SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número32“Em defesa das crianças e da família”: Refletindo sobre discursos acionados por atores religiosos “conservadores” em controvérsias públicas envolvendo gênero e sexualidadeFEITOSA, Cleyton. 2017. Políticas Públicas LGBT e Construção Democrática no Brasil. Curitiba: Appris. índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

Compartilhar


Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro)

versão On-line ISSN 1984-6487

Sex., Salud Soc. (Rio J.)  no.32 Rio de Janeiro maio/ago. 2019  Epub 09-Set-2019

http://dx.doi.org/10.1590/1984-6487.sess.2019.32.08.r 

Resenhas

SERRANO-AMAYA, José Fernando. 2018. Homophobic violence in armed conflict and political transition. 1ª ed. New York / London: Palgrave Macmillan. 186 p.

Manuel Alejandro Rodríguez Rondón1 
http://orcid.org/0000-0002-1553-6380

1 Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia

SERRANO-AMAYA, José Fernando. 2018. Homophobic violence in armed conflict and political transition. 1ª ed., New York: London: Palgrave Macmillan, 186 p.,


En las últimas dos décadas, la homofobia ha ocupado un lugar cada vez más importante en agendas sociales, económicas y políticas de movimientos sociales, entidades gubernamentales y organismos multilaterales de distintas latitudes. Éstos se han propuesto transformarla -si no erradicarla- con el propósito de profundizar la democracia y liberar a las naciones de lo que sería un obstáculo a su desarrollo. Para ello, han ponderado los impactos de la violencia contra personas LGBT en materia de derechos humanos, y cuantificado los costos económicos del estigma y la exclusión en sectores productivos (turismo, educación, salud, etc.), tanto en “países desarrollados” como “en vías de desarrollo” (véase Badgett, 2014; Thurlow, 2018). En dicha búsqueda subyace con frecuencia la asunción de que las violencias contra homosexuales y personas transgénero son supervivencias de un pasado (tradición) que se debe superar, o una suerte de patología que azota con mayor dureza a unas sociedades que a otras, introduciendo desorden en ellas.

Crítico de esta perspectiva desarrollista, José Fernando Serrano-Amaya investiga el despliegue de violencia antihomosexual en Colombia y Sudáfrica, y su lugar en conflictos armados prolongados, y en procesos de transición política. En Homophobic Violence in Armed Conflict and Political Transition, el autor analiza el modo cómo dicha violencia opera en regímenes políticos, raciales, sexuales y de género concretos. Allí, el objeto ‘homofobia’ no es dado por sentado sino problematizado, en sus alcances analíticos -como concepto- y complejizado respecto de su emergencia, instrumentalización y transformación -en tanto fenómeno social-. El desplazamiento de la homofobia, de una dimensión negativa hacia una productiva, enriquece ostensiblemente su comprensión. Aquello que engloba dicho vocablo, sostiene el autor, no es factor desestructurante de sociedades, sino que participa en la producción del orden social.

El cuidadoso análisis de narrativas personales y material de archivo, recopilados en varias ciudades de ambos países, le permite a Serrano-Amaya entender la coproducción de órdenes sexuales y de género, de conflictos armados y transiciones políticas, en el nivel estructural y en el subjetivo, desafiando las narrativas generalizantes y, con frecuencia, teleológicas, sobre la homofobia. El resultado es un libro de seis capítulos que pueden leerse como parte de un volumen entero o como artículos independientes.

En Sex, Violence and Politics: The Research Problem, el primer capítulo, Serrano-Amaya problematiza las narrativas dominantes sobre la homofobia en el activismo internacional, según las cuales éste sería un fenómeno mundializado con especial arraigo en estados nacionales en crisis. Dicha forma de entender la homofobia ha sustentado un pánico moral que produce geografías imaginadas, demarcando fronteras entre civilización y barbarie, y llamando a instaurar un proceso civilizatorio en zonas constituidas como problemáticas para el orden mundial. Por otro lado, su predominio representa el objeto “homofobia” como indiviso, uniformizando las experiencias de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero. Ante ello, el autor propone llevar a cabo investigaciones empíricas que consideren las formas concretas de violencia antihomosexual en contextos determinados. En aquellos de conflicto armado o transición política, dicha violencia ha desempeñado un papel central en las disputas políticas entre distintos actores, así como en la producción de órdenes, jerarquías y subjetividades, irreductibles al género y la sexualidad.

