Resumen:
Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea se han convertido en un nuevo escenario de acoso y control que afecta a la población joven de manera significativa. Para estudiar este fenómeno, se encuestó a un grupo de 600 personas (67,6% mujeres y 32,4% hombres), utilizando un cuestionario de doce ítems, midiendo variables demográficas y redes sociales; comprobación de redes sociales; percepción de uso de redes sociales; percepción de acoso/abuso en redes sociales. Entre los principales resultados podríamos destacar el elevado índice de conductas relacionadas con los niveles de control que afectan de manera específica a la población femenina. Como conclusiones indicar que al igual que en estudios previos, nuestra muestra presenta un alto índice de control de pareja y de normalización de este a través de las redes sociales, al igual que unos elevados niveles de control y acoso del entorno.
Palabras clave:
nuevas tecnologías; violencia de género; cyberbullying; trabajo social
Abstract:
Social networks and instant messaging applications have become a new scenario of harassment and control, which significantly affects the young population. To study this phenomenon, a group of 600 people (67.6% women and 32.4% men) were surveyed, using a twelve-item questionnaire, measuring demographic variables and social networks; Checking social networks; Perception of use of social networks; Perception of harassment/abuse in social networks. Among the main results we could highlight the high index of behaviors related to control levels that specifically affect the female population. As conclusions indicate that as in previous studies, our sample has a high rate of partner control and normalization of this through social networks, as well as high levels of control and harassment of the environment.
Key words:
New Technologies; Gender Violence; Cyberbullying; Social Work
Resumo:
As redes sociais e os aplicativos de mensagens instantâneas tornaram-se um novo cenário de assédio e controle, que atinge significativamente a população jovem. Para estudar esse fenômeno, um grupo de 600 pessoas (67,6% mulheres e 32,4% homens) foi entrevistado, utilizando um questionário de doze itens, medindo variáveis demográficas e redes sociais; verificação de redes sociais; percepção de uso das redes sociais; percepção de assédio/abuso nas redes sociais. Entre os principais resultados, podemos destacar o alto índice de comportamentos relacionados aos níveis de controle que afetam especificamente a população feminina. As conclusões indicam que assim como em estudos anteriores, nossa amostra apresenta alto índice de controle do parceiro e normalização deste por meio das redes sociais, além de altos níveis de controle e assédio do ambiente.
Palavras-chave:
novas tecnologias; violência de gênero; cyberbullying; serviço social
Introducción
Durante las últimas dos décadas, con la llegada de las nuevas tecnologías, nos encontramos ante una evolución de las formas de comunicación (María Tereasa Jordá, 2013). Esta revolución tecnológica que se produjo en la primera década del siglo XXI provocó una creciente importancia de la conectividad, convirtiendo a internet en uno de los principales medios socializadores al alcance de toda la población (Rabeh Morrar et al., 2017). La red se ha convertido en el sistema donde se desarrolla gran parte de la comunicación entre iguales, especialmente las redes sociales (Yolanda Pastor Ruiz et al., 2019). Esta realidad es aún más evidente cuando hablamos del colectivo de adolescentes (desde los 13 a los 21 años), los/as cuales no han tenido la necesidad de adaptarse a la red, ya que han crecido con ella como algo inherente (Nelly Germania Salguero et al., 2017).
Esta “revolución digital” ha dado lugar a una profusión de nuevas culturas y prácticas sociales, ejemplo de ellas, sería el uso extendido de los teléfonos con cámara, acceso a internet y geo-localizador, los cuales se encuentran altamente relacionados con una nueva forma de comunicación basada en imágenes o conversaciones visuales (James E. Katz; Elisabeth Thomas Crocker, 2015) y esto, a su vez, guarda relación con una aceptación casi universal de las plataformas de redes sociales que alientan a los usuarios a transmitirse a sí mismos influyendo en la difuminación de la división entre la vida pública y la privada ( Nicola Henry et al., 2020).
