Open-access Plebeyización y caridad en el Opus Dei: Un estudio sobre los eventos de recaudación de fondos

Plebeian culture and charity in Opus Dei. A study about fundraising events

Resumen

Este artículo forma parte de una investigación sobre las acciones que el Opus Dei impulsa en torno a la pobreza en Argentina. Se propone indagar sobre la actitud de plebeyización presente en una actividad específica: los eventos de recaudación de fondos para la manutención del colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, que pertenece a una asociación civil estrechamente ligada al grupo en cuestión. La plebeyización estuvo presente en los discursos de las benefactoras y organizadoras que participaron de los diferentes eventos en los que realicé observación participante. De los relatos se observa que la plebeyización es una actitud discursiva de igualación que busca acercar a las partes distanciando a las benefactoras de una asociación con la elite, operando como modo de distinción.

Palabras clave
Cultura Plebeya; Eventos caritativos; Distinción; Argentina

Abstract

This paper is the result of a research about Opus Dei´s social action. It aims to study plebeianism in fundraising events organized for supporting Nuestra Señora del Buen Consejo school. This institution belongs to a civil association which is strongly linked to Opus Dei. Plebeianism emerged from the speeches of the donors and those who organized the events in which I did participant observation. As a result, we can conclude that plebeianism is a discursive attitude that aims to equalize and bring donors and beneficiaries close. Also it pretends to dissociate benefactors from elites, while this own attitude works as a mechanism of distinction.

Keywords
Plebeian culture; Opus Dei; Charity events; Distinction; Argentina

Introducción

Mis primeras incursiones a campo, con motivo de mi tesis doctoral, datan del año 2015. Además de conocer la organización e historia del Opus Dei, me centré en obtener información básica sobre las iniciativas solidarias que la Prelatura acompaña, impulsa y ofrece en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Para ello, realicé observación participante en distintos espacios y entrevistas en profundidad a quienes los conforman.

El Opus Dei es, actualmente, la única Prelatura Personal1 de la Iglesia Católica. Su denominación proveniente del latín significa “Obra de Dios”, por lo que suele ser nombrada como “la Obra” por sus miembros. Fue fundada en España por el sacerdote Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928, se aprobó a nivel pontificio en 1948 y en 1982 adoptó la condición jurídica que presenta en la actualidad. En relación con su especificidad, este grupo presenta modos de integración particulares para sus miembros2. A fin de conformar una labor estable, algunos miembros del Opus Dei arribaron a Argentina en 1950. Entre otras labores, conformaron y apoyaron diversas acciones en torno a la pobreza. Uno de los abordajes primordiales en cuanto a esta problemática y vinculado a la propuesta del Opus Dei es el ejemplo del Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo para el que las mujeres del “Patronato”3 organizan eventos de recaudación de fondos. En este contexto, este artículo presenta una reflexión sobre la actitud de plebeyización en estas instancias. Las iniciativas solidarias que acompañé a lo largo del trabajo de campo no se reducirían únicamente a lo que algunos autores atribuyen a acciones del tipo desarrolladas por “clases altas” (Fuentes, 2015; Gessaghi, 2015) y que vinculan con “lavar culpas” o “reproducir la desigualdad social”, sino que son tareas cotidianas y las actividades ordinarias en el ámbito principal de santificación según propone el Opus Dei.

La causa: el colegio Nuestra Señora del Buen Consejo

El Buen Consejo es una de las obras sociales emblemáticas relacionadas al Opus Dei4 y fue uno de los primeros espacios de los que hicieron mención cuando comencé mi trabajo de campo. Supe sobre el colegio durante las entrevistas iniciales que realicé, aunque mi primer contacto fue en uno de los eventos de recaudación de fondos para dicha institución en el Jockey Club de Recoleta, espacio al que haré referencia más adelante.

Ubicado en Barracas a pocas cuadras de la villa 21-245, el colegio se compone mayoritariamente por el alumnado procedente del asentamiento y barrios aledaños (en un 62% según afirma una de las directoras). El Opus Dei tomó la gestión de la institución en 1988, para lo cual conformó una asociación civil específica puesto que las existentes se ocupaban de iniciativas de “otro estilo”. En un principio la gestión se hizo desde la Asociación para la Promoción Deportiva, Educativa y Social (APDES) hasta la crisis del 2001. Este establecimiento dirigía otras instituciones educativas en distintas provincias argentinas, aunque estaban mayormente orientadas a una población socioeconómicamente favorecida.

La creación de una asociación particular para “este tipo de instituciones”, además de guardar relación con las problemáticas específicas de quienes allí concurren, tiene que ver con un hecho estratégico; esto es, la dificultad de pedir donaciones y conseguir subsidios del Estado6 para una asociación como APDES que suele ser vinculada con colegios de “otro perfil”. Es así que “milagrosamente” aparece la Asociación de Emprendimientos Sociales, Educativos y de Salud (AESES), de la cual pasa a depender el Buen Consejo. Sus miembros sostienen que está inspirada por el Opus Dei, y la mayoría de la comisión directiva pertenece a la Prelatura.

