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Revista Katálysis

On-line version ISSN 1982-0259

Rev. katálysis vol.21 no.3 Florianópolis Sept./Dec. 2018

http://dx.doi.org/10.1590/1982-02592018v21n3p554 

ESPAÇO TEMÁTICO: SERVIÇO SOCIAL: GÊNERO, RAÇA/ETNIA, GERAÇÕES E SEXUALIDADE

Desigualdades generacionales, de género y etnia entre trabajadores sociales chilenos

Desigualdades geracionais, de gênero e étnicas entre os assistentes sociais chilenos

Generational, gender and ethnic inequalities among Chilean social workers

1 Universidad del Bío-Bío, Departamento de Ciencias Sociales, Escuela de Trabajo Social, Concepción, Chile

Resumen

Se examinaron desigualdades laborales entre trabajadores sociales chilenos, analizando si se diferencian de las tendencias observadas en otras profesiones. Se emplearon dos submuestras extraídas de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) del Ministerio de Desarrollo Social de Chile, año 2015. Mediante coeficiente de contingencia, se determinó la intensidad de asociación entre ingresos económicos y condición contractual, respeto de las variables sexo, generación y etnia. Los resultados indicaron que la proporción de trabajadores sociales en el decil superior de ingresos nacional varía según generación y etnia, y la proporción que tiene trabajo permanente varía según sexo y generación. En ambos casos la generación tiene la asociación más intensa, observándose desigualdades más pronunciadas entre trabajadores sociales que entre los otros profesionales. Se abre un debate sobre la reproducción de las desigualdades dentro del trabajo social - asociadas al neoliberalismo - y los desafíos ético-políticos que dicha situación implica.

Palabras clave: Desigualdades; Trabajadores Sociales; Generaciones; Género; Etnia

Resumo

Examinaram-se as desigualdades no mercado do trabalho entre os trabalhadores sociais chilenos analisando se diferem das tendências observadas em outras profissões. Foram utilizadas duas amostras extraídas da Pesquisa Nacional de Caracterização Socioeconômica (CASEN) do Ministério do Desenvolvimento Social do Chile, ano 2015. Por meio de coeficiente de contingência, determinou-se a intensidade da associação entre renda econômica e condição contratual em relação às variáveis sexo, geração e etnia. Os resultados indicaram que a proporção de trabalhadores sociais nos 10% superior da renda nacional varia de acordo com a geração e grupo étnico, e a proporção que tem trabalho permanente varia de acordo com o sexo e geração. Em ambos os casos, a geração tem a associação mais intensa, observando-se desigualdades mais pronunciadas entre os trabalhadores sociais do que entre os outros profissionais. É aberto um debate sobre a reprodução das desigualdades no serviço social - associado ao neoliberalismo - e os desafios ético-políticos que essa situação implica.

Palavras-chave: Desigualdades; Assistentes Sociais; Geração; Gênero; Etnia

Abstract

The inequalities in the labor market among Chilean social workers were examined, analyzing whether they differ from the trends observed in other professions. Two samples of the National Socioeconomic Characterization Survey (CASEN) database from the Ministry of Social Development of Chile (2015) were used. The contingency coefficient determined the intensity of the association between economic income and contractual condition, in relation to the variables gender, generation and ethnicity. The results indicated that the proportion of social workers in the tenth part of the population with largest national income varies according to generation and ethnic group, and the proportion of those having permanent work varies according to gender and generation. In both cases, generation has the strongest association, observing more pronounced inequalities among social workers than among other professionals. There is a debate about the reproduction of inequalities in social work - associated with neoliberalism - and the ethical-political challenges that this implies.

