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Scientiae Studia

Print version ISSN 1678-3166

Sci. stud. vol.6 no.3 São Paulo July/Sept. 2008

http://dx.doi.org/10.1590/S1678-31662008000300004 

ARTIGOS

 

Artefactos y textos: algunas aporías en la "hermenéutica artefactual" de Dennett

 

 

Diego Parente

Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. dparente@uolsinectis.com.ar

 

 


RESUMEN

El presente artículo aborda la problemática de la interpretación de artefactos técnicos en la perspectiva de Daniel Dennett. En primer lugar se intenta una reconstrucción crítica de la posición dennettiana en torno a las atribuciones funcionales analizando su énfasis en la dimensión constructiva del intérprete y, por otro lado, se focaliza su desestimación de la condiciones previas a la interpretación de textos y artefactos. La segunda parte de este trabajo se dedica a discutir los alcances de la analogía entre textos y artefactos (instancias que Dennett parecería considerar de manera indistinta) para, finalmente, sugerir una serie de ideas alternativas acerca de la atribución y la interpretación de funciones.

Palabras-clave: Artefactos técnicos. Textos. Interpretación. Dennett. Diseño.


ABSTRACT

This paper attempts to discuss the problem concerning interpretation of technical artifacts in Daniel Dennett's perspective. First, it tries a critical reconstruction of Dennett's claims about functional attributions by analyzing his emphasis in the interpreter constructive dimension and, on the other hand, it focuses on his lack of attention about prior conditions of interpretation of texts and artifacts. The second part of this article is dedicated to discuss the range of Dennett's analogy between texts and artifacts in order to suggest, finally, some alternative ideas about attribution and interpretation of functions.

Keywords: Technical artifacts. Texts. Interpretation. Dennett. Design.


 

 

INTRODUCCIÓN

Daniel Dennett (1990) ofrece algunas líneas fundacionales para una 'hermenéutica de artefactos'. Indudablemente su desarrollo involucra una serie de cuestiones cruciales dentro del debate contemporáneo en filosofía de la técnica, relacionadas especialmente con la cuestión ontológica de la funcionalidad de objetos técnicos y con los modos efectivos de atribución de finalidad.

Tomando como punto de partida esta última problemática, el presente trabajo intenta generar, en primer lugar, una reconstrucción crítica de la posición dennettiana analizando su énfasis en la dimensión constructiva del intérprete (intentio receptoris) y, por otro lado, focalizando su desestimación de las condiciones previas a la interpretación de artefactos. La segunda parte de este artículo se dedica específicamente a discutir los alcances de la analogía entre textos y artefactos (instancias que Dennett parecería considerar de manera indistinta) para, finalmente, sugerir algunos conceptos alternativos que pueden contribuir a pensar la atribución funcional.

 

1 EL ÉNFASIS DENNETTIANO EN LA INTENTIO RECEPTORIS

El problema de la determinación del 'para-qué' o referencia teleológica de un artefacto - y las indagaciones ontológicas derivadas de él - se han convertido en uno de los tópicos centrales en la reciente filosofía de la técnica de orientación anglosajona (cf. Margolis & Laurence, 2007; Dipert, 1995; Baker, 2004; Houkes & Vermaas, 2004; Kroes, 2001). En este contexto de interrogación resulta necesario, a modo de labor propedéutica, acudir a una serie de conceptualizaciones provistas por la hermenéutica textual. Al igual que en el análisis del significado de una obra literaria, la intentio auctoris, la intentio operis y la intentio receptoris pueden ser pensadas como tres dimensiones independientes para el análisis del objeto técnico. Tales dimensiones aluden a distintos aspectos involucrados en la interpretación de artefactos y en la determinación de su pertenencia a una clase. Si bien cada uno de estos abordajes admite matices y variantes de diverso tipo, se puede afirmar esquemáticamente que la intentio auctoris enfatiza que la función propia del artefacto se halla en los contenidos de conciencia del inventor; la intentio operis sugiere que se encuentra en su propio sustrato material-formal (diseño), mientras que la intentio receptoris postula que la función deriva de las interpretaciones de los usuarios.1

