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Revista Brasileira de História da Educação

Print version ISSN 1519-5902On-line version ISSN 2238-0094

Rev. Bras. Hist. Educ. vol.18  Maringá  2018  Epub Jan 14, 2019

http://dx.doi.org/10.4025/rbhe.v18.2018.e009 

ARTÍCULO ORIGINAL

Le cahier de roulement. Un recurso para la renovación pedagógica en tres momentos históricos de la escuela primaria española

Le cahier de roulement. Um recurso para a renovação pedagógica em três momentos históricos da escola primária espanhola

The rotative notebook. A resource for pedagogical renewal in three historical moments of the Spanish primary school

Bienvenido Martín Fraile1  * 
http://orcid.org/0000-0002-0553-7400

Isabel Ramos Ruiz1 
http://orcid.org/0000-0002-5054-3463

1Universidad de Salamanca, Salamanca, España

RESUMEN

Resumen: La historia de la educación contempla una nueva perspectiva de estudio: la cultura escolar con sus ámbitos normativo, teórico y empírico. El artículo indaga la renovación pedagógica durante el siglo XX en la escuela española mediante un recurso, le cahier de roulement, utilizando el fondo documental del Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca en tres momentos históricos: Segunda República, Franquismo y la proyección hacia América actualmente. El resultado contempla continuidades y rupturas en su recorrido histórico, con una reflexión sobre la influencia de la normativa y la teoría en las prácticas educativas.

Palabras clave: cuaderno de rotación; cultura empírica; cultura escolar; enseñanza primaria

RESUMO

Resumo: A história da educação contempla una nova perspectiva de estudo: a cultura escolar com os seus âmbitos normativo, teórico e empírico. O artigo questiona a renovação pedagógica durante o século XX na escola espanhola mediante um recurso, le cahier de roulement, utilizando o acervo documental do Museu Pedagógico da Universidade de Salamanca em três momentos históricos: Segunda República, Franquismo e a projeção até a América atual. O resultado contempla continuidades e rupturas em seu percurso histórico, com uma reflexão sobre a influência da normativa e da teoria nas práticas educativas.

Palavras-chave: caderno de rotação; cultura empírica; cultura escolar; ensino primário

ABSTRACT

Abstract: This article aims to bring over the value to a new perspective for the study of the history of education: school culture in three areas (law, theory, empiricism). An approach to the Spanish School of the 20th century by studying a primary practice for teaching: le cahier de roulement. We will use the documentary background of rotative notebooks in the Pedagogical Museum of […]. The essay presented is the result of a content analysis carried out in notebooks which have been used in three historical moments: Second Republic, Francoism and, actually, the projection to America. The knowledge extracted is a cultural heritage that can and must enrich our learning and the formation of the new generations of teachers.

Keywords: rotative notebook; empirical culture; school culture; primary education

Introducción

En las últimas décadas la Historia de la Educación ha ampliado la historiografía hacia un nuevo campo disciplinar, la historia de la cultura escolar. Para unos autores la cultura escolar se presenta por medio de normas, saberes y conductas (Juliá, 1995). Otros hablan de normativa, teorías y prácticas (Escolano Benito, 2006). Los hay que hacen referencia a los silencios educativos (Silver, 1992), o a la ‘caja negra’ que contiene los registros de memoria escolar (Depaepe & Simon, 1995). Todos coinciden en que en la cultura escolar confluyen la legislación, las teorías educativas y la práctica del maestro.

Una de las consecuencias de estos estudios es el renovado interés por preservar los bienes atesorados en la escuela a lo largo del tiempo, impulsando un nuevo campo de estudio, el patrimonio histórico educativo, y favoreciendo la creación de nuevos espacios como son los museos de educación, en los que se custodian aquellos bienes del ámbito curricular-empírico (Martín Fraile & Ramos Ruiz, 2015a) (cultura material, oral y escrita), del ámbito científico producido por los expertos en educación y del ámbito normativo que regula los procesos de organización escolares.

Fruto de este enfoque teórico en la Historia de la Educación, es el uso de fuentes materiales de la historia de la escuela, lo que supone un giro epistemológico y social importante al volver la mirada hacia la cultura empírica, es decir, hacia la cotidianeidad del aula (Escolano Benito, 2007). Ejemplo de lo dicho es el impulso observado en el estudio y análisis de los cuadernos escolares.

En este sentido a los cuadernos se les ha otorgado la capacidad de ser una representación más de la cultura escolar. Así el profesor Viñao afirma que:

Lo textual no es un espejo de lo real; como la fotografía, lo interpreta y transforma. Pero siempre remite e indica la existencia de un contexto de producción y de una realidad puesta por escrito -el referente-. Tanto uno como otra dejan sus huellas en lo escrito. (Viñao, 1996, p. 53).

Los cuadernos son hojas de papel unidas, formando una unidad, que alguien escribe sin afán de que su escrito perdure en el futuro y que nos brindan una referencia válida para el estudio de la intrahistoria de lo que ocurre en el aula (Martín Fraile & Ramos Ruiz, 2012). En ellos se puede observar cómo cada persona, cada grupo social proyecta su propia trayectoria vital en un contexto determinado, de tal forma que se puede comprender un poco mejor la educación en una época y momento concreto.

Una interpretación muy atractiva nos la proporciona Branko Sustar:

[…] es el resultado escrito del esfuerzo propio del alumno en su camino hacia el saber y une al alumno con el maestro y al saber, representando un lazo entre la escuela y la casa. En relación a lo anteriormente dicho, no por algo deja de ser que la palabra eslovena que designa al cuaderno escolar (zvezek) proviene de unir, atar hojas de papel lo cual imbrica también esta triada de maestro, alumno y saber (Sustar, 2012, p. 1).

Lo cierto es que los cuadernos se pueden atender desde una doble perspectiva: la derivada de su consideración como fuente primaria en la recreación de los modelos educativos y la historia de la escuela por una parte; y la aportada como una herramienta o medio didáctico en el proceso de enseñanza, por otra. En todo caso, constituyen una parte esencial de la intrahistoria de la escuela, una fuente primaria de indudable valor que ha dejado registrado la cotidianeidad del aula a lo largo del tiempo en los papeles escritos de niños y maestros. Los cuadernos presentan el discurso dentro del aula, los tiempos y espacios dedicados a las diferentes materias, la transmisión de valores y contenidos. Reflejan la diferente importancia de las disciplinas, la metodología utilizada, el uso al que se le destina, el grado de comunicación conseguido entre el alumno y el maestro a través de las tareas escolares, las estrategias, el grado de competencias y destrezas alcanzados por el niño. En palabras de la profesora Silvina Gvirtz, el cuaderno se convierte “[…] en un campo significativo para observar los procesos históricos y pedagógicos de la vida cotidiana de la escuela” (Gvirtz, 1999, p. 12).

