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Civitas - Revista de Ciências Sociais

versão impressa ISSN 1519-6089versão On-line ISSN 1984-7289

Civitas, Rev. Ciênc. Soc. vol.15 no.3 Porto Alegre jul./set. 2015

https://doi.org/10.15448/1984-7289.2015.3.19530 

Dossiê: América Latina como lugar de enunciação

Encarte digital

Desafos a la historia de Amrica Latina: Una visin de gnero

Challenges to Latin American history: A gender perspective

Sara Beatriz Guardia* 

*Escritora, profesora y investigadora de la Facultad de Ciencias de la Comunicacin de la Universidad de San Martn de Porres, em Lima, no Peru <sarabeatriz@telefonica.net.pe>.


Resumen:

En Amrica Latina la historiografa enfrenta dos retos insoslayables: la deconstruccin de una historia eurocntrica basada en principios y valores considerados universales que distorsionaron la visin y estudio de las culturas que se desarrollaron a lo largo de varios miles de aos antes de la conquista espaola y portuguesa, en el caso de Brasil; y la deconstruccin de una historia patriarcal que no visibiliza a las mujeres en los diferentes procesos de nuestra historia. Revertir y transformar esta situacin es el objetivo de nuestro trabajo centrado en visibilizar a las mujeres en sus espacios, prcticas culturales, y participacin en la historia del continente. Solo as tendremos una historia integral que recoja ambas experiencias.

Palabras claves: Deconstruccin; Historia; Eurocentrismo; Patriarcalismo

Abstract:

Latin America historiography faces two unavoidable challenges: The deconstruction of a Eurocentric history based on principles and values considered to be universal that distorted vision and study of cultures that developed over several thousands of years before the Spanish Conquest and Portuguese, in the case of Brazil; and the deconstruction of patriarchal story that does not make visible women in the different processes in our history. Reverse and transform this situation is the objective of our work focused on the visibility of women in their spaces, cultural practices, and participation in the history of the continent. Only then we will have a comprehensive history that collect both experiences.

Keywords: Deconstruction; History; Eurocentrism; Patriarchy

Antecedentes

Hasta comienzos del siglo 21 las mujeres que figuran en el discurso histrico son excepcionales por su belleza, virtudes o herosmo (Perrot, 1995, p. 71). Todas las dems no existen en una historia fundada en personajes de la lite, batallas y tratados polticos; una historia que registra e interpreta los distintos procesos y experiencias que ha vivido la humanidad a travs de la visin, pensamientos y manifestaciones de quienes la han escrito. Todos hombres en su mayora de clases y pueblos dominantes que se erigieron segn el modelo androcntrico, en el centro arquetpico del poder ejercido en el espacio pblico y en un tiempo cronolgico (Moreno Sard, 1986), de acuerdo a la divisin de lo privado y lo pblico que articula estructuralmente las sociedades jerarquizadas. Segn lo cual los hombres aparecen como los nicos capaces de gobernar y dictar leyes, mientras las mujeres ocupan un lugar secundario, en el espacio privado y alejadas de los grandes acontecimientos de la historia.

El cambio en la historia oficial se produjo en el siglo 18 cuando el mbito privado comenz a configurarse separado del poder poltico (Nogal Fernndez, 2006, p. 36). Hecho que constituye un punto de partida de la visibilidad de las mujeres, puesto que una historia que solo enfoca la esfera pblica, entendida como el espacio de las relaciones de poder poltico y econmico, significa una mirada de los hombres hacia los hombres. Aqu, las huellas pblicas y privadas de las mujeres han quedado borradas, silenciadas en los archivos pblicos, invisibles para la historia (Perrot, 1999, p. 13). Varios factores posibilitaron esta transformacin: la Ilustracin en la que razn y educacin constituyeron caractersticas por excelencia; el liberalismo que plante la igualdad aunque sin poder concretar su propuesta durante la revolucin francesa cuando las mujeres demandaron que la Declaracin de los derechos del hombre y del ciudadano las incluyera. El principio de que la igualdad, la libertad y la autonoma son comunes a todos los seres humanos, permiti que las mujeres articularan un proyecto como movimiento social con diferentes corrientes tericas y tendencias que explican las causas de la subordinacin de las mujeres y las estrategias del cambio.

