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Civitas - Revista de Ciências Sociais

versão impressa ISSN 1519-6089versão On-line ISSN 1984-7289

Civitas, Rev. Ciênc. Soc. vol.14 no.3 Porto Alegre nov./dez. 2014  Epub 09-Mar-2020

https://doi.org/10.15448/1984-7289.2014.3.16472 

Dossiê: Religião e globalização

Evangélicos, globalización y política en Argentina: Intervenciones públicas y misión divina

Evangelicals, globalization and politics in Argentina: Public interventions and divine mission

Marcos A. Carbonelli* 

*Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (Argentina), investigador asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), actúa en el programa Sociedad Cultura y Religión del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (Ceil) en Buenos Aires, Argentina. Principales publicaciones: Evangélicos y política en Argentina (2008), Desde el barrio: perspectivas acerca de la actividad política de pastores evangélicos en el Conurbano Bonaerense (Ciencias Sociales y Religión, 2009), Ciencias sociales, evangélicos y política: una lectura sobre la producción científica acerca de la participación política evangélica en la vida democrática argentina [1983-2010] (Revista Cultura y Religión, 2011), En el evangelio y en el partido: trayectorias políticas de pastores en el Gran Buenos Aires (Revista Colombiana de Antropología, 2012) <m_a.carbonelli@yahoo.com.ar>.


Resumen

En décadas recientes, la participación política de actores evangélicos en América Latina se diversificó, producto de la consideración de las estructuras mundanas como espacios de misión y la consolidación de una agenda de intervención pública. En este trabajo analizaremos la injerencia de dinámicas globales en la praxis de agencias evangélicas que participan en la esfera política en la Argentina contemporánea. Nos centraremos en dos organizaciones evangélicas internacionales, orientadas a la misión en el espacio de la política argentina: Juventud Unida por Una Misión (Jucum) y Capitol Ministre. Precisaremos sus objetivos institucionales, sus metodologías de trabajo y sus estructuras organizativas. En las conclusiones de este trabajo compararemos las performances políticas de estas agencias religiosas, y evaluaremos sus incidencias en la esfera política y en las dinámicas identitarias del campo evangélico local.

Palabras claves: Evangélicos; Política; Argentina; Globalización

Abstract

In recent decades, the political participation of evangelical actors in Latin America has diversified, as a consequence of the consideration of the worldly structures as mission spaces and the consolidation of an agenda of public intervention. In this work we will analyze the interference of global dynamics in the praxis of evangelical agencies that participate in the political sphere in contemporary Argentina. We will focus on two international evangelical organizations, oriented to the mission in the space of politics: Youth United for One Mission (Jucum) and Capitol Ministries. We will determine their institutional objectives, their working methods and organizational structures. In the conclusions of this work, we will compare the political performances of these religious agencies and we will evaluate their incidence on the political sphere and the identity dynamics of the local evangelical field.

Keywords: Evangelicals; Politics; Argentina; Globalization

Introducción

Según la literatura especializada, desde el retorno de la democracia en Argentina la participación política de actores evangélicos se concentró en dos experiencias. En primer término, la protesta contra la desigualdad religiosa, que se desarrolló entre los años noventa y se articuló en una movilización en el espacio público orientada a reclamar mayor igualdad y reconocimiento por parte del estado argentino (Frigerio y Wynarczyk, 2008; Wynarczyk, 2009). Dicha acción política estuvo coordinada y representada por las tres federaciones evangélicas más importantes: Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera), Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (Faie) y Federación Confraternidad Evangélica Pentecostal (FeCEP). Según recientes estudios (Carbonelli y Mosqueira, 2012) esta demanda continuó en el nuevo milenio incluyendo nuevas agencias evangélicas en el debate (como los pastores de las mega iglesias y la diputada evangélica Hotton), un factor que diluyó su potencia y puso de manifiesto diputas internas.

La segunda vertiente corresponde al armado de partidos confesionales en la década del noventa, los cuales compitieron electoralmente en las provincias de Córdoba y Buenos Aires, apelando a la renovación de la política mediante la aplicación de principios bíblicos y al respaldo de la comunidad religiosa de referencia (Wynarczyk, 2010). En el nuevo milenio sobresalieron, por un lado, las candidaturas de referentes evangélicos a instancias de poder local, sustentadas en un trabajo territorial desplegado entre los sectores populares (Carbonelli, 2009; 2012). Por el otro, el proyecto de la diputada Cynthia Hotton, quien intentó desde su espacio Valores para mi País aglutinar las adhesiones de fieles evangélicos y católicos mediante la defensa mediática y legislativa de una agenda centrada en la defensa de la vida (Carbonelli y Mosqueira, 2010; Carbonelli, 2013). Pese a sus diferencias en cuestiones de agenda y base de sustentación, las experiencias de una y otra década coincidieron en los magros resultados obtenidos en el terreno electoral, y este hecho agudizó la singularidad argentina respecto a otras experiencias latinoamericanas (cf. Freston, 2001).

