Norma, integracion y desafio. Representaciones masculinas de varones con discapacidad física

Norma, integração e desafio. Representações masculinas de homens com deficiência física

Norm, integration, and challenge. Representations of men with physical disabilities

Santiago Luis Navone Acerca del autor

Resumen:

El objetivo del presente artículo es preguntarnos sobre las representaciones masculinas presentes en los discursos que versan sobre varones con discapacidad física. Desde una metodología que abreva teóricamente en los estudios sobre discapacidad y de genero, se intenta abordar las representaciones como estrategias discursivas, con tres fines evidentes: instaurar una norma de masculinidad hegemónica, asociada a la normalidad funcional compulsiva vehiculizada mediante una retórica visual maravillosa; la adaptación de esa masculinidad con fines comerciales mediante una retórica realista; y el desafío a las normas antes citadas mediante la teoría queer.

Palabras clave:
masculinidad; discapacidad; estudios queer; sexualidad

Resumo:

O presente artigo explora as representações masculinas presentes nos discursos que tratam de homens com deficiência física. A partir de uma metodologia que se baseia teoricamente nos estudos sobre deficiência e gênero, aborda representações como estratégias discursivas, com três objetivos: estabelecer uma norma de masculinidade hegemônica, associada à normalidade funcional compulsória transmitida por uma retórica visual maravilhosa; a adaptação dessa masculinidade para fins comerciais através de uma retórica realista; e o desafio às normas acima mencionadas apresentado pela teoria queer.

Palavras-chave:
masculinidade; deficiência; estudos queer; sexualidade

Abstract:

The present work analyzes male representation in the discourse of men with physical disability. Using a methodology that draws theoretically on disability and gender studies, representations were approached as discursive strategies with three evident purposes: to establish a norm of hegemonic masculinity, associated with compulsory functional normality conveyed by a rhetoric of visual wonderfulness, the adaptation of that masculinity for commercial purposes through a realistic rhetoric; and the challenge to these processes presented by queer theory.

Key Words:
masculinity; disability; queer studies; sexuality

Representación, discapacidad, masculinidad y sexo

La discapacidad motora como problemática ha sido pensada, durante los siglos XIX y buena parte del XX, como un problema estrictamente médico-personal. Esto ha dado un giro importante en las últimas décadas: las representaciones de personas con discapacidad se han multiplicado al ritmo de nuevos discursos, tanto médicos como académicos e, inclusive, propagandísticos y mediáticos. ¿Qué connotaciones sobre la masculinidad conllevan dichas representaciones novedosas? ¿Qué retóricas visuales conllevan en su constitución, para forjar sentidos sobre los cuerpos de varones con discapacidad? Para responder estos interrogantes, en primer lugar discutiremos el cruce de caminos entre las teorías de la representación, los estudios sobre la discapacidad y los de género.

Las representaciones son fenómenos complejos que involucran no sólo mecanismos semióticos sino también “narraciones, grupo de imágenes, discursos completos que operan a través de una variedad de textos, áreas de conocimiento sobre un tema que ha adquirido amplia autoridad” (Hall, 1997HALL, Stuart (ed.). 1997. “El trabajo de la representación”. En: HALL, Stuart. Representations: Cultural Representations and Signifying practices. London: Sage Publications. 400p:42). Con esto, podríamos decir que las representaciones de varones con discapacidad operan en marcos discursivos constituidos, como el de la discapacidad y el del género. Los estudios sobre discapacidad han seguido una trayectoria similar a los de género: los primeros aportes críticos al sentido funcionalista del fenómeno se llevaron a cabo desde perspectivas materialistas, portadoras de cierto reduccionismo económico (Oliver, 1998OLIVER, Mike. 1998. “¿Una sociología de la discapacidad o una sociología discapacitada?” En: BARTON, M. (comp). Discapacidad y sociedad. p. 34-58. Madrid: Morata. 284 p.). Gracias al impacto del postestructuralismo, en las últimas décadas se ha virado hacia perspectivas que enfocan su atención en las formas discursivas de producción de la discapacidad. Desde este reciente camino teórico, Rosemarie Garland-Thomson postula que la discapacidad es un concepto que

(…) atraviesa todos los aspectos de la cultura: la estructuración de instituciones, identidades sociales, prácticas culturales, posiciones políticas, comunidades históricas y la experiencia humana compartida de la corporalización (Garland-Thomson, 2002aGARLAND-THOMSON, Rosmarie. 2001a. “Re-sahping, Re.thinking, Re-defining: Feminist Disability Studies”. In: WAXMAN FIDUCCIA, Barbara. Papers on Woman and Girls with Disabilities. Washington: Center for Woman Policy Studies.:4. La traducción nos pertenece).

Se trata de un fenómeno que trabaja con la interrelación entre el discurso y el cuerpo o mejor dicho la manera en que los discursos constituyen los cuerpos haciéndolos portadores de sentido. Esto se hace evidente en el trabajo de la autora sobre fotografías: Las políticas de la mirada: retóricas visuales de discapacidad en la fotografía popular. Allí, Garland-Thomson identifica cuatro retóricas visuales contradictorias vinculadas a la discapacidad dentro del mundo de la fotografía del siglo XX: la maravillosa, que apela a la admiración; la sentimental, vinculada a la piedad; la exótica, relacionada con la desmedicalización y erotización del cuerpo; y la realista, que intenta acercar al fotografiado con el que observa la foto (Garland-Thomson, 2002bGARLAND-THOMSON, Rosmarie. 2002b. “Integrating Disability, Transforming Feminist Theory”. NWSA Journal. Vol. 14, n° 3. Feminist Disability Studies, Autumn, p. 1-32.).

La dinámica de significación del cuerpo también está presente en el mecanismo de género; de aquí que Garland-Thomson pregone un cruce de caminos entre los estudios de discapacidad y los estudios de género. Según Teresa de Lauretis, el género no es una propiedad de los cuerpos o algo originalmente existente en los seres humanos, sino el conjunto de efectos producidos en los cuerpos, los comportamientos y las relaciones sociales, en palabras de Foucault, por el despliegue de una tecnología política compleja (De Lauretis, 1996DE LAURETIS, Teresa. 1992. Alicia ya no. Feminismo, semiótica, cine. Madrid: Catedra. 295 p.:6).

