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Revista Estudos Feministas

Print version ISSN 0104-026XOn-line version ISSN 1806-9584

Rev. Estud. Fem. vol.27 no.2 Florianópolis  2019  Epub July 04, 2019

https://doi.org/10.1590/1806-9584-2019v27n260106 

Resenha

La política exterior ya no es cosa de hombres

Foreign Policy is not a Man’s Thing Anymore

1Universidade Federal de Santa Catarina, Departamento de Economia e Relações Internacionais, Florianópolis, SC, Brasil. 88040-900 - cnm@contato.ufsc.br

BASHEVKIN, Sylvia. Women as Foreign Policy Leaders: National Security and Gender Politics in Superpower America. Oxford: Oxford University Press, 2018.


¿En qué medida las mujeres que ocupan altos cargos en el poder ejecutivo representan a las mujeres como un todo o categorías específicas de mujeres? ¿Qué nos dice el desempeño de mujeres con responsabilidad en la conducción de la política exterior y de seguridad de sus países - y, específicamente, de los Estados Unidos - en relación a la discusión sobre la supuesta mayor disposición al pacifismo de las mujeres en comparación con los hombres? ¿Las decisiones de esas mujeres son evaluadas con los mismos criterios habitualmente empleados para juzgar a sus homólogos masculinos?

Women as Foreign Policy Leaders avanza en las respuestas a esas y a otras instigadoras preguntas centrales en las discusiones del campo de conocimiento de género y política y en sus intersecciones con otras áreas, como los estudios sobre seguridad internacional, la historia diplomática o el análisis de política exterior. Lo hace a través del estudio de las trayectorias vitales y políticas de cuatro mujeres que ocuparon altos puestos diplomáticos en los Estados Unidos: Jeane Kirkpatrick, embajadora ante la ONU durante la administración Reagan; Madeleine Albright, primera embajadora ante la ONU y luego secretaria de estado con Bill Clinton; Condolezza Rice, consejera de seguridad nacional en el primer mandato de George W. Bush y secretaria de estado en el segundo mandato y por último Hillary Clinton, secretaria de estado en el gobierno Obama.

La autora, Sylvia Bashevkin, estadounidense radicada desde hace décadas en Canadá, es profesora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Toronto, con una larga, destacada y reconocida trayectoria académica dedicada al estudio de las mujeres en diferentes instancias de participación y representación política: partidos, gobiernos en sus diferentes niveles y como activistas. Entre sus obras se cuentan Women, Power, Politics: the Hidden Story of Canada’s Unfinished Democracy (Oxford University Press, 2009); Tales of Two Cities: Women and Municipal Reestructuring in London and Toronto (UBC Press, 2008) y Toeing the Lines: Women and Party Politics in English Canada (Oxford University Press, 1993).

En un artículo pionero y con gran repercusión (Sylvia BASHEVKIN, 2014) la investigadora trasladó la discusión, muy viva en el área de feminismo y política, sobre los vínculos entre representación descriptiva (presencia numérica de un grupo en una institución dada) y substantiva (acciones y políticas dirigidas a ese grupo) (Hanna PITKIN, 1967) por un lado al ámbito del poder ejecutivo - la gran mayoría de los estudios tratan de otras instancias políticas, especialmente el legislativo - y por otro al terreno de la política exterior, prácticamente inexplorado. Considerada “alta política”, en la política exterior hay una menor presencia de mujeres en altos cargos que en otras áreas, y precisamente por esa razón los estudios sobre decisoras son escasos. En su artículo, basado en datos estadísticos de diez países del ámbito euroatlántico, Bashevkin confirmó y también matizó una serie de proposiciones provenientes de la literatura sobre el tema. Confirmó, por ejemplo, la correlación positiva entre la mayor presencia de mujeres en altos puestos diplomáticos y el aumento de fondos y acciones específicas para mujeres en ayuda para el desarrollo, especialmente cuando esas mujeres participan en gobiernos de partidos progresistas.

