Open-access Una investigación en bucle. El expediente de Ruth Mary Kelly

An Investigation in A Loop The Ruth Mary Kelly File

Resumen

Cinco años después de haber finalizado una investigación sobre Ruth Mary Kelly, luchadora pionera en la defensa de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales, recibí un expediente judicial que la tenía como protagonista. En él, denunciaba la explotación y vejación policial en Isla Maciel. Así pues, este trabajo se ocupa del expediente judicial en cuestión, ofrece una lectura del mismo a través de un lente antropológico que permita recuperar el contexto más amplio de su producción, y atiende, además, a una reflexión acerca del lugar del tiempo y el hallazgo en la pesquisa: ¿cuándo empieza y cuándo termina una investigación?

Palabras clave:
Prostitución; Policía; Expediente Judicial

Abstract

Five years after finishing a research on Ruth Mary Kelly, a pioneer fighter in the defense of the labor rights of sex workers, I received a judicial file that had her as a protagonist. In it, she denounced police exploitation and humiliation in Isla Maciel. Thus, this paper deals with the judicial file in question, offers a reading of it through an anthropological lens that allows to recover the broader context of its production, and it also reflects on the place of time and the "finding" in the investigation: when does an investigation begin and when does it end?

Keywords:
Prostitution; Police; File

Introducción

Sucedió hace exactamente un año. El sonido de la notificación de whatsapp, tan adepto a interrumpir el encanto de la cavilación, me sobresaltó; pero mayor fue mi sorpresa ante el mensaje: “¿habías visto esto?” “Esto” se refería al documento adjunto, que no era un documento pdf cualquiera, “esto” era un expediente judicial, de inicios de los 80 y completamente escaneado. La denunciante era Ruth Mary Kelly, la autodesignada “representante de las profesionales del sexo”.1

La primera vez que escuché acerca de Ruth fue en una reunión en la sede del sindicato de trabajador@s sexuales, AMMAR2. Era el año 2005 y había concurrido a la oficina de la Avenida Independencia como parte de un grupo evaluador de proyectos financiados por el Consejo Nacional de la Mujer.3 En algún momento de la charla, alguien la había mencionado como ejemplo pasado de la lucha por la agremiación, y señalado un antiguo recorte del diario Clarín que, colgado en la pared de la oficina, convivía con volantes, calendarios y otras notas periodísticas.4 No le di mucha importancia porque no venía a cuento de la evaluación del proyecto, además en ese entonces me encontraba abocada a mi investigación doctoral, que nada tenía que ver con la prostitución. Años más tarde, cuando comencé a investigar sobre el mercado del sexo, y una vez más en la sede de AMMAR (pero ahora en la calle Piedras), volví a escuchar el nombre de Ruth. En ese entonces, abril de 2011, la Secretaria General del gremio era Elena Reynaga y fue ella quien, en medio de una conversación, la mencionó casi al pasar: “sé que antes hubo una mujer que quiso agremiarnos, trabajaba en el puerto”. Interesada y centrada, como estaba, en la violencia policial contemporánea, tampoco, en esa oportunidad, le presté mucha atención. Al poco tiempo iniciamos una investigación colaborativa, con AMMAR, acerca de los efectos de las políticas anti-trata en la población de trabajadoras sexuales (Daich; Varela, 2022). En el año 2012, y especialmente a partir de la reforma de la ley 26842 de trata, los operativos en contra de la trata de personas con fines de explotación sexual se hicieron cada vez más visibles, más frecuentes y más espectaculares. También se tornaron, en muchos casos que registramos, sinónimo de vulneración de los derechos de las trabajadoras sexuales. De aquella investigación surgió un informe que fue presentado en dos actividades organizadas por AMMAR a fines del año 2013 y en junio del 20145. Fue por aquella época que un ejemplar original de Memorial de los Infiernos llegó a mis manos. Las memorias de Ruth Mary Kelly, transcriptas y editadas por Julio Ardiles; un libro de tapa blanda roja, descascarado por el paso del tiempo y del hojeo. Un librito derruido que una colega me prestó con entusiasmo, pero que pasó a engrosar mi pila de pendientes.

En el 2015, el nombre de Ruth volvió a encontrarme. Esta vez provenía de una voz diferente, su propia voz. Me topé, entonces y de casualidad, con una vieja entrevista que le habían realizado para El Porteño (Majul, 1983). Quedé tan impresionada por la actualidad de sus reclamos que no solo desempolvé y devoré el Memorial, sino que también comencé a darle forma al proyecto de seguir sus huellas y recuperar su figura como luchadora por los derechos de las prostitutas (Daich, 2016, 2019). Cinco años después de finalizada aquella investigación, recibí el whatsapp. Con él, recibí algo más: la certeza de que una investigación es siempre y necesariamente un proceso inacabado.

El expediente iniciaba con la denuncia de corrupción y extorsión policial, en Isla Maciel, que Ruth Mary Kelly había presentado en noviembre de 1984. De haberlo hallado en 2015, o por esa época, seguramente hubiera sido tema de un capítulo más de aquel libro con el que concluyó mi investigación (Daich, 2019), que bien podría haberse llamado El expediente o La denuncia. Pero, en esa época, el trabajo artesanal de archivo y las múltiples entrevistas no me condujeron hasta él, quizás porque aquella haya sido también, y al decir de Mariana Sirimarco (2023), una investigación “condicionada por el hallazgo”: ¿Cómo podría haber ido en busca de un expediente que no sabía que existía?

Así pues, este trabajo se ocupa del expediente judicial en cuestión, ofrece una lectura del mismo a través de un lente antropológico que permita recuperar el contexto más amplio de su producción, y que dé cuenta, también, de las relaciones que Ruth tramaba en tanto la “representante de las profesionales del sexo”. El artículo comienza con algunos apuntes acerca del trabajo con expedientes judiciales en el marco de investigaciones etnográficas, para luego mostrar cómo la denuncia se integra fácilmente en la trayectoria y en las reivindicaciones de esta pionera. Sugiere las condiciones de posibilidad de la denuncia realizada por Ruth Mary Kelly, es decir, contempla dónde fue radicada y qué vínculos le permitieron sostenerla. Aborda también las particularidades de Isla Maciel y el papel de la policía. Finalmente, el trabajo atiende, además, a una reflexión acerca del lugar del tiempo y el hallazgo en la pesquisa: ¿cuándo empieza y cuándo termina una investigación?

El expediente

En el año 1985, en La Plata, el Ministerio del Interior recibió una denuncia presentada por Ruth Mary Kelly, representante de las “Profesionales del Sexo”, donde se referían las condiciones en que se desarrollaba la prostitución en Isla Maciel.

La denuncia señalaba que las mujeres que trabajaban en prostíbulos clandestinos lo hacían en condiciones inhumanas, sin ningún tipo de control médico y bajo el desamparo social y legal, ya que parte de sus ganancias eran entregadas a funcionarios corruptos de las fuerzas de seguridad. Además, se mencionaba la existencia de anuncios en diarios que solicitaban “señoritas de buena presencia” para llevarlas al sur con “gastos pagos”, detrás de los cuales se escondía el negocio de la trata de blancas.

Las actuaciones fueron originadas en el Ministerio del Interior y elevadas al Sr. Juez Penal de turno por la cartera de Gobierno (…) El expediente incluye recortes periodísticos, así como fotos y mapas de la Isla Maciel señalando los sitios denunciados.

