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Revista de Economia e Sociologia Rural

Print version ISSN 0103-2003

Rev. Econ. Sociol. Rural vol.51  supl.1 Brasília  2013

http://dx.doi.org/10.1590/S0103-20032013000600001 

Evaluación de un proceso de capacitación para extensionistas rurales implementado en Paraguay

 

 

Fernando Pablo LandiniI; Vanina BianquiII; Mabel RussoIII

IInvestigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. Docente e investigador de las Universidades de Buenos Aires (UBA) y de la Cuenca del Plata (UCP). E-mail: landini_fer@hotmail.com
IIBecaria del Conicet. Docente e investigadora de la UBA y de la Universidad de Morón, Argentina. E-mail: vbianqui84@hotmail.com
IIIMinisterio de Agricultura, Ganadería y Pesca, Argentina. E-mail: emabelrusso@gmail.com

 

 


RESUMEN

Se implementó una metodología, innovadora en el contexto paraguayo, para capacitar extensionistas rurales del departamento de Caazapá. Esta capacitación se caracterizó por orientarse al fortalecimiento y a la transformación de las prácticas de extensión, buscando desarrollar un modelo más horizontal y participativo de interacción. Para esto se implementaron ocho módulos de capacitación de carácter mensual donde se incorporaron procesos reflexivos sobre los problemas a los que enfrentan los extensionistas en su práctica y espacios para la construcción de propuestas para superarlos. En este artículo se describe y evalúa tanto la implementación como el impacto de la capacitación en las creencias de los extensionistas, tanto a nivel cualitativo como cuantitativo. La evidencia muestra que la metodología implementada transformó significativamente el modo en que los técnicos comprenden su rol en el trabajo de extensión. En concreto, ahora se conciben como facilitadores que trabajan de manera conjunta con los productores en lugar de como quienes tienen que aportar todas las soluciones.

Palabras-claves: extensión rural, capacitación de extensionistas, Paraguay.


ABSTRACT

An innovative methodology in the Paraguayan context was implemented to train rural extensionists in the Department of Caazapá. It aimed at the empowerment and the transformation of rural extension practices, looking for a more horizontal and participatory model of interaction. In order to reach these objectives, eight monthly training modules were implemented, in which reflexive processes about the problems faced by rural extensionists in their practice and spaces aimed at the construction of proposals to overcome them were implemented. In this article, the implementation, as well as the impact of the training process in the rural extensionists' beliefs, are described and evaluated at a qualitative and a quantitative level. Evidence shows that the implemented methodology significantly transformed the way in which practitioners perceive their role in the context of extension work. Now, they conceive themselves as facilitators that have to work jointly with farmers, instead of those who have to bring them all the solutions.

Key-words: rural extension, training for extensionists, Paraguay.
Clasificación JEL: Q16.


 

 

1. Introducción

La extensión rural constituye una acción fundamental dentro de las iniciativas llevadas adelante en múltiples países en desarrollo orientadas a fortalecer a la agricultura familiar y a generar procesos de desarrollo que involucren a los sectores más desprotegidos de las sociedades rurales (McLEOD RIVERA y QAMAR, 2003). En este contexto, resulta necesario tomar conciencia de la complejidad, multiplicidad y diversidad de las tareas que los extensionistas rurales deben llevar adelante (KLERKX, AARTS y LEEUWIS, 2010; LANDINI, 2013a; LEEUWIS, 2004; LEEUWIS y AARTS, 2011; VAN), las cuales incluyen desde orientación productiva y comercial hasta trabajos de articulación interinstitucional, captación de fondos, formulación de proyectos y manejo de grupos, y conflictos a diferentes niveles. Así, no resulta extraño que estos agentes de desarrollo, mayormente ingenieros agrónomos (LANDINI, 2013b), perciban que no poseen las herramientas necesarias para abordar esta complejidad (LANDINI, MURTAGH y LACANNA, 2009), razón por la cual los abordajes interdisciplinarios se convierten en fundamentales (CARBALLO, 2002).

En este contexto cobra gran interés la discusión que contrapone modelos de extensión rural transferencistas y dialógicos (ASTABURUAGA, SABORIDO y WALKER, 1987; CARBALLO, 2002; MACHADO, HEGEDÜS y SILVEIRA, 2006). Este debate, que nace de los trabajos pioneros de FREIRE (1970, 1973), destaca la existencia de un modelo de extensión rural tradicional derivado de las prácticas desarrolladas en la primera mitad del siglo XX en los Estados Unidos (CIMADEVILLA, 2004; SCHALLER, 2006) caracterizado por poner el foco en la modernización y tecnificación de las explotaciones agropecuarias (ALEMAY y SEVILLA GUZMÁN, 2007) a partir de la transferencia de tecnologías y conocimientos científicos de parte de extensionistas a productores rurales (DE SCHUTTER, 1982). No obstante, lo que destaca FREIRE, así como diversos autores después de él, es que este modelo de extensión lo que hace es establecer un vínculo entre extensionistas y productores en el cual todo el conocimiento es asignado a los primeros, mientras que los saberes locales de los segundos son percibidos como ignorancia, lo que lleva a establecer relaciones verticales y unidireccionales que impactan en la autoestima de los beneficiarios y limitan el desarrollo de sus potencialidades. Ante esto, estos autores han destacado la necesidad de reconocer que ni los extensionistas lo saben todo ni los productores son ignorantes, enfoque que permite comprender a la extensión rural como un espacio dialógico y horizontal de encuentro de saberes que favorece el desarrollo de los recursos y capacidades de los productores. No obstante, resulta fundamental reconocer que si bien estos modelos de extensión resultan contrapuestos desde el punto de vista teórico, a nivel empírico es posible encontrar múltiples combinaciones y puntos intermedios que hacen difícil identificar las situaciones concretas con uno u otro modelo (LANDINI, BIANQUI y CRESPI, 2013).

Visto lo anterior, resulta claro que el modelo de extensión dialógica implica una complejidad mayor, ya que no sólo requiere para su correcta implementación de conocimientos técnicos, sino también de nociones y desarrollos propios de las ciencias sociales así como de actitudes y posicionamientos personales apropiados (LANDINI, MURTAGH y LACANNA, 2009), áreas en las cuáles los técnicos no son formados por las universidades. De esto se sigue que la formación y capacitación de extensionistas, especialmente entendida como capacitación práctica para ejercer su función, resulta clave para el éxito de las iniciativas de extensión y desarrollo rural (ARDILA, 2010). No obstante lo anterior, son escasos los trabajos que, en el contexto de la bibliografía científica, abordan el tema de la capacitación de extensionistas (e.g. BOCCHICCHIO, 2013; LANDINI, 2013a), encontrándose fundamentalmente trabajos prescriptivos que indican de qué manera deberían trabajar los extensionistas en lugar de estudios relacionados con cómo formarlos para que estos modelos puedan hacerse realidad concreta. Así, en este trabajo se propone desarrollar y evaluar tanto de manera cuantitativa como cualitativa el impacto en las creencias y en la percepción de su rol de una propuesta, innovadora en el contexto paraguayo, para la capacitación de extensionistas. Primero se describirá la propuesta de capacitación, luego se analizará la metodología a implementar para evaluarla y, finalmente, se presentarán los resultados de esta evaluación y sus implicaciones.

 

2. Estructura de capacitación propuesta y su justificación

2.1. Antecedentes, contenidos e implementación

La Fundación Acción Contra el Hambre (ACH) es una ONG española dedicada a la ayuda humanitaria, a la lucha contra la desnutrición y a la búsqueda de la seguridad alimentaria de los sectores más vulnerables a partir de la implementación de programas para enfrentar emergencias y generar procesos de desarrollo. La sede Paraguay de ACH, creada en el 2007, focalizando su accionar en la seguridad alimentaria, se articuló con diversas instituciones locales para implementar diferentes acciones. Dentro de ellas, se destaca el trabajo realizado junto con la Dirección de Extensión Agraria (DEAg) del Ministerio de Agricultura y Ganadería del Paraguay, siendo una de las líneas de acción el fortalecimiento institucional.

