Open-access Metacognición como inhibición de intuiciones morales: “Sistema 3” en el marco de las teorías de proceso cognitivo dual aplicadas a la psicología moral1

Metacognition as inhibition of moral intuitions: “System 3” within the framework of Dual-process theories applied to moral psychology

Resumen:

Las teorías de proceso dual de dominio general suponen la existencia de dos tipos de procesamiento cognitivo: el Sistema 1 intuitivo y el Sistema 2 razonado. Estas teorías fueron introducidas no sólo en la Lógica y la Economía, sino también en la Psicología moral. Un claro ejemplo de ello es el ‘modelo intuicionista social’ propuesto por Jonathan Haidt, el cual supone que los juicios morales no son causados por los razonamientos morales, sino por las intuiciones morales. Siendo que el intuicionismo social presenta un Sistema 2 subordinado al Sistema 1, plantea el problema de identificar cuál sería el componente cognitivo regulatorio de las decisiones y comportamientos morales. El psicólogo social Olivier Houdé, en sus estudios sobre el razonamiento lógico, postula la existencia de un Sistema 3 metacognitivo, correlacionado a nivel neuroanatómico con la corteza prefrontal ventromedial, capaz de inhibir el Sistema 1 para habilitar así el Sistema 2. En este artículo se analiza la posibilidad de resolver el desafío del intuicionismo social en el ámbito de la Psicología moral, a la luz del Sistema 3 propuesto por Houdé.

Palabras clave:
Intuicionismo social; Teorías de triple proceso; Sistema 1; Sistema 2

Abstract:

Domain-general dual-process theories assume the existence of two types of cognitive processing: intuitive System 1 and reasoned System 2. These theories were introduced not only in logic and economics, but also in moral psychology. A clear example is the “social intuitionist model” proposed by Jonathan Haidt, which assumes that moral judgments are not caused by moral reasoning, but by moral intuitions. Since social intuitionism presents a System 2 subordinate to System 1, it raises the problem of identifying what the cognitive component regulating moral decisions and behaviors would be. In his studies on logical reasoning, social psychologist Olivier Houdé postulates the existence of a metacognitive System 3, correlated at the neuroanatomical level with the ventromedial prefrontal cortex, capable of inhibiting System 1 to enable System 2. This article analyzes the possibility of resolving the challenge of social intuitionism in the field of moral psychology, in light of System 3 proposed by Houdé.

Keywords:
Social intuitionism; Triple process theories; System 1; System 2

INTRODUCCIÓN

En las ciencias cognitivas, la noción de ‘metacognición’ es considerada todavía un concepto “borroso” (Akturk; Sahin, 2011; Bassey, 2001). Cuáles son sus prerrequisitos, su correlación neuroanatómica o cómo es la interrelación entre las habilidades que la componen son preguntas que continúan pendientes de un consenso generalizado. De allí que, p. ej., la filósofa Joëlle Proust (2013) haya propuesto una disciplina derivada de la Filosofía de la mente, destinada a profundizar en las diferentes aristas de las investigaciones recientes sobre el tema: la ‘Filosofía de la metacognición’. Tres de las perspectivas principales de la metacognición actualmente estudiadas en esta disciplina son: (1) la autoatributiva (self-attributive; p. ej., Carruthers, 2011), según la cual la metacognición requiere la formación de representaciones sobre un estado mental propio para realizar, a partir de allí, otras acciones como controlar o regular el estado en cuestión; (2) la autoevaluativa (self-evaluative, p. ej., Proust, 2013), que la concibe como una variedad particular de control que es independiente de la capacidad de conocer los estados mentales propios, esto es, puede haber regulación sin autoatribución de estados mentales; y (3) la de automodelado (self-mindshaping, p. ej., Fernández-Castro; Martínez-Manrique, 2020), según la cual la metacognición se basa en los mismos tipos de mecanismos que son utilizados para “modelar” las mentes de los demás (una articulación entre cognición social y habilidades de orden conceptual), pero aplicados a la cognición propia.

Existe, no obstante, toda una línea de investigación paralela que es mayormente trabajada en Psicología cognitiva, Psicología social y Psicología experimental, pero aún no tanto en Filosofía. Se trata de la metacognición tal como es estudiada al interior de las teorías de proceso cognitivo dual (Dual-Process Theories). Respecto de las teorías de proceso dual en general, siguiendo en particular el planteo del Premio Nobel en economía Daniel Kahneman (2012), se trata de modelizaciones en las cuales se comprende el procesamiento cognitivo como dividido en dos Sistemas: el Sistema 1 (S1), que requiere poco esfuerzo cognitivo, es rápido y respecto del cual tenemos acceso a sus productos (generalmente denominados “intuiciones”) pero no a su proceso (es no consciente, es decir, no tenemos acceso a los pasos que dieron lugar a las intuiciones); y el Sistema 2 (S2), que requiere más esfuerzo cognitivo, es lento y respecto del cual tenemos acceso tanto a sus productos (generalmente denominados “razonamientos”) como a su proceso (ocurre dentro de la consciencia, podemos identificar los pasos que nos llevaron al producto).

Las teorías de proceso dual no sólo son estudiadas en el ámbito de la Lógica y la Economía, como lo hace Kahneman, sino también en la Psicología moral. Uno de los representantes más destacados en este respecto es el psicólogo social Jonathan Haidt (2001) y su propuesta de un ‘modelo intuicionista social’ de la formación de juicios morales a nivel psicológico. Diferente de lo que él denomina ‘modelo racionalista’, según el cual es el razonamiento moral el que, en general, causa los juicios morales y donde el aspecto afectivo es accesorio o incluso un obstáculo, el intuicionismo social invierte la relación entre estos componentes y propone lo siguiente: son las intuiciones morales, fundadas en procesamientos afectivos no conscientes, las que, en general, causan los juicios morales. En este contexto, el razonamiento moral no es causa, sino, usualmente, un Sistema racionalizador, esto es, se encarga de hallar justificaciones plausibles a juicios previamente condicionados por las intuiciones morales.