Los historiadores de la educación han abordado en los últimos años la clasificación de los cuadernos, algo difícil puesto que no existe un cuaderno único, sino que en la escuela coexisten diferentes clases de cuadernos: los oficiales, los de preparación de lecciones de los maestros y los de los niños, que pueden ser individuales o colectivos (Meda, 2010); (Martín Fraile & Ramos Ruiz, 2013). A lo largo de estas páginas se estudia un cuaderno colectivo, le cahier de roulement, traducido al español como el cuaderno de rotación1. Representa una de las prácticas y recursos más interesantes de la escuela primaria española, mantenido con una presencia variable y desigual a lo largo del siglo XX y que actualmente se proyecta hacia la escuela primaria americana.

El presente artículo se inscribe dentro del proyecto concedido por el Ministerio de Economía y Competitividad2. Estos cuadernos son una muestra de la especial importancia que se dieron a los mismos para la formación ciudadana en la Segunda República, para la inculcación patriótico-religiosa en el nacionalcatolicismo y en su proyección actual en Iberoamérica, analizando una práctica didáctica que justifica el nombre de rotativo o de rotación que refleja en todo momento las materias curriculares propias de la escuela. Así, se considera la premisa de que las prácticas docentes, consideradas útiles y eficaces por los maestros, se mantienen no solo a lo largo del tiempo sino de los espacios en distintos contextos, culturas y situaciones.

El interés no es otro que el mostrar la evolución que experimenta este cuaderno a lo largo de más de cien años y su fuerza como herramienta empírica al servicio del proceso de enseñanza-aprendizaje en la escuela primaria española.

1 Metodología del estudio

La consideración del cuaderno como fuente documental de primer orden genera resistencias, quizá por ser todavía reciente su aparición y por la amplia y diversa tipología existente, de tal forma que falta un consenso unánime entre los historiadores de la educación. Esto hace que Anne Marie Chartier (2003) los defina como fuentes discontinuas y elípticas. No obstante lo dicho, los historiadores de la educación que trabajan con cuadernos escolares reconocen la riqueza y versatilidad de esta fuente.

Los cuadernos escolares emergen como fuentes documentales ricas, diversas, válidas y necesarias para ampliar y completar los estudios inscritos en tres campos de investigación que entrecruzan sus caminos […] Es decir, son una de las fuentes documentales más cercanas a la etnografía de la escuela con que los investigadores puedan contar. (Badanelli & Mahamoud, 2009, p. 10).

La metodología empleada en este artículo ha combinado el método histórico educativo con el etnográfico para analizar el significado de los cuadernos. También se ha realizado una valoración cualitativa en su interpretación. Para ello se estudiaron las materias y las clases de actividades que aparecían en los cuadernos, la frecuencia y la intensidad de su presencia con el fin de facilitar la interpretación de los mismos y la recreación de los modelos escolares contextualizados en su época.

Para evitar los riesgos que entrañan la subjetividad de los cuadernos se consideraron una serie de filtros que recoge Colotta (2010). Por su parte Chartier (2005) sugiere no proyectar las impresiones personales escolares al revisar los cuadernos y sí tomar en consideración los niveles y referencias de la época en que fueron escritos. Viñao (2006), a su vez, cree conveniente no realizar generalizaciones a no ser que representen un porcentaje elevado en los cuadernos, y tener en cuenta que lo reflejado en ellos no es la totalidad de lo enseñado en el aula ni responde al tiempo real dedicado a cada tarea. Junto a esto se ha valorado el complementar y contrastar la información recogida con otras fuentes manualísticas y de archivo.

La elección de los cuadernos para este estudio no fue casual ni aleatoria. Se escogieron cuadernos de diferentes escuelas, maestros y cursos del fondo que posee el Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca que representan cada una de las etapas históricas a lo largo del siglo XX. La muestra supera los cincuenta cuadernos. El análisis se ha centrado en tres cuestiones principales: a) la selección de los contenidos y estructuración interna del cuaderno; b) los recursos didácticos para la enseñanza que se plasman en ellos; c) la distribución de escrituras personales y subjetivas frente a las marcadas y obligadas.

El primer apartado refiere los “[…] códigos de presentación, la didáctica, el proceso de enseñanza-aprendizaje del orden, la estética y las reglas de expresión y producción escrita” (Viñao, 2006, p. 21). También los contenidos seleccionados para ser reproducidos en el cuaderno, que varían según la política educativa de las diferentes etapas históricas. Responde al qué se estudia y a la importancia concedida a los diferentes conocimientos.

El segundo apartado hace referencia al cómo se enseña y al cómo se aprende, es decir, al tipo de actividades y ejercicios observados en los cuadernos de rotación, y que ofrecen claves de la metodología empleada en el aula (Pozo Andrés & Ramos Zamora, 2003).

El tercer apartado se orienta a la interpretación del grado en que en los cuadernos aparecen escrituras, dibujos o ejercicios creativos y espontáneos, frente a las escrituras dirigidas o marcadas con ejercicios cerrados y repetitivos.

De su procedencia desde Francia hasta su introducción y afianzamiento en España se da cuenta en el epígrafe siguiente. Ha sido considerado un medio didáctico de gran fuerza por su carácter de aprendizaje colaborativo durante la mayor parte del siglo XX. Sin embargo, queda relegado y alejado de la escuela en el último tercio del siglo. En estos compases del siglo XXI vuelve a introducirse en escuelas del distrito universitario de Salamanca, a través de la iniciativa del Centro Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca. Tres momentos históricos que cuentan la estima de este cuaderno por parte de los maestros que encontraron en él un recurso inestimable en su práctica docente.

2 De Francia a España

A principios de siglo XX se pone en marcha un proceso modernizador de España impulsado desde distintas instancias sociales, políticas y culturales (Viñao, 2004). Surgen voces que piden mejorar la situación del país, de modernizarlo, sacándolo del ostracismo cultural en que se hallaba. Plumas autorizadas manifiestan que el problema de España es un problema de educación. Ortega y Gasset llega a plantear el ‘problema de España’ como un problema pedagógico, pero también Giner de los Ríos hará lo mismo y expondrá que ‘el problema de la regeneración de España es pedagógico’. En la misma línea Rodolfo Llopis (1927) escribió que “[…] la educación obsesiona hoy a cuantos piensan. Se han dado cuenta ya de que toda reforma política, social o económica habrá de resultar estéril sin una profunda transformación de la escuela”.

Transformar la sociedad del momento pasaba por mejorar la educación. Fernando de los Ríos dice en el Homenaje a Costa: “[…] había dos formas de entender el problema de España: como Costa o como Giner. España necesitaba un hombre, según Costa. Y Giner replicaba que lo que se necesitaba era todo un pueblo” (Zapatero, 2001, p. 352).

La educación se presentaba como un problema acuciante. La enseñanza primaria con elevadas cifras de analfabetismo representaba una enorme losa para los intentos reformistas que se pretendía desarrollar en los inicios del siglo XX. Pero no solo estaba el tema del analfabetismo, también la falta de escuelas, la ausencia de material y útiles escolares y, sobre todo, una necesaria formación de los maestros (Cossío, 1906).