La DEAg es una institución que, por medio de 19 Centros de Desarrollo Agropecuario y aproximadamente 150 Agencias Locales de Asistencia Técnica, llega a buena parte del área rural paraguaya. Su misión es "brindar servicios de asistencia técnica organizativa, productiva y comercial a la agricultura familiar campesina"1. Así, el foco de su accionar queda ubicado en la 'agricultura familiar campesina'. A nivel conceptual, en este trabajo se define de esta manera a un tipo particular de pequeños productores (LANDINI, LACANNA y MURTAGH, 2010) que se caracterizan por utilizar fundamentalmente mano de obra familiar para sus labores productivas y por no poder acumular capital de manera sistemática (MANZANAL, 1993). No obstante, a nivel operativo aquí se considera como 'agricultores familiares campesinos' a aquellos con los que trabajan los extensionistas rurales de la DEAg, generalmente denominados por ellos 'pequeños productores'. Así, en este trabajo se usan indistintamente ambos términos para referirse a los productores con los que trabaja la DEAg

Ahora bien, en el contexto del trabajo articulado de ACH con la DEAg, la primera institución encomendó a los autores de este trabajo diferentes tareas. En primer lugar, la realización de un diagnóstico de la problemática de la extensión rural en Paraguay, haciendo particular énfasis en el Departamento de Caazapá. En ese contexto, entre otros, se identificaron como problemas nodales la implementación de un modelo de extensión rural de carácter transferencista de escaso impacto, la limitada formación de los extensionistas rurales y la falta de participación e implicación de los productores en las iniciativas implementadas (LANDINI, 2012). Luego, la misma institución requirió el diseño de una propuesta de formación para extensionistas a ser implementada en Caazapá pero que tuviera proyección para ser replicada en distintos territorios. Para esto, se realizaron entrevistas a extensionistas de la DEAg que trabajan en diferentes regiones, identificándose tanto los problemas enfrentados por los técnicos en su práctica como diferentes intereses de capacitación. Seguidamente, los problemas enfrentados en la práctica fueron traducidos a contenidos formativos útiles para enfrentarlos. Así, se construyó una encuesta que tomó en cuenta tanto los intereses de capacitación explícitos como aquellos que surgieron del análisis de problemas, a lo que se sumaron preguntas sobre las modalidades pedagógicas preferidas y sobre la duración y periodicidad que debían tener los encuentros (LANDINI, 2013a). La encuesta fue respondida por 169 técnicos, algo más del 20% del total del plantel de la institución. Los resultados de este trabajo permitieron la construcción de una propuesta preliminar que fue discutida y ajustada en un taller del que participaron la mayoría de los extensionistas de la DEAg de Caazapá.

Así, se construyó una propuesta de formación definitiva a ser implementada en Caazapá bautizada "Curso Teórico-Práctico de Gestión Integral de la Extensión Rural" (GIER). Esta iniciativa incluyó 8 módulos que totalizaron 144 horas de capacitación, los cuales se distribuyeron uno por mes durante un jueves y viernes (sólo el primer módulo se desarrolló jueves por la tarde, viernes completo y sábado por la mañana). Los 8 módulos se implementaron de mayo a diciembre de 2011 en la ciudad de Caazapá, con una asistencia de entre 20 y 30 extensionistas en cada oportunidad, tanto de la DEAg como de la misma ACH. Los contenidos de la capacitación fueron variados, organizándose finalmente como sigue:

 

Cuadro 1

 

2.2. Fundamentos y lineamientos de la propuesta

La propuesta de capacitación fue diseñada a partir de los siguientes lineamientos. En primer lugar, se consideró fundamental que la propuesta fuera acorde con las distintas funciones que llevan adelante los extensionistas rurales en su trabajo como técnicos, lo que incluye aportar conocimientos y contribuir al desarrollo de las capacidades necesarias para enfrentar los problemas que surgen en la práctica (LANDINI, 2013a). Además, adoptando un abordaje participativo para definir los contenidos y las modalidades pedagógicas, también se decidió tomar en consideración las preferencias y prioridades de los extensionistas, como modo de favorecer que las propuestas respondan a las necesidades y se adecuen a la racionalidad de los beneficiarios (ROBIROSA, CARDARELLI y LAPALMA, 1990, LAPALMA, 2001). No obstante, este reconocimiento de las prioridades e intereses de los beneficiarios no hizo perder de vista que la propuesta formativa tenía como prioridad la reorientación de las prácticas de extensión hacia un modo de trabajo más horizontal y dialógico.

Por su parte, también se asumió como prioritario que la estrategia de formación/capacitación no focalice únicamente en el incremento de los conocimientos conceptuales de los extensionistas, como suele hacerse frecuentemente, sino en la transformación de las prácticas de extensión (LANDINI, MURTAGH y LACANNA, 2009) y en el desarrollo de capacidades, habilidades y actitudes interpersonales que permitan la implementación eficaz y eficiente de las acciones de extensión horizontales y dialógicas (MONTERO y GIULIANI, 1999). Finalmente, también se consideró prioritario que la propuesta no sólo apunte a entregar contenidos y a generar nuevas y mejores formas de hacer en el trabajo de extensión, sino que también permita el desarrollo de capacidades reflexivas que favorezcan una visión crítica e innovadora sobre la propia práctica. Se trata, en definitiva, de favorecer el desarrollo de habilidades que contribuyan a una reflexión constante sobre las propias acciones y sobre los problemas que se presentan día a día, favoreciendo el desarrollo de alternativas de solución innovadoras. Así, no sólo se propuso formar para resolver los problemas actuales sino también para fortalecer la capacidad de responder de manera adecuada y creativa a problemas futuros (ASTABURUAGA, SABORIDO y WALKER, 1987).

2.3. Capacitadores, facilitadores y metodología de capacitación propuesta

Usualmente, cuando se plantea una propuesta de capacitación para extensionistas, suele ponerse el énfasis en el contenido de la formación y no en la metodología que se usa para impartirla, lo que suele llevar a la implementación de estrategias pedagógicas expositivas y transferencistas. Si bien esta modalidad puede resultar útil en ciertas circunstancias, parece tener escasa potencialidad para transformar las prácticas y las actitudes de los extensionistas, así como para generar habilidades para reflexionar sobre los propios modos de hacer extensión. A continuación se describe el esquema de capacitación utilizado en nuestro caso, el cual posee una estructura dialógica, en línea con la que se propone para la tarea de extensión.

En líneas generales, el núcleo de la propuesta se basó en tres elementos. El primero, la inclusión constitutiva de contenidos provenientes de las ciencias sociales adaptados a las necesidades de la práctica. El segundo, la articulación de espacios tradicionales de capacitación con procesos reflexivos sobre la práctica orientados a generar transformaciones concretas. Y el tercero, la diferenciación a nivel metodológico entre un capacitador(a), entendido como el responsable de la presentación de los contenidos conceptuales de la capacitación, y un facilitador(a), encargado de coordinar dinámicas grupales y de hacer señalamientos tendientes a favorecer procesos reflexivos sobre las propias prácticas y creencias de los extensionistas.

Dadas las características de la propuesta, se planteó la necesidad de que los capacitadores tuvieran un nivel de formación suficiente en relación a los temas sobre los que debían trabajar, pero sin necesidad de que fueran expertos en la materia en un sentido académico, privilegiándose la capacidad para compartir ideas y la experiencia práctica en el área de extensión rural. Respecto de los facilitadores, se procuró que fuera el mismo durante todos los módulos, pese a que en nuestro caso, por cuestiones organizativas, esta tarea fue realizada por dos personas. En su selección se valorizó la experiencia y formación para el manejo de procesos grupales participativos, conocimiento de la labor de extensión y sus problemáticas, y capacidad para generar procesos reflexivos relacionados con las propias prácticas.

Cada módulo de capacitación se dividió en 8 etapas o momentos, manteniéndose siempre suficiente flexibilidad para responder a las situaciones concretas que se fueron presentando. En nuestra propuesta el momento 0 correspondió a la Identificación participativa de las necesidades formativas de los extensionistas. Esto refirió a consultar a los futuros asistentes, un mes antes de la capacitación, sobre los temas que deseaban abordar, los problemas que esperaban poder solucionar y las preguntas que se hacían en relación al o los ejes temáticos de la próxima capacitación. Los resultados de esta indagación se entregaban con la mayor antelación posible a los capacitadores, para que pudieran dar forma a los temas a abordar considerando tanto su experiencia y conocimiento como las expectativas de quienes asistirían.

