Open-access Un marco conceptual para analizar desde una perspectiva situada la práctica bioantropológica en América Latina: el caso de la investigación con ADN antiguo

A conceptual framework for analyzing bioanthropological practice in Latin America from a situated perspective: the case of ancient DNA research

RESUMEN

En este trabajo abordo el tipo de relaciones que se da en los estudios de ADN antiguo que caracterizo como una actividad científico-académica y que forman parte de lo que se conoce como el sistema mundo de la ciencia. Estas investigaciones se insertan en un ambiente asimétrico en términos de financiamiento, infraestructura y desarrollos tecnológicos. En dicho contexto recupero las nociones de antropologías periféricas, antropologías del sur y antropologías del mundo, como herramientas metodológicas y epistemológicas para analizar la relación entre la antropología biológica con otras disciplinas hermanas y con otras ciencias adyacentes, como la arqueogenómica. Posteriormente, defino un conjunto de categorías analíticas que forman la base de un marco conceptual para analizar de manera crítica las relaciones de poder que se establecen en los estudios con restos humanos esqueletizados y que se enfocan en la extracción de ADN antiguo. Estas interacciones generan tensiones y relaciones desbalanceadas que deben minimizarse para avanzar en la búsqueda de una práctica antropológica más horizontal en el terreno de las investigaciones transdisciplinarias y trasnacionales.

PALABRAS CLAVE
Antropologías del mundo; antropologías del sur; asimetrías; arqueogenómica; antropología biológica

ABSTRACT

In this paper I address the type of relationships that take place in the ancient DNA studies, which I characterize as a scientific-academic activity which is part of what is known as the world system of science. This research focuses on the assesment of an asymmetrical ecosystem in terms of funding, infrastructure and technological developments. In this context, I delve into the notions of world anthropologies, peripheral anthropologies and anthropologies of the south as methodological and epistemological tools for analyzing the relationship between biological anthropology with other anthropological disciplines and with adjacent sciences, such as archaeogenomics. Subsequently, I define a set of analytical categories that form the basis of a conceptual framework to critically analyze the power relationships that frequently emerge in the context of the study of ancient squeletized bodies and that focus on the extraction of ancient DNA. These sort of interactions promote the emergence of tensions and unbalanced relationships that must be minimized in order to advance in the search for a more horizontal anthropological practice in these kind of transdisciplinary and transnational research.

KEYWORDS
World anthropologies; anthropologies of the south; assymmetries; archaeogenomics; biological anthropology

INTRODUCCIÓN

En la actualidad los estudios de corte bioantropológico con metodologías derivadas de la biología molecular, los estudios radiométricos y los análisis de isótopos estables tienen como característica fundamental un tipo de interacción asimétrica entre los individuos, las disciplinas, las instituciones y los países donde estos se llevan a cabo (ARGÜELLES et al. 2022; ÁVILA-ARCOS et al. 2022; TAMBURRINI et al. 2023; RUDERMAN 2023; DALAL et al. 2023; STANTIS et al. 2024). Esta forma de establecer relaciones científico-académicas internacionales que por su naturaleza son inequitativas, han sido descritas y nombradas como ‘investigación en helicóptero’, por un lado, (MINASNY et al., 2020; STEFANOUDIS et al., 2021) así como también ‘ciencia vampiro o vampírica’ (CORTEZ et al., 2020; GARRISON 2013). Entre otras cosas, este tipo de prácticas configuran una nueva forma de colonialismo y extractivismo científico que tiene serias repercusiones en la dinámica académica internacional y que explica en cierta medida el desbalance y desequilibrio evidente entre el norte y sur global en ésta (ÁVILA-ARCOS et al., 2022; DALAL et al., 2023; RUDERMAN, 2023) y otras áreas del conocimiento (CISNEROS et al. 2022; MADRIGAL & YÁÑEZ 2024). En este trabajo ofrezco un marco conceptual para analizar críticamente estas interacciones científico-académicas de tipo trasnacional y transdisciplinario. Primero, desarrollo algunas ideas que dan cuenta de por qué en los últimos años los estudios genómicos, paleogenómicos y arqueogenómicos han generado una demanda sin precedente de muestras óseas para la extracción de ADN antiguo (ADNa). Posteriormente, analizo algunos trabajos que me permiten responder al cuestionamiento de cuál es el aporte real que tienen los estudios de ADN antiguo o arqueogenómicos1, así como señalar algunas de las potenciales controversias que pueden presentarse en este tipo de investigaciones. Enseguida realizo un recuento de algunas propuestas teóricas a partir de las cuales establezco una mirada crítica para evaluar, en este caso, el tipo de relaciones asimétricas que se da entre las diferentes partes involucradas en las investigaciones con restos humanos y particularmente con la extracción de ADN antiguo. Me referiré en esta sección al proyecto de las antropologías del mundo (RIBEIRO & ESCOBAR, 2006, 2008) como contexto para establecer el tipo de relaciones asimétricas y de corte geopolítico que caracterizan a la ciencia en general y a la antropología biológica contemporánea en particular. Caracterizaré a la región latinoamericana a partir de una perspectiva situada como estrategia metodológica para aproximarse a un análisis de las relaciones académicas en el terreno internacional.

Más adelante, recupero un conjunto de conceptos y categorías derivadas de distintos análisis sobre las relaciones actuales entre la arqueología y la antropología con la genómica y la arqueogenómica (ARGÜELLES et al. 2022; YÁÑEZ et al. 2023; TAMBURRINI et al. 2023). Propongo que, en conjunto, estas categorías son herramientas heurísticas que pueden facilitar un análisis sobre el desbalance que se observa entre la arqueogenómica y la antropología biológica en diferentes niveles: tecnológico, económico y de infraestructura (KÄLLEN et al. 2024). Por último, planteo unos comentarios finales que buscan continuar la discusión y la mirada crítica de la praxis bioantropológica y de la arqueogenómica en el contexto de los estudios con restos humanos y la extracción de ADN antiguo.

