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Educação & Realidade

versão impressa ISSN 0100-3143versão On-line ISSN 2175-6236

Educ. Real. vol.43 no.2 Porto Alegre abr./jun. 2018

http://dx.doi.org/10.1590/2175-623662538 

SEÇÃO TEMÁTICA: A EDUCAÇÃO ESCOLAR EM PERSPECTIVA

La Demanda por un Buen Trato en la Escuela Secundaria

Verónica Soledad SilvaI 

IUniversidad de Buenos Aires (UBA), Buenos Aires - Argentina

Resumen:

Este artículo aborda las percepciones que jóvenes estudiantes de sectores populares atribuyen a las prácticas de respeto y falta de respeto en la escuela. Desde un diseño de tipo cualitativo, el estudio analiza los resultados de una encuesta tomada a 300 alumnos de una escuela secundaria pública, ubicada en la periferia de la ciudad de Posadas, Argentina. Los análisis evidencian que los estudiantes le otorgan central importancia al buen trato. Interpretamos sus respuestas como expresiones de códigos de comportamiento social que dan cuenta de una solicitud expresa de reconocimiento individualizado que pone en primer lugar el carácter relacional que adquiere el sentimiento de respeto o su contracara.

Palabras-clave: Respeto; Jóvenes Estudiantes; Reconocimiento

Introducción

En las últimas décadas, hemos asistido a un proceso de transformación de la escuela secundaria en la región Latinoamericana. En materia legislativa, por ejemplo, no han sido pocos los países que se pronunciaron por la obligatoriedad de este nivel de enseñanza1. En el caso argentino, la Ley Nacional de Educación (Ley n. 26.606) (Argentina, 2006), sancionada en el año 2006, establece la obligatoriedad de la escuela secundaria. En este contexto de ampliación de la matrícula escolar, se hace necesario atender a un sector poblacional que históricamente fue excluido de este nivel educativo (los sectores populares) y que, además, naturalizó que este espacio no era para ellos (Bracchi; Gabbai, 2013). La escuela pública recibe así un grupo heterogéneo de jóvenes cuyas familias no atravesaron o no pudieron finalizar la experiencia de la enseñanza de nivel medio (en tanto ámbito de socialización y de construcción de identidades). Estos jóvenes, que en muchos casos representan la primera generación de su familia con posibilidad de terminar el nivel secundario, deben compartir largas jornadas en compañía de otros compañeros, lo que en muchas ocasiones puede traer aparejado conflictos de diversa índole: desde malos entendidos en la convivencia cotidiana, hasta episodios de violencia física.

Diversas investigaciones indican que los puntos de conflicto más comunes en la escuela están vinculados a problemas de integración social entre alumnos (Abramovay, 2005; Reyes, 2005; Míguez, 2008) expresados por medio de tratos descalificatorios entre pares cuando deben abordar la convivencia con aquellos a quienes consideran diferentes (Maldonado, 2000; Paulín; Tomasini, 2008; Di Leo, 2009). Las razones principales por las cuales los jóvenes se excluyen o autoexcluyen estarían vinculadas con procesos de inferiorización social, donde se construye una distancia simbólica entre incluidos y excluidos (Kaplan, 2011; 2013).

Otro aspecto a destacar es que estas conflictividades no necesariamente desembocan en violencias físicas entre los estudiantes (Míguez, 2008; Kaplan, 2009; Paulín; Tomasini, 2008). Como lo demuestran algunas investigaciones (Observatorio ..., 2010; 2013; Mutchinick, 2013), serían las violencias en sentido amplio como modo de incivilidades (bromas, cargadas, discriminaciones, faltas de respeto) las que tendrían más frecuencia en el ámbito escolar y no las violencias físicas (golpes y enfrentamientos). Las diversas formas de inferiorización pueden generar en quienes las padecen un sentimiento de desamparo e impotencia y una sensación de no respeto (Mutchinick, 2013). La búsqueda de respeto cobra así relevancia entre los jóvenes (García; Madriaza, 2005; Zubillaga, 2007; Aleu, 2012; Paulín, 2015). El respeto emerge como núcleo de conflictividad tanto en la lucha por obtenerlo como en las demostraciones cotidianas de falta de respeto.

