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REMHU: Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana

Print version ISSN 1980-8585On-line version ISSN 2237-9843

REMHU, Rev. Interdiscip. Mobil. Hum. vol.25 no.49 Brasília Jan./Apr. 2017

http://dx.doi.org/10.1590/1980-85852503880004902 

Dossiê: "Migrantes no mercado de trabalho: precarização e discriminação"

Migración y trabajo en Estados Unidos. Polarización ocupacional y racialización de la desigualdad social en la postcrisis

Migration and Labor in the United States. Occupational polarization and racialization of social inequality in post-crisis age

Alejandro Canales1 

1Departamento de Estudios Regionales, Universidad de Guadalajara. Guadalajara, Jalisco, Mexico.

Resumen

Analizamos la inserción laboral de los migrantes latinoamericanos en los Estados Unidos en un escenario postcrisis. Nuestra tesis es que la dinámica laboral en ese país está configurada por dos procesos estructurales: i) la polarización de la estructura de las ocupaciones, y ii) la racialización de la estructura de clases y la desigualdad social. Si bien el racismo y la discriminación étnica desde siempre han formado parte de la estructura social de los Estados Unidos, lo relevante en la época actual es la dimensión y magnitud que ellos alcanzan, así como las tendencias que se estiman para las próximas décadas.

Palabras clave Migración; Racialización; Polarización; Latinos; Desigualdad Social

Abstract

We analyze the insertion of the Latin American immigrants in the labor market of the United States in a post-crisis scenario. Our thesis is that two structural processes determine the labor situation of migrants: (i) the polarization of the structure of occupations, and (ii) the racialization of class structure and social inequality. Racism and ethnic discrimination have always been part of the social structure of the United States, what is relevant in today's age is the size and magnitude they reach, as well as the trends that are estimated for the next decades.

Keywords Migration; Racialization; Polarization; Latinos; Social Inequality

Introducción

El racismo y la diferenciación étnica desde siempre han formado parte de la estructura social y cultural de los Estados Unidos. Diversos autores han estudiado su conformación histórica, así como sus mecanismos de reproducción y transformación en el tiempo02. Asimismo, hace unos años se abrió un interesante debate en torno a las nuevas formas que adopta la discriminación étnica en la sociedad norteamericana contemporánea03.

En nuestro caso, sostenemos que el cambio demográfico que experimenta la sociedad norteamericana lleva a una profundización de las formas que asume el racismo y la discriminación étnica. La dinámica demográfica de las últimas décadas y de las que vienen, plantea una transformación radical en los equilibrios demográficos sobre los que se sustentó el racismo en los Estados Unidos. De ser una sociedad compuesta por una amplia mayoría demográfica blanca y un conjunto de minorías étnicas (afrodescendientes, población aborigen, asiáticos y latinos, principalmente) los Estados Unidos transitan a una estructura poblacional compuesta por dos grandes minorías étnicas –los blancos y los latinos- y un conjunto de otras pequeñas minorías04. Esta situación es la que ya se experimenta en estados como California, Texas y Florida, en donde el tradicional eje demográfico de mayoría/minorías, se ha transformado dando lugar a un sistema de minorías demográficas, en donde ninguna de ellas tiene el peso necesario para constituirse como mayoría absoluta.

En este contexto de transición a una sociedad de minorías demográficas, la reproducción del racismo implica una profundización de la racialización de la desigualdad social y de la discriminación étnica como factores estructurantes de la sociedad norteamericana. Esta situación se manifiesta en desigualdad étnica frente la educación, la salud, la segregación residencial, el trabajo, la distribución del ingreso y la estructura de clases, entre muchos otros aspectos05.

En nuestro caso, nos interesa analizar las implicancias de este nuevo contexto demográfico en la profundización del racismo a partir de la dinámica y conformación del mercado de trabajo, y de los patrones de inserción de cada grupo étnico en la estructura ocupacional. El mercado de trabajo configura un campo preferencial en la disputa de la distribución de los excedentes económicos y por ese medio, en la estructuración de las clases sociales. Por lo mismo, es particularmente sensible a las condiciones sociales, políticas y culturales que imperan en cada sociedad06. Como tal, no sólo opera como un espacio de regulación de relaciones económico-productivas, sino también como un campo donde se expresan las correlaciones de fuerza entre los distintos actores económicos, sociales y políticos, constituyendo por tanto, un espacio fundamental en la configuración de la desigualdad social y de las asimetrías de poder económico y político07. El mercado de trabajo no es sólo un espacio económico donde se determina el salario, sino que es un campo social de negociación de los trabajadores frente al capital, el Estado y el resto de la sociedad08.

Esta visión del mercado de trabajo, nos resulta de particular interés para analizar la situación de la migración latinoamericana en los Estados Unidos así como su papel en la configuración de los procesos de racialización de la desigualdad social en ese país. El migrante latino no se inserta pura y simplemente al mercado de trabajo, sino que accede a él arropado de un conjunto de condiciones sociales, políticas y culturales que configuran y construyen su posición de vulnerabilidad frente al capital, el Estado y otros grupos étnicos, configurando así, un campo de asimetrías de poder entre los inmigrantes latinos y otros actores dentro del mercado de trabajo09.

Estas asimetrías de poder, hace que los migrantes latinos estén expuestos a diferentes formas de discriminación laboral. La condición étnica y migratoria configura una situación de vulnerabilidad social y política que se traduce en una discriminación salarial, precariedad laboral, y otras desventajas que afectan directamente las condiciones de trabajo y remuneraciones de los migrante latinos.

