SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.16 issue31ApresentaçãoThe capitalist city in the neoliberal pattern of accumulation in Latin America author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

Share


Cadernos Metrópole

On-line version ISSN 2236-9996

Cad. Metrop. vol.16 no.31 São Paulo June 2014

http://dx.doi.org/10.1590/2236-9996.2014-3101 

Dossiê: teoria urbana e cidade neoliberal na América Latina

Una lectura de Polanyi desde la economía social y solidaria en América Latina*

Reading Polanyi based on social and solidarity economy in Latin America

José Luis Coraggio

1Universidad Nacional de General Sarmiento, Instituto del Conurbano. Buenos Aires, Argentina. jlcoraggio@me.com


RESUMEN

Se presentan elementos del pensamiento social y de conceptos desarrollados por Karl Polanyi, en confrontación con el liberalismo económico, haciendo un paralelo con la lucha actual contra el neoliberalismo. Se plantean diferencias que surgen al hacer una lectura desde América Latina: un sesgo que podría calificarse como eurocéntrico, que excluye consideraciones sobre la co-constitución de AMérica y Europa, la heterogeneidad estructural que nos hace economías de mercado incompleta. A la vez se muestra la coherencia entre aportes de Polanyi y la propuesta de construir Otra Economía con el aporte de prácticas de Economía Social y Solidaria de la cual se esbozan algunos rasgos.

Palabras-clave: Polanyi; economía solidaria; neoliberalismo; economía sustantiva

ABSTRACT

This paper presents elements of social thought and of concepts developed by Karl Polanyi, in confrontation with economic neoliberalism, and draws a parallel with the current struggle against neoliberalism. Differences emerge when Latin America is considered: a bias that might be qualified as Eurocentric, which excludes considerations about the co-constitution of America and Europe, the structural heterogeneity that produces an incomplete market economy. However, it is coherent between Polanyi’s contribution and the proposal for building another economy with the collaboration of practices of social and solidarity economy, which is outlined in the present paper.

Key words: Polanyi; solidarity economy; neoliberalism; substantive economics

Introducción

Karl Polanyi y la propuesta de que otra economía es posible

La obra de Karl Polanyi (2003 e 2008) puede contribuir a la elaboración de esquemas mentales que ayuden a desentrañar el sentido y las posibilidades de las prácticas económicas conocidas como de Economía Social y Solidaria (ESS). Esto requiere un trabajo previo de esclarecimiento sobre qué es lo económico, cuestión que el redescubrimiento de Polanyi permite retomar.1

Como otros grandes pensadores que no solo escribieron sino que hablaron públicamente a lo largo de épocas de fuertes transformaciones, el conjunto de su obra leído simultáneamente puede ser visto como ambiguo y hasta contradictorio.

En todo caso, consideramos que la obra de Polanyi está abierta a desarrollos diversos y es extraordinariamente fértil para pensar en momentos de gran incertidumbre. No buscamos un conocimiento polanyiano definitivo y coherente que pueda ser igualmente válido para caracterizar y explicar las dos mayores crisis del capitalismo global, las diferencias o similitudes en sus orígenes liberales o neoliberales y el período de capitalismo organizado (los treinta gloriosos años) que media entre ambas. No buscamos tampoco una ley general del doble movimiento que pretenda proyectar un posible fascismo o estatismo en un futuro post-neoliberal (posibilidades que están presentes como amenaza en los saltos mentales al vacío que provoca la incertidumbre). Tampoco argumentaremos que hoy Polanyi propiciaría la Economía Social y Solidaria como salida a la crisis de reproducción social. Nos interesa en cambio su autorizada y sugerente contribución crítica al programa de las ciencias sociales en coyunturas de transición epocal como la que atravesamos, y es desde adentro de ese programa en construcción que intentaremos pensar.2

Resumimos la lección de Polanyi: no hay una realidad económica necesaria a la que hay que adaptarse o morir, más bien, a partir de cualquier economía empírica, otras economías son siempre posibles. Tambien recogemos su advertencia: aún las acciones más conscientes y bien intencionadas pueden producir resultados opuestos a los buscados.3 Tomamos esto como un sabio consejo: si vamos a hacer propuestas para un cambio societal mayor, es mejor ser cuidadosos, humildes, responsables, conocedores de la historia y reconocedores de la diversidad.

La obra de Polanyi permite organizar un argumento contra la naturalización de la economía que pretende introyectar el neoliberalismo en nuestro sentido común.4 Es el siguiente:

  • a) toda sociedad contiene procesos económicos (actividades económicas recurrentes institucionalizadas) (Polanyi, 2008, pp. 53-78);

  • b) una sociedad no puede perdurar a menos que pueda institucionalizar el proceso económico de tal forma que produzca y reproduzca las condiciones materiales para el sustento de la vida, tanto humana como de la naturaleza externa;5

  • c) al menos desde la modernidad, las economías son construcciones políticas y no el mero resultado natural de procesos evolutivos;

  • d) esas construcciones, para ser viables y no auto-destructivas, deben reconocer la base natural transhistórica que toda sociedad humana necesariamente tiene (como parte de la condición humana los sujetos son sujetos necesitados);6

  • e) los intentos de realizar la utopía que reducir la economía moderna a un sistema de mercados autoregulados es destructiva de lo humano y sus bases naturales.7

La responsabilidad que en estas afirmaciones le cabe al pensamiento social crítico y propositivo fue señalada por Polanyi: el mercado no puede ser reemplazado como cuadro general de referencia mientras las ciencias sociales no logren elaborar un cuadro de referencia más vasto dentro del cual se pueda situar el mercado mismo (Polanyi, 2008, p. 77).

La institucionalización/integración de la economía

La institucionalización de lo económico como construcción

Nos ubicamos dentro del amplio espacio que abre el concepto sustantivo de economía propuesto por Polanyi para orientar el programa de investigación histórica de las condiciones económicas de existencia de cualquier sociedad humana: “un proceso de interacción de los hombres entre sí y con la naturaleza cuyo resultado es la provisión continua de medios materiales que permitan la satisfacción de las necesidades” (Polanyi, 2012). Un proceso que Polanyi visualiza como organizado y estabilizado en cada sociedad mediante la combinación variable de un conjunto de principios o modelos discernibles de institucionalización, que pautan las conductas con contenido económico de personas y grupos, integrándolas como parte de la trama de relaciones constitutivas de esa sociedad.

