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Revista Latinoamericana de Psicopatologia Fundamental

versión impresa ISSN 1415-4714

Rev. latinoam. psicopatol. fundam. vol.16 no.4 São Paulo dic. 2013

http://dx.doi.org/10.1590/S1415-47142013000400004 

ARTIGOS

 

Las pulsaciones canibalísticas de la oralidad*

 

As pulsões canibalíticas da oralidade

 

Cannibalistic drives in orality

 

Les pulsations cannibaliques de l'oralité

 

Kannibalischer Trieb der Oralität

 

 

Francisco Pizarro Obaid

Universidad Diego Portales (Santiago, Chile)

Correspondence

 

 


RESUMEN

El presente trabajo propone revisitar los fundamentos histórico- conceptuales del componente canibalístico asociado a la concepción freudiana de la oralidad, con el fin de interrogar sus hipótesis rectoras y analizar su posible aporte a la comprensión de los trastornos alimentarios. En primer lugar, se interrogará el origen histórico del término caníbal. Luego, se analizarán las vías de introducción del canibalismo en el campo psicoanalítico, para, finalmente, proponer que las paradójicas relaciones al deseo y la necesidad, que evidencian los trastornos de la conducta alimentaria, podrían ser redefinidas como pulsaciones canibalísticas de la oralidad.

Palabras claves Caníbal, Freud, oralidad, trastornos de la conducta alimentaria


RESUMO

O presente trabalho propõe revisitar os fundamentos histórico-conceituais do componente canibalesco associado à concepção freudiana da oralidade, com o fim de interrogar suas hipóteses regentes e analisar sua possível contribuição para a compreensão dos transtornos alimentares. Em primeiro lugar, se interrogará a origem histórica do termo canibal. Logo, analisar-se-ão as vias de introdução do canibalismo no campo psicanalítico, para, finalmente, propor que as relações paradoxais ao desejo e à necessidade, que põem em jogo os transtornos de conduta alimentar, poderiam ser redefinidas como pulsações canibalescas da oralidade.

Palavras-chave: Canibal, Freud, oralidade, transtornos de conduta alimentar


ABSTRACT

This paper takes up the conceptual and historical foundations of the cannibalistic component associated with the Freudian conception of orality. The purpose is to examine the basic hypotheses of orality and to analyze its possible contributions to the understanding of eating disorders. First, the historical origin of the term cannibal will be discussed, followed by the ways that cannibalism can be introduced into the field of psychoanalysis. Finally, we discuss the paradoxical relations between desire and need, an approach which shows that eating disorders can be redefined as cannibalistic drives in orality.

Key words: Cannibal, Freud, orality, eating disorders


RÉSUMÉ

Le travail suivant propose de revisiter les fondements historico-conceptuels de la composante cannibalique associés à la conception freudienne de l'oralité afin d'interroger leurs hypothèses directrices et d'analyser leur éventuelle contribution à la compréhension des troubles alimentaires. Tout d'abord, on s'interroge sur l'origine historique du terme cannibale. Ensuite, on analysera les voies d'introduction du cannibalisme dans le domaine psychanalytique pour proposer finalement que les relations paradoxales avec le désir et la nécessité impliquant les troubles de la conduite alimentaire peuvent être redéfinies en tant que pulsations cannibaliques de l'oralité.

Mots clés: Cannibale, Freud, oralité, troubles de la conduite alimentaire


ZUSAMMENFASSUNG

Im vorliegenden Beitrag sollen die historisch-konzeptionellen Grundlagen des kannibalistischen Aspektes erneut aufgenommen und in Zusammenhang mit der freudschen Oralität untersucht werden. Ziel ist es, die herleitenden Hypothesen zu hinterfragen und zu untersuchen, inwiefern sie zum besseren Verständnis von Essstörungen beitragen können. Zunächst wird der Ursprung des Begriffs 'kannibal' untersucht. Anschließend wird die Einführung des Kannibalismus in den Bereich der Psychoanalyse untersucht, um schließlich aufzuzeigen wie die paradoxen Zusammenhänge zur Lust und zum Bedürfnis, die die Essstörungen verdeutlichen, neu definiert werden könnten, und zwar als kannibalische Triebe der Oralität.

