Open-access Madres, leche y biberones: Alimentación contra la mortalidad infantil. Santiago de Chile (1890-1920)

Mães, leite e mamadeiras: alimentação contra a mortalidade infantil em Santiago do Chile (1890-1920)

Mothers, milk, and baby bottles: feeding against infant mortality. Santiago de Chile (1890-1920)

Resumen

Se analizan los programas de lactancia desarrollados para detener la mortalidad infantil a comienzos del siglo XX en Chile, en el marco de la historia cultural de la alimentación. Apoyándose en fuentes médicas de diversa naturaleza, se concluye que se incentivó a las mujeres para que amamantaran, pero se aceptó el uso de mamaderas, a condición de que siguieran las instrucciones de una crianza científica. Así, el biberón se convirtió en un objeto estratégico y simbólico para nutrir a los infantes, transmitir preceptos higiénicos y vigilar a las madres populares, a quienes se las consideró pilares de la salud de sus familias y del porvenir de la nación.

Palabras clave:
Biberones; Maternidad; Leche; Alimentación; Género

Resumo

Este artigo analisa os programas de aleitamento materno desenvolvidos para deter a mortalidade infantil no início do século XX no Chile, dentro da história cultural da alimentação. Com base em uma variedade de fontes médicas, conclui-se que as mulheres foram incentivadas a amamentar, mas o uso de mamadeiras era aceito desde que fossem seguidas as instruções de uma parentalidade científica. Assim, a mamadeira tornou-se um objeto estratégico e simbólico para nutrir os bebês, transmitir preceitos higiênicos e vigiar as mães de baixa renda, as quais eram consideradas a base da saúde de suas famílias e do futuro da nação.

Palavras-chave:
Mamadeiras; Maternidade; Leite; Alimentação; Gênero.

Abstract

This paper analyses the breastfeeding programs developed to stop infant mortality at the beginning of the 20th century in Chile, within the cultural history of feeding. Based on a variety of medical sources, it is concluded that women were encouraged to breastfeed, but the use of bottles was accepted, provided that the instructions of scientific parenting were followed. Thus, the baby bottle became a strategic and symbolic object for nurturing infants, transmitting hygienic precepts, and watching over low-income mothers, who were considered the health foundations of their families and of the future of the nation.

Keywords:
Baby bottles; Motherhood; Milk; Feeding; Gender

Los niños mueren, las madres sufren, la patria peligra

Urzúa, La leche esterilizada en la alimentación infantil (1903: 5)

Introducción

Desde mediados del siglo XX, el biberón pasó a ser un objeto omnipresente en casi todos los hogares chilenos y lo es hasta la actualidad, habiendo incorporado con el tiempo una serie de innovaciones tecnológicas que permiten durabilidad y resistencia al calor, adaptabilidad a la edad del lactante y al flujo requerido, comodidad, precisión al medir, facilidad de agarre y limpieza (Servicio Nacional del Consumidor [SERNAC], 2015).

Fue introducido en Chile en las últimas décadas del siglo XIX y prontamente se convirtió en un objeto cargado de múltiples significaciones, pues se lo asoció con la salud infantil, para complementar o suplir la lactancia natural o proveerla después de que se abandonaba el pecho materno. Fue la manera más expedita de dar leche a los niños, considerada el alimento protector por excelencia y la mejor barrera contra las enfermedades. Fue un instrumento de pedagogía sanitaria para enseñar los cuidados maternales, simbolizando un ideario de vida familiar que expresaba anhelos, obligaciones y vigilancia moral hacia las mujeres. Y fue también un artefacto apropiado culturalmente por las familias populares que, al no poder acceder a un biberón comercial, adaptaban los utensilios que les eran accesibles.

A partir de esta pluralidad de significados, el presente artículo toma la mamadera como una puerta de entrada para analizar los programas de lactancia que se desarrollaron en Santiago de Chile entre fines del siglo XIX y comienzos del XX para detener la mortalidad infantil. La aproximación a su estudio se realiza en el marco de la historia social de la alimentación, dado que, aunque esta es un proceso llamado a cubrir una necesidad biológica, no es únicamente su poder nutritivo lo que convierte a un producto animal o vegetal en alimento. Los valores, el uso, el gusto, las prohibiciones y las prácticas dietéticas son, ante todo, un fenómeno cultural (Flandrin, 1987) depositario de múltiples sentidos (Bentley, 2014: 3) y que debe ser abordado como un sistema (Belasco, 2008: 7) que exige su comprensión histórica.

Dentro del amplio rango de tópicos que cubre este campo, el tema de la alimentación infantil ha ocupado un lugar relevante en la historiografía de los países industrializados (Beltley, 2006; Davenport, 2019; Newton, 2011; Rollet, 2013; Vögele, Rittershaus y Halling, 2013) y, como ha señalado Marcos Cueto (2021), también en las preocupaciones de los historiadores latinoamericanos (Alanis, 2021; Aguilar Rodriguez, 2008; Birn, 2008). Se trata de un tema siempre controversial, cuyas diversas aristas cuestionan las nociones de crianza, maternidad, producción industrial de líquidos y sólidos, entre otros, develando ideologías, intereses y representaciones presentes en la construcción cultural de la alimentación (Voski; Haber, 2005).

El artículo cubre un periodo donde la problemática infantil se instaló como una cuestión de preocupación pública. El sistema asistencial puso prioridad a la detención de las elevadas tasas de mortalidad de infantes, se fundaron los primeros hospitales de niños en Santiago y Valparaíso, se instituyó la cátedra de pediatría y de ella surgieron los primeros pediatras, incluyendo al pionero Roberto del Río, seguido por sus discípulos Luis Calvo Mackenna, Alfredo Commentz y Eugenio Cienfuegos (Schonhaut; Chávez; Vargas, 2023). Entre 1890 y 1920 se instalaron también las primeras políticas de lactancia artificial en Chile, que fueron dirigidas y controladas por los médicos, a pesar de ser férreos defensores del amamantamiento natural. Ellos establecieron las reglas de la alimentación infantil (Apple, 1987: 23-24), sosteniendo que la leche era la fuente principal de nutrientes y que la mortalidad era causada por déficits en la dieta, pues las madres desconocían las normas elementales del cuidado infantil y mostraban hábitos de crianza plagados de mitos populares (Zárate, 1999).

En las últimas décadas, la historiografía sociocultural chilena ha mostrado un creciente interés por la historia de la alimentación. Juan Carlos Yáñez ha estudiado la preocupación por la dieta de los sectores populares, el desarrollo de la primera estadística alimentaria y la aplicación de la Encuesta Dragoni-Burnet a mediados de la década de 1930 en algunas ciudades del país (Yáñez, 2018). Su investigación abarcó también las ferias (Yáñez, 2019) y comedores populares (Yáñez; Deichler, 2018) y la aparición de la formación profesional de dietistas (Yáñez, 2020). En una óptica similar el libro de Joshua Frens-String (2021) examinó la relación entre políticas alimentarias y desarrollo político, observando la evolución de los programas gubernamentales. Una segunda línea de trabajo ha sido el tema de la leche, cuestión que fue abordada tempranamente por María Soledad Zárate (2012) y continuada por los trabajos de Pablo Chávez (Chávez, 2020; Soto; Chávez, 2020), Claudia Deichler (2018), Xaviera Salgado (2018) y Jael Goldsmith (2017, 2018).

Basándose en los hallazgos expuestos en estas obras, este artículo ofrece una aproximación al problema desde la perspectiva de la historia de la cultura material y la tecnología, situando a la mamadera en el centro del debate acerca de la lactancia, la maternidad y la alimentación artificial.