Sin dirigirse explícitamente a resolver la problemática de la funcionalidad artefactual, el mencionado artículo de Dennett constituye una provocativa toma de posición acerca de los criterios de interpretación de útiles. Siguiendo la distinción mencionada se puede afirmar que la perspectiva dennettiana tiende a priorizar el papel del intérprete en las atribuciones funcionales privilegiando la idea de que la función del artefacto deriva de las interpretaciones de los usuarios involucrados con él. El propósito original de un artefacto puede ser pasado por alto y reapropiado de diversos modos, de manera tal que ningún objeto técnico permanece inmune a la posibilidad de ser resignificado. Dennett menciona varios ejemplos de artefactos cuyos propósitos originales se pierden y son reemplazados con nuevas funciones. Entre tales casos menciona las "planchas antiguas" que se usan con fines de decoración; y un reloj-alarma que "puede ser descripto caritativamente como un nuevo tipo de pisapapeles" (Dennett, 1990, p. 184).

A su vez el énfasis en la figura del intérprete es apuntalado a través de una crítica de la autoridad hermenéutica del autor o inventor. Las posiciones que postulan que las intenciones del autor empírico son el factor determinante para definir la interpretación adecuada de un texto recaen en lo que Wimsatt y Beardsley (1954) han llamado "falacia intencional" (intentional fallacy) (cf. Chambers, 2005). Ciertamente esta modalidad de análisis criticada por dichos autores puede remontarse hasta el siglo xix, más precisamente a la hermenéutica de F. Schleiermacher. Para éste, el acceso a la intención o contenido de conciencia del autor asegura la captación del "verdadero" significado del texto.2 Ciertamente esta posición crítica hacia la falacia intencional no rechaza la existencia de contenidos de conciencia en el autor empírico de un escrito, sino que cuestiona la relevancia de tales "hechos profundos" para la determinación del significado de los textos.3 Como bien sugiere Dennett, aun si fuera posible hallar una descripción de la representación de la intención del agente codificada en "mentalés" tal información neurológica no sería relevante para determinar el significado de un texto.4

Ahora bien, desplazando esta crítica al territorio de la interpretación de objetos técnicos, Dennett entiende que el inventor o diseñador no puede ser considerado como el árbitro que define lo que un artefacto es, o para qué sirve. Los usuarios son quienes tienen a cargo esa tarea. De hecho el inventor no es más que un usuario singular, sólo circunstancialmente privilegiado en su conocimiento de las funciones y usos de su propia invención. De allí que si otros usuarios logran hallar mejores usos, sus intenciones poseen sólo un interés meramente histórico. Al respecto escribe Dennett:

[E]l "usuario" no es más privilegiado que el autor. E incluso aunque el autor "seleccione" un diseño de "utilidad" actual, la utilidad puede cambiar, y el usuario no es omnisciente (Dennett, 1990, p. 189).

De este modo, ningún elemento valorativo expresado por el diseñador (por ejemplo, a través de una autobiografía u otro tipo de exposición), ninguna remisión a sus intenciones resulta una estrategia suficientemente poderosa para dar por concluida la cuestión del significado de un artefacto. En la hermenéutica dennettiana las intenciones del diseñador no disponen de privilegios por sobre las interpretaciones localizadas de cualquier otro usuario involucrado. En resumen, el argumento dennettiano se dirige, aunque sea de modo implícito, a deconstruir la primacía de la intentio auctoris en la determinación del para-qué de un artefacto.

Por otra parte, Dennett considera que la pregunta acerca de la identificación de un "artefacto" en cuanto tal y la asignación de sus funciones es apenas un capítulo de un problema hermenéutico más abarcativo: el que interroga acerca de cómo somos capaces de interpretar y asignar significado a las acciones de otros seres humanos,5 otros organismos y textos en general.6 Para cada uno de estos casos suponemos un 'principio de optimalidad' (optimality principle). Tal principio implica utilizar una actitud intencional (intentional stance), es decir, un tipo de operación reconstructiva conjetural que dicho autor asocia a la "retro-ingeniería" o "ingeniería reversa".