Considerando lo anterior, en este texto analizamos empíricamente la inserción laboral de los migrantes latinoamericanos en los Estados Unidos en un escenario postcrisis. Nuestra tesis es que actualmente la dinámica económica y laboral en ese país está configurada por dos factores y procesos estructurales. Por un lado, la polarización de la estructura de las ocupaciones, y por otro lado, la racialización de la estructura de clases y la desigualdad social. Si bien la discriminación laboral por condición étnica desde siempre ha formado parte de la estructura social de los Estados Unidos, lo relevante en la época actual es la dimensión y magnitud que ellos alcanzan frente al cambio demográfico que actualmente experimenta la sociedad norteamericana, así como las tendencias que se estiman para las próximas décadas.

Polarización de la estructura ocupacional

Desde hace un par de décadas diversos autores, han documentado las nuevas formas de polarización y desigualdad social que surgen en los Estados Unidos como resultado de la globalización económica10. A ello, cabe agregar los impactos de la crisis que entre otros aspectos, implicó una profundización de procesos que ya se venían manifestando. Nos referimos a la relocalización de capitales y procesos productivos desde los Estados Unidos hacia otras regiones del mundo, aprovechando las ventajas que ofrecen en cuanto a valor de la fuerza de trabajo, exenciones tributarias, flexibilidad en cuanto a políticas ambientales, entre otros11. Esto ha profundizado el proceso de desindustrialización y terciarización de la economía norteamericana, transformando las bases de su actual matriz productiva.

Esta nueva matriz productiva ha profundizado la polarización del empleo, en donde junto con el auge de ocupaciones de alto nivel de reflexividad y conocimiento propias de la economía de la información, se da también un importante crecimiento de puestos de trabajo altamente flexibles y desregulados que configuran nuevos contextos de precarización del empleo y de vulnerabilidad de la fuerza de trabajo.

Para ilustrar esta tesis, a continuación presentamos un análisis estadístico con base en una clasificación de las ocupaciones que nos permite medir y estimar la dimensión de la polarización del empleo y de la desigualdad socio-ocupacional que implica. Para ello, hemos reclasificado la estructura de ocupaciones con base en las siguientes grandes categorías de análisis.

  • Actividades de Dirección del proceso de trabajo. Incluye gerentes, ejecutivos, managers y CEOs, todas ellas actividades de alto nivel que se dedican a la organización, planificación, dirección y control de las actividades que desarrollan los trabajadores, así como de la gestión de las empresas. Su posición de privilegio se manifiesta en que perciben en promedio un salario o remuneración de casi 76 mil dólares anuales, cifra que es muy superior al del resto de categorías de trabajadores, y a la vez que más que duplica la mediana nacional.

  • Profesionales. Son actividades que exigen un alto nivel de preparación y formación técnico-profesional. Se dedican al procesamiento de información y aplicación del conocimiento al proceso de trabajo. Al igual que los CEOs y directivos, su posición de privilegio queda de manifiesta con sus remuneraciones. Los 64 mil dólares que perciben al año constituye un ingreso salarial que más que casi duplican las remuneraciones de los trabajadores de los estratos medios, y prácticamente triplican a la de los trabajadores de los estratos inferiores (ver cuadro 1).

  • Actividades de administración y distribución. Se refiere a actividades de apoyo a la dirección, así como a la distribución y comercialización de los bienes y servicios producidos. Su posición media se refleja en sus niveles salariales. En promedio perciben 39.1 mil dólares anuales, cifra que los ubica en un nivel medio de remuneraciones, que es casi la mitad de lo que perciben los estratos altos, pero que es también casi el doble de la que perciben los estratos ocupacionales inferiores.

  • Actividades de producción: trabajos vinculados directamente al procesamiento y transformación de bienes y mercancías. Son los que ejecutan directamente el proceso de trabajo. Son trabajadores manuales que conforman un nivel medio en la pirámide ocupacional. Sus remuneraciones son de 38.6 mil dólares anuales, muy similares a la de los empleados, y ligeramente superior a la mediana nacional.

  • Construcción. Aunque son una actividad productiva, la diferenciamos de ellas, pues en estas actividades se da una alta concentración de mano de obra inmigrante. En promedio, sus remuneraciones son de 38.5 mil dólares al año, cifra prácticamente igual a la de los trabajadores manuales y muy próxima a la mediana nacional. Sin embargo, es una actividad altamente volátil y sensible a la dinámica del ciclo económico.

  • Actividades de reproducción social. Corresponde a trabajos y servicios que se vinculan directamente con la reproducción de la población, tales como el servicio doméstico, industria del cuidado y atención de personas, preparación de alimentos, limpieza y mantenimiento, entre muchas otras. En promedio, perciben sólo 21 mil dólares al año, cifra que es un 40% inferior a la mediana nacional, y casi la mitad de la que perciben los estratos medios, y menos de un tercio de la que perciben los estratos altos.

CUADRO 1 Estados Unidos, 2016. Remuneraciones promedio según grandes grupos de ocupación (dólares anuales) 

Dirección (CEOs, Gerentes) Profesionales Empleados Trabajadores de Producción Construcción Servicios de Reproducción social Mediana Nacional Promedio Nacional
Sueldos y Salarios 75.733 63.756 39.067 38.573 38.459 21.034 35.000 47.895

Fuente: Current Poplation Survey, March Supplement, 2016

Considerando la desigualdad inherente a esta estructura ocupacional, nos interesa analizar la polarización de esta estructura piramidal y su vinculación con los patrones de inserción laboral de los trabajadores según su condición étnica y migratoria.

Entre el 2000 y el 2016 el empleo en los Estados Unidos se incrementó en 14.1 millones de puestos de trabajo, cifra que representa un 10% acumulado en todo el periodo. Sin embargo, este crecimiento no se reprodujo por igual en todas las ocupaciones. Mientras los trabajos ubicados en los extremos altos y bajos de la jerarquía ocupacional son los más dinámicos y de mayor crecimiento, los ubicados en los niveles medios se ven estancados y deprimidos, e incluso con decrecimiento absoluto de los niveles de empleo.