Con el desarrollo de la teoría de Judith Butler, podemos presuponer que lo que produce los efectos en el cuerpo es la norma heteropatriarcal la cual produce sujetos heterosexuales (Butler, 2005). Desde esta perspectiva, el género sería

(…) la reiteración de una norma o un conjunto de normas y, en la medida en que adquiera la condición de acto en el presente, oculta o disimula las convenciones de las que es una repetición (…) En otras palabras, la norma del sexo ejerce su influencia en la medida en que se la “cite” como norma, pero también hace derivar su poder de las citas que impone (Butler 2002BUTLER, Judith. 2002. “Identificación fantasmática y la asunción del sexo”. En: BUTLER, Judith. Cuerpos que importan. Sobre los limites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires: Paidós. 345 p.:34-35).

Ahora bien, si existe una norma para el género ¿es posible pensar en una norma para nuestras capacidades corporales? El teórico Robert McRuer parece avanzar afirmativamente sobre este interrogante, proponiendo que la discapacidad es producto del aparato discursivo de “normalidad funcional compulsiva” o, en inglés, able-bodiedness. Para McRuer, el sistema posee un funcionamiento similar al de sexo género marcado por Butler: la compulsión hacia el “cuerpo normal” está interrelacionada con la compulsión heterosexual, creando una norma que siempre está atada a la imposibilidad de su concreción definitiva; y es esa imposibilidad la que define ambos sistemas. Según el autor,

(…) la identidad de normalidad funcional compulsiva y la heterosexual están vinculadas en su mutua imposibilidad y en su mutua incomprensión. Ambas son incomprensibles debido a que ambas son la base en la cuales descansan todas las demás identidades. (Mc Ruer, 2006MC RUER, Robert. 2006. Crip theory. Cultural signs of queerness and disability. New York: NYU Press. 286 p.:9. La traducción nos pertenece).

Si bien estos mecanismos generan la norma por la cual se constituyen los sujetos abyectos (discapacitados, gay, lesbianas, etc.), en las últimas décadas han desarrollado cierta “flexibilidad” gracias a las características asimiladoras de la diferencia, propias del capitalismo neoliberal (2006).

Ahora bien, ¿de qué manera se interrelacionan los sentidos de discapacidad y los de género dentro de un discurso? ¿Cómo se retroalimentan los discursos sobre normalidad y heterosexualidad? El discurso médico del siglo XX sobre las personas con discapacidad, de carácter funcionalista, puede resultar ilustrativo al respecto. El mismo entendía a la discapacidad como una tragedia personal que debía superarse mediante un esfuerzo individual, específicamente, a través de la rehabilitación (Oliver, 1998OLIVER, Mike. 1998. “¿Una sociología de la discapacidad o una sociología discapacitada?” En: BARTON, M. (comp). Discapacidad y sociedad. p. 34-58. Madrid: Morata. 284 p.). Para el funcionalismo, al estar el varón impedido de ejercer su rol de género, era necesario rehabilitarlo y, una vez logrado ese proceso, el varón podía desempeñar sus funciones dentro de la sociedad. Una de dichas funciones era el desempeño sexual; de aquí que, para el discurso funcionalista, la vida sexual estuviera en segundo plano (Centeno, 2014CENTENO, Antonio. 2014. “Simbolismos y alianzas para una revuelta de los cuerpos”. Educació Social. Revista d’intervenció socioeducativa. N°58, p. 101-118.:102). No se trataría de una a-sexualización, sino de una postergación hasta la completa rehabilitación del varón. Implícitamente, este discurso poseía indudables marcas de una heterosexualidad normativa, es decir, se asumía que el sexo del varón con discapacidad (al cual accedería luego de su rehabilitación) sería heterosexual. Esto se ve plasmado claramente en una anécdota compartida por la psicóloga Carmen Riu Pascual en su artículo “La sexualidad y la mujer con <<discapacidad>> manifiesta: un enfoque psicosocial.” En el mismo la autora relata que, en una conferencia sobre discapacidad y sexualidad de la Universidad Central de Barcelona, un médico se centró exclusivamente en la problemática de la erección y la calidad del esperma para fecundar de los lesionados medulares, dejando a oscuras la problemática de la sexualidad de la mujer con discapacidad y la de otros varones, tanto con otra orientación sexual como diferente discapacidad física, sensorial y mental. Lo interesante de la anécdota que trae Riu Pascual es que la ansiedad sobre el funcionamiento del pene y la capacidad de fecundización parecen evidenciar una noción de masculinidad falo-céntrica heterosexual, como sinécdoque de la problemática de la sexualidad y discapacidad. En este sentido, podemos pensar la exposición del profesional como un discurso productor de una representación donde normalidad y heterosexualidad se encuentran para producir un ideal masculino al cual acceder mediante la medicina. De hecho, Riu Pascual reacciona ante esta “operativa inconsciente”, preguntando sobre la sexualidad de la mujer con discapacidad, sujeto que queda fuera de la representación elaborada por el médico (Riu Pascual, 2002RIU PASCUAL María Carmen. 2002. “La sexualidad y la mujer con <<dis-capacidad>> manifiesta: un enfoque psicosocial.” En: Mujer y discapacidad: un análisis pendiente. Gobierno del Principado de Asturias. p:169-175. 271 p.).

La representación centrada en la ansiedad del funcionamiento del pene y su capacidad de fecundar puede ser desmontada observando los sentidos de la masculinidad que corren parejo a los de discapacidad dentro del discurso. Para empezar, podemos pensar que el profesional apeló a una representación de carácter universalista masculina neutra para abarcar todos los aspectos de la problemática “discapacidad-sexualidad”. Como afirma Pierre Bourdieu,

La fuerza del orden masculino se descubre en el hecho de que prescinde de cualquier justificación: la visión androcéntrica se impone como neutra y no siente la necesidad de enunciarse unos discursos capaces de legitimarla. (Bourdieu, 2013:22).