Aportes provenientes de la sociología de la religión han mostrado recientemente que estos casos no monopolizan las intersecciones entre lo político y lo evangélico. La creciente intervención de iglesias e instituciones evangélicas en debates como la despenalización del aborto o el matrimonio homosexual (Jones et al., 2010; Carbonelli, Mosqueira y Felitti, 2011; Jones y Carbonelli, 2012) mostraron la opción por otro formato participativo, anclado en la esfera pública y en la intención de defender valores considerados esenciales. Paralelamente, estudios antropológicos vienen sosteniendo que el trabajo institucional sobre la subjetividad de los creyentes (intentando adecuar sus vidas a una ética trascendente) configura la dimensión política más importante en el espacio evangélico (Algranti, 2010; Semán, 2013). En sintonía con estas perspectivas de trabajo, en esta comunicación abordaremos la praxis de agencias evangélicas que participan políticamente en la Argentina contemporánea mediante un trabajo pastoral sobre figuras políticas. Nos centraremos en dos casos: la organización Parlamento y Fe y el movimiento Juventud Unida por Una Misión (Jucum). Daremos cuenta de sus orígenes históricos, objetivos institucionales, sus relaciones con dinámicas evangélicas globales, metodologías de intervención en lo político y estructura organizativa. En las conclusiones compararemos sus performances políticas, evaluaremos sus actuaciones en la esfera política y su impacto en las dinámicas identitarias del campo evangélico local.

Este trabajo se inscribe en una perspectiva metodológica cualitativa, cuyo principal insumo resultan las entrevistas recurrentes y en profundidad efectuadas a los líderes de las organizaciones citadas. También hemos realizado análisis de contenido de noticias sobre Jucum y Parlamento y Fe en prensa nacional y prensa evangélica, y de documentos escritos, publicaciones en espacios digitales y presentaciones televisivas de sus referentes.

Parlamento y Fe: construcción de una misión evangélica personalizada

Parlamento y Fe se instaló en Argentina en diciembre de 2008. Su director, Luciano Bongarrá, proviene de una familia evangélica de varias generaciones en el país, con una importante tarea pastoral en el área educativa, reflejada en la fundación de una iglesia y un colegio en el barrio porteño de Devoto. En esta última institución Bongarrá se desarrolló como consejero humanista durante varios años, hasta que finalmente concentró su labor profesional en la entidad que actualmente preside.

El nombre original de la organización fue Capitol Ministre, tomando como referencia una experiencia de evangelización desarrollada por un amigo personal de Bongarrá en el parlamento norteamericano. Los escasos avances registrados durante una primera etapa de trabajo motivaron la adopción del nombre de “Parlamento y Fe”, para utilizar una referencia más cercana a la cultura política nacional.

El objetivo de la organización es influenciar en la vida espiritual de legisladores, funcionarios y demás actores que componen el poder público mediante una actividad de pastoreo. En palabras de su director:

Parlamento y Fe existe para compartir la palabra de Dios en el mundo de la política. Es un espacio de oración, de estudio de la Biblia. No es proselitismo religioso, es una actitud de pastorado que se dá todas las semanas en el Congreso Nacional. No queremos ser “la parte política del Evangelio”, sino la parte más sustancial, la parte espiritual dentro de la política (Luciano Bongarrá, entrevista personal, 27 dic. 2011).

El lema que inspira las actividades de Parlamento y Fe es: “No cambiamos leyes, cambiamos corazones”. Esta consigna, sumada a las definiciones brindadas por su líder, sintetizan dos elementos claves de esta empresa evangelística: a) un diagnóstico sobre el panorama político y de sus principales actores y b) una propuesta de reversión de su lógica dominante.

Para Parlamento y Fe, el quehacer político en Argentina se encuentra estructurado bajo una lógica signada por el antagonismo. Los dirigentes políticos se concentran básicamente en la crítica a sus adversarios y en desarrollar una carrera política exitosa y permanecer en el poder, sin preocuparse por la construcción del bien comunitario:

Acá [el Congreso Nacional] todos van a un lugar a decir lo que piensan, y si vos pensás diferente, sos mi enemigo. No sos alguien que me puede iluminar. Nadie está pensando en el tema de la fe, sino en perpetuarse. Terminan cuatro años…y ya piensan cómo y donde engancharse los cuatros años que siguen. Todo eso hace que el político no sea alguien reflexivo, sino alguien que vive estresado (Luciano Bongarrá, entrevista personal, 12 dic. 2013).

