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Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro)

On-line version ISSN 1984-6487

Sex., Salud Soc. (Rio J.)  no.19 Rio de Janeiro Jan./Apr. 2015

https://doi.org/10.1590/1984-6487.sess.2015.19.04.a 

Artículos

Cambio y narración. Las transformaciones de la homosexualidad en Buenos Aires según los relatos de homosexuales mayores1

Mudança e narração. As transformações da homossexualidade em Buenos Aires segundo os relatos de homossexuais maiores

Change and narration. The transformations of homosexuality in Buenos Aires according to the narratives of older homosexuals

Ernesto Meccia1  2 

1Universidad de Buenos AiresDoctor en Ciencias Sociales. Profesor Regular de la Universidad de Buenos Aires.

2y de la Universidad Nacional del Litoral. Buenos Aires, Argentina. > ernesto.meccia@gmail.com


RESUMEN

En el artículo se indagan narrativas respecto de las transformaciones de la homosexualidad de varones residentes en Buenos Aires desde 1983. Las narrativas implican ineludiblemente una valoración ética de lo contado, transformando de esta forma lo “realmente” vivido. Se aplican técnicas de los métodos del análisis narrativo para abordar un conjunto de teorías legas del cambio social de la homosexualidad, que no solamente presentan factores de cambio, sino valoraciones sobre el estado de cosas al que el cambio lleva.

Palabras-clave: homosexualidad; post-homosexualidad; cambio social; narrativas del cambio social; análisis narrativo

RESUMO

Este artigo analisa as narrativas a respeito das transformações da homossexualidade de homens residentes em Buenos Aires desde 1983. As narrativas implicam ineludivelmente uma valorização ética do contado, transformando desta forma o “realmente” vivido. São aplicadas para analisar um conjunto de teorias leigas da mudança social da homossexualidade, que não somente apresentam fatores de mudança, como também valorizações sobre o estado de coisas a que a mudança leva.

Palavras-Chave: homossexualidade; pós-homossexualidade; mudança social; narrativas da mudança social; análise narrativa

ABSTRACT

The article examines narratives about the transformations of homosexuality by of gay male residents of Buenos Aires since 1983. Narratives inevitably involve an ethical assessment of what is recounted, thus transforming what was "really" lived. Techniques of narrative analysis were applied to those narratives in order to address a set of lay theories on homosexuality and social change. The narratives introduce not only factors change, but a scale of values about the state of things to which that change has lead.

Key words: Homosexuality; Post-Homosexuality; Social Change; Narratives of Social Change; Narrative Analysis

Introducción

En este artículo nos proponemos analizar las narrativas a través de las cuales hacen inteligibles las transformaciones de la homosexualidad un conjunto de personas homosexuales que habitan en la ciudad de Buenos Aires desde, al menos, 1983, año de la reapertura democrática en Argentina.

Hoy, en dicha ciudad, si se piensa en las transformaciones de las interacciones sociales entre los homosexuales (y de los homosexuales con los heterosexuales), así como en los escenarios en los que se desarrollan, y en el imaginario social en general, resulta cada vez más problemático referirse, a secas, a la homosexualidad. Esta hipotética impertinencia también comprendería a las ciudades de Rosario y Córdoba, lo cual, a su vez, es un modo de sugerir que el fenómeno también podría comprender a grandes centros metropolitanos de la mayoría de los países de Occidente. Tal vez es momento de hablar de post-homosexualidad.

La homosexualidad y la post-homosexualidad merecen ser tratadas como dos configuraciones sociales que, en tanto tales, organizan las diferencias sexuales de formas características. En el régimen homosexual se articulaban un imaginario de enfermedad, amenaza, peligro, contagio y contaminación, con un entramado político-jurídico que posibilitaba todas las clases de represiones. La homosexualidad no era considerada por los homosexuales como una opción identitaria, lo cual, sumado a la inexistencia de agrupaciones políticas, tornaba dificultosa la aplicación de un estándar evaluativo-moral autónomo. Las evaluaciones eran realizadas contra un fondo de moralidad heterosexista.

Presentar los atributos de la post-homosexualidad es dedicarse en gran medida a ver atributos contrastantes. En virtud de una serie de cambios que no podemos detallar aquí (Meccia, 2011), se tiene el hecho ampliamente sentido como incontestable (aunque no por ello necesariamente aceptado) de que el sexo y la afectividad entre personas del mismo sexo constituyen una opción identitaria legítima, diferenciable de la heterosexual pero jamás clasificable de manera ordinal en relación con ella; circunstancia que, en Argentina, terminó de refrendar la aprobación (en 2010) de la ley que reformó el Código Civil, al permitir que las personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio. Semejante incorporación a la dinámica ciudadana es efecto y a la vez condición de una notabilísima reducción de la extrañeza de la homosexualidad en el imaginario social, imputable a las organizaciones sexo-políticas y a los medios de comunicación.

En este escrito queremos ver cómo es que el tránsito entre una configuración social y otra es narrado por varones homosexuales que han vivido ese proceso. Por lo tanto, nuestra unidad de análisis no serán ellos como individuos, sino solamente sus narrativas, es decir, sus formas de contar el cambio social.

Las narrativas fueron obtenidas a través de entrevistas abiertas realizadas por el autor. Cinco provienen del libro Los últimos homosexuales. Sociología de la homosexualidad y la gaycidad (2011) y fueron obtenidas a través de la técnica del efecto bola de nieve. Las restantes 29 se obtuvieron de dos formas: por un lado, repitiendo la misma técnica (que funcionó sobre todo para contactar gente de mayor edad) y, por otro, publicando un aviso en dos importantes usinas informativas para la población LGTBI en Argentina: el Suplemento SOY del diario de circulación nacional Página 12, y el Blog de Noticias de TN (Todo Noticias - http://blogs.tn.com.ar/todxs/), cuyas redes sociales tienen más de 1.000.000 de personas adheridas. Las 5 primeras entrevistas se realizaron en 2010 y las 27 que completan la muestra fueron realizadas durante la segunda mitad de 2012 y la primera mitad de 2013. Cada entrevista supuso dos encuentros cara a cara, y en ocasiones especiales, tres.[2]

El número consignado corresponde a las entrevistas que finalmente formaron la muestra. Otras, por diversos motivos, no llegaron a formar parte. Los atributos a ostentar por cada entrevistado fueron: a) tener más de 40 años en el momento de realización de la entrevista; b) reconocerse en la actualidad como gay y homosexual; y c) vivir en Buenos Aires o sus alrededores desde, por lo menos, 1983, año de la reapertura democrática. Busqué cubrir cuotas similares por edad en la muestra.[3]

Referir a narrativas supone colocar el argumento por fuera de un cotejo referencial fáctico (Ricoeur, 2006; Arfuch, 2007; Hankiss, 1981). Las narrativas (o los “relatos de vida”) no son la crónica de los hechos; son construcciones de carácter indicial que posibilitan apreciar cómo, en un determinado momento del devenir biográfico, las personas se narran a sí mismas, a sus semejantes y a sus entornos sociales más o menos lejanos. Dado que –teóricamente– es en cualquier momento del devenir cuando se tramitan los sentidos de pertenencia y referencia social, es esperable que siempre un cierto acento ético acompañe la narración de los hechos, transformándolos ineludiblemente.

¿Cambió la homosexualidad? ¿En qué aspectos? ¿En cuáles no? ¿Tendría que cambiar también en ese aspecto? ¿De dónde vienen los cambios? ¿Por qué se producen?, son preguntas imposibles de responder sin acentuar si los cambios son “buenos” o “malos”, o algo intermedio, aunque siempre valorado. Los relatos de vida suponen por ello una configuración, es decir, una determinada disposición, una puesta en orden de lo ocurrido y/o imaginado. Ello configura una trama en la que se ponen a jugar ciertas fuerzas o factores que hacen que la narración avance. Esas fuerzas –que se mueven como personajes– pueden ser humanas (personas homosexuales) o no-humanas (una idea de injusticia divina); individuales (un testimoniante homosexual) o colectivas (una organización sexo-política gay); concretas (una madre homofóbica o un hermano homófilo) o abstractas (el mercado capitalista que coloniza el mundo gay). Poco importa esta caracterización respecto del objetivo que cumplen: cualquiera de esas entidades transportan una fuerza a la narración y quedan dispuestas de una forma en que la trama resultante da sentido a lo que sucedió, lo explica, lo hace inteligible.

En este contexto, hablar de métodos narrativos es hablar de una estrategia de producción y análisis de datos que permita relevar las categorías o los elementos de que están armados los relatos de los sujetos. Si nuestro interés está puesto en el cambio social es pertinente armar una grilla genérica tentativa que luego deberá ser abastecida de categorías nativas: a) qué fuerzas (o personajes) traen los testimoniantes a la narración del cambio; b) cómo se los caracteriza; c) qué rol juega cada uno; d) cómo se vinculan entre sí; e) qué valoración de su desempeño merecen; f) qué estado de cosas vienen a reproducir o alterar; g) qué valoración se realiza del estado de cosas previo y resultante. Esta grilla genérica y tentativa sugiere que los elementos narrativos, sin la valoración y sin el juego de relaciones a que los somete la narración, no tienen ninguna validez analítica. Esto es así porque, más que el analista, quienes aplican métodos narrativos son los actores sociales.

Teorías del cambio social de la homosexualidad

Nuestra modalidad de exposición (tratando de incorporar lo expresado), se estructurará teniendo como punto de partida los “factores” del cambio, es decir, que agruparemos las teorías legas del cambio social de la homosexualidad a partir de sus agentes o su procedencia (¿gracias a quién se produce el cambio? o ¿de dónde proviene?). Si bien, en términos generales, nuestros testimoniantes manejan complejas teorías pluri-causales, ello no quita que en la mayoría de los testimonios algún factor tenga más preeminencia que otros.

