Resumen
En este artículo reflexionamos las estrategias de resistencias y las narrativas emergentes de las mujeres rurales del Movimento Interestadual das Quebradeiras de Coco de Babaçu (MIQCB) en Brasil, y de las mujeres de la Unión de Trabajadores/as de la Tierra (UTT) en Argentina. A partir de entrevistas semi-estructuradas a sus lideresas, observamos que las mujeres vienen construyendo su protagonismo en la defensa del territorio, las prácticas agroecológicas, culturales, de soberanía y seguridad alimentaria, y economía solidaria para el fortalecimiento de la acción política e incidencias en las políticas públicas.
Mujeres rurales; Agroecología; Artivismos; Feminismos
Abstract
In this article we reflect on the resistance strategies and emerging narratives of the rural women of the Movimento Interestadual das Quebradeiras de Coco de Babaçu (MIQCB) in Brazil, and the women of the la Unión de Trabajadores/as de la Tierra (UTT) in Argentina. Based on semi-structured interviews with their leaders, we argue that these women are building their role in the defense of the territory, agroecological and cultural practices, sovereignty and food security, as well as solidarity economy to strengthen political action and incidences in public policies..
Rural women; Agroecology; Artivisms; Feminism
Introducción
“¡Sin feminismo no hay agroecología!”. Fue el grito de 700 mujeres - campesinas, indígenas, quilombolas y pescadoras ‒ que participaban en la plenaria de mujeres en el 3º Encuentro Nacional de Agroecología realizado en 2014 en Brasil. El diálogo entre agroecología y feminismos desde la perspectiva del feminismo comunitario, interseccional y antirracista (Crenshaw, 1995; Carneiro, 2001; Lugones, 2008; Akotirene, 2019) cuestiona el esencialismo atribuido al binarismo naturaleza/cultura y nos permite componer una trama colectiva donde cuerpos y territorios que se funden para denunciar ecocidios, feminicidios/trans/travesticidios y “terricidios” tal como define la werken mapuche Moira Millán (2020)1. Con el agravamiento de las desigualdades vinculadas a la pandemia, es fundamental escuchar las voces y escrituras de las mujeres rurales, quienes además de luchar con sus cuerpos, realizan estrategias para incidir políticamente contra el aumento de las violencias de género, los conflictos socioambientales y el hambre en sus territorios/comunidades (Bidaseca et al., 2021).
Para Agarwal (1991), el lazo que ciertas mujeres sienten con la naturaleza tiene su origen en sus responsabilidades de género en la economía familiar. Piensan holísticamente y en términos de interacción y prioridad comunitaria por la realidad material en la que se hallan. No son las características afectivas o cognitivas propias de su sexo sino su interacción con el medio ambiente (cuidado del huerto, el trabajo con las semillas, plantas medicinales, recogida de agua y leña) lo que favorece su conciencia ecológica. La sensibilidad o falta de sensibilidad ecologista generada dependen de la división sexual del trabajo y de la distribución del poder y de la propiedad según las divisiones de clase, género, raza, generacionales, etc.
Una de las más destacadas teóricas actuales del feminismo ecologista, Val Plumwood (1993), ha insistido en el carácter histórico, construido, de la racionalidad dominadora masculina. La superación de los dualismos jerarquizados Naturaleza/Cultura, Mujer/Hombre, Cuerpo/Mente, Afectividad/Racionalidad, Materia/Espíritu exige un análisis deconstructivo no binario. Los aportes de los pensamientos críticos sobre feminismos y ecologismo –constructivista y antiespecista– nos ofrecen la oportunidad de enfrentarnos no solo a la dominación de las mujeres en la sociedad patriarcal sino también a una ideología y una estructura de dominación de la naturaleza ligada al paradigma patriarcal del varón amo y guerrero (Bidaseca et al., 2020b). Nuestra autoconciencia como especie humana ha de reflexionar sobre la igualdad de mujeres y hombres en tanto partícipes no solo de la Cultura sino también de la Naturaleza. Esto incluye tanto la participación de las mujeres en el ámbito de la Cultura como la plena aceptación en lo propiamente humano de aquellos elementos despreciados y marginalizados como femeninos (los lazos afectivos, la compasión, la materia, la Naturaleza) (Bidaseca et al., 2020b).
Para Donna Haraway (1991), los discursos esencialistas provenientes de la biología naturalizan la idea de la mujer como agente encargado de la reproducción de la especie, una figura que es compartida por el ecofeminismo clásico pues, según este, las mujeres tienen “una relación particular con la naturaleza en virtud de su biología (principalmente por su capacidad de engendrar)” que les da una mayor proximidad con ella, lo que las califica “a hablar en nombre de la naturaleza de forma más sincera”. Sin embargo, Haraway, nos plantea un mundo sin género, donde la naturaleza es reconocida como “un proceso cultural crucial para la gente que necesita y espera vivir en un mundo menos invadido por las dominaciones de raza, colonialismo, clase, género y sexualidad” (1991:2). El ecofeminismo constructivista ha defendido la posición de que los esencialismos más que beneficiosos son riesgosos, pues han operado como base de los discursos colonizadores sobre las mujeres y feminidades (Zuloaga et al., 2018).
Para Sevilla Guzmán (2000), la agroecología es presentada como ciencia, práctica y movimiento social. Un nuevo paradigma científico para el desarrollo de la agricultura, definida como la ciencia que permite el manejo ecológico de los agroecosistemas a través de formas de acción social colectivas que se presenta como una alternativa al actual manejo industrial de los bienes naturales, mediante propuestas surgidas de su potencial endógeno. A partir del desarrollo de procesos participativos, desde los ámbitos de la producción y la circulación alternativa de sus productos, la agroecología intenta establecer formas de producción y consumo que contribuyan a encarar la crisis ecológica y social y con ello, enfrentarse al neoliberalismo y la globalización económica.
La agroecología junto con la soberanía alimentaria, constituyen dos pilares fundamentales de las propuestas del feminismo campesino y popular. Para Michela Calaça (2021), el feminismo campesino popular es un enfoque feminista que surge de las experiencias y luchas de las mujeres rurales. Esta perspectiva busca combinar la lucha por la igualdad de género con la justicia social y la transformación de las estructuras patriarcales y capitalistas. Además, propone transformar las relaciones de poder y enfrentar las múltiples formas de opresión que enfrentan las mujeres rurales, como el sexismo, el racismo, la explotación económica y la violencia de género. Este enfoque valora los conocimientos y saberes tradicionales de las mujeres rurales, reconociendo su importancia en la construcción de sociedades más equitativas para las mujeres.
Los feminismos y la agroecología comparten la noción de la producción como una categoría ligada al mantenimiento de la vida y al bienestar de las personas (Pérez Orozco, 2006), es decir, que lo producido debe ser algo que permita satisfacer necesidades humanas con criterios de equidad. Esto implica que no se consideren como producciones la obtención de bienes que son socialmente indeseables desde el punto de vista de las necesidades y del deterioro ecológico, como la agricultura industrial transgénica y tóxica, ni lo que es simplemente extracción y transformación de materiales finitos preexistentes. Ambas coinciden, además, en que la incompatibilidad entre la dinámica de los sistemas naturales y los modelos productivos, que se basan en la explotación de los territorios y cuerpos de las personas, requiere la urgencia en abordar transiciones eco-sociales. El estudio tiene un abordaje metodológico de carácter cualitativo (Sirvent, 2005). Además, realizamos observación participante, revisión de datos de censo, encuestas, referencias bibliográficas y audiovisual. A continuación, serán abordadas las organizaciones, las reflexiones sobre las estrategias de resistencias y las narrativas emergentes de las mujeres rurales que fueron entrevistadas para el estudio: 14 lideresas del MIQCB, y 15 mujeres referentes de la Secretaría de Género de la UTT en el período de marzo de 2021 a mayo de 2022.