Si el varón es lo universal y lo neutral, entonces el sujeto representado para referirse a la problemática sexual de la comunidad de personas con discapacidad sea, probablemente, un varón heterosexual. Desde la perspectiva de los llamados estudios queer se han puesto en evidencia las implicancias políticas heterosexistas de los discursos vinculados al sexo (como los del profesional de la anécdota), que persiguen el disciplinamiento y adecuación de los diferentes tipos de cuerpos. Según Paul B. Preciado, el sexo, lejos de una práctica “natural”, es una tecnología de dominación heterosexual:

(…) que reduce el cuerpo a zonas erógenas en función de una distribución asimétrica del poder entre los géneros (femenino/masculino), haciendo coincidir ciertos afectos con determinados órganos, ciertas sensaciones con determinadas reacciones anatómicas. (…) Los hombres y las mujeres son construcciones metonímicas del sistema heterosexual de producción y reproducción que autoriza el sometimiento de las mujeres como fuerza de trabajo sexual y como medio de reproducción. Esta explotación es estructural, y los beneficios sexuales, que los hombres y las mujeres heterosexuales extraen de ella, obligan a reducir la superficie erótica a los órganos sexuales reproductivos y a privilegiar al pene como único centro mecánico de producción de impulso sexual (Preciado, 2002PRECIADO, Paul B. 2002. Manifiesto contrasexual. Prácticas subversivas de identidad sexual. Madrid: Opera Prima. 176 p.:22).

Esta apelación “inconscientemente neutra” a la masculinidad heterosexual, como sinécdoque del problema, implica centrar la preocupación por el sexo del cuerpo con discapacidad en la concreción o la dificultad de sobrellevar ciertas nociones básicas, muy caras a la norma masculina heterosexual: la potencia viril y la capacidad de procrear. ¿Pero, qué sentidos han adquirido estas nociones desde los estudios sobre masculinidades? Para la antropología funcionalista, la posición activa masculina dentro de la sociedad involucra tres funciones básicas: fecundar, proveer y proteger. Estos imperativos, desde este marco teórico, no serían producto de un mandato natural sino de mandatos necesarios para la supervivencia de la sociedad humana. Según David Gilmore, la masculinidad es una “barrera social que la sociedad debe erigir contra la entropía, los enemigos humanos, las fuerzas de la naturaleza, el tiempo y todas las debilidades humanas que ponen en peligro la vida del grupo.” (Gilmore apudBurin & Meler, 2000BURIN, Mabel & MELER, Irene. 2000. Varones, género y subjetividad masculina. Buenos Aires: Paidos 369 p.:104). Si bien la apuesta del autor es desnaturalizar los roles, al presentarlos como culturalmente necesarios parece constituir una ley excluyente de lo que es o no masculino para que la comunidad sobreviva. En el párrafo final de su obra Hacerse hombre (1994), el antropólogo afirma que: “mientras haya batallas por ganar, alturas por escalar y trabajo duro por hacer, algunos de nosotros tendremos que ‘actuar como hombres’” (Gilmore apud Burin & Meler, 2000:15) El problema con la antropología funcionalista es que pasa por alto que esas funciones reservadas a la masculinidad no fueron anteriores a una previa simbolización de la diferencia sexual.

Más allá de los aspectos reduccionistas del enfoque, es importante tener en cuenta los imperativos de proveer, fecundar y proteger que propone Gilmore, y considerarlos parte de representaciones hegemónicas de la masculinidad circulante en una sociedad históricamente constituida. De alguna manera, parece evidente que la “rehabilitación” apelada por el discurso médico implica un acercamiento a una masculinidad hegemónica. Centrándose en el análisis de este concepto, Raewyn Connell define a la misma como “la configuración de práctica genérica que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, la que garantiza (…) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres.” (Connell, 1997CONNELL, R. 1997. “La organización social de la masculinidad”. En VALDÉS, T. & OLAVARRÍA, J. (eds.) Masculinidad/es. Poder y crisis. Isis Internacional, nº24, p 31-47,:37). Esta idea implica incluir en el análisis las formas regionalmente cambiantes de dicha hegemonía, las formas de apropiación de los valores hegemónicos por sectores subalternos y la separación de la idea de masculinidad del cuerpo biológico del varón (Connell & Messerchmidt, 2013CONNELL, Raewyn & MESSERCHMIDT, James. 2013. “Maculinidade hegemônica. Repensando o conceito”. Estudos Feministas. Vol. 21, nº, p. 241-282.). Particularmente refiriéndonos al cuerpo, la norma hegemónica de la masculinidad parece conllevar un ideal de invulnerabilidad. A diferencia de las ansiedades que genera el cuerpo de la mujer, el varón occidental pareciera poseer un “envase” siempre funcional que sólo es necesario atender en caso de falla. Se trata de una idea mecanicista del cuerpo, como explica Mabel Burin, dentro de la cultura de masculinidad dominante se tiende a ver el cuerpo como

… algo que necesita ser entrenado y disciplinado, pero no como una parte de sí constitutiva de su subjetividad (…) el supuesto es que el cuerpo sólo debe ser tomado en cuenta cuando falla de alguna manera, de lo contrario es algo que debería estar ahí, disponible como parte del fondo en el que aprenden a vivir sus vidas como varones (Burin & Meler, 2000BURIN, Mabel & MELER, Irene. 2000. Varones, género y subjetividad masculina. Buenos Aires: Paidos 369 p.:147).

El concepto propuesto por Connell es interesante para nuestro análisis por dos cuestiones: la primera, la inclusión de relaciones de poder disputables; y la segunda, la interacción de los sujetos con esas relaciones. La norma de género hegemónica no sólo se impone sino que, como afirman Butler y De Lauretis, junto con Connell, es terreno de disputa. Los sujetos, desde esta perspectiva, son sujetos sujetados, con un margen de acción evidente en la performatividad de la norma siempre amenazada por lo que deja afuera de sí. El aporte de Burin, por su parte, nos induce a pensar que, históricamente, lo masculino funcionó como el modelo acabado del able-bodiedness. Se trataría de una norma masculinista heterosexual de plena capacidad que el varón con discapacidad está obligado a citar. Esta operativa, siguiendo los postulados de Butler y Mc Ruer, parece no ser nunca satisfactoria. La representación presente en el discurso del profesional citado por Riu Pascual porta, precisamente, las ansiedades que se producen cuando un cuerpo asignado biológicamente como varón se ve impedido de acatar la norma hegemónica o algunos de sus componentes, poniéndose de manifiesto el mecanismo tanto del able-bodiedness como de la masculinidad hegemónica. Es en los cuerpos que escapan de la norma donde la misma debe ser recalcada.

Ahora bien, ¿cómo funciona la interacción de ambos sistemas -able-bodiedness y heterosexualidad normativa- en discursos no médicos? ¿Qué representaciones visuales se constituyen en los medios de comunicación hoy? ¿Qué retoricas impulsan y cómo se relacionan con la norma? Comenzaremos nuestro rastreo analizando los discursos que pueden etiquetarse como “ejemplos de vida”, sus características, la retórica visual que conllevan y su relación con la norma hegemónica de la masculinidad dentro del marco del capitalismo neoliberal.