Serrano-Amaya toma distancia de definiciones a priori de la “violencia homofóbica”, para comprender sus usos y despliegues, sin sobreestimar su carácter instrumental. El autor dialoga con investigaciones feministas que han analizado la compleja imbricación entre violencias de género y sexuales con órdenes políticos en contextos de guerra. Su análisis cuestiona las perspectivas mecanicistas sobre la violencia contra personas LGBT a partir de grandes constructos como “la heteronormatividad” o “el patriarcado”, que desconocen el lugar de la marginalidad, la pobreza y la precariedad, en órdenes de género y de sexualidad. El problema no se resolvería con una teoría más sofisticada o alternativa de la homofobia, sino mediante un “replanteamiento del rol de la violencia en órdenes sexuales y de género” (:13). Este argumento es desarrollado en extenso en los dos capítulos dedicados a los casos colombiano y sudafricano.

En Armed Conflict and Sexual Para-politics in Colombia, Serrano-Amaya muestra cómo el control ejercido por grupos armados legales e ilegales en Colombia a través de violencias y políticas, de género y sexualidad, trasciende dichos órdenes y se conecta con sistemas de gobierno que apuntan a la transformación de relaciones sociales más amplias. En ese país, las alianzas entre actores políticos y económicos con grupos paramilitares han sustentado un proyecto de nación coloquialmente denominado “parapolítica”, apoyado en violencias contra homosexuales, prostitutas, jóvenes, lideresas y líderes sociales, vendedores y consumidores de drogas ilegales, entre otros grupos. Frecuentemente explicada como “violencia por prejuicio”, ésta requiere ser entendida como estrategia de control de poblaciones, a través de la demarcación y jerarquización de grupos sociales, y la diferenciación de la comunidad nacional de su enemigo. El autor propone el concepto de “parapolítica sexual”, para dar cuenta del despliegue de violencia antihomosexual en “sistemas paralelos de gobernancia en disputa” (:4); así como de la interrelación entre violencia sociopolítica y violencias, de género y sexuales. Ante este panorama, las personas entrevistadas por el investigador aprovechan las fisuras de un poder repleto de contradicciones, escapando al binarismo victimización-resistencia.

En Homophobia in Apartheid and Post-apartheid South Africa, el autor examina la superposición entre la violencia antihomosexual y el régimen sociopolítico en ese país. La criminalización de la homosexualidad fue central en las políticas del apartheid y, sin que se formulasen políticas explícitas de persecución a los homosexuales, permitió al régimen producir órdenes raciales, sexuales y de género. Su administración localizada sirvió a distintos propósitos en favor de una lógica segregacionista; las relaciones íntimas entre europeos y nativos fueron declaradas ilegales; la sodomía se declaró ofensa a la ley; la sexualidad de los hombres blancos fue movilizada en el reforzamiento de una masculinidad hegemónica, declarando la homosexualidad como su enemiga y las acusaciones de homosexualidad sirvieron, además, para descalificar y fragmentar las luchas anti-apartheid. La desviación sexual fue definida a la luz de la clase y la raza, y las regulaciones sexuales se emplearon con fines racistas.

La transición democrática en Sudáfrica significó cambios, pero también continuidades. Aunque la orientación sexual pasó a ser una categoría protegida en la nueva Constitución, se reinventaron antiguas violencias y emergieron otras. En este sentido, la abolición del apartheid tuvo efectos contradictorios para algunas personas, que experimentaron un incremento de la violencia antihomosexual, tanto por parte de agentes y de pandillas, como de su propia comunidad. Hablar de “violencia antihomosexual” en este contexto, sin embargo, limita la comprensión de la experiencia de las mujeres agredidas por su orientación sexual, tanto como por su género. Ejemplo de ello son las “violaciones correctivas” contra mujeres lesbianas. Dicha violencia suele ser asociada con el período posterior al apartheid, favoreciendo la estigmatización de las comunidades negras en términos de hombres violadores y mujeres violadas. Este argumento da pie a un importante cuestionamiento de investigaciones en contextos de guerra y conflicto que, en su afán de hacer visibles formas de violencia y grupos victimizados, despliegan taxonomías que pueden oscurecer la comprensión de lo sucedido. Siguiendo las concienzudas reflexiones del autor en este libro, cabría preguntarles a dichos trabajos acerca de las políticas del conocimiento que los orientan.