Este mecanismo, en cuanto requisito hermenéutico, juega un papel sustancial en disciplinas que tratan con objetos cuya inserción cultural se desconoce parcial o totalmente. Por ejemplo, la arqueología y la etnología deben enfrentarse con útiles cuyo significado resulta accesible sólo luego de una reconstrucción conjetural del "mundo cultural" que los portaba.7 De tal modo, el método de "ingeniería reversa" no se completa con una mera identificación de los componentes de un artefacto y de sus particulares contribuciones causales en relación al todo, sino que requiere pensar la función en un determinado contexto cultural. En este sentido acotado, se puede afirmar que comprender un artefacto qua artefacto (tanto en su esfera teleológica como simbólica) significa realizar una serie de hipótesis sobre usos y significados particulares, lo cual requiere remitirse a una cierta Lebensform. 8

Ahora bien, en la dimensión particular concerniente a la interpretación de funciones técnicas suponemos - de acuerdo con Dennett - un "principio de optimalidad" que obliga a interrogarnos qué quería significar el diseñador de un artefacto. Es necesario entonces asignar funciones y pensar los propósitos bajo los cuales se dirigió la producción de un útil. Toda interpretación de un artefacto implica, entonces, una estrategia de adjudicación de un para-qué relativo a su diseño. En este punto Dennett se aproxima al planteamiento del "principio de caridad" que Davidson aplica al problema de la comprensión interlingüística,9 esto es, una presuposición de coherencia interna en el objeto interpretado. Pero, en rigor, esta referencia dennettiana a la atribución de optimalidad no se dirige a enfatizar la relevancia de la intentio auctoris o de la estructura de diseño del útil, sino que se ocupa exclusivamente de graficar las condiciones bajo las cuales es posible responder a la pregunta por la función de un artefacto.

En este sentido la trama argumentativa dennettiana está signada por una particular dialéctica entre ejemplos conflictivos y no-conflictivos de atribución funcional a artefactos. Pero es la segunda clase de ejemplos la que orienta su tematización de los principios de interpretación subyacentes. Aquí debe destacarse que hay diferencias decisivas entre tomar en cuenta tales casos conflictivos desprendiendo algunas restricciones hermenéuticas básicas, y afirmar que las atribuciones funcionales exitosas pueden prescindir de cualquier referencia a instancias tales como el inventor y el diseño. Dennett parece aproximarse a esta última alternativa cuando afirma que el éxito de nuestras atribuciones funcionales se incrementa en la medida en que ignoremos los "registros de investigación y desarrollo" (Dennett, 1990, p. 192). Efectivamente es legítimo interrogarse qué queda una vez que se ha dejado a un lado el valor argumentativo de las intenciones explícitas (o implícitas) del diseñador y del propio diseño. Si permanecen sólo las direcciones interpretativas de los usuarios, y si éstas constituyen la única constricción relevante para la determinación de la funcionalidad, entonces el argumento se debilita. Específicamente Dennett no toma en consideración que buena parte de lo que se comprende como el "contenido" de un artefacto es determinable a través de una indagación de las propiedades del mismo objeto técnico. Lo cierto es que, al convertir estos casos conflictivos en paradigmáticos, Dennett se aproxima al sesgo idealista que suele caracterizar a un importante sector de las investigaciones de base sociológica del constructivismo social.10

En este punto resulta importante destacar un inconveniente semántico hallable en esta posición. Dennett entiende que el 'significado' de un artefacto, su 'función' y su 'propósito' serían equivalentes. A lo largo del artículo mencionado las tres nociones se utilizan como sinónimos (cf. Dennett, 1990, p. 183 ss.). Sin embargo es posible marcar algunas distinciones entre ellas. Por un lado, el significado refiere al usuario, a la actividad interpretativa que descubre un cierto "para-qué" en el útil, pero tal actividad no se agota allí sino que involucra también (y de modo constitutivo) orientaciones sociales - por ejemplo, estéticas, ceremoniales y éticas - no reductibles a su mera funcionalidad. De este modo una boquilla para fumar puede sugerir identificación con ciertos habitus de clase además de servir para la actividad de fumar en sí misma. "Función" y "propósito", por su parte, focalizan el aspecto del diseño del artefacto, es decir, la serie de previsiones materializadas en la estructura formal y material del útil. Estas dos nociones, a diferencia de la primera, no se mostrarían directamente asociadas al contenido simbólico y, en tal sentido, serían indagables en un plano de análisis más acotado.11 Lo cierto es que el hecho de que Dennett utilice estos tres conceptos de manera indistinta puede resultar confuso y puede conducir a desnaturalizar las diferencias entre distintas dimensiones artefactuales.