“Yo sí puedo” o la representación del varón con discapacidad como “ejemplo de vida”

Una de las representaciones sobre la discapacidad más comunes en la mayoría de las sociedades occidentales, en las últimas décadas del siglo XX, es la del “ejemplo de vida”, es decir, la de aquellas personas con discapacidad presentadas como individuos que pueden sobreponerse a su impedimento y lograr sus metas. Dicha representación parece conllevar una retórica visual maravillosa que, como afirma Garland-Thomson, produce la admiración del espectador ante un logro realizado por la persona con discapacidad, el que es interpretado como súper humano (Garland-Thomson 2002a:193).

Este tipo de representaciones son en las que más se evidencia la interrelación de la masculinidad hegemónica heterosexual y la normalidad funcional como veremos a continuación en los discursos alrededor de Nick Vujicic. Este escritor, nacido en 1982 con agnesia, malformación que lo privó de tres extremidades, y dueño de un pequeño pie de dos dedos, es presentado por la página www.ejemplosdevida.comEJEMPLOS DE VIDA. 2014. “Nick Vujicic”; [Online] Disponible en: <http://www.ejemplosdevida.com/nick-vujicic> [Acceso en 13 de Agosto].
http://www.ejemplosdevida.com/nick-vujic...
de la siguiente manera:

Nick Vujicic ha sabido adelantarse en su vida, demostrando que no hay límites ni impedimentos para lograr lo que se ha propuesto. Con una actitud optimista ante la vida, Nick es un ejemplo de vida en toda la extensión de la palabras, ya que ayuda a motivar a la gente tanto con capacidades especiales como sin ellas.

La nota está acompañada de fotos de Nick sonriendo a la cámara con su perro, o mirando a una platea de personas que se encuentra fuera de foco, significando una multitud, vistiendo elegantemente (camisa roja y pantalón ajustado a su fisonomía), mientras se puede leer en el epigrafe “el miedo es la más grande discapacidad de todas”.

Parece evidente, en este caso, un discurso donde la persona con discapacidad es considerada exclusivamente en una dimensión individual aislando el fenómeno del impedimento de sus aspectos socio culturales. En su libro Una vida sin límites (2007), Vujicic se propone exponer su experiencia personal afirmando: “Yo me encuentro discapacitado oficialmente, pero gracias a mi carencia de miembros, en realidad sí estoy capacitado. Mis inigualables desafíos me abrieron oportunidades únicas para alcanzar a mucha gente que tiene necesidades. ¡Tan solo imagina lo que es posible para ti también!” (Vujicic, 2007VUJICIC, Nick. 2007. Una vida sin límites. México: Penguin Random House.). Desde su experiencia, el autor advierte la necesidad de superar los problemas que la vida impone a los individuos apelando a un discurso religioso:

Como un hijo de Dios, eres hermoso y bello, eres más valioso que todos los diamantes de la tierra. ¡Tú y yo fuimos diseñados con perfección para ser quienes somos! Y aun así, nuestro objetivo siempre debe ser superarnos y rebasar las barreras a través de nuestros grandes sueños (2011VUJICIC, Nick. 2012.Un espiritu invencible. El increible poder de la fe en acción. Mexico: Santillana).

Si prestamos atención a la retórica del fragmento citado podemos vislumbrar una apelación del sujeto a un discurso que porta una representación masculina en sintonía con el imperativo masculino de sortear y resolver los problemas. No es casualidad que la contratapa del libro utilice palabras habitualmente vinculadas a la posición activa que los varones poseen en la sociedad hétero-patriarcal, como se evidencia en el siguiente apartado de la contratapa de su libro: “Nick Vujicic nos cuenta la historia de sus discapacidades físicas y de la batalla emocional que ha librado para enfrentarlas como niño, adolescente y ahora adulto.” La contratapa termina exclamando que él “descubrió la confianza suficiente para construir una existencia productiva y provechosa ¡sin límites!” (2007). Seria errado pensar a Nick tan sólo como un reproductor de una norma, ya que el acatar la norma implica cierta modificación de la misma. Este tipo de representaciones han sido fuertemente criticadas por determinados sectores de la comunidad de personas con discapacidad, para los cuales las representaciones motivacionales parecen una verdadera carga. La persona con discapacidad, a través de la retórica maravillosa, se vuelve siempre el objeto de admiración por parte de las otras personas, transformándose en un objeto de consumo por parte de la comunidad. En este sentido, Vujicic es un claro ejemplo de lo que la comediante y periodista Stella Young llama despectivamente “porno motivacional”. Para Young, este fenómeno es la explotación de la imagen de unas personas en beneficios de otras: “nos convierten en objetos utilizables, y somos personas normales que utilizan sus cuerpos de la mejor forma posible.” (Muñoz, 2014MUÑOZ, Alba. 2014. “¿Porno inspiracional? Mira, voy en silla de ruedas y no estoy aquí para motivarte.” Playground [Online] Disponible en: <Disponible en: http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/Porno-inspiracional-Mira-ruedas-motivarte_0_1333066682.html > [Acceso en: 15 de Marzo de 2016]
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). Si bien es cuestionable la utilización de la noción de normalidad a la que apela la comediante, la idea del cuerpo de la persona con discapacidad como un producto para “consumir inspiración” es sugerente para pensar el fenómeno de Nick Vujicic a la luz del capitalismo neoliberal que pregona la tolerancia a la diferencia. Para Garland-Thomson, este tipo de representaciones responden a la secularización moderna de lo maravilloso, que lo transforma

(…) en el estereotipo de un superlisiado, el que asombra e inspira al espectador mediante la actuación de ‘hazañas’ que el espectador sin discapacidad alguna no puede llegar a imaginar posible. La retórica maravillosa contemporánea enfatiza la admiración por sobre el asombro (…) el sentimentalismo conjugó el modelo maravilloso produciendo el convencionalismo del valiente vencedor como la figura contemporánea de la discapacidad favorita de América (2002b:193. La traducción nos pertenece).

