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Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro)

On-line version ISSN 1984-6487

Sex., Salud Soc. (Rio J.)  no.26 Rio de Janeiro May/Aug. 2017

http://dx.doi.org/10.1590/1984-6487.sess.2017.26.03.a 

Artículos

Activismo católico antiabortista en Argentina: performances, discursos y prácticas

Ativismo católico antiabortista em Argentina: performances, discursos e práticas

Catholic anti-abortion activism in Argentina: performances, discourses and practices

Pablo Gudiño Bessone1 

1 Centro de Investigaciones Sociales-Instituto de Desarrollo Económico y Social (CIS-IDES), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Buenos Aires, Argentina

Resumen

Este artículo se interesa en el accionar político del activismo católico antiabortista en Argentina y las distintas performances de acción colectiva que tales grupos desarrollan en el espacio público urbano. Repara en la forma en que dichos grupos autodenominados pro-vida mantienen un discurso de oposición a la legalización del aborto con base en el despliegue de argumentaciones científicas y bioéticas. Esto, en tanto modo de contrarrestar la presencia y movilización de las organizaciones feministas y ejercer oposición a las demandas de ley de interrupción voluntaria del embarazo.

Palabras clave: catolicismo; activismo pro-vida; derechos sexuales y reproductivos; aborto; bioética

Resumo

Este artigo se interessa pelo acionamento político do ativismo católico anti-aborto na Argentina e as diferentes performances de ação coletiva que esses grupos desenvolvem no espaço público urbano. Observa como aqueles que se autodenominam grupos pró-vida mantêm um discurso de oposição à legalização do aborto com base no desdobramento de argumentos científicos e bioéticos como estratégia de combate à presença e mobilização de organizações feministas e de oposição às demandas por uma lei de interrupção voluntária da gravidez.

Palavras-chaves: catolicismo; ativismo pró-vida; direitos sexuais e reprodutivos; aborto; bioética

Abstract

This paper is interested on the political action of anti-abortion Catholic activism in Argentina, and the different performances of collective action that such groups develop in the urban public space. It analyzes how those calling themselves pro-life groups maintain a discourse opposing the legalization of abortion based on the deployment of scientific and bioethical arguments as a way to counter the presence and mobilization of feminist organizations, and oppose their demands for a voluntary pregancy interruption law.

Keywords: Catholicism; pro-life activism; sexual and reproductive rights; abortion; bioethics

Introducción1

En Argentina, el Artículo 86 del Código Penal de la Nación reconoce el derecho de las mujeres a acceder a un aborto seguro y legal en las siguientes instancias: 1) cuando exista peligro para la vida o salud de la mujer gestante y si este peligro no puede ser evitado por otros medios, y 2) cuando el embarazo es producto de una violación o atentado contra el pudor de una mujer idiota o demente. No obstante, el cumplimiento efectivo de las prácticas de intervención de aborto no punible y las demandas de las organizaciones feministas en pos de la sanción de una ley de interrupción voluntaria del embarazo, que contemple el derecho de las mujeres a acceder a la realización de un aborto durante las primeras catorce semanas del proceso gestacional, tiene como uno de sus principales opositores a la Iglesia Católica. Esta última ejerce resistencias al aborto no únicamente desde el despliegue de acciones que emanan desde las cúpulas eclesiásticas, sino que refuerza su lugar de grupo de presión y de poder en la articulación política que entabla con sectores laicos antiabortistas autodenominados colectivos y organizaciones pro-vida.

Los grupos pro-vida se caracterizan por desarrollar instancias de movilización colectiva en la esfera pública en tanto una forma de contrarrestar el accionar y la presencia de las organizaciones feministas que en el marco de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito demandan la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Este artículo aborda los conflictos políticos y sociales que giran alrededor del derecho al aborto en Argentina. Principalmente, parte del desafío de desprenderse de un modelo de análisis centrado exclusivamente en la oposición que los actores eclesiásticos ejercen al respecto. A partir de nuevas aristas e interrogantes de investigación, este trabajo se propone explorar y comprender el fenómeno de emergencia del activismo católico laico antiabortista y el modo en que dichos actores y grupos van adquiriendo protagonismo y visibilidad en el espacio público más allá de sus nexos políticos e institucionales con la Iglesia Católica.

Al igual que en Latinoamérica y en distintos países a escala transnacional el activismo pro-vida en Argentina comprende a una red de actores interreligiosos -en su mayoría de adscripción católica-, a organizaciones de la sociedad civil como lo son los casos de los Consorcios de Médicos y Abogados Católicos, los institutos universitarios de formación e investigación en bioética católica, pero también a activistas no institucionalizados así como grupos y actores no necesariamente identificados como confesionales. Estos grupos antiaborto se caracterizan por propagar un discurso de defensa de los derechos jurídicos y personales de los no nacidos desde la activación de un lenguaje político basado en el entramado de argumentos religiosos y científico-bioéticos. En este artículo me propongo abordar la emergencia y accionar de los grupos pro-vida en Argentina, la heterogeneidad de su composición, sus distintas performances e instancias de acción colectiva, la proliferación de discursos que tales organizaciones despliegan y que, por cierto, trascienden a los enclaves meramente religiosos. Me refiero a las formas en que dichos colectivos postulan y modernizan sus discursos opositores al aborto desde el entrelazamiento de argumentos religiosos, jurídicos y médico-biológicos sobre la defensa de los derechos personales de los fetos/ embriones.

Me intereso en el activismo político que los grupos católicos pro-vida emprenden en el espacio público urbano haciendo foco en el despliegue de marchas, movilizaciones y acciones colectivas de protesta en contra del derecho al aborto en Argentina y que tuvieron lugar entre el 2010 y 2014. Para la realización de este trabajo se procedió a la utilización de una metodología de investigación de tipo cualitativa (Vasilachis, 2006) para comprender las singularidades, los sentidos y la dinámica de la acción colectiva de los grupos antiabortistas. La recopilación de datos estuvo basada en la adopción de técnicas de investigación en campo cómo la observación participante in situ y la descripción etnográfica (Ameigeiras, 2006; Restrepo, 2016) en manifestaciones antiabortistas como las denominadas Marcha de los Escarpines, la celebración de la Fiesta de la Vida, y distintos conflictos que se dan entre católicos pro-vida y colectivos feministas, por ejemplo, durante los Encuentros Nacionales de Mujeres y en otras instancias en que los grupos antiaborto se manifiestan en contra de la legalización/ despenalización del aborto.

Mi presencia activa en el campo y la observación participante se combinó con la realización de entrevistas, la recopilación y análisis de discursos y manifestaciones públicas de los activistas pro-vida a fin de profundizar en los argumentos y sentidos políticos y socio-culturales que estos sujetos les imprimen a sus acciones. La observación en campo implicó mi interés por tratar de comprender las múltiples performances y prácticas de intervención política y colectiva que los grupos antiaborto desarrollan en el espacio público. Respecto a esto último, presté principal atención al uso que los activistas pro-vida hacen de imágenes de fetos mutilados y ensangrentados en pancartas y carteles y el modo en que tales representaciones iconográficas tienen como objetivo reafirmar un discurso científico y bioético acerca del aborto como “crimen” y “asesinato”. Estas imágenes son exhibidas con el fin de provocar impacto en la conciencia colectiva a la vez que definir y estigmatizar ante la opinión pública a los grupos que se manifiestan a favor del aborto como enemigos del derecho jurídico y humano a la vida de niños inocentes en el vientre materno. El trabajo de campo me permitió la posibilidad de observar, interactuar e interpretar a los actores en contexto y hacerlo durante un tiempo prolongado, poder obtener un registro audio-visual, al mismo tiempo que ir construyendo un contacto asiduo con los grupos y participar en las múltiples actividades de protesta que dichos actores sociales despliegan en oposición al aborto.

El movimiento pro-vida en Argentina: actores, prácticas, discursos

Como sostiene Juan Marco Vaggione (2009) en América Latina y en el escenario político internacional, la presencia de los colectivos antiaborto en la esfera pública y su capacidad de movimiento fueron incrementándose en la medida en que los derechos sexuales y reproductivos se fueron transformando en una dimensión indiscutible de las políticas nacionales y transnacionales, trasvasando la dicotomía público/ privado, e inscribiendo nuevas formas de entender la democracia, la justicia y los derechos de ciudadanía. Como bien afirma en sus trabajos Josefina Brown (2014) los derechos sexuales y (no) reproductivos refieren a la capacidad de las personas en la toma de decisiones autónomas sobre su sexualidad y sus cuerpos, la procreación y la no procreación, incluyendo la posibilidad del derecho al aborto. En Argentina, los autodenominados grupos pro-vida se inician en el país con el retorno a la democracia a comienzos de los años 80’ como acción preventiva a una posible instalación del debate por el derecho al aborto voluntario dada la presencia que comienzan a adquirir las organizaciones y colectivos de mujeres feministas. Sin embargo, los conflictos por el aborto se profundizan y comienzan a tomar mayor visibilidad política en el transcurso de la década de los 90’ a raíz de las presiones ejercidas por la Iglesia Católica para incorporar una cláusula de reconocimiento de los fetos/ embriones como personas jurídicas desde la concepción a la nueva Constitución Nacional.