Keywords: Inequalities; Social Workers; Generation; Gender; Ethnicity

Introducción

Desde la década de 1990, Chile experimentó una reducción acelerada de la proporción de población que vive en condición de pobreza, de acuerdo a las mediciones de las Encuestas de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) del Ministerio de Desarrollo Social de Chile (MIDESO, 2015). Sin embargo, la desigualdad de ingresos económicos no experimentó grandes variaciones con el aumento del bienestar económico y expectativas de consumo. A partir de la década del 2000, se observa un aumento de conflictos y movilizaciones sociales que no sólo tematizan en torno a la pobreza, sino también las desigualdades (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, 2014). Desde luego, el trabajo social chileno también debiera incorporarse en estos debates, atendiendo a que el desafío contemporáneo es “[…] avanzar por los caminos de la redistribución y el reconocimiento, desde enfoques críticos reflexivos, propositivos, innovadores.” (Matus, 2014). Para esto, es relevante examinar el fenómeno de desigualdad también en la misma profesión. Por ello, proponemos que dicho abordaje debe también constituir un autoexamen, preguntándonos cómo afecta este fenómeno a trabajadoras y trabajadores sociales.

El supuesto es que las desigualdades constituyen parte de las experiencias que trabajadores y trabajadoras sociales han enfrentado en distintos momentos de sus trayectorias de vida, tanto en la etapa anterior a la formación profesional, durante esta, y en su posterior inserción laboral. Con relación a la primera etapa, existe evidencia de que haber estado expuesto a desigualdades e injusticias sociales es un factor importante asociado a la elección del trabajo social como profesión. Definirse como trabajador o trabajadora social así, es visto para parte importante, como una forma de contribuir a la superación de desigualdades e injusticias por las que se han visto afectados quienes optan por esta carrera (Salas, Carrasco, Flores, & León, 2012).

Una dimensión de desigualdad presente en estas etapas se asocia a la categoría género. Es un hecho reconocido que trabajo social a nivel internacional y en Chile, es una carrera estudiada predominantemente por mujeres (Labra, Chamblas, Turcott, & Dubé, 2017), situación que durante la última década no presenta grandes variaciones a nivel nacional (Saravia & Vargas, 2015), y que al parecer no tiene proyecciones de modificarse de forma importante en los años venideros (Aspeé & González, 2018). Esto no constituye un hecho neutro, sino que responde a lo que Duarte (2013) denomina la feminización de la profesión y disciplina, que constituiría un factor asociado a las dificultades para obtener un reconocimiento disciplinar legitimado, dada las desigualdades estructurales que operan también en el campo científico.

Una vez en el campo laboral, las desigualdades persisten, generando contornos y contrastes en relación con otras profesiones. En efecto, trabajo social es afectado por asimetrías en cuanto a niveles jerárquicos en relación con otras profesiones, ya que a diferencia de los trabajadores sociales, cuando otras profesiones se vinculan laboralmente en servicios sociales, lo hacen desde puestos asociados a tomas de decisión: “[…] instituciones con fines sociales como un Hospital o el Hogar de Cristo son dirigidas por Ingenieros Comerciales y no por Médicos o Trabajadores Sociales como debería ser.” (Sandoval, 1999, p. 10). Estas asimetrías configuran también desiguales rangos salariales, y una diferencial deseabilidad social entre ambas profesiones (Market Opinion Research International, 2015).

Otro contraste se genera a partir del hecho del surgimiento y crecimiento exponencial de carreras técnicas (Aspeé, 2016; Saravia, 2015) que pone en entredicho el carácter científico y disciplinar de trabajo social, lo que probablemente está generando desigualdades entre los egresados universitarios y técnicos. A lo anterior se suma el hecho de que en general, trabajo social presenta una inserción laboral caracterizada por lo que Vidal (2009a, 2009b) define como precarización y vulnerabilidad laboral, es decir, predominantemente con salarios medio-bajos y con una condición contractual sin seguridad social, basada en prestaciones de servicios que en Chile se conocen como honorarios.