La elección se fundamenta en diversas razones. La primera y más obvia es que los biberones aparecieron en muchas de las discusiones del periodo y hasta la actualidad se sitúan en la polémica académica y política entre preferir la lactancia natural o el uso de sucedáneos lácteos (Koerber, 2013; Hausman, 2003). Segundo porque, como ha señalado Peter Atkins (2010), la historia cultural de la alimentación ha privilegiado los estudios de las representaciones y ha puesto en un lugar muy secundario a la historia material, obviando el valor semiótico de los objetos (Keane, 2005).

En tercer lugar, la omnipresencia de la mamadera en la lactancia moderna no ha ido acompañada por un correspondiente interés por su estudio en tanto artefacto significativo y, literalmente, ha sido olvidado por la investigación histórica (Schlereth, 1983: 121). La omisión podría obedecer a lo que Daniel Miller (2005) llama “la humildad de las cosas”, es decir, que los objetos son importantes no porque sean evidentes, sino precisamente porque “no los vemos”; cuanto menos conscientes somos de ellos, más poderosos son para determinar nuestras expectativas, garantizar normas y hacerlo sin cuestionamientos (Miller, 2005: 5). Podríamos complementar este supuesto afirmándonos en lo que sostienen Arnold Pacey y Francesca Bray (2021), al decir que, además de los grandes inventos que han revolucionado la vida moderna, las creaciones e innovaciones en los objetos de uso diario deben ponerse al centro de la historiografía de la tecnología, pues son grandes modeladores de la existencia cotidiana de las personas, han cambiado radicalmente la vivencia de eventos críticos como el nacimiento, la vida o la enfermedad, son cercanos a las personas y por ende se abren con mayor flexibilidad a su apropiación creativa y la mayor parte de ellos pueden ser considerados “objetos globales” (Arnold, 2013: 11) porque su conocimiento y uso ha viajado rápidamente y se ha instalado en diferentes culturas.

En cuarto lugar, resultan vigentes las palabras de Rut Cowan (1979: 51-52), cuando señaló que la historia de los objetos tecnológicos femeninos está todavía por escribirse y que el biberón no ha sido preocupación de los historiadores, a pesar de ser un artefacto de alto valor cultural, capaz de revolucionar por completo un proceso natural como la lactancia, transformar la vida de madres e hijos y constituir una de las grandes exportaciones tecnológicas del mundo occidental hacia los países subdesarrollados. En ese sentido, las relaciones de género se sitúan en el centro de la investigación histórica del objeto-mamadera, pues los vínculos de poder están siempre presentes e intersectan las experiencias posicionales con las cosas, señalando imaginarios sociales sobre las actuaciones de los géneros y estableciendo mandatos explícitos e implícitos sobre la condición femenina, el ejercicio de la maternidad, la crianza, entre otros (Smith, 2022).

La documentación histórica del proceso se ha llevado a cabo a través de fuentes escritas, contemplándose publicaciones periódicas, monografías médicas y actas de congresos. La interpretación se enmarca en la historia cultural de la alimentación y en la historiografía de los procesos materiales y los objetos sanitarios. También se han tenido en cuenta los viajes transnacionales de conocimiento (Krige, 2019) y la importancia histórica del género en la construcción de las políticas sociales modernas, especialmente aquellas con un acento maternalista (Koven; Michel, 1990; Nari, 2004; Bock; Thane, 1991; Lavrin, 1995).

Las Gotas de Leche y los inicios de la alimentación artificial en Chile

En el último cuarto del siglo XIX, Chile gozaba de una relativa estabilidad política, había expandido su territorio con la conquista del desierto salitrero por el norte y la pacificación de la Araucanía por el sur y poseía una economía abierta, basada en las exportaciones, que caminaba hacia su modernización (Miller, 2021; Briones; Islas, 2018). Se quería consolidar valores nacionalistas y mantener una tasa poblacional estable, sana y productiva, pero la alta mortalidad amenazaba con socavar el progreso y, en consecuencia, los médicos y las autoridades políticas instalaron una creciente preocupación por la salud pública y específicamente por los contagios epidémicos y la mortalidad infantil (Milanich, 1996: 79).

Esta última se había transformado en un tema de preocupación mundial y nacional; en Chile superaba el 30% de los nacidos vivos, situando al país como el más mortífero de América Latina y Europa (Valdés, 1913: XIX-XX). A través de la prensa, artículos académicos y monografías, se estableció una verdadera cruzada orientada “a la meta patriótica y humanitaria de proteger a los párvulos” (Milanich, 1996: 80), pues se jugaba en ello el futuro del país (Valdés, 1913: XIX).

Puesto que en las instituciones encargadas de proteger a la infancia se presentaban las tasas más altas de mortalidad (Palma, 2009: 128), se comenzaron a barajar otras posibilidades para la protección de los niños, basadas en principios científicos y asistencia domiciliaria. Por una parte, en 1906 se estableció el Instituto de Puericultura, que se dedicó al control del embarazo, la atención domiciliaria del parto, el seguimiento de lactantes y la divulgación educativa, acciones que se desarrollaron bajo los preceptos de la nueva ciencia de la crianza (Illanes, 2007: 120-124). Por la otra, en 1901 se fundó el Patronato Nacional de la Infancia, institución privada subvencionada por el Estado, dirigida por Ismael Valdés y gestionada por un grupo de señoras de la élite que buscaron el “amparo del niño sin separarlo de su madre, procurando mantenerlo en su hogar” (Valdés, 1913: XII).

En sus primeros años, el Patronato se limitó a mantener dispensarios para niños, pero en 1906 comisionó a la doctora Eva Quezada Acharán, una de las primeras médicas chilenas, que se había perfeccionado en Europa en materias de higiene escolar y puericultura, para que en Francia y Berlín observara el funcionamiento de las Gotas de Leche y la lactancia artificial.

Quezada se familiarizó con el trabajo del médico francés Pierre Budin, que había abierto en el Hospital de la Caridad de París el primer “consultorio de niños de pecho” y una escuela de puericultura para madres. A su vez, conoció la experiencia de León Dufour, quien organizó una “Gota de Leche” para otorgar lactancia artificial a aquellas madres que no podían alimentar a sus hijos de forma natural. Esta última institución, informaba Quezada, se proponía “ante todo conservar a los niños en el hogar, i propender a que reciban la leche, los cuidados i el cariño de sus madres, a quienes se da toda suerte de facilidades para cumplir estos deberes” (Quezada, 1906: 7).

La doctora trató de convencer a la comunidad médica, que a nivel local y mundial desconfiaba de los sustitutos de la leche materna. Un cierto romanticismo propugnaba el retorno a la práctica de amamantar como símbolo de un reencuentro con la naturaleza (Levenstein, 2003: 121), mientras que los preparados artificiales eran considerados los causantes de las muertes infantiles (La Berge, 1991: 21). Por otra parte, a partir de los descubrimientos de Pasteur y Koch la querella contra la leche de vaca pasó de afirmar que los productores la adulteraban con agua, hasta considerarla portadora de gérmenes y de un tipo particular de tuberculosis (Dupuis, 2002: 68-72). En Chile, los facultativos señalaban que la leche esterilizada provocaba dispepsia, escorbuto infantil y raquitismo y sostenían que se trataba de una leche “muerta” porque de ella se eliminaban los fermentos contenidos en la leche recién ordeñada que facilitaban su absorción por parte del recién nacido.