En los 90’, la presidencia de Carlos Menem se había caracterizado por mantener una relación de proximidad política con la jerarquía eclesiástica, principalmente con el Arzobispo de Buenos Aires, el Cardenal Antonio Quarracino, quien en su momento oficiaba de máxima autoridad de la Conferencia Episcopal Argentina. Desde los inicios de su gestión, la presidencia de Menem contó con el respaldo político de la jerarquía de la Iglesia por los supuestos compromisos ideológicos que el ex presidente argentino demostraba con los principios dogmáticos del catolicismo. Es así que el propio Carlos Menem se constituyó en uno de los principales aliados del Vaticano en la cruzada opositora al aborto de cara a la IV Conferencia de Población y Desarrollo de El Cairo (1994) y en Argentina atendiendo a las prerrogativas de la Iglesia Católica durante el escenario de la Reforma Constitucional de 1994. La tarea y el lobby político de los prelados consistió en su momento en presionar a los convencionales constituyentes vinculados al partido de gobierno para la imposición de una enmienda jurídica a la Constitución de reconocimiento de los fetos/ embriones como personas jurídicas para a partir de allí considerar al aborto como una práctica punible en todas sus instancias.

Las luchas por derecho al aborto continúan siendo vigentes en Argentina. En consecuencia, el protagonismo cada vez mayor de los colectivos feministas y de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito (Zamberlin, 2011; Bellucci, 2014) ha sido motivo para el incremento de la politización y activismo de las organizaciones de católicos laicos antiabortistas en los últimos tiempos. Conjuntamente al accionar de los grupos-vida en el espacio público cabe remarcar el protagonismo político y la visibilidad que fueron asumiendo en las calles los grupos religiosos conservadores auto-identificados como pro-familia. Estos últimos se caracterizaron por tener presencia política en distintos escenarios de conflicto como lo fueron los debates por la ley de divorcio en el año 1987, la ley de matrimonio igualitario entre parejas del mismo sexo en el 2010, la ley de identidad de género en 2012, la reforma del Código Civil y los debates por la adopción de hijos en parejas homosexuales y lesbianas en el 2014. Por cierto, la agenda conservadora y el accionar político del activismo pro-vida y pro-familia en el país constituyen uno de los principales obstáculos para la democratización en las relaciones de género, así como para la ampliación y el reconocimiento de los derechos a la ciudadanía sexual. Dichos grupos profundizan su activismo toda vez que se pone en cuestión la redefinición de los marcos normativos sobre la sexualidad, la reproducción, el género y la familia y que se desafían los principios y postulados heteronormativos del catolicismo.

Tanto en Argentina como en América Latina, los grupos pro-vida y pro-familia, ambos alineados a la jerarquía de la Iglesia Católica y a sectores políticos conservadores, se plantean como objetivo obstruir el avance de las agendas del feminismo y del movimiento de la diversidad sexual, ello, también en articulación con el accionar opositor que al respecto emprenden otras religiones. Distintas investigaciones se dedicaron a estudiar y comprender el fenómeno del activismo religioso conservador en los países de la región del Cono Sur de Latinoamérica y las formas en que los actores y grupos religiosos continúan siendo un obstáculo para la ampliación de la ciudadanía sexual. Me refiero a aquellos trabajos que se abocaron al estudio del activismo religioso en su confrontación con las luchas de ciudadanía vinculadas al derecho al aborto y a la diversidad sexual. Los estudios de Jaris Mujica (2007, 2009) brindan interesantes aportes acerca de la elaboración de discursos religiosos, científicos y bioéticos por parte de la Iglesia Católica y los grupos conservadores en Perú para contraponerse a los derechos sexuales y reproductivos, al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo. Los escritos de María das Dores Campos Machado (2015) hacen hincapié en el accionar de los pentecostales y católicos carismáticos en Brasil y sus estrategias de lobby político para influenciar en la decisiones de los parlamentarios en temas vinculados a la familia, la sexualidad y la procreación humana. También en Brasil, Naara Luna (2014) analiza la construcción retórica y visual que los grupos antiabortistas hacen de los fetos como personas dotadas de derechos y el modo en que tales representaciones son puestas en tensión en la esfera pública con los reclamos feministas a favor del aborto. En el caso de Argentina, centrales son los trabajos de Daniel Jones y Marcos Carbonelli (2015) acerca de la oposición política de los actores religiosos evangélicos frente a los derechos sexuales y reproductivos. Los estudios de Juan Marco Vaggione y Daniel Jones (2015) sobre los posicionamientos políticos de la Iglesia Católica y de las iglesias evangélicas ante la ley de matrimonio igualitario. Los estudios de José Manuel Morán Faundes y María Angélica Peñas Defago (2015) acerca de la emergencia y desarrollo de las ONGs pro-vida en Argentina. Los trabajos de Gabriela Irrazábal (2015) sobre la presencia de los agentes religiosos expertos en bioética en los comités de ética de los hospitales públicos de Argentina y la obstrucción que estos ejercen ante casos de solicitud de acceso al aborto legal.

El interés que motivó al desarrollo de este trabajo es contribuir en el conocimiento de la dinámica y accionar de los grupos religiosos antiabortistas en Argentina prestando principal atención en las particularidades de los grupos pro-vida identificados con el catolicismo. Como se ha dicho anteriormente, en Argentina a medida que fueron avanzando las luchas feministas en reclamo porque se garanticen las intervenciones de aborto no punible en los hospitales públicos y en función de la aprobación de una ley de aborto voluntario, mayor ha sido la presencia y politización de los grupos pro-vida con acciones colectivas en defensa del derecho a la vida de los no nacidos y de los valores y principios morales del catolicismo. Los grupos católicos pro-vida se caracterizan por su diversidad de composición. Se trata de espacios de sociabilidad conformados por jóvenes que participan en parroquias y en comunidades de base de la Iglesia Católica, estudiantes de instituciones educativas católicas de nivel medio, estudiantes y profesionales de universidades católicas que forman parte de los comités y centros de investigación en bioética, entre otros. Los grupos pro-vida si bien comparten y adhieren ideológicamente a los principios dogmáticos del catolicismo, muchas veces intentan, en oportunidades, presentarse ante la opinión pública como actores aconfesionales. Esto último, con el propósito estratégico de presentarse ante la sociedad como grupos de ciudadanos que sin la necesidad de estar vinculados a la Iglesia Católica se manifiestan en contra de las alteraciones al orden y a los valores morales de la familia y en defensa del derecho jurídico a la vida de los niños por nacer.

El movimiento pro-vida en Argentina tiene carácter federal. Es significativa la presencia de organizaciones civiles, ONGs y grupos antiabortistas que se desempeñan a lo largo del país en distintas localidades y provincias.2 Existen espacios de carácter federal como lo es la Red Federal de Familias Argentinas, la red de Universitarios por la Vida y el Congreso Nacional Familia y Vida en el que se reúnen distintas ONGs y colectivos pro-vida y pro-familia en encuentros y jornadas de capacitación y formación de líderes. Dichos encuentros actúan como un espacio para la discusión de temas de agenda así como para el debate y el consenso acerca del diseño de estrategias políticas de acción conjunta para contrarrestar las demandas por el derecho al aborto y de políticas y legislaciones contrarias al modelo de la familia católica. Dichos encuentros tienen la particularidad de ser un espacio multisectorial de intercambio de ideas con el objetivo de impulsar acciones y fortalecer proyectos que tengan como fin la defensa de la vida en todas sus etapas, así como del matrimonio heterosexual compuesto por el hombre y la mujer. En el 2010, la Red Federal de Familias tuvo fuerte protagonismo en las acciones de lobby político y en la convocatoria a movilizaciones en la esfera pública para marchar en oposición a la ley de matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo. En el 2015, la Red de Universitarios por la Vida estuvo a cargo de la organización del III Congreso Pro-Vida en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) donde se abordaron temas como la “cultura de la vida”, el compromiso de los profesionales médicos con la vida humana naciente y el recurso a la objeción de conciencia. Tanto las organizaciones pro-vida como pro-familia mantienen una notable relación de estrechez y acercamiento con la Iglesia Católica. Dichos grupos, por cierto satélites a los intereses de la jerarquía eclesiástica, encarnan sus disputas contra la legalización del aborto no necesariamente restringiendo sus argumentos a motivos religiosos sino también a partir del entrelazamiento de éstos a justificativos que emanan del discurso científico y bioético.

