyecten no sólo exteriormente, sino sobre todo hacia su interior. Es decir, así como en Estados nacionales tan diversos como Brasil, Argentina o EE.UU., el Estado se construyó expandiendo su frontera interior - eliminando, como ajenas y perturbadoras de la homogeneización nacional, aquellas poblaciones indígenas que habitaban el territorio - en el País Vasco podría decirse que existen fronteras internas a expandir donde, más que poblaciones a eliminar, se encuentran prácticas lingüísticas a euskaldunizar. En ellas, se enfrentan concepciones de vasquidad, castellanidad, francesidad y, además, otras que ha traído la nueva inmigración, no europea y extracomunitaria, a fines del siglo XX.

Desde esa preocupación, se cuida el paisaje lingüístico, colocando letreros de información urbana y comercial en euskera, que generen sensaciones de localidad nacional diferenciada; se fortalecen pueblos euskaldunes (los que poseen un alto porcentual de hablantes de vasco) como reservas del idioma y escenarios para cursos intensivos; se ofertan actividades cuya vía de comunicación sea en euskera (por ejemplo, cuentacuentos en euskera en una biblioteca pública). Otras iniciativas, como señalé antes, incluyen la organización de encuentros en lugares concretos de la ciudad para juntarse a hablar en euskera, los mintzodromos. Toda actividad, que puede durar varios días o sólo un par de horas, es espacio en euskera por el hecho de ser realizada en esta lengua.

http://www.aek.eus/barnetegiak/ibiltariak/ (consultado en mayo 2014).

Imagen 1 Publicidad de estudio de euskera en bicicleta "Oporrak euskaraz bizi nahi? Eta gainera txirringaz? ¿Quieres vacaciones en euskera, y además, en bicicleta?" 

La imagen de los ciclistas (Imagen nº 1) tomada de una publicidad de cursos de euskera, representa lo que sería el activar un espacio en euskera. Podría pensarse que van dentro de una burbuja que encarna un ambiente físico, social, identitario y sensorial en euskera, y que, según avanzan sobre la carretera (la cual podría representar otro idioma), van generando un efecto englobante que engulle al otro espacio idiomático dominante, objetivando los límites identitarios en un nuevo plano. Sería, recreando las palabras de Bourdieu (2010), un espacio que se habita al andar en bicicleta al tiempo que remite al espacio social.

En consonancia con esto, en una entrevista publicada en Euskonews, una joven lingüista, militante por el euskera, comentaba prácticas lingüísticas que desarrollan algunos vascohablantes para asegurar sus espacios de habla en el encuentro o desencuentro cotidiano con los otros, los no hablantes de vasco:

¿Qué supone ser euskaldun en Pamplona?

En cierta medida, vivir en otra Pamplona. Como se suele decir, algunos erdaldunes [castellanohablantes] que no tienen euskaldunes en su entorno, viven en una Pamplona totalmente erdaldun [castellana], igual que si vivieran en Salamanca. La ciudad lo permite, porque el uso social del castellano es ampliamente mayoritario. Somos los euskaldunes los que, además de vivir en Pamplona, vivimos en Iruñea [Pamplona, en euskera], formamos parte de ese mundo, de esa cultura y de esas redes de relaciones en euskera, y eso, en cierta medida, es como vivir en otra ciudad distinta" (Asurmendi 2010:15, cursivas mías).

Así, tensando los nombres de la capital de la Comunidad Foral de Navarra, "Pamplona" en castellano e "Iruñea" en euskera, corporifica dos mundos vitales y espaciales diferenciados, el castellano dominante, y el de los euskaldunes que tienen la destreza, el capital extra de poder circular por ambos. Vale enfatizar que esa idea de dos realidades contenida en "los que... formamos parte de ese mundo", reproduce una división que conecta con dos momentos marcantes de mudanzas socioeconómicas y migraciones internas vividas en el País Vasco a fines del siglo XIX (1876) y a mediados de los años 60 del siglo XX. Familias llegadas desde otras provincias del estado español y de fuera de las provincias vascas, que migraron atraídas por el crecimiento local, se tornaron outsiders (Elias & Scotson 1994) en ese encuentro con los moradores locales, vascos nacidos in situ, hablasen o no euskera. Así, por haber llegado, primero durante la crisis de la sociedad tradicional de fin del siglo XIX (Heiberg 1991, Pérez Agote 1987, 2006, Ramírez Goicoechea 1991),11 y luego en los años de la represión política y cultural franquista, pasaron a encarnar la responsabilidad de perturbar lo que se identificaba como una sociedad, una población y un territorio euskaldunes, minimizando el peso de otros factores (Ramírez G. 1984, Woolard 2008, Villalón 2011). Sobre esta segunda migración y sus hijos, incluso los nacidos en el País Vasco, se naturalizó la categoría "ser de fuera" (mis padres son "de fuera", soy "de fuera"). Incluso, esta migración ha sido, y es, recordada como un momento clave/fundamental/significativo, como se aprecia en las palabras del director de un periódico vasco, que, si bien son de años atrás, considero que, entre otras narrativas, aún es actual y, además, se aproxima a la idea de las dos realidades de la lingüista anterior:

Objetivamente, la inmigración cumplió con el oscuro objetivo de diluir, hasta casi la destrucción, una nación a la que vinieron en aluvión hablando español y pensando en español, porque Euskal Herria era para ellos un trozo más de España. [...] Son muchos los que, a pesar de estar domiciliados en ciudades y pueblos vascos, viven en España y, además, intentan imponer a sus vecinos euskaldunes su cultura española de vivir [...] (Egin 30- 4-2000, énfasis mío).

Así, sobre esas herencias se activan espacios de vínculos y prácticas sociolingüísticas que no son fijas y que aquella lingüista recorre o evita. En esta figura se tensiona la idea de lugar de Bourdieu (1999:123): "Se puede ocupar físicamente un hábitat sin habitarlo, hablando con propiedad, si no se dispone de los medios tácitamente exigidos, comenzando por un cierto habitus [lingüístico]". Sus límites son indicados por ese habitus y por el tejido de relaciones sociolingüísticas o culturales que los definen, sean sólo en euskera, en castellano, o en ambos.

Vale recordar que a esos espacios, desde finales del siglo XX, se suma una red de diversas poblaciones migrantes que traen nuevas lenguas translocadas (Appadurai 1997) que no entienden de límites. Así, reactivan tensiones, unas por reforzar el castellano (hablantes latinoamericanos) y otras por diversificar las opciones (nepalíes, magrebíes, ucranianos, chinos etc.) (Barquin 2004, Villalón 2007, 2009, 2011).