Este expediente es un registro histórico importante que revela la compleja realidad social de la época y las luchas por los derechos de las trabajadoras sexuales.6

Así se describe la causa “Ministerio de Gobierno s/ denuncia de Ruth Mary Kelly, La Plata, 1985” en el marco de la muestra “Las mujeres en las fuentes judiciales de la provincia de Buenos Aires: sus huellas a través de documentos históricos”, organizada por la Suprema Corte de Justicia provincial, a través de su Departamento Histórico Judicial y su Biblioteca Central. El expediente que había recibido por whatsapp estaba, desde los primeros meses de 2023, disponible en la web de la Corte; formaba parte, junto con otros 5 casos, de una muestra itinerante que pretendía “recuperar las huellas que las mujeres dejaron en su andar ante los tribunales”. Con una buena cuota de incredulidad, ingresé a la web: la causa entablada por Ruth estaba ahí, disponible para quien la quisiera leer, a tan solo un “click” de distancia.7 Que fuera, ahora, de dominio público no alteraba, ante mis ojos, su carácter de hallazgo único.

El expediente se iniciaba por una denuncia que, en noviembre de 1984, Ruth Mary Kelly había realizado en la Subsecretaría de Derechos Humanos. En ella alertaba acerca de “la explotación, desamparo social y legal” de las profesionales del sexo. Si bien la denuncia apuntaba tanto a lo que sucedía en Isla Maciel, como a los avisos engañosos que buscaban señoritas, la averiguación policial-penal se ocupó solamente de la primera cuestión. Además, las actuaciones judiciales comenzaron recién 9 meses después de la denuncia original. Finalmente, en julio de 1986, el expediente se archivaría “no resultando de las constancias de autos debidamente justificada la perpetración de delito alguno en el hecho que dio motivo a la formación del presente sumario instruido por el Ministerio de Gobierno”.8

Mucho se ha tematizado ya acerca del trabajo con expedientes judiciales en el marco de investigaciones etnográficas; desde el tipo de preguntas que podemos hacernos hasta los recaudos metodológicos que necesariamente debemos tomar (Muzzopappa y Villalta, 2011, 2022; Villalta, 2011; Sarrabayrouse, 2009, 2022). A los fines de este trabajo es importante recordar que un expediente judicial, construido fundamentalmente a partir de la técnica de la escritura, no sólo representa sino que es él mismo la historia del proceso judicial que se trate; como legajo, contiene las distintas “actuaciones”, que pueden ser sumarios policiales, declaraciones testimoniales, indagatorias, escritos de la querella, escritos de la defensa, requerimientos fiscales, pericias, informes socioambientales, notificaciones, citaciones, allanamientos, secuestros, embargos, pedidos de informes, resoluciones del juez, entre otros documentos. Todos ellos son determinados “hitos de la investigación” y las “voces” que allí se plasman se encuentran mediadas por la intervención y estilización de los agentes judiciales (Villalta, 2011).

Abordar un expediente judicial, desde la antropología, implica prestar atención tanto a las prácticas, actores y lógicas burocráticas que lo han producido, como tener en cuenta el contexto sociopolítico más amplio de su producción, pero también atender a las tramas de relaciones sociales que hacen al asunto y que quedan por fuera de la construcción de la verdad jurídica, los “actos” que no pudieron transmutarse en “autos” (Corrêa, 1983).

Como sostiene Sarrabayrouse, el análisis etnográfico de los expedientes permite dar cuenta del “carácter fetichista de los documentos (Gordillo, 2006), mostrando que tras los mismos se encuentra una multiplicidad de relaciones sociales”. Es decir que una mirada antropológica permite “comprender que detrás de los empolvados expedientes judiciales, se puede dilucidar toda una enmarañada malla de relaciones, que habla de prácticas, valores, tradiciones, costumbres, conflictos y actores” (2009:76).

Así las cosas, en los párrafos que siguen intentaré abordar el expediente en cuestión, desde una perspectiva antropológica. No voy a recuperar aquí la lógica de los actores institucionales envueltos en la construcción del expediente judicial, sino que me interesa contextualizar la denuncia de Ruth en el marco más amplio de su actuación en tanto “representante de las profesionales del sexo”. Para ello, he tenido en cuenta los datos construidos durante la investigación anterior (Daich, 2019), pero ha sido necesaria, además, la búsqueda de otras fuentes, principalmente notas periodísticas, así como la realización de algunas entrevistas a actores clave.

La denuncia

La denuncia sobre explotación y connivencia policial en Isla Maciel se inscribe, sin esfuerzo, en la trayectoria de esta pionera por los derechos laborales de las prostitutas en la Argentina. Sin dudas, cuando se habla de la historia del movimiento local de trabajadoras sexuales, las reivindicaciones de Ruth Mary Kelly constituyen un antecedente ineludible.9 Desde los años setenta, supo rondar por distintos círculos: feministas, de izquierda, punks, de organismos de derechos humanos, y en todos defendió los derechos laborales de las meretrices. Ruth supo ser un personaje único, una mujer díscola y rebelde que se presentaba como “mucho gusto, Ruth Mary, prostituta”, además, tenía tarjetas personales, con letra de molde, que así lo confirmaban.10

Tan temprano como en los años 1971 y 1972, ya estaba pensando en las prostitutas principalmente como parte de la clase trabajadora. Ruth señalaba, en ese entonces, cuestiones absolutamente actuales y que hacen a la precariedad laboral estructural del capitalismo; la que ofrece a las mujeres pobres escasas posibilidades de inserción en el mercado laboral y, generalmente, precarias y mal remuneradas.

Se le recuerda luchadora y justiciera. Le preocupaba especialmente el maltrato policial: las humillaciones y violencias policiales a las que trabajadoras sexuales se veían expuestas cotidianamente, las detenciones por averiguación de identidad, las detenciones de 21 días por el edicto “2h”, los allanamientos sin orden judicial. A sabiendas de que la prostitución a título personal no está penada, Ruth se preguntaba por qué entonces el Estado no les permitía trabajar en forma independiente, el porqué de las persecuciones. Recordemos que, en la Capital Federal, el edicto de “escándalo” era el “pavor de gays y prostitutas” (Perlongher, 1983); el famoso “2h” condenaba con arresto de hasta 30 días a “las personas de uno u otro sexo que públicamente incitaren a las personas o se ofrecieren al acto carnal”. Las prostitutas y homosexuales eran los sujetos objetos habituales y reiterados de esta rutina policial por lo que usualmente tenían varias “entradas” en su haber. Ruth misma relató varias de ellas. En la provincia de Buenos Aires, por su parte, el artículo “pavor” era el número 68 del Código de Faltas, que penaba con multa o arresto “a la prostituta o el homosexual que se ofreciere públicamente, dando ocasión de escándalo”. Por eso, Ruth quería que las mujeres se organizaran en un gremio, para defenderse de estas injusticias y obtener derechos laborales como los de cualquier trabajador. Llevaba siempre este reclamo, a todo círculo social en el que participara.

Quería organizarse para que las trabajadoras del sexo pudieran tener obra social y jubilación, y para que pudieran llevar adelante su tarea sin ser acosadas y violentadas por la policía. Le preocupaban, además, las condiciones bajo las cuales se encontraban las prostitutas de los burdeles. Y también denunciaba “el negocio de la trata de blancas”, haciendo referencia a las falsas promesas y los engaños por medio de los cuales algunas mujeres entraban al mercado del sexo.11

Según el expediente, Ruth había realizado la denuncia el 26 de noviembre de 1984 en la Subsecretaría de Derechos Humanos del Ministerio del Interior. Este dato no es menor. La subsecretaría se había creado apenas unos meses antes y luego de que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) finalizara su actuación. Al igual que la CONADEP, la subsecretaría comenzó funcionando en las instalaciones del Centro Cultural San Martín, en pleno centro porteño. Entre sus competencias, podía “recibir denuncias referidas a las violaciones de derechos humanos poniéndolas en conocimiento de las autoridades judiciales y administrativas competentes”.12 No ha de extrañarnos que haya sido éste el lugar elegido para denunciar el accionar corrupto de funcionarios de las fuerzas de seguridad, a poco tiempo de recuperada la democracia en el país. En el comienzo de los años 80, Ruth rondaría los espacios de los organismos de derechos humanos, y también allí encontraría con quiénes tejer relaciones. Por su lucha contra los edictos policiales y su compromiso con los derechos humanos, había conocido a Augusto Conte, uno de los fundadores del CELS13, había visitado al premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y a las Madres de Plaza de Mayo, y había sido ferviente participante de cuanta marcha o movilización en pos de la defensa de los derechos humanos se organizara, como la Marcha de la Civilidad de 1982 o las Marchas de la Resistencia, organizadas, desde el año 1981, por las Madres de Plaza de Mayo. La preocupación y el compromiso de Ruth con el respeto por los derechos humanos quedarían reflejados, además, en el testimonio que le brindó al cineasta y documentalista Werner Schroeter para su De l'Argentine 1983-1985.

