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Boletim do Museu Paraense Emílio Goeldi. Ciências Humanas

Print version ISSN 1981-8122On-line version ISSN 2178-2547

Bol. Mus. Para. Emílio Goeldi. Ciênc. hum. vol.13 no.2 Belém May/Aug. 2018

http://dx.doi.org/10.1590/1981.81222018000200003 

Artigos

Las estaciones sarrapieras: los Mapoyo y las economías extractivas del Orinoco Medio, Venezuela

Tonka bean stations: the Mapoyo and extractive economies of the Middle Orinoco, Venezuela

Gabriel TorrealbaI 
http://orcid.org/0000-0002-8896-1425

Franz G. ScaramelliII 

ISouthern Illinois University Carbondale. Carbondale, Illinois, USA

IIIndependent investigator. Pittsburg, California, USA

Resumen

Durante el período de afianzamiento de las economías extractivas en la Amazonía (1870-1960), la región del Orinoco Medio en Venezuela experimentó la explosión comercial de la sarrapia (Dipteryx odorata), semilla aromática utilizada en la industria de la perfumería. La mercantilización de este y otros productos forestales en dicha región marcaría la entrada de numerosas comunidades indígenas a un nuevo régimen de contacto con el capitalismo global. No obstante, los detalles acerca de las dinámicas de la explotación sarrapiera y su importancia en la historia de las poblaciones locales permanecen relativamente desconocidos. En este artículo examinamos el papel de las estaciones sarrapieras en la obtención de trabajo y materias primas para la empresa extractivista. A través del uso de evidencia etnográfica e histórica, analizamos el rol de las estaciones sarrapieras en la historia cultural y la economía política del Orinoco Medio. La información derivada de entrevistas y documentos sobre el grupo indígena Mapoyo nos sirve de base para analizar temas como movilización de trabajo, relaciones de intercambio y nuevos hábitos de consumo establecidos en torno a la recolección de sarrapia.

Palabras-clave: Sarrapia; Dipteryx odorata; Mapoyo; Orinoco Medio; Economías extractivas

Abstract

The tonka bean (Dipteryx odorata), an aromatic seed used in the perfume industry, became the center of a commercial boom in the Middle Orinoco region of Venezuela as extractive economies became established in the Amazon (1870-1960). The commoditization of this and other forest products in this region allowed many indigenous groups to begin a new means of contact with global capitalism. However, details of tonka bean extraction and its impact on the native population’s history are relatively unknown. The purpose of this article is to explore the key role of “tonka bean stations” in providing labor and raw materials for the extractive industry. Through the use of ethnographic and historical evidence, we will analyze the role of the tonka bean stations in the political economy and cultural history of the Middle Orinoco. Information derived from interviews and documents related to the Mapoyo indigenous group provides insight on topics such as labor mobilization, exchange, and consumption revolving around the tonka bean industry.

Keywords Tonka Bean; Dipteryx odorata; Mapoyo; Middle Orinoco; Extractive economies

INTRODUCCIÓN

Las economías extractivas de exportación ocupan un lugar especial dentro de la historia colonial indígena de la región del Orinoco en Venezuela. Tras la salida de las misiones jesuitas y la culminación de la guerra de independencia, la extracción comercial de productos forestales fue el principal motor de la re-conquista de los territorios amazónicos. Durante el período post-colonial o republicano (1830-1930) nace un nuevo escenario geopolítico, donde el caucho fue sin duda la sustancia que acaparó la atención de las potencias mundiales y los nacientes Estados Nacionales en América del Sur (Córdoba et al., 2015). La época del boom cauchero (1870-1920) se convertiría dramáticamente en uno de los períodos más disruptivos y violentos dentro de la historia de la Amazonía, marcado por una extrema hostilidad contra las poblaciones indígenas (Hill, 1998, 1999).

En este contexto, la empresa extractivista en Suramérica también contempló la exportación de otro conjunto de materias primas no tan conocidas como el látex, pero no menos importantes. En el Orinoco Medio, la hegemonía económica del caucho fue eclipsada por un producto forestal cuyo atractivo mercantil residía en sus cualidades aromáticas. La sarrapia (Dipteryx odorata) es el nombre dado en Venezuela a unas semillas caracterizadas por poseer un olor similar a la vainilla y de donde se extrae una sustancia llamada cumarina que ha sido constantemente usada como aromatizador (Figura 1). Debido a este atributo, la sarrapia se convirtió en una mercancía sumamente atractiva para la industria mundial de la perfumería y otros espacios de la producción de manufacturas. Las almendras de sarrapia ocuparon el trono de la economía de exportación en el Orinoco Medio y el Caura por casi 100 años (desde 1870 a 1965), siendo continuamente despachadas a países como Francia, Alemania y los Estados Unidos1.

Foto: Franz Scaramelli (2009).

Figura 1 Fruto y semilla de la sarrapia. 

Durante estos años, la extracción comercial de la sarrapia estuvo sostenida por la fuerza de trabajo indígena y campesina. La participación de las comunidades indígenas en las dinámicas del extractivismo produjo toda una serie de efectos socio-culturales que son ampliamente conocidos para el caso de la explotación del caucho (Gow, 1991; Hill, 1998, 1999; Iribertegui, 1987; Pineda Camacho, 2000; Stanfield, 1998; Taussig, 2002). Sin embargo, el rol que ha tenido la extracción de la sarrapia en la experiencia interactiva de las poblaciones indígenas y campesinas del Orinoco Medio no ha sido debidamente examinado.

Con el fin de contribuir a llenar este vacío, en este trabajo presentamos una primera aproximación a la historia cultural o “[...] vida social [...]” (Appadurai, 1991, p. 17) de la sarrapia2. Con base en investigaciones efectuadas recientemente en Orinoco Medio (Torrealba, 2011) se discuten las dimensiones sociales y culturales del sistema de las ‘estaciones sarrapieras’, principal mecanismo de obtención de trabajo y materias primas empleado por el extractivismo exportador hasta el año 1965. Hacemos énfasis en la experiencia particular de los Mapoyo, grupo indígena que por muchos años mantuvo una intensa participación dentro la extracción comercial de sarrapia en el Orinoco Medio. Asimismo, se aborda el caso mapoyo desde una perspectiva revisionista que trata de superar las posturas aculturacionistas de los primeros trabajos etnográficos sobre este grupo (Henley, 1975, 1983; Perera, 1992). Entendiendo a los sistemas culturales e identidades como fenómenos dinámicos (Sahlins, 1997; Appadurai, 1996; Scaramelli, F.; Tarble, 2000), estudiamos la dimensión cultural del extractivismo y el proceso de creación y reinterpretación local de nuevas prácticas económicas. En este sentido, nos preguntamos ¿cuál fue la respuesta creativa de los Mapoyo ante un nuevo escenario de contacto en el marco de la extracción de sarrapia? ¿Qué nos puede decir la recolección de la sarrapia entre los Mapoyo acerca de las economías extractivas y los sistemas de endeudamiento en Suramérica? ¿Fue la violencia del caucho extensiva a la economía de la sarrapia?

La memoria histórica mapoyo, expresada a través de testimonios orales, constituye nuestra principal fuente de información. A través de conversaciones y entrevistas con distintos miembros de la comunidad pudimos reconstruir una imagen de las actividades sarrapieras que corresponde a las décadas del 40, 50 y 60 del siglo XX. La experiencia de campo consistió en la realización de una etnografía “[...] multisituada [...]” (Marcus, 1995, p. 97, traducción nuestra) y comparativa de las actividades sarrapieras en contextos rurales indígenas y no-indígenas del Orinoco Medio (Figura 2). Asimismo, consultamos los testimonios escritos por viajeros, exploradores y funcionarios estatales de finales de siglo XIX y principios del XX, los cuales se complementaron con la revisión las investigaciones antropológicas previamente realizadas acerca de los Mapoyo.

LOS MAPOYO Y LA SARRAPIA

Los mapoyo son un grupo indígena originalmente de filiación lingüística Caribe que habita en la región del Orinoco Medio – específicamente entre los ríos Suapure y Parguaza al sur de Venezuela – y cuyo territorio se caracteriza por albergar formidables fuentes de sarrapia3. Actualmente, su población está compuesta por aproximadamente 400 personas. La mayoría de la población de Mapoyo vive en el pueblo de El Palomo (estado Bolívar), una comunidad multiétnica cuyos habitantes se comunican principalmente en español, quedando muy pocos hablantes de la legua originaria. Por muchos años, este grupo ha estado estrechamente vinculado a la historia y las dinámicas de la explotación sarrapiera en Venezuela. Así lo confirman las investigaciones etnográficas realizadas entre los Mapoyo, en las cuales se ha mencionado inequívocamente a la recolección de sarrapia como una de sus actividades económicas más importantes (Henley, 1975, 1983; Scaramelli, F.; Tarble, 2000, 2007; Scaramelli, F.; Scaramelli, K., 2015).