La reproducción de estas prácticas redunda en la erosión del vínculo entre la clase política y el resto de los ciudadanos, lo cual acarrea, desde la óptica de esta empresa evangelística, la generalización de la apatía y violencia entre los diferentes estratos sociales. De esta visión se desprende la idea de que la problemática de la política no reside per se en dicha esfera, sino en las subjetividades, las emociones y los sentimientos de los actores que la pueblan; la materia prima a partir de la cual se producen hechos políticos como leyes, debates, alianzas o fracturas:

No es que la política no nos guste: queremos tener una política sana, activa. Pero el contrapunto es una política enferma, corrupta. Creemos que la corrupción está en el corazón del hombre. He aprendido que las sesiones parlamentarias son teatralizaciones, las decisiones se resuelven mucho antes. Y en esa instancia pasan muchas cosas, hay muchas presiones. Los diputados y los senadores tienen mucha carga, porque tienen que responder al partido, a su conciencia… Yo creo que hay muchas cosas que cambiar, pero también creo que el político es una persona que necesita de una visión, de una palabra […]. El político en el fondo es un hombre como cualquiera, que tiene debilidades, momentos de crisis, angustias. Entonces hay que trabajar en ese hombre, para cambiar el entorno (Luciano Bongarrá, entrevista personal, 27 dic. 2011).

Frente a un panorama de (supuesta) crisis de lo político, la respuesta debe hallarse en la postulación del amor como una nueva competencia política. El amor entendido, no como un sentimiento, sino como una acción, como una práctica que se conjuga en la vida cotidiana, y que propicia el advenimiento de “un nuevo camino”, “un nuevo tiempo”. La consideración del adversario como “prójimo”, y la ponderación de la gratuidad y la humildad, resultan los pilares de una transformación radical, situada en la actividad cotidiana y personal de cada legislador.

Una muestra de esta visión pastoral resultan las cartas que la organización distribuyó en cada uno de los despachos de los diputados y senadores nacionales a finales del año 2009. Las misivas se titulaban “Instrumentos de reconciliación” y estaban encabezadas por la siguiente leyenda:

Argentina vive tiempos de confrontación y necesita imperiosamente un nuevo camino que dé a toda la ciudadanía un tiempo de esperanza y de paz. Parlamento y Fe quiere ser un aporte fundamental en la concreción de este nuevo tiempo que esperamos encontrar. Este compromiso que asumimos, lo hacemos desde el convencimiento que sólo volver la mirada a nuestro creador hará que comencemos a ver cambios en el corazón de cada líder (Parlamento y Fe, Instrumentos de reconciliación, 11 nov. 2009).

El mensaje se completaba con pasajes y citas bíblicas: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a quiénes los odian, bendigan a quiénes los maldicen, oren por quienes los insultan”. También figuraba en la narración fragmentos de la parábola del Buen Samaritano y del relato de la Última Cena.

La propuesta de Parlamento y Fe resulta novedosa porque tensiona dos postulados cruciales de la filosofía política occidental. Por un lado, la conceptualización de la acción política como una praxis pública, imprevisible, única. Una práctica que supera en su propia emergencia y excepcionalidad tanto el carácter rutinario de la administración y la burocracia (Weber, 1997), como el plano homogéneo y privado de lo doméstico (Arendt, 2005). Por el otro, la comprensión del amor como la actividad más intima, más privada de todas aquellas que puede emprender el hombre, precisamente porque se refugia en el plano del des-interés y de la ética afectiva (Arendt, 2005). En contrapunto, en la cosmovisión de Parlamento y Fe ambas lógicas se concilian y retroalimentan; lo emocional y lo estratégico dejan de ser territorios incompatibles, ya que se anudan en las vivencias subjetivas de los legisladores.

