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Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro)

versão On-line ISSN 1984-6487

Sex., Salud Soc. (Rio J.)  no.10 Rio de Janeiro abr. 2012

http://dx.doi.org/10.1590/S1984-64872012000400009 

RESENHAS

 

 

Edith Flores Pérez

Universidad Autónoma Metropolitana - Xochimilco - > eeedithhh@gmail.com

 

 

Berardi, Franco. 2010. Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Buenos Aires: Tinta Limón Editores.

Franco Berardi no sólo es un intelectual, sino también un militante. En este libro, que se ocupa de las últimas mutaciones del capitalismo, recurre a su memoria personal para trazar un itinerario político que nos conduce desde las luchas obreras en la Italia de los años setenta hasta los desplazamientos políticos de las últimas décadas. El semiocapitalismo, como lo llama el autor, integra las emociones, la imaginación, el deseo y los afectos a la producción de plusvalía. Es un capitalismo de signos, que se apropia de la inteligencia colectiva y de las pasiones.

En medio de esa transformación, que algunos consideran tan radical como la estudiada por Polanyi con respecto al capitalismo industrial, nació una generación de humanos, en los países desarrollados, que tuvo más contacto con diversos tipos de máquinas que con sus madres o sus padres y que Berardi llama "generación post-alfa". Ésta sería la primera, sostiene el autor, para la cual el alfabeto no ha tenido la función formativa que tuvo en las generaciones anteriores, desde la invención de la imprenta y la difusión de la educación formal. Si esta generación creció rodeada de máquinas, especialmente de tecnologías de la información que le permitían navegar indistintamente por mundos virtuales y conectarse en la inmediatez con cualquier nodo informático, entonces ha experimentado coordenadas espacio-temporales totalmente distintas a las de sus padres. El tiempo y el espacio del cuerpo materno -restringido por las obligaciones y los mandatos laborales, prontamente suspendido y reemplazado por las instituciones educativas-, el tiempo y el espacio del pecho, de la cuna, del juego y de la casa, han sido suplidos por espacios y tiempos tecnificados, virtuales y desincorporados.

En ese abandono del cuerpo humano y su consecuente sustitución por otras corporalidades (más técnicas y menos carnales), y por otras comunicaciones, otros afectos, otros tactos, se produce -dice Berardi- una metamorfosis de la subjetividad. Si la corporalidad materna le entrega al infante las coordenadas de su mundo, si el tiempo de la crianza es una forma lenta de parir, cultural y socialmente, sus sustitutos le entregan al niño otras coordenadas y lo socializan de otra manera. Escribe Berardi:

Las raíces de la devastación psíquica que golpea a las generaciones post-alfabéticas se encuentran en el enrarecimiento del contacto corpóreo y afectivo, en la modificación horrorosa del ambiente comunicativo, en la aceleración de los estímulos a los que la mente es sometida (:75, 76).

El de Berardi es un libro-manifiesto, atravesado por la urgencia política y la preocupación cultural. Es un texto que se puede utilizar para profundizar cualquier reflexión sobre el presente que esté atenta a las transformaciones subjetivas y corporales. Berardi tiene una posición política y no la oculta.

Cuando las cosas, los cuerpos, los signos comienzan a formar parte del modelo semiótico de la economía, la riqueza puede realizarse solo de manera indirecta, refleja, aplazada. La riqueza, entonces, ya no es el goce temporal de las cosas, de los cuerpos, de los signos, sino producción acelerada de falta y de ansiedad (:88).

¿No es la producción acelerada de la falta y de la ansiedad el motor de las industrias psicofarmacológicas, que expanden su riqueza a costa de la miseria psíquica y vital de millones de humanos, sostenidas en clasificaciones de psiquiatras y psicólogos, que no dejan de sumar padecimientos a sus manuales de enfermedades y trastornos mentales? La producción social de miseria psíquica y de sufrimiento individual y colectivo, es la contraparte de esta producción acelerada de la falta y de la ansiedad. En este sentido, Berardi desplaza los discursos terapéuticos y psiquiátricos dominantes: "mi tesis es que no podemos hablar de psicopatología sin considerar las condiciones sociales, las modalidades de la prestación laboral, las relaciones de competencia y sobre todo las formas de comunicación dentro de las que el cuadro psíquico se constituye" (:82).

El libro está organizado en siete bifurcaciones, como las llama el autor, y una conversación que mantuvo con el colectivo argentino Situaciones. Considero que la noción de bifurcación es adecuada para denominar a cada capítulo, porque Berardi investiga y teoriza cambios fundamentales que han experimentado las sociedades occidentales durante los últimos cuarenta años y que, en muchos sentidos, se han extendido globalmente, aunque de maneras diversas.

La perspectiva que surge de mi análisis es la de una catástrofe del humanismo moderno. Pero toda situación de catástrofe abre una bifurcación: puede precipitarse en una espiral infernal, si se queda rehén de los dogmas dominantes o, por el contrario, puede verificarse una ruptura epistemológica, puede revelarse una visión totalmente nueva de la relaciones entre los seres humanos, si se sabe ver la actividad más allá de las categorías de la economía, del crecimiento y la ganancia (:26).

Uno de los méritos del texto de Berardi es analizar una compleja gama de fenómenos económicos, sociales, culturales y subjetivos sin reducirlos a una sola matriz explicativa, que supusiera la preeminencia de un campo sobre el otro. Son fenómenos y procesos de gran complejidad, que no se expresan de manera especular. Es decir, las enormes transformaciones en los soportes materiales y simbólicos de los procesos económicos no se traducen de manera lineal en cambios subjetivos. Ni éstos replican de forma especular a los otros.