Antes de la explosión comercial de la sarrapia, los mapoyo participaron en diversas actividades extractivas comerciales durante el proceso de colonización del Orinoco Medio (Morey, R.; Morey, N., 1975), destacándose la explotación de aceite de tortuga en los siglos XVIII y XIX (Meza; Menezes, 2016; Scaramelli, F.; Scaramelli, K., 2015) y el intercambio de yopo y capi (Mansutti-Rodriguez, 1986). Si bien las referencias históricas del siglo XIX que mencionan a los mapoyo no vinculan a este grupo directamente con comercio de sarrapia, es posible que los mapoyo hayan participado en las actividades de recolección desde que las empresas extractivistas llegaron a su territorio. El explorador francés Jean Chaffanjon observaba en 1885 que ciertos grupos indígenas usualmente vendían semillas de sarrapia en la población de Caicara (Chaffanjon, 1986 [1889], p. 68). Aunque no podemos asegurar que Chaffanjon se esté refiriendo a los Mapoyo, es probable que tanto este grupo como los e’ñepa hayan estado involucrados en el comercio de la sarrapia desde finales del siglo XIX.

Los primeros trabajos etnográficos modernos sobre el grupo mapoyo — realizados por Henley (1975, 1983) — sostienen que éste y otros grupos indígenas de la región jugaron un papel importante en la extracción de recursos naturales como la sarrapia, el balatá y el chicle (Henley, 1975). Henley indica que las operaciones de las empresas extractivas en el territorio que ocupan los Mapoyo se inician a principios del siglo XX. Estas empresas se establecieron con sus casas comerciales en las orillas de los ríos Suapure y Túriba, con el propósito de comprar sarrapia, balatá y chicle (Henley, 1983, 1975). Henley (1975, p. 226) se ha referido a la comercialización de estos productos como el factor que intensificó el “[...] proceso de transculturación [...]” del grupo mapoyo en medio de su integración a nuevas relaciones económicas y sociales. Para Henley (1975, p. 226), la transculturación producida por la recolección comercial de sarrapia llegó al punto de suprimir las “[...] diferencias culturales [...]” entre los mapoyo y los habitantes criollos de la zona, pues éstos abandonaron casi todos sus “[…] rasgos y patrones indígenas de conducta” (Henley, 1983, p. 227).

A diferencia de lo planteado por Henley (1975, 1983), para Perera (1992), el fenómeno de la sarrapia en la zona mapoyo se inicia más temprano, en 1885. La abundancia de sarrapia en el territorio mapoyo y los altos precios alcanzados en el mercado mundial estimuló la llegada de forasteros de otras regiones de Venezuela a los sarrapiales del territorio mapoyo. Perera (1992) sugiere que el extractivismo tuvo un grave efecto demográfico sobre la población mapoyo, producto del constante contagio de enfermedades, que los llevó al borde del colapso.

Mapa elaborado por Franz Scaramelli (1999).

Figura 2 Area de estudio. 

Alejados de las perspectivas que sitúan a las actividades sarrapieras como factor de la ‘transculturación’ de los Mapoyo o de su extinción cultural, los trabajos de Scaramelli, F. y Tarble (2000) han enriquecido el análisis de la trayectoria histórica del grupo mapoyo en la etapa del boom sarrapiero. Según estos autores, a inicios del siglo XIX, luego de la expulsión de las órdenes misioneras y la derrota de las fuerzas españolas en la Guerra de Independencia, los Mapoyo inician un proceso de apertura con la sociedad nacional venezolana. La población indígena entra así en contacto directo con una nueva forma de “[...] colonialismo interno [...]” caracterizado por la extracción comercial de recursos locales (Scaramelli, F.; Tarble, 2000, p. 717, 2005b, p. 110; Tarble de Scaramelli, 2006, p. 78, traducción nuestra).

En este contexto, los Mapoyo descubrieron que las semillas de sarrapia (Figura 3), tan abundantes en su territorio (y posiblemente usadas únicamente con propósitos medicinales), tenían un precio muy alto en el mercado internacional como consecuencia de su aprovechamiento en la fabricación de fragancias. Muchos indígenas mapoyo comenzaron a trabajar en los sarrapiales bajo la supervisión de comerciantes criollos con el objeto de obtener manufacturas para el consumo. Sin embargo, el sistema de avance de créditos y el pago en mercancías favorecía abiertamente a los empresarios criollos y a los intereses de la industria internacional de la perfumería (Scaramelli, F.; Tarble, 2000; Tarble de Scaramelli, 2006).

Foto: Gabriel Torrealba (2011).

Figura 3 Semillas de sarrapia. Territorio mapoyo. Edo. Bolívar. 

Al igual que Henley (1983), Scaramelli, F. y Tarble (2000) sostienen que la industria de la sarrapia no llegó a propiciar los niveles de terror que infligió la empresa cauchera sobre las poblaciones indígenas. Esto se debe, tal vez, a que los recolectores siempre pudieron mantener en pie sus principales actividades de subsistencia y el uso de su territorio (Scaramelli, F.; Tarble, 2000; Tarble de Scaramelli, 2006). Esta es una diferencia notable que contrasta con la extracción de látex. En el caso de la industria del caucho los recolectores usualmente se dedicaban tiempo completo a esta actividad, lo cual generaba el abandono de las prácticas habituales de subsistencia y por lo tanto, la dependencia total a las manufacturas vendidas por comerciantes criollos (Tarble de Scaramelli, 2006). El principal foco de la economía entre los Mapoyo y otros grupos indígenas durante el auge de la sarrapia fue la producción de yuca y casabe para la venta, actividades que siempre se complementaron con la “[...] recolección especializada [...]” de productos con altos precios en el mercado internacional (Scaramelli, F., 2005, p. 206, traducción nuestra)4.

Algo no mencionado previamente es que esta articulación entre las poblaciones locales y las empresas exportadoras tuvo un modo de operar específico. La principal característica de este fenómeno fue la instalación de una red de puestos comerciales que garantizaban la movilización de mercancías y fuerza laboral en las áreas de extracción. Estos puestos de intercambio representan uno de los elementos distintivos de la gran era comercial de la sarrapia, y fueron conocidos con el nombre de ‘estaciones sarrapieras’5.

LAS ESTACIONES SARRAPIERAS

Las estaciones fueron sistemas de movilización de trabajo y mercancías que proliferaron durante la consolidación de las economías extractivas en la Amazonía (Iribertegui, 1987). Este mecanismo de captación laboral –usado por fuerzas empresariales y Estados – fue especialmente importante en el caso de la adquisición de recursos como el látex y la sarrapia. Las estaciones mantuvieron como propósito fundamental la obtención de materias primas dirigidas a la exportación, y se caracterizaron por ser espacios en los que se intercambiaban directamente manufacturas por productos naturales obtenidos a través del trabajo de indígenas y campesinos.

En el Orinoco Medio, la estación sarrapiera consistía en una casa, tienda o bodega que se construía (y abandonaba) cada año a las puertas de las zonas selváticas donde se encontraban los sarrapiales. Esta casa/tienda también se levantaba en algunos poblados, y en ella se almacenaban diversos tipos de bienes (víveres, ropa y herramientas) dispuestos para abastecer a los recolectores de sarrapia. Las estaciones sarrapieras estaban generalmente situadas a las orillas de ríos y caños con el propósito de tener acceso a fuentes de agua o a una vía de desplazamiento fluvial (Figura 4). Las estaciones sarrapieras tenían la función de acercar el escenario de intercambio a las zonas de recolección y administrar el reclutamiento de trabajadores.

Mapa elaborado por Franz Scaramelli, Yheicar Bernal y Nuria Martin (2006-2011).

Figura 4 Ubicación de estación sarrapiera en el territorio mapoyo. 

El sistema de las estaciones sarrapieras estaba estructurado bajo un esquema de funcionamiento jerárquico6. Este ordenamiento estuvo integrado por una serie de estaciones centrales ubicadas en los principales poblados cercanos a las vías fluviales y un grupo de sub-estaciones dependientes o periféricas situadas cerca de las zonas de recolección. Cada estación central concentraba la producción de sarrapia proveniente de las subestaciones, y a su vez, cada sub-estación era alimentada de manufacturas industriales por la estación central. De esta manera, durante la temporada sarrapiera existía una retroalimentación constante entre el flujo de salida de sarrapia y el flujo de entrada de mercancías a los poblados (Figura 5). La red de estaciones estaba conectada al puerto de Ciudad Bolívar y dependía a gran escala de las principales casas comerciales de esta ciudad, las cuales exportaban la sarrapia e importaban los bienes que iban a parar a manos de los recolectores.

Elaborado por Gabriel Torrealba (2011).

Figura 5 Esquema de funcionamiento del sistema de estaciones sarrapieras. 

Aún se desconoce el momento preciso en que este sistema comienza a regular las actividades sarrapieras en el Orinoco Medio. Del mismo modo, resulta difícil saber con exactitud cuándo comienzan a operar las estaciones sarrapieras dentro del territorio mapoyo. De cualquier modo, podemos inferir que estos centros de intercambio datan al menos de los primeros años del boom de la sarrapia (1880s). Los habitantes mapoyo de mayor edad no poseen información sobre el inicio de las estaciones sarrapieras, y algunos sarrapieros criollos mencionan el año de 1906 como punto de partida del desarrollo de esta actividad.

