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Civitas - Revista de Ciências Sociais

versão impressa ISSN 1519-6089versão On-line ISSN 1984-7289

Civitas, Rev. Ciênc. Soc. vol.19 no.3 Porto Alegre set./dez. 2019  Epub 27-Jan-2020

http://dx.doi.org/10.15448/1984-7289.2019.3.33247 

Dossier: Historia, Desarrollo y Enseñanza de la Ciencia Política

Claves para problematizar el concepto de institucionalización en los estudios disciplinares: Una revisión crítica de la propuesta conceptual de David Altman

Chaves para problematizar o conceito de institucionalização em estudos disciplinares: Uma revisão crítica da proposta conceitual de David Altman

Keys to problematize the concept of institutionalization in disciplinary studies: A critical review of David Altman's conceptual proposal

Sergio Angel Baquero1 

Sergio Angel Baquero sergio.angel@usa.edu.co

Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda (Bogotá, Colombia). Investigador asociado de la Corporación Universitaria Autónoma del Cauca (Popayán, Colombia).


http://orcid.org/0000-0002-5794-6345

Juan Carlos Rico Noguera2 

Juan Carlos Rico Noguera riconogu@msu.edu

Doctorando en Antropología, Michigan State University (Michigan, EUA). Magister en Estudios Culturales, Universidad de los Andes (Bogota, Colombia). Profesional en Política y Relaciones Internacionales, Universidad Sergio Arboleda (Bogota, Colombia).


http://orcid.org/0000-0002-1992-7282

Julián Andrés Caicedo Ortiz3 

Julián Andrés Caicedo Ortiz jcaicedo30@gmail.com

Profesor Investigador Universidad del Cauca (Popayán, Colombia). Doctor en Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México (Cidade do México, México).


http://orcid.org/0000-0002-5777-7537

1Universidad Sergio Arboleda (Bogotá, Colombia)

2Michigan State University (East Lansing, USA)

3Universidad del Cauca (Popayán, Colombia)


Resumen:

Este artículo propone una crítica a la mirada, ya convencional, de la historia disciplinar de la Ciencia Política en América Latina (Bulcourf et al., 2015; Leyva, 2013; Altman, 2005 entre otros). En esa medida, se problematiza el curso que han venido tomando los estudios disciplinares en la región, influidos sobre todo por el concepto “institucionalización”. Se sostendrá que este concepto sufre de dos grandes problemas para poder dar cuenta de las trayectorias de la Ciencia Política en la región: en primer lugar, cae en lo que Sartori (1970) denomina “estiramiento conceptual”; y, en segundo lugar, el concepto deja de lado la complejidad social y el arraigo contextual de las disciplinas. Se concluye que pensar en un desarrollo situado puede aportar a la comprensión de la ciencia política en términos de una transformación consistente con su entorno y acorde a las necesidades de cada país o región.

Palabras clave: Ciencia Política; Estudios disciplinares; Institucionalización; Desarrollo situado; Giro conceptual

Resumo:

Este artigo propõe uma crítica à visão já convencional da história disciplinar da ciência política na América Latina (Bulcourf et al., 2015; Leyva, 2013; Altman, 2005 entre outros). Nessa medida, o curso dos estudos disciplinares na região, influenciado principalmente pelo conceito de “institucionalização”, é problematizado. Será discutido que este conceito sofre de dois grandes problemas, a fim de explicar as trajetórias da ciência política na região: primeiro, ela cai no que Sartori (1970) chama de “alongamento conceitual”; e, em segundo lugar, o conceito deixa de lado a complexidade social e as raízes contextuais das disciplinas. Conclui-se que pensar em um desenvolvimento situado da ciência política pode contribuir para a compreensão desta em termos de uma transformação consistente com seu ambiente e de acordo com as necessidades de cada país ou região.

Palavras-chave: Ciência Política; Estudos disciplinares; Institucionalização; Desenvolvimento situado; Virada conceitual

Abstract:

This article proposes a critical view on, what is now conventional, the political science history in Latin America (Bulcourf et al., 2015; Leyva, 2013; Altman, 2005 among others). We problematize the direction that disciplinary studies has been taking in the region, manly influenced by the concept of “institutionalization”. This article states that the institutionalization concept suffers of two big problems to give account of the trajectories of regional political science: first, it does fall in what Sartori (1970) has called the “concept enlargement”; second, the concept forgets about the social complexity and the contextual root of disciplines. We concluded that thinking in a situated development of political science can contribute to the comprehension of regional discipline and to build a discipline transformation coherent with the needs of our countries and region.