De acuerdo con lo explicitado, la tesis central de Dennett consiste en afirmar que en los cuatro casos (textos, artefactos, organismos, acciones de individuos) los principios de interpretación son los mismos. A fin de indagar la sostenibilidad de tal idea, la siguiente sección se restringirá a determinar los alcances de la analogía dennettiana entre textos y artefactos. El esclarecimiento de esta última analogía resulta crucial para una indagación sobre la atribución funcional en la medida en que, si bien Dennett coloca a las cuatro instancias en un pie de igualdad, el vocabulario que guía su análisis está extraído principalmente del dominio que rige la interpretación textual.

 

2 ALCANCE DE LA ANALOGÍA DENNETTIANA ENTRE TEXTOS Y ARTEFACTOS

Dennett entiende a la "artifactual hermeneutics" como una hermenéutica textual aplicada a un dominio más amplio de entidades. Como se ha remarcado, los principios de optimalidad que operan para la interpretación de textos serían los mismos que se usan para interpretar artefactos técnicos. Precisamente este desplazamiento constituye el núcleo más conflictivo de toda su propuesta en torno a la identificación de funciones. Insistiendo en el protagonismo del intérprete en esta tarea, Dennett afirma que:

[L]os textos son artefactos [...]. Algunos artefactos, como las pinturas o las esculturas, están notoriamente - y deliciosamente - abiertos a interpretaciones rivales, y el artista, por supuesto, no es una guia confiable (Dennett, 1990, p. 181).

Como es sabido, la literatura, y especialmente la poesía, son campos particularmente abiertos a la disputa entre interpretaciones. Para Dennett, el problema de las propiedades funcionales conduce al mismo tipo de inconvenientes que surgen cuando se indaga el significado de un texto, ya sea literario o de otro tipo.

Ahora bien, aquí cabe preguntarse hasta qué punto es válido postular esta analogía entre textos y artefactos técnicos, analogía que termina por hacerlos indistinguibles. En lo que sigue intentaré sugerir dos diferencias importantes que debilitan la aplicación de esta propuesta dennettiana.

Un primer modo de pensar las limitaciones de esta analogía conduce a indagar el modo en que opera la interpretación textual. Se debe conceder que, efectivamente, un texto (así como cualquier otra producción derivada de acción intencional humana) es un "artefacto". Es decir, constituye el producto de una cierta elaboración en la que intervinieron seres humanos, y no puede ser considerado como una entidad natural más.12 Sin embargo, una vez que se aborda el nivel composicional, surgen algunas diferencias relevantes que no deberían ser desestimadas. Las palabras presentes en un texto (ya sea un poema o un relato) responden a una gramática de producción y de recepción histórica y culturalmente situada. En tal sentido no permiten una interpretación incondicionada sino que - por el contrario - deben ajustarse al marco mencionado. En el caso de los artefactos, sus componentes funcionan sobre la base de leyes naturales (físico-químicas). Este último tipo de constricción es sin duda más poderoso que el subyacente a la interpretación de palabras. Las propiedades físico-químicas de los componentes de dichos artefactos impiden, por razones estructurales, una serie de usos o "actualizaciones" (por ejemplo, una bicicleta es incapaz de funcionar adecuadamente como teléfono celular). Aquí es importante destacar que los artefactos técnicos disponen de un componente normativo que no puede predicarse igualmente de los textos. Considerar una entidad bajo la idea de artefactualidad consiste, en lo esencial, en asignarle la función de hacer x bajo ciertas circunstancias, es decir, contar con la disposición para hacer x bajo circunstancias normales.

Alguien podría ofrecer una interpretación del poema "El extranjero" de Rudyard Kipling alegando que refiere a una crítica de la caída del Muro de Berlín. Incluso una interpretación disparatada como ésta puede ser hasta algún punto defendida, en la medida en que el núcleo metafórico que caracteriza al lenguaje poético permite tales desplazamientos semánticos. Sin embargo, un destornillador de goma o de papel - aún disponiendo de mucha imaginación - no servirá para cumplir la función de quitar tornillos de una puerta. En otras palabras, las interpretaciones en el campo de los textos (y las justificaciones argumentativas en torno a ellas) parecen presentar una flexibilidad mayor que la dada en el contexto de los artefactos técnicos.13 En rigor, esta primera diferencia entre textos y artefactos técnicos no es radical sino sólo de grado, pero a pesar de esto lo cierto es que resulta fundamental como principio de una hermenéutica artefactual y no aparece considerada en el planteo dennettiano.