"Aquí vivimos en euskera"

El ideal de las prácticas que busca vivenciar la lingüista mencionada anteriormente lo representan espacios territoriales específicos pensados como la encarnación de la vasquidad. Me refiero a los llamados "pueblos euskaldunes" que ostentan un límite lingüístico en su entrada con un letrero que reza: "Euskaraz bizi gara" ("Aquí vivimos en euskera"). A estos pueblos, las narrativas locales (sean de agencias del Gobierno, turísticas, municipales, civiles) los construyen como "nichos vitales", dada su concentración demográfica de vascohablantes. En la siguiente foto, puede apreciarse una imagen que encarna esa división.

Foto 1: "En Orio [nombre del pueblo] vivimos en euskera". 

Algunos de estos pueblos están vinculados desde 1987 a la Mancomunidad de Municipios Euskaldunes (UEMA). Esta entidad reúne municipios monolingües vascohablantes y ofrece recursos sociolingüísticos, jurídicos y administrativos a los municipios que quieran ser parte, lo que implica garantizar su funcionamiento en euskera. Un aspecto interesante de estos lugares, y de los municipios interesados en obtener ese cartel es que necesitaron inducir mudanzas entre las prácticas sociolingüísticas de la población destinataria y los funcionarios ejecutores de esas políticas. Unos y otros, si bien eran vascohablantes, se habían educado durante la censura franquista y no estaban alfabetizados ni tenían la costumbre de leer en euskera. Esa administración que funcionaba en castellano tuvo que instruirse en elaborar la jerga administrativa (cartas, memorias, notificaciones oficiales etc.) en euskera. Así me explicaba un antiguo presidente de UEMA:

Incluso los euskaldunzaharras [antiguos hablantes] de aquí, el 99 % de los secretarios y demás habían hecho [durante el franquismo (1936-1975)] sus estudios en castellano, porque no se podía de otra forma; entonces, toda su preparación era en castellano, ¡no sabían hacer ni una carta en euskera! [...]. Al principio, hubo unas quejas... Ten en cuenta que, cuando empezamos, la mayoría de la población no estaba alfabetizada en euskera, no había leído nunca euskera; entonces, era la primera vez que se encontraba con textos en euskera [...] (Entrev. 10/8/01, presidente de UEMA).12

Puede apreciarse en sus palabras las bambalinas del trabajo cotidiano del largo proceso de recuperación lingüística del que estos pueblos, delimitados con el cartel "aquí vivimos en euskera", son exponentes. Del mismo modo que lo son otras ciudades y demás pueblos donde existen otros tipos de letreros que, también, marcan espacios de conocimiento y funcionamiento. Éstos se encuentran en todas partes, calles, comercios, oficinas públicas y privadas; y tienen en común indicar al cliente o ciudadano en cuestión que puede hablar en ese idioma o le invitan a hacerlo. Así puede leerse: "Euskaldunari euskeraz, bakoitzari dagokiena" (al vascohablante se le habla en euskera, a cada uno lo suyo) o "Administrazioa euskeraz" (la administración en euskera), "Euskara dakigu" (sabemos euskera) etc.

Foto 2: Oficina pública de un municipio local. "Bulego honetan, euskaraz egin nahi dizugu" "En esta oficina, si lo desea, hable en euskera". 

Foto 3: publicidad en un autobús "Egin koxk euskarari" "Dale un mordisco al euskera, ¡el euskera es la pera!" 

Para finalizar este punto, quiero agregar que la preocupación con el mantenimiento de estos pueblos euskaldunes, en esta pugna sociolingüística, está adquiriendo nuevos escenarios que superan simples letreros. Pude apreciar esto en unas jornadas tituladas "Lengua y territorio", organizadas por la Universidad Vasca de Verano, Udako Euskal Unibertsitatea (UEU), de las cuales participé en enero de 2014, donde desde la geolingüística analizaban la relación entre "el crecimiento urbanístico y el cambio lingüístico". En ese contexto, se expresaba inquietud ante las consecuencias lingüísticas que podría generar la construcción de nuevas viviendas en las pequeñas poblaciones euskaldunas, de uso mayoritario del euskera, destacando que no tendría el mismo efecto que en una gran ciudad, por lo que ese efecto de lugar que con tanto esfuerzo se había logrado, se vería afectado. Esa situación hipotética sobre nuevas viviendas refiere, tácitamente, a los posibles ocupantes no calificados lingüísticamente, que, actualmente, tanto podrían ser los considerados nuevos inmigrantes, no europeos o extracomunitarios, y que podrían generar un riesgo de retroceso del euskera como, aun, las generaciones de aquella migración de fuera, portadora de hablas castellanas, que quedó concentrada en barrios diferenciados. Contemplando ese hecho, se recomendó considerar el equilibrio lingüístico a la hora de planificar nuevas viviendas, trayéndose, además, otros ejemplos europeos, con representantes de Flandes y Gales.

Así, delimitar esos municipios objetiva la lucha por espacios de poder y por territorializar la vasquidad, práctica encarnada en la lengua y en las actuaciones administrativas, que marca puntos de aproximación o alejamiento de un ideal de euskaldunidad (Gatti 2003), como si fueran centros y periferias, dentro de otra periferia (Lomnitz 2001). Delimitar esos municipios también evidencia la dedicación continua en el cuidado y ampliación del contenido de esos límites, y cómo, a través de dinámicas de delimitación del grupo étnico y de un manejo táctico de la identidad (Barth 2000), las personas apuestan por un determinado campo de relaciones que, si consideran que no está disponible, ellas mismas crean.

A continuación, analizo la segunda situación, un estudio del Gobierno Vasco que intenta identificar prácticas lingüísticas y sentimientos de aquellos que son outsiders al uso habitual de la lengua vasca, los castellanohablantes.

Desentrañando motivaciones lingüísticas: de estudios y prácticas entre mundos

"... Si los lenguajes minoritarios son demasiado evidentes, entonces los lenguajes hegemónicos son demasiado invisibles" (Woolard 2008:317).