¿Cómo se materializa el trabajo pastoral de Parlamento y Fe? ¿Qué herramientas utiliza en su apuesta por transformar “los corazones y las emociones” de los políticos? Su metodología de trabajo se desdobla en dos operaciones fundamentales. En primer lugar, la generación de contactos directos con los actores políticos mediante misivas como la que describíamos en párrafos precedentes. En esta variante procura que los legisladores participen de espacios de reflexión espiritual, donde se leen e interpretan pasajes bíblicos y que experimenten una vivencia espiritual. La actividad se completa con encuentros especiales con aquellos políticos, funcionarios y asistentes que desean profundizar su dimensión espiritual o ser aconsejados frente a una dolencia o conflicto personal. Los encuentros de oración se llevan a cabo en el propio Congreso Nacional argentino, en una de las salas contiguas a la Cámara de Diputados. La opción de trabajar en el ámbito donde la clase política cumplimenta sus quehaceres (debates en comisiones y en cámara, acuerdos, discusiones y negociaciones en los pasillos, conferencias de prensa, eventos, etc.) responde al ejercicio de un dominio simbólico del espacio, en tanto allí se despliega una lucha entre fuerzas terrenales y divinas, enroladas a su tiempo en los bandos del bien y del mal, de la vida y de la muerte:

¿Lo que nosotros estamos haciendo es algo inédito? No, ya lo vienen haciendo otros desde mucho antes, brujos, magos, sólo que con una base de muerte. Es sabido que todo político tiene un curandero o un brujo que lo asesora.

Wynarczyk (1995) y Segato (2007) señalan que las proyecciones pastorales se encuentran guiadas por una cosmología que integra en una misma realidad, tiempo y espacio, lo invisible y lo sensible, lo terrenal y lo celestial. En esta nueva versión de la guerra espiritual los brujos, los curanderos y los cultos esotéricos en general son afiliados discursivamente al bando del mal, mientras que los evangélicos representan la vanguardia de la conquista de la política para Dios.

La segunda parte de la metodología de trabajo de Parlamento y Fe remite a la generación articulada de contactos para extender y ramificar el trabajo pastoral sobre el mundo de la política. Esta producción de redes se divide en dos fases. La primera observa un carácter nacional y se emplaza sobre los circuitos evangélicos locales: en los últimos dos años, Bongarrá se ha preocupado por vincularse con los pastores más destacados de las ciudades del interior del país, para procurar que estos referentes se conviertan en representantes de Parlamento y Fe y desplieguen una tarea evangelística idéntica a la protagonizada por Bongarrá en el Congreso Nacional. El mantenimiento de esa red se realiza mediante visitas periódicas a las nuevas sedes, y fundamentalmente, a partir de la organización de congresos anuales donde los representantes de Parlamento y Fe se reúnen para compartir sus experiencias, continuar su entrenamiento y debatir horizontes de trabajo.

La segunda fase de la red observa un carácter internacional y responde a la fundación de centros de Parlamento y Fe en países limítrofes (Paraguay, Uruguay, Bolivia), pero también en regiones más distantes como Europa (Francia, España) y Oceanía. Este punto grafica el carácter global del emprendimiento evangelístico en cuestión: una propuesta originaria del contexto político-religioso norteamericano fue importada en su momento por un líder argentino, el cual resignifica la experiencia, intenta adoptarla a las particularidades de la dinámica política argentina, y finalmente, la “exporta” hacia otros rincones del mundo.

Es importante destacar que para el liderazgo de Parlamento y Fe, la metodología de trabajo y los horizontes pastorales desplegados hasta el momento le han permitido se desmarcarse de otras modalidades evangélicas de intervención pública, como las de la federación Aciera, a priori más convencionales:

Hay mucho lobby evangélico, pero es diferente a lo que yo hago. Está la organización Aciera, que hace lobby para que ciertas leyes no salgan, al igual que la Iglesia Católica. Está perfecto, pero yo no me dedico a eso. He prohibido que tengamos acción política directa (Luciano Bongarrá, entrevista personal, 27 dic. 2011).

Mientras que a la federación se le adjudican actividades emparentadas con el lobby (reuniones personales con diputados y senadores para presionarlos, presentaciones en las audiencias de las comisiones legislativas, organización de marchas y movilizaciones para defender sus demandas); el dirigente de Parlamento y Fe propone un trabajo situado en el orden de lo cotidiano, en el contacto personalizado con las emociones y tensiones que atraviesan a los legisladores, independientemente de sus extracciones políticas. En definitiva, un registro de intervención religiosa en el orden de lo cercano, casi en el registro de lo invisible-imperceptible (Parlamento y Fe), se contrapone a otra modalidad inscripta en el plano de la visibilidad mediática y que actúa en los momentos decisivos, extra-ordinarios (Aciera). A la primera se le adjudica una eficacia futura, consolidada en el trabajo día a día, mientras que a la segunda, una pretensión de poder que tiene a la Iglesia Católica como espejo, pero que cuenta con la desventaja de introducirse en arenas públicas (los medios de comunicación, la discusión legislativa, la calle) donde compite de manera desigual con otros actores: minorías activas, funcionarios y dirigentes políticos que trabajan por ampliar la actividad regulatoria del estado en diversas esferas de la vida.