Nuñez (2011, p. 282) señala que la búsqueda de respeto es un proceso de autoafirmación que implica la creencia en que “[...] realizando un tipo de acciones o comportándose de una manera determinada se podrá obtener el respeto ansiado”. Los estudiantes buscarían potenciar aquellos atributos que les permiten proyectar una imagen de reconocimiento, mientras que buscan ocultar otros atributos que pueden ser desacreditadores.

En este trabajo, partimos de la consideración de que en las negociaciones acerca de las formas de tratarse cotidianamente en la escuela, entre los estudiantes, se pone en juego la búsqueda por construir una imagen de respetabilidad/no respetabilidad. Esta construcción como sujetos dignos de respeto ante sus compañeros adquiere centralidad en los procesos de elaboración identitaria de los jóvenes. En tal sentido, es que el respeto constituye una categoría analítica fértil para la reflexión sobre estos procesos de vinculación entre estudiantes.

Luego de presentar las principales referencias teóricas sobre el respeto, y de precisar la metodología adoptada, nos enfocaremos en el análisis de las respuestas elaboradas por los estudiantes, en la búsqueda de una construcción interpretativa de sus percepciones sobre el respeto.

Un Recorrido Posible sobre el Respeto

Diferentes autores acuerdan en la afirmación de la centralidad que adquiere el respeto en la experiencia social y personal de los sujetos (Sennett, 2003; Vidal, 2003; Martuccelli, 2007; Bourgois, 2010). Siguiendo a Kaplan, consideramos que “[…] la producción de la autoestima social, el sentimiento de identidad y la auto­valía de individuos y grupos son unas de las funciones simbólicas con mayor efecto social” (Kaplan, 2013, p. 56-57).

Un rasgo característico de la modernidad es la centralidad que ha adquirido el tema del reconocimiento. El hecho de que el individuo requiera siempre ser reconocido por el otro, da lugar a una serie de conflictos y nuevas demandas, que complejizan la dinámica entre identidades individuales e identidades colectivas (Martuccelli, 2007).

Precisamente, la necesidad de aceptación intersubjetiva se torna un elemento central en el proceso de individualización, que en la modernidad se presenta de una forma particular; esto se debe al advenimiento radical de la individualidad que apela a nuevas mecanismos de aceptación de sí. A diferencia de las sociedades tradicionales, donde las rígidas jerarquías determinaban el estatus de cada uno de los diferentes grupos sociales, en las sociedades modernas el sentimiento de inferioridad se torna insoportable (Vidal, 2003).

De este modo las sociedades modernas se caracterizan por la necesidad de respeto y la denuncia de situaciones de humillación, donde cada individuo reclama el derecho a ser tratado como igual o, al menos, no ser clasificado en una posición de inferioridad. La demanda de respeto adquiere un carácter performativo en términos Illouz (2014), es decir, se logra en el curso de la interacción con las personas.

Como señala Martuccelli (2007), los sistemas democráticos marcan el advenimiento de una sociedad exigente de igualdad que echa por tierra la tensión vertical propia del mundo de la jerarquía, en consecuencia, el rango ocupado en la escala social pierde su fuerza. Sin embargo, la democracia no anula la existencia real de ricos y de pobres, de amos y de servidores; al apelar a la igualdad de condiciones independientemente del rango ocupado, se generan ambigüedades y contradicciones, respecto de las expresiones de deferencia.

En el mismo sentido, Sennett (2003) postula que en las sociedades modernas escasean las expresiones positivas de respeto hacia los demás, debido al debilitamiento de ciertos rituales que (en las sociedades tradicionales, o pre-capitalistas) favorecían las expresiones de respeto mutuo a pesar de las desigualdades sociales. El respeto involucra una relación social de reciprocidad y requiere de un esfuerzo expresivo por parte del actor para que su destinatario pueda sentirlo de modo indiscutible, “[…] en la vida social, como en el arte, la reciprocidad requiere trabajo expresivo. Es necesario hacerla realidad, ejecutarla” (Sennett, 2003, p. 69).

En este trabajo, entendemos al respeto como una práctica social de carácter intersubjetivo por medio de la cual las personas se expresan reconocimiento mutuo (Sennett, 2003; Zubillaga, 2007; Aleu, 2012; Paulín, 2015). Subrayamos un elemento que consideramos central, el carácter recíproco del respeto. Otro aspecto para considerar es que el análisis de las prácticas de respeto resulta inseparable de las condiciones sociales, culturales e históricas que organizan modos legítimos de sentir, pensar y actuar.