Keywords: Political science; Disciplinary studies; Institutionalization; Situated development; Conceptual turn

Introducción

La institucionalización es un concepto que da cuenta de un proceso en el que se fijan límites y fronteras. Esos límites y fronteras que crea la institucionalización están pensados para ordenar. La institucionalización de las disciplinas científicas ha sido un tema de investigación cada vez más importante en las ciencias sociales, incluida la ciencia política. Desde trabajos conocidos como los de la Comisión Gulbenkian, que aborda críticamente el proceso de institucionalización de distintas disciplinas de las ciencias sociales, hasta los clásicos trabajos de Gabriel Almond (1966) sobre la institucionalización de la Ciencia Política, tenemos ante nosotros un tema crítico que no se agota para quienes ejercemos el trabajo académico. En la Ciencia Política latinoamericana la institucionalización de la disciplina ha venido transformándose en un tema prioritario desde hace por lo menos trece años. Con esto no se busca afirmar que la institucionalización de la disciplina no hubiera sido algo tratado con anterioridad. Sin embargo, probablemente debido al rápido crecimiento de la disciplina en términos de demanda estudiantil y de oferta académica, la institucionalización dejó de ser la preocupación de unos pocos politólogos para convertirse en un esfuerzo organizado y regional (Bulcourf et al., 2015). En este artículo se revisará el uso del concepto institucionalización a la luz del trabajo de David Altman (2005), partiendo del supuesto de que este trabajo marcó un hito en los estudios sobre el desarrollo de la Ciencia Política en la región.

Sin embargo, como se aclarará más adelante, no creemos que el trabajo de Altman se encuentre aislado de toda una línea de pensamiento, sino que más bien representa un paradigma, que en general tiene las características que Rodolfo Masías Núñez (2017) ha descrito con anterioridad. De acuerdo con ese autor, los estudios de la institucionalización de la Ciencia Política son una teleología poco rigurosa, autorreferencial y autonomista. Así las cosas, el objetivo de este trabajo es indagar a fondo lo que el concepto de la institucionalización significa en el contexto de los estudios disciplinares de la Ciencia Política en América Latina y advertir sobre la necesidad de reflexionar de manera creativa alrededor de los problemas que de ahí se derivan.

Con el fin de llevar a feliz término los objetivos que se han planteado, este artículo se dividirá en cinco partes: en primer lugar, se presentará la metodología de trabajo; en segundo lugar, se abordará el concepto de institucionalización de la Ciencia Política traído por Altman; en tercer lugar, se presentará la incidencia que el concepto ha tenido en los estudios disciplinares de la región; en cuarto lugar, se presentará el problema metodológico que el concepto de la institucionalización acarrea, un problema que Giovanni Sartori (1970) denominó “estiramiento conceptual”; y en quinto lugar, se concluirá el texto a través de la presentación de la propuesta preliminar del concepto de “desarrollo situado” como alternativa frente al uso del concepto de institucionalización en el estudio de la historia y desarrollo de la Ciencia Política.

Metodología

La reflexión que se presenta a continuación es el resultado tanto de una revisión de literatura como de una indagación de la base de datos de Google Académico. Teniendo en cuenta que nos importaba conocer de dónde salen las nociones sostenidas por Altman alrededor del concepto “institucionalización”, se revisaron buena parte de las fuentes con las que él describía los acuerdos internacionales que lo configuraban. Esta revisión es la que se presenta en la primera parte del artículo.

La indagación de la base de datos de Google académico se hizo con el fin de mostrar la incidencia del concepto “institucionalización” propuesto por Altman. Es con base en esos datos que decidimos tomar la propuesta de Altman como la propuesta que debíamos discutir. Logramos mostrar a la luz de esa revisión que su trabajo es una suerte de coyuntura crítica que permite entender el presente de la disciplina y esbozar alternativas que nos interesan.

El resto del artículo es el producto de una reflexión alrededor del uso de los conceptos en política comparada y alrededor de las apuestas que espacios interdisciplinares han estado haciendo frente al problema de la institucionalización. Ambas reflexiones nos invitan a proponer una nueva forma de abordar la historia disciplinar de la Ciencia Política, algo que creemos puede tener implicaciones en la forma en que la disciplina se reproduce. Nuestro objetivo en ese sentido es aportar a un debate cada vez más enriquecido de los estudios disciplinares de la Ciencia Política latinoamericana.

El concepto de institucionalización en la Ciencia Política

La democratización en América Latina no solo implicó la realización relativa de un proyecto liberal, implicó también el fortalecimiento de la Ciencia Política que no tenía los obstáculos del pasado para operar.1 El crecimiento llevó a los cultores de la disciplina a fundar las primeras organizaciones nacionales y regionales de Ciencia Política, así como a preocuparse de una manera más insistente por su institucionalización.

Pese a que en gran parte de América Latina la institucionalización de la disciplina empieza a arrancar con la democratización de los noventas, en Estados Unidos el proceso institucionalizador ocurre varias décadas antes. El concepto de la institucionalización de la Ciencia Política empieza a aparecer con aportes como los de Gabriel Almond (1966), que en los años sesenta comenzó a desarrollar revisiones retrospectivas de la Ciencia Política estadounidense. Para Almond (1966) la institucionalización de la disciplina en los Estados Unidos llegó con la creación de la APSA (American Political Science Association), pues esa institución creó las condiciones de posibilidad tanto para que la comunidad científica creciera como para que se dieran los consensos mínimos necesarios para estandarizar las bases de la profesión. Un camino parecido de institucionalización ha querido tomar América Latina con la creación de organizaciones regionales y nacionales de Ciencia Política. Es decir, se ha entendido que la institucionalización pasa por la consolidación de organismos regionales de profesionales/académicos.