Pero si las huellas de las mujeres han sido borradas, Cmo podemos conocer sus formas de vivir la cotidianidad, e interpretar sus pensamientos, emociones y acciones? Cmo aproximarnos a los hechos que originaron cambios desde las mujeres? Qu sabemos de ellas si hasta los tenues rastros provienen de la mirada de los hombres que gobiernan la ciudad, construyen su memoria y administran sus archivos? (Duby-Perrot, 1991, p. 44). En definitiva, cmo dirigirse al sujeto histricamente mudo de la mujer, y de qu manera conocer el testimonio de la propia voz de la conciencia femenina? (Spivak, 2011, p. 80). La nica respuesta est en la deconstruccin de la historia con la inclusin de las mujeres como sujetos histricos; de lo contrario como bien dice Michelle Perrot, significara llenar un casillero hasta ahora vaco de presencia femenina.

El inicio se situ en 1929, cuando coincidiendo con la crisis del capitalismo, Marc Bloch1 y Lucien Febvre fundaron en Pars la revista Annales dhistoire conomique et sociale, que transform el concepto de la historia al priorizar una historia social que inclua mentalidades, vida cotidiana, costumbres, familia, sentimientos, y subjetividades colectivas, permitiendo as estudiar a las mujeres como sujetos histricos. Hasta entonces, se haba ubicado a la familia en la esfera privada separada de otro tipo de relaciones sociales, lo que contribuy a perpetuar una ideologa de la domesticidad, y promover la invisibilidad de las mujeres como trabajadoras (Scott, 1992, p. 54). Tal como seala Lucien Febvre, la historia no se hace en absoluto dentro de una torre de marfil. Se hace en la misma vida, y por seres vivos que estn inmersos en el siglo (Chartier, 2008, p. 16).

Coincidiendo con la aparicin de la Escuela de los anales, un grupo de historiadoras inglesas fundaron la Conferencia de mujeres historiadoras de Berkshire, buscando influir en la American historical association dominada por los hombres. Pero ms all de la necesidad de permear las instituciones lo que se plante entonces como aspecto primordial fue estudiar el pasado de las mujeres a travs de los ojos de las mujeres. Data de 1933 el planteamiento pionero de la historiadora norteamericana, Mary Ritter Beard, con su libro, America through womens eyes (Amrica a travs de los ojos de las mujeres). Qu idea tenan las mujeres de s mismas? Cmo perciban su presencia en la sociedad? Cmo eran vistas por los hombres? Son algunas de las interrogantes que esta obra intent responder, utilizando como fuentes los diarios, las novelas y la correspondencia personal.

En 1945, el historiador ingls William L. Schurz, incluy un captulo dedicado a las mujeres en su libro This new world: the civilization of Latin America. Y, en 1946, Mary Ritter Beard, public Woman as force in history: a study in traditions and realities. Otro aporte importante fue el Segundo sexo de Simone de Beauvoir (1949), que influy de manera relevante y constituye el ensayo feminista ms importante del siglo 21. Para Beauvoir, la historia de las mujeres y el anlisis de la condicin femenina requeran de una antropologa estructural y de una historia entonces inexistente.

En esa perspectiva, Michael Foucault (1976) situ el anlisis de la explotacin vinculada hasta entonces al control poltico y econmico, a una red de poder que incluye a la familia, la cultura, el conocimiento y la sexualidad. Mientras que Philippe Aris y George Duby, plantearon interrogantes respecto de los lmites entre lo pblico y lo privado, la familia y la sexualidad. Fueron tambin importantes: Out of our past: the forces that shapped modern America, de Carl Degler (1970), y Women in Iberian expansion overseas, 1415-1815, de Charles Boxer (1975).