Como venimos señalando, el respeto requiere necesariamente de una confirmación social; en los tiempos contemporáneos, el problema de la relación con el otro resulta más difícil y más central, el individuo estaría conminado a un esfuerzo cotidiano de construcción de sí mismo que requiere cada vez más de la mirada de los otros (Martuccelli, 2007). Este modo de pensar el respeto nos ayuda a comprender el hecho de que cuando este falta, los sujetos experimentan la sensación de indiferencia, de ser inexistentes para los demás (Aleu, 2012).

Entendemos que, en nuestro tiempo histórico actual, la búsqueda de respeto se edifica sobre frágiles cimientos. En el caso de los jóvenes estudiantes, al encontrarse en un momento transicional desde el punto de vista adulto, el hecho de ser respetado sería un bien simbólico de sumo valor que alimenta su patrimonio identitario. Algunos conflictos o tensiones que derivan de las relaciones entre alumnos pueden ser entendidos desde esta perspectiva.

En vista de este panorama, decimos que la construcción de identidad de los jóvenes está atravesada por diversas tensiones que ponen de manifiesto la complejidad de las relaciones que establecen con los otros, tornándolas más espinosas y al mismo tiempo más constitutivas.

Aspectos Metodológicos

La investigación realizada se apoya en un diseño de tipo cualitativo (Gialdino, 2007. El objetivo principal fue explorar las percepciones que los estudiantes atribuyen al respeto y a la falta de respeto en la escuela. A continuación, se presentan los resultados de una encuesta realizada en el año 2013 a estudiantes de una escuela secundaria pública de gestión estatal, ubicada en la periferia de la Ciudad de Posadas, provincia de Misiones, Argentina. El criterio de selección de la escuela fue la ubicación periférica con relación al centro de la ciudad y el nivel socioeconómico bajo de los estudiantes.

Bajo el supuesto de que los sectores socioeconómicos bajos gozan de menor respeto social (Sennett, 2003; Zubillaga, 2007; Bourgois, 2010), nos preguntamos cuáles son sus percepciones subjetivas acerca de sentirse respetados o su contracara.

El establecimiento educativo posee 10 años de antigüedad y tiene como particularidad haber nacido junto con la construcción de barrios de vivienda social que se crearon a causa de una migración compulsiva de los habitantes que vivían en las orillas del río Paraná por la construcción de la represa de Yacyretá.

Para la selección de los estudiantes, se realizó un muestreo de carácter intencional, no probabilístico, buscando cubrir al menos el 50% de los alumnos de cada curso y mantener la proporcionalidad por género de la institución.

De una matrícula de 500 estudiantes, la muestra quedó constituida por 300 alumnos de primer a quinto año, el 58,7% mujeres (n=176) y el 41,3% varones (n=124)2.

Respecto de las edades, el 55% de los/as estudiantes tiene entre 13 y 15 años; el 42%, entre 16 y 18 años, y solo el 2,8% posee entre 18 y 21 años.

En cuanto al máximo nivel educativo alcanzado por los padres, nos encontramos con que solo el 13,1% de las madres y el 17,2 % de los padres finalizaron sus estudios secundarios. La mitad de las madres tiene los estudios primarios completos. La mitad de los padres tiene hasta secundaria incompleta. Solo el 4,5% de las madres tiene estudios superiores al secundario, este porcentaje en los padres es del 8,2%.

Estos indicadores dan cuenta de que la escuela alberga un alto porcentaje de estudiantes, casi un 80% del total, que es primera generación con posibilidad de finalizar sus estudios medios.

A este respecto, la obligatoriedad de la escuela secundaria representa una tracción simbólica y legal que promueve el acceso a sectores sociales que históricamente estuvieron excluidos de este nivel de enseñanza.

Los Jóvenes Escriben Acerca del Respeto

En este apartado nos abocaremos a la respuesta de los estudiantes en torno a las preguntas abiertas sobre el respeto y la falta de respeto.

Para la reconstrucción de sus percepciones, en un primer momento, se agruparon las respuestas de los estudiantes (categorías nativas) a base de semejanzas, sinonimias y diferencias. En un segundo momento, se elaboraron categorizaciones de mayor abstracción (categorías analíticas) para agrupar las respuestas en núcleos de sentido que favorezcan una menor dispersión de estas.