EL FRENESÍ POR LOS ESTUDIOS DE ADN ANTIGUO EN EL MARCO DE LA ARQUEOLOGÍA Y LA ANTROPOLOGÍA

El punto de arranque consiste en evidenciar que los estudios de ADNa han despertado un interesante e intenso debate en torno a las investigaciones de corte bioantropológico en los últimos tres lustros (ARGÜELLES et al. 2022). Entre otras cosas, se puede establecer que el enfoque de la genómica y la arqueogenómica está soportado en un importante desarrollo científico y tecnológico que, no obstante, eclipsa o exagera la verdadera contribución que estos desarrollos aportan al avance del conocimiento en materia antropológica. Dicho de otra manera, los estudios de biología molecular son sorprendentes y deslumbrantes porque nos brindan una parte de información que hasta hace algunos años no se podía conocer de manera irrebatible a partir del estudio bioarqueológico u osteobiográfico de los restos analizados. Sin embargo, ese potencial tecnológico no necesariamente se refleja en nuevas avenidas de investigación o en resultados derivados del planteamiento de novedosas preguntas. No obstante, este atractivo que despierta tanto a nivel académico como popular la evidencia genética/genómica ha generado un incremento en la demanda de muestras óseas de restos humanos antiguos en diferentes contextos como universidades, museos y otros espacios, con el objetivo de extraer material e información genómica de las mismas. Lo cual ha desembocado en lo que algunos autores han descrito como: la “obsesión por los petrosos” (SYKES, SPRIGGS & EVIN 2019:505), “el frenesí por el ADN antiguo” (ARGÜELLES et al. 2022:2), la “industria del ADN antiguo” (YÁÑEZ et al. 2024:3), la “fiebre por los petrosos” (KÄLLEN et al. 2024), entre otras. A partir de este tipo de estudios — incluyendo los isotópicos — se ha permitido conocer y detallar información relativa a: el sexo biológico de los individuos (GELLER, 2017; ARSLAN et al., 2011), la portación de alguna variante genética particular y su proceso de herencia (CHARIDEMOU et al., 2017; KATZENBERG, 2018), la información sobre el tipo de dieta que el individuo consumió (TYKOT, 2004; SCHOENINGER, 2014; BEAUMONT et al., 2013), las relaciones genealógicas entre distintos individuos (ENSOR, 2021), así como la posibilidad de inferir la procedencia del sujeto (SHERAWAT & KAUR, 2017; DUPRAS & SCHWARCZ, 2001; para una revisión crítica de los estudios con isótopos estables ver STANTIS et al. 2024). Sin duda, este tipo de información es relevante y contribuye a la caracterización de los individuos encontrados, así como a profundizar en los procesos de migración y ocupación del continente americano. Sin embargo, lo que parece evidenciarse a partir de estos estudios es, insisto, la falta de nuevas preguntas de investigación, a cambio de responder a viejas hipótesis con nuevas estrategias y técnicas. En otras palabras, existe una tendencia a producir ciencia con nuevas tecnologías, pero soportada en viejas ideologías (JONATHAN MARKS, 2023 conferencia https://www.youtube.com/watch?v=A-QmtgighY8&t=10s). Este es un problema crítico para el desarrollo de la ciencia en general y para el avance de la antropología biológica en particular, ya que una buena parte de las investigaciones científicas derivadas de la biología molecular no siempre aporta nuevo conocimiento y, además, lo reduce a un razonamiento determinista que deja fuera aspectos vinculados a la identidad, la cultura y las relaciones de parentesco—que no necesariamente tienen un componente biológico—pero que claramente le dan estructura a las relaciones de los distintos grupos humanos (CVEčEK, 2024). Sin embargo, en realidad, esta forma de realizar investigación minimiza el trabajo de contextualización que antropólogos y arqueólogos han realizado durante décadas (YÁÑEZ et al., 2023) y, sin el cual, los datos genómicos no tienen un asidero real que permita establecer explicaciones y conclusiones relevantes (ARGÜELLES et al., 2022); no solo hace falta una perspectiva bioantropológica y bioarqueológica de los estudios con ADNa, sino también una mirada e interpretación socioantropológica (CVEčEK, 2024).

En suma, esta es una breve pero sucinta descripción de la forma en que actualmente se relacionan la antropología y la arqueología con la genómica y la arqueogenómica. Es innegable que la contribución de los estudios de ADNa a la paleoantropología en general y al poblamiento de las Américas en particular es relevante (e.g. BARQUERA et al., 2020; FLEGONTOV et al., 2019; FU et al., 2016; KRAUSE et al., 2010; LINDO et al., 2017; LIPSON et al., 2020; LLAMAS et al., 2016; MORENO-MAYAR et al., 2018; NAKATSUKA et al. 2020; RAGHAVAN, et al. 2015). No obstante, los alcances de las técnicas de biología molecular se han mantenido limitadas con respecto al potencial que se percibe desde el ámbito de la antropología (ARGÜELLES et al., 2022; CVEčEK, 2024; YÁÑEZ et al., 2023). En otras palabras, pareciera que la nueva ciencia de la arqueología genómica se conformara con la ratificación o rechazo de viejas hipótesis y que el despliegue tecnológico de las nuevas herramientas está por encima de la generación de novedosas líneas o preguntas de investigación. Además, un aspecto central de la perspectiva que propondré en este artículo es el reconocimiento de que este tipo de investigación no está al margen de las relaciones políticas, económicas y sociales de las distintas partes involucradas en este tipo de estudios y que estas se insertan dentro de una dimensión metacientífica o extracientífica. La práctica académica y, en este caso, las investigaciones bioantropológicas forman parte de lo que se ha venido a considerar y a consolidar como el sistema mundo de la antropología2. Esta perspectiva geopolítica se enmarca en el contexto de las asimetrías tecnocientíficas y económicas que necesariamente impactan el desarrollo de la ciencia de una manera diferencial de acuerdo a los contextos y constricciones históricas de los diversos estilos (CARDOSO DE OLIVEIRA, 1997) y establecimientos (RESTREPO, 2012, 2020) antropológicos (para una discusión actualizada sobre estos asuntos ver: FIGUEIRO et al. 2024). De manera particular, los estudios con restos humanos antiguos plantean un reto importante en este terreno, ya que las diferencias en términos de infraestructura entre los distintos espacios académicos donde se realizan y el ritmo con el que se desarrollan generan sesgos de diversa índole como son los de corte financiero, bioético, económico, epistémico, etcétera (YÁÑEZ et al., 2023).

¿cuál es el aporte real de los estudios arqueogenéticos y arqueogenómicos a la (bio)antropología?

Es evidente que, en los últimos treinta años, dentro de los estudios de biología molecular, ha habido una inusitada ampliación de las capacidades de extracción de muestras de ADN antiguo provenientes de restos humanos y de otras especies que cuentan con muchos años de antigüedad. También es verdad que, de manera reciente, ha habido un esfuerzo relevante para refinar las capacidades técnicas y tecnológicas para la amplificación de las secuencias de ADN y su correspondiente análisis, a través del desarrollo de la bioinformática y el análisis masivo de datos. Esto, a su vez, ha contribuido de manera sustantiva al incremento de la colección de datos y de la información disponible sobre la prehistoria de nuestra especie, particularmente en lo que respecta a los procesos de migración y movilidad de las poblaciones humanas, que son una de las principales causas del cambio en las dinámicas demográficas durante la última parte del Pleistoceno y del inicio del Holoceno (ver p. ej., MORENO-MAYAR et al. 2018; NAKATSUKA ET AL. 2020; NARASIMHAN et al. 2019; RAGHAVAN et al. 2015). Estos y otros resultados vinculados a los análisis de ADNa han promovido entre los investigadores el cuestionamiento sobre qué significa, desde el punto de vista de la genómica, la categoría taxonómica Homo sapiens; lo cual ha llevado a establecer que la diversidad no es un rasgo morfológico, conductual y/o fisiológico que apareció de manera reciente y que puede localizarse ya sea en un gen o en una estructura orgánica del cuerpo humano. Sino que, por el contrario, es una característica distintiva de nuestro linaje filogenético, que se encuentra distribuida en nuestro cuerpo y nuestra conducta y que se ubica en la raíz misma de nuestra historia evolutiva (DOMÍNGUEZ-RODRIGO 2002). Este mismo hecho ha permitido observar que muchos de los presupuestos relativos a la historia filética de los Homo correspondientes al Pleistoceno probablemente exageraron los límites y las fronteras entre las poblaciones y los diversos taxa al interior de nuestro género (HAWKS 2013; REICH et al. 2012). En síntesis, la investigación enfocada en la recuperación de ADNa de restos humanos ha ampliado el marco conceptual, epistémico y analítico de la historia evolutiva de nuestra especie y, con ello, ha crecido el espectro de las potenciales preguntas que pueden derivarse de este vasto conjunto de datos.