Women as Foreign Policy Leaders continúa explorando la misma temática de género y representación en los altos cargos de política externa, pero ampliando el foco, introduciendo nuevas preguntas y perspectivas analíticas y con un abordaje metodológico bien diferente: el estudio comparado de casos individuales. La decisión de concentrarse en actores individuales es fruto de la convicción, claramente expresada por la autora, de que los individuos, especialmente aquellos situados en posiciones de poder en áreas sensibles como lo es la política externa y de seguridad, pueden influir significativamente en el curso de la historia, por lo que debe prestárseles tanta atención como a las estructuras sociales y políticas. Y de hecho, las cuatro mujeres analizadas moldearon significativamente la política exterior y de seguridad de las cuatro administraciones - dos demócratas, dos republicanas - en las que actuaron.

En la primera parte de la obra se presentan los temas y preguntas que guían el análisis subsiguiente, situándolos en los respectivos contextos de discusión académica de los que provienen. Son ellos los contextos disciplinares de la historia diplomática feminista, los estudios de género y política y los más específicos de género y relaciones internacionales/política externa. La historia diplomática feminista se ha esforzado, por un lado, por visibilizar las contribuciones de las mujeres, mostrando que la presencia y la influencia de las mujeres en política no es tan excepcional como la historia tradicional puede hacer suponer. Por otro lado, ha denunciado los sesgos - basados en estereotipos patriarcales - con los que se las suele evaluar. ¿Cómo han contribuido las cuatro líderes y cómo han sido evaluadas las decisiones que tomaron sobre la política exterior y de seguridad de Estados Unidos? Dentro del amplio campo disciplinar de género y política, en el que se encuadra toda la trayectoria académica de Bahevkin, la autora continúa profundizando en la conexión entre representación descriptiva y substantiva. La pregunta específica que formula es en qué medida las cuatro mujeres estudiadas han representado substantivamente a las mujeres como categoría, ya sea promoviendo causas defendidas por el feminismo o de otras maneras. Por último, dentro del contexto disciplinar de las Relaciones Internacionales/política externa, la discusión sobre si hay o no una menor propensión de las mujeres a la violencia organizada y sus posibles causas y consecuencias (¿un mundo gobernado por mujeres sería menos violento?) llegó a la disciplina desde el campo de los estudios feministas en la década de los noventa del siglo pasado. ¿Qué nos dicen las trayectorias de las cuatro mujeres estudiadas sobre esta cuestión? Son varios debates densos y extensos que la autora consigue sintetizar y presentar de manera clara y atractiva, un mérito no menor de la obra.

En la segunda parte, con un capítulo dedicado a cada una de las líderes estudiadas, Bashevkin adopta una aproximación que llama de “etnográfica” para describir las trayectorias de las cuatro mujeres, explorando sus experiencias y visiones del mundo anteriores a la asunción del cargo y conectándolas con las posiciones políticas manifestadas a partir de entonces. Las informaciones biográficas sobre familia, formación y entrada en la política de cada una de las líderes son presentadas por Bashevkin con gran sensibilidad, empatía y sororidad. Más allá de la opinión que merezcan las ideas y decisiones sobre política exterior de cada una (y aclaremos que Bashevkin no defiende las intervenciones de Estados Unidos y sus socios en Afganistán, Irak o Libia), resulta difícil, sino imposible, que la lectora o lector no acabe simpatizando con todas al conocer los detalles de sus trayectorias, todas ellas marcadas por el esfuerzo, el mérito y la resiliencia sin las cuales no hubieran podido destacar en el entorno extremadamente masculino y elitista de la política exterior. En cada capítulo Bashevkin responde el mismo conjunto de preguntas analíticamente relevantes y conectadas a las grandes cuestiones sobre liderazgo, representación y especificidades de género en relación al conflicto que la obra aborda.