Las organizaciones agroecológicas lideradas por mujeres en Brasil y Argentina
En las últimas décadas el sistema capitalista desarrolla una lógica económica extractivista, reforzando formas de producción de alimentos que generan impactos tales como: degradación de las tierras, contaminación del agua; altas emisiones de gases de efecto invernadero en todo el ciclo de producción y consumo; amenazas a las pérdidas de biodiversidad; malnutrición crónica (Bidaseca; Vommaro, 2023). Desde Brasil, las mujeres de la Asociación Nacional de Agroecología (ANA), reivindican su lugar en la construcción agroecológica: ¡Las mujeres inventaron la agroecología, ellas construyen agroecología! Así como sus madres y abuelas la practicaban también, incluso sin saber que se llamaba así. Pero fue su resistencia la que garantizó la existencia de diversidad de semillas y prácticas que hoy en día permiten que estemos aquí, y que de otra forma se hubieran perdido por el avance de la revolución verde (Nobre, 2017). Para eso entonces, es importante cuestionar y modificar las relaciones de poder entre los géneros dentro de la familia rural, en el manejo de finca, las organizaciones del campo y las universidades, así como también las actuales restricciones de acceso y control de las mujeres a los recursos productivos y bienes naturales. Para ello será impostergable transversalizar la perspectiva de género, incorporando la noción de equidad en sentido amplio, como los factores generacionales y étnico-raciales.
En Argentina, el proyecto de soberanía alimentaria y seguridad alimentaria de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) se construye a partir de la producción y transición agroecológica en los territorios, recuperando los saberes de las familias campesinas y potencializando el intercambio de conocimientos, apuntado hacia la multiplicación de las experiencias y reconocimiento del papel de las mujeres en ese proceso de combate al hambre como plantea la dirigente Rosalía Pellegrini:
Por eso promovemos la agroecología, la recuperación de las prácticas ancestrales de cultivo y la vinculación del agricultor y la agricultura con el ecosistema y con el proceso productivo de alimentos y no de mercancías. Lo hacemos a través del consultorio técnico popular, un método de transmisión de saberes campesino a campesino –o de campesina a campesina– que desarrolla la organización y que cada vez tiene más efectos transformando el modelo productivo (Rosalía Pellegrini Holzman, entrevista de Marabotto, 2020).
Durante la pandemia en plena crisis de abastecimiento y con los altos precios de los alimentos, la organización realizó diferentes acciones junto a organizaciones barriales y comedores populares de la Ciudad de Buenos Aires, donando toneladas de alimentos a familias que necesitaban y estimulando el consumo de alimentos sanos a precios populares y justos. De acuerdo con la organización se armó una gran feria de alimentos no solo de verduras sino también de frutas y yerba, y otros productos. “El precio es un gesto solidario en tiempos de pandemia, pero a la vez buscamos mostrar la capacidad productiva del sector de la agricultura familiar y campesina que produce la mayoría de los alimentos que comemos” (UTT, 2022). Desde la UTT, las familias construyeron iniciativas pioneras en el arte de la cultura de la producción de alimentos sin agrotóxicos en distintas provincias del país. En Buenos Aires, la UTT cuenta con 100 hectáreas agroecológicas y representa a 9.000 familias productoras en los cordones hortícolas en los partidos del Conurbano como La Plata, General Pueyrredón, Villarino y Bahía Blanca. Además, desarrollan los proyectos de Colonias Agroecológicas de Abastecimiento Urbano. En ese proceso nace el Consultorio Técnico Popular (CoTePo) de la UTT, que es la asesoría técnica de la organización, pautada en los principios de la agroecología, donde mujeres, hombres y jóvenes utilizan la metodología “campesino a campesino” y “campesina a campesina2”. Esa metodología se basa en la enseñanza-aprendizaje, que se orienta a rescatar los saberes previos de los sujetos, con transferencia horizontal de información y conocimientos, es flexible, dinámica y participativa, puede ser innovada constantemente; en este proceso se enseña y se aprende entre todas las personas (Jaime, 2021).
La UTT, busca fortalecer los ciclos de la naturaleza en vez de combatirlos con productos químicos. Además, intentan planificar la producción y avanzar en procesos de recuperación de semillas, variedades de las frutas y verduras. Para las mujeres de la UTT, es fundamental avanzar en la producción de alimentos agroecológicos y en la auto-organización de los pequeños productores/as y la capacitación de campesino a campesino y campesina a campesina. Desde 2013, año en que se realizaron las primeras 5 parcelas agroecológicas en conjunto con instituciones públicas, sumaban media hectárea en total. En solo 8 años ya son más de 900 hectáreas de producción agroecológica en el país, con un sistema técnico, biofábricas, producción propia de bioinsumos y semillas, plantines y circuito comercial independiente (UTT Redes, s/d).
El equipo nacional que conforma el CoTePo, integrado por técnicos y técnicas que son las mismas familias productoras, genera condiciones para la contención de las necesidades técnicas, de elaboración y provisión de bioinsumos y estrategias de comercialización. Además, las familias obtienen la Certificación Agroecológica para sus cultivos a través del Sistema Participativo de Garantías (SPG). El SPG es un sistema de garantía de proceso enfocado localmente. Se busca la capacitación de los productores/as a través de la participación activa de las partes interesadas y se basa en la confianza, las redes sociales, y el intercambio de conocimiento. A través de un equipo técnico conformado por docentes y estudiantes de las carreras de la Facultad, se realizan visitas a los establecimientos de los productores que participan en la Feria del Productor al Consumidor en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA, s/d). En ellas se evalúa y verifica distintos tipos de indicadores que luego conforman la garantía. También se realizan capacitaciones para fomentar y acompañar la transición en la producción agroecológica de verduras y hortalizas.
En todo este proceso también la organización pudo percibir que no existe la agroecología sin la participación y el aporte fundamental que hacen las mujeres trabajadoras de la tierra. La UTT como organización se propone realizar un Plan hortícola para la transición agroecológica a fin de alcanzar los siguientes objetivos: (i) productividad igual o superior (a partir del segundo año la diferencia es mayor al 20% a favor del planteo agroecológico); gastar 80% menos de insumos externos; (iii) venta directa, precio justo, a través de los canales propios y las redes de comercialización existentes; (iv) alimento con mayor calidad nutritiva y completamente inocuo3; (v) precios finales iguales o menores que los convencionales; (vi) asistencia y formación permanente en bioinsumos, semillas, plantines y certificaciones, entre otros temas (UTT Redes, s/d).