Para dar respuesta a esta problemática se llevarán a cabo innovaciones pedagógicas amparadas en la política educativa que afectaron a la metodología educativa, con proyectos y programas de enseñanza que enlazaban con los planteamientos del movimiento que comienza a denominarse Escuela Nueva. Entre los cambios normativos más relevantes se encuentra la ley que regula el pago de la primera enseñanza pública por parte del Estado, muy bien acogida desde diversas instancias3 a fin de acabar con las implicaciones ideológicas que para determinados sectores sociales suponía estar entregada la enseñanza elemental a los municipios que, pobres como eran, no podían sufragar los gastos originados. Se tomarán modelos educativos de países más avanzados proyectando sus teorías, recursos y fórmulas didácticas, y nunca faltarán docentes implicados activamente en dicho proceso. Bien es verdad que no se debe generalizar a todo el magisterio los intentos de renovación, aunque no es menos cierto que existieron esfuerzos aislados de maestros convencidos de la valía del camino emprendido. Existía en el ambiente de la época la idea de una renovación amplia de la enseñanza, propulsada por un clima de inquietud pedagógica motivado, a su vez, por una nueva concepción de la praxis escolar.

En el clima de euforia pedagógica surge la figura de Félix Martí Alpera, maestro becado por el Ayuntamiento de Cartagena para realizar visitas a escuelas graduadas en distintos países europeos, con el fin de introducir en esta localidad los modelos y prácticas educativas más interesantes4. Con este propósito realiza una visita a unas escuelas de niñas en París donde observa las excelencias pedagógicas de los cuadernos. Enseguida se fija en lo que él denominó “[…] un cuaderno especial, que me llamó la atención: le cahier de roulement, que dicho entre nosotros, pudiera llamarse cuaderno de rotación, pues de eso se trata cabalmente, de una rotación ó [sic] vuelta que da dicho cuaderno por toda la clase” (Martí Alpera, 1904, p. 84).

El ministro francés de Instrucción Pública escribe sobre le cahier de roulement: Es el diario de la clase hecho por la clase misma; es el testimonio de los esfuerzos del maestro y de los esfuerzos de los alumnos; el libro en que se inscriben con regularidad automática, día por día, los resultados reales de la aplicación del programa, juzgado, no con un alumno escogido, sino con toda la clase.

Palabras que sirven al maestro español para apuntalar su decisión de introducir a su regreso el cuaderno en la escuela primaria: “[…] queríamos los cuadernos como un objeto de estudio y propaganda” (Martí Alpera, 1904, p. 85), y así mostrar el núcleo y el significado del cuaderno en las siguientes décadas de la escuela primaria en España.

3 Recorrido del cuaderno de rotación durante el siglo XX en España

3.1 Primer tercio del siglo XX y Segunda República

Al regreso del viaje por las escuelas de Europa, Martí Alpera escribe el libro Por las escuelas de Europa para dar a conocer en los ambientes pedagógicos españoles el estado de la escuela primaria en los países visitados. Un libro que será prologado por el entonces ministro de Instrucción Pública, el Conde de Romanones, comparando el proyecto educativo de su ministerio con la información facilitada en el libro. Que el propio ministro del ramo prologue el libro dice mucho a favor del autor y de la difusión de la obra entre el magisterio español.

Se introduce el uso de este cuaderno en la escuela primaria española, difundiéndose de la mano de educadores progresistas, afines a las ideas reformistas y también desde la propia administración educativa. Un decreto de agosto de 1913 obliga a los maestros a celebrar exposiciones a fin de curso con los materiales realizados por los niños. Entre estos materiales deben figurar pocos años después, tal y como expresa la R. O. de 25 de junio de 1923, cuadernos de trabajo y diarios de clase.

La llegada de la Segunda República supone la generalización del cuaderno de rotación en las aulas, mostrando el día a día, lo vivido en las clases por maestros y alumnos como un eco de lo que sucedía en la realidad social. Las condiciones económicas son más favorables con el incremento del presupuesto de las escuelas que reciben fondos del Estado para materiales, incluida la compra de cuadernos. Unido esto al mayor nivel cultural del profesorado con los nuevos planes de formación, da como resultado la difusión del cuaderno de rotación. Los maestros los usan como un medio didáctico que fija en la memoria de sus alumnos aquellos contenidos que desean permanezcan en las mentes infantiles. En esta etapa existe un único cuaderno de rotación que recoge las materias curriculares impartidas junto a contenidos relacionados con la enseñanza de valores de ciudadanía, derechos del hombre, convivencia y relaciones con el entorno, es decir, aquellos aspectos sociales y valores que la Segunda República consideró que debían formar parte del currículo escolar. La política y la teoría educativa en aspectos de educación cívica se trasladaron a las aulas en prácticas cotidianas de las que ha quedado su reflejo en los cuadernos escolares. El testimonio de un maestro al recordar el trabajo que su maestro realizaba con este cuaderno indica que “[…] era más lecciones de cosas y resumen de la labor escolar”5. Todos los niños participaban y firmaban, sintiéndose vinculados en un cuaderno de toda la clase para ser mostrado a cualquier visitante, ya fueran profesores, inspectores u otras autoridades. También los maestros se adhirieron a este recurso, de gran fuerza didáctica. Fueron los docentes ilusionados y convencidos de nuevas formas de enseñar, de educar -entre las que se encontraba el cuaderno de rotación- los que generalizaron su uso. No en vano la Segunda República es conocida como la república de los maestros. Ruiz Berrio afirma que “[…] realmente fueron esos maestros los que forjaron la república española, concebida como un ideal de cultura, de tolerancia y de libertad” (Ruiz Berrio, 2006, p. 142).

El cuaderno de rotación combinaba páginas de ejercicios relativos a áreas de lengua, matemáticas, ciencias, geografía o historia de España, con otras páginas que inciden en la educación ciudadana: en primer lugar, la forma de gobierno en España, los derechos y deberes de las personas que le otorgan su dignidad en la sociedad. En segundo lugar el aprendizaje de la convivencia y la participación social, en la familia, en la escuela, en relación a la patria y en tercer lugar, la educación moral en la formación del carácter y la construcción de la persona como un todo (Martín Fraile & Ramos Ruiz, 2010a). Ideal que Luzuriaga expresa al decir que “[…] tenemos el deber de llevar a las escuelas las ideas esenciales en que se apoya la República: libertad, autonomía, solidaridad, civilidad”.

Las escrituras de los niños reflejaban la proyección hacia la escuela de los derechos del hombre, con copias, redacciones, resúmenes de debates orales, lo que significa incorporar expresiones nuevas e impactantes para su ambiente, iniciando una andadura diferente en la formación escolar. Sirva como ejemplo un pequeño texto recogido de un cuaderno de rotación de 1934: “[…] los derechos naturales del hombre que éste tiene como tal desde el nacimiento. El derecho a la vida. El derecho a la dignidad personal. El derecho de independencia. El derecho de prensa” (Cuaderno de Rotación de la Escuela Mixta de La Tuda, 1934).