El momento 1 correspondió al Análisis de los problemas que se les presentaban a los extensionistas en su trabajo en relación a los contenidos de la capacitación que se iba a implementar, ahora como momento del mismo espacio de formación. Con esto se procuró que los extensionistas, a partir de este proceso de reflexión-concientización, generaran deseos y desarrollaran la voluntad de transformar o perfeccionar sus prácticas (CERULLO y WEISENFELD, 2001) y, a la vez, visibilizaran y activaran conocimientos, creencias y supuestos vinculados con los temas a abordar, favoreciéndose así procesos de aprendizaje significativo y de articulación de los contenidos con necesidades prácticas. Para implementar esto, se trabajó con espacios grupales reflexivos que generalmente se consolidaron en listados no jerárquicos de problemas por grupo, los que posteriormente eran trabajados en plenario. En este proceso, los facilitadores realizaron señalamientos de los supuestos implícitos que aparecían en la redacción misma de los problemas. Por ejemplo, cuando aparecieron en diferentes grupos problemas como la 'falta de participación e implicación de los productores', su 'carácter individualista y desconfiado' y la 'reticencia a adoptar tecnologías a causa de su tradicionalismo', se señaló tanto lo llamativo de la visión negativa que se tenía del productor como la tendencia a responsabilizar a los beneficiarios de los problemas que surgen, sin atender a las metodologías y estrategias de extensión que se estaban implementando. En casos donde el tiempo fue escaso o cuando se iban a abordar temáticas estrictamente técnicas, se reemplazó este espacio por una enumeración colectiva de problemas o temáticas a ser abordadas durante la capacitación, insumo que debía ser utilizado por los capacitadores para reorganizar, en lo posible, los contenidos de su presentación.

El momento 2 correspondió a la exposición o presentación de contenidos y fue el único a cargo del capacitador(a). En este caso, la modalidad de presentación quedó siempre a cargo del capacitador(a), a quien no obstante se informó en el momento que era contratado de la modalidad y estructura de la capacitación de la que iba a formar parte, con el fin de que procurara articular con ella su presentación. Cabe destacar que si bien los capacitadores podían proponer los contenidos para desarrollar los temas que se les pedían (siempre incluyendo las demandas surgidas en el momento 0) así como hacer recomendaciones sobre la dinámica pedagógica de cada módulo, no habían sido partícipes del diseño mismo de la estructura global de los módulos de capacitación.

La metodología de presentación de los temas más utilizada por los capacitadores fue la exposición temática tradicional (predominantemente unidireccional) y la exposición dialogada, centrada en la presentación de contenidos pero atenta al intercambio con los asistentes. Esta experiencia, correspondiente a una situación real de implementación, muestra la importancia de la diferenciación entre capacitadores y facilitadores, ya que no siempre los organizadores pueden asegurarse capacitadores que posean la capacidad de gestionar el intercambio de manera dialogada o interactiva. Y más todavía, que tengan la formación y experiencia necesarias para manejar técnicas de trabajo participativas y favorecer procesos reflexivos sobre la propia práctica.

El momento 3 correspondió a la consolidación de los conocimientos recibidos de mayor interés, lo que usualmente se concretizó a partir de una discusión en plenario acompañada por la construcción de un listado o de trabajo en subgrupos. Se destaca que esta consolidación no es una síntesis realizada por el capacitador, sino una construida por los participantes a partir del interés percibido sobre los distintos puntos tratados. En casos donde el tiempo fue limitado, este momento se omitió. Si bien no se considera óptima esta decisión, se reconoce que el momento 3 no constituye un elemento estructural de la propuesta, sino un espacio que puede ajustarse según las condiciones reales de la implementación.

El momento 4 focalizó en la construcción de propuestas o recomendaciones desde los asistentes tanto para resolver los problemas y dificultades identificadas en el momento 1 como para fortalecer o mejorar el trabajo de extensión en general. En concreto, la idea fue articular los problemas identificados previamente con los contenidos de capacitación y con la experiencia de los asistentes. Así, se buscó convertir en lineamientos para la acción aquello que había sido trabajado fundamentalmente a nivel conceptual o genérico. En este contexto, usualmente se trabajó con pequeños grupos, a los cuales se les pedía que construyeran propuestas a partir de la capacitación recibida o de su experiencia. Seguidamente, en el momento del plenario, siempre se procuró reflexionar colectivamente y jerarquizar las propuestas de manera participativa, para tener mayor conciencia sobre las alternativas y sobre el grado de influencia que los extensionistas poseen para llevarlas a la práctica.

El momento 5 corresponde a una ampliación del momento previo. Aquí la idea fue operativizar o concretizar las propuestas surgidas previamente, ya que no es lo mismo tener una idea interesante que planificar cómo ponerla en práctica. El modo en que este momento se implementó varió de un módulo a otro, teniendo en cuenta los temas abordados y la dinámica de trabajo que se hubiera generado. En términos generales, se seleccionaron de manera participativa una o más propuestas derivadas de la jerarquización previa para ser trabajadas o 'concretizadas' en pequeños grupos, los cuales se procuró que coincidieran con unidades operativas o territoriales. En este proceso, también se buscó reflexionar sobre los problemas o trabas que podrían surgir a la hora de implementar las alternativas, evaluándose opciones para superarlos o minimizarlos. Incluso, en algunos casos, este espacio fue complementado (o incluso reemplazado) por la implementación directa de las propuestas en contextos de juego de roles (role-playing), como forma de reflexionar y poner en práctica las alternativas, en un contexto formativo. Finalmente, cuando resultó posible, se procuró que los extensionistas se llevaran por escrito tanto las propuestas como las alternativas de operativización generadas, para que pudieran tenerlas presentes y darles curso. Además, se invitó a conversar estas ideas con colegas de las unidades de extensión que no hubieran participado de la capacitación.

El momento 6 correspondió a la evaluación participativa del módulo, espacio en el que también se trabajó la identificación por escrito de los intereses de formación para el módulo siguiente, lo que fue mencionado previamente como momento 0. En cuanto a la evaluación propiamente dicha, se trabajó con dos estrategias. La primera fue pedir a los asistentes que valoraran de manera individual su grado de satisfacción (nada satisfactorio, poco satisfactorio, satisfactorio y muy satisfactorio) respecto de cinco ejes: metodología utilizada, manejo y organización de los tiempos, logística (alojamiento y alimentación), utilidad de la capacitación para el trabajo de extensión y valoración global de la capacitación. Luego, los resultados individuales se pasaban a un papelógrafo para poder discutirlos colectivamente. Después, también se pedía a los asistentes que destacaran por escrito los aspectos positivos y negativos de la capacitación, así como aquello que se llevaban de ella, respuestas que también se compartían y discutían oralmente.

Por su parte, el momento 7 apuntó a dar seguimiento a la implementación de las propuestas diseñadas en módulos previos. En este sentido, si bien el orden lógico de este momento es posterior a la construcción de propuestas, éste debe implementarse al inicio de módulo siguiente. En concreto, la idea fue recordar las propuestas identificadas y discutir si ellas habían podido ser implementadas y si se habían identificado problemas en su puesta en práctica, pudiéndose analizar alternativas de solución frente a ellos. Dado el carácter flexible de este momento, no se pudo mantener el esquema diseñado antes de la implementación. No obstante, a lo largo del proceso sí se mantuvo el esquema básico de retomar brevemente las propuestas operativizadas más destacadas en el o los módulos anteriores para luego conversar los emergentes de su puesta en práctica y las limitaciones encontradas para hacerlo, lo que adoptó tanto la forma de trabajo en subgrupos como de plenario.

Como comentario final, en el caso de capacitaciones estrictamente técnicas, el momento 1 (de identificación de los problemas) se trabajó de manera más acotada, comentándose en plenario qué temas se deseaba abordar o qué preguntas querrían que se respondieran durante la capacitación. Por su parte, también cabe destacar que los momentos 4 y 5 (identificación de propuestas y operativización) en algunos casos parecieron tender a fundirse, ya que resultaba difícil llegar a un nivel realmente operativo, por lo que cabe preguntarse por la utilidad de mantener esta diferenciación.