El factor comunicativo

En principio, tenemos que el factor comunicativo es puesto como gran agente de cambio social. Al amparo de “comunicativo” hemos reunido un conjunto de reflexiones donde se sindica a la televisión (en especial, a algunos de sus géneros), al cine, al teatro y a las revistas semanales como escenarios en los cuales los homosexuales hicieron por primera vez el coming out de amplio espectro en los años ‘80 y ’90 del s. XX. Al mostrar la vida real de los homosexuales –entienden los relatos– quedaron abiertas las puertas para la creciente sensibilización de la sociedad ante el tema, lo cual se tradujo en prácticas concretas de reducción de la discriminación. La homosexualidad que se ve no se teme, la que se demoniza es la homosexualidad fantasiada por el pensamiento discriminador (que nunca puede verse porque es sólo fantasía); por lo tanto, es mejor mostrar; sería el precepto dejado por este proceso.

Patricio (50 años) recuerda un programa de la televisión argentina,[4] de gran repercusión popular, en el cual los invitados almorzaban con la conductora. Notemos cómo Patricio recuerda a la conductora en términos de la visibilización de la homosexualidad y de didáctica social que un programa de ese tipo permitía. En el recuerdo de Patricio, luego aparecen personajes del mundo de la música (en los años ‘90, en Argentina, tres cantantes lesbianas tuvieron un “boom impresionante”); y un tipo de programa que empezó a tener importancia en la televisión argentina de los años ‘90: los informes especiales sobre la vida en la ciudad de gentes en las cuales el común de la gente no reparaba, entre ellas, la vida de las travestis y los homosexuales.

Alfredo L. (58 años) trae los nombres de un conjunto de artistas populares y reconoce cómo el cine, los informes especiales, las obras de teatro y hasta las “divas” fueron factores del cambio social, porque operaron en la dirección de “ablandar la cabeza de la sociedad y ni qué hablar de cómo nos sirvieron a nosotros” para reconocerse en imágenes que no sean contra-imágenes del yo. De esta forma, como viendo el cambio social panorámicamente habla de lo improbable de escribir la historia de la homosexualidad (“hacer una historia nuestra”) sin que se aparezcan las imágenes de estos referentes (las “fotitos”) en el “camino”:

Yo creo que los homosexuales comenzaron a cambiar en sus comportamientos cuando se hicieron más visibles. Los medios son fundamentales. (…). Me acuerdo que Mirtha Legrand le preguntó a una médica o a una sexóloga “¿por qué hay tanto homosexual ahora?” Y esta señora le contestó: “No, señora Legrand: no es que ahora haya más homosexuales que antes. Es, simplemente, que se ven.” No, no, no. No es que la democracia genere homosexuales, genere conductas sexuales diversas, sino que favorece que se vean más. Primero se llegó a la visibilidad a través de la difusión de ciertas imágenes de la mano de ciertos personajes de la farándula o de la música. (…). Son generadores de modas y de conductas. David Bowie, Elton John. Yo creo que esa gente ayuda no solo a los homosexuales sino a la comunidad LGTB en general. Acá fue Sandra Mihanovich. Me acuerdo del boom era impresionante. Marilina Ross también.(…) Para esa visibilidad también colaboró mucho Polo Polosecki que tenía en los 90 un programa que era como el pionero de Gastón Pauls. Me acuerdo que Polosecki entrevistaba homosexuales, travestis. (Patricio, 50 años)

Montones de veces los personajes del espectáculo sirvieron para ablandar la cabeza de la sociedad y ni que hablar de cómo nos sirvieron a nosotros. Las películas, los cantantes, las divas, las obras de teatro sirvieron, sirvieron. Mirá… en la prehistoria yo siempre me acuerdo de Coccinelle. Pero después tenés miles: Rock Hudson, Elizabeth Taylor, Freddie Mercury, Elton John. Vení acá: Moria Casán, Cris Miró, Flor de la V, Juan Castro, Fernando Peña, Sandra Mihanovich, Marilina Ross. Después acordate: Mariela Muñoz y el programa de Mirtha Legrand. Después un montón de programas periodísticos: Juan Castro pero antes Polosecki que hacía informes de la vida que la gente no veía. Yo creo que los cambios vienen de ahí. Ponete a hacer una historia nuestra y te va a costar escribirla sin que se te aparezca una fotito de ellos en el camino (Alfredo L., 58 años).

El cambio social de la homosexualidad y de la visión social de la misma impulsado por la cultura y los medios populares de comunicación es nuevamente re-presentada por la metáfora de un “camino” en el testimonio de Juan Quilmes (59 años). No se trata de cualquier camino: se trata de un camino “duro” que “abrieron” (metáfora adicional que procura figurar un trabajo costoso, fatigoso y arriesgado) referentes del mundo del espectáculo. No todos lo hicieron explícitamente pero, nos dice, el público de todas formas sabía decodificar los “guiños” y “agradecía”, lo cual nos recuerda el concepto de “comunidades de escucha” de Plummer (1995), es decir, un público “mudo” (nueva metáfora de Juan Quilmes) preexistente al “guiño” del artista y cuya existencia el “guiño” confirmaría y, de algún modo, afianzaría, considerando al afianzamiento ya como un cambio social. Complementariamente, es pertinente apuntalar el testimonio desde el esquema actancial de Greimas (1989; 1987). Según su clásica formulación, muchos relatos tienen una estructura profunda: el protagonista (el “sujeto”) se dirige hacia la obtención de un “objeto”. Esta misión le es encomendada por una persona individual o colectiva (el “destinador”) para beneficio de otra persona individual o colectiva (el “destinatario”). Mientras el sujeto se dedica a su misión deberá recorrer un camino en el que se encontrará con circunstancias y personajes que se oponen al cumplimiento de la misión (los actantes “oponentes”) y otros que le darán una mano (los actantes “ayudantes”). En el testimonio que trajimos, pareciera que los homosexuales necesitados y deseosos de un autor que los cuente y que los reconozca cumplen el rol de destinadores, mandatando a los referentes del espectáculo popular (los sujetos) para que recorran un camino cuyo final implicaría la inscripción pública de la homosexualidad, algo que beneficiaría al destinatario (es decir, a los mismos homosexuales que antes habían oficiado de destinadores). Cierto que una vez obtenidos los beneficios, los relatos ensalzan a los sujetos como héroes. Y es que sin esta inscripción pública no podría pensarse el cambio social:

Y, guarda, que acá no se trata ni de ser del gobierno o de estar en contra. Hay cosas que son objetivas. La homosexualidad nuestra no existe más. Hoy hay otra cosa. Tiene un reemplazo. A esto hay que imaginarlo como un camino que abrieron Juan Castro, Fernando Peña, Cris Miró y también otra gente que la gente sabía que era pero que no se animaban a mostrarse del todo. A mí no me parece justo que se hable mal de Sandra Mihanovich o María Luisa Bemberg o Jorge Luz. Ellos siempre hicieron guiños y la gente los recibía y se los agradecía por más que muchos fuéramos medio mudos (Juan Quilmes, 59 años).

Por su parte, Norberto D. (52 años) no puede contar “el descongelamiento de la sociedad con la homosexualidad” si no es por la “importantísima” gestión de los medios de comunicación. El parte de la teoría de que, “como se dice en Estados Unidos, la televisión es la Biblia de las clases medias”. Este poder irradiador del medio fue hábilmente aprovechado por sectores del activismo LGTBI a los fines expresos de la “visibilización”; es más, Norberto D. evoca “una alianza informal entre los medios y la militancia” y cree que, en ese sentido, “los medios jugaron bien”. Es máxima la importancia que otorga al factor comunicativo: en los medios comenzó a instalarse (y comenzaron a instalar en la sociedad) “toda una cultura del empezar a mostrar”. Para el caso particular de la homosexualidad, la televisión (y las revistas semanales populares) representó el modo de presentarse ante la sociedad (“acá estamos”, “existimos”, “sepan que existimos”, “sepan que estamos”, “sepan”) y de empezar con el cambio:

El descongelamiento de la sociedad con la homosexualidad empieza en los 80 por los medios de comunicación (…). Yo creo que los medios jugaron bien (…). En los medios hubo todo una cultura del empezar a mostrar: “acá estamos”, “existimos”, “sepan que existimos”, “sepan que estamos”, “sepan que tenemos nuestros derechos y que vamos a pelear nuestros lugares en todos los rincones de la sociedad”. Hubo una alianza informal entre los medios y la militancia, lo importante era la visibilización (…). La televisión en los ‘90 fue importantísima. Fijate que se hablaba en aquel entonces más de identidad que ahora. Era la época de los talk shows que te daban un marco respetuoso para las discusiones. Y se hablaba de todo, de sexualidad en general, de travestismo, de homosexualidad. Los artistas de la televisión y en general fueron importantísimos para visibilizarnos. En Estados Unidos se dice que “la televisión es la Biblia de las clases medias”. Y por ahí empezó mucho de la política homosexual (…). La cuestión era descubrirle la punta al ovillo y salir a rodar. La onda era descubrir la punta de la madeja y ponerte a tejer a elaborar algo que todavía no estaba elaborado (Norberto D., 52 años).

Jorge (58 años) se refiere a la televisión como el medio que transporta la “modernidad”, lo cual, sumado a que los medios “concentran” la información más el “tema de Internet” hace que se propaguen imágenes que conducen al cambio social. Wenceslao (72 años) trae como motor del mismo a la “postura visible” de “artistas” y “personalidades de la cultura”; en tanto que Nano Canale (43 años) opina que la televisión y el cine precipitaron cambios sociales a nivel micro-social, ya que, dentro de las familias, se comenzaron a tener elementos para ver qué “primo” o qué “tío” eran gays:

Mirá, yo pienso que el tema de Internet hace que circule todo rápido. Y también todo el tema de la modernidad en la televisión que circulan más rápido las noticias del exterior y cuando se sabe de los casamientos del exterior es como que se va preparando a la gente a no escandalizarse (…). Los cambios vienen mucho por la información que ahora los medios la tienen concentrada y en un nivel mundial (Jorge, 58 años).