El planteo de Haidt, publicado en su forma más acabada en su artículo “The Emotional Dog and Its Rational Tail: A Social Intuitionist Approach to Moral Judgment” (2001), generó y continúa generando numerosas discusiones en el contexto de la Psicología moral contemporánea. Uno de los interrogantes clave de estos debates es cómo podría ser posible sostener la existencia de un proceso cognitivo regulador de los juicios morales, si lo que predomina en la cognición moral son las intuiciones morales (afectivamente fundadas) y no el razonamiento moral. Es decir, si bien el modelo intuicionista social, como veremos, se encuentra fundamentado en numerosa evidencia, entra en conflicto con un hecho cotidiano: las personas podemos cambiar de juicios morales, lo cual supone que existe algún componente cognitivo que se encarga de esa regulación. Por tanto, la pregunta que sigue es, ¿cómo se estaría generando esa regulación cognitiva si el S2 está, en general, subordinado al S1?

Es en este punto donde ingresa la reflexión sobre cómo incluir la metacognición en el marco de las teorías de proceso dual. Aunque su introducción en la Filosofía es reciente, son ya numerosas las producciones vinculadas. Algunos investigadores, como por ejemplo Keith Stanovich (2009, 2011), acercan la metacognición a las características del S2: se trata de un proceso ‘reflexivo’ que habilita un S2 ‘algorítmico’. Otros, como Valerie Thompson y equipo (2009; Thompson; Turner; Pennycook, 2011), lo acercan a las características del S1: se trata de un procesamiento en gran medida no consciente vinculado con un “sentimiento de rectitud” (Feeling of Rightness). Otros optan por otorgar niveles metacognitivos para ambos Sistemas (Arango-Muñoz, 2011; Nadurak, 2023). En este artículo, sin embargo, exploraremos otra posibilidad: la metacognición funciona a la manera de un Sistema 3 (S3). Para ahondar en esto, presentaremos la propuesta del psicólogo social francés, Olivier Houdé (2014, 2019), y su análisis del razonamiento lógico “frío” (fundado en la aplicación de reglas) y “caliente” (fundado en el aprendizaje por ensayo y error). Para ello, Houdé no solamente realizó entrevistas (en clave de una psicología cognitiva y social), sino que también analizó los correlatos cerebrales del procesamiento en cuestión (en clave de una psicología experimental). Según veremos, este correlato es importante en la fundamentación de por qué entender a la metacognición como un Sistema aparte (el S3) de los dos tradicionales (los S1 y S2). En este caso, vale decir, estaríamos hablando ya no de una teoría de proceso cognitivo dual, sino una teoría de triple proceso cognitivo (Triple Process Moral Psychology; Sauer, 2018).

El propósito de este artículo es, por tanto, exponer cómo un S3 permitiría solucionar el desafío presentado por el intuicionismo social en tanto en cuanto teoría de proceso dual aplicada la Psicología moral. Esto es, otorgaría un proceso regulatorio metacognitivo que, no obstante, no precisa suponer un S2 que predomina sobre el S1 (en clave del ‘modelo racionalista’ criticado por Haidt). Para comenzar, en el primer apartado, realizaremos una exposición de los aspectos generales de las teorías de proceso dual, en particular las denominadas “de dominio general”, detallando para ello la propuesta de Daniel Kahneman. En el segundo apartado expondremos cómo las teorías de proceso dual se articulan con la Psicología moral, ahondando en las características del modelo intuicionista social entendido como un ‘modelo intervencionista por defecto alternativo’, es decir, uno en el cual predomina el S1 por sobre el S2. Finalmente, en el último apartado del desarrollo analizaremos cómo el S3 planteado por Houdé, originalmente pensado para el ámbito del razonamiento lógico, puede ser incluido también en un contexto psicológico moral. Esta inclusión, como veremos, abre una línea de investigación plausible para solucionar el desafío planteado por el intuicionismo social.

1 TEORÍAS DE PROCESO DUAL DE DOMINIO GENERAL

Siguiendo el marco histórico desarrollado por Gawronski y Creighton (2013), las primeras teorías de proceso dual comenzaron siendo de ‘dominio específico’. Es decir, aplicadas a ámbitos como las relaciones entre actitud y comportamiento (p. ej., Fazio, 1990), la formación y el cambio de una actitud (p. ej., Petty; Cacioppo, 1986), prejuicio y estereotipia (Devine, 1989) o la formación de impresiones (Fiske; Neuberg, 1990). Fue posteriormente, luego de que las de dominio específico demostraron ofrecer modelos plausibles y predictivos en los campos estudiados, que surgieron propuestas de ‘dominio general’, es decir, aplicables a la cognición en general y no solamente a un ámbito específico. Uno de los precursores en propuestas de proceso cognitivo dual de dominio general fue Seymour Epstein (1994)3.

Como su nombre lo indica, las teorías de proceso dual (de ahora en más, siempre de dominio general) suponen la existencia de dos procesos cognitivos o Sistemas mentales distintos que subyacen a la toma de decisiones. Siguiendo la síntesis de Bargh (1994) 4, por un lado, hay un proceso denominado ‘experiencial’ (Epstein, 1994), ‘Sistema 1’ (Kahneman, 2003) o ‘cognición intuitiva’ (Haidt, 2001), el cual:

  1. Se inicia involuntariamente.

  2. Requiere pocos recursos cognitivos.

  3. No puede detenerse de manera voluntaria.

  4. Ocurre por fuera de la consciencia.

  5. No pueden explicitarse los pasos que dan lugar a sus productos.

Por otro lado, un proceso denominado ‘racional’ (Epstein 1994), ‘Sistema 2’ (Kahneman, 2003) o ‘cognición razonada’ (Haidt, 2001), el cual:

  1. Se inicia intencionalmente.

  2. Requiere cantidades considerables de recursos cognitivos.

  3. Puede suspenderse voluntariamente.

  4. Opera dentro de la consciencia.

  5. Posee una serie ordenada de pasos que pueden ser explicitados.

Como ya mencionamos en la introducción, dos teorías de proceso dual que resultarán particularmente relevantes para nuestro desarrollo son, por un lado, el modelo ‘Sistema 1-Sistema 2’ de Daniel Kahneman, aplicado al pensamiento lógico, y, por otro lado, el ‘modelo intuicionista social’ de Jonathan Haidt, aplicado a la formación de juicios morales a nivel psicológico5. Antes de concentrarnos en ellos, especialmente en el modelo de Haidt, precisamos señalar algunos disensos y matices de este tipo de teorías en general.