El carácter de “super lisiado” queda evidenciado en diversas fotos protagonizadas por Nick, una de las cuales sirve de portada de su libro Un espíritu invencible. El increíble poder de la fe en acción (2012). Allí se puede apreciar al autor realizando surf, con su torso desnudo haciendo equilibrio sobre la tabla mientras sonríe ante la proeza (fig. 1). En otra foto, se puede apreciar a Nick jugando al golf manipulando el palo con su mentón y su tronco en un día de sol (fig. 2). Ambos ejemplos visuales buscan a través del asombro desafiar las nociones sociales de lo imposible. Esta operación se acompaña con textos que remarcan la capacidad de Nick para enseñar a vivir la vida y sobreponerse a las dificultades. En la página “Vitaminas para el éxito”, al costado de la foto donde se lo observa jugando al golf, se lee: “Nick Vujicic nos enseña a través de su vida como se puede superar una discapacidad que le permite a él no sólo vivir independientemente, sino vivir una vida rica y plena, convirtiéndose en un modelo para aquellos que buscan la verdadera felicidad” (Bermea, 2016BERMEA, Andrés. 2016. “Nick Vujicic en Monterrey”. En: Vitaminas para el éxito. [Online]; Disponible en: http://www.vitaminasparaelexito.com/2013/09/nick-vujicic-en-monterrey.html . [Acceso en 31 de Marzo]
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). Es sugerente pensar la vinculación entre Nick y el discurso de autoayuda: de alguna manera, pareciera que el cuerpo con discapacidad portaría lo que podríamos llamar “una pedagogía para la normalidad”: sólo es posible aprender a vivir según la norma de plena capacidad a partir de sus “excepciones”. Este rol “pedagógico” alcanza también a las normas hegemónicas de la masculinidad. Esto último se remarca en las sucesivas fotos de Nick junto a su pareja Kanae Vujicic, y que ilustran el libro “Amor sin límites. Una historia extraordinaria sobre el poder del verdadero amor” (2015). En la tapa de este libro, se ve a la pareja sonriendo a cámara, ambos sentados en un sillón, con un lago de fondo. Es interesante el paisaje exótico, que se combina con las vestimentas blancas de la pareja, produciendo una sensación de esplendor remarcada por la actitud de Kanae que, con un brazo, rodea el torso de Nick mientras el otro está posado cariñosamente en el vientre del “joven motivador” (fig 3). La virilidad de Vujicic se reafirma mediante la constitución de una pareja heterosexual: claramente, las normas de la masculinidad y de la normalidad física plena se tocan en la imagen. La “integración exitosa” se evidencia en la medida en que el varón con discapacidad es capaz de ocupar espacios discursivos hegemónicos para la sociedad (la capacidad de realizar hazañas, como casarse y tener hijos).

Figura 1
Fuente: GoogleBooks.

Figura 2
Nick jugando al golf.

Figura 3.
Nick y Kanae Vujicic el amor como motivación y validación viril

Un caso similar, pero vinculado directamente al mundo del sexo, lo encontramos en Josito, el primer actor porno con discapacidad física. Se trata de un joven que a los 17 años sufrió un accidente automovilístico que lo llevo a necesitar una silla de ruedas para su movilidad. A pesar de esto, gracias a su afición al sexo, se relacionó con el director Nacho Allende, incursionando en el mundo del cine para adultos español. En un artículo del periódico español El Mundo, escrito por Teresa Ródenas, se puede leer:

Querer es poder, es el título de la primera película porno protagonizada por un actor discapacitado. (…) La única diferencia respecto del resto de actores porno sin discapacidad, es que Josito tiene que rodar sus escenas sentado y ‘son las chicas las que me lo hacen a mí en cierto modo’ (Rodenas, 2003RÓDENAS, Teresa. 2003. “Un madrileño de 23 años en silla de ruedas, primer actor porno discapacitado.” [Online] Disponible en: <Disponible en: http://www.elmundo.es/especiales/2003/03/sociedad/hacia_la_igualdad/protagonistas/protagonistas101.html . [Acceso: 13 de Agosto del 2014]
http://www.elmundo.es/especiales/2003/03...
).

En una entrevista dada a la revista Interviú en 2007, el actor afirmó que es actor porno para: “animar a que las personas como yo intenten cumplir su sueño por irrealizable que les parezca. Yo soy prueba de ello.” De esta manera el actor afirma que su actuación busca “… llamar la atención y reivindicar derechos y oportunidades para las personas con algún tipo de discapacidad (…) Y también transmitir a las mujeres que no deben tener reparos a la hora de practicar sexo con un hombre en silla de ruedas.” (Velasco, 2007VELASCO Ricardo. 2007. “un discapacitado muy capaz” Interviú [Online] Disponible en: http://www.interviu.es/reportajes/articulos/un-discapacitado-muy-capaz/
http://www.interviu.es/reportajes/articu...
). En un video porno protagonizado junto con la actriz española Salma de Nora, puede observarse una escena completa de sexo explícito donde la actriz se monta en la silla de ruedas, demostrando la capacidad de penetración de Josito. Así el actor, si bien rompe el tabú del sexo y la discapacidad, lo hace sumándose al show falocéntrico del porno tradicional, en donde todo el acto sexual gira alrededor del poder del pene. No es casualidad que en la entrevista afirme que “…para este trabajo el tamaño sí importa”. Esto es evidente en la secuencia habitual que va desde el sexo oral -con el que comienza el filme Querer es poder- a la eyaculación con la que culmina. El cuerpo de Josito también funciona como pedagogía, como se intuye de los títulos que versan sobre su experiencia, por ejemplo, el de la revista Interviú, “Un discapacitado muy capaz”, o en la portada de su filme “La primera película hecha por un lesionado medular” (fig. 4). Pero el terreno de esa pedagogía es sexual.

Figura 4.
La tapa del filme porno de Josito: ”querer es poder”

Si bien las representaciones que se generan a través de los discursos de Nick y Josito tienen en común la potenciación de una narrativa individual, acorde a la norma hegemónica, de la “normalidad funcional” o capacitista y la masculinidad, ambas lo hacen de formas un tanto diferentes. La carga religiosa y su retórica visual parecen darle al discurso sobre Nick un carácter ejemplar épico, mientras que Josito posee elementos que parecen parodiar los discursos motivacionales. Es llamativo que Querer es poder -frase habitualmente utilizada en libros de auto ayuda o motivacionales vinculados a los ejemplos de vida- sea el título de un filme pornográfico, un artefacto cultural alejado del “ascetismo” habitualmente presente en los discursos vinculados a ejemplos de vida. Josito parece, en cierto sentido, parodiar dichos discursos; sin embargo, el formato pornográfico tradicional falo-céntrico y la propia interpretación de su actividad, la cual perseguiría un carácter de prueba de su capacidad sexual, parece convertirlo, al igual que a Nick, en un producto motivacional más de consumo.