En América Latina la institucionalización fue un tema que empezó a tratarse durante los años sesentas, pero no de la Ciencia Política como tal, más bien en el marco de otras disciplinas de las Ciencias Sociales, tal como afirmam Bulcourf et al. (2015). La Ciencia Política empezó a hacerlo especialmente a partir de los años setentas en México, ochentas en Colombia y Chile, y en los noventas en Argentina, por solo nombrar algunos ejemplos (Bulcourf et al., 2015). Sin embargo, no va a ser sino hasta el año 2005 cuando aparece un estado del arte que sintetiza las experiencias latinoamericanas de la institucionalización de la Ciencia Política. El famoso número especial de la Revista de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile, encabezado por el artículo La institucionalización de la ciencia política en Chile y América Latina: una mirada desde el sur de David Altman (2005), es el hito que hace la citada síntesis. En ese número, y en especial en el artículo de Altman (2005), que en buena medida reúne a los demás, se expresa una voluntad política por la institucionalización de la disciplina, que en la mayoría de los artículos se entiende como distante.2

Los criterios que Altman (2005, p. 4) utiliza para definir la institucionalización de la Ciencia Política pasan por

[…] ofrecer títulos en los tres niveles universitarios, poseer programas de investigación consolidados, tener criterios claros para evaluar la calidad de la investigación, contar con una carrera profesional y académica, permitir vivir dignamente a los politólogos y politólogas de su trabajo, entre otras cosas.

En síntesis, tenemos una institucionalización que adquiere sentido por criterios relacionados con la enseñanza de la Ciencia Política (títulos en diferentes niveles universitarios), la investigación (programas y criterios) y la vida profesional (carrera y dignidad profesional). A continuación, revisaremos los tres elementos denotados por Altman (2005), con el fin de profundizar en su propuesta conceptual de la institucionalización. Cabe decir que se hará un énfasis especial en la investigación, pues es el elemento definitivo y transversal de su propuesta.

La enseñanza

La enseñanza de la Ciencia Política es abordada por Altman desde dos puntos de vista: el de los recursos y el de los contenidos. Desde el punto de vista de los recursos, Altman dirá que existe una realidad difícil para la Ciencia Política regional. Los recursos pocas veces llegan a la disciplina para el año 2005. Eso lo hace insistir en la necesidad de criterios claros de evaluación de la calidad, que tienen que ver con la investigación que puede y debe desarrollarse en las distintas facultades de Ciencia Política. En este orden de ideas, debido a la escasez de recursos, debe priorizarse la asignación a las facultades de Ciencia Política de calidad. Pero eso no es tan fácil, pues hay resistencias al interior de la disciplina (Altman, 2005).

Las resistencias encuentran su origen en una serie de politólogos que “se han convertido en enemigos de los criterios transparentes de evaluación” (Altman, 2005, p. 7). Esos politólogos son normalmente quienes no han salido de su país o su región a perfeccionarse, lo que los hace sentir en peligro frente a politólogos que regresan del exterior. Esto lleva a una asignación dañina de los recursos, que no obedece a los méritos de un programa sino a los intereses personales de ciertos académicos poderosos. Cabe decir que Altman (2005) no sustenta empíricamente esta afirmación. Sin embargo, la falta de transparencia en la asignación de recursos escasos no es el único problema que la disciplina tiene. Esa misma falta de transparencia tiene consecuencias en la definición de los contenidos apropiados de la disciplina.

Pasando ahora al punto de vista de los contenidos, Altman (2005, p. 10) dirá que “no sabemos qué se imparte, quién lo hace, ni cómo lo hace”. Esto le preocupa teniendo en cuenta que en algunos de los países latinoamericanos la relación entre egresados y estudiantes es muy baja. Para Altman (2005) la deserción estudiantil se asocia con la falta de claridad en los contenidos, quiénes los dictan y la forma que emplean para hacerlo. En conclusión, una Ciencia Política institucionalizada necesita transparencia para una educación pertinente en términos de contenido, que de alguna forma frene la deserción, y también para una focalización de recursos en los programas de calidad.