Según remarcan desde la institución (tanto las voluntarias como docentes, directivos y sacerdotes), el colegio tiene una propuesta de inclusión, buscando el encuentro entre las distintas clases sociales y la posterior integración del pobre en el mercado laboral. En suma, pretenden, de alguna manera, favorecer la convivencia.

la idea es que tenemos que seguir generando colegios de integración social. Este es el sueño: tener muchos colegios donde se logre esto: tender un puente entre poblaciones que tienen distintas culturas y demás y que sean uno . . . AESES7 se encontró con un colegio que fue cambiando un poquito de estilo, con un colegio donde recién empezaba la integración social, donde había una apertura a la villa. Antes era más del barrio, entonces le costaba un poquito a la gente hablar de la villa, porque no quería ser considerado un colegio de villa. Yo cuando empecé acá, por ejemplo, hablaba con los directivos y decían…bueno, mi misión en AESES fue buscar fondos siguiendo eso que había empezado de los proyectos y para buscar fondos necesitaba contar que era de la villa. Y yo venía y decían que no podía hablar nada porque las profesoras se enojan y las alumnas no quieren que sea… y buen, y entonces se fue buscando la vuelta8.

Cabe llamar la atención sobre el hecho de que el interés puesto en oficiar de puente entre sujetos sociales disímiles se centra más en una noción de persona que coloca a todas en un mismo nivel, y no tanto en denunciar la brecha entre las partes o sus posibles causas. Otro aspecto para destacar es la mención de estrategias específicas para facilitar la recolección de fondos que tienen que ver con apelar a un origen “villero”9.

El colegio fue premiado como institución innovadora por la organización Ashoka10, justamente por las características rescatadas en el fragmento de entrevista anteriormente citado. El Buen Consejo sería un colegio “transformador” por promover la “integración social”, lo cual la distinguiría de otras iniciativas. En esta dirección, una integrante del equipo directivo del colegio me decía que,

Nosotros teníamos una relación con el otro como… de alguna manera nos pertenecían, en la medida que le dábamos, nos pertenecían. Eso me parece que ha cambiado . . . Una cosa es darles, dejarlos que vivan colgados de un cable, y vos ya sabés que la luz no la pagan o que no pagan su terrenito y otra cosa ponerles un servicio de luz, que paguen dos mangos con cincuenta, pero que lo pagan y sale del fruto de su trabajo y que van pagando en cuotas su terrenito y que tienen las cosas en regla y que no tienen que colgarse del cable. Ese sistema donde cada uno pone, vos ponés y yo te ayudo, pero poné . . . vos no es que el shampoo se lo tenés que regalar, bueno, vendelo a una escala que pueda comprar el pobre, sachetcitos chiquitos, que los pueda comprar, el servicio de cable proporcional al ingreso que tienen, que paguen un pequeño impuestito porque tampoco es justo que estén en una tierra que digan “me planto acá”. Todo eso los aleja de la realidad. Entonces me parece que en la medida que todos veamos eso, que somos socios, no somos yo te doy y vos viví tranquilo, pero cuando te necesito… Sino que todos somos responsables de alguna manera y el que más tiene, tiene mayor responsabilidad sobre el que menos tiene, no puede dormir tranquilo11.

El colegio aparece como espacio de integración; una de las maneras en que se intenta lograr es a través del pago de una cuota, es decir, que el pobre se “gana” lo que tiene y es parte de su propio “progreso”. Esto es, además, una modalidad más “justa” que no lo aleja de “la realidad”. El discurso citado, a su vez, expresa la actitud de plebeyización de quienes participan del espacio en expresiones como “somos socios”, “todos somos responsables de alguna manera” o la percepción sobre situaciones irregulares como injustas.

En cuanto al sostenimiento del colegio, AESES se vale de recursos y reconocimiento que le permiten difundir el proyecto (lo cual incide a la hora de buscar donantes y apoyo), darse a conocer entre la propia comunidad beneficiaria (es decir, fortalecer la relación benefactores-beneficiados) y posicionarse como referente entre instituciones semejantes. Pero el trabajo en red no basta para cubrir todo lo necesario para lograr la deseada integración. Cuentan también con “ayuda del Estado” que solventa –“gracias a Dios”– cerca del 60% de los gastos requeridos para su funcionamiento. Pero además deben implementar acciones diversas que permitan sostener la infraestructura y las actividades extracurriculares que ofrecen. En suma, para lograr la “calidad” que se proponen, precisan de “mucha creatividad, de una energía muy especial” para conseguir los fondos necesarios. Una de las instancias para obtener ese “plus” son los eventos de recaudación de fondos.