La activación del discurso bioético por parte de los grupos antiaborto es de referencia a los embriones y fetos como personas jurídicas y sujetos de derecho desde la concepción y tiene como objeto penetrar en la conciencia colectiva y en la opinión pública a partir de la construcción imaginaria del aborto como asesinato y crimen contra la vida de niños inocentes, trazando mecanismos de articulación entre dispositivos clásicos de la normatividad religiosa y las nuevas pautas del discurso y el saber biomédico. En este sentido, mediante la referencia a los fetos como personas jurídicas y sujetos de derecho los grupos pro-vida buscan justificar sus posturas antiabortistas en el desarrollo de argumentos científicos y bioéticos. Al pretender amparar sus posturas en supuestos epistemológicos de verdad científico-empírica sobre los inicios de la vida humana desde la concepción lo que hacen es activar un lenguaje político de los derechos con el propósito de detractar ante la opinión pública a los defensores del aborto como alentadores de la muerte de personas inocentes.

La puesta en acción de argumentos médicos y jurídicos de la bioética resulta el ápice central tanto del lenguaje político de los grupos pro-vida como de la Iglesia Católica. Por cierto, la labor que ejercen los académicos médicos y abogados que forman parte de los centros de investigación de bioética de las universidades católicas y de las corporaciones y consorcios de médicos y abogados católicos resulta crucial en el modo en que sus investigaciones nutren de un lenguaje político y cientificista tanto a los activistas pro-vida como a los propios actores eclesiásticos. Estos institutos y consorcios cuentan con una proliferación de documentos, notas periodísticas e informes de investigación centrados en la bioética y el bioderecho en tanto una forma de encarar desde postulados cientificistas los debates por el aborto y la defensa de la vida desde la concepción.3

La inscripción del debate por el aborto en el campo científico y bioético constituye una de las características centrales de los discursos y manifestaciones que los activistas pro-vida despliegan en campañas y en intervenciones de protesta en la esfera pública. Mediante la apelación al carácter de persona jurídica de los fetos/ embriones los grupos antiaborto plantean un antagonismo con relación a las demandas de los colectivos de mujeres que abogan por la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Los mismos plantean el tema del aborto como una cuestión que excede a las argumentaciones religiosas; pues, elaboran discursos de oposición al aborto legal en la activación de justificativos científicos y bioéticos ligados a los derechos personales y jurídicos de los “no nacidos”. Dicho discurso bioético se materializa en el lenguaje político de protesta que los activistas pro-vida llevan adelante en sus intervenciones de acción colectiva mediante el uso de pancartas, volantes y folletos que reparten toda vez que se autoconvocan para manifestarse en contra de la legalización del aborto. Se exponen imágenes de fetos ensangrentados con el objetivo de generar impacto en la conciencia ciudadana sobre las supuestas técnicas “mortíferas” que se utilizan durante las prácticas de intervención de aborto. Entre estas se hace referencia a diversas técnicas de “extirpaciones de fetos en el vientre materno” como el “método de la succión”, “de la dilatación y evacuación”, “cuchillo”, el “método de ahogo”, “de la inyección salina”. El diseño de estos dispositivos visuales pretende ser pedagógico a partir de ilustraciones y explicaciones científicas. En la mayoría de ellos, y a los efectos de generar impacto visual, se recurre a la metodología del horror con la exposición de imágenes de fetos extirpados y mutilados. Lo que se intenta es fomentar conciencia colectiva sobre la definición del aborto como “asesinato” y su no consideración como un derecho.

Los grupos pro-vida se movilizan en torno a un interés común cual es la sacralidad de la vida humana naciente defendida tanto desde fundamentos religiosos como científicos y bioéticos. Lo que se observa en las diferentes manifestaciones antiabortistas en las calles es una proliferación de discursos religiosos, morales y científicos que en su entrelazamiento hacen al lenguaje y a la identidad política del activismo pro-vida. La vida es defendida como don y propiedad de Dios; pero también como una cuestión de derechos civiles avalados por el conocimiento científico. Por ende, atender a los modos en que tanto la Iglesia Católica como los activistas laicos pro-vida argumentan sus posturas desde criterios cientificistas permite entender las mutaciones lingüístico-discursivas del activismo religioso conservador en las sociedades contemporáneas. Siguiendo a Juan Marco Vaggione (2009), podemos decir que reducir los análisis de las intervenciones de la Iglesia Católica y de sus sectores laicos aliados a una cuestión de fundamentalismos religiosos es caer en una visión errónea y limitada, es no abrirnos a la posibilidad de interpretación de los actores religiosos como sujetos políticos, así como de observar la capacidad que los mismos tienen de adaptar sus lenguajes comunicaciones a las nuevas agendas de debate, escenarios y coyunturas.

Por otra parte, entre las formas de operar de las organizaciones antiabortistas pro-vida están los “centros de asistencia a la vida naciente” en el que se hospedan a mujeres en decisión de abortar. Ejemplo de ello son entidades y ONGs pro-vida que funcionan en distintas provincias y localidades del país como Hogar Maternal Casa Nuestra Señora de Nazareth (Capital Federal), La Merced es Vida (Avellaneda), Servicio a la Vida (Quilmes), Portal de Belén (Córdoba), GRAVIDA (Bahía Blanca, Morón, San Nicolás, Catamarca, Corrientes, Paraná, Rosario, Mendoza, Salta, San Juan) entre otras. Las mismas se definen como servicios de ayuda a la maternidad y a la vida humana naciente ofreciendo respuestas concretas ante embarazos inesperados en situaciones difíciles y traumáticas. Precisan como parte de su misión despertar conciencia social sobre la valorización, el respeto y el cuidado de la vida humana desde la concepción, promoviendo la maternidad como destino y sentido de identidad en la mujer. En dichos centros tienen lugar una serie de actividades como talleres grupales, entrevistas personales y asistencia espiritual y psicológica para mujeres embarazadas con la intención de abortar, así como de “sanación”, “reconciliación” y “atención espiritual para aliviar el trauma post-aborto”. También, se desarrollan jornadas de capacitación para la formación de agentes voluntarios que se quieran sumar a la causa y la creación de programas, campañas y equipos de trabajo para el desarrollo de nuevos centros de ayuda a la maternidad y la vida humana naciente. Estos centros se definen como asociaciones civiles sin fines de lucro, legalmente constituidas, algunas de ellas como independientes de las instituciones religiosas, otras en trabajo conjunto y mancomunado con parroquias y pastorales diocesanas.

En lo que comprende a la celebración de los días 25 de marzo en que se conmemora el “Día del Niño por Nacer” en Argentina desde estos “centros de asistencia a la vida naciente” se organizan charlas públicas y talleres sobre los “males” del aborto, así como cursos sobre el uso de métodos naturales para espaciar los nacimientos basados en el conocimiento del período de fertilidad de la mujer como forma de erradicar la “cultura de la anticoncepción”. También llevan adelante la bendición de mujeres embarazadas en plazas públicas en las que cuentan con la presencia de obispos y sacerdotes, la colecta de aportes solidarios para el financiamiento económico de dichas entidades, así como la sumatoria de colaboradores y de personas que estén dispuestas a asumir el rol de padrinos y madrinas de mujeres embarazadas para acompañarlas durante el tránsito de los meses de embarazo y de este modo garantizar el nacimiento del niño.

Los grupos antiabortistas cuentan además con presencia activa en los medios de comunicación. Ejemplo de ello son la emisión del programa televisivo “Haciendo Familia” emitido por la Señal Satelital María y por el Canal Nueva Imagen-Televisión Argentina y conducido por activistas de la ONG Pro-Vida FAMPAZ de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En dicho espacio se realizan entrevistas a voluntarios y líderes pro-vida de Argentina y de otros países de Latinoamérica para que comenten las experiencias que llevan adelante en la lucha contra el aborto, hay presencia de académicos y profesionales especialistas en la bioética católica, docentes e investigadores de universidades católicas, obispos, religiosos y laicos miembros de la comisión de Pastoral de Salud de la Conferencia Episcopal Argentina. También se ocupan de la difusión de valores pro-vida mediante publicaciones de revistas impresas como la Revista Familia y Vida, así como en portales, blogs de noticias y páginas de Facebook, Twitter e Instagram en internet. En el caso de las redes sociales de internet, los grupos antiabortistas crean sus propias plataformas que se ofrecen como nuevos espacios para el accionar político. Los mismos se constituyen en medios a partir de los cuales dichos actores y grupos encarnan sus demandas políticas, se autoconvocan a la resistencia y a la movilización política, son instrumentados como canales de difusión de sus acciones y campañas antiabortistas.