La situación descrita expresa desigualdades que afectan al grupo profesional de trabajadores sociales, en contraste con la situación de otras profesiones. Sin embargo, de acuerdo a la revisión de literatura científica realizada, no se cuenta con mayores antecedentes respecto de la configuración de desigualdades entre trabajadores sociales en Chile. Por esta razón, el estudio de los datos arrojados por CASEN (MIDESO, 2015) busca determinar si existen desigualdades laborales - específicamente referidas a tipo de contrato e ingreso económico - entre trabajadores sociales chilenos, asociadas a sexo, generación y etnia. Interesa también caracterizar dichas desigualdades, y conocer si se trata de patrones generales de los profesionales universitarios en Chile, o si son particulares de los trabajadores sociales.

La hipótesis a probar es que, en efecto, existen desigualdades al interior del cuerpo profesional de trabajadores sociales en Chile, que responden a variables de carácter adscriptivo, y que tienen patrones específicos distintos a los que se observan entre los profesionales universitarios en general. De esta forma, se busca contribuir a desentrañar los mecanismos de configuración de desigualdades que afectan al grupo de profesionales del trabajo social chileno, que el paso por la educación superior no logra aminorar. Este tipo de análisis permite además resignificar la formación universitaria del trabajo social, pues, en términos de Bourdieu (1999, p. 77): “[…] es porque conocemos las leyes de la reproducción por lo que tenemos alguna oportunidad de minimizar la acción reproductora de la institución escolar.”

Metodología

Se realizó un análisis cuantitativo con alcance descriptivo y correlacional. Se utilizó la base de datos de la Encuesta CASEN del año 2015, cuyos resultados son de acceso público e incluyen por primera vez una pregunta acerca de cuál es la profesión de los encuestados (MIDESO, 2015). Esto permitió generar filtros para seleccionar a los trabajadores sociales universitarios ocupados (n = 383). Esta muestra se contrasta con otra en la que se consideran a los profesionales en general (n = 13.285), para determinar si las tendencias observadas son particularmente patrones de trabajo social, o se ajustan a las tendencias generales de los profesionales chilenos.

Ocupando el expansor regional de CASEN, se estima el total de trabajadores sociales universitarios del país en 36.233 personas, lo que supera con creces la estimación hecha por Vidal (2009a), en 15.000 profesionales. Si se ocupa la muestra de solo trabajadores sociales económicamente activos, estos corresponden a un estimado de 26.939 personas.

Luego de haber generado la muestra de trabajo, se elaboraron tablas de contingencia entre las variables indicadas en la Tabla 1, aplicando en cada una de ellas el estadígrafo coeficiente de contingencia, para determinar si existe asociación entre las variables y la intensidad de dicha asociación. Este permite también comparar las intensidades de asociación entre variables categóricas, independientemente del tamaño de las muestras. Arroja un valor que oscila entre 0 y 1, por lo que mientras más elevado es, mayor es la intensidad de asociación. Los resultados se presentan en gráficos.

En la Tabla 1 se indican las variables consideradas en el análisis. Se buscó determinar la asociación entre ingresos económicos y condición contractual con las tres restantes. Con excepción de la variable sexo, el resto fueron recodificadas para agrupar opciones de respuesta, generando así variables dicotómicas en ingresos económicos, condición contractual y etnia. En el caso de la variable generación, se consideran tres categorías etarias, siguiendo el criterio tradicionalmente utilizado por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) en Chile.

Tabla 1 Variables utilizadas en el análisis 

Variables Categorías respuesta (recodificadas) n. trabajadores sociales n. total de profesionales
Ingresos económicos Decil 1 a 9
Decil 10 Total
262
121
383
7.389
5.895
13.284
Condición contractual Contrato permanente
Contrato no permanente
Total
330
53
383
11.847
1.438
13.285
Sexo Hombre
Mujer
Total
62
321
383
6.787
6.498
13.285
Generación Jóvenes (18 a 29 años)
Adultos (30 a 59 años)
Adultos mayores (60 o +)
Total
118
245
20
383
2.679
9.178
1.428
13.285
Etnia Indígena
No indígena
Total
40
343
383
631
12.653
13.284

Fuente: Elaboración propia en base a MIDESO (2015).

