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História, Ciências, Saúde-Manguinhos

Print version ISSN 0104-5970On-line version ISSN 1678-4758

Hist. cienc. saude-Manguinhos vol.25  supl.1 Rio de Janeiro Aug. 2018

https://doi.org/10.1590/s0104-59702018000300002 

ANÁLISE

La hora cero de la eugenesia en la Argentina: disputas e ideologías en el surgimiento de un campo científico, 1916-1932

Gustavo Vallejo1 

1Investigador independiente, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas; Departamento de Ciencias Sociales/Universidad Nacional de Quilmes. Bernal – Buenos Aires – Argentina gustavo.vallejo@unq.edu.ar


Resumen

En la década de 1930 y los años que precedieron al desenlace de la Segunda Guerra Mundial, la sentencia del conde Keyserling “la hora actual es la hora de la eugenesia” enarboló ideas y prácticas que Nancy Stepan vio compartidas por distintos países latinoamericanos. Nos detendremos en los prolegómenos de esa etapa que constituyen una suerte de hora cero que la eugenesia vivió en Argentina al iniciar en la década de 1910 su institucionalización y conformar un nuevo campo científico. Es un período signado por las tensiones intra e interdisciplinarias, la lucha por el monopolio de la autoridad científica y los diálogos entre ideología y poder, donde se inscribe una eugenesia de rasgos viscosos, cuya polifonía inicial perdurará hasta 1932.

Palabras-clave: eugenesia; Argentina; campo científico; comienzos del siglo XX

Abstract

From the 1930s until the end of the Second World War, Count Keyserling’s statement that “the hour of eugenics is at hand” was used to champion ideas and practices that Nancy Stepan argues were shared by different Latin American countries. We focus on the period prior to that, a sort of zero hour of eugenics in Argentina, which began institutionalizing in 1910 and emerged as a new scientific field. This period was marked by intra- and interdisciplinary tensions, a struggle to monopolize scientific authority, and dialogues between ideology and power in which a viscous type of eugenics was inscribed, whose initial polyphony lasted until 1932.

Key words: eugenics; Argentina; scientific field; early twentieth century

Durante la década de 1930 y los años que en la década siguiente se prolongaron hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la Argentina proveyó a diferentes figuras interesadas en explorar su identidad racial de suficientes motivos para convertir en una frase de época aquella sentencia del conde Keyserling que indicaba que “la hora actual es la hora de la eugenesia”.1

Como Nancy Stepan (1991) demostró, la frase iluminaba expectativas que llegaron a proyectarse a toda América Latina, sintetizando un conjunto de ideas y prácticas compartidas en la región a lo largo de ese preciso momento histórico.

En este trabajo nos detendremos en los prolegómenos de esa etapa, en aquellos fermentos que constituyen una suerte de hora cero vivida por la eugenesia en los inicios de su institucionalización en Argentina. Pondremos el foco en las primeras formas organizativas ideadas en torno a la eugenesia, reconstruyéndolas como piezas de un puzle que se encastran al situarlas dentro de un campo científico, en el estricto sentido planteado por Bourdieu (2000). Esto es, como un sistema de relaciones dentro de un espacio social delimitado, que pugna por su autonomía y es suficientemente valorado como para aspirar a ingresar allí a fin de entablar una competencia por el monopolio de la autoridad científica.

Se intentará así dar cuenta de un escenario complejo, con matices que desbordan aquellos intentos clasificatorios de fijar un tipo de eugenesia con rasgos unívocos en todo su devenir. En este sentido, antes que pensar en una eugenesia siempre positiva, blanda, ambientalista y preventiva,2 la analizaremos desde una apertura a diferentes opciones que revelan su “viscosidad”, apelando a la metáfora de lo que toma la forma, se infiltra, se adapta, pero, a la vez, resulta inasible, ya que retoma su movilidad al intentar sujetarlo (Miranda, 2013). Así, esta “viscosidad” será también el signo de inestabilidad del campo eugénico, hasta alcanzar un grado de definición más precisa al culminar esta hora cero de la eugenesia.

La eugenesia como programa biomédico

En 1916, el médico Antonio Vidal describió detalladamente el programa de conformación de una sociedad eugénica en Argentina. Lo hizo en el marco del Primer Congreso Nacional de Medicina, celebrado en Buenos Aires y presidido por Gregorio Aráoz Alfaro.3

Su exposición abordaba cuestiones que iban de lo netamente informativo acerca de los avances internacionales experimentados por la ciencia de Galton, al plano prescriptivo de las medidas a implementar en distintos órdenes: sancionándose leyes, promoviéndose cambios en determinados enfoques profesionales, adecuando la formación universitaria a las necesidades que el tema planteaba, precisando los alcances de la salud pública, y creando un Ministerio de Trabajo y Beneficencia Pública. Toda esta batería de acciones diseminadas entre el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, e instituciones de relativa autonomía como lo eran entonces la universidad y los campos profesionales, confluían en el anhelo de configurar una eugenesia nacional.

Vidal (1918, p.495) aclaraba que ya existía un vasto cuerpo de conocimientos que conformaba la higiene social, el cual dejaba atrás a la medicina clásica, para proyectarse hacia la eugenesia, entendida como biología de la vida colectiva, o también una fisiología y una higiene en la esfera de la sexualidad y de la herencia: si la higiene social luchaba contra la tuberculosis, el alcoholismo, la locura, y afecciones específicas, el movimiento eugenista apuntaba a los problemas teórico-prácticos del sexo, de la selección y de la herencia.

El ejemplo internacional iluminaba las medidas a impulsar en Argentina, donde era bien conocida la selección artificial en la ganadería. De hecho, esa fue la primera vía de introducción de la eugenesia en el país, vinculada al respaldo científico que la Sociedad Rural buscó dar a sus socios que emprendían la mejora racial del ganado para imponerlo en mercados internacionales. Desde 1870 aquella institución destacaba las ventajas de la selección artificial con reflexiones fundadas en Darwin y Haeckel que dejaban latente la posibilidad de transpolar acciones de la ganadería a la especie humana (Vallejo, Miranda, 2014).

Vidal (1918, p.495-496) entonces preguntaba:

¿Cómo no suponer, en efecto, que una parte siquiera mínima de las actividades … que consagramos hoy al estudio del ‘pedigree’, dedicaremos mañana a seguir la formación de la familia humana? Tenemos desde hace mucho instituido el ‘Stud-Book’ argentino, y hasta se afirma que cuenta ya con ‘gloriosos’ asientos, ¿y no habríamos de implantar y proseguir indagaciones positivas, serias, acerca del ‘tipo’, ‘la cepa’, la ‘raza’ del componente autóctono de la nacionalidad? (énfasis del original).

