Resumen
El presente artículo tiene como objetivo reflexionar en torno a las perspectivas de género en la formación de las/los/les profesionales de la salud, particularmente en las carreras de medicina. Reflexiones que surgen del análisis documental de bibliografía perteneciente al campo de los estudios de género de la Argentina y de la observación empírica como docente de la carrera de medicina de la Universidad Nacional del Sur de la ciudad de Bahía Blanca (Buenos Aires, Argentina). En primer lugar, se analizan, con una mirada crítica, algunas características de los modelos de formación y de atención actuales de dichas profesiones del campo de la salud. Luego se desarrollan algunas propuestas teóricas que permitan incorporar perspectivas de géneros en la formación, como un intento para horadar la cisheteronormatividad y contribuir a la construcción de modelos de atención más justos.
Palabras clave:
educación médica; género y salud; cisnormatividad; perspectiva de género; prácticas biomédicas
Abstract
The aim of this article is to reflect on gender perspectives in the training of health professionals, particularly in medical careers. Reflections arising from the documentary analysis of bibliography pertaining to the field of gender studies in Argentina and from the empirical observation as a teacher in the medical career of the Universidad Nacional del Sur in the city of Bahía Blanca (Buenos Aires, Argentina).First of all, it analyzes, with a critical view, some characteristics of the current training and care models of these health professions. Then, some theoretical proposals are developed to incorporate gender perspectives in training, as an attempt to break down cisheteronormativity and contribute to the construction of fairer models of care.
Keywords:
medical education; gender and health; cisnormativity; gender perspective; biomedical practices.
Resumo
O presente artigo tem como objetivo refletir sobre as perspectivas de gênero na formação dos profissionais de saúde, particularmente nas carreiras de medicina. Reflexões que surgem a partir da análise documental da bibliografia pertencente ao campo dos estudos de gênero da Argentina e da observação empírica como docente na carreira de medicina da Universidad Nacional del Sur, na cidade de Bahía Blanca (Buenos Aires, Argentina). Em primeiro lugar, analisa-se, com um olhar crítico, algumas caraterísticas dos modelos de formação e de atendimento atuais dessas profissões no campo da saúde. Em seguida, são desenvolvidas algumas propostas teóricas que permitam incorporar perspectivas de gênero na formação, como uma tentativa de questionar a cisheteronormatividade e contribuir para a construção de modelos de atendimentos mais justos.
Palavras-chave:
educação médica; saúde e gênero; cisnormatividade; perspectiva de gênero; práticas biomédicas.
Introducción
Referirse a la incorporación de la perspectiva de género en el abordaje del proceso salud enfermedad atención, no es algo nuevo. Hace décadas diversas investigaciones, sobre todo provenientes de movimientos feministas, han demostrado el modo en que las desigualdades de género impactan en la salud de las personas, determinando diferentes formas de enfermar, recibir atención y morir en función de los géneros. Esto no siempre se ha visto reflejado en los modelos de atención. Mucho más reciente aún, es el abordaje de las diversidades sexo-genéricas, aspecto que muchos profesionales de la salud desconocen.
Esto puede relacionarse con varios factores. En primer lugar, más allá de nuevos enfoques y de la mirada crítica que se plantea desde lo teórico, la formación de profesionales de la salud continúa enmarcada en el modelo médico hegemónico, el rasgo preponderante de este modelo, el biologicismo, se plantea como el de mayor relevancia al momento del análisis de los problemas de salud, apareciendo lo social, cultural, psicológico, etc. como marginal o como favorecedores del evento biológico. “Para el saber médico, la enfermedad es, en primer lugar, un hecho natural, biológico, y no un hecho social, histórico; la enfermedad evoluciona y no tiene historia” (Menéndez, 2020: 103). Se observa en esta cita otra de las características del modelo, como es la ahistoricidad. Esta sobrevaloración de lo biológico se hace con un sentido de cientificidad, es decir, lo que caracteriza y distingue a las y los médicas/os es su campo de saber técnico-científico en términos de biología, lo que a su vez se asocia a su distinción, a su prestigio.