Resultados

En el Gráfico 1 expresa la variación de la proporción de personas que pertenecen al decil superior de ingresos económicos mensuales según etnia, sexo y generación. En los trabajadores sociales, se observa asociación estadísticamente significativa con las variables generación y etnia, pero no con la variable sexo. La asociación más intensa se observa con la variable generación. De hecho, la proporción de personas que se encuentran en el decil superior de ingresos fluctúa desde 22% en el caso de los trabajadores sociales jóvenes, a 70% en el caso de los trabajadores sociales adultos mayores. Aunque esta tendencia presenta la misma dirección que la que se observa en el caso de los profesionales en general, la intensidad de la asociación es más fuerte entre los trabajadores sociales (el coeficiente de contingencia de estos es 0,217 y el de los demás profesionales es 0,132). En efecto, la fluctuación de quienes se encuentran en el decil superior de ingresos es más acotada en el caso de los profesionales en general, varía entre 35% en jóvenes y 60% en adultos mayores.

La asociación con etnia también es más intensa entre trabajadores sociales que entre profesionales en general (el coeficiente de contingencia de estos es 0,103 y el de los demás profesionales es 0,058). Los trabajadores sociales que se autodefinen como indígenas se encuentran subrepresentados en el decil superior de ingresos.

Fuente: Elaboración propia en base a MIDESO (2015).

(1) p < 0,05.

(2) p < 0,01.

Gráfico 1 Pertenencia al decil superior de ingresos nacional según etnia, sexo y generación 

El Gráfico 2 muestra la variación de la proporción de personas con contrato de trabajo permanente. En el caso de los trabajadores sociales, se encuentra asociación con las variables sexo y generación.

Esta última tiene una intensidad mayor. Las diferencias fluctúan entre 5% de trabajo no permanente en la categoría adultos mayores, y 25% en los jóvenes. Aunque al igual que en el caso de los ingresos, la tendencia observada en trabajadores sociales se da en la misma dirección que entre los profesionales en general, la asociación es más pronunciada en los primeros (coeficiente de contingencia de estos es de 0,205, y el de profesionales en general 0,154). En efecto, la variación entre profesionales fluctúa solo desde 8% en adultos a 20% en jóvenes.

A diferencia de lo observado en los ingresos económicos, sí hay asociación estadísticamente significativa entre ocupación y sexo de los trabajadores sociales, la que es más intensa incluso que entre profesionales en general (coeficiente de contingencia de 0,094 versus 0,019). Mientras entre profesionales la diferencia según sexo de proporción de personas que tienen contrato de trabajo permanente es ínfima, entre los trabajadores sociales las mujeres que tienen contratos de trabajo no permanente alcanzan 15%, más del doble de la proporción que se observa en los hombres.

Fuente: Elaboración propia en base a MIDESO (2015).

(1) p < 0,1.

(2) p < 0,05.

(3) p < 0,01.

Gráfico 2 Tipo de ocupación laboral según etnia, sexo y generación 

Discusión

Anteriormente se han efectuado estudios sobre la situación de desigualdades laborales en trabajo social. Por ejemplo, Vidal (2009b) analizó el caso de los egresados de la Universidad Católica Silva Henríquez (Chile), a partir de 50 casos. La misma autora, en conjunto con el Colegio de Trabajadores Sociales de Chile, analizó una muestra no probabilística compuesta por 307 casos, de los cuales 26 corresponden a egresados de Institutos Profesionales (Vidal, 2009a). Los resultados expresados en nuestro estudio se fundan sobre los resultados de CASEN 2015, una muestra más robusta, que permite hacer análisis más confiables y más diversos, al tener a disposición las variables de CASEN en su totalidad. Las muestras utilizadas son más amplias que las observadas en trabajos anteriores que intentan caracterizar el espacio ocupacional anteriormente, pero que carecían de estos datos registrados en la medición oficial del año 2015.