A la violencia institucional14 cotidiana, la de la policía en la calle, por ejemplo, Ruth la conocía bien de cerca. Pero también sabía del tipo de accionar de las fuerzas armadas y de seguridad durante la última dictadura cívico-militar: “fue un sistema donde se torturó, se mató, hubo desaparición forzosa de personas, todavía lo hay porque todavía no se ha desmantelado el aparato represivo”, afirmó en una escena del mencionado documental. Poco después, en una entrevista, había denunciado la aplicación arbitraria de los edictos policiales, y declarado: “durante el proceso era terrible, las mujeres eran violadas, vejadas por la policía”.15

Por eso, tiene sentido que la denuncia no se hubiese radicado en una comisaría. Su acercamiento a los organismos de derechos humanos, como antes a los grupos feministas, hizo que Ruth pudiera enriquecer su pensamiento, aprehender otras experiencias y tejer nuevas relaciones. Por tal motivo, no resulta extraño que, y como consta en la causa, cuando la citaron de la Unidad Regional Quilmes, de la policía de la provincia, le haya pedido a la abogada Marta Fabián que la acompañara. En ese entonces, en diciembre de 1984, Fabián era asesora del diputado nacional Raúl Rabanaque Caballero.16

“Era muy inteligente Ruth, ella quería ver los antecedentes y la legislación sobre prostitución en Argentina, ella pedía ayuda para hacer un proyecto de ley y venía a la oficina con sus papeles. Y yo le decía que tenía que centrarse en lo policial, que era lo que nosotros trabajábamos”17, me contó Marta cuando, a partir del hallazgo del expediente que la menciona, la contacté. No recordaba mucho acerca de la causa en cuestión, pero estaba “casi segura” de haber viajado con Ruth hasta la dependencia policial en “un auto oficial”, porque, como me confió, “estaba amenazada por los represores, me habían prohibido pisar la provincia de Buenos Aires”. La citación era anterior al inicio del sumario judicial, una iniciativa policial para que Ruth aclarara sus dichos en la prensa. ¿Podría haber sido una amenaza velada, un “apriete” ?, la otrora asesora del Bloque del Partido Intransigente no lo descarta. En su declaración testimonial, Marta había explicado que conocía

a la sra. Ruth Kelly, la que se presentaba de continuo en la oficina con el objeto de poner de manifiesto quejas respecto a detenciones o infracciones que se labraban a prostitutas (…) que la sra. Kelly le dijo a la deponente que había sido citada a declarar por la policía de Quilmes o Lanús y que tenía temor de comparecer, solicitándole asesoramiento al respecto, que por tal motivo la acompañó a Quilmes, cree que a la Brigada, y solicitaron hablar con el comisario a fin de aclarar los motivos por los que había sido citada, que se le informó que la citación se debía a que tenía que rectificar o ratificar los términos vertidos en un diario o revista, en los que Kelly denunciaba la explotación de menores en la Isla Maciel y que esta circunstancia era conocida por la policía y que también había personal policial involucrado en esa explotación.18

A fines de 1984 Ruth no solo había radicado una denuncia formal, sino que, además, la había replicado en distintas publicaciones periodísticas, entre ellas la revista Flash, en la que había declarado:

la corrupción continúa, menos que en tiempos de la dictadura en los que los atropellos eran terribles. Pero todavía existen las irregularidades y no se pueden negar (…) en la Isla Maciel trabajan unos 9 prostíbulos. Cada una de las chicas paga 3500 pesos por día para ofrecer sus servicios. Además, en forma periódica se forma un pozo de dinero para pagarles a dos o tres que van presas. Los que hacen el recorrido deben justificar su trabajo. Entonces cada tanto llevan a algunas chicas para que no sospechen que hay arreglo. El mecanismo es simple, reúnen cierta plata y se la dan a las chicas que tienen que ir presas.19

Si bien Ruth no vivía en Isla Maciel, probablemente la conociera bien; después de todo, vivía en La Boca, al otro lado del Riachuelo.

La vereda de enfrente

(Hombre) ¡Cuidado la cana! Está bien, ya pasó

(Cliente) ¿Qué pasa?

(Trabajadora sexual): Los botones. Si estás en la calle, te llevan. Si estás en un hotel, te llevan. Si tenés tu macho, te llevan. Y si no lo tenés, también te llevan. No sé qué clase de putas quieren estos.

Jorge Cedrón, La vereda de enfrente, 1963.20

Ese mismo día de la denuncia, el 26 de noviembre de 1984, Martha Ferro publicaba “Las mujeres de la vida”, en la sección “La Mujer”, del diario La Voz. Describía el día a día de quienes se ganaban la vida en los burdeles de Isla Maciel y denunciaba, también, el accionar policial: “ahí trabajan varias decenas de mujeres, en diferentes turnos y días, bajo condiciones infrahumanas (…) el 50 por ciento de la recaudación diaria va para la coima que se chupan funcionarios corruptos”. Vale aclarar que Maciel no es una isla y que Martha Isolina Ferro no fue apenas una periodista dedicada al “policial tramontina”, sino también “una feminista trostskista, poeta beatnik, editora, titiritera y agitadora popular”.21

Ferro tenía una relación de larga data con Isla Maciel y sus notas de febrero de 1985, en La Voz, como luego se verá, retratarían algo clave para la causa: la denuncia de corrupción y coima llevada adelante, ni más ni menos que por un agente de la policía bonaerense. Por esta razón, invocada por Ruth en su declaración testimonial22, Martha Ferro fue citada a declarar en la causa judicial. Visto desde el presente, resulta hasta obvio que Ruth Mary Kelly y Martha Ferro se hayan conocido, ambas denunciaban -desde sus respectivos espacios- la violencia policial. Ambas eran feministas. Además, Ruth había participado de las reuniones y encuentros feministas que se realizaron en el año 1972 para recibir a Linda Jenness, candidata a Presidente de EE. UU. por el Socialist Workers Party (SWP). Allí conoció a Nora Ciapponi, quien, a su vez, fue candidata a la vicepresidencia de la nación por el Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Martha Ferro era una militante trotskista que se uniría al PST en 1974. Los caminos de una y otra deben de haberse cruzado en más de una ocasión, pero no fue sino a partir de este expediente judicial que pude vincularlas.

A comienzos de 1976, Martha Ferro organizó un espacio cultural en un sótano de San Telmo, el que se tornaría refugio de lesbianas y militantes de izquierda. Pero poco antes del golpe de estado, el sótano fue allanado y Martha se escondió en Isla Maciel, donde recaló en los hogares de las prostitutas y vivió como linyera (Flores, 2015). Puesto que la Alianza Anticomunista Argentina ya había amenazado y atentado contra militantes del PST con anterioridad, y el 24 de marzo de ese año comenzaría el más cruento Terrorismo de Estado, no sorprende que Ferro se ocultara un tiempo. En Isla Maciel, además, pudo tejer relaciones con los habitantes del barrio que, según le confió a María Moreno, perduraron en el tiempo:

en la isla el partido tenía un local. En esa época yo llevaba al payaso Mamarracho y hacía títeres. Me respetan muchísimo, todavía hoy lo que yo digo es palabra santa ahí. Para todo: “Preguntale a Martha”. Y aparte por el hecho de que yo me llevo mal con la cana (2011:304).