En Brasil, El MIQCB es formado únicamente por mujeres, quebradeiras de coco babaçu presentes en las provincias de Maranhão, Pará, Piauí y Tocantins donde tienen como objetivo representar los intereses sociales, políticos y económicos de este grupo, reconociéndolas por su identidad colectiva como comunidad tradicional4. La organización de las mujeres del MIQCB vinculadas a las prácticas agroecológicas y seguridad alimentaria están orientadas a la salud de las familias de manera integral buscando asegurar la producción para el autoconsumo y el excedente para el intercambio, donación y comercialización. Una de las experiencias es el manejo ecológico de las palmeras de babaçu por medio de los Sistemas agroforestales biodiversos y los huertos productivos protagonizado por las mujeres y jóvenes en las comunidades. Así, con base en los principios de la agroecología y el feminismo, utilizando metodologías participativas, se inició la construcción colectiva de conocimientos entre técnicas de extensión y agricultoras en agroecosistemas (Nobre et al., 2008).
De esta manera, la propuesta de huertos productivos agroecológicos, con el objetivo de potenciar la producción agroecológica alrededor de la casa, en áreas de aproximadamente 1/2 hectárea, es donde las mujeres liderarían su acción. En la división sexual del trabajo, el hogar en la agricultura familiar se representa como un espacio dominado por las mujeres y, en consecuencia, el área que lo rodea –el entorno del hogar– está bajo su fuerte influencia (Nobre et al., 2008). Según Silva (2007) y Oliveira (2013), los llamados “alrededores de casas” o “huertos productivos” en Brasil son reconocidos como un espacio de gran importancia no solo para la reproducción de la familia, así como por la valoración y reconocimiento del trabajo productivo y la autonomía de las mujeres. Como principales resultados de esas experiencias agroecológicas se destacan: la expansión y diversificación de especies vegetales; reducción de la dependencia externa de insumos, aumento de la seguridad alimentaria y nutricional de las familias; aumento de ingresos y acceso a mercados locales como ferias agroecológicas; acceso a políticas públicas de comercialización, como el PAA (Programa de Adquisición de Alimentos) y el PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar) (Alexandre et al.; 2012).
Las mujeres del MIQCB, además de la incidencia en las políticas públicas vinculadas a las leyes del Babaçu Libre, también se organizan en el campo de la educación agroecológica en las escuelas públicas de sus municipios. Cuando entrevistamos a Dora, quebradeira de coco do Lago do Junco (Maranhão) sobre cómo trabajaban en su comunidad la perspectiva agroecológica y la seguridad alimentaria, nos planteó la experiencia que el movimiento de mujeres junto a los/as docentes de las Escuelas Agrícolas de la comunidad elaboran un proyecto de ley municipal sobre educación agroecológica a nivel primario, secundario y en las escuelas técnicas agrícolas. Sin embargo, la iniciativa no tuvo dictamen en la cámara ni voluntad política de los concejales del gobierno de turno.
La Associação de Mulheres Trabalhadoras Rurais de Lago do Junco e Lago dos Rodrigues (AMTR) elaboró una propuesta de proyecto para que el municipio incluya la educación agroecológica como una propuesta en el currículo escolar. Pero no fue aprobado. Ya pasó el mandato, empezamos nuevamente en este ahora con la solicitud y el concejal dijo que no hay posibilidad. Las cosas solo importan cuando la gente las quiere, cuando no las quieren frenan todo, pero esto fue un interés muy grande porque si fuera aprobado trabajaríamos con niños/niñas y jóvenes dentro de las escuelas y tal vez esto mejoraría la concientización y cuando los jóvenes puedan ingresar a la Universidad ya estarían más involucrados en algo que no sea el agronegocio (Entrevista a Dores Vieira Lima, quebradeira de coco, Ludovico, Lago dos Rodrigues, Maranhão. Febrero de 2022. Traducción propia).
La UTT también utiliza campañas educativas sobre agroecología en distintos espacios y eventos culturales, como ejemplo la Expo Alimentaria en Tecnópolis en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dónde presentaron la consigna “La alimentación como derecho”. Esas actividades tienen como objetivo reflexionar los modelos productivos agrícolas, económicos, a partir de una perspectiva popular, de género, diversidades, así como las políticas públicas direccionadas a la agricultura familiar campesina e indígena de Argentina, con eje en el trabajo digno y la alimentación como derecho humano. La importancia de (re)pensar el circuito productivo de los alimentos, el acceso a la tierra y la comercialización, desde un enfoque en la alimentación sana, segura y soberana es uno de los desafíos de la organización (UTT Expo Alimentaria, 2022).
Es así como los procesos de transición agroecológica y los feminismos han caminado por diferentes sendas, pero en las últimas décadas coinciden en diálogos y prácticas interdisciplinarias, en algunos momentos con tensiones y en otros, con mayor consonancia y sintonía. Por un lado, ambas perspectivas entienden que la destrucción de la naturaleza evidencia el vínculo entre el sistema económico dominante y las desigualdades sociales, ambos con efectos negativos en la población, pero sobre todo para las mujeres porque, como lo han planteado Emma Siliprandi y Gloria Zuluaga (2014), ellas están directamente asociadas con la reproducción de la vida por ser históricamente proveedoras cotidianas de alimentos, agua y energía. Asimismo, ambas propuestas buscan mejorar las condiciones de vida al considerar la necesidad y urgencia de restaurar y preservar la naturaleza, gestionar de manera integral los territorios y transformar las relaciones de género (Zuluaga et al., 2018; Dorrego, 2018).
Todo esto, junto a experiencias locales con presencia expresiva de mujeres desde y con la agroecología, hace que esta se muestre como una alternativa de producción agrícola que trabaja con la naturaleza y dialoga con la cultura y cosmovisión de los pueblos y sus conocimientos locales desde la escucha y la construcción conjunta de propuestas con base en el bien común y en dar respuesta a los intereses y necesidades de las mujeres que vienen sosteniendo en mayor medida las tareas de cuidado de las personas y los territorios. En este sentido, se identifican una serie de principios relevantes para las mujeres de todas las culturas en relación a la centralidad de la vida, la espiritualidad y el cuidado de la naturaleza y de los cuerpos a través de una alimentación sana, una vida libre de violencia, así como del reconocimiento y recuperación de sus saberes, conocimientos y formas de vida (Dorrego, 2018).
Las mujeres rurales en la lucha por la soberanía y seguridad alimentaria: es fundamental reconocer el tema de las semillas criollas por su importancia estratégica para la manutención del modo de vida campesino y por ser capaz de enseñarnos cuán lejos las mujeres rurales pueden llegar en la resistencia a las distintas opresiones y defensa de sus cuerpos-territorios para la transformación social. La preocupación de las mujeres rurales con el tema de las semillas –concretada en luchas sociales y políticas y en experiencias prácticas de resistencia– ya es de hace mucho conocida como podemos identificar en el relato de Rosalía Pellegrini sobre su importancia y dificultades para asegurar la soberanía y seguridad alimentaria en Argentina:
Nosotros acá no somos soberanos con el tema de semilla, dependemos de semilla importada, no hay una industria nacional de semillas, nunca hubo la voluntad política para desarrollarla, y las empresas multinacionales que producen semillas están muy bien instaladas en la Argentina como en muchas partes del mundo (Entrevista a Rosalía Pellegrini, Secretaría de Género UTT, 2022).