Por un lado, en la cima de estructura ocupacional, los puestos de dirección se incrementaron en 5 millones de puestos de trabajo, cifra que representa un crecimiento del 25% acumulado. Asimismo, los trabajos de profesionales, técnicos y científicos, crecen en 10 millones, cifra que representa una tasa acumulada de casi el 40% para todo el periodo (ver figura 1). En este caso, se trata de dos tipos de trabajos. Por un lado, profesionales y técnicos que prestan sus servicios a empresas en los procesos de investigación y desarrollo, innovación y aplicación de nuevas tecnologías, así como en la gestión empresarial y administración de las empresas, y por otro lado, profesionales en los servicios sociales, educación, salud, y diversos servicios públicos que ofrecen tanto el Estado como el sector privado, y que se orientan a la atención de la población.

Fuentes: Current Population Survey, March Supplement 2000 y 2016.

FIGURA 1 Estados Unidos, 2000-2016. Crecimiento del empleo según grandes estratos ocupacionales 

En el extremo opuesto de la jerarquía ocupacional, también se da un importante crecimiento especialmente de las ocupaciones dedicadas la reproducción cotidiana de la población de los estratos medios y altos. Entre el 2000 y el 2016, el empleo en estos servicios personales creció en 7.8 millones de nuevos puestos de trabajo, cifra que representa un crecimiento de casi el 50% del empleo en estas ocupaciones, lo que las sitúa como las de mayor dinamismo relativo en todo el periodo. Se trata de un crecimiento relevante tanto por su magnitud absoluta y relativa, como por su función dentro de la estructura social y de la reproducción de la desigualdad social. Se trata de ocupaciones que en esencia, son la contrapartida necesaria y que se complementa con el crecimiento de los puestos de trabajo en el vértice opuesto de la estructura ocupacional. El incremento de la población ocupada con altos niveles de ingreso, recursos y poder adquisitivo, ha derivado en una promoción de la demanda de servicios personales tanto altamente calificados (diseñadores de interior, psicoanalistas, boutiques de exclusividad, etc.), como de baja calificación (servicio doméstico, servicios de limpieza y mantenimiento, preparación de alimentos, servicios del hogar y la vivienda, industria del cuidado, entre muchos otros).

Por su parte, las ocupaciones en los niveles medios, tanto en servicios de administración como en actividades de producción directa, se reducen en volúmenes absolutos y relativos. Los primeros sufren una caída de 2 millones de empleos, cifra que representa una pérdida del 5% de los puestos de trabajo. En el caso de los trabajos productivos, la pérdida es aún mayor, y alcanzó a los 7.2 millones de puestos de trabajo, cifra que representa la pérdida de casi el 25% de los puestos de trabajo existentes en el año 2000. Se trata de una pérdida muy importante que está directamente vinculada tanto con el impacto negativo de la crisis económica, como también con los procesos de deslocalización de plantas productivas de la industria manufacturera hacia otros países, como estrategia de las empresas norteamericanas para enfrentar con mejores opciones la competencia de otras potencias económicas en los mercados globales.

El efecto directo de estas tendencias es la creciente polarización de la estructura ocupacional de los Estados Unidos, proceso que ha derivado en la reducción absoluta y relativa de los trabajadores de clases medias, y el incremento en contrapartida, de los trabajadores ubicados en los dos extremos de la jerarquía laboral. Al respecto, los datos son elocuentes. Como se observa en la figura 2, el índice de polarización ocupacional11 pasó de 0.84 en el 2000 a 1.3 en el 2016. Esto es, si en el 2000 había sólo 8 trabajadores en los extremos de la pirámide laboral, por cada 10 de los estratos medios, en el 2016 esta relación se incrementa a 13 trabajadores en los extremos por cada 10 en los estratos medios. Es decir, hoy en día, y desde hace unos 10 años, hay más trabajadores en los extremos de la jerarquía laboral que en los estratos medios, lo cual evidencia la gran pérdida de puestos de trabajo que han experimentado las clases medias en este país. Esto indicaría, que de ser un país con una amplia clase media, Estados Unidos se está transformando en una sociedad polarizada con una creciente desigualdad social y ocupacional.

Fuentes: Current Population Survey, March Supplement 1995, 2000, 2005, 2010 y 2016.

FIGURA 2 Estados Unidos, 2000-2016. Índice de Polarización de las Ocupaciones 

Esta polarización de la estructura socio-ocupacional es la base de la nueva forma que adopta la desigualdad social y en donde el trabajo está perdiendo su rol como dispositivo de cohesión e integración social, para derivar en un mecanismo desde el cual se configura actualmente la diferenciación de clases y la segregación social de los grupos demográficos. A diferencia de épocas anteriores, en donde el trabajo funcionaba como un mecanismo de incorporación de los sujetos a la estructura social, y que daba origen a procesos de integración y movilidad social, hoy en día el trabajo ha perdido ese rol aglutinador, para convertirse en cambio, en su opuesto, en un dispositivo que consagra la desigualdad, la segregación y la separación de las clases, dificultando la movilidad social y la integración de las clases en un mismo entramado social, político y económico. La segmentación de los mercados de trabajo es también la segmentación de la sociedad en estratos y clases sociales sin mayores vínculos económicos y productivos entre sí.

Polarización y etnoestratificación de la estructura ocupacional

Si analizamos estos procesos de polarización ocupacional bajo el prisma de la condición étnica y migratoria de los trabajadores, veremos cómo la diferenciación socio-ocupacional adopta ropajes étnicos y raciales sobre los cuales se sustentan procesos de segregación social y de discriminación política y económica13. En tal sentido, a continuación presentamos datos estadísticos que nos permiten ilustrar y dimensionar cómo la polarización ocupacional documentada en párrafos anteriores, adquiere una forma de racialización de la desigualdad social y laboral.