Schlüsselwörter: Kannibale, Freud, Oralität, Essstörungen


 

 

Introducción

La hipótesis de una oralidad canibalística y la definición de la incorporación, la identificación y la introyección, como sus mecanismos centrales, fueron concepciones psicoanalíticas que contribuyeron de manera esencial a la comprensión de diversas problemáticas clínicas y posibilitaron un renovado estudio del campo social y cultural.

Los notables aportes de la oralidad a la interpretación de la melancolía (Abraham, 1912/2000, 1924/2000; Freud, 1917[1915]/1992) y su destacada función en el examen del origen de la cultura (Freud, 1913/1992), parecían sugerir que la progresiva reconfiguración que experimentaría el campo psicopatológico de los trastornos alimentarios en el curso del siglo XX, sería el terreno propicio para confirmar la relevancia de aquellas tesis. Sin embargo, tras haber tenido un protagonismo decisivo en la clínica y la terapéutica de la anorexia (Kestemberg, Kestemberg, J. & Decobert, 1972; Bell, 1994; Vandereycken & Deth, 1994), las hipótesis psicoanalíticas fueron objeto de un cuestionamiento sistemático (Bruch, 1994/1978; Selvini, 1996).

No es de extrañar que el valor clínico y el alcance metapsicológico vinculado a la oralidad fuesen relativizados al constatar el uso pragmático e instrumental que sufrieron sus fundamentos en los trabajos clínicos de orientación psicoanalítica que, a partir de los años treinta, buscaban interpretar la etiología de la anorexia. Impulsados por una particular lectura de los conceptos de fantasía, conflicto psíquico y pulsión, y, por sobre todo, mediante una versión adaptativa y naturalista de la sexualidad, los signos patognomónicos de los trastornos alimentarios fueron traducidos a los códigos de la procreación, la genitalidad y las prácticas sexuales1 (Waller, Kaufman & Deutsch, 1940; Masserman, 1941; Moulton, 1942; Lorand, 1943; Margolis & Jernberg, 1960).

Hacia fines de los setenta, bajo el predominio de los discursos psicológicos y psiquiátricos, los trastornos alimentarios alcanzaron un notable reconocimiento en el ámbito médico (APA, 1980; APA, 2012) y tuvieron una masiva difusión en la opinión pública (Brumberg, 2000). El campo psicoanalítico no fue indiferente a esta tendencia renovadora, pero, en el intento de reposicionar el valor de los conceptos mayores del psicoanálisis en la clínica de la patología alimentaria, la primacía de la oralidad fue doblegada por la proliferación de heterogéneas hipótesis psicodinámicas y la significativa diversificación de sus modelos explicativos (Brusset, Couvreur & Fine, 1991; Recalcati, 2004; Gabbard, 2007, Marinov, 2008).

La exploración de algunos fragmentos de la historia del canibalismo y el análisis de sus vías de introducción en las teorización freudiana pondrán en evidencia que las implicancias metapsicológicas de la oralidad no pueden ser reducidas a la simple descripción de fantasías inconscientes vinculadas a la devoración, la crueldad o el sadismo, ni a la construcción de meras figuras alegóricas destinadas a conceptualizar una relación problemática con el objeto alimentario. El reconocimiento de su fundamento pulsional llevará a cuestionar el imperativo de la necesidad y a refutar toda consideración naturalista o instintiva de la alimentación para, a partir de ello, redefinir las paradójicas relaciones entre el deseo y la necesidad, inherentes a la psicopatología alimentaria, como pulsaciones canibalísticas de la oralidad.