La población local que está a punto de estudiar euskera, o que inició cursos pero desistió antes de adquirir el dominio del idioma, o que obtuvo los títulos y accedió a un cargo público pero apenas lo utilizó y se le olvidó, o que no acaba de decidirse a empezar a estudiar es objeto de interés de diferentes sondeos de mercado y campañas oficiales que intentan entender sus hábitos para afinar nuevas estrategias. En este sentido, vale destacar un estudio solicitado y publicado por el Gobierno vasco titulado Actitudes y prejuicios de los castellanohablantes hacia el euskera (Amorrortu et al. 2009),13 donde los investigadores (filólogos y sociólogos) explican que su grupo de interés ha sido lo que clasifican como "personas sí-pero" (ubicados entre los extremos de los que están "a favor y en contra" del euskera). Éstas, más que rechazar estudiar euskera, "muestran [en el discurso] actitudes complejas, contradictorias o tibias, [...] opiniones matizadas [...] que ponen límites. [...] Una actitud poco entusiasta, poco apasionada hacia el euskera [...]" (Amorrortu et al. 2009:16, 203 y 204).

Los autores examinan, en el grupo de personas entrevistadas, dos tipos de "motivaciones" hacia la lengua. Las "externas" o "instrumentales", que provienen de presión legal y social ("ganar movilidad social, conseguir un empleo o ayudar a los y las hijas en los estudios" (ibíd. 56); y las motivaciones "internas" o "integradoras", cuyo interés principal sería "el deseo de integración en un determinado grupo o cuando la lengua es percibida como importante para la definición de la identidad individual y grupal, [ibíd. 56; cursivas mías]).

Claramente se evidencia preocupación ante el predominio de las primeras y se ensayan fórmulas para potenciar las segundas. Es decir, se aspira a lograr que el individuo incorpore como propio el interés por la lengua, "[...] sin duda uno de los objetivos de la política lingüística debería ser desarrollar medidas que propicien las motivaciones internas y las actitudes fundamentadas, al menos parcialmente, en lo interno" (Amorrortu et al. 2009:39; cursivas mías). De este modo, analizan cada expresión y entonación de esas personas indagando aspectos de aceptación o rechazo al idioma, tal como explican en la metodología empleada:

El siguiente paso ha sido el estudio en profundidad del discurso de esas personas. Se ha analizado la forma de expresar las ideas, además de los recursos lingüísticos y discursivos utilizados, como por ejemplo, el uso del énfasis, la expresión de la voz del yo, el uso de la modalización, y la elección y tratamiento del léxico. [...] Con el objetivo de comprender sus verdaderas actitudes e incluso descubrir las que puedan encontrarse ocultas. [...] Por considerarse políticamente incorrectas, bien porque se encuentran en el subconsciente (Amorrortu et al. 2009:204; cursivas mías).

Esto se aprecia cuando valoran negativamente un comentario de uno de los entrevistados, porque sus "modalizaciones" revelan una postura opuesta al euskera. Esa persona buscaba explicar por qué los jóvenes tienden a utilizar el castellano, sector de población que, con sus hablas escurridizas y mixtas, es el target que más inquieta a los planificadores.

[...], tras afirmar DU-B14 que el castellano les resulta mucho más atractivo para su manera de hablar o su jerga, DU-C justifica el uso del castellano entre la juventud argumentando que no todos saben euskera, sin considerar la posibilidad de que todos esos jóvenes de los que habla sean vascohablantes. Las modalizaciones utilizadas para afirmar estas ideas (`es lógico´, `digo yo´) sugieren que pueda existir una actitud contraria al euskera (Ibid, cursivas mías).

Además, estos estudiosos se preguntan "¿en qué lengua se basa el modelo transgresor de los entornos castellanohablantes?", ambicionando generar algo en euskera que sea sugerente para esa juventud, porque, según sus entrevistados:

[...] no resulta `guay´ o atractivo para los jóvenes, lo que influye a la hora de optar por una lengua u otra. [Por eso...] es preciso mejorar la calidad de los productos en euskera, para que resulten más atractivos tanto para los y las jóvenes como para la sociedad en general. [...] Establecer un buen marketing (Amorrortu et al. 2009:104 y 120).

Las preocupaciones de estos sociolingüistas por los sentimientos, adhesiones y actitudes de los castellanohablantes parecen buscar ingresar en la intimidad vital e identidad que estructuran las prácticas lingüísticas. Indagan qué sentimientos sería necesario generar para lograr una relación entre segunda lengua, identidad y prácticas. En cierto modo, conectan con aquellos promotores de la estandarización del euskera que, hacia 1960, influidos por teorías estructuralistas y sociolingüísticas de Saussure, Lévi-Strauss y Sapir Whorf, destacaban la relación entre lengua, identidad y estructuración de la personalidad.

Además, al concebir a los hablantes como "[...] um tema com impacto social na vida da linguagem " (Urla 2012:204; 1988), en caso de no lograr cambios profundos, indagan sobre cuáles serían los límites de su adhesión:

[...] Se abriga la esperanza de encontrar quizás dónde se sitúa, en la sociedad no vascohablante de la CAPV, el umbral del consenso, es decir, lo que virtualmente todos y todas estarían dispuestas a hacer o a apoyar (Urla 2012:310, cursivas mías).

Avanzarían, así, en demandar una responsabilidad cívica al individuo no vascohablante que debe comprometerse en promover las políticas del euskera.

De mundos opuestos e historias desintegradas

El límite se puede experimentar como una extensión del sí mismo [...]. En forma similar, sociedades y grupos sociales se extienden en el mundo a través de redes de relaciones, actividades económicas e inscribiéndose en el paisaje,... al punto de verse a sí mismos ubicados en el espacio social y geográfico" (Cohen 2000:7).

Quisiera destacar la idea, que se objetiva también en este estudio, sobre dos mundos sociolingüísticos, el del euskera y el del castellano. Puede verse esto cuando describen a las personas que participaron del Estudio:

[...] generalmente no son vascohablantes, viven en entornos sociolingüísticos donde domina el castellano y desconocen o perciben como lejano el mundo vinculado al euskera (Amorrortu et al. 2009:05, cursivas mías).

De hecho, los investigadores recogen, y objetivan la categoría "dos mundos" de las propias respuestas de las personas entrevistadas (en este y otros estudios), concibiéndolos como espacios de cosmovisiones distintas y que se excluyen. Así, aquéllos que sólo se sitúan en el mundo del castellano se tornan personas "no integradas" en el del euskera. Incluso afirman que podría haber personas que "no son conscientes" de no estar "integradas", de que se pierden algo. Esto los colocaría en tensión con el interés institucional de mudar prácticas lingüísticas que aumenten el uso del euskera.