La vida profesional

El elemento de la vida profesional es tratado por Altman (2005) desde el punto de vista de los recursos. Consciente de nuevo de la escasez de recursos, llama la atención sobre la precariedad del trabajo académico en la región. La flexibilidad laboral, que impide que el politólogo se dedique de manera exclusiva a su que hacer (la investigación y la docencia), debería ser combatida por las universidades. Se necesitan más profesores de planta y con mejores salarios. Otro elemento que menciona, si bien no es igual de importante, es el de la cultura de publicación. Los profesionales de la región, habituados en muchos casos a la publicación en libros, en orden a una ciencia mucho más impactante y, de nuevo, transparente, tendrían que transitar hacia la publicación en revistas científicas, que aseguran la calidad a través de los árbitros “ciegos”. Esto es ejemplificado por Altman (2005) con las resoluciones que en Estados Unidos han tomado muchos programas de doctorado, que en vez de exigir la publicación de un libro ha empezado a exigir la publicación de tres artículos en revista científica. En buena medida, su preocupación por ese tránsito ha tenido frutos, como demuestra Masías Núñez (2017) para el caso colombiano.

La investigación

Intencionalmente se ha dejado el elemento central del concepto de la institucionalización como el último. La razón de ello es que nos extenderemos un poco más en este elemento pues nos interesa mapear el lugar desde donde se enuncia esta concepción. Lo propuesto por Altman (2005) no es la postura única de Altman, es la postura de todo un paradigma que él mismo representa.

La investigación es el elemento central dentro del proceso de institucionalización de la Ciencia Política que propone Altman (2005), y ello se debe principalmente a dos cosas: en primer lugar, la investigación es el campo de trabajo natural del politólogo profesional, es su razón de ser principal; en segundo lugar, incrementa la asignación de recursos basada en el mérito, haciendo que programas de gran potencial puedan perfeccionarse. ?Pero cómo se logra discriminar entre un programa que merece recibir recursos y otro que no lo hace? Altman (2005) no da una respuesta directa, pero se toma el trabajo de mostrar los consensos que alrededor del tema se han logrado en los espacios “maduros” de la Ciencia Política: Estados Unidos y Europa.

Las referencias presentadas por Altman (2005) para arrojar luz sobre problemas que la Ciencia Política regional tiene para institucionalizarse, parecen dirigirse a la siguiente afirmación: la calidad de los programas debería medirse de acuerdo a sus esfuerzos investigativos y a la calidad de sus profesores. Pero, como ya se hará evidente, definir la calidad no es tan fácil, pues pasa por las disputas políticas que suceden al interior de los campos científicos. La impresión que queda a partir de las referencias que Altman (2005) cita – Ballard et al., 1998; Garand et al., 1999; Hix, 2004; Jackman et al., 1996 –, es que se privilegian unos indicadores cercanos a la forma de hacer ciencia política en los Estados Unidos, especialmente la de corte cuantitativo. La impresión no es gratuita, y de hecho es compartida por académicos como Fernández-Ramil et al. (2010).

En síntesis, la visión que Altman (2005) propone en el artículo que se ha venido revisando está estrechamente ligada al concepto de ciencia política que el sector dominante de la academia de los Estados Unidos tiene. Dicho sector es positivista y poco inclinado a examinar los contextos dónde los fenómenos a estudiar tienen lugar (Luna et al., 2014). El concepto de institucionalización se asemeja a una lista de requisitos (tres niveles profesionales, criterios de evaluación, docentes “competentes” con “buena calidad de vida” etc.) que debe ser utilizada por las diferentes disciplinas de la región para ubicar el lugar y el momento donde se encuentran, establecida de antemano la meta a la que hay que llegar.

En otras palabras, el concepto que ha guiado los estudios disciplinares de la Ciencia Política, es decir, el concepto de institucionalización, está consolidando un campo de estudios teleológico y en consecuencia poco científico. Aunque las intenciones de Altman (2005) y quienes como él utilizan criterios rígidos para definir lo que es Ciencia Política y cómo llegar a ella deben ser buenos, creemos que hay que revisar con cuidado el tipo de ciencia que se defiende y el tipo de ciencia que se está rechazando.

La incidencia del concepto

Hablando exclusivamente de citaciones para el año 2015, el artículo La institucionalización de la ciencia política en Chile y América Latina: Una mirada desde el sur, tenía por lo menos 54 citaciones de acuerdo a lo que pudo encontrarse en el buscador Google Académico (buscador: Altman: La institucionalización de la ciencia política…).

La mayor parte de las citas se encontraron en medios latinoamericanos. Su artículo From Fukuoka to Santiago: institutionalization of political science in Latin America, algo cercano a una traducción del artículo anterior para la revista Political Science and Politics en el año 2006, obtuvo 29 citaciones (buscador: Altman: From Fukuoka to Santiago: institutionalization…). Y el último artículo que Altman (2012) escribió sobre la institucionalización de la disciplina, Where is knowledge generated? On the productivity and impact of political science departments in Latin America, para la revista European Political Science, obtuvo 23 citas.

Tabla 1 Incidencia internacional de los artículos de David Altman 

Artículo Citaciones en textos latino-americanos Citaciones en textos de otros lugares del mundo
La institucionalización de la Ciencia Política en América Latina y el Caribe: una mirada desde el sur. 50 4
From Fukoka to Santiago: institutionalization of political science in Latin America 22 7
Where is knowledge generated? On the productivity and impact of political science departments in Latin America 21 2

Fuente: Elaboración propia.