Dependiendo de cuál sea el investigador, las teorías de proceso dual serán comprendidas como constructos más o menos adaptables a la realidad. Según Kahneman (2012, p. 19), por ejemplo, deben pensarse como “ficciones útiles”:

Sistema 1 y el Sistema 2 son tan importantes en la historia que relato en este libro que debo dejar absolutamente claro que son personajes ficticios. Los Sistemas 1 y 2 no son sistemas en el sentido corriente de entidades con aspectos o partes que interaccionan. Y no hay una sola zona del cerebro que cada uno de los sistemas pueda llamar su hogar. Podemos muy bien preguntarnos: ¿cuál es el motivo de que introduzca personajes ficticios con nombres tan feos en un libro serio? La respuesta es que los personajes son útiles en razón de ciertas peculiaridades de nuestras mentes, la de los lectores y la mía. Una frase se entiende más fácilmente si describe lo que hace un agente (el Sistema 2) que si describe lo que es algo, las propiedades que tiene. En otras palabras, «Sistema 2» es mejor sujeto de una frase que «aritmética mental». La mente -especialmente el Sistema 1- parece tener una aptitud especial para la construcción y la interpretación de historias sobre agentes que actúan y que tienen personalidad, hábitos y recursos.

En esta cita, Kahneman busca dejar en claro que, si bien la distinción entre dos Sistemas es una simplificación de la complejidad de la mente, son útiles en tanto en cuanto dicha simplificación se adecúa a nuestro S1 y favorece una comprensión en sentido amplio de las características de nuestro procesamiento cognitivo. En otros términos, a pesar de que la reducción que suponen las teorías de proceso dual limita su capacidad explicativa, la facilidad con la que calza en nuestro S1 amplía su capacidad descriptiva. Así, la distinción entre S1 y S2 “[…] está pensada como una descripción, no como una explicación” (Kahneman, 2012, p. 19). Es en parte por esta tensión entre debilidad explicativa y potencia descriptiva que, por un lado, ha recibido numerosas críticas desde estudios epistemológicos por su nivel de simplificación, pero, por otro lado, es cada vez más utilizada en investigaciones psicológicas (Bellini-Leite, 2017).

Otros autores son más ambiciosos que Kahneman6 respecto de su posible alcance y han propuesto cierta correlación a nivel neuroanatómico de ambos procesos. Es el caso de Lieberman (2003), por ejemplo, quien vincula el S1 con áreas como la amígdala, los ganglios basales y la corteza temporal lateral, y al S2 con la corteza cingulada anterior, el lóbulo temporal medial y la corteza prefrontal7 (véase, también, De Neys; Goel, 2011). A su vez, en clave de esta correlación neuroanatómica, hay una dirección del procesamiento cognitivo diferente en cada caso: mientras que el S1 es ‘de abajo hacia arriba’ o bottom-up (va de lo subcortical a lo cortical8), el S2 es ‘de arriba hacia abajo’ o top-down (va de lo cortical a lo subcortical).

Vale resaltar que, si bien no hay consenso respecto de cuáles sean cada una de las correlaciones neuroanatómicas de ambos procesos (suponiendo que hubiese conjuntos delimitados de regiones para cada proceso), suelen encontrarse coincidencias en la literatura respecto de que la amígdala, en general, está presente en el proceso ‘automático’ (p. ej., Lieberman, 2003; Kahneman; Frederick, 2007; De Martino et al., 2006). También podría sumarse el núcleo accumbens, otra estructura subcortical, dada su relevancia en el ‘sistema de recompensa’ (Khalil, 2022, p. 343; Arias-Carrión et al., 2010). Por otro lado, en relación con el proceso ‘esforzado’, la corteza prefrontal dorsolateral tendría un rol central (p. ej., Schneider; Chein, 2003; Bellini-Leite, 2018). Más adelante veremos que hay una región, la corteza prefrontal ventromedial, que parece fungir como una estructura mediadora entre procesos inferiores y superiores (Damasio, 1996; Greene, 2014).

En el tercer apartado del desarrollo retomaremos esta línea de investigación, asentada en la búsqueda de posibles correlatos cerebrales de los procesamientos cognitivos, ya que se emparenta con la propuesta de un Sistema 3 metacognitivo por parte de Houdé. Antes de ello, en el próximo apartado profundizaremos en el análisis de las teorías de proceso dual de dominio general, particularmente en las modelizaciones propuestas por Kahneman en el ámbito de la Lógica y de Haidt en el ámbito de la Psicología moral. Según veremos, existe una tensión conceptual entre ambas modelizaciones, surgida de una concepción diferente respecto de las posibilidades del S2 frente a los productos del S1.

2 MODELOS INTERVENCIONISTAS POR DEFECTO

En la modelización de Kahneman, es decir, en su teoría de proceso dual de dominio general aplicada al razonamiento lógico, el producto o respuesta (output) del S1 se denomina ‘intuición’. Ante dicho producto, siguiendo la síntesis de Gawronski y Creighton (2013), el S2 posee un abanico de capacidades:

  1. Respaldar la intuición.

  2. Ajustarla según otras características que se reconozcan como relevantes.

  3. Corregirla ante la identificación de cierto sesgo.

  4. Bloquearla si se identifica que viola una regla de inferencia válida.

Si bien en la modelización de Kahneman se hace énfasis en la recurrencia con la que los sesgos cognitivos relacionados con el S1 suelen predominar por sobre el S2 (la capacidad 1), también se destacan otras potencialidades del S2 que logran escapar del influjo de los sesgos (las capacidades 2, 3 y 4). Esto por el hecho de que el procesamiento mismo del S2 está guiado por la aplicación de reglas de inferencia lógica. Es decir, hay una ‘normatividad lógica’ en potencia que es inherente al S2, a la cual podemos aproximarnos, haciendo referencia a su famoso libro, pensando despacio. Por ejemplo:

El Sistema 2 es activado cuando asistimos a un acontecimiento que altera el modelo del mundo que el Sistema 1 mantiene. (…) El Sistema 2 es también capaz de controlar continuamente su propio comportamiento: el control que hace que nos comportemos educadamente aunque estemos enojados, y nos alerta cuando conducimos de noche. El Sistema 2 es movilizado para que el esfuerzo aumente cuando detecta que estamos a punto de cometer un error. Recuerde el lector aquella vez en que estuvo a punto de soltar una frase ofensiva y lo difícil que le resultó recuperar el control. En suma, la mayoría de las cosas que pensamos y hacemos (nuestro Sistema 2) se originan en el Sistema 1, pero el Sistema 2 toma las riendas cuando esas cosas se ponen difíciles, y es él normalmente el que tiene la última palabra (Kahneman, 2012, p. 16).

Hay una extensa discusión en la literatura sobre teorías de proceso dual respecto de si acaso los procesos actúan de manera secuencial (primero uno, después otro) o de manera simultánea. En la mayor parte de la literatura vinculada con las teorías de proceso dual, como sucede con la modelización de Kahneman, suele suponerse un conflicto entre ambos procesos9. En este sentido, su accionar sería secuencial, dado que sólo uno podría predominar sobre el otro en un momento determinado. A su vez, dentro de los modelos secuenciales, hay una diferenciación respecto de si es el proceso ‘automático’ o el ‘esforzado’ el que, por defecto, tiene el predominio. En términos de Banerjee y John (2021), el modelo de Kahneman sería un ‘modelo intervencionista por defecto clásico10,dado que es el S2 el que tiene, en general, la potencialidad de anular un conflicto para con el S1, es decir, puede ajustar, corregir o bloquear las intuiciones.

Por su parte, el modelo intuicionista social de Jonathan Haidt podría comprenderse como un ‘modelo intervencionista por defecto alternativo’, dado que la intervención del S2 es mucho más limitada que en la propuesta por Kahneman. En su modelo, ante cierta ‘situación disparadora’ (un conflicto moral), se pone en marcha no el ‘razonamiento moral’, sino, en primer lugar, la ‘intuición moral’. El ‘juicio moral’ queda en el medio, entre la ‘intuición moral’ y el ‘razonamiento moral’. El cambio importante más evidente, entonces, reside en que el modelo de Haidt invierte la relevancia que el ‘razonamiento moral’: no es causa, sino racionalizador de juicios previamente causados por el S1. En este caso, el primer componente en iniciarse será siempre la ‘intuición moral’ (el componente ‘intuicionista’ del modelo). A su vez, al individuo A se le suma un individuo B, cuyo rol es incluir el vínculo interpersonal que supone la formación de juicios morales influida por cierto contexto social (el componente ‘social’ del modelo, en el cual, por razones de espacio, no profundizaremos demasiado aquí). A partir de estas conceptualizaciones, Haidt argumenta que pueden darse 6 tipos de conexiones entre los componentes del modelo:

  1. Juicio intuitivo: juicio automático, sin esfuerzo y procesado de manera no consciente (en clave del S1 de Kahneman). Es el más usual de las conexiones en el individuo promedio.

  2. Razonamiento post hoc: el rol ‘racionalizador’ del ‘razonamiento moral’. Requiere esfuerzo y se realiza después de causado el juicio a nivel intuitivo. Esta conexión representa el rol más usual del ‘razonamiento moral’.

  3. Persuasión razonada: conexión que señala el vínculo interpersonal más usual entre A y B. A saber, “[…] desencadenar en el oyente nuevas intuiciones de valoración afectiva” mediante, justamente, el razonamiento (Haidt, 2001, p. 818).

  4. Persuasión social: en contextos sociales, es suficiente que A, una persona relevante para B, exprese el juicio moral X, incluso sin justificarlo mediante razones, para que en B se desencadene una intuición moral.

  5. Juicio razonado: conexión en la que el ‘razonamiento moral’ es causante del ‘juicio moral’. No obstante, es excepcional, actúa anulando una intuición previa y “[…] ocurre principalmente en casos en los que la intuición inicial es débil y la capacidad de procesamiento es alta” (Haidt, 2001, p. 819).

  6. Reflexión privada: conexión en la cual, mediante la reflexión en soledad, es posible generar una intuición moral. Según Haidt (2001, p. 819), “[e]sta es una de las principales vías de la reflexión moral según Piaget, Kohlberg y otros estudiosos del desarrollo cognitivo”, pero la menos usual según su modelo.

Nótese que la conexión más habitual entre A y B no es a través de un razonamiento mutuo (la conexión 5), sino que el razonamiento de A influye en las intuiciones de B (la conexión 4). Este punto puede resultar desconcertante desde un punto de vista racionalista, pero es coherente con la primacía de las intuiciones en la formación de juicios morales, al menos a la luz de la numerosa evidencia en la cual Haidt se sustentó a la hora de gestar su modelo (p. ej., Gazzaniga, 1985; Goodall, 1986; Damasio, 1996; De Waal, 1982, 1991, 1996; De Waal; Lanting, 1997; Wilson, 1993; Kagan, 1984). De otra manera, sería continuar suponiendo que, en los provocadores términos metafóricos del psicólogo, mover la cola del perro (esto es, suponer que una discusión de relevancia moral se mantiene exclusivamente en el nivel de las razones), es suficiente para que el perro se ponga contento (es decir, que los interlocutores involucrados en la discusión decidan cambiar de valores morales). A su vez, otro punto importante es que las conexiones 5 y 6, las menos usuales según el modelo, pueden acontecer, ante todo, en personas con una formación especializada en prestar particular atención a sus juicios morales, a saber, los filósofos (Haidt, 2001, p. 829). En el individuo promedio, el rol de la cognición racional en la formación de juicios morales se encuentra subordinado al de la cognición intuitiva. Nuevamente, la función del razonamiento moral será, la mayoría de las veces, racionalizar juicios ya condicionados a nivel intuitivo.