Parlamento y Fe se compone de un total de trescientos miembros, distribuidos en diferentes puntos del país: Tucumán, Santa Fe, Rosario, Chaco, Salta, Santiago del Estero, y la región patagónica. En cada una de estas sub-organizaciones existe una marcada división de tareas. Mientras que los referentes con mayor trayectoria se encargan de los vínculos con los políticos y de las actividades espirituales, otros menos experimentados se ocupan de la producción de publicidades, la difusión de los eventos del movimiento, y la formación de redes de contacto locales. El único actor con dedicación full time es el líder, Luciano Bongarrá, y a la vez es el único que recibe un salario a partir de su actividad. El resto de los colaboradores y los representantes de Parlamento y Fe en el interior del país observa una dedicación parcial y no percibe renta alguna. La financiación de las actividades de Parlamento y Fe (viajes al interior, publicidades, folletería, sueldo de los líderes más importantes) se sustenta con donaciones de empresas cristianas, y esto refuerza la autonomía de la organización en la planificación de sus objetivos.

Jucum: la misión evangélica como intervención divina

Jucum es una entidad cristiana, presente en ciento setenta y dos países. Posee una organización descentralizada, que prioriza la autonomía de cada núcleo nacional en la financiación, toma de decisiones, disposición de áreas de trabajo y delineamiento de los perfiles de liderazgo. Su director en la Argentina es el pastor Alejandro Rodríguez, quien comparó la organización de Jucum “con una fraternidad internacional, que no tiene un concepto de franquicia como McDonald” (Alejandro Rodríguez, entrevista personal, 12 oct. 2011). En esta diferenciación se anticipa un criterio de trabajo que privilegia la adecuación y el diálogo con los patrones culturales y políticos de la sociedad receptora.

La organización según la lógica de la fraternidad global habilita la circulación permanente de los miembros de Jucum por sus filiales mundiales. Dicha entidad se divide entre misioneros de tiempo completo, rentados a partir de las donaciones recibidas, y un cuerpo de voluntarios, que tienen alguna actividad propia o son apoyados económicamente por sus comunidades o congregaciones de origen. Jucum también se destaca por su integración interdenominacional, profundizando una línea de trabajo pastoral que desde finales de la década del ochenta fracturó las fronteras de las congregaciones y ponderó la formación de una identidad “evangélica” o “cristiana”.1

Las actividades de Jucum se estructuran bajo el concepto de misión, que remite a “la predicación del evangelio en todas las naciones, de todas las formas posibles, a todo tipo de personas” (Alejandro Rodríguez, entrevista personal, 12 oct. 2011). Se trata de una apuesta al diálogo y transformación de las estructuras mundanas, a partir de la aplicación de una ética religiosa:

La organización tiene como propósito ser influencia, como una levadura en la masa, en la sociedad en la cual estamos y en lo que llamamos en las esferas de influencia de la sociedad: arte, deporte, educación, ciencia y tecnología, salud, medios de comunicación, industria, comercio, economía, gobierno. Hay una perspectiva de Dios, hay un estilo de vida de Dios, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones personales, la familia, los hijos, el dinero. La predicación del evangelio es una predicación integral, que transforma al individuo, la familia, la sociedad, una nación (Alejandro Rodríguez, entrevista personal, 12 oct. 2011, el resaltado es nuestro).

La referencia a una cosmovisión que supera la prédica institucional y que plantea volverse un “estilo de vida de Dios” se asimila al concepto de adecuación activa, que según Algranti (2010), rige como estrategia pastoral en las megaiglesias evangélicas.2 Dicha categoría alude a un conjunto de prácticas, símbolos y sentidos impartidos en los espacios de formación eclesiales, por medio de los cuales el creyente intenta orientar su accionar en el mundo, adecuando sus actividades cotidianas con las doctrinas y reglas religiosas (Algranti, 2010, p. 216).

La formación de liderazgos cristianos para la política responde a una cosmovisión particular sobre las dinámicas que conforman el mundo de la política profesional y del rol que en ellas juega lo evangélico:

La labor de Jucum tiene que ver con enseñar, acompañar, inspirar, modelar, discipular a personas que tienen un encuentro con Dios y que ven la política y la función pública como un llamado al ministerio, como un llamado al servicio, como una vocación, como si fuera la misma que ser pastor, para nosotros no tenemos esta dicotomía de lo sagrado y secular […]. Entrenamos, modelamos a gente de nuestras iglesias evangélicas, que se está preparando o que ya está militando en algún partido político, sea cual fuere, para que pueda crecer y entrar en esas áreas, pero con una firme identidad en Cristo (Alejandro Rodríguez, entrevista personal, 12 oct. 2011).