Dos factores se conjugan en la diferenciación de la dinámica y crecimiento del empleo de los distintos grupos étnicos y migratorios. Por un lado, las diferencias en sus dinámicas demográficas, y por otro lado, las diferencias en su inserción laboral. En el primer caso, los latinos son los que experimentan el mayor crecimiento absoluto y relativo. Entre el 2000 y el 2016, la población ocupada de origen latino se incrementó en 10.6 millones de personas, cifra que representa una tasa de crecimiento del 4.7% anual promedio (cuadro 2). Por el contrario, la población blanca no latina se redujo en 3.8 millones de personas, cifra que representa una tasa de -0.2% anual promedio. Las demás minorías étnicas y migratorias aunque en volumen crecen significativamente (7.3 millones de ocupados), en términos relativos ello representa una tasa de sólo un 2.2% anual promedio, esto es, menos de la mitad de la experimentada por los ocupados de origen latino.

CUADRO 2 Estados Unidos, 2000 y 2016. Población ocupada según origen étnico y migratorio 

Volumen de Población Crecimiento 2000-2016
2000 2016 Absoluto Tasa Anual
Total 136.639.303 150.761.701 14.122.398 0,6%
Latinos 14.253.627 24.864.021 10.610.394 4,7%
Otras Minorías 21.264.599 28.613.660 7.349.061 2,2%
Blancos no Latinos 101.121.075 97.284.021 -3.837.054 -0,2%

Fuente: Current Population Survey, March Supplement, 2000 y 2016.

Esta diferente dinámica de crecimiento hace que los latinos hayan pasado de representar el 10% de la población ocupada en el 2000, al 16% en el 2016. Por el contrario, los blancos no latinos han reducido su participación en la población ocupada de un 74% en el 2000 a un 65% en el 2016. Sin duda, estos cambios se explican fundamentalmente por la diferencia en las dinámicas demográficas de cada grupo étnico. Mientras los blancos no latinos experimentan un proceso de envejecimiento y de muy lento crecimiento demográfico, los latinos en cambio experimentan un importante dinamismo, como consecuencia de dos factores. Por un lado, el aporte directo de la inmigración que cada año llega a los Estados Unidos, y por otro lado, su mayor natalidad derivado de la conjunción de una alta proporción de población en edades reproductivas y sus mayores índices de fecundidad14.

En cuanto a la inserción laboral, las diferencias son igualmente significativas. En el caso de los blancos no latinos, el mayor crecimiento se da en los puestos de profesionales con casi 5 millones de nuevos empleos, seguido de los ocupados en cargos de dirección y CEOs, con 2.2 millones de nuevos empleos (ver cuadro 3). Asimismo, el empleo en actividades y tareas de la reproducción social se incrementa en 1.8 millones de ocupados, cifra que aunque importante, es sólo una cuarta parte de lo experimentado en los estratos ocupacionales más altos.

Por el contrario, las ocupaciones de nivel medio se reducen sustancialmente. El descenso más importante es en las ocupaciones productivas, las que caen en 6.8 millones de puestos de trabajo, cifra que si se le agrega la caída en los empleos de la construcción (700 mil puestos de trabajo), prácticamente revierte el incremento del empleo en los niveles altos ya señalados. Asimismo el empleo en actividades de apoyo administrativo, oficinistas, ventas y similares, se reducen en otros 5.4 millones de puestos de trabajo.

Estos datos nos indican que en el caso de los trabajadores de origen blanco, se conjugan dos tendencias que en un caso se refuerzan y en otro se contraponen. Por un lado, opera la tendencia general a la reducción del empleo en los estratos medios como contrapartida del incremento del empleo en los estratos superiores e inferiores de la pirámide ocupacional. Y por otro lado, opera una tendencia específica a este grupo étnico, que es la concentración en los puestos más altos de la jerarquía ocupacional (dirección y profesionales) en donde el crecimiento del empleo prácticamente cuadruplica al experimentado en los estratos más bajos (reproducción social).

CUADRO 3 Estados Unidos, 2000-2016. Crecimiento de la población ocupada según grupos étnico-migratorio principales y grandes grupos de ocupación 

Total Blancos Nativos (no Latinos) Otras Minorías (Inmigrantes y Nativos) Latinos (Inmigrantes + Nativos)
Total 14.122.401 -3.837.054 7.349.061 10.610.394
Dirección 4.962.773 2.241.627 1.332.972 1.388.174
Profesionales 10.020.168 4.988.422 3.301.358 1.730.388
Empleados Administrativos -1.986.461 -5.410.029 1.133.256 2.290.312
Producción -7.225.427 -6.805.893 -460.392 40.858
Construcción 580.336 -715.625 14.700 1.281.261
Servicios Personales y de Reproducción Social 7.771.012 1.864.444 2.027.167 3.879.401

Fuente: Current Population Survey, March Supplement, 2000 y 2016

Similar tendencias se dan en el caso de las minorías étnicas no latinas. En este caso, el crecimiento de las ocupaciones es también altamente diferenciado según las categorías ocupacionales, y se expresa igualmente en una tendencia a la concentración del empleo en los estratos altos. Mientras el empleo en los puestos de dirección y profesionales se incrementó en más de 4.6 millones de personas, el empleo en servicios personales orientados a la reproducción social lo hizo en sólo 2 millones.

Por el contrario, en el caso de los trabajadores de origen latino (inmigrantes y sus descendientes) se da una dinámica muy diferente y opuesta a los anteriores. El estrato que más se dinamiza es el de los empleos en actividades de la reproducción social y servicios personales de baja calificación, estrato ocupacional en donde el empleo latino creció en más de 3.8 millones de trabajadores. A ello, cabe agregar otro 1.2 millones de nuevos empleos en la construcción, principalmente como jornaleros y en trabajos no calificados. Entre ambos concentran más del 50% del incremento global del empleo de este grupo étnico y migratorio.