“La isla”. El barrio Isla Maciel, perteneciente al partido de Avellaneda, no tiene nada de atolón. Es un barrio de Dock Sud, a orillas del Riachuelo y frente a La Boca. Sus primeros pobladores fueron los obreros de los astilleros y carboneras, los estibadores y los trabajadores de la industria frigorífica. También las mujeres que ofrecieron allí sus servicios sexuales. Población migrante, en su gran mayoría. Isla Maciel fue famoso por sus prostíbulos de comienzos del siglo pasado, como “El Farol Colorado” (Conde, 2018). Fue escenario de los picnics anarquistas de la década del 20 (Bayer, 2008; Suriano, 2004). También epicentro de las acciones de educación popular del Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad de Buenos Aires, a mediados de los años 50 y comienzos de los 60 (Wanschelbaum, 2017).

Identificado con “la prostitución y el delito”, es su historia de marginación social lo que refuerza el sentido de "isla" (D’angelo, 2007). Maciel es un barrio humilde. La potencia industrial del barrio se fue debilitando al compás de las políticas nacionales de desindustrialización. No es una isla pero sigue aislada en el imaginario, “la isla” es todavía hoy estigmatizada.23

Cuando, a comienzos de este siglo, María Moreno le preguntó por el barrio, Ferro respondió:

No quiero ni pensar cómo estará la Isla Maciel. En el ochenta había mujeres que iban a buscar la grasa de los frigoríficos para hacer chicharrón. Como única comida de los chicos. O buscaban ratas en los basurales. Las limpiaban con vinagre y se las comían. Y también iban a los restaurantes de La Boca –te estoy hablando de los de la villa– a buscar la comida de la basura para lavarla y cocinarla. Porque la Isla Maciel fue territorio del puerto, y el puerto fue desmembrado (2011:303).

La denuncia: es la policía

Dos días después de la denuncia, Ruth Mary Kelly fue la única expositora en la charla “Prostitución”, organizada por Lugar de Mujer24. Allí volvió a denunciar el caso Maciel, tal y como quedó reflejado en la nota del diario Crónica:

Graves denuncias relacionadas con el ejercicio de la prostitución en la Argentina, la trata de blancas y la relación entre corruptos funcionarios de seguridad y ciertos dirigentes políticos con la explotación de mujeres, fueron formuladas por una profesional del sexo, según su propia afirmación, en el curso de una charla sobre el tema. Ruth Kelly (…) señaló que hace poco estuvo en la Isla Maciel, donde funcionan varios prostíbulos en donde chicas, muchas veces menores de edad, trabajan en condiciones infrahumanas (…) denunció además que funcionarios corruptos cobran todos los días 3.600 por chica para permitirles trabajar y aseguró que muchos funcionarios de seguridad viven de la prostitución.25

Como ya he mencionado, luego de estas declaraciones públicas, Ruth fue citada por la Unidad Regional Quilmes. Seguramente temerosa por la convocatoria, diseñó una estrategia: fue acompañada por la abogada Marta Fabián y preservó la información acerca de su domicilio real, consignó, en cambio, la dirección de Lugar de Mujer. Una vez iniciado el expediente judicial, estas actuaciones policiales fueron requeridas en 4 oportunidades desde fines de 1985 hasta comienzos de 1986. La respuesta llegaría en abril de 1986, aunque el escrito policial incorporado al expediente aparece cortado. No hay referencia a los actores intervinientes, se describen apenas los reclamos de Ruth y finaliza de manera abrupta:

según sus propias manifestaciones, de contactos que la misma mantuviera con personas que ejercen la prostitución, especialmente las que lo hacen en la zona de Dock Sud, estableció la existencia de situaciones ilícitas que se producen como consecuencia de la prostitución clandestina, tales como funcionarios que se beneficiarían con la aludida actividad, no pudiendo en la eventualidad.

En su declaración testimonial en sede judicial, en cambio, Ruth brindó otros datos acerca de ese encuentro de diciembre de 1984:

que la hicieron pasar a otro despacho, donde fue atendida por el segundo jefe de la dependencia (…) que la interrogó con relación a la identidad, número de las chicas que trabajaban en los prostíbulos, que también le preguntó por la ubicación de las casas de tolerancia clandestinas. Que la declarante le manifestó “que no era delatora de sus compañeras”. Que a la declarante le llamó la atención el interés policial por estos aspectos y no por conocer la identidad de los funcionarios policiales eventualmente involucrados en el “arreglo” del que se habla en la publicación. Que de esta conversación no quedó nada escrito pero la dicente estaba acompañada en ese momento y durante toda la conversación por una abogada de nombre Marta Fabián.

Casi dos meses después, en febrero de 1985, una serie de notas periodísticas basadas en la denuncia de un policía y publicadas en La Voz26, pondrían el foco sobre el caso Maciel y el “arreglo” denunciado por Ruth. Bajo el título de “Corrupción y coima. Espectacular denuncia de Scarpelli-legajo 445750- un agente de Dock Sud cansado de injusticias”, la primera de la saga describía la explotación de la prostitución ajena en Isla Maciel y señalaba a algunas mujeres, “madames”, y algunos oficiales de policía como los responsables. Según se nos cuenta, el agente Scarpelli había sospechado del repentino ascenso socioeconómico de algunos de sus colegas y comenzó una serie de averiguaciones que lo condujeron a Isla Maciel y a lo que allí tenía lugar: “el oficial Gutiérrez junta la plata que le dan las rufianas, y Medina le saca la plata a las prostitutas para no llevarlas presas”27. Las notas no están firmadas, pero se adivina el estilo de Ferro y sabemos, por el expediente, que ella fue la encargada de la temática. Tampoco aparece el nombre de Ruth, pero asoma –a través de sus demandas- en párrafos como el de la segunda nota publicada:

Las prostitutas reclamaban un sindicato que las protegiera de todos los manoseos y coimas, y además solicitaban una obra social que les diera una cobertura para proteger su salud física y mental. La denuncia del policía Scarpelli muestra a las claras por qué nadie investigó ni se interesó por el estado de corrupción existente en la Isla Maciel, donde las más perjudicadas y pisotedas son las trabajadoras del sexo.28

Una tercera comunicación29 denunciaba que las coimas no habían cesado y, finalmente, la cuarta reproduce un comunicado “expedido por la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires”. La nota oficial exculpaba a Scarpelli y afirmaba que se iniciarían investigaciones sumarias acerca del comportamiento de los funcionarios en Dock Sud30. Así narraba estos hechos Martha Ferro en su declaración testimonial de diciembre de 1985:

que el senador Saadi recibe una carta firmada por una persona que según recuerda se llamaría Daniel Escarpelli o Escarpetti, que Saadi le manda la misiva a la dirección del diario, a cargo en ese entonces de Raúl Cuestas y Mauro Bianco, quien encomienda la misión de investigar todo lo referente a la misiva a la declarante, que en esa carta se denunciaba que funcionarios de la comisaría de Dock Sud habían adquirido automóviles imposibles de adquirir con pocos ingresos, que la carta contenía nombres de los policías, marcas de los vehículos y número de patente de los mismos. Que todo esto fue publicado en el diario La Voz (…) previo haberse corroborado la exactitud de la denuncia. Que se recibe en la redacción un llamado anónimo en donde se especifica que había una denuncia efectuada en la Comisaría Tercera de Dock Sud, similar a los términos de la publicación. Que todo esto obedeció a aprietes, ya que la policía quería cobrar doble, se refiere a la coima que les cobraban a las prostitutas, que cuando comenzaron a salir las noticias referente a lo enunciado, algunas prostitutas fueron golpeadas, según ellas por personal policial, que la declarante pudo ver (…). Que el jefe de prensa de la policía llamó por teléfono al diario y dijo que felicitaba a los miembros del mismo por la noticia y su difusión, y manifestó que los responsables estaban sumariados. Que eso mismo le fue comunicado al diario en forma oficial, mediante una nota, que al día siguiente de recibida, fue publicada.31