Acciones colectivas y manifestaciones antiabortistas en la esfera pública: la Marcha de los Escarpines y la Fiesta de la Vida

Los últimos miércoles de cada mes un pequeño grupo de activistas pro-vida se reúnen en las inmediaciones de las calles Rivadavia y Callao en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las cercanías del Congreso de la Nación Argentina llevando pancartas alusivas a la defensa de la vida humana desde la concepción y de los intereses jurídicos de los niños en el vientre materno. Dicha manifestación de acción colectiva denominada Marcha de los Escarpines. Voz de los que no tienen Voz es convocada por la ONG pro-vida Familias del Mundo Unidas para la Paz (FAMPAZ). Allí, los activistas reparten folletos e intentan hablar con el público transeúnte, entablan discursos en los que dan explicaciones y testimonios del porqué de dicha manifestación, pues la tarea consiste en concientizar a la opinión pública sobre el “crimen” del aborto. El lugar estratégico de la convocatoria, el Congreso de la Nación Argentina, es a los fines de ejercer presión sobre los legisladores para que con su voto eviten la aprobación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. El slogan que los convoca es “Una hora de tu tiempo al mes puede salvar un niño para toda la vida”. Dicha iniciativa es replicada en otras localidades y provincias del interior del país por parte de grupos de activistas antiabortistas.

La idea de esta “Marcha” surge en el año 1995 a raíz de lo que significaba en términos políticos la celebración de la IV Conferencia Internacional sobre la Mujer en Beijing y las repercusiones que ello generó en el activismo y la politización de los grupos feministas. La inserción en las agendas de discusión pública en el escenario transnacional de temáticas vinculadas a los derechos de género, derechos sexuales y reproductivos y despenalización del aborto, tuvo sus repercusiones políticas en el plano local. En el caso de Argentina significó un marco de oportunidades políticas para la movilización del activismo feminista pero también para la reacción de los grupos conservadores antiabortistas y sus presencia y visibilización en el espacio público. Exteriormente, los grupos pro-vida también están atravesados por ciclos en el que su presencia y activismo puede ser mayor o menor. Todo depende, en general, de las coyunturas y escenarios de debate. En el caso de Marcha de los Escarpines, los 90’ significaron un escenario favorable y proclive para su emergencia dada la presencia de los debates por el aborto y la defensa de la vida. Posteriormente, tras años en el que el activismo feminista se dispersa, vuelven a retomar la actividad en el 2006. Dicho año se caracterizó por ser un escenario donde la temática del aborto se va haciendo cada vez más fuerte y presente en el espacio público y en el que el activismo feminista se aglutina en torno al surgimiento de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Estamos frente a espirales de conflicto en el que grupos a favor y en contra del aborto crean oportunidades para sus oponentes. Las demandas por el derecho al aborto incitaron a los activistas pro-vida a mostrar su capacidad de organización y de movimiento.

La Marcha de los Escarpines constituye su identidad a partir de un otro antagónico, la presencia en el espacio público de organizaciones feministas y colectivos de mujeres que se manifiestan por el derecho al aborto. Entre sus características principales está la de ser una movilización de acción colectiva pro-vida de inspiración religiosa dada su identidad confesional y de continuidad con los lineamientos y doctrinas de la Iglesia Católica, aunque los argumentos y discursos a partir de los cuales se manifiestan no están centrados únicamente en justificativos derivados de la religión. El lenguaje político desde el cual se exteriorizan sus manifestantes tiene que ver precisamente con la defensa de los valores religiosos sobre la vida desde la concepción, reforzados éstos por supuestos criterios de veracidad científica propios de la bioética y del conocimiento médico y jurídico. De la Marcha participan personas comprometidas activamente con la Iglesia Católica, jóvenes de espacios eclesiásticos como Acción Católica y de centros de estudiantes de colegios secundarios católicos, de comunidades de base y parroquias, personas que participan de forma activa en diversos espacios de la militancia y el activismo antiabortista. Se trata de actores que deciden activar políticamente la religión haciéndolo, en este caso, desde asociaciones civiles que se manifiestan en contra del aborto.

Marcha de los Escarpines cuenta también de una estética en sus manifestaciones y ello tiene que ver con el modo en que inscribe sus acciones en la esfera pública. El formato no es una dimensión accesoria de la acción colectiva; más bien, abarca aspectos estéticos y estratégicos fundamentales que hacen tanto a la cuestión de la identidad como al carácter performativo de la acción (Tarrow, 1994). El formato y la estética es el modo en que la acción se hace presente y se manifiesta en el espacio público. Tiene que ver con la creatividad de los actores en la reconstrucción y escenificación de los conflictos y están relacionadas con la apropiación de la calle como campo de expresión y performances a partir de las cuales se otorga visibilidad a sus luchas. Se trata de escenificar conflictos, ponerlos en valor, y hacerlos presente en la interacción social. Asimismo, la cuestión del formato y de la estética en la acción colectiva mantiene relación directa con dos dimensiones que son centrales y que hacen a su performatividad política. Por un lado, la dimensión enunciativa, que incluye la forma bajo la cual el propio actor se define a sí mismo como sujeto enunciador y desde allí define a sus “otros” antagónicos; en este caso, el trazado de fronteras entre defensores y detractores del derecho a la vida de personas inocentes en el vientre materno. Por otro lado, la dimensión modal, a través de la cual el enunciador establece una relación específica con aquello que compone el contenido de su discurso en las formas básicas de un saber que configura el sentido público de su práctica política. En relación con esto, se trata del lugar en el que los actores pro-vida intentan posicionarse como portadores de un saber científico y bioético y a partir del cual, estratégicamente, pretenden construir legitimidad y despegarse de la definición que de ellos hacen sus oponentes como “fundamentalistas religiosos” (Schuster, 1997).

La Marcha de los Escarpines es una instancia de acción colectiva que cuenta entre sus características y particularidades dimensiones que hacen a la cuestión de la creatividad, la estética y a la performatividad política de la acción. El escarpín simboliza el anuncio del nacimiento, supone la idea de inocencia e indefensión, es considerado por sus manifestantes como símbolo de vida. Los mismos eligen el color naranja para identificarse. El naranja de sus banderas y pancartas resulta simbólicamente de la mezcla entre los colores rojo y amarillo. El rojo, en alusión a la sangre de Cristo derramada y a las muertes por abortos de niños inocentes; el amarillo, color que identifica a la bandera papal del Vaticano. Asimismo, y como parte del formato y la estética, al momento de iniciarse la “Marcha” se arma una mesa en la vereda del Congreso con escarpines de color celeste y blanco en honor a las muertes por aborto de niños argentinos, con folletos y estampitas de los pontífices Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y de la Madre Teresa de Calcuta, acompañados también de una imagen de la Virgen de la Merced, patrona de los cautivos y de los “niños por nacer”.

Quienes asisten a la Marcha se ubican a lo largo de la vereda del Congreso con pancartas donde se exponen imágenes de fetos abortados y con carteles con frases como: “Yo elijo la vida”, “El aborto nunca es solución”, “No seas cómplice de un asesinato”, “Decile no al aborto”, “No se olviden de mis derechos. Marcha de los Escarpines es la voz de los más indefensos”. Se reparten folletos en los que se reproducen estas imágenes y frases y se intenta llamar a la reflexión sobre el “crimen del aborto” mediante mensajes provenientes tanto de la religión como de la ciencia y la bioética. Hay discursos y se escuchan canciones pro-vida reproducidas por un equipo de audio que se instala en la vereda. A los transeúntes que pasan por allí, además de entregarles folletos e invitarlos a participar del evento, se les solicita la firma de planillas como petitorios para impedir la legalización del aborto en la Argentina. Cada vez que ven salir a algún legislador se le hace entrega de un par de escarpines con la leyenda “Señor legislador, haga que este escarpín no quede vacío, con su voto dígale sí a la vida”. En todas las marchas se hace presente una bandera argentina con un escarpín atado en la punta, acompañado de una cinta de luto negra en alusión a los “niños argentinos muertos y asesinados por aborto y que no tuvieron la oportunidad de nacer”. Una vez culminado el reparto de folletos y volantes, y como acto de finalización de la jornada, se procede al rezo del Santo Rosario, en algunas oportunidades con la presencia de algún sacerdote. Todos los participantes ubicados al frente de la imagen de la Virgen de la Merced rezan por “el descanso del alma de los niños que fueron abortados, por los que están en peligro de aborto y por la conciencia de los legisladores”. Por último, se cantan las estrofas del Himno Nacional Argentino en una versión del himno interpretada por voces de niños. En el mes de diciembre, y con motivos de las vísperas de la Navidad, se organiza un pesebre viviente en la verada, en el que se cantan villancicos y se invita a la participación de niños de jardín y de la escuela primaria de instituciones católicas, con la presencia de músicos.