A mediados del siglo XX, toda la zona que va desde el Bajo Caura hasta Puerto Páez (el extremo occidental del Edo. Bolívar) se vio ocupada por estaciones comerciales destinadas a la adquisición de estas semillas. A lo largo de dicho territorio se podían distinguir al menos tres grandes sectores o ‘cuencas sarrapieras’ que contaban con sus estaciones centrales: 1) la zona del Caura, con su estación principal en la población de Maripa; 2) la zona de Cuchivero, cuyas estaciones principales se encontraban en las poblaciones de Candelaria y Caicara (tal vez en momentos distintos); y 3) la zona del Orinoco Medio cuya estación principal estaba en la población de Túriba conectada a través del río Suapure7. Cada estación central contaba con una cantidad variable de subestaciones (entre 5 y 8). Las estaciones sarrapieras fueron creadas y gestionadas principalmente por intereses privados y en sus últimos momentos por el Estado. Cuando el Instituto Agrario Nacional toma el control del negocio sarrapiero en 1959, se establece una nueva organización administrativa sobre esta misma división espacial. Las estaciones centrales son llamadas ‘Centros Administrativos’ y las sub-estaciones ‘Estaciones de Recepción y Abastecimiento’ (Instituto Agrario Nacional, 1960)8.

Dentro del espacio del territorio mapoyo (eje Suapure-Parguaza), las estaciones sarrapieras que operaron durante mediados del siglo XX se encontraban en tres sectores: Los Pijiguaos, Raudalito de Caripito y Villacoa. La estación de Raudalito, ubicada a orillas del río Caripo, fue el puesto comercial sarrapiero más importante para los mapoyo por ser el más cercano a sus comunidades (de ahí que la zona de Raudalito de Caripito suele llamarse también ‘La estación’). Las estaciones de estos tres sectores estaban conectadas a una estación central ubicada en la población de Túriba. Si bien los mapoyo ejecutaban generalmente sus actividades sarrapieras en la estación de Raudalito, eventualmente algunos recolectores podían trasladarse a los sarrapiales ubicados en Villacoa, Los Pijiguaos y hasta en la región del río Parguaza9.

Una de las principales características de las estaciones sarrapieras es que éstas no eran puestos de comercio permanentes sino establecimientos construidos durante cada temporada de recolección. En la zona mapoyo, la estación de Raudalito se construía durante el mes de enero. Se edificaba una casa de madera que era abastecida con una gran cantidad de mercancías como frijoles, pasta, sal, arroz, sardinas, avena, bebidas instantáneas, golosinas, cigarrillos y queso. Los productos que se despachaban en la estación eran en su mayoría bienes adecuados para realizar las tareas de recolección en la selva. Los enlatados, por ejemplo, permitían al sarrapiero contar con alimentos fácilmente transportables y perdurables por largo tiempo. La importancia de los productos enlatados pude observarse de manera notable en el registro arqueológico del período republicano entre finales del siglo XIX y principios del XX. Las latas de productos como sardinas, aceite y kerosene son abundantes, y su incorporación creativa dentro de la cultural material indígena también puede ser constatada10. Las latas sirvieron de materia prima para la elaboración de herramientas fundamentales en la vida cotidiana de los Mapoyo, como rayos para la yuca. En el territorio mapoyo se encuentran ejemplares de latas pertenecientes a cada desarrollo tecnológico en dicha industria desde el siglo XIX (Scaramelli, F.; Tarble, 2005b).

MOVILIZACIÓN DE TRABAJO Y REDEFINICIÓN ESPACIAL

La recolección de sarrapia debe ser entendida ante todo como un evento de trabajo colectivo. Si bien es posible que la historia temprana de la explotación sarrapiera estuviera ligada al trabajo forzado de las poblaciones indígenas, ya entrado el siglo XX esta actividad estuvo dinamizada en gran medida por el trabajo voluntario de las poblaciones locales. Actualmente, los Mapoyo no recuerdan eventos de trabajo coaccionado en el contexto de las estaciones sarrapieras. En los relatos contados por los ancianos no figuran casos de trabajo forzado de ningún tipo, y existe la opinión generalizada de que su participación en las labores sarrapieras ha sido estrictamente consensuada. Estas circunstancias contrastan abiertamente con lo sucedido más temprano en el Alto Orinoco dentro de las economías caucheras y la violencia con la que fueron sometidos grupos indígenas como los yekuana, baré, baniva o los tukano y huitoto en Brasil y Colombia respectivamente (Iribertegui, 2006, 1987). El atractivo de la extracción de sarrapia, para los mapoyo, residía en la posibilidad de trabajar en forma colectiva a cambio de obtener bienes industriales que comenzaron a desear con fuerza desde el siglo XIX.

Las estaciones sarrapieras pueden ser vistas entonces como centros de convocatoria y movilización de trabajo voluntario masivo. Durante la primera mitad del siglo XX las estaciones sarrapieras pudieron captar a una gran cantidad de recolectores atraídos por la promesa de obtener bienes foráneos. Dentro de la extracción de sarrapia, el ‘convocante’ siempre ha sido un miembro de una cultura distinta a la de los grupos indígenas. La convocatoria ha venido de parte de grupos empresariales o del Estado, quienes, a pesar de organizar un evento estrictamente mercantil, propiciaron un escenario de intercambio recíproco y de consumo aprovechable para las poblaciones indígenas.

Los comerciantes de la sarrapia trataban de congregar a un grupo numeroso de personas para trabajar en una tarea en específico: reunir grandes cantidades de sarrapia para la exportación. Se generó así una situación de libre involucramiento en la que cualquier persona podía participar sin ser necesariamente productiva. La participación en el trabajo de la sarrapia no exigía habilidades especializadas. Así como en los “[…] eventos de trabajo colectivo” (Dietler; Herbich, 2001, p. 242-245, traducción nuestra), la simple multiplicación de personas resultaba suficiente para completar la labor. Así, la cantidad de gente que se movilizaba podía llegara hasta cientos de personas. Sin embargo, algunos trabajadores necesitaban de un conocimiento espacial altamente sofisticado para poder realizar las tareas de recolección en lugares lejanos.

En vista de esta situación de libre participación, la convocatoria de trabajo alrededor de las estaciones sarrapieras favoreció una fuerte interacción entre personas de diversos orígenes étnicos y de clase. La movilización masiva de trabajadores ocurría cada año entre finales del mes de enero y principios de junio. Centenares de sarrapieros se instalaban en los poblados donde funcionaban las principales estaciones sarrapieras y en los lugares próximos a las selvas (Williams, 1942). Las zonas de extracción eran pobladas por grandes contingentes de recolectores foráneos. Gran parte de la fuerza de trabajo en estas actividades estuvo conformada por inmigrantes de otras poblaciones de Venezuela (especialmente del Estado Falcón), quienes motivados por las oportunidades de ‘fortuna rápida’ que podía ofrecer la sarrapia, se asentaron en la región y se casaron con indígenas de la zona. En este periodo, las actividades extractivas aumentaron la densidad de población criolla dentro y alrededor del territorio mapoyo (Henley, 1983, 1975).

Uno de los cambios más resaltantes producidos por la movilización de trabajadores a los bosques fue la gestación de un complejo proceso de redefinición espacial. La extracción sarrapiera y el nuevo uso dado a los territorios selváticos crearon nuevas formas de clasificaciones nominales y re-significaciones geográficas. Con la mercantilización de la sarrapia, entre los pobladores locales surgieron nuevas formas de definir y organizar el espacio de los bosques. Las zonas selváticas cambiaron su toponimia y estas comenzaron a ser segmentadas en unidades llamadas ‘sarrapiales’. Este hecho dio pie a una larga lista de lugares o puntos identificables en la selva en base a la presencia de árboles de sarrapia. Con la conversión de los bosques en lugares de trabajo, los sarrapiales se convirtieron en la unidad espacial básica de producción. Un sarrapial es un sitio que además de los árboles de sarrapia alberga otro gran número de plantas y accidentes geográficos como cuevas o ríos. Los sarrapiales son de tamaños muy variables; éstos pueden contener un par de árboles o decenas de ellos y no poseen límites definidos.

A raíz de su interacción en la industria sarrapiera, los Mapoyo crearon nuevos calificativos para designar ciertas partes de su territorio a través de los sarrapiales. Hoy en día, la representación espacial del territorio mapoyo está claramente marcada por la identificación de sarrapiales, los cuales son también reconocidos por otros grupos como ‘sarrapiales mapoyo’. Para los Mapoyo cada sarrapial posee un nombre11 y estos sitios son a su vez el escenario de muchos de los relatos y eventos que forman parte de la tradición oral de este grupo indígena, siendo hoy en día verdaderos símbolos de su arraigo territorial.

PATRÓN DE ASENTAMIENTO Y REPRODUCCIÓN SOCIAL

A raíz del auge comercial de la sarrapia, la movilización de sarrapieros a los bosques también creó una nueva forma de asentamiento de tipo intermitente. A diferencia de lo experimentado con el caucho en otras regiones, la comercialización de sarrapia no obligó a los indígenas a alejarse permanentemente de sus poblados. Debido al carácter estacional de la planta de sarrapia, los Mapoyo permanecían 4 o 5 meses de cada año en los bosques. Las grandes distancias y las dificultades de desplazamiento desde los poblados a los lugares de recolección, obligaban a los recolectores a mudarse a las selvas, instalando campamentos temporales y usando las cuevas presentes en la zona para vivir en ellas y resguardar las semillas de la lluvia12.