El esclarecimiento de una segunda diferencia requiere focalizar los tipos de creencia que texto y artefacto pretenden ocasionar. Ciertamente todos los artefactos, ya sean literarios o técnicos, tienen un propósito comunicativo. Esto es, fueron realizados con la intención de producir una creencia en otro agente. Sin embargo, como bien ha señalado Randall Dipert (1993), en este aspecto sus finalidades no resultan homologables. Los aspectos comunicativos de un artefacto técnico - por ejemplo, una silla - causan creencias acerca del artefacto en sí mismo. Y estos rasgos artefactuales de la silla, así concebidos, parecen incapaces de generar creencias acerca de otros objetos. Por el contrario, los textos (en cuanto artefactos expresivos) pretenden causar en el receptor una creencia acerca del creador en sí mismo. Esta última capacidad, si seguimos el argumento de Dipert, resulta aplicable en verdad al campo de las obras de arte en general. En otras palabras, en el caso del objeto técnico, la creencia que se supone es acerca de la silla, es decir, de ella considerada en cuanto útil destinado a un cierto para-qué. En el caso de la obra de arte, la creencia producida atañe al autor, una entidad diferente a la obra. Mientras que los artefactos técnicos son productos intencionales constitutivamente orientados a la alteración del mundo físico y muestran una estructura de medios y fines, las obras de arte son artefactos dirigidos a ser reconocidos en su intención expresiva, y tal reconocimiento alcanza para satisfacer su estatuto de "obra de arte".14

Considerando lo expuesto, es razonable pensar que el motivo principal que mueve a Dennett a insistir en esta analogía entre artefactos y textos es su pretensión de enfatizar una concepción de tendencia idealista acerca de las propiedades funcionales del artefacto. Según esta posición, dichas propiedades se prestarían a la "libre interpretación" del usuario, así como un poema parece ofrecerse a la liberalidad de criterio de su lector.

2.1 LAS CONSTRICCIONES SOBRE LA "LIBRE INTERPRETACIÓN" DE TEXTOS Y ARTEFACTOS

El reconocimiento de estas diferencias entre textos y artefactos técnicos obliga a revisar la aplicabilidad de la analogía tal como la presenta Dennett. Sin embargo, tal reconocimiento no invalida la tarea de tematizar la interpretación de funciones mediante el arsenal conceptual de la hermenéutica textual. Sólo impide que se considere que la intepretación de artefactos se encuentre sujeta a las mismas leyes que operan en la interpretación textual. De allí que ahora cabe preguntarse, sin perder de vista las diferencias anteriormente expuestas, si alguna versión de hermenéutica textual puede ofrecer una vía de indagación coherente en torno a los artefactos y sus interpretaciones sin vernos conducidos a la idea de que toda interpretación es válida.

Como bien indica Umberto Eco (1995), en el marco de la teoría literaria contemporánea (especialmente en la orientación post-estructuralista que domina el ámbito de la crítica norteamericana) los derechos de los intérpretes se han hecho valer más que los derechos de los textos. Frente a la intentio auctoris y la intentio lectoris, Eco destaca la relevancia de la "intención del texto" a la hora de determinar el significado de una obra. En este sentido sostiene que "hay criterios que limitan la interpretación" (Eco, 1995, p. 43), comprendiendo que tales criterios se asientan en propiedades lexicales objetivas hallables en los textos.15 Al respecto afirma Eco:

Entre la misteriosa historia de una producción textual y la incontrolable deriva de sus lecturas futuras, el texto qua texto sigue representando una confortable presencia, el lugar al que podemos aferrarnos (Eco, 1995, p. 95).