Una de las particularidades centrales que hacen tanto a la estética de la Marcha de los Escarpines como también de distintas acciones colectivas pro-vida es la exposición de imágenes fetales. Estas imágenes, cuya presencia y reproducción se hace por intermedio de plotters, folletos y pancartas, se han convertido en un elemento omnipresente que atraviesa a todas las intervenciones de activistas antiaborto. La exposición y circulación de imágenes de fetos abortados guarda la intención de generar impacto y concientización sobre la criminalidad del aborto a la vez que detractar a sus defensores.4 Las significaciones y prácticas de sentido que se ponen en juego mediante la circulación de estas imágenes es la reafirmación del “feto” como sujeto jurídico y de derechos, independientemente de los derechos jurídicos de la mujer gestante. La proliferación de estas imágenes fetales constituye una pieza clave del posicionamiento político y argumentativo de estos grupos pro-vida. Fotografías de restos de bebés abortados, imágenes sangrientas de fetos mutilados, circulan no solo en el espacio público en circunstancias en las que se manifiestan políticamente las organizaciones pro-vida; también en momentos y circunstancias en donde estos grupos y actores intervienen en hospitales y clínicas ante casos en los que se reclama la intervención de abortos no punible y que adquieren trascendencia en los medios de comunicación:

A nosotros nos dicen ¿por qué muestran esas imágenes? ¿Por qué son tan crueles? Señores, aborto no es sólo una palabra, no es la palabrita que aparece en un proyecto de ley. Aborto es lo que expresan esas imágenes, es crimen, es llanto, es sufrimiento. Es lamentable que en el Congreso de la Nación Argentina presenten un proyecto de ley avalando el aborto. Señores legisladores, abanderados de los derechos humanos, están violando el derecho a la vida. […] Señores legisladores, a ustedes les preguntamos, ¿el aborto no es la violación del derecho a la vida de un inocente? ¿Qué hacen con los derechos humanos de los niños por nacer? ¿Los tiran a la basura? […]Tengamos cuidado porque para Hitler, para el nazismo, un prisionero no era un hombre. Entonces, Hitler no murió; Hitler está en la Argentina. Todas las señoras feministas y que bregan la bandera de los derechos humanos escuchen: si ustedes a un embrión de un ser humano no lo consideran una persona, entonces, son iguales que Hitler (Discurso y manifestación pública de Laura, activista de Marcha de los Escarpines y miembro de FAMPAZ, 51 años, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 23 de noviembre de 2011).

1: Marcha de los Escarpines. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 23 de Noviembre de 2011. 

A esta construcción en imágenes del aborto como práctica criminal, se le anexa también el antagonismo que los grupos pro-vida entablan con relación a los colectivos feministas mediante la resignificación y reapropiación del significante de los “derechos de la mujer”. Ejemplo de ello es el modo en que en el marco de la Marcha de los Escarpines los/as militantes pro-vida enarbolan el discurso de la “defensa del derecho a la vida de la mujer por nacer” como una forma de marcar fronteras políticas de diferenciación y antagonismo con el colectivo de mujeres que abogan por la legalización y despenalización del aborto en la Argentina. Por cierto, la activación del discurso de los derechos de género por parte de los activistas pro-vida tiene que ver con un marco de oportunidades sociales y políticas en el que la problemática de la violencia y de los femicidios se encuentra instalada en la opinión pública y que, por tanto, se ofrece a su resignificación. La estrategia consiste en el hecho de ubicarse en el lugar de defensores de los derechos humanos de las mujeres. En este caso, la “defensa del derecho a la vida de las mujeres por nacer” que, en la retórica de sus discursos, son discriminadas por los colectivos feministas:

Por mostrar estas imágenes muchas veces nos dicen que somos crueles, sanguinarias, de que no tenemos piedad, nos han tirado de los pelos, nos han escupido. La “Marcha de los Escarpines” nunca viola un derecho, no corta el tránsito, la gente que pasa y está de acuerdo se persigna ante la imagen de la Virgen o se quedan a rezar con nosotros y aceptan los folletos. Otros no, nos rompen los folletos en la cara. Estas son las mujeres feministas curiosamente. Curiosamente porque nosotras al defender el derecho a la vida también estamos defendiendo el derecho de las mujeres; dentro del vientre hay muchas mujeres también. Entonces, le preguntamos a las feministas: ¿qué les pasa? ¿tienen tapado un ojo? ¿ven de un solo lado? Claramente, tienen tapado un ojo porque no defienden el derecho de las mujeres en todas sus etapas de la vida […] El aborto es rojo, es sangre, es dolor. Curiosamente, las banderas de las feministas son todas rojas […] De aprobarse el aborto los que van a morir son niños argentinos y niñas argentinas. Justamente, a estas leyes las impulsan diputadas y feministas que se dicen defender a las mujeres y sin embargo olvidan que, de apoyarse el aborto, las que van a morir son muchas niñas (Discurso y manifestación pública de Amelia, 45 años, activista de Marcha de los Escarpines y miembro de FAMPAZ, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 16 de mayo de 2012).

La convocatoria a la participación de Marcha de los Escarpines está abierta a todo el público y a todos los credos religiosos, y muchas veces se hacen presentes grupos de jóvenes evangélicos que acompañan la iniciativa. La manifestación tiene la particularidad de no ser multitudinaria. Sin embargo, lo que la hace relevante es su perdurabilidad en el tiempo, su estética y el modo en que la iniciativa misma va siendo replicada en otros escenarios y lugares del activismo pro-vida. Desde FAMPAZ, entidad pro-vida que organiza la Marcha, son organizadoras del Rosario por la Vida. La actividad consiste en la celebración de misas durante las jornadas del 25 de Marzo de cada año, fecha en la que se conmemora el Día del Niño por Nacer. Estas misas, algunas de ellas celebradas en la Catedral Metropolitana, contaron con la presencia del ex Arzobispo y Cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco.

Además de la Marcha de los Escarpines otra de las significativas manifestaciones colectivas impulsadas por los grupos católicos pro-vida es la celebración de la Fiesta de la Vida. Esta se desarrolla todos los años durante la semana del 25 de Marzo y su abordaje ha sido intereses de este trabajo. Tal acontecimiento fija como punto de encuentro y convocatoria alguna plaza pública y desde allí se emprende caminatas simbólicas en protesta por los “niños y niñas asesinados/as por aborto”. En el transcurso de tiempo que tuvo lugar el trabajo de campo para la realización de este artículo, dicho evento tuvo como escenario la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en lugares como la Plaza de los Dos Congresos, Plaza Misserere, Plaza Bernardo Houssay y Plaza Alsina en la localidad de Avellaneda. Se trata de un espacio de socialización y encuentro entre distintas ONGs y colectivos pro-vida, grupos parroquiales, de jóvenes scouts, de Acción Católica, de colegios secundarios católicos, tanto de Capital Federal y provincia de Buenos Aires, como de otras localidades y provincias argentinas que viajan a participar del evento. Es una de las actividades pro-vida que mayor convocatoria y presencia tiene dado que se trata de una fecha simbólica y conmemorativa para la militancia antiabortista. Allí se reciben donaciones de pañales y leche materna para las instituciones pro-vida de asistencia a la vida naciente.

Durante la Fiesta de la Vida los manifestantes realizan caminatas portando remeras con inscripciones, carteles y pancartas con frases alusivas a la defensa de la vida y de detracción al aborto como asesinato. De la observación de campo se obtuvo registro de las siguientes leyendas antiabortistas:“Matar a una persona no es defender un derecho. Es matar a una persona”, “El que ama no mata”, “Sí a la vida, no al aborto”, “Aborto es un genocidio”, “Mi vida está en tus manos”, “Defiende mi vida”, “Yo elijo la vida”, “Todo bebé tiene derecho a nacer”, “Antes de abortar realízate una ecografía. Después decidí”, “El aborto es el asesinato de un ser indefenso en el vientre materno”, “No mires al costado. Comprometámonos en la defensa de la vida”, “No existe el derecho a matar. Existe el derecho a vivir”, “El aborto es una ofensa a la dignidad de la persona”, “Sí a la vida en todas sus etapas”, “Tengo derecho a nacer”, “El derecho a la vida es el primero de los derechos humanos”. Las caminatas adquieren la estética de la celebración de un Vía Crucis. Las mismas son encabezadas por manifestantes que llevan en andas a la Virgen de Luján y al Cristo de los Milagros, además de una fila de mujeres embarazadas y de mamás y papás portando a sus bebés en brazos y carritos con globos y escarpines y de jóvenes con pancartas. Además de ir repartiendo volantes, folletos y suvenires con inscripciones antiabortistas, circula un auto-parlante que va reproduciendo canciones pro-vida, con un sacerdote y representantes de algunas organizaciones pro-vida que van entonando oraciones y manifestando discursos en defensa de los derechos de los “niños por nacer” y haciendo alusión al “crimen” del aborto. Al final del recorrido se encuentra instalado un escenario en el que bandas musicales pro-vida entonan canciones alusivas. Luego, representantes de cada una de las organizaciones suben a dar sus discursos. Allí, se da lugar a la presentación de testimonios de familias que adoptaron a niños con capacidades diferentes, en tanto ejemplo de “amor a la vida, de entrega al prójimo y de oposición al aborto”. Entre los testimonios, también cuenta la palabra de jóvenes con síndrome de Down y con capacidades diferentes que dan las gracias a sus familias por no haber sido abortados, y testimonios de mujeres que se arrepienten de haberse practicado un aborto y que hoy se encuentran comprometidas en el activismo pro-vida. Además, se entablan oraciones por los niños abortados, para tener las fuerzas necesarias de no abandonar la lucha pro-vida, pero también por aquellas mujeres que militan a favor del “crimen de aborto” para que tomen conciencia y para que “Dios ablande sus corazones”:

Venimos a unirnos en oración ante la santísima Virgen. Vamos a pedirle por aquellos niños que han sido víctimas de ese terrible crimen que es el aborto. Víctimas no sólo son esas criaturas que mueren, sino también esos pobres corazones endurecidos que apoyan el aborto. Recemos por aquellos que lamentablemente apoyan este crimen. Pidamos por ellos para que Dios ablande sus corazones. Pidamos por nosotros para que seamos verdaderos testigos y defensores de la vida. Pidamos por cada uno de esos niños concebidos que han sido víctimas del aborto […] Hoy nos encontramos con una manipulación donde se invita a las madres a destrozar a sus propios hijos en el vientre materno. Y nosotros tenemos que ayudar a esas mujeres a que no se dejen engañar. Tenemos que ayudarlas a que sepan descubrir ese maravilloso don de dar la vida que Dios les ha ofrecido (Discurso y manifestación pública de Roxana, 36 años, activista del Foro de la Vida y la Familia, II Fiesta de la Vida, Plaza Miserere, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 27 de Marzo de 2010).

Agradezco a mis padres por respetar el derecho a la vida y gracias a ellos logré estar integrado en el trabajo, en la familia y en la familia de mi novia. Doy gracias a la vida por haber tenido unos padres sensacionales y unos hermanos que me quieren […] Quiero dejar en claro que nosotros, los que tenemos síndrome de Down, no somos una carga, somos personas […] Dios me dio la vida a través de mi mamá, ella me engendró, no me quiso abortar (Discurso y testimonio público de Santiago, joven con síndrome de Down, 20 años, activista de La Merced Vida, III Fiesta de la Vida, Plaza Bernardo Houssay, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 26 Marzo de 2011).

La Fiesta de la Vida se realiza anualmente desde el 2009. La misma es organizada mediante una convocatoria que anualmente lanza el Foro de la Vida y la Familia, conformado por un conjunto de colectivos y ONGs pro-vida. La idea del encuentro es dar visibilidad al accionar de la lucha pro-vida, así como demostrar la existencia de ciudadanos que están comprometidos en la lucha contra el aborto. Es una oportunidad en donde las organizaciones y grupos de activistas antiaborto pueden demostrar su capacidad de movilización y convocatoria. Esta celebración es difundida por intermedio de las páginas web y perfiles de las redes sociales de internet que dichos grupos tienen, también cuentan con el apoyo de medios de difusión pro-vida como de los boletines informativos digitales INFOVIDA, NOTIVIDA, y la Revista Familia y Vida. También, el apoyo de canales institucionales de comunicación de la Iglesia Católica como lo son ACIPRENSA, la Agencia de Información Católica Argentina (AICA), las oficinas de prensa de los obispados, Radio María, y el Diario Cristo Hoy. De la Fiesta de la Vida participan distintas organizaciones pro-vida de todo el país, así como grupos católicos pertenecientes a distintas diócesis y parroquias, a veces con la presencia de colectivos evangélicos antiabortistas. Cuenta además con la participación y adhesión de otras ONGs pro-vida de carácter transnacional, en algunas oportunidades sus miembros viajan para formar parte del evento. Ejemplo de ello, son la asistencia de militantes y activistas que forman parte de organizaciones y colectivos antiabortistas de otras nacionalidades como el Foro de la Familia Madrid (España), Derecho A Vivir (España), Hazte Oir (España), Siempre por la Vida (Chile), Movidos por la Vida (Uruguay), así como la adhesión del grupo Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia Acción Mundial. Los líderes de estas ONGs envían además sus mensajes de solidaridad y apoyo alentando a la lucha antiabortista en Argentina, al mismo tiempo que fomentan a la consolidación de una red de activismo pro-vida en el plano transnacional.

Una vez culminada la jornada, los referentes y líderes de cada uno de los colectivos y grupos pro-vida, junto a quienes estuvieron a cargo de la organización de la actividad, suben al escenario para agradecer al público asistente, y para convocar a todos para la celebración de la Fiesta de la Vida del próximo año y para alentar el compromiso cotidiano en la lucha en contra de la legalización del aborto en la Argentina. Además, obispos y sacerdotes que acompañaron y estuvieron presentes en la celebración son los encargados de dar el discurso de cierre y la bendición a todos los presentes. A la celebración de la III Fiesta de la Vida realizada en Marzo de 2011 en Plaza Houssay, asistió Monseñor Antonio Baseotto, una figura comprometida y considerada por los activistas pro-vida como uno de los principales referentes de la Iglesia Católica en la lucha contra el aborto y la defensa de los derechos de los no nacidos:

Hoy nos reunió aquí un objetivo común. Defender el primer derecho del hombre, que es el derecho a la vida. Y defenderlo por el que no está en condiciones de hacerlo por sí mismo, que es el no nacido. Y esa defensa no tiene color político ni religioso. Más bien tiene una base científica […] El aborto es un crimen abominable tal como lo llamó Juan Pablo II. Me pregunto: ¿Qué será de acá a unos años la humanidad con hombres y mujeres que quieren legalizar el genocidio de inocentes? Esperamos que nuestros legisladores no pasen a la historia por propiciar el homicidio del aborto. Sepan quienes defienden el aborto que somos muchos. Que somos una gran mayoría los argentinos que defendemos la vida en nuestra Patria. Una Patria que la queremos libre de esas propuestas aberrantes y suicidas. Viva la Patria! Viva la vida! (Discurso público de Monseñor Antonio Baseotto, 79 años, Obispo castrense emérito, III Fiesta de la Vida, Plaza Bernardo Houssay, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 26 de Marzo de 2011).

En paralelo a la celebración de la Fiesta de la Vida, y durante la semana de celebración del Día del niño por nacer en Argentina, en distintas localidades del país tienen lugar actividades como volanteadas, pintada de murales, pegatinas de afiches, colectas de firmas de oposición a la legalización del aborto, suelta de globos, caminatas y bicicleteadas, celebraciones de misas por los niños por nacer. Se hacen colectas de donaciones para los centros de asistencia a la vida naciente, se realizan radios abiertas, repartos de ajuares y escarpines y bendición de embarazadas en plazas públicas, donde se proyectan videos y se exponen fotografías de niños abortados, además se recurre al montaje de aparatos de ecografías donde la intensión es demostrar al público los movimientos del feto en el vientre materno. La “semana de la vida”, tal como la autodenominan los activistas antiabortistas, se celebra además de Capital Federal y Buenos Aires en distintas ciudades y provincias argentinas. Por ejemplo, el Festival del Niño por Nacer que tiene lugar en provincias como Mendoza, San Luis y Jujuy, la Marcha por la Vida en Catamarca, la Marcha de las Antorchas y el Maratón por la Vida en San Juan, la Marcha del Niño por Nacer en la ciudad de Rosario, entre otras.

Por otra parte, la presencia de activistas católicos pro-vida se da también en los Encuentros Nacionales de Mujeres en donde, bajo la consiga “dar la cara por la vida”, se autoconvocan para antagonizar a los colectivos feministas que organizan dichos Encuentros en demanda por el derecho al aborto, además de hacer visibles otras problemáticas de vulneración de derechos de las mujeres como el flagelo de los femicidios y la trata de personas con fines de explotación sexual. Tradicionalmente, los Encuentros Nacionales de Mujeres culminan con la realización de una marcha multitudinaria por las calles de la ciudad en la que tiene sede la jornada y finalizan con una manifestación frente al templo catedral de la localidad como forma de repudiar a la Iglesia Católica como una institución que obstruye con sus acciones políticas el reconocimiento y la ampliación de los derechos de las mujeres, entre ellos, al aborto legal. Allí se producen choques y confrontaciones con los activistas pro-vida que montan un abrazo en cadena para proteger a los templos de los “ataques” de las feministas. De la acción participan activistas pro-vida, pero también creyentes que profesan la fe católica pero que no necesariamente participan de alguna organización antiabortista.