Eventos de recaudación de fondos: entretenimiento y encuentro

Desde un enfoque más conceptual, las acciones caritativas o filantrópicas fueron estudiadas por diversos autores, muchos de los cuales entienden que estas atienden principalmente a los intereses de sus participantes. En su libro sobre la historia del catolicismo en la Argentina, Lida (2015) señala que las colectas –como la Gran Colecta Nacional de 1919– y otros actos caritativos impulsados por la Iglesia tenían el fin, además de atender las necesidades populares, de salvaguardar el prestigio de las elites, de apaciguar el conflicto social (incluso por reducir las influencias de corrientes políticas que fomentaban la lucha de clases) y de tratar de sortear la acusación que asociaba a la institución a las elites locales. Hanson (2013), por su parte, identifica un componente de pacificación social en los actos caritativos que permiten, a su vez, conservar el status y lograr la sucesión generacional de las elites, preservando su fortuna. Además, y en sintonía con Benthall (2012) que concibe a la caridad como un acto devocional y ceremonial, agrega que la donación sirve tanto para validar como para exorcizar la acumulación y santifica la “desigualdad al proveer el espacio ritual en el que la pérdida ceremonial puede suceder sin redistribución” (Hanson, 2013, p. 512, mi traducción). El autor agrega que estas acciones suelen financiar las propias instituciones e intereses de las elites, lo cual sucede en el caso aquí abordado, ya que se realizan para mantener los edificios del Buen Consejo (colegio perteneciente a AESES, asociación inspirada en el espíritu del Opus Dei). Además, explica que las acciones filantrópicas implican competencia por prestigio dentro del grupo social al tiempo que establecen “canales de reciprocidad estratégica y conformación de alianzas” (Hanson, 2013, p. 506, mi traducción). En la misma línea, Gessaghi (2016) analiza un té solidario en el que participó durante el trabajo de campo como un entretiempo para las mujeres asistentes. Además de considerar los procesos de organización (búsqueda de sponsors, venta de entradas, etc.) como “verdaderas experiencias formativas que trascienden el evento en sí” (2016, p. 230), afirma que “este tipo de encuentros resultan espacios privilegiados de socialización y construcción de redes para las mujeres y, por su intermedio, para sus familias” (Gessaghi, 2016, p. 231). De igual manera, en los eventos a los que asistí ofrecieron diferentes shows de entretenimiento y se conformaron como ámbitos de sociabilidad. Por su parte, Mittermaier (2013) explica que en estas acciones no solo se calculan los beneficios (en su texto refiere a los divinos), sino que esto sucede junto con un deseo de cambio social, redistribución y crecimiento personal.

Los eventos de recaudación de fondos que organiza “el Patronato” se llevan a cabo en el Jockey Club12, un lugar que “le gusta” a las asistentes y por conocerlo “lo pagan”. Esto, reconocen las organizadoras, es un punto central porque si “invitás al salón de San Telmo que no lo conoce nadie… Primero no van hasta ahí y segundo no les atrae tanto”. Anualmente se realiza un show que consiste en un número artístico en el salón Amuchástegui del Jockey Club solo pagando “el servicio de mozos” o el sonido cuando lo requirieron. Originalmente, este exhibía un baile “de un país” (como celta, escocés, alemán, griego) consiguiendo las “performances sin costo”. También hubo un número de comedia musical de una escuela artística de adolescentes, una presentación del Ballet Udaondo y un espectáculo de tenores.

Durante la primera mitad del año las mujeres que conforman la Asociación de Amigos, guiadas por una numeraria que dirige este apostolado, comienzan a reunirse semanalmente. Usualmente ya disponen de una fecha, pues se comunican con el club y solicitan el espacio casi inmediatamente después de que concluya el evento del año anterior. En las reuniones planean qué espectáculo se va a ofrecer, asignan funciones a cada una y muestran avances. Sumado al costo de la entrada (que en 2018 era de 700$), durante el evento se venden rifas (el precio en ese momento era de 50 o 100$ cada una) para lo cual deben, también, conseguir premios. A su vez, se venden publicidades que aparecen en el programa (un folleto impreso) que se reparte al entrar al lugar.

El público que concurre al Jockey está principalmente compuesto por mujeres adultas mayores. Entre los casi 130 asistentes, cerca de diez son mujeres menores de 50 años, puede haber algún niño y casi no hay hombres. La vestimenta es elegante, visible en prendas y accesorios, tales como tapados de piel y otros abrigos, aros y collares de perlas o pulseras. Este panorama se repite casi sin alteraciones en cada ocasión. Con estas consideraciones, describiré ahora la estructura de uno de los encuentros a modo de ejemplo.

En la sede social del Jockey Club, ubicada en Cerrito y Alvear en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, me encontré con Marta, la abuela de mis primos; me había invitado a participar semanas atrás (lo mismo hizo para otras tres entregas a las que concurrí consecutivamente desde mi primer acercamiento). Pocos minutos luego de que nos ubicáramos en el salón, subió al escenario una de las organizadoras para presentar el show e introdujo al equipo directivo del colegio que animó al público a participar y visitar la causa con la cual estaban colaborando. Proyectaron un video realizado por el diario Infobae13 con testimonios de las chicas, algunas profesoras y directivos.