A pesar de esta diferencia en la citación de la norma (una más cerca de parodiarla que la otra), ambos casos manejan valores, como la independencia (no hay referencias a interdependencia alguna) y el individualismo (ellos son los únicos, protagonistas de sus historias), vinculados a la superación de adversidades. Las nociones de interdependencia han sido desarrolladas por los estudios sobre la ética del cuidado. Se trata de un cambio de paradigma, que pone el acento en los lazos de cuidados que se establecen entre las personas, reconociendo la vulnerabilidad como un dato esencial de la condición humana. Desde esta postura, la independencia se interpreta como interdependencia, “ya que se establece que aquel por el que nos preocupamos depende del que se preocupa, tanto como éste de aquel” (Balaguer & Blanch, 2011BALAGUER, Asun Pie & BLANCH, Jordi Solé. 2011. “Deconstruir la discapacidad para repensar la autonomía: Propuesta para una pedagogía de la interdependencia”. En: Actas de XII Congreso Internacional de Teoría de la Educación. [Online] Disponible en: Disponible en: http://www.cite2011.com/Comunicaciones/A+R/007.pdf ; [acceso el 9 de Mayo de 2018]
http://www.cite2011.com/Comunicaciones/A...
).

Al centrarse en un discurso independiente, las representaciones de Vujicic y Josito pueden dejar fuera a aquellos varones que necesitan asistencia parcial o permanente, que habitualmente se ven empujados a llevar un rol masculino tradicional, forzando sus propios cuerpos. Como afirma el activista queer con discapacidad Andrew Morrison-Gurza:

Para muchos hombres, mostrar masculinidad es un componente clave de cómo nos movemos por el mundo que nos rodea. Aprendemos casi desde la infancia que para ser un hombre debes adherirte a ciertos estereotipos: fuerte, independiente y capaz. (...) Cuando eres usuario de silla de ruedas, el deseo de cumplir esos ideales es aún mayor. Luchas constantemente contra la percepción de que eres incapaz, de que no puedes hacer cosas como las que hacen los demás tíos (sic). Luchas contra el miedo de revelar tu propia incapacidad, y con lo poco masculino que esto parece (2015MORRISON-GURZA, Andrew. 2015. “Estoy en silla de ruedas, soy queer y sigo siendo un hombre de verdad” (traducción: Pablo Saiz Quevedo); [Online]; Disponible en: Disponible en: http://elprincipelila.com/2015/08/11/estoy-en-silla-de-ruedas-soy-queer-y-sigo-siendo-un-hombre-de-verdad ; [Acceso en: 27 de febrero de 2016].
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).

Si entendemos las representaciones masculinas presentes en los discursos sobre ejemplos de vida como expresiones cercanas a la norma; y aceptamos la dinámica de la citación propuesta por Butler para el género -y por Mc Ruer para la funcionalidad corporal-; podemos suponer la existencia de variaciones y excepciones a la norma masculina heterosexual de plenas capacidades. Incluso, como ha señalado Raewyn Connell, la norma de masculinidad hegemónica puede ser disputable por sujetos no hegemónicos, como Vujicic o Josito, aunque mantengan ciertas nociones de independencia individuales intactas.

A continuación, analizaremos cómo la lucha por los derechos de las personas con discapacidad ha producido una respuesta desde la industria médica, conformando representaciones con retóricas realistas vinculadas al consumo; y cómo, desde los estudios queer y cierto sector del activismo de personas con discapacidad, se proponen representaciones alternativas a la norma masculina heterosexual, llevando más allá de la norma la propuesta de sexualización esbozada por Josito.

Más allá del “ejemplo de vida”. Asimilación neoliberal y búsqueda de representaciones alternativas

En los últimos tiempos la cuestión de la sexualidad de las personas con discapacidad ha ido modificando el discurso capacitista médico. La presión de las propias personas con discapacidad por reclamar por una vida independiente, incluidos sus derechos sexuales, ha provocado una revisión de esta postura desde algunos sectores del campo médico. Estos han producido campañas de propaganda con representaciones alternativas -pero, como veremos, ambiguas- a las falocéntricas. En un artículo del blog Revista Digital C-sexo, sobre sexo y discapacitados medulares, titulado “Discapacitados para caminar, no para tener sexo”, puede leerse: “A veces cuando el hombre no siente nada, ni una caricia, sólo le basta con ver cómo su pareja lo toca para lograr una erección. Con la imaginación y entrenamiento puede llegar a tener una vida sexual plenamente activa, no necesariamente llegando a la penetración”. A continuación, se aclara que: “También se puede utilizar medicamentos como el viagra, la inyección de prostaglandina (hormona) o, en última instancia, las prótesis intracavernosas. En el caso de la erección, se recomienda el uso de electro y vibro estimuladores si se desea concebir” (Carvajal, 2007CARVAJAL Elías. 2007. Sitio web Revista Digital C-sexo. [Online]. Disponible en: Disponible en: http://csexo.blogspot.com.ar [Acceso en 13 de Agosto de 2014].
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). Algo similar pero menos técnico, es el artículo “Sexualidad y discapacidad no están peleadas”, de Andrea de María (2013DE MARÍA, Andrea. 2016. “Sexualidad y discapacidad no están peleadas”. Salud y medicinas. [Online] Disponible en: http://www.saludymedicinas.com.mx/centros-de-salud/salud-femenina/articulos/sexualidad-discapacidad.html [Última consulta 2.04.18].
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) donde se informa sobre la sexualidad de las personas con discapacidad, la problemática reproductiva y, en último lugar, las posibilidades de vivir la sexualidad extrafalocéntricas. “Debe quedar claro que la sexualidad no radica sólo en los genitales, cualquier persona puede experimentarla incluso sin tener erección, lubricación y orgasmo, ya que se puede despertar el erotismo a través de la piel” (De María, 2013). Este discurso, desafiante pero ambiguo, también se evidencia en un video titulado “Lesión Medular y sexualidad”, patrocinado por la USAID (United States Agency Internatonal Development). En él, un varón en silla de ruedas, vestido de jean y camisa, nos advierte que el principal órgano sexual es el cerebro, previamente a haber declarado que no debemos complicarnos con las bobadas de los nervios que habitualmente poseen los varones con discapacidad ante el acto sexual. El video informa sobre la utilización de otras zonas erógenas disponibles para recibir placer, no sin antes mencionar las innumerables maneras protésicas de alcanzar una erección en caso de necesitarla (Maximus Project, 2013MAXIMUS PROJECT SURAMERICA. 2013. “Lesion Medular y Sexualidad”. [Online] Disponible en: Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=AFouHX66_00 ; [Acceso en 13 de Agosto del 2014].
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).