Cabe pensar que las personas que viven en situación de dos mundos a menudo no se dan cuenta de que hay `una parte de la historia´ que se pierden; que viven en una comunidad en la que no están totalmente integradas [...]. Las personas que son perfectamente conscientes de que existe otro mundo son conscientes también de que no hablar euskera les impide acceder al mismo. [...]. El caso de DO-A muestra que uno puede no sentirse no-integrado y, sin embargo, no estar integrado completamente. Vivir en una situación de dos mundos limita las oportunidades de integración plena de los individuos (Amorrrortu et al. 2009:315 y 56).

Además, esta categoría de "integrado, integrarse" connota la idea de extranjeridad e incompletitud. Se ha considerado, desde narrativas más proclives al nacionalismo y de promoción de una vasquidad completa, que aquella migración interna de mediados del siglo XX hasta hoy no se ha integrado, siendo percibida por algunos como demasiado española. Más recientemente, las personas a quienes se les hace esa demanda son los nuevos inmigrantes que, desde el año 2000, llegaron allende los mares y desde fuera de la Unión Europea. Todos deben integrarse a algo que se considera que preexiste y es externo a ellos.

Esta misma percepción y objetivación de separación la encontré en el universo social de estudiantes, que no eran vascohablantes de nacimiento, durante mi investigación etnográfica en los institutos de estudio intensivo del euskera (Villalón 2011). Es decir, al saber o no euskera se lo vincula con vidas, procedencias e historias familiares diversas. Por ejemplo, una compañera de clase que tuve, nacida en el País Vasco con padres de fuera (concepto nativo usado para referirse a los hijos de españoles llegados desde alguna provincia del Estado español, de fuera del País Vasco), cuando le pregunté "¿Qué crees que vas a conseguir con el euskera? ¿Qué buscas con este estudio?", sentenció, "Sentirme bien". En dos palabras transmitió lo que para ella, y mucha gente, significa el saber euskera, una herramienta para traspasar límites sociales establecidos, al permitir a individuos "supuestamente ajenos a esa cultura" introducirse en ella y adquirir una nueva identidad lingüística (Hernández García 2005). Las "modalizaciones" de esta chica, si hubiera participado en el estudio de Amorrortu et al. (2009), serían valoradas como positivas hacia el euskera.

Así, los dos mundos cobran existencia en la calle y en los académicos que estudian cómo mover a las personas de uno a otro, en un movimiento de sentido único. Porque aunque los investigadores reconocen la versatilidad, usos diversos y expectativas de usuarios como un hecho, se les atribuye cierta carencia que debe ser superada para integrarse a la vasquidad e incorporar motivaciones prolengua. En definitiva, es una cuestión con varias aristas en la que en ese movimiento de "[...] acercamiento o alejamiento con respecto a un lugar central y valorizado" (Bourdieu 2010:121), la meta es ampliar ese centro con apreciaciones sobre la vasquidad positivas y homogeneizadas.

Los estudios y revisiones de estrategias son continuos, y en el Gobierno y las entidades pro-lengua existe una sostenida reevaluación de sus percepciones. Un ejemplo de ello es la última situación que quiero comentar, que se refiere a estrategias que intentan superar ciertas tensiones anquilosadas, como se verá a continuación.

Positivizando el euskera, la nueva convivencia o de merecidas penas

Porque no existe una `cuestión del euskera´, sino la cuestión de la convivencia entre los ciudadanos vascos (Gobierno vasco 2009).

Hacia mediados de 2014 y con el fin de mejorar la imagen de las relaciones entre los hablantes de las dos lenguas oficiales del País Vasco, la secretaría de Educación, Política Lingüística y Cultura del Gobierno vasco lanzó una nueva campaña televisiva que tenía la particularidad de aspirar a presentar una nueva cara del euskera. Así, la estrategia utilizada en los spots de esta campaña - en la que participan parejas de personajes conocidos y valorados por el público (presentadores, actrices de televisión, músicos, deportistas, funcionarios del gobierno) que aparecen hablando en euskera de forma amigable, relajada y "sentida" - podría decirse que buscaba transmitir las siguientes tres ideas. Una, la naturalidad y vitalidad del uso del euskera, pues conversan sobre cómo usan el euskera, cuándo, con quién, los afectos, el valor que le dan a su uso etc. (algunos de ellos no era sabido que eran vascohablantes, lográndose cierta sorpresa en positivo); dos, actitudes de respeto y tranquilidad hacia la presencia de otra lengua, la paciencia hacia el que no sabe euskera, la valoración de aquel que se esfuerza por aprender y de la capacidad de los euskaldunberris (nuevos hablantes) etc.; tres, se intenta atenuar la tensión tácita entre euskera y castellano, identificaciones diversas e intereses encontrados, "... enfatizando una actitud positiva, natural [...], y lo más interesante que la gente no tenga vergüenza [de hablar mal]" (Irekia, Gobierno Vasco 26-5-2014, cursivas mías).

Es así que este nuevo modo de potenciar el euskera, remite tácitamente a una serie de elementos que estructuran la objetivación del problema del euskera. Entre ellos, se superponen cuestiones de jerarquías lingüísticas; nuevas necesidades de modernidad ante mercados emergentes; limites internos sobre la vasquidad y sus opuestos que quieren redefinirse en una nueva interrelación, en positivo, sin explicitar mucho qué negatividad quiere enfatizarse. Así, se presenta una relación normalizada y sin conflictos con el castellano, encarnada en el nombre de la campaña, Poziktibity.

[...] es un acrónimo, una palabra que incluye otras tres: pozik (alegría) + positivity + activity, un proyecto que persigue potenciar el uso del euskera de un modo diferente. De la unión de dichas palabras, surge este nombre que sugiere unas cuantas cosas: sugiere un contexto plurilingüe [...] básicamente de dos lenguas, el euskera y el castellano. Sugiere inclusión, integración, el euskera en relación con otras lenguas. Sugiere modernidad. Sugiere suma, nunca resta (Irekia, Gobierno Vasco 26-5-2014, cursivas mías).