Es esta formación y posterior ejercicio de la profesión biologicista la que determina en parte la cisexualización y la invisibilización de todo aquello que no es cis. El término “cis” hace alusión a la coincidencia entre el sexo asignado al nacer (dentro de un marco binario mujer/varón) y el género autopercibido. “Cis” es un prefijo latino que significa “de este lado” en contraposición a la lógica del término “trans”. Las personas trans son aquellas cuya identidad de género es distinta a la que les fue asignada al nacer. De manera que se entiende por personas cis a aquellas que no son trans. Este neologismo comenzó a ser utilizado por comunidades trans norteamericanas en los años 90 y fue adoptado sobre todo por intelectuales trans. Por otro lado, ocurre con el concepto de género algo similar a lo planteado sobre el modelo médico hegemónico, si bien es definido como una construcción social en su utilización se lo convierte en un concepto ahistórico y acrítico que configura identidades esencialistas como las producidas por la biología. En general, se equipara el concepto de género con el de mujer o simplemente se reemplaza el término sexo por género y se lo utiliza como un concepto dicotómico: femenino/masculino como el de sexo, sin considerar la dimensión relacional (Radi, 2020; Esteban, 2006).
Algunas de las funciones definidas del modelo médico hegemónico son las de control, normalización, medicalización y legitimación (Menéndez, 2020). En este sentido, el concepto de salud ha operado como un instrumento legitimado para el control de los cuerpos “anormalizados”, ejerciendo distintas violencias con el objetivo de “normalizarlos” (Pérez, 2019).
El objetivo de este artículo es reflexionar en torno a las perspectivas de género en la formación de las/los/les profesionales de la salud, particularmente en las carreras de medicina. Aspecto que se considera de fundamental importancia para poder brindar atención adecuada a las necesidades de todas las personas, que cuestione las prácticas vigentes encuadradas en el cisexismo y la heteronorma, en el marco del respeto por los derechos humanos. Estas reflexiones surgen del análisis documental de la bibliografía perteneciente fundamentalmente al campo de los estudios de género de la Argentina y de la observación empírica como docente de la carrera de medicina de la Universidad Nacional del Sur (UNS). Así como del trabajo con diversidades y activistas desde el Observatorio de Género y Diversidad Sexual1 de la UNS. En primer lugar, se realiza un análisis con una mirada crítica sobre algunas características de los modelos de formación y de atención actuales. Luego se desarrollan algunas propuestas para incorporar perspectivas de géneros en la formación, como un intento para horadar la cisheteronormatividad y contribuir a la construcción de modelos de atención más justos.
Cisnormatividad en la formación médica
Uno de los aportes de los feminismos en el campo de la salud, ha sido visibilizar los sesgos patriarcales y androcéntricos tanto de la atención como de la investigación de las formas hegemónicas en salud. Evidenciar estos sesgos en el abordaje del proceso salud enfermedad atención cuidado ha permitido demostrar dos aristas, por un lado, considerar que hombres y mujeres por ser diferentes biológicamente no pueden atravesar procesos de salud enfermedad atención cuidados similares y, por otro lado, reduce las diferencias al plano de lo sexual y reproductivo (Maffeo et al., 2021).
Considerando el contexto planteado, donde el modelo imperante es el médico hegemónico y los mencionados sesgos androcéntricos y patriarcales, la introducción de perspectivas de géneros en el campo de la salud podría suponer un intento de contrarrestar la concepción positivista del proceso de salud enfermedad y además la lucha por la legitimidad de estas nuevas perspectivas (Pombo, 2012).
El género puede pensarse como un “hecho social total” y debe entonces comprender diversas dimensiones de la vida como la economía, la política, la salud, entre otras. Es así que podría pensarse como un principio de organización social, que permite diferentes niveles de análisis de las desigualdades de salud de los distintos géneros, como también de otras desigualdades sociales (Esteban, 2006). Reforzando la idea de que estas desigualdades son social y culturalmente construidas y por lo tanto modificables y que además, son injustas y evitables, por lo que se constituyen como inequidades.
Con frecuencia, cuando se refiere a la perspectiva de género se reduce a mujeres y dentro de ellas a las mujeres cis, por lo que cuando se habla de salud y género en general, se limita la discusión a la salud sexual y (no) reproductiva de las mujeres cis. Al mismo tiempo al referirse a identidad de género se lo equipara a las personas trans*2 o travestis y se reduce el abordaje de su salud a la “salud trans-específica” (Pérez, 2019). En la práctica esto ha traído aparejado que las y los profesionales de la salud, eviten la atención de las personas trans* justificándose en que no están formadas/os para ello, sin considerar la amplia gama de problemas de salud que afectan a las personas por fuera de la salud sexual, reproductiva y no reproductiva. Muchas veces, sin indagar acerca del motivo de consulta, se las/los/les deriva a los consultorios amigables, cuando puede tratarse de problemas prevalentes de salud como enfermedades infecciosas agudas, hipertensión arterial, lumbalgias, etc. que podrían resolverse en cualquier consultorio del primer nivel de atención.