 

3. Metodología utilizada para evaluar la capacitación

Este trabajo parte de una concepción de la evaluación que pone el foco en el comprender aquello que se evalúa más que en juzgarlo o medirlo desde una posición externa o de autoridad (Elichiry, 1997). Esta forma de pensar a la evaluación destaca la importancia de la interpretación de singularidad, incorporando la historicidad y la complejidad de los fenómenos lo que, en el caso de la valoración de programas y proyectos, requiere evaluar sus procesos y no sólo de su impacto o resultado (Niremberg, Brawerman y Ruiz, 2000).

Partiendo de esta concepción de evaluación, con el objetivo de evaluar la estrategia de capacitación implementada y su impacto en las creencias y en la percepción del rol de los extensionistas, se elaboró una propuesta cuali-cuantitativa (NAVARRO, 2005) orientada a estudiar distintos aspectos del proceso utilizando triangulación de métodos (DE SOUZA MINAYO, GONÇALVES DE ASSIS y RAMOS DE SOUZA, 2005; FLICK, 1992). Así, se articulan una escala de creencias relacionadas con el trabajo de extensión rural (tomada antes y después de la capacitación) con evaluaciones del proceso y reflexiones del impacto percibido por los propios extensionistas. En primer lugar, en el siguiente apartado se analizarán y sintetizarán las reflexiones presentes en los informes de facilitación correspondientes a los 8 módulos, utilizando una estrategia descriptiva. Además, se sintetizan las evaluaciones escritas individuales de cada módulo realizadas por los extensionistas, las cuales constan de tres preguntas abiertas: una descripción de los aspectos positivos (a repetir), negativos (a modificar) y de los aprendizajes que dejó la capacitación. En este caso no se incluye la evaluación del último módulo ya que los formularios fueron extraviados. En concreto, quienes se ocupaban de las tareas logísticas llevaron estos formularios junto con toda la documentación correspondiente al módulo y luego no pudieron identificar dónde habían sido guardados.

Seguidamente, con el objetivo de analizar el impacto de la capacitación en ciertas creencias fundamentales vinculadas con el trabajo de extensión, se diseñó una escala con formato likert de 10 niveles que fue aplicada antes de iniciado el primer módulo y luego de finalizado el último, para identificar los cambios producidos. En concreto, una escala likert consta de un conjunto de frases respecto de las cuales los encuestados indican su grado de acuerdo o desacuerdo, significando en este caso 0 total desacuerdo y 10 máximo acuerdo. La escala aplicada antes de iniciar el curso constó de 17 ítems y la final de 21, ya que en este último caso se agregaron cuatro ítems específicos para valorar de manera directa la percepción del impacto de la capacitación (véase Cuadro 2).

Las respuestas a los primeros 17 ítems corresponden a nueve áreas temáticas diferenciadas. Cada una de ellas corresponde a dos ítems, con excepción del área que valora la importancia de trabajar con un enfoque de género (ítem 16). En los otros casos se trabajó con dos ítems por tema, presentados de manera aleatoria, uno de ellos valorando de manera directa (es decir, a mayor respuesta mayor valoración del tema) y otro de manera invertida, para contrarrestar posibles tendencias a la aquiescencia. Este trabajo con ítems contrapuestos se omitió en el caso de la pregunta respecto de la importancia del enfoque de género, ya que se consideró que un ítem contrario a esta perspectiva podría desconcertar a quienes respondieran generando respuestas aleatorias, dado lo fuertemente consolidado que se encuentra este discurso a nivel público. Las otras áreas temáticas evaluadas son las siguientes (se indica entre paréntesis los números de los ítems correspondientes, mencionando cual suma y cual está invertido): percepción de recursos, conocimientos y capacidades para trabajar en extensión y obtener resultados (+3/-8); presencia de un modelo de extensión dialógico, opuesto a uno transferencista (+6/-9); concepción de los productores como personas con capacidades y dinamismos, no como pasivas y desinteresadas (+4/-12); valoración de la participación como elemento central en el trabajo de extensión (-1/+13); percepción de que los pequeños productores poseen una forma de pensar coherente y razonable desde su propia situación y cultura (+5-10); que la falta de adopción de tecnologías se explica no por falta de interés o voluntad sino atendiendo a la cultura y situación de los productores (-11/+17); percepción de que existen herramientas y alternativas para superar los problemas de comercialización de los productores (-7/+15); y valoración y reconocimiento de los conocimientos de los pequeños productores (+2/-14). Pese a que la capacitación tuvo una asistencia media de 25 extensionistas, sólo se pudieron obtener 16 casos con mediciones pre y post capacitación, dado que en la toma inicial se pidió firmar la escala con un seudónimo (para proteger la identidad) y este seudónimo fue olvidado por ocho personas en el momento de la toma final.

Para analizar esta información se presentan las medias pre y post capacitación de los distintos ejes y se analiza su significatividad estadística. Ahora bien, para analizar estadísticamente las diferencias encontradas en las mediciones y poder asegurar que éstas no se deben al azar, primero se analizó la distribución de las variables, con el fin de decidir si resultaba apropiado usar estadísticos paramétricos o no paramétricos. Al utilizarse la prueba de Shapiro-Wilk que evalúa si las variables se distribuyen según la curva normal, se comprobó que sólo 1 de las variables cuantitativas en estudio lo hacía, por lo que se concluyó necesario usar estadísticos no paramétricos. Así, se decidió utilizar la prueba de Wilcoxon, la cual sirve para comparar la mediana de dos muestras relacionadas para determinar si existen diferencias estadísticamente significativas entre ellas. Para calcular estas pruebas se utilizó el software SPSS 17.0.

Finalmente, para evaluar el impacto percibido de la capacitación se realizaron entrevistas tres meses después de finalizado el último módulo a 7 extensionistas (3 de ACH, 3 de la DEAg y un coordinador de la última institución), para conocer sus percepciones sobre el impacto y para indagar aspectos que mantendrían y que modificarían del proceso. En este caso, las entrevistas fueron analizadas y categorizadas con el apoyo del software Atlas Ti, presentándose en los resultados las respuestas más frecuentes.

 

4. Resultados

4.1. El proceso y sus vicisitudes: informes de facilitación y evaluación cualitativa de los participantes por módulo

4.1.1. Módulo 1

Metodologías de extensión rural y educación popular.

Informe de facilitación: la reacción frente a los contenidos del módulo fue llamativa, generándose controversias, particularmente en relación a la educación popular, pero también cuando se abordaron metodologías de extensión rural, ya que ellas estaban propuestas desde la misma perspectiva. Si bien estos contenidos generaron gran interés, también parecieron descolocar e incluso poner en cuestión las identidades de los extensionistas, fuertemente apoyadas en supuestos transferencistas. Frente a esta situación, se permitió a los asistentes discutir sin llegar a resoluciones finales en relación a estos temas. Además, se recomendó no resolver inmediatamente la contradicción generada entre los dos modelos, sino dejar decantar el conflicto, para favorecer una reflexión más amplia sobre la nueva alternativa.

Evaluación participativa: respecto de los aspectos positivos más mencionados se destacan referencias a la metodología implementada, enfatizándose su carácter participativo, y a los trabajos grupales realizados. Por ejemplo, en una de las respuestas se lee: "el sistema, la metodología del taller es espectacular"2. En segundo lugar, también se mencionaron temas específicos de la capacitación que habían resultado de especial interés, particularmente la metodología dialógica propuesta para hacer extensión: "[me llevo] una gran variedad de formas de trabajo para mejorar el trabajo de extensión, con un enfoque que creo va a permitir obtener resultados y alivianar mi trabajo como técnico". En cuanto a los aspectos a mejorar, el esquema de trabajo que iniciaba a la tarde del jueves y finalizaba el sábado por la mañana no pareció resultar apropiado, por lo que se pidió trabajar jueves y viernes completos, lo que hizo que se trabajara así desde el siguiente módulo.

4.1.2. Módulo 2

La participación en la extensión rural y el trabajo con grupos y organizaciones.

Informe de facilitación: cuando se trabajó sobre la puesta en práctica de propuestas del módulo anterior, e incluso durante el mismo módulo, se notaron ciertos cambios vinculados con la adopción de nuevas palabras referidas a las propuestas de la educación popular. No obstante, durante el análisis de problemas vinculados con los temas del módulo, se hicieron varios señalamientos desde el facilitador mencionando la imagen negativa que se tenía de los productores, según se desprendía de la descripción de problemas, donde se los hacía responsables casi de todo y se olvidaba la responsabilidad de los extensionistas en el proceso. Se destaca que durante el momento de la exposición se realizó una presentación de carácter tradicional que articuló aspectos teóricos con recomendaciones prácticas, pero fundamentalmente expositiva. No obstante, la recepción pareció ser muy buena.