A la luz del modelo de Haidt, la mayoría de los juicios morales, contemplados en las conexiones 1-4, son interpersonales (en su formación influyen los juicios y razonamientos de los otros) y fuertemente condicionados por las intuiciones. Las potencialidades del S2 según el modelo de Kahneman resultan demasiado generosas si se las compara con el rol que el ‘razonamiento moral’ posee en el modelo haidtiano. Recordemos que el S2 de Kahneman tenía la posibilidad de ‘respaldar’, ‘ajustar’, ‘corregir’ o incluso ‘bloquear’ la respuesta o producto del S1, a saber, la ‘intuición’. Si bien las conexiones 5 (el razonamiento moral tiene la capacidad de modificar un juicio) y 6 (el razonamiento moral tiene la capacidad de modificar una intuición) conservan cierta injerencia de la cognición razonada en la formación de juicios morales, estos serían poco usuales, intrapersonales (la persona reflexionando en su fuero interno, sin injerencia de los otros) y especializados (específico del proceso de profesionalización que poseen las personas formadas en Filosofía, por ejemplo). Según Haidt, en lo que respecta a la formación de juicios morales a nivel psicológico, la función del razonamiento moral, en la mayoría de los casos, se vería reducida a la primera capacidad de la lista de capacidades de Kahneman, a saber, ‘respaldar’ el producto o la respuesta de la cognición intuitiva. De allí que hayamos definido al intuicionismo social del psicólogo como un ‘modelo intervencionista por defecto alternativo’.

Desde el punto de vista haidtiano, de hecho, podría hallarse en esta vasta potencialidad del S2 según Kahneman cierta herencia del ‘modelo racionalista’. Por ejemplo, en algunos trabajos del ganador del Nobel, por momentos parece incluso no haber conflicto entre ambos procesos, sino un trabajo consensuado donde “[…] el S1 propone rápidamente respuestas intuitivas a los problemas de juicio a medida que surgen, y el S2 monitorea la calidad de estas propuestas, que puede respaldar, corregir o anular”11 (Kahneman; Frederick, 2002, p. 51). De allí que, resumiendo, se hace evidente una distinción fundamental entre las teorías de proceso dual de Kahneman y Haidt: mientras que en la modelización del primero el S2 posee múltiples capacidades que le permiten sobreponerse a la influencia del S1, en la modelización del segundo el S2 lo que hace, en general, es buscar justificaciones plausibles para los productos del S1. Vale resaltar, no obstante, la diferencia de ámbitos de aplicación que retomaremos en el próximo apartado: mientras que Kahneman modelizó su teoría de proceso dual para la comprensión del razonamiento lógico, Haidt lo hizo para comprender cómo se forman los juicios morales a nivel psicológico12.

El desafío del intuicionismo social es, entonces, cómo hallar una noción de regulación cognitiva que sea coherente con dicho modelo. En el próximo apartado analizaremos cómo el Sistema 3 metacognitivo propuesto por el psicólogo social Olivier Houdé para el ámbito del razonamiento lógico podría representar una potencial vía de solución a la encrucijada planteada por el modelo intuicionista social, en lo que a la Psicología moral contemporánea se refiere.

3 SISTEMA 3 METACOGNITIVO EN EL MARCO DE LA PSICOLOGÍA MORAL

La distinción realizada por Houdé (2019, p. xiii) en tres Sistemas consiste, en sus palabras, en lo siguiente: “[…] heurísticas aproximadas (Sistema 1), algoritmos lógicos exactos (Sistema 2) y control inhibitorio (Sistema 3)”. En este sentido, el S3 propuesto por el psicólogo francés posee una función bien precisa: inhibir el Sistema 1 para así habilitar un accionar del S2 capaz de proveer “algoritmos lógicos exactos”. Es decir, el S1 no está compuesto únicamente de ‘sesgos’ a evitar, sino también de ‘heurísticas’ aproximadas. No obstante, esas heurísticas poseen limitaciones importantes que, dependiendo del contexto, pueden llevar a equívocos y/o a situaciones conflictivas. Es el control inhibitorio brindado por un S3 el que pone freno a las imprecisiones del S1 y habilita la exactitud lógica proveída por el S2.

Houdé llegó a la postulación de este Sistema no sólo a través de la especulación, sino realizando estudios sobre las diferencias entre el aprendizaje de lógica denominado ‘caliente’, con énfasis en la equivocación y corrección de errores, y el denominado ‘frío’, más tradicional basado en el aprendizaje de reglas de inferencia lógica. Complementariamente, el psicólogo social incluyó en su investigación el estudio de la correlación neuroanatómica. En sus resultados halló que las personas, en general, no sólo aprendían mejor a través del aprendizaje ‘caliente’, sino que la inhibición era un componente clave para ello. Esa inhibición no surge ni de un S1 intuitivo (demasiado ‘caliente’, por seguir la metáfora), ni de un S2 calculador y ‘frío’ (suponiendo un modelo intervencionista clásico como el de Kahneman). Se trata de un S3 relacionado, justamente, con una intercesión de tipo metacognitivo. A su vez, guiándose por los estudios del neurocientífico Antonio Damasio sobre la corteza prefrontal como correlato de la inhibición de impulsos, Houdé (2019, p. 106) afirma:

En otro experimento de imágenes cerebrales (Houdé et al., 2001), comparamos el impacto neuronal diferenciado del aprendizaje de inhibición -que implica advertencias y alarmas “calientes” contra el peligro de trampas perceptivas, el posible error- y el aprendizaje estrictamente lógico, que se describió como “frío” (esta distinción entre frío y calor prevalece en la literatura sobre este campo). Los resultados mostraron: (i) a nivel conductual lo que ya se sabía: que sólo el entrenamiento de inhibición es efectivo (porque no era lógica como tal lo que faltaba en los individuos interrogados); y (ii) que la mayor activación cerebral que diferencia este tipo de entrenamiento del entrenamiento lógico es la de la corteza prefrontal ventromedial derecha (vmPFC). Se trata precisamente de la región, cercana al sistema límbico, descrita por Damasio en sus investigaciones de neuropsicología clínica, que se sitúa en la parte anterior (prefrontal), inferior (ventro) y en el medio o interno (medial) del cerebro derecho. Hemos visto que esta región está implicada, según Damasio, en una estrecha relación entre emoción, autoconciencia y razonamiento: en este caso, la emoción que surge de un sentimiento de engaño, específicamente desencadenado por el entrenamiento para inhibir el sesgo perceptivo.