De ahí que se reclamara una contribución para dotar al país de un centro estable de investigaciones y estudios biológico-hereditarios, en la convicción de que

en lo hondo de los hechos que la zootecnia recoge cuidadosamente para sustituirse a la crianza empírica; y en lo hondo de lo que el médico higienista y sociólogo examina y penetra para descubrir la causa de muchas manifestaciones vitales se hallan leyes y principios comunes (Vidal, 1918, p.495-496).

Para Vidal (1918, p.496), había entonces dos tendencias que era menester hacer confluir: “La dirección agrícola-ganadera, siguiendo lo cual habrá de cimentarse nuestra prosperidad económica, y el otro constituido por la dirección eugénico-social que brinda la base humana y energética requerida por la prosperidad en otros órdenes”. La síntesis estaría en una sociedad eugénica que desde la biología inductiva y experimental guiara un vasto programa de estudios sobre la herencia y la descendencia humana, buscando nexos con la fisiología animal y vegetal desde una orientación netamente biologicista, hereditarista y mendeliana.

La eugenesia también debía ocuparse de lo ambiental, desde una mirada biológica, en la que el psicólogo interviniera para aportar explicaciones acerca del origen de las luchas sociales y así poder aplicar medidas que fueran en línea con la darwiniana “lucha por la vida”, recabando los elementos que permitieran adelantarse en la selección social, como ya lo hacían los eugenistas angloamericanos. Aunque también advertía sobre “exageraciones”, como “ciertas leyes, ciertas decisiones propuestas, para secuestrar y esterilizar una buena parte de la población, o para concertar nupcias escogidas con determinados fines” (Vidal, 1918, p.498).

Vidal confiaba en la propaganda, la educación sanitaria y común del pueblo, hecha extensiva al cuerpo entero, al soma de la nación, para crear el hábito, la regla común, la conducta. Y por encima de todo, “se hallaría aquella cordura o templanza – sapientia de los viejos tiempos – que es menester que posean las ‘elites’, no solo para el uso propio, sino para regir a los menores, o sea, a las ‘masas’” (Vidal, 1918, p.503). Vale decir, las masas, a las que separaba de la capacidad de discernir, serían el objeto central de la aplicación de la eugenesia y quienes actuaran sobre ellas debían ser egoístas y renunciar a todo altruismo que interfiriera en la selección natural.

Asimismo, hacía falta formar el profesional apto para cumplir las funciones preventivas y eugénicas desempeñando cargos públicos. El nuevo eugenista abordaría las cuestiones planteadas por los vicios del cuerpo social, los azotes populares o “venenos sociales” (Stepan, 1991, p.63-101), la excesiva criminalidad, la elevada mortalidad infantil, la despoblación, por tratarse de cuestiones concernientes a la “complexión de la raza”.

El plan buscaba avanzar desde el evolucionismo spenceriano para articularlo con una corriente sociológica francesa interesada en indagar la moral científica (Bayet, 1905) y la ciencia de las costumbres (Levy-Brühl, 1903), a fin de unir el estudio de los rasgos físicos y los morales para el conocimiento de la verdadera naturaleza humana. Invocando estas ideas era requerida una nueva organización sanitaria donde la eugenesia guiara el funcionamiento de un Ministerio de Salud Pública y otro de Higiene, Trabajo y Beneficencia Pública.

La propuesta fue adoptada con entusiasmo por el Congreso que incluyó en sus conclusiones una especial consideración por el proyecto eugénico, recomendando:

Propender al estudio en el país de tales problemas, bajo sus diversos aspectos: inmigración, raza, población, leyes y hábitos sociales; y a la creación correspondiente de órganos y centros científicos (algunos, dentro de las propias instituciones) encargados de proseguir las indagaciones relativas a la herencia biológica en general y a la herencia humana.

Propiciar la fundación de una Sociedad Argentina de Eugenesia, en el designio de incorporar adelantos extranjeros y provocar propios; de ensayar, impulsar, crear, en la vastísima esfera que la nombrada disciplina está llamada a abarcar en la vida vegetal y animal y humana; y, en fin, de realizar la aproximación de miras, la indispensable convergencia de esfuerzos precedentes del zootécnico, del educador, del jurista y sociólogo, del biologista, del legislador y hombre de Estado (Sanción, 1918, p.514).

Así, el Congreso ratificaba en todos sus términos la propuesta formulada para crear la Sociedad Eugénica Argentina, dándole una prioridad central. No hacía cuestionamiento alguno a la postura mendeliana y hereditarista que buscaba integrar los avances de la zootécnica a los estudios de la descendencia humana; por el contrario, se exaltaba explícitamente la necesidad de que ello ocurriera. Pero si hasta aquí había un amplio consenso frente a la cuestión eugénica que era de urgente atención para la corporación médica, existió, efectivamente, un punto de tensión. El mismo fue planteado por el propio Vidal y se dirigió directamente al presidente del Congreso, Aráoz Alfaro, por cuestiones de otra índole. Según Vidal, Aráoz Alfaro ya se había valido de ideas anticipatorias de este proyecto presentándolas como propias en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, algo que denunciaba puesto que “si motivos morales de mucha fuerza me constreñían a callarlo, otros, más poderosos todavía, me obligaban a no silenciar la incidencia” (Vidal, 1918, p.513).

La ponencia se volvía así muy corrosiva por lo que denunciaba, pero también vale la pena señalar que lo era por lo que no decía. En efecto, tras el suceso del primer Congreso Internacional de Eugenesia, celebrado en 1912 en Londres, comenzaron, en 1914, los preparativos para la organización del segundo en Nueva York por impulso de Charles Davenport, y, justamente, uno de los invitados, el único de América del Sur, fue el argentino Víctor Delfino.4 A raíz de ello se conformó el Comité Consultivo Argentino integrado por: Alfredo Palacios, Genaro Sisto, Marcelino Herrera Vargas, Pedro Baliña, Mariano Castex, Víctor Arreguine, Benjamín Martínez y el propio Delfino. El estallido de la guerra postergaría la realización del evento, pero ya estaba allí el germen de una organización eugénica argentina, llamativamente ignorada por Vidal.

La eugenesia como programa de educación sexual

Paralelamente al avance de la eugenesia dentro de la esfera médica, fue conformándose un núcleo de interés desde inquietudes sobre la educación sexual que tuvieron como un importante animador a Juan Antonio Senillosa.

Proveniente de una de las más acaudaladas familias argentinas del 1900, Senillosa se distinguió entre los suyos por las ideas políticas y sociales profesadas. Su inserción en el Partido Socialista, a tono con un marcado anticlericalismo y una vocación por desplegar iniciativas altruistas, lo disociaron de los mandatos familiares de custodiar y ampliar los negocios de una firma encumbrada en la Argentina desde 1830.