Evaluación participativa: en esta oportunidad, lo que más se destacó fue el interés de los contenidos de la capacitación, así como sus implicaciones en términos prácticos para el trabajo de extensión, por ejemplo: "uno de los aspectos clave para atraer la participación de los productores es que el técnico valore sus opiniones, preste atención a la opinión del productor/a y que sea humilde". En este sentido, también se reconoce el interés de este "nuevo estilo de hacer extensión (nuevo enfoque)". Además, también se valora, nuevamente, la metodología utilizada en el taller aunque no de manera tan insistente, tal vez porque ya era algo esperado por haberla vivido anteriormente. Por su parte, son pocos los aspectos que se mencionaron que era necesario mejorar, destacándose ser más estrictos con los horarios y procurar terminar más temprano para poder llegar a los hogares sin demoras. En ningún caso se mencionó la estrategia expositiva implementada por el capacitador como negativa.

4.1.3. Módulo 3

Cosmovisión campesina e indígena. Género en la extensión rural.

Informe de facilitación: durante el análisis de la puesta en práctica de las propuestas surgidas en módulos anteriores, se planteó la renuencia de los productores a tomar parte en esquemas participativos, lo que muestra un cambio de orientación de los extensionistas el cual, ante el surgimiento de inconvenientes, vuelve a poner la responsabilidad de las dificultades en los beneficiarios. Por otra parte, durante el abordaje del tema género, resultó evidente el impacto que éste tuvo a nivel personal, ya que las ideas trabajadas tenían implicaciones en sus propios vínculos familiares. También resultó difícil a los asistentes percibir las implicaciones prácticas de los temas vinculados con cosmovisión campesina e indígena. Esto se tradujo, en el momento de las propuestas, en la aparición de alternativas genéricas vinculadas con la importancia de la participación y el diálogo, en cierto sentido abordadas en módulos anteriores.

Evaluación participativa: se destaca el interés generado por el tema 'género', más que el de cosmovisión campesina e indígena. Por su parte, también se menciona el interés por la metodología global utilizada pero menos que en módulos anteriores. Finalmente, se señalan diferentes implicaciones prácticas de lo trabajado como "la importancia de fomentar la participación equitativa de ambos géneros en las actividades de extensión". Respecto de los aspectos a mejorar, cuatro asistentes señalaron la necesidad de "no repetir los temas tratados en los cursos anteriores como tema central", aspecto que llama la atención pero que se clarificará más adelante.

4.1.4. Módulo 4

Conservación de suelos y abonos verdes. Agroecología y producción orgánica.

Informe de facilitación: el momento de seguimiento de los módulos anteriores no fue implementado a pedido de los asistentes, quienes argumentaron que no habían tenido tiempo para ponerlas en práctica y que esto implicaría repetir cuestiones tratadas previamente. Si bien se señaló que resultaba llamativo que no hubiera podido ponerse en práctica ninguna cuestión, se aceptó el pedido y se acordó trabajar estas cuestiones en el módulo siguiente. Por otra parte, en esta oportunidad hubo problemas con la organización de los tiempos ya que el capacitador del día viernes planificó actividades que tomaban más tiempo del originalmente asignado; además, no focalizó en su tema específico que era agroecología y producción orgánica sino que abordó distintas cuestiones de manera participativa en espacios grupales sin hacer una exposición tradicional más sistemática, como sí hizo el capacitador del día jueves, lo que fue particularmente valorado por articular en dicha exposición teoría y práctica.

Evaluación participativa: en esta oportunidad lo más valorado fueron los contenidos específicos de la capacitación (en especial los referidos a conservación de suelos y abonos verdes, porque sobre el segundo tema se mencionó repetidamente que no se trató de manera consistente), lo que no evitó también valorar la "dinámica de formación de grupos, utilización de materiales como papelógrafos, dibujos, cuadros", es decir, la metodología participativa utilizada. Adicionalmente, se valoró mucho del primer capacitador la exposición que realizó, por estar apoyada en la experiencia, por ser teórico-práctica, por adecuarse a la realidad de los pequeños productores y por contar con fotos y ejemplos.

4.1.5. Módulo 5

Seguridad alimentaria y nutrición.

Informe de facilitación: en el momento del seguimiento de las propuestas surgidas en módulos anteriores se realizó un trabajo en profundidad, lo que permitió identificar ejemplos específicos de puesta en práctica de diferentes propuestas a nivel concreto. Adicionalmente, resultó muy valorada la flexibilidad de las capacitadoras del módulo, que incorporaron a su presentación los temas pedidos en la parte de análisis de problemas que no habían incluido en su planificación original. Además, también se destacó su articulación entre teoría y actividades prácticas (como preparación de batido multivitamínico y preparación de granola).

Evaluación participativa: los asistentes destacaron los conocimientos recibidos durante el módulo, sin prácticamente mencionar cuestiones referidas a la metodología. Interesante mencionar que los conocimientos incorporados son presentados en términos de cuestiones concretas como "importancia de una alimentación diversificada" o "las propiedades de los cereales, las legumbres y las frutas y hortalizas". En términos de la metodología utilizada por las capacitadoras, se destaca el uso de proyector y la articulación teórico-práctica. Finalmente, piden adelantar el horario de salida para facilitar el retorno a los hogares.

4.1.6. Módulo 6

Rubros de autoconsumo y animales menores.

Informe de facilitación: si bien el capacitador del módulo incorporó los temas pedidos del módulo anterior, al inicio del sexto módulo aparecieron nuevos temas y dudas a abordar, lo que generó cierto grado de tensión, pero el capacitador manejó la situación reorganizando su presentación dentro de lo posible. Asimismo, también incorporó una actividad práctica específica reclamada por los participantes, todo lo que muestra un posicionamiento diferente del grupo, más orientado a plantear sus propios intereses y a reclamar que los mismos sean considerados. Así, la flexibilidad del capacitador para responder a esto resulta un elemento de particular importancia. Finalmente, en varias oportunidades los extensionistas señalaron cierto grado de disconformidad que los contenidos abordados al ser cuestiones que ya conocían.

Evaluación participativa: los extensionistas mencionaron como aspectos destacados los temas abordados durante la capacitación, particularmente "el método para planificar la producción de los diferentes rubros en una finca agropecuaria familiar teniendo en cuenta el consumo de cada familia". Por su parte, si bien no se trató de una opinión generalizada, surgieron varios reclamos referidos a la forma de exposición del capacitador por el énfasis en el monólogo, la lectura del power point y el carácter excesivamente teórico de la exposición. Por eso se pide "que las exposiciones de los temas no sean tan teóricas sino que se adapten a la realidad de los productores". Finalmente, poco se mencionó sobre la estructura de trabajo grupal propuesta para los espacios de facilitación grupal, aunque en algunos casos se los mencionó para valorizarlos.

4.1.7. Módulo 7

Comercialización y rubros de renta.

Informe de facilitación: esta vez los tiempos de inicio de la capacitación se retrasaron por la demora de los asistentes. Además, varios técnicos no pudieron permanecer los dos días por sobrecarga laboral en dicha época del año. También hay que destacar los supuestos transferencistas que parecían guiar, en diferentes momentos, a los capacitadores en su discurso, ya que hablaron de 'cambiar la mentalidad' de los productores, a quienes también describían como 'atrasados', 'desconfiados' y 'tradicionalistas'. Esta situación motivó un señalamiento de la facilitadora que llevó a un debate sobre los alcances y limitaciones de esta perspectiva así como sobre sus diferencias con una concepción dialógica de la extensión. En términos generales, se observó un alto grado de participación de los asistentes en los debates.

Evaluación participativa: los extensionistas destacaron diferentes contenidos que resultaron de gran interés para ellos, por ejemplo "cómo hay que planificar, el estudio del mercado y la postcosecha, clasificación, embalaje y etiquetado de los productores para la venta". Por su parte, también se destacó la experiencia de los capacitadores quienes "manejaban el tema y tenían experiencia con productores", lo que fue particularmente valorado. Respecto de los aspectos a mejorar, se sugirió un mayor respeto de la hora de inicio y mayor variedad en los bocadillos que se sirven. Finalmente, sólo en dos oportunidades se hizo mención al interés de los espacios de trabajo grupal propios de la metodología de capacitación-taller propuesta.