Por eso, profesionales de la salud trans* y aliadas/os proponen pasar de la salud trans*-específica a la creación de servicios “trans-competentes”, es decir que tengan la formación necesaria para trabajar con personas trans* (Pérez, 2019). Esto permitiría pensar el abordaje de la salud de manera integral.
Entre las prácticas cisexistas encontramos la generización, es decir asignar un género a algo o a alguien, sea esa asignación correcta o no, compulsiva o no. Esta práctica de asumir el género de las otras personas, no es natural ni pasiva, sino que es un proceso activo, se proyectan nuestras concepciones acerca de lo masculino y femenino sobre las personas que vemos. Esto se hace fundamentalmente a través de los sentidos de la vista, el oído y el olfato. Abandonar esta asunción es una decisión política, que debe hacerse de manera consciente. Dejar de creer que la manera en que una persona se ve, huele o se escucha alcanza para saber su género, esto implica comprender la distancia que hay entre cuerpo y género (Millet, 2020). Como ya fue dicho esta práctica no es pasiva, sin embargo, está tan incorporada que aparece como natural, innata, cuando en realidad se trata de algo culturalmente adquirido.
Del mismo modo, se asume la heterosexualidad obligatoria, una concepción que también se adquiere tempranamente. La construcción de la heterosexualidad como norma encuentra en la escuela uno de los espacios de mayor producción y reproducción. En ella, a través de la transmisión de saberes, discursos y prácticas, por medio de símbolos, imágenes y lenguaje, se va moldeando a las personas como heterosexuales, al mismo tiempo que se silencian, se invisibiliza todo lo que no responda a la norma heterosexual (Flores, 2010). Este aspecto es de suma relevancia en la consulta médica. Suponer que todas las personas que se atienden son heterosexuales, ocasiona que la consejería y las prácticas preventivas no sean adecuadas para las diversidades, lo que muchas veces implica oportunidades perdidas y puede construir barreras de accesibilidad para futuras consultas.
La formación profesional actual en el campo de la salud, también se encuentra enmarcada en este cisexismo. El problema no es únicamente la falta de contenidos sobre lo trans* en las currículas, sino que más allá de los contenidos formales los mensajes que se transmiten, la forma de transmitirlos, las bromas, las estructuras edilicias, etc. refuerzan la cisexualización. Esto se suma a los mensajes cisexistas que reciben las/los/les profesionales, como todas las personas, desde la infancia (Millet, 2020). Desde el jardín de infantes se observa que se continúa con la generización en la utilización de delantales rosas y celestes, las publicidades de juguetes, los deportes que se les ofrecen a niñas, niños y adolescentes, la distribución de tareas domésticas, etc. continúan generizadas. Es decir que, a lo largo de la vida, tanto en la educación formal como no formal recibimos mensajes y educación generizada, cisexista y heteronormada.
Del mismo modo, las políticas públicas de salud sexual, reproductiva y no reproductiva, también se encuentran enmarcadas dentro del cisexismo. Es así que están destinadas en su mayoría para mujeres cis y no se ha incluido a las diversidades ni a la población trans*. Los sesgos de clase, raza y nacionalidad atraviesan las agendas de los derechos reproductivos (Radi, 2019).
Propuestas para una formación médica con perspectivas de género
An Millet propone la descisexualización, entendiéndola como “el conjunto de acciones necesarias para desaprender y desestabilizar las producciones simbólicas y materiales basadas en la idea de que las personas cis son más valiosas que las personas trans*” (Millet, 2020: 41). En este sentido, propone una serie de acciones para lograr tal objetivo en el campo de la formación profesional. En primer lugar, se debe analizar detalladamente todo lo que hace a la formación profesional, lo aprendido durante todo el trayecto educativo, tanto lo relativo a los contenidos como a las estrategias de aprendizaje, los materiales educativos, etc. (Millet, 2020). Es igual de importante incorporar estos temas en las currículas de la formación de nuevas/os profesionales de la salud para visibilizar las diversidades, como poner en discusión lo aprendido y desaprender el cisexismo incorporado. Muchas veces se observa que la incorporación de temas relacionados a la diversidad sexo-genérica en la currícula porque es “lo que corresponde”, lo políticamente correcto. Sin embargo, no son luego abordados o son desarrollados de manera superficial, sin reflexión. Por lo que ambas cosas deben ir de la mano: la revisión de lo ya aprendido y el aprendizaje de nuevos contenidos. En esta instancia se requiere la participación y compromiso de los múltiples actores involucrados tanto en la deconstrucción como en la construcción de nuevos conocimientos. Por un lado, ha sido fundamental en estos señalamientos el rol de las organizaciones feministas y activistas de las diversidades sexuales. Por otro lado, requiere el cumplimiento efectivo de la Ley de Educación Sexual Integral, sancionada en Argentina en el año 2006, en establecimientos públicos y privados todos los niveles educativos (Ley 26.150/2006). Por último, es preciso que se revisen y actualicen algunos planes de estudio de las carreras de medicina tanto como que se cumplan aquellos que contienen perspectiva de géneros y en este último punto es necesario también el compromiso y la exigencia por parte del estudiantado.