Sin embargo, el trabajo de Budin mostraba que la alimentación artificial no alentaba la suspensión del pecho materno, pues una vez instaladas las Gotas se había producido un incremento de la lactancia natural y una disminución de la mortalidad infantil. Tampoco aumentaban los resfríos invernales al sacar a los niños de sus casas ni se contagiaban con los otros párvulos que asistían a las Gotas, pues un examen previo servía para aislar a los infecciosos (Quezada, 1906: 15-16). A su vez, se citaba una investigación realizada durante cinco años por el doctor Carel, que concluía que ninguno de los lactantes nutridos exclusivamente con leche artificial esterilizada había presentado afecciones gastrointestinales, salvo “en casos de desórdenes en el réjimen” (Quezada, 1906: 17). Así, instalar una Gota en Chile era “de lo más sencillo”, pues solo se necesitaba contar con un local para la atención, una pesa, un aparato esterilizador de leche y un médico (Quezada, 1906: 8).

Sus observaciones fueron apoyadas por el médico Manuel Camilo Vial, quien decidió instalar la primera Gota de Leche en la localidad de San Bernardo, muy cerca de Santiago, para probar si efectivamente se podían replicar en Chile las enseñanzas de Budin y Dufour (Vial, 1913: 363). El Patronato tomó a su cargo esta primera Gota y fundó luego otras dos en Santiago, estas últimas bajo la dirección de Luis Calvo Mackenna, que impulsó en ellas la instalación de servicios médicos que controlarían de cerca el crecimiento de los niños, vigilarían y aislarían a los enfermos y atenderían otras necesidades a través de las visitadoras a domicilio.

Lactancia natural y artificial: medicalización y vigilancia

El siglo XVIII occidental es considerado el punto divisorio en la historia de la práctica de amamantar y su defensa. Los médicos se convirtieron en la voz experta respecto de una actividad que hasta ese momento las mujeres aprendían de otras mujeres o de la tradición oral (Perry, 1991: 214) y esta ideología maternalista, que conectaba lo femenino con una cierta sentimentalidad doméstica, convirtió el pecho materno en el centro nutritivo de la vida familiar y del hogar (Hausman, 2003: 26). Así, la lactancia materna pasó a ser un terreno medicalizado y estrictamente reglamentado por el conocimiento científico (Apple, 1987).

En consecuencia, el establecimiento de las Gotas de Leche en Chile no obstaculizó la defensa de la lactancia desde el pecho materno, pues se la consideró “necesaria para la conservación de la raza humana”, dado que “las leyes de la naturaleza así lo han dispuesto” (Matte, 1913: 170). Entre los médicos, la opinión era unánime: “El único alimento que debe darse al niño, porque es el único que es capaz de digerir, es la leche de mujer” (Calvo Mackenna, 1913b: 6). Esta debía usarse de manera excluyente por lo menos hasta los nueve meses y si la madre no lo hacía, era “obligación del médico” hacerla comprender que su leche era un nutriente “racional” (Meyers, 1913: 174). De esta manera, “de ser una recomendación pasó a ser presentada como una actividad obligatoria” (Zárate, 2012: 236), sostenida en una efusiva propaganda y una guerra declarada contra los preparados artificiales.

Este amamantamiento racional mandataba seguir ciertas reglas (duración, cantidad, frecuencia, horarios) y una sanción hacia las prácticas irracionales (Hausman, 2003: 12). La primera prescripción era colocar al bebé en el pecho de la madre unas horas después del nacimiento para que bebiera el calostro, no darle aguas azucaradas ni infusiones aromáticas (Espic, 1895: 11), aunque otros médicos mandataban que el niño no recibiese alimento alguno, se lo dejase dormir y si despertaba y lloraba, “se le dará una ó dos cucharadas chicas de agua cocida pura, sin azúcar, teniendo cuidado de que la cucharita esté muy limpia y sea enjuagada en agua hervida” (Calvo Mackenna, 1913b: 6).

De ahí en adelante, el niño tomaría pecho cada tres horas, siete veces al día y “ninguna vez en la noche”, pues “los niños que maman durante la media noche se enferman del intestino”; si lloraba, “se le dará 2 ó más cucharaditas de agua hervida sola” (Calvo Mackenna, 1913b: 6). Cualquier excepción, como el caso de los niños prematuros que necesitasen mayor frecuencia en su alimentación, debía “consultarlo con un médico en un dispensario para niños” (Calvo Mackenna, 1913b: 6), pues los vómitos, diarreas y cólicos de los bebés sanos eran “culpa de la madre ó persona que los cría, porque les da de mamar más leche que la que el niño alcanza á digerir. Como el niño que así se ha enfermado se pone muy llorón […] la madre quiere hacerlo callar dándole siempre el pecho, la enfermedad aumenta y la vida del niño corre peligro” (Calvo Mackenna, 1913b: 7).

La lactancia debía prepararse adecuadamente durante el embarazo: abrigarse convenientemente, no presionar las mamas con corsés o fajas y durante los últimos meses, friccionarse los pezones “con un pedazo de algodón con alcohol, porque así se evitan las grietas y heridas con sangre y pus que ahí pueden formarse y que á veces obligan á despechar al niño” (Calvo Mackenna, 1913b: 6). Otra obligación era sostener una alimentación sana y equilibrada. No era aconsejable ingerir “ensaladas crudas, ni guisos aliñados y picantes. La cebolla, el ajo, la coliflor, los espárragos que come la madre dan mal gusto á la leche y pueden enfermar al niño” (Calvo Mackenna, 1913b: 7). No debía tomar bebidas alcohólicas porque pasaban a la leche y el niño se ponía “nervioso, ajitado, no duerme y puede tener hasta convulsiones” (Calvo Mackenna, 1913b: 7).

Con respecto a la alimentación artificial, los médicos chilenos replicaron las controversias internacionales que había en torno al mejor sucedáneo para la leche materna, pues la leche fluida de origen animal todavía no pasaba la “prueba de confianza” (Brinkmann; Buschini, 2021) ni se convertía en el superalimento como se lo creyó en el mundo noroccidental después de la I Guerra Mundial. A mediados del siglo XIX la inquietud pública estaba centrada en una posible contaminación del líquido, pero el triunfo de la bacteriología unas décadas más tarde instaló el miedo a la transmisión de enfermedades infecciosas (Atkins, 2010: 223). Con respecto a los preparados artificiales, diversos emprendimientos en Europa habían patentado sustitutos de la leche materna, incluyendo al alemán Justin Von Liebig y el farmacéutico suizo Henri Nestlé (Wolf, 2001). Pero si en Europa y Estado Unidos los facultativos y las madres se mostraron reluctantes a usarlos masivamente (Bentley, 2014: 25), en Chile los médicos derechamente rechazaron los que ya existían en el mercado (Chávez, 2020), que iban desde la leche desecada que se vendía en polvo o tabletas, hasta la leche condensada, pasando por algunas leches curativas introducidas en las primeras décadas del siglo XX (Vargas, 2002:79).

Se prefería la leche de vaca, pues las de burra o cabra eran escasas y caras (Espic, 1895:14). El animal debía ser seleccionado por su raza y ser criado en condiciones adecuadas. Al entrar en el establo tenía que estar en perfecto estado, permanecer en observación y someterse a un examen clínico para saber que estaba libre de gérmenes (Del Río; Commentz, 1909: 22-25). El ordeñe tenía que realizarse en un lugar distinto, de manera manual y a cargo de “ordeñadores que sepan observar el mayor aseo posible en su persona i en el medio en que viven. El tren posterior se lavará antes del ordeñamiento con agua tibia, las ubres con agua jabonosa i rociadas en seguida con agua tibia ligeramente antiseptizada con agua oxijenada” (Del Río; Commentz, 1909: 29). Una vez recogida la leche, debía ser trasladada inmediatamente a la lechería, donde sería filtrada para eliminar impurezas u otras partículas en suspensión que se hubiesen posado en ella, y luego refrigerarla. De allí se repartiría para el traslado y hasta el momento de su consumo debía procurarse una temperatura no mayor a 5°C (Herrera, 1913: 60).