4.1.8. Módulo 8

Pedagogía para trabajar con pequeños productores. La adopción de tecnologías.

Informe de facilitación: la capacitación se caracterizó por diferentes problemas operativos, como el aviso sobre la fecha a los asistentes sobre el día en que se haría la capacitación y la finalización anticipada durante el primer día debido a que el aula se requirió para otras actividades. No obstante, los extensionistas mostraron un alto grado de participación. A nivel general, en la evaluación final se destacó que el curso en general fue muy beneficioso, ya que no es común que puedan tener capacitaciones en las cuales se los motive a participar y opinar, y en este espacio pudieron hacerlo. Además, destacaron la importancia de haber podido expresar sus opiniones sinceramente durante el curso, lo que les permitió compartir tensiones y malestares vinculados con su trabajo. Finalmente, se señaló la importancia de fomentar el diálogo con los productores y aprender a compartir responsabilidades con ellos.

Evaluación participativa: como se mencionó, las evaluaciones correspondientes fueron extraviadas, lo que invita a ser cautelosos con las reflexiones específicas referidas a este módulo.

4.1.9. Comentarios generales

La controversia entre extensión rural dialógica y transferencista fue un tema que atravesó transversalmente el curso, lo que fue más claro aún durante los módulos que abordaron temáticas de las ciencias sociales. No obstante, estuvo igualmente presente en el resto, ya sea mencionada por los capacitadores en sus propuestas, como traída a colación por los facilitadores cuando los capacitadores introducían supuestos o concepciones transferencistas, muchas veces implícitas en el uso del vocabulario y en la concepción de los productores, cuestiones que se pusieron abiertamente en debate. Respecto de la metodología general utilizada para la implementación de las capacitaciones, centrada en la reflexión sobre la práctica y organizada en torno a trabajos grupales, se observó siempre una valoración positiva, aunque queda claro que el tema fue quedando naturalizado a lo largo del curso, lo que se observa en una disminución de las referencias en las evaluaciones finales de los módulos. No obstante, al finalizar el último módulo el tema volvió a surgir durante la evaluación final, donde se destacó que ellos no suelen tener capacitaciones donde se les brinde esta posibilidad de opinar y participar.

Un aspecto que invita a la reflexión fue la experiencia de que durante el módulo tres y al inicio del cuatro, los temas abordados se repetían, aunque se tratara de cuestiones manifiestamente distintas. Esto posiblemente se deba al hecho de que las exposiciones orientaban hacia propuestas vinculadas con un modelo diferente de hacer extensión, más horizontal y dialógico. Así, lo que parecía repetirse, más que los contenidos, eran sus implicaciones prácticas, lo que constituía el núcleo del interés de los asistentes. En este sentido, parece recomendable poder espaciar estos contenidos, articulándolos de mejor manera con aquellos de carácter técnico (de hecho, los contenidos de las tres primeras capacitaciones se centraron en conocimiento provenientes de las ciencias sociales).

Por otra parte, la clara división planteada en la metodología original entre los momentos de construcción de propuestas y de operativización resultó un aspecto problemático desde el punto de vista de los facilitadores del proceso. De hecho, lo que sucedió en diferentes oportunidades fue una superposición entre ambos momentos, ya que durante la operativización resultaba difícil pasar a la construcción de acciones concretas pensadas en términos de corto plazo asignando tareas y responsabilidades. No obstante, esto no quita que durante la operativización se pudieran hacer más concretas ciertas propuestas genéricas surgidas en la etapa anterior. Así, esta diferenciación fue manejada con flexibilidad de acuerdo a cada situación.

Finalmente, el análisis del impacto y de la puesta en práctica de las propuestas surgidas en el módulo anterior (momento 7) parece haber sido un elemento particularmente interesante de la metodología al permitir recuperar las conclusiones prácticas más importantes de módulos anteriores y al recordar la expectativa de una articulación real con el modo de hacer extensión. No obstante, queda claro que originalmente la coordinación pedagógica del proceso esperaba una operativización más concreta de las propuestas y una implementación a plazos más cortos, lo que no aconteció, como señalaron los extensionistas, quienes solían plantear que no habían tenido aún tiempo. En este sentido, pareciera que la idea de 'puesta en práctica' fue tomada por los extensionistas como referencia a la implementación de acciones complejas como implementación de diagnósticos participativos o incorporación de parcelas demostrativas. No obstante, y como pudo verse al inicio del módulo cinco, los cambios pueden darse a nivel más micro, particularmente en las actitudes y posicionamientos en el trabajo de extensión o a partir de prestar atención a cuestiones y temas que usualmente no eran considerados. Así, parece interesante replantearse el concepto mismo de 'implementación', para pensarlo más bien como 'implementación de propuestas, cambios en las prioridades o nuevas actitudes o intereses en el trabajo con productores'.

4.2. Transformaciones en las creencias de los extensionistas

Utilizando una escala diseñada al efecto se compararon las valoraciones de los extensionistas respecto de diversos ejes de gran importancia para la extensión rural antes y después de la implementación del curso, proceso en el que se analizó la significatividad estadística de las modificaciones con la prueba de Wilcoxon. Los resultados se ven a continuación:

 

Tabla 1

 

Como se observa, en el único eje en el cual se identificaron modificaciones estadísticamente significativas es en aquel que refiere a la presencia de un modelo de extensión rural dialógico (2). Es decir, se evidencia que el curso implementado aumentó de manera significativa la orientación dialógica de los extensionistas participantes.

Si bien los cambios no llegan a ser estadísticamente significativos, hay otros cuatro casos donde la modificación en el promedio es mayor a un punto o el índice de significatividad menor a 0,15, lo que justifica prestarles atención. En primer lugar, luego de la capacitación se observa una disminución de la percepción de capacidad para trabajar en extensión y obtener resultados (1), lo que no parece ser extraño, ya que la propuesta se orientó a mostrar la complejidad de la tarea de extensión así como la necesidad de generar acuerdos con los productores, hechos que potencialmente podrían inducir una menor percepción de control sobre el proceso. Un argumento similar podría aplicarse en el caso de la disminución en la percepción de que existen herramientas para superar los problemas de comercialización de los productores (7). En efecto, una mayor conciencia de la complejidad del proceso puede inducir la percepción de que las alternativas existentes son realmente difíciles de poner en práctica.

Las otras tendencias observadas parecen más difíciles de explicar en caso de que estudios posteriores muestren su significatividad estadística. Una disminución en la valoración del conocimiento de los productores (8) no parece ser consistente en el contexto de esta capacitación, donde esto fue una temática trabajada de manera transversal. Observando las medias de los dos ítems que conforman este eje, se observa que las diferencias encontradas se apoyan fundamentalmente en cambios en torno al ítem 2 que valora la frase "Los pequeños productores a veces tienen ideas o formas de trabajar más útiles que las que se les ocurren a los técnicos que trabajan con ellos". Una interpretación favorable al rol de la propuesta de capacitación sería que, luego de haber participado en ella los extensionistas consideran que adquirieron nuevas y múltiples ideas para trabajar en extensión, por lo cual ahora intuyen que los productores no tienen tantas ideas que no puedan ocurrírsele a ellos. No obstante, se trata de una interpretación posible, pudiendo también pensarse que este cambio observado (que no llegó a mostrar significatividad estadística), podría deberse simplemente al azar o a otros procesos que no hayan sido percibidos aquí y que mostrarían un impacto contrario a los objetivos de la propuesta.

Respecto de la disminución en la valoración del uso de un enfoque de género para hacer extensión (9), se observa que la disminución en la media surge de un único caso en la evaluación post-curso en la cual se evalúa la variable con 5, cuando la media sin ese puntaje sería mayor a 9,50, situación que podría relacionarse con un error, con una interpretación contextual que distorsione la medida o con cierto posicionamiento reactivo frente a la propuesta, hechos razonablemente explicables por azar (recordemos que esta diferencia identificada no es estadísticamente significativa)

4.3. Evaluación del impacto de la capacitación desde la perspectiva de los extensionistas

En la siguiente tabla puede observarse la evaluación cuantitativa del curso concretizada en una escala que contó con cuatro preguntas, la cual fue tomada al finalizar el último módulo.