Ante los conflictos que se producen en estas instancias, los activistas católicos antiabortistas denuncian insultos y agresiones físicas por parte de las feministas por la razón de ser “defensores de la vida y de los derechos de los niños por nacer”. Sin embargo, pese a los infortunios y adversidades que los mismos manifiestan, se sienten orgullosos de haber cumplido con el deber de defender a la vida: “Me fui a mi casa cansado, sin voz, con la parte derecha de mi cara lastimada e irritada producto de los innumerables golpes, con todo el brazo derecho pintado con aerosol. Pero con una gran sonrisa en mi cara, cumplí con mi deber y tuve mi bautismo de fuego. Y aseguro que no será la última vez”.5 Denuncian y califican a las mujeres que demandan la legalización del aborto como “homicidas”, “mujeres que dan asco”, “agresivas”, “intolerantes”, “violentas”, para diferenciar la actitud y modalidad que los activistas pro-vida eligen para manifestarse, la cual es autodefinida por ellos mismos como “pacífica”. Los siguientes testimonios pertenecen a fragmentos de entrevistas tomados a activistas pro-vida y a feligreses católicos en el 29º Encuentro Nacional de Mujeres realizado en la ciudad de Salta entre 11 y 13 de octubre de 2014:

Es una vergüenza, realmente estas mujeres dan asco. Sinceramente yo estoy en contra del aborto porque es un homicidio contra una criaturita, y soy católica, y estoy orgullosa y amo a Dios (Corina, 53 años, católica, Salta, 12 de octubre de 2014).

Todo esto es vergonzoso porque uno puede debatir ideas y sin necesidad de agredir a quienes piensan distinto. Muchas de los paladines de este encuentro bregan por la libertad, por el derecho a opinar, y sin embargo cuando los católicos muestran su postura contraria al aborto los atacan, los golpean, los insultan, los escupen en la cara. Entonces, las feministas, evidentemente, son las menos indicadas para hablar de la libertad democrática cuando la gente que piensa distinto a ellas, ellas las atacan. Bueno, esta es la vergüenza de muchos de estos movimientos que han generado esta especie de engaño colectivo. Ellas tienen una consigna que es encarar el aborto en la Argentina y todos los que piensen distinto hay que atacarlos (Héctor, 48 años, activista de Sí a la Vida - Grupo Pro-Vida Salta, Salta, 12 de octubre de 2014).

Es muy violenta la actitud que tiene esta gente, nosotros venimos acá pacíficamente a pararnos frente a la Catedral y empezaban a escupir, a insultar, se ponían en pelotas, escupían, gritaban iglesia basura. Porque realmente uno que es católico y que profesa la religión se siente agredido por esas cosas (Adela, 44 años, católica, Salta, 12 de octubre de 2014).

En los Encuentros Nacionales de Mujeres, los activistas católicos antiabortistas se autoconvocan en repudio de las demandas feministas y del cuidado de los templos para que no sean pintados con grafittis. Los mismos, se definen como “hombres y mujeres valientes” que deciden “poner el cuerpo en defensa de la vida de los niños que pretenden ser abortados”. Repudian las performances de protestas que caracterizan a los Encuentros como cuando las activistas feministas se desnudan y ponen sus pechos al descubierto de frente a los manifestantes católicos, lo cual éstas denominan como el “tetazo”, además de la quema de imágenes y símbolos religiosos y distintas escenificaciones como la representación de la Virgen María teniendo un aborto o la pintada de la bandera del Vaticano con una esvástica nazi. Los activistas católicos acuden al lugar con rosarios y símbolos religiosos, carteles y pancartas con leyendas antiabortistas, y se arrodillan frente a las manifestantes feministas mientras rezan el “santo rosario” tanto por los niños por nacer como por la “conciencia de las mujeres abortistas”:

2: Activistas pro-vida en el 29º Encuentro Nacional de Mujeres. Salta, 12 de Octubre de 2014. 

Entre otros escenarios, estos actores y grupos de católicos antiabortistas se autoconvocan toda vez que tiene lugar los tratamientos en el Congreso de la Nación Argentina la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Estas instancias también se ofrecen al encuentro y confrontación entre activistas católicos y feministas. Los activistas pro-vida portando carteles como “Evitá que los niños por nacer pierdan su derecho a vivir”, “Los hospitales son para salvar, no para matar”, “No al aborto en el Congreso”, “Queremos una ley de protección integral de la mujer embarazada y del niño por nacer”, “No al aborto. Adopción es la opción”. Los siguientes testimonios tomados pertenecen a activistas pro-vida el 4 de noviembre de 2014 en las mediaciones del Congreso de la Nación Argentina, espacio en el que se manifestaron ante el tratamiento que se estaba dando en el parlamento sobre el proyecto de ley de aborto:

Yo formo parte de una ONG pro-vida que ayuda a los más necesitados, los niños por nacer y que son las personas más carenciadas. Entonces, venimos a apoyarlos y a defenderlos, para que sean representados, yo soy abogada, y vengo a defenderlos de una posible acción de la violencia contra los niños, porque quitarles la vida es ejercer violencia contra los niños por nacer […] Se trata de la vida de un ser humano, no de la vida de una planta, es un ser humanos digamos, entonces desde la fecundación de un óvulo con un espermatozoide ya el ser humano tiene unas características que, bueno, comienza un ente, un vector de desarrollo, que si se interrumpe se interrumpe la vida (Mariana, 38 años, activista del Movimiento Embrión Humano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de noviembre de 2014).

Vengo acá porque defiendo la vida, porque el aborto es un genocidio y la vida comienza desde la concepción, y no lo digo yo, lo dice la ciencia. La “Academia Nacional de Medicina estableció que la vida comienza desde la concepción, cuando se une el óvulo con el espermatozoide, ahí comienza la vida. No es como dicen las abortistas que la vida comienza con los tres meses, o cuando el bebé sale de la panza (Lorena, 29 años, activista del Movimiento Embrión Humano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de noviembre de 2014).

Yo estoy en contra del aborto porque hay una vida, que no lo dice sólo la iglesia, lo dice la naturaleza, en la concepción cuando se une el espermatozoide con el óvulo ya hay vida, ya hay otra persona, ya hay otro ADN (Esteban, 28 años, Activista y miembro de Frente Joven, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de noviembre de 2014).

La presencia de los activistas pro-vida en la esfera pública, el emprendimiento de sus acciones colectivas y de protesta contra le legalización del aborto, sus múltiples canales de interacción, invita a observar el modo en que los actores religiosos van reconfigurando sus estrategias de intervención de cara a las nuevas coyunturas, escenarios y lenguajes políticos. Siguiendo los análisis de José Casanova (1994) y Juan Marco Vaggione (2013) en lugar de despolitizarse, las principales religiones han seguido un proceso de inscripción como actores públicos. Esta politización no es sólo desde la defensa de sus valores y principios normativos y tradicionales a partir de elementos religiosos, también en la forma en que dichos valores procuran ser reforzados en lenguajes comunicacionales con pretensión de objetividad y veracidad científica como lo es el caso de bioética. Mediante el entramado de dichos dispositivos y lenguajes discursivos -la detracción al aborto desde criterios religiosos y científicos-bioéticos- intervienen públicamente como actores de la sociedad civil en escenarios de debates democráticos. La Iglesia Católica es una de las principales instituciones y actores políticos que intercede y ejerce presión en los debates sobre aborto; lo hace a partir de la activación pragmática de nuevos lenguajes, actores y recursos. En ello, se encuadra el rol protagónico y la trascendencia que tienen en términos de complejidad de análisis la movilización y el rol político de las organizaciones y grupos antiabortistas pro-vida.

Conclusión

Al igual que en Latinoamérica y en el escenario político transnacional, el activismo pro-vida en Argentina es un fenómeno político en expansión. Tiene que ver con el modo en que el incremento de la presencia pública de las organizaciones feministas en demanda de garantías en el acceso a la práctica del aborto legal y en reclamo por una ley de interrupción voluntaria del embarazo derivó en un mayor protagonismo y crecimiento de los grupos antiabortistas en las calles. El accionar de las autodenominadas organizaciones pro-vida y su presencia en la esfera pública nos pone ante el desafío de estudiar y comprender cómo se va conformando en las sociedades contemporáneas la trama de conflictividades políticas en torno al aborto. Este anudamiento de conflictos incluye a una multiplicidad de actores e instituciones de la sociedad civil que van desde la Iglesia Católica, las agrupaciones feministas, así como el rol y la incidencia que los colectivos y ONGs pro-vida tratan de ejercer con relación al aborto. Mediante un asiduo trabajo de campo que implicó la observación etnográfica y participante in situ, la interacción y diálogo con los activistas comprometidos en la lucha antiabortista, esta investigación se interesó en comprender la dinámica de la acción colectiva de los grupos pro-vida en el espacio público, además de los sentidos políticos y socio-culturales que dichos activistas le atribuyen a sus acciones de protesta en contra del aborto.