Polanyi limita esos principios a los de redistribución, reciprocidad e intercambio (comercio o mercado), por lo que ha sido tachado de circulacionista. En un intento de completar ese conjunto de principios de integración social de los procesos económicos, hemos incluido los principios de autarquía (producción para el autoconsumo, mencionado pero finalmente excluido por Polanyi), producción social (relaciones sociales de producción, organización de los procesos de trabajo y su relación con la naturaleza), distribución (apropiación por los productores directos o por una clase dominante), consumo (consumismo, consumo prudente de lo necesario), coordinación (mercado, planificación). No vamos a desarrollar tal esquema ampliado en este trabajo.8

En resumen: el sentido de la integración de la economía por la sociedad es institucionalizar las actividades de producción, distribución, circulación y consumo de los miembros de la sociedad de manera que ésta mantenga su cohesión como tal y reproduzca sus bases materiales constituidas, en última instancia, por la vida de los miembros de la sociedad y de la naturaleza “externa”. Por supuesto que “la sociedad” y “la vida” resultan abstractos. Hay la vida del esclavo y la vida del amo, la vida de los proletarios y la de los capitalistas, la de los colonizados y los colonialistas. Por otro lado, la reproducción social es mucho más que reproducción de la base material de la vida, pero sin esa base no hay vida social con todas sus contradicciones, ni mundo simbólico. Por lo demás, lejos de ser un puro metabolismo, la participación en la economía genera valores, reglas, visiones del mundo, sentimientos, etc. El mero hecho de ser una interacción entre hombres supone lenguaje y modos de comunicación, como Habermas señala reprochando a Marx no haber tenido suficientemente en cuenta este aspecto de las relaciones sociales de producción (Habermas, 1981, pp. 131-180).

La institucionalización parece poder ser resultado de procesos históricos sin sujeto (cristalización de usos o costumbres) o con sujeto (e.g. el estado moderno o las mismas fuerzas políticas que lo fundan), y puede prospectivamente ser eficaz para la reproducción social o no serlo. Así, la forma capitalista de institucionalizar la economía durante el Siglo XIX en base al modelo de individuación egocéntrica utilitarista de los integrados, y con la pretensión del dominio del mercado autorregulado (precios formados en el juego de oferta y demanda agregadas), fue resultado de una construcción política parte de la cual Polanyi describe en La Gran Transformación (LGT) y que el liberalismo económico condujo a situaciones insostenibles que generaron nuevas acciones desde la política (fascismo, socialismo estatista, socialdemocracia, cada una con su propio proyecto social) en un doble movimiento que Polanyi interpreta no como movimiento mecánico sino como dirigido con la intención de superar las tendencias a la autodestrucción de la sociedad. Lo que está en juego entonces es la posibilidad de subsistir como todo social (esto no implica armonía ni ausencia de contradicciones internas) ante procesos o políticas expresas que ponen en alto riesgo el basamento material de la vida humana.

Pero no se trata de confirmar la hipótesis observando el fin definitivo de la vida en la tierra, sino de actuar cambiando de curso para evitar las graves anticipaciones de ese fin. Estamos, al hacerlo, participando en el movimiento defensivo de la sociedad humana, no de la pretendida sociedad de mercado que lleva a su autodestrucción. Y la Economía Social y Solidaria es una propuesta – entre otras – para organizar esa defensa de la sociedad. No se trata de recalcular la mejor asignación de los recursos con precios “sociales” en un mundo en incierta transición. Más que racionalidad exacta se busca institucionalizar la economía subordinando los comportamientos al principio ético de la racionalidad reproductiva de la vida de todos, pautar la razonabilidad y prudencia, maximizando la seguridad de la reproducción de la vida de todos, partiendo del principio de que la vida del individuo humano aislado es un imposible y que el reconocimiento del otro y la valoración de su vida es condición de la superación de las tendencias del mercado egocéntrico. En todo esto, el posible final de la sociedad humana debe diferenciarse claramente de la discusión sobre el derrumbe del capitalismo al sucumbir por las propias contradicciones internas del sistema de acumulación.

Extraemos de los trabajos de Polanyi la idea-fuerza de que el liberalismo y el neoliberalismo entran en contradicción mortal – institucionaliza la economía de manera que tiende a destruir la sociedad – generando condiciones para una necesaria y posible reinstitucionalización que, agregamos, puede (socialismo?, economía social y solidaria?) o no (fascismo, socialdemocracia) implicar un cambio en el Modo de Producción.9

Algunas consideraciones desde la periferia latinoamericana

El comercio colonial

Polanyi hace un aporte muy significativo para la teoría de la economía social cuando plantea la necesidad de diferenciar entre comercio y mercado. Por mercado se refiere a un sistema de intercambio en que se absolutiza el principio egocéntrico de trocar para ganar, ganar para acumular. La lógica del mecanismo de mercado tiende a barrer con las diferenciaciones entre grupos y personas, los vuelve indiferentes –conmutables – y a través de la mercantilización de todas las dimensiones de la vida destruye las bases de la misma existencia de seres humanos en sociedad; y lo hace en un proceso de culto a la ilimitación, como demuestra la lógica de la acumulación de capital montada en un proceso de industrialización, mecanización y automatización, independizado del sentido de lograr el sustento de todos. Esto a su vez lleva a modos de individuación que reducen las personas a poseedores-consumidores que no se hacen responsables por las consecuencias de sus acciones sobre otros o sobre la naturaleza. En cambio, por comercio se refiere a un sistema de intercambio administrado o sujeto a costumbres, que cuida de conservar las sociedades que participan. Es de destacar que los activistas de la Economía Social y Solidaria hablan de comercio justo y no de mercado justo (que sería un oximoron, pues no hay pretensión de justicia en los principios de comportamiento del mercado).

Tal diferenciación, siendo útil, es incompleta cuando se la mira desde la periferia del mundo occidental (las ex colonias o ámbitos de imperialismo de Europa y EEUU). Efectivamente, aún si no se utilizaron los mecanismos de formación de precios de mercado, el comercio administrado impuesto dentro de una estructura de poder colonial puede haber sido coherente con el progreso de las sociedades centrales,10 pero fue destructivo (más precisamente: no cuidadoso sino genocida) para las sociedades periféricas.11 En todo caso, en ese casos de comercio administrado ya está instalado el utilitarismo, operando con un poder central que busca cohesionar en un todo asimétrico sociedades con culturas fuertemente diferenciadas. Se comercia administrando la distribución asimétrica de las ventajas entre metrópoli y colonia.

La posterior posibilidad de comerciar libremente (propuganada por muchos de nuestro próceres de la independencia), y que fueran los individuos (personas naturales y personas jurídicas)12 quienes tomaran la iniciativa de ganar mediante el comercio, podía entonces aparecer como una liberación del despotismo de los poderes coloniales administradores. Sin embargo, aún con libre comercio iban a operar otros mecanismos propios de un sistema-mundo desigual (intercambio desigual, dependencia) aun cuando hubiera liberación de la esclavitud o la servidumbre, una libertad tan aparente como la de los proletarios amenazados por el hambre a la que se refiere Polanyi.