Incorporar perspectiva de géneros en la formación no debe limitarse a la inclusión de contenidos, sino que las prácticas deben estar atravesadas por esos contenidos. Asimismo, la incorporación como un tema de formación no debe ser un fin en sí mismo sino debe considerarse un medio, una herramienta contra las formas de opresión y en favor de condiciones de vida favorables para las poblaciones a las que ese conocimiento abarca (Radi, 2014; Radi y Pérez, 2014).
Las perspectivas de géneros en salud incorporan también un enfoque interseccional, construcción teórica y metodológica que busca dar cuenta de la interpretación del entrecruzamiento de las relaciones de poder. Su principal señalamiento es la necesidad de abordar las diferentes opresiones sin jerarquizarlas entre sí: opresiones de género, raza y clase. La diferencia de géneros no es suficiente para explicar los mecanismos de segregación sino que esta se encuentra potenciada por la exclusión cultural, étnica, económica, sexual, etc., considerando que se encuentran además dentro de estructuras patriarcales, en un contexto donde el neoliberalismo y el capitalismo potencian esas opresiones. Los análisis interseccionales ponen de manifiesto por un lado la multiplicidad de experiencias de sexismo que viven las mujeres y, por otro lado, que existen posiciones sociales que no padecen discriminación ni marginación porque son la norma, como la masculinidad, la heteronormatividad o la blanquitud (Maffeo, 2021; Femenías, 2007; Viveros Vigoya, 2016). Es decir, deben leerse e interpretarse de manera diferente las opresiones que sufren las mujeres blancas heterosexuales, con formación académica, de clases medias-altas, de las opresiones que pueden sufrir las mujeres negras, las lesbianas, las pobres, las indígenas, etc. Incluso hombres con estas características también han ocupado posiciones sociales subalternas y han sido oprimidos en distintos lugares y momentos de la historia.
En el mismo sentido, la Medicina Social y la Salud Colectiva, plantean que para comprender la determinación social de los procesos de salud enfermedad deben tenerse en cuenta las relaciones de poder y de dominación y las dinámicas de acumulacion de capital que existen en la sociedad, ya que implicarán diferentes patrones de trabajo y de consumo, así como contextos sociales y formas de cultura que a su vez conllevan modos de vivir y de enfermar de manera diferencial de acuerdo a la clase social, el género o la etnia constituyendo una matriz de triple inequidad. Hablar de equidad indefectiblemente pone de manifiesto un posicionamiento ético, político y económico, cuyo abordaje debe contemplar la relación existente entre el proceso salud-enfermedad y las dinámicas de producción, distribución y consumo enmarcadas dentro de la red de relaciones sociales (Morales-Borrero et al., 2013; Valsechi, 2023).
La teoría de la interseccionalidad puede dialogar con el concepto de justicia reproductiva. El mismo nace a partir de las experiencias de mujeres negras, entendiendo que, si bien el aborto es un problema de salud fundamental, la lucha por el derecho al aborto no es suficiente para el abordaje de las opresiones interseccionales. Desde la interseccionalidad se puede comprender que la identidad “mujer” no es la única al momento de pensar movimientos políticos y definir sujetos de derechos. Así, los movimientos por la justicia reproductiva han sido más amigables con las personas trans* e intersex. Plantean que el activismo no debe limitarse a la lucha por el acceso a métodos anticonceptivos y derecho al aborto, sino que debe dirigirse a disminuir o erradicar las desigualdades sociales y de salud a lo largo de toda la vida, ya que esas desigualdades van a influir en la toma de decisiones con respecto a la maternidad y crianza, como con la toma de decisiones de su salud en general (Radi, 2019).