No obstante, la leche era un verdadero problema en Chile. La producción local era baja (Aguilera; Zúñiga, 2006: 45), la estructura tradicional de la hacienda no había favorecido su industrialización, el ganado era escaso y poco apto, la tecnología rudimentaria y el personal que la extraía, envasaba, trasladaba y vendía era poco calificado (Aguilera; Zúñiga, 2006: 38-39). La explotación del vacuno se realizaba en condiciones muy primitivas, al aire libre o en pocilgas pequeñas, sin ventilación, llenas de barro y toda suerte de inmundicias (Salgado, 2018: 93-94). Los ordeñadores eran tan sucios como las vacas, utilizaban procedimientos artesanales y ocupaban recipientes toscamente lavados que se mezclaban con el lodo y los excrementos de los mismos animales (Salgado, 2018: 94). Por otro lado, el traslado carecía de condiciones para la refrigeración y los carretones repartidores y puestos de leche contenían “uno de los líquidos más sucios que el hombre usa como alimento” (Croizet, 1912).

¿Qué pensaban los médicos de esta realidad? Como afirmaba Alfredo Sánchez, el problema central se situaba en la forma en que la leche era suministrada a los niños y, a este respecto, existía entre los facultativos “una verdadera anarquía” (Sánchez, 1913: 84), pues no había un consenso que unificara los criterios. Luis Calvo Mackenna recomendaba comprar leche al pie de la vaca, confiando en que las madres realizarían su esterilización doméstica al calor. Arístides Aguirre estaba de acuerdo, pero agregaba que había que ser muy explícito respecto de las reglas a seguir para tomar el líquido de forma directa, incluyendo la adecuada formación de los consumidores y la dictación de un código sanitario (Aguirre, 1913: 188-191). Alfredo Sánchez, en cambio, abogaba por la esterilización, apoyándose en la evidencia científica y subrayando las múltiples formas en que la leche cruda podía contaminarse o alterarse (Sánchez, 1913: 79).

La influencia francesa era muy significativa para la élite chilena (González, 2003) y el sistema de Gotas de Leche se había copiado, como hemos visto, directamente de Francia. Sin embargo, aunque en ese país ya se aplicaba un programa de pasteurización de la leche (Czaplicki, 2007: 413), en Chile se la descartaba por completo, “pues es un procedimiento difícil y que no presta garantías” (Sánchez, 1913: 81) y no se ordenó su obligatoriedad legal hasta 1930 (Salgado, 2018: 96-98).

Las Gotas y el Instituto de Puericultura entregaban leche esterilizada a las madres y este último también repartía harinas que se fabricaban en el mismo establecimiento (Vicencio, 1913: 229), aun cuando la comunidad médica las aceptaba solo en casos específicos. La limpieza de los frascos se hacía con máquinas lavadoras y autoclaves importados de Francia o Alemania (Vial, 1913: 364) y el método para purificar era el inventado por el químico alemán Franz von Soxhlet, que consistía en la ebullición de la leche a baño maría durante 40 minutos en frascos de 150 grs., cerrados con tapones obturadores de caucho, que liberaban el aire durante el calentamiento, pero le impedían volver al interior (Croizet, 1912: 653). Los frascos se entregaban a las usuarias “poniéndola en la cantidad y en la forma prescrita por el médico, dando también á la madre el número de frascos indicados por el mismo” (Croizet, 1912: 663).

También había indicaciones muy precisas si la preparación era en el hogar. El líquido debía recibirse “en tiesto de fierro i porcelana o cristal o loza, tapado i de forma adecuada, boca ancha, fondo liso para que pueda ser perfectamente aseado en todas sus partes” (Hederra, 1904: 59). Había que descartar los tiestos de lata o latón con baño de estaño y debía “condenarse del todo” (Hederra, 1904: 59-60) el uso de las mismas ollas en que se preparaba la comida. Si se ocupaba una cacerola, esta debía ser “nueva, con tapa, que debe lavar muy bien antes de ir á la compra. Para tener seguridad de que queda muy limpia, lo mejor es hacer hervir agua pura en la cacerola tapada, durante algunos minutos, botar el agua, tapar otra vez el tiesto, sin secarlo y llevarlo á donde venden la leche para ponerla en él y dejarla ahí todo el día” (Calvo Mackenna, 1913b: 9).

Dado que la leche se descomponía con facilidad, la madre tenía que hervirla “en cuanto llegue a su casa” en la misma olla en que la había comprado, por lo menos durante 5 minutos. Luego se sacaba del fuego, se entibiaba y el recipiente debía ser guardado “léjos de la cocina, en un sitio fresco y oscuro, dentro de un depósito con agua fría” (Calvo Mackenna, 1913b: 9).

Todas estas obligaciones se conectaban con el maternalismo internacional y se extendían hacia otras prácticas de crianza, como evitar tomar al niño(a) cuando este lloraba, no dormir con él e incluso evitar acariciarlo (Hausman, 2003: 12). Inserta en la ideología de la buena madre, se impuso la moralización de la alimentación infantil que sirvió como evaluación implícita del desempeño materno (Hausman, 2012: 19-21). En el discurso del pediatra Luis Calvo Mackenna, eran las madres las responsables de la mortalidad infantil porque, debido a su ignorancia, descuidaban los hábitos básicos de higiene, recurrían a la habitual práctica del infanticidio y se mostraban indiferentes ante la muerte de sus hijos (Calvo Mackenna, 1913b: 4).

La mamadera enseña a criar

Aunque se han documentado variaciones geográficas, en el mundo preindustrial occidental lo habitual era que gran parte de los niños fueran amamantados por la madre o una nodriza; el resto eran “criados en seco” o “criados a mano”, con papillas que mezclaban agua, harina, pan o avena (Bentley, 2014: 17). Sin embargo, esta tendencia había ido retrocediendo y a mediados del siglo XIX muchas madres que tenían acceso a los manuales de economía doméstica habían encontrado en ellos recetas para ocupar la leche de vaca, diluirla en agua y endulzarla. A su vez, el avance de las preparaciones industrializadas y la arremetida publicitaria popularizó diversos alimentos enlatados, incluyendo las “fórmulas” que algunos médicos propusieron para preparar leches (Apple, 2006; Bentley, 2014: 20).

En Chile, los médicos habían insistido, como hemos visto, en hacer campañas de amamantamiento del pecho materno, pero el aumento del trabajo asalariado de las mujeres, que implicaba largas jornadas laborales y una alta presión física y económica, había derivado en una caída de la lactancia natural (Zárate, 2012: 237). Así, a fines del siglo XIX, Del Río y Commentz (1909) constataban que cerca de un 50% de los niños menores de un año eran alimentados exclusivamente con pecho materno y más de un 35% recibían alimentación mixta (natural y artificial).

En la época que estudiamos, la mamadera era el recipiente más comúnmente usado para dar leche. No obstante, está documentado que el empleo de otros dispositivos existe desde la Antigüedad, siendo el más común el cuerno de vaca perforado (Stevens; Patrick; Pickler, 2009: 3). Entre los siglos XVI y XVIII proliferaron varios modelos, a la vez que crecía la creencia en que una botella era mejor que la cuchara y que la leche de vaca endulzada reemplazaba mejor a la leche materna (Nowell-Smith, 1985: 19). Uno de ellos fue la “bubby pot”, una especie de tetera inventada por Hugh Smith en el Hospital Middlesex de Londres en 1770, cuyo cuello surgía desde el fondo y tenía una protuberancia en forma de corazón con tres o cuatro agujeros perforados a los que se amarraba un paño para que el bebé succionara la leche (Wickles, 1953: 419).