Entre la emergencia del cognitariado, como lo llama Berardi, que agrupa a todos aquellos individuos que, sin ser dueños de los medios de producción (rasgo central en la definición marxista del proletariado), utilizan gran parte de sus capacidades subjetivas, emocionales y creativas en sus trabajos (en vez del uso exclusivo de la fuerza o destreza corporal) y los cambios profundos en los modos de producción de las subjetividades, que implican, en términos históricos, "(...) el desplazamiento de las generaciones alfabético-críticas a las generaciones post-alfabéticas, configuracionales y simultáneas" (:25), no hay relaciones causales ni directas. Pero sí hay vínculos históricamente determinables. Por ejemplo, las modificaciones en los soportes de socialización de las nuevas generaciones, que son cada vez más maquínicos y técnicos, y menos afectivos y corporales, son parte de las explicaciones que permiten entender el surgimiento de nuevas subjetividades.

Aunque la sexualidad y los movimientos sociales que su politización ha generado no sean temas que Berardi aborde directamente, creo que entrega claves de lectura que permitirían desplazar tanto la comprensión que tenemos de aquella como la visión sobre esos movimientos políticos. Me detendré en este último punto. Una de las transformaciones que Berardi analiza en su libro es la modificación de la política: el modelo representativo y jacobino habría sufrido una erosión casi definitiva. Esto implica tanto el fin de ciertas formas de entender la política como el surgimiento de otros modos de plasmarla, pero también de significarla. Un aspecto parece atravesar todo el libro: las instituciones territoriales han entrado en una crisis profunda. Y entre ellas, el Estado es sin duda la más importante. Esto significa que las políticas nacionales están atravesadas por dinámicas globales y transnacionales que no pueden comprenderse sólo dentro de las fronteras de las soberanías estatales. Pero, por otra parte, los modos en los que el Estado garantizaba la reproducción social -leyes, instituciones de socialización, políticas públicas, infraestructura de bienestar- tampoco son suficientes para abordar la desterritorialización creciente de los procesos de formación humanos y las nuevas formas de construir las relaciones entre sujetos.

¿Cómo afecta todo esto la producción social de la sexualidad y sus regulaciones? ¿Qué tipo de imaginario debiera crearse para entender los vientres de alquiler, las nuevas tecnologías reproductivas, los bancos de semen, los perfiles genéticos? ¿Qué explicaciones podemos elaborar para los vínculos eróticos virtuales y las afectividades maquínicas? Pareciera que los movimientos sociales que politizan las relaciones de género y la sexualidad siguen operando con imaginarios y explicaciones "alfabéticas", siguiendo la terminología de Berardi, y también territoriales. La desnaturalización de las relaciones humanas no sólo se realiza mediante el cuestionamiento de las ideologías, como lo ha hecho de manera intensa el feminismo. Esa desnaturalización es producida tecnológicamente de manera creciente por el conocimiento científico y las empresas capitalistas. La crisis del humanismo de la que habla Berardi es también la crisis de los marcos "naturales" o de los límites biológicos de la especie humana y de la vida en general. Foucault llamó biopolítica al amplísimo campo de intervención y producción que se abría en este punto. Berardi especifica esos análisis al conducirlos hacia relaciones de producción, formas de trabajo, modos de organización familiar, hacia el vínculo que los sujetos elaboran consigo mismos.

Lo que el autor describe como un desplazamiento definitivo de las formas de producir la política tiene enormes consecuencias para el pensamiento y la acción política en el campo de la sexualidad. Si los años setenta conmovieron las pesadas estructuras partidarias y los discursos monocausales y centralistas, también permitieron la creación de modos de ejercer la política diversos: locales, autónomos, nodales, descentralizados y proliferantes. Luego, hemos sido testigos de su ampliación constante, sostenida, por ejemplo en el uso de las nuevas tecnologías de la información. Pero eso no necesariamente ha sido acompañado por un desplazamiento equivalente de las plataformas y los discursos políticos, al menos en el campo que aquí nos interesa. Si bien existe una densa red de activismo en torno al género y la sexualidad, el interlocutor central sigue siendo el Estado, y el artefacto social de cambio, la ley. Eso, en el análisis de Berardi, es seguir pensando la política con las claves del siglo XX. Sin embargo, no es tan claro cuál debe ser la producción discursiva, técnica y experiencial que necesitamos para incidir en los nuevos procesos de politización de la sexualidad y las relaciones de género, en sus diversos niveles. ¿Cómo enfrentar la apropiación del código genético por las corporaciones científicas estadounidenses? ¿Cómo entender las nuevas relaciones de subordinación que surgen en los espacios virtuales? ¿De qué manera podemos vincular los procesos de desterritorialización, económicos pero también simbólicos, con las formas de violencia extrema ejercida contra las mujeres y las minorías sociales?

Pensar cómo lo reseñado anteriormente vincula las relaciones de producción y las formas de subjetivación, las estructuras sociales y las psíquicas, es un desafío mayor. Berardi aporta lo que Deleuze y Foucault llamaron una 'caja de herramientas', una serie de análisis y conceptos que permitan comprender y producir cierta inteligibilidad. Si bien el autor concordaría con ciertos diagnósticos que recalcan el carácter incomprensible de la posmodernidad o del capitalismo tardío, apuesta por una lectura polivalente y descentrada de los procesos sociales, que no desconoce el lugar de los sujetos, que son sus efectos, sus testigos y sus actores, como un punto de comprensión e interpretación. Por ello reivindica de manera tan intensa las experiencias colectivas, políticas y culturales, de los años setenta en Italia, y las nuevas experiencias en América Latina y en Europa. Porque ellas no sólo son modos de comprender, son también formas de vivir.