 

Algunos rastros y vestigios del caníbal

Así como alguna vez la Antigüedad atribuyó la ominosa práctica de la anthrophophagia a Cronos, Saturno y los Cíclopes (Grimal, 2002) y registró sus destinos en las obras de Heródoto (1971) y Homero (1999), las crónicas del descubrimiento del Nuevo Mundo convertirían al caníbal en la figura paradigmática del anthrophophagus y difundirían su imagen en las tierras europeas.

Desde fines del siglo XV las grandes empresas de conquista no sólo ampliaron las fronteras geográficas hasta entonces conocidas, sino que inauguraron una progresiva redefinición de la cartografía de la antropofagia. Los diarios y reseñas consignaron que en el curso del descubrimiento de América los nativos habían formulado una inquietante advertencia a los conquistadores, al sostener que "(...) lejos de allí había hombres de un ojo, y otros con hocicos de perros que comían los hombres, y que en tomando alguno, lo degollaban y cortábanle sus instrumentos viriles" (De las Casas, 1875, p. 329). Colón mostró incredulidad ante la posible existencia de tales monstruos; no obstante, en su esfuerzo por comprender aquellas ideas, los cronistas informaron que el Almirante había concluido que:

(...) á que ellos llaman Caritaba, y que es cosa infinita, y cuasi traen razón que ellos sean trabajados de gente astuta, porque todas estas islas viven con gran miedo de los de Caniba; y así, torno á decir, como otras veces dije, dice él, que Caniba no es otra cosa sino la gente del Gran Can, que debe ser aquí muy vecino, y terna navios y vernán á captívarlos, y como no vuelven creen que se los han comido. (Fernández, 1922, p. 97)

Si bien los conquistadores españoles nunca constataron la existencia de estos seres, ni fueron testigos de sus prácticas antropófagas, la circulación de relatos y crónicas sobre el encuentro con el Nuevo Mundo consolidaron la veracidad de la advertencia indígena e inscribieron el término en las lenguas europeas.2 Las palabras caribe, cariba, caritaba, Can (Khan), se transformaron, finalmente, en el término caníbal; vocablo, que, al considerar su proceso de construcción, podría ser calificado como "uno de los primeros neologismos que produce la expansión europea en el Nuevo Mundo" (Jáuregui, 2008, p.13).

En su apología de los indios, De las Casas (1973) invocó, más tarde, la tradición greco-romana y sumó referencias europeas y orientales para subrayar que la ocurrencia de prácticas antropófagas no era patrimonio del Nuevo Mundo, puesto que su existencia había sido constatada en diversas épocas y latitudes. Apelando a la ética aristotélica,3 y destacando el carácter religioso o guerrero de los actos antropófagos, el cronista buscaría otorgar una dimensión humana a los supuestos actos revestidos de brutalidad y salvajismo (Helminen, 1988).

Así, en la creación del caníbal confluyeron las transformaciones que experimentaron los relatos de la conquista y los paradigmas grecolatinos y medievales que habían otorgado fundamento a la definición de la otredad que portaban los europeos (Jáuregui, 2008). Aunque no fuese posible reunir una documentación concluyente (Arens, 1981), los relatos del descubrimiento del Nuevo Mundo harían equivalentes el canibalismo y la antropofagia, e inscribirían definitivamente al caníbal en el universo del salvaje.4

Pese a la homologación de los términos, la ominosa práctica del canibalismo rebasaría los límites de la anthropophagia para constituirse en un dilema investigativo, no sólo para la antropología (Arens, 1981; Barker, Hulme & Iversen, 1998), sino que para las más variadas disciplinas. Como propone Goldman (1999), entre las aproximaciones consagradas a explicar el canibalismo, podrían identificarse trabajos sensacionalistas con escabrosos relatos; estudios sociales que lo definirían como un rasgo de la evolución moral y cultural de la humanidad; análisis materialistas que situarían su causa última en un problema nutricional o económico; investigaciones que propondrían un fundamento psicológico; indagaciones que privilegiarían una interpretación simbólica, ritual y religiosa; perspectivas críticas que debatirían sobre la validez de los documentos y registros. De este modo, el canibalismo haría de la humanidad y la humanización, del cuerpo y el psiquismo, del deseo y la necesidad, del dolor y el goce, de la naturaleza y la cultura, campos problemáticos a ser explorados, poniendo en evidencia que, dadas sus profundas consecuencias subjetivas, no podría ser reducido a la simple ingesta de carne humana.