Como el encuentro se realizó cerca del 25 de Mayo14, aprovecharon la ocasión para conmemorar la fecha patria. De hecho, el número artístico consistió en un grupo de baile folclórico, el Ballet Udaondo. La presentación estuvo dividida en dos partes. Los cerca de doce bailarines (mitad mujeres, mitad varones) danzaron en dos bloques de cinco canciones aproximadamente cada uno, exacerbando características femeninas y masculinas, respectivamente. El show terminó con unas banderas flameando y el elenco emponchado con los colores de Argentina, más un mensaje encendido que apelaba a la fecha celebrada: solicitaron conocer el colegio y actuar allí de modo gratuito, y a continuación todos gritaron “¡viva la patria!”, y las señoras respondieron animadas con un “¡viva!”.

Los tres años que asistí, luego de la presentación se sortearon alhajas, joyas, cenas, vestidos y otras prendas de marcas reconocidas por la concurrencia, los cuales fueron donados por los promotores del evento. En simultáneo, se aprovechaba allí para vender rifas durante el espectáculo. Año tras año, se genera una atmósfera de camaradería en la que los mozos del lugar ofrecen vino, gaseosas y sándwiches de miga para los presentes y luego tortas y postres. Las mujeres aprovechan este último momento de la jornada para conversar con sus amigas y conocidas intentando que quienes sirven, les acerquen algunos platos. La escena se suele repetir: al final, algunas señoras felicitan a las mujeres del Patronato por la organización y el show y muestran aprecio por los premios que las presentes obtuvieron en las rifas. Al poco rato se pide que se despeje el salón y se da por concluido el encuentro.

La primera vez que fui a estos eventos me acerqué a conversar con Marta y sus amigas una vez finalizado el brindis. Ella me pidió que les contara sobre mi estudio y expliqué que mi intención era conocer y entender el trabajo que el Opus Dei realiza en materia social. Una vez que concluí, parecieron conformes y se mostraron dispuestas a ayudarme. Además, Marta me comentó que algunas de sus amigas no quisieron contribuir a la causa argumentando que el Opus Dei no necesitaba más dinero y reclamó por la “injusta” asociación que se hace del grupo con la elite.

La colaboración plebeyizada

A lo largo de la investigación fueron varias las veces en que los miembros del Opus Dei que conocí se quejaron de la asociación que se hace de ellos con la elite. De hecho, usualmente se disocian de esta vinculación. Esta situación sucedió, por ejemplo, en mis primeros acercamientos al campo cuando les preguntaba por los aspectos característicos del grupo; sin que yo refiriera directamente al tema o presentara la idea, me advertían que esta relación no era necesariamente así. También durante los eventos de recaudación mismos o cuando realicé observación participante en algún espacio vinculado a su labor social enfatizaron este punto. Ya mencioné lo que derivó, junto con otros factores, en la creación de AESES para la gestión de colegios del “perfil” del Buen Consejo que, al separarse de APDES, logró obtener donaciones y subvenciones estatales con mayor facilidad.

Una de las mujeres de la Asociación de Amigos del Buen Consejo me explicaba que “la gente piensa que el Opus Dei es como una elite”, y hasta su propia familia lo hacía. Para ella, sin embargo, “lo que propone la Obra es simple y lógico, es santificarse en el trabajo de cada uno y en la familia y hacer las cosas a la perfección” dando por sentada, con estas palabras, que no había factores de distinción –en cuanto al nivel socioeconómico– en el carisma del Opus Dei15. Otra de las integrantes de ese espacio me decía:

Te encontrás con gente que dice “yo no sé por qué el Opus Dei sigue pidiendo plata cuando tienen tanta plata” . . . yo le digo “bueno, pero pareces Maradona diciendo que el Vaticano está lleno de plata y en África se mueren de hambre”, o sea… No sé si es tan así. O sea, como toda institución tiene que tener, qué sé yo… Aparte si supieran que es todo donado. Eso también hay que ver, ¿eh?16.