Otro ejemplo lo representó la enseñanza cívica de la Constitución republicana en la escuela, por medio de la circular de 28 de marzo de 1936 que dirige el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Marcelino Domingo, a los inspectores y maestros de primera enseñanza, en la que se expone que la Constitución de la República:

[…] tiene una serie de artículos que constituyen máximas morales y civiles que pueden y han de ser lecciones permanentes y que deben destacarse en las paredes, en los trabajos escritos y en los cuadernos de labor para que aparezcan permanentemente ante los ojos de los alumnos, comentarlos con frecuencia, discernir su profundidad ética y contribuir a la formación de la conciencia civil (Domingo, 1936).

El cuaderno es un reflejo asimismo de las pretensiones de formación en ciudadanía, con un lenguaje accesible y apropiado para las mentes infantiles. El hecho de que España no contase con una tradición de formas de gobierno democráticas hace que haya que enseñar a los niños desde pequeños. Así, se observa el eco de la votación por primera vez en la historia de España de las mujeres en las urnas con una cita en febrero de 1936 en la que se dice textualmente que “[…] aquí ha habido dos veces elecciones, la primera no votaron más que los hombres pero la última vez también votaron las mujeres. Los tontos y los procesados no pueden ir a votar” (Cuaderno de Rotación de la Escuela de Hinojosas de Calatrava - Ciudad Real, 1936).

Se subraya desde estas páginas que los cuadernos recogen también el pensar y sentir del profesorado al comprender que la Segunda República tenía su fin próximo con la irrupción de una guerra civil (1936-39), aunque son pocos los textos recogidos. En los cuadernos de rotación ha quedado el testimonio, que hoy sirve para interpretar y completar la historia educativa, de la tristeza que les produce el hundimiento del modelo pedagógico que se iba afianzando con el trabajo y la voluntad de muchos docentes comprometidos en ese ideal. Uno de estos testimonios escritos recoge una copia de una alumna de un soneto de Góngora titulado ‘A una rosa’ en la que metafóricamente iguala la belleza efímera de la rosa a la hermosa república, también de vida efímera, por el poco tiempo que ha durado en algunas partes de España. La hermosura de la rosa es semejante a la república en su firmeza por dignificar la escuela y al magisterio primario (Martín Fraile & Ramos Ruiz, 2015a).

3.2 El cuaderno de rotación durante el nacionalcatolicismo

Después de la guerra civil (1936-1939) la apuesta realizada por la Segunda República por dignificar el Magisterio, por dotar de calidad a la enseñanza elemental, por impregnar las aulas con nuevas metodologías e incorporar las corrientes pedagógicas que llegaban de Europa, cae en el silencio más absoluto. El camino reformador iniciado se quebró, culpando al republicanismo, a los intelectuales laicos y al institucionismo de todos los males de la nación. El nuevo régimen que surgió tras la guerra impuso un nuevo modelo, el nacionalcatolicismo, con las directrices de Falange y la Iglesia, basado en valores de catolicismo rancio, obediencia ciega, respeto a las jerarquías, sumisión y sacrificio por la patria. Se configuró un nuevo modelo cultural, en el que prevalece el conservadurismo católico, lo que en palabras de Juan Manuel Fernández Soria significaba “[…] la vuelta al orden viejo adornado por algunos elementos de modernización [... un deseo de engarzar con el auténtico ser de España abandonado durante muchos años por la República” (Fernández Soria, 1998, p. 314).

En el ámbito educativo el profesorado sufrió una fuerte depuración (Agulló Díaz & Fernández Soria, 1997), al mismo tiempo que se ofertaban cursos de formación pedagógica-ideológica obligatoria para los que continuaron en el ejercicio de la profesión, dando lugar a una escuela de posguerra muy diferente en cuanto a contenidos de la que ambicionaba la escuela republicana. Y aunque desde la mitad de la década de los cincuenta se produjo una cierta apertura, no hay duda de que el núcleo dogmático duro permaneció más allá de los años sesenta del siglo XX. En este contexto hay que señalar la férrea vigilancia del Estado en el campo educativo, de la cual no escapó la enseñanza elemental. Se trataba de inculcar una ideología precisa en los niños para perpetuar el régimen en las siguientes generaciones. Para ello se van a servir, entre otros recursos, de los cuadernos de rotación, un medio de indudable interés ya demostrado con anterioridad en la escuela.

En esta etapa, los cuadernos de rotación facilitaron los elementos necesarios para realizar una valoración de los objetivos que subyacieron en la base de la nueva organización escolar. El cuaderno de rotación pasó a ser uno de los instrumentos de control más importantes que utilizó el Frente de Juventudes (Falange) para asegurar que en las aulas se llevara a cabo el programa fijado. A la Inspección educativa correspondió el velar por su cumplimiento, de tal forma que en las visitas guiadas se les pedía a los maestros siempre dicho cuaderno (Martín Fraile, 2003).

Durante los primeros años de la posguerra su elaboración en las aulas fue de carácter casi obligatorio, y en 1957 se consolidó por ley su perfil de realización inexcusable, estableciéndose concursos a nivel regional y nacional para premiar aquellos que mejor se adaptasen a los contenidos y tuvieran una presentación más vistosa. El premiar en concursos a los mejores cuadernos llevaba aparejado la dotación de lotes de libros o mejoras materiales para la escuela, por lo que más de un maestro, independientemente de su ideología, decidió involucrarse activamente con el fin de conseguir una recompensa al esfuerzo y trabajo de sus alumnos.

El análisis de los cuadernos de rotación evidencia un modelo de escuela en el que el adoctrinamiento de los alumnos es esencial. Se advierte en los cuadernos un proceso de inculcación ideológica que conformó la memoria infantil en unos patrones determinados, al mismo tiempo que imponía un olvido impuesto o forzado como si hechos e historia no hubieran sucedido nunca, silenciando lo que “[…] pudiendo ser aprehendido o recordado nunca tuvo la oportunidad de serlo […]”, desapareciendo de la memoria social e individual; o bien atacando, difamando y despojando de dignidad la etapa republicana, a la que se refieren como atea y masónica (Viñao, 2005, p. 17). En la misma línea coinciden Dávila Balsera y Naya Garmendia (2015, p. 118) al afirmar que “[…] la desaparición de cualquier elemento que recordase la pervivencia de las experiencias educativas de la República y la expansión del modelo educativo español no son más que dos caras de un mismo proceso de homogeneización del sistema educativo del franquismo”.

Ahora bien, no se debe tener una imagen del cuaderno de rotación rígida y rigurosa. Coexistieron en esta etapa varias clases en función de la intensidad de contenidos patrióticos y religiosos. La clave explicativa del acontecer histórico de los cuadernos de rotación o cuaderno rotativo en esta etapa es que “[…] se utilizaban dos tipos de cuadernos de rotación; uno del Frente de Juventudes y otro, normal, del trabajo escolar diario […]” según el testimonio de alumnos de aquella etapa.