Bajo estas consideraciones, ciertamente la clave en la comprensión de la introducción del canibalismo en la teorización psicoanalítica no encontraría su respuesta última en los efectos que produjeron los relatos históricos del descubrimiento del Nuevo Mundo en las representaciones antropófagas occidentales, pero tampoco extraería su explicación en un relato, un mito o una leyenda particular (Fédida, 1972). La incorporación del canibalismo en el campo psicoanalítico dará lugar a un nuevo mito destinado a explicar la incidencia del determinismo psíquico inconsciente y la intervención del registro pulsional en los destinos de la oralidad humana.

 

La invención psicoanalítica de la oralidad canibalística

Aunque la influencia que ejercieron la etnografía (Frazer, 1894; Smith, 1894) y las teorías evolucionistas (Lamarck, 1809; Darwin, 1859) en la teorización freudiana es indudable, la introducción del canibalismo en el campo psicoanalítico no tuvo su impulso inaugural en aquellas tesis. Fue la investigación clínica del desarrollo psicosexual y sus posibles alcances psicopatológicos la que puso en evidencia la participación de dinamismos psíquicos inconscientes relativos a la devoración, la agresividad, la crueldad, el amor y el odio - características esenciales que las crónicas del Nuevo Mundo habían atribuido al caníbal - en los tempranos procesos de estructuración psíquica y en la etiología de fenómenos esenciales del padecimiento melancólico.

El estudio de las etapas del desarrollo libidinal y el tratamiento de la psicosis maniaco-depresiva llevaron a Karl Abraham (1912/2000; 1916/2000) a la investigación del posible vínculo entre canibalismo y oralidad. En 1915, Abraham escribía a Freud para comunicarle sus hallazgos sobre la melancolía y sostener que si se consideraba el fundamento infantil de la culpabilidad que experimenta el melancólico y se reconocía su particular identificación al objeto amoroso, era posible concluir que en la fase oral: "(...) el niño quisiera incorporarse un objeto de amor, en una palabra: devorarlo. Ahora bien tengo todas las razones para pensar que una tendencia caníbal de este tipo es inherente a la identificación melancólica" (Freud & Abraham, 1969, p. 221). Más tarde advertiría, directamente, que la alusión al canibalismo no había sido extraída de la obra "Tres ensayos de teoría sexual" (Freud, 1905/1992) - donde la expresión apareció por primera vez en la edición de 1915 - sino que resultó ser una fórmula aportada por uno de sus pacientes en el curso de una cura llevada a cabo hacia 1912 (Abraham, 1916/2000). En ella, el paciente, quien registraba una serie de síntomas vinculados a la alimentación, había comunicado recuerdos que evocaban los tempranos sentimientos que había tenido hacia su nodriza, para luego concluir que "amar a alguien equivalía a la absorción de una cosa buena" (Abraham, 1916/2000, p. 18); a partir de ello, confesaría haber tenido desde su infancia "representaciones canibalísticas" (Abraham, 1916/2000, p.18). De este modo, sus hallazgos confirmaban, entre otras hipótesis, que la psicopatología alimentaria registrada en los cuadros melancólicos, podía ser interpretada como una relación canibalística al objeto de amor, dada la intervención de la sexualidad y el deseo inconsciente.