La heterogeneidad estructural

Aún hoy, desde la periferia del sistema-mundo, donde el proceso de industrialización, de individuación y de desarrollo de las condiciones para el funcionamiento de los mercados continua lejos de haberse completado, es fácil observar fenómenos que indican algo que tal vez sea menos visible en los países del centro de occidente: la economía no se reduce a economía de mercado. Existen sectores de la economía (en sentido sustantivo) no monetizados, partes importantes de la naturaleza y del trabajo que no han sido mercantilizados, y todos los principios, incluido el de administración doméstica, tienen peso en una economía plural (Laville plantea esto pero como una posibilidad lógica universal, sin diferenciar empíricamente entre sociedades del centro y de la periferia…).13 A pesar del proceso secular de destrucción violenta-sobreconformación de estructuras comunitarias (Ayllu-Encomiendas) mediante el coloniaje despótico y la mercantilización,14 en la actualidad sobreviven y se reproducen, incluso de manera ampliada, formas económicas con distinto grado de hibridación, propias de las redes de mutualidad-reciprocidad y la administración doméstica (familias nucleares o extendidas, redes de parentesco, vecindarios, comunidades rurales relativamente autárquicas, comunidades indígenas, que mantienen una red de relaciones de autoabastecimiento y cuidado fuera del mercado, en defensa de su integridad, incluso si la opción del mercado puede parecer más ventajosa en lo inmediato).15 Igualmente, el peso del Estado y el principio de redistribución (entre sectores y clases sociales, entre géneros y etnias, entre ramas de la economía, entre regiones, etc.), siguen operando efectos, y son atacados abiertamente cuando son progresivos por fuerzas políticas (interestatales o nacionales) como las que promovieron el mercado total, mientras son impulsados por otras fuerzas (los industrialistas, los sindicalistas, los sectores pobres, movimientos reivindicativos de la tierra y el agua, la lucha contra las leyes de propiedad intelectual global, etc.). El estudio de la economía requiere tomar en cuenta que los principios no se imponen y substituyen por el mero transcurso del tiempo, sino que son asumidos y defendidos como bandera por distintas fracciones de clase o fuerzas sociales.16

En adición, dentro de la economía dominada por el mercado, y aun con una perspectiva empresarialista, se reconocen fuertes segmentaciones y puede diferenciarse un gran sector inorgánico de emprendimientos mercantiles de la economía popular urbana y rural, con relaciones de producción familiares, comunitarias o asociativas (pero informales). Desde nuestra propia perspectiva, las unidades económicas populares no son los emprendimientos mismos,17 que compiten en el mercado con las empresas de capital y luchan por sostenerse viables, sino las unidades domésticas familiares o comunitarias de los cuales los emprendimientos mercantiles son una extensión articulando prácticas orientadas por el principio de mercado pero subordinadas al principio de administración doméstica. Esas unidades domésticas hibridan recursos y combinan diversas formas de inserción económica de sus capacidades y recursos en el sistema de división social del trabajo procurando la reproducción ampliada de la vida de sus miembros. En esto juega un papel importante la economía pública, proveedora de bienes y servicios públicos parcialmente o no monetizados en absoluto. Estos bienes pueden verse como una institucionalización de lo económico por el principio de redistribución, pero también como una institucionalización por el principio de reciprocidad/mutualidad (sistemas de seguridad social de reparto), y el principio de plan (anticipación de necesidades sociales de educación, salud, crecimiento de las ciudades, etc.).

Polanyi y la relación Europa-América

Como un subproducto inesperado, nuestra lectura de Polayi señala un aparente silencio, que podría ser significativo, en la obra de Polanyi que conocemos hasta ahora, y que puede dar lugar a la circulación de otros trabajos de Karl Polanyi, a refutaciones o a explicaciones e interpretaciones de tal silencio: la ausencia de consideración, en su análisis del surgimiento del sistema-mundo capitalista, del co-nacimiento de Europa y América, del centro y la periferia de ese sistema-mundo.

No es que Polanyi no advirtiera la violencia de la unidireccionalidad del comercio: "Lo que distingue el comercio de la búsqueda de presas, de un botín, de maderas de esencias raras o de animales exóticos, es la bidireccionalidad del movimiento que le confiere también su carácter generalmente pacífico y bastante regular".18 También hace referencias al imperialismo, y explica que los efectos de degradación y hasta extinción que provocaba en las poblaciones de las regiones semicoloniales contribuían a limitar el comercio interno en los países centrales por temor a experimentar consecuencias similares.19 En efecto, nada de pacífico tuvo el saqueo de América Latina y de África, de recursos naturales y de personas esclavizadas, que es aún hoy una fase o un elemento del desarrollo del Capital, constituyendo lo que Marx denominó “acumulación originaria”, sin la cual el Capital y el Capitalismo no hubieran podido formarse ni podrían hoy reproducirse. Pero tampoco fueron sin violencia las formas posteriores que tomó la relación centro/periferia, el imperialismo económico y la dependencia política, los manejos de las deudas que fueron desde los bloqueos por flotas extranjeras hasta las condicionalidades del FMI y el BM. Cabe preguntarse si la acumulación originaria,20 que no sólo se dio mediante los cercamientos y las leyes de pobres en Europa sino en la relación de dominio y exacción de los pueblos americanos y africanos, fue una fase histórica que ya estaría agotada porque el capital puede reproducirse sobre sus propias bases.21 En cambio compartimos la tesis de Meillasoux (1977) de que la acumulación originaria ha acompañado a toda la modernidad y continúa con formas más o menos pacíficas: la minería a cielo abierto o la extracción de petróleo avanzando sobre el hábitat indígena o popular, el patentamiento de conocimientos ancestrales como propiedad privada, la imposición del cobro usurario de deudas ilegítimas, o la continuada explotación indirecta del trabajo doméstico de mujeres y niños, ahora a escala global, o el uso del Estado para consolidar la propiedad privada de recursos que son patrimonio de pueblos ancestrales o de la humanidad.22