En 1973, Michelle Perrot, Pauline Schmitt y Fabienne Bock, dictaron el curso: Tienen una historia las mujeres? En 1982 realizaron un coloquio en Toulouse sobre Investigaciones sobre la mujer y estudios feministas, y en 1983 volvieron al tema con un seminario titulado: Es posible una historia de las mujeres? (Perrot, 1984). Concluyendo que s era posible por la importancia que revisten las relaciones entre la historia de las mujeres, y las distintas corrientes de la historiografa, en la construccin de una historia que intente explicar cmo se producen los significados de la diferencia sexual, a partir del anlisis de los procesos discursivos del poder, que son los que organizan y legitiman las diferencias (Nash, 1994, p. 62).

As se fue consolidando un campo especfico de la historia de las mujeres gracias al esfuerzo acadmico de Gerda Lerner, Natalie Zemon Davies, Mary Hartman, Lois Banner, Renata Bridenthal, Claudia Koonz, Sheila Rowbotham, Judith Bennet y Nora Nash, entre otras. Gerda Lerner analiz la formacin del patriarcado y el papel de las mujeres en la prolongacin de su subordinacin; para Natalie Zamon Davis, el objetivo de la historia de las mujeres es descubrir los roles sexuales y el simbolismo sexual en distintas sociedades y periodos con el fin de conocer su significado y cmo funcionaban para mantener el orden impulsar el cambio. Mary Hartman y Lois Banner publicaron: Clios consciousness raised: new perspectivas on the history of women (1976); Renate Bridenthal, y Claudia Koonz, Becoming Visible: women in European history (1977); Sheila Rowbotham, Conciencia de mujer en un mundo masculino (1977); Judith Bennet, Feminism and suffrage: the emergence of an independent womens movement in America 1848-1869 (1978).

Las mujeres en el discurso histrico de Amrica Latina

La intensa movilizacin social y poltica en favor de los derechos civiles, la autodeterminacin de los pueblos y la independencia poltica y econmica en la dcada de 1960, posibilit el cambio del discurso de la historiografa en Amrica Latina. En este proceso la historia social cambi su orientacin dirigida al estudio del espacio pblico hacia el espacio privado, y hacia una aproximacin a los grupos marginales o carentes de poder, entre los que se encuentran las mujeres. El fin de una historia excluyente en trminos de clases, etnias y gnero, signific el punto de partida para que las mujeres conquistaran su derecho a una historia en la que dejaron de solo vctimas para convertirse en protagonistas (Chartier, 2000).

As mismo, la introduccin del gnero como categora plante la necesidad de deconstruir categoras absolutas, identificar la opresin femenina (Lavrin, 1985), y poner al descubierto los espacios femeninos, los modos de vida particulares de las mujeres, las prcticas culturales que les pertenecan a ellas y no a los hombres.2 Fue entonces posible conocer que la pertenencia a uno u otro sexo configuran diferentes actitudes, creencias y cdigos en una sociedad determinada. Por ello, los estudios de la mujer y de la historia de las mujeres, no pueden reducir al sexo como sinnimo de sexualidad porque las diferencias fsicas tienden a legitimar las relaciones de poder existentes, y el sexismo al igual que el racismo, le niega al otro el derecho a ser diferente sin que se le castigue por ello. En otras palabras, se discrimina a aquellos que real o presumiblemente viven, deben vivir, o quieren vivir de un modo distinto al del grupo que dicta las normas y los valores culturales (Fargue, 1991, p. 64).

En la dcada de 1980, el inters por ver a las mujeres en la historia y el reconocimiento de un campo histrico femenino cobr impulso en Amrica Latina. Se cre el Seminario de la Participacin Social de la Mujer en la Historia Contempornea de Mxico 1930-1964; en 1985, Asuncin Lavrin public Las mujeres latinoamericanas. Perspectivas histricas (1985), obra que marc una etapa en los estudios de la historiografa de las mujeres. Tambin en 1985, apareci en el Per la primera edicin del libro de Sara Beatriz Guardia: Mujeres peruanas: el otro lado de la historia3 que actualmente est en la quinta edicin. Poco despus, en 1986, se imparti el primer curso de Historia social de la mujer en Mxico en la Universidad Nacional Autnoma de Mxico. De este perodo data la obra en cuatro volmenes, Historia de las mujeres en Mxico. En Uruguay, Silvia Rodrguez Villamil, public en 1992 su libro, Mujeres uruguayas a fines del siglo XIX: Cmo hacer su historia?