Para las mujeres rurales, las semillas no transgénicas son como la vida misma, la clave para la transformación, la garantía para un futuro mejor para sus hijos/as. Las semillas criollas/no transgénicas son una condición para concretar la autonomía campesina, la soberanía y seguridad alimentaria. Pero, más que una tecnología –que, por cierto, llevó siglos para ser adaptada por manos cuidadosas de mujeres y hombres– la semilla es un símbolo del objetivo mayor de la vida que es crecer y reproducirse. En la investigación realizada por Marcia Tait (2015), de Brasil, para su tesis de doctorado en la Universidad de Campinas: “Elas dizem não! Mulheres Camponesas e resistências aos cultivos transgênicos no Brasil e Argentina”, nos ayuda a profundizar los significados de la relación de las mujeres con las semillas, empezando por valorar el poder de una negación. El “¡no!” como un punto de partida, el rechazo de las mujeres rurales a algo que les está destruyendo la vida es una demostración de coraje y valor, una lección de impacto social. “¿Por qué un grito de “¡no!” nos puede sorprender? ¿Por qué las mujeres rurales nos dan miedo?” (Tait, 2015). Por lo tanto, cuando una mujer dice “¡no!” o, mejor dicho, cuando son muchas mujeres acuerpadas que dicen “¡no!, no es algo pequeño, es un mensaje potente y un gran gesto de rebeldía como nos plantea Emma Siliprandi. Así que cuando ellas lo dicen colectivamente, tiene todavía más impacto, porque cuestionan socialmente lo que les es atribuido como condición de género. Tait (2015), nos muestra también el significado social y político positivo de esta negación. Que este colectivo de mujeres es portador de un discurso insurgente, porque son sujetos políticos de conocimientos y de reflexiones que pueden ayudar el conjunto de la sociedad a repensar su proyecto de (mal)desarrollo en una Tierra dañada.
Ellas son capaces de interpelar la experiencia humana en un planeta que no nos necesita pero que nosotros sí lo necesitamos. A partir de una cuestión “básica”, como es la producción de semillas para la agricultura, podemos ver que en la discusión específica sobre las semillas y su importancia concreta y simbólica para las mujeres se juntan cuestiones biológicas, agronómicas, sociológicas, de ciencia y tecnología, y de sexo-género. Estas mujeres están, en la práctica, construyendo lo que Bidaseca (2018) llama epistemologías del sur; resistiendo a una forma de conocimiento –que se materializa en una “tecnología”, las semillas genéticamente modificadas– que las desconsidera, las excluye y las marginaliza, sea como clase, sea como sexo-género, raza, etnia.
Las semillas son, entonces, una metáfora para esas mujeres, las semillas criollas/no transgénicas son tecnociencia apropiada, algo construido a lo largo de los años por sus propias experiencias que han pasado de generación en generación, por la adaptación de los granos al ambiente en donde se reproducen, con la ayuda de las manos femeninas que las plantan, las cuidan, las seleccionan. Las semillas, criadas y reproducidas de esta forma, serán generadoras de vida, cumpliendo una función de satisfacer las necesidades humanas y no humanas, respetando los ciclos naturales y respondiendo a fines éticamente defendibles. Sin embargo, para las empresas transnacionales que concentran el monopolio de las biotecnologías, es totalmente diferente. Son productos artificiales, criados en laboratorios, a partir de conocimientos privatizados, para fines privados, sin responder a cualquier otro imperativo ético o moral que no sea dado por las condiciones “naturales” del capitalismo colonizador-hegemónico. En este movimiento, las mujeres rurales en Améfrica Ladina (Gonzalez, 1988)5, están convencidas de que para avanzar en estas luchas tenemos que mirarlas desde una perspectiva feminista descolonizadora, anti-sexista y anti-racista.
Economía feminista y solidaria para la autonomía de las mujeres de la UTT y del MIQCB
Estrategias como las redes de solidaridad, el apoyo mutuo y la cooperación; la creación de espacios participativos, de escucha y cuidado; las redes comerciales; los comedores populares; las huertas familiares y comunitarias, y otras prácticas de la economía social y solidaria ejemplifican propuestas para una nueva socio-economía basada en el cuidado. La coyuntura en que nos encontramos es, pese a todas las resistencias e inercias para mantener el status quo, una oportunidad única para recoger y buscar soluciones fundadas en una transición económica que inserte los cuidados, lo común y la vida de las personas y del planeta en su interior. Esta combinación de enfoques –agroecología, economía solidaria y feminismos– impulsada desde el diálogo y la co-creación de conocimientos, permitirá encontrar alternativas y transformaciones de la sociedad y del actual sistema económico, que haga posible la construcción de sociedades con economías más justas y sostenibles, en armonía con los ecosistemas naturales.
Se observa que las mujeres rurales generalmente son excluidas de los procesos y decisiones sobre el uso y manejo de los bienes naturales y la gestión en los cargos de liderazgo. La participación de las mujeres rurales en los espacios políticos, la organización productiva y la generación de ingresos, el acceso a los mercados y el control social, siempre ha sido poco reconocida y frágil. A partir de la economía feminista, varias académicas han destacado la necesidad de establecer un paradigma más apropiado para analizar la economía que integre las actividades de reproducción social y la sostenibilidad de la vida humana. El argumento central de este campo de estudios es que la economía monetaria depende de la economía no monetaria, ya que los salarios pagados son insuficientes para garantizar la reproducción física y social y las familias dependen del trabajo realizado en el ámbito doméstico, de las relaciones afectivas y emocionales para sobrevivir y estas no se pueden adquirir en el mercado (Faria, 2009; Federici 2020; Gago; Cavallero, 2022). Además, la falta de acceso a capacitación e información básica a las mujeres rurales genera inseguridad para este grupo históricamente marcado por la falta de participación y el no reconocimiento de ellas como sujetos productivos y económicamente importantes.
Cristina Carrasco (2012), apoyándose en el enfoque de la economía y el feminismo, busca construir un nuevo modelo que rompa con el patriarcado y esté en sintonía con la economía feminista. Carrasco (2012), desarrolla lo que llama una propuesta de nuevos indicadores basados en la experiencia de las mujeres, destacando las siguientes capacidades: acceso a la salud, la educación y el conocimiento; a un hogar adecuado y seguro; trabajo e ingresos remunerados; movilidad; a los cuidados; tiempo libre; una vida libre de violencia; participación social y política en la comunidad. En este sentido, es fundamental reconocer a las mujeres rurales como sujetos claves en las innovaciones tecnológicas y metodológicas que sustentan sistemas de agricultura sostenibles, resilientes a la crisis climática y que contribuyen a reducir algunos impactos ambientales nocivos, que generan ingresos, garantizan la seguridad alimentaria y la defensa de sus territorios y comunidades.
En Argentina las mujeres rurales integraron históricamente las cooperativas. Su presencia es incentivada por los precursores del cooperativismo, como parte de un discurso sobre las familias y su arraigo en el mundo rural. Las investigaciones en este campo visibilizaron la acción de protesta de mujeres rurales o las problemáticas de la gestión de los espacios de cooperativas y asociaciones (Bidaseca; Mariotti, 2001; Partenio, 2013, de Arce, 2020). Sin embargo, la reproducción de un sistema de género tradicional en asociaciones promotoras de igualdad evidencia la influencia del entramado de relaciones sociales y representaciones culturales más allá de los valores cooperativos. De esta forma, se sostiene que “en el sector rural la actividad productiva en sí misma es desarrollada en su mayoría por hombres, y son ellos mismos los que se acercan a las cooperativas” (CONINAGRO, 2012), mientras las mujeres pueden “tener voz, pero no voto” y sus opiniones pueden ser juzgadas como correctas, pero siempre escuchadas dentro del ámbito hogareño (Gómez, 2012). Aún si la “asociación abierta y voluntaria” (primer principio cooperativo) garantiza la no discriminación por género (raza, clase social, etc.) de los/as asociados/as, se ha señalado repetidamente –y no exclusivamente para el caso argentino– que las cooperativas están dirigidas por hombres, independientemente del número de asociadas (Gómez, 2012).