Las declaraciones testimoniales de Ruth Mary Kelly, Marta Fabián y Martha Ferro tuvieron lugar en sede judicial, más precisamente en el juzgado penal n° 7 a cargo del Dr. Alfredo Sanucci, en la ciudad de La Plata. En cambio, el resto de la pesquisa, tal y como consta en el expediente, fue llevada adelante por la policía provincial. En aquella época, antes de la reforma procesal penal de 1998, la policía solía llevar adelante la instrucción del sumario, es decir, el juez penal le delegaba la primera etapa de investigación sobre un caso. Así pues, contando con algunas directivas judiciales, que incluían desde diligencias varias hasta tomar declaraciones, la averiguación le fue encomendada a la Brigada de Investigaciones de Lanús32.

Desde la Brigada se llevaron adelante distintas diligencias investigativas, un equipo se trasladó a Isla Maciel donde intentaron identificar burdeles y personas, como las “madamas” señaladas por Scarpelli y por Ruth. Realizaron croquis del barrio, tomaron fotos de las casas sospechadas, hablaron con los vecinos. También los citaron para declarar, como al portuario Nicolás, que fue testigo del procedimiento en la Isla y declaró que no podía afirmar si, efectivamente, en el barrio existía oferta de sexo. O como al dueño del bar local, a quien le preguntaron si había prostitución, si había rufianas, y si participaban menores. También le pidieron que opinara sobre la prevención y represión policial en la Isla. O como al carnicero y a una vecina, a quienes, también, les preguntaron por los mismos tópicos. Las respuestas fueron evasivas o sin precisión.

También le tomaron declaración a los oficiales de policía que, en el período investigado, cumplían funciones de prevención y represión del delito para la comisaría 3ra de Avellaneda-Dock Sud, les preguntaron por la prostitución de la zona, si conocían a las rufianas señaladas y si conocían a Ruth. Todos respondieron casi lo mismo: que se realizaban operativos con el objetivo de erradicar la prostitución y que, en esas incursiones, solían constatar infracciones al Código de Faltas, ya sea por “prostitución, vagancias, punguistas, o mecheras”.

Además, fue citada a declarar una de las mujeres sospechadas de explotación de la prostitución ajena. Reconoció que había ejercido la prostitución por muchos años, pero aclaró que se encontraba “totalmente retirada”, negó las acusaciones en su contra y, ante la pregunta, dijo no conocer a Ruth.

La investigación (y, seguidamente, la causa) concluye con la declaración de dos policías: la del tan mentado agente Daniel Ricardo Scarpelli y la del Segundo Jefe de la Brigada de Investigaciones de Lanús, Felix Fernando Murad. El primero declaró ante la Brigada en junio de 1986, sobre la misiva publicada en La Voz sostuvo: “que en ningún momento confeccionó carta alguna con esos fines puesto que nunca tuvo nada que decir ni poner en tela de juicio a sus superiores ni iguales, como así tampoco puede mencionar que hayan existido coimas entre prostitutas y personal de la dependencia donde prestara servicios”.

El segundo, por su parte, realizó un balance de las diligencias realizadas en el marco de la instrucción de la causa, describió “el paraje isla Maciel y la villa que lleva el mismo nombre” y concluyó

que dicho panorama tan carenciado permite y facilita la permanencia, instalación y ubicación de diversas personas pertenecientes a distintas actividades, algunas de las cuales revisten características de marginalidad, de la cual por supuesto no puede apartarse la prostitución, pudiéndose destacar, acorde a los testimonios obtenidos como también al propio trabajo de inteligencia realizado por el declarante que en el lugar primitivamente mencionado existe la prostitución denominada comúnmente “golondrina”, es decir que debido a la situación apremiante (…) ciertas mujeres de escasos recursos y de origen humilde desprovistas de elementales prejuicios y principios de moralidad (…) las lleva en forma inexorable a dedicarse a dicha actividad infamante. Que en su mayoría dichas mujeres provienen de hogares humildes del interior del país e inclusive de otros países vecinos (…) que la prostitución es detectada por la autoridad policial jurisdiccional, la cual no trepida en combatirla (…) procediendo a labrar las infracciones que prevé el Código de Faltas.

Así, el subcomisario Murad nada declaraba respecto de posibles coimas, ni de ninguna otra situación irregular que involucrara a efectivos de la policía provincial, el problema eran apenas las “prostitutas golondrina” que ni siquiera eran siempre las mismas pues “regresan a sus lugares de origen, que dicha actividad continúa al ser reemplazadas dichas mujeres por otras de las mismas características”.

Con esas declaraciones finaliza la causa que, no solo es instruida la pesquisa por la policía, sino que tiene como objeto de investigación a la misma policía. En pocas palabras, la policía se investigaba a sí misma. En la versión policial, mujeres pobres ofrecían sexo comercial en Isla Maciel bajo la modalidad golondrina: no como una ocupación permanente sino como una respuesta acotada a una situación económica apremiante. En la versión de Martha Ferro y Ruth, no solo había prostitución golondrina. También explotación económica y violencia; coimas y amenazas policiales, que, por cierto, no eran un asunto para nada nuevo en Isla Maciel.

Reflexiones finales

El cese de la violencia policial, en particular, y de la violencia institucional, en general, es el principal reclamo de buena parte del movimiento actual de trabajadoras y trabajadores sexuales. Esto no quiere decir que no existan otras violencias con las que, cotidianamente, deban lidiar, pero sí que resulta, a las claras, de las más urgentes y más denunciadas por quienes ejercen el sexo comercial. Si para muestra basta un botón, cabe recordar que el sindicato de trabajador@s sexuales, AMMAR, nació como una forma de organizarse frente a la violencia policial. Pero antes de su conformación, mucho antes, hubo una mujer díscola que anhelaba conformar el primer gremio de prostitutas. Desde los años setenta, Ruth Mary Kelly, con los pocos recursos y vínculos que logró agenciarse, denunció reiteradamente la violencia policial y defendió los derechos laborales de las profesionales del sexo.

El hallazgo del expediente viene a confirmar esa trayectoria, a brindar más información respecto de la red de relaciones en las que esta pionera se movía, de los lazos que tejía y de los reclamos que la tenían por protagonista. Quizás se pueda pensar la denuncia de Ruth, y de Martha Ferro en La Voz, en clave de escándalo.33 Durante décadas Ruth hizo del escándalo, su herramienta política predilecta, fue su forma de acceder a cuestiones que, en principio, le estaban vedadas; una acción de denuncia y de reivindicación de derechos (Daich, 2019). La denuncia, como el escándalo, es siempre en contexto, en el marco de una trama social concreta. Una denuncia, como un escándalo, permite adivinar que se han violado los códigos morales de una comunidad o que se han roto determinados lazos. La denuncia, como el escándalo, puede funcionar como micropolítica que revierta temporalmente una situación de desigualdad o como una estrategia de negociación (Kulick; Klein, 2003). Así, es probable que la denuncia escandalosa de Martha y Ruth (y del falso Scarpelli) permitiera que las trabajadoras sexuales de la Isla negociaran nuevas condiciones con la policía, en particular si aquella había tenido efectos concretos en la jefatura de la comisaría. Daniel Pérez, que trabajó en La Voz, le confió a Mariano Mancuso que una vez Martha Ferro llevó el tema “que a las putas de la Isla Maciel las fajaban los canas. Hicimos una serie de notas sobre eso y se armó un canbombe descomunal”, por lo que terminó reuniéndose con el jefe de prensa de la policía: “si paran esto y rajan al comisario, no seguimos adelante, le dije”. Según el periodista, la negociación dio sus frutos: “a los tres o cuatro días tuvimos el dato de que rajaron al comisario” (Mancuso, 2015:92). Sería injusto atribuirle la denuncia sólo a Martha y Ruth, detrás y anónimas, se adivinan muchas “putas de la Isla Maciel”; me gusta pensar que pudieron haber conformado, quizás, el “núcleo de profesionales del sexo” que Ruth anhelaba fundar.