A modo de ejemplo citamos el siguiente: la categoría Escenarios e interacciones que favorecen el sentimiento de no respeto fue construida sobre la base de las respuestas de los jóvenes que mencionaron no sentirse respetados en la escuela o en el barrio e, inclusive, en compañía de sus pares, familiares o adultos de la escuela. De este modo se apeló a construir una categoría de mayor abstracción que pudiera contener los diferentes enunciados de los alumnos, entendiendo que aludían a un núcleo común: los escenarios y las interacciones que dificultan el sentimiento de respeto.

Asimismo, señalamos que las categorías construidas indican solo una forma de organizar el material recolectado, pero no responde a una clasificación exhaustiva. Como dicen Madriaza; García (2006, p. 250): “[…] muchos eventos son difíciles de situar […] y tienden a ubicarse significativamente en más de una categoría de manera simultánea o simplemente tienden a estar al límite de alguna, tomando características de otra”.

En la siguiente tabla (Tabla 1), se presenta una clasificación de las prácticas que para los estudiantes involucran una falta de respeto.

Tabla 1: Siento que me Faltan el Respeto Cuando... 

Categoría Analítica Categorías nativas Porcentajes generales
Prácticas de menosprecio Me insultan; Me gritan o hablan mal; Me ignoran; Me molestan; Me burlan o me cargan; Me discriminan; Me tratan mal; Me humillan 69%
Escenarios e interacciones que favorecen el sentimiento de no respeto La escuela; El barrio; La casa; Estar con personas que no me quieren; Estar con compañeros; Estar con profesores 7,2%
Prácticas de desconsideración mutua Yo no considero al otro; Yo molesto a los otros; Yo no respeto 5,6%
Otros 5,4%
Demostrar algún signo de debilidad Hago algo mal; Escribo porque dicen que mi letra es fea; Doy mal la lección; Leo mal ante los otros; Juego al fútbol 5%
Sentirse juzgados o criticados Hablan mal de mí; Me juzgan; No me entienden, mi forma de pensar es diferente; No me dejan ser yo mismo 5%%
Agresiones físicas Me agreden físicamente; Me pegan 1,8%
Tautológicas 1%
Total 100%

Fuente: Elaboración Propia.

Como podemos observar en la tabla 1, la mayor cantidad de respuestas (69%) acerca de lo que los estudiantes consideran como faltas de respeto se concentra en la categoría que hemos denominado Prácticas de menosprecio. Aquí hemos reunido respuestas tales como: los insultos, los gritos, el sentirse ignorados, ser molestados y burlados, la discriminación, el maltrato y la humillación. Los resultados de las encuestas son coincidentes con diversas investigaciones (Mutchinick, 2013; Observatorio..., 2010, 2013) que señalan que los jóvenes identifican como violentas aquellas prácticas denominadas como incivilidades (burlas, humillaciones) u hostigamiento entre pares; estas representan para los alumnos un trato indeseado que no les resulta indiferente, sino todo lo contrario, constituyen experiencias que degradan y corroen las relaciones que se construyen cotidianamente en la escuela. Consideramos junto a Míguez (2009) que nos encontramos en un momento histórico y social de menor tolerancia ante ciertas prácticas que quizás antes eran vivenciadas como naturales y ahora contravienen lo que suponemos que los vínculos interpersonales deberían ser.

En segundo lugar, la categoría: Escenarios e interacciones que favorecen el sentimiento de no respeto (7,2%) agrupa aquellas respuestas que vinculaban la falta de respeto con estar en la escuela, el barrio o la casa, o cerca de determinadas personas (compañeros, familiares o profesores) que, consideramos, pueden ser percibidas como amenazantes.

En tercer lugar, los estudiantes mencionan sentir que se les falta el respeto cuando ellos no respetan a los demás, lo que hemos denominado como Prácticas de desconsideración mutua (5,6%), y da cuenta de la representación de cómo este involucra una relación de reciprocidad. Vale decir, los estudiantes reconocen que para exigir respeto tienen que proveerlo y que si esto no sucede, se generan situaciones que lo obstaculizan.

En cuarto lugar, los alumnos aludieron no sentirse respetados cuando quedan expuestos frente a los demás con errores o equivocaciones como, por ejemplo: pasar a dar lección, leer frente a los compañeros, jugar mal al fútbol etc. Hemos agrupado a estas respuestas bajo la categoría: Demostrar algún signo de debilidad (5%). Podemos vincular este resultado con planteos de varios autores (Sennett, 2003; Martuccelli, 2007; Gaulejac, 2008) que señalan cómo en nuestras sociedades modernas el desarrollo positivo de la imagen de sí depende en gran medida de la demostración de autosuficiencia y éxito individual. Aquellas situaciones que dejan expuestos a los individuos a escenarios públicos de descrédito se viven de manera vergonzante: “[…] en un mundo fascinado por el éxito individual, el rendimiento y la excelencia, hay tensiones muy fuertes entre las imágenes ideales [...] y la realidad de lo que se vive” (Gaulejac, 2008, p. 36).