Más allá de estos compromisos organizados, creo que ayudan a la toma de conciencia del pluralismo y la diversidad, y la sensibilización contra la discriminación, la postura visible de artistas, en particular, y otras personalidades de la cultura, visibilizados por los medios y las redes sociales (Wenceslao, 72 años).

Y después porque la televisión mostró muchas cosas. El cine… “Otra historia de amor”, “Filadelfia” y esas cosas para mí que le hicieron pensar a la gente en sus propios parientes. ¿Me explico? Entonces se acordaban del primo que no iba a los casamientos, o del tío solterón que se murió solo y ni que hablar de las familias que perdieron gente por el SIDA. Ahí tenés más causas del cambio (Nano Canale, 43 años).

En el testimonio de Luis M. (68 años), por último, puede apreciarse el impacto original y perdurable del “destape” democrático de 1983 en Argentina (“Todo el destape de aquella época es lo que nos trae a la actualidad”). A diferencia de los otros testimoniantes, explica el factor cultural con una modalidad ligeramente más política, ya que se refiere al cine, a la televisión y a las revistas en claros términos de libertad de expresión como derecho ciudadano. Narra las transformaciones de una manera en que relativiza, más que otros testimoniantes, otros factores que suman al cambio. Fijémonos, por ejemplo, el estatuto que le da al factor político representado por el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, bajo el cual se sancionó la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo: desconfía de sus intenciones y, rápidamente, las engarza con su principal elemento de argumentación que es el factor cultural. En cualquier caso, la política gubernamental usó, instrumentalizó los cambios que se habían producido en/por el factor cultural: “el gobierno –qué se yo, a mí no me quedan claros los motivos– lo que hizo fue aprovechar algo que ya estaba en la cultura”. Aprovechamos la oportunidad para destacar que esta forma de explicar el cambio social según la cual un plano de la organización social se aprovecharía de lo gestionado por otro plano de la organización social es un argumento que volveremos a encontrar. Lo significativo es que la narración coloca a un plano de la organización social en un rol parasitario, podríamos decir o, en otras palabras, le endosa una actitud vampirizante respecto del otro plano, al cual querría robarle el protagonismo que, en realidad, tendría y/o merecería. Volviendo a Luis M. consignemos que concluye con que hubo una “evolución cultural” e invita a sus narratarios a ponerse a mirar “las fotos de tu familia”, afirma que “nadie hoy piensa lo mismo”, lo cual es el síntoma indiscutible de la presencia del factor cultural explicando los cambios:

Para mí las cosas empezaron con la democracia. (…) Todo el destape de aquella época es lo que nos trae a la actualidad. Los primeros años fueron jodidos, igual, para nosotros. Pero para mí Alfonsín permitió todo el tema cultural y para mí la cultura es lo que de a poco va trayendo otras cosas, le cambia la cabeza a la gente. El cine, por ejemplo, la televisión, las revistas. (…) Vas al kiosco y tenés todo. Vas al cine y podés ver de todo y completo. (…) ¿Y vos te imaginás el cambio de la gente de pensar la homosexualidad sin todo esto? ¿Te imaginás el matrimonio? (…) ¿Ves? A eso se llega por la cultura… porque no me vas a decir que es cosa del gobierno. No, no. El gobierno –qué se yo, a mí no me quedan claros los motivos– lo que hizo fue aprovechar algo que ya estaba en la cultura. La cultura: un día ponete a mirar fotos de tu familia… vas a ver. Yo veo a mis viejos, la veo a mi hermana, veo mis sobrinos y pienso que nadie hoy piensa lo mismo. (…) Y se piensa más arriba. Hubo una evolución, seguro. Una evolución cultural (Luis M., 68 años).

El factor político LGTBI

Sin dudas que lo político es un factor de cambio muy presente en los relatos. Pero son tantas las formas en que se lo presenta que hemos decidido agruparlas en dos grandes bloques. Más allá de otros importantes elementos narrativos que pueda presentar, nosotros veremos al factor político operar en dirección a la transformación de la homosexualidad según actúe “desde adentro” del mundo LGBTI o “desde afuera” del mismo. Los agentes del primero serían líderes y/o organizaciones LGBTI y los del segundo serían partidos políticos, organizaciones no-gubernamentales y organizaciones internacionales de distinto tipo. En este apartado nos dedicaremos al factor político interno.

Lo primero que las narraciones ponen en la palestra es un factor político que se pone en acción, que incide en el cambio mucho más por obra y gracia de las acciones de los líderes morales de la comunidad LGTBI que por las acciones de las organizaciones políticas y/o expertas a las que pertenecían, es decir, más por individuos que por colectivos orgánicos y constituidos.

Como consecuencia de ello nos enfrentaremos de nuevo con el tema del héroe, llevado a la cima de su función narrativa. Así aparecerá el máximo referente político de la Argentina investido de los atributos del “emprendedor moral” del que nos hablaba Howard Becker, es decir casi como un prototipo de “cruzado reformista” interesado por tajear de modo irreversible la superficie de la moralidad convencional (Becker, 2009:167). Por último, adelantamos que aparecerá otra vez la narración parasitaria del cambio social, aquí, en el sentido de que personeros políticos extraños al mundo LGTBI tratarían de apropiarse de los cambios o, mejor dicho, de la situación preparada para el cambio, que habían creado los personajes del adentro.

Para Adrián (45 años) se ha recorrido “un camino bastante largo, bastante interesante y bastante arduo”. Y en esa figura imaginaria súper conocida del camino que no es sino un sendero de transformación, la narración hace entrar a Carlos Jáuregui, como el gestor por antonomasia de los cambios ya que (a la manera del héroe mandatado por una idea de justicia que no repara en nada con tal de recorrer el camino conducente a ella) “se ha jugado hasta la vida encadenándose a las rejas, creo que de la catedral”. De importancia, introduce a Ilse Fuskova, una histórica líder del movimiento lésbico. Horacio (60 años), también sitúa los inicios del cambio de la homosexualidad en 1983 y trae, junto a Jáuregui, a otras referentes internas no directamente políticas del mundo LGTBI en el marco, no obstante, de un argumento claramente político que parangona los cambios en Buenos Aires con los que siguieron a la caída del dictador Francisco Franco. El testimonio de Rafael (55 años) tiene particularidad de ejemplificar nuevamente la narración parasitaria del cambio social: al tiempo que destaca algunos referentes internos del mundo LGTBI (“hubo mucha gente joven que luchó por todo esto. Gente que lamentablemente tuvo que irse de este mundo. Gente muy joven”) dice que no tiene que “agradecer” la ley “a esta mujer que firmó la ley”, ya que la misma es el producto de “años de lucha”. Está refiriéndose a la ley del casamiento civil entre personas del mismo sexo y a la presidenta de la República Argentina Cristina Fernández de Kirchner. En forma enfática, el narrador se desenmarca de la política partidaria (“Mirá: yo de política nada”) ya que la misma opera en la relato como el agente parasitario de las acciones sustantivas de los referentes LGTBI recordados, como si la política partidaria fuera su chupasangre:

Hoy estamos libres y mucho más acompañados. (…) Hemos transitado un camino bastante largo, bastante interesante, bastante arduo. Hubieron actores políticos, como Jaúregui para nombrarte sólo a uno que se han jugado hasta la vida encadenándose a las rejas, creo que de la catedral. Hay gente que se la re jugó bien puesta. Frente a mi casa vive Ilse y para la última marcha o la ley del casamiento, tengo una foto con ella y le dije: “hiciste muchas cosas por el colectivo” (Adrián, 45 años).

Los cambios empezaron en el ‘83 cuando vino la democracia, como cuando en España cuando murió Franco salieron todos a la calle. (…) Personas que ayudaron al cambio. Cris Miró (travesti y artista fallecida). Era maravillosa. Carlos Jáuregui, también impresionante. Me acuerdo de Mariela Muñoz (travesti y madre de mucha repercusión mediática en los años 90) (Horacio, 60 años).

Hubo mucha gente joven que luchó por todo esto. Gente que lamentablemente tuvo que irse de este mundo. Gente muy joven. Porque si bien esta mujer firmó la ley, esto viene de años. Viene de años de lucha. Ella no lo hizo a esto. Ella hizo… yo que sé. ¿Cómo habrá sido esto? Mirá: yo de política nada, pero yo no le agradezco a ella mi casamiento, ¿eh? Se lo agradezco a los que se fueron y lucharon por esto. (…) Esas son las cosas que fueron ayudando a la sociedad a aceptar un montón de cosas (Rafael, 55 años).

Miguel Angel Antonio (49 años) también introduce al “líder” Carlos Jáuregui en su relato del cambio social de la homosexualidad, otorgándole una entidad tan íntegra y característica de cara a la transformación de la homosexualidad que dice, no al pasar: “yo pienso que cada país debe haber tenido uno”. Notorio: la correspondiente necesidad de cada país de un personaje de este tipo, bien puede llevarnos a pensar que, aquí, además de héroe, Jáuregui juega como arquetipo: lo que él representa lo excede absolutamente, como si una fuerza ética universal tocara con su varita mágica en “cada país” a uno de sus representantes, apto para transitar por las alturas de las riesgosas circunstancias. Se trataría de un arquetipo de mil caras munido de una sola ética liberacionista. Jáuregui (además) formaba parte de un engranaje que “venía con mucha fuerza” de Estados Unidos, mezclando “la cosa política” con “la cosa cultural”. Nano Canale (43) recuerda a Jáuregui como el adalid de la “visibilización”, una persona “re jugada, que le puso el cuerpo y el alma a la causa”:

Jáuregui, pienso yo, fue como el líder argentino de la movida del “Gay power”. Yo pienso que cada país debe haber tenido uno. Un tipo que haya movido las cosas. Igual la cosa venía siempre de los Estados Unidos. Yo me acuerdo que todo eso venía con mucha fuerza, la cosa política y la cosa cultural. Fijate que de ahí viene “I Am What I Am” y la música disco. Todo venía muy junto. Y yo me acuerdo que una vez en un quiosco ví –no sé si era en “Time” o en “Newsweek”- una nota de tapa que decía “How Gay Is Gay”. Año ‘80, ‘81, más o menos, fijate Mechita. Había dos manos dibujadas de gente gay. La unión hace la fuerza (Miguel Angel Antonio, 49 años).