La oralidad canibalística, la identificación y la incorporación del objeto descritas por Abraham, tuvieron una profunda influencia en los desarrollos freudianos destinados a interrogar los fundamentos de la sexualidad humana, sus posibles aplicaciones clínicas y sus eventuales alcances en la interpretación de fenómenos que, tradicionalmente, habían sido calificados como sociales o culturales. A partir de aquellas tesis, Freud (1905/1992) conceptualizaría la existencia de una temprana fase oral o canibálica en la cual "la actividad sexual no se ha separado todavía de la nutrición, ni se han diferenciado opuestos dentro de ella. El objeto de una actividad es también el de la otra; la meta sexual consiste en la incorporación del objeto, el paradigma de lo que más tarde, en calidad de identificación, desempeñará un papel psíquico tan importante" (p. 180). Comer o ser alimentado, devorar, engullir, ingerir, tragar, consumir, podían ser considerados, no obstante sus evidentes connotaciones alimenticias, como actos psíquicos en los que necesariamente participarían deseos ambivalentes relativos al amor y el odio, el dolor y el goce, la vida y la muerte. Ser devorado, cercenado o tragado, devendrían, por otra parte, las figuras prototípicas de la angustia y, la angustia de castración, su concepto paradigmático.

Una versión renovada del problema fue forjada por Freud en el anudamiento del registro clínico y el cultural, al suponer que existiría un isomorfismo entre los fundamentos de la neurosis y el orden social. La sexualidad incestuosa debía ser necesariamente intervenida por la función legalizadora del padre y por el mecanismo de la represión, como ya lo había supuesto mediante el concepto de complejo de Edipo.

En la escena del asesinato del padre de la horada primordial, núcleo explicativo de lo que Freud denominaría su mito científico (Freud, 1913/1992; 1921/1992), el caníbal y el canibalismo encontraron una vía de reformulación al conjeturar que en el acto devoración (incorporación/identificación) del padre y en toda ingesta del objeto prohibido (banquete totémico), participaría un deseo sexual que aludiría, de uno u otro modo, a la interdicción del incesto. En este sentido, lejos de ser un hecho individual, el canibalismo articularía una relación particular al otro, al orden cultural y a la inminencia de un goce absoluto. Freud (1927/1992) concluiría que el gran desafío cultural sería, entonces, la instauración de medidas precautorias destinadas a intervenir los siempre presentes deseos pulsionales "(...) del incesto, el canibalismo y el gusto de matar" (p. 10).

La necesidad de problematizar las relaciones entre sexualidad y alimentación, sugerida por las investigaciones de Freud y Abraham, tuvo destinos diversos en los desarrollos psicoanalíticos. Bajo la influyente conceptualización de Melanie Klein (1987), por ejemplo, las posibles relaciones entre estos dos registros sería interpretada bajo los principios de la simbolización y la fantasía inconsciente, para afirmar que:

(...) en la fase canibalística, los niños equiparan cada clase de comida con sus objetos, como los representan sus órganos, de modo que toma más el significado del pene del padre o del pecho de la madre y son amados, odiados o temidos como ellos. Las comidas liquidas son equiparadas con la leche, heces, orina y semen, y las sólidas, a las heces y otras sustancias del cuerpo. Así, la comida puede hacer surgir todos aquellos miedos de ser envenenado y destruido por dentro, que los niños sienten en relación a sus objetos internalizados y sus excrementos, si sus primeras situaciones de ansiedad operan con violencia. (p. 170)

Mediante estos supuestos, la perspectiva kleiniana dejaba abierta la posibilidad de traducir los signos psicopatológicos mediante los códigos de una sexualidad instintiva y adaptativa. Sin embargo, al considerar la originalidad de los fundamentos freudianos sobre la oralidad, tanto en su vertiente clínica como cultural, resulta claro que la relación entre el objeto sexual y el objeto alimentario no se fundaría en una equivalencia simbólica regida por las propiedades y cualidad del objeto. La incorporación canibalística despojaría al alimento de toda propiedad nutritiva, así como de toda cualidad inmanente, para confirmar su variabilidad y subrayar la imposibilidad de consumar una ingesta plena y absoluta. En otras palabras, el carácter pulsional de la oralidad (Freud, 1915/1992) impediría reducir o equiparar el objeto deseado a un estímulo o a una cosa determinada que proveería, de manera unívoca, placer o displacer, pero, imposibilitaría, a su vez, una interpretación fija e inequívoca de sus implicancias psíquicas. Más que una fantasía inconsciente determinada por instintos, tendencias o impulsos, las paradójicas relaciones entre sexualidad y alimento podrían ser conceptualizadas como pulsaciones canibalísticas de la oralidad.