Mientras que un entrenamiento lógico ‘frío’ se correlaciona especialmente con la corteza prefrontal dorsolateral, el psicólogo francés halló que los entrenamientos ‘calientes’ poseen una clara correlación con la corteza prefrontal ventromedial. Nótese que si bien los estudios de Houdé se focalizaron en el razonamiento lógico, se articulan, al mismo tiempo, con estudios de Antonio Damasio (1996; Young et al., 2010; Bechara et al., 1994) sobre la inhibición de comportamientos morales. Es justamente en esa intersección que se encuentra el correlato de la corteza prefrontal ventromedial. Por citar un ejemplo famoso, es esa región la que tenía afectada Phineas Gage y que generó que pierda la capacidad de inhibir sus impulsos, lo cual conllevó numerosos problemas en su vida personal y laboral (Damasio, 1996). Se trata de un correlato cerebral importante de lo que metafóricamente podríamos calificar como un ‘freno emocional’, fundamental tanto para el razonamiento lógico como también para las acciones de relevancia moral.

Ahora bien, ¿de dónde surgen esas emociones que acompañan el S3 inhibitorio? Según Houdé, se gestan a través de un ejercicio de ‘automatización’ de la capacidad inhibitoria del S3. Es decir, de un ejercicio de inhibición sostenido y a largo plazo, lo suficientemente extenso como para que el efecto inhibitorio no precise acudir constantemente a recursos cognitivos esforzados (top-down, relacionado con correlatos corticales), sino que esté asentado, justamente, en emociones inhibitorias (bottom-up, en articulación con correlatos subcorticales). Es este trabajo de inhibición a largo plazo el que forja, en palabras de Houdé (2014, p. 75), un ‘automatismo metacognitivo’. Una vez que la inhibición se asienta en el nivel emocional, los recursos cognitivos requeridos para frenar ciertas respuestas del S1 son menores y, por tanto, el esfuerzo que precisa el S3 para efectivizar la inhibición será menor. Houdé habla de este tipo de aprendizaje en los términos de una “neuropedagogía del razonamiento” (2007, p. 86) o, también, de una “pedagogía prefrontal”13 (Houdé; Borst, 2015, 2022, p. 144).

A la luz de los desarrollos de Houdé sobre el S3 metacognitivo, vemos que los procesos cognitivos duales S1 y S2 no son suficientes para explicar la dinámica existente por detrás de las decisiones de relevancia moral. El énfasis del psicólogo está en un S3 en el que convergen no solamente funciones ‘esforzadas’, sino también ‘automatizadas’. El correlato bisagra entre ambos procesos cognitivos, clave para comprender el accionar del S3, es la corteza prefrontal ventromedial. A su vez, para que el S3 no dependa únicamente de un trabajo inhibitorio esforzado, es decir, de un recurso cognitivo limitado, es necesario un trabajo a largo plazo de dicha capacidad inhibitoria. En palabras de Houdé (2019, p. xiii):

[…] es necesario hablar de valencia de inhibición o activación de la regulación interna y de la adaptación externa para preservar el organismo. No se trata sólo de emociones negativas o engañosas que interfieren en el Sistema 1, como sugiere Kahneman, sino también de emociones positivas y conscientes, en forma de sentimientos intelectuales propios. Uno de ellos es la anticipación del arrepentimiento, que permite inhibir -antes de que sea demasiado tarde- las respuestas cognitivas provocadas por el Sistema 1 cuando son engañosas e inadecuadas a la situación. Estos sentimientos corresponden a la metacognición: el Sistema 3 es metacognitivo por excelencia; es un examen y arbitraje consciente en todo el cerebro a través de mecanismos fisiológicos de corta y larga distancia, en un espacio de trabajo neuronal global. Sin embargo, si se entrena el Sistema 3, puede volverse más automático y potencialmente llegar a ser tan rápido como el Sistema 1 para detenerlo y “tomar la pelota (la heurística) al vuelo”. Esta es la automatización de la metacognición. Se trata, sin dudas, una cuestión de educación y pedagogía.

Así, es la corteza prefrontal ventromedial, el ‘freno emocional’, la que permitiría un trabajo inhibitorio esforzado (en un Tiempo 1), y, al mismo tiempo, una automatización de dicha inhibición (en un Tiempo 2). Una vez que ese ‘automatismo’ se asienta, el trabajo ‘esforzado’ estará acompañado por emociones inhibitorias que harán que la metacognición sea más fluida y menos esforzada, es decir, dará lugar a un S3 potencialmente tan rápido como el S1. Es este S3, esforzado en un Tiempo 1 (T1) pero automatizado en un Tiempo 2 (T2), el que subyace a la posibilidad de dar lugar a decisiones morales complejas. En síntesis, podríamos distinguir entre dos funcionalidades del S3: el ‘S3 esforzado’ (en un T1) y el ‘S3 automatizado’ (en un T2), ambos correlacionados con la corteza prefrontal ventromedial. Finalmente, si bien los trabajos de Houdé se centraron en el estudio del razonamiento lógico, abren la puerta a una investigación sobre cómo un S3 metacognitivo permitiría sortear los desafíos que modelos como el intuicionismo social plantean en la Psicología moral contemporánea.