El principal asentamiento de los trabajadores en los bosques se encontraba en la misma estación sarrapiera. Esta funcionaba como el campamento base para los recolectores que luego penetraban el interior de la selva. Hoy en día, al preguntar por las estaciones sarrapieras, los pobladores mapoyo de mayor edad frecuentemente rememoran este poblamiento momentáneo de las selvas y describen la soledad de los pueblos durante cada temporada de sarrapia: “Esto [la comunidad] quedaba solo” y “La estación se ponía así como un vecindario. Era un vecindario de sarrapieros. Uno se iba con todo y maleta”13. Igualmente, algunos recuerdan con alegría este proceso de traslado grupal a las estaciones sarrapieras: “Era una belleza cuando llegaba la empresa de sarrapia. Estaban todos esos montes llenos de gente”14.

De acuerdo con los Mapoyo, la estación sarrapiera debe entenderse no solamente como la tienda donde se despachaban mercancías sino también como el conjunto de viviendas alrededor de ella. El campamento completo de los sarrapieros junto al puesto comercial formaba parte del paisaje de la estación. La imagen del ‘vecindario de sarrapieros’ sugiere que la constante movilización a las estaciones sarrapieras no estaba fragmentando la estructura social del grupo, sino que ésta podía estarse reproduciendo fuera del espacio habitual de la comunidad. La comunidad se trasladaba (aunque nunca en su totalidad) a las estaciones y esta, con sus relaciones y modos de organización tradicionales, se reconstituía en un escenario distinto. Si bien las familias nucleares eran las unidades productivas básicas en la recolección de la sarrapia, los lazos de parentesco y afinidad extendidos eran reproducidos en estos ‘vecindarios multiétnicos’. A su vez, la estación era también un espacio de constante interacción con colonos criollos de diversas regiones. A través de un intenso intercambio biológico, material y simbólico, se desarrolló todo un proceso de influencia cultural mutua entre los Mapoyo y los pobladores criollos.

La estación sarrapiera y las rancherías que la rodeaban se convirtieron así en el espacio de socialización de los Mapoyo y otros grupos étnicos durante cada temporada de sarrapia. Un aspecto significativo de este escenario de interacción es que poseía connotaciones festivas. El evento de la recolección sarrapiera era ejecutado con entusiasmo cada vez que se iniciaba la temporada. Esto incluía la realización de actividades sociales ligadas al entretenimiento como la música, celebraciones y juegos de apuestas. Igualmente, aunque el trabajo efectuado por los sarrapieros solía ser arduo, muchos pobladores Mapoyo disfrutaban de la participación en las actividades de recolección. El contexto de las estaciones sarrapieras creaba un ambiente de entretenimiento y diversión que se conjugaba, sin duda, con el trabajo duro y los constantes peligros de la selva.

MODO DE EXTRACCIÓN Y ORGANIZACIÓN SOCIAL

Algunos estudios antropológicos dedicados al impacto de las actividades extractivas en la Amazonía han resaltado la ocurrencia de un cambio drástico en los niveles de organización social de los grupos indígenas (Murphy; Steward, 1977). De acuerdo con estos estudios, la economía del caucho y su violento modo de trabajo produjo la fragmentación de la organización comunitaria indígena, reduciendo las unidades sociales de trabajo a familias nucleares o a recolectores solitarios. En el caso de la sarrapia, este panorama no fue tan severo. En toda el área de producción sarrapiera los recolectores generalmente trabajan asociados en grupos y con sus familiares (Fernández, 1995). Avendaño y Sanblas (1995, p. 52) utilizan la denominación “[…] grupo familiar recolector […]” para referirse a los equipos de trabajo en los sarrapiales. La recolección de sarrapia podía ser realizada mancomunadamente por todos los miembros de una familia en las tareas de recolección del fruto, extracción de la semilla, su secado, cuidado y selección (Fuentes Guerrero, 1980). Sin embargo, la sarrapia también podía ser recogida individualmente por peones que trabajaban para empresarios o contratistas (Williams, 1942). Entre los Mapoyo, las familias nucleares o extendidas conformaban los principales grupos de trabajo durante el auge comercial de la sarrapia. Los trabajadores que se agrupaban en las jornadas de recolección estaban generalmente atados por relaciones de amistad o parentesco, cuya solidaridad podía ser reforzada por las prácticas de cooperación y reciprocidad.

El ciclo de recolección de sarrapia comienza a finales del mes de enero o principios de febrero, momento en que las frutas comienzan a caer de los árboles. La recolección transcurre hasta el mes de abril, cuando todo el trabajo se orienta hacia la separación de las semillas de los frutos y dura hasta los lluviosos meses de mayo y junio. La cantidad de trabajadores mapoyo que se movilizaban a los sarrapiales seguramente ha variado con los años, pero estimamos que grupos de decenas de personas salían de sus asentamientos tradicionales y se adentraban en los sarrapiales. Cada inicio de semana, los cosecheros ingresaban a los bosques en busca de los árboles de sarrapia con las provisiones y herramientas adelantadas por la estación. Usualmente se visitaban sarrapiales conocidos, no obstante, algunas familias podían escoger nuevos sitios de recolección.

La extracción de la fruta en los sarrapiales se hacía de manera manual y los recolectores debían recorrer grandes extensiones de territorio selvático. Los frutos de la sarrapia se recogen a medida que éstos se van desprendiendo de los árboles. Esta práctica no requería de ningún tipo de artefacto salvo el uso de sacos u otros recipientes. Al recolectarlas, las frutas son agrupadas en un sitio específico del sarrapial y luego se espera que la almendra se seque dentro de su cáscara. Una vez secas, las semillas de sarrapia se separaban de la fruta mediante el uso de instrumentos y herramientas simples como una ‘mano de piedra’, un martillo o un machete. Con estos instrumentos se golpean las frutas hasta abrir la cáscara. El fruto se abre en dos mitades y la única semilla es extraída15.

Luego de ser extraídas, las semillas se secaban en lugares donde podían recibir directamente la luz del sol. Al secarse, las semillas pierden peso, se tornan de un color marrón oscuro y adquieren una textura arrugada (Fuentes Guerrero, 1980; Williams, 1942). Las semillas eran luego colocadas en sacos para ser transportadas sin ningún tipo de vehículo a las estaciones. Dependiendo de la distancia recorrida, los sarrapieros podían retornar a la estación al final de cada jornada o quedarse a dormir en los bosques. Durante las estadías prolongadas en los bosques, los recolectores dependían de la cacería, la pesca, y el consumo de alimentos como el casabe y el mañoco (fariña) para su subsistencia. Muchos de los recolectores que se confinaban en sarrapiales bastante alejados sólo regresaban a la estación cada viernes a entregar la sarrapia.

En la recolecta participaban abiertamente hombres, mujeres y niños, sin una rígida división del trabajo entre los miembros del grupo familiar. Sin embargo, los Mapoyo sostienen que usualmente eran los hombres quienes asumían las tareas más pesadas de carga. Las mujeres solían concentrarse en las labores que involucraban la separación de la almendra de su fruto, llamada localmente ‘pisado’ de la sarrapia. Cuando los grupos de recolección estaban conformados únicamente por adultos (familiares o no), o por miembros de distintas familias, entre ellos existía una regla de distribución equitativa de la ganancia según la cual la sarrapia reunida se repartía en partes iguales sin importar la cantidad de frutas recolectada por cada persona. Esta regla permite ver cómo la presencia de las obligaciones recíprocas de una comunidad se conjuga con actividades fundamentalmente comerciales y termina ordenándolas.

Otra consecuencia de la mercantilización de la sarrapia en el Orinoco fue la notoria relevancia que tomó el manejo de unidades de medida, cálculos y expresiones numéricas entre las poblaciones locales. Durante la época de las estaciones sarrapieras, los mapoyo adquirieron grandes habilidades en el manejo de medidas de peso traídas por los colonos criollos. Luego de años de experiencia en la recolección de sarrapia, los pobladores mapoyo y criollos establecieron equivalencias y cálculos propios mediante los cuales lograban anticipar la cantidad de semillas que podían obtener. Estos cálculos se instituyeron entre indígenas y campesinos, convirtiéndose en parte del conocimiento técnico colectivo transmitido a varias generaciones.

INTERCAMBIO Y DEUDA

Si bien la estación sarrapiera fue un mecanismo de movilización de fuerza de trabajo, su función primordial consistió en efectuar el intercambio de sarrapia por productos manufacturados. Las estaciones fueron el centro de almacenamiento primario de la sarrapia antes de tomar su camino hacia la exportación. Pero la llegada de la sarrapia a las estaciones estuvo regida por un modo de intercambio particular. Desde el inicio de la era sarrapiera, el modo de cambio que predominó en las estaciones fue el sistema de avance o endeude, el cual regulaba gran parte de las actividades económicas en toda la Amazonía (Cardona et al., 2014; De Almeida, 1992; Emperaire, 1996; Gow, 1991; Taussig, 2002; Walker, 2012). La cadena comercial de la sarrapia ha estado históricamente integrada por recolectores, intermediarios y exportadores. Los recolectores vendían las semillas de sarrapia a los intermediarios, a quienes las entregaban en sacos a cambio de dinero o mercancías16. Los intermediarios a su vez habían recibido una paga por adelanto de los empresarios exportadores. Estos últimos son los que comerciaban cara a cara con las casas compradoras en el extranjero (Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, 1984).