Senillosa, en 1901, impulsó un emprendimiento motivado por el suceso que tenía A quoi tient la superiorité des anglo-saxons? de Edmond Demolins. En respuesta a ese interrogante investigó los avances educacionales de los EEUU y formuló un plan de preparación “para la vida sana, noble y eficiente de niños, adolescentes y jóvenes” que luego irían a cursar a un Instituto de Estudios Superiores. Era un proyecto educacional “sin sujeción religiosa, solo guiada la ética, la estética y la filosofía por las más acendradas miras de Laicidad y Eugenesia” (Senillosa, 1920, p.171). Senillosa lo llamó Villa Escolar Modelo, pensando en un plan que sirviera de origen y base de una universidad libre, como lo era la Clark University (de Worcester, Massachusetts), dirigida por el filósofo Stanley Hall (Senillosa, 1920, p.171). El objetivo era, ante todo, instalar en la educación la “cuestión sexual”, desde una tendencia “francamente anticlerical” y colocada “netamente del lado del proletariado” (p.173). Aunque importantes figuras del positivismo pedagógico y del campo médico adhirieron a esta iniciativa educacional, el emprendimiento no prosperó. Lo mismo sucedió con el Plan de Misiones Laicas que lanzó inmediatamente después, afectado también, como aquél, por el contexto internacional del inicio de la Gran Guerra.

Ya en 1916, paralelamente al proyecto de Sociedad Eugénica lanzado por Vidal, surgió un ciclo de conferencias sobre educación sexual y profilaxis de las enfermedades venéreas, iniciado con la intervención de Telémaco Susini. Le siguieron Ángel Giménez, Samuel Bermann, Hernani Mandolini, Leopoldo Bard, Rodolfo Senet y Raúl Ortega Belgrano. En la octava reunión Senillosa convocó a los conferencistas y, con otros adherentes, decidió lanzar una institución que canalizara esas inquietudes. Se llamaría Instituto Pro-adolescencia de Investigación sobre la Educación Sexual y sería un centro de cultura popular que retomaba la anterior aspiración de converger en una universidad libre. Sus reuniones preparatorias se llevaron a cabo en el Museo Social Argentino,5 surgiendo un plan encuadrado dentro de las tendencias liberales europeas y norteamericanas que colocaban la discusión de la cuestión sexual por sobre “la falsa moral religiosa y el filisteísmo burgués” (Senillosa, 10 ene. 1918, p.4).

El Instituto Pro-adolescencia tendría en su comisión fundadora a Guillermo Bosch Arana, Ángel Giménez, Bernardo A. Houssay, Samuel Bermann, Hernani Mandolini, Víctor Mercante y al propio Senillosa.

Sin embargo, todo este andamiaje institucional pronto se desvanecería. Uno de sus fundadores, Bosch Arana, atendiendo la presión de destacadas figuras del campo médico (entre ellos, Antonio Vidal, Enrique Boero y Carlos Fonso Gandolfo), dispuso suspender la firma del acta constitutiva de la institución de la que él mismo era uno de sus fundadores. El motivo de quienes llevaban a cabo este lobby, todos ellos integrantes del Círculo Médico que estaba bajo la dirección de Aráoz Alfaro, era impulsar simultáneamente la fundación de la Sociedad Eugénica Argentina.

Senillosa (1920, p.174) atribuiría el verdadero golpe sufrido por su sociedad, a una reacción que trascendía el campo médico, o más bien, lo hacía co-partícipe de lo que en verdad era una “sigilosa reacción jesuítica en nuestro medio intelectual”, esto es, “un plan clerical” para evitar cambios en la educación argentina.

En lugar de la reunión constitutiva de la Sociedad Pro-adolescencia, el 27 de julio de 1918, se llevó a cabo, por iniciativa de Víctor Delfino, la reunión preparatoria para la fundación de la Sociedad Argentina de Eugenesia, en el local del Círculo Médico. Hasta allí concurrió ese día Senillosa (1920, p.174-175) y al salir diría que no pudo “menos que exclamar, visto el conservadorismo de conventillo: ‘No habrá eugénica ni ética sexual que les valga, mientras la bandera roja no flamee bien alto’”.

La Sociedad Eugénica Argentina: expectativas y liderazgos en pugna

Luego de que Vidal expusiera minuciosamente el plan de creación de la sociedad eugénica, denunciando a Aráoz Alfaro por pretender quedarse con su autoría e ignorando la labor de Delfino en la materia, la corporación médica lograba su primer objetivo que era evitar disputas interdisciplinarias en el control de la eugenesia.

Así, superadas las anteriores pujas con los educadores, los médicos podían tender puentes con figuras que exhibían diversos trayectos académicos. La Sociedad Eugénica Argentina nacía presidida por Aráoz Alfaro y en ella ocupaban un lugar destacado en su conducción figuras como Joaquín V. González, Mariano Castex, Genaro Sisto y Víctor Delfino, a las que se sumaba “un centenar de socios, entre ellos personalidades científicas, profesores de diversas facultades de la Universidad de Buenos Aires” (SEA, 1919).6 De esa ampliación del grupo originario derivaría el protagonismo que pasaban a cobrar también figuras como Estanislao Zeballos y Alberto Stucchi.7

Si Aráoz Alfaro era una de las más relevantes figuras del campo médico de Buenos Aires, que ahora agregaba un nuevo espacio de poder a los que ya detentaba en la universidad y en el Estado nacional – en 1918 fue presidente del Departamento Nacional de Higiene –, Delfino como responsable de la redacción de La Semana Médica y representante argentino en los más destacados eventos eugénicos internacionales, contribuiría al inmediato reconocimiento de la nueva institución en el exterior. En su victoria pírrica, Vidal y otros médicos intervinientes en la sublevación contra la sociedad de Senillosa debieron ceder los principales lugares, mientras el pedagogo comenzaba a idear otros espacios por afuera de la ortodoxia eugénica constituida.

Conformada la Sociedad Eugénica, quedaba latente la pregunta acerca de cuál sería su área específica de incumbencia. Está claro que los objetivos eran muy ambiciosos, como se deducía del proyecto que el Congreso Nacional de Medicina de 1916 recomendó enfáticamente implementar. Sin embargo, las expectativas despertadas inmediatamente al interior de la sociedad y hacia fuera de ella, hacían que las ideas se ramificaran y en ciertos casos se volvieran contradictorias, denotando cuanto menos algunos problemas de partida.