Desde la perspectiva latinoamericana, es evidente la parcialidad (al menos en los trabajos que conocemos de Karl Polanyi) en la explicación del surgimiento del capitalismo en Europa cuando se construye sin considerar la relación ya mencionada entre el colonialismo y la formación de Occidente como centro del sistema-mundo capitalista.23 Los valiosos análisis que hemos considerado están centrados en la lucha contra el evolucionismo naturalizador de la economía de mercado y el homo economicus, en la conjunción de los procesos de formación del estado nacional moderno y la creación política de condiciones para que pudiera funcionar un sistema de mercado (mediante la mercantilización de la naturaleza y el trabajo humano). No aparece en cambio registrado el gigantesco proceso de conformación de una economía-mundo centrada en la relación Europa-Centro/América-Periferia. De otra manera lo ven autores como Aníbal Quijano,24 que ha dado lugar a una escuela de pensamiento alrededor de la colonialidad. Fue la ocupación y saqueo de América25 lo que puso en marcha el proceso de formación de la modernidad tal como la conocemos, generando a la vez conceptos fundantes como el de poder-dominio y el de raza, o inspirando la interesada teoría política de autores como Locke para justificar la relación colonial y el esclavismo en base a los derechos humanos y la definición de ciudadano como propietario.26 Esta relación de co-constitución fue material, política e ideológica. El concepto de progreso así como las utopías europeas de los siglos XVI-XVIII no pueden explicarse sin la experiencia de descubrimiento de América.27

Si el concepto de América fue incluso previo al de Europa, si la formación de los Estados Nación y del sistema capitalista mundial centrado en Europa no pueden comprenderse a cabalidad sin el comercio abiertamente colonial y luego como intercambio desigual entre las nacientes repúblicas de América y los Estados-Nación europeos (y posteriormente entre Estados Unidos de Norteamérica y el resto de América), hay aquí una tarea significativa para completar la obra de Polanyi como explicación del surgimiento del sistema-mundo capitalista, déficit que no es achacable a Polanyi, que no se propuso ese objetivo, sino eventualmente a sus lectores y seguidores.

Principios de integración y modos de producción

Por otro lado, desde las sociedades altamente heterogéneas de la periferia no resulta tan fácil admitir que la tópica polanyiana de la pluralidad de principios de integración social habilite la disolución total de la tópica marxista de la Formación Económico Social (la articulación, en sociedades concretas, por el modo capitalista de otros modos de producción, donde capitalismo y mercado no son términos intercambiables). Por lo pronto, es importante incorporar el análisis histórico que inspira Aníbal Quijano, cuando señala que el pensamiento europeo produjo un concepto de tiempo unilineal, en el que ubicó el modo de ser europeo en el presente y futuro, como autoconstrucción (cuando no podía haberse dado sin la construcción de América) y las formas de las altas culturas americanas como formas “primitivas”, salvajes, prehistóricas, más como parte de la naturaleza que de la humanidad. Y que las formas de explotación del trabajo no formalmente capitalistas (como la pequeña producción campesina o artesanal, las formas de servidumbre de las comunidades que pudieron salvarse del genocidio, el esclavismo de los negros) fueron en realidad articuladas en un sistema de explotación capitalista, lo que aún perdura como “nuestro” modo de ser parte del capitalismo. Esto lleva a pensar si la reciprocidad que hoy encontramos tiene algo que ver con la reciprocidad ancestral, o si tiene el mismo sentido. De ser un modo de organización de la economía para asegurar la autonomía, puede haber pasado a ser una forma de subsidio al capital en el proceso de reproducción de la fuerza de trabajo. Y este análisis se potencia cuando se hace en el contexto del conjunto de relaciones de la sociedad.

Un problema derivado es que, si bien se define la economía como un sistema de producción, distribución (movimiento de apropiación), circulación (transporte, almacenamiento, intercambio, compra-venta simultánea o a crédito con formación de deudas), y consumo, el análisis de Polanyi o de sus intérpretes/continuadores se centra en los modos de distribución (apropiación directa y/o mediada por un centro) y de circulación. Hay poca referencia a las relaciones de producción,28 a la organización del proceso de trabajo en la transformación material (salvo la referencia a la vertiginosidad y voracidad de escala que introdujo la maquinización) y a los modos de consumo (definición de las necesidades, su relación con los deseos, la determinación de los satisfactores y la tecnología del consumo mismo como relación social).

En todos estos aspectos es preciso incluir la discusión planteada por la teoría de la dependencia originada en América Latina y la teoría que se inspiró parcialmente en ella: el Sistema-Mundo de Wallerstein. Aún si incorporamos (como creemos debe hacerse) la tópica de los modelos de integración social de lo económico, esas otras cuestiones no pueden dejarse afuera, al menos para entender lo esencial de la historia de las formaciones sociales de América Latina. Y también para hacer la crítica no sólo de la mercantilización del trabajo y la naturaleza sino de las formas de organizar la producción, el metabolismo sociedad-naturaleza y de definir las necesidades, todo lo que la economía sustantivista permite pone en el centro de atención.

Esto tiene consecuencias además para pensar las alternativas: no se trata meramente de tomar el poder de la propiedad, de los mecanismos de redistribución, o de propiciar las relaciones de autarquía o ayuda mutua sobre la misma base de cultura productivista y consumista que forjó el capitalismo. Otra Economía implica un cambio civilizatorio, otro sistema de mediaciones, desde la base del metabolismo sociedad/naturaleza, desde la redefinición emancipadora de la división del trabajo y del trabajo mismo.29 Sin una crítica al proceso socio-técnico de trabajo capitalista – el dirigido por el capital empresarial o el que aparenta ser autónomo – no surge la visión más dialéctica que advierte que el trabajo responde a fines utilitarios desde la perspectiva del capital o del trabajador, pero “también trabajamos” – declara Mauss (1924) – “porque tenemos el sentimiento del deber, por dignidad, por conciencia, y antes que nada porque sentimos y nos alegramos de sentir el progreso regular, gradual y cotidiano de nuestras búsquedas” (1969[1924], p. 635).30 No se trata entonces de recuperar la centralidad del empleo y la generación de ingresos, sino de redefinir el sentido del trabajo y de las necesidades humanas.

La posible anomia teórica del indeterminismo

Pero hay más cuestiones teóricas. Si los precios son tan importantes en una economía de mercado, cabe preguntarse si hay alguna ley tendencial que rige su formación. Aquí, mientras Marx reconoce la acción de la oferta y la demanda, postula que subyacen precios de producción que dependen de la composición del capital, de su velocidad de rotación y de la tasa de explotación y plantea tendencias intrínsecas del modo de producción capitalista que se manifestarían en la ley tendencial a la caída de la tasa de ganancia así como en la tendencia a la pauperización de los trabajadores. O recordemos la tesis de Presbish sobre la tendencia en los términos del intercambio entre economía industriales y primario-exportadoras.