Cada estación sarrapiera construida en las zonas de recolección contaba con un encargado llamado ‘estacionero’. La estación sarrapiera era el lugar de residencia del estacionero, quien contaba con una habitación para dormir en ella. Esta persona era empleada por las empresas comercializadoras de sarrapia para canalizar las transacciones con los recolectores en los campos y administrar las mercancías que se ofrecían en cada estación. El estacionero tenía la tarea de distribuir las mercancías a los recolectores y llevar el registro de la sarrapia almacenada. A cambio de este servicio, los estacioneros recibían un pequeño porcentaje por cada kilo de sarrapia que llegaba a la estación.

En la estación de la zona mapoyo el administrador podía ser algún forastero proveniente de comunidades cercanas como La Urbana y Túriba, o bien podía ser un miembro de la comunidad mapoyo. Cuando el estacionero era una persona que provenía de la población indígena éste no era designado por la empresa sino que era elegido mediante una reunión comunitaria17. Al contrario de lo que sucedió con el caucho en otras regiones del Amazonas (Murphy; Steward, 1977; Iribertegui, 1987), la estructura de liderazgo indígena no se vio debilitada por la imposición de un administrador cercano a los intereses de las empresas extractivistas. Los jefes mapoyo nunca perdieron prestigio político ante la figura de los estacioneros. Cuando un mapoyo asumía la función del estacionero, aparentemente, éste no incrementaba su riqueza o su estatus al punto de llegar a desestabilizar la estructura igualitaria local y los roles de autoridad.

Posiblemente, el hecho de que el estacionero fuese un miembro de la comunidad indígena permitió que las transacciones del sistema de endeude estuviesen más permeadas por las reglas locales de reciprocidad que por la simple codicia empresarial. La escogencia de un estacionero perteneciente a la población mapoyo pudo haber reducido o evitado la probabilidad de encontrar situaciones de ‘endeudamientos ficticios’ o deudas imposibles de cancelar. Actualmente, los mapoyo no manifiestan ninguna queja en términos de trampas o engaños al recordar el desempeño de los estacioneros, incluyendo a los foráneos.

La escogencia de algunos Mapoyo como administradores en la estación produjo otro tipo de profesionalización: el manejo de sistemas de escritura, mediciones y operaciones numéricas en las transacciones comerciales. Cada estacionero contaba con dos balanzas o pesos necesarios para el almacenamiento ordenado de la sarrapia y el despacho de mercancías. Junto a los pesos, el estacionero contaba con cuadernos en donde llevaba los registros escritos de las deudas, siempre en términos de mercancías expedidas y kilos de sarrapia recibidos18.

Una de las características de mayor importancia de las estaciones sarrapieras es que todo lo que se ‘vendía’ en ellas era intercambiable únicamente por las semillas de sarrapia sin la mediación del dinero oficial. En un contexto donde la circulación de dinero era muy limitada, las estaciones en el Orinoco Medio asumieron un tipo de intercambio claramente caracterizado por el trueque. Aunado a este modo de intercambio, la relación entre la empresa y los recolectores estuvo mediada por el sistema de avance, endeude o débito y peonaje19, por lo que las mercancías ofrecidas en la estación eran generalmente otorgadas a crédito. A diferencia de las expresiones que tomó la institución del débito y peonaje en la economía política del caucho, la experiencia de los Mapoyo con la sarrapia, al menos durante la primera mitad del siglo XX, no llegó a desarrollar una tendencia destructiva. Aunque las mercancías entregadas en las estaciones eran despachadas con precios sumamente encarecidos que beneficiaban abiertamente a los comerciantes, las deudas adquiridas en la estación no buscaban ‘enmascarar’ relaciones esclavistas, ni asegurar coercitivamente la fuerza de trabajo. La fuerza laboral llegaba por voluntad propia, y posiblemente, la finalidad de los avances consistía en garantizar el retorno de la deuda ahora convertida en sarrapia.

Las deudas adquiridas en la estación estaban muy bien ordenadas y, casi siempre, los sarrapieros lograban librarse de sus compromisos cada temporada. Antes y durante las labores de recolección, los sarrapieros pedían en la estación adelantos de todo aquello que consideraban necesario para efectuar la recolección o simplemente consumir por gusto. Para establecer un control adecuado de las cuentas, los representantes de la empresa hacían una lista de los trabajadores deudores a los que se les adelantaba o ‘fiaba’ los alimentos que demandaban los sarrapieros. Los registros de estas deudas eran llevados por los estacioneros en grandes cuadernos similares a un libro de actas. En los libros se escogía una página para cada persona, pero por lo general la deuda de un recolector era la deuda de un grupo familiar. Las páginas indicaban las cantidades de sarrapia recibida y la entrega de los productos manufacturados. Una vez saldados los adelantos, los recolectores que sabían leer y escribir firmaban en estos cuadernos. En caso de no saber escribir, los sarrapieros dejaban su huella y sus nombres eran tachados con una raya.

Luego de saldar la deuda, la sarrapia que seguía siendo depositada por los recolectores en la estación era canjeada directamente por más mercancías o por vales que debían ser cambiados posteriormente por dinero. En vista de que en la estación sarrapiera “[…] el estacionero no manejaba dinero sino mercancía […]”20, este no podía efectuar los pagos monetarios a los trabajadores. Tanto en El Palomo como en algunas regiones cercanas como Caicara, los antiguos sarrapieros han mencionado la existencia de un sistema de tickets, fichas o vales como modo de pago indirecto en las estaciones. Además de los cuadernos de registros, los estacioneros poseían un talonario de dónde se emitían estos vales, que indicaban la cantidad de dinero que debía cobrar cada sarrapiero por su trabajo. Los vales funcionaban para ser cambiados por dinero cuando los miembros de las empresas se acercaban a las sub-estaciones a ‘arreglar cuentas’. Los recolectores también podían arribar a la estación central, la cual operaba como una especie de taquilla de cobro donde sí existía fluidez de dinero oficial.

Al parecer, durante el tiempo de las estaciones sarrapieras no existía un sistema rígido de cobro para los recolectores morosos. Cuando los recolectores no eran solventes, estos tenían la posibilidad de pagar su deuda al año siguiente. Adicionalmente, las cuentas no podían pagarse con dinero sino con semillas de sarrapia. Los empresarios preferían posponer el pago en sarrapia antes que saldar una deuda con dinero. Estos sabían que los precios de la sarrapia otorgaban beneficios muy superiores al costo de las mercancías entregadas a los recolectores aún con precios sumamente encarecidos. Así, podría decirse que dentro del sistema de las estaciones sarrapieras no existió una situación de ‘deuda ficticia’ como en ciertos lugares ocurrió con la extracción del caucho. Según los Mapoyo, no existieron casos de deudas impagables en donde las transacciones eran manipuladas para mantener atados a los recolectores. Las deudas constituían acuerdos morales entre patrones y recolectores que eran casi siempre resueltos por las partes involucradas de manera pacífica.

LA SARRAPIA COMO DINERO

La escasez de dinero convencional y el uso de la sarrapia como única forma de pago (de deudas) y de compra de artículos en el ‘circuito de relaciones’ de las estaciones sarrapieras, convirtió a estas semillas en una nueva forma de dinero en el Orinoco Medio21. La sarrapia es uno de los tantos casos a nivel mundial en el que un producto agrícola o forestal adquiere las propiedades del dinero. En la literatura antropológica que se ha interesado por temas económicos, usualmente se define al dinero como un objeto que tiene los siguientes propósitos: 1) medio de cambio; 2) modo de pago; 3) estándar de valor común (unidad abstracta); y 4) almacenador de riqueza (Dalton, 1965; Moreno Feliu, 1991). De acuerdo con Polanyi (1976, p. 173), “El dinero, por tanto, se define aquí como los objetos cuantificables que se utilizan en uno o varios de estos usos”.

Durante su auge comercial, la sarrapia sufrió una gran transformación en la que pasó de ser una simple mercancía a cumplir tres de estas funciones monetarias: medio de cambio, forma de pago y almacenador de riqueza. En vista de que el modo de intercambio dominante en las estaciones sarrapieras fue el sistema de créditos y deudas, la principal función monetaria de la sarrapia consistió en servir de medio de pago de los artículos adelantados. Sin embargo, no era la sarrapia sino el dinero oficial el que funcionaba como estándar de valor en las transacciones. Esto obligaba a los recolectores a hacer equivalencias con las que podían calcular de forma aproximada cuántas mercancías podían obtener por kilos o quintales de sarrapia, siempre de acuerdo a los precios de los artículos en la estación.