Toda la gente de la CHA [Comunidad Homosexual Argentina] empezó con la visibilización. Jáuregui, que iba a morir en el año ‘96, fue un tipo re jugado. Le puso el cuerpo y el alma a la causa. Hay que recordar que tenía el virus y se mataba con la militancia (Nano Canale, 43 años).

El factor político interno presenta una modulación menos personalizada y más organizacional en el testimonio de Gustavo. Presentará a los activistas (“Perlongher, Jáuregui, Fuskova”) pero los pondrá en relación con otros factores asimismo políticos: “la lucha y la organización constante de la comunidad LGTBI”, “el laburo teórico de nuestra comunidad LGTBI”, “una nueva vanguardia luchadora LGBTI” y el surgimiento de un “activismo valiente” en las provincias del interior de la Argentina:

No creo en cambios precipitados. Sí en una resultante de varios factores: a) Lucha y organización constante de la comunidad LGBTI desde hace más de 40 años en distintos grupos, expresiones y organizaciones. Activistas vitales como Perlongher, Jauregui, Fuskova, etcéteras, combinados con una ferviente nueva generación de militantes. b) Laburo teórico de nuestra comunidad LGBTI. Poco editado, pero sumamente valioso. c) El inevitable surgimiento de una nueva vanguardia luchadora LGBTI nacida después del neoliberalismo, que enroca con el surgimiento de nuevos movimientos sociales, estados asamblearios y la institucionalización de nuevas y poderosas organizaciones. d) El surgimiento del valiente y necesario activismo de las provincias (Gustavo, 45 años).

Por último, el testimonio de Wenceslao (72 años) es notoriamente más empeñoso en conjugar, por un lado, los liderazgos con las organizaciones y, luego, el dinamismo del factor político interno con el dinamismo proveniente de factores políticos extra LGTBI. De esta manera su relato del cambio avanza gracias a distintas y virtuosas sinergias, a fuerzas de propulsión convergentes. Por eso, los cambios, que él categoriza como cambios como “legales” y “sociales” “han sido posibles gracias a las presiones del compromiso de militantes y sus grupos (emblemático el caso de Carlos Jáuregui y la CHA); la Federación LGTTB ha servido, al menos inicialmente, para coordinar el esfuerzo de muchos grupos”. Wenceslao no solamente rescata organizaciones expertas LGTBI sino que también trae a la palestra organizaciones expertas internacionales. Notemos como la figuración de la convergencia es una forma narrativa del cambio casi antitética a la parasitaria ya que, en su relato, todo serviría y ningún plano de la organización social tendría la responsabilidad total del proceso:

Ambos tipos de cambio, el social y el legal, han sido posibles gracias a las presiones del compromiso de militantes y sus grupos (emblemático el caso de Carlos Jáuregui y la CHA; la Federación LGTTB ha servido, al menos inicialmente, para coordinar el esfuerzo de muchos grupos) y en este particular momento a la fuerza mayoritaria de los partidos políticos (que votan con sus representantes las leyes en el Congreso) que asumen, a su vez, mayores espacios de militancia (como es el caso de los Putos Peronistas, pero también de espacios para la diversidad en muchos partidos, y que se han ido haciendo visibles tanto en la Marcha del Orgullo, como en actos de campaña y apoyo de leyes). Importantes han sido las declaraciones de organizaciones internacionales ya desde los años ‘70 (Wenceslao, 72 años).

Los factores políticos extra LGTBI

Otros testimoniantes traen al relato de la transformación social de la homosexualidad, factores políticos cuya procedencia es externa al movimiento LGBTI, ya que provienen de la política nacional, en términos generales. Concretamente, en su conjunto, figuran una especial densificación política del tiempo, densificación que volvería a la sociedad –también en términos generales- más proclive a los cambios. Así, la crisis económica, política y social argentina de 2001 y las mutaciones sociales, legales y políticas que supusieron los gobiernos kirchneristas son presentados como importantes factores de densificación del tiempo y como nítidos factores de aceleración del cambio social.

En el testimonio de Gabriel (43 años) podemos ver que se reconoce la máxima capacidad de propulsión del cambio de la homosexualidad a una persona (la presidenta de la nación argentina). Sin embargo nos ofrece un argumento que relativiza esa capacidad. En realidad, para Gabriel el “cambio social” tiene que ser entendido como el cambio actitudinal y comportamental de la sociedad en general respecto de la homosexualidad y eso aún no se produjo, o se produjo en cuentagotas. Es sobre ese cambio, aún no consumado, que la presidenta accionó “muy rápido” para sancionar el matrimonio igualitario. En el relato de Gabriel aparecería la “sociedad heterosexista” como un pleno personaje. Pleno,·porque aparece como dueño de un timing social y político integral. La medida de lo apresurado o de lo retrasado debe referenciarse en su estado de ánimo, lo cual equivaldría a decir que todo lo que pueda decidirse se tendría que hacer en la medida en que los sentimientos de este personaje evolucionen. Si así no fuera, mejor será no “apurarse” sacando una ley que, en definitiva, va a producir el efecto contrario. Así tendríamos una narración que pone a jugar distintas nociones de exterioridad para explicar el cambio social (o, mejor, su imposibilidad en este momento): la presidenta opera como un personaje político externo a la política LGTBI, pero también operaría por fuera de lo que indicaría el tiempo, especie de sabio consejero inapelable acerca del momento de impulsar los cambios sociales:

El tema del matrimonio es una cosa que en este país evolucionó. Lo que me parece es que evolucionó muy rápido. La presidenta dispuso pero la sociedad pero la sociedad no lo acepta. Yo creo que hubiera sido bueno que las dos cosas hubieran ido de la mano: que la presidenta dispusiera y que la sociedad aceptara las cosas. Yo quería las dos cosas de acuerdo. (…) Hubiera estado bueno que la presidenta lo dispusiera avalada por la sociedad argentina, que la sociedad argentina esté de acuerdo, porque si no está de acuerdo estamos siempre en lo mismo (Gabriel, 43 años).

Norberto G. (62 años) trae a la palestra a las organizaciones sexo-políticas como personajes significativos, pero re-memora una densificación del tempo político proclive al cambio cuando aparece en la escena política nacional el kirchnerismo: “por otra parte, por una postura más abierta del gobierno nacional. Yo no me olvido que fue Néstor [Kirchner] quien le dijo a los chicos: “vayan y militen”. Esta última es la clave de Alfredo (73 años), para quien la política de Derechos Humanos del gobierno “tiene que ver mucho con los cambios de los últimos tiempos”. Creemos que en ambos testimonios, el impulso de los gobiernos kirchneristas pudo haber operado como lo que se conoce como condición necesaria y suficiente, sin que ello obre en desmedro de un colchón de condiciones necesarias construidas trabajosamente con anterioridad:

Yo creo que la lucha tiene que enmarcarse dentro de un orden nacional, que en los ‘70 era el peronismo. Por ejemplo, yo tampoco creía en el feminismo, en las peleas desde los pequeños bunkers. Esto era ideológico: yo estaba absolutamente convencido de que la salida venía por el movimiento montonero. Absolutamente. Yo no fui engañado por nadie. Bah, sí por alguna dirigencia pero creía que la lucha armada y no el foquismo era la salida.

Hoy soy más kirchnerista que Cristina Kirchner. Creo que, aunque pálidamente, este gobierno representa un montón de cosas que pensé siempre. Nadie se ocupó tanto de la gente. Conchudamente, como muchas cosas se hacen, pero se ocupan de la gente. La ley de matrimonio igualitario es un milagro, la aprobaron de pedo. (…) Por otra parte, por una postura más abierta del gobierno nacional. Yo no me olvido que fue Néstor quien le dijo a los chicos: “vayan y militen” (Norberto G., 62 años).

Este gobierno hizo una gran política de Derechos Humanos. Mi primo es uno de los responsables con su gran capacidad. Eso, sin dudas, tiene que ver mucho con los cambios de los últimos tiempos. Del resto de lo que hace el Gobierno no voy a hablar, no quiero peleas. Pero no se pueden negar los logros, como el matrimonio, aunque yo nunca me hubiera casado. Yo estuve unido civilmente (Adolfo, 73 años).

Carlos D. (70 años), militante político de una organización armada en los años ‘70, testimonia acerca de los cambios sociales enmarcando su relato en una clave que aunque utilizada para realizar una valoración inversa es muy parecida a la que utilizó Gabriel. Trae a la narración la cuestión del tiempo justo, del “momento” justo, en el cual podía pensarse en forma realista cambiar la situación de la homosexualidad en la sociedad. Sin dudar, Carlos D. incrusta en la narración la acción de un personaje (Néstor Kirchner) quien, con “su inigualable olfato” y con su “gran inteligencia” “planteó los temas que había que plantear en el momento en que había que plantearlos”. Aquí nos encontramos con una teoría del cambio social que combina objetividad con subjetividad: por un lado, plantea que el cambio no puede darse en cualquier momento, que las sociedades –como decía Karl Marx– “se proponen siempre únicamente los objetivos que pueden alcanzar. Estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan las condiciones para su realización” (1969 [1859]:188). Pero esa objetividad llena de potencia, sin embargo, quedaría en la nada, si no apareciera un personaje dueño de una subjetividad capaz de saber interpretar (“olfatear”, es la metáfora elegida) que las condiciones estaban objetivamente maduras y que era el momento para dar el gran batacazo, aun creando enemigos. En este marco, Néstor Kirchner es narrado como un personaje absolutamente providencial, dueño de un supremo saber respecto de los procesos sociales y políticos, y de los flujos y reflujos ideológicos y sentimentales de la sociedad. Como en el caso anterior, Kirchner operaría sobre un conjunto de condiciones necesarias en pleno nivel de actividad, pero él mismo es entronizado como condición necesaria y suficiente:

Pero mucho más mayor me parece el factor de la expresión de cambio social y político que expresan los K. No fue casualidad que Néstor Kirchner, con su inigualable olfato, una gran habilidad, una gran inteligencia, para plantear los temas que había que plantear en el momento en que había que plantearlos haya sido uno de los impulsores. Y uno de los grandes temas que propuso a la Cámara fue el del matrimonio igualitario porque supo que era el momento justo para que parte muy importante de la sociedad se pudiera movilizar en torno al tema, generando adhesiones y rechazos, sin dudas, pero marcando agenda en torno a temas significativos (Carlos D., 70 años).