Los grupos pro-vida son actores políticos de la sociedad civil cuyo protagonismo asumido en la lucha contra el aborto nos permite complejizar los análisis del catolicismo en tanto movimiento e institución. Tanto en Argentina como en otras naciones del mundo, la Iglesia Católica refuerza su enfrentamiento con las organizaciones feministas en el protagonismo político que asumen los grupos pro-vida en el espacio público. Esto último supone un esfuerzo investigativo por ampliar los lentes analíticos en términos de los múltiples actores que intervienen en la lucha antiabortista y anti derechos sexuales y reproductivos. Esto es, no limitarnos únicamente a entender el accionar opositor que al respecto ejercen los actores eclesiásticos sino abrirnos a la necesidad de comprender las particularidades que hacen al fenómeno social y político de emergencia de las organizaciones pro-vida y el modo en que dichos grupos son claves en el sostenimiento de una agenda conservadora y desfavorable a la ciudadanía sexual.

Observar las formas mediante las cuales los colectivos y ONGs pro-vida se exteriorizan y hacen presente en el espacio público me permitió profundizar en conocimiento acerca de la capacidad de organización y de movimiento de tales grupos. Asimismo, poder comprender las identidades y los lenguajes políticos mediante los cuales dichos grupos comunican sus argumentos antiabortistas y que se encuentran ligados al entrelazamiento de justificativos religiosos y científico-bioéticos de definición de los fetos/ embriones como personas jurídicas y sujetos de derechos desde la concepción. El trabajo de campo estuvo abocado, además, a la observación de la estética de la acción colectiva de los grupos pro-vida que incluyen desde el tradicionalismo de las simbologías religiosas hasta imágenes de fetos mutilados en el vientre materno como forma de reafirmar mediante tales representaciones iconográficas sus discursos científicos y bioéticos acerca del aborto como “crimen” y “asesinato” de un ser indefenso.

Como se sostuvo a lo largo del artículo, el crecimiento del activismo religioso conservador, tanto en Argentina como en Latinoamérica, instaura un nuevo escenario político con relación a las demandas de reconocimiento por el derecho al aborto. La presencia en el espacio público de los grupos pro-vida implica la imposición de obstáculos para el ejercicio y reconocimiento de la ciudadanía sexual. El protagonismo que estos grupos emprenden con sus movilizaciones callejeras en rechazo al aborto supone su retratamiento y estudio como actores propios de la dinámica de la democracia. Implica la necesidad de dejar de lado la falsa visión acerca de los actores religiosos como sujetos relegados a la esfera de lo privado para entenderlos como sujetos políticos de las sociedades contemporáneas (Casanova 1994; Vaggione, 2012). En este sentido, podemos arribar a la conclusión acerca de la importancia que para las ciencias sociales tiene el hecho de analizar y comprender la lógica de acción de los grupos religiosos antiabortistas, comprender sus discursos políticos, sus identidades, así como las formas en que van repensando su praxis política de cara a los avances de las organizaciones feministas y sus reclamos por el derecho al aborto.

En síntesis, este trabajo se interesó en abordar los lenguajes y la acción colectiva de los grupos católicos pro-vida en el espacio público en su oposición a la legalización del aborto en Argentina. Se detuvo en el interés por comprender al campo del catolicismo antiabortista como un espacio productor de sentidos políticos, simbólicos y culturales acerca del aborto como “crimen” y “asesinato”. Entender la reacción política que los grupos católicos antiabortistas entablan en función de los avances de las agendas del feminismo requirió romper con aquellos postulados teóricos de las teorías clásicas de la secularización que afirman la desaparición de los actores religiosos de los asuntos públicos contemporáneos. El objetivo del trabajo consistió en demostrar el protagonismo político de las organizaciones pro-vida y el modo en que estos grupos se constituyen en los principales aliados políticos de la Iglesia Católica en la defensa de un orden moral-sexual que no contemple el derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria de un embarazo.

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1Agradezco los aportes y la lectura que realizaron de diferentes versiones de este artículo Elizabeth Jelin y Mónica Gogna, así como las sugerencias realizadas por los evaluadores anónimos de la Revista.

2En Argentina, ejemplo de organizaciones civiles y colectivos antiaborto que tienen presencia en diversas ciudades y provincias son: Por Venir y Dar Vida y Rosario Te Quiero Pro Vida (Santa Fe). Foro de la Vida y la Familia, Servicio a la Vida Bernal, Centro de Asistencia a la Vida Naciente GRAVIDA, Asociación Civil CULTIVIDA, Pro Vida Déjalo Vivir, La merced Vida, Elegimos la Vida (Buenos Aires). Familias del Mundo Unidas para la Paz FAMPAZ, Argentinos Alerta, Fundación Argentina del Mañana, Frente Joven, Movimiento Embrión Humano, Fundación Nueva Cristiandad (Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Movimiento Familia y Vida, Observatorio por la Vida y Pro Vida Tucumán (Tucumán). Red de Vida (San Juan). Portal de Belén, Defiende tu Especie, Jóvenes por la Vida (Córdoba). Red de Familias Entrerrianas (Entre Ríos). Movimiento Unidos por la Vida (Chaco). Asociación Vida Más Humana (San Luis). Dichos colectivos y organizaciones civiles antiabortistas se desempeñan como entidades autónomas o como grupos emergentes de las comunidades de base de la Iglesia Católica o ligados a espacios institucionalizados como centros universitarios de estudio en bioética, movimientos estudiantiles de institutos secundarios católicos, entre otros.

3En lo que respecta al despliegue del lenguaje discursivo antiabortista con base en criterios cientificistas y bioéticos, los institutos universitarios católicos de investigación en bioética juegan un papel central en el modo en que imparten cursos de entrenamiento y formación cuyos destinatarios son militantes y activistas pro-vida. Dichos espacios se ofrecen como lugares para la formación especializada en el conocimiento y la instrucción en la bioética católica, se ofrecen charlas informativas y cursos que son dictados también en los espacios de las parroquias y de las sedes de las organizaciones pro-vida. El propósito del dictado de los mismos consiste en brindar instrucción acerca de los fundamentos de la bioética católica personalista. Se abordan temas específicos como los inicios de la vida humana desde la concepción, los perjuicios en la salud de las mujeres de las píldoras anticonceptivas, las consecuencias físicas y psíquicas del aborto, la manipulación y descarte de embriones en las técnicas de procreación artificial asistida. Estos cursos están dirigidos a operadores y activistas pro-vida pero, principalmente, a profesionales del derecho, las ciencias médicas y psicólogos, instruyéndolos para su desempeño y participación en comités intra-hospitalarios de bioética. A propósito del entrenamiento en bioética de los agentes religiosos para sus intervenciones en los espacios parlamentarios y comités de bioética de hospitales públicos ver los trabajos de Gabriela Irrazábal (2011, 2015).

4A propósito de la imágenes fetales como dispositivos de lucha de los grupos antiabortistas, Rosalind Petchesky (1987) analiza la aparición en el año 1984 en los Estados Unidos del film documental El grito silencioso de Bernand Nathanson, médico ginecólogo y obstetra estadounidense en sus inicios activista pro-choice y luego devenido en activista pro-life. Allí, la autora aborda el impacto que mediante las imágenes del film los grupos pro-life intentaban provocar en la ciudadanía, en los profesionales de la medicina y en la conciencia de las mujeres embarazadas. El grito silencioso -film producido en cooperación con el Comité Nacional por el Derecho a la Vida (National Right to Life Committee)- tenía como objetivo generar un impacto dramático en los Estados Unidos sobre el tema del aborto. Mediante la reproducción y puesta en escena de imágenes obstétricas y de ultrasonido se intentaba mostrar el “asesinato” del aborto reafirmando la idea de que la identidad y los derechos jurídicos del feto son autónomos a los derechos de la mujer embarazada. En la década de los 90’ en Argentina El grito silencioso se transformó en un ícono de la lucha antiabortista de la Iglesia Católica y de los activistas pro-vida. El film tuvo circulación por instituciones educativas y por medios televisivos referentes del campo católico.

5Testimonio militante pro-vida en el 28º Encuentro Nacional de Mujeres en San Juan, reporte de la Revista Familia y Vida, Buenos Aires, edición noviembre de 2013.

Recibido: 28 de Agosto de 2016; Aprobado: 18 de Julio de 2017

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