No obstante, esta mayor capacidad de despliegue tecnológico, por un lado, y de análisis de la información y de los datos, por otro, no ha quedado al margen de potenciales conflictos epistémicos, políticos y éticos entre los diferentes especialistas que estudian la evolución humana, los procesos de dispersión de la especie, el poblamiento americano, etcétera. De hecho, es probable que estas problemáticas se hayan extendido y, por lo tanto, se han reproducido prácticas colonialistas, extractivistas y elitistas (BARDILL et al. 2018; BOLNICK 2016; CORTEZ et al. 2021; FOX & HAWKS 2019; WAGNER et al. 2020). Lo que sin duda ha contribuido a exacerbar los procesos de inequidad y asimetrías entre individuos, disciplinas, instituciones y países. Con base en lo anterior, es posible establecer que las tensiones derivadas de la investigación enfocada en el ADNa tienen que ver con el uso y abuso de las muestras; con el (in)cumplimiento de las obligaciones éticas, morales y legales; con el reconocimiento/desconocimiento formal y la consulta de todas las partes interesadas; con el respeto a diversas manifestaciones culturales; con la participación de los investigadores locales y las comunidades como parte del proceso mismo de la investigación; con el apoyo a la formación de recursos humanos y la colaboración en la publicación de los resultados de los estudios realizados (ARGÜELLES et al. 2022; BARDILL et al. 2018; DI FABIO ROCCA et al. 2021; WAGNER et al. 2020; Urassa et al. 2021).

Para poner un ejemplo concreto, me quiero referir al estudio conducido por Douglas Kennett et al. (2021) con individuos ancestrales de una de las comunidades pueblo3 del Cañón del Chaco, en Nuevo México, Estados Unidos. Este estudio se realizó sin la participación de la comunidad ligada étnicamente a los cuerpos esqueletizados resguardados en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, Estados Unidos. Daniela Cortez y sus colaboradores hicieron una revisión sobre la forma en que esta investigación se había llevado a cabo, llegando a la conclusión de una evidente falta de participación, tanto activa como pasiva, de los miembros de la comunidad indígena que hoy habita esta región del Cañón del Chaco. Kennett argumenta en entrevista con Cortez et al. (2021) que los estudios no consideraron a ninguna comunidad viva potencialmente vinculada étnica o genéticamente porque los restos humanos con los que se trabajó fueron catalogados como ‘no afiliados étnicamente’. Para Cortez y sus colegas, este es un ejemplo paradigmático de lo que se ha nombrado en la literatura científica como una práctica que pone en evidencia la “ciencia vampírica” del ADNa (GARRISON 2013). Cortez et al. (2021) argumentan que hay pocas razones para creer que la orientación legal o la revisión institucional serán medios de contención para generar normativas para guiar los principios éticos de la investigación con ADNa. Es decir, se necesita desarrollar un tipo de investigación que respete y considere las demandas y el sentir de las comunidades indígenas y otros grupos de descendientes para generar estrategias de trabajo conjunto y, así, generar estudios de investigación alineados a las mejores prácticas de la investigación de y en campo. Estos autores argumentan que una actividad científica como esta debe basarse en una perspectiva ética enfocada al estudio del ADNa, lo que implica la plena participación de las distintas partes interesadas (ver más adelante el concepto de ‘soberanía académica’). En ese mismo trabajo, los autores destacan que de no cumplirse esta premisa “no habrá una verdadera revolución ética en la investigación con ADN antiguo” (ARGÜELLES et al. 2022:3).

Coincido con Cortez y colaboradores, y me parece que debemos ir aún más lejos en la crítica al incluir los contextos en los que los centros norteamericanos y europeos (noratlánticos), y los individuos de la hegemonía institucional del ADNa, deben comprometerse (o no) con los científicos y las comunidades indígenas, afrodescendientes y equivalentes, que se encuentran en la periferia del poder en la investigación o que están situados en el centro de la fuente de los “datos” y de los sitios donde aparecen frecuentemente restos humanos antiguos. Existen otras formas en las que las asimetrías disciplinares, infraestructurales y epistémicas se expresan y perjudican el desarrollo equitativo de la ciencia en diferentes contextos. Por ejemplo, en otro trabajo recientemente publicado se realiza el análisis de sesenta y ocho artículos científicos enfocados a la obtención de ADNa (publicados entre 1994 y 2018) que involucran muestras de América del Sur. En este trabajo, Di Fabio Rocca et al. (2021) encontraron que el 44% de las publicaciones no incluía información sobre los permisos para poder realizarlos. Mientras que el 49% no tenía información sobre la custodia de los restos humanos analizados. En el 24% de los artículos no se hizo referencia directa a los permisos y tampoco se declaró qué museos, instituciones y/o investigadores “locales” “proporcionaron” o “facilitaron” las muestras. Finalmente, solo el 7% de los artículos mostraron evidencia contundente de un enfoque colaborativo, mientras que el 79% fueron publicados en el idioma inglés, y el 71% de ellos en revistas editadas fuera de América del Sur.

Estos ejemplos son una muestra clara de la reproducción de estas prácticas desbalanceadas que dan cuenta de una nueva forma de colonialidad en la ciencia y en la bioantropología (FIGUEIRO et al. 2024). Por lo que, si bien los estudios de ADNa son relevantes para el desarrollo de la antropología en su conjunto, estos deben ser valorados en su justa dimensión y no exagerar los resultados obtenidos o las posibles interpretaciones de los mismos. Además, estos ejemplos permiten observar que las asimetrías individuales, disciplinares e institucionales forman parte del ecosistema actual de los estudios arqueogenómicos y que estás deben señalarse de manera crítica.

LAS ANTROPOLOGÍAS DEL MUNDO: UN MARCO ANALÍTICO EN TORNO A LAS RELACIONES DE PODER EN LA PRÁCTICA ANTROPOLÓGICA

En este apartado recuperaré un conjunto de reflexiones y propuestas de antropólogos, filósofos y sociólogos de origen latinoamericano que me permitirá situar y contextualizar una mirada crítica de la práctica bioantropológica en nuestra región y en su relación con el norte global (ver, por ejemplo: CARDOSO DE OLIVEIRA 1997; ESCOBAR, 2016; KROTZ, 1996, 1997, 2006, 2019; MIGNOLO 2002, 2003; QUIJANO, 1999, 2009; RESTREPO 2012, 2017, 2020, 2021; RIBEIRO 2006, 2014, 2020). El planteamiento parte del reconocimiento de que la ciencia como cualquier otra actividad que realizan las personas se encuentra inmersa en un entramado de relaciones de poder. Esta perspectiva, además de enfocar su análisis en los elementos teóricos y epistemológicos de esta práctica—en este caso la intersección entre la antropología biológica y la arqueogenómica—, también considera aspectos políticos, económicos y sociales que forman parte del ensamblaje que sostiene a este tipo de investigación. Es decir, se trata de una mirada que intenta problematizar las relaciones de poder en diferentes niveles de organización que componen al ‘sistema mundo de la antropología’. En esta propuesta se considera que este sistema está compuesto por distintos y entrelazados niveles de organización y de interacción donde es posible ubicar los entramados que se conforman a partir de las relaciones que se establecen entre los individuos, las disciplinas, las instituciones y los países involucrados en la investigación antropológica. Se trata de una estructura multinivel, con jerarquías y dinámicas complejas que generan el establecimiento de relaciones de tipo hegemónico y de subordinación. En este trabajo planteo un análisis enfocado en la investigación bioantropológica con ADN antiguo, que por su propia circunstancia constituye un tipo de práctica trasnacional y transdisciplinaria donde los factores de poder y las diferencias económicas, políticas y sociales se reproducen en el ámbito de la ciencia. Estas características promueven un entorno—que ha sido considerado por algunos autores como un “ecosistema” (ARGÜELLES et al., 2022)—donde proliferan y se reproducen las asimetrías.