El factor político externo como motor del cambio social de la homosexualidad posee una segunda modulación que retrotrae la narración a los años inmediatamente anteriores a los gobiernos kirchneristas, expresados por la expresión sinecdóquica “2001”, representante de la colosal crisis económica, política, social y moral que asoló a la sociedad argentina, crisis que acabó con el gobierno de Fernando de la Rúa. En opinión de Alejandro (45 años),

yo creo que sin corralito no hubiese habido ley [se refiere a la del matrimonio entre personas del mismo sexo], porque el 2001, ese colapso argentino, fue como que la gente tiró a la mierda todas las categorías que tenían de todo y es como que sacó algo nuevo.

Para Norberto D. (52 años), “lo del 2001 implicó un giro”; “después del 2001 hubo un gran quiebre, había estafado a toda la sociedad. Esos representantes ya no podían representar nada. Los coletazos llegaron a la diversidad sexual, donde empezaron a haber contramarchas.” Aquí tendríamos el ejemplo de una trama que dibuja una espiral ascendente de retroalimentación: primero, un factor explica el cambio de la homosexualidad segundo, ésta (ya cambiada) explica cambios “superiores” dentro de sí misma y en otros planos de la organización social. Veamos: “lo del 2001” (factor político externo) impulsa un cambio en la homosexualidad (produce “contramarchas”) y en la sociedad en general (produce movilizaciones y protesta); así, la homosexualidad puede procurarse nuevos y mejores dirigentes políticos (cambios superiores internos) tanto como la sociedad en su conjunto (cambios superiores externos):

Yo creo que sin corralito [medida económica de control de confiscación de depósitos bancarios que despertó descontento y movilización popular, particularmente en las clases medias] no hubiese habido ley porque el 2001, ese colapso argentino fue como que la gente tiró a la mierda todas las categorías que tenían de todo y es como que sacó algo nuevo (Alejandro, 45 años).

Yo pienso que el movimiento de la diversidad sexual siguió los mismos cambios que fue viviendo la sociedad en general. Primero fue la etapa del destape y la visibilización, que fue de toda la sociedad. Después vino un gran estancamiento. Después del 2001 hubo un gran quiebre, habían estafado a toda la sociedad. Esos representantes ya no podían representar nada. Los coletazos llegaron a la diversidad sexual, donde empezaron a haber contramarchas. Lo del 2001 implicó un giro que hizo que todo se baraje de nuevo para ver de nuevo. La aceleración de los cambios de los últimos años es la maduración de lo que dejó esa crisis (Norberto D., 52 años).

El factor imitativo

Los factores de cambio que presentamos hasta el momento operaban dentro de una trama donde, sea desde adentro, sea desde afuera, la homosexualidad es figurada como una entidad que es arrastrada al cambio. Usando para graficar el lenguaje de la causa eficiente, diremos que la trama pone en escena una fuerza lo suficientemente capaz de producir un nuevo estado de cosas. Es como decir que la homosexualidad no se mueve sino que es movida, no trastoca sino que es trastocada, no cambia sino que es cambiada. Sin embargo, en otros testimonios aparece un relato que postula lo contrario: la homosexualidad es un factor de cambio dentro el mundo de la heterosexualidad; por cierto, una teoría del cambio social que nos interesará profundizar en el marco de otra investigación. Sí: la homosexualidad impulsa cambios (y de los mejores) dentro de la heterosexualidad; recuérdese: el escenario de la vida social que tradicionalmente la homosexualidad contaminaba, corrompía, manchaba y amenazaba, como ha quedado registrado en cientos de tratados morales y cientificos, en el cine, en la literatura, en los entramados jurídicos y en las normativas sociales.

Los argumentos presentados por Nano Canale (43 años) y Guillermo D. (63 años) –tal vez por alguna deficiencia del autor de este escrito en el sentido de no haber trabajado más esta categoría emergente durante el trabajo de campo– no aparecen explicitados en el resto de la muestra. Pero sí aparecen con creciente insistencia en múltiples escenarios sociales, especialmente, en las nuevas representaciones que de la homosexualidad, se realizan en el cine, en las series de televisión, en las telenovelas, en los unitarios, en los programas de chimentos, en los talk shows, etc. La potente figura narrativa que se construye es la siguiente: que la homosexualidad, imaginada como un irresistible imán, atrae a la heterosexualidad. Atrae, aquí, además de la acepción física, tiene un significado asociado con el deseo, con las fantasías ocultas. La fantasía oculta heterosexual sería la de adoptar o la de imitar algunas lógicas relacionales de los gays que, desde el lado heterosexual, se ven como más libertarias, más despojadas, menos exigidas, menos sacrificiales y más divertidas que las lógicas relacionales heterosexuales, centradas en términos muy generales en la figura del deber. Por supuesto, en todos aquellos géneros del espectáculo masivo y popular (pero también en las conversaciones cotidianas, como dice un testimoniante) el tema de la pareja abierta, o de la pareja gay más sincera arriesgada a negociar la ampliación del placer sin que la misma se quiebre representa –permítasenos más metáforas– la zona del imán homosexual más atrayente.

Vayamos con algunos ejemplos de circulación popular. Uno de los primeros matrimonios gays celebrados en Argentina fue el de un actor y un productor de espectáculos.[5] Por esos días los medios de comunicación cubrían toda noticia relacionada. Así fue que apareció el productor ante las cámaras de la televisión abierta diciendo que su marido siempre supo que fue “el primero pero no el único”. En 2013, por primera vez, la televisión argentina emitió una telenovela diaria (“Farsantes”)[6] estructurada en torno a la temática gay. Uno de los personajes centrales, un gay no asumido, cansado de la vida matrimonial con una mujer, una noche se escapa a un bar gay, donde una pareja lo invita a pasar la noche juntos. Un tercer ejemplo para terminar: la serie, a esta altura de culto, Queer as Folk [7] presentó varias escenas con el tema.

Pero no solamente la homosexualidad atraería a la heterosexualidad por ésto. También, el tema de pensar más en uno mismo, el tema del cuidado del cuerpo (casi como un trabajo ascético), el tema más general de preservarse de los rigores innecesarios de los deberes de todo tipo son figuras remarcadas y valoradas en muchos registros de la cultura popular. Sin dudas, un ejemplo más de la cultura general que legitima los caminos individuales del bienestar.

Fieles a nuestra clave analítica (narrativa) nada estamos diciendo acerca de las prácticas reales. No sabemos nada acerca de si esa atracción se traduce en prácticas concomitantes. Lo único que nos interesa señalar es su nueva e insistente presencia en el imaginario social, dentro del cual, al mismo tiempo podemos señalar la supervivencia de su contrario: la figura narrativa del gay frívolo, narcisista, que no piensa más que en sí, algo que puede verse en los comentarios de lectores que siguen a la publicación por parte de un diario de alguna nota con contenido en Internet. En fin, un tema interesante, ya que pareciera que el personaje heterosexualidad estaría dispuesto a deponer al menos algo de su fuerza, dejándose llevar hacia ciertas experiencias tenidas como prototípicas de aquel otro personaje que supo construir con tanta furia discriminadora. En amplio contraste con otras teorías del cambio social presentadas por nuestros testimoniantes, aquí tenemos a la homosexualidad cambiando, moviendo, trastocando a la heterosexualidad, delineándose una teoría de causación opuesta: lo que antes era causa eficiente ahora es configurada (claro que en parte) por aquello que antes era unilateralmente el efecto de su obrar.

Nano Canale trae metáforas densas: “la homosexualidad es un espejo”, dijo. Pareciera que ese espejo es un lugar vacío en el que se irían proyectando las peores y las mejores fantasías de la sociedad. El narrador nos ofrece la perspectiva de quien puede ver los cambios del humor social respecto de la homosexualidad. Primero alude a la época de la clandestinidad, del pánico moral y de la “inversión” sexual, época en el cual el espejo les devolvía una imagen “al revés”, es decir, de lo que no se debería (ver) ser. Y luego expresa lo contrario: que, ahora, en el espejo la “gente” (por los heterosexuales) se mira y no se encuentra “tan al revés”, como queriendo significar que las imágenes que aparecen en el espejo ya no dieran tanto miedo. El espejo parece un escenario neutro que es llenado alternativamente por fuerzas cognoscitivas que contrastan: antes reflejaba el pánico ante la homosexualidad, ahora las fantasías positivas cada vez menos ocultas de la heterosexualidad respecto de la homosexualidad. Tanto que, en la actualidad, Nano Canale dice que en el espejo la “gente” heterosexual encuentra “un modelo de cosas que a ellos les gustaría hacer”. Y, a continuación, empotra en el argumento el recurso de verosimilitud que supone el recordar una conversación cotidiana, una de esas que cualquiera de nosotros pudo haber tenido: “¿Nadie te preguntó “por qué no hay saunas para heterosexuales”? (…). Contame: ¿por qué los paqui [forma de denominar a los heterosexuales, usada en Buenos Aires en los años ‘90] siempre te preguntan por el tema de la pareja y si se van de joda juntos?”. Dos preguntas que el narrador (se) responde afirmando que es lo que les “gustaría” hacer a los heterosexuales y que ese “gusto” por esa faceta de la homosexualidad es uno de los factores de la “apertura”, metáfora con la que se insinúa el cambio social, habido y por haber:

Pero igual la apertura hacia la homosexualidad hay que verlo en un marco más grande. Yo no sé cómo decirlo pero la gente se puso más sensible con las cuestiones de la intimidad. Mirá, a veces pienso que la homosexualidad es un espejo. Que la gente heterosexual antes se miraba y se miraba al revés y que ahora se mira y no se mira tan al revés. ¿Por qué? Porque la homosexualidad es casi como un modelo de cosas que a ellos les gustaría hacer. ¿Nadie te preguntó “por qué no hay saunas para heterosexuales”? ¿Nadie te dijo “¡pero nosotros somos re boludos!” Contame: ¿por qué los paqui siempre te preguntan por el tema de la pareja y si se van de joda juntos? Para mí es porque les gustaría. Ahí tenés una de las causas de la apertura (Nano Canale, 43 años).