Ahora bien, el hallazgo del expediente también trae aparejado otras preguntas: ¿Cuándo empieza y cuándo termina una investigación? Las antropólogas y antropólogos somos una suerte de acumuladores. Documentos, volantes, fotos, croquis y, sobre todo, anotaciones. Atesoramos viejos cuadernos de campo, plagados de observaciones y reflexiones, a sabiendas de que la investigación se desarrolla en un tiempo que no es lineal. Para decirlo de otro modo, a sabiendas de que, ya sea que en el momento nos resulte curioso o intrascendente, eso anotado tiene una lógica y un valor, o, mejor aún, con la certeza en la intuición de que, tarde o temprano, aquello registrado, o guardado, finalmente tendrá sentido. Estas prácticas no son caprichosas, son parte de un quehacer profesional, ese que nos entrena para observar lo que aún no podemos ver (Olivier de Sardan en Rivoal y Salazar, 2013). Todavía conservo las notas de campo del año 2005, que incluyen un dibujo a mano alzada de esa oficina de AMMAR y la mención al recorte periodístico que celebraba el inicio del gremio y recordaba a Ruth. También un cuaderno garabateado del 2011, en el que sobresalen los dichos de Elena Reynaga y la figura de Ruth. ¿Cuándo comienza una investigación? ¿Cuántas veces Ruth pasó a mi lado, o me rozó su historia, antes de que me dispusiera a seguir sus huellas?

Seguramente no nos cueste mucho definir el inicio formal de nuestra investigación, en cambio, no resulta para nada sencillo precisar cuánto antes empezamos a rumiarla. En cuanto al final de una pesquisa, por qué no pensarlo en términos de cierre, como el cierre de un primero, segundo o tercer acto, según el caso; actos de una obra que queda siempre abierta a los hallazgos y encuentros inesperados.

¿Pero en qué consiste un hallazgo? El expediente de Ruth Mary Kelly siempre estuvo allí, sólo que yo no sabía de su existencia. “¿Qué mejor lugar para esconder un expediente judicial que en un juzgado?” solían bromear lo agentes judiciales con los que, una década atrás, compartí muchos meses de trabajo de campo; pero si el expediente de Ruth logró escapar de los archivos judiciales y del polvo, o del juego del escondite, fue porque hubo quienes consideraron que valía la pena que formara parte de una muestra. Que era representativo de una problemática y de una lucha, ya que todos los casos seleccionados “se refieren a mujeres pretendiendo respuestas, que habrían perdido toda visibilidad y voz, si no fuera por las huellas que han dejado en los expedientes y en otros documentos”.34 No solo el azar hizo que el expediente de Ruth fuera uno de los pocos seleccionados entre las tantísimas causas recopiladas. El trabajo sexual, la trata de personas y las luchas feministas han estado muy presentes en las discusiones de la arena política de los últimos años. El hallazgo es un tanto menos azaroso, una vez en contexto.

El hallazgo no es simplemente una serendipia entendida como algo accidental o inesperado, también es una pieza inteligible, que es capaz de integrarse en el rompecabezas conceptual que quien investiga viene construyendo. Requiere, como señalan Rivoal y Salazar (2013:178), de “un conocimiento previo suficiente, una mente inquisitiva, un pensamiento creativo y un buen momento”. El momento, o el tiempo, es fundamental.

La buena investigación requiere tiempo para mirar, oír y escribir, el tiempo para estar ahí y para trabajar estando aquí (Cardoso de Oliveira, 2000). Pero como la vida académica y la investigación científica también se han visto alcanzadas por la cultura de la rapidez, prevalece la exigencia de publicar cada vez más artículos en las revistas de mayor impacto en detrimento de la buena y lenta pesquisa (Berg y Seeber, 2022). Precisamos otra temporalidad para la academia (Jiménez Villar, 2020) o, para decirlo de otro modo, y siguiendo a Paul Stoller, necesitamos reivindicar a la antropología como una ciencia lenta, en un mundo rápido (Moreno Lozano y Flores Martos, 2019).

La temporalidad es importante, además, porque, como en el presente caso, nos permite prestar atención tanto al devenir, como a la producción de conocimiento y memorias de un movimiento social marginado, estigmatizado y denostado. Este trabajo, así como la basta investigación que lo precedió (Daich, 2019) ha pretendido “seguir las huellas de Ruth Mary Kelly”, como una forma de recuperar narrativas silenciadas u olvidadas. Sin dudas, las formas en que se narra el pasado participan de las disputas políticas del presente, por lo que atender a los antecedentes del movimiento local de trabajadoras sexuales se torna no solo un ejercicio académico-investigativo, sino también un acto político. Al fin y al cabo, recuperar la historicidad de las luchas es clave para enfrentar nuevos desafíos (Tarducci, 2019). Si bien es en el inicio de la década de los 90 cuando se conforman buena parte de las organizaciones de trabajadoras sexuales en Latinoamérica, muchos países contaban ya con antecedentes locales. Aquí, fue justamente Ruth Mary Kelly quien llevó adelante uno de esos primeros intentos de agrupar a las prostitutas en un sindicato y de disputar el discurso feminista abolicionista respecto de la prostitución. Sin embargo, su historia no era muy conocida entre las trabajadoras sexuales organizadas, quienes recién la recuperaron y politizaron en estos últimos años. Así, si la primera asociación argentina de meretrices, AMMAR, nació en 1995 sin recuperar explícitamente el legado de Ruth, hoy, en cambio, su figura forma parte de un mural de la Casita Roja, sede gremial del barrio de Constitución, y es invocada por las trabajadoras del sexo en sus conmemoraciones del 2 de junio, Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales.

Todo pasado se construye desde los intereses del presente o, para decirlo de otro modo, la apelación al pasado construye una memoria activa que transforma el presente (Gagnebin, 2005). El nuestro es, de hecho, un presente inquietante. En la última década, la campaña antitrata, devenida campaña antiprostitución (Daich y Varela, 2024; Varela, 2015, Weitzer, 2005), no solo ha sido muy eficaz en instalar que todo trabajo sexual equivale a violencia de género, sino que, además, muchas de sus militantes han intentado restar autenticidad al movimiento local de trabajadoras sexuales y sus reclamos35. La recuperación de la figura de Ruth y sus luchas, viene a disputar estos significados.

La investigación atenta a los hallazgos no es posible sin la dimensión temporal: una investigación atenta a los hallazgos es una especie de investigación lenta y en bucle. No porque repita indefinidamente lo mismo sino porque definitivamente no es una investigación lineal. Aprovechar los hallazgos puede desviarnos del plan, hacernos volver sobre un trabajo previo, o abrir nuevos horizontes, puede servir para revisar, enriquecer y complejizar el trabajo realizado. Una investigación en bucle no deja pasar las oportunidades, atiende a lo imprevisto y a lo inesperado, ya sea un evento fortuito en el campo, el reencuentro con viejas notas o la aparición de un expediente.