Vale destacar algunos de estos conceptos. La modernidad es una vieja preocupación entre los pensadores del euskera, como se aprecia en el interés por demostrar que esta lengua tenía capacidad de expresar el conocimiento científico, para lo que debían crear un estándar que le permitiera ingresar al dominio institucional y de prestigio.15 Eran los años 1960/80 y debía librarse de ser una mera reliquia de la historia de la nación española (Urla 1988, Pérez Agote 2006, Tejerina Montaña 1992, Salvador 1992). Además, la modernidad es un aspecto con el que las lenguas minoritarias suelen tener una relación ambigua y tensa, que se expresa entre ofrecer autenticidad y competir modernamente en el mercado lingüístico y de consumo. Para ello, se captan clientes de otras lenguas y países que, en tanto consumen localidad, pueden ser atendidos en una lengua internacional, como es el inglés (Heller 2005). Ahora, en esta campaña del siglo XXI, mostrar modernidad pasa tanto por tener cercanía con el inglés (desde mediados de 2000 la mayoría de las escuelas ofrecen ese idioma, en un modelo trilingüe), como por relacionarse en otro plano, y con naturalidad, con otras lenguas, tolerando usos bilingües y monolingües de modo más relajado. Así "en caso de también usar el castellano, demuestren que no interfieren en nada una con otra" (Irekia, Gobierno Vasco 26-5-2014, cursivas mías). De hecho, el logro de ese tipo de tolerancias, requiere contar con personas con nuevas actitudes, que sean "poziktibity", que tengan:

Una actitud, un tono, unos valores, [... una] manera de relacionarse con las lenguas. Cuanto más 'Poziktibity(s)' haya entre nosotros, más vitalidad tendrá el euskera y más sólida será la convivencia entre las lenguas. [...] Sugiere, además y sobre todo, algo positivo y agradable. Sugiere alegría, energía, actividad, una forma de vivir el euskera, y sugiere una actitud (Irekia, Gobierno Vasco 26-5-2014, cursivas mías).

Es interesante lo que supone aquí la categoría de convivencia (elkarbizitza). Ésta se vincula con el respeto tanto por aquel que no sabe euskera como por la posibilidad de poder expresarse en ese idioma, aunque la otra persona no lo sepa.16 Esto no es algo neutro, de hecho, ha sido común entre vascohablantes, cuando están fuera de su vecindad o sus pueblos, recalibrar su uso del euskera cuando existen dudas sobre el idioma del interlocutor. En otros casos, ante el temor de ser asociados con temas politizados, para evitar tensiones escogen iniciar su habla en castellano, aspecto que comienza a relajarse en los últimos años.

Por otra parte, el concepto de convivencia además de enlazar con las relaciones entre vascohablantes y castellanohablantes, presenta un nuevo sentido sobre quién es euskaldun para el Gobierno vasco. Por ejemplo, en un documento del año 2009, titulado Bases para la política lingüística de principios del siglo XXI, se decía:

Debemos considerar euskaldun a toda aquella persona que se haya aproximado al euskera, aunque en su aproximación no haya rebasado el grado pasivo. Es evidente que la aportación que ese euskaldun pasivo realiza a la comunidad vascohablante es limitada, pero, aun así, [le] aporta [...] el valor añadido de la convivencia, y esa aportación, en su humildad, posee un extraordinario valor simbólico y operativo, puesto que abre camino al crecimiento de dicha comunidad (Gobierno Vasco 2009: 26,27 cursivas mías).

Así, podrán ser euskaldunes quienes hablen o lo intenten, o al menos entiendan (euskaldunes pasivos). Estos últimos destacan porque tienen la peculiaridad de, al entender, permitir que otros hablen (aunque luego ellos usen el castellano), de ahí que su limitado aporte "a la comunidad vascohablante" acrecienta el valor de la convivencia. Incluso en el último Plan de Normalización del Euskera (2013-2017), donde se revisan y proponen líneas a seguir para trabajar por el euskera, se afirma que "el grupo de ciudadanos y ciudadanas denominado `bilingües pasivos´ será considerado equivalente al de los `cuasi euskaldunes´" (Gobierno Vasco Plan 2013-2017: 29). Esto los traslada un escalón más arriba, dado que los "cuasi" hasta entonces habían sido personas que hablaban euskera, sin buen dominio, en tanto que a los pasivos se los consideraba no hablantes.

De este modo, el Gobierno vasco redefine categorías que aparecieron hacia los años 80, momento en que una nueva percepción social se fue naturalizando en las innumerables mediciones, mapeos y gráficos de hablantes. Estas categorías pasaron a objetivarlos por conocimientos y capacidades lingüísticas, al clasificarlos como euskaldun pasivo (entiende pero no habla), semieuskaldun (un nivel intermedio), erdaldun (hablante de una lengua diferente al euskera o no hablante), entre otros (Siadeco 1978, 1979). Así, también quedaron divididos por su ingreso inicial o tardío al capital y uso de la lengua: por ejemplo, quienes la tienen como lengua materna, son clasificados como viejos o antiguos hablantes, euskaldunzaharrak, en tanto como segunda lengua, son nuevos hablantes, o euskaldunberris, que aparecen a partir de los 80. A su vez, cada uno de éstos es considerado monolingüe o bilingüe, según sepa sólo castellano y luego euskera, o sepa ambas lenguas desde la niñez.17

De elkarbizitza (convivencias) y tensas negociaciones

"... cómo situarse socialmente en un mercado que le permite a ella permanecer anglófona monolingüe, en tanto a mi me exige, en vano, que hable tan bien como ella?" (Heller 2011:39)

En tanto esta campaña enfatiza la positividad y la convivencia en la interrelación entre ambas lenguas, existen otras percepciones que se colocan en tensa divergencia con estas ideas. Por ejemplo, desde la conocida revista de información general en euskera Argia, su directora espeta una tensa cuestión: "¿A quién concedes legitimidad para vivir en euskera, a ti misma o a la persona que ha decidido vivir siempre al margen del euskera?" (Estitxu Eizagirre, Argia web 17-3-2015). Así, reflexiona con acidez sobre la tensión que surge cuando alguien "no entiende" el idioma del otro y se pregunta "¿por qué debería uno obligarse a hablar en otro idioma?". Inspirándose en aquel acto fundador de los años 50 de la afroamericana Rosa Parks, repregunta: "¿Cuándo renunciaremos a desplazarnos del asiento del idioma?". Enlaza, así, con los derechos lingüísticos cortados, como cuando, diariamente, deben soportarse reveses para evitar discusiones, tal como señala Heller, en el epígrafe anterior, al tolerar tener que vender algo en inglés en lugar de francés, su lengua materna. Al final, más que procesos fluidos, todo el tiempo hay que negociar. En sus palabras:

Al entendimiento mutuo, a eso es a lo que estamos obligados los ciudadanos para poder vivir. Para ello es preciso entender el idioma en el que habla el otro [...]. Quien dice `no entiendo tu idioma´ pone en tensión el mutuo entendimiento. [...] Claro que nadie desea obligar a la otra persona a hablar en otro idioma. ¿Y a ti misma, sí? ¿Te vas a obligar a hablar en otro idioma que no sea el tuyo? ¿En nombre de la comunicación y cohesión que precisamente la otra ha tensado con un `no te entiendo´. Tenemos que aprender a negociar la lengua en cada relación, a elegir como hablamos con cada cual. [...] La integración del otro no está (sólo) en tu mano. Quisieras compartir con toda la ciudadanía vasca un mundo en euskera, pero (`a joderse toca´ o `tranquila´) no está en tu mano. Quien opta por vivir sin entender euskera, opta por no integrarse en el mundo del euskera [...] (Estitxu Eizagirre, Argia web 17-3-2015, cursivas mías).