Sin duda, Women as Foreign Policy Leaders aporta contribuciones importantes a todas las áreas disciplinares en las que se encuadra. Enriquece la historia diplomática feminista mostrando y valorizando las contribuciones de las cuatro líderes y denunciando los sesgos basados en estereotipos de género con los que fueron evaluadas. Las cuatro mujeres contribuyeron significativamente con sus ideas, con sus decisiones, o con ambas, acertadas o no, a la política exterior y de seguridad llevada a cabo por las administraciones en las que participaron. Jeane Kirkpatrick fue la responsable de concebir y contribuyó considerablemente a poner en práctica la doctrina internacional del primer mandato de Reagan (1981-1985) durante la llamada “segunda guerra fría”. Su importante papel, sin embargo, fue ignorado por los historiadores y analistas del período. Mejor suerte, al menos en cuanto a reconocimiento, corrieron Albright, Rice y Clinton. Los ataques aéreos de la OTAN a Serbia en 1999, impulsados por la Secretaria de Estado del gobierno Clinton para evitar la continuación de la masacre en Kosovo pasaron a la historia como “la guerra de Madeleine”. La responsabilidad de Rice en las decisiones de atacar a Afganistán y luego a Irak tras el 11/9 también ha sido reconocida, de la misma manera que lo fue el papel de Hillary Clinton en el ataque multilateral a Libia que depuso a Muhammar el Gadaffi. En cambio, en lo que respecta a la evaluación de su desempeño, Bashevkin muestra cómo las cuatro fueron frecuentemente descalificadas a partir de su supuesta inadecuación al puesto a partir de estereotipos de género, ya fuera en función de sus características “femeninas” o, contradictoriamente, por no actuar de acuerdo a lo que supuestamente se espera de una mujer. Así, por ejemplo, Albright recibió críticas tanto por ser “emotiva e impaciente” como por su “excesiva confianza en sí misma”. Sin duda, y como suele suceder en el caso de las mujeres decisoras, los analistas se concentraron más en las características personales de las líderes y no en las acciones y decisiones en sí, usando criterios diferentes a los usados con sus contrapartes masculinos.

A la discusión sobre la paz feminista Bashevkin contribuye con una sintética revisión de las obras de teoría política y teoría política feminista (desde Platón a Sara Ruddick) que defienden el pacifismo intrínseco de las mujeres y con la presentación sucesiva de las principales evidencias a favor y en contra de la tesis. Al examinarlas, Bashevkin concluye que las mujeres, individualmente o en grupo, han sido alternativamente pacificadoras y guerreras, por lo que las interpretaciones esencialistas no encuentran apoyo empírico. Pero la contribución principal de Bashevkin al debate sobre la mayor o menor propensión al conflicto de las mujeres no es tanto la constatación de la diversidad de actitudes de las mujeres hacia la guerra y el conflicto sino el cuestionamiento de una tesis, articulada entre otros por Michael Koch y Sarah Fulton (2011), que explica las conductas supuestamente desviantes de las mujeres líderes en relación a la guerra en las presiones que sufrirían, una vez en sus cargos, para adoptar las normas “masculinas” prevalecientes. Los casos de Kirkpatrick, Albright, Rice y Clinton no la confirman. En cuestiones de seguridad nacional, las cuatro asumieron actitudes de “halcones”, no de “palomas”. Todas ellas defendieron, en algún momento de su gestión, el uso de la fuerza, inclusive oponiéndose firmemente a otros sectores de la administración en la que participaban. Bashevkin demuestra que las cuatro líderes se habían manifestado a favor del uso de la fuerza en política exterior con anterioridad a ocupar sus cargos, ya fuera como académicas, como activistas o en cargos políticos previos. De hecho, esas posiciones pro-belicistas contribuyeron a sus nombramientos. Eso ocurrió tanto en los casos de las dos líderes republicanas y socialmente conservadoras (Jeane Kirpatrick y Condolezza Rice) como en el de las demócratas y socialmente progresistas (Madeleine Albright e Hillary Clinton).