En los estratos altos, en cambio, el crecimiento del empleo aunque importante es significativamente inferior al de los estratos inferiores. Del 2000 al 2016 los latinos ocupados en puestos de dirección y como profesionales aumentaron en conjunto en 3 millones de trabajadores, cifra que sólo representa el 29% del crecimiento del empleo de este grupo demográfico.

Finalmente, destaca también el crecimiento del empleo en niveles medios, especialmente como empleados administrativos, oficinistas y similares. En este estrato, el empleo de los latinos se incrementó en 2.29 millones de personas, tendencia que no sólo es importante por su volumen absoluto, sino porque muestra una tendencia totalmente opuesta a la que prevalece en los demás grupos demográficos respecto a estos estratos ocupacionales.

En síntesis, en el caso de los trabajadores latinos, vemos que la tendencia general a la polarización se reproduce, pero en forma totalmente contrapuesta a la experimentada por los trabajadores de origen blanco. Mientras en estos últimos la polarización se sustenta en el creciente peso de los estratos superiores (dirección, CEOs, Profesionales), en el caso de la población latina la polarización es inversa, y se sustenta en el gran crecimiento del empleo en los estratos inferiores de la pirámide ocupacional (Construcción, Reproducción Social y Servicios Personales). Esta es sin duda, la tendencia fundamental y que ilustra nuestra tesis en cuanto al creciente peso de la diferenciación étnica en la configuración de la estructura ocupacional de los Estados Unidos.

Racialización de la desigualdad social y de la estructura de clases

El efecto combinado del cambio demográfico por un lado, que implica un mayor crecimiento de las minorías étnicas respecto a la mayoría blanca, junto a los diferentes patrones de inserción laboral de cada grupo étnico y migratorio, por otro lado, han dado lugar a una transformación en la composición étnica y racial de las ocupaciones, y por ese medio, en la reconfiguración de la estructura de clases y la desigualdad social.

Hacia el 2000, los trabajadores blancos constituían la mayoría absoluta en todos los estratos ocupacionales, reflejando con ello su posición como mayoría demográfica del país. Sin embargo, esta situación era mucho más notoria en los estratos altos y menos pronunciada en los bajos. En los primeros, los blancos ocupaban el 82% de los puestos de dirección y el 80% de los profesionales, aunque sólo representaban el 74% de la población ocupada. Por el contrario, en los servicios orientados a la reproducción social de la población, los blancos ocupaban sólo el 62% de los puestos de trabajo (ver figura 3).

Por su parte, los latinos muestran la situación inversa. En ese mismo año, ellos sólo representaban el 10% de la población ocupada, proporción que se incrementaba al 18% en los trabajos de la construcción y al 15% en los de la reproducción social. Por el contrario, en los puestos de la cima de la jerarquía ocupacional, sólo representaban el 5% de los puestos de dirección y de profesionales.

Esta diferenciación étnico-migratoria en la estructura ocupacional se acentúa y profundiza en la actualidad. En el 2016 los blancos no latinos representaron el 64% de la población ocupada, sin embargo, mantienen su concentración en los estratos altos, en donde representan el 75% de los puestos de dirección y el 71% de los profesionales. Este porcentaje desciende sistemáticamente a medida que se desciende en la estructura ocupacional, para llegar a representar sólo el 50% de los trabajadores en servicios de la reproducción social.

Por el contrario, los latinos muestran el comportamiento inverso, especializándose cada vez más en los puestos de la base de la pirámide ocupacional. Actualmente aportan el 26% de los ocupados en los servicios de la reproducción social y el 34% en la construcción, aun cuando sólo representan el 16% de la ocupación total. Por el contrario, en la cima de la pirámide ocupacional, mantienen su baja presencia ocupando sólo el 8% de los puestos profesionales y el 10% de los puestos de dirección.

Fuentes: Current Population Survey, March Supplement 2000 y 2016.

FIGURA 3 Estados Unidos, 2000 y 2016. Composición étnica de los estratos ocupacionales 

Estos datos ilustran nuestra tesis sobre la racialización de la estructura ocupacional y de la desigualdad social en los Estados Unidos. El crecimiento demográfico de los latinos no ha ido acompañado de un proceso de movilidad social que les permita acceder en igual proporción a los estratos medios y altos de la pirámide social, sino que tienden a quedar relegados en los estratos bajos y medios, ocupando los puestos de trabajo de menor valoración social y de menores ingresos económicos15.

Si bien desde siempre la matriz ocupacional de los Estados Unidos se ha caracterizado por su etnoestratificación, la diferencia con la situación en otras etapas es que la diferencia era esencialmente entre una gran mayoría de población blanca, que representaba más del 80% de la población y de la fuerza de trabajo, y pequeñas minorías étnicas y migratorias. Hoy por el contrario, estamos ad puertas de un fenómeno diferente, en donde el predominio demográfico de la mayoría blanca se ve seriamente cuestionado por dos dinámicas complementarias. Por un lado, el crecimiento demográfico de la minoría de origen latino, y por otro lado, el envejecimiento y declive demográfico de la población blanca.

De acuerdo a proyecciones del Buró del Censo de los Estados Unidos, se estima que la población blanca alcanzaría su máximo volumen en el 2025, cuando bordee los 200 millones de personas, año a partir del cual inicia un sistemático descenso absoluto, de tal modo de alcanzar en el 2060 los 180 millones de personas, mismo volumen que había alcanzado en 1980 (ver figura 4). Esto hace que para el año 2044 por primera vez en la historia moderna de los Estados Unidos, los blancos dejen de conformar una mayoría demográfica absoluta, representando sólo el 49.7% de la población total, proporción que se reduciría al 43.6% en el 2060.

Fuentes: Hobbs y Stoops, 2002; y US Census 2000 y 2010; US. Census Bureau. 2014 National Population Projections.