Desde 2014, la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) incentiva a sus miembros a asumir un compromiso con un desarrollo económico de carácter inclusivo y equitativo, que fortalezca la participación económica de las mujeres, sus liderazgos y mejore los niveles de representación femenina en los consejos directivos. Su propuesta apunta a “cambiar patrones (de género)” para que la responsabilidad del cuidado no solo quede en manos de las mujeres, y a eliminar obstáculos que persisten para la inserción igualitaria al mundo cooperativo y a mejores condiciones económicas y laborales (ACI, 2014). Esta declaración muestra cómo la estructuración de género atraviesa las instituciones e identidades sociales, donde la división binaria entre los sexos es un elemento constitutivo de las relaciones sociales y el género se establece como forma primaria de significar el poder (Scott, 2011). Los marcadores de género y étnico-racial se convierten así en un elemento que compone y explica las desigualdades sociales, aún en espacios como el movimiento cooperativo, que pretende eliminarlas a su interior.
En Argentina la cantidad de mujeres productoras como miembros de sociedades según la distribución de las explotaciones agropecuarias (EAP) con tipo jurídico –sociedad de hecho no registrada–, presentaba que de las 249.663 EAP que se identificaron en el Censo Nacional Agropecuario (2018), el 3%, es decir, 6.524 eran con tipo jurídico sociedad de hecho no registrada. De esas 6.524 EAP, 1.857 contaban con al menos una mujer como miembro de la sociedad, lo que representa el 28%. En la provincia de Buenos Aires, de las 25.433 EAP con tipo jurídico, 5.280 (21%) estaban gestionadas por mujeres (INDEC, 2022).
En el caso de las organizaciones cooperativas de Brasil, dos estudios realizados por Eliene Anjos (2018a) y otros grupos de investigación sobre las formas asociativas de la agricultura familiar demostraron que las razones para crear asociaciones eran permitir que los agricultores/as familiares accedieran a políticas públicas y garantizar derechos básicos de ciudadanía que no estaban garantizados por el Estado brasilero en la mayoría de las comunidades rurales. También es claro que las prácticas de gestión adoptadas son aún incipientes para enfrentar los desafíos de estas asociaciones, que buscan convertirse en vectores del desarrollo rural. Así como, entre las variables étnico-raciales, las mujeres negras acumulan situaciones de desigualdad, en un tipo de trabajo “que aún está muy lejos de garantizar los derechos laborales y alterar las asimetrías que históricamente configuran el mundo del trabajo en la realidad brasilera, especialmente con respecto a cuestiones de género y raza” (Anjos, 2018b).
Cooperativa Interestadual das Mulheres Quebradeiras de Coco Babaçu (CIMQCB) y la Cooperativa de la Secretaría de Género de la UTT
Rescatando la historia de lucha de las mujeres en el Médio Mearim y en el intento de posibilitar mayor ingreso de renta y recursos para las familias, las quebradeiras de coco empiezan a organizarse por medio de las asociaciones y grupos productivos solo por mujeres y fortaleciendo también los procesos de cooperativismos en las organizaciones mixtas como socias y cooperadas. En los años 1990, fueron creadas cuatro cooperativas en la región de Mearim: la Cooperativa dos Pequenos Produtores Agroextrativistas de Lago do Junco (COPPALJ), la Cooperativa Pequenos Produtores Agroextrativistas de Esperantinópolis (COPPAES), la Cooperativa Pequenos Produtores Agroextrativistas de São Luiz Gonzaga do Maranhão y la Cooperativa Pequenos Produtores Agroextrativistas de Lima Campos (COPPALC). En alianza, las quebradeiras contribuyeron al proceso de organización de la producción y comercialización, y sus principales productos fueron el aceite y la harina de babaçu, utilizando el mesocarpio (Barbosa, 2004).
El surgimiento de las cooperativas es especialmente relevante para la valorización del trabajo de las mujeres rurales (Lima et al., 2007), siendo que el papel del MIQCB fue de suma importancia para la organización de la lucha de las quebradeiras de coco. En 2009, para responder a la necesidad de mejorar el acceso al mercado para la venta de productos de babaçú, el movimiento creó la Cooperativa Interestadual das Mulheres Quebradeiras de Coco Babaçu (CIMQCB), organizándose en grupos comunitarios productivos para la comercialización y beneficio de los derivados del babaçu en las provincias de Pará, Maranhão, Tocantins, Piauí y tiene su sede en São Luís, Maranhão. La cooperativa produce jabón, aceite de oliva, harina y artesanías, entre otros productos. Hoy existen 37 grupos productivos que agrupan a 282 mujeres, de las cuales 136 son socias de la cooperativa.
La Cooperativa Interestadual das Mulheres Quebradeiras de Coco Babaçu (CIMQCB), tiene como objetivo compartir conocimientos y saberes para hacer frente a la producción, procesamiento y comercialización de los derivados del babaçu. Es decir, con todas las etapas de la cadena productiva, las quebradeiras de coco producen artesanías, jabones, harina de babaçu, carbón vegetal, aceite y residuos para la alimentación animal. Son productos naturales, elaborados sin el uso de conservantes ni agrotóxicos y sin la práctica de talar y quemar las palmeras de babaçu. Sin embargo, tales productos necesitan una política de precios justos y un mercado que reconozca su calidad, valor y especificidades. La falta de incentivos para la economía del babaçú por parte del gobierno sigue siendo un desafío para el movimiento.
El MIQCB ha buscado sensibilizar a los consumidores/as, mostrando que quienes compran productos de estos emprendimientos comunitarios contribuyen a la preservación de la selva de babaçu, fortaleciendo los principios de la economía solidaria y generando trabajo e ingresos para más de 300.000 mujeres quebradeiras de coco. En el Médio Mearim, visitamos a dos de esas experiencias, la Associação de Mulheres Trabalhadoras Rurais de Lago do Junco e Lago dos Rodrigues (AMTR) y la Cooperativa de Pequeños Produtores Agroextrativistas de Lago do Junco y Lago dos Rodrigues (COPPALJ). La AMTR donde se realiza la producción de jabón como fuente de ingresos a las mujeres posibilitando la formación económica, de gestión, agroecológica, de género, derechos de las mujeres, de los pueblos y comunidades tradicionales. Además, la asociación tiene un protagonismo con relación a las campañas contra la violencia doméstica y la división sexual de trabajo, racismo ambiental entre otros temas.
Así como la COPPALJ fomenta la cadena productiva del babaçu, agregando valor en la producción agroecológica y con sello orgánico para el comercio local, regional e internacional. Es una experiencia significativa para sus cooperados/as porque con ese proceso de organización social y económica que ya no necesitan vender sus productos a intermediarios, consiguen priorizar los canales de comercialización siempre que las necesidades primarias de las familias sean atendidas (formación, acceso a la alimentación y mejores condiciones de vida). La COOPPALJ también recibe asesoría técnica de la ASSEMA, organización que estimula la producción agroecológica, la comercialización institucional y en la prospección de mercados dentro y fuera del país. A continuación, podemos ver los productos de la AMTR, de la COPPALJ y los productos del MIQCB.