Estas provocantes valoraciones de esa escritora conectan tanto con el mundo positivo de la campaña televisiva como con el estudio de Amorrortu et alii (2009) y los espacios en euskera comentados antes. Todos tienen en común que conciben el mundo del euskera como algo tangible, como dos partes, dos mundo sociales cuyos idiomas remiten a vivencias diferenciadas. En el caso de la periodista, esos mundos encarnan separaciones muy sentidas, molestas, no "entender euskera" es elegir "no integrarse en, o vivir al margen del mundo del euskera". Ella habla de "integración del otro", concepto con varias dimensiones de sentido, habitualmente usado para referirse a inmigrantes (extranjeros y nativos). En cierto modo, enlaza con el citado estudio, que problematiza y busca cerrar divisiones y considera que "no integrarse", incluso en forma inconsciente, es "perderse parte de la historia", así que insiste en atraer a la otra parte a la vasquidad. Conecta, también, en negativo, con la campaña Poziktivity, que "sugiere inclusión, integración", y que también objetiva dos "sociedades" divididas cuando afirma que el que aprenda podrá entender "las vivencias de la otra parte de la sociedad [... y se logrará] respeto entre todos" (Irekia, Gobierno Vasco 26-5-2014, cursivas mías). Así, en estos spots tanto se dialoga con las divisiones que enfatizan el mencionado estudio y la periodista de Argia como se reconoce que habría experiencias vitales diferentes, separaciones espaciales y sociales, pero se positivizan evitando toda posible negatividad. Los spots parecen querer lograr la valorización de una convivencia normalizada, sin entrar abiertamente en las posibles tensiones, como esa escritora explosiona: "para integrarnos en esta sociedad, la comprensión de las dos lenguas es tan fundamental como saber leer. Tal y como dice el Código Civil: `La ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento´" (Argia, ibíd.).

En definitiva, la convivencia que se trae ahora al euskera debe ubicarse en un cargado, y tenso, paisaje conceptual que, diariamente, puede verse en los medios. Ya sean promociones -"El euskera llega a las peluquerías. [En] Oarsoaldea van a comenzar una campaña" (El Diario Vasco 5-5-2015), "El ayuntamiento apoyará el uso del euskera en el paisaje lingüístico" (El Diario Vasco 19-3-2014)- críticas hacia un cargo público que no sabe euskera -"Sortu pide la destitución del nuevo director de San Sebastián 2016 por no saber euskera" (El Mundo 9-9-2014)- o noticias que incorporan la realidad de la inmigración extracomunitaria: "El Gobierno Vasco insta a ver a los inmigrantes como euskaldunberris [nuevos vascohablantes] potenciales" (El Correo 18-3-2015), "Los criterios de matriculación están creando guetos en las escuelas" (El Diario Vasco 28-5-2015)- o uso de conceptos que remiten a tensiones -"Urkullu [presidente vasco] se marca como reto impulsar el euskera y la convivencia lingüística en la actual situación de `desequilibrio´" (20-11-2013, cursivas mías).

Vale destacar otros ámbitos de uso de esta categoría de convivencia, traída al campo lingüístico hacia 2009, puesto que no es nueva en el País Vasco. Desde fines de los 90 está presente en campañas institucionales vinculadas, inicialmente, a planes del ámbito escolar dirigidas a prevenir y gestionar conflictos entre educandos, tales como bullying. Luego, a mediados de 2000, se fue agregando la temática de educación para la paz, con temas de ética y derechos humanos. Un segundo lugar de uso de esa categoría, visible desde fines de 1990, son las políticas e infinidad de planes de gestión de la inmigración no europea y extracomunitaria, dirigidos a su integración y a la convivencia intercultural. Por último, otro ámbito, muy nuevo, donde esta categoría de convivencia posee un lugar estelar, es el actual espacio sociopolítico de construcción del llamado proceso de paz, en el que, desde alrededor de 2011, narrativas de convivencia y reconciliación enmarcan diversas acciones institucionales y civiles en un campo no libre de tensiones.18 Como ejemplo, en 2013 se creó la Secretaría General de Paz y Convivencia.

Además de estas cuestiones políticas y sus pacificaciones, tal vez, en las próximas campañas lingüísticas se comience a mencionar a las otras lenguas, las que dominan las nuevas generaciones de hijos de inmigrantes que, además de euskera, hablan árabe, chino, pakistaní, ruso, wolof o castellanos varios de Sudamérica, entre otros. Muchos de ellos se encontrarán ante situaciones en que, por sus rasgos fenotípicos, se esperará oír un idioma extranjero: "-¿Su hijo habla mongol? - No, euskera", generando sorpresas. O se supondrá un idioma concreto, como, en otro campo nacional y lingüístico, cuando la empleada sudafricana de una tienda le preguntó a un escritor sudafricano, negro : "-¿Su hijo habla Xhosa?" (una de las 18 lenguas oficiales de Sudáfrica, y la segunda más hablada en el hogar en Western and Ernst Cape, siendo todos esos hablantes negros) y la respuesta fue: - No, afrikáner". La mujer estableció una relación natural entre piel negra e idioma xhosa, ante el afrikáner valorada como lengua de blancos. Entonces, ¿cómo conciliar el ser negro y hablar blanco? "The question of `speaking white while looking black´ seeks an account from me about fathering a `black-looking child´ whose mother tongue is not `black´" (Ratele 2013: 124, comillas del autor).

Es de este modo que el campo de prácticas sociolingüísticas, identidades, políticas y sus narrativas integran la vida cotidiana del País Vasco.