Si analizamos las redes sociales, podemos encontrar que son lugares donde se comparte una gran cantidad de información personal, tanto en nuestro círculo cercano como, en algunas ocasiones, en una comunidad más amplia y desconocida que utiliza dichas redes sociales (Ariadna Martín-Montilla et al., 2016). Sumado a las redes sociales, y su uso extendido, nos encontramos con varias aplicaciones de mensajería que también han cobrado una gran importancia durante la última década, como es el caso de WhatsApp (Pedro Alejandro Vigil et al., 2020).
Estas nuevas plataformas de mensajería permiten habilitar al usuario ciertas funciones que informan de manera directa o indirecta al resto de usuarios sobre nuestra localización, última hora de conexión a la red, la lectura o no lectura de los mensajes (María Dolores Sánchez et al., 2020), junto con otras funciones anteriormente mencionadas, como el envío instantáneo de imágenes, como es el caso de las videollamadas de WhatsApp (Valesca Lima, 2020).
Según Cristóbal Torres Albero, José Manuel Robles y Stefano De Marco (2013), en España, el 95% de los/as adolescentes utilizan como medio básico de comunicación las nuevas tecnologías, provocando un decrecimiento del uso de la televisión. Dentro de los posibles usos inadecuados que se pueden dar a las nuevas tecnologías, se encuentra el de ejercer acoso a su grupo de iguales o recibir contenido inapropiado (Cristina Piqueras, 2013).
Todo esto ha provocado que las formas tradicionales de maltrato entre iguales hayan sido modificadas, apareciendo nuevas manifestaciones que se sirven de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, teniendo una especial importancia el uso de las redes sociales para acosar e intimidar a la víctima (Benito León Del Barco et al., 2012). Como consecuencia, se ha generado un nuevo campo de abusos entre los que constan: el Cyberbullying, el Grooming, el Sexting, o la Sextorsion, entre otros (Juan Pardo, 2012). No obstante, en la actualidad existe un desacuerdo entre la literatura científica sobre considerar estas categorías como independientes o incluirlas como subcategorías dentro del acoso, ya que engloban nuevos escenarios y retos a los que hacer frente (Tania Morales et al., 2015).
En lo que respecta a este tipo de acoso sexual, investigaciones previas sostienen que el colectivo más vulnerable sigue siendo el femenino, con el añadido de que, al tratarse de acoso sexual a través de las nuevas tecnologías, la población más joven es también aquella más predispuesta a sufrirlo. Esto sitúa a las mujeres jóvenes en el punto de mira para el acoso sexual mediante las nuevas tecnologías (Anandi Ehman; Alam Gross, 2019).
Estos estudios muestran que las pautas de violencia en el noviazgo entre adolescentes-entiendo por esta un tipo de violencia de pareja que ocurre en las relaciones adolescentes e incluye violencia física, sexual, psicológica y acoso, se han modificado (CDC, 2020).
Según indican Blanca Hernández e Inés Doménech del Río, en un análisis sobre los últimos estudios realizados por el gobierno de España en materia de violencia de género, el 38,3% de las mujeres de 16 a 24 años residentes en España han sufrido violencia psicológica de control por su pareja a lo largo de sus vidas (2017). De esta misma forma, Bridget A. Harris (2020) afirma que las nuevas tecnologías se han convertido en un vehículo para ejercer violencia de género, siendo la más común, la de control de pareja: el 25,1% de las chicas adolescentes afirma haber sufrido control abusivo por parte de su pareja a través del móvil (Hernández; Doménech Del Río, 2017).
En términos generales, Martín-Montilla et al. (2016) indican que aproximadamente uno/a de cada dos jóvenes españoles/as reconoce haber sufrido situaciones desagradables, entre las cuales destacan la intimidación, amenazas, insultos etc. Estas ocurren principalmente en relaciones afectivas y entre grupos de iguales, y terminan normalizándose, derivando en microviolencia de género aquellas microacciones que pueden pasar desapercibidas, pero que suponen violencia contra las mujeres por el mero hecho de serlo, siendo este el principal foco de violencia y microviolencia de género (Rosa Petit, 2014).