Una primera constatación importante es que no sólo existen desigualdades entre trabajadores sociales y profesionales de otras disciplinas, sino que también al interior del grupo de profesionales de trabajo social chileno. De este modo se corrobora la hipótesis propuesta. En las tres variables adscriptivas consideradas, se encuentran patrones diferenciados en cuanto a ingresos económicos y calidad del contrato de trabajo.

Se presentan desigualdades en las tres variables analizadas, pero algunas de ellas se asocian solo a ingresos (etnia) y otras solo a contrato (sexo). Ello implica que no es adecuado hacer lecturas lineales a las desigualdades ocupacionales, ya que una misma variable puede estar asociada a un aspecto de la inserción laboral, pero no necesariamente a otras dimensiones de esta. En este caso se encuentra que el sexo de los trabajadores sociales se asocia a la probabilidad de tener un contrato permanente de trabajo, pero no la remuneración percibida. Por su parte, la etnia de los trabajadores sociales se asocia a la probabilidad de tener un contrato de trabajo permanente, pero si la remuneración obtenida. Es decir, en términos generales, ser mujer resulta desventajoso en cuanto a la probabilidad de tener un contrato de trabajo permanente, y tener ascendencia indígena resulta desventajoso en cuanto a la remuneración obtenida.

Lo anterior resulta relevante, en la medida que como ya se mencionó, trabajo social es una carrera estudiada predominantemente por mujeres, atendiendo además a estereotipos de género asociados al quehacer profesional (Bañez, 2012). En este sentido, los resultados son coherentes con lo expresado por Duarte (2013), en orden a valoración en el mercado laboral. Determinar qué mecanismos precisos operan para que el sexo condicione la probabilidad de que trabajadoras sociales mujeres tengan un contrato permanente de trabajo es un asunto que este estudio, dado su enfoque estructural y cuantitativo del problema, no puede responder, pero que resalta como una pregunta de investigación interesante a abordar, desde enfoques cualitativos en próximas investigaciones.

Por otro lado, es relevante que la etnicidad constituya un factor de desigualdad al interior de la profesión, ya que, como se observa en la Tabla 1, más del 10% de los trabajadores sociales en Chile se declaran indígenas, proporción que es más del doble de la que presentan los profesionales universitarios en general. La categoría etnia/raza es incorporada en los estudios clásicos de desigualdades, y en nuestro análisis, tanto en profesionales en general como en trabajadores sociales se observa que es una categoría relevante en las desigualdades laborales, levemente más pronunciadas en el caso de trabajo social. Es interesante destacar también que, entre los indígenas trabajadores sociales e indígenas de otras profesiones, existen importantes diferencias en remuneración, en donde estos últimos presentan una proporción casi el doblemente más alta de presencia en el decil de más altos ingresos. Este aspecto releva además que las consecuencias del colonialismo en el conocimiento se expresan en cuestiones vinculadas a los ingresos, pero también en la forma en que el propio trabajo social construye sus categorías profesionales desde un ethos euro-centrista (Muñoz, 2015).

Lo precedentemente argumentado da pie para una fundamentación de análisis de desigualdades interseccionales en trabajo social. No sería lo mismo, por ejemplo, ser un indígena trabajador social que indígena de otra profesión, o no sería lo mismo ser indígena hombre, que mujer indígena.