En quinta instancia, hemos agrupado en Sentirse juzgados o criticados aquellas respuestas que podían ser interpretadas por los estudiantes como ofensas a su singularidad como, por ejemplo, juzgan mis ideas y opiniones, no me dejan ser yo mismo, no entienden que mi forma de pensar es diferente.

Por último, solo el 1,8% de alumnos señaló las Agresiones físicas como una situación de falta de respeto. Este resultado es concurrente con las investigaciones previamente señaladas (Observatorio..., 2009, 2015; Mutchinick, 2013) donde se evidencia que habría una gama previa de prácticas que manifiestan la falta de respeto para los estudiantes, antes que el uso de la violencia física.

Las respuestas de los jóvenes nos brindan pistas para pensar en cierto umbral de sensibilidad que se visualiza en las prácticas que ponen en peligro el sentimiento de respeto de los estudiantes. Tal como señala Sennett (2003), la falta de respeto da cuenta de una falta de reconocimiento hacia el otro, una forma de negar la presencia del otro en tanto ser humano.

A continuación (Tabla 2), describiremos aquellas respuestas de los jóvenes en torno a sentirse respetados.

Tabla 2: Me Siento Respetado Cuando... 

Categoría analítica Categorías nativas Porcentajes
Prácticas de reconocimiento Me escuchan; Me hablan bien; Me tratan bien; Me tienen en cuenta; No me molestan o insultan; Me aceptan como soy 55,10%
Escenarios de interacción que favorecen el sentimiento de respeto La escuela; El barrio; La casa; Estoy con amigos o compañeros 13%
Prácticas de consideración mutua Respeto para que me respeten; Yo considero al otro; Nos tratamos bien entre todos; Trato bien para que me traten bien 10%
Capacidad de hacer algo bien Cuando juego al fútbol porque juego bien; Cuando canto; Estudio porque soy inteligente; Dibujo porque dicen que soy artista 5,6%
Tautológicas 5%
Ganar respeto por imposición Me tienen miedo; Yo les pego a otros por irrespetuosos; Todos me obedecen; Humillo y enfrento a outro; Gano una pelea; Grito 4,3%
Otros 3,9%
Ser solidário Ayudo a los demás; Ayudo a los mayores 1,7%
Llegar a un consenso Nos ponemos de acuerdo; Opino y pensamos igual 1,4%
Total 100%

Fuente: Elaboración propia.

El 55,10% de las respuestas de los estudiantes se concentra en la categoría que hemos denominado como: Prácticas de reconocimiento, dentro de las cuales se encuentra el sentirse escuchados, bien tratados, tenidos en cuenta, no ser molestados y aceptados.

Estas respuestas podrían estar expresando las demandas por un trato igualitario que solicitan los jóvenes en la actualidad; habría un pedido constante de consideración individualizada de la propia existencia. Allí donde la escuela era definida antiguamente como un espacio de transmisión de conocimiento, es ahora un lugar en donde las expectativas por las formas de trato cobran gran relevancia.

En segunda instancia, el 13% de los alumnos manifestó sentirse respetado cuando está en compañía de ciertas personas (como los compañeros, amigos y profesores) o está en determinados lugares, como la casa, la escuela y el barrio. A este núcleo temático lo hemos denominado: Escenarios e interacciones que favorecen el sentimiento de respeto.

En tercer lugar, hemos aunado en la categoría Prácticas de consideración mutua (10%) aquellas respuestas que ponen de relieve la reciprocidad en el tratamiento del respeto. Los estudiantes señalaban que el respeto primero tenía que ser una práctica que surgiera de ellos para poder exigirla del otro, por ejemplo: uno tiene que tratar bien al otro para que te respeten o me relaciono con personas de buena manera para que me devuelvan lo mismo.