Según afirman Jesús Redondo et al. (2017), entre los/as menores de edad de los primeros cursos de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), los conflictos ligados a las nuevas tecnologías en general y a las redes sociales en particular son muy comunes. Además, especifican que el género femenino es el más cibervictimizado, pudiendo extenderse ese ciberacoso a las etapas universitarias.
Además, debe tenerse en cuenta el proceso de socialización en las diferentes etapas educativas. De acuerdo con Sandra Racionero-Plaza et al. (2021), consideramos que las interacciones entre iguales en la adolescencia y la juventud temprana constituyen un contexto formativo para la adquisición de normas sociales y emocionales. Tras el proceso de socialización, estas dinámicas, cuando incluyen conductas de control, celos o agresividad interpersonal, pueden internalizarse y normalizarse, incrementando la probabilidad de reproducirse en relaciones de pareja posteriores. Así, comportamientos inicialmente considerados triviales o aceptables en el ámbito de la amistad pueden evolucionar hacia patrones de violencia en el noviazgo, reflejando la consolidación de roles relacionales durante el desarrollo psicosocial.
Estos resultados sitúan a la población más joven en el punto de mira de la violencia y acoso mediante las nuevas tecnologías, especialmente a las mujeres jóvenes, las cuales se encuentran en una doble situación de vulnerabilidad, tal y como argumenta un estudio realizado por Cristina Cuenca-Piqueras et al. (2020), donde concluyeron que el acoso estaba presente en aquellos grupos de mujeres más jóvenes, habiendo experimentado acoso el 57% de las mujeres jóvenes, frente al 50% de las mujeres de más de 30 años.
Otro estudio llevado a cabo en España, en un total de 258 mujeres de entre 18 y 35 años, indica que, en casos de violencia de género, relativos con el acoso y la persecución, el 29% de las mujeres de la muestra indicaba haber sido sujeto de ciberviolencia de género, de las cuales solo el 7,9% lo había denunciado por redes sociales y el 3,3% ante la justicia (Irene Bajo-Pérez, 2022).
Si analizamos el acoso sexual y las nuevas tecnologías, desde una perspectiva de género, nos encontramos con varios factores resaltables relacionados con: el abuso sexual mediante imágenes o sexestorsión, el control de pareja mencionados con anterioridad (Cuenca et al. , 2020).
Por control de pareja entendemos todas aquellas acciones que limitan la libertad de la otra persona mediante la manipulación emocional o física, sometiéndola a un maltrato físico o psicológico con el fin de que esta actúe como la persona perpetradora solicita (Manuel Gámez-Guadix et al., 2018). En lo relativo a las nuevas tecnologías, se encuentra ligado al control de la actividad de la otra persona por redes sociales, última hora de conexión, incluso la utilización de aplicaciones de seguimiento o especificidades de WhatsApp como la ubicación en tiempo real (Elena López, 2020).
Esta forma de control de pareja se encuentra altamente relacionada con los mitos del amor romántico. Investigaciones como la de Paula Flores y Rodrigo Browne (2017) relaciona los mitos del amor romántico con la violencia de género y las nuevas tecnologías, ejemplificando como, debido a estos mitos, la mujer podría haber sido adoctrinada para encontrar satisfacción personal en la satisfacción del otro, en la entrega total mediante la pasión, en la aceptación de los celos como algo normal en la relación de pareja, llegando incluso a confundirlos con protección o interés, mientras que el hombre, mediante el control, cumpliría el rol de fortaleza física y emocional (Beatriz Víllora et al., 2019).