Así se elabora uno exclusivamente con dichos contenidos, denominado también cuaderno del Frente de Juventudes o cuaderno de Formación Política que suele ser de temporalidad semanal; un segundo que combina estos aspectos con ejercicios de materias curriculares; y un tercero que aborda la práctica diaria de las áreas curriculares realizado diariamente, que es como un eco de la República que perdura en la escuela franquista y que continúa expresando el acontecer diario y curricular. Salomó Marqués lo define como “[…] un cuaderno que tenían los maestros y en el que hacían escribir a los alumnos las actividades de la clase: dictados, redacciones, ejercicios de matemáticas, lecciones de geografía, etc. Es un testimonio directo de la práctica docente” (Marqués, 1994, p. 436).

Por último, habría que señalar un cuarto más específico que se denomina cuaderno de conmemoraciones, que desarrolla fechas y biografías significativas sugeridas por el régimen. En las escuelas de niñas, además, suele haber también un cuaderno de rotación de carácter religioso, en muchas ocasiones de temática mariana en las que se insiste en valores femeninos de la época, tal y como se observa en la colección del Cemupe.

3.3 Evolución del cuaderno de rotación en el nacionalcatolicismo

El cuaderno de rotación varía a lo largo de los casi cuarenta años de la dictadura, pudiéndose destacar dos fases. La primera abarcaría desde el término de la guerra hasta la reforma de la ley de Enseñanza Primaria en 1965. Este periodo, el que se identifica más con los duros años de la posguerra, se caracterizaría por la apropiación del Frente de Juventudes del potencial metodológico de los cuadernos, vaciándolos del contenido que hasta entonces se venía desarrollando. Desaparecieron los textos relacionados con la ciudadanía, los derechos del hombre o la convivencia propios de la Segunda República, sustituyéndolos por otros de carácter patriótico y religioso. Esta fase se caracterizó por unos contenidos de exigencias religiosas y patrióticas elevadas, con consignas fuertes que apelaban a componentes emocionales y al sentimiento de identidad nacional.

La segunda fase, a partir de la ley de 1965, se identificó por aspectos de formación cívica y religiosa en la que los contenidos se suavizaron y el lenguaje no era tan virulento ni exaltado, algo más acorde con los tintes desarrollistas y la apertura social y económica de esos momentos. Esta etapa concluyó al término del franquismo, que implicaba también la desaparición formal de los cuadernos de rotación de la escuela.

En cualquiera de las dos fases hay que resaltar el valor didáctico como instrumento o herramienta de trabajo común, de proyecto compartido que complementa la perspectiva ideológica del mismo.

Primera fase: 1939-1965

El régimen franquista, consciente de la fuerza de este instrumento didáctico -el cuaderno de rotación- por lo que significaba dentro del aula y entendida como herramienta común que permitía colaborar a todos los alumnos, dio un giro completo al uso que hasta entonces se le venía proporcionando y lo generalizó de forma obligatoria en las escuelas (Martín Fraile, 2003).

Ya en los primeros compases de la guerra, en 1938, se dictan normas alusivas a su práctica, regularizándose en 1939 sus cometidos y destinándose a ser un elemento de control del profesorado por parte de la Inspección Educativa:

El cuaderno de clase a que se refiere el artículo 8º será individual y obligatorio para todos los alumnos, con objeto de comprobar la labor diaria y facilitar la obra de la inspección educativa. Para estimular la obra de los alumnos puede llevarse en cada escuela, con carácter voluntario, por rotación entre los niños, un cuaderno de clase donde se recoja la significación de nuestras fechas gloriosas, la biografía de nuestros héroes y la conmemoración de nuestras principales festividades religiosas […] (España, 1939).

Aunque en los primeros años era de carácter voluntario, se convirtió en una costumbre generalizada en la mayoría de las aulas. Solo a partir de 1957 se establece la obligatoriedad de confeccionarse en todas las escuelas6.

Los cuadernos que respondían al formato de formación política presentaban una temporalidad semanal. Empezaban siempre con la fecha al comienzo de cada página. A continuación se situaba el tema a desarrollar, expresado en una consigna (Aldea, 1942), que venía marcada en la revista Mandos, la revista oficial del Frente de Juventudes que estaba encargado por la dirección del régimen franquista de abanderar la formación patriótica de la escuela (Martín Fraile & Ramos Ruiz, 2010b). A continuación se desarrollaba la lección de enseñanza política. Las consignas se convirtieron en un elemento clave de la educación primaria y básica que en estos momentos llegaba a todas las capas sociales de la población infantil. Una vez que la consigna era expuesta oralmente, comentada y hecho el ejercicio en los correspondientes cuadernos individuales de cada alumno, uno de ellos se encargaba de llevarlo al de rotación. Es el ejemplo más indudable que nos muestra el moldeamiento y modelamiento de las mentes, caracteres y conductas infantiles, que nada saben, que nada han visto, sino lo que les dicen y les cuentan en la escuela (Martín Fraile & Ramos Ruiz, 2010b). Ese es el contenido principal de los cuadernos, que además se complementa con todo un aparataje de símbolos, emblemas, canciones, banderas y uniformes para conseguir la educación emocional del alumno.

Otro tipo de cuadernos, los de conmemoraciones, se encentraban sometidos a una pauta rítmica que se ajustaba en parte al calendario de celebraciones que el nuevo régimen trae consigo: la fiesta de la Hispanidad el 12 de octubre; el 20 de noviembre, el día del dolor por el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera; el estudiante caído el 9 de febrero; el 1 de abril, día de la victoria; el 2 de mayo se celebra la guerra de la independencia. Entre los héroes destacaban los descubridores de América, a los que se les identifica con la expansión y el poderío del imperio español; los santos: Santa Teresa, San Ignacio, San Juan de la Cruz, San José de Calasanz, al que se nombrará en esta etapa como patrono de la escuela primaria; reyes: Fernando III, los Reyes Católicos, los primeros Austrias, en una clara referencia a épocas de gloria y catolicismo, que se consideraban el ideal de España. Se sucedían en el orden establecido y del mismo modo uniforme a lo largo de las diferentes semanas del año. En este sentido el cuaderno va a incidir en una serie de fechas y de personajes históricos por los que el niño debe sentir especial respeto y veneración.

El cuaderno de conmemoraciones reflejaba el sentir de la sociedad y las directrices que emanaban del poder en su época. Fue el desarrollo y final de un aprendizaje, es decir, un medio didáctico con el que todos los niños comprendieron, resolvieron dudas, ejecutaron e interiorizaron lo que se les había enseñado.