El 5,3% de los estudiantes mencionó sentirse respetado cuando pueden hacer algo bien, como, por ejemplo, jugar al fútbol, dibujar o estudiar, porque soy inteligente, hemos denominado estas respuestas con la categoría: Capacidad de hacer algo bien. Para Sennett (2003), una de las fuentes de respeto en la modernidad tiene relación con el desarrollo individual de capacidades y habilidades. Si bien nuestras sociedades aprecian el desarrollo del talento y este se constituye en un motivo de autorespeto, no necesariamente favorece los intercambios de respeto muto. Muchas veces el desarrollo de una habilidad personal puede invitar a la indiferencia hacia los demás, así como también a la comparación denigrante (Sennett, 2003). Nuestras sociedades contemporáneas se caracterizan por fomentar sentimientos de envidia y celos, promoviendo el falaz mensaje de que nada nos impide convertirnos en aquello que quisiéramos ser.

En sexto lugar, el 4,3% de los estudiantes mencionó sentirse respetado cuando me tienen miedo, cuando golpeo a los demás, cuando humillo a otros, entre otros ejemplos, cuyas contestaciones hemos denominado bajo la etiqueta: Ganar respeto por imposición. La baja frecuencia de esta respuesta, evidencia que esta modalidad de obtención de respeto no es la privilegiada para los jóvenes Esta fuente de respeto supone un posicionamiento unilateral frente al otro, que pondría en duda el carácter recíproco del mismo.

En penúltimo lugar, bajo el rótulo Ser solidario (1,7%), se reunieron aquellas respuestas que vinculan el sentirse respetados con brindar ayuda a los demás.

Por último, relacionaron el respeto con Llegar a un consenso (1,4%), es decir, con la posibilidad de ponerse de acuerdo. Esta respuesta hace visible la baja cantidad de estudiantes que consideran el consenso como fuente de respeto.

Los resultados evidencian en términos descriptivos las percepciones de los jóvenes en torno a prácticas que vehiculizan el respeto o su contrario. Los alumnos son sensibles a cómo se les dirige la palabra, a si se los escucha o no, a las maneras en que se les demuestra importancia. En el lado opuesto, el insulto, las burlas, el maltrato, las humillaciones, el sentirse ignorados es para ellos una señal de no respeto.

Conclusiones: el respeto navega entre el reconocimiento y el menosprecio

Los resultados de la encuesta nos hablan acerca de la centralidad que adquieren las Prácticas de reconocimiento y las Prácticas menosprecio, en las expresiones que vehiculizan el sentimiento de respeto o su contrario. Reconocimiento y menosprecio aparecen como dos caras de la misma moneda, enuncian un “vínculo emocional” (Aleu, 2012, p. 3) que expresa la importancia del trato o el tacto social. Los estudiantes demandan, principalmente que, se los trate bien, sus enunciados expresan un pedido constante de consideración individualizada de la propia existencia: que me escuchen, que me hablen bien, que no me insulten, que no me ignoren, que me tengan en cuenta etc.

En ambas respuestas, más de la mitad de los jóvenes focalizó la atención en aquellas prácticas que ponen de relieve la reafirmación de sí ante la mirada de los demás o, por el contrario, aquellas situaciones que implican ocupar un lugar de inferioridad ante los otros. Parafraseando a Kaplan (2009), decimos que el sentirse respetado o sentirse tratado con falta de respeto da cuenta de una dinámica social contradictoria de atribución de valor-disvalor a partir de la cual los sujetos construyen imágenes y autoimágenes y generan, de modo inconsciente, un cálculo simbólico acerca de sus potencialidades y limitaciones.

Creemos que la búsqueda por ser validado socialmente se presenta como una necesidad primordial que les permite a los jóvenes hacerse un lugar en su comunidad de pertenencia, sobre todo en sociedades donde son mal vistos por pertenecer a los estamentos más pobres de la sociedad y también por su condición de jóvenes/adolescentes en donde el proceso de elaboración identitaria cobra mayor pregnancia.

La búsqueda de reconocimiento no solo se da en el plano afectivo y social, sino que involucra una aspiración profunda que consiste en querer existir por uno mismo sin estar sujeto, en la medida de lo posible, al deseo del otro ni a los mecanismos de reproducción social (Gaulejac, 2008, p. 32).

Asimismo, las respuestas que hemos agrupado como Escenarios o interacciones que dificultan o favorecen el sentimiento de respeto y como Prácticas de desconsideración o consideración mutua; dan cuenta del carácter relacional que adquiere el sentimiento de respeto, el eje está puesto en los modos en que hacemos sentir a los otros y en cómo los otros nos hacen sentir a nosotros. Como señala Sennett (2003, p. 263), “[…] el trato respetuoso a la gente no se consigue solamente ordenándolo”, sino que forma parte de una negociación intersubjetiva que compromete el carácter individual y la estructura social.