La Secretaría de género de la UTT, también conformó su cooperativa a fin de promover la autonomía económica de las mujeres en sus bases y poder comercializar sus productos en los almacenes locales de la UTT por todo el país. Ese proceso se dio con el objetivo de fortalecer las capacidades, conocimientos y saberes de las mujeres sobre la salud integral, las plantas medicinales, el acceso a los alimentos sanos y a una vida libre de violencias. Por medio de los talleres de plantas medicinales, se intercambian saberes ancestrales y a su vez, encuentran una alternativa financiera y comercial con los grupos productivos de mujeres en cada territorio de intervención de la UTT.
La experiencia de las mujeres de la Secretaría de género en La Plata fue fundamental para multiplicar esa iniciativa productiva y asociativa dentro de la organización. En 2018, las tinturas madres fueron la principal apuesta de las mujeres. En términos generales podemos encontrar estrategias en común entre las mujeres de la UTT y las quebradeiras de coco babaçu del MIQCB, tales como: (i) objetivo de fortalecer la capacidad productiva de las mujeres en los espacios asociativos y cooperativas, a través de la construcción de conocimientos y prácticas agroecológicas, la autogestión y organización de la producción femenina; (ii) formación en economía solidaria para la autonomía económica de las mujeres; (iii) problematización de la desigual división sexual del trabajo pautada en el feminismo campesino y popular; (iv) asesoría técnica y social construida desde el conocimiento situado, endógeno y territorial; (iv) promoción de liderazgo, acción en red y participación política de las mujeres para incidir en las políticas públicas.
Tales líneas estratégicas permiten repensar las zonas rurales con las mujeres, favoreciendo su proceso de autonomía. El proceso cotidiano de conciencia crítica al modelo agrícola convencional, de explotación de los bienes naturales y, en favor de la agroecología, de mercados más solidarios e igualitarios para hombres y mujeres es fundamental para pensar el futuro de la población rural y la sociedad. A través del protagonismo de las mujeres en estos espacios se recrean nuevas posibilidades de vida y se fortalece su autonomía económica y financiera, así como el reconocimiento de su papel fundamental en la seguridad alimentaria y la conservación del medio ambiente.
Tramas del artivismo contra el ecocidio, el patriarcado y el agronegocio en el Medio Mearim (Maranhão) y La Plata (Buenos Aires)
Las mujeres rurales en Améfrica Ladina vienen utilizando distintos recursos literarios –músicas, poemas, narrativa testimonial, dramaturgia, entre otros– en la construcción de su poética, siendo artivistas de lenguajes y de sí mismas en el mundo. Bidaseca (2023: 3) define “artivismo” como una crítica feminista y cuir pos y descolonial que centran su debate en los cuerpos para romper definitivamente con los binarismos de género y apelar a una estética de la resistencia como memoria de las ancestralidades y como poéticas de la sanación de la herida colonial6.
Drucaroff, en su ensayo Otro logos: signos, discursos, política (2015), nos propone un camino teórico para el análisis del discurso, demostrando cómo se tejen las palabras en los relatos, siendo que las “palabras están habitadas por valoraciones” (concepto de Bajtín, 2006); tal como plantean Voloshinov y Bajtín, “las palabras no se limitan a reflejar la lucha de clases, sino que en ellas transcurre la lucha de clases” (Drucaroff, 2015:22). Además, la autora retoma la idea de Williams, planteando que “semiosis y no-semiosis son simultáneas y se relacionan en un corro constante en el que las palabras reaccionan a la materia no semiótica y a la vez, esta materia se modifica por acción de las palabras” (Drucaroff, 2015:31).
La construcción de un discurso es un complejo entramado de normas, reglas, rituales y prácticas, como señala Foucault: “en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad” (Foucault, 2003:5). Analizar qué se entiende por discurso, cómo se construye un discurso dominante y hegemónico; qué fin tienen, cómo influyen en las subjetividades de cada época, cómo construyen sentido común, es uno de los complejos entramados al mismo tiempo para comprender qué es el poder en las relaciones sociales.
Para Agusto Boal (2016), el pensamiento sensible es un arma de poder: quien lo tiene en sus manos domina. Por eso, los opresores luchan por la posesión del espectáculo y los medios de comunicación de masas, que es por donde circula y se impone el pensamiento único autoritario. Palabra, Imagen y Sonido, que hoy son canales de opresión, deben ser utilizados por los oprimidos como formas de rebeldía y acción, y no como pasiva contemplación absorta. No basta con consumir cultura, es necesario producirla. No basta con disfrutar del arte: ¡es necesario ser artista! No basta con producir ideas, hace falta transformarlas en actos sociales, concretos y continuados.
Arte es el objeto, material o inmaterial. Estética es la forma de producirlo y percibirlo (Boal, 2016). En ese sentido, a partir de las experiencias artivistas de las quebradeiras de coco del MIQCB y las mujeres de la Secretaría de género de la UTT, buscamos realizar un diálogo de sentires, saberes y conocimientos sobre sus vidas, luchas y desafíos. Buscamos comprender a partir de sus artivismos, cómo las mujeres trabajadoras de la tierra y las quebradeiras de coco por medio de su cultura y arte, transmutan el dolor en potencia generadora para la sanación de sus cuerpos –emocional-fìsico-espiritual–, y territorios. Para eso, rescatamos el proyecto cultural de las “Encantadeiras: o canto e o encanto das quebradeiras de coco” del MIQCB y el proyecto artivista “Savias de la Tierra y defensoras de la Vida”, construido por las mujeres de la Secretaría de género de la UTT en conjunto con las muralistas @bernichempio @inecademartori de Mapamaripó en La Plata7. Así como otros lenguajes artivistas como, por ejemplo, la poesía y los encuentros de saberes y plantas medicinales.
Las quebradeiras de coco a través de sus canciones, aquí reconocidas por su producción literaria amplia y creativa, es posible encontrar fragmentos de personas o un individuo, así como una voz comunitaria. Buscamos aprehender sus percepciones políticas y culturales, así como factores aparentemente secundarios, pero que pueden ser de gran importancia para comprender el cotidiano de estas mujeres y observar sus manifestaciones culturales. Las quebradeiras de coco tienen la costumbre de cantar mientras realizan el trabajo diario en los cocais y las canciones expresan su cotidianidad, sus luchas y, entre otros aspectos, su cosmovisión. De esta manera, es posible comprender mejor sus vidas en un sentido colectivo y privado. El canto, la música o verso, son parte de la vida de las quebradeiras de coco, siendo que les acompañan desde el amanecer.
Al empezar temprano el trabajo, por lo general pueden estar en casa antes del mediodía para cocinar el almuerzo de la familia. Dependiendo del lugar, el coco puede estar en el “patio” de la casa, pero es común caminar unos cuantos o varios kilómetros para recoger el fruto. Durante este viaje a los babaçuales o al trabajo, ellas cantan las canciones que les enseñaron sus madres y abuelas o son elaboradas por ellas mismas, transmitidas también a sus hijas y nietas. Estas canciones expresan sus sentimientos, miedos, insatisfacciones con los políticos o pueden celebrar la alegría de tener salud y alimento. Dependiendo de la región y sus distinciones culturales, las canciones piden lluvia en tiempos de sequía, sol en tiempos de lluvia, amores perdidos u otros deseos, refugio en otra vida para las almas que dejan este mundo. Cada lugar tiene sus propias canciones, que se suman a las de otras localidades. Para reunir todos estos cánticos, sería necesaria una extensa investigación en varios municipios de Maranhão y otras provincias.