Palabras finales

"Esto muestra cómo el estudiar el lenguaje fuera del marco de las realidades culturales, de sus creencias locales, su organización social, sus ideas jurídicas y sus actividades económicas carece totalmente sin sentido " (Malinowski 1965: 11)

La oficialización del euskera resultó de un largo proceso en el que se consiguieron colocar, en el espacio de debates, nuevas narrativas que fortalecieron la descalificada vasquidad, gracias al trabajo de lingüistas, literatos, párrocos, antropólogos y militantes antes del nacionalismo político, desarrollado a inicios del siglo XX y luego desde los años 60 (Sarasola 1982). Respaldados por la Real Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, creada en 1918, apostaron por la planificación social y necesidad de actuar sobre el declive sociopolítico del euskera (Urla 1988, Zulaika 1990, 1996). Lo hicieron guiados por el leit motiv de los "two most significant social discourses of the eighteenth and nineteenth centuries: nationalism and the rise of `the social´ as a sphere of knowledge and intervention- in others words, governance" (Urla 2012:203). Además, estos agentes reforzaron los conceptos de diglosia y minorización de la sociolingüística para difundir nuevas interpretaciones sobre el euskera que lo transformaron en trazo de especificidad local. Esto relegó las ideas de siglos anteriores que adherían a las concepciones racialistas del promotor del nacionalismo vasco, Sabino Arana (Urla 2012, Stallaert 2004). De ese modo, la lengua se tornó un objeto pasible de intervención social, con planes de medición, estandarización y planificación lingüística que se potencian desde antes de 1980 hasta la actualidad (Urla 2012).

En aquellos años 60/80, se estaba en los inicios de crear una lengua oficial de Estado, o, al menos, una lengua común para ingresar a la modernidad. Pero, previamente, tres tareas fundamentales, debían ser concretadas: uno, estandarizar el euskera; dos, crear lectores y hablantes; y, tres, concienciar a los nativos, hablantes de cuna, de que ésa era la lengua importante de relación, que podía funcionar en cualquier ámbito - y ya no el castellano, al que se habían acostumbrado a usar y valorar tras años de censura y represión. Desde entonces, la tarea se mantiene.

Es así que despierta interés de la vasquidad su aspecto de planificación, ampliación y reactualización continua de sus límites, lo cual ensayé retratar a través de las tres situaciones comentadas. Todas muestran la incesante necesidad de lograr adhesión e identificación de sus habitantes a un escenario aún en elaboración, donde se oferta vida en euskera al mismo tiempo que es construida, precisando de personas, usuarias y consumidoras de aquélla. Se trabaja por lograr y mantener las oposiciones espaciales, la construcción de límites y accesos entre los esencializados mundos euskaldun y no euskaldun. En ese sentido, los espacios en euskera, las acciones para euskaldunizar el entorno son algo más que promover ese idioma: involucran límites que se activan sobre otros o entre otros, transmiten movimiento, identifican lugares (delimitados o abiertos) y objetos, como las prácticas y personas que los habitan (Low & Zuñiga 2005). Es una acción que requiere inversión continua, de ahí la necesidad de producir no sólo sujetos hablantes, sino además contextos, diferenciados en su habitus, que mantengan esa localidad, "...the production of locality in the societies historically studied by anthropologists [...], is not simply a matter of producing local subjects as well as the very neighborhoods that contextualize these subjectivities" (Appadurai 1996:180). Esas ideas de fondo sustentan las lecturas que juegan en las interacciones y prácticas llevadas por narrativas que hablan de diferentes "realidades" del mundo vasco.

De ese modo, la complejidad de representaciones y configuraciones sociales encarnadas en los tres ejemplos comentados deriva de valoraciones y categorizaciones donde las hablas no son obvias. Éstas circulan por un mar difuso e infinito de interacciones en las que las oposiciones espaciales y sociales se tensan, se desencuentran. Hay quienes hacen gala de expresarse todo el tiempo en euskera, enlazados a narrativas consideradas propias de lo euskaldun, y tratan de adoptar la práctica localmente conocida de "la primera palabra, siempre en euskera" (lehen hitza euskaraz), que indica al interlocutor en qué idioma uno desea que se desenvuelva la interacción. En otros casos, "es una lucha que a veces se abandona", como me confesaba, años atrás, una profesora, diciendo que, cuando era joven, siempre comenzaba hablando en euskera, donde fuera y con quien fuera. Así, la persona vascohablante experimentará varias situaciones en que se sienta cuestionada, o acusada de discriminar al que no entiende, así como muchas veces se encontrará con que no logra una comunicación continua en euskera y deba usar el castellano o cambiar de recorrido.

Otros, por su parte, intentan aprender una segunda lengua, el euskera, por placer, para "sentirse bien", por un desafío, una deuda pendiente consigo mismos o con cierta presión creada, tácita, moral y/o laboral, que treinta años atrás no se experimentaba. Otros ignoran su existencia, porque no les interesa, o porque con tanta demanda, acabaron odiando ese idioma, o prefieren invertir energías en el inglés, o carecen de tiempo, o por militancia en contra, o por desenvolver relaciones donde esos valores bien son desconocidos, bien no se les da cabida. Con todo, muchas veces el que no sabe euskera, aunque haya decidido no invertir tiempo, ni dinero en aprenderlo, siempre habrá algún momento o situación donde se vea confrontado u obligado a decir "no sé", o a expresar su rechazo o deseo de saberlo. Por equis motivo, no se aprendió, y las tensiones, censuras, reivindicaciones, el ser de fuera, todo ello ha corporificado, ha dado vida a una sensación de tener algo pendiente. De este modo, la construcción del problema del euskera ha generado su necesidad, tanto el sentirse en falta, consciente o inconscientemente respecto a no dominarlo, como también por dominarlo ante otros que no se sienten cuestionados, lo que provoca tensiones involuntarias.

Desde hace tiempo fueron diversificándose los espacios de hablas y prácticas, ya sea a través de músicas juveniles, que evidencian usos menos tensos y más creativos, programas de radio (Urla 2012), series televisivas o los desafíos de las nuevas generaciones de euskaldunberris, que se atreven a jugar con el idioma a través de blogs y otros sitios. También se han revalorizado las hablas nativas, aquellas que, cuando se instaló el euskera batua o estándar, se tornaron incorrectas. Incluso en el plano del eterno aprendizaje de este idioma, ahora se ofertan nuevos certificados, que, si bien están muy lejos del título EGA, el principal para acceder a la Administración, cumplen una función de placebo que ensaya aumentar la autoestima del que estudia. Recorriendo todo esto, la nueva convivencia sociopolítica, comienza a dialogar con la lingüística, valorizando la aceptación de libres elecciones sobre la lengua usada.