Por su lado, Polanyi parece no apreciar la teoría del valor-trabajo de formación de los precios y atenerse a la ley de la oferta y la demanda que, sin duda, opera en el corto plazo. Pero esto nos dejaría en un mundo contingente sin tendencias discernibles (por hipotéticas que fueran) salvo las catastróficas consecuencias de los intentos de totalización del mercado. Siendo bueno no retomar versiones ideologizadas del determinismo económico finalista, abandonar la hipótesis de que hay grados y formas de determinismo nos dejaría en un mundo político, sí, pero puramente decisionista. Esto no puede ser ignorado, y creemos que resulta inevitable el regreso de consideraciones ontológicas críticas, en ningún caso para recaer en un determinismo de las estructuras que no permite pensar la política.

Por otro lado, la autorregulación no es un proceso mecánico cuyo movimiento puede ser anticipado exactamente, sino que supone que en la sociedad capitalista y en toda sociedad se registran luchas, conflictos antagónicos o agónicos, que pueden efectivamente estar expresados en el mercado (por ejemplo en la lucha por el salario o por los precios de los medios de vida o de los servicios ambientales. Esto es tan importante como analizar y teorizar qué ocurre en el interior de los diversos modelos capitalistas de organización del trabajo así como subrayar la dimensión emancipadora en la disputa del control del proceso de trabajo que debe ser parte del programa de construcción de otra economía.31

De lo contrario, el conjunto de las luchas sociales, propio de la política, queda fuera del campo de la indagación de la economía como sistema, pues cae en el dominio de la libertad de opción de los seres humanos, no sujeta a leyes determinables. Esto sería paradójico para una teoría sustantiva que advierte que hay leyes de lo económico, pero nos limita a describir y analizar desde la empiria cada caso, muñidos de ciertos conceptos que no alcanzan a constituir una teoría (falible, por supuesto) del movimiento histórico. Un punto no menor es que la casuística del doble movimiento debería incluir no sólo la Revolución Soviética y la instauración del modelo fordista-keynesiano, sino otras revoluciones socialistas de la periferia, fallidas o exitosas, así como las grandes manifestaciones democráticas que recientemente experimentaron Venezuela, Ecuador y Bolivia, que, en los tres casos, levantan la consigna de una economía popular, social, solidaria o comunitaria.

Sobre la Economía Social y Solidaria

Vamos a resumir nuestro esquema conceptual relativo a la Economía Social y Solidaria y su programa de acción, de modo que algunas de las convergencias o diferencias con el pensamiento de Polanyi puedan ser resaltadas.32

Adoptamos una definición sustantiva de economía: el sistema de instituciones, valores y prácticas que se da una sociedad para definir, movilizar, distribuir y organizar capacidades y recursos a fin de resolver de la mejor manera posible las necesidades y deseos legítimos de todos sus miembros (reproducción ampliada de la vida de todas y todos, e intergeneracionalmente). Se retoma aquí la idea central de Polanyi: las economías modernas son construcciones políticas, sea a cargo de democracias o de dictaduras. Marcar como sentido la resolución de las necesidades y deseos legítimos de todos implica que se mantiene la idea de Polanyi de que las vías de institucionalización deben ser procesadas por una democracia participativa y no por un poder político de elites.

En nuestra visión, las unidades domésticas populares, sus extensiones ad-hoc (como los emprendimientos mercantiles) sus comunidades y sus asociaciones voluntarias, marcan el contenido material de esa parte de la economía mixta bajo dominación capitalista que llamamos economía popular: la reproducción de la vida de sus miembros (racionalidad reproductiva).33 El trabajo es su principal capacidad, pero cuentan también con otros recursos y una potencia en acto de producción y reproducción de riqueza (valores de uso producidos o naturales) que queda oculta para la ideología económica hegemónica pero es de gran peso económico. Es usual la combinación de inserciones: trabajo para el autoconsumo doméstico, trabajo por cuenta propia, asalariado, asociativo, cooperación en la producción, en la comercialización, producción para el autoconsumo de bienes públicos a niveles locales, etc.

A nuestro juicio, el programa de la Economía Social y Solidaria supone reconocer como base material de última instancia el principio de producción humana para el autoconsumo, desarrollar (complejizar) a partir de la economía popular y la economía pública las prácticas cooperativas, comunitarias y solidarias, luchar por la redistribución progresiva de recursos productivos y bienes públicos, impulsar formas democráticas de gestión de los colectivos de producción y de lo público, ganar autonomía respecto a la dirección del capital y desarrollar la capacidad de regular procesos ciegos como el mercado monopolista o el competitivo autorregulado, asumiendo como objetivo estratégico la reproducción ampliada de la vida de todos y todas (solidaridad ad-extra) (Lisboa de Melo, 2007). Esto no puede limitarse a reconocer y remunerar el trabajo doméstico en su sentido corriente, o a promover emprendimientos familiares a nivel microeconómico, o a focalizarse en determinados sectores de actividad, como los servicios de proximidad. Incluye una búsqueda – desde lo micro, lo meso y lo sistémico – de otra ética y complejidad de la aparentemente contradictoria solidaridad material (cf. Caillè, 2009), y su objetivo estratégico no es meramente reintegrar los exlcuidos más pobres al mismo sistema de mercado que los excluyo, sino transformar todo el sistema económico. Tampoco se trata de meramente satisfacer las necesidades no cubiertas por el mercado ni el estado, sino de transformar los patrones de consumo y el sistema de satisfactores, resignificando la libertad del consumidor como prosumidor.

Se afirma una ética material: la vida debe ser el criterio de evaluación y reinstitucionalización de las actividades económicas. Esto puede parecer idealista cuando vivimos en sociedades que sin duda existen y se reproducen generando decenas de miles de muertes evitables. Aquí Hinkelammert o Dussel afirmarían que la vida humana pensada como condición individual y por tanto pasible de ser contada y sumada a otras no tiene posibilidad de existencia, que es siempre vida en sociedad, y que el reconocimiento del otro es condición de nuestra propia vida como individuos. Cabe señalar que el límite entre lo fáctico y lo ético no está claro, pues sería posible proponer una ética del dominio como condición de la existencia de sociedades humanas, aún reconociendo que el imperio deberá asegurar el sustento de los diferentes estamentos de la sociedad, y en todo caso en ningún caso de habla de sociedades institucionalizadas de tal manera que sean eternas. Nos parece que aquí es preciso combinar el determinismo natural de la ética (debemos sostener la vida si es que vamos a existir y tener cualquier tipo de fines) con la apuesta a una sociedad democrática que pueda debatir, elaborar y codificar no sólo conceptos particulares de la buena vida sino de la vida social en general.