Referencias bibliográficas

  • BAYER, Osvaldo. Los anarquistas expropiadores. Simón Radowitzky y otros ensayos. Coyhaique: Sombraysén editores, 2008.
  • BERG, Maggie; SEEBER, Barbara. The slow professor. Desafiando la cultura de la rapidez en la academia. Granada: Ed. Universidad de Granada, 2022.
  • CARDOSO DE OLIVEIRA, Roberto. O trabalho do antropólogo. São Paulo: Editora UNESP, 2000.
  • CONDE, Oscar. La mala vida en Buenos Aires. Entre el ensayo criminológico y la literatura marginalizada. Zama 10, Buenos Aires, p.37-56, 2018.
  • CORRÊA, Mariza. Morte em Família. Representações jurídicas de papéis sexuais. Rio de Janeiro: Graal, 1983.
  • DAICH, Deborah. Tras las huellas de Ruth. Ponencia VIII Jornadas de Antropología Social. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. 2016.
  • DAICH, Deborah. Aguafiestas porteñas. Sexo y dinero en la micropolítica emocional abolicionista. cadernos pagu (51), Campinas, 2017. https://periodicos.sbu.unicamp.br/ojs/index.php/cadpagu/article/view/8651153
    » https://periodicos.sbu.unicamp.br/ojs/index.php/cadpagu/article/view/8651153
  • DAICH, Deborah. Tras las huellas de Ruth Mary Kelly. Feminismos y prostitución en la Buenos Aires del siglo XX. Buenos Aires: Biblos. 2019.
  • DAICH, Deborah. Violencias contra las trabajadoras sexuales. En BAÑOS SUFFIA, Daniel; GOGGI, Carlos; CAO GENE, Macarena (Eds.). Tratado de las violencias de género. Buenos Aires: Raíces, e/p.
  • DAICH, Deborah. Feminismos y trabajo sexual. Crónica de un desencuentro. En D'ANTONIO, Débora; GRAMMÁTICO, Karin; TREBISACCE, Catalina (Eds.). Tramas feministas al sur. Buenos Aires: Madreselva. 2022, p.179-213.
  • DAICH, Deborah; VARELA, Cecilia. Antropólogas feministas en las intrincadas aldeas del sexo comercial. En: TINAT, Karine; PARRINI, Rodrigo (Coords.). El sexo y el texto. Etnografías de la sexualidad en América Latina. México: El Colegio de México, 2022, p.27-48.
  • DAICH Deborah; VARELA, Cecilia (Orgs.). Feminismos y políticas antitrata. Perspectivas comparadas. Buenos Aires: Biblos, 2024.
  • D'ANGELO, Ana Carla. Representaciones y estereotipos. Un análisis a partir de las fotografías tomadas por jóvenes de la Isla Maciel. Tesis (Licenciatura en Ciencias Antropológicas), Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2007.
  • FLORES, Valeria. El sótano de San Telmo. Una barricada proletaria para el deseo lésbico en los 70. Buenos Aires: Madreselva. 2015.
  • GAGNEBIN, Jeanne Marie. Después de Auschwitz. Boletín de Estética 3, Buenos Aires, p.3-24, 2005.
  • JIMENEZ VILLAR, Beltrán. Presentación: la necesidad de otra temporalidad en la academia. En BERG, Maggie; SEEBER, Barbara. The slow professor. Desafiando la cultura de la rapidez en la academia. Granada: Ed. Universidad de Granada, 2022, p.9-18.
  • KULICK, Don; KLEIN, Charles. Scandalous acts: the politics of shame among Brazilian travesty prostitutes. En HOBSON, Barbara (Ed.). Recognition struggles and social movements: contested identities, agency and power. Cambridge: University Press. 2003, p.215-238.
  • MAJUL, Luis. Ruth, la prostituta. El Porteño, marzo de 1983.
  • MANCUSO, Mariano. La Voz, el otro diario de los Montoneros. Buenos Aires: Punto de Encuentro, 2015.
  • MORENO LOZANO, Cristina; FLORES MARTOS, Juan Antonio. The Challenges of Storytelling Today. Interview with Paul Stoller. AIBR Revista de Antropología Iberoamericana 14 (2), Madrid, p.191-203, 2019.
  • MORENO, María. La comuna de Buenos Aires. Relatos a pie del 2001. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2011.
  • MUZZOPAPPA, María Eva; VILLALTA, Carla. Los documentos como campo. Reflexiones teórico-metodológicas sobre un enfoque etnográfico de archivos y documentos estatales. Revista Colombiana de Antropología; 47 (1), Bogotá, p.13-42, 2011.
  • MUZZOPAPPA, María Eva; VILLALTA, Carla. El archivo como nativo: Reflexiones y estrategias para una exploración antropológica de archivos y documentos. Etnografías Contemporáneas, 8 (15), San Martín, p.202-230, 2022.
  • PERLONGHER, Néstor. La Represión del Homosexual en la Argentina. Cerdos y Peces, 2 (22), Buenos Aires, p.8-9, 1983.
  • PITA, María Victoria. Pensar la violencia institucional. Vox populi y categoría política local. Espacios 53, Buenos Aires, p.33-42, 2017.
  • RIVOAL, Isabelle; SALAZAR, Noel. Contemporary ethnographic practice and the value of serendipity. Social Anthropology 21 (2), Hoboken, p.178-185, 2013.
  • SARRABAYROUSE OLIVEIRA, María José. Reflexiones metodológicas en torno al trabajo de campo antropológico en el terreno de la historia reciente. Cuadernos de Antropología Social 29, Buenos Aires, p.61-83, 2009.
  • SARRABAYROUSE OLIVEIRA, María José. El trabajo etnográfico con expedientes en el campo de las burocracias judiciales. Etnografías Contemporáneas 8 (15), San Martín, p.138-160, 2022.
  • SEXO AGREMIADO … Clarín, 2 de julio de 1995.
  • SIRIMARCO, Mariana. 2023. El “museo del horror” tucumano. Nahuel Maciel y la historia que nunca sucedió. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano 32 (1), Buenos Aires, p.82-107, 2023.
  • SURIANO, Juan. Anarquistas. Cultura y política libertaria en Buenos Aires, 1890-1910. Buenos Aires: Manantial, 2004.
  • TARDUCCI, Mónica. Presentación. En TARDUCCI, Mónica; TREBISACCE Catalina; GRAMMÁTICO, Karin. Cuando el feminismo era mala palabra. Buenos Aires: Espacio, 2019, p.9-13.
  • VARELA, Cecilia. La campaña antitrata en la Argentina y la agenda supranacional. En DAICH, Deborah; SIRIMARCO, Mariana (Coords.). Género y violencia en el mercado del sexo: política, policía y prostitución. Buenos Aires: Biblos, 2015, p.109-150.
  • VILLALTA, Carla. Entregas, adopciones y dilemas en el campo de organismos destinados a la infancia. Revista Estudos Feministas 19 (1), Florianópolis, p.103-123, 2011.
  • WANSCHELBAUM, Cinthia. El programa educativo del Departamento de Extensión Universitaria en Isla Maciel (1956-1966). Revista de la Escuela de Ciencias de la Educación 13 (12), Rosario, p.49-65, 2017.
  • WEITZER, Ronald. The growing moral panic over prostitution and sex trafficking. The criminologist, 30(5), Ohio, p.2-5, 2005.

Declaración de disponibilidad de datos:

los datos de investigación no están disponibles.

1

Agradezco a Cristiana Schettini, por aquel mensaje.

2

La Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) es el sindicato, de hecho, de los y las trabajadoras del sexo, fundada en 1995. En 1996, el sindicato inauguró una oficina en el edificio de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en la Avenida Independencia, de la Ciudad de Buenos Aires, más tarde se mudaron a un edificio cercano, también de la CTA, en la calle Piedras. Actualmente ocupan dicha oficina y cuentan, además, con la Casa Roja en el barrio de Constitución.