De tal modo, las palabras aportadas por el autor constituyen "un embarazoso puñado de pruebas materiales que el lector no puede dejar pasar por alto en silencio" (Eco, 1995, p. 26). Entre la intención del intérprete y la intención del autor - muy difícil de descubrir y con frecuencia irrelevante para la interpretación de un texto - existe una tercera posibilidad: la intención del texto (intentio operis). La presencia de ésta última obliga a aceptar una suerte de principio popperiano: si no hay reglas que permitan averiguar cuáles interpretaciones son las mejores, existe al menos una regla para averiguar cuáles son las malas. Esto es, si bien no indica una dirección definitiva y clasurante, la intentio operis al menos sí aporta elementos en base a los cuales se puede juzgar cuáles serían las interpretaciones insostenibles.16

Por otra parte, Eco sostiene que captar la intentio operis de un texto implica reconocer una estrategia semiótica, actividad que se realiza frecuentemente a partir de convenciones estilísticas. Aquello que Eco pretende preservar es el vínculo dialéctico entre intentio lectoris y intentio operis, aun admitiendo que esta última no aparece en la superficie textual sino que sólo es hallable como "resultado de una conjetura por parte del lector" (Eco, 1995, p. 68) sobre la intención del texto. En este sentido, el texto es un dispositivo concebido con el fin de producir su lector "modelo". Es un objeto que la interpretación construye en el curso del esfuerzo circular de validarse a sí misma sobre la base de lo que construye como resultado.

Indudablemente el planteo de Eco abre una serie de cuestiones altamente relevantes no sólo para la hermenéutica textual sino también para la reflexión filosófica sobre la interpretación de artefactos técnicos. Entre tales cuestiones se encuentra la de si las particularidades del diseño técnico pueden ser pensadas como constricciones de la interpretación de funciones, tomando como modelo lo que sucede con la objetividad lexical en el caso de los textos. La plausibilidad de este concepto provisto por Eco queda expuesta una vez que se tematiza cuidadosamente el aspecto "comunicativo" de los objetos técnicos. Como bien señala Dipert (1995), lo característico del artefacto (a diferencia de las entidades naturales y los meros instrumentos espontáneos) es el señalar intencionalmente su estatuto de herramienta. El artefacto es intrínsecamente comunicativo, publicita su estatuto de herramienta, es decir, comunica su estatuto de objeto con propiedades intencionalmente alteradas para ser reconocidas como tales por otros agentes (cf. Dipert, 1993, p. 95 ss.). En este sentido acotado, los objetos técnicos bien pueden ser considerados como dispositivos que - desde su propia producción - apuntan a un usuario "modelo", el cual se ve conducido a conjeturar una explicación óptima del diseño con el cual se enfrenta.

Es importante destacar, por un lado, que esta labor de detección se ve facilitada en la medida en que los artefactos suelen disponer de sub-artefactos comunicativos tales como etiquetas ("destornillador marca x"), una señal particular, o un signo indicando el tipo de útil del que se trata. Amparados en estas propiedades ellos ingresan en un sistema comercial que enfatiza tal identidad artefactual. Por otro lado, focalizando la gramática de su recepción, esta tarea de detección también parte de series (o "linajes") de usos preestablecidos que condicionan en sentido fuerte la interpretación de funciones. Los destornilladores han evolucionado y sobrevivido debido a su éxito en la actividad de quitar tornillos o facilitar tareas similares; en tal sentido pueden entender-se como pertenecientes a especies artificiales. Este éxito (y no su uso circunstancial como pisapapeles) ha jugado un papel esencial tanto en su identificación como en su uso.

Siguiendo esta orientación podría pensarse que tales propiedades comunicativas representan una suerte de intentio operis del artefacto técnico. A su vez estos condicionantes podrían operar ciertamente como directivas para distinguir una "mala" interpretación, es decir, una conjetura que no atiende o desestima los elementos de diseño y/o sus propiedades comunicativas - por ejemplo, interpretar una bicicleta como teléfono celular, tal como se había planteado anteriormente.

 

CONCLUSIÓN

A lo largo de este trabajo se ha intentado mostrar algunas limitaciones de la propuesta dennettiana en su tratamiento de la interpretación de artefactos técnicos. En lo esencial se han presentado dos argumentos específicos: el primero relacionado con su desestimación de las propiedades objetivas del diseño y el segundo relativo a los déficits de su analogía entre textos y artefactos técnicos. Ambos argumentos se encuentran entrelazados puesto que el planteamiento de la analogía con los textos le sirve a Dennett para: (a) defender el protagonismo de la intentio receptoris y (b) colocar en un segundo plano las alusiones a las propiedades objetivas del útil.