La descripción brindada por Alejandro Rodríguez pone en escena la continuidad planteada entre la vocación religiosa y la vocación política, al punto de asimilar esta última a la labor pastoral. Este planteo también prioriza la pertenencia religiosa (“la firme identidad en Cristo”), por sobre las afinidades y las obligaciones estrictamente partidarias. No importa cuál fuera la estructura de pertenencia: Jucum considera que sobre ella prevalecerá el aprendizaje impartido, ya que la esfera política se subordina a los dictámenes de lo trascendente y sus intérpretes.

En base a esta premisa, el pastor Alejandro Rodríguez concatenó su propuesta con una crítica evaluación de las históricas relaciones entre lo político y lo religioso en Argentina:

La derrota de los partidos evangélicos en los noventa fue lo mejor que nos pudo pasar. Porque en la primera tanda de gente cristiana que se mete en la política hay oportunistas. Esa primera camada de gente hay que dejarlos pasar, hasta que va surgiendo otra generación más procesada. Ahora, nosotros entendemos que si la gente está sola, finalmente es absorbida por un sistema de inequidad y corrupto como es el de la política. Pero si forma equipo, si discipula personas… Nosotros les decimos a los que han formado nuevas estructuras que las tienen que modelar desde cero.

[…] No buscamos “el poder evangélico”, porque cuando algo se establece como poder ese día ya comenzó su corrupción. Y esa es una gran pesadumbre para la Iglesia Católica. Disfrutó por un tiempo y hasta el día de hoy se están lamentando ser un eje de poder. Para nosotros, nuestro poder pasa por otro lado. La idea es ser influencia, levadura, masa crítica, y no en constituirnos un eje de poder. Nosotros estamos preparando gente para que vayan creciendo… por abajo. Si a mí me das a elegir entre tener un intendente evangélico o diez concejales, elijo diez concejales. Ni lo dudo. Porque ellos pueden ser de más influencia, de más servicio (Alejandro Rodríguez, entrevista personal, 12 oct. 2011).

En su lectura del pasado, Jucum busca diferenciarse de dos experiencias consideradas caducas. Por un lado, los partidos confesionales evangélicos de la década del noventa, quienes en su desarrollo mostraron la incompatibilidad entre los vicios del oportunismo, y una propuesta de renovación política fundada en el Evangelio. Por el otro, las tradicionales influencias de Iglesia Católica sobre el sistema político, que le valieron su constitución como “eje de poder” (es decir, en un actor que cuenta con recursos y vías de acceso a las decisiones de la clase política), pero a costa de erosionar su legitimidad como empresa religiosa. Pese a sus distancias, ambos casos son criticados por desvirtuar la potencialidad transformadora del mensaje religioso en pos de la prosecución del interés particular. En contrapunto, Jucum se orienta a la formación de líderes a largo plazo y a nivel micro, a fin que los dirigentes evangélicos se demuestren capaces de renovar las estructuras del mundo de la política, a partir de su peso numérico.

La intervención más directa de Jucum se brinda en un segundo campo, puntualmente en la relación con la clase política, dividida en cuatro roles: pastoral, profético, de enseñanza y apostólico. En un planteo semejante al de “Parlamento y Fe”, el rol pastoral se preocupa por la dimensión humana de los políticos, de sus problemáticas personales-afectivas y se concentra en procurar que la clase dirigente “tenga un encuentro con Dios”. En esta perspectiva, Rodríguez fundó en noviembre de 2002 el Centro Nacional de Oración, un espacio ubicado a pocos metros de la Casa de Gobierno (Casa Rosada), donde los líderes de Jucum asesoran espiritualmente a ministros, legisladores, sindicalistas, entre otras personalidades del mundo de la política (Pulso Cristiano 80, 1 feb. 2007).

La dimensión profética remite a la posibilidad de criticar a los gobernantes cuando su acción se distancia de los preceptos bíblicos. Relacionada con esta dimensión se encuentra el trabajo de enseñanza, que implica impartir conocimientos a la clase dirigente a partir de principios evangélicos, “lo que enseña la Biblia sobre cómo debería ser como funcionario” (Alejandro Rodríguez, entrevista personal, 12 oct. 2011). Finalmente el rol apostólico sintetiza los aportes que desde el campo evangélico pueden realizarse para contribuir a una mejora en la calidad de vida del pueblo.