El diseño contemporáneo, que se caracteriza por ser un recipiente de alimentación vertical, con tapa rosca y una tetina apareció por primera vez a fines del periodo medieval (Fildes, 1982: 320), pero fue en el siglo XIX cuando se avanzó hacia la moderna botella, que fue creada el año 1851 en Francia y contaba con una tetina de corcho y clavijas de marfil en las entradas de aire para regular el flujo. De forma casi paralela comenzó el empleo de un tubo de succión flexible que unía el recipiente con la boca del niño y permitía que este tomara la mamadera con la mano y, al mismo tiempo, que absorbiera la leche con menor dificultad (Drake, 1948: 511).

Con respecto a las tetinas, las de goma ofrecían comodidad pues no requerían coser las de gamuza, lavar en alcohol las de cuero animal o descalcificar las de marfil para suavizarlo, pero las nuevas tenían un sabor y olor repulsivos (Wickles, 1953: 421) y, más grave aún, habrían requerido ser esterilizadas cuando el conocimiento sobre la transmisión de gérmenes era todavía inexistente (Nowell-Smith, 1985: 19).

Los médicos chilenos estuvieron muy al tanto de estos avances y concordaron en que la mamadera de vidrio era la mejor forma de dar la leche, pues cualquier otro medio ensuciaba y atoraba al bebé, que no sabía “combinar las funciones de deglución con las de respiración” (Hederra, 1904: 51). Por otro lado, el biberón permitía mantener el instinto de succión, provocaba la secreción de saliva necesaria para una buena digestión y dejaba que la leche saliera de forma gradual y lenta, facilitando ser atacada por los jugos digestivos (Hederra, 1904: 51-52).

No obstante, si la mamadera era el utensilio más práctico para la lactancia artificial, “por imperfección del aparato, por ignorancia o por neglijencia de los encargados de vijilarlos”, podía convertirse en “un instrumento de muerte” (Urzúa, 1903: 32), razón por la cual de ella dependía el éxito del amamantamiento. Debía elegirse el biberón que permitiera “una limpieza perfecta”, usualmente provisto de un gollete ancho, evitando “todo modelo que ofrezca ángulos, rebordes, por pequeños que sean” (Urzúa, 1903: 32) y estar graduado en gramos para evitar “la falta tan común en que se incurre con la alimentación artificial: la sobre alimentación” (Pulido, 1913: 109).

A falta de un envase con estas características, debía usarse una botella de vidrio blanco, “suficientemente sólido para resistir el calor y el frío, i de forma apropiada para poder dejarle sobre un mueble sin que ruede o se equilibre mal” (Hederra, 1904: 52). El artículo se lavaría cuidadosamente con agua hervida y se le agregaría bicarbonato, procurando que la botella no se quebrara al entrar en contacto con un líquido excesivamente caliente (Urzúa, 1903: 33).

Con respecto al chupón, el médico Francisco Hederra advertía que en el comercio era muy fácil encontrar una gran oferta y que había que aprender a elegirlo. Debía ser de goma o caucho puro que estuviera libre de “óxidos metálicos i otras sustancias causantes de serios trastornos dijestivos” (Hederra, 1904: 53). Al usarlo, debían realizarse varias perforaciones en él para que la leche saliera en poca cantidad, obligara al niño al esfuerzo de la succión e indujera a una mezcla entre la leche y la saliva. Tenía que ser hervido en agua por lo menos dos veces al día y enjuagarse cada vez que el niño tomase su mamadera y “en cuanto el niño se haya tomado su alimento debe lavarse la mamadera y el chupete, en varias aguas, hasta que el agua salga limpia” (Calvo Mackenna, 1913b: 10), usando una escobilla para la botella. El chupete tenía que ser guardado “sumergido en agua cocida, en una copa ó taza muy limpia” (Calvo Mackenna, 1913b: 10) y todos los implementos ser rigurosamente resguardados de contaminaciones y, sobre todo, de las moscas. En caso de contar con varios chupones por su fácil deterioro, se señalaba la necesidad de mantener el que no se estaba usando en una solución boricada (Urzúa, 1903: 33). Si varios niños de un grupo familiar consumían leche artificial, los chupones tenían que estar individualizados a fin de evitar los contagios (Urzúa, 1903: 33).

La preparación del alimento habría de seguir un cumplimiento estricto, dado que los hallazgos científicos internacionales habían demostrado que la leche bovina contenía más proteínas que la materna, pero menos carbohidratos (Bentley, 2014: 23). Para asimilarlas, había que diluir el preparado con agua y complementarlo con azúcar. Siguiendo estos principios, Luis Calvo Mackena ordenaba que la madre tomara una cuchara enjuagada con agua hervida para medir las porciones de leche y de agua con azúcar que se necesitaban de acuerdo con la edad del menor. La mezcla debía realizarse en el mismo biberón y luego poner el chupete de goma también lavado. Para entibiar la mamadera, se recomendaba “envolverla un rato en un paño con agua caliente” que nunca tapara el gollete ni tocara el chupete y la madre nunca debía chupar la tetina para comprobar la temperatura de la leche, pues una serie de microbios “quedarían pegados al chupete y [podían] ser la causa de enfermedades mortales para el niño” (Calvo Mackenna, 1913b: 10).

Si el menor no consumía todo el contenido de la mamadera, el sobrante debía ser desechado inmediatamente, jamás podía ser mezclado con una nueva cantidad ni guardado. No estaba demás advertir que debía rechazarse la leche si esta presentaba algún olor o sabor extraño.

Este régimen debía mantenerse hasta los dos años o hasta que comenzara la dentición y durante ese tiempo se prohibía darle cualquier tipo de comida al niño, ya fuesen “sopas, caldos, verduras, frutas y cualquier clase de guisos” (Calvo Mackenna, 1913b: 13). A su vez, se impedía el uso de leches, harinas, malteadas y cacaos disponibles en el mercado, pues se había observado bebés enfermos “porque las madres comienzan a dárselos siguiendo los consejos de alguna amiga ó matrona, ó de algún boticario, que pueden tener muy buenas intenciones, pero que no saben medicina” (Calvo Mackenna, 1913b: 13).

En cualquier caso, estos suplementos alimenticios eran difíciles de adquirir por las mujeres pobres pues su precio era muy elevado y, por ende, las Gotas de Leche se convirtieron en los únicos dispensarios de leche artificial accesibles para ellas, aun cuando el Patronato se negó a convertirse en un “fatal propulsor de la lactancia artificial” y quiso ser más bien una escuela de puericultura que evitase “los innumerables y fundamentales errores en que cae nuestro pueblo por su falta absoluta de conocimientos” (Calvo Mackenna, 1913a: 41-42). En este último sentido, se confirma que el discurso médico chileno, tal como en otros países de Europa y América, se edificó sobre imaginarios en torno al género y la clase (Smith, 2022: 37-38), pues se dirigió muy concretamente hacia las madres populares. Obviando las razones sociales de su pobreza, se sostuvo de manera ambivalente que sus errores eran una cuestión de malas decisiones individuales, mientras se las exaltaba a cambiarlas por un bien colectivo, el progreso de la razón y la raza (Smith, 2022: 38). Se ejerció sobre ellas una suerte de violencia estructural y, en ese sentido, el pecho materno fue, como lo ha denominado Marilyn Yalom (1997: 144-145), un objeto político que implicó la colonización del cuerpo femenino para establecer, al interior de la experiencia de las mujeres, el control y la instrucción normativa de la autoridad masculina (Perry, 1991).