A poco de fundarse la Sociedad de Eugenesia, Aráoz Alfaro se refirió a la forma de aumentar la fortaleza de la población sin recurrir a expansiones imperiales ni a la “prepotencia militar”. Para “fortificar y engrandecer nuestro país” hacía falta aumentar la inmigración “pero seleccionándola previamente y teniendo en cuenta los males que provienen de la composición étnica”. El argentino era “indolente”, propenso a la simulación y falto de iniciativa. Para contrarrestar esos males, “había que fijarse en las razas del norte de Europa que eran superiores a las meridionales en cuanto a las condiciones que tenían para el trabajo y para la formación de una nacionalidad fuerte” (La formación…, 10 ago. 1918). En consecuencia, era preciso atraer con preferencia inmigrantes del norte, británicos, alemanes y escandinavos. Razas que hicieron de los EEUU una “nación ejemplar”. Paralelamente hacía falta atender las plagas sociales del alcoholismo, la tuberculosis y la avariosis a través de una adecuada campaña de profilaxis. Para avanzar en todo ello también estaba el ejemplo de Brasil (La formación…, 10 ago. 1918).

Si esa era la postura del presidente de la Sociedad Eugénica, un rápido repaso a los textos de adhesión, originados por el acto fundacional, permiten advertir qué se esperaba de esa institución y hasta donde podían ellos coincidir entre sí y con las ideas del máximo responsable de la institución.

Para el médico local Guillermo Goñalons (1918, p.539), podía avizorarse la realización de una gran campaña de moralización de las costumbres en Buenos Aires. Hacía falta atacar “focos de propagación del mal como el cabaret” que convertían a sus concurrentes en “parásitos de la sociedad, degenerados físicos y morales”, que llegaban a esa situación luego de frecuentar bares, confiterías y despachos de bebidas. Esa tenía que ser la función de la eugenesia.

La Sociedad Eugénica de San Pablo, la primera institución de su tipo en Sudamérica, desde la autoridad que le daba esa condición, podía indicar el camino a seguir. Para Renato Kehl, la nueva institución de Buenos Aires debía prolongar la idea de gestar con la eugenesia la “religión del futuro”, perfeccionando moral y físicamente a los seres humanos (Asociaciones…, 6 ago. 1918).8 Su colega paulista, Clemente Ferreira (1918, p.437), describió detalladamente los objetivos con los que trabajaban en Brasil, que eran los de “hacer en favor de la especie humana, lo que desde hace ya tiempo se realiza en pro de la pecuaria en el campo de la veterinaria”. Eso se lograba controlando a los progenitores, impidiendo que lo sean los que padecieran cualquier enfermedad crónica o tuvieran en su historia familiar enfermedades hereditarias, convulsiones o epilepsias. También debía tenerse en cuenta que la edad más favorable para el matrimonio es de 24-25 años en el hombre y de 19-20 años en la mujer. Asimismo, recomendaba luchar contra los “venenos de la raza humana”, y, por último, recordaba que ningún país del mundo ha realizado tantos progresos en eugenesia como los EEUU, donde la Eugenics Record Office, dirigida por Davenport, se ha consagrado con ahínco al estudio de la herencia, apoyándose en el mendelismo (Ferreira, 1918, p.438).

Sin embargo, en Argentina, Lázaro Sirlin (1918, p.57), recomendaba no acompañar las medidas promovidas en EEUU porque “son tan exageradas que no han hecho sino desprestigiar la eugenesia”.

Paz Soldán (1918, p.340), desde Lima, destacaba el momento que se vivía tras “la guerra europea con sus vandálicas destrucciones, su selección al revés, con sus sobrevivientes inválidos, traumatizados físicos, psíquicos y tarados”, creando en América “la obligación de bastarse a sí misma”, de forjar su propia raza bajos sus propias normas.

González Álvarez (1918, p.657), desde Madrid, sostenía que debía atenderse lo hecho por la zootecnia para “perfeccionar las razas”, acudiendo a “la selección” en unos casos y a la interferencia en otros. Y aspiraba a ver reunida por obra de la eugenesia “en apretado haz a todos los españoles y a sus hermanos de América”.

Los primeros mensajes presentaban así una gran dispersión temática y en algunos casos intereses manifiestamente contrastantes. El control de la moralidad no parecía merecer cuestionamiento alguno entre figuras marcadamente elitistas, aunque parecía ser una medida excesivamente puntual. En otro orden, la batería de medidas impulsadas por los paulistas, que iban desde el control de matrimonios, apelación a la zootecnia, investigaciones mendelianas sobre herencia y la lucha contra los “venenos de la raza”, no se desentendía del proyecto originario de Vidal, ni de lo enunciado por González Álvarez en ese aspecto. Aunque, cuando Ferreira pedía tomar como ejemplo a los EEUU, si bien Aráoz Alfaro no se oponía, sí lo hacía explícitamente Lázaro Sirlin.

Asimismo, forjar una raza propia americana tras la guerra, como pedía Paz Soldán, se contraponía a González Álvarez en su propósito de recrear el hispanismo como unidad racial y también a promover el arribo de inmigrantes del hemisferio norte, como pretendía Aráoz Alfaro.

En definitiva, cuando se hablaba de eugenesia, el término quedaba inmerso en una “viscosidad” capaz de integrar profundas diferencias, según el lugar de emisión del discurso, pero también dentro mismo de la Argentina, según se pusiera el foco en el control de la moral, la selección del inmigrante, el combate contra “los venenos de la raza”, o la apelación a las medidas más drásticas llevadas a cabo en los EEUU.

Pero otro elemento importante de esta verdadera hora cero de la eugenesia argentina provendrá de problemas suscitados en torno al principio de autoridad. Como dijimos, Aráoz Alfaro fue ungido presidente de la Sociedad Eugénica. Sin embargo, desde el nacimiento de la institución y durante los siguientes meses del año 1918, La Semana Médica dio cuenta de las numerosas adhesiones internacionales recibidas, todas ellas saludando a Víctor Delfino y felicitándolo por su iniciativa. Las cartas procedentes de Perú, España, Uruguay, Brasil y de colegas locales, en ningún caso aludían a otro referente argentino que no fuera Delfino.

La eugenesia así conformaba un nuevo campo surcado por las dificultades que presentaba la dispersión de temas planteados y la cuestión no resuelta en torno a su conducción.

En 1921 se realizó el Segundo Congreso Internacional de Eugenesia, y Delfino allí revalidó su reconocimiento internacional representando a la Argentina. De hecho, había sido invitado por Charles Davenport, en nombre del Comité Eugénico del National Research Council, para participar como uno de los vicepresidentes por ser considerado “el mejor representante en este asunto de la República Argentina” y además “el único representante para Sud América” (Segundo Congreso…, 1920). El protagonismo de Delfino terminaría de eclipsar al presidente de la Sociedad Eugénica que era Aráoz Alfaro, acentuando una situación que tendrá como natural consecuencia la disolución de esa entidad.