Por otra parte, los antropólogos han hecho también una distinción entre dinero de “[...] propósitos generales [...]”, o aquel que cumple con todos los usos asignados al dinero (como las monedas nacionales), y un dinero de “[...] propósitos específicos [...]”, es decir, un objeto que sólo cumple algunas de las funciones monetarias (Polanyi, 1976, p. 173-175; Bohannan, 1967, p. 124, traducción nuestra). El dinero de propósitos generales puede ser intercambiado por casi cualquier cosa, mientras que el dinero con propósitos específicos sólo puede cambiarse por ciertos objetos en esferas de intercambio restringidas (Bohannan, 1967). La sarrapia se convirtió en un tipo de dinero que estuvo generalmente restringido a un contexto espacial y temporal específico. La fórmula de cambio: sarrapia (kilos) = cualquier mercancía de la estación estuvo usualmente limitada a los espacios del área de recolección y a la duración de la temporada. La sarrapia dio a sus poseedores un gran poder de intercambio, pero siempre constituyó un dinero de propósitos limitados pues no era un “[...] dinero a tiempo completo [...]” (Dalton, 1965, p. 48).

Otras de las definiciones del dinero realizadas por antropólogos y economistas han hecho énfasis en ciertos requisitos tangibles de los objetos que se convierten en dinero. Por lo general se ha establecido que el dinero debe tener estos atributos: 1) Utilidad y valor; 2) Portabilidad; 3) Indestructibilidad; 4) Homogeneidad; 5) Divisibilidad; 6) Estabilidad de valor; y 7) Recognoscibilidad (Moreno Feliu, 1991). Si bien el proceso en el que ciertas sustancias se convierten en dinero no está necesariamente atado al cumplimiento de todas estas propiedades físicas, la sarrapia contaba con varias de ellas. Las semillas de sarrapia eran fáciles de almacenar, pues siendo bien cuidadas éstas pueden perdurar por años. Esta cualidad permitía a los recolectores y empresarios poder retrasar su entrega hasta esperar el anuncio de mejores precios. Por otra parte, debido a su ligereza, las almendras eran objetos transportables y su pequeño tamaño permitía hacerla divisible. Además, las semillas de sarrapia son fácilmente reconocibles a la vista y al olfato, ya que cuentan con una cualidad mayormente homogénea. Si bien la sarrapia cumplía con todas estas propiedades en término físicos, el factor determinante en la transformación de estas semillas en dinero es en realidad el contexto social y la situación mercantil específica de las estaciones.

A través de los relatos escuchados a los habitantes mayores en varias comunidades del Orinoco Medio pudimos obtener información sobre otros usos de la sarrapia como sustituto del dinero convencional. Entre los recolectores fue frecuente escuchar sobre juegos de apuestas en las estaciones y los sarrapiales en los que la sarrapia funcionaba como forma de pago. Generalmente, estas reglas sólo se aplicaban al contexto de la estación, pero la aceptabilidad de la sarrapia como medio de cambio casi general podía ser reconocida en algunos poblados alejados de las zonas de extracción.

ESTACIONES SARRAPIERAS Y CONSUMO

Para los mapoyo y otros grupos del Orinoco Medio, las estaciones sarrapieras fueron fundamentalmente una forma de acceder a nuevas oportunidades de consumo. El acceso a bienes importados era para los trabajadores la razón de ser de su participación en el sistema de endeudamiento de las estaciones sarrapieras. Sin embargo, el incremento en el consumo de bienes industriales no debe ser interpretado de ninguna forma como la pérdida de 'autenticidad' de las culturas indígenas o una amenaza a sus modos de vida (Gordon, 2006, 2010a, 2010b; Howard, 2002; Velthem, 2002)22. En algunos casos, la llegada de una gran variedad de mercancías a las zonas de producción sarrapiera reforzó hábitos de consumo que se habían consolidado en un período anterior a las estaciones; en otros, las estaciones propiciaron la aparición de nuevas ‘necesidades’ y deseos entre los grupos indígenas.

Entre los mapoyo buena parte del interés por trabajar en las estaciones sarrapieras estuvo motivado por el acceso a alimentos importados y sustancias altamente deseadas como el azúcar y la sal. La situación de contacto propiciada por las estaciones sarrapieras produjo que criollos e indígenas influenciaran mutuamente sus hábitos alimenticios y propiciaran nuevas formas de consumir alimentos ya conocidos. La evidencia material más notoria de este hecho es la extrema abundancia en el registro arqueológico de alimentos enlatados y bebidas embotelladas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Estas manufacturas están estrechamente ligadas al sistema de débito y peonaje, ya que constituían el pago por el trabajo indígena en las estaciones sarrapieras y el cultivo de otros rubros como la caña o la yuca (Scaramelli, F.; Tarble, 2005b). Estas mercancías eran precisamente las que fluían en dirección opuesta a la salida de las materias primas desde los bosques.

Más allá del deseo por obtener alimentos importados, la preocupación más recurrente entre los mapoyo durante el auge de la sarrapia fue la adquisición de vestimenta. Al preguntar por el gasto del dinero obtenido con la sarrapia, los ancianos mapoyo mencionaban frecuentemente a la compra de ropa. Los indígenas mapoyo asumieron la vestimenta criolla como propia durante el período republicano y ya para la primera mitad del siglo XX ésta era una imperiosa necesidad (Scaramelli, F., 2005). La adopción de la ropa al estilo occidental por parte de los Mapoyo se fue gestando gradualmente durante un largo proceso de “[...] colonización de la consciencia [...]” (Comaroff, Jean; Comaroff, John, 1989, p. 267-296, traducción nuestra) dentro del sistema de valores locales. Los conceptos indígenas de belleza corporal, constitución de la persona, adornos y atuendo comenzaron a cambiar como producto del contacto prolongado con los colonos europeos y criollos. Es en ese momento cuando la vestimenta y otros adornos son incorporados a los esquemas estéticos locales (Scaramelli, F.; Tarble de Scaramelli, 2005a). Cuando el uso de este tipo de vestimenta se consolida en la primera mitad del siglo XX, uno de los principales mecanismo de acceso a estos bienes fue la extracción de productos forestales como la sarrapia (Scaramelli, F.; Tarble de Scaramelli, 2005a).

Los Mapoyo podían adquirir ciertas cantidades de ropa a través del trato con comerciantes ribereños llamados ‘bongueros’, pero la mayoría de las veces, la ropa era adquirida a través de viajes a la población fronteriza de Puerto Carreño en Colombia. Cuando el trabajo realizado durante la recolección de sarrapia dejaba ganancias monetarias, buena parte de este dinero se gastaba para adquirir vestiduras o telas para elaborar ropa. Debido a la ausencia de otras formas de obtener estas prendas en la zona, Puerto Carreño en Colombia se convirtió en el punto más cercano destinado a este tipo de compras. Para llegar a este sitio los mapoyo se trasladaban en embarcaciones por el río Orinoco en un viaje de 5 días, esfuerzo que sugiere que la vestimenta se convirtió en una preocupación de primer orden23.

Tras la instalación de las estaciones, comenzaron a circular otros productos que fueron insertados dentro de las nuevas prácticas corporales de los mapoyo. De acuerdo con investigaciones pasadas (Scaramelli, F., 2005; Falconi, 2003), la evidencia material del período republicano en el Orinoco Medio muestra una significativa presencia de artefactos de vidrio como botellas de perfumes y medicinas. Este material ha sido ubicado temporalmente en los años del inicio del auge sarrapiero (último tercio del siglo XIX y principios del siglo XX) e indican el consumo de estos bienes en fechas mucho más tempranas de lo que indica la historia oral de los mapoyo. Debido a esta coincidencia cronológica, es muy probable que la población indígena haya comenzado a consumir este tipo de mercancías con la llegada de las estaciones sarrapieras y el intercambio con comerciantes criollos. Los cosméticos adquiridos por los recolectores, como perfumes y jabones, posiblemente contenían extractos químicos derivados de la sarrapia y otros productos aromáticos. De ser así, las estaciones sarrapieras podían convertirse paradójicamente en el principio y final de la ruta comercial de ciertos productos y manufacturas.

FIN DE LAS ESTACIONES SARRAPIERAS

La era de las estaciones sarrapieras llega a su fin en los años 60 del siglo XX. La demanda internacional de semillas de sarrapia comienza a declinar en los años 40 debido en gran medida a la aparición de nuevas sustancias sintéticas. A finales de los años 50, el Estado venezolano se apodera del control total de la industria sarrapiera y reanima su producción a través del Instituto Agrario Nacional. Sin embargo, a mediados de la década del 60 el Gobierno no pudo encontrar mercados donde colocar la sarrapia recolectada. El producto no llegó a exportarse y las cosechas se perdieron en los puertos venezolanos. Las autoridades ordenaron la interrupción completa de las actividades sarrapieras en el año 1964, luego del fracaso de las políticas administrativas implementadas por el Estado (Fuentes Guerrero, 1980; Henley, 1983, 1975). A una escala mayor, el fin de la gran era extractivista coincide con el despliegue de los planes agrarios desarrollistas en América Latina durante los años 60 y el debilitamiento del sistema patrón-cliente como modo de relación económica dominante en toda la Amazonía rural (Burkhalter; Murphy, 1989). A raíz de este colapso, la agricultura y la ganadería ganarían espacio como las principales actividades productivas.