A partir de lo anterior es posible recuperar algunas propuestas para analizar este ecosistema que se enmarca en lo que Gustavo Lins Ribeiro y Arturo Escobar han descrito como las antropologías del mundo (2006; 2008; 2020). Se trata de un proyecto que se desprende de un coloquio internacional organizado durante el año de 2003 en Pordenone, Italia (Escobar y Letona 2011), en el que se discutió esta categoría como una herramienta que permite “cuestionar la idea de una antropología única y universal que legitima la dominancia de algunos estilos de antropología en términos de su carácter originario y auténtico, a la vez que anula la presencia de la diversidad de estilos antropológicos en el escenario global” (ESCOBAR & LETONA, 2011:177). Esta reflexión es importante, ya que como ha expresado el antropólogo colombiano Eduardo Restrepo la idea de una única antropología no se sostiene. Por el contrario, durante el siglo XX ocurrió un proceso de “pluralización” de las antropologías que tuvo como consecuencia más relevante “el abandonar el modelo de que existe algo así como una ‘antropología auténtica’ (que por lo general se identifica con las ‘tradiciones’ francesa, inglesa y estadounidense) y que sus variaciones debían ser entendidas como copias que sólo de forma parcial y heterodoxa logran aparecer como antropología (localizadas esta vez por fuera de las ‘grandes tradiciones’)” (RESTREPO, 2017:106). A partir de estas reflexiones aparecieron algunas propuestas situadas—lugarizadas (RESTREPO 2020)—en Latinoamérica que apuntaron hacia una perspectiva crítica del tipo de relaciones que se han establecido históricamente entre las distintas antropologías.

Así, la pluralización de las antropologías latinoamericanas—y de otras regiones de la periferia—dio lugar a una serie de reflexiones situadas en diversos contextos sociales y en diferentes espacios geográficos, pero concatenadas en torno a la interacción—tensión—entre las antropologías del norte y las antropologías del sur. Uno de los primeros autores en enfocar esta problemática fue el antropólogo brasileño Roberto Cardoso de Oliveira quien se decantó por describir esta interacción como una tensión (1997). Señaló que ésta no era “social ni política, sino teórica, para decirlo de otra forma, meta-teórica, o sea epistémica. Y creo que dicha tensión sea extremadamente fértil para el desarrollo de la antropología” (Cardoso de Oliveira 1997:19-20). Coincido con Cardoso de Oliveira y parafraseando su propio pensamiento sostengo que: este programa, el de las antropologías del mundo, tiene la intención de estimular nuevas investigaciones de cara al establecimiento de otro tipo de relaciones—más horizontales—entre las distintas antropologías. Y que, aun cuando sean tensas, estas relaciones no tienen por qué ser, ni deben concebirse como, antagónicas (CARDOSO DE OLIVEIRA, 1997). Con este precedente comienza un interés por comprender e intentar analizar a las antropologías como el resultado de una actividad desarrollada por un grupo particular de personas que se consideran a sí mismos antropólogos y que estos no necesariamente provienen o están localizados en los países centrales o hegemónicos. Como lo describió en su momento el antropólogo haitiano Trouillot (2010[2003]):1) “la antropología es lo que los antropólogos hacen”. Y en esa medida cabe reflexionar sobre si existe una o múltiples antropologías, no solo en términos disciplinares—la antropología biológica, social, lingüística y la arqueología—sino también en términos geográficos y espaciotemporales. Cardoso de Oliveira destaca dentro de este contexto, entre otras cosas, por su propuesta analítica de ‘las antropologías metropolitanas versus las antropologías periféricas’.

Siguiendo esta línea de pensamiento, el otro referente que vale la pena mencionar como antecedente de la propuesta de las antropologías del mundo es Esteban Krotz, antropólogo mexicano que desarrolló la noción de ‘antropologías del sur’ tratando de contrastar el tipo de práctica desplegada en los países subdesarrollados con lo que ocurría en los países industrializados; del norte y del sur; del centro y de la periferia, etcétera (KROTZ 1996, 1997, 2006, 2019). Su razonamiento plantea que el desarrollo de las antropologías en los distintos países latinoamericanos ha sido muy potente y éste puede atestiguarse, entre otras cosas, en los destacados y numerosos centros relacionados con la antropología en países como Brasil, Colombia, México, etcétera; en las casas editoriales enfocadas a la publicación de investigaciones de corte antropológico en la región y ejecutada por investigadores locales; en la presencia de escuelas y universidades dedicadas a la formación de antropólogos, entre otras. De acuerdo con este autor “aunque hubo en algunos países antecedentes tempranos, es particularmente en el último cuarto del presente siglo [del XX] que en muchas y cada vez más partes del Sur se han establecido instituciones académicas, todo tipo de congresos, periódicos y museos, revistas especializadas y asociaciones profesionales, proyectos editoriales y programas de investigación de largo aliento” (KROTZ, 1996:28; para una reflexión similar de Lins Ribeiro ver: YÁÑEZ et al. 2024). No obstante todo lo anterior, para Krotz las antropologías del sur han sido ignoradas y, en el mejor de los casos silenciadas, lo cual ha reforzado la idea de un origen espaciotemporalmente delimitado para el surgimiento y la práctica de la “verdadera antropología”: la que surgió y se desarrolla en los países del centro. Krotz analiza críticamente la relación que se estableció entre los desarrollos académicos del norte y el sur, particularmente desde la perspectiva de América Latina, con el ánimo de identificar las causas y consecuencias de las asimetrías geopolíticas, por un lado, y las posibles transformaciones de la disciplina en su conjunto derivadas de ese tipo de relaciones francamente desiguales. Para este autor resulta sumamente relevante “la demostración de que la situación del Sur no era un retraso en términos de algún parámetro objetivo con respecto al nivel de alguna manera “avanzado” del norte. Sino que el carácter sociocultural del sur respondía en alto grado a la presión que el norte había ejercido desde hacía tiempo sobre el sur y que, complementariamente, el estado de cosas logrado por el norte se debía, en buena medida, a su explotación secular del sur” (KROTZ, 1996:25). Se trata sin duda de una afirmación no exenta de polémica, pero que refleja las tensiones y relaciones de poder entre norte y sur de forma muy prístina, sobre todo desde la perspectiva situada en el sur.

Estos dos investigadores y sus obras representan el germen de este análisis situado—en el sur global y en Latinoamérica en particular—en torno a las características propias de las tradiciones y estilos que empezaron a desarrollarse no solo al margen de las metrópolis, sino ciertamente de manera aislada a estas y con claras y distintivas características. Así, las nociones de ‘antropologías del sur’, por un lado, y de ‘antropologías periféricas’, por otro, permitieron dotar a las antropologías desarrolladas en América Latina de una identidad propia y a la vez compartida regionalmente. Propia porque en cada rincón de nuestro continente se configuraron estilos (CARDOSO DE OLIVEIRA 1997) y establecimientos (RESTREPO, 2012) distintivos asociados al desarrollo local de conceptos, métodos, técnicas y, por lo tanto, de una práctica antropológica lugarizada/situada. Y compartida porque, a pesar de sus singularidades, las antropologías latinoamericanas emanan de un mismo esfuerzo: “el reconocimiento de las características propias, distintivas de la antropología producida en “el Sur”, que podrían convertirse en aportación para la antropología universal” (KROTZ, 1996:25). Dicho de otra forma, el reconocimiento de que haya antropologías que se constituyen y consolidan en el sur, hecha por gente del sur, no implica que su alcance se limita a la región, sino que sus aportes pueden contribuir al desarrollo teórico de las antropologías del mundo4.