Guillermo D. (63 años) posee las mismas coordenadas narrativas que Nano Canale, sólo que amplía las facetas de la homosexualidad en las que se reconocerían los heterosexuales, transformándose por su intermedio. Quién sabe si Guillermo no habrá escuchado lo que una vez, en un programa de chimentos del mundo del espectáculo de la televisión dijo la celebridad trans Florencia de la V.[8]: que, en la actualidad, los varones heterosexuales están más “aputañados”, insinuando que esa era la causa de que ya no fueran moneda corriente los hombres heterosexuales que a ella le agradan, panzones y peludos. Nos dijo Guillermo D. que es plausible la hipótesis del modelo de la homosexualidad y que ello puede verse ya: “ahora se ven los resultados porque fijate que ahora están los chongos delante del espero mirándose todo el tiempo, haciéndose limpieza de cutis”. No habla como Nano Canale del “espejo”, pero trae otra metáfora absolutamente sintomática: la homosexualidad es respecto de la heterosexualidad “una pequeña escuela modelo”, “una pequeña escuela”. Remarquemos la expresión casi pleonástica “escuela-modelo”, donde no solamente está presente el modelo como molde sino, y sobre todo, el modelo como valor, como ejemplo. Profundo en la reflexión, dice que la homosexualidad “nos ayudó a todos a querernos un poco más”, aunque ve allí signos de narcicismo que, estima, son “excesivos” pero que “se van a acomodar”. Así, semejante promesa homosexual (“quererse más”) impulsa cambios sociales en el mundo de la heterosexualidad:

Puede ser que la homosexualidad haya sido un modelo y funcionó así y ahora se ven los resultados porque fijate que ahora están los chongos delante del espero mirándose todo el tiempo, haciéndose limpieza de cutis. Sí, sí, ahí estoy de acuerdo. La homosexualidad por ahí fue una pequeña escuela modelo que ayudó a abrir las cosas, aunque por ahí ahora el tema sea excesivo. Pero todo tiene que acomodarse. Pero sí: la homosexualidad fue una pequeña escuela que nos ayudó a todos a querernos un poco más, a cuidarnos un poco más. Los excesos se van a acomodar (Guillermo D., 63 años).

Destaquemos que las teorías del cambio social de la homosexualidad que manejan Nano Canale y Guillermo D., serían, propiamente hablando, teorías del cambio social de la heterosexualidad vía la homosexualidad. Fuera de esta causación contrastante con las anteriores tenemos que, al igual que ellas, dibujan una espiral ascendente de retroalimentación: primero, un factor explica el cambio de la heterosexualidad; segundo, ésta (ya cambiada) explica cambios superiores dentro de sí misma y en otros planos de la organización social. Veamos: ciertos aspectos flexibles en las relaciones de pareja y/o de cultivo individual que supondría la homosexualidad (investidos como factores causales) impulsan un cambio en la heterosexualidad (que se “quieran más” los heterosexuales, que aspiren a vivir con menos cargas, más relajados) y, así, la homosexualidad por el cambio que ella misma operó sobre la heterosexualidad puede verse favorecida por la “apertura” heterosexual; ésta última una forma de gratitud por los servicios cognoscitivos prestados.

El factor general-particular

Esta cláusula narrativa supone que existen cambios en la homosexualidad porque existen cambios en lo social. Lo social es objeto de varias operaciones de sinonimia: puede ser la “cultura”, puede ser el “mundo global”, la “estructura social”, el “mundo político”, los “sentimientos de la mayoría”, etcétera. Es decir que las narrativas sobre el cambio vuelven a visualizar a la homosexualidad como algo que es movido, trastocado, alterado por factores externos. De suma importancia: los cambios dentro de la homosexualidad que traen los cambios en lo social también implicaron cambios previos en otros sectores de la organización social, siendo la homosexualidad un ejemplo más de lo que sucede abajo a causa de lo que sucede arriba; o una manifestación particular más que trae la corriente general. También es importante remarcar que las narrativas habilitan a no poder pensar cuántos ejemplos más sucederán abajo en el futuro, como si propusieran un final abierto.

Así, Carluccio (65 años) es claro al decir que vivimos en un “marco global”, la causa que “ha marcado desigualdades sociales y más en lo específicamente gay”, haciendo referencia directa a la profundización de las desigualdades de clase. En esta clave, el narrador pareciera solicitarle al autor de este artículo y a un auditorio más amplio a pensar que, bajo estas coordenadas, no existiría nada extraño bajo el sol: a la homosexualidad y a los gays, en la era de la post-homosexualidad, los rige el mismo calendario gobernado asimismo por los mismos procesos sociales. En definitiva: que rige para todo el mundo las generales de la ley. Iván (65 años) ve clara la relación “mundial-nacional”, ya que su narración duda de que los legisladores nacionales hayan podido producir los cambios legales en ausencia de los cambios en el mundo, visualizado como una suerte de sistema de sistemas:

Es un fenómeno mundial. Han ido cambiando las concepciones de la familia y de las costumbres morales (…). Se ve que en general todo cambió para que los legisladores aprobaran los cambios en las leyes y reconociendo derechos. Esto es un cambio de mentalidad, no una orden política.

Trae a la palestra una figuración que ya apareció: existe un cambio que afecta al mundo, que recorrería transversalmente al mundo, que es la liberación de las concepciones y las situaciones opresivas en torno a lo familiar. Figuración que, asimismo, forma la contundente opinión de Juan Carlos P. (74 años), quien relativiza al extremo el rol del factor político: “Los cambios tienen que ver con que las sociedades se van desprendiendo de situaciones represivas ridículas”. Cambios en la “sociedad” y la “cultura”, “no son un cambio político”. El testimonio presenta una escalada ascendente entre la sanción de la ley del divorcio en Argentina (de 1987), la homosexualidad y “quién sabe” qué cosa en el futuro:

Paradójicamente yo creo que se da primero una gran liberación, pero como estamos en un marco global, esta liberación ha marcado, ha remarcado ciertas desigualdades sociales y más en lo específicamente gay. O sea, yo no digo que se haya inventado nuevas desigualdades; digo que sobre la base de las desigualdades existentes se han remarcado las cosas. O no sé… también puede pensarse que se inventaron otras (Carluccio, 65 años).

Es un fenómeno mundial. Han ido cambiando las concepciones de la familia y de las costumbres morales. Se ha dado bastante en algunos países, en algunos con más intensidad en otros con menos intensidad. Los gobiernos han sido tolerantes pero los tres, cuatro gobiernos que tuvimos de Alfonsín en adelante han permitido más las cosas. (…) Se ve que en general todo cambió para que los legisladores aprobaran los cambios en las leyes y reconociendo derechos. Esto es un cambio de mentalidad, no una orden política (Iván, 65 años).

Los cambios tienen que ver con que las sociedades se van desprendiendo de situaciones represivas ridículas. Lo que en su momento fue el divorcio con Alfonsín, hoy es el matrimonio gay, y mañana quién sabe. Yo creo que los cambios vienen porque cambia la cultura y la sociedad. No es un cambio político, si esa es tu pregunta (Juan Carlos P., 74 años).

Wenceslao (72 años) comprende los cambios en el ex-mundo insular de la homosexualidad porque existe, a modo de muy amplia condición previa, un “cambio cultural en el que se ha forjado un nuevo vocabulario y una red de sentidos alrededor de una visión de sociedad diversa, no monolítica sino pluralista”. Por su parte, Patricio (50 años) los comprende porque se afianzó el sistema democrático, el cual, a su vez, hizo que se afianzaran ideas de desprestigio hacia la dictadura militar, símbolo inequívoco de todas las represiones, desde las más políticas hasta las más íntimas: “también, por supuesto, lo gay se relaciona con la estabilidad de la democracia, a pesar de todos los problemas que pueda tener. Desde el 83 no hubo más golpes militares.” En la misma clave, Carlos D. (70 años) se refiere a cambios de peso en la “estructura social”, entre ellos, el “desenmascaramiento” de la dictadura militar en el sentido de que había tenido dormida a la gente, privándola de una vida digna de ser vivida, es decir, sin “castraciones” y dándose, tramitándose permanentemente “permisos” cada vez más importantes. Como Juan Carlos P. presenta su propia escala de permisividad social: la misma pasó y pasa, entre otros temas, por la homosexualidad y “después la transexualidad”. Por último, Guillermo D. (63 años) narra una “aceleración” del tiempo, probablemente aludiendo a las mejoras en la homosexualidad, y afirma que “es un cambio mundial”:

Se ha ido dando un cambio cultural en el que se ha forjado un nuevo vocabulario y una red de sentidos alrededor de una visión de sociedad diversa, no monolítica sino pluralista, con respeto a la diversidad y rechazo a todo tipo de discriminaciones, en la que se da cabida a la identidad de género, a los derechos igualitarios, a formas diversas de relación familiar y matrimonial, así como todo aquello que vehiculice la nueva sensibilidad por el respeto plural ya desde la educación escolar (Wenceslao, 72 años).