Entre los mapoyo, el fin de las estaciones sarrapieras es un hecho muy bien recordado por los mayores y marca la conclusión de un período importante de su historia colectiva. Usualmente, entre estas personas se escucha decir que la llegada del Instituto Agrario Nacional trajo consigo los más altos precios pagados por la sarrapia, pero también el fin de la antigua era sarrapiera, pues “no vinieron a hacer más estaciones”24. Algunos son más precisos al indicar una fecha y aseguran que la última estación sarrapiera se construyó en el año 1965. Se inicia a partir de ese momento un período de relativa inactividad en la producción de sarrapia que sólo fue reactivado en algunos momentos de la década siguiente a un volumen de producción bastante menor.

Durante los años 70 algunos comerciantes compraron las cosechas de sarrapia de la zona mapoyo sin levantar estaciones receptoras. Asimismo, algunos empresarios de Caicara del Orinoco financiaron el montaje de pequeñas bodegas en los poblados del territorio mapoyo con el fin de adquirir sarrapia para la exportación. No obstante, estas bodegas sólo funcionaron por pocos años. Los habitantes de El Palomo mantenían la costumbre de seguir llamando ‘estaciones’ a estas bodegas y ‘estacionero’ a su encargado. De allí que algunos habitantes afirmen que la última ‘estación sarrapiera’ funcionó en el año 1978.

Si bien el fin de las estaciones sarrapieras se produce en 1965 luego de la retirada del Instituto Agrario Nacional, algunas estaciones resurgen en un segundo momento en los años 80, pero esta vez restringidas a zonas específicas y con un poder de despliegue bastante menor. Este resurgimiento fue responsabilidad de uno de los comisionados que prestaba servicios a las empresas exportadoras y que desarrolló una particular predilección por mantener las estaciones como mecanismo de movilización laboral. Estas últimas estaciones sarrapieras desaparecen de manera definitiva en 1997 en la zona de Los Pijiguaos. A pesar del declive del sistema de las estaciones en el Orinoco Medio, la extracción de sarrapia continuó siendo (hasta hoy en día) una de las actividades económicas practicadas por los Mapoyo. La desaparición de las estaciones no implicó la paralización total de las tareas de recolección de estas semillas. Sin embargo, el trabajo asalariado, y prácticas productivas como la agricultura y la pesca orientadas hacia el mercado tomaron mayor protagonismo desde los años 80. Desde esta década, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), empresa estatal destinada al desarrollo del Sur de Venezuela, ha explorado el territorio mapoyo sistemáticamente. Como resultado de estas exploraciones se descubrió que las montañas de gran parte del territorio mapoyo contenían vastas reservas de bauxita. El descubrimiento de la minas de bauxita cambiaría el panorama de la región por completo (Scaramelli, F., 2005).

CONSIDERACIONES FINALES

El estudio de las estaciones sarrapieras nos ha permitido develar una importante faceta dentro de las nuevas realidades surgidas en el Orinoco Medio a raíz del apogeo de las economías extractivas de exportación (1870-1960). Quizás el elemento más llamativo de este fenómeno histórico es el aparente contraste entre el modo de explotación de la sarrapia y la cruenta violencia de la empresa cauchera en la Amazonía. El carácter no-destructivo de las actividades sarrapieras en Venezuela supone la existencia de una gran diversidad de contextos geográficos e históricos vinculados al extractivismo en Suramérica que necesitan ser examinados más allá de los escenarios del terror cauchero25.

Los indígenas mapoyo, por su parte, representan un buen ejemplo de la intervención y la agencia indígena dentro de las dinámicas de las economías extractivas en Suramérica. Entre los mapoyo, las estaciones sarrapieras se convirtieron en un escenario de reproducción e interacción social, innovación y no de disrupción cultural. Los esquemas culturales y modos de organización social de los mapoyo se pusieron a prueba en el contexto de nuevas prácticas económicas y una nueva situación de contacto con forasteros. Sin embargo, sostenemos que la recolección de sarrapia no destruyó la estructura social de la comunidad tal como solía suceder con muchas sociedades amerindias inmersas en las economías caucheras.

Por otro lado, a diferencia de lo establecido por los viejos esquemas aculturacionistas, la mercantilización de la sarrapia en el Orinoco Medio no significó para las sociedades indígenas una situación de ‘tránsito’ hacia a una economía comercial totalmente dependiente del mercado. Ello se debe en parte al carácter estacional de la explotación de la sarrapia, aspecto que mantenía en pie las economías locales de subsistencia. Adicionalmente, ciertas unidades sociales familiares podían haber propiciado la división de tareas con el propósito de mantener simultáneamente actividades de subsistencia y actividades comerciales durante las temporadas de recolección. De cualquier modo, la incorporación del extractivismo en la economía política del territorio mapoyo condujo así a la diversificación del conjunto de prácticas productivas entre las comunidades rurales. Con el tiempo, la extracción comercial de sarrapia se instituyó como otra de las actividades tradicionales de muchos grupos indígenas.

Las estaciones sarrapieras son también una muestra de la gran variabilidad que experimentó el extendido sistema del avance o endeude en el continente americano. Todo parece indicar que el mecanismo del peonaje por débito practicado por las estaciones sarrapieras tuvo definitivamente una expresión menos hostil en comparación con el régimen cauchero. Según los testimonios recogidos en varias zonas del Orinoco Medio, las deudas en las estaciones eran acuerdos generalmente respetados por las partes involucradas. En el caso mapoyo, los relatos sobre su experiencia en el intercambio con las estaciones no registran sucesos asociados a la manipulación de las cifras de las deudas ni castigos físicos derivados de su incumplimiento. Si ocurrieron eventos ligados al engaño de los recolectores, o al trabajo forzado, estos se han visto ensombrecidos en la memoria por el principal beneficio obtenido de las estaciones: el consumo de bienes industriales.

Finalmente, entre los Mapoyo el proceso de ‘profesionalización de la extracción’ se convirtió en un elemento notable de la identidad del grupo. La consolidación de la figura del trabajador sarrapiero ha sido una imagen que ha caracterizado a los mapoyo por mucho tiempo. En el contexto de su interacción con las economías extractivas, los Mapoyo asumieron roles como el de ‘sarrapieros’, ‘estacioneros’ y ‘administradores’ que se convirtieron en nuevas categorías de clasificación para las poblaciones indígenas entre los siglos XIX y XX. Del mismo modo, la época de la sarrapia constituye un lugar de la memoria local que alberga importantes relatos dentro de la tradición oral mapoyo. Historias asociadas a asesinatos en contextos extractivistas, enfermedades sobrenaturales, y agentes no-humanos que ponían en peligro la vida de los sarrapieros son comunes entre las poblaciones indígenas y no-indígenas el Orinoco Medio. Los sarrapiales, por su parte, sustentan buena parte de la construcción simbólica de su territorio así como del uso y construcción del espacio. Este cuerpo de significaciones vinculadas a la sarrapia son incorporadas a su vez a sus discursos políticos sobre reivindicaciones territoriales e identitarias. Si bien la recolección de sarrapia persiste hoy en día como una actividad económica menor, para muchos ancianos mapoyo esta práctica pertenece a un pasado al que se alude con nostalgia y cuya característica distintiva fueron las estaciones sarrapieras.

1La era de la sarrapia en el Orinoco se gesta en el marco de una serie de dinámicas sociales en América Latina que han sido definidas por Stuart Voss como “Período Intermedio”. Voss reformula la tradicional división de la historia de América Latina entre período colonial y período moderno, y sitúa al período intermedio como un proceso que va desde las reformas borbónicas en 1750 hasta la Gran Depresión de 1929. Dicho período se caracteriza por la marcada orientación regional de las economías de América Latina, que eventualmente se cristaliza en la formación de los nuevos estados nacionales. Estas unidades regionales estuvieron integradas a los procesos de modernización del sigo XIX y el auge del capitalismo industrial. Las eras del caucho y la sarrapia coinciden con lo que Voss llama “[...] la transición al mundo moderno [...]”, que se inicia en 1880 (Voss, 2002, p. 185, traducción nuestra).

2Mediante un análisis histórico y antropológico, nuestro trabajo ofrece una mirada alternativa a los estudios sobre extractivismo en la Amazonía enfocados estrictamente en la dimensión ecológica y comercial de ciertos productos forestales (Homma, 1992, 1996; Lescure et al., 1992; Stoian, 2000).

3Los Mapoyo hacen una distinción entre su territorio ancestral (aquel que se extiende entre los ríos Suapure y Parguaza en el Orinoco Medio) y el territorio ocupado actualmente (el cual abarca la zona de El Palomo entre los ríos Caripo y Villacoa). El Estado venezolano reconoció oficialmente el territorio ancestral Mapoyo en marzo de 2013 como un espacio multiétnico en el que cohabitan diferentes grupos indígenas y no-indígenas. En Venezuela los territorios indígenas han sido reconocidos bajo la figura de ‘propiedad colectiva’, aunque en última instancia subordinados al Estado.

4La complementariedad de actividades agrícolas (en especial producción de yuca) y extractivas fue común a otros procesos similares en la Amazonía (Pinton; Emperaire, 1996) como en el caso de la recolección de castaña en Brasil (Martins et al., 2008; Mori, 1992; Robert, 2009).