La entrega de leche y mamaderas estaba destinada, estrictamente, a “completar la ración diaria, que el seno materno es incapaz de secretar” (Calvo Mackenna, 1913a: 42). Una mujer cuya “secreción láctea” fuese suficiente para satisfacer al hijo no debía recibir, “ni recibirán un solo frasco de leche” (Calvo Mackenna, 1913a: 42). Por eso, la madre tenía que ir semanalmente a la Gota con su hijo, para que este fuese revisado y pesado por el médico y determinar si era necesario y en qué dosis otorgar el alimento. Una tabla consignaba la edad del menor, el peso que debería tener y lo que se le suministraba de manera adicional. Para evitar engaños y obtener una doble ración de leche, las Gotas estaban organizadas para que el público circulara con su ficha, fuera atendido y luego se retirara.

Las Gotas fueron organismos que sirvieron a las clases populares, proveyéndoles de leche sana, consulta médica, vestuario básico y baños. Convocó a las autoridades políticas y sanitarias, granjeándose la confianza de los más pobres y también de la élite, cuyos miembros más ilustres participaron de sus programas y ayudaron a financiarlas (Chile, 2010: 33). Además, fueron la base para las futuras políticas estatales de alimentación (Goldsmith, 2017) y forjaron una alianza entre lo público y lo privado que contribuyó a disminuir, en el largo plazo, la mortalidad infantil.

Con los años, la institución se fue “adaptando paulatinamente a las conquistas modernas de la ciencia alimenticia” (Steeger; Herane, 1951: 83). Incorporó especialistas en pediatría, enfermeras y visitadoras sociales y agregaron leches industrializadas; a contar de 1936 se repartió leche desecada en todas las Gotas y desde 1939, por recomendación del pediatra Arturo Baeza Goñi, se cambió a leche condensada (Steeger; Herane, 1951: 85) fabricada en la industria chilena Chiprodal (Compañía Chilena de Productos Alimenticios).

De esta manera, por más que otros aspectos de la alimentación hubiesen evolucionado, el biberón no perdió su valor simbólico. A mediados del siglo XX, todavía se advertía que las mujeres pobres carecían de “útiles para preparar las mamaderas” (Santa María, 1951: 225), pero se seguía insistiendo que instruir a las madres era la esencia del trabajo médico y que debía hacerse empleando un lenguaje “simple y a la altura de quien lo recibe”, acorde a los alimentos “que ellas ven, compran y consumen” (Santa María, 1951: 226).

Conclusiones

Durante el periodo estudiado, el tema de la alimentación fue una preocupación a nivel internacional y, dentro de ella, la nutrición infantil jugó un papel estratégico en el ataque a la elevada mortalidad de los infantes. La provisión de leche limpia, el énfasis en la educación de las madres, la promoción del amamantamiento y la supervisión médica de los niños fueron elementos comunes a los programas asistenciales.

En el centro de esta intervención poblacional estuvo la mamadera, artefacto que movilizó discursos y órdenes de género pues las madres, que hasta ese momento habían sido dueñas exclusivas de los procesos reproductivos de la vida -embarazo, parto, amamantamiento, crianza-, fueron ahora consideradas incapaces de darle a la patria hijos sanos y fuertes. A través de la mamadera se les enseñó qué tipo de leche era la adecuada, cuándo estaba permitido complementar o suplir el pecho y cómo debía ser una crianza adecuada. El acento maternalista de las políticas de alimentación, documentado ampliamente por la historiografía feminista, ha discutido esta intervención sobre las mujeres y sus hijos, afirmando que, aunque el ideal de domesticidad reconoció en las madres su disposición natural para cuidar de otros y ser los pilares del hogar, no se les concedió agencia para tomar decisiones ni resolver problemas. La lactancia se medicalizó y los facultativos se arrogaron el conocimiento experto, lo que les permitió reglamentar cada uno de los aspectos involucrados en el proceso.

Quedan muchas aristas del tema que desbordan el presente artículo, como, por ejemplo, el impacto de las tecnologías de la leche y de los biberones sobre la percepción del tiempo o el espacio en las mujeres, la transformación de su identidad maternal y la relación con sus hijos, el efecto de la autoridad masculina sobre un terreno que antaño les era propio o el debilitamiento de los límites entre lo público y lo privado. Estas y otras preguntas pueden ser abordadas desde los artefactos, que abren un camino privilegiado hacia el pasado y conectan, más allá de los discursos, con las prácticas, la experiencia vital y la construcción social de los sujetos.