FIGURA 4 Estados Unidos, 1970-2060. Población según pricipales grupos étnicos(millones de personas) 

Por su parte, la población de origen latino muestra la tendencia opuesta. De ser en los setentas una pequeña minoría que sólo representaba el 5% de la población total, ha pasado a conformar el 17% en la actualidad, y se estima que para el 2060 alcance a ser el 30% de la población total. Esto hace que los latinos no sólo sean el grupo étnico y demográfico de mayor crecimiento, sino que en el contexto del estancamiento de la población blanca, implicará un radical cambio en los actuales equilibrios demográficos de la población de los Estados Unidos. De ser una sociedad compuesta por una amplia mayoría demográfica de los blancos, y un conjunto de pequeñas minorías étnicas, se pasará a una sociedad de minorías, compuesta por dos grandes grupos –blancos y latinos- y un conjunto de otras minorías étnicas.

En este contexto de cambio demográfico, los procesos y tendencias en cuanto a la etnoestratificación de las ocupaciones y racialización de la desigualdad social alcanzan dimensiones realmente insospechadas y nunca antes vistas en las sociedades occidentales modernas, y que sólo se comparan con las estructuras de diferenciación y desigualdad social propias de sociedades pre-modernas -esclavistas y feudales-, en todo caso, sociedades sustentadas abierta y explícitamente en principios de discriminación y segregación étnica y racial.

Una forma de aproximarnos a la profundidad de esta situación, es analizando la actual estructura de diferenciación étnica de las ocupaciones en los estados donde hay mayor presencia de población latina, y que por lo mismo, prefiguran el cambio demográfico que se avecina para toda la Unión Americana en las próximas 3 décadas. Tal sería el caso de los estados de California, Texas, Florida, Arizona, Nevada y Nuevo México.

Actualmente, la composición étnica de la población en estas 6 entidades indica que los blancos han dejado de constituir una mayoría demográfica, representado sólo el 45% de la población total. Por su parte los latinos constituyen la segunda minoría aportando el 35% de la población. El origen étnico y migratorio del resto de la población se distribuye entre afroamericanos (10%) asiáticos (8%) y población aborigen americana (2%).

Sin embargo, esta composición de la población no se reproduce por igual en cada estrato de la pirámide ocupacional, sino que como se observa en la siguiente gráfica, se establece una clara diferenciación étnica en donde los blancos tienden a predominar en los estratos ocupacionales altos, mientras en los estratos bajos tiende a predominar la población de origen latino. En el primer caso, los blancos representan el 61% de los ocupados en puestos de dirección, y el 58% de los profesionales, mientras que los latinos sólo representan el 20% en promedio (ver figura 5). Por el contrario, en la parte baja de la jerarquía ocupacional, los blancos sólo representan el 33% de los trabajadores en tareas de reproducción social y el 34% de los obreros de la construcción, mientras que los latinos representan el 47% de los primeros y el 59% de los segundos.

Fuentes: Current Population Survey, March Supplement, 2016.

FIGURA 5 California, Texas, Florida, Arizona, Nevada y Nuevo México, 2016. Composición étnica de los estratos ocupacionales 

La racialización de la estructura ocupacional es evidente. Lo relevante de esta situación en estos 6 estados, es que prefigura la estructura de diferenciación étnica y ocupacional hacia la cual tiende la matriz ocupacional de los Estados Unidos. No se trata sólo de un proceso de segregación laboral en contra de una minoría demográfica, como ha sido la situación que ha prevalecido hasta ahora en los Estados Unidos, primero respecto a la población afrodescendiente y ahora respecto a la población de origen latino16. Se trata de un fenómeno social más profundo y que refiere a la prevalencia de un sistema de diferenciación social sustentado en factores raciales y étnicos y que afecta directamente a más de un tercio de la población.

Es la conformación de una estructura social sustentada principalmente en dos clases sociales que aunque de volúmenes demográficos de similar tamaño, se ubican en los extremos opuestos de la estructura ocupacional, y en donde la adscripción o pertenencia a dichas clases no está en función de situaciones económicas, meritocráticas o estrictamente ocupacionales, sino en función directa de la pertenencia a una comunidad étnica. Es el racismo en su plena expresión, en donde la discriminación étnica actúa como el factor estructurante de la diferenciación social y ocupacional. En este contexto, la movilidad social entre clases se torna un horizonte casi imposible para unos y otros. Ni los blancos se enfrentan seriamente al riesgo de descender en la pirámide ocupacional, ni los latinos tienen mayor opción de ascender en la jerarquía laboral. A los primeros, su color de piel siempre les funcionará como un capital subyacente que les permitirá mantener sus privilegios. A los segundos, su origen étnico constituye una barrera casi imposible de superar para mejorar su posición social y acceder a los beneficios y privilegios que han sido reservados para otros. Esta rigidez de la estructura social da cuenta de la reedición de viejas estructuras oligárquicas que se asemejan más a una estructura de castas que a una estratificación entre clases sociales.

Estas afirmaciones pudieran tomarse como muy aventuradas. Sin embargo, son los datos empíricos los que les dan sustento. En estos 6 estados, donde reside el 31% de la población de los Estados Unidos, el virtual equilibrio demográfico entre las población de origen blanco y la de origen latino no se ha traducido en un similar equilibrio en cuanto a las oportunidades para acceder a los diferentes puestos y ocupaciones de la pirámide ocupacional. Por el contrario, a pesar del equilibrio demográfico, se mantiene y profundiza la desigualdad social entre estos dos grupos étnicos, confinando a unos -los latinos- a los estratos inferiores de la jerarquía ocupacional y social, y manteniendo a otros -los blancos- en los estratos superiores de la pirámide social y laboral.

Nada ejemplifica mejor estas afirmaciones que el análisis de la composición étnico-racial de los distintos estratos de la distribución del ingreso que prevalece actualmente en los Estados Unidos. En la siguiente gráfica presentamos información para todo el país, así como para los mismos 6 estados que ya hemos seleccionado.