La oralidad involucrada en las pasiones de la ingesta y en los imperativos de la delgadez, reformularía, dramática y radicalmente, las relaciones entre la necesidad y el deseo, para desplegar, en su dinamismo, un circuito pulsional de orden canibalístico en el que la incorporación vehiculizaría un encuentro imposible y fallido con el objeto de deseo e interpelaría la potencia de la lengua materna y la ley paterna para simbolizar los límites del cuerpo y hacer coincidir la necesidad con el placer. Toda palabra del Otro, destinada a precisar o distinguir un posible objeto de deseo, será sometida a los mismos principios que rigen el acto compulsivo o el rechazo del alimento: será devorada, engullida o expulsada, para ser desprovista de todo fundamento. Bajo estos principios, no se trataría de la mera devoración del objeto, de su ingesta inmediata y desmesurada, sino, de un acto en el que el otro es invocado de manera inevitable como sujeto o como objeto de sufrimiento o de goce.

La batalla sostenida con el objeto alimentario - investido por los atributos y deseos otorgados por el Otro - actualizaría las ambivalentes relaciones en las que la necesidad, el deseo y lo sexual, intervinieron el cuerpo libidinal del bebé, así como el cuerpo y el discurso materno. En este sentido, Lacan (1982) advertía que al analizar las sensaciones propiocetivas ligadas a la succión y la prensión, es posible señalar que "el ser que absorbe es plenamente absorbido y el complejo arcaico le responde en el abrazo materno" (p. 36). No se trata del autoerotismo, del narcisismo, ni tampoco del erotismo oral, pues en aquellos tempranos momentos de estructuración psíquica aún no existía una instancia yoica; lo que estaría en juego es el canibalismo, pero un "canibalismo fusional, inefable, al mismo tiempo activo y pasivo, siempre presente en los juegos y palabras simbólicas que, aún en el amor más evolucionado, recuerdan el deseo de la larva" (Lacan, 1982, p. 36).

 

Conclusiones

El breve análisis histórico-conceptual sobre el canibalismo y su inscripción en la concepción psicoanalítica de la oralidad pone en evidencia que su alcance teórico y clínico no podría ser reducido a una alegoría del sadismo, la crueldad o la devoración, ni tampoco podría ser referido a una concepción naturalista de la sexualidad. Los significativos aportes de la oralidad canibalística residirían, más bien, en su interrogación y problematización de las relaciones entre lo interno y lo externo, entre el sujeto y el objeto, entre lo familiar y lo extranjero, entre el deseo y la necesidad, entre el cuerpo y su posible representación.

La potencia metapsicológica de la oralidad permitiría reconocer los procesos psíquicos a través de los cuales el otro deviene objeto de amor y odio en los destinos pulsionales del deseo; los modos en que el cuerpo es resinificado como un cuerpo pulsional que goza y sufre de manera singular y la vías en que las dimensiones sociales e individuales se anudan por obra del deseo y la ley inconsciente. Es a partir de estos elementos que se vuelve posible reconocer la significativa intervención de las pulsaciones canibalísticas de la oralidad en los paradójicos dinamismos que manifiestan los imperativos de la delgadez y las pasiones de la ingesta.

 

Referencias

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Citação/Citation: Obaid, F. P. (2013, dezembro). Las pulsaciones canibalísticas de la oralidad. Revista Latinoamericana de Psicopatologia Fundamental, 16(4), 541-554.         [ Links ]

 

 

Correspondence:
Francisco Pizarro Obaid
Psicólogo; Licenciado en Psicología en la Universidad Diego Portales (Chile); Magister en Psicología Clínica mención Psicoanálisis, Universidad Diego Portales (Chile); Doctor, Universidad Paris VII - Dénis Diderot (Paris, Francia); École Doctorale Recherches en Psychanalyse et psychopathologie (Paris, Francia); Académico Facultad de Psicología, Universidad Diego Portales (Chile)
# Vergara 275
8370076 Santiago, Chile
E-mail: francisco.pizarro@udp.cl

Recebido/Received: 30.9.2012/ 9.30.2012
Aceito/Accepted: 7.12.2012 / 12.7.2012
Financiamento/Funding: O autor declara não ter sido financiado ou apoiado / The author has no support or funding to report.