La mayor cantidad de citaciones que ha obtenido Altman responden a trabajos de colegas en medios académicos de América Latina en el campo temático de los estudios disciplinares. Por eso puede afirmarse que es un trabajo cuyas repercusiones son especialmente situadas en el contexto regional. Esto también es sostenido por Pablo Bulcorf et al. (2015) para quien el número especial donde Altman (2005) da su mirada “desde el sur” marca un momento fundamental dentro de los estudios disciplinares de la Ciencia Política en América Latina. Pero pese al peso relativo del trabajo de Altman, ya se ha dicho que estamos frente a una pulsión paradigmática, no individual.

Cuando se afirma que estamos frente a una pulsión paradigmática y no individual referimos algo que puede ser ejemplificado con el caso de los estudios disciplinares colombianos. Santiago Leyva (2013), politólogo que ha aportado en los debates sobre el estado de la disciplina en Colombia, sostiene que hay dos generaciones de estudios disciplinares que involucran a importantes académicos del país como Leal Buitrago, Ungar Bleier, Murillo Castaño, o Losada. En dichas generaciones, anteriores a la propuesta conceptual de Altman, se ha hecho uso del concepto de institucionalización. Murillo et al. (1999), por ejemplo, hacen un estudio amplio a finales de la década de los noventa donde analizan la evolución de la Ciencia Política y el curso de su institucionalización. En ese análisis encuentran que las amenazas más graves de la institucionalización de la Ciencia Política en Colombia eran la “trivialización” del análisis político, producto de la explosión de programas de la disciplina sin los estándares necesarios, y los estudios políticos, ese lugar incomodo con el que, “en nombre de la ciencia”, la Ciencia Política tenía que competir.

Pablo Bulcourf et al. (2015), en un artículo publicado para la Revista de Ciencia Política llamado Historia y desarrollo de la ciencia política en América Latina: Reflexión sobre la constitución del campo de estudios, exponen una serie de trabajos que, inspirados en el “proyecto de Altman”, dan un rumbo nuevo al género de los estudios disciplinares en América Latina. Esa serie de estudios se concentran en la producción editorial, sobre todo de revistas científicas, el desarrollo institucional de los diferentes niveles universitarios y las características y los productos de los diferentes congresos regionales. En México, Brasil, Argentina, Colombia y Uruguay aparecen publicaciones que indagan sobre el proceso de institucionalización en la clave propuesta por Altman. Sin embargo, no todos los espacios de los estudios disciplinares van en la misma dirección, separándose e incluso identificando un problema alrededor de esta perspectiva, algunos académicos comenzaron a proponer alternativas.

Fuente: Elaboración propia (2015).

Figura 1 Mapa de la incidencia internacional del trabajo de David Altman 

Las visiones alternativas, tal como señalan Bulcourf et al. (2015), incorporaron aportes importantes de la epistemología, la sociología del conocimiento, la historia de la ciencia e incluso perspectivas teóricas latinoamericanas como la decolonial. Fernández-Ramil et al. (2010), proponiendo a la historia de la Ciencia Política como una nueva subdisciplina, reclaman la importancia de análisis donde se ponga de manifiesto el desarrollo particular de la Ciencia Política en los diferentes países de la región, evitando así la visión positivista y paradójicamente normativa que acompaña a la propuesta de Altman. Paulo Ravecca (2015), trabajando el desarrollo de la disciplina en Chile, desmitifica la unión que daba por hecha el mismo Altman entre democracia y crecimiento de la Ciencia Política, demostrando la plasticidad de una ciencia supuestamente alineada con el sistema democrático (de partida es paradójico el que una ciencia, en el sentido moderno del término, este alineada con algo). Pero más allá de su estudio de caso, lo que queda en evidencia es que existe una conexión entre la producción de conocimientos y el ejercicio del poder, quitando así del horizonte la pretendida neutralidad de la ciencia, y en el sentido que imprime Foucault, mostrando su operación como dispositivo moderno de control. Nosotros también hemos aportado en la discusión revisando la mirada eurocéntrica de la teoría política, subdisciplina que muchas veces es rescatada como la última esperanza que le queda a la Ciencia Política para hacer frente al avance positivista (Ángel et al., 2013; 2015).

Puede decirse que si bien la perspectiva de Altman da sentido a la mayoría de los trabajos que se han venido realizando en los estudios disciplinares de la Ciencia Política en América Latina, empieza a haber una respuesta que busca discutir la visión estrictamente positivista de la disciplina. Sin embargo, el concepto de institucionalización no ha sido especialmente tratado por estas voces emergentes, algo que este trabajo busca remediar.