También, por supuesto, lo gay se relaciona con la estabilidad de la democracia, a pesar de todos los problemas que pueda tener. Desde el ‘83 no hubo más golpes militares. Antes las democracias eran muy breves con cortes muy bruscos. No olvidemos que hubo un juicio a los militares en el ‘84 y luego el desprestigio de los militares todo esto llevó a que se fuera emblandeciendo el aparato represor del país, que era lo que motivaba lo que el gay y las lesbianas no se mostraran (Patricio, 50 años).

Creo que eso no hubiera sido posible sin transformaciones previas, por ejemplo, de lo permitido y lo aceptado socialmente. Tuvieron que existir cambios importantes en la estructura social para que suceda. Algo de mucha importancia fue el desenmascaramiento democrático que se hizo de la dictadura: su faz represiva, oscurantista, de represión, de aislamiento. La gente empezó a sentirse así más libre de manifestarse en todos los sentidos. (…) Es como que la sociedad se fue dando permisos (Carlos D., 70 años).

Los cambios se aceleraron por la política argentina y por la política mundial. Es un cambio mundial, pero en las grandes ciudades. Tengo entendido que en las pequeñas ciudades sigue siendo jodido. Seguís siendo señalado, pobre gente (Guillermo D., 63 años).

El factor mercantil

El último factor de cambio que logramos categorizar es la cuestión mercantil. Los testimoniantes ubican bajo su égida un conjunto de actividades mediadas por el dinero y, en consecuencia, por la mediación del sistema capitalista. Las formas de narrar la presencia de este factor son complejas aunque por lo general dibujan muy claramente una trama parasitaria: allí donde personajes con buenas intenciones y grandes sacrificios lucharon para que los homosexuales vivan mejor, aterriza el mercado para aprovecharse. Podríamos proponer que leeremos un conjunto de narrativas de contaminación, ya que se puntea con presencia excesiva de distintas entidades que mercantilizan las relaciones sociales, entrometiéndose en un mundo (el viejo mundo homosexual) que no es figurado de esa forma con anterioridad.

Nos parece pertinente presentar la idea con la que parecen debatir las narrativas: lo mercantil impulsa al consumo; el consumo genera divisas, las divisas no reparan en la sexualidad de quienes consumen, por lo tanto, cualquier consumo es legítimo y todo lo que es legítimo puede ser (tiene que ser) visible y aceptado. Decimos que debaten con esta idea porque, planteadas las cosas así, el factor mercantil bien puede plantearse a los gays en términos dilemáticos: una pata del dilema diría “mejor es no dar quórum al mercado, ya que representaría el indigno precio de la ciudadanización”; en tanto que la otra: “si el consumo nos da visibilidad, realicemos el consumo. Siempre es mejor empezar por algo.” Como vemos, un dilema entre lo moral y lo pragmático.

Vayamos a los testimonios. Si los miramos transversalmente podemos advertir que el factor mercantil está bastante presente. Sin embargo, lo que no está presente de esa forma es el estatuto teórico que se le da: es así que veremos traslucirse una especie de indecisión estructural del relato relativa a considerar lo mercantil como causa o como consecuencia del cambio. Prueba de ello es la cantidad de matices con que los entrevistados acompañan sus afirmaciones aun cuando su teoría se vuelque preferencialmente hacia un lado. A veces lo mercantil (analogado en expresiones como “consumo”, “negocio” o “intereses comerciales”) es sindicado explícitamante como causa de cambio, pero queda la sensación de que el narrador podría realizar una retrogresión causal a partir de esa misma causa (por ejemplo, si el comercio que contamina la homosexualidad es parte de la “lógica menemista”, entonces, aquél es consecuencia y ésta su causa). Otras veces, las teorías de la causación sacan a relucir de nuevo la trama parasitaria: los cambios en la homosexualidad se gestionaron (se causaron) desde un cierto plano de la organización social y es sobre ese terreno despejado que se entrometen los intereses comerciales para aprovecharlo, de una forma en que operarían como factores de cambio (negativos) sobre los cambios positivos operados por otros factores causales, especialmente por el factor político LGBTI y el político extra LGTBI. Por último, en otras oportunidades se hace difícil decidir entre si la “apertura” (es decir, el cambio de actitud hacia los gays) la generó lo comercial o si lo comercial fue posibilitado por la “apertura”. Eso sí: en todas las formas los testimonios son afectados por la clave general-particular, global-local.

Patricio (50 años) entiende que “los [años] 90 fueron como un despegue de lo gay que tuvo que ver con lo comercial”, evocación que referencia claramente el gobierno del ex presidente argentino Carlos Menem y su política económica. La liberación de las importaciones habría permitido nuevas formas de consumo a la sociedad (que estaba de “fiesta”). Dentro de ella ubica a los gays, cuyo acceso a los nuevos bienes los va cambiando (“va modificando conductas”). Para Norberto G. (62 años) no es una “boludez” pensar el factor comercial porque la vida gay supondría “un negocio que se pierde el imperio, hay un nicho ahí que tienen que explotar”, aunque nos aclara que no le agrada pensar mucho el tema desde este lugar. Carlos D. (70 años) afirma que si tiene que ordenar los factores del cambio, “uno de los primeros es la mercantilización de lo gay”, ya que los empresarios apuntarían a los sectores de más altos ingresos, algo que “deja mucha guita”:

Las cosas comenzaron a aflojarse para mejor en el ‘88, me acuerdo. Igual, el boom fue con el menemismo en los ‘90, fue la época de mayor visibilidad. Yo creo que en los ‘90 la gente se permitía más cosas, como si hubiese sido una fiesta y como si esa fiesta hubiese sido el correlato de esa fiesta que el gobierno propuso como su política económica. Empezaba el tiempo del consumo. Además la gente tenía la posibilidad de viajar. También importaban cosas a mansalva. Por la avenida Santa Fe empezaron a verse los primeros locales con ropa importada, más atractiva, más chic que la de los ‘80. O no sé si más chic… lo que sí había era mucha más variedad y yo creo que esto tiene que ver con la apertura de las importaciones. Y eso impacta en el mundo gay porque permite el acceso a un conjunto de bienes que van modificando conductas (Patricio, 50 años).

El tema del comercio gay creo que puede tener que ver con los cambios. No es una boludez porque es un negocio que se pierde el imperio, hay un nicho ahí que tienen que explotar (Norberto G., 62 años).

Si me pongo a ordenar los factores, para uno de los primeros es la mercantilización de lo gay. Es un mundo que tiene sectores con poder adquisitivo, con interés por el conocimiento y el viaje. Todo eso genera mucha guita (Carlos D., 70 años).

Jorge (58 años) coloca el factor comercial, primero, como causa de cambio, reconociendo que es al mismo tiempo consecuencia de otra causa. En efecto, pareciera que la “apertura” (creemos que se refiere a la estabilidad del sistema democrático que posibilitó otro encuadre de la homosexualidad) causa los “intereses comerciales”. Y, luego, estos intereses, puestos a hacer de las suyas, generan divisas que convencen a los heterosexistas de que es mejor cambiar de actitud y, de ahora en más, tolerar a los homosexuales. De manera que Jorge nos ofrece una teoría del cambio a caballo entre el optimismo y el desencanto. A no dudar que lo comercial cambia las cosas, hecho que, sin embargo, el testimonio complejiza axiológicamente (la tolerancia no es buena) y pragmáticamente (por más que el cambio traiga tolerancia o sea en sí mismo la tolerancia, siempre conviene). Wenceslao (72 años) ofrece un testimonio complejo. Por un lado lo enmarca en la lógica parasitaria: “ha habido quienes se han aprovechado de estos cambios para hacer sus negocios”, lo cual quiere decir que los cambios ya existían como efectos de otras causas (probablemente políticas) que habían producido ya “cambios profundos”. Es sobre éstos que lo comercial puede adquirir el estatuto de factor causal, ya que el consumo trae de la mano la visibilización, inestimable aliada en la lucha por el reconocimiento social de los gays. A continuación, en tono cauteloso, trae a la palestra una reflexión dedicada al “miedo” que esto le produce; teme que se “banalice” la homosexualidad y que sea considerada socialmente a través del prisma comercial y no como una cuestión de “identidad humana”. Por último, Roberto G. (58 años) sostiene que lo mercantil es “más consecuencia que causa”, entre otros motivos, porque la homosexualidad se transformó merced a “otros factores” y porque la “idiosincrasia” argentina es reacia a esta cuestión que sí ve desarrollada en otros países con otra idiosincrasia: “en Estados Unidos, en cambio, sí”:

Yo igual pienso que esta apertura puede generar intereses comerciales. Pero igual eso también ayuda, puede ayudar porque como ya te digo como toda la gente necesita una justificación para tolerar, piensan “bueno, vení y dejá divisas”. En vez de ir con pancartas para decir “no queremos putos”, la cosa ahora se le acomoda de otra manera. Está el consumo para aceptar. Entonces es como dice Miguel que más allá de eso también conviene porque las cosas por el comercio se ven más seguido (Jorge, 58 años).

Ha habido quienes se han aprovechado de estos cambios para hacer sus negocios. (…) Yo no creo que el consumo sea consecuencia del cambio, el consumo también puede ser factor de cambio. A ver… se apoya en los cambios más profundos pero también provoca la posibilidad de los cambios porque permite hacer más visibles las cosas. Te venden cosas que cada vez se hacen más visibles: el gimnasio, el tema de la ropa. Entonces, al ofrecerse los productos y al haber, no digo algo masivo, pero sí más gente que consume estas cosas ello lleva a que más gente se anime a consumir estas cosas. Entonces el consumo hace de visibilizador. Son las dos cosas: utiliza el cambio y lo propulsa. Mi miedo con estas líneas es la banalización de las cosas (Wenceslao, 72 años).