A pesar de reconocer que no se encuentran en la misma posición que los beneficiarios de estas iniciativas, las mujeres que organizan los eventos se alejan de una mirada que las coloca, primordialmente, como personas adineradas. De esa manera, por ejemplo, pueden pedir dinero a otros en tanto no les correspondería solamente a ellas o a la Prelatura la responsabilidad de mantener la institución. Este tipo de discursos puede ser pensado en términos de “plebeyización”, una categoría conceptual sobre la cual se profundiza en el trabajo de Perelmiter (2016). Siguiendo las palabras de la autora, en cuanto a “su definición literal, lo plebeyo es simplemente lo que no pertenece a lo noble, lo no distinguido, lo propio de la gente común” (Perelmiter, 2016: 18). Sostiene que la afirmación del valor de lo degradado en Occidente (Bajtín, 1974) es de larga data, y en Argentina la situación es también muy particular, cuestión atribuible, según muestra basándose en el análisis de James (1990), a la inversión de las jerarquías culturales establecidas por arte del peronismo17. Vale igualmente mencionar la tradición horizontalista argentina a la cual hace referencia O’Donnell (1984) en su trabajo comparativo de la situación local con respecto al Brasil descrito por Da Matta. Como antesala al peronismo, existen casos históricos anteriores como las mutuales y asociaciones de socorro de grupos nacionales y religiosos migrantes, y también, a veces más solapado, a veces menos, del movimiento obrero de las primeras décadas de 1900. Volviendo a Perelmiter, la autora cuenta que en estos casos “lo plebeyo ya no designa un estatus subordinado, sino un contraestatus” (2016, p. 18). Su texto se centra en gestión estatal de la pobreza a través del Ministerio de Desarrollo Social, por lo que sus observaciones pueden servir para comprender lo que aquí abordo. Tal como sucede con la “burocracia plebeya”, lo que ocurre en las escenas y discursos descritos en este artículo implica un intento por salvar las distancias entre las partes involucradas mediante la subversión de jerarquías de estatus. Las mismas son “solo contextualmente negadas, aunque permanezcan tácitas. Es precisamente la persistencia de la jerarquía, a la vez negada y afirmada en la práctica, la que le confiere a la acción propia de la burocracia plebeya su especificidad” (Perelmiter, 2016, p. 19). Lo mismo distingue Gessaghi (2016) al señalar que habría un distanciamiento (discursivo) de la riqueza material para la conformación de una “elite” moralmente superior. La austeridad y el involucramiento en acciones solidarias legitimaría los privilegios permitiéndole construir su distinción. A su vez, Gessaghi observa que los entrevistados enfatizan “lo adquirido en la libre competencia de sujetos iguales donde la herencia y los privilegios iniciales quedan disminuidos” (2016, p. 174), es decir, acentúan el mérito individual por sobre los privilegios con los cuales cuentan de antemano. Como dice esta autora, para que el dinero sea moralmente apto, implica silencio. Esta situación sucede con quienes trabajan directamente en tales ámbitos, según noté. En un encuentro con la representante de AESES en el colegio, ella me comentó lo siguiente.

Eso sí puede ser un estereotipo, claro. Digamos, un estereotipo que tenemos de toda la gente con dinero, porque yo me acuerdo cuando Macri empezaba a hacer campaña… Le tocó ir a la villa no sé cuánto y todo el mundo decía que después se puso alcohol en gel. Bueno, eso puede ser un estereotipo que “¿viste? acá venimos”, pero después me lavo las manos con alcohol en gel y vuelvo a mi casa. Y acá somos varias que vivimos en Martínez encima, en una casa de clase media total, pero venimos de Martínez. Puede ser visto… “esta viene, trabaja acá y después se lava con alcohol en gel, su conciencia también y va y duerme tranquila” . . . acá hay una cosa que tampoco te podés inventar una personalidad porque acá viste que la población que tiene menos recursos está dotada como de un sexto sentido y percibe las intenciones18.

Continuó explicando que “la gente que es canchera habla todo así” –imitando un tono de voz agudo y una pronunciación que tornaba la “s” en “y”– y viene “de Barrio Norte”, muchas veces “pasa el filtro”, mientras que otra, que no parece tan diferente a quienes estudian en el Buen Consejo, no lo hace. El discurso remite a la plebeyización en diversas formas. En primer lugar, al destacar que el aspecto o el lugar de procedencia no remite necesariamente la pertenencia a determinado sector socioeconómico, como el hecho de ser de Martínez pero “de clase media total”. Por otro lado, más que la distancia de estratos, ser elite sería más bien una actitud: una podría “lavar su conciencia con alcohol en gel” para dormir tranquila o comprometerse realmente con la causa. Además, esta intención de fondo es percibida por quienes serían beneficiarios de las acciones sociales. Por tanto, quien parece o, incluso, forma parte de un sector socioeconómico “alto” puede ser aceptado en la institución por la población que allí asiste. De tal manera, ser una “elite” implicaría ser distante o marcar una distancia antes que tener o no más recursos que otros.

Siguiendo lo observado por Gessaghi (2016) para el caso de “la clase alta argentina”, la actitud de plebeyización se relacionaría con tradiciones históricas locales cuya configuración cultural contiene un discurso igualitario que impone límites a las posibilidades y acciones. En palabras de la autora, “(d)icho imaginario obliga a ‘la clase alta’ a dejar los determinantes materiales por fuera de su definición como grupo social y a profesar cierto grado de ‘austeridad’ a riesgo de perder su legitimidad” (Gessaghi, 2015, p. 38). Es decir, sus entrevistados se valen de un discurso moral del privilegio para legitimar esa posición. Más precisamente, Gessaghi (2016) sostiene que el discurso igualitario es una operación hegemónica que históricamente logró adherencia inestable en el país, al tiempo que fue una de las principales vías de legitimación del privilegio. El mismo implicaría la creencia en una falta de jerarquías cristalizadas; la movilidad social ascendente de algunos sectores a principios de siglo XX, la visibilidad y participación de los sectores populares y el mito del origen europeo que diferenciaría a la Argentina del resto de las naciones latinoamericanas (Garguin, 2009). Si bien la autora nota que recientemente la riqueza económica ha adquirido cierto valor, “el éxito debe ir a la par de la humildad y no debe entrar en abierta contradicción con el imaginario igualitario para servir como muestra de pureza (Lamont, 1992) . . . en la Argentina ‘plebeya’”, antielitista y católica, hacer dinero no forma parte de un canon incuestionado” (Gessaghi, 2016, p. 223).