El problema del estiramiento conceptual: hacia los estudios disciplinares desde el desarrollo situado

El concepto de la institucionalización de la Ciencia Política, más que funcionar como un referente claro de estudio de las formas en las que se aborda lo político, es un derrotero. En esa medida representa mucho más un proyecto político, un conjunto de fines, que el esfuerzo por comprender los procesos propios de la disciplina regional. Es particular que el sector latinoamericano de la Ciencia Política más cercano al sector positivista de los Estados Unidos, sea el que en el estudio de la disciplina reemplace el estudio de lo dado por la persecución de los fines.

El concepto de institucionalización en América Latina, con intensión o sin ella, ha funcionado para legitimar la extensión de la Ciencia Política positivista, muy en consonancia con el sector mayoritario de la disciplina en los Estados Unidos. Eso no es un problema en sí mismo, o por lo menos eso no es precisamente lo que queremos discutir, inclusive siendo tan discutible como es. Por ejemplo, eso es precisamente lo que discuten Luna et al. (2014) cuando proponen los problemas del giro positivista en los estudios latinoamericanos en perjuicio del contexto. Lo que pretendemos, a diferencia de esos autores, es presentar las razones por las que no puede haber un estudio riguroso de las trayectorias latinoamericanas de la Ciencia Política desde el concepto de la institucionalización tal como se ha utilizado hasta el momento. Debe mediar primero una actitud epistemológica contextual radical, una actitud que nos permita recordar que toda actividad humana que se desarrolla en un tiempo y lugar es necesariamente situada.

El desarrollo situado es el reconocimiento de las particularidades existentes en el caso de la Ciencia Política producida en América Latina. Es diferente suponer que las diferencias de la Ciencia Política producida en los Estados Unidos y América Latina requieren reformas al interior de la Ciencia Política latinoamericana a suponer que las diferencias entre ambas disciplinas dan cuenta de realidades distintas que podrían llevar a resultados distintos e igualmente ricos. En el primer caso, el concepto de institucionalización es problemáticamente útil. En el segundo caso, articulado a los principios de la sociología de la ciencia y a enfoques procesuales de las formaciones colectivas (Latour, 2008; Nieto, 1995), el concepto de desarrollo situado nos puede ayudar a entender el presente de la Ciencia Política latinoamericana.

El desarrollo situado no es la acrítica reivindicación de lo propio por el hecho de ser propio. Tampoco es la descalificación de los proyectos foráneos por el hecho de serlo. Es el intento por entender de manera auténtica la forma de la Ciencia Política latinoamericana en el presente, las razones de esa forma y sus posibilidades de transformación de adentro hacia afuera y viceversa. Tal empresa no es nueva, de hecho, podemos encontrar su justificación en el trabajo de Sartori (2011a; 2011b).

Giovanni Sartori (2011a; 2011b) ha sido quizá uno de los críticos más visibilizados de la Ciencia Política en los últimos años. Algo que podría resultar paradójico teniendo en cuenta que ha sido un representante de su lado más hegemónico. Pese a lo anterior, la crítica que Sartori (2011a; 2011b) lanza sobre el positivismo cuando sus prácticas investigativas “deforman la realidad” nos permitirá exponer cómo es que el desarrollo situado es una alternativa válida y urgente frente al concepto de institucionalización.

El argumento de Sartori (2011a) es que ni siquiera la Ciencia Política positivista puede tomar un concepto cualquiera y pretender que por su carácter operacionalizable sea capaz de dar cuenta de la realidad. Para Sartori (2011a), la utilización de un concepto pasa necesariamente por el reconocimiento semiótico de su estructura orgánica, pues de lo contrario se desconoce su relación con el “lenguaje natural” y pierde su sentido. Pero vayamos por partes, empecemos por aclarar qué es un concepto.

Para Sartori (2011b), el concepto es una palabra con una carga semántica particular, que responde a un lenguaje específico y natural. Es decir, un concepto no significa lo mismo en todas partes, pues los “lenguajes naturales”, la herramienta a través de la cual los seres humanos captamos el mundo, son diferentes. Ahora bien, el concepto es solo una de las partes que conforman la estructura del conocimiento mediado por el lenguaje. Sartori (2011b) dirá, citando y reformulando un poco a Ogden y a Richards (lingüistas de comienzos del siglo 20), que el conocimiento puede entenderse como si fuera un ángulo. Una de las puntas del ángulo es el término, que es una palabra asociada a un concepto y se compone de intensión (connotación) y extensión (denotación). La otra punta del ángulo es el referente, que no es otra cosa que todo lo que está antes y más allá del lenguaje, es decir, la realidad. Y la intersección de las líneas, que forma el ángulo, es el significado, producto de la relación entre la intención y la extensión de un término.

Fuente: Tomado de Sartori (2011b).