 

 

Editor do artigo/Editor: Manoel Tosta Berlinck
Copyright: © 2009 Associação Universitária de Pesquisa em Psicopatologia Fundamental/University Association for Research in Fundamental Psychopathology. Este é um artigo de livre acesso, que permite uso irrestrito, distribuição e reprodução em qualquer meio, desde que o autor e a fonte sejam citados / This is an open-access article, which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original authors and sources are credited.
Conflito de interesses/Conflict of interest: O autor declara que não há conflito de interesses / The author declares that has no conflict of interest.
* Texto presentado en el Simposio "A oralidade, o infantil e a melancolia", V Congresso Internacional de Psicopatologia Fundamental y XII Congresso Brasileiro de Psicopatologia Fundamental: Dietética, corpo, pathos. Fortaleza, CE, Brasil, setembro de 2012.
1 Al concluir su estudio clínico sobre la anorexia, Waller et cols. (1940), afirmaban: "El rol de la fantasía de fertilización oral es muy clara en nuestros pacientes, con la boca como el órgano receptivo del alimento, simbolizando la concepción; el tracto gastrointestinal simbolizando el útero y el cese de la menstruación, siendo asociado con el embarazo" (p. 16).
2 Según el cronista Pedro Martir de Angleria (1912), eminente difusor de las hazañas del Nuevo Mundo en Europa, "(...) los caníbales capturaron niños, a quienes castraron, tal como lo hacemos con los pollos y los cerdos que deseamos engordar para la mesa, y cuando hayan crecido y engordado, se los comieron" (p. 63). Al intentar graficar la conducta caníbal, Martir de Angleria (1504) describía que "(...) cuando los toman, los matan y se los comen: y comen los intestinos frescos y las extremidades del cuerpo: el resto lo salan y los dejan hasta el momento adecuado, tal como nosotros hacemos jamón. A la mujer no la matan; sino que las conservan para tener hijos; no de modo distinto, que como lo hacemos con la gallina para los huevos" (p. 487).
3 Al referirse a la antropofagia, Aristóteles (1985) señalaba en su que hay cosas "que no son por naturaleza agradables, pero llegan a serlo, unas por mutilación, otras por hábito, y otras por naturaleza depravada (...) Considero, por ejemplo brutales, disposiciones como la de la mujer de quien se dice que hiende a las preñadas para comerse a los niños, o aquellas como las de algunos pueblos salvajes del Ponto que se complacen en comer carne cruda, o carne humana, o se entregan unos a otros los niños para los banquetes(...) Estas disposiciones son sin duda brutales. Otras se producen a consecuencia de enfermedades o de locura (...) Otras son morbosas o contraídas por hábitos" (p. 3023-303).
4 Según Bartra (2011) "El hombre llamado civilizado no ha dado un sólo paso sin ir acompañado de su sombra, el salvaje. Es un hecho ampliamente reconocido que la identidad del civilizado ha estado siempre flanqueada por la imagen del Otro; pero se ha creído que la imaginería del Otro como ser salvaje y bárbaro - contrapuesto al hombre occidental - ha sido un reflejo - más o menos distorsionado - de las poblaciones no occidentales, una expresión eurocentrista de la expansión colonial que elaboraba una versión exótica y racista de los hombres que encontraban y sometían los conquistadores y colonizadores" (p. 14-15). Para Bartra (2011) el mito del salvaje debe ser considerado "(...) un ingrediente original y fundamental de la cultura europea" (p. 15).

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