En la última sección se ha tratado de remarcar que, aun reconociendo las diferencias entre textos y artefactos, es posible pensar algunas cuestiones relativas a la interpretación de funciones a partir de la idea de intentio operis esbozada por Eco. Así como en el análisis literario existe una "intención de la obra" que restringe el abanico de interpretaciones plausibles, en el campo de tematización filosófica de los artefactos es posible postular una intentio de la propia estructura formal/material del útil, es decir, de su diseño y de sus propiedades auto-comunicativas. Éstas, por supuesto, no se nos presentan en bruto ni espontáneamente, sino que constituyen el resultado de una conjetura del intérprete. Pero dichas conjeturas no aluden a un vacío que se puede completar caprichosa y libremente; ellas refieren siempre a estructuras físicas concretas abordables de manera intersubjetiva. Estas estructuras, a su vez, no resisten cualquier tipo de "actualización". Como se ha remarcado anteriormente, las leyes de la naturaleza impiden, por definición, una extensa serie de usos (o "posibilidades pragmáticas") para cada útil.

Como bien indica Dennett, la intentio auctoris, es decir, el propósito orientado por el inventor o diseñador, no puede ser concebido como un determinante absoluto de la funcionalidad. Sin embargo tampoco resulta adecuado confiar la determinación del para-qué de un artefacto a los usos siempre múltiples actualizables por los usuarios. En este sentido, el planteamiento dennettiano parece desestimar la relevancia de los condicionamientos de diseño propios de los artefactos técnicos y los hace aparecer en su análisis como susceptibles de recibir cualquier interpretación o actualización válida. Pero, en rigor, aquello que se presta a la interpretación no es un conjunto absolutamente variable ni tampoco un conjunto ajustable a cualquier tipo de comprensión. Así como las propias palabras de un relato no permiten validar todas las interpretaciones posibles, los artefactos cuentan con constricciones hallables en su propio diseño y en sus particulares propiedades comunicativas.

Este artículo es el resultado de una reelaboración de la comunicación presentada en el Workshop "Tecnología y democracia: de las propiedades de los artefactos a la política del diseño" en el marco del VI Encuentro de Filosofía e Historia de la Ciencia del Cono Sur - AFHIC (Montevideo, mayo de 2008).

 