En 1997, se realiz en Lima el primer simposio internacional la mujer en la historia de Amrica Latina, organizado por una comisin presidida por Sara Beatriz Guardia, e integrada por Pablo Macera, director del Seminario de historia rural andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; Roland Forgues, director de Andinica. Universidad de Pau, Francia; Concepcin Solana, presidenta del captulo Mxico de la Asociacin mundial de mujeres periodistas y escritoras; Marco Martos, director del Instituto de investigaciones humansticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; y Beatriz Prieto, decana del Colegio de biblioteclogos del Per. Fue en ese simposio que se cre el Centro de estudios la mujer en la historia de Amrica Latina (Cemhal), la nica organizacin hasta la fecha en Amrica Latina dedicada al estudio de la historia de las mujeres de la regin.

Hacia una historia no eurocntrica ni patriarcal

Pero en Amrica Latina, adems de una historia patriarcal, enfrentamos otro reto que significa la deconstruccin de una historia eurocntrica que concibe a Europa como el centro, y al sistema de valores de la cultura europea como el genuino sistema de valores universales (Fabelo Corzo, 2007, p. 79). En esa perspectiva, si aceptamos el trmino descubrimiento implica admitir que antes de la conquista espaola no existi ninguna cultura de acuerdo a la ideologa segn la cual los pueblos indgenas eran formados por sociedades sin escritura, atrasadas y primitivas, que podran evolucionar hasta llegar a la civilizacin, atravesando siglos desde el momento inicial de la catequizacin (Knapp, 2010, p. 81).

Recin a partir de la dcada de 1970, la orientacin de la historia tuvo un notable giro hacia la historia social: elites, criollos, mestizos, comunidades campesinas, Iglesia; historia agraria (tenencia de la tierra, produccin, fuerza de trabajo); historia econmica (minera, obrajes, gremios, mercado); y la historia demogrfica (Caedo-Arguelles, 1999, p. 89-99). Posteriormente, el desarrollo de la etnohistoria significo un intento sistemtico por explicar la originalidad y particularidad del pasado de los pueblos y culturas prehispnicos, y signific un cambio de la visin que se tena hasta entonces de su organizacin social, de su economa, y su cultura. Surgi as una historia de las sociedades indgenas como un corpus histrico con su propia lgica, categoras, mecanismos de resistencia y sobrevivencia.

Todo lo cual posibilit estudiar la condicin de las mujeres en las sociedades prehispnicas, el impacto que produjo la conquista, su presencia durante la colonia, en la lucha por la independencia, y en la construccin de los estados nacin. Tarea nada fcil respecto de las sociedades andinas, si se tiene en cuenta que las principales fuentes de estudio estn constituidas por cronistas espaoles, en su mayora sacerdotes, soldados, funcionarios y aventureros, cuya informacin no solo estuvo orientada a justificar la conquista sino que se hallaba distorsionada por su propia cultura. A la carencia de escritura en los Andes, y el escaso conocimiento que tuvieron los espaoles del idioma quechua, lo cual segn Garcilaso (1960) era la causa de que el indio entendiese mal lo que el espaol preguntaba y el espaol entendiese peor lo que el indio responda, se aade la visin patriarcal, y una concepcin eurocntrica incapaz de reconocer a otra cultura y a otra sociedad. Por ello, interpretaron y ordenaron el mundo que encontraron segn su ideologa y las categoras de la Europa del siglo 16.