Como muestra significativa, las quebradeiras de coco del MIQCB editó un libro titulado Canto e encanto nos babaçuais: músicas sob domínio popular, selecionados por “As encantadeiras”, lanzado en 2014. La obra contiene 44 canciones, de diferentes regiones. Debido a la colaboración de Assema, Capes, Museu Emílio Goedi, Universidade Federal do Pará, Universidade do Estado do Amazonas, entre otros colaboradores/as, el repertorio del libro expresa elementos políticos y culturales de interés para esas organizaciones. Aun así, lo más importante de las músicas es saber que pertenecen al mundo de las quebradeiras de coco, especialmente las que viven en Maranhão.
El MIQCB, contribuyó a formar el grupo “As encantadeiras”, con la participación de mujeres de varias regiones. Este colectivo femenino ya actuó en un desfile de carnaval en la capital de Maranhão, en el Palacio do Planalto en Brasilia, en el Encuentro Mundial de la Comunidad Alimentaria, en Italia y en decenas de otros eventos regionales, nacionales e incluso internacionales. El libro expresa un mensaje polisémico que abarca la política, el medio ambiente y la cultura. Además, llama la atención sobre los problemas que experimentan las comunidades y pueblos tradicionales, sus dificultades y aspiraciones. Sin embargo, quienes cantan los sentimientos, dolores y alegrías son las quebradeiras que viven en busca de sueños sencillos, enfocados en la paz del hogar, la familia y los amigos, también en simbiosis con su entorno natural, estos cantos expresan diferentes valores, parte de ellos colectivos y en parte individuales. Al recorrer los cantos, uno puede encontrar una interacción, un diálogo entre el texto y la vida, para entender que los dos son inseparables y pueden entenderse uno a través del otro.
Las canciones expresan perspectivas políticas con un horizonte de largo plazo, que anhela una transformación más profunda de la sociedad. Además, abordan los problemas más inmediatos de la política local o regional. El primer aspecto expresa las enseñanzas de las luchas sindicales y otras cuestiones de clase, enfocadas a una gran transformación social, basada en principios de igualdad. El segundo está más asociado a los deseos y necesidades de la vida cotidiana. En una de las canciones dice (As Encantadeiras, 2014:3), traducción propia):
“Mujer frágil" era un dicho, para que tú lo seas menos.
¿Pero quién vio alguna revolución, sin la presencia de las mujeres?”
Comprendemos que toda transformación comienza con un cambio de pensamiento, de mentalidad colectiva. La siguiente estrofa del verso afirma que las mujeres necesitan liberarse de concepciones que las aprisionan en una percepción de inferioridad y plantea que la forma femenina de crear es necesaria para cambiar el mundo. El verso continúa y llama a las mujeres a expresarse, a alzar sus voces. Están reclamando este espacio de palabra para las mujeres, que antes de ser dominadas por un sistema económico, son subyugadas por un sistema cultural, donde el machismo aprisiona a las mujeres en el sostenimiento del hogar. Esta ruptura solo se producirá cuando dejen de esperar y luchen por sus derechos, recuerda el verso.
La canción “Samba das Quebradeiras” (As encantadeiras, 2014:27), plantea que el proyecto de vida colectivo nació y así el sueño se hizo realidad. Ciertamente, fue solo después de que las mujeres se organizaron que su voz, sus ideales y sus productos ganaron espacio fuera de sus propias comunidades. Llegaron a diferentes lugares de Brasil e incluso de Europa. Con el aprendizaje político en asociaciones, cooperativas, movimientos sociales y sindicatos, las vidas de estas mujeres están permeadas por la realidad inmediata de la política local. Esto también, es lo que define su trabajo, su sustento y su vida en el día a día. No quedan dudas de que algún día se producirá una profunda transformación social, pero es inevitable pensar y luchar hoy.
“¡Mujer, deja de tener tanto miedo!
Sé un poco valiente, toma mi mano.
Luchemos juntas con valentía y amor,
para que el gobierno dé valor a esta nuestra profesión”
(As Encantadeiras, 2014: 8-9, traducción propia).
Al fin y al cabo, si ellas no aseguran sus derechos, habrá una pérdida no solo para las quebradeiras de coco, sino para toda la sociedad en su conjunto. Las quebradeiras de coco babaçu cantan y encantan con sus músicas, poesías y presentaciones, llevan sus historias y luchan más allá de los babaçuales, en versos que expresan sus resistencias, modos de vida y cultura para el mundo8. En relación a las prácticas artivistas de las mujeres de la UTT, el proyecto “Savias de la Tierra y defensoras de la Vida” (2020), buscó plasmar por medio de murales artísticos, los saberes que habitan las mujeres campesinas en los territorios de la provincia de Buenos Aires. Para eso, buscaron dialogar con las mujeres trabajadoras de la tierra, acudir a sus problemáticas y poner el arte popular al servicio de sus narrativas emergentes en contra de los proyectos extractivistas del agronegocio y a favor del acceso a la tierra, de la agroecología, soberanía y seguridad alimentaria, el feminismo campesino y popular. Uno de los ejes de trabajo fundamentales en ese proceso fue comprender lo que las manos y las corporalidades campesinas estaban desarrollando en su territorio.
Para las mujeres de la UTT el campo de la cultura popular es tan fundamental como la práctica de la agroecología. Pues, la cultura es educación a través de imagen, de canción, poesía, danza y teatro. Y es también, el vehículo a través del cual se puede visibilizar su identidad, sus memorias, deseos, sus narrativas para sí mismas y para la sociedad. Con el muralismo también se buscó visibilizar el trabajo de las mujeres campesinas que practican la agroecología; resaltar los saberes tradicionales que aplican para el cuidado de la tierra, el ecosistema y la salud comunitaria; generar contenido estético en el espacio público en las redes sociales para difundir el trabajo de las mujeres campesinas que practican la agroecología y defienden la soberanía y seguridad alimentaria. De esta manera se pudo realizar distintos murales en la zona rural de La Plata, Buenos Aires y posteriormente en otras provincias del país.
La agroecología y el rescate de saberes tradicionales vinculados a las plantas medicinales también fueron una de las principales dimensiones trabajadas en ese proceso de cómo comunicar la importancia del rol de las mujeres rurales para la sociedad. En un encuentro con Bernardita Sempio e Ines Cademartori, artistas de Mapamaripó/las muralistas, nos comentaron que cuando pensaron las actividades para facilitar el encuentro con las mujeres de la UTT, querían poner en manifiesto la potencia de esta alianza de mujeres artistas y campesinas: “observamos que las mujeres vienen de lejos para juntarse. Entre charlas de amigas y talleres, se ponen al día, se intercambian noticias, inquietudes, saberes, recetas y productos”. En febrero del 2022, los murales también fueron realizados en los bosques y lagos Patagónicos. Las mujeres trabajadoras de la tierra que sabiamente habitan este territorio son las protagonistas de este relato9 como podemos observar en los elementos de la naturaleza y la identidad de la trabajadora rural que las representan a seguir.
: Proyecto de muralismo comunitario, agroecológico y feminista de De Savia en Sabia. Construcción colectiva de MapaMaripó y Secretaría de Género UTT.
: Proyecto de muralismo comunitario, agroecológico y feminista de De Savia en Sabia. Construcción colectiva de MapaMaripó y Secretaría de Género UTT.