En el caso de la Obra, al tiempo que se distinguen de la asociación con la elite buscan separarse de determinadas concepciones sobre lo que conlleva la “ayuda social”. En este sentido, un agregado del Opus Dei que trabaja en la sede masculina del colegio explicaba que intentaban romper con el “viejo concepto de la filantropía”, aquél de la “caridad que consiste solamente en dar”. Expresaba que esta acción “no dignifica” y mantiene en el estatus de pobre a las personas derivando en que “el rico” sea mirado como salvador. Consideraba que “quien tiene”, posee la obligación de dar. En tal sentido, creía que su propuesta debía ser más profunda buscando promover, dignificar, desarrollar, transformar y “dar las herramientas para que ellos hagan” y “tengan la sensación de que ellos lo hicieron”. Me decía:

O sea, ni siquiera llegar a ese punto que el día de mañana… está bien, evidentemente nos van a agradecer porque pusimos el pecho acá a las balas, pero la idea es que si ellos no lo hacían no lo hacíamos nosotros (los padres y los pibes). Entonces eso es cristianismo de verdad: la promoción social y la dignificación de la persona a través de que esa persona con su esfuerzo salió adelante y puede estar muy orgullosa de que lo hizo él, no que lo hicimos nosotros. Nosotros propiciamos las circunstancias, nada más . . . Eso no significa que si una persona solo tiene tiempo para llevar ropa, comida… seguí haciéndolo porque seguís cubriendo necesidades básicas, pero no es la manera hoy en día de promover a la gente, porque si no de eso estás a un paso de hacerlo y mantener por planes solamente. Los planes son necesarios para circunstancias extremas, pero después hay que tratar de salir. Entonces por eso iba a decir que va por ahí. No es exclusivo nuestro, yo estoy en relación con mucha gente que está en estas cuestiones y piensa exactamente lo mismo y lo hace19.

Gessaghi (2015) señala que las “grandes familias” se distinguen por tener una moralidad diferente. Uno de los modos en que se logra “anclar” la fortuna familiar es mediante los actos de “dar”, los cuales acreditan “moralmente a los sujetos al mismo tiempo que los jerarquizan y permite, en un mismo gesto, ‘ennoblecer’ el dinero y volverlo ‘meritorio’ al demostrar el carácter extraordinario de su poseedor que realiza estos actos de reciprocidad” (2015: 39). Tal como explica, entre las estrategias de ennoblecimiento del capital económico, jerarquización y distinción, se encuentran la austeridad y las acciones filantrópicas. En la misma dirección, el relato citado sostiene que, si bien algunas formas de dar caritativo posicionan al “rico como salvador”, en realidad, este tendría la obligación de aportar. A su vez, expresa la idea de la “promoción social” por medio de la “propiciación de circunstancias” (el brindar herramientas) para que el otro “con su propio esfuerzo, salga” o “tenga la sensación” de que lo logró. Esta acción dignificaría a la persona y le permitiría desarrollarse. Si bien la participante reconoce la importancia (si fuera la única forma en que se puede colaborar) de cubrir las necesidades básicas, alerta sobre la posibilidad de que esto se torne algo similar a la reproducción del pobre en su “estatus de pobre” manteniéndolo a través de “planes”. Estas palabras, además de una postura ideológica y una concepción política particular20, expresan principios relacionados con el carisma del Opus Dei que apoyan una lógica económica que se sostiene en cuestiones como la libertad de la persona, el mérito o esfuerzo y nociones particulares de pobreza que colocan a quien se encuentra en tal posición como responsable –aunque no único– de su condición.

Además, esta actitud evidencia una intención: la plebeyización por parte de las organizadoras de los eventos y el público que allí asiste las lleva a resaltar la necesidad impostergable de una colaboración externa. De esta manera, ellas no se piensan como las únicas ni las principales responsables de atender la cuestión de la pobreza. Cabe mencionar también que es la misma plebeyización que pretende acercar a las benefactoras y la “comunidad del Buen Consejo”, la que las coloca en un lugar diferente al resto, distinguiéndose así tanto de quienes se benefician de lo recaudado en los eventos como de quienes realizan otros eventos caritativos desde el “viejo concepto de la filantropía” y, por supuesto, de quienes no se implican en estas acciones siquiera.