De esta misma forma, otra investigación llevada a cabo por María Ángeles Blanco (2014), en una muestra de 470 personas de edades comprendidas entre los 13 y los 18 años, indica una clara relación entre estos mitos, la violencia de género y las nuevas tecnologías. Haciendo hincapié en las diferencias de género relativas a la aceptación de unos mitos u otros, de esta forma concluye que las mujeres aceptan más los mitos relacionados con el poder omnipotente del amor, y los hombres los relativos a que el amor conlleva sufrimiento: “quien te quiere te hará sufrir”. En lo relativo a los celos y el amor, relacionados con el concepto de control de pareja anteriormente mencionado, indica que a menor edad tiene la población encuestada, mayor es la aceptación de los celos como parte normal en una relación de pareja (Blanco, 2014). Estos mitos se encuentran altamente relacionados con los arquetipos de género y con la violencia simbólica de la que son víctimas las mujeres (Eva-Luisa Gómez Montero, 2022).
En esta misma línea, en una investigación previa, Edurne Arrese y Victor Zarraute (2019) encuestaron a un grupo de estudiantes de postgrado sobre temas relativos a la violencia de género y nuevas tecnologías, observando una asociación estadísticamente significativa entre ambas variables. Asimismo, los datos obtenidos en la investigación revelaron situaciones concretas de control y acoso hacia sus parejas, usando las redes sociales para hacer seguimiento a su última hora de conexión, reclamar que se avise la hora de llegada o incluso, en algunos casos, para preguntar por la ubicación geográfica y la compañía cuando no se encuentran juntos (2019, p. 1).
En lo que respecta al abuso sexual mediante imágenes o sexestorsión, nos estamos refiriendo al chantaje, envío o difusión de imágenes privadas de carácter pornográfico de una persona o un conjunto de personas sin su consentimiento. Este fenómeno debe ser analizado desde una perspectiva de género porque conductas como el abuso sexual basado en imágenes no infligen el mismo daño ni son entendidas de la misma manera por hombres y mujeres (Anastasia Powell et al., 2020).
Estudios previos (Trinidad Donoso et al., 2017) se centran en una diferenciación de las conductas de acoso según el sexo y afirman que, en los casos de violencia a través de las nuevas tecnologías, las mujeres se encuentran en una posición de vulnerabilidad social respecto al hombre, principalmente basada en estigmas sociales respecto a la sexualidad femenina, mediante la cual socialmente se ven más afectadas las mujeres que los hombres si se publican o comparten videos sexuales personales.
Con la aparición del término “pornografía de venganza”, algunos/as autores/as hablan de la unificación de estos dos fenómenos: la violencia en el noviazgo y el abuso sexual mediante imágenes. Pues la pornografía de venganza hace referencia a comportamientos realizados por exparejas para vengarse de un rechazo o una infidelidad. Sin embargo, no todos los perpetradores actúan por venganza, ni todo el contenido tiene un propósito pornográfico. Se da un ejemplo de videos realizados durante una agresión sexual, que podrían tener el propósito de silenciar o intimidar a la víctima. El término “pornografía de venganza” estaría más centrado en el contenido de la imagen que en el impacto o el asalto que ha sufrido la víctima sobreviviente (Anastasia Powell; Nicola Henry, 2017, p.1). Término altamente asociado con “violencia de venganza”, como aquellas actuaciones que se llevan a cabo como represalias y que se fundamentan en sentimientos como la ira o la tristeza, surgidos ante un acto o situación contraria a lo deseado o esperado, y que buscan restablecer un reequilibrio emocional haciendo daño a la otra parte. Este tipo de acciones incorpora tanto componentes emocionales como una dimensión social
En lo que respecta a este tipo de abuso sexual mediante las nuevas tecnologías, al igual que en el anterior, varias investigaciones concluyen que los agresores suelen ser hombres (Fuensanta Cerezo et al., 2016) aunque apuntan a que las mujeres suelen infligir también daño en sus exparejas haciendo uso de su grupo de iguales y las nuevas tecnologías, mediante post, o con la publicación de bulos.
Partiendo de la literatura científica analizada, planteamos nuestra investigación centrada en los siguientes objetivos:
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Medir la normalización o no normalización de situaciones de violencia en el noviazgo mediante redes sociales de la población encuestada según el género.
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Medir la presencia de abuso sexual mediante imágenes, presente entre los/as participantes y en su entorno, diferenciando según el género.