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1 Thomasson (2003) ha desarrollado una teoría histórico-intencional centrada en la intentio auctoris. Grint y Woolgar (1992) y el constructivismo social de Bijker y Pinch (1990) pueden ser considerados como las principales defensas teóricas de la intentio receptoris. Las alternativas abiertas por la idea de una intentio operis se detallan en la sección 2 del presente trabajo.
2 En este aspecto particular la concepción schleiermacheriana implica, al menos, dos aporías: (a) suponer que exista un único significado "verdadero" del texto apropiable a través de algún tipo de medio, y (b) creer que tal significación se alcanza exclusivamente a partir de una remisión a las intenciones del autor (es decir, de una remisión a sus contenidos de conciencia). Sobre el carácter representativo de Schleiermacher en cuanto a esta orientación hermenéutica, véase Ferraris, 2002, especialmente p. 108 ss.
3 En el mismo sentido Umberto Eco afirma: "En el caso de los textos en ciertas ocasiones tiene sentido recurrir al autor empírico pero lo cierto es que su respuesta no puede usarse para validar las interpretaciones de su texto, sino para mostrar las discrepancias entre la intención del autor y la intención del texto" (1995, p. 69).
4 En una dirección semejante, Ricoeur sostiene que "comprender un texto no significa reunirse con el autor [...]. Si el significado objetivo es algo distinto de la intención subjetiva del autor [...] ya no se puede resolver el problema de la comprension correcta mediante un simple regreso a la supuesta intención del autor" (2001, p. 184).
5 En este sentido, Dennett se aproxima a la posición defendida por Ricoeur (2001), quien concibe al texto como modelo de análisis y comprensión de las acciones humanas. De acuerdo con Ricoeur, el significado de la acción humana (en tanto que un tipo de "enunciación") también es algo que se dirige a una serie indefinida de posibles lectores. Es decir, al igual que un texto, la acción humana es una obra abierta cuyo significado está "en suspenso" (2001, p. 181).
6 Indudablemente el caso de los organismos constituye el más conflictivo. Si bien permanece fuera del tópico de este trabajo, la dificultad consiste en cómo descubrir "intenciones" o "propósitos" en la naturaleza. De acuedo con Dennett la vía es adoptar una actitud intencional hacia el proceso de selección natural y considerar los diseños racionales hallados. Esto significa, en su terminología, convertirse en "adaptacionistas", es decir, suponer la optimalidad de diseño en los organismos estudiados. La utilización de tal supuesto de optimalidad no responde a que creamos que la evolución ha hecho "el mejor de los mundos posibles", sino que "debemos ser intérpretes si queremos hacer algún tipo de progreso, e interpretar requiere la invocación de optimalidad" (1990, p. 185).
7 Desde su experiencia como etnólogo, Leroi-Gourhan (1984) ha destacado estas dificultades propias de la interpretación de materiales fósiles.
8 No sería arriesgado pensar que este último tipo de comprensión involucra un tipo de aproximación cercano al utilizado por el último Wittgenstein cuando concibe a los juegos de lenguaje como 'forma de vida'. En este sentido, la interpretación plena de productos artificiales supondría necesariamente la descripción de entornos culturales o "modos de vida".
9 De acuerdo con Davidson, la aplicación del "principio de caridad" en la comprensión de otros lenguajes es una exigencia interpretativa ineludible. Véase especialmente Davidson, 1984, Cap. 13.
10 Véase especialmente Grint y Woolgar (1992), artículo en el cual esta orientación idealista aparece extremizada. Si bien no alcanzan la radicalidad de los autores mencionados, también buena parte de los argumentos de Bijker y Pinch (1990) podrían situarse en esta última categoría en cuanto enfatizan el papel constructivo del intérprete e indican la "flexibilidad interpretativa" constitutiva de los artefactos.
11 Una valiosa prueba que apoya la distinción entre estas dimensiones está dada por el tratamiento contemporáneo disciplinar sobre el tema, que se encuentra generalmente escindido. La filosofía analítica de la técnica se ha ocupado casi exclusivamente de la segunda faceta, priorizando el estudio de los componentes de la acción técnica, la relación del conocimiento científico con el conocimiento técnico y el estatuto de los valores internos. Las cuestiones concernientes al 'significado' de los artefactos, en cambio, ha sido abordada no tanto por filósofos, sino por científicos sociales, siendo objeto de estudios etnográficos de diverso tipo.
12 En términos aristotélicos podría decirse que los textos tienen su principio de generación en algo externo (el autor empírico) y no en sí mismos, por lo cual cabe denominarlas "producciones" y, en tal sentido, pertenecen al ámbito de la poiesis. Véase Aristóteles, Metafísica, vii, 1032a.
13 Ciertamente tampoco resultaría adecuado pensar que un texto puede adecuarse a cualquier interpretación, pero ellos admiten una mayor flexibilidad en cuanto las leyes de la gramática de producción y de recepción son menos inflexibles que las leyes físico-químicas que regulan las posibles prestaciones de un artefacto técnico.
14 Esto es precisamente lo que Dipert denomina una "RIF intention" (Recognition Implies Fulfillment), una intención tal que su reconocimiento lógicamente conduce a su satisfacción (Dipert, 1993, p. 116).
15 Con otros argumentos, también Ricoeur, 2001, ofrece una crítica de la enfatización unilateral de la intentio receptoris. En su lugar propone una lógica de validación de las conjeturas que permite "oscilar entre dogmatismo y escepticismo", asumiendo que el texto es un campo limitado de interpretaciones posibles (Ricoeur, 2001, p. 186-7).
16 Al respecto Eco afirma: "Entre la inaccesible intención del autor y la discutible intención del lector existe la transparente intención del texto, que desaprueba una interpretación insostenible" (Eco, 1995, p. 84). En una dirección similar Ricoeur sostiene que a los procedimientos de validación de una cierta interpretación corresponden los de invalidación o "falsación". En otras palabras, frente a una situación de conflicto entre abordajes rivales, la interpretación defendida no sólo debe ser probable, sino más probable que otra (Ricoeur, 2001, p. 186).