Se trata de continuar y actualizar las críticas Marxiana y Polanyiana del liberalismo, ahora neoliberalismo, que propone resolver la institucionalización de la economía como un sistema de mercados abarcador de cuanta actividad humana pueda ser organizada como negocio individual. Esa economía orientada por la utopía de mercado perfecto produce una ética individualista y socialmente irresponsable, y que hace del crecimiento y la acumulación el criterio de eficiencia económica. La crítica teórica y la evidencia empírica -particularmente en América Latina, donde de manera expresa y conciente se experimentaron en nuestros pueblos esas tesis en condiciones extremas- confirman la tesis de Polanyi de que esa propuesta se basa en falacias y es un discurso elaborado para reproducir estructuras de poder de elites, con dominio (hasta con dictaduras) o con hegemonía (ahora con instrumentos tan poderosos como los medios de masas, convertidos en negocios privados).

En términos de Polanyi, la Economía Social y Solidaria afirma el objetivo posible de construir un sistema económico nacional y regional que articule los principios de integración antes expuestos atendiendo a las diferentes condiciones de partida (las sociedades andinas y mesoamericanas, las caribeñas, las del Cono Sur) de manera de generalizar instituciones democráticas, en las que podamos ir aprendiendo progresivamente a articular libertad e igualdad. Se trata de ir hacia una sociedad con mercado y no de mercado. En esto es crítico lograr otra relación entre Estado, economía y sociedad y evitar las opciones absolutistas que reiteradamente se plantea entre esos términos.

Al final de LGT, Polanyi da pautas para un programa radical de Economía Social y Solidaria. Aunque erró al afirmar que “gran parte del sufrimiento enorme, inseparable del proceso de transición, ha pasado ya” sus lineamientos estratégicos siguen firmes para la nueva transición:

  • 1) sacar al trabajo del mercado, desprivatizando los contratos de trabajo asalariado al instalar como una cuestión social y política las relaciones sociales de producción capitalista, agregando ahora la expansión y articulación de un sector cada vez más complejo de ESS basado en organizaciones autogestionarias de trabajadores vinculadas por redes de cooperación, responsabilidad y solidaridad con el otro;

  • 2) limitar el sometimiento de la tierra respecto del mercado, hoy planteada por los movimientos indígenas y ecológicos como desmercantilización de la naturaleza, respeto a los territorios y a los ecosistemas. Por extensión, tal como plantea Polanyi, se trata de avanzar en la soberanía alimentaria (incluyendo el agua) y energética, que implica desmercantilizar los medios básicos de alimentos y de energía de los pueblos del mundo. Aquí se conjuga la racionalidad reproductiva con un grado imprescindible de autarquía en ámbitos a definir en cada sociedad;

  • 3) recuperar de la competencia de los Estados o de organismos interestatales controlados democráticamente en relación a cuestiones de emisión monetaria, productos financieros, orientación del ahorro, el crédito y la inversión, con desarrollo de la capacidad de las ciudadanías para participar en la discusión de prioridades y vías institucionales, algo tan actual como cualquier lector de diarios puede advertir.

Esta plataforma supera la diferenciación neoliberal entre lo económico (como segunda naturaleza) y lo social (dominio de la voluntad política, relativo a la atención de los pobres, excluidos y discriminados) y de ningún modo se limita a promover caminos autogestionarios de microemprendimientos asociativos, o la ocupación de nichos de necesidades que el mercado y el modelo redistribuidor asistencialista no atienden. Se trata de mucho más: de encarar la reestructuración del conjunto del sistema económico, las instituciones jurídicas, de justicia, educativas, de protección pública, las definiciones y accesos plurales a la disposición/propiedad de los recursos, la reingeniería del sistema financiero y bancario, del sistema fiscal y de inversión pública, de las regulaciones laborales, del sistema educativo, de la gestión de los recursos públicos, de la deuda pública, de controlar los sistemas de innovación tecnológica, de impulsar instituciones participativas en que el saber práctico y el científico se encuentren, atendiendo a los problemas cotidianos en un marco de prospectiva y planificación de los principales procesos del desarrollo humano, desde lo local a lo nacional y lo regional. Esto debe ser hecho no por un poder central omnímodo y esclarecido, sino con la participación y el continuo aprendizaje de las mayorías populares y sus organizaciones y movimientos, sea porque toman la iniciativa, sea porque refrendan las propuestas iniciadas desde el Estado (las constituyentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia y sus respectivos procesos democráticos muestran que ese camino es plural, posible, conflictivo y largo).

Con diferencias entre subregiones, en América Latina partimos entonces de una economía mixta bajo dominación capitalista, donde Otra Economía deberá construirse con la convergencia de acciones públicas y la autoorganización de una sociedad conciente de su potencial y de la imposibilidad de que el sistema de mercado reintegre la sociedad con justicia y libertad. Según la coyuntura, como se dijo, la iniciativa podrá ser inicialmente de los gobiernos (Venezuela) de los actores colectivos (la guerra del agua en Cochabamba, el Movimiento sin Tierra en Brasil) o de la conjunción de ambos (Ecuador). A ello hay que sumar procesos diversos de orientación popular, el de Argentina o aún menos definido, el brasileño. Y esto variando con el proceso de maneras no previsibles. En todo caso, la tarea de construir otra economía se plantea como imperativo ético, basado en la necesidad previa de vivir como sociedad para poder discutir qué abanico de buenas vidas y qué instituciones distintas admite o quiere cada pueblo.

El programa de la Economía Social y Solidaria ve a las prácticas de construcción de Otra Economía como una larga transición, donde cabe experimentar y aprender de la experiencia propia y de otros. No hay modelo más allá de la necesidad de no absolutizar ningún modelo (ni “mercado solidario”, realmente un oximoron, ni homo reciprocans). No hay sujeto histórico pre-visto deducido teóricamente ni ya listo para asumir la propuesta. La construcción de Otra Economía es un proceso político cuyos sujetos emergerán en el mismo proceso. La naturaleza de los sistemas de poder es las sociedades capitalistas obliga a una lucha contrahegemónica cuyas variantes dependerán de la coyuntura, pero en todos los casos la lucha cultural prolongada que nos espera incluye como elemento fundamental la desnaturalización de la economía.