 

Tabla 2

 

Teniendo en cuenta que las opciones de respuesta iban de 1 a 10, indicando 1 total desacuerdo y 10 total acuerdo, se concluye que los extensionistas sienten que su perspectiva y sus prácticas se modificaron participando del curso, teniendo ahora una aproximación diferente a los productores, potencialmente en línea con la extensión dialógica, como se desprende de la transformación en algunas de las creencias de los extensionistas en esta dirección, según se analizó previamente.

Focalizando ahora en la evaluación cualitativa del curso y de su impacto percibido, se analizan las entrevistas realizadas a extensionistas de ACH y de la DEAg. En primer lugar, se observa una valoración francamente positiva de la capacitación en su conjunto: "estuvo magnífico", dice una entrevistada. Otro de los entrevistados aclara: "como técnico del Ministerio siento que estos tipos de capacitaciones para nosotros nos fortalece mucho [...] nos sirve mucho, nos renueva en el sistema de cómo encarar el trabajo con los grupos, con los productores, con los líderes". Por su parte, en términos generales, la metodología implementada fue muy bien recibida, particularmente lo que tiene que ver con el trabajo participativo y la discusión grupal:

"En grupo discutir, analizar, consensuar, siempre es bueno la participación de todos, cada uno pone su aporte [...] la plenaria, y se discute y ahí se saca la mejor conclusión. Yo creo que la metodología fue muy buena en ese sentido y la gente que se interesa realmente y tiene la oportunidad de participar, eso fue buenísimo".

De la misma manera, también se valoró, en términos generales, la presencia de capacitadores con formación y experiencia, particularmente cuando articulaban teoría y práctica: "todo fue teórico y práctico y a mí me gustó". Además, respecto de los temas abordados, se reconoció que "todos los contenidos resultaron interesantes" porque "son contenidos que en nuestro trabajo estamos desarrollando". Es decir, porque se trata de cuestiones que están vinculadas con las necesidades prácticas y con los problemas cotidianos. Así, frente a otras capacitaciones que focalizan en la dimensión discursiva y teórica, aquí se plantea cómo llevar estas cuestiones a la práctica:

"Es una metodología innovadora [...] [en los] cursos, uno lo recibe más bien es información, y en este caso justamente aparte de las informaciones también se plantea qué es lo que se puede de alguna manera usar en nuestras actividades de extensión y eso ayudó bastante".

No obstante, esta valoración positiva de la capacitación recibida no evita mencionar cuestiones negativas. En concreto, se comentaron limitaciones de algunos capacitadores: "hubo instructores que no me convencieron", "no están a la altura que nosotros esperábamos". Esto se debió a la falta de profundidad de sus presentaciones: "quedaría mejor una capacitación para estudiantes de la secundaria como estaba enfocado". Además, también se mencionan casos en los cuales el capacitador "no tenía experiencia con la parte de extensión", es decir, con productores, lo que lo llevaba a ser "muy teórico". Adicionalmente, también se consideró como negativa la falta de participación comprometida de extensionistas que asistían al curso pero llegaban tarde o no se quedaban todo el tiempo: "no me gustó la falta de responsabilidad de algunos compañeros, no todos, algunos". Finalmente, en un caso también se mencionó la experiencia de que se repetían temas, pero no en las diferentes capacitaciones, sino cuando se retomaba la puesta en práctica de cuestiones ya trabajadas en otros módulos, lo que hacía trabajarlas de nuevo.

Respecto de la puesta en práctica de las propuestas surgidas durante las capacitaciones, son dos los comentarios que surgieron, sin que sean necesariamente contrapuestos. Por un lado, hay quienes destacaron que la puesta en práctica de las ideas trabajadas en el taller requiere de tiempo, y forma parte de un proceso que no puede resolverse en el corto plazo: "es un proceso que vamos a ir desarrollando, paulatinamente, porque no se va a poder aplicar en un tiempo corto todo lo que se aprendió en el curso". Y esto, concretamente, porque los procesos con los grupos ya estaban iniciados y había compromisos asumidos, tanto con los productores como con las instituciones de extensión que requieren la implementación de ciertas actividades. Como lo explica un entrevistado: "el caso mío [no pude aplicar] porque tenía un rubro de producción, papa, que tenía que hacer seguimiento, a veces se superponían las actividades y en ese momento no hacía esas reuniones para replicar".

No obstante, también hubo quienes plantearon que sí habían podido poner en práctica ciertas cuestiones. Lo interesante es que ellos no mencionaron la implementación de procesos más estructurados como diagnósticos o planificaciones participativas, sino más bien cuestiones referidas a la interacción, al modo de vincularse con los productores. Como comenta uno de los entrevistados: "en cuanto a metodología lo que estoy llevando a la práctica es la que, el rol del técnico es más facilitador que técnico". Se trata de un cambio en el modo de plantearse la extensión rural. Como explica otro extensionista: "hablo de mí que cambiamos en las reuniones mismo, ya planteamos de forma diferente, vamos a analizar los problemas de forma conjunta, vamos a ver de qué lado, cómo buscamos la solución pero siendo partícipes los socios". En definitiva, si bien no parece haberse reestructurado el proceso de trabajo como un todo, ya que esto implica estructuras institucionales, compromisos y obligaciones asumidos previamente, lo que puede decirse es que se observa un cambio en la percepción del propio rol de extensionistas y de la relación que debe establecerse con los productores. La imagen más clara de esto es la descripción del cambio de la percepción del rol de extensionista desde quien tiene que dar todas las soluciones hasta el de quien debe trabajar con los productores para construir soluciones conjuntamente, procurando no generar dependencia sino convertir a los beneficiarios en protagonistas de su desarrollo. Es así que un extensionista se plantea que "no tenemos que ser dueños de toda la solución o responsables de toda la solución porque mientras que trabajemos en ese sistema sabemos muy bien que cada día nuestros productores más dependen de nosotros", necesitamos que ellos se "sientan responsables o protagonistas de esa parte de solución". "El asistencialismo era otro enfoque"

"La idea que teníamos anteriormente [era que] el extensionista tenía que llevar todo, todas las alternativas de solución, eso en el curso vimos que es un poco distinto [...] para que haya proceso de educación, [...] es justamente la participación de las familias, [...] tiene que ser con participación de la gente que están siendo asistidas".

Es decir, se observa un cambio en el modo de concebir y pensar a la extensión rural, punto fundamental que se había propuesto modificar al momento de diseñar la propuesta formativa.

 

5. Discusión y conclusiones

Se implementó una estrategia para la capacitación de extensionistas en Paraguay centrada en la transformación de las prácticas más que en la transferencia de conocimientos, la cual se planteó como objetivo fundamental una reorientación de las prácticas de extensión hacia esquemas más horizontales, participativos y dialógicos. Es que si bien la literatura disponible en América Latina destaca la necesitad de implementar modelos de extensión dialógicos (LANDINI, MURTAGH y LACANNA, 2009; SCHALLER, 2006; VALENTINUZ, 2003), no suele plantear cómo hacer esto posible, lo que lleva a percibir la cuestión del cambio de paradigma, muchas veces, en términos voluntaristas. La capacitación-taller implementada tuvo como elemento fundamental la presentación de los contenidos de capacitación en el contexto de un proceso de reflexión sobre la práctica, concretizado en un análisis previo de los problemas relacionados con los temas de capacitación a abordar y una construcción posterior de propuestas concretas de transformación, cuya puesta en práctica recibía un seguimiento en todos los módulos. En este sentido, la diferenciación entre un facilitador(a) grupal, encargado del manejo de procesos reflexivos grupales, y un capacitador(a), constituyó el elemento central. Se destaca aquí la importancia del facilitador(a) tanto para manejar la dinámica grupal como para explicitar y poner en debate las actitudes y creencias implícitas de los extensionistas sobre el trabajo de extensión y sobre los productores.