A su vez, el currículo diferenciado por cuestión de género se hace evidente en las escrituras infantiles de los cuadernos. Los de niñas incidían más en aspectos religiosos, no haciéndose tanto hincapié en el desarrollo de las consignas patrióticas. Fomentaban un modelo de niña obediente, sumisa, agradable, que no cuestionaba nada, supeditada al varón, buena ama de hogar, madre sacrificada, pilar y transmisora de la religión en la familia. Mientras en los varones había un predominio de cuestiones patrióticas, sin olvidarse de los aspectos religiosos, en los de las niñas la religión era el argumento base sobre el que se asentaban todos los demás. La niña era considerada la futura transmisora del mensaje de la Iglesia a sus hijos, por lo que este aspecto era muy cuidado desde la escuela. Copias, redacciones, cartas, dibujos y símbolos muestran la interiorización personal que hacen las alumnas del contenido transmitido por las maestras. En las páginas de los cuadernos van desfilando temáticas diversas como la Navidad, la Semana Santa, la preparación a la primera comunión, la asistencia a misa o la devoción mariana.

Segunda fase. De 1965 en adelante

Los primeros años de la posguerra se fueron alejando y llegaron a las aulas nuevas hornadas de maestros que no habían vivido de cerca la contienda. Los cuadernos de rotación reflejaron los nuevos modos de una sociedad desarrollista de una extensa clase media-baja, con pequeñas comodidades; expresaron los aires de apertura del Concilio Vaticano II; mostraron valores más en consonancia con la formación cívica y social, de respeto y convivencia hacia los demás.

Las niñas tomaron un papel más activo, participante, más igualado a los niños, aunque se mantuvo el papel asignado en el aspecto religioso, como fundamento y sostén del mismo en el hogar. En los cuadernos se observa de manera regular escrituras en las que se muestran el núcleo dogmático del nacionalcatolicismo. Basten dos ejemplos: “[…] conseguir primero y como base fundamental, niñas que den culto a Dios y a su Patria […]”; “[…] para conseguir la grandeza de España; no regatear esfuerzos” (Cuaderno de Rotación de Hinojosas de Calatrava, Ciudad Real, 1965).

En lo que coinciden los cuadernos de las dos etapas es, por una parte, en mantener el carácter de circulación entre todos los alumnos del aula, rotando día a día, o semana a semana, por cada uno de ellos, dejando registrada su participación con su firma al pie de página. Por otra parte, en dejar muy poco margen a la creatividad de los niños, excepto en los ejercicios de redacción y en los dibujos. Se insiste, una vez más, que estos cuadernos muestran contenidos académicos sumergidos en un ámbito de transmisión ideológica controlada desde el primer momento por el maestro. Hay que tener en cuenta que estos materiales también son sometidos a análisis y estudio por la inspección de primera enseñanza. En la mayor parte de los cuadernos se ha observado el trabajo dirigido en la repetición de modelos de manuales usados por el maestro y la uniformidad de las escrituras infantiles. Se salvan los cuadernos de la monotonía por su estética: una presentación esmerada en su caligrafía y rotulación, mayor que en los individuales, y por una buena calidad de los dibujos en colores, bien sean copiados o personales, que apuntan a que los alumnos daban lo mejor de sí en este cuaderno que pertenecía al aula y a todos, ya que la ejecución estaba directamente supervisada por el maestro que conocía la trascendencia del contenido expresado.

La impresión inicial que esta clase de cuaderno causó a Martí Alpera en los inicios del siglo XX -la tarea colaborativa, la presentación esmerada, el esfuerzo comunitario y compartido por todos los alumnos, el orden y la claridad de los ejercicios y el sentimiento de pertenencia y orgullo ante el trabajo bien hecho- se mantuvo intacta a lo largo de todo este periodo.

Con la Ley General de Educación de 1970 desaparecía esta clase de cuaderno. Aparecieron nuevas fórmulas de trabajo y metodologías diferentes a las utilizadas durante los años de la escuela del nacionalcatolicismo. Su abandono está más unido al referente político que arrastraba que a su valor didáctico que lo hizo nacer, el componente colectivo en su diseño y ejecución.

Y como una reacción en cadena se eliminaron de las aulas todo lo que recordaba a este periodo, como si se tratase de un baño de purificación al que hubiera que someterse la escuela, el maestro, los métodos de trabajo y la atención a los niños. Durante el último tercio del siglo XX su memoria se va diluyendo, hasta no ser hoy en día más que un recuerdo de una metodología y de unas formas de enseñar utilizadas durante una buena parte del siglo XX, del que pocos se acuerdan.

4 Nuevos retos de estudio de los cuadernos escolares. Centro Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca

Como hemos observado, le cahier de roulement francés se afianzó y consolidó en España a lo largo de décadas en la escuela primaria del siglo XX. El cuaderno de rotación español penetra en las formas de hacer de los maestros como una herramienta didáctica de gran aprecio que ayuda a reforzar una serie de aprendizajes en el alumno, tanto curriculares como de trabajo en equipo. Asimismo, en su recorrido transita por gobiernos e ideologías políticas de signo muy distintos que saben de su valor para modular o para moldear las mentes de los alumnos en enseñanzas emocionales dirigidas a la formación de una conciencia ciudadana o de un servicio a la patria. Tras su desaparición en los años setenta del siglo XX, pasa a un estado latente y a formar parte de la memoria colectiva de las personas que los hicieron siendo niños.

Sin embargo, a finales del siglo XX y comienzos del XXI comienza de nuevo a despertar interés por parte de los historiadores de la educación y profesores de patrimonio histórico educativo, que investigan en cuadernos escolares. El museísmo pedagógico impulsa la recuperación de los materiales de la escuela, los testimonios de los maestros, los libros, fotografías y cuadernos escolares y la proyección hacia la sociedad de los conocimientos que se van adquiriendo con su estudio. También las nuevas líneas de investigación realizan una apuesta por las escrituras realizadas dentro del recinto escolar, que informan de la intrahistoria educativa.

Es en este contexto como el Cemupe - Centro Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca, creado en el año 2007, inicia desde sus instalaciones en el Campus Viriato de Zamora una línea principal de estudio e investigación sobre cuadernos escolares, incidiendo en el cuaderno de rotación por considerar la importancia que había tenido en el panorama educativo hasta 1970 y su valor documental como fuente primaria para llegar a conocer los modelos educativos y las prácticas escolares que se han ido sucediendo.

Los cuadernos de rotación se van recuperando y catalogando hasta ir consiguiendo una colección interesante. Llega un primer cuaderno de rotación del curso escolar 1956-57, de una escuela de zona rural, que se convierte en un referente a lo largo de los años, siendo objeto de uno de los primeros artículos que sobre esta temática se realizan en España: El cuaderno de rotación. Instrumento pedagógico al servicio de la inspección educativa (Martín Fraile, 2003).

Este interés va a dar lugar a un tercer periodo, un renacimiento de esta clase de cuaderno en las aulas. Se partió de que era necesario que los alumnos de Magisterio y maestros conocieran una herramienta didáctica de gran importancia durante muchas décadas del siglo XX y que prácticamente había caído en el olvido. El objetivo era mantener vivas las consideraciones pedagógicas que impulsaron a Martí Alpera su introducción del mismo en España, y hacer de su uso una alternativa desde la cultura escrita al empuje de todo lo procedente del campo digital, que ha minorado la producción escrita en las aulas.