Material y métodos
Diseño y participantes
Se realizó un estudio de tipo transversal analítico mediante un diseño cuantitativo, entiendo por lo mismo: la recopilación de la información en un momento de tiempo determinado, empleando posteriormente un análisis de tipo estadístico descriptivo, entre los estudiantes de una universidad ubicada en el suroeste de España. El tamaño de la muestra estuvo compuesto por un total de 602 participantes, distribuidos en 407 mujeres (67,6%) y 195 hombres (32,4%).
Procedimiento y participantes
El equipo de investigación se puso en contacto por correo electrónico con los/as participantes, facilitando un enlace web para la cumplimentación de los cuestionarios e indicando el compromiso de confidencialidad de los datos, así como sus fines a nivel investigador.
Los datos fueron recopilados por medio de la herramienta Google Forms, que ha mostrado previamente ser metodológicamente viable y eficaz en la obtención de información en diferentes grupos de población (John Horton et al., 2011). Posteriormente, y con el fin de aumentar el tamaño de la muestra en aproximadamente un 20%, se enviaron dos recordatorios, dejando aproximadamente un periodo de cinco días entre ellos. La participación era totalmente voluntaria y el cuestionario anónimo (no recopilando información que permitiera la identificación de los/as participantes), siendo el cuestionario aprobado previamente por la universidad participante.
El cuestionario utilizado estaba compuesto por un total de 12 ítems divididos en cuatro bloques principales:
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Variables demográficas y sobre redes sociales utilizadas: adaptadas de una investigación previa en España (Francisco Caravaca, et al., 2016) se recogieron información en función de género del participante (0 = mujer y 1 = hombre), intervalo de edad (0 = 18 a 22 años, 1 = 23 a 30 años y 3 = más de años). Respecto a las redes sociales más utilizadas, se permitía la posibilidad de señalar una o varias opciones de respuesta entre las siguientes alternativas (0 = WhatsApp, 1 = Facebook, 2 = Instagram y 3 = Snapchat y 4 = Twitter).
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Comprobación de redes sociales: Con el fin de obtener información sobre el seguimiento en redes sociales de la pareja/persona con la cual se mantiene una relación, se incluyeron 4 ítems diferenciados: a) “¿Con qué frecuencia consultas los perfiles de las redes sociales de tu pareja/persona con la que mantienes algún tipo de relación sentimental o persona que te atraiga?” y b) “¿Con que frecuencia consultas la hora de última conexión de tu pareja/persona con la que mantienes algún tipo de relación sentimental o persona que te atraiga?” siendo en ambas cuestiones (a y b) las opciones de respuesta las siguientes: 0 = nunca, 1 = una vez a la semana, 2 = varias veces a la semana, 3 = diariamente, 4 = dos o más veces al día y 5 = otra, c) “¿Supondría para ti, en una situación normal, un motivo de discusión que la persona con la que mantienes algún tipo de relación se haya conectado a WhatsApp sin leerte y no te responda?” y d) “¿Supondría para ti, en una situación normal, un motivo de discusión que la persona con la que mantienes algún tipo de relación se haya conectado a WhatsApp te haya leído, y no te haya respondido?” en ambos casos (c y d) las opciones de respuesta eran: 0 = no, 1 = sí y 2 = tal vez.
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Percepción de uso de redes sociales: Para determinar el grado de percepción de la pareja en el uso de redes sociales, tres ítems fueron incluidos de manera diferenciada: a) “¿Piensas que es un motivo de discusión que tu pareja suba una foto suya a las redes sociales que tu consideras provocativa?”, b) “¿Piensas que es un motivo de discusión que tu pareja tenga en redes sociales a su expareja o a una persona del sexo opuesto que no sea de tu agrado?” y c) “¿Conoces algún caso cercano de alguna persona que haya publicado información personal de su expareja (fotos, capturas de pantalla de conversaciones, etc.) en redes sociales?”, para la totalidad de los ítems (a, b y c) las opciones de respuesta fueron: 0 = no, 1 = sí y 2 = tal vez.