América Latina está en un inevitable proceso de creación de una pluralidad de formas de economía alternativa. Al hacerlo hereda y abona un piso firme y fértil basado en nuestra propia historia para avanzar por los caminos objetivamente necesarios de construcción de otra economía. Como periferia ex-colonial expoliada de Occidente, la propuesta del Estado desarrollista modernizador (la versión para América Latina del Estado de Bienestar de los gloriosos treinta años de posguerra) no pudo completar su tarea. Subsistió y mostró resiliencia un grueso sector de economía popular basada en el trabajo autogestionado, mercantil y no mercantil. Y lo que se avanzó hacia una sociedad semi-industrial (dependiente), fue desmantelado en muchos de nuestros países por dictaduras y democracias neoliberales. Pero no se trata ahora de intentar anacrónicamente instalar o reinstalar la versión europea del estado social. Lejos de que la mayoría de las necesidades fueran resueltas por el mercado o el Estado, la pobreza estructural – rural y urbana – no pudo ser erradicada en la mayoría de nuestros países y a ella se sumó la nueva polarización de la distribución del poder y la riqueza, con el empobrecimiento de las clases medias, alcanzando tasas que promedian un 50% de pobres (que para los estándares de consumo del Norte serían indigentes), por lo que grandes mayorías de nuestros ciudadanos siguieron apelando a formas no capitalistas de producción para la supervivencia, manifestado en la perduración de formas campesinas, comunitarias y en el gran sector informal urbano. Nuestro desafío es, sin embargo, no limitar nuestras prácticas a los sectores indigentes – algo a lo que tienden las prácticas y hasta las teorías de la economía solidaria en la región –, sino lograr la autoconvocatoria (o la convocatoria desde legítimos gobiernos populares) de comunidades locales heterogéneas y alianzas tan amplias como se pueda para participar en la pugna por otro desarrollo, por otra humanidad.

Referencias

ARICÓ, J. (1982). Marx y América Latina. México, Alianza Editorial Mexicana. [ Links ]

CAILLÈ, A. (2009). “Sobre los conceptos de economía en general y de economía solidaria en particular”. In: CORAGGIO, J. L. (org.). Qué es lo económico. Materiales para un debate necesario contra el fatalismo. Buenos Aires, Ciccus. [ Links ]

CAILLÈ, A. e LAVILLE, J.-L. (2008). “Actualité de Karl Polanyi. Postfacio”. In: POLANYI, K. Essais de Karl Polanyi. Paris, Seuil. [ Links ]

CORAGGIO, J. L. (1998). Economía urbana. La perspectiva popular. Quito, Abya-Yala. [ Links ]

CORAGGIO, J. L. (org.). (2007). La economía social desde la periferia.Contribuciones latinoamericanas. Buenos Aires, UNGS/Altamira. [ Links ]

CORAGGIO, J. L.(2008). Economía Social, Acción Pública y Política. Buenos Aires, Ciccus. [ Links ]

CORAGGIO, J. L. (2011). Economía social y solidaria. El trabajo antes que el capital. Alberto Acosta y Esperanza Martínez (eds). Quito, Abya-Yala. [ Links ]

GAIGER, L. I. (2007). “La economía solidaria y el capitalismo en la perspectiva de las transiciones históricas”. In: CORAGGIO, J. L. (org.). La economía social desde la periferia. Contribuciones latinoamericanas. Buenos Aires, UNGS/Altamira. [ Links ]

GARCÍA, R. (2006). Sistemas complejos. Barcelona, Gedisa. [ Links ]

HABERMAS, J. (1981). La reconstrucción del materialismo histórico. Madri, Taurus. [ Links ]

HINKELAMMERT, F. J. (1984). Crítica a la razón utópica. San José de Costa Rica, DEI. [ Links ]

HINKELAMMERT, F. J. (2005). El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido. Costa Rica, EUNA/Heredia. [ Links ]

HINKELAMMERT, F. J. e MORA, H. (2009). Economía, Sociedad y Vida Humana. Preludio a una segunda crítica de la economía política. Buenos Aires, UNGS/Altamira. [ Links ]

LANDER, E. (comp.) (2000). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, Clacso/Unesco. [ Links ]

LAVILLE, J.-L. (2006). Définitions e t institutions de l’économie. Pour un dialogue maussien. Revue du MAUSS, n. 27. Paris, Découverte. [ Links ]

LAVILLE, J.-L. (2008). Los servicios de proximidad en Europa: en perspectiva con la economía popular. Otra Economia, n. 3. Disponível em: http://www.riless.org/otraeconomia/ [ Links ]

LISBOA DE MELO, A. (2007). “Economía solidaria: una reflexión a la luz de la ética cristiana”. In: CORAGGIO, J. L. (org.). La economía social desde la periferia. Contribuciones latinoamericanas. Buenos Aires, UNGS/Altamira. [ Links ]

MAUSS, M. (1924). Intervention à la Société Française de Philosophie sur les fondements du socialisme (28 de febrero de 1924). Cohésion sociale et divisions de la sociologie. Œuvres. Marcel Mauss, III, Editions de Minuit, 1969 [1924], Marx, Karl, Introducción general a la crítica de la economía política/1987, Cuadernos de Pasado y Presente, n. 1, Córdoba, 1968. [ Links ]

MEILLASOUX, C. (1977). Mujeres, graneros y capitales. México, Siglo XXI. [ Links ]

NAVARRO, C. (2008). La acumulación originaria de la economía del trabajo. Elementos para un debate necesario. Tesis de Maestría. Buenos Aires. [ Links ]

NYSSENS, M. (2000). Les approaches économiques du tiers sector. Les contributions théoriques européennes sur la protection sociale et l’économie prurielles. Sociologie du Travail, v. 2, n. 4, Paris. [ Links ]

PATZI PACO, F. (2005). Sistema comunal. Una propuesta alternativa para salir de la colonialidad y del liberalismo. CEA. [ Links ]

POLANYI, K. (2003). La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo (LGT, 1944). México, Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

POLANYI, K. (2012). “La economía como proceso instituido”. In: POLANYI, K. Textos escogidos. Buenos Aires, UNGS/Clacso. [ Links ]

POLANYI, K. et al. (2008). Essais de Karl Polanyi (EKP). Seuil. [ Links ]

POSTONE, M. (2006). Tiempo, trabajo y dominación social. Una reinterpretación de la teoría crítica de Marx. Madri, Marcial Pons. [ Links ]

QUIJANO, A. (1988). Modernidad, identidad y utopía en América Latina. Lima. [ Links ]

QUIJANO, A.(2000). “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”. In: LANDER, E. (comp). La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, Clacso/Unesco. [ Links ]

SINGER, P. (2007). “Economía solidaria. Un modo de producción y distribución”. In: CORAGGIO, J. L. (org). La economía social desde la periferia. Contribuciones latinoamericanas. Buenos Aires, UNGS/Altamira. [ Links ]

VERONESSE, M. (org.) (2007). Economía solidaria y subjetividad. Buenos Aires, UNGS/Altamira. [ Links ]

1 Ver: Qué es lo económico...

2 Con las contribuciones de Polanyi se deben articular, sin duda, las de otros críticos del capitalismo, como por ejemplo K. Marx, M. Mauss, I. Wallerstein, A. Quijano, F. Hinkelammert, G. Arrigi, A. Escobar, E. Dussel,…

3 Speenhamland y el socialismo real son dos ejemplos (Polanyi, 2003, p. 129).

4 Polanyi sustenta este argumento en investigaciones históricas y antropológicas, algunas de las cuales han sido cuestionadas, pero ello no invalida sus conclusiones generales. Ver: Caillè y Laville (2008).