Ahora bien, la variable que más intensas asociaciones tiene en cuanto a tipo de contrato y remuneración es la generación. La tendencia es que, al igual que como ocurre con el total de profesionales, las personas más jóvenes tienden a tener mayor proporción de contratos no permanentes, y tienden a estar en menor proporción representados en el decil superior de ingresos. Ello puede naturalmente, deberse en parte a una valorización del mercado a conocimientos de orden práctico que, desde el enfoque de capital humano, son adquiridos predominantemente a través de la experiencia laboral, y que permiten mejorar y enriquecer los procesos. Sin embargo, esta tendencia es más pronunciada en trabajo social, lo que podría estar dando cuenta de una particularidad que responde a cambios específicos en el espacio ocupacional de la profesión.

Estos cambios pueden estar asociados a la neoliberalización de las políticas sociales iniciada desde la década de 1980 en Chile (Saavedra & Farías, 2014) que incide consecuentemente el aumento de la precarización de las condiciones laborales para la profesión, debido a, por un lado, un aumento de la tercerización de los servicios sociales prestados por el Estado, y por otro, a una flexibilización en la contratación del recurso humano asociado a la prestación de los servicios sociales, tal como señala el estudio de Pavez et al. (2016).

Adicionalmente, el aumento de la oferta formativa en trabajo social como consecuencia de la expansión desregulada de la educación superior chilena durante las últimas décadas puede generar al menos tres efectos. En primer término, el cambio de la relación de oferta y demanda de trabajadores sociales que no ha implicado una baja empleabilidad significativa, si comparamos con las cifras de otras carreras profesionales. Sin embargo, esta situación puede impactar en la baja generalizada de salarios para la profesión, especialmente si se considera el surgimiento y expansión de la oferta no universitaria en trabajo social que impacta en el mercado laboral. Al respecto, es necesario mencionar en Chile el trabajo social cuenta con exclusividad universitaria (Ley n. 20.054), pero en la práctica no es así, pues el desregulado sistema de educación superior permite la existencia de carreras profesionales denominadas como servicio social en institutos profesionales.

Una segunda consecuencia de la expansión desregulada del trabajo social es que dicha ampliación de la cobertura en educación terciaria ha implicado a una reestratificación social de quienes ingresan a la universidad. Así, trabajo social sería hoy una carrera estudiada predominantemente por sujetos provenientes de los sectores de menores ingresos, cuyos padres tienen bajos niveles educativos, ocupaciones principalmente de trabajo manual y bajas remuneraciones. Esto, teniendo en consideración el efecto general de las desigualdades de origen en las trayectorias laborales de los trabajadores en el país, podría estar significando desventajas en la inserción laboral de los profesionales del trabajo social. Estas se asociarían, no solo a características estructurales del mercado laboral y de las instituciones empleadoras de trabajadores sociales, sino también a atributos personales de estos, tales como - desde un enfoque Bourdiano - su capital social y capital cultural: ambos se entrelazan.

En tercer lugar, tal como indica Vivero (2017), el impacto del neoliberalismo en la profesión ha dado lugar a una desintelectualización en las Escuelas universitarias de trabajo social. Sostenemos que esta ha impedido hasta la fecha una reflexión profunda respecto del fenómeno que este artículo aborda, es decir, cómo las desigualdades estructurales generadas por el sistema neoliberal afectan a la profesión.

Consideraciones finales

El estudio de las desigualdades que afectan al trabajo social se inserta en la necesidad de entender la división del trabajo constituida en sociedades capitalistas en América Latina. En estos términos, la profesión emerge como un ámbito especializado de ocupación, que busca dar respuestas a una pluralidad de asuntos constitutivos de la cuestión social (Sanches & Pontes, 2016). El caso chileno ofrece una mirada del modo en que la desigualdad también afecta a la profesión, en particular, en los aspectos relativos a género, etnia y generación. En este sentido, el análisis realizado muestra que para quienes ejercen el trabajo social, el evento de cursar estudios universitarios, no garantiza resguardo frente a las consecuencias del capitalismo.