CONSIDERACIONES FINALES

Habiendo llegado a este punto, es necesario señalar una tensión entre la propuesta de Houdé y el marco intuicionista social. Según el psicólogo francés, el S2 puede proveer “algoritmos lógicos exactos” (2019, p. xiii). Houdé estaría suponiendo que el trabajo inhibitorio del S3 habilita, de manera esforzada en un T1 y de manera automatizada en un T2, el acceso a un compendio de conocimientos lógico-normativos capaz de superar las imprecisiones de las heurísticas aproximadas del S1. En este sentido, el psicólogo francés se encentra todavía, hasta cierto punto al menos, en una línea racionalista: el S2 puede sobreponerse a las intuiciones erradas del S1 mediante normas y reglas de la lógica formal. Se trata de una versión aggiornada de modelo intervencionista por defecto clásico. Lo que su S3 agrega, frente a las dificultades conceptuales y experimentales de Kahneman14, es un freno inhibitorio que puede ser educado de modo tal que el S2 pueda sobreponerse, gracias al S3 y en relación con ciertas tareas y contextos específicos15, a la fuerte influencia del S1. Nuestro marco psicológico moral de referencia, el modelo intuicionista social de Haidt, nos presenta un panorama bastante diferente: no habría algo así como un acervo de ‘criterios normativos éticos objetivos e imparciales’ alojado en el S2, aguardando para ser aplicados de modo tal que podamos limitar ciertas tendencias inmorales del S1.

Pero entonces, ¿cómo adecuamos el S3 de Houdé al intuicionismo social de Haidt? En el marco de un modelo intervencionista por defecto alternativo como el Haidt, el rol del S3 será bastante más humilde que en el de Houdé: el S2 razonador, siendo que se sostiene en los recursos metacognitivos limitados del S3 esforzado, posee una corta duración. A su vez, ese S2 razonador no es un reservorio de criterios normativos éticos objetivos e imparciales. Es, más bien, un S2 que cuenta con una breve ventana de tiempo donde sus recursos cognitivos, gracias al esfuerzo inhibitorio del S3, se destinan a poner en duda ciertas intuiciones. Sin embargo, a pesar de sus restricciones, cuando el esfuerzo inhibitorio del ‘S3 esforzado’ es ejercido durante un tiempo prolongado, será posible dar lugar a una modificación más estable. Esto es, aunque el efecto del S2 razonador esté sumamente constreñido por las limitaciones del ‘S3 esforzado’ y por la fuerte influencia del S1, el trabajo a largo plazo de dicho esfuerzo puede dar lugar a un S3 automatizado. Así, siguiendo otras producciones de Haidt que hemos explorado previamente (2006, p. 160; Haidt; Joseph, 2004, p. 64; Suárez-Ruíz, 2024, 2025), la investigación sugerida es más en clave de un aprendizaje moral bottom-up, que procede de manera análoga a la inducción, a través de ejemplos, cuentos e historias de relevancia moral que se adquieren inductivamente desde jóvenes y a lo largo de los años (en los términos de una ‘ética del carácter’), y no tanto en un aprendizaje moral fundado en la aplicación top-down de reglas, normas y criterios éticos, análoga a la deducción, que suponen una racionalidad fuerte capaz de doblegar las emociones (en los términos del ‘modelo racionalista’ o de una ‘ética del dilema’).

Finalmente, según vimos en el apartado anterior, el correlato neuroanatómico se presenta como un componente central en la desambiguación del rol de la metacognición en el marco de las teorías de proceso dual: la corteza prefrontal ventromedial evidencia ser un área correlacionada con la inhibición tanto en el ámbito del razonamiento lógico (como permiten sugerir las investigaciones de Olivier Houdé), como en el de las decisiones morales (como permiten sugerir las investigaciones de Antonio Damasio, en las que Houdé se sustenta). En este sentido, este correlato anatómico habilita un puente entre temas de relevancia lógica (p. ej., el aprendizaje ‘caliente’ y ‘frío’) y de relevancia moral (p. ej., la inhibición de emociones morales negativas). Vale resaltar, no obstante, retomando lo mencionado en el primer apartado del desarrollo, que seguir con esta línea de investigación compromete la empresa con una concepción en particular de las teorías de proceso dual de dominio general, a saber, aquella que supone que es posible hallar correlatos neuroanatómicos de los Sistema 1 y 2, y ahora también del Sistema 3. Desde una perspectiva opuesta, por ejemplo, podría criticarse que los Sistemas propuestos en las teorías de proceso dual, en tanto en cuanto constructos descriptivos y no explicativos, no poseen correlatos neuroanatómicos. En otros términos, que el afán de hallar correlaciones cerebrales unívocas es una pretensión inconducente o, incluso, un error categorial. Quedará pendiente, para próximos desarrollos, realizar una actualización de este debate. Siguiendo lo planteado en la introducción, no obstante, consideramos que se ha cumplido, por un lado, el propósito particular de hallar una posible vía de solución al desafío del intuicionismo social a la Psicología moral contemporánea a la luz de la introducción de un componente metacognitivo y, por otro lado, el propósito más general de contribuir al avance de la investigación filosófica de cómo puede incluirse la metacognición en el marco de las teorías de proceso dual de dominio general.