Siguiendo los desarrollos de Martuccelli (2007), la confirmación social del sujeto pasa por el respeto que le es debido, el análisis de las demandas de respeto nos ayuda a comprender los modos de sociabilidad contemporánea. Compartimos el supuesto de Paulín (2015) cuando postula que, en las esferas de sociabilidad juvenil, se despliegan conflictos específicos por la disputa del reconocimiento como parte de las pruebas y desafíos que la sociedad impone a las personas jóvenes.

Consideramos que los interjuegos entre las formas de aceptar al otro - expresadas por medio del respeto mutuo - o las formas de exclusión y rechazo - que se manifiestan por medio de la falta de respeto - constituyen un área de disputa simbólica para la construcción de las identidades de los jóvenes, donde las emociones cobran relevancia.

El respeto en tanto vínculo emocional se constituye en un atributo móvil y dinámico que forma parte de las relaciones que se establecen con otros.

Consideramos al respeto como una categoría que requiere una reconstrucción del sentido que sus actores le otorgan en prácticas situadas; entendemos que este estudio representa una fotografía de situación; su utilidad radica en la posibilidad de obtener una panorámica que señala dónde enfocan los jóvenes su sensibilidad sobre esta temática.

Este trabajo pretende ser un aporte para la profundización de futuras investigaciones que aborden las imbricaciones entre el respeto, emociones y modos de trato social.

Como señala Vidal (2003), el respeto representa un concepto indeterminado que, en sociedades profundamente individualizadas como las nuestras, navega en la tensión entre las proclamas de igualdad de las democracias modernas y las rupturas de las viejas formas de vinculación social.

En vista de este panorama, la escuela enfrenta una ardua tarea: cómo promover relaciones de respeto mutuo, en un trasfondo social que promueve el individualismo y en donde el paradigma dominante está constituido por el éxito y el temor a la dependencia.

Más aún: de qué maneras se promueven vínculos de respeto mutuo en contextos de reconfiguración de los vínculos interpersonales, donde la incertidumbre y la ambigüedad acerca de cómo deben ser los intercambios expresivos entre los sujetos son moneda corriente.

Las exigencias de respeto se tornan esenciales en la construcción de la identidad personal y el establecimiento de una relación positiva del individuo consigo mismo. Apostamos por una escuela que pueda reflexionar sobre la importancia de estos procesos, la promoción de vínculos de mayor igualdad y el reconocimiento entre sus diferentes actores.

Referencias

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1En este sentido países como Uruguay, Chile y Brasil, en los últimos años, han sancionado legislaciones que establecen la obligatoriedad del nivel medio. (Para mayor información, véase Ruiz; Schoo (2014)).

2La estructura del Sistema Educativo Argentino comprende cuatro (4) niveles – la Educación Inicial, la Educación Primaria, la Educación Secundaria y la Educación Superior –. La ley Nacional de Educación establece la obligatoriedad del los tres (3) primeros niveles. Respecto de la Educación Secundaria, en el artículo 29 dispone que es obligatoria y constituye una unidad pedagógica y organizativa destinada a los/as adolescentes y jóvenes que hayan cumplido con el nivel de Educación Primaria. En la provincia de Misiones, el nivel secundario tiene una duración de 5 años. Se espera que los estudiantes ingresen al nivel medio con 13 años y finalicen dicho tramo a los 17 o 18 años. Sin embargo, es usual contar con un número importante de alumnos que supera las edades promedio. Para mayor información, véase: <http://www.me.gov.ar/doc_pdf/ley_de_educ_nac.pdf>.

3Con la categoría Tautológicas, nos referimos a aquellas respuestas que incluían la palabra respeto en la misma respuesta, por ejemplo: siento que me faltan el respeto cuando no me respetan.

Recibido: 26 de Febrero de 2016; Aprobado: 09 de Agosto de 2016

Verónica Soledad Silva es licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Doctoranda en Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Miembro del Programa Transformaciones sociales, subjetividad y procesos educativos, Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación (IICE), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Adscripta de la cátedra de Teorías Sociológicas, Departamento de Ciencias de la Educación, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. E-mail: veronica.silva087@gmail.com

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