Hemos establecido 6 estratos sociales con base en la distribución del ingreso. Por un lado, los estratos bajos, que corresponden a la población en situación de pobreza (16% de la población), y a la población en situación de vulnerabilidad, esto es, que sus ingresos están entre 1 vez y 1.5 veces el nivel de pobreza (10%). Por otro lado, estrato medio bajo, que corresponde a población no pobre ni vulnerable pero con ingresos inferiores a los 25 mil dólares al año (28%). A ellos les siguen los de nivel medio, con ingresos inferiores a los 60 mil dólares al año (27%). Los de estratos medio-alto son los que perciben ingresos menores a los 100 mil dólares al año (11%), y los de estrato alto los que perciben ingresos superiores a esta última cifra (7%). En la figura 6 ilustramos la composición étnico-racial de cada uno de estos 6 estratos de ingresos, tanto a nivel nacional como para los seis estados que hemos seleccionado y en donde la presencia de población latina ha reconfigurado los equilibrios demográficos entre los dos principales grupos étnicos: blancos y latinos.

Fuentes: Current Population Survey, March Supplement 2016.

FIGURA 6 Estados Unidos y Estados Seleccionados, 2016. Composición étnica de los estratos de ingresos 

Como se observa, a nivel nacional es evidente que mientras en los estratos de ingresos altos prevalece una amplia mayoría absoluta de población blanca, en los estratos bajos su participación es inferior al 50%. Por su parte, la población de origen latino muestra la situación inversa. Prácticamente no hay población latina en los estratos altos (7% y 9%), mientras que su participación en los estratos bajos es muy superior al promedio nacional. Esto indica que mientras los estratos altos están conformados esencialmente por población blanca, en los estratos bajos predominan las minorías étnicas destacándose el caso de los latinos.

La situación en los seis estados seleccionados ilustra aún más claramente este fenómeno. Como se ilustra en la gráfica, en los estratos altos es evidente el predominio de la población blanca, que representa entre el 62% y 66% de la población en estas clases sociales. Por el contrario, en los estratos bajos, su participación se reduce al 31% y 27%, muy por debajo de su peso demográfico promedio (45%). En el caso de los latinos observamos la situación inversa, a pesar de aportar el 35% de la población, sólo representan entre el 13% y 19% de los estratos altos. Por el contrario, en los estratos bajos representan el 50% de la población cifra muy superior a su peso relativo a nivel global.

Estos datos referidos a estos seis estados, nos indican que estamos en una situación en donde los nuevos equilibrios demográficos no se manifiestan como nuevos equilibrios sociales y económicos. Por el contrario, sobre esta nueva composición étnico-demográfica de la población, resurge una estructura de diferenciación social basada en las condiciones étnicas de la población. En estos Estados la distribución del ingreso no refleja los nuevos equilibrios étnicos y demográficos de la población, sino que se sustenta en procesos de racialización de la desigualdad social y de la estructura de clases aún más profundos que los observados a nivel nacional.

Conclusiones

Los Estados Unidos experimentan un ya largo periodo de transformaciones que se refieren tanto a su estructura económica como demográfica. La conjunción de ambos procesos se manifiesta de manera particular en la nueva conformación social y demográfica de la estructura de ocupaciones, en donde junto a un proceso de polarización del empleo, resurge con fuerza un proceso de racialización de las ocupaciones y por ese medio, de la desigualdad social y la estructura de clases. Es el resurgimiento del racismo en toda su extensión, que a diferencia de épocas anteriores, opera actualmente en un contexto de cambio demográfico en donde el anterior predominio de una amplia mayoría blanca está cediendo espacio a la conformación de una sociedad de minorías demográficas. En este sentido, las consecuencias perversas del racismo adquieren una nueva dimensión social que sin duda, ponen en entredicho las bases de cohesión social y estabilidad política de la sociedad.

En cuanto al cambio demográfico, el ocaso del babe boom de los 50s y 60s, junto al envejecimiento progresivo y reducción de los niveles de fecundidad y natalidad de la población blanca, se manifiesta en una dinámica demográfica en donde la tradicional pirámide de edades se transforma sustancialmente, tomando la forma de un hongo demográfico, con una base que tiende a angostarse v/s una cima que tiende a extenderse y ensancharse. Esta nueva estructura demográfica abre paso a un escenario de desequilibrios en donde la dinámica demográfica nativa ya no está en condiciones de proveer de la mano de obra necesaria para mantener los ritmos de crecimiento productivo que requiere y demanda cotidianamente la economía. Se trata de la conformación de un déficit crónico y estructural de mano de obra, el cual ha sido cubierto por inmigración laboral, especialmente proveniente de México y América Latina.

Paralelamente, el cambio económico enmarcado en la globalización transforma la matriz productiva y ocupacional, derivando en un proceso de polarización del empleo y las ocupaciones. Por un lado, la globalización económica favorece el auge de las ocupaciones de alto nivel, orientadas precisamente a la dirección y organización de la economía de la información. Nos referimos al crecimiento del empleo en sectores profesionales, servicios informáticos, servicios a empresas, puestos de dirección, CEOs, ejecutivos financieros, entre muchos otros. Por otro lado, la misma globalización ha facilitado la relocalización de plantas industriales y de puestos de trabajo hacia economías periféricas (México, Centro América, Asia, entre otros), lo que ha derivado en una sustantiva reducción absoluta del volumen de los puestos de trabajo directamente productivos que afecta directamente a los trabajadores manuales, obreros, y similares17. Por último, los puestos y trabajos dedicados a los servicios de la reproducción social y cotidiana de la población reciben un inusual impulso, precisamente a partir del auge de los de los trabajos de alto nivel. Nos referimos a trabajos como el servicio doméstico y cuidado de personas, preparación de alimentos, limpieza y mantenimiento de edificios corporativos y de vivienda, servicios de call center y similares de atención estandarizada y masiva de clientes, entre muchos otros. Todos ellos tienen en común ser trabajos de bajas calificaciones, con altos niveles de precariedad y vulnerabilidad, bajos salarios, y con baja protección legal, pero que sin embargo, resultan cada vez más necesarios para mantener y reproducir la población de los estratos medios y altos que se insertan en los puestos más altos de la jerarquía ocupacional, y que la misma globalización ha impulsado.