Con el fin de la Sociedad Eugénica Argentina sus principales animadores continuaron acrecentando otras iniciativas sin poder articular acciones que se plasmaran en un programa mayor. En 1921, Alfredo Fernández Verano (1921, p.744) creó la Liga de Profilaxis Social con el propósito de prevenir y atender los males ocasionados por las enfermedades venéreas, retomando las iniciativas eugénicas más concretas entre las que se hallaba la demanda del certificado médico prenupcial y exaltando también el ejemplo de los ganaderos que se ocupaban del “pedigree de sus animales reproductores” para requerir la aplicación de “iguales medidas a la raza humana”. Fue presidente el propio Fernández Verano y conformaron la Junta Consultiva, Emilio Coni, Joaquín V. González, Gregorio Aráoz Alfaro, Alfredo Palacios y Alberto Stucchi, todos ellos vinculados a la anterior Sociedad Eugénica.

De la educación sexual al Clamor por la eugenesia

Mientras la Liga de Profilaxis Social canalizaba inquietudes del incipiente campo eugénico, Senillosa seguiría intentando aportar por fuera del poder médico una mirada de la sexualidad que, sin desligarse por completo de tradicionales prejuicios, añadía algunos temas nuevos para su consideración.

A su vez, Aráoz Alfaro volvía a presidir el Departamento Nacional de Higiene (1923-1928) y Delfino seguiría manteniendo su rol central en La Semana Médica mientras conducía el recientemente creado Instituto Tutelar de Menores. Y más allá de esta inserción en el Estado de los primeros líderes del eugenismo argentino, la concreción del programa que habían impulsado en la Sociedad de 1918 quedó como una asignatura pendiente.

Pero también figuras interesadas en la eugenesia desde distintas disciplinas comenzaban a confluir en el Museo Social Argentino siendo, precisamente, Senillosa uno de los que en 1928 se vieron atraídos por áreas derivadas de la sección de higiene social,9 conformada a partir de un convenio firmado con la Universidad de Buenos Aires. Senillosa, que en 1918 impulsó en el Museo Social la creación del Instituto Pro-adolescencia, diez años más tarde llevaba a esa institución una idea de eugenesia que podía admitir interpretaciones socialistas y un distanciamiento de la influencia católica, siguiendo el ejemplo de Edouard Toulouse y la utopía biocrática en Francia (Carol, 1995, p.188-207; Campos, 2008).

La intervención de Senillosa en el Museo Social derivó en una nueva iniciativa. Se trataba de un programa radial, con importantes apoyos del mundo académico, que llevó el nombre de Clamor y el lema “Por la superación de la vida humana”. Nacía allí una precursora forma de difusión de la eugenesia a través de un ciclo que pasaba a emitir Radio Cultura de Buenos Aires (Vallejo, 2009).

Con Clamor, Senillosa pudo aglutinar al campo eugénico, contando desde un principio con la colaboración estable del doctor Samuel de Madrid, y un cuerpo de invitados entre los que descollaban Víctor Delfino y Aráoz Alfaro, los creadores de la sociedad de 1918. A ellos se sumaron, entre otros, Ángel Giménez, Enrique Mouchet, Víctor Mercante y Hernani Mandolini.

El origen de este emprendimiento coincidió con la llegada al país de Nicola Pende, invitado por la Facultad de Medicina de Buenos Aires. La estadía de Pende se prolongó durante octubre y noviembre de 1930, y en ese lapso dictó ocho conferencias en la cátedra de Carlos Bonorino Udaondo del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, merced a gestiones llevadas a cabo por Mariano Castex – vicepresidente del Instituto de Cultura Itálica y, tras el suceso de Pende, rector de la Universidad de Buenos Aires (Vallejo, 2012, p.174).

El paso de Pende por Argentina se empalmó con el inicio de una nueva etapa política. El 6 de setiembre un golpe militar depuso al gobierno democrático de Hipólito Yrigoyen y colocó en su lugar al general José F. Uriburu, un indisimulado partidario del fascismo italiano. El nuevo gobierno militar adoptó con notable rapidez medidas que colocaron la eugenesia en un lugar destacado de su agenda y en ese marco Aráoz Alfaro volvía a presidir el Departamento Nacional de Higiene. Al mismo tiempo nacía un proyecto dirigido a crear una Comisión Nacional de Eugenesia y Medicina Social cuyo fin último era la instalación de un Instituto de Biotipología como el que Pende dirigía en Génova.10 Esta iniciativa se desprendía de un plan redactado el 20 de setiembre de 1930, en notable sincronía con el golpe de Estado y con la inminente visita de Pende. Allí quedaba instituida la Sociedad Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social bajo la dirección general de Arturo Rossi y Octavio López (autores del plan general), con un consejo superior del cual era su presidente Mariano Castex y entre las demás autoridades se hallaban Carlos Bonorino Udaondo, Alberto Peralta Ramos, Mariano Barilari, Nicolás Lozano y Gregorio Aráoz Alfaro. En tanto que Senillosa, era director del Departamento de Publicidad y Propaganda (Sabem, 1930). Allí se reclamaba prohibir de contraer matrimonio a quienes padecieran enfermedades transmisibles por herencia, trastornos mentales o vicios que constituyeran un peligro para la prole. Las “dolencias” señaladas, incluían la tuberculosis, enfermedades venéreas, cáncer, epilepsia, alcoholismo y homosexualidad (Sabem, 1930).

Como punto de partida hacía falta instituir la Comisión Nacional de Eugenesia y Medicina Social para asesorar al Estado nacional en la materia. También debía crearse la Obra Nacional para la Protección de la Maternidad y la Infancia, en directa analogía con el organismo que, con ese nombre, funcionaba en Italia. A ello se sumaría un Instituto de Puericultura y dispositivos de control dirigidos a la niñez que incluían la implementación de fichas escolares. Otros planos de actuación alcanzarían a la organización científica del trabajo, la selección racial del inmigrante y la atención del problema sexual. Asimismo, se ocuparía de las enfermedades endémicas en el interior del país y de los “venenos sociales” en las grandes ciudades.

El documento incorporó, en octubre de 1930, un anexo compuesto de una entrevista a Nicola Pende en la que él recomendaba enfáticamente que el Estado argentino impulsara la iniciativa de Rossi y López. Con este agregado, el plan fue elevado al presidente de la nación y Aráoz Alfaro propuso encomendar a sus autores una misión oficial consistente en recabar en Europa información sobre el desarrollo de la eugenesia. Esto último se efectivizó tras quedar establecido en el decreto presidencial firmado el 8 de enero de 1931.