De los cuatro roles mencionados, el profético resultó el más relevante en la plataforma política de Jucum e inclusive potenció la imagen pública del pastor Rodríguez. Su primera intervención tuvo lugar en el contexto eleccionario de 2007 en la ciudad de Buenos Aires, donde Rodríguez se opuso a la candidatura de Daniel Filmus, porque apoyaba la despenalización del aborto y porque pertenecía al mismo partido que el gobierno nacional (en manos del kirchnerismo), lo cual redundaría en una excesiva acumulación de poder. Rodríguez alegó que “había recibido una palabra de Dios”, y que ésta revelación informaba su postura (Pulso Cristiano 89, 21 jul. 2007).

El pronunciamiento de Rodríguez condensó una apuesta por encolumnar el voto evangélico en torno a la figura de la oposición, Mauricio Macri. Dicho posicionamiento le valió a Rodríguez apoyos y críticas en el espacio evangélico y afianzó sus vinculaciones con el mundo político. Una vez electo Mauricio Macri, Rodríguez se transformó en uno de sus principales interlocutores con el mundo evangélico, coordinando la inclusión de pastores en tareas de acción social a cargo del gobierno de la ciudad (Pulso Cristiano 117, 21 agosto 2008).

La segunda intervención gravitante de Jucum tuvo lugar en los meses de abril, mayo y junio de 2010, en el marco del debate de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo. En sintonía con otros actores evangélicos Jucum participó de dicha controversia pública, colaborando tanto en la organización de marchas contra la sanción de la ley como en las visitas a los legisladores nacionales, a los fines de “concientizarlos” y advertirles el peligro que conllevaba la sanción del proyecto de ley en cuestión.

Con la sanción de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo el 15 de julio de 2011, las intervenciones de Jucum priorizaron la oposición a la despenalización del aborto. Alejandro Rodríguez encabezó la campaña gráfica “Antes de abortar, hacete una ecografía”, que incluyó publicidades alusivas, distribuidas en afiches callejeros, lunetas de colectivo y mesas públicas, donde los líderes y misioneros de Jucum repartieron folletos y organizaron charlas de concientización.

Conclusiones

En este trabajo hemos descrito dos experiencias políticas evangélicas, que se destacan por su conexión con dinámicas globales. Nos concentramos primero en Parlamento y Fe, cuya metodología de trabajo fue importada del contexto político-religioso norteamericano y adaptada al ámbito político argentino. Distanciada de la modalidad del lobby y de la intervención en la arena partidaria, esta organización proyecta su trabajo pastoral en la dimensión íntima-afectiva de los legisladores, procurando incidir en su estilo de vida y relación con lo trascendente. Dotado de una pequeña estructura y asistido económicamente por una red de contactos personales, se propone reemplazar la lógica antagónica de lo político por valores como el desinterés, el amor y la disolución del conflicto. A continuación caracterizamos a Jucum como exponente de una lógica transdenominacional y globalizada, cuya política pastoral se orienta tanto a la formación de cuadros dirigenciales evangélicos, como a la crítica a la clase política por aquellas iniciativas que contrarían el orden divino. En esta línea se destaca la protección de valores considerados sagrados, como la intangibilidad de la vida humada desde la concepción, y el carácter heterosexual-patriarcal del núcleo familiar.

Pese a sus diferencias, los casos analizados observan denominadores comunes. En primer lugar, la definición de lo político como el lugar de la falta, de la finitud; de una ausencia de sentido que sólo la articulación con una perspectiva religiosa puede subsanar. Para Parlamento y Fe y Jucum, lo político remite a un espacio donde reina la corrupción, la decadencia moral y la prosecución del interés privado. Sin embargo, no se trata de una esfera contaminada per se. La distorsión se origina en el distanciamiento de la clase política con un deber ser que emana de principios divinos y que entiende a la política como la esfera del desinterés, de la búsqueda del bien común, de la ausencia de acciones estratégicas-instrumentales. En la praxis de estas entidades evangélicas impera un sentido normativo, que conceptualiza a los funcionarios como un personal susceptible de ser pastoreado por una lógica religiosa, criticado o inclusive reemplazado, si amenazan derechos, atribuciones e instituciones considerados prioritarios e intangibles.