Diversas/os autoras/es han realizado recomendaciones en esta línea de lograr la descisexualización y tendientes a lograr abordajes en salud equitativos para las diversidades que, si bien no están específicamente destinadas a la formación médica, podrían servir como un puntapié inicial para su incorporación. Por ejemplo: identificar y analizar el cisexismo en todas sus formas, poder desligar la genitalidad del sexo, género y expresión de género, no asumir el género de las personas. Estos dos puntos como ya se mencionaron, son de gran relevancia al momento de la consulta médica, ya que permitirán brindar una atención acorde a la identidad y orientación de cada persona y no a los supuestos de las/los/les profesionales, de manera de brindar consejería y asistencia útil a sus necesidades y de calidad. Retirar de las currículas los contenidos cisexistas e incorporar perspectivas trans*, entre otras (Millet, 2020). Se considera necesario fomentar la producción de conocimientos situados en el campo de los estudios de género y de la salud como una herramienta fundamental para comenzar a proponer modificaciones en la formación de profesionales de la medicina orientadas a eliminar las inequidades de género en los procesos de salud-enfermedad-atención.
Reflexiones finales
Retomando la pregunta inicial ¿se están formando las/los/les profesionales de salud que la sociedad actual necesita? En la actualidad, como ya se mencionó muchas/os/es de elles justifican su concepción cisheternormativa y la consiguiente expulsión de las diversidades sexo-genéricas en la formación académica recibida y en el desconocimiento. ¿El modelo de formación actual modificará a futuro esta situación o quiénes hoy se están formando continuarán con el mismo argumento en el futuro?
Es necesario en el ámbito de la formación de profesionales de salud, poder pensar los géneros más allá de los contenidos curriculares específicamente, en este sentido resulta interesante incorporar la discusión desde lo epistemológico: ¿se necesitan profesionales formados en salud trans-específica? O debe orientarse hacia la formación de profesionales trans-competentes, que les permita tener una mirada integral de la salud para que puedan atender a todas las personas de manera equitativa, independientemente de su género, su identidad y su orientación sexual.
Para construir una sociedad igualitaria, se requiere una ciencia que incluya modos alternativos y no dicotómicos para explicar el sexo y las diferencias sexuales. Una “práctica científica de la diversidad” (Esteban, 2006: 14). La medicina social y la salud colectiva van incluso un poco más allá, proponiendo que la respuesta no se halla únicamente en los avances técnico-científicos, sino que se requiere de la construcción colectiva de una nueva forma de sociedad en la que todos lo grupos sociales tengan posibilidades de participar en la toma de decisiones y en nuevas formas de producción y de concentración del poder (Sandoval Ocaña et al., 2020).
Tal como lo plantea el enfoque de salud feminista, tanto la delimitación de los procesos de salud enfermedad atención cuidado como la determinación de la salud, son sociales, históricos y políticos, y por ende son pasibles de ser modificados. Por eso puede considerarse que es un momento propicio para cuestionar acerca de la formación que están recibiendo las y los estudiantes de medicina y plantear las modificaciones necesarias para formar profesionales de la salud competentes para brindar atención de calidad a todas las personas, independientemente del género. En estas transformaciones deben escucharse también los saberes legos, de las personas y agrupaciones involucradas como productores de conocimientos y no solo como relatos testimoniales, de manera que se logre una presencia efectiva de las diversidades sexo genéricas (Radi, 2014; Radi y Pérez, 2014).
Si continúa reproduciéndose este modelo de formación, de prácticas y de atención, que presupone heterocisnormatividad, continuará expulsando a las diversidades del sistema. Imponiendo barreras de accesibilidad justificándose en el desconocimiento y la falta de formación específica. Queda aún un largo camino por recorrer, empezar a cuestionar nuestra propia formación y nuestro accionar cotidiano en el consultorio podría ser un comienzo.
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1
El Observatorio de Género y Diversidad Sexual es un proyecto de extensión universitaria de la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires), que se constituyó en agosto de 2017. Está integrado por estudiantes y docentes de diversas carreras de grado de dicha universidad, y por profesionales y miembros de la comunidad bahiense. Cuyo objetivo es visibilizar la desigualdad existente entre géneros en distintos ámbitos sociales y proponer acciones para la disminución de actitudes y conductas discriminatorias.
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2
Trans*: se utiliza el término trans* de acuerdo a lo planteado por An Millet en su glosario, de manera amplia para incluir a todas las personas cuya identidad de género no coincide con el sexo/género asignado al nacer. El asterisco se utiliza para nombrar a las heterogeneidades de este colectivo (Millet, 2020: 10).
Referencias
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