3

Entre agosto del 2005 y marzo del 2006 formé parte del equipo evaluador del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (FILO, UBA) de los proyectos sociales asignados por el PROFAM - Consejo Nacional de la Mujer. En el caso de AMMAR, el proyecto evaluado había consistido en la formación de promotoras en la problemática de la violencia familiar, de género, y violencia institucional.

4

La nota daba cuenta de la conformación de la Asociación de Meretrices Argentinas, y afirmaba: “en nuestro país hubo un intento de agrupar a las prostitutas de Capital Federal encabezado por un mito viviente: Ruth Kelly, una pionera, una mujer muy reconocida que había formado el Núcleo de Profesionales del Sexo” (Sexo agremiado…, 1995).

5

El informe puede consultarse en http://www.ammar.org.ar/IMG/pdf/informe-ammar.pdf. En esa época tuvieron lugar las elecciones del sindicato, Georgina Orellano –que era delegada de Villa del Parque– resultó elegida como la nueva Secretaria General de AMMAR.

6

Descripción de la causa “Ministerio de Gobierno s/ denuncia de Ruth Mary Kelly. La Plata, 1985” en el marco de la muestra Las Mujeres en las fuentes judiciales, de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires [https://www.scba.gov.ar/paginas.asp?id=52761 – acceso el 03 nov. 2025]

7

Agradezco a Federico Reggiani, de la Biblioteca Central de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, el haberme compartido una versión digitalizada de mejor calidad que la publicada en la web, lo que facilitó enormemente la lectura del expediente.

8

Ministerio de Gobierno s/ denuncia de Ruth Mary Kelly. La Plata, 1985, Foja 134.

9

Para un desarrollo del movimiento local de trabajadoras sexuales ver Daich (2022).

10

La identidad, en tanto proceso dinámico, se define en relación con la pluralidad y diversidad de las pertenencias sociales. Por eso, tal vez, en la década de los 70, Ruth se presentaba como “Ruth Mary, prostituta”; más adelante (luego de departir con los grupos feministas y de la disidencia sexual), como “prostituta y lesbiana” y/o “prostituta y feminista independiente”; y finalmente, entrados los años 80 del siglo XX, como “profesional del sexo” o simplemente “trabajadora del sexo”. En este texto, utilizo esos apelativos de manera intercambiable.

11

“Ruth, la prostituta”. El Porteño, marzo de 1983.

12

Decreto 3090/1984. Ministerio del Interior, Créase en su ámbito la Subsecretaría de Derechos Humanos, 20 de septiembre de 1984.

13

El Centro de Estudios Sociales y Legales (CELS) es una organización no gubernamental, fundada en el período de la transición a la democracia y orientada a la defensa y promoción de los derechos humanos.

14

Respecto de la violencia institucional, ver Pita (2017). Sobre los matices que la violencia institucional, y en particular la policial-penal, adquiere en el contexto del trabajo sexual ver Daich, e/p y los informes que realizamos junto con Cecilia Varela, AMMAR y RedTrasex, como por ejemplo: http://www.ammar.org.ar/IMG/pdf/informe-ammar.pdf https://redtrasex.org/wp-content/uploads/2016/12/informe_nacional_argentina-1.pdf

15

“Profesionales del sexo por un sindicato”, Diario Crónica, 4 de diciembre de 1984.

16

A comienzos de los años 80, durante la transición democrática, hay quienes recuerdan que, en las marchas y movilizaciones por la democracia, Ruth se paseaba abrazada a los políticos Néstor Vicente y Raúl Rabanaque Caballero, a quienes habría interpelado también, en busca de la sindicalización de las trabajadoras del sexo y de una cobertura de salud para las mismas (Daich, 2019).

17

Según me contó Marta, en la oficina del diputado solían recibir denuncias de detenciones ilegales o abusivas, por lo que acudían a las comisarías y trabajaban “lo policial”.

18

Declaración en sede judicial, del 17 de febrero de 1986.

19

“Prostitutas hacen un llamado a agremiarse”, revista Flash, circa noviembre o diciembre de 1984.

20

Escena del primer corto, en blanco y negro, de un referente del cine político argentino. El corto sigue a dos jóvenes que cruzan el Riachuelo para, ya en Isla Maciel, procurar un servicio sexual.

21

Adriana Carrasco, “Martha Ferro, una feminista con mil vidas”, Revista Haroldo, 12 out. 2018. https://www.revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=329

22

En su testimonial del 21 de noviembre de 1985, Ruth afirmaba que además de haberlo hecho en Crónica y Flash, también “denunció en forma similar en el diario La Voz” y “que sabe que hay una denuncia efectuada a través de una carta que efectuó un agente de la Comisaría de Dock Sud, de nombre Daniel Scarpelli, y que habría enviado la misma al director del diario La Voz y actual senador Vicente Leónidas Saadi. Que esa carta menciona nombres y apellidos de personal policial involucrado y no solo la ha leído la declarante sino también la periodista Martha Ferro del diario mencionado que, a su vez, publicó el texto de la carta”.

23

Una acción reciente en contra de la estigmatización del barrio ha sido el proyecto de murales, “Pintó la Isla”: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/murales-isla-maciel-como-grupo-vecinos-revalorizo-nid2191228/

24

Lugar de Mujer fue creada en 1983 como un espacio de encuentro, reflexión y militancia feminista.

25

“Profesionales del sexo por un sindicato”, Diario Crónica, 4 de diciembre de 1984.

26

La Voz fue resultado de un acuerdo político y editorial entre el político Vicente L. Saadi y la organización Montoneros, conformado por cuadros militantes y periodistas de carrera, fue un diario con una posición denuncista y crítico de la dictadura cívico-militar. Tuvo una tirada entre 10 y 30 mil ejemplares, y funcionó entre 1982 y 1985 (Mancuso, 2015).

27

“Corrupción y coima. Espectacular denuncia de Scarpelli -legajo 445750- un agente de Dock Sud cansado de injusticias”, La Voz, 25 de febrero de 1985.

28

“La prueba de la infamia. La carta del policía Scarpelli reactualizó el tema de la Isla Maciel”, La Voz, 26 de febrero de 1985.

29

“Tenebrosa organización. Los comerciantes del sexo en Isla Maciel”, La Voz, 27 de febrero de 1985.

30

“La Isla Maciel da que hablar. Comunicado oficial sobre la denuncia”, La Voz, 28 de febrero de 1985.

31

Declaración judicial de Martha Ferro, 30 de diciembre de 1985.

32

Allí funcionó uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio durante la última dictadura cívico-militar, conocido como “El Infierno”.

33

El escándalo como herramienta política ha sido trabajado en Daich (2019). Aquí simplemente planteo la posibilidad de pensar esta denuncia, cristalizada tanto en el expediente judicial como en las notas periodísticas, como parte de ese “modus operandi” de Ruth Mary Kelly.

35

Ver, por ejemplo, Daich (2017).

Editores responsables del proceso de evaluación:

Natália Corazza Padovani,
Julian Simões,
Luciana Camargo Bueno.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    12 Ene 2026
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    01 Jul 2024
  • Acepto
    22 Abr 2025
location_on
Universidade Estadual de Campinas (UNICAMP), Núcleo de Estudos de Gênero - PAGU Rua: Cora Coralina, 100., Cidade Universitária Zeferino Vaz, CEP: 13083-869, Telefone: (55 19) 3521-7873 - Campinas - SP - Brazil
E-mail: cadpagu@unicamp.br
rss_feed Acompanhe os números deste periódico no seu leitor de RSS
Ir para o topo Reportar erro