En este sentido el Cemupe impulsa una iniciativa que presenta el cuaderno de rotación entre el profesorado actual. Tras varias conferencias a maestros voluntarios en los que se explica la llegada a España, su presencia y evolución, así como su potencialidad como recurso didáctico que reclama su presencia en la escuela actual, el museo pedagógico imprime un modelo de cuaderno de hule de tapas negras, en el que se plasma en su interior las características que lo definen, dejando a libertad del profesorado el diseño para su ejecución.

A esta iniciativa se suma la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y de Saberes. Se trata de una entidad municipal que impulsa actividades educativas, artísticas o recreativas en los centros docentes. La Fundación considera útil y eficiente la propuesta emanada desde el Centro Museo Pedagógico y la promueve entre los colegios de infantil y primaria. Asimismo asume el coste del cuaderno y el premio que se otorga al centro escolar que mejor desarrolla la iniciativa, realizando un viaje cada año para visitar y conocer el Museo. Cada final de curso en el Ayuntamiento de Salamanca se realiza el acto de entrega de los cuadernos escritos por los escolares al director del Museo, donde se custodian y servirán de estudio para los futuros docentes de Magisterio.

El éxito de la experiencia ha colmado durante estos últimos años las expectativas iniciales. Se encargan los propios alumnos, estudiantes de magisterio, de contactar con el profesorado e introducirlos en las aulas. La experiencia permite disponer de una amplia muestra del trabajo que se desarrolla en los ámbitos rurales y de ciudades, desde escuelas unitarias, centros de educación rurales agrupados (CRAs), hasta colegios de Educación Infantil y Primaria (CEIPs). Un ámbito, hoy por hoy, todavía reducido, centrado en escuelas del distrito universitario de Salamanca y Extremadura principalmente, aunque empiezan a incorporarse colegios de diferentes zonas de la geografía española.

5 De España a Iberoamérica

A lo largo del estudio se ha insistido en que el cuaderno de rotación constituye una práctica y recurso educativo con una presencia importante en la escuela española a lo largo del siglo XX. Apartado de la enseñanza durante más de treinta años, es el momento de volver a poner en conocimiento de las nuevas generaciones de maestros esta herramienta para que decidan sobre su eficacia y vuelta a los espacios escolares, apostando por el papel cada vez más destacado del maestro, por la praxis diaria en el aula, y los métodos y recursos utilizados por ellos.

La Universidad de Salamanca favorece este proyecto mediante los programas descritos en párrafos anteriores. Y he aquí que el esfuerzo y la dedicación de varios años ha derivado en un resultado inesperado, pero muy grato: el salto del cuaderno de rotación a las tierras hermanas de América. Al igual que Martí Alpera en el siglo anterior, es ahora un alumno mexicano de la Facultad de Educación de Grado de Magisterio quien lo traslada a los colegios de Yucatán en México, dando un enfoque nuevo al desarrollo del trabajo en el cuaderno. Mantiene el diseño de la rotación entre los alumnos, pero en vez de recoger las actividades realizadas en la escuela, los alumnos de la clase van a responder de forma creativa y espontánea al tema que se les formula: ‘qué es lo que más le gusta del colegio’. A partir de aquí aparece una larga lista de actividades del agrado de los niños y que proporcionan información de la vida diaria en el colegio, las relaciones entre iguales, las relaciones maestro-alumno, la metodología del aula, los contenidos trabajados y el tipo de enseñanza que se lleva a cabo.

Son cuadernos que cumplen todos los requisitos que lo convirtieron en el recurso educativo de valía que observó Alpera hace más de cien años: testimonia la vida en la escuela, desarrolla un sentimiento de pertenencia grupal positivo, fomenta el trabajo en equipo, favorece la educación estética con una presentación esmerada y unos dibujos en los que cada alumno da lo mejor de sí, refuerza los contenidos curriculares, y termina cada ejercicio firmado por cada uno de los niños, afianzando su autoestima.

Junto a ello, este nuevo cuaderno de rotación mexicano del siglo XXI se diferencia del cuaderno español del siglo XX porque potencia la expresión personal y creatividad de los alumnos. Así, por ejemplo, los niños responden a la pregunta formulada sobre el colegio:

Me gustan las matemáticas: divisiones y multiplicaciones; me gusta participar en todas las tareas que mandó la maestra: matemáticas (multiplicaciones y divisiones), leer cuentos y contárselos a mis compañeros (platicar); hoy es un día especial porque he aprendido el programa Word 2003 y a trabajar con la tableta; me gusta asistir todos los días a la escuela porque aprendo cosas nuevas, leer con los amigos, jugar, ir al comedor; me gusta hacer números romanos, adjetivos y multiplicar, comer, juagar al basket y al futbol (Cuadernos Escolares de Rotación del Yucatán, 2015b).

Las respuestas infantiles acercan las vivencias personales, la realidad social y política, los valores y pautas de socialización que se llevan a cabo en la escuela o la enseñanza de comportamientos y roles:

Me gusta participar en el homenaje a la escuelita y a la bandera; me gusta la hora del homenaje y me gusta portarme bien y no pelear con mis amigos; me gusta salir en el homenaje con todos los niños y niñas de la escuela; me gusta primero leer y compartir con mis compañeros. Segundo, salimos a jugar pelotas y juegos. Tercero, cuando regresamos hacemos las tareas de multiplicaciones y divisiones. (Cuadernos Escolares de Rotación del Yucatán, 2015a).

En todo caso se favorece un cuaderno más flexible, de carácter menos directivo que el de los otros dos periodos analizados, en el que los alumnos desarrollan su creatividad y su originalidad con redacciones espontáneas en las que dan cuenta del tema propuesto: “Cuando llego me siento a leer, cuando nos marca tareas sacamos la libreta y lo escribimos y después lo [sic] vamos a responder y lo que más me gusta es trabajar con matemáticas” (Cuadernos Escolares de Rotación del Yucatán, 2015c). Dibujos propios, no copias, alegran unos cuadernos muy cuidados en los que se trabaja con esmero.

Con esta experiencia americana de las escuelas de Yucatán en México se cumple el objetivo de implantar de nuevo en las aulas de primaria esta práctica académica altamente eficiente en sus resultados. A partir de ahora los maestros decidirán si continúa y se amplía la extensión a otras escuelas y lugares, o desaparece.