: Primer mural realizado en el Refugio de Mujeres Víctimas de Violencia de Género de la Secretaría de Género UTT. Construcción colectiva de MapaMaripó y Secretaría de Género UTT, La Plata, 2021.
El 15 de octubre de 2021, el día de la mujer rural establecido por la ONU, las mujeres de la UTT se propusieron a pensar quiénes son y la importancia de su labor como trabajadora rural. A partir de este interrogante las trabajadoras de la tierra escribieron un texto en colectivo, un poema que cuenta cómo es ser una mujer rural en Argentina. Desde cada base de la UTT en el país enviaron una frase sobre su realidad y sueños. La reconocida escritora y activista feminista Gabriela Cabezón Cámara10 brindó su mirada en esa construcción titulada “Somos las Guardianas de la Tierra” (TD News, 2021).
Mujeres Rurales
Es un desafío para nosotras mismas.
Demostramos con acción
que sí:
podemos enfrentar las adversidades patriarcales.
Decidir qué cultivamos.
Cómo queremos hacerlo.
Nos da soberanía
sobre nuestros territorios.
Sentimos orgullo
cuando escuchamos a cada compañera
cantar sus historias.
Orgullo:
por nuestro trabajo.
Por nuestra constancia.
Por nuestra lucha diaria.
Todas juntas somos miles de roles.
Somos defensoras de los montes.
Somos guardianas de las semillas.
Somos íntegras compañeras de luchas (...)
¡Basta!
¡Basta!
¡Basta de violencias sobre nosotras y sobre la naturaleza!
Podemos observar que tanto las mujeres de la UTT como las quebradeiras de coco del MIQCB escriben a partir de sus experiencias, porque son registros de sus vidas, de sus sentires e historias, entonces esa escritura es individual, y a su vez, refleja una voz colectiva, una escritura que es una escrevivencia (Evaristo, 2005). Este concepto creado por la afrofeminista brasilera Conceição Evaristo, puede definirse como: “la escritura consiste en escribir a partir de las experiencias que el autor/a obtiene a lo largo de su vida. A partir de esta experiencia, cada autor/a acaba teniendo diferentes puntos de vista sobre una misma situación o hecho” (Evaristo, 2005:1). La noción de escrevivencias, para Conceição Evaristo, puede ser entendida como un método de escritura y análisis, de producción de conocimiento y desvelamiento de las cadenas de subordinación en las que están insertas las mujeres negras, rurales, indígenas, subalternizadas.
Consideraciones
Tanto en Argentina como en Brasil podemos observar un enfrentamiento al proceso global de privatización de la biodiversidad y los bienes comunes, la des-territorialización, las violencias, siendo las mujeres rurales esenciales en las resistencias. Entre las diversas iniciativas que son impulsadas por las mujeres de la UTT y del MIQCB se destacan la preservación de semillas nativas, la producción de plantas medicinales y fitoterapéuticas, la construcción de saberes y habilidades capaces de transformar la lógica de mercantilización de los bienes comunes en sus comunidades. Aunque con las adversidades y enfrentamientos consiguen generar alianzas entre distintos actores a nivel local, regional e internacional, rescatando propuestas del buen vivir y cosmovisiones de los pueblos tradicionales para una vida digna en el campo. Las experiencias abordadas también son innovadoras por el carácter efectivo al reivindicar políticas públicas y proyectos con orientaciones inclusivas e integrales, y se destacan en la creación de alternativas autogestivas de cooperativas, asociaciones, recuperación de prácticas ancestrales, agroecológicas, construcción de narrativas emergentes como la soberanía y seguridad alimentaria, el arte y la cultura como potencia generadora de sanación de sus cuerpos y comunidades atravesadas por el avance del agronegocio.
Tal como nos plantea Donna Haraway (2019), es necesario habitar los problemas, insistir en ellos; es rechazar tanto el fatalismo desesperanzado como la “fe cómica” en la tecnología o el “game-over” pesimista, que son dos de las actitudes más usuales frente a la catástrofe en curso que “impacientan” a la pensadora feminista compostista. Es por eso que la construcción de la sostenibilidad de la vida y las transiciones agroecológicas y ecosociales requeridas no pueden disociarse de una narrativa pertinente, el arte como proceso de reflexión-acción y un cambio estructural de las relaciones de poder entre los géneros, factores generacionales y étnico-raciales que atraviesan la vida de las mujeres rurales.
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"La tierra está llamando a despertar a las mujeres", exclamó el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir que llegó a Buenos Aires en el Día de Acción Global, luego de caminar durante 70 días en este tiempo de terricidio/feminicidio/trans/travesticidio (BIDASECA et al., 2020a).
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La metodología llega desde Nicaragua, específicamente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos, y se usaba en otros países como Guatemala, México, sin embargo, en Cuba en poco tiempo se logran significativos avances que posteriormente se multiplican en distintos territorios de Améfrica Ladina y África (Jaime, 2021).
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La inocuidad de los alimentos es la ausencia –a niveles seguros y aceptables– de peligro en los alimentos que puedan dañar la salud de las consumidoras y los consumidores. Solo los alimentos inocuos satisfacen las necesidades alimentarias y contribuyen a que todas las personas tengan una vida activa y saludable (Inocuidad Alimentaria, 2021).
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El Ministerio de Desarrollo Social (MDS) preside desde 2007 la Comisión Nacional para el desarrollo Sostenible de las Comunidades Tradicionales (CNPCT), creada por el Decreto del 27 de diciembre de 2004 y reformulada por el Decreto del 13 de julio de 2006. Como desdoblamiento del trabajo del CNPCT, mediante el Decreto 6.040 del 7 de febrero de 2017, se establece la Política Nacional para el Desarrollo Sostenible de los Pueblos y Comunidades Tradicionales (PNPCT).
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Lélia Gonzalez es intelectual y feminista negra brasileña, en la década de 1980, reflexionó detenidamente sobre la realidad de exclusión de las mujeres negras e indígenas de Brasil y América Latina. El concepto Améfrica Ladina busca visibilizar explícitamente la presencia de las poblaciones afro e indígenas de Nuestra América, y reivindicar esta ancestralidad plural de la que fuimos desposeídos con la conformación del Estado-Nación/Moderno/Colonial eurocentrado (Gonzalez, 1988).
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El proyecto recibió el apoyo del Fondo Nacional de las Artes (Beca).
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Ver Quilombolas e pescadores lutam contra a família Marinho e Armínio Fraga. Direção: Alceu Luís Castilho. Brasil, 2023. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=I9hTnAekS28. Acceso en: 28 mar. 2024. Filme retrata vivências das quebradeiras de coco do Maranhão e Piauí. Meio Norte, 28 jun. 2021. Disponible en: https://www.meionorte.com/entretenimento/filme-retrata-vivencias-das-quebradeiras-de-coco-do-maranha-e-piaui-417849. Acceso en: 28 mar. 2023.
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Proyecto de muralismo popular y feminista de Savia en Sabia, MapaMaripó y Secretaría de género de la UTT https://www.instagram.com/tv/Ca49M1CglMY/?igshid=MDJmNzVkMjY%3D. Acceso en: 24 sep. 2023.
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Gabriela Cabezón Cámara es una escritora y periodista argentina. Es considerada una de las figuras más prominentes de las literaturas argentina y latinoamericana contemporáneas, además de ser una destacada intelectual y activista feminista y socioambientalista.