En segundo término, las experiencias de Parlamento y Fe y Jucum exponen la diversidad como patrón constitutivo del espacio evangélico. Como vienen marcando varías líneas de trabajo (Oro y Semán, 2000; Freston, 2001), el abordaje evangélico sobre lo político, lejos de ser unidireccional y homogéneo, representa un fenómeno complejo, que se despliega a partir de una multiplicidad de agencias, cada una de ellas gobernada por sus propios objetivos y maneras de acercarse a las esferas de poder. Además de compartir el rasgo preponderante de la autonomía, las empresas evangelísticas lideradas por Bongarrá y Rodríguez visibilizan la incidencia de dinámicas globales en las configuraciones políticas del mundo evangélico local. En otras palabras, no son las tradiciones ni las tendencias autóctonas las que establecen los términos de los puentes pastorales con lo político. La conocida flexibilidad del discurso y praxis evangélica permite a emprendimientos, a priori foráneos, adaptarse a las normas y sentidos culturales de cada país y resignificarlos de acuerdo a su propia cosmovisión (Oro y Semán, 2000). Para Freston (2001, p. 292), la ductibilidad del mensaje evangélico representa una fuerza y al mismo tiempo una debilidad de este movimiento religioso, porque favorece su permeabilidad y adaptación cultural, al mismo tiempo que aísla las experiencias evangélicas en política.

Esta última observación nos conduce al interrogante sobre la potencialidad de estos casos en el terreno político argentino. A partir de la originalidad de sus abordajes ¿podrán estas experiencias revertir la tendencia negativa que se ciñe sobre las tentativas evangélicas en Argentina desde la década del noventa? Si bien sus trabajos pastorales se inscriben en una perspectiva a largo plazo, pueden anticiparse dificultades provenientes de dos frentes, externo e interno. En el plano externo, los signos de revitalización que se registran en el campo partidario argentino desde la emergencia del kirchnerismo (constatados en los niveles de participación ciudadana, y en la reactivación de la militancia política, entre otros fenómenos) ponen en duda la efectividad de un discurso que diagnostica permanentemente el estado de minoridad de lo político y la pauperización de sus identidades. En la medida en que las agencias evangélicas radicalicen su predicamento moral sobre la praxis política, corren el riesgo de quedar marginadas del proceso de recomposición de la representación política, un fenómeno cuya fortaleza no reside en la gravitación de juicios normativos, sino en la recuperación de prácticas de consumo y en la extensión de derechos sociales y de ciudadanía sexual y reproductiva.

En el plano interno, los obstáculos provienen de la dificultosa y siempre provisoria construcción de la identidad evangélica como religión pública. Tensión mayúscula que tuvo sus primeros episodios en los desencuentros evangélicos registrados en los debates públicos de la ley de Unión Civil y de Educación Sexual en la ciudad de Buenos Aires en 2003 y 2004 (Jones et al. 2010), del matrimonio igualitario en 2010 (Jones y Carbonelli, 2012), y fundamentalmente, en las fracturas activadas en torno al fallido proyecto de ley de libertad religiosa de la diputada evangélica Hotton, cuando este fue intensamente criticado por diversos actores del propio campo (Carbonelli y Mosqueira, 2012). En la medida en que las organizaciones caracterizadas en este artículo mantengan su anclaje local y sus intenciones de aproximarse a lo político no podrán permanecer ajenas a la disputa por la representación comunitaria ni obviar los riesgos que esto conlleva.

En suma, casos como los que reporta esta comunicación ponen en escena una politicidad evangélica diversa y autónoma, mutante y dinámica; productora en definitiva de nuevas tensiones e interrogantes, que delinean una agenda promisoria para los estudios religiosos contemporáneos.15 20

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1Hasta mediados de la década del ochenta, el mundo evangélico se encontraba enmarcado en lo que Marostica (1997, p. 247) denominó el paradigma misionero: una modalidad de organización eclesial cerrada, derivada de “olas” inmigratorias que fomentaron la preservación de la identidad denominacional y el apoliticismo. Con la apertura democrática (1983), se inicia el proceso de politización evangélica, sustentado en la pentecostalización del campo evangélico (Semán, de Majo y Wynarczyk, 1995) y la conformación de un nuevo repertorio de creencias y acciones colectivas que favorecieron la organización de actividades interdenominacionales y la construcción de una identidad común.

2Las megaiglesias constituyen un formato de organización eclesial pentecostal de notorio crecimiento mundial en las últimas décadas. Con una feligresía superior a los veinte mil miembros, dichos espacios religiosos se estructuran en torno a la figura de un pastor central y su esposa, y se caracterizan por su organización celular, articulando diferentes estratos de liderazgo. En Argentina se destacan la mega iglesia “Rey de Reyes” del pastor Claudio Freidzon, “Catedral de la Fe”, de Osvaldo Carnníval y “Centro Cristiano Nueva Vida”, del pastor Guillermo Prein (Algranti, 2010).

Aprobado: 26 de Junio de 2014; Recibido: 31 de Enero de 2014

Autor correspondente: Marcos A. Carbonelli, Saavedra 15, 1083 Ciudad Autónoma de Buenos, Argentina

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