La mirada de los cronistas tuvo, adems, un sesgo de superioridad hacia los indios, a quienes consideraron idlatras, dependientes, e infantiles. Y, as como la tradicin intelectual les neg a los pueblos colonizados un lugar en la historia, tambin lo hizo con las mujeres. Se trata de relatos que narran la conquista y la colonizacin desde una forma particular de pensar la historia con valores e intereses de una historiografa que no vea a las mujeres, y donde la condicin de las mujeres indgenas fue interpretada de manera confusa, incorrecta y parcializada. Por ejemplo, la sucesin y las cuestiones relativas a la herencia andina diferan sustancialmente de la concepcin hispana. Tampoco el poder fue solo privilegio masculino puesto que las mujeres lo ejercieron tambin; prueba de ello es la funcin que cumplieron las coyas, esposas principales del inca, y que algunos repartimientos estuvieron gobernados por mujeres curacas. Esto obedeca a la concepcin de dualidad andina, que fue una forma de concebir el mundo conformado por unidades contrarias. Desde la tierra hasta las aldeas, pasando por el cuerpo humano, los animales y las plantas se entiende que todo tiene dentro principios que luchan entre s y que, a la vez, se complementan ya que la existencia de cualquiera de ellos es condicin para la existencia del otro. Esta multitud de oposiciones binarias consiguen, en conjunto, un equilibrio dentro del cual la vida es posible. El equilibrio no es, por supuesto, permanente (Lleras Prez, 2000).

En la estructura social del Virreinato del Per que comprenda los antiguos territorios del vasto imperio de los Incas que abarc desde el sur de Colombia, atravesando los actuales territorios de Ecuador, Per, Bolivia, y el noroeste de Argentina hasta Chile, los conquistadores y sus descendientes conformaron la clase dominante sustentada por tres ejes de poder: la administracin pblica a cargo del virrey, el cabildo o ayuntamiento integrado por criollos, y la iglesia representada por el episcopado, las rdenes religiosas y el tribunal de la inquisicin. Al depender directamente del rey, el clero fue un instrumento ms en la poltica de dominacin. Al margen de pocas excepciones, apoy o guard discreto silencio ante afrentas y ultrajes. La sociedad quedo as dividida en clases que deban mantenerse aisladas para beneficio de la consolidacin colonial. Motivo por el cual se obstruy toda posibilidad de comunicacin y comprensin entre los individuos pertenecientes a los estamentos opuestos (Tauro, 1993, p. 35).

En el rgimen colonial la mujer tuvo que adecuarse a un sistema social complejo y pleno de contradicciones, en cuya base el fraccionamiento de la cultura nativa y el proceso de transculturizacin tuvieron como marco la opresin y la violencia. En la nueva sociedad, la ideologa feudal hispana jug un rol decisivo en relacin a la mujer, sin contar que en el primer perodo de la conquista los espaoles no trajeron a sus mujeres. La emigracin de las mujeres espaoles hacia Amrica Latina est registrada a partir del siglo 16 de manera muy escueta. La travesa por mar y la epopeya que constituy para estas mujeres llegar al nuevo mundo, figura en el Archivo general de Indias, en los seis primeros tomos de los libros del Catlogo de Pasajeros a Indias de 1509 a 1579, donde se advierte que en esos 70 aos llegaron al Virreinato del Per 7,451, mujeres. Es decir, un promedio aproximado de 106 al ao.

Segn libros notariales desde fines de la dcada de 1590 la forma de unin ms comn durante la colonia fue el concubinato, lo que signific una forma de opresin socioeconmica, tnica y de gnero, puesto que en el amancebamiento, la regla general era que el hombres perteneca siempre a una casta o a una capa social ms elevada que de la mujer (Flores Galindo, 1984). La mujer no slo fue utilizada sexualmente sino que a los hijos que nacan de estas uniones se les consideraba ilegtimos, y no podan ingresar a determinados colegios, ni ocupar cargos importantes, ni casarse con quien quisieran.

No es casual que el mayor ndice de mortalidad materna fuera ocasionado por prcticas abortivas, no obstante que el aborto estaba prohibido por disposicin de Sixto V y Gregorio XIV, y que segn el Concilio de Iliberi se negaba a la madre y a sus cmplices la absolucin en artculo de muerte. El abandono de los recin nacidos tambin fue un acto comprensible. Incluso los tratadistas de la poca lo llegaron a considerar como un derecho innegable en determinadas circunstancias. Jos Mndez Lachica, abogado de la Audiencia de Lima, sostena que los casados, personas de honor o de extrao fuero podan legtimamente abandonar a sus hijos si los amenazaba la infamia o la pena de muerte (Macera, 1977, p. 316).