Estos discursos intentan trasmitir experiencias sexuales que se escapan a las prácticas de la sexualidad falocéntricas, apelando a cierto acercamiento entre la experiencia de la persona con discapacidad y las demás. El sentido que parece sobrevolar estos discursos es el de normalización de la sexualidad “extraña”, a través de representaciones que cargan con una retórica realista. La misma, según Garland-Thomson, reduce la “distancia” entre el observado y el observador, “regularizando la figura discapacitada para evitar la diferenciación y despertar la identificación frecuentemente normalizando y por momentos minimizando la marca visual de la discapacidad” (Garland-Thomson, 2002b:199. La traducción nos pertenece). En este sentido, es sugerente la imagen del presentador del video y la foto que acompaña el artículo de Andrea de María. En el video, como ya dijimos, la vestimenta y la actitud del presentador lo muestran como a un joven más, desinhibido, pero sin llegar a lo maravilloso (fig. 5). En el segundo caso, un joven en silla de ruedas vestido con campera de cuero y jean, es acompañado por una joven mujer que parece ser su pareja. La joven impulsa su silla cruzando una calle mientras lo mira sonriendo (fig. 6).

Figura 5
El presentador del video “lesión medular y sexualidad

Figura 6
La imagen que acompaña la nota de Andrea de Maria parece utilizar una retórica realista. Fuente: saludymedicinas.com

Estos discursos no cuestionan los mecanismos heteronormativos que rigen la sociedad, sino más bien son ejemplo de la flexibilidad del sistema de normalidad funcional que, al igual que sucede con el sistema heterosexual, intenta transformar la excepción en un nicho de mercado. Un ejemplo se ve en la sugerencia de consumo de Viagra, importante medicamento de lo que Paul B. Preciado ha llamado “capitalismo farmacopornográfico”. Según Preciado, este sistema habría emergido de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial mediante el reinado de los fármacos, la sexología, la endocrinología y las imágenes pornográficas multimedia. Según la autora, “El éxito de la tecnociencia contemporánea es transformar nuestra depresión en Prozac, nuestras masculinidad en testosterona, nuestra erección en Viagra…” (Preciado, 2002:33) En esta sociedad, el cuerpo es disciplinado, ya no mediante un biopoder ortopédico (como las instituciones, los discursos jurídicos y científicos) de administración, clasificación y disciplinamiento, sino que “las tecnologías entran a formar parte del cuerpo, se diluyen en él, se convierten en cuerpo.” (2002:66). De aquí que la imagen del varón con discapacidad, en la retórica realista, parezca transformarlo en un ciudadano más.

Estos discursos perseguirían cierta “desmitificación” o “ruptura con el tabú” del sexo. Ya en La historia de la sexualidad (2002 [1977]), Michel FocaultFOCAULT, Michel. 2002 [1977]. Historia de la sexualidad Tomo 1: la voluntad de saber. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. 95 p. había advertido que, lejos de un tabú, la sexualidad dentro de la modernidad había producido una serie de discursos que implicaban las formas del sexo (sus prácticas naturalizadas mediante el análisis de las patologías). Desde este punto de vista, es sugerente analizar cómo estos discursos concientizadores construyen representaciones masculinas que pueden vincularse con discursos machistas y capacitistas. Los mandatos de la norma de able-bodiedness, que marcaban Centeno y Mc Ruer, no parecen funcionar negando el sexo, sino más bien, imponiendo roles determinados de género (compartidos por cuerpos sin discapacidad) difíciles de concretar por parte de varones con discapacidad física. Como señala Morrison Gurza (2015), una de las marcas de la masculinidad (es decir, lo que otorga virilidad) es la independencia; y precisamente es ese “valor” el que funciona transversalmente, tanto en el sistema de normalidad compulsiva como en el de la masculinidad hegemónica, ya que es el cuerpo interdependiente el que habitualmente es feminizado. Independencia y virilidad masculina parecen ir de la mano como señala Morrison-Gurza:

(…) la idea de un hombre siendo físicamente capaz e independiente es seductora. Como todo el mundo, una parte de mí lo ve como lo que se supone que un hombre debería ser. Ese hombre no tiene que responder ante nadie, ni necesita ayuda con las tareas más simples (2015).

Teniendo en cuenta esto, es sugerente pensar que la industria farmacéutica funciona como otorgadora de virilidad en el plano sexual. A partir del comercio neoliberal tolerantemente flexible, que en algunos países ha edificado una verdadera industria de la discapacidad, parece garantizarse el mejor acatamiento de la norma masculina heterosexual capacitista mediante el consumo. De esta manera, la retórica realista (presente en los discursos médicos neoliberales y en las “campañas de concientización”) parece transformar a la persona con discapacidad ya no en un “espectáculo emotivo”, como lo hace el ejemplo de vida, sino en un “ciudadano especial” que satisface sus necesidades especiales, cerrando el círculo de la flexibilidad de las normas hegemónicas.

Ahora bien, ¿qué alternativas se pueden encontrar a las representaciones tanto normativas como flexibles? Desde la teoría queer se ha indagado la posibilidad de elaborar identidades divergentes o cuestionadoras del sistema binario heteropatriarcal. En el caso específico de la masculinidad, desde su activismo intersex, Mauro Cabral remarca la capacidad paródica que adquiere la identidad masculina en su cuerpo, y cómo esa relación tensionante puede ser una estrategia política. Como afirma Cabral:

Que yo, con mi cuerpo, con mi cuerpo imposible, me diga un hombre, no solamente como podría pensarse, y quizás correctamente, reinstituye en mi enunciación mínima el sistema bipolar de géneros, sino que también lo ironiza, lo vuelve no sapiente, incierto, lo sume en la incertidumbre (Cabral & Benzur, 2005CABRAL, Mauro & BENZUR, Gabriel. 2005. “Cuando digo intersex. Un dialogo introductorio a la intersexualidad.” En: Cadernos Pagu. Vol. 24, janeiro-junho. p. 283-304.:300).