Finalmente, Bashevkin contribuye al área de género y política con su discusión y relectura del concepto de representación substantiva. El feminismo académico entendió tradicionalmente que la representación substantiva se materializa en políticas que responden a las reivindicaciones feministas (igualdad, derechos sexuales y reproductivos, etc.). En la misma línea que otras autoras (Karen CELIS; Sarah CHILDS, 2012) Bashevkin propone desvincular la representación substantiva de las mujeres de las causas feministas. El grupo representado, alega Bashevkin, es necesariamente la constituency: las electoras y los electores que eligieron democráticamente a un gobierno de un signo político dado. La idea de que la representación substantiva vale tanto para las causas feministas como para las no feministas parece perfectamente defendible. Nos resulta sin embargo difícil de aceptar la interpretación que Bashevkin hace a partir de ella: a saber, que las cuatro mujeres estudiadas habrían representado substantivamente a sus respectivas constituencies. Lo hicieron ciertamente Albright y Clinton, quienes promovieron activamente políticas en línea con las reivindicaciones del feminismo transnacional. Pero según el propio relato de Bashevkin, tanto Kirkpatrick como Rice fueron muy discretas en sus manifestaciones sobre políticas para mujeres y se abstuvieron de promover las políticas conservadoras (por ejemplo en relación al aborto) de los republicanos. ¿Puede hablarse de representación substantiva cuando no hay intención de representar? Es probable que esa pregunta sea una de la que oriente la continuación del debate sobre género y representación. En cualquier caso, la estimulante obra que aquí reseñamos ya ha agitado sus aguas.

Referencias

BASHEVKIN, Sylvia. “Numerical and Policy Representation on the International Stage: Women Foreign Policy Leaders in Western Industrialized Systems”, International Political Science Review, 35, p. 409-429, 2014. [ Links ]

BASHEVKIN, Sylvia. Women as Foreign Policy Leaders: National Security and Gender Politics in Superpower America. Oxford: Oxford University Press, 2018. [ Links ]

CELIS, Karen; CHILDS, Sarah. “The Substantive Representation of Women: What to Do with Conservative Claims?” Political Studies, 60, p. 213-225, 2012. [ Links ]

KOCH, Michael T.; FULTON, Sarah A. “In Defense of the Women: Gender, Office Holding, and National Security Policy in Established Democracies”. Journal of Policies, 73 (1), p. 1-16, 2011. [ Links ]

PITKIN, Hanna F. The Concept of Representation. Berkeley: University of California Press, 1967. [ Links ]

2Como citar esse artigo de acordo com as normas da revista: SALOMÓN, Mónica. “La política exterior ya no es cosa de hombres”. Revista Estudos Feministas, Florianópolis, v. 27, n. 2, e60106, 2019.

Financiamento: O presente trabalho foi realizado com apoio da Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior - Brasil (CAPES) - Código de Financiamento 001.

5Consentimento de uso de imagem: Não se aplica

6Aprovação de comitê de ética em pesquisa: Não se aplica

Recibido: 07 de Noviembre de 2018; Aprobado: 12 de Febrero de 2019

Monica.Salomon@ufsc.br

Mónica Salomón (monica.salomon@ufsc.br) é doutora em Ciência Política (Relações Internacionais) pela Universitat Autònoma de Barcelona (1998). Professora do Departamento de Economia e Relações Internacionais da UFSC desde 2010. Anteriormente lecionou na Universitat Autònoma de Barcelona (1994-2005) e no Instituto de Relações Internacionais da PUC-Rio (2006-2009). Atua no Curso de Graduação e no Programa de Pós-Graduação em Relações Internacionais e no Programa de Pós-Graduação Interdisciplinar em Ciências Humanas da UFSC. Bolsista de produtividade nível 2 do CNPq. Visiting Scholar no Departamento de Ciência Política da Universidade de Toronto (setembro 2018 a agosto de 2019), onde desenvolve um projeto de pesquisa sobre as dimensões de gênero das políticas externas brasileira e canadense.

Contribuição de autoria: Não se aplica

Conflito de interesses: Não se aplica

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