En este contexto, la explotacin de los indgenas a travs de rgidas formas de subyugacin produjo el ingreso ms importante del presupuesto espaol, a la par que jug un papel relevante en la construccin de las nuevas sociedades al convertirse en instrumento de maltratos y atropellos. Al grado que la corona se vio obligada a reglamentar la mita y los obrajes para as detener la accin de los corregidores, crueles ejecutores de un implacable sistema de sujecin.

Segn un documento titulado Presentacin de la ciudad del Cusco. Sobre excesos de corregidores y curas, fechado en 1768, y que figura en la Academia de Historia de Madrid, el abuso cometido por los espaoles contra los indios era de tal envergadura que el informante hispano no vacila en decirle al rey que: ser preciso apartar la cordura para referirle con claridad que haga ver con cunta inhumana piedad proceden unos hombres cristianos que, olvidados de su carcter y de toda su razn poltica, no tendrn semejantes en las menos incultas naciones (La Rebelin, 1971, p. 4). Mientras que la explotacin a la mujer tuvo como signo la violacin y el maltrato legitimados por el poder, en relaciones de subyugacin a travs de las cuales los espaoles las convirtieron en sus mancebas, esposas, amantes, sirvientas y prostitutas.

Son numerosos los levantamientos que el sistema de dominacin colonial produjo apenas iniciada la conquista cuando en 1538 Manco Inca se sublev llegando a sitiar el Cusco y Lima, y posteriormente en un perodo de cuarenta aos de resistencia en Vilcabamba. Pero es a partir de la segunda mitad del siglo 18, coincidiendo con la crisis del Virreinato del Per debido a las reformas borbnicas, que las protestas se suceden de manera constante. Entre 1723 y 1750 se produjeron diez insurrecciones en los actuales pases de Chile, Paraguay, Bolivia, Argentina, y Venezuela.

La presencia y participacin de las mujeres fue annima. La historia no registra sus nombres sino a finales del siglo 18 en la rebelin liderada por Jos Gabriel Condorcanqui Tpac Amaru. Esta significativa presencia con caractersticas de liderazgo y herosmo representadas por Micaela Bastidas tiene origen en la sociedad indgena prehispnica donde las mujeres ocuparon una importante posicin, y cuando las circunstancias demandaron, las viudas y hermanas de los jefes fueron aceptadas como legtimos lderes (Davies, 2006, p. 134). Queda como testimonio de esta lucha por sus derechos autnomos a la tierra y a ocupar cargos en los gobiernos locales, los juicios e investigaciones de la campaa de extirpacin de idolatras que registraron la voz de las autoridades eclesisticas espaolas y la de los indgenas acusados. En la documentacin figuran litigios por ttulos de las tierras, as como partidas de matrimonio y bautizo, que permiten reconstruir el intento por defender la tenencia colectiva de la tierra, y la persistencia de los patrones andinos de parentesco: a lo largo del siglo diecisiete las mujeres continuaron asumiendo el apellido materno, mientras que los hombres tomaban el paterno (Silverblatt, 1990, p. 172).

La insurreccin de Tupac Amaru estall el sbado 4 de noviembre de 1780, en un perodo particularmente importante para la humanidad: cuatro aos despus de la Declaracin de la Independencia de Estados Unidos el 4 julio 1776, y nueve aos antes del 14 julio de 1789, cuando el pueblo asalt la Bastilla en Pars y se proclam la Declaracin de los derechos del hombre. Se trata de la primera gran insurgencia indgena en Amrica Latina.

Es en el curso de las acciones emprendidas antes de la marcha al Cusco que se registra por primera vez el nombre de Micaela Bastidas que hasta entonces solo figuraba como la esposa del lder rebelde. A diferencia de Tupac Amaru que siempre concit simpata y respeto no slo de la gente ms allegada a l, Micaela Bastidas fue calificada de cruel y odiada por los espaoles. En varios documentos se refieren a ella con hostilidad asegurando que tena un carcter ms intrpido que el marido, y que en su ausencia diriga ella misma las expediciones a caballo para reclutar gente y armas, dando rdenes con rara intrepidez y autorizando los edictos con su firma.