Referencias

  • AGUILAR RODRIGUEZ, Sandra. Alimentando a la nación: género y nutrición en México (1940-1960). Revista de Estudios Sociales, [S. l.], n. 29, 2008.
  • AGUILERA, Mariela; ZÚÑIGA, Carla. Políticas estatales de asistencia social en Chile: el problema de la leche (1930-1970). Tesis (Licenciado en Historia) - Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, Santiago, 2006.
  • AGUIRRE, Arístides. Condiciones en que se efectúa el aprovisionamiento de leche para Santiago y estudio de su mejoramiento. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais […];. Santiago: Imprenta Barcelona, 1913.
  • ALANIS, Celia. Entre la leche materna y las leches artificiales. Discursos sobre alimentación infantil en la Ciudad de México, 1890-1959. Saberes. Revista de Historia de las Ciencias y las Humanidades, Ciudad de México, v. 4, n. 10, 2021.
  • APPLE, Rima. Mothers and medicine. A social history of infant feeding, 1890-1950. Madison: The University of Wisconsin Press, 1987.
  • APPLE, Rima. Perfect motherhood: science and childcare in America. New Brunswick: Rutgers University Press, 2006.
  • ARNOLD, David. Everyday technology: Machines and the making of India’s modernity. Chicago: University of Chicago Press, 2013.
  • ATKINS, Peter. Liquid materialities. A history of milk, science and the law. New York: Routledge, 2010.
  • BELASCO, Warren. Food: the key concepts. New York: Berg, 2008.
  • BENTLEY, Amy. Inventing baby food: taste, health, and the industrialization of the American diet. Oakland: University of California Press, 2014.
  • BIRN, Anne-Emanuelle. Doctors on record: Uruguay’s infant mortality stagnation and its remedies, 1895-1945. Bulletin of the History of Medicine, Baltimore, v. 82, n. 2, p. 311-354, 2008.
  • BOCK, Gisela; THANE, Pat (ed.). Maternity and gender policies. Women and the rise of the European Welfare States 1880s-1950s. Abingdon: Routledge, 1991.
  • BRINKMANN, Sören; BUSCHINI, José. La “cuestión de la leche” en América Latina: expertos, mercados y políticas públicas en el siglo XX. História, Ciências, Saúde, Manguinhos, v. 28, n. 4, 2021.
  • BRIONES, Ignacio; ISLAS, Gonzalo. Comercio exterior de Chile en perspectiva histórica, 1810-2010. In: JAKSIC, Iván; ESTEFANE, Andrés Estefane; ROBLES, Claudio (ed.). Historia política de Chile, 1810-2010. Tomo III: Problemas económicos. Santiago: F.C.E., 2018, p. 171-205.
  • CALVO MACKENNA, Luis. Consultorios de lactantes y propaganda de la alimentación materna: la Gota de Leche. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais […];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913a.
  • CALVO MACKENNA, Luis. Lo que deben saber las madres para criar bien a sus niños (Cartilla de Puericultura al alcance del Pueblo). In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais […];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913b.
  • CHÁVEZ, Pablo. La mortalidad infantil: entre la alimentación y las enfermedades gastrointestinales en Santiago (1880-1920). Cuadernos de Historia, Santiago, n. 52, 2020.
  • CHILE. Ministerio de la Salud. Nutrición para el desarrollo. El modelo Chileno. 2. ed. Santiago: Ministerio de Salud, 2010. Disponible en: Disponible en: https://www.bcn.cl/catalogo/client/es_CL/publico/search/detailnonmodal/ent:$002f$002fSD_ILS$002f0$002fSD_ILS:239336/ada?qu=&nov=1 Acesso em: 28 out. 2024.
    » https://www.bcn.cl/catalogo/client/es_CL/publico/search/detailnonmodal/ent:$002f$002fSD_ILS$002f0$002fSD_ILS:239336/ada?qu=&nov=1
  • COWAN, Ruth. From Virginia Dare to Virginia Slim: women and technology in American life. Technology and Culture, Baltimore, v. 2, n. 1, p. 51-63, 1979.
  • CROIZET, Emilio. Lucha social contra la mortalidad infantil en el periodo de la lactancia. Anales de la Universidad de Chile, tomo 131, 1912.
  • CUETO, Marco. Carta del Editor: La importancia de la alimentación para los historiadores. História, Ciências, Saúde, Manguinhos, v. 28, n. 4, p. 914-916, 2021.
  • CZAPLICKI, Alan. Pure milk is better than purified milk. Pasteurization and milk purity in Chicago, 1908-1916. Social Science History, [S. l.], v. 31, n. 3, p. 411-433, 2007.
  • DAVENPORT, Romola Jane. Infant-feeding practices and infant survival by familial wealth in London, 1752-1812. The History of the Family, London, v. 24, n. 1, p. 174-206, 2019.
  • DEICHLER, Claudia. Cartilla de alimentación en el embarazo normal: guía para el buen comer de las madres por la buena nutrición de los hijos. Chile, 1947. In: YÁÑEZ, Juan Carlos (coord.). Gobernar es alimentar. Discursos, legislación y políticas de alimentación popular. Chile, 1900-1950. Santiago: Ediciones América en Movimiento, 2018, p. 133-154.
  • DEL RÍO, Roberto; COMMENTZ, Alfredo. Anotaciones sobre la protección a la infancia en Chile. Condiciones de producción de leche destinada a la alimentación de niños. Santiago: Imprenta Universitaria, 1909.
  • DRAKE, Theodore. American infant feeding bottles, 1841 to 1946, as disclosed by United States: patent specifications. Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, Oxford, v. 3, n. 4, p. 507-524, 1948.
  • DUPUIS, Melanie. Nature’s perfect food. How milk became America’s drink. New York: New York University Press, 2002.
  • ESPIC, Juan. Consejos a las madres de familia para atender a los niños. Adaptación para Chile de los Consejos de la Academia de París. Valparaíso: Imprenta de la Opinión, 1895.
  • FILDES, Valerie. The history of infant feeding 1500-1800. 1982. Tesis (Doctor of Philosophy) - Department of Human Biology and Health, University of Surrey, Guildford, 1982.
  • FLANDRIN, Jean Louis. Historia de la alimentación: por una ampliación de las perspectivas. Revista d’Historia Moderna, [S. l.], n. 6, p. 7-30, 1987.
  • FRENS-STRING, Joshua. Hungry for revolution: The politics of food and the making of modern Chile. Oakland: University of California Press , 2021.
  • GOLDSMITH, Jael. Milk makes state: the extension and implementation of Chile’s state milks programs, 1901-1971. Historia, Santiago, v. 1, n. 50, 2017.
  • GOLDSMITH, Jael. Facing the State: everyday interactions throughout regime change: Chile’s State milk 1954-2010. Social Science History, Cambridge, v. 42, n. 3, p. 469-494, 2018.
  • HAUSMAN, Bernice L. Mother’s milk: Breastfeeding controversies in American culture. Abingdon: Routledge , 2003.
  • HAUSMAN, Bernice. Feminism and breastfeeding. Rhetoric, ideology, and the material realities of women’s lives. In: HAUSMAN, Bernice; LABBOK, Miriam; SMITH, Paige Hall. Beyond health, beyond choice: breastfeeding constraints and realities. New Brunswick: Rutgers University Press , 2012, p. 15-24.
  • HEDERRA, Francisco. Alimentación de los niños. Consejos a la mamá. Talca: Imprenta de la Librería Nacional de Enrique Prieto, 1904.
  • HERRERA, Jorge. Protección médica y social del niño de pecho indigente. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais […];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • ILLANES, María Angélica. Cuerpo y sangre de la política: la construcción histórica de las Visitadoras Sociales (1887-1940). Santiago: LOM, 2007.
  • KEANE, Webb. Signs are not the garb of meaning: on the social analysis of material things. In: MILLER, Daniel (ed.). Materiality. Durham: Duke University Press, 2005, p. 182-205.
  • KOERBER, Amy. Breast or bottle? Contemporary controversies in infant feeding policy and practice. Columbia: University of South Carolina, 2013.
  • KOVEN, Seth; MICHEL, Sonya. Womanly- duties: maternalist politics and the origins of welfare state in France, Germany, Great Britain, and the United States, 1880-1920. American Historical Review, Oxford, v. 95, n. 4, p. 1076-1108, 1990.
  • KRIGE, John (ed.). How knowledge moves: Writing the transnational history of science and technology. Chicago: University of Chicago Press , 2019.
  • LA BERGE, Ann. Mothers and infants, nurses and nursing: Alfred Donné and the medicalization of child care in Nineteenth-Century France. Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, Oxford, v. 46, n. 1, p. 20-43, 1991.
  • LEVENSTEIN, Harvey. Revolution at the table: The transformation of the American diet. Los Angeles: University of California Press, 2003.
  • LAVRIN, Asunción. Women, feminism, and social change in Argentina, Chile and Uruguay, 1890-1940. Lincoln: University of Nebraska Press, 1995.