Me parece que lo comercial no. Lo comercial es más consecuencia que causa. Lo comercial, el marketing vino a montarse sobre las transformaciones de la homosexualidad que se producían por otros factores. Además, la idiosincrasia argentina no pega con la cuestión de los negocios homosexuales cerrados, como no pega con otros negocios cerrados. En Estados Unidos, en cambio, sí. Y es algo idiosincrático, que venía de antes: el barrio chino, el barrio italiano y el barrio para los homosexuales. Acá no dio resultado ese tema. Estuvo el tema del hotel gay pero me parece que no pasa nada (Roberto G., 58 años).

Algunas conclusiones

Al principio habíamos señalado que el análisis de las formas de relatar los acontecimientos tiene espesor sociológico en sí mismo, ya que puede apreciarse con qué elementos se arma la trama, algo que estaría indicando el paquete informativo que ofrece la cultura en un cierto momento a ciertos grupos sociales tanto como las formas en que sus integrantes lo usan. En términos metodológicos, lo más importante era que no analizábamos las prácticas de los individuos sino solamente sus relatos. Es decir, que de este último análisis nada podemos afirmar acerca de sus comportamientos y acerca de lo que dicen que pasa en el mundo, aunque pueden darnos pistas para esa reflexión.

Hecha la aclaración podemos proponer que, de este relato colectivo que supone el conjunto de entrevistas realizadas, emerge el uso de una trama que, más allá de las particularidades de algunos factores de cambio que presentamos, parece resultarles eficaz en el momento de hacer inteligible las transformaciones de la homosexualidad. Dentro de la muestra que trabajé, y recordando que el carácter de la investigación fue exploratorio, propongo que lo que se leerá a continuación constituye la forma más característica de narrar el cambio. Hipótesis emergente que podría apuntalarse en una futura investigación, triangulando métodos.

Esa trama pondría en escena fuerzas virtuosas que buscan y luchan por el cambio y, en forma contrastante, fuerzas parasitarias que se aprovechan para beneficio propio de los cambios precipitados por las virtuosas. Esta cláusula que recorrería los testimonios no daría un lugar a fuerzas opositoras al cambio de la homosexualidad, las cuales, en efecto, parecen haber sido derrotadas (aunque tienen un pequeño lugar en los testimonios). Esto significaría que el cambio es un hecho, es decir, que para nuestros narradores sería correcto y contrastable referirse a algo así como la post-homosexualidad, o a los días después del fin de la homosexualidad que ellos vivieron.

Las fuerzas virtuosas más destacadas serían personalidades investidas de heroicidad y providencialidad, más que organizaciones o colectivos políticos (de Carlos Jáuregui a Néstor Kirchner, pasando por referentes del espectáculo y la cultura); y entre las fuerzas parasitarias estarían referentes del mundo de la política partidaria, pero muy especialmente el mercado y el sistema capitalista, de los cuales las narraciones desconfían porque temen que colonicen la vida cotidiana de las personas que lograron sobrevivir al impiadoso régimen homosexual. En fin, esta narración colectiva parecería querer cuidar a sus héroes del triunfo de la inteligencia amoral de los parásitos.

Para concluir, en términos más generales, la narración podría caracterizarse en torno a dos atributos contrastantes: es una narrativa de redención al mismo tiempo que una narrativa de contaminación. El cuadro que podemos ver abajo lo refleja. Si vamos de arriba hacia abajo, podremos apreciar que las transformaciones de la homosexualidad (más allá de la cláusula parasitaria) son, muy por lo general, bienvenidas, con relativa independencia del factor. Aunque incompletas, son caracterizadas como benignas, ya que fueron permitiendo a la gente resarcirse de los sufrimientos del pasado. Sin embargo, a medida que nos acercamos al final del cuadro, surge algo así como una contrapartida: en efecto, el factor general-particular (en parte) y (más nítidamente) el factor mercantil aparecen como la amenaza de que fuerzas sociales abstractas puedan apoderarse y contaminar el flamante mundo de la post-homosexualidad; ese mundo que se había ampliado por otro conjunto de fuerzas que la misma narración había destacado. Si tradujéramos lo dicho al lenguaje de los “actos de habla” (Austin, 1995 [1962]), diríamos que nuestros narradores meta-narrativamente advierten a sus narratarios para saber cuidar lo bueno que se ha conseguido.

Teorías sobre el cambio social de la homosexualidad a la post-homosexualidad
Denominación Núcleo figurativo
El factor comunicativo Los medios de comunicación, la cultura popular cambian a la sociedad y a las comunidades de recepción
El factor político LGTBI Los cambios los impulsaron las organizaciones LGTBI o sus líderes morales
Los factores políticos extra-LGTBI Los cambios vinieron como consecuencia de la crisis de 2001 y por los Kirchner
El factor imitativo Los cambios se produjeron porque la homosexualidad es un modelo secreto
El factor general-particular Existen cambios en la homosexualidad porque existen cambios en la sociedad
El factor mercantil El mercado como propulsor y/o consecuencia del cambio

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1 Este artículo se inscribe en lo que fue el desarrollo de mi tesis doctoral, De las catacumbas al ágora. Teorías sobre el yo y la organización social después de la homosexualidad. Buenos Aires (1983-2012).

2 Las entrevistas fueron realizadas en el domicilio particular de los entrevistados, en el mío particular y, en menor medida, en bares de la ciudad de Buenos Aires, previa solicitud de permiso para la grabación. Inspirado en las recomendaciones de Valles (2002) apliqué, en situación de entrevista, la “táctica reflectora interpretativa” y la “táctica reflectora del resumen”. Las dos buscan concretar la adecuación de sentido en el entrevistador. La primera consiste en repetir-interpretando la última respuesta del entrevistado. En la segunda, el entrevistador va más lejos: repite-interpretando y, a la vez, resume lo dicho por el entrevistado durante todo/s el/los encuentros. Complementariamente, apliqué en varias oportunidades la “táctica de la post-entrevista”, consistente en un encuentro en el que se acuerda no grabar, que se ha revelado útil para complementar la información. Por último, aunque pocas veces, la “táctica de la post-entrevista” fue aplicada de una forma parecida a lo que Spradley (1979) llamaba la “entrevista grand tour guiada” recorriendo con los entrevistados, luego de la primera entrevista, lugares de la ciudad que habían funcionado como espacios de socialización homosexual.

3 No se incluyeron en la muestra a testimoniantes que en la actualidad desarrollen actividad política formal. De ninguna manera se consideró que esos testimonios sean menos valiosos. Sin embargo, por razones exclusivamente teóricas relacionadas con la misma posibilidad de reconstruir narrativamente las transformaciones de la homosexualidad, nos interesó más indagar los relatos que, presumiblemente, no eran el resultado de un proceso de “encuadramiento de la percepción” (Goffman, 2006), o de construcción colectiva de la percepción, más o menos deliberada que, por lo general, implica la pertenencia a una organización política. Complementariamente, la circunstancia de la pertenencia y el hecho mismo de la existencia de una organización suponen la elaboración de una voz y un relato colectivo relativamente unitario (aunque siempre cambiante) con el cual la organización se presenta ante el mundo. Justamente lo que nos interesaba en la tesis era, en los términos de Ragin (2007), “dar voz” a personas que no tenían a disposición un guión así de estandarizado. En mi tesis, de carácter exploratorio, hemos decidido “acumular” teorías sobre el cambio social más que “comparar” formatos narrativos a través del atributo “pertenencia/no-pertenencia” a una organización. Por supuesto, ello sería muy interesante a desarrollar en el marco de una investigación futura que indague “narrativas del cambio comparadas”.

4 El programa se llama “Almorzando con Mirtha Legrand”. Es emitido (aunque con algunas interrupciones) desde hace 46 años. En los años ‘90, fue escenario de fuertes acciones de visibilización gay y lesbiana, y de la problemática de la epidemia del SIDA. No obstante, la conductora hoy no goza de simpatía dentro de las comunidades de la diversidad sexual, ya que en 2010, en pleno debate para la sanción del matrimonio civil entre personas del mismo sexo, deslizó la conjetura de que un niño adoptado por una pareja gay corría riesgo de violación. Parte del programa aludido por Patricio está disponible en https://www.youtube.com/watch?v=e1FQ7UYyIw8 (09-02-15).

5 Alejandro Vanelli (representante de actores) y Ernesto Larrese (actor) fueron la segunda pareja en celebrar el matrimonio civil en Argentina. Previamente, en 2007, en el mismo registro civil donde se casaron había recibido una respuesta negativa a sus deseos de legalizar el vínculo. Presentaron un recurso de amparo. http://www.lanacion.com.ar/1289466-alejandro-y-ernesto-una-historia-de-amor-de-34-anos-que-se-convirtio-en-matrimonio (09-02-15)

6 “Farsantes” fue una telenovela argentina emitida entre 2013 y 2014 en el horario central (prime time).

7Queer as folk” (“Tan raro como los demás”) fue una serie de televisión que tocaba desde adentro la vida cotidiana de las personas LGTB, siendo ellos el epicentro. La serie primero fue inglesa (temporadas 1999-2000) y luego norteamericana (2000-2005). En varios episodios hizo un elogio respecto de la flexibilización de exclusividad en las relaciones íntimas de las parejas.

8 Flor de la V es una famosa comediante y vedette argentina trans. Luego de una serie de fallos judiciales, en 2010, fruto de una acción de amparo presentada por el equipo jurídico de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays Bisexuales y Trans, pudo cambiar su nombre en el documento de identidad. Fue la primera vez que eso sucedió en Argentina. Es reconocida por su cultivo del humor popular.

Recibido: 11 de Diciembre de 2014; Aprobado: 26 de Marzo de 2015

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