Por el viaje encomendado, la naciente Sociedad de Biotipología se quedaba temporariamente sin sus fundadores. Mientras tanto, Clamor se afianzaba como el principal órgano aglutinador del campo eugénico.

Clamor le permitió a Aráoz Alfaro (15 abr. 1932) volver sobre ideas presentes en la creación de la Sociedad Eugénica, retomando el ejemplo de las élites latifundistas argentinas que introdujeron la eugenesia para mejorar sus planteles de ganado.

Mientras nuestros criadores de ganado vienen desde hace muchos lustros seleccionando los padres y las madres, creando planteles puros y constantemente refinados por nuevas adquisiciones de ejemplares magníficos, mientras los más modestos propietarios rurales se avergonzarían de tener animales no inferiores sino hasta de color y pelo poco apreciados, los hombres de gobierno siguen viendo con la mayor indiferencia que padres y madres defectuosos, viciosos o afectos de enfermedades transmisibles o de graves trastornos nerviosos continúan procreando a su antojo seres desgraciados que sucumben antes de florecer y en parte crecen después para su propia desgracia y para ser una rémora pesada a la sociedad en que viven.11

El Estado debía impedir “la procreación de seres cuyos productos tengan grandes probabilidades de nacer desgraciados o incapaces” (Aráoz Alfaro, 15 abr. 1932). Y al conducir nuevamente el Departamento Nacional de Higiene, esperaba poder implementar aquellas medidas que en su gestión anterior no había logrado plasmar debido a que el sistema federal, republicano y democrático, vigente en la Argentina, dificultaba la aplicación de normas unificadas. Por eso el “estado de excepción” en el que se encontraba la Argentina desde setiembre de 1930, representaba una oportunidad para llevar a cabo aquella campaña eugénica sin las limitaciones que imponía el funcionamiento de las instituciones previsto por la Constitución Nacional.

Clamor también daba un lugar preponderante a medidas como el examen médico a futuros cónyuges, que Fernández Verano desde su Liga de Profilaxis Social llevaba a la radio difundiendo sus principales consignas y el Consultorio Prenupcial creado en 1932.

El ciclo radial fue a la vez una caja de resonancia de las posturas eugénicas más radicalizadas. Madrid Páez (24 abr. 1932) se detenía en los problemas ocasionados por injustificables hábitos sexuales que impedían “limpiar y conservar puros los manantiales de la herencia”. Desde su perspectiva, el relajamiento de las costumbres en el trajín de la vida moderna creaba graves situaciones que la eugenesia tenía la misión de corregir. La promiscuidad era “el cáncer de nuestra mal llamada civilización”, motivo de “la vida depravada de las grandes ciudades” que causaba el decaimiento racial. Otros “enemigos persistentes” eran “la mala literatura y la letra canalla de nuestros tangos”, dentro de un cuadro general que confirmaba la necesidad de ejercer en nuestra región un especial control: “nuestras ‘democracias mestizas’, de las que habla Ayarragaray, requieren indudablemente mayor rigor que las evolucionadas, en lo atañedero al derecho protector de la sociedad, contra los individuos peligrosos” (Madrid Páez, 24 abr. 1932).12

Por su parte, el pedagogo Víctor Mercante (25 abr. 1932) reclamaba “menos impulsividad, menos pasión, menos repentismo y menos libertad”. En definitiva, más autocoacción. Las responsabilidades que establecían los derechos de ciudadanía en las sociedades modernas implicaban, desde su perspectiva, paralelas responsabilidades en materia de eugenesia. Dado que “la democracia será siempre una utopía donde fermentan las revoluciones” hacía falta librar la “selección trascendental” del instinto y de “los procedimientos lentos y sinuosos de la naturaleza; mientras el hombre no haga uso de su capacidad de rectificar, de ‘canalizar’ sus cualidades eugenéticas mediante la higiene, la alimentación, el matrimonio, la salud, el social control, la educación y la ley”.

Aun priorizando una acción educativa dirigida a moralizar a los jóvenes, no descartaba medidas de mayor coercitividad para asegurar la eficacia de la eugenesia.

No debemos esperar la limpieza moral y la selección fisiológica de la acción lenta de la muerte y de la cárcel. Es necesario que esterilicemos al germen maligno y fecundemos al provisor, de la misma manera que extirpamos la cicuta y el abrojo para que el trigal llegue a lozanía … Hay que fiscalizar el nacimiento; hay que controlar al hijo. Norte América ha hecho mucho en tal sentido, no solamente dictando leyes previsoras sino … impidiendo que nazcan hijos tarados física, intelectual, moral y socialmente. ¿Comprendéis?

El derecho a la vida no es el derecho a transmitir el irremediable mal de la desgracia: no son asilos, cárceles y hospitales que necesitamos; necesitamos que no haya enfermos, criminales contrahechos y brutos (Mercante, 25 abr. 1932).

Para Mercante la educación podía ser un medio de propagación de la eugenesia que acompañara una medida indispensable como era el examen médico pre-nupcial. Aunque “si por desgracia no ha sido posible evitar un matrimonio cuyos antecedentes hereditarios presuponen una prole desgraciada, los padres y las sociedades de control deben comprender que la esterilidad se impone” (Mercante, 25 abr. 1932).

Mandolini (27 abr. 1932) reforzaba estas ideas, requiriendo una legislación integral que comprendiera “el certificado pre-nupcial, la lucha contra el alcoholismo, la higiene del trabajo y en último caso la esterilización incruenta de los degenerados e inferiores”.

También se refería al socialismo y recomendaba que la eugenesia adoptara para sí “lo que la Iglesia Católica ha hecho con la confesión”. Es decir, lograr que aquella forma de ingresar en la esfera más íntima del individuo, escrutando los secretos que escondía el cuerpo y el alma, pudiera llevarse a cabo desde “el punto de vista laico, científico y eugenésico”, a través de “un director espiritual investido con la alta autoridad de la ciencia” (Mandolini, 27 abr. 1932).

La eugenesia como un campo heterónomo

Clamor llegó a quinientas mil familias de todo el país y permitió articular las distintas vertientes del eugenismo argentino.

El punto más álgido de este suceso coincidiría con el retorno a la Argentina de Rossi y López, tras cumplir en Europa la misión encomendada por el presidente Uriburu. La prolongada estadía de los médicos argentinos había incluido una instancia formativa junto a Nicola Pende en Génova y la participación en el Congreso Internacional de la Población que Mussolini inauguró en Roma el 7 de setiembre de 1931. Luego de esto llegaban investidos de un importante prestigio, que se veía reforzado a su vez por el carácter de mediadores que asumían entre la Argentina y Pende o, lo que era lo mismo, entre la Argentina y la política de expansión cultural del fascismo.13

A su regreso, revitalizaban la Sociedad Biotipológica, creando sobre esa base la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social en 1932.