  • MATTE, Rosario. Propaganda de la lactancia materna en las Gotas de Leche. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais […];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • MEYERS, Cora. Propaganda de la lactancia materna en las Gotas de Leche. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais […];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • MILANICH, Nara. Los hijos del azar: ver nacer sin placer, ver morir sin dolor. La vida y la muerte de los párvulos en el discurso de las élites y en la práctica popular. Revista de Historia Social y de las Mentalidades, Santiago, n. 114, p. 79-92, 1996.
  • MILLER, Daniel. Materiality: an introduction. In: MILLER, Daniel (ed.). Materiality. Durham: Duke University Press , 2005, p. 1-50.
  • MILLER, Rory. Chile durante la era del salitre. In: LLORCA-JAÑA, Manuel; MILLER, Rory (ed.). Historia económica de Chile desde la independencia. Santiago: RIL, 2021.
  • NARI, Marcela. Políticas de maternidad y maternalismo político. Buenos Aires: Biblos, 2004.
  • NEWTON, Gill. Infant Mortality variations, feeding practices and social status in London between 1550 and 1750. Social History of Medicine, Oxford, v. 24, n. 2, p. 260-280, 2011.
  • NOWELL-SMITH, Felicity. Feeding the nineteenth-century baby: implications for museum collections. Material Culture Review, Fredericton, n. 21, p. 15-23, 1985.
  • PALMA MATURANA, Patricia. Mortalidad infantil en Chile. La situación médica social en la Casa de Expósitos de Santiago 1889-1899. In: JORNADAS INTERESCUELAS, 12., San Carlos de Bariloche, 2009. Anais […];. Neuquén: Universidade Nacional do Comahue, 2009.
  • PACEY, Arnold; BRAY, Francesca. Technology in world Civilization. Cambridge: MIT Press, 2021.
  • PERRY, Ruth. Colonizing the breast: sexuality and maternity in Eighteenth-Century England. Journal of the History of Sexuality, Austin, v. 2, n. 2, p. 204-234, 1991.
  • PULIDO, David. Vulgarización de la puericultura y de la alimentación de los niños en el público. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais […];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • QUEZADA, Eva. Instituciones de beneficencia contra la mortalidad infantil en París i en Berlín. Santiago: Imprenta Cervantes, 1906.
  • ROLLET, Catherine. History of the health notebook in France: a stake for mothers, doctors and state. Dynamis, n. 23, p. 143-166, 2003.
  • SALGADO, Xaviera. La leche fortalece y dignifica. La leche es sangre blanca que rejuvenece. El problema de la leche y la Ley de Pasteurización Obligatoria (1930-1935). In: YÁÑEZ, Juan Carlos (coord.). Gobernar es alimentar. Discursos, legislación y políticas de alimentación popular. Valparaíso: Editorial América en Movimiento, 2018, p. 83-101.
  • SÁNCHEZ, Alfredo. Alimentación en la primera infancia. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais [...];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • SANTA MARÍA, Julio. Educación alimentaria maternal en las Gotas de Leche. In: CONGRESO NACIONAL DE GOTAS DE LECHE, 2., Santiago 12-15 sep. 1951. Santiago: Dirección General de Prisiones, 1951.
  • SCHLERETH, Thomas. Material culture studies and social history research. Journal of Social History, v. 16, n. 4, p. 111-143, 1983.
  • SCHONHAUT BERMAN, Luisa; CHÁVEZ ZÚÑIGA, Pablo; VARGAS CATALÁN, Nelson. Los inicios de la enseñanza de la pediatría en Chile y la fundación de hospitales de niños. Andes Pediátrica. Revista Chilena de Pediatría, v. 94, n. 1, 2023.
  • SERNAC. SERVICIO NACIONAL DEL CONSUMIDOR. Evaluación de requisitos químicos y de rotulación en biberones y tetinas para bebés y niños pequeños. Informe de estudio. Santiago: Departamento de Calidad y Seguridad de Productos, 2015. Disponible en: Disponible en: https://www.sernac.cl/portal/623/articles-7354_archivo_01.pdf. Acesso em: 28 out. 2023.
    » https://www.sernac.cl/portal/623/articles-7354_archivo_01.pdf.
  • SMITH, Lisa. Birth control pills, baby bottles, and bikes: dancing on the edge of social transformation. In: FELLOWS, Jennifer y SMITH, Lisa (ed.). Gender, sex and tech! An international feminist guide. Ontario: CSP Books, 2022. p. 27-46.
  • SOTO, José; CHÁVEZ, Pablo. La relación entre la leche y la mortalidad en la infancia: un problema de salud pública en Chile (Santiago, 1930-1962). Asclepio Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, v. 74, n. 1, 2020.
  • STEEGER, Adalberto; HERANE, Elías. Alimentación en las Gotas de Leche. CONGRESO NACIONAL DE GOTAS DE LECHE, 2., Santiago 12-15 sep. 1951. Santiago: Dirección General de Prisiones , 1951.
  • STEVENS, Emily; PATRICK, Thelma; PICKLER, Rita. A history of infant feeding. The Journal of Perinatal Education, New York, v. 18, n. 2, p. 32-39, 2009.
  • URZÚA, Isidoro. La leche esterilizada en la alimentación infantil. Memoria de Licenciado Facultad de Medicina y Farmacia Universidad de Chile. Santiago: Imprenta Universitaria , 1903.
  • VARGAS CATALÁN, Nelson. Historia de la pediatría chilena: Crónica de una alegría. Santiago: Editorial Universitaria, 2002.
  • VALDÉS, Ismael. Discurso del Sr. Ismael Valdés, Presidente del Comité Organizador, en la sesión inaugural. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais [...];.. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • VIAL, Manuel Camilo. La Gota de Leche en Chile. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais [...];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • VICENCIO, Alcibíades. Organización del Instituto de Puericultura. In: CONGRESO DE PROTECCIÓN Á LA INFANCIA, 1., Santiago, 1912. Anais [...];. Santiago: Imprenta Barcelona , 1913.
  • VÖGELE, Jörg; RITTERSHAUS Luisa y HALLING, Thorsten. “Breast is best”: infant-feeding, infant mortality and infant welfare in Germany during the late nineteenth and twentieth centuries. Health, [S. l.], v. 5, n. 12, 2013.
  • VOSKI, Arlene; HABER, Barbara (ed.). From Betty Crocker to feminist food studies. Amherst: University of Massachusetts Press, 2005.
  • WICKLES, Ian. A history of infant feeding. Archives of disease in childhood, [S. l.], v. 28, n. 140, p. 332-340, 1953.
  • WOLF, Jacqueline. Don’t kill your baby: public health and the decline of breastfeeding in the Nineteenth and Twentieth Centuries. Columbus: Ohio State University Press, 2001.
  • YALOM, Marilyn. Historia del pecho. Barcelona: Tusquets, 1997.
  • YÁÑEZ, Juan Carlos. Encuesta Dragoni-Burnet sobre alimentación popular (1935). In: YÁÑEZ, Juan Carlos (coord.). Gobernar es alimentar. Discursos, legislación y políticas de alimentación popular. Chile, 1900-1950. Santiago: Ediciones América en Movimiento , 2018. p. 103-131.
  • YÁÑEZ, Juan Carlos. Las ferias libres y el problema de las subsistencias: Santiago de Chile, 1939-1943. Relaciones Estudios de Historia y Sociedad, Zamora de Hidalgo, v. XL, n. 157, 2019.
  • YÁÑEZ, Juan Carlos. El desarrollo histórico de las dietistas en Chile: 1939-1950. Del primer curso de dietistas al Primer Congreso Nacional de Dietética. Historia 396, Valparaíso, v. 10, n. 3, 2020.
  • YÁÑEZ, Juan Carlos; DEICHLER, Claudia. Los huertos obreros y la agricultura familiar. Santiago de Chile: 1930-1945. Mundo Agrario, Buenos Aires, v. 19, n. 42, 2018.
  • ZÁRATE, Ma. Soledad. Proteger a las madres: origen de un debate público, 1870-1920. Nomadías, [S. l.], v. 1, p. 163-182, 1999.
  • ZÁRATE, María Soledad. El licor de la vida. Lactancia y alimentación materno-infantil en Chile, 1900-1950. In: SCIOLLA, Carolina (org.). Historia y cultura de la alimentación en Chile. Santiago: Catalonia, 2012. p. 235-261.
  • Fonte de financiamento:
    Proyecto de Investigación Regular Universidad de las Américas, Chile. N°PIR202404.

Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    13 Ene 2025
  • Fecha del número
    2024

Histórico

  • Recibido
    01 Feb 2024
  • Acepto
    19 Ago 2024
location_on
Centro de Pesquisa e Documentação de História Contemporânea do Brasil da Fundação Getúlio Vargas Secretaria da Revista Estudos Históricos, Praia de Botafogo, 190, 14º andar, 22523-900 - Rio de Janeiro - RJ, Tel: (55 21) 3799-5676 / 5677 - Rio de Janeiro - RJ - Brazil
E-mail: eh@fgv.br
rss_feed Acompañe los números de esta revista en su lector de RSS
Ir para arriba Notificar error