Para el autor, esas limitaciones analíticas en la conceptualización de la homofobia estriban en dos razones: las teorizaciones son desarrolladas en países que no están en guerra y soslayan las dinámicas propias de los conflictos armados, por una parte; y se han pensado a la luz de las políticas de la identidad desconociendo otros elementos estructurantes de las violencias, como la marginalidad, por la otra. El capítulo The Chiaroscuro of Sexual Politics presenta una propuesta analítica para sortear dichos impasses en el análisis de la violencia antihomosexual. Mediante una genealogía del concepto de homofobia, repasa su desarrollo inicial en psicología y su uso en las agendas políticas identitarias. Se revisan los conceptos de heterosexismo y heternormatividad, que si bien reconocen el vínculo que une dichas violencias con estructuras sociales y relaciones de poder, enfatizan comprensiones causalistas o asumen la existencia de colectivos uniformes.

Serrano-Amaya plantea que la llamada “homofobia política” no es un fenómeno unificado, pues articula distintas formas de injusticia, violencia y órdenes reguladores de la vida cotidiana. Es cambiante y sirve a propósitos diferenciados, y su aparición en escenarios de guerra no la hace reductible a la violencia sociopolítica ni a herramienta de guerra. Por ello, propone atender a las condiciones estructurales de su emergencia y pensarla a la luz de patrones de larga duración, como la raza, la clase o la pureza. Es el “claroscuro de la política sexual”, donde las imbricaciones de violencia sociopolítica, género y sexualidad producen espacios que estructuran o no violencia antihomosexual y la hacen, o no, visible, de forma análoga a la técnica pictórica.

En las últimas décadas empezó a reconocerse la victimización de personas homosexuales y transgénero, en el marco de guerras y conflictos armados, en los procesos de verdad y memoria de distintos países, siendo emblemáticas las pesquisas sobre la persecución a gays y lesbianas en la Alemania nazi. Serrano-Amaya señala que, aunque su relevancia es indiscutible, empero, dichos procesos operan bajo un principio de exclusión que determina lo que puede y no puede ser dicho, de modo que, así como afirman, también soslayan e invisibilizan otras narrativas. Estas políticas del conocimiento son objeto de un detallado análisis en el capítulo Telling Truths About Violence. En Sudáfrica, las violencias relacionadas con el género y la sexualidad no formaron parte de las “violaciones flagrantes a los derechos humanos”. En lugar de demandar un tratamiento específico de los casos de violencia contra gays y lesbianas durante el apartheid, las organizaciones activistas se sumaron a un proceso general de cambio social. Las mujeres, por su parte, exigieron y obtuvieron espacios concretos para hablar sobre su experiencia y fueron reconocidas, en los procesos de reparación y de memoria. Esto redundó en una jerarquización de víctimas (mujeres, por un lado; gays y lesbianas, por otro) con distintas capacidades de interpelación.

En Colombia, organizaciones sociales que documentan la violencia antihomosexual han realizado su trabajo siguiendo políticas de la diferencia, desde el lenguaje de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Las reparaciones a víctimas en ese país se han formulado desde una perspectiva de género que destaca la especificidad de las violencias contra mujeres y personas LGBT. Uno de sus efectos ha sido la fijación parcial del sentido respecto de quiénes son L.G.B.T. y el ocultamiento de formas de memoria que se alejan de los términos de las políticas identitarias, pero que deben acudir a dicho lenguaje para obtener legibilidad social y estatal, y acceder a reparaciones como víctimas del conflicto armado, explica el autor.

Serrano-Amaya muestra de qué modo las políticas del conocimiento, en uno y otro caso, participan en la construcción de verdades particulares constitutivas de actores políticos. Asimismo, da cuenta de cómo la documentación de dichas violencias trasciende su papel instrumental de denuncia y da forma a “tecnologías de memoria”. Por ello, en el proceso de documentación también está en juego la producción de formas colectivas de memoria y de sentidos compartidos de solidaridad, afirma.