Sin duda, estos trabajos son el combustible de lo que vendrá a consolidarse a partir de esfuerzos más sistemáticos en la noción de las antropologías del mundo, categoría emanada de la coordinación de este tipo de planteamientos liderados por Gustavo Lins Ribeiro, antropólogo brasileño, y Arturo Escobar, antropólogo colombiano. En donde podrían subsumirse, además de las propuestas de Krotz y Cardoso de Oliveira en Latinoamérica, las de otros investigadores del sur global como Shinji Yamashita (Japón), Nikolai Vahktin (Rusia), Paul Nchoji Nkwi (Camerún), Marisol de la Cadena (Perú), Eduardo Restrepo (Colombia), entre otros. Siguiendo con este razonamiento, el posicionamiento de Ribeiro con respecto a la noción de las ‘antropologías del mundo’ se puede dividir en dos ideas centrales: i) la proliferación de diversas y distintivas formas de practicar la antropología a partir de una posición situada y que, por tanto, constituye una forma particular de ver y hacer antropología desde el sur, con todas las implicaciones que ello conlleva; y ii) el énfasis en la pluralización de las antropologías que evidentemente se refleja en el tipo de prácticas pero, sobre todo, en la multivocalidad y en el establecimiento de nuevos y dinámicos patrones de realización de esta actividad. Es decir, nuevos conceptos y métodos, otros idiomas de publicación de los trabajos académicos, más participación de los investigadores locales, involucramiento de los pueblos y grupos indígenas, afrodescendientes, subalternos, queer, etcétera. Que muchas veces forman parte de la sustancia que alimenta el trabajo de los antropólogos, pero que históricamente han estado al margen de la estructura de construcción del conocimiento antropológico reconocido académicamente, por lo que su voz no ha tenido el impacto que se esperaría. Por lo tanto, este enfoque se relaciona con las prácticas, las perspectivas y los posicionamientos relativos al poder que tienen ciertos grupos y proyectos de investigación en la antropología global y local (RIBEIRO & ESCOBAR 2008).

Por su parte, Arturo Escobar planteó en su momento como hipótesis de trabajo que lo que está en juego con respecto al proyecto de ‘las antropologías del mundo’ es el rechazo a la consideración de que “necesariamente debe existir un solo espacio” desde el cual la antropología se desarrolle y practique. Es decir, él al igual que Ribeiro abogan por una perspectiva plural de las antropologías y de las prácticas antropológicas que contribuyen a la “emergencia de las diversas y múltiples antropologías” (RIBEIRO & ESCOBAR, 2008). Cuando Escobar habla de multiplicidad se refiere a que no existe una “verdadera antropología” y que, con base en ese razonamiento, es imposible establecer una práctica normativa para la disciplina, porque en cada lugar la manifestación de una conducta o rasgo cultural y el estudio que de esto se deriva tiene su propia particularidad. En otras palabras, el marco teórico y epistemológico de las ‘antropologías del mundo’ establece que no es posible seguir hablando de la Antropología brasileña, colombiana o sudafricana, sino de antropologías realizadas en Colombia, en Sudáfrica, en Haití o en Cuba. Por lo que el repudio a una antropología hegemónica es claramente una de las premisas del proyecto de Ribeiro y Escobar, como lo es también para las antropologías periféricas (Cardoso de Oliveira) y las antropologías del sur (Krotz).

Con base en lo anterior, es posible sostener que el proyecto de las antropologías del mundo se enfoca “en la posibilidad de establecer nuevas condiciones y nuevos términos de conversación entre los antropólogos en un plano global”. Es decir, se trata de “una contribución a la formación de una nueva comunidad trasnacional de antropólogos” (RIBEIRO & ESCOBAR 2008), en donde la mirada situada y la polifonía son elementos nodales de las antropologías periféricas o desde el sur. Resulta necesario señalar otros antecedentes directos de este enfoque como son los trabajos del filósofo argentino Walter Mignolo (2002, 2003) con su propuesta de las “geopolíticas del conocimiento”. Asimismo, están los trabajos del sociólogo peruano Aníbal Quijano que plantea el concepto de la “colonialidad del poder”, que se suma a esta mirada crítica del tipo de relaciones hegemónicas que ha caracterizado a la ciencia que se encuentra inserta en las relaciones geopolíticas. Quijano enfoca en su análisis la visión eurocentrista de la ciencia, la economía y la política involucrada en esta actividad y cómo éstas afectan o benefician de manera diferencial los espacios donde se desarrolla esta labor. En suma, y siguiendo a Ribeiro y Escobar (2008:14), estas categorías pueden relacionarse “para enfatizar la idea de que el locus de enunciación de las disciplinas está geopolíticamente marcado”. Tomando esta perspectiva relativa a la antropología social/cultural como punto de referencia, es posible establecer un análisis similar a lo que actualmente está ocurriendo en el ámbito de las investigaciones bioantropológicas enfocadas en la recuperación de ADNa a partir de restos humanos.

UNA MIRADA GEOPOLÍTICA DE LA ANTROPOLOGÍA BIOLÓGICA LATINOAMERICANA: LA INVESTIGACIÓN CON ADNA

Las ideas previas son relevantes para el planteamiento que estoy proponiendo en este trabajo y para el potencial análisis que puede establecerse en diferentes niveles de la investigación bioantropológica que se enfoca en el estudio de los restos esqueletizados antiguos y en la extracción de ADN a partir de estos. Se trata de una línea de investigación en la que se concentran problemas de corte académico, político, tecnológico, económico y social que tienen una especial repercusión en el tipo de relaciones que he tratado de describir entre el centro y la periferia o entre el norte y el sur global. Además de los aspectos meramente académicos, los estudios arqueogenómicos y de ADNa en este contexto han despertado interesantes debates en torno a la perspectiva ética de la investigación con restos humanos (ALPASLAN-ROODENBERG et al., 2021; BARDILL et al., 2018; SQUIRES et al., 2022; WAGNER et al., 2020); lo que puede concebirse como una parte de la dimensión metacientífica de la actividad académica. Entre las problemáticas que han emergido en torno a estas discusiones se encuentra: la regulación nacional/internacional de biobancos y repositorios de datos; la neutralidad del acceso, uso y control de datos de naturaleza molecular; la regulación de políticas y lineamientos para la extracción y secuenciación del ADNa y los procedimientos de uso/distribución de métodos bioinformáticos; ‘el costo o valor real’ de la investigación bioantropológica/bioarqueológica; el consentimiento informado; los derechos de investigación de individuos y colectivos, entre otros. Lo que es evidente es que la arqueogenómica es una línea de investigación que, como lo han sentenciado Argüelles et al. (2022), se encuentra dentro de un contexto geopolítico y, por tanto, forma una parte muy destacada del sistema mundo de la antropología.

Sostengo que este tipo de investigación es un ejemplo de actividad que trasciende los marcos institucionales locales y se inserta claramente en el ámbito de las colaboraciones tecno-científicas internacionales. De ahí la pertinencia de las antropologías del mundo como base analítica y referente contextual para ser aplicadas a la investigación bioantropológica en general y a la bioarqueológica y arqueogenómica en particular. Considero que el ecosistema en el que actualmente se desarrolla esta línea de investigación es un contexto que puede resultar nocivo para el desarrollo de las mejores prácticas en la investigación con restos esqueletizados antiguos, precisamente por las diferencias y asimetrías entre los diferentes involucrados en este tipo de investigación. En las siguientes líneas intentaré describir con detalle estas relaciones asimétricas y las principales problemáticas e implicaciones que tienen en el desarrollo local de las antropologías del sur, particularmente de la antropología biológica latinoamericana.