A diferencia de Josito o Nick, que se adaptarían a la norma, la experiencia de Cabral parece disputar los sentidos de la identidad masculina. De hecho, el cuerpo del varón intersexo habilita experiencias ilegibles por el sistema sexo-género, como es el caso del embarazo. Se trata de un desafío claro teniendo en cuenta que, en la mayoría de los países occidentales, el proceso de cambio de sexo de mujer a hombre implica la pérdida de los derechos reproductivos. En el artículo de Cabral “Hij*s del hombre”, publicado en la web Parole de queer, podemos leer un análisis sobre la historia de Thomas Beatie, un varón trans inglés (país en donde los derechos reproductivos de las personas transgénero están garantizados), “padre-madre” de tres hijos nacidos de su útero. El artículo está acompañado por una foto de Thomas embarazado, que desafía la representación del embarazo enlazado al cuerpo femenino (Cabral, 2016CABRAL, Mauro. 2016. “Hij*s del hombre”. En Parole de Queer [Online] Disponible en: http://paroledequeer.blogspot.com.ar/2015/01/hijs-del-hombre-por-mauro-cabral.html [Acceso en 14 de Marzo].
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). No obstante, es notable cómo el artículo elude cualquier referencia a la interdependencia y los cuidados, dos elementos siempre presentes en los discursos vinculados al embarazo femenino. Esto es importante porque ambos valores, devaluados por la sociedad heteropatriarcal, son puertas de entrada a posibles parodias y respuestas al modelo hegemónico, incluso más para los varones con discapacidad. Ya observamos cómo ejemplos del tipo de Josito tienen los límites de no incluir la interdependencia. Quizás sea, precisamente, la erotización de la interdependencia y la pasividad la clave para reformular ciertas representaciones críticas. En este sentido, es sugerente la propuesta de Andrew Morrison-Gurza cuando afirma que:

Lo que estoy aprendiendo es que la verdadera medida de un hombre es ser capaz de pedir ayuda y recibirla cuando la necesita. Por aterrador que resulte admitirlo, estoy aprendiendo que soy un hombre no porque pueda hacer todo por mí mismo sin ayuda, sino porque necesito ayuda y lo sé. (…) Mientras que puede que nunca sea capaz de convertirme en lo que un hombre ‘debería ser’, debo recordarme continuamente que soy capaz de ofrecer un modelo de masculinidad que vemos muy raramente: calmado, sereno y discapacitado (2015).

Así, lejos de emular a la masculinidad desde el cuerpo con discapacidad, Morrison-Gurza parece proponer resignificarla, de manera similar a las propuestas de Cabral, modificando el significado de lo masculino a través de la interdependencia, produciendo la representación del varón calmado, sereno y discapacitado.

A modo de conclusión

Hasta aquí hemos emprendido un análisis de las representaciones masculinas presentes en discursos vinculados a la discapacidad y la masculinidad dentro de diversos medios de comunicación. Si las representaciones sociales son actos políticos de producción y reproducción de sentidos; y la discapacidad es un fenómeno social complejo que genera representaciones específicas interactuando con los múltiples aspectos de la sociedad; las mismas están intersectadas por discursos sobre el sexo género y la normalidad funcional compulsiva. Las representaciones masculinas, presentes en determinados discursos vinculados a la discapacidad, presentan una tensión en cuanto a las normas hegemónicas de la masculinidad heterosexual, resumidas (aunque nunca acabadas) en los tres imperativos de proveer, proteger y fecundar. No se trata de una identidad fija y a-histórica, sino un fenómeno complejo, de citación continua, interrelacionado con la norma de la capacidad plena, a lo largo del tiempo, con sus variaciones, contradicciones y disputas. Las historias de ejemplos de vida, si bien cuestionan los discursos médicos apelando a una retórica maravillosa desde lo visual, producen representaciones masculinas que parecen imponer una adaptación del cuerpo con discapacidad a ciertas pautas propias de la masculinidad hegemónica. Así, dentro de la historia de Nick y Josito, elementos como la interdependencia son dejados de lado y se imponen sus imágenes realizando “lo imposible”. Ya sea teniendo sexo explícito, dando una conferencia motivacional o haciendo surf, parece predominar el mandato masculino de vencer los obstáculos e imponerse ante el mundo, “sin límites”. A esto se le suma cierta acción pedagógica de parte de los ejemplos hacia otros cuerpos. De esta manera, como hemos visto, es a través de los casos excepcionales que parece “enseñarse” la norma tanto heterosexual como de able-bodiedness o normalidad funcional.

Las críticas a la asexualización médica por parte de activistas han provocado una reconfiguración del discurso médico que cuestiona, ambiguamente, el sexo heterosexual falocéntrico. Los discursos que se ofrecen remarcan la posibilidad de placer junto a la oferta de medicamentos que garantizan un desempeño sexual tradicional para permitir la procreación. De la retórica maravillosa se pasa a una realista, que busca transmitir cierta naturalidad a la experiencia sexual del varón con discapacidad, pero también referirse a las personas con discapacidad como ciudadanos consumidores. Así, se hace evidente el peso de un neoliberalismo capitalista que asimila la diferencia, transformándola en un potencial nicho de mercado. No hay un cuestionamiento claro del sistema sexo-género dentro de los discursos del capitalismo farmacopornográfico, sino más bien la transformación del cuerpo con discapacidad, tanto en producto de consumo (como ejemplo de vida), como en consumidor (de Viagra y otros medicamentos para el desempeño “natural” del sexo).

Otros discursos, producidos desde espacios militantes Queer, intentan buscar alternativas a la masculinidad hegemónica. En este sentido, es estimulante la apuesta de Morrison-Gurza de constituir, desde su cuerpo, una masculinidad basada no tanto en la independencia sino más bien en la interdependencia. De manera similar que los cuerpos intersex lo hacen mediante el embarazo masculino, el cuerpo con impedimento puede cuestionar la norma hegemónica masculina y explorar otras representaciones de su género, que interpelen el propio sistema sexo-género mediante la explotación del recurso de la interdependencia.

Sintetizando: la perspectiva de género, plasmada en el encuentro de los estudios sobre discapacidad con los queer, abre ricos senderos analíticos que permiten explorar de qué manera los mecanismos del sistema sexo-género funcionan simultáneamente con los valores del modelo capacitista sobre el cuerpo del varón con discapacidad.

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    May-Aug 2018
  • Fecha del número
    Ago 2018

Histórico

  • Recibido
    28 Feb 2017
  • Acepto
    09 Mayo 2018
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