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Percepción de acoso/abuso en redes sociales: En línea con una investigación anterior 22, se preguntó a los participantes si valoraban que habían podido ser acosados/as por medio de redes sociales, específicamente la cuestión era: “¿Alguna vez te has sentido acosado/a o agredido/a en las redes sociales por tu expareja, amigos o familiares de la misma?", incluyendo las siguientes respuestas: 0 = no, 1 = sí y 2 = tal vez.
Análisis de datos
En primer lugar, realizamos una fase de difusión de resultados utilizando las nuevas tecnologías, concretamente aquellas redes sociales mencionadas en nuestro cuestionario: WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter y Snapchat. Una vez recabada la información, procedimos a su análisis. El análisis de los datos a nivel univariante y multivariante fue realizado por medio del paquete estadístico IBM SPSS Statistics (versión 23.0), desde el cual seleccionamos las variables que consideramos necesarias para describir el fenómeno. Destacando entre estas variables la extracción del número de respuestas, así como sus porcentajes atendiendo a una diferenciación por género, y obteniendo los valores de x2 y de p del índice de Pearson.
Resultados
Como se puede observar en la Tabla 1, aproximadamente la mitad de los/as participantes (n = 323; 53,7%) tenían edades comprendidas entre los 18 y 22 años, no encontrando diferencias estadísticamente significativas en función del género y edad de los participantes. Respecto a las redes sociales más utilizadas, se puede observar cómo la distribución es similar entre ambos géneros, siendo la aplicación de WhatsApp la más utilizada (98,3%) seguido de Facebook (85,7%) e Instagram (65,4%). Respecto al uso de Twitter y Snapchat se encontraron diferencias estadísticamente significativas en función del género, dado que la primera se utilizaba más frecuentemente entre los hombres (47,2% y 36,1%, p = 0,009) y la segunda entre las mujeres (26,0% y 15,4%, p = 0,003).
En la Tabla 2 se muestran los resultados obtenidos en función del género y para el total de los/as participantes sobre los cuatro ítems destinados a medir la comprobación de las redes sociales. Como se puede observar a primera vista, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en ninguno de los ítems utilizados. Respecto al primer ítem, aproximadamente uno de cada cuatro participantes (24,3%) indicó no consultar en ningún momento si la otra persona se encontraba online. En función del segundo ítem, más de la mitad no lo consultan en ningún momento (55,0%). Analizando los resultados del tercer ítem, únicamente un 5,1% indicó que podría suponer un motivo de discusión y aproximadamente uno de cada cuatro (27,9%) indicó que tal vez. Esta tendencia es similar en el último ítem analizado, donde se incrementa ligeramente, hasta el 12,6%, la posibilidad de suponer un conflicto.
Finalmente, la investigación actual se encontraba diseñada para evaluar la percepción sobre acoso/abuso en redes sociales, resultados los cuales se muestran en la Tabla 3. En este momento, se deben destacar los resultados obtenidos del segundo ítem, dado que el porcentaje de mujeres que piensan que podría ser un motivo de conflicto el hecho de que su pareja tuviera a su expareja en redes sociales podría suponer un motivo de discusión era superior entre las mujeres respecto a los hombres (14,7% y 6,2%, respectivamente; p = 0,002).
Discusión
Según los resultados obtenidos en la presente investigación y los objetivos planteados para ella, podemos indicar que la muestra presenta niveles significativos de normalización de las situaciones de violencia en el noviazgo mediante las redes sociales. De manera más específica, resaltamos el control del perfil personal de la pareja y la última hora de conexión, donde aproximadamente uno/a de cada dos, y uno/a de cada tres, respectivamente la revisan al menos de manera diaria, sin haber una diferenciación significativa entre el género de las personas participantes.
Estos valores se encuentran en línea con los resultados encontrados en la investigación de Arrese y Zarraute (2019), donde se observó que las personas entrevistadas normalizaban estas medidas de control, relacionándolas con los mitos del amor romántico relativos al cuidado y la protección.