La evaluación realizada permite afirmar que los extensionistas que participaron del proceso modificaron en ciertos aspectos fundamentales su forma de concebir a la extensión rural como práctica y a su rol dentro de ella como extensionistas, adoptando una visión más dialógica y participativa. Esto pudo verse tanto en la evaluación cualitativa del impacto como en la escala de creencias vinculadas con extensión aplicada antes y después del curso. Resulta importante resaltar este punto, ya que este trabajo presenta evidencia estadística cuantitativa del impacto de la capacitación a nivel de las creencias y percepciones de los extensionistas, algo no parece haber sido reportado en la literatura científica.

El análisis del proceso de capacitación también permitió generar reflexiones de interés para esta metodología en particular y para la capacitación de extensionistas en general. En primer lugar, los participantes, en la evaluación final, destacaron el valor del carácter participativo y reflexivo de la metodología utilizada para la capacitación-taller, aspecto que incentivó su motivación. El interés por el esquema de trabajo grupal también fue destacado repetidamente durante los primeros módulos, pero luego estos comentarios fueron desapareciendo, posiblemente por la naturalización de la metodología como algo que formaba parte de las expectativas. De esto se sigue el interés de implementar este tipo de metodologías grupales y participativas en el contexto de la capacitación de extensionistas rurales.

Ahora bien, estos comentarios no parecen contraponerse con propuestas de capacitación expositivas, mientras todo tenga su lugar y se satisfagan ciertas condiciones. Según mencionaron los participantes, es fundamental que quienes capaciten tengan experiencia concreta en el trabajo de extensión rural con pequeños productores, lo que hace posible que transmitan su experiencia presentando ejemplos y recomendaciones adecuadas para la realidad de las familias. Igualmente, según ellos, la capacitación no debe ser sólo práctica, ya que en distintos espacios se menciona insistentemente la necesidad de articular teoría y práctica para generar estrategias de trabajo más sólidas. Resulta importante destacar esto, ya que hay quienes, destacando la necesidad de generar procesos de capacitación dialógicos o participativos, en paralelo niegan la importancia que pueden tener espacios expositivos más tradicionales, cuando en el presente caso los extensionistas los han valorado (e incluso reclamado), cuando quien expone demuestra a la vez conocimientos conceptuales y experiencia práctica.

Continuando la reflexión sobre la propuesta de capacitación, son varias las cuestiones que requieren atención. En primer lugar, cabe preguntarse por el malestar generado por las estrategias pedagógicas utilizadas por algunos capacitadores, ya sea por ser particularmente expositivos o por no tener suficientemente en cuenta los intereses temáticos y problemas planteados por los extensionistas como temas a abordar. A esto se suman los casos en los cuales quienes ocuparon este rol se posicionaron implícitamente desde una perspectiva transferencista de la extensión, todos indicadores de no haber tomado en cuenta la propuesta pedagógica del ciclo de capacitaciones propuesto. Este problema potencial fue uno de los argumentos que llevó a diferenciar desde el inicio entre facilitadores grupales y capacitadores, asumiendo que estos últimos no necesariamente tendrían el perfil necesario para las tareas de facilitación. Este problema resalta la importancia que tiene una buena selección de capacitadores, tarea particularmente compleja cuando la disponibilidad de recursos humanos para abordar ciertas temáticas en un rol de capacitación está acotada. Una alternativa posible para resolver esto podía haber sido implementar un espacio previo al inicio del ciclo de capacitaciones para generar acuerdos a nivel pedagógico con ellos. No obstante, los procesos de selección y contratación de los capacitadores sólo permitieron conocer quiénes serían como máximo unas semanas antes de la implementación del módulo, lo que sólo permitió informar de la metodología y del enfoque general del proceso de capacitación a quienes habían sido seleccionados, sin que haya sido suficiente en todos los casos para que asumieran la modalidad de trabajo esperada.

Por un lado, preocupa la percepción de 'repetición' de temas que se mencionó en diferentes momentos, aunque conceptualmente los temas abordados fueran diferentes. Como se sugirió anteriormente, esto parece deberse a que cuando se abordaban distintos conocimientos provenientes de las ciencias sociales, las implicaciones prácticas parecían repetirse. Además, estas implicaciones prácticas también se retomaban al inicio de cada módulo con el fin de dar seguimiento a la puesta en práctica de las propuestas surgidas colectivamente. En este contexto, poco parece poder hacerse respecto de esta cuestión. Además, no queda claro que esto sea negativo si se piensa en el impacto que se esperaba que tenga la capacitación. De hecho, esta 'repetición' puede incluso haber sino uno de los elementos que favoreció los cambios observados. En todo caso, parece recomendable intercalar los módulos de capacitaciones en el área de las ciencias sociales con otros de naturaleza técnica, los cuales suelen llevar a propuestas prácticas de otro tipo.

Respecto de la diferenciación entre los momentos 4 y 5 del proceso (construcción de propuestas y operacionalización), la experiencia indica que podría pensarse en una fusión de ambos, procurando una operacionalización más genérica a nivel de plenario en lugar de incluir un momento adicional específico. No obstante, respecto de este punto parece imponerse una evaluación contextual de la situación para tomar la opción más adecuada en cada caso. Por su parte, respecto del seguimiento de la puesta en práctica de las propuestas generadas en los módulos anteriores (momento 7), parece recomendable no esperar en un corto plazo la implementación de acciones novedosas del tipo de diagnósticos o procesos de planificación participativa, sino mas bien tener en cuenta que los cambios pueden darse también a nivel de la percepción del rol del extensionista en el trabajo de extensión. Así, habrá que tener en cuenta pequeños cambios en el modo de relacionarse e interactuar con los productores, algo que los extensionistas no parecen percibir como puesta en práctica de propuestas surgidas de la capacitación, aunque sí lo sea.

Reflexionando globalmente sobre la propuesta, se observan dos cuestiones pendientes. Por un lado, no resulta claro el impacto concreto de la capacitación en las prácticas de extensión más allá de las descripciones de los participantes, lo que invita a mantener una actitud crítica sobre su utilidad efectiva. Teniendo esto en cuenta, parece recomendable adicionar a la propuesta la implementación de estrategias de acompañamiento y seguimiento en terreno de los extensionistas, tanto durante como después de terminado el proceso de capacitación. Esto permitiría asesorar a los técnicos que participan del proceso en la implementación de nuevas estrategias de trabajo a la vez que dar seguimiento a potenciales transformaciones en las prácticas, que en este caso solo pueden suponerse. Además, este acompañamiento o seguimiento también permitiría evaluar los efectos de la capacitación a más largo plazo y no solamente en el momento de su implementación, analizando si el impacto observado en un primer momento se mantiene a lo largo del tiempo. De hecho, durante la presente propuesta se pensó en que los supervisores de los extensionistas que trabajaban en terreno dieran seguimiento a estos procesos, pero el entorno institucional orientó su trabajo a la supervisión de la puesta en práctica de actividades más que a un acompañamiento de orden pedagógico.

Por otro lado, también hay que señalar que aun está pendiente una reflexión más profunda que analice y permita explicar, a nivel conceptual, los procesos psicosociales implicados en los cambios descriptos. En efecto, este trabajo apuntó más a describir y evaluar el proceso y su impacto percibido que a analizar el por qué esto fue así. En cualquier caso, queda claro que la capacitación implementada ha demostrado valor y potencialidad, más teniendo en cuenta que fue puesta en práctica en un contexto turbulento y cambiante (ROBIROSA, CARDARELLI y LAPALMA, 1990), es decir, en un contexto real y no es uno ideal, como muchas veces sucede cuando se hace investigación. En efecto, el presente trabajo muestra el resultado obtenido aun trabajando en entornos institucionales complejos e inciertos. Por esta razón, se considera que vale la pena seguir reflexionando sobre la propuesta implementada, dándole continuidad y seguimiento mientras sea posible. Más cuando institucionalmente ACH y la DEAg han propuesto extender la iniciativa a otros territorios del Paraguay si el presupuesto y las autoridades permanecen estables.

 

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1. Recuperado el 2 de octubre de 2012 de la web www.mag.gov.py/index-deag.php?pag=mision-deag.html
2. Las frases entre comillas referidas a opiniones de los extensionistas son textuales y se obtuvieron de los formularios de evaluación aplicados luego de cada módulo o de las entrevistas realizadas a posteriori para evaluar participativamente el impacto de la capacitación. Si no se indica lo contrario, las citas seleccionadas corresponden a ejemplos que expresan con claridad la perspectiva encontrada en la mayoría de los casos.

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