5 Esta proposición fáctica es corroborable, sujeta a una definición empírica de cómo se especifica en cada momento histórico el sustento, dado que la vida no es meramente biológica, sino vida en sociedad. Sobre esta base empírica es que Hinkelammert deriva el imperativo ético de evitar el suicidio y luchar por la vida. Se entiende que hay que diferenciar una sociedad perdurable de una buena sociedad, pero no puede haber confrontación entre proyectos diversos de buena sociedad sin una sociedad con bases materiales para perdurar. Ver: Hinkelammert (2005, cap. I). Ver también Hinkelammert y Mora (2009).

6 En el mismo sentido, ver: Hinkelammert (1984 y 2005).

7 Como muestra la actual crisis que, aunque anunciada desde las teorías críticas, no ha dejado de sorprender a los defensores de la economía de mercado libre.

8 El desarrollo de este esquema pude verse en Coraggio (2011).

9 Aunque la perspectiva institucionalista no substituye al concepto marxiano de Modo de Producción agrega un marco rico, menos determinista o más contingente, para comprender y actuar en el espacio de las prácticas que pretenden mantener o transformar las estructuras sociales existentes. La reinstitucionalización puede tanto ser un cambio en la jerarquización y peso de los modelos básicos de integración social de la economía sin salir del modo capitalista de producción (al estilo de la construcción del estado de bienestar, planificador, redistribuidor y regulador del mercado dio lugar al capitalismo organizado y sus “30 años gloriosos”), como ser parte de un proceso de transición societal más profunda.

10 Cabe discutir si esto fue cierto en el largo plazo para España y Portugal.

11 Igualmente, en el Imperio Azteca el comercio tenía un fuerte contenido de tributación asimétrica.

12 Pero sólo para aquellas personas incluidas en las nuevas leyes, claramente no para los indios ni menos aún para los negros. En cuanto a las personas jurídicas, las empresas, pasaban a tener derechos como los seres humanos!!

13 Ver Laville (2006). La versión traducida y revisada está incluida en este volumen.

14 Algo que KP señala con total claridad en LGT para el proceso de construcción de una economía de mercado dentro de Europa en el siglo XVIII, y que Marx denominó acumulación originaria.

15 Esto toma hoy la forma, por ejemplo, del ya mencionado programa de soberanía alimentaria. Evidentemente los países de Europa y EEUU aplican el principio de autarquía cuando subsidian su producción de alimentos o reservan sus fuentes propias de energía fósil evitando depender totalmente del mercado global.

16 Aquí nos estamos refiriendo, como Polanlyi, a la redistribución secundaria, no a la primaria, fuertemente asociada a la propiedad pero también a los poderes asimétricos en los cuasimercados de factores y de bienes. En un análisis más completo deberíamos a) considerar que el principio de redistribución puede ser revertido en su sentido: concentrar para concentrar la riqueza, en cuyo caso cabe reservar el concepto para el caso de redistribución progresiva y ver esta redistribución regresiva como una extensión del principio de maximización egocéntrica de la utilidad al ámbito del Estado; b) ubicar la consideración de los mercados reales, monopólicos, con capitales en capacidad de influir sobre la oferta y la demanda, incluso sobre los deseos, cuyas relaciones tienen un contenido no sólo de intercambio libremente pactado sino de redistribución de la riqueza mercantil sin la mediación inmediata de un centro político o de una autoridad simbólica. Esto sólo puede captarse con una visión del conjunto de la estructura económica.

17 Ver Coraggio (1998). Para otro punto de vista, ver los trabajos de Luis Razeto en: http://www.riless.org/investigadores_desarrollo.shtml?x=24531.

18 “Ce qui distingue le commerce de la recherche de gibier, de butin, de bois d’essences rares ou d’animaux exotiques, c’est la bidirectionnalité du mouvement que lui confère également son caractère généralement pacifique et assez régulier” (Polanyi, 2008, p. 66).

19 Ver Polanyi (2003, p. 275).

20 Para una aplicación del concepto de acumulación originaria al proceso de transición que denominamos Economía Social y Solidaria, ver Cristobal Navarro, La acumulación originaria de la economía del trabajo. Elementos para un debate necesario, Tesis de Maestría, Buenos Aires, 2008.

21 Algo que parece afirmar Caillé (2009).

22 Aquí podemos coincidir con la búsqueda de realismo de Caillè: hablar de economía de la solidaridad o de las virtudes del asociativismo local sin referirse y proponer acciones relativas al marco global de explotación, limita y vuelve inverosímiles las profesiones de solidaridad.

23 Margie Mendell afirma (comunicación personal) que Polanyi estaba perturbado por el contraste que había encontrado entre las condiciones económicas y de reproducción cultural tan desfavorables para la clase obrera en Inglaterra y la Europa que había conocido antes de emigrar. El concluyó en que en el proceso de industrialización Inglaterra había sufrido ese experimento social conocido como “laissez faire”, proceso que graficó como los “molinos sátánicos”.

24 Ver su “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en Lander (2000, pp. 201-246).

25 Diferenciando entre el Norte, por un lado, y América Central y Sudamérica, en que fueron los reinos de España y Portugal los centros de poder.

26 Ver Hinkelammert (2005, cap. II).

27 Ver Quijano (1988).

28 A nuestro juicio, no alcanza con mencionar que se mercantiliza la tierra y el trabajo, sin algún concepto elaborado de explotación del hombre y la naturaleza, sobre todo si se rechaza la teoría del valor marxiana.

29 Ver: Postone (2006).

30 Para un estudio del imaginario del trabajo que puede emerger en las experiencias de economía solidaria, ver Veronesse (2007).

31 Aunque la economía solidaria usualmente se practica centrada en la integración de los excluidos al mercado que los excluyó y la mejor distribución del valor en el mercado.

32 Hay diversas vertientes y corrientes de economía alternativa en la región. Al respecto pueden verse los trabajos incluidos en Coraggio (2007).

33 Sobre el concepto de racionalidad reproductiva ver Hinkelammert y Mora (2009). Ver también su trabajo publicado en http://www.riless.org/otraeconomia/

* Versión revisada y reducida de la ponencia presentada en la Eleventh International Karl Polanyi Conference/20th Anniversary of the Karl Polanyi Institute of Political Economy Conference, “The relevance of Karl Polanyi for the 21st Century”, Montreal, December 9-11, 2008.

Received: October 14, 2013; Accepted: November 5, 2013

Creative Commons License This is an Open Access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution Non-Commercial License, which permits unrestricted non-commercial use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original work is properly cited.