5El estudio de dichos mecanismos de extracción comenzó en el marco de un proyecto arqueológico y etnográfico/histórico conocido como “Proyecto Arqueológico Suapure-Parguaza”. Dicho proyecto inicia a finales de los años 1990s y estuvo dirigido por la Dra. Kay Scaramelli y el Dr. Franz Scaramelli, contando con financiamiento del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad Central de Venezuela. Sin embargo, nuestras más recientes y detalladas investigaciones sobre la sarrapia se llevaron a cabo dentro del proyecto arqueológico/etnográfico denominado “Arqueología y colonialismo: cultura material e identidad en el Orinoco Medio, Venezuela”, igualmente dirigido por el Dr. Franz Scaramelli y la Dra. Kay Scaramelli. Esta fase investigativa contó con el apoyo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y la Universidad Central de Venezuela. Dentro de este último proyecto, el período de la extracción comercial de sarrapia requirió de una investigación etnográfica puntual, orientada a descifrar el rol de esta mercancía en contextos indígenas y campesinos de la región.

6El Estado venezolano llevaba a cabo la asignación de concesiones a empresarios y comerciantes interesados en la extracción y comercialización de la sarrapia. Porciones variables de tierra eran distribuidas y designadas para su administración a lo largo de las cuencas sarrapieras del Estado Bolívar durante finales del siglo XIX (Falconi, 2003, p. 72).

7Josué Guillen, cronista de Cabruta, comunicación personal.

8El Instituto Agrario Nacional (1960) organizó las tres zonas sarrapieras de la siguiente manera. La ‘Cuenca del Caura’, contaba con un Centro Administrativo en Cucurital-Maripa y 8 estaciones de recepción y abastecimiento. La ‘Cuenca del Cuchivero’, contaba con un Centro Administrativo en Candelaria y siete estaciones. Por último, la ‘Cuenca del Orinoco’ estuvo dividida en dos Regiones Administrativas: a) Caicara, que contaba con 5 estaciones y b) Túriba, con 7 estaciones sarrapieras. Durante estos años, operaron un total de 27 estaciones sarrapieras en las selvas de toda la región.

9Durante la época de las estaciones el principal medio de transporte estaba constituido por bestias de carga. Semanalmente, burros y mulas conducidos por un ‘arriero’ recogían la sarrapia almacenada en las estaciones y al mismo tiempo descargaban en ellas bienes manufacturados. Los burros regresaban a la estación central, donde existía un puerto fluvial en el río Suapure, y la sarrapia era trasladada en embarcaciones por el río Orinoco hasta llegar a la población de Caicara. Una vez en Caicara los cargamentos de sarrapia eran enviados en vapores hacia el puerto de Ciudad Bolívar, donde se encontraban las casas compradoras de sarrapia como Dalton y Cía., Batistini y Casalta. Allí las semillas eran depositadas en barriles y exportadas en su mayoría hacia Francia y los Estados Unidos (Torrealba, 2011).

10Para una revisión de estudios enfocados en el uso indígena de cultural material introducida en un una situación colonial véase Albert y Ramos (2002), Cusick (1998), Falconi (2003), Funari y Senatore (2015), Scaramelli, F. y Tarble de Scaramelli (2005a), Scaramelli, F. y Scaramelli, K. (2015) y Symanski y Gomes (2015).

11Algunos de estos son: Cabeza e’ Tigre, Caña Brava, Coloraíto, Cueva de Pérez, Cueva Pintada, El Caballo, El Dorado, El Palaciero, El Oro, Salto Caripo, Jacobero, La Campera, La Guitarra, La Lanza, La Sapoara, Los Bracitos, Los Cuarteles, Murciélago, Quebrada Seca, Raudalito, Santander, Sarrapial donde nació Ana, Siete Palos, Tablantero, Tragavenado.

12La ocupación de las cuevas fue parte fundamental de las actividades sarrapieras entre finales del siglo XIX y principios del XX. Los trabajos arqueológicos y etnográficos de Perera y Scaramelli y Tarble en el Orinoco Medio han identificado las cuevas de la zona mapoyo como sitios de múltiple ocupación que fueron usados como refugios por los recolectores sarrapieros. Entre estas cuevas estaban Cueva Pintada, Cueva de Pérez y la Cueva de Jacobero (Scaramelli, F.; Tarble, 2005b; Perera, 1992).

13María Joropa, entrevistada por Gabriel Torrealba, El Palomo, 23 marzo 2010.

14Luciano Sandoval, entrevistado por Gabriel Torrealba, El Palomo, 25 marzo 2010.

15El uso masivo de herramientas de piedra en el trabajo de la sarrapia representó una nueva fase de la industria lítica de las poblaciones locales en el Orinoco Medio. Con el auge de la sarrapia se produjo un proceso artefactual de proliferación de utensilios de piedra necesarios e imprescindibles para la obtención de las semillas (Scaramelli, F.;Scaramelli, K., 2015).

16Dentro del sistema de endeudamientos en la economía de la sarrapia, los comerciantes se beneficiaban a través del establecimiento arbitrario de los precios de la sarrapia y las mercancías adelantadas. La sarrapia era adquirida a precios muy bajos por los patrones mientras que las mercancías eran significativamente encarecidas. Sin embargo, cuando el Estado Venezolano comienza a regular las actividades sarrapieras a finales de los años 1950, la fijación de su precio comenzó a favorecer abiertamente a los recolectores. Hoy en día, los precios de la sarrapia extraída de los bosques se establecen a través de una intensa negociación entre los recolectores y la empresa exportadora de sarrapia (Torrealba, 2011).

17Simón Bastidas, entrevistado por Gabriel Torrealba, El Palomo, 23 marzo 2010.

18José ‘Candecho’ Reyes, entrevistado por Gabriel Torrealba, 23 marzo 2010.

19Las relaciones de débito y peonaje en el Orinoco Medio comenzaron luego de la Guerra de Independencia y de la salida de las órdenes misioneras. Las poblaciones indígenas y los descendientes de ellas no sólo experimentaron este tipo de relaciones de trabajo con el caucho y la sarrapia, sino también con la producción ganadera, agrícola y la elaboración de casabe (Scaramelli, F., 2005).

20Simón Bastidas, entrevistado por Gabriel Torrealba, El Palomo, 23 marzo 2010.

21De acuerdo con Avendaño y Sanblás (1995), este fenómeno ocurrió en todas las regiones sarrapieras. A principios del siglo XX el valor de la sarrapia y su intercambio directo por mercancías la convirtieron en una especie de dinero que podía funcionar como forma de pago casi generalizado. La sarrapia era un rubro que “[...] fungía como moneda [...]” en Ciudad Bolívar, donde los comercios tenían balanzas para pesar la sarrapia y recibirla como forma de pago por otros productos (Avendaño; Sanblás, 1995, p. 71).

22En los estudios de la antropología revisionista se ha podido constatar que los sistemas de valor e intercambio indígenas tienen la capacidad de incorporar artículos de consumo masivo sin necesidad de suprimir sus economías “[...] tradicionales [...]” (Miller, 1995, p. 268, traducción nuestra). El deseo por estos bienes, que fueron considerados como erosionadores de su cultura, no debe ser entendido como una respuesta automática ante su disponibilidad. En cambio, éste deseo está culturalmente condicionado y pertenece a circunstancias históricas particulares (Dietler, 1995; Sahlins, 2000; Scaramelli, F.; Tarble de Scaramelli, 2005a). En el caso de Brasil, Cesar Gordon explica cómo los Kayapó han incorporado bienes industriales y dinero a sus propias formas de reproducción social. Este autor realiza una crítica a los paradigmas de la aculturación y la resistencia para explicar el deseo indígena por los bienes industriales, aludiendo a factores socio-cosmológicos como centrales en la inserción de estos bienes (Gordon 2006).

23La ropa occidental ha adquirido una importancia crucial entre muchos grupos indígenas del continente. De acuerdo con Erick Langer, en el siglo XIX la vestimenta europea se convirtió en un ítem que proveía el prestigio que los indígenas adjudicaban al hombre blanco y creó una distinción física visible que separó identitariamente a unos grupos aborígenes de otros (Langer, 2000).

24José Reyes, entrevistado por Gabriel Torrealba, El Palomo, 28 enero 2010.

25Sin embargo, las diferencias registradas entre las formas de extracción del caucho y la sarrapia no deben entenderse como dos modelos abiertamente delineados y excluyentes. La extracción de la sarrapia pudo haber estado acompañada de prácticas coercitivas en otras regiones de Venezuela y Suramérica en otros momentos históricos. Del mismo modo, la extracción de látex pudo haber estado dirigida por modelos no-destructivos en otros contextos geográficos y temporales. El caso de la sarrapia en el Orinoco ilustra cómo el espectro de la violencia en los frentes extractivos Amazónicos tuvo una gran variabilidad que requiere ser estudiada a fondo a través de nueva evidencia (Wasserstrom, 2017).

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Recibido: 12 de Noviembre de 2017; Aprobado: 19 de Abril de 2018

Gabriel Torrealba. Southern Illinois University Carbondale. Department of Anthropology. Faner Building, Room 3525 1000 Faner Drive, Carbondale, IL, United States. CEP 62901-6632 (gtorrealba@siu.edu). ORCID: http://orcid.org/0000-0002-8896-1425.

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