Otro elemento a tener en cuenta respecto a nuestro primer objetivo, las situaciones de violencia en el noviazgo, es la relativo a los nuevos escenarios de control y discusión de pareja en el contexto de las nuevas tecnologías, pudiendo diferenciar dos tipos: la contestación de mensajes y la publicación de contenido.
Encontramos que el 12,6% de la población encuestada consideran que es motivo de discusión que su pareja se conecte al WhatsAp lea el mensaj y no lo conteste en una situación normal; un 12,5% de la muestra considera motivo de discusión que su pareja tenga una foto con su expareja u otra persona que no sea de su agrado en las redes sociales, y un 12% que sería motivo de disputa, que su pareja tuviera en redes sociales a su expareja o a alguien del sexo opuesto que no fuera de su agrado.
En ambos casos, existe una diferencia porcentual entre la muestra masculina y la femenina, siendo más significativa en la primera cuestión, con una diferencia del 34,7% entre ambos sexos que en la segunda, con una diferencia del 5,5%, que afirman ambos supuestos, siendo mayor el número de mujeres que consideran ambas situaciones motivo de disputa que el de hombres. No obstante, esta tendencia se rompe cuando analizamos la última cuestión, siendo más del doble el número de mujeres que afirman que este es un motivo de controversia.
La identificación de estos elementos de confrontación de pareja entre la población joven se asemeja con los resultados obtenidos por investigaciones previa (Redondo et al., 2017; Robin KOWALSKI et al., 2016), donde nos hablan sobre la predisposición que tiene este grupo de edad, para ejecutar o ser víctima de este tipo de violencia en noviazgo, recalcando a las mujeres cómo el colectivo más vulnerable, que al igual que en al anterior caso, tiende a romantizar y a normalizar este tipo de situaciones de celos, acoso y control.
En lo que respecta a nuestro segundo objetivo, la presencia del abuso sexual mediante imágenes y su relación con las nuevas tecnologías, podemos indicar que aproximadamente una cuarta parte de nuestra muestra conoce a alguien que ha sufrido este tipo de abuso. Un dato alarmante por el número de menores al que representa, pero una cifra menor que la obtenida por otros estudios (Cuenca et al., 2020), donde este porcentaje llegó a superar el 50% de la muestra.
Pese a que en este sentido no se ha encontrado una diferenciación significativa entre los géneros de las personas participantes en la investigación actual, si analizamos el porcentaje de la población encuestada que identifica que ha sufrido en primera persona abusos de este tipo, se aprecia una clara prevalencia de las personas encuestadas de género femenino.
Este resultado, es compartido por estudios anteriores (Donoso et al., 2017), donde se ha observado que las mujeres son más vulnerables a este tipo de acoso, incidiendo en la necesidad de interpretarlo desde una perspectiva de género y de cómo la sociedad castiga y ejerce más presión sobre la mujer que el hombre ante la difusión de cualquier contenido erótico o pornográfico. De la misma forma investigaciones anteriores (Cerezo et al., 2016) nos comenta que los agresores que ejercen este tipo de violencia suelen ser hombres, siendo por tanto el colectivo de mujeres heterosexuales más vulnerable hacia el mismo.
Conclusiones
El presente estudio debe ser considerado atendiendo a las siguientes limitaciones. En primer lugar, al igual que ocurre en otras investigaciones, debemos tener en cuenta que las personas integrantes de nuestra muestra decidieron su participación de manera voluntaria; esto puede influir, en la medida en que aquellas personas que hayan decidido participar sean también aquellas más concienciadas con el tema de la investigación.
En segundo lugar, al ser un cuestionario auto-suministrado vía online, debemos contar con un breve margen de error comprensivo de las personas participantes, en lo que refiere a la interpretación de las preguntas y las respuestas, derivado o bien de factores personales (familiaridad con el vocabulario empleado en el instrumento, estructura o tipo de respuestas) como ambientales (índice de concentración de los sujetos, elementos distractores, entre otros) (Henry Ho et al., 2022).