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  • 1
    El autor agradece al Dr. Martín Daguerre, al Dr. Leonardo González Galli y al Dr. Antonio Diéguez por los constructivos aportes a las primeras versiones del artículo. A su vez, agradece al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) por el apoyo financiero.
  • 3
    Si bien el trabajo de Epstein marcó un antes y un después en el asentamiento de las teorías de proceso dual de dominio general, es preciso dar crédito al trabajo precursor de Wason y Evans, quienes en 1974 no sólo describieron los procesos de Tipo 1 y 2 como un procesamiento no consciente y uno consciente, sino que presentaron un proceso de Tipo 2 cuya función principal era racionalizar una respuesta intuitiva (en clave del modelo de Haidt). No obstante, fue una propuesta que prácticamente no tuvo seguimiento en su momento. En un texto reciente (2019), Evans afirma: “La teoría original proponía que A: Los procesos de tipo 2 sirven para racionalizar y respaldar elecciones intuitivas. Sin embargo, durante la mayor parte de su historia, tales explicaciones han enfatizado en cambio B: el Tipo 2 procesa la razón para llegar a conclusiones o decisiones. B es parte de la ‘teoría recibida’ del procesamiento dual, a menudo vinculada de manera inexacta a la idea de que el razonamiento de Tipo 2 es necesario para obtener soluciones correctas”.
  • 4
    Bargh, a su vez, para caracterizar este proceso, propone un concepto técnico de ‘automaticidad’. Para que un proceso cognitivo sea considerado ‘automático’, debe ser inintencionado, eficiente, incontrolable y no consciente. Sumamos, también, que el punto 5 de la caracterización general de los dos procesos lo hemos agregado de Kahneman (2012, p. 14).
  • 5
    En este punto discrepamos con Gawronski y Creighton (2013), quienes presentan al modelo de Kahneman como de dominio general pero al ‘modelo intuicionista social’ de Haidt como de dominio específico. En primer lugar, porque ya de por sí el término de “dominio general” es algo forzado. Se trata, más bien, de un dominio menos específico, con mayor perímetro de abarcamiento, que el de las primeras teorías de proceso dual. En este sentido, así como el modelo de Kahneman se acota al dominio del pensamiento lógico, el de Haidt se acota al dominio de la cognición moral. En segundo lugar, por una cuestión temporal. Así como gran parte de las teorías de proceso dual de dominio específico se desarrollaron en los 80s, las más influyentes de dominio general se asentaron en la primera década del nuevo milenio (particularmente, Haidt, 2001; Kahneman, 2003). En tercer lugar, porque tanto Kahneman como Haidt señalan a Epstein (1994), el primero en proponer una versión sistemática de dominio general, como una referencia importante.
  • 6
    Vale resaltar que más allá de que su propuesta de “ficciones útiles” esté en Pensar rápido, pensar despacio (2012), si se tiene en cuenta su trabajo con Frederick (2007), citado más adelante, el psicólogo también podría considerarse un representante de la postura que busca correlatos neuroanatómicos de los Sistemas en cuestión.
  • 7
    Volviendo a las diferentes denominaciones posibles de los procesos en cuestión, Lieberman prefiere hablar de ‘Sistema-X’ (Sistema 1) y ‘Sistema-C’ (Sistema 2).
  • 8
    A nivel neuroanatómico, ‘cortical’ se refiere a estructuras de la corteza cerebral y ‘subcortical’ a las estructuras por debajo de ella (usualmente a núcleos grises no corticales). A su vez, a nivel neurofisiológico, el procesamiento en algunas estructuras corticales es consciente y en las estructuras subcorticales es, en general, no consciente. Para una revisión actual y precisa véase Koch et al., 2016.
  • 9
    La teoría cognitivo-experiencial [cognitive-experiential self-theory] de Epstein (1994), por ejemplo, sí admite que los dos Sistemas puedan ocurrir en paralelo. Según Banerjee y John (2021), si acaso puedan funcionar simultáneamente, sería incoherente seguir entendiendo los procesos como ‘Sistemas’ separados. Quizás este tipo de imprecisiones se deba al carácter pionero de los desarrollos de Epstein. Otros investigadores que proponen procesos que operan en paralelo son Sloman, 1996; Smith; DeCoster, 1999.
  • 10
    La noción de ‘modelo intervencionista por defecto’ es de Evans, 2007. Por otro lado, una perspectiva que podría considerarse como intermedia entre la opción de la simultaneidad y de la intervención por defecto son los ‘modelos de competencia paralela’ [parallel-competitive models] (Banerjee; John, 2021, p. 72), según los cuales hay una competencia constante entre los dos procesos por obtener dominio. Es decir, habría cierta equipolencia entre ambos: a veces domina uno, a veces otro.
  • 11
    Es preciso remarcar que Kahneman es bastante ambiguo respecto de las potencialidades de uno u otro Sistema. En Pensar rápido, pensar despacio, por ejemplo, ha escrito: “En el caso improbable de que se hiciera una película sobre este libro, el Sistema 2 sería un personaje secundario que se cree protagonista. […] los pensamientos y las acciones que el Sistema 2 cree que ha elegido son a menudo guiados por la figura central de la historia, que es el Sistema 1” (2012, p. 21). A lo largo de este libro, en particular, hace especial énfasis en la preeminencia del S1, pero también realiza afirmaciones similares a la citada: “El Sistema 1 hace continuamente sugerencias al Sistema 2: impresiones, intuiciones, intenciones y sensaciones. Si cuentan con la aprobación del Sistema 2, las impresiones e intuiciones se tornan creencias y los impulsos, acciones voluntarias” (2012, p. 16).
  • 12
    Para ahondar en las características del intuicionismo social, en particular, véase: Scotto; 2022; García-Campos, 2022, 2024; Barreiro; Castorina, 2022; Lariguet, 2022.
  • 13
    Vale decir que, si bien Houdé las sugiere como vías pedagógico-didácticas a investigar, en sus textos, no obstante, no profundiza demasiado en ellas.
  • 14
    Me refiero aquí, sobre todo, a las tensiones conceptuales y experimentales entre el modelo intervencionista por defecto clásico de Kahneman (pensado para analizar el razonamiento lógico) y el modelo intuicionista social de Haidt (pensado para analizar la formación psicológica de juicios morales).
  • 15
    Esta aclaración viene a cuento de que la automatización metacognitiva que puede lograrse a través del S3 no se aplica al S1 in toto, sino en relación con cierta tarea y contexto específico. Esto es, la potencial inhibición del ‘S3 automatizado’ no alcanza a todas las intuiciones producto del S1, sino tan sólo a aquellas para las cuales se haya trabajado y practicado de manera sostenida mediante un ‘S3 esforzado’.
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    O conjunto de dados deste artigo está disponível no SciELO Dataverse da Revista Trans/Form/Ação, no link: https://doi.org/10.1590/0101-3173.2025.v48.n6.e025207
  • Editor responsável:
    Marcos Antonio Alves

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    08 Dic 2025
  • Fecha del número
    2025

Histórico

  • Recibido
    08 Oct 2025
  • Acepto
    02 Nov 2025
  • Revisado
    10 Nov 2025
  • Publicado
    21 Nov 2025
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