Consideraciones finales

Los eventos de recaudación remiten a una cosmología que condensa el cómo se ordena y piensa al mundo, además de presentarse como ámbitos de entretenimiento y sociabilidad. Una de las particularidades de estas acciones es que expresan la actitud de plebeyización de las organizadoras, lo cual conduce a una disociación de la idea de elite. En primer lugar, porque no se reconocen necesariamente como personas adineradas. De no serlo resulta razonable involucrar a otras como colaboradoras, pues no serían las únicas responsables de “hacer algo” con relación a la pobreza. Sin embargo, la pertenencia a la elite, según su concepción, no se reduciría a las condiciones materiales de un grupo, sino que se vincula con una forma de acercarse al otro sin compromiso real. En efecto, también es este un punto crucial que posibilita que se distingan de otras maneras de dar.

Señalé que la plebeyización tiene que ver con procesos de igualación que llevan a reducir discursivamente la distancia entre las partes de la relación benefactora establecida por las mujeres y organizaciones que componen la red de caridad del Opus Dei. Una de las conclusiones que se derivan de esto es que al negar la existencia de una jerarquía se refuerza la especificidad de quienes poseen un estatus socioeconómico mejor, ya que la austeridad los hace moralmente superiores y legitima su distinción: el dinero precisa de cierto silencio para ser válido.

Los eventos se llevan a cabo a fin de colaborar con un proyecto particular que, en primer lugar, buscaría que las alumnas puedan ingresar en el mercado laboral. Por otro lado, no menos importante, el plan encarado por la institución intentaría formar integralmente a la persona por medio de la transmisión de ciertos valores y capacidades académicas.

Las mujeres involucradas pueden separarse de modelos clásicos de caridad, en tanto consideran que su colaboración no es meramente asistencial, como señalan críticamente que lo haría la política más interesada en generar dependencia. Instancias del tipo suelen reducirse a acciones pacificadoras del conflicto social que favorecen la reproducción generacional de las elites por medio de la exposición de su status, la financiación de las propias obras y la ritualización santificadora del orden social. En el caso que aquí abordo, los eventos son también ámbito de la santificación personal, y la colaboración con determinadas iniciativas implicaría un apoyo a la formación del pobre para su inserción profesional, por medio de la cual podría también santificarse a sí. Por su parte, quienes trabajan en el colegio valoran que se decida “salir del encierro” de la propia realidad. Por lo tanto, estas instancias de sociabilidad femenina entre las contribuyentes permiten, precisamente, que las señoras no se queden “encerradas en su mundo”.

En síntesis, esta opción oficia un espacio de encuentro, sociabilidad y entretenimiento entre pares, y parte de una plebeyización que permite concebir la colaboración externa como necesaria. Es la misma plebeyización en su búsqueda por igualar a benefactoras y beneficiados que opera como principio de distinción.