Figura 2 Triángulo de Ogden y Richards (Ángulo de Sartori) 

El conocimiento está enmarcado en el ángulo que presenta Sartori (2011b), pues en él se marca la relación que existe entre el significado de un término, las condicionantes de lenguaje del término, y el mundo real. Lo que permite entender el triángulo de Ogden, o el ángulo de Sartori, es que la realidad esta mediada por el lenguaje. El término, resultado de la relación entre su intensión y extensión aseguran un significado que a su vez tiene un referente. Un ejemplo de esto podría ser el término científico de manatí. El referente del manatí es un particular animal en el mundo cuyo significado bien podría ser animal marino, moreno, gordo y relativamente peludo (intensión) que pertenece al orden de los mamíferos y que vive en el trópico americano (extensión). Lo interesante aquí, y por lo que la preocupación semiótica de Sartori (2011b) adquiere relevancia es porque el mismo referente puede tener un significado absolutamente distinto. Ese mismo animal/referente que es reconocido por el significado de manatí, en el siglo 17, bajo la mirada de Cristobal Colón, fue reconocido bajo el significado de sirena (Todorov, 1998).

Siguiendo con lo anterior, más allá de que el referente exista, el significado depende de los “lenguajes naturales” utilizados para conocer el referente (ya sea el español moderno del siglo 19 o 20 ó el español del siglo 15 o 16 del siglo del oro). Ahora bien, ?Dónde está el control sobre el lenguaje? Ese control está en el uso correcto de la escalera de abstracción, que manipula la relación entre la intensión y la extensión del término.

De acuerdo con Sartori (2011a) los conceptos están conformados por su denotación (extensión) y por su connotación (intensión). En lo referente a la extensión se habla de los elementos que abarca el concepto. En lo referente a la intención se habla de las propiedades que esos elementos abarcan. La escala de abstracción es un mecanismo con el que se puede calificar el nivel de abstracción de un término. Hay tres niveles en la escala: el nivel bajo de abstracción, el nivel medio de abstracción y el nivel alto de abstracción. En el nivel bajo los términos son utilizados para dar cuenta de contextos específicos, sin esperar con ello lanzar afirmaciones de carácter universalizante. En el nivel medio los términos se utilizan para dar cuenta de realidades más grandes, pero cercanas. En el nivel alto los términos se utilizan para dar cuenta de una realidad universal, con lo que se espera que se pueda dar cuenta de un elemento en todo tiempo y lugar. Si bien un término puede ser utilizado en todos los niveles de la escala, no siempre se puede utilizar de la misma forma, pues de hacerlo así se niegan realidades específicas pretendiendo que lo que ocurre en un lugar y tiempo ocurre de la misma forma en otro. Por eso la connotación y la denotación del concepto deben modificarse (Sartori, 1970).

Si un concepto ha de subir en la escala de abstracción debe referir más elementos, pero para hacer eso sin forzar la realidad, debe eliminar propiedades que el concepto tiene. Un ejemplo interesante de este proceso se puede encontrar en el trabajo de Juan Pablo Luna (2014), donde discutiendo el concepto de institucionalización del sistema de partidos, sostiene que la visión ahora clásica de Mainwaring y Scully no puede operativizarse debido a que, en pocas palabras, las propiedades del sistema de partidos institucionalizado que ellos proponen no puede comprobarse empíricamente en todo tiempo y lugar. Es decir, en el vocablo de Sartori (2011b), el concepto de institucionalización del sistema de partidos tiene una intensión demasiado grande como para pretender una extensión universal. Este fenómeno en el que la extensión de la palabra es tan grande como para que una intensión situada en un “lenguaje natural” transgreda otros “lenguajes naturales”, hasta invadir referentes ajenos, es lo que Sartori (2011b) llama el “estiramiento conceptual”. El peligro del estiramiento conceptual es el de deformar la realidad, o más precisamente, el de hacer que un significado no proporcione nada al conocimiento. En consecuencia, un concepto o término de vocación universal como el de “institucionalización de los partidos políticos”, o como el mismo concepto de “institucionalización de la Ciencia Política”, debería tener la menor cantidad de propiedades posibles.

Aterrizando lo que se ha venido diciendo sobre el concepto de institucionalización que Altman propone, y que es consecuente con el tipo específico de ciencia paradigma del que hace parte, puede afirmarse que hay peligro de un estiramiento conceptual que antes que explicar el contexto regional, deforma lo que busca explicar. Lo importante es que ese estiramiento del que habla Sartori puede traducirse en una mirada provincialista que puede imponer una serie de prácticas sobre prácticas presentes en vez de explicarlas. Esto se vuelve problemático en la medida en que lo que en un principio se presenta como explicación puede derivar en un proyecto autoritario que busque ignorar que la Ciencia Política es y puede ser mucho más que lo que el concepto “institucionalización” sugiere de ella. Seguir las recomendaciones de Sartori (2011b) a la hora de tratar los conceptos es precisamente lo que significa la actitud del desarrollo situado. Dar cuenta de la realidad antes que imponerla es precisamente lo que se busca.

Fuente: Elaboración propia (2017).