Si trasladáramos aquella vendedora sudafricana, mencionada más arriba, a los ejemplos comentados en este artículo, ella tanto podría preguntar "¿Estás integrado al mundo del xhosa?,19 o "¿Eres consciente o no de que no estás integrado?". En los casos tratados aquí, no se vincula color de piel con lengua, sino espacio local con lengua, y espacio con habitus y sentimientos hacia la lengua, que no siempre son los esperados ni logran ser domesticados. Es una infinidad de movimientos y recorridos que, en cierto modo, recuerdan a la descripción que hace Ingold (2007) de los wayfarer, caminos que se crean en el hacer, en la relación, en las hablas. Dicho en otros términos, el trabajo sociopolítico de atender o conciliar identidades, necesidades, deseos, obligaciones legales y expectativas en el mismo espacio local requiere contemplar más dimensiones que los meros aspectos legales.

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1El servicio de euskera es una dependencia municipal centrada en diversas cuestiones vinculadas a la lengua vasca (traducciones, normativas, campañas etc.).

2En adelante me referiré a esta comunidad autónoma como CAV o País Vasco.

3Utilizaré cursivas tanto para referirme por primera vez a palabras en euskera o darles énfasis, como para destacar categorías nativas.

4La categoría nativa euskaldun es multifacética. En general, se refiere a aquellos que saben hablarlo, pero también a determinado modo de ser y a un ambiente cultural que encarnarían la vasquidad, sea la vida rural o sus casas típicas (baserriak), determinadas músicas, danzas y actitudes afirmativas. Expresiones habituales son: "Pueblo euskaldun, zona o ambiente euskaldun, cultura, persona euskalduna". Esta idea, como se verá, ha ido mudando.

5Por ejemplo, véanse estas indicaciones sobre cómo presentar información bilingüe: "Si se trata de una única hoja escrita por ambos lados (en un lado irá la versión en euskera y en el otro la de castellano), a la hora de introducirla en un sobre, se hará de manera que al abrir[lo] sea la versión en euskera la primera que aparezca para leer. Los trípticos también se deberán plegar y presentar adecuadamente" (Gobierno Vasco 2013-2017: 35).

6En algunas de las nuevas autonomías fue reconocida como cooficial y propia otra lengua local, que no toda la población tenía como materna, destacando los casos del catalán, el gallego y el euskera. En todos esos idiomas, existe una alta inversión institucional para generar hablantes y motivarlos a utilizar sus respectivas lenguas locales y propias. Para una visión de las situaciones de esos tres idiomas en cuanto a su consolidación administrativa, cf. EKE (2006).

7Siguiendo el espíritu de entidades nacionales como el Instituto Cervantes, el British Council, la Alliance Française o el Goethe Institut, también fue creado en 2007 el Instituto Vasco Etxepare cuya finalidad es la promoción de la lengua y cultura vasca internacionalmente. Esta entidad - que lleva el nombre de Bernart Etxepare, autor del primer libro en lengua vasca Linguae Vasconum Primitae, de 1545 - se mueve entre la autenticidad y la universalidad: "nosotros también tenemos que dar y extender nuestro fruto por el mundo; queremos dar un toque más vasco al mundo, y dotar de un carácter más universal al País Vasco" (http://www.etxepare.eus/es/que-es-etxepare). Agradezco a Imanol Illarraz la sugerencia.

8La situación sociopolítica del euskera era que, a diferencia del catalán y del gallego, su producción literaria era muy reducida, en tanto el castellano dominaba la educación y administración pública. En la breve vida del Gobierno Vasco, 1931-1936, hasta el golpe franquista, se oficializó y se crearon escuelas en euskera. Luego su prohibición "acentuó el descenso de su función comunicativa" (Tejerina Montaña 2005).

9Esta autora analiza la difusión de lenguas indígenas donde misionarios, investigadores, hombres de la administración estatal, profesores y pastores indígenas interactúan en un contexto de demandas nacionales de aportuguesamiento.

10Desarrollo este pos doctorado en la Universidade Estadual de Campinas (Brasil) con el proyecto "Aprendendo a conviver: etnografia da pós-violência no País Basco. Uma leitura comparada com a África do Sul", financiado por FAPESP (Fundação de Amparo à Pesquisa).

11Fue un momento coyuntural de surgimiento de las lecturas del ideólogo del nacionalismo vasco, Sabino Arana, sobre la vasquidad y consagración de la categoría de "maqueto" para discriminar a quienes no fueran vascos, desde una lectura racialista (Stallaert 2004).

12Desde inicios de los años 80 hasta la actualidad, los funcionarios públicos destacan entre los alumnos que demandan ser formados en el dominio del euskera y representan uno de los principales ingresos económicos de los diversos centros dedicados a su enseñanza. El principal título necesario para acceder a puestos públicos es el certificado de Capacitación en Euskera, conocido como EGA (Euskararen Gaitasun Agiria).

13En adelante, me referiré a éste como "Estudio".

14Forma en que los autores identificaron los entrevistados.

15Es así que se preguntaban "¿Es el vasco una lengua adulta capaz de expresar ideas abstractas y sentimientos profundos? ¿Tiene una estructura capaz de vehicular las necesidades modernas de expresión?" (GPS GV 1983: 146).

16"Euskaraz ez dakiten pertsonak ere funtsezkoak dira 'Poziktibity'-n. Aurrekoa errespetatzea ezinbestekoa da gizarte baten elkarbizitzarako. Eta, hizkuntza aukerarekin ere gauza bera gertatzen da. Aurrekoaren hizkuntza aukera errespetatzen badugu, pertsona bezala errespetatuko dugu ere". ("Aquellas personas que no saben euskera son también parte fundamental en este proyecto. Respetar al de enfrente es la base para una convivencia. Y lo mismo ocurre con el respeto por la elección del idioma que haga cada uno, ya que si respetamos su elección, estaremos respetándole también como persona") (Irekia 27-5-2014).

17Para conocer más sobre las categorías usadas para clasificar hablantes y sus sentidos, cf. el estudio del Gabinete de Prospección Sociológica (1983).

18 La organización ETA el 20 de octubre del 2011 anunció el cese sus actividades armadas (1958-2011).

19Lo más habitual es decir "estoy estudiando", o "no sé" o "no tengo tiempo", acompañado de excusas, incómodas sonrisas que buscan comprensión o escabullirse. Algunas veces que yo me he dirigido en euskera en algún comercio u oficina al público, y mi interlocutor no sabía o no tenía buen dominio, su respuesta fue un pedido amable, y tenso, de que le hablase en castellano.

Recibido: 30 de Julio de 2015; Aprobado: 28 de Marzo de 2016

E-mail: adriana.villalon@gmail.com

Adriana Villalón é pós-doutoranda na Universidade de Campinas.

Fotografías: nº 1, 2 y 3 realizadas por Adriana M. Villalón.

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