Para ello, es importante hacer referencia a la forma en que los estudios arqueogenómicos son realizados, para argumentar por qué las antropologías del mundo son un marco de referencia pertinente para el análisis que aquí propongo. Además de la utilización de máquinas robotizadas de nueva generación y con un potencial inmenso que minimiza el error humano en el manejo de cantidades masivas de datos, se encuentra un aspecto central que es la obtención de muestras para la extracción del ADNa. Es decir, los estudios arqueogenómicos trabajan con fragmentos diminutos o polvo de hueso por lo que necesariamente recurren a procesos invasivos que destruyen parcial o totalmente la pieza de la cual se extrae la información deseada (FOX & HAWKS, 2019) para obtener una muestra a partir de la cual se lleva a cabo el proceso de extracción, amplificación y secuenciación del ADN. La obtención de dicha muestra, por tanto, es un asunto esencial de la ciencia paleogenómica pero, al mismo tiempo, forma parte de los aspectos extracientíficos que caen en el terreno de las relaciones de poder entre individuos, disciplinas, instituciones y países. Argüelles et al. (2022) han descrito un tipo de personajes que se encargan de obtener los accesos, los permisos, los traslados y las propias muestras como ‘intermediarios’ (más adelante retomaré la definición de este concepto). Es evidente que existe la necesidad de justificar con argumentos válidos y razonables la implementación de este tipo de prácticas y procedimientos, ya que se trabaja con piezas que forman parte del patrimonio cultural de un país o grupo cultural y que, por tanto, no se trata solo de objetos, sino de sujetos patrimoniales. Sin embargo, esto no siempre ocurre y muchas veces se minimiza el problema que representa las valoraciones de tipo bioético y de soberanía académica y de datos (para una discusión sobre este asunto ver: FARRERA et al. 2024), por un lado, así como la imposibilidad de recuperar gran parte de la información de la pieza destruida, es decir, la sostenibilidad de la investigación paleoantropológica (ARGÜELLES et al. 2022). Existen diversas estrategias que podrían disminuir la pérdida irreparable que implica este tipo de procedimientos destructivos, como lo son el registro fotográfico y morfoscópico, la realización de tomografías computarizadas, la medición de la pieza y realización de distintos registros morfométricos, la reproducción de réplicas, la antropología virtual, entre otros (FOX & HAWKS, 2019). No obstante, esto desafortunadamente tampoco es una práctica corriente y, aún más, muchas veces no representa un aspecto a considerar desde la perspectiva de los paleo o arqueogenomicistas.

La descripción de este tipo de prácticas permite dar cuenta de que nos encontramos—siguiendo las reflexiones de Cardoso de Oliveira—ante una relación tensa entre los distintos involucrados en la investigación que contempla restos óseos humanos para la extracción de ADNa. Por un lado, al estar soportada esta línea de investigación en el potencial tecnológico de los laboratorios donde se realiza este tipo de procedimientos, es evidente que las instituciones y países del centro tienen un mayor potencial que lo que ocurre en los mismos espacios de la periferia. Por otro lado, el manejo masivo de datos y el análisis bioinformático representa un tipo de actividad que puede caracterizarse como parte de una ‘industria’ que se encarga de procesar muestras, analizar datos y presentar resultados. En este contexto, resulta prescindible la perspectiva antropológica, ya que al emplear este tipo de técnicas existe un proceso de desvinculación de los aspectos etnológicos y antropológicos del/los sujeto(s) analizados. Es necesario reflexionar sobre este tipo de prácticas y sus alcances en el terreno de la investigación antropológica.

Lo que he querido mostrar hasta aquí es la pertinencia de las antropologías del mundo como contexto metodológico y epistemológico para analizar las relaciones de poder que se dan actualmente en la antropología biológica en términos de las relaciones centro-periferia. En el siguiente apartado me concentraré en la recuperación de distintas categorías analíticas que han sido propuestas por diversos autores y que conforman un marco conceptual útil para un análisis crítico sobre las relaciones de poder entre los distintos establecimientos donde se lleva a cabo la extracción de ADNa.

CONCEPTOS PARA EL ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS INVESTIGACIONES ARQUEOGENÓMICAS: UNA PERSPECTIVA BIOANTROPOLÓGICA

En este apartado mencionaré y definiré un conjunto de categorías que recupero de otros trabajos y otros autores como la base que integra el marco conceptual que propongo para analizar críticamente la relación que se ha establecido entre la antropología biológica y la arqueología con los estudios de ADNa. Recientemente se han publicado algunos trabajos, de investigadores latinoamericanos mayormente, que ofrecen un conjunto de descripciones y definiciones de conceptos que no suelen ser utilizados en el campo de los estudios con ADNa pero que, en mi perspectiva, deberían considerarse y utilizarse para esta clase de análisis (ARGÜELLES et al., 2022; YÁÑEZ et al., 2023). Sostengo que estas categorías analíticas son parte indispensable de una perspectiva crítica y situada con la cual aproximarse a los estudios de corte arqueogenómico. Propongo que estas consideraciones deben enmarcarse dentro del ‘ecosistema’ que he descrito previamente donde se despliega este tipo de investigación y donde son recurrentes las relaciones tensas y asimétricas. A continuación, mencionaré y definiré este conjunto de conceptos analíticos.

En primer lugar, tenemos la noción de ‘centro y periferia’ que permite caracterizar y analizar de manera precisa el tipo de relaciones asimétricas y desiguales que actualmente se observa en la intersección entre las investigaciones bioantropológicas/bioarqueológicas y arqueogenómicas. Siguiendo a Argüelles et al. (2022) el concepto de centro-periferia es más útil que el de ‘norte y sur global’, dado que el primero no refiere únicamente a una delimitación geográfica, sino que es más bien una postura crítica con respecto al tipo de relaciones y dinámicas de poder que se da en las relaciones tecnocientíficas a nivel internacional. De acuerdo con esta perspectiva “el centro es donde se encuentran actualmente los espacios financieros, tecnológicos y de infraestructura vinculados al trabajo con ADNa. Mientras que la periferia es el sitio donde residen en gran parte los objetos patrimoniales, los datos, muchos de los colaboradores, pero donde encontramos poco financiamiento, tecnología e infraestructura” (ARGÜELLES et al., 2022). Lo cual es paradójico ya que América Latina es un ‘centro de producción’ de restos humanos (prehistóricos, históricos y contemporáneos) pero, al mismo tiempo, esta región se percibe como una periferia en la producción de conocimiento científico en relación al estudio de la osteología antropológica. Cabe reflexionar aquí nuevamente sobre la crítica que Esteban Krotz plantea al silenciamiento de la antropología latinoamericana, ya que un análisis sobre esta situación permite argumentar que, en estas relaciones centro-periferia, América Latina es vista como una región periférica en la producción de conocimiento científico y, al mismo tiempo, como un laboratorio de agendas de investigación de los países e instituciones del centro (ARGÜELLES et al., 2022; Menéndez y Yáñez, 2026).

Con base en estas ideas, es posible enfatizar que las nociones de centro-periferia y norte y sur global no son categorías sinónimas, ya que el concepto de regiones o contextos periféricos puede incluir al sur global, pero también hay contextos periféricos en el norte global. Asimismo, puede haber contextos o prácticas centrales en el sur global (KROTZ 1996). Por tanto, la noción de contextos y regiones periféricas es una categoría más inclusiva y flexible (ARGÜELLES et al., 2022) y, en esa medida, más adecuada para el tipo de análisis que aquí se ofrece.

En segundo término, me referiré a otra pareja de conceptos que resulta de interés dentro de este marco de referencia y que puede ser útil para establecer una visión crítica del tipo de interacción entre distintos países, disciplinas e individuos relacionados con la investigación con restos humanos y con ADNa: la soberanía y la sostenibilidad académicas. Por un lado, tenemos el concepto de ‘sostenibilidad académica’ que, en este contexto, puede describirse como “la gestión y el manejo adecuados de la evidencia osteológica y su potencial uso para la investigación antropológica, tanto en el presente como para futuras generaciones de antropólogos y, también, de cara al más eficiente desarrollo de técnicas de colección de datos” (ARGÜELLES et al., 2022:6). Aquí es importante enfatizar lo que ocurre con los procesos invasivos que en ocasiones no terminan por justificarse desde una perspectiva científica (FOX & HAWKS 2019). Es decir, no es suficiente el desarrollo de nuevas tecnologías para acceder a información más robusta ni la aplicación de nuevas técnicas que amplifican la cantidad de datos para realizar un potencial análisis de los mismos. Como he dicho antes, hay una dramática ausencia de nuevas preguntas de investigación y nuevas líneas de interpretación. Dicho de otra forma, hay un gran potencial tecnológico, pero nos hemos rezagado en la dimensión teórica y en la creatividad para profundizar en las preguntas que orientan la investigación académica en esta línea.