Para cerrar, quisiera destacar tres grandes argumentos presentados en el último capítulo, Gender and Sexual Orders Making the New Society, que recogen varios de los planteamientos del autor a lo largo del libro. El primero tiene que ver con el carácter generificado de la violencia antihomosexual. En los dos países abordados, el género es un elemento estructurante de dicha violencia, aunque su operación sea distinta en cada caso. En Colombia, la violencia antihomosexual se desplegó en la imposición de órdenes de género y sexuales en comunidades controladas por grupos armados, afirma Serrano-Amaya; mientras que en Sudáfrica participó en la producción de masculinidades blancas. De ahí que sea crucial superar las interpretaciones mecanicistas que reducen el lugar del género en escenarios de guerra al control masculino del estado.

El segundo argumento refiere al análisis de la trasposición de violencia, sexualidad y género en los conflictos armados. El trabajo de Serrano-Amaya muestra cómo dicha relación sólo puede ser aprehendida en su historicidad, esto es, sin tomar a priori la separación de dichos aspectos, pues de lo contrario la violencia antihomosexual se torna en un objeto/experiencia difícilmente inteligible. Con este propósito, el autor propone centrar la mirada en los efectos de dicha violencia en cada contexto: consensos en los proyectos de transformación social implementados por los grupos en conflicto, contratos sexuales que hacen de la producción de marginalidades una condición necesaria para la materialización de comunidades nacionales, etc.

Por último, este volumen muestra la necesidad de asumir una postura crítica frente a los binarismos y teleologías, a partir de las cuales se edifican interpretaciones de la guerra y la homofobia. Los sujetos de la violencia antihomosexual no sólo son víctimas o rebeldes. Aproximarse a los flujos intersubjetivos que están en juego permite ver cómo, para muchas personas, la experiencia de violencia da lugar a una búsqueda de dignidad, aunque dicha búsqueda no signifique lo mismo para todas ellas.

Oposiciones como guerra versus paz también resultan analíticamente limitadas en la comprensión de las transiciones políticas y del despliegue de violencia antihomosexual, pues dichas transiciones no son secuenciales ni obedecen a una lógica de avance, sostiene Serrano-Amaya. Así, no se trata de que en un extremo haya orden y derechos, mientras que en el otro caos y negación de éstos. “Los usos políticos de la violencia antihomosexual se mueven en capas, no es fácil separarlos en un solo polo” (:154). Este planteamiento habilita una perspectiva que, con acierto, da cuenta de los modos cómo la violencia antihomosexual se articula con la producción del orden social y la nación, sin caer en lugares comunes o reforzar geografías imaginadas de lo salvaje y lo civilizado en el mundo actual.

Dado que la violencia antihomosexual es central a “formas generificadas y sexualizadas de pertenencia al estado nación” (:156), ésta no necesariamente cesa con las transiciones políticas. Tampoco es irrupción en lo ordinario, pues se encuentra entretejida con lo cotidiano. En otras palabras, concluye el autor, la violencia antihomosexual no es excepcional, sino que hace parte de las fibras mismas de las que están hechas nuestras sociedades, aunque tejidas de formas que no podemos anticipar.

Publicado en Global Queer Politics de Palgrave Macmillan -colección que divulga investigaciones sobre desigualdades sexuales en cruce con otros ejes de dominación, en procesos geopolíticos de gran escala-, este volumen se dirige a un público amplio, con propósitos de investigación, docencia, y transformación social. Su lectura resultará de interés en áreas como resolución de conflictos, género y violencia sexual en contextos de guerra, cuyo diálogo, como muestra el autor, se hace cada vez más necesario.

Referencias bibliográficas

BADGETT, M. V. L. 2014. The Economic Cost of Stigma and the Exclusion of LGBT People: A Case Study of India. Washington D.C: World Bank Group. [ Links ]

SERRANO-AMAYA, José Fernando . 2018. Homophobic violence in armed conflict and political transition. 1ª ed. New York / London: Palgrave Macmillan. 186 p. [ Links ]

THURLOW, C. 2018. The Economic Cost of Homophobia. London: Peter Tatchell Foundation. [ Links ]

Creative Commons License Este é um artigo publicado em acesso aberto sob uma licença Creative Commons