Figura 3 Escala de abstracción 

Conclusión

Uno de los problemas que tiene la ciencia social en general, y la Ciencia Política en particular, es el cada vez menor grado de importancia que se le otorga al estudio del contexto (Luna et al., 2014). Esto no quiere decir que los estudios de aspiraciones universales deban dejar de existir. Sin embargo, sí quiere decir que si se aspira a un trabajo de alcance universal debe haber consideraciones conceptuales alrededor de la extensión y la intención del concepto. Hasta aquí se han mostrado las razones para poner en tela de juicio el hecho de que el concepto de la institucionalización sea la referencia por excelencia de los estudios disciplinares de la Ciencia Política en América Latina.

Desde la lógica de Sartori (2011a; 2011b) puede decirse que el concepto, tal como está planteado, resulta poco satisfactorio por el estiramiento conceptual. La gran carga de intensión con la que viene el concepto de institucionalización es inconveniente en términos de la extensión que busca asignársele. Un concepto cuyos referentes inmediatos están en los programas de Estados Unidos, con una trayectoria e historia larga, con unas capacidades materiales completamente diferentes, no debe utilizarse para analizar procesos tan distintos como los que se viven en América Latina.

Algo que resulta problemático después de lo que se ha venido aragumentando es que la institucionalización no puede entenderse como un proceso inocente en el que lo único que se busca es crear las condiciones para el advenimiento de una ciencia auténticamente objetiva. La institucionalización, como concepto, debe entenderse en toda la complejidad de su propio proceso, una complejidad que empieza con los deseos, los intereses y el poder de los académicos que la promulgan en congresos, publicaciones y departamentos. Si aceptamos la postura de Masías Núñez (2017), el proyecto teleológico que supone el concepto de institucionalización habla más de unas voluntades de poder que de un esfuerzo por entender las dinámicas propias de la Ciencia Política en América Latina.

Se abre entonces una pregunta ?Cómo abordar los cambios y el estado de las disciplinas de la región evitando las teleologías que el concepto de la institucionalización en América Latina ha traído? Nuestra propuesta será hablar del desarrollo situado de la Ciencia Política. Nuestra intención es mejor entendida cuando se le da un valor central al carácter situado del desarrollo que proponemos, cuando se le da valor al contexto y a la práctica.

El desarrollo situado de la Ciencia Política, como propuesta, busca dar cuenta de particularidades no generalizables del curso que la disciplina ha tomado en la región. Esto lleva a dar importancia mayúscula a los contextos y las sobredeterminaciones específicas que pesan sobre cada disciplina en la región. También implica una postura política distinta, que fuera de buscar la estandarización forzada de las formas y usos de la Ciencia Política, busca la comprensión y, de ser necesario, la intervención consciente a partir del propio contexto y las propias formas.

Un trabajo desde el desarrollo situado de la ciencia política implicaría la descripción del campo científico local, algo que va más allá del número de programas entre pregrado y posgrado, o el conteo de profesores con doctorado y sin doctorado. Ello implica revisar con cuidado y detalle los actores que afectan al campo científico tanto desde adentro, como desde afuera de la academia. Un ejemplo interesante de este tipo de trabajo es el realizado por el politólogo uruguayo Paulo Ravecca (2015), capaz de desmentir la supuesta relación constructiva entre democracia liberal y desarrollo de la ciencia política para el caso chileno. Otro ejemplo interesante, aunque falte desarrollo, es el de los académicos Luna et al. (2014), que son capaces de relacionar la dominancia del enfoque positivista en los estudios latinoamericanos por las transformaciones económicas de la universidad en los últimos tiempos.

Investigar el desarrollo de la Ciencia Política en América Latina desde el concepto de institucionalización promueve una agenda política sobre la disciplina (deseable o no), pero no facilita el entendimiento de los procesos que la han constituido. Investigar la historia de la Ciencia Política latinoamericana con la sensibilidad contextual permite abordar el fenómeno desde su particularidad, permitiendo un entendimiento mucho mayor de los problemas y las potencialidades que la disciplina tiene en este lugar del mundo. El desarrollo situado, más que ser un concepto, es una actitud investigativa y epistemológica que nos permitirá comprender los procesos como parte integral de una cultura, una sociedad y, sobre todo, un contexto.

1Una excepción notable es el caso de Chile donde, tal como demuestra Paulo Ravecca, la Ciencia Política tuvo una fuerza mayor en los tiempos de la dictadura, con respecto a la que ha tenido en democracia, debido a su compromiso político con ella (Ravecca, 2015).

2En este sentido es importante recordar la idea de Masías Núñez (2017), según la cual, los estudios del estado de la disciplina tienen más bien poco de “científicos” y tienen mucho de teleológicos.

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Recibido: 01 de Febrero de 2019; Aprobado: 19 de Junio de 2019; Publicado: 15 de Diciembre de 2019

Autor correspondiente: Sergio Angel Baquero, Calle 135C No. 10A-73 Apto 501, Edificio Larios 135, Bogotá, Colombia

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