Los reacomodamientos producidos dentro del campo eugénico fueron percibidos con preocupación por el socialista Mandolini quien, en junio de 1932, se comunicó con Senillosa para expresarle los motivos por los que dejaba Clamor. Mandolini (13 jul. 1932) exponía lacónicamente el fin de su confianza en que el movimiento eugénico, desde su carácter científico, pudiera organizarse con un alto grado de autonomía respecto a los acontecimientos políticos nacionales e internacionales que se iban desencadenando, sobre todo cuando

nuevas orientaciones aparecen, el espíritu reaccionario bajo un disfraz cultural y científico se va adueñando de su admirable empresa y poco a poco la hará suya, envolviendo en sus redes a su mismo espíritu noble y entusiasta. Ud. asiste a una captación por elementos ‘nacional socialistas’ de un hijo de su corazón y de su cerebro y como padre se ilusiona y cree aún poderlo salvar de la adulteración jesuítica … La Eugenesia no es una ciencia que pueda desarrollarse en un retraimiento, no es astronomía, ni física, ni fisiología, entra en contacto con las actividades sociales, se confunde con ellas y partiendo de la ciencia puede llegar a convertirse en arma poderosa de actividad colectiva. Su programa eugenésico amplio, moderno, programa de ‘devenir’ se convierte en manos de los miembros de la ‘Sociedad Científica’ en un instrumento de reacción bajo mentidas apariencias liberales … Desde ya me veo obligado a insinuarle mi no adhesión a la Sociedad Eugenésica, ‘nacional socialista’, a pesar de todos los biotipos y los esquemas a lo Pende que adornen su pórtico” (énfasis del original).

La renuncia de Mandolini coincidía con la creación de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social y el lanzamiento de su órgano de difusión, Anales de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social, bajo la dirección de Arturo Rossi y adoptando para sí el lema de Clamor: “Por la superación de la vida humana”. En la nueva estructura, no tendrían lugar propuestas susceptibles de asociarse a versiones del socialismo francés a las que adscribía Senillosa. El propio director de Clamor ya no ocuparía en adelante el Departamento de Publicidad y Propaganda. En cambio, sí se desempeñarían la mayor parte de los colaboradores que había tenido el programa radial, los cuales – a excepción de Mandolini – se adaptaban a la explícita orientación fascista de la nueva asociación. Una orientación que tenía en Italia su norte, claro está, pero que no desdeñaba el atento seguimiento a la realidad alemana. De hecho, Josué Berutti y Mariano Barilari, ocuparon un lugar importante tras retornar de sus respectivas instancias formativas, en ambos casos llevadas a cabo en Alemania con médicos que se comprometerían fuertemente con la política racial del Tercer Reich. Las tempranas presunciones de Mandolini quedaban ratificadas poco después en el esfuerzo de los Anales de Biotipología por destacar la política natalista de Hitler y Mussolini a través de artículos que con naturalidad transcribían proclamas racistas. Así, el discurso pronunciado el 15 de febrero de 1934 por el ministro del Interior, Wilhelm Frick, fue presentado como una “contribución científica”,14 aun cuando quedara claro que era un panfleto antijudío, destinado a refutar las críticas a las leyes alemanas del 7 de abril y del 30 de junio de 1933 que excluían a los “no arios” del servicio público. Y a pesar de recibir las protestas de Franz Boas,15 director del Departamento de Antropología de la Universidad de Columbia (Legislación…, 1935), los Anales de Biotipología siguieron informando sobre las medidas “científicas” de “eugénica radical” que se aplicaban en Alemania.

El avance irrefrenable de una precisa ideología volvía diáfanas las solicitaciones externas sobre un campo que perdía por completo el grado de autonomía que antes poseía. Era ya un campo heterónomo, tan científico como político, y Senillosa volvía a tropezar con la misma piedra: el poder médico se hacía del control de la eugenesia y el ciclo radial, tras ofrecer más de ochenta conferencias, dejaba de llamarse Clamor – continuaría como Eugenismo – y su conductor ya no sería Senillosa.

Consideraciones finales

La conformación del campo eugénico argentino deja entrever las disputas suscitadas al interior del poder médico y en la relación de éste con los educadores sexuales, existiendo por encima de esas diferencias una concepción compartida en torno al rol de la eugenesia como un dispositivo normalizador y ordenador de la sociedad. Médicos y pedagogos, geneticistas y educadores sexuales, animaron los debates iniciales en torno al tipo de eugenesia deseable para implementar en Argentina, confundiéndose con el ya instalado interés por trasladar los conocimientos zootécnicos a la herencia humana, desde el ejemplo de la selección artificial llevada a cabo por los ganaderos de este país.

Es que, por sobre todas las cosas la eugenesia argentina exhibía, en su etapa inicial una “viscosidad” que desborda cualquier intento de establecer tajantes caracterizaciones. Si la experiencia biologicista anglosajona y la zootecnia podían despertar un entusiasmo capaz de empalmarse con prácticas valoradas en un país que se hacía mundialmente conocido por la calidad de sus vacunos, el peso de la tradición higienista hacía pensar también en el necesario control de las variables ambientales para alcanzar la mejora de la raza humana. Esa “viscosidad” también impregna las complejas interacciones que se establecen entre eugenesia e ideología política, porque si, efectivamente, existía la posibilidad de discernir acerca del peligroso camino que seguían los regímenes totalitarios europeos, tener conciencia de las articulaciones entre derechas políticas y eugenesia, no impedía en ciertos casos aprobar las esterilizaciones forzosas oponiéndose a la Iglesia católica. Vale decir, podían ser rechazados, la iglesia y los totalitarismos, aun siendo aceptadas las soluciones eugénicas más radicales.

Todas estas combinaciones posibles fueron parte de las ideas planteadas en una etapa en la que repercutieron también las dificultades experimentadas por el campo eugénico para alcanzar una efectiva consolidación. Se trató así de un proceso donde la mayor autonomía científica se correspondió con una agudización de los conflictos internos al punto de afectar la propia estabilidad de ese campo por una excesiva amplitud en la agenda de temas a tratar, que incluyeron las dificultades en el reconocimiento de quien sería su líder para poder, desde allí, definir la ortodoxia. Y, en cambio, ese campo lograría consolidarse luego de quedar drásticamente restringida su autonomía para volverse una prolongación directa de ideas y praxis políticas.