Durante los cinco meses que dur el enfrentamiento armado, Micaela Bastidas particip en el combate, y asegur el suministro de armas y alimentos. La importancia de su presencia en la insurreccin queda demostrada en la sentencia:

Por complicidad en la Rebelin premeditada y ejecutada por Tupac Amaru, auxilindolo en cuanto ha podido, dando las rdenes ms vigorosas y fuertes para juntar gente, [...] invadiendo las provincias para sujetarlas a su obediencia, condenando al que no obedeca las rdenes suyas o de su marido, [...] esforzando y animando a los indios al levantamiento (Antologa, 1972, p. 736).

Fue condenada a muerte y ejecutada el 18 de mayo de 1781. Segn el visi-tador Jos Antonio de Areche, la ejecucin de Micaela Bastidas deba ir acom-paada con algunas cualidades y circunstancias que causen terror y espanto al pblico; para que a vista de espectculo, se contengan los dems, y sirva de ejemplo y escarmiento (Bonilla, 1971, p. 175). La ejecucin como espectculo de terror, la masculinizacin de su persona percibida en los edictos redactados contra Micaela y en los testimonios legales en torno a su juicio recalcaban la idea de que no mereca ser tratada como una mujer (Melndez, 2003, p. 767-769).

Antes de ejecutarla le cortaron la lengua, y como tena el cuello muy delgado y el torno del garrote no poda ahogarla, los verdugos dndole patadas en el estmago y pechos, la acabaron de matar. Despus le cortaron la cabeza, desprendieron sus dos brazos, y sus piernas que fueron enviadas a diferentes ciudades del pas, el resto del cuerpo fue quemado.

La exclusin de gnero y etnia est pues en la base y en el gnesis del sistema de organizacin social y econmica que impusieron los espaoles en Amrica Latina a partir del siglo 16. Sin embargo, la exclusin como ideologa no cambi con la independencia al culminar el dominio colonial. No asegur el fin de las guerras civiles ni las tensiones sociales y tnicas, la concentracin del poder por los criollos en gobiernos dbiles, dominados por el caudillismo, donde los indios y los negros no tuvieron derechos ni ciudadana.

Tampoco las mujeres. Las primeras constituciones polticas de nuestras naciones estipularon como requisitos para ser ciudadanos: Ser casados, o mayores de veinticinco aos, saber leer y escribir. Tener empleo o profesar alguna ciencia o arte. Las nacientes repblicas legitimaron as un sistema de estratificacin social y de exclusin puesto que las mujeres no tenan acceso a la educacin y menos a una profesin o empleo.

Exclusin que significa discriminacin y pobreza. La existencia de personas o grupos que no pueden acceder a distintos mbitos de la sociedad, y por consiguiente se trata de desigualdad, y ruptura interna del sistema social. Una forma de violencia estructural, asentada en el rgimen colonial y que adquiri legitimidad con la construccin de los estados nacin y de nuestras propias identidades. La constante en todo el proceso de independencia de Amrica Latina es la exclusin de gnero y etnia; los excluidos de la libertad son las mujeres, los indios, los negros (Barros, 1996, p. 89-113). Todo lo cual nos remite a los derechos sociales y a replantear el concepto de ciudadana en el contexto de sociedades multitnicas y multiculturales. Problemtica que se ubica en el proceso constitutivo de nuestros pases con modelos de ciudadana excluyentes.

La historia de las mujeres: otro derecho por conquistar

La reconstruccin del pasado femenino supone pues un cambio de paradigma, reformular las categoras del anlisis histrico, y por lo tanto rescribir la historia desde una alternativa contestataria con nuevos modelos interpretativos. En buena cuenta, asumir la historia social desde una perspectiva que considere que las relaciones entre los sexos son construcciones sociales, que la dominacin masculina es una expresin de la desigualdad de estas relaciones, y en consecuencia producto de las contradicciones inherentes a toda formacin social. La construccin de esta historia debe estar centrada en la forma cmo se han percibido y vivido las diferencias sexuales, y en el anlisis de una dominacin que ha generado distintos grados de sumisin en relaciones de interdependencia con grados inslitos de complicidad de las mismas mujeres (Lpez Chirico, 1992, p. 21).