Consideraciones finales

El hombre siempre ha sentido curiosidad, curiosidad por lo antiguo. La clave está en poner límites a lo antiguo. Para unos es el ayer inmediato y para otros una mayor lejanía en el tiempo. A través de estas páginas se ha presentado un largo viaje de una práctica escolar que desde sus inicios de andadura en la escuela primaria española estuvo respaldada por un gran sector del magisterio, convirtiéndose en las décadas centrales del siglo XX en un instrumento al servicio de la Inspección Educativa y del poder del Estado que, al final, acabó con su existencia. Se puede decir que el mal uso, o el abuso, al que se la sometió la desterraron durante muchos años del panorama escolar diario. Ha sido necesario el paso del tiempo para retomar la actividad y convencerse el magisterio de la efectividad de la misma para que vuelva de nuevo. Con esta idea se apuntan dos aspectos muy relevantes del oficio de maestro: por un lado, que las prácticas no eficientes acaban por desaparecer y, por otro, que los maestros no son reacios a las innovaciones, a los cambios, siempre que demuestren su utilidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La extensión en el tiempo y en el espacio de esta actividad resulta de gran satisfacción para el Centro Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca que confió en ella desde sus inicios. Una prueba evidente de que no todo lo que se hizo en el pasado fue malo sino que conviene una nueva revisión y, sobre todo, en la escuela que es nuestro campo de investigación-acción. El camino iniciado por le cahier de roulement continúa un siglo después en las escuelas primarias española y mexicana, dando muestras evidentes de su buen hacer pedagógico. En ambos países se han observado continuidades con respecto al desarrollo inicial del cuaderno, entre las que resalta la potencialidad otorgada por los maestros como medio didáctico para la enseñanza y el aprendizaje de competencias relacionadas con el desarrollo personal (esfuerzo, responsabilidad, orden) y de convivencia (trabajo en equipo, colaboración, sentimiento de pertenencia a un grupo). También se observan discontinuidades relacionadas con un mayor grado de creatividad en la actualidad en contra de un mayor directivismo por parte de maestros y autoridades escolares en el siglo pasado. Las diferencias entre los cuadernos realizados en España y en México en este siglo XXI responden más a factores sociales (status social, economía familiar, entorno de la escuela) que a aspectos estrictamente académicos.

El estudio pormenorizado de las prácticas escolares -metodológicas, organizativas y curriculares- que conformaron en otras épocas el día a día de la escuela primaria entre docentes y alumnos, conlleva un replanteamiento y discusión acerca de la conveniencia o no de su vuelta a las aulas actuales desde una perspectiva tamizada de eficacia didáctica y no solo de criterios normativos. Es decir, el estudio de una escuela más compleja y rica, en la que se entremezclen memoria (la huella, el objeto, el testimonio, el recuerdo), la historia (la interpretación científica de la memoria) y la adecuación a las demandas de la sociedad actual. Vale7.

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1 En este artículo se estudia el cuaderno de rotación propiamente dicho, que remite a contenidos de corte curricular. No se aborda el estudio del ‘diario de clase’, también de carácter rotativo pero que se refiere a la marcha y la vida en el aula.

2 El proyecto aprobado por el Ministerio de Economía y Competitividad a la Universidad del País Vasco tiene la referencia (EDU2013-44129-P).

3 Ley de Presupuestos de 31 de diciembre de 1901.

4 Este viaje se realiza en 1902 por la decisión del Ayuntamiento de Cartagena (Murcia) de becar a algunos maestros de la localidad para que conozcan el funcionamiento de las escuelas graduadas en Francia, un sistema que se iba a implantar en los nuevos centros escolares de reciente construcción en la ciudad.

5 Entrevista realizada al profesor Herminio Ramos, en la que aporta su gran conocimiento sobre el significado y los usos de los cuadernos de rotación. Confirma que ‘durante la Segunda República la escuela donde estaba era mixta y dividida en tres secciones: pequeños, medianos y grandes y estos últimos hacían el cuaderno de rotación’.

6 Estas Normas e instrucciones se refieren al desarrollo de la Formación del Espíritu Nacional en las escuelas. La norma cuarta hace referencia al Cuaderno de Rotación: “Es conocido de todos los Maestros, que los antiguos partes han quedado sustituidos por el Cuaderno de rotación, en el que deben figurar todas las enseñanzas y actividades que se realicen en la Escuela y que estén afectas, de algún modo, al Frente de Juventudes; que serán consignadas por los alumnos, comprendiendo todo el Curso y remitiéndose a la Sección en los primeros días del mes de julio. En la primera hoja deben figurar todos los datos relativos a la escuela y en la segunda todos los datos del Maestro. Las enseñanzas obligadas a consignar en él, son: Actos de izar y arriar banderas. Figurará una o dos veces, a principio de curso y al iniciarse las clases después de las vacaciones de Navidades y Semana Santa; debe hacerlo un alumno de forma narrativa. Formación del Espíritu Nacional. Las lecciones deben ser semanales, siguiendo el programa, y quedar constancia Cuaderno con un resumen y dibujos alusivos al tema” (Normas e instrucciones..., 1959).

7 Sumándonos al homenaje a Cervantes en el cuarto centenario de su muerte (1616), reproducimos las palabras con que inicia y termina su gran obra: D. Quijote de la Mancha.

Recibido: 18 de Octubre de 2016; Aprobado: 15 de Mayo de 2017

Autor para correspondencia: E-mail: bmf@usal.es

Bienvenido Martín Fraile (Cabezuela del Valle, 1961) es doctor en Pedagogía por la Universidad de Salamanca (1998) con Premio Extraordinario. Profesor titular de Universidad de la Universidad de Salamanca, del departamento de Teoría e Historia de la Educación. Forma parte de sociedades relacionadas con la historia de la educación como la Sociedad Española de Historia de la Educación (SEDHE) o la Sociedad Española de Patrimonio Histórico Educativo (SEPHE). Es Director del Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca (CEMUPE), dedicando su interés a la recuperación, salvaguarda, exposición e investigación sobre la historia y memoria de la escuela. Compagina esta tarea con su labor docente en formación de profesores de enseñanza primaria en la Escuela Universitaria de Magisterio de Zamora, de la que es su director. En sus líneas de investigación destaca la historia de la enseñanza privada, la historia de la escuela y el patrimonio histórico-educativo. E-mail: bmf@usal.es

Isabel Ramos Ruiz (Zamora, 1961) es doctora en Pedagogía por la Universidad de Salamanca (2006) con Premio Extraordinario, Licenciada en Psicología por la UNED (1997) y Especialista en Asesoramiento Didáctico e Intervención Educativa por la UNED (2001). Profesora asociada de la Universidad de Salamanca en la Facultad de Educación. Forma parte de sociedades relacionadas con la historia de la educación como la Sociedad Española de Historia de la Educación (SEDHE) o la Sociedad Española de Patrimonio Histórico Educativo (SEPHE). Es subdirectora del Museo Pedagógico de la Universidad de Salamanca (CEMUPE), en donde dedica su interés a la recuperación, salvaguarda, exposición e investigación sobre la historia y memoria de la escuela. Compagina esta tarea con su labor como Profesora de Secundaria de Psicología y Pedagogía, en tareas de Orientación Educativa. En sus líneas de investigación destaca la historia de las universidades, historia de la escuela y el patrimonio histórico-educativo. E-mail: mirr@usal.es

Nota: B.M. Fraile e I.R. Ruiz foram responsáveis pela concepção, delineamento, análise e interpretação dos dados; redação do manuscrito, revisão crítica do conteúdo e aprovação da versão final a ser publicada.

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