  • 1
    Si bien esta figura del derecho canónico atribuía la jurisdicción al Prelado (quien gobernó en colaboración con un consejo de mujeres –denominado Asesoría Central– y uno de hombres –llamado Consejo General), tras el Motu Proprio del 4 de agosto de 2022 Francisco ordena la transferencia de sus competencias a los obispos del clero implicando una sujeción territorial.
  • 2
    Las numerarias y los numerarios son quienes mayor disponibilidad presentan a lo que dispone el Prelado atendiendo apostolados y encargándose de la formación espiritual, viven en celibato apostólico en centros femeninos o masculinos, respectivamente, gobiernan sedes (las mujeres además administran los centros) y, en el caso de los hombres, deben tener título académico o profesional. Las numerarias auxiliares viven en celibato apostólico en administraciones del Opus Dei, realizan labores domésticas en los centros y su vocación a la Prelatura es igual que su vocación profesional. Los y las agregadas viven en celibato apostólico en casas propias y se dedican al apostolado y la formación según sus posibilidades. Los y las supernumerarias pueden ser laicos célibes o casados y participan de los apostolados según sus ocupaciones profesionales, familiares y civiles.
  • 3
    El “Patronato” fue el nombre que la agrupación benefactora del colegio presentaba antiguamente. En la actualidad se llama Asociación de Amigos del Buen Consejo.
  • 4
    Dentro del equipo directivo y del cuerpo docente hay algunas supernumerarias (mujeres con o en condiciones de tener familia que participan de instancias de formación y apostolados) y agregadas (mujeres que viven en celibato apostólico fuera de los centros femeninos aunque con la disponibilidad que su condición permita a las necesidades del Prelado) del Opus Dei, aunque la mayoría del personal no pertenece a dicho grupo. También trabaja en la sede una supernumeraria que es miembro de AESES, y tiene un despacho en el colegio un sacerdote, también perteneciente a la Prelatura.
  • 5
    La villa 21-24 es una de las más amplias de Ciudad Autónoma de Buenos Aires en cuanto a población y superficie (Suárez, 2015: 39). Comenzó a ser poblada en los años cuarenta, siguiendo los cordones industriales y el ferrocarril. En 1966 el Plan de Erradicación de Villas de Emergencia impulsado por el gobierno de facto intentó trasladar a sus pobladores, pero no obtuvo éxito. En 1970 el asentamiento comenzó a incrementar su densidad. La última dictadura militar, autoproclamada “Proceso de reorganización nacional” (1976-1883), interrumpió este crecimiento por medio de desalojos que no lograron eliminarlo. Una vez finalizado el régimen se aceleró el aumento poblacional, tendencia que continúa en la actualidad.
  • 6
    Muchas instituciones educativas argentinas que se encuentran a cargo de la Iglesia cuentan con colaboración estatal para el pago de los sueldos docentes. Así, la gestión, el mantenimiento y aquellas actividades extracurriculares que se quieran ofrecer son los únicos costos que deben afrontarse de manera privada.
  • 7
    La Administración Nacional de la Seguridad Social es un área descentralizada del gobierno encargada de las prestaciones de seguridad social.
  • 8
    Entrevista realizada a una integrante del equipo directivo en el Colegio del Buen Consejo de Barracas el lunes 4 de julio de 2016.
  • 9
    La racionalidad relativa a las formas de pensar las probabilidades de éxito en sus negociaciones con las agencias gubernamentales se puede vincular a una actitud de plebeyización por la apelación a la procedencia “villera” del alumnado. Seguidamente se profundizará sobre dicho concepto.
  • 10
    Organización que “promueve la cultura emprendedora y la innovación social desde hace más de 20 años” considerando que “los emprendedores son el principal motor de desarrollo económico y social”. Para más información, consultar: https://www.ashoka.org/es-AR/home-page (Acceso el 5 nov. 2019).
  • 11
    Entrevista realizada a una integrante del equipo directivo en el Colegio del Buen Consejo de Barracas el lunes 14 de mayo de 2018.
  • 12
    El Jockey Club fue fundado en 1882 por Carlos Pellegrini. Es uno de los clubes sociales de elite más conocidos y tradicionales del país, con sedes en diversas provincias.
  • 13
  • 14
    Fecha en la que se conmemora la Revolución de Mayo, ocurrida en 1810, a partir de la cual se estableció el primer gobierno patrio.
  • 15
    Si bien, como señala Lamont (1992) el catolicismo suele concebir al dinero como impuro y desacralizador, al estudiar a “la clase alta argentina” Gessaghi observa que para casos como el Opus Dei “la riqueza no es buena ni mala de por sí; lo importante es lo que se hace con ella” (2016, p. 226). De hecho, habría que ser agradecidos por lo que se tiene y únicamente la ostentación sería inmoral.
  • 16
    Entrevista realizada a una de las integrantes del Patronato en el barrio de Recoleta el lunes 18 de junio de 2018.
  • 17
    Movimiento surgido en torno a la figura de Juan Domingo Perón, quien presidió el país entre los años 1946 y 1955 y entre 1973 y 1974. Una de las características de su carrera política fue la cercanía con los sectores obreros y el impulso de leyes laborales.
  • 18
    Entrevista realizada a la representante de AESES en el Colegio del Buen Consejo de Barracas el lunes 14 de mayo de 2018.
  • 19
    Entrevista realizada a la representante de AESES en el Colegio del Buen Consejo de Barracas el lunes 14 de mayo de 2018.
  • 20
    Suele acusarse a gobiernos peronistas de querer “mantener a la gente en la pobreza” para poder “controlarla”. Estas concepciones aparecieron de manera reiterada en las entrevistas que realicé y a lo largo del trabajo de campo.
  • Información de financiación:
    Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas - Beca posdoctoral

Referencias

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    » https://doi.org/10.1590/0103-7307201507704
  • Garguin, E. (2009), Los argentinos descendemos de los barcos. Articulación racial de la identidad de clase media en Argentina (1920-1960). In S. Visacovsky, & E. Garguin (Comps.), Moralidades, economías e identidades de clase media: Estudios históricos y etnográficos (pp. 61-95). Editorial Antropofagia.
  • Gessaghi, V. (2016). La educación de la clase alta: Entre la herencia y el mérito Siglo XXI.
  • Gessaghi, V. (2015). “Ser sencillo, ser buena persona”: clasificaciones morales y procesos de distinción en las experiencias educativas de la “clase alta” argentina. Pro-Posições, 26(2), 33-50. https://doi.org/10.1590/0103-7307201507702
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  • Perelmiter, L. (2016). Burocracia plebeya: La trastienda de la asistencia social en el Estado argentino UNSAM Edita.
  • Suárez, A. (2015). Creer en las villas: Devociones y prácticas religiosas en los barrios precarios de la Ciudad de Buenos Aires Editorial Biblos.

Editado por

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    22 Nov 2024
  • Fecha del número
    2024

Histórico

  • Recibido
    23 Mar 2023
  • Acepto
    05 Jun 2024
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