Desde una lectura bourdieuana, la educación superior puede reproducir y legitimar las desigualdades sociales. Pero el paso por estas instituciones también puede aportar a reducirlas, siendo un paso importante el asumir este escenario en profesiones que las padecen, como el trabajo social. El modo en que el trabajo social se hace cargo de sus propias desigualdades, no sólo es un problema de investigación, sino también un desafío ético-político tanto para la formación como para las asociaciones gremiales que la conforman.

Hacer frente a este desafío, requerirá remitirse a los orígenes estructurales de las desigualdades analizadas y de la incapacidad de leerlas y afrontarlas de forma crítica. En consonancia con la literatura revisada y el análisis realizado, postulamos que es el neoliberalismo radical implantado en Chile, que ha transformado no solo el perfil de origen de quienes estudian trabajo social, sino también lo que ocurre al interior de las escuelas universitarias de trabajo social - marcadas por la ya mencionada desintelectualización de la profesión -, y también las formas de inserción en el campo ocupacional.

En esta tarea de largo alcance se deberá echar mano de los recursos teóricos de las ciencias sociales críticas, dejando de lado purismos y esencialismos que buscan un trabajo social desconectado del campo más amplio de las ciencias sociales, y de las luchas concretas de grupos y movimientos sociales. Por un lado, la investigación crítica puede ayudar a develar desigualdades e injusticias que nos afectan y que se perpetúan en nuestra trayectoria como profesión. Por otro lado, dicha acción dilucidadora permite dejar en claro las condicionantes que nos afectan, y al mismo tiempo, facilitar nuestra asociación con los intereses de grupos de trabajadores afectados también por dichas condicionantes.

En concreto, a la luz del análisis hecho, resulta bastante claro que trabajo social debe incorporar dentro de sus fines las luchas por igualdad de género, así como las luchas de los pueblos indígenas. De lo contrario, el riesgo es que estemos contribuyendo a perpetuar desigualdades estructurales que afectan a la sociedad chilena en general y nos afectan también como profesión. Ello debe traducirse en la academia, en la incorporación de estos tópicos en el currículo formativo de pregrado, en líneas de investigación que profundicen en estas temáticas, el desarrollo de postgrados que formen profesionales altamente capacitados en estas áreas, con capacidad de influir en la toma de decisiones del Estado. Debe traducirse también en la interacción continua con organismos públicos y privados, y movimientos sociales que llevan a cabo acciones concretas en pos de mayor igualdad y justicia.

Así, las escuelas de trabajo social chilenas tienen el deber de abrirse a las luchas sociales más amplias que se viven en la sociedad, no desde supuestos positivistas o mediante acciones unidireccionales, sino más bien como uno de varios actores que contribuyen a la dinamización de la organización colectiva que sobrepasa con creces el campo estrictamente universitario o académico. Este tipo de relaciones ya experimentadas en parte durante el periodo de reconceptualización, seguramente darán lugar a un nuevo trabajo social en Chile.

Referencias

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Agencia financiadora No se aplica.

Aprobación por Comisión de Ética y consentimiento para participación No se aplica.

Consentimiento para publicación No se aplica.

Recibido: 14 de Febrero de 2018; Aprobado: 25 de Mayo de 2018

Felipe Saravia

fsaravia@ubiobio.cl Doctorado en Ciencias Sociales en Estudios Territoriales por la Universidad de Los Lagos (ULL) Académico del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Bío-Bío (UBB)

Juan Saavedra

jsaavedr@ubiobio.cl Doctorado en Ciencias Humanas, Mención Discurso y Cultura por la Universidad Austral de Chile (UACh) Académico del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Bío-Bío (UBB)

UBB

Avda. Collao, 1202 Concepción - Región del Biobío - Chile CP: 4051381

Contribuciones de los autores

Felipe Saravia - Ideación de la investigación, análisis, interpretación de los resultados del análisis y co-redacción del artículo. Juan Saavedra - Interpretación de resultados del análisis y coredacción del artículo

Conflicto de intereses

No hay conflicto de intereses.

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