El siguiente concepto que destaca dentro de este mismo razonamiento es el de ‘soberanía académica’ el cual “consiste en el acuerdo pleno y alguna forma de compromiso equitativo entre los diferentes actores que forman parte de una investigación en relación a qué derechos tiene y qué obligaciones debe cumplir cada uno de ellos” (ARGÜELLES et al. 2022:6). En ambos casos se trata de categorías que hablan del tipo de relaciones que se establece entre las diferentes partes que constituyen una investigación, en el caso de los estudios con ADNa los conceptos de soberanía y sostenibilidad académicas son relevantes para reducir o minimizar las asimetrías que he venido describiendo en las investigaciones actuales que relacionan a la antropología biológica con la arqueogenómica.

Siguiendo con los aspectos que podemos considerar como metacientíficos o extracientíficos, es decir, aquellos que van más allá de los postulados teóricos, las técnicas y metodologías, los resultados y las publicaciones, pero que están intrínsecamente relacionados con las prácticas y las relaciones de poder entre instituciones, disciplinas, países e individuos se encuentran, en el caso de las investigaciones con restos humanos y con ADNa, los problemas e implicaciones asociados con la obtención, los permisos, los traslados, las publicaciones y los datos relacionados con ‘las muestras’. Las muestras son la materia prima a partir de la cual se extrae el ADN de restos humanos antiguos y de donde puede derivarse un conjunto de prácticas antiéticas e interpretaciones reduccionistas enfocadas principalmente desde la perspectiva paleogenómica. En este contexto existe una figura destacada que facilita y promueve la emergencia de relaciones tensas y problemáticas: ‘los intermediarios’ (ARGÜELLES et al., 2022). Una definición operativa de este concepto puede describirse como “una persona que obtiene una o muchas muestras de una institución, museo o centro de investigación al cual no pertenece, con la intención de procesarlas en un laboratorio o institución científica a la cual tampoco pertenece, en búsqueda de formar parte de una coautoría o publicación” (ARGÜELLES et al., 2022:7). En el contexto de las relaciones de tipo ‘centro-periferia’ esta forma de actuar es una que ha proliferado en los últimos tiempos y que debe ser observada como “otro aspecto de relevancia mayor que debe incluirse en el ecosistema de los estudios con ADNa, ya que este tipo de relaciones pueden derivar en el potencial liminal, problemático y antiético que juegan algunos individuos e instituciones de cara a la obtención de muestras para la extracción, amplificación y secuenciación de ADNa” (ARGÜELLES et al., 2022:7). La participación de este tipo de intermediarios afecta el desarrollo horizontal y equitativo de la ciencia y obstaculiza, asimismo, el avance de la antropología biológica en la periferia.

Enseguida, me referiré a los conceptos de ‘ritmo y espacio’ (YÁÑEZ et al., 2023) en los estudios con ADNa que me serán útiles para redondear la descripción de las relaciones de poder al interior de los estudios bioantropológicos y arqueogenómicos. El razonamiento de donde emergen estos conceptos tiene que ver con el ritmo diferencial de los estudios de biología molecular con respecto a las investigaciones bioantropológicas, por un lado. Por el otro, se enfatiza la concentración de recursos que fluyen a algunos espacios limitados—los grandes laboratorios (Argüelles et al 2022)—mientras que otros—en la periferia—permanecen con escaso financiamiento a pesar de que, en muchas ocasiones, es de donde provienen los datos con los que se trabaja. En este contexto, es importante destacar que “aunque algunos datos arqueológicos, etnográficos e históricos han sido reconocidos recientemente e incorporados al análisis del ADNa, el enfoque exclusivo en el material genético como entidad analítica independiente, o como unidad principal de análisis, puede pasar por alto muchos de los resultados e interpretaciones de la investigación extragenética desarrollada localmente” (YÁÑEZ et al., 2023:3). Lo anterior es importante porque muestra que el tiempo de desarrollo de las investigaciones antropológicas frecuentemente es mucho más dilatado que el de los estudios moleculares. Por lo que resulta necesario subrayar que el ritmo de trabajo antropológico está condicionado por nuestra responsabilidad con las comunidades e instituciones con las que trabajamos y, así, nuestra tarea debe ser reunir la mayor cantidad de evidencias posibles antes de sacar cualquier conclusión. Es evidente que el ritmo en los estudios con ADNa debe moderarse y que los espacios donde se realiza este tipo de investigación deben ampliarse (YÁÑEZ et al., 2023), de cara al establecimiento de relaciones más horizontales y colaboraciones más balanceadas.

Una última categoría analítica que conforma parte de este marco conceptual es la noción de ‘horizontalidad’, que busca reducir las desigualdades en el contexto de las investigaciones académicas, particularmente en aquellas en las que la tecnología juega un papel central. Como he venido describiendo a lo largo de este trabajo, los estudios con ADNa son precisamente un ejemplo del tipo de investigación que articula distintos individuos, disciplinas, instituciones y países, lo cual genera un espacio propicio para la reproducción de asimetrías e inequidades. Es imperativo buscar colaboraciones cada vez más equilibradas y horizontales, lo que permitiría reducir los sesgos entre los países del centro y la periferia. Asimismo, es necesario un balance entre las disciplinas involucradas en la investigación con ADNa; la contextualización arqueológica y antropológica es indispensable en esta línea de investigación y tiene la misma relevancia que los resultados obtenidos a partir de procesos tecnológicos complejos. La búsqueda de relaciones de horizontalidad, en síntesis, es una respuesta al desequilibrio que permea entre el norte y el sur global, entre el centro y la periferia y entre las diversas disciplinas involucradas en el estudio del ADNa.

En suma, los conceptos de centro-periferia, soberanía y sostenibilidad académicas, ritmo y espacio en la actividad científica, intermediarios y horizontalidad son todas categorías analíticas que pueden contribuir a una evaluación crítica del tipo de relaciones que se observa en los estudios con ADNa actualmente. Estas interacciones asimétricas generan desequilibrios y sesgos que facilitan un desarrollo diferencial de la antropología biológica en el sur con respecto a lo que ocurre en el norte. Enfocarse en el establecimiento de relaciones académicas más horizontales y equilibradas es uno de los objetivos que los investigadores de la periferia persiguen de manera legítima. Es necesaria una mayor apertura a este tipo de reflexiones ya que si bien la investigación con restos humanos y la extracción de ADNa ha comenzado recientemente, la participación de investigadores del sur no solo es deseable, sino indispensable de cara a un conjunto de relaciones más simétricas, horizontales y representativas de la realidad regional (YÁÑEZ et al., 2023).

COMENTARIOS FINALES

En este trabajo mi objetivo ha sido ofrecer un análisis sobre un conjunto de asimetrías entre individuos, disciplinas, instituciones y países que forman parte del sistema mundo de la antropología y específicamente de los estudios sobre evolución y dispersión de la especie humana desde un enfoque bioantropológico. He mencionado y valorado la contribución de los estudios derivados de la perspectiva de la biología molecular, particularmente los que se concentran en la recuperación y secuenciación de ADN antiguo, que han incrementado significativamente el conjunto de datos disponibles para la interpretación de la prehistoria y de la historia biocultural de nuestra especie. También he señalado que la perspectiva arqueogenómica, al ser una línea de investigación que articula diversas disciplinas, técnicas, metodologías, etcétera, es un ecosistema fértil para la generación y reproducción de asimetrías e inequidades de corte tecnológico, económico y epistémico. A partir de algunos ejemplos he dado luz sobre la forma en que estas conductas se presentan y afectan no solo un desarrollo más horizontal de la ciencia en general y de la bioantropología en particular, sino que, incluso, se entrelazan con tensiones sociales, éticas y políticas derivadas del estudio de los restos humanos antiguos. En este sentido, he tratado de argumentar que los restos humanos no son únicamente objetos patrimoniales, sino sujetos patrimoniales que deben ser tratados con respeto y dignidad y no bajo la lógica de una industria de extracción de datos.