Un último intento por nuclear las distintas vertientes eugénicas desde la autonomía científica surgió a partir de la convocatoria lanzada por un programa radial que hacia 1930 estableció una inédita relación de la disciplina eugénica con la sociedad de masas. Sin embargo, distintas vicisitudes políticas precipitaron la reconversión del campo, signándolo de una heteronomía que posibilitaba resolver la cuestión del liderazgo con el consenso hallado en la invocación a una figura externa que venía a zanjar anteriores desacuerdos internos. En efecto, el reconocimiento de Nicola Pende sorteaba la irresuelta lucha por la autoridad, al costo de renunciar a la autonomía científica de un campo que absorbía la fusión entre eugenesia y fascismo en la Argentina (Vallejo, 2012). Se afianzaba la “eugenesia latina”,16 en tanto expresión de un saber integrador de ciencia, política y religión, donde, bajo una fuerte impronta ambiental, eran repelidos anteriores cuestionamientos al papel de la Iglesia, para quedar despejado el camino hacia el ejercicio de una coerción disimulada.17 Quedaba atrás aquella hora cero signada por la fascinación que despertaba el geneticismo mendeliano y el rechazo a cuestiones como la intromisión de la Iglesia y la fusión entre eugenesia y totalitarismo. Comenzaba entonces “la hora de la eugenesia”.

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NOTAS

1 La frase fue pronunciada por Hermann Keyserling en 1925. En Argentina la repitieron enfáticamente Aráoz Alfaro en 1935 y Pou Orfila en 1943 (cf. Stepan, 1991, p.61). También Gregorio Marañón, de enorme influencia en Sudamérica, la utilizó en 1933.

2 Armus (2016, p.151) señala que “se ha hablado de eugenesia anglosajona o latina, positiva o negativa, blanda o dura, ambientalista o genetista, preventiva o selectiva”. El caso argentino se lo asoció con “la reproducción de individuos o grupos considerados mejores a los fines de modificar la media poblacional con campañas de educación eugénica, leyes reguladoras del matrimonio, iniciativas destinadas al cuidado de madres e hijos y medidas generales y específicas de salud pública”.

3 Antonio Vidal nació en 1864, se graduó como médico en 1893 y se desempeñó en las áreas de criminología e higiene escolar. Abrazó la psicología experimental e intervino en la fundación de la Sociedad de Psicología de Buenos Aires en 1908. Gregorio Aráoz Alfaro, nació en San Miguel de Tucumán en 1870, se graduó como médico en 1892 y fue una de las figuras más importantes en los inicios del sistema de salud pública argentina. Murió en Buenos Aires en 1955.

4 Víctor Delfino nació en Buenos Aires, en 1883. Se graduó en 1907, en la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata, y en Buenos Aires inició sus estudios en medicina. En Roma y París realizó nuevos estudios. Desde 1912 se vinculó con los principales eugenistas pasando a ser para ellos el principal referente de la Argentina. Murió en Buenos Aires, en 1941.

5 El Museo Social Argentino fue fundado en 1911, en Buenos Aires, por iniciativa de Tomás Amadeo. Inspirado en el Musée Social de Paris, con el propósito de constituirse en un cualificado espacio de debate y elaboración de propuestas en torno a los principales problemas políticos y sociales (Pelosi, 2000).

6 Entre los integrantes, la figura de Joaquín V. González cobraba especial relevancia. Había nacido en Nonogasta, La Rioja, en 1863. En el cambio de siglo tuvo un gran protagonismo político al impulsar, desde la función ministerial, distintas reformas del Estado. Fundó y presidió la Universidad Nacional de La Plata mientras descollaba en las letras y la jurisprudencia. Desde 1907 fue senador nacional hasta su fallecimiento en 1923.

7 Zeballos era un notable intelectual cuyo prestigio podía colocarse a la par del de González, y, como éste, falleció en 1923. Stucchi, en nombre de la Sociedad Eugénica, realizó un proyecto basado en una propuesta anterior de Emilio Coni para implementar, como medida de profilaxis, social el certificado médico a futuros cónyuges. El proyecto fue presentado en 1919 a la segunda Conferencia Nacional de Profilaxis Tuberculosa reunida en Rosario.

8 Sobre los vínculos entre Kehl y Delfino, véase Santos (2012).

9 La sección de higiene social fue creada para integrar ingeniería sanitaria, derecho, sociología, biometría, filantropía, eugenesia y herencia. Era el germen de una noción de servicio social inspirada en la American Public Health Association de los EEUU (Pelosi, 2000, p.149-150).

10 Pende nació en Noicattaro, en 1880, y murió en Roma, en 1870. Lideró una versión italiana de la eugenesia que llamó biotipología y a la que colocó en directa relación con la Iglesia católica y el fascismo. Sobre los institutos biotipológicos que creó, véase Vallejo (2004).

11 El texto aquí utilizado, como las restantes conferencias de Clamor, surge de la versión autorizada para ser leída por radio, cumpliendo una exigencia oficial.

12 Lucas Ayarragaray también avaló el documento de creación de la Sociedad Argentina de Biotipología en 1930.

13 Las fuertes relaciones personales e institucionales mantenidas con la Italia de Mussolini, hicieron que Argentina se constituyera en un importante ejemplo de los vínculos entre eugenesia y fascismo en América Latina (Stepan, 1991, p.16-17). Por entonces, una activa acción diplomática tendía a asociar los valores de la latinidad con los del fascismo para emprender desde Roma una “colonización espiritual” (Scarzanella, 1999, p.145), para la que la biotipología proveyó de legitimidad científica. Ese expansionismo cultural de la Italia del Duce en Sudamérica tuvo a la Argentina como su punta de lanza (Vallejo, 2012, p.177).

14 El texto fue presentado como un “discurso que tiene un marcado interés para los lectores de nuestros Anales” por ser un “documento de estudio” (Legislación…, 1934, p.12).

15 Franz Boas, considerado el padre de la antropología en los EEUU, fue uno de los más enfáticos opositores al racismo científico. Nació en 1858, en Westfalia, Alemania, y murió en Nueva York, en 1941.

16 El concepto fue utilizado para identificar una red internacional que tuvo su epicentro en Italia y contó con el aval de la Iglesia católica, alcanzando especialmente a Sudamérica (Miranda, Vallejo, 2005; Vallejo, 2012; Turda, Gillette, 2014; Vallejo, Miranda, 2014). Para una historiografía de la eugenesia en Argentina: Miranda, (2014), Armus (2016).

17 Bajo esta noción se analizó el desarrollo de la eugenesia en Argentina a partir de 1930 (Miranda, 2003; Vallejo, 2009).

Recibido: 25 de Mayo de 2017; Aprobado: 4 de Enero de 2018

Translated by Catherine Jagoe.

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