La nueva historiografa significa una nueva valoracin de las experiencias femeninas mediante una nueva forma de abordar la historia, la revisin de modelos que han impregnado a todos los grupos sociales, y los factores diferenciales que afectan a las mujeres.

Para Jacques Derrida, hay que reemplazar la lgica tradicional practicada en las ciencias sociales por una nueva manera femenina de abordar el pensamiento crtico, siguiendo como seala Scott, una lgica de investigacin diferente a la aplicada en la historiografa tradicional. Es decir, rescribir la historia desde una perspectiva femenina, plantear nuevas formas de interpretacin, y revisar conceptos y mtodos existentes con el objetivo de convertir a las mujeres en sujetos de la historia, reconstruir sus vidas en toda su diversidad y complejidad, mostrando cmo actuaron y reaccionaron en circunstancias impuestas, inventariar las fuentes con las que contamos, y dar un sentido diferente al tiempo histrico, subrayando lo que fue importante en sus vidas (Perotin-Dumon, 2000).

La nueva historiografa significa una nueva valoracin de las experiencias femeninas mediante una nueva forma de abordar la historia, la revisin de modelos que han impregnado a todos los grupos sociales, y los factores diferenciales que afectan a las mujeres. Por lo mismo, la construccin de esta historia no puede estar centrada en el eje sujecin transgresin, sino en el uso que se ha hecho de las diferencias sexuales a travs de la historia. Y del anlisis de una dominacin que abarca miles de aos, que ha trascendido a las pocas y a los modos de produccin.

Para ilustrar la importancia que tiene la historia de las mujeres, Gerda Lerner demuestra a travs de una imagen interesante donde esta el quid de la cuestin. Pensemos, dice, que hombres y mujeres viven en un escenario en el que interpretan el papel, de igual importancia, que les ha tocado. La obra no puede proseguir sin ambas clases de intrpretes. Ninguna contribuye ms o menos al todo; ninguna es secundaria o se puede prescindir de ella. Pero la escena ha sido concebida y definida por los hombres. Ellos han escrito la obra, han dirigido el espectculo, e interpretado el significado de la accin. Se han quedado con las partes ms interesantes, las ms heroicas, y han dado a las mujeres los papeles secundarios (Lerner, 1990, p. 30).

Qu sucede entonces? Cuando las mujeres se dan cuenta de esto reclaman y logran que se las considere en papeles de igual importancia, aunque tengan que pasar por el examen de calificacin de los hombres que obviamente eligen a las ms dciles y a las que mejor se adecuan al trabajo que ellos determinan, en tanto castigan con la exclusin a las que se arrogan el derecho de representar su propio papel. Ese es el error, lo que las mujeres debemos hacer es escribir tambin el argumento, intervenir en el escenario de la obra, en la interpretacin de los papeles importantes, y en aquellos que consideremos tiles.

La historia de las mujeres se presenta as como un elemento transformador de las mismas mujeres, y constituye un paso decisivo para su emancipacin. Una nueva historia significa cambiar todo un andamiaje de ideas y creencias, y transformar las actividades femeninas en experiencias definidas y trascendentes. No es muy difcil imaginar que entonces sus experiencias y vivencias sern valoradas en el curso del desarrollo de la humanidad, la cultura y la civilizacin.

1Marc Bloch fue fusilado por los nazis el 16 de junio de 1944 en Lyon. Posteriormente su obra fue publicada por Lucien Febvre con un doble ttulo: Apologie pour lHistoire ou Mtierdhistorien.

2 Morant (1995, p. 38) coincide con Hobsbawn cuando sostiene que no es posible trabajar solo con el sexo oprimido, del mismo modo que un historiador de las clases sociales no puede centrarse por entero en los campesinos.

3Primer intento de analizar y estudiar la historia del Per de manera integral desde una perspectiva de gnero.

Referncias

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Recibido: 8 de Diciembre de 2014; Aprobado: 30 de Septiembre de 2015

Autora correspondente: Sara Beatriz Guardia Malecn Castilla 106 Lima 04 Per

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