En tercer lugar, debemos tener en cuenta el tamaño muestral y la metodología del cuestionario empleada en formato ad-hoc, puesto que, pese a que contamos con un tamaño muestral significativamente amplio de 600 personas, la densidad de este fenómeno podría haber sido estudiada en mayor profundidad con una muestra mayor, que contase con una representación más semejante entre ambos sexos.
En lo que respecta a nuestro instrumento, el formato ad-hoc nos ha permitido explorar variables contempladas por anteriores investigaciones de una forma aplicada a nuestro colectivo encuestado; no obstante, su principal contrapartida reside en unos índices de fiabilidad menos significativos si los comparamos con las escalas validadas.
Como principales conclusiones, nos gustaría destacar que los resultados obtenidos apuntan a la existencia de un alto índice de control de pareja y de normalización de este a través de las redes sociales. Casi la mitad de los participantes (40%) de la población encuestada reconoce tener actitudes de control y seguimiento de los perfiles sociales de su pareja. Estos niveles de control de pareja mediante redes sociales tienen la misma presencia entre los hombres y mujeres encuestados/as.
En lo que refiere a la violencia en el noviazgo, una cuarta parte de nuestra muestra indica niveles de violencia en el noviazgo, existiendo una mayor prevalencia entre la población masculina que femenina que data dichos niveles, tanto cuando hablamos de violencia de noviazgo relacionada con el control y los celos, por inmediatez de respuesta o por el contenido que suba la pareja a las redes sociales.
En relación con los niveles de control y acoso del entorno, nos parece resaltable que más del veinte por ciento de la muestra de ambos sexos conoce a alguien que ha ejercido control y acoso hacia su expareja o familiares de esta mediante redes sociales. Lo cual podemos interpretar como una muestra de lo extendida y normalizada que se encuentra la violencia de venganza entre la población joven encuestada.
A ello que habría que sumarle que un porcentaje significativo de estos/as se han sentido acosados/as de esta forma a través de las redes sociales.
El conjunto de estos datos nos resulta alarmante, sobre todo si los entendemos como un proceso de normalización de conductas disfuncionales en la pareja, que comienzan con el control de las redes sociales, evolucionan hacia niveles de violencia en el noviazgo y terminan con acoso por redes sociales ejerciendo violencia de venganza.
Esos niveles se encuentran altamente relacionados con un uso inadecuado de las redes sociales y nuevos soportes tecnológicos, en ocasiones motivados por la desinformación y la naturalización y, por tanto, minimización de los riesgos que estos ocasionan.
Dicho de otro modo, consideramos que las parejas jóvenes pueden normalizar ciertas dinámicas de control que suponen un uso inadecuado de las redes sociales y que están directamente relacionadas con, o forman parte de, dinámicas de violencia de género. Dicha normalización conlleva una desinformación o falta de sensibilización con esta problemática.
En 2020, M. Dolores Sánchez-Hernández et al. realizan una investigación donde concluyen que los hallazgos obtenidos evidencian que los comportamientos de control a través de medios electrónicos son aceptados y normalizados entre jóvenes. Además, otros estudios demuestran que los comportamientos electrónicos de control, vigilancia o acoso en relaciones de jóvenes se solapan de forma significativa con las formas físicas, verbales y sexuales de violencia de pareja, lo que sugiere que la presencia de herramientas tecnológicas puede facilitar la transición de conductas aparentemente «normales» hacia violencia (Elyse Thulin et al., 2020)
Esta problemática evoluciona al mismo tiempo que la tecnología y las redes sociales y crea la necesidad de reciclar las intervenciones con este colectivo, para que no queden obsoletas tanto en materia de intervención como de prevención, de tal forma que desde los equipos profesionales puedan diseñar estrategias productivas que contribuyan a disminuir los niveles de control, acoso, violencia en el noviazgo y venganza entre la población.
La visibilización de estas problemáticas a nivel nacional e internacional es fundamental para implicar a los agentes públicos en la realización de acciones efectivas con el colectivo de adolescentes que han demostrado en este estudio encontrarse en una mayor posición de vulnerabilidad social.
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