Con base en lo anterior, he recuperado el marco epistemológico y metodológico de las antropologías del mundo, las antropologías del sur y las antropologías periféricas para analizar de manera crítica el tipo de relaciones jerárquicas y hegemónicas que prevalecen en los estudios de paleogenómica y arqueogenómica. Sostengo a lo largo del texto que esta propuesta analítica que se originó en la antropología social latinoamericana es útil para hacer una evaluación crítica del estatus de las investigaciones bioantropológicas con un enfoque biomolecular. En las que las diferencias económicas y tecnológicas se presentan de manera cotidiana y en algunas ocasiones pueden resultar nocivas para el desarrollo de la antropología biológica, sobre todo de la que se realiza en el sur global o la periferia. Así, el enfoque de las antropologías del mundo permite analizar desde una perspectiva situada los conflictos y las disputas entre las distintas partes involucradas en la investigación arqueogenómica. Por lo que la propuesta que aquí se presenta plantea la existencia de un repertorio de conceptos y categorías que conforman un marco analítico que permite evaluar las relaciones de poder en esta línea de investigación. De manera que la soberanía y la sostenibilidad académicas, la horizontalidad, el ritmo y velocidad de las investigaciones científicas y los intermediarios son categorías que permiten la generación de un análisis crítico de este tipo de relaciones.

Entre otras cosas, una de las razones para empujar esta propuesta se relaciona con la diversidad y, al mismo tiempo, la similitud que implica realizar investigación en distintos países de América Latina. Como he tratado de hacer evidente a lo largo de este trabajo existe la necesidad de empoderar a los científicos latinoamericanos que realizan investigación antropológica de alta calidad. Es paradójico que América Latina sea considerada un ‘centro de producción’ de restos humanos prehistóricos, históricos y contemporáneos y que, al mismo tiempo, sea vista como una periferia en la producción de conocimiento científico relacionado con esta materia.

Por otro lado, he intentado establecer a partir de las referencias utilizadas en este trabajo un diálogo entre las distintas antropologías no solo en términos geográficos, sino en términos disciplinares. Estoy convencido de que, como lo ha señalado NETO (2020), existen las condiciones favorables para la “interlocución de la antropología biológica y la antropología cultural”. Por ello, he recuperado los trabajos de antropólogos latinoamericanos que han enfocado su trabajo fundamentalmente desde una perspectiva sociocultural de la práctica antropológica, pero que en mi opinión son reflexiones fértiles para analizar las interacciones que se dan al interior de la antropología biológica con las otras antropologías y con otras disciplinas adyacentes. Este es un esfuerzo por vincular las nociones de las antropologías del mundo y las antropologías del sur con una mirada crítica de lo que ocurre actualmente en la antropología biológica, particularmente en América Latina. La intención es que estos esfuerzos de reflexión crítica sean útiles para el avance de una más robusta antropología biológica latinoamericana.

AGRADECIMIENTOS

Agradezco mucho la invitación que Verlan Gaspar Neto y Pedro da Glória me han extendido para participar dentro de este dossier. Considero que es muy importante el diálogo entre diferentes individuos, disciplinas y contextos nacionales para discutir críticamente nuestra práctica profesional. Agradezco también el diálogo entablado con Verlan Gaspar Neto durante el pasado Congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología Biológica, en la ciudad de Sao Pablo, Brasil. En dicho espacio pudimos intercambiar ideas e iniciar una interesante relación académica que se cristaliza con mi participación en este dossier. Agradezco también a los miembros de la Red BALANCE (Camila Tamburrini, Columba González-Duarte, Constanza de la Fuente Castro, Gonzalo Figueiro, Gustavo Montiel, Juan Manuel Argüelles, Lumila Menéndez y Vivette García Deister) que han sido parte sustancial de las discusiones que he intentado sistematizar en este trabajo.

FINANCIAMIENTO

No se aplica.

1

Si bien ADN antiguo, paleogenómica y arqueogenómica no son categorías equivalentes, en este trabajo las usaré de esa forma. Los estudios de ADN antiguo incluyen cualquier tipo de análisis en cualquier contexto (hueso, tejido, sedimento, etcétera) del que pueda extraerse material genético antiguo; mientras que la arqueogenómica hace referencia principalmente a contextos antrópicos en los cuales es posible extraer ADN de individuos pertenecientes a nuestra especie o a especies emparentadas taxonómicamente con la nuestra. No obstante, en este trabajo utilizaré ADNa, arqueogenómica y paleogenóimca como conceptos sinónimos, aun cuando no lo sean en sentido estricto.

2

Sistema mundo es una categoría derivada del trabajo de Immanuel Wallerstein que consiste en mostrar cómo el mundo esta interconectado en términos geopolíticos. Algunos autores recuperan esta noción para aplicarla al tipo de relaciones que se da entre las distintas antropologías del norte y del sur. “Al aplicar la noción de Wallerstein de “sistema-mundo” a la investigación de la naturaleza de las ciencias sociales y la academia, se sugiere que éstas también se encuentran estructuradas por las relaciones de poder y por la expansión capitalista eurocéntrica” (RIBEIRO & ESCOBAR 2008: 13). Esteban Krotz, en esta misma línea, establece la hegemonía de la cultura noratlántica y la imposición de la ciencia como modelo de construcción del conocimiento hegemónico desde finales del siglo XX.

3

Los Indios Pueblo son un conjunto de poblados o comunidades de nativos americanos que se asentaron en lo que hoy es Nuevo México, Estados Unidos. Estos se caracterizaron por ser pequeñas sociedades de entre 200 y 1.500 habitantes con un importante desarrollo de la agricultura y la caza como medios de subsistencia. Su organización social y política, así como su habilidad para construir edificaciones de adobe y barro, les permitieron subsistir y adaptarse a las hostiles condiciones del desierto. El asentamiento de estas comunidades cercano a los márgenes de los ríos fue una de las razones que permitieron su proliferación y florecimiento antes de la llegada de los españoles a este territorio.

4

Hay ejemplos importantes de esto como puede ser el perspectivismo (Viveiros de Castro), los estudios del poblamiento americano desde un perspectiva bioantropológica (Neves y Puciarelli) la osteobiografía o bioarqueología (Comas, Serrano, Márquez Morfín, Gómez-Valdez); los estudios sobre biología del desarrollo (Faulhaber); la glotocronología (Swadesh), las aproximaciones a los estudios de agresividad, violencia y antropología del comportamiento en general (Genovés; Lizárraga), los estudios feministas (Lagarde, Lamas, Segato), la etnografía, la investigación participativa y las otras epistemologías (Rivera-Cusicanqui; Briones), entre muchas más.

DISPONIBILIDAD DE DATOS

todo el conjunto de datos que respalda los resultados de este estudio se publicó en el propio artículo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Editor Jefe:

Guilherme Moura Fagundes

Editora Asociada:

Marta Rosa Amoroso

Editora Asociada:

Ana Claudia Duarte Rocha Marques

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    05 Oct 2026
  • Fecha del número
    2026

Histórico

  • Recibido
    16 Abr 2024
  • Acepto
    28 Abr 2025
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Universidade de São Paulo - USP Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas - Departamento de Antropologia., Prédio de Filosofia e Ciências Sociais, Sala 1062., Av. Prof. Luciano Gualberto, 315, Cidade Universitária., Cep: 05508-900, Tel.: + 55 (11) 3091-3718 - São Paulo - SP - Brazil
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