La combinación de ambas tendencias estructurales abre un nuevo escenario en donde la polarización de las ocupaciones que han documentado diversos autores como consecuencia de la globalización deriva en un proceso de racialización de la matriz social y laboral de los Estados Unidos. No se trata de una situación coyuntural propia de momentos de crisis económica, sino de un proceso estructural que está reconfigurando la estructura de clases de la sociedad norteamericana, y en donde la inmigración latinoamericana y mexicana en particular, participa de un modo relevante y fundamental. Esta dinámica de la estructura ocupacional y su racialización son factores estructurales y estructurantes de la reproducción social y económica de la sociedad norteamericana. Las consecuencias sin embargo, pueden ser muy desestabilizantes. Los nuevos equilibrios demográficos que se avecinan, y que ya se pueden prefigurar en estados como California, Texas y Florida, no parecen ser compatibles con el mantenimiento y reproducción formas racializadas de la desigualdad social y la estructura de clases.

Mientras estas formas de segregación social y étnica afectara sólo a una pequeña minoría demográfica, sus contradicciones podían ser asumidas y absorbidas por el sistema social. Sin embargo, cuando esta segregación racial afecta a una fracción importante de la población (más de un tercio de ella, como hemos visto en el caso de los 6 estados seleccionados), y a la vez que mantiene y beneficia a un grupo demográfico igualmente minoritario, la situación se vuelve potencialmente explosiva. En este contexto, es posible prever que los dispositivos de cohesión social y cultural que prevalecían en el pasado, dejarán de tener su eficiencia y eficacia para controlar las nuevas tensiones y contradicciones que la segregación racial plantea en una sociedad democrática. Es obvio y evidente que cuando los equilibrios demográficos comiencen a modificarse, como se espera que ocurra en las siguientes décadas, esta racialización de la desigualdad social hará estallar los actuales equilibrios políticos entre los diferentes grupos étnicos y demográficos que componen la población de los Estados Unidos, planteando un escenario inestable y que requerirá o bien, la imposición autoritaria del actual estado de cosas y situación social, o bien su transformación por formas más igualitarias y democráticas que pasa por una profunda renegociación y reformulación del pacto social y político sobre el que se constituyó la Unión Americana. El racismo, como factor de poder social y fáctico, tendrá que ceder a otras formas de relación y estructuración de las clases sociales y de distribución del poder y de los privilegios y beneficios del desarrollo.

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3BONILLA-SILVA, Eduardo. We are all Americans! The Latin Americanization of racial stratification in the USA; SUE, Christina. An assessment of the Latin Americanization thesis; MURGUIA, Edward, SAENZ, Rogelio. An analysis of the Latin Americanization of race in the United States.

4COLBY, Sandra L.; ORTMAN, Jennifer M. Projections of the Size and Composition of the U.S. Population: 2014 to 2060.

5WIEVIORKA, Michel. La mutación del racismo.

6NORIEGA UREÑA, Fernando A. Teoría del desempleo, la distribución y la pobreza.

7PÉREZ SAINZ, Juan Pablo. Globalización y relaciones asalariadas en América Latina. Entre la generalización de la precariedad y la utopía de la empleabilidad.

8CHANG, Ha-Joon. Institutions and economic development. Theory, policy and history; HODGSON, Geoffrey M. The Approach of Institutional Economics.

9BUSTAMANTE, Jorge A. La migración de México a Estados Unidos. De la coyuntura al fondo.

10CASTELLS, Manuel. La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol. 1. La sociedad red; SASSEN, Saskia. Globalization and its Discontents.

11CASTILLO FERNÁNDEZ, Dídimo. La deslocalización del trabajo y la migración hacia Estados Unidos. La paradoja de la “migración de los puestos”; DELGADO WISE, Raúl, MÁRQUEZ COVARRUBIAS, Humberto. Strategic Dimensions of Neoliberal Globalization. The Exporting of Labor Force and Unequal Exchange.

12

El Índice de Polarización (IP) es el cociente entre el volumen de trabajadores ocupados en los extremos altos y bajos de la pirámide ocupacional, y el volumen de trabajadores ocupados en los estratos medios de esa jerarquía laboral. En nuestro caso, lo estimamos a partir de la siguiente formula:

Donde: IP Índice de Polarización de las ocupaciones; TDIR Trabajadores en puestos de dirección; TPRFS Trabajadores en puestos profesionales y técnicos; TREPSOC Trabajadores en puestos de Reproducción Social; TADM Empleados administrativos, oficinistas, y similares; TPROD Obreros, trabajadores manuales y similares; TCONST Obreros de la construcción, jornaleros y oficios.

13MALDONADO, Marta María. ‘It is their nature to do menial labour’: the racialization of ‘Latino/a workers’ by agricultural employers; HONDAGNEU-SOTELO, Pierrete. Doméstica: Immigrant Workers Cleaning and caring in the Shadows of Affluence.

14CANALES, Alejandro I. Inmigración y envejecimiento en los Estados Unidos. Una relación por descubrir.

15FRITZ, Catarina, STONE, John. A Post-Racial America: Myth or Reality?.

16MASSEY, Douglas S. Categorically Unequal: The American Stratification System.

17CYPHER, James. Las burbujas del siglo XXI: ¿el fin del sueño americano?